¿Sabes qué pasa? Que simplificar es una de las armas retóricas más efectivas que existen: tiene claridad (fácil de entender), es intuitiva (“suena lógico”) e invierte la carga de prueba (el otro debe explicar por qué no ocurrió lo “obvio”).
Así alguien puede decir: «si Imu tiene el poder y existe una situación crítica, entonces debería usar ese poder», porque es sencillo, limpio, intuitivo y fácil de comprender. El problema es que esta simplificación (que puede tener raíz en que alguien de verdad ve un problema, quiere expresar con claridad o solo busca desahogarse)
omite variables importantes como: costes, información incompleta, prioridades, política, ocultamiento, riesgos, etc.
Por tal motivo, para responder a algo así, toca desarrollar que el poder no es absoluto, que hay restricciones políticas, información que los personajes no manejan, costes y riesgos, un sistema que no busca siempre eficiencia absoluta, una obra que no es totalmente consistente, que nunca ha operado bajo una lógica de eliminación total y preventiva, sino más bien de forma selectiva e imperfecta, etc., etc.
Como comprenderás, explicar todo esto requiere tiempo, análisis y, a menudo, extensos mensajes, solo para responder a algo que si bien no es completamente falso, es
incompleto. Por tal motivo, responder a un argumento simplificado demanda tanto, porque exige sacar a la superficie la realidad que ese argumento redujo en primer lugar. Lo que, como es bien sabido, es mucho más difícil que desmontar algo que simplemente es falso.
Todo esto sin contar que muchas veces mezclamos distintos planos de crítica. Hay momentos donde uno no busca tanta comprensión, sino desahogarse, cosa que por cierto, es una forma de crítica totalmente válida y legítima, pero que tiene sus problemas cuando se mezcla con terminología analítica y crítica narrativa. Es justo ahí, donde muchas veces el debate se vuelve agotador e improductivo.
Y esto te lo digo porque te escribí una respuesta (que tengo en borrador) un tanto extensa, llena de matices, contraejemplos, excepciones y contextualizaciones, sólo para responder a lo que planteabas en Marineford. Donde precisamente se hace evidente esta asimétria de la que hablo: se plantea algo fácil de ilustrar, pero altamente complejo y demandante de responder, requierendo muchas veces de un esfuerzo desproporcionado. Todo para dar muchas veces la impresión final de que se evade la pregunta tan simple que se ha formulado, se sobreanaliza o se justifica la obra. Con una alta probabilidad, además, de ser ignorado (yo particularmente evito esto porque no escribo para tener la razón sobre mi interlocutor, sino para ensanchar mi propia comprensión y la de la comunidad que viene a leer).