Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

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magomarc
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por magomarc »

LasGafasDeKuro escribió:
magomarc535 escribió:La elegancia que se la queden los modernillos de la ciudad, enseñando tobillo
¿Pero qué dices de elegancia? La moda esa de ir con pantalón largo pero enseñando los tobillos es la mayor catetada del momento, más incluso que la memez de ir con el cuello abotonao.
JODER GAFAS DE MI CORAZÓN, intentaba ser SARCÁSTICO

nunca nos entenderemos :(
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Si Dios está con nosotros... ¿Quién está con ellos?
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Polizonte Nack
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Polizonte Nack »

Mmm... Que estaba yo viendo esta mañana el Make happy de Bo Burnham mientras me tomaba un café (o tres), reflexionando sobre la naturaleza del payaso, su oficio, y el sino trágico sobre el que escribió Pratchett por boca del gran Vetinari (*), y se me ocurrió pensar hasta qué punto los escenarios y audiencias facilitadas por la red nos conducen inexorablemente hacia el abismo del payaso.
Y me dije que quizá fuera un tema lo suficiente tortillesco y desenfadado como para estar aquí, así que...
Sobre públicos, micros y tarimas; sobre expectativas no satisfechas y el espectáculo de nuestras vidas; sobre la ley cuadrado-cubo aplicada a entornos sociales y el cambio del ser social al ser global; sobre la relevancia, el ego, el camino y las cadenas del payaso.
Según lo que pone en los stats del subforo, a día de hoy este tema tiene 1470 visitas. Asumamos, por decir algo, que el 10% de ellas han sido de gente distinta, 147. En el rincón más cutre del Offtopic de un foro especializado en una serie concreta, tenemos más público potencial a nuestra disposición del que podríamos tener nunca en directo. Ahora pensad en Twitter, en Youtube, en Tumblr...
Aunque uno no sea consciente de ello, de alguna forma eso nos está cambiando la forma de ser a un nivel muy primario, porque progresivamente vamos comprendiendo que todo teclado o cámara es un micro, que cualquier site es una tarima, y cada vez que hablas es ante un público.
Las cantidades en todo lo tocante a nuestra forma de relacionarnos ha crecido exponencialmente (y continúa haciéndolo), así como las reacciones obtenidas. Porque ante un crecimiento lineal de una población obtendremos un aumento en el volumen de sus reacciones igual al cubo de de dicho crecimiento. Y lo de "volumen" va por partida doble, por cierto xD

El entorno social tendía a provocar ocasionalmente una modificación en la actitud del individuo cuando se sentía bajo los focos en el pellejo del payaso, pero el entorno global en el que nos encontramos ha conseguido que el payaso empiece a fagocitar al individuo y convertirse en él.
Nunca había tenido muy claro el porqué, pero había sido (y soy) un descreído de la fina, seria y madura conciencia política y social que parecemos haber desarrollado en un tiempo récord de seis o siete años, como también soy un descreído del énfasis sectario de los movimientos contrarios que reaccionan contra ellas, así como de las diferentes formas de fandom y demás. Mirándolo ahora, quizá fuera por la desconfianza que me daba el escenario sobre el que estábamos los diferentes payasos.

Aunque no todos los payasos sean iguales (está el Clown, el Augusto, el Carablanca, el Excéntrico, el Mimo...), y no todos busquen la misma reacción en el público ante su actuación (están los que buscan el aplauso enfervorecido, la risa, el asentimiento circunspecto, la media sonrisa... Pero la mayoría se conformará con la mera aprobación), ¿somos o no somos payasos frente a las luces? ¿Hemos abrazado y aceptado ya a nuestro payaso interior como propio? ¿Qué le pasa al payaso cuando falla en su actuación, cuando no responde a lo que se esperaba de él? ¿Llegará el día en que nos cueste diferenciar lo que es el maquillaje de lo que es nuestra propia cara? ¿Una vez que has actuado en público por primera vez, podrás volver a encerrar al payaso en su sitio? Si el espectáculo y la troupe ha llegado a todos los rincones de nuestra sociedad, eso incluye el panorama político, lo que me lleva a cuestionarme... ¿quién es el Augusto, el Carablanca, el Mimo, el Excéntrico y el Clown?
No tengo ni idea de si esto es de lo que va el tema, pero tanto si sirve como si no, igual así vamos pillándolo todos mejor con el tiempo xD


PD: Me gustan los calzoncillos, los pantalones y las camisetas. Incluso en verano con el calor. Y sistah-brofist a Eli y Oscario por compartir el gusto por el combo de chancla y calcetines en invierno =3

(*) "Los payasos son trágicos, y nos reímos de su tragedia como nos reímos de la nuestra. La sonrisa pintada nos asalta desde la oscuridad y se burla de nuestra demencial fe en el orden, la lógica, el estatus, la realidad de la realidad. La máscara sabe que nacemos sobre la piel de plátano que solo conduce a la alcantarilla abierta de la perdición, y que lo único que podemos esperar es el aplauso de la multitud" (Lord Havelock Vetinari)
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Rockorn
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Rockorn »

:joint: Antes que nada agradecerte el cambio de tema: ya estaba redactando uno nuevo que de momento me guardaré para otro momento; había que aprovechar la calma tras la tormenta para intentar rescatar este tema con un topic menos polémico y más fructífero XD

Respecto del ámbito del tema: la idea es plantear reflexiones que tengan un mínimo de originalidad, como esas ideas aparentemente tontas que te cruzan la mente cuando llevas 27 o 28 cervezas de más y que a veces resultan ser verdaderamente intrigantes.

O te lo explico con imágenes:
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Sería algo del estilo a estos memes, sólo que planteando reflexiones en serio (que no necesariamente con seriedad xd véase el ejemplo que abrió el tema) y de una manera poco habitual.
Ejemplos de reflexiones:
  • Las drogas son malas porque hacen daño: aquí no hay ninguna reflexión. TORTILLA SIN HUEVOS
  • Hay que legalizar las drogas: creo que a estas alturas todos hemos oído alguna vez la polémica propuesta de legalizar las drogas, así que no vale mucho la pena discutir sobre ello en este tema. TORTILLA QUEMADA
  • ¿Qué diferencias hay entre el contrabando de drogas y la competencia farmacéutica?:Este sí puede ser interesante porque le da una vuelta de tuerca, una vuelta a la tortilla, que nos ofrece otro punto de vista menos habitual sobre las drogas. TORTILLA VOLTEADA
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Sobre lo que planteas, cuando pueda vuelvo y comento, que me tengo que ir. Lo único decirte que me ha resultado un poco confuso el que el asunto de los payasos esté relacionado por un lado con nuestras interacciones sociales en internet y a la vez con los políticos... ¿para ti son escenarios distintos, similares, el mismo...? ¿estamos nosotros y los políticos en un mismo escenario?

Volveré.
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Nombre D Usuario »

A ver si lo he entendido:
El payaso, la máscara, es la imagen que damos al resto del mundo. Este no es nuestro auténtico yo (digo yo que todos tenemos claro eso, pero podría argumentarse). También añades que con las nuevas tecnologías cada vez tenemos un público más grande, véase que seguramente este post mismo lo verán decenas de personas (o al menos más de 4 o 5), algo que normalmente no nos pasaría con un comentario casual. O el fenómeno youtuber, con jóvenes capaces de influenciar a miles de personas. El asunto es, que al tener tanto público tan presente, cada vez llevamos la máscara más puesta y con mayor intensidad, lo que (esto me cuesta exprersarlo pero lo entiendo y diré que algo lo noto en mí mismo, soy bastante vulnerable al apoyo o falta de él ajeno) hace que la línea entre nosotros y la máscara se difumine, la llevamos puesta tanto que se vuelve parte de nosotros. O algo así. Y además tener tanto público que da sus opiniones aumenta la "presión de grupo": cuando haces un comentario que no gusta y de repente tienes a decenas de personas en tu contra, es más fácil ceder y cambiar tu máscara... lo cual puede hacerte cambiar a ti, presión de grupo.
La parte de relacionar políticos y payasos específicos ya no tengo ni puta. Lo de la conciencia política y de fandoms creo que pueden deberse a la misma causa pero no veo que sean el mismo fenómeno.

Poli y otros ya se explicaran mejor. Y si no es la idea de poli porque lo he entendido mal pues la dejo caer como idea mía, dándole gracias por la inspiración.
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Drag
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Drag »

Pero realmente,: "Somos como queremos ser o nuestra personalidad es un producto de la manipulación de la sociedad?"

No es la máscara de payaso de la que habla Poli nada más una excusa para creer que sigue existiendo un ser puro sin contaminación social ni de grupo? Cuál es más real, la fachada que engendramos nosotros mismos o tu verdadero yo? Existe tu verdadero yo realmente?
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Meta »

Resulta interesante lo planteado por Polizonte. Hasta que punto el yo virtual está adquiriendo presencia real y nos está alejando del yo social. Para cada persona habrá un parámetro distinto, pero en general tenemos muchas más interacciones que hace sólo 10 años, y esas interacciones reciben a su vez mucho más eco, y al mismo tiempo nos despegamos del yo elemental que se crea mediante la relación in personam, que se va difuminando y distorsionando. De todos modos, creo que es demasiado complejo para darle respuesta satisfactoria; creo que es de esas cosas que hay que analizar a toro pasado. Veremos de aquí a 10-20 años y podremos analizar hasta que punto este momentum nos está dejando de lado como personas y nos está convirtiendo en actores para públicos específicos.

Sobre temas de darle la vuelta a la tortilla, a ver qué opináis de éste: animales de compañía, ¿es compatible ser un defensor a ultranza de los derechos de los animales y tener animales de compañía?¿El animal de compañía existe al margen del ser humano, o está tan antropizado que no tiene razón de ser al margen de él (humano)?

En mi opinión (volátil) creo que un ser vivo, fruto de la experimentación genética más elemental, durante generaciones, cuyo único objetivo ha sido dotarlo de atributos (sin importar el propio animal per sé) que gusten al público consumidor de cada momento, no es el paradigma de la libertad y los derechos. ¿La mera idea de poseer, no va en contra de la libertad innata que deba tener un animal? (para abrir fuego)

PD: si no procede incinerar.

PPD: @drag No creo que podamos ser al margen de la sociedad, y por tanto respondemos a ella. No existimos en el vacío no (?) así que en cierto sentido lo que nos rodea, y esto incluye personas, determina que somos; definidos por oposición (IMHO)
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Capitan Pillo »

Pero doctor....YO SOY PALIACCI!

Esto me recuerda a una frase que lei una vez en un libro, el cual ya ni recuerdo el titulo:

Y porque no te quitas esa mascara que cubre tu rostro?
Porque debajo de ella no habría sino otra máscara. Y luego otra. Y otra. Y otra. Y al final, no habría nadie
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por MenganaDeTal »

Drag escribió:Pero realmente,: "Somos como queremos ser o nuestra personalidad es un producto de la manipulación de la sociedad?"

No es la máscara de payaso de la que habla Poli nada más una excusa para creer que sigue existiendo un ser puro sin contaminación social ni de grupo? Cuál es más real, la fachada que engendramos nosotros mismos o tu verdadero yo? Existe tu verdadero yo realmente?
No. Se lo comenté a BF, pero no profundicé por pereza. El ser humano no sale de la nada. Sale de un óvulo con cierto material genético y un espermatozoide con otro, nueve meses donde su personalidad se vera influenciada por la situación de la madre, y luego, claro, el entorno. Nada es exclusivamente nuestro, la unicat diferencia entre nosotros y las plantas es que tenemos más ego. Por eso intento evitar los individualismos en plan de quién es mas listo, mas guapo, lo que sea. Es cuestión de tener suerte al nacer. Sé feliz y hala.

Echaba de menos poatear algo mínimamente decente.
No shade.
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Kryathos »

Respecto a lo que dice Poli, el problema del payaso es más profundo de lo que, en primera instancia, se podría pensar. Estaba escribiendo en forma resumida mi comentario al respecto, pero al Chrome se le ocurrió cerrarse sin previo aviso y todo se fue a la mierda :evil: Así que dejaré un par de entregas que me hicieron escribir para la universidad, las cuales están relacionadas con el tema, porque ahora mismo tengo cero ganas para re-escribir todo lo que llevaba D:

El Fin del Hombre, de Francis Fukuyama.
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Libros 1984 y Un Mundo Feliz predijeron en su tiempo, con un sorprendente acierto, revoluciones tecnológicas sin precedentes: en el primero, informativa e histórica, y en el segundo, biotecnológica. Con estos límites en mente, Fukuyama considera que fue el escenario de Huxley fue el más intimidante al plantear la perturbadora idea de que la mayor amenaza para el hombre es la posibilidad de modificar su naturaleza. Para Fukuyama, la naturaleza existe y es importante, ya que fundamente los derechos del hombre, le entrega sus valores más básicos y limita su actuar político. Por tanto, si la tecnología alcanzara la sofisticación para hacer realidad la ficción de Huxley, como bien señala el título del libro, la humanidad entraría en un período «post-humano», con paradigmas totalmente nuevos.

Si bien reconoce que la tecnología tiene beneficios, señala que detrás de ellos se hayan peligros no menores. Como mayores exponentes están los dos grandes errores del siglo pasado: la exaltación y la sustracción de la naturaleza. Nazismo y comunismo, respectivamente.

A pesar de ello, reconoce que puede que esté equivocado, y resulte que las consecuencias de una biotecnología no sean tan catastróficas como las plantea, sino que acaban por ser benignas. Incluso, puede que la tecnología en su conjunto no sea tan poderosa como lo parece. Pero, tomando en cuenta todas las desembocaduras que puede tomar… es difícil ser optimista.


Una respuesta directa a esta problemática es, evidentemente, el control político, pero en el fondo también se hayan debates filosóficos que no deben ser apartados. Por ello, Fukuyama divide el discurso en 3 ejes: la exposición de los posibles senderos del futuro, las cuestiones filosóficas de la capacidad de modificar la naturaleza, y qué podemos hacer para impedir un avance desmedido de la biotecnología.

Como primera predicción, se encuentran las ciencias del cerebro. Los resultados de la genética del comportamiento revelan que conductas como la inteligencia, la sexualidad y la violencia se ven fuertemente influenciadas por la herencia, además de los factores ambientales que en primera instancia se pensaría como fundamentales. No se sabe a ciencia cierta en qué porcentaje actúa, pero sienta una cuestión social y política que puede ser peligrosa: el racismo biológico. Los padres querrían «mejorar» a sus hijos para que fueran más inteligentes, menos violentos y (posiblemente) no homosexuales. Porque muchos se abanderan con la libertad sexual, pero si existiera la posibilidad de guiar al hijo, genéticamente, por una vía heterosexual desde su concepción, las más de las personas elegirían esta medida.

En segundo lugar, si los genes resultan tener más peso que el ambiente, entonces cualquier sistema judicial se vendría abajo debido a que la criminalidad sería un problema netamente biológico, y cualquier reprimenda sería, por ende, injusta. Amén de que se podría inventar una «cura» contra la violencia y la homosexualidad. Una medida eugenésica perturbadora, cuanto menos.

Pero, mucho antes de que la ingeniería genética se convierta en una realidad, los conocimientos sobre la bioquímica del cerebro y la capacidad de controlarlo constituirán una fuente importante de control político. Como ejemplos, Fukuyama menciona al Prozac y al Ritalin. El primero es un antidepresivo cuya efectividad ha sido demostrada, pero que produce efectos secundarios en un principio desconocidos: disfunción sexual, pérdida de memoria, daños cerebrales, etc. El problema, sin embargo, no es la existencia per se de esos daños, sino la posibilidad de que, si se descubre cómo eliminarlos, se convierta en una poderosa herramienta política al controlar una de las emociones más básicas: la autoestima.

El segundo, por su parte, viene a ser un instrumento de control social al estimular la concentración y atención, generar euforia e incrementar la energía. Sus principales usos son combatir el déficit atencional e hiperactividad; y como efectos secundarios tiene la pérdida de peso y sueño. Aquí, el problema es que estos trastornos, hasta ahora catalogados como psiquiátricos, sean también biológicos, ya que, si es así, quienes los padezcan alegarían incapacidad de dominarse, sin hacerse cargo de sus actos.

Entonces, es claro en ambos casos el empuje hacia una personalidad —y, por ende, una sociedad— dócil. Y allí no termina, porque estos dos medicamentos no son más que la primera generación de fármacos psicotrópicos.
La tercera vía que la biotecnología afectaría a la política sería a través de la prolongación de la vida y lo cambios demográficos y sociales de su resultado. El potencial envejecimiento de la población suscita muchísimos dilemas: sin ir muy lejos, la tasa de natalidad se vería fuertemente reducida al rebasar la edad reproductiva; aparecerían nuevas diferencias entre los países desarrollados y los del Primer Mundo. Ya no serían sólo culturales y económicas, sino que también de edad. Luego, en términos de política internacional, si bien el panorama no es claro, sí que se observan ciertas implicancias al considerar que, desde siempre, la actitud hacia políticas militares siempre ha recibido más apoyo de los hombres que de las mujeres. Por otra parte, la discriminación a los ancianos se vería desplazada a los jóvenes al convertirse en minoría. Sin mencionar los problemas de salud y sexualidad que surgirían: la población aquejada de, por ejemplo, Alzheimer, se vería notoriamente incrementada.

También, la relación de la humanidad con la misma muerte se vería afectada: tal vez se convierta de un destino ineludible a un mal evitable.

No obstante todo lo anterior, el escenario más delicado es, sin dudas, la mismísima ingeniería genérica al plantear la posibilidad de modificar el genoma humano y, con ello, asentar temas como los «bebés de diseño» y la clonación. Ambos problemas que violan varios aspectos de ética y dignidad humana y que generan cierta sospecha per se. Amén de alterar la proporcionalidad y la elección moral y cambiar nuestra percepción de identidad y personalidad.
Tomando en cuenta todos estos problemas, hay varias objeciones en contra el desarrollo de una ingeniería genética que saltan rápidamente: en tema religioso, implica una falta de respeto a la dignidad humana y, por tanto, a la voluntad de Dios; económicamente, la tecnología sería demasiado cara para las más de las familias; socialmente, la relación entre los padres y los hijos se quebraría; moralmente, la reciprocidad humana se vería afectada.
Sin embargo, hasta ahora sólo se han expuesto los dilemas de la tecnología, pero no se han aclarado varios conceptos que hacen posible entender el discurso. El primero, es el derecho humano. Hay que definir bien qué son ya que, si todo deseo se convierte en un derecho libre, entonces el discurso político se rigidiza. Para Fukuyama, los derechos nacen en la naturaleza humana y de su discusión racional de los fines humanos. Esto es, la filosofía. Concretamente, la libertad: como sociedad, en el fondo, aceptamos que ciertas conductas violan nuestra dignidad como seres humanos y que, por tanto, deben ser castigadas (como por ejemplo, el asesinato). Detrás de esta idea kantiana, entonces, se esconde la idea de que los derechos priman sobre los intereses porque están dotados de una significancia moral.

El segundo, es la misma naturaleza humana. ¿Qué es? Simple: «es la suma del comportamiento y las características que son típicas de la especie humana, y que se deben a factores genéticos más que a factores ambientales». Entendiendo «típico» como una distribución normal. Es decir, que el concepto de naturaleza humana es, para Fukuyama, una curva estadística más que una determinación genética.

Definición útil, sin lugar a dudas, pero carente de profundidad.

Por último, sólo queda un concepto para saber qué aspectos requieren mayor atención en pos de salvaguardarnos contra los futuros avances biotecnológicos: la dignidad. Lo que la exigencia de igualdad de reconocimiento implica es que, cuando se despoja a una persona de características accidentales, perdura en ella cierta cualidad humana que le otorga un mínimo de respeto. Como no hay consenso en cuál es esa cualidad, Fukuyama la denomina como Factor X, la esencia del hombre, el significado más básico de la condición humana, el cual (al igual que la naturaleza), existe.
Ambos conceptos (naturaleza y dignidad) podrían verse enormemente afectados por la biotecnología al cambiar las reglas del juego de la «lotería genética». Muchos consideran injusta la repartición de la «lotería», pero, ¿no sería aún más injusto que sólo los que posean los medios pudieran pesar la balanza a su favor? La posibilidad de los «bebés de diseño» plantea que ellos puedan, en síntesis, considerarse aristócratas, ya que formarían parte de una especie biológicamente superior.

También, otro punto a considerar sería la manipulación de la conciencia: si manipulamos la conciencia a voluntad, entonces ¿qué quedaría de nosotros como individuos?

En la tercera y última parte del libro, Fukuyama habla sobre qué medidas tomar para solucionar todas las problemáticas expuestas anteriormente. Para él, la única solución posible y viable es que los países regulen el desarrollo tecnológico, creando instituciones que distingan entre los adelantos que fomenten la prosperidad humana y aquellos que amenacen la dignidad y bienestar del hombre. Respecto a esto, dice, el debate se ha polarizado: a un lado tenemos los libertarios que rechazan cualquier límite, y por el otro tenemos a un grupo más homogéneo que rechaza el desarrollo por temor a sus consecuencias —que, como hemos visto, no son pocas—. Pero la cuestión va más allá de estas dos posturas. Ciertas técnicas, como la clonación, merecen ser prohibidas tajantemente, mientras que otras deben ser permitidas, pero regularizadas.

Y ahí está el eje fundamental: la regulación. Por supuesto, no existe una fórmula mágica para la creación de semejante consenso, pero es ahora cuando realmente podemos hacer algo. «Ha llegado el momento de actuar, en lugar de pensar».

La regulación consiste, esencialmente, en establecer una serie de límites que separen las actividades legales de las ilegales, de modo de distinguir claramente entre la terapia y el perfeccionismo, dirigiendo la investigación hacia la primera y restringiendo lo segundo. Esta medida es evidente al recordar que la medicina busca, ante todo, curar al enfermo; no convertirlo en un dios. Quizás la frontera es difusa, pero eso no significa que la distinción carezca de sentido.

Pero, ¿quién debe decidir estos límites? Según Fukuyama, sólo debieran discutirlos los teólogos, los filósofos y los políticos, ya que la comunidad científica se mueve más por ambición que por otra cosa.

No obstante, aunque decidiéramos que la biotecnología debiera ser legítimamente controlada, ¿es posible hacerlo? ¿Es realmente factible? Más aún en nuestros tiempos, la creencia de que nos e puede regular el avance tecnológico se ha ido imponiendo fuertemente.

Ese pesimismo sobre la inevitabilidad del avance es, sin embargo, erróneo: hay muchas otras tecnologías peligrosas y éticamente dudosas que han sometido a un control político efectivo, como las armas nucleares y químicas, los órganos humanos y la experimentación humana, técnica ampliamente rechazada en todo el mundo.

Sumado a esto, existen otras formas de enfocar la regulación, como la autorregulación del sector empresarial o de la comunidad científica. Esto ya se hace, por ejemplo, en el sector agrario.

Por último, Fukuyama cierra la reflexión explicando (por si no quedó claro) el título del libro. Para él, estamos en a la vuelta de un futuro post-humano. Muchos abrazan esta idea bajo el estandarte de la libertad, deseando maximizarla, pero esa «libertad» se ve ampliamente pervertida: será distinta a la libertad que gozamos hoy en día, ya que ésta se ha ido modificando, a lo largo de la historia, según los fines que la naturaleza estable. Y si es así, estamos destinados a adoptar una nueva clase de libertad al conseguir modificar nuestro bien más básico: la naturaleza humana.

Por ello, el «Fin del Hombre» se encuentra en la desidia, en la falta de tomar medidas para impedir tan nebuloso destino, al que nos estamos encaminando cada vez más deprisa.

Y puede que se equivoque rotundamente y resulte que las consecuencias de la biotecnología no sean tan catastróficas como plantea, sino que son benignas. Incluso, puede que la tecnología en su conjunto no sea tan poderosa de lo que parece. Pero, tomando en cuenta la posible desembocadura que puede tomar… es difícil ser tan optimista.
Cartas del lago de Como, de Romano Guardini.
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La tesis que Guardini plantea con sus nueve cartas es, básicamente, que, ante los cambios tecnológicos, la propia relación del hombre con la naturaleza y consigo mismo cambia radicalmente, llegando incluso a modificar concepciones hasta entonces ampliamente aceptadas (como la cosmovisión). Esto es claro desde su primera entrega: al llegar al lago de Como, el narrador se percata de un problema que le produce una profunda melancolía: una chimenea, la cual destruye la perfecta simbiosis del hombre y la naturaleza. Aquí, explicita que en su país (allá al norte) ya es costumbre, y que la gente ha aceptado su era agonizante; pero allí, en el lago, no es más que un ominoso presagio de lo que se cierne sobre Italia.

En cartas posteriores, se verifican sus miedos y comienza a reflexionar sobre diversos problemas derivados de esta primera impresión. En la segunda carta, cuenta que la naturaleza, antes viva, obedece ahora al dinamismo del hombre, quien se ha impuesto sobre ella. Relación la cual termina por extraviar el contacto entre el espíritu de la espontaneidad: se deshumaniza la propia vida al ir en contra de la naturaleza. Dada esta situación, en la tercera carta, dice que el hombre ha fragmentado la realidad en su búsqueda por el conocimiento. Instalándose, entonces, una suerte de generalización que busca obtener un concepto global básico de las cosas, pero que no logra adaptar plenamente el espíritu del objeto.

Pero, por supuesto, nada de esto es posible sin la conciencia humana (cuarta carta), la cual se va configurando a la vez que hacemos cultura: se van descubriendo más y más niveles de profundidad no sólo del mundo, sino que de nosotros mismos también —lo cual, según el autor, es un avance—. Y, por extensión, comenzamos a estudiar nuestras propias comunidades y pueblos (quinta carta), comparándolos para así conocernos mejor. Así, se instaura un nuevo cosmos cada vez más completo.

Ya en su sexta carta, establece una distinción del conocer: uno que busca convivir con el objeto, y otro que busca dominarlo. Donde, obviamente, la segunda opción es la predominante. Y esto, a su vez, mecaniza la vida y, en palabras de Guardini, «desemboca en la oscuridad».

Luego, en la séptima carta, se habla de cómo todo el proceso (y por ende, todo el problema) se ha masificado. Esta notoria expansión de la cultura provoca una confusión indigna, donde todo es permitido y no hay respeto por nada y todo pierde valor, ya que todo nos pertenece y no hay protección divina que valga.

Después, siguiendo la idea de la sexta, en la octava carta se habla de cómo se ha perdido la antigua cultura producto de una desproporcionalidad, principalmente vista en las dimensiones de las estructuras. Lo cual es antinatural (e inhumano) en comparación a cómo se vivía anteriormente.

Por último, en su novena carta (la más larga), se sintetiza todo lo anterior al constatar que la técnica, en definitiva, invade la vida íntima del hombre, por lo que ésta se vuelve más bárbara. Aquí, el concepto fundamental para entender la problemática es el de «urbanitas», la forma antigua de ciudadanía en la cual el hombre convivía con la naturaleza, y donde su cultura se veía inmerso en ella en lugar de dominarla. Esta distinción es importante porque, en esta última carta, se hace notar fuertemente el choque cultural que la tecnología trae consigo. Diferencia que se complementa al retomar la idea del nuevo cosmos de su quinta carta, afirmando que el hombre de su época es diametralmente distinto al del siglo pasado. Aquí, el autor se declara abiertamente optimista con su perspectiva sobre el futuro al proponer la tarea de que nazca una nueva humanidad más humana y espiritual, que no busque frenar la tecnología, sino que busque fomentarla siempre y cuando se inspire en la armonía. Es decir, que la humanidad vuelva a ser «urbanista» pero sin dejar de lado la técnica, sino que la implemente de tal forma que se profundice y respete el espíritu espontáneo de la naturaleza. No obstante ello, Guardini comprende que no es algo fácil ni es algo que se pueda realizar individualmente.

Quizás la única objeción al escrito es que la conclusión final es puramente subjetiva. Guardini lo reitera varias veces («no puedo decir sino que creo desde lo más profundo del corazón que Dios está actuando»), pero sigue siendo muy inocente. Si bien propone una misión y declara que ésta no puede realizarse por medio de alguna institución —y mucho menos individualmente—, no plantea una solución concreta. Sólo espera que la humanidad lo haga… de alguna forma.

Meta escribió:Sobre temas de darle la vuelta a la tortilla, a ver qué opináis de éste: animales de compañía, ¿es compatible ser un defensor a ultranza de los derechos de los animales y tener animales de compañía?¿El animal de compañía existe al margen del ser humano, o está tan antropizado que no tiene razón de ser al margen de él (humano)?

En mi opinión (volátil) creo que un ser vivo, fruto de la experimentación genética más elemental, durante generaciones, cuyo único objetivo ha sido dotarlo de atributos (sin importar el propio animal per sé) que gusten al público consumidor de cada momento, no es el paradigma de la libertad y los derechos. ¿La mera idea de poseer, no va en contra de la libertad innata que deba tener un animal? (para abrir fuego)
De hecho no, ya que el tener mascota (o ser carnívoro, ya de paso) implica aceptar que los animales pueden estar subordinados al hombre (subordinados, no dominados. Es distinto), lo cual es contradictorio con la ideología animalista.

Y sí, hemos «humanizado» demasiado a algunas especies (perros y gatos, específicamente) sólo por gusto y sin considerar sus estatutos.

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Rockorn
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Rockorn »

:joint: Me iba a poner a contar ovejitas antes de irme a dormir pero me he dicho "y por qué no contestas con el móvil a sendos tortillazos?"... Pues hala

Respecto de la payasada de Poli (jejeje) creo que todos nos veremos reflejados de alguna manera. Para mí es algo complicado: por un lado en internet quiero proyectar una imagen de ser alguien con las ideas más o menos bien puestas, correcto en mis formas y sereno, porque la verdad es que no quiero importunar a nadie, y contar con la aprobación de los demás (o al menos no con su desaprobación) me ayuda a mantener el sentimiento de seguir siendo el protagonista de mi propia vida, de "ir por el buen camino", por decirlo de alguna manera. ¿Soy un Carablanca quizás?
Por otro lado, no siempre puedo ponerme la " máscara de payaso", no quiero dar la imagen de ser alguien representando un rol, y entonces doy rienda suelta a decir las burradas y gilipolleces que diría "mi yo desinhibido", sin preocuparme tanto por si mi opinión incomoda a los demás, porque, ¿qué diablos? Me la pela, yo soy el centro de mi mundo y el protagonista de la función, seré lo que yo quiera ser.
¿Y qué ocurre si con el tiempo te vas transformando en un payaso con más máscaras de payaso debajo hasta el punto de que tu identidad se difumina entre capas de maquillaje y acaba escurriéndose por el desagüe?
Yo diría que como yo soy el que ha escogido ponerse cierta máscara (y lo he hecho deliberadamente, quizás de forma automática, pero obedeciendo a ciertas normas inherentes a mi personalidad), si con el tiempo esa mascara deja de ser mascara y empieza a ser mi nueva cara, no me arrepentiría en absoluto, pues es fruto de una decisión tomada voluntariamente.
El problema entonces surge cuando alguien no es capaz de ver la enorme y roja nariz de payaso que tiene delante de sus ojos, porque para cuando se dé cuenta y se la intente quitar, sólo encontrará otra nariz roja de payaso debajo.
En resumen: si uno se viste de payaso, una de dos: o aprende a quitarse el disfraz en cualquier momento, o no le importa ir transformándose poco a poco hasta que la mascara deje de ser lo y pase a ser cara.
Con los politicos, no veo una relación tan clara, así que no comento nada de momento.

Respecto del tema de los animales domésticos:
En mi casa tenemos una chihuahua y aunque la cuidamos sacándola a pasear dos veces todos los días, dándole de comer y beber, y llevándola al veterinario, para mi ella es un miembro más de la familia con la que me gusta pasar el tiempo incluso más que con el resto de la familia (sobre todo largos periodos de tiempo XD). ¿Ejerzo algún tipo de opresión sobre ella al por ejemplo sacarla con correa? Si el animal tuviera libre albedrío y racionalidad, pues si, pero no es el caso.
Ah bueno, entonces como no tienen libre albedrío y no son racionales, vamos a comérnoslos con patatas, porque no tienen derechos... Pues no, oye, hay otras cosas, percepción, inteligencia, inteligencia emocional, etc. Los animales, al menos los mamíferos, siguen siendo muy parecidos a un bebé de pocos meses. ¿Debería dejar de defender los derechos de un bebé que no tiene libre albedrío ni es racional?
Bueno, el ejemplo es bastante malo, pero ya me estoy quedando dormido.
Prefiero ser práctico y ceñirme al presente: los animales de compañía y las personas se llevan bien juntos y se aprovechan el uno del otro. Ya está.

Saludos.
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trafalgar ha muerto
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por trafalgar ha muerto »

Sobre las máscaras. Una máscara es un reflejo de aquello en lo que intentamos convertirnos. En ese sentido hay dos tipos de máscara: las que nos ponemos nosotros y las que nos ponen los demás. Hay gente que se pone máscaras por cómo quiere que los demás le vean, e incluso quedan enjaulados en dicha máscara en un rol social determinado (muy buena analogía la de los payasos). Pero podemos elegir la máscara dentro del escaparate que la sociedad ofrece. En el mundo virtual la novedad es que tú puedes crear tu propia máscara desde cero, ser totalmente diferente. Irónicamente, la mayor parte de la gente decide ser más fiel a sí misma que en situaciones cara a cara donde cada vez cuesta más encontrar gente que no espere encontrarse una máscara, aunque esto es debatible. ¿La razón? Como tu eliges la implicación que quieres tener con lo que hay al otro lado de la pantalla hay menos probabilidades de salir herido. Y lo que nos impulsa a crear máscaras es la necesidad de "proteger" nuestro yo original. Al cabo del tiempo, ese yo acaba convertido en una serie de principios que determinan que máscara elegir y unos pocos momentos en el que te da igual y puedes ser tú mismo. El problema de las máscaras es entonces saber cuando la llevas puesta, por que al final acabamos siendo otras personas incluso al mirarnos al espejo. Joder, recuerdo una charla de un profesor de lengua en segundo de la ESO hablando de esto en los mismos términos y algo se me quedó xD.

Lo que menciona Kyrathos me ha recordado mucho a la revolución humana del Deus Ex: se popularizan los aumentos mecánicos y media sociedad se convierte en "mejor" que la otra mitad, provocando conflictos constantes pero trayendo avances geniales. Diría que es más teoría que no sirve especialmente para predecir cómo se van a plantear esas capacidades, pero casi estoy de acuerdo con el final inocente del segundo texto; la humanidad se la apañará de alguna manera.

Sobre los animales, si existen gatos callejeros también existen perros callejeros. Vamos, que por mucha modificación genética que tengan pueden vivir en libertad y de hecho colonizar islas extinguiendo especies xD. Sobre si es razonable que un animalista tenga animales no entro, pero me convence la opinión de Rockorn.

De calzoncillos a metafísica en cuatro posts xD.
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por magomarc »

las personas somos variables en nuestras emociones y comportamientos, nos mimetizamos en el entorno que nos rodea, aprendemos de el y nos comportamos de la forma en la que nos sentimos mas cómodos con nosotros mismos

una persona puede ser educada en un momento determinado y en otra un total maleducado, valiente en una situación y cobarde en otra.

Uno puede ser un héroe una mañana y un villano por la tarde.

Nuestra forma de ser viene traducida por la educación que se nos ha inculcado, tanto familiar, como social y académica. Luego también entra el factor neurológico y las taras que puedas tener.

Al final la pregunta es, somos nosotros mismos? no y si, somos el todo lo que nos convierte en uno.
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Si Dios está con nosotros... ¿Quién está con ellos?
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Kryathos »

trafalgar ha muerto escribió:la humanidad se la apañará de alguna manera.
La cosa está en que ahora es cuando podemos decidir si tomamos o no el buen camino. Ahora el boom tecnológico está como nunca antes, y, si los países no se ponen a discutir estos temas, no podremos volver atrás.
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Sherry »

Meta escribió: Sobre temas de darle la vuelta a la tortilla, a ver qué opináis de éste: animales de compañía, ¿es compatible ser un defensor a ultranza de los derechos de los animales y tener animales de compañía?¿El animal de compañía existe al margen del ser humano, o está tan antropizado que no tiene razón de ser al margen de él (humano)?
¿Por qué no? Como bien ha dicho Rockcorn, que comparto prácticamente todo lo que ha dicho, un "animal de compañía" pasa a ser un miembro de la familia. Igual que él, pienso que un perro, por ejemplo, es muy parecido a un bebé; tienes que darle de comer, vigilar que haga sus necesidades donde toca, bañarlo, jugar con él, pasearlo, procurar que no se haga daño, llevarlo al médico... La cosa está en que el beneficio es mutuo y que tú aportas al animal la racionalidad o conciencia que le falta y él te aporta amor incondicional y humanidad, al menos es lo que siento yo. Mientras se trate bien al animal no veo que inconveniente puede tener tener un "animal de compañía", pues perfectamente una persona y un animal pueden ser amigos igual que se dan casos de animales de distintas especies que establecen una relación.

Pero bueno, el ser humano de tan listo que se cree es estúpido y cae en el especismo, una cosa más que se suma a la lista de cosas que hace que seamos el ser más imbécil de este planeta.
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Re: Dándole la vuelta a la tortilla: reflexiones bajo otro punto de vista

Mensaje por Eli Lawliet »

Capitan Pillo escribió:Pero doctor....YO SOY PALIACCI!

Esto me recuerda a una frase que lei una vez en un libro, el cual ya ni recuerdo el titulo:u

Y porque no te quitas esa mascara que cubre tu rostro?
Porque debajo de ella no habría sino otra máscara. Y luego otra. Y otra. Y otra. Y al final, no habría nadie
La cosa es que puedes ser un payaso diferente con cada público nuevo. Así te vas poniendo una máscara y otra y otra y otra, a veces las repites o creas una nueva (mejor o peor) y entre tanto disfraz te puedes ir perdiendo, como bien dices.

Creo que hay máscaras obligatorias que vestir para poder 'encajar' en la sociedad debido a los perjuicios. Algunos pueden tener la suerte de no necesitar vestirlas, lo cual es un alivio ya que supone menos peso para sacar tu propia cara.

Pero... ¿Qué tal si en alguna de esas máscaras está en realidad tu verdadero rostro? ¿Es tan malo dar caras diferentes a públicos distintos? ¿Estamos siendo hipócritas? ¿Qué si nos sentimos cómodos con varias máscaras?

Lo importante debería ser, sin importar que máscara decida vestir hoy, el sentirse conforme y pleno con la elección.
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