CONCURSO MENSUAL

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Shichibukai
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Mensaje por Shichibukai »

Todavia queda el día de hoy para entregar, no te impacientes. :wink:
Deraka escribió:En cuanto a fechas
Por poner una fecha orientativa pondre el 25-26 de Febrero para la presentación de los relatos.
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kid
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Mensaje por kid »

Shichibukai escribió:Todavia queda el día de hoy para entregar, no te impacientes. :wink:
Deraka escribió:En cuanto a fechas
Por poner una fecha orientativa pondre el 25-26 de Febrero para la presentación de los relatos.
Pero de toda la vida ha sido el 25, lo del 26 lo pone porque nunca nadie lo hace el día que toca xD. De todas formas si hoy no me llegan los que faltan ampliaré el plazo un par de días (al menos para que haya 4 relatos), y si no pues ya hablaremos :twisted: (ya editaré el mensaje o pondré uno nuevo para avisar).
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cid yamakaze
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Mensaje por cid yamakaze »

Shichibukai escribió:Todavia queda el día de hoy para entregar, no te impacientes. :wink:
Deraka escribió:En cuanto a fechas
Por poner una fecha orientativa pondre el 25-26 de Febrero para la presentación de los relatos.
el dia de entrega fue ayer, hoy es el "dia extra", q siempre se da porq solo un par de tipos lo entrega en su dia XD
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kid
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Mensaje por kid »

{Se oye la música de "El fantasma de la ópera" de fondo}

Esto es maravilloso: el "auténtico" plazo ha concluido y sigo con los mismos dos relatos. Lo dicho: tenéis de plazo hasta el día 28 a las 23:59, y si no me llega nada más ya veremos qué hacemos.

EDIT: sólo queda un día y esto sigue igual... :gota:
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kid
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Mensaje por kid »

Ejem...
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- Menudo éxito de concurso -pensó el padrino kid mientras ojeaba las páginas de la Penthouse, especial pelirrojas, en la soledad de su despacho-.

Dos de sus hombres entraron tras llamar a la puerta, acompañando a uno de los "concursantes". Tenía pensado verlos a todos de uno en uno.

- ¿Y bien? -le preguntó el capo sin apartar la vista de aquellas maravillosas b...-, ¿cuál es tu excusa?
- Verá jefe, el tema es muy difícil y no se me ha ocurrido nada.
- Hmmmm... entiendo -dijo cerrando la revista de sopetón-. Cuando te contraté creí que eras más listo, pero veo que tu inteligencia se asemeja a la del perezoso común. ¿Tan difícil te parece el tema de deportes? Y eso que se te veía entusiasmado cuando te lo dije. Tampoco hacía falta la retransmisión de un partido; simplemente con dotar al entorno del relato de un ambiente deportivo o hacer que los protagonistas practicasen un deporte hubiera bastado para englobarlo en la categoría. Me has defraudado.
- ¡Pero jefe, yo...! -suplicó-.
- ¡Te mereces un castigo!, ¡quitadle los pelillos de los sobacos y las ingles de uno en uno!

Mientras se lo llevaban gritando y pataleando, el padrino se acarició la sien. Había sido duro y cruel, pero él debía mantenerse en su postura de autoridad. Al cabo de poco entró el siguiente, que le dijo:

- Lo siento mucho, padrino, pero he estado muy ocupado con los estudios y el trabajo y no he podido escribir el relato.
- Ay, bambino... te comprendo, esas cosas son complicadas, y a veces no se puede con ellas. Te agobian, ¿verdad?
- La verdad es que sí...
- Sin embargo sé que el otro día abriste un tema -añadió el padrino con una sonrisa-.
- ¿C-cómo lo sabe?
- ¿Qué clase de padrino sería si no supiera estas cosas?, ¿cómo te crees que llegué dónde estoy? El mismo tiempo que te gastaste para escribir en ese tema lo podrías haber utilizado en avisar de que no participarías. ¿Crees que me chupo el dedo?
- Yo... -balbuceó-.
- ¡Nada de excusas! -gritó con furia el padrino-. ¿Te parece normal que un chaval de sólo 14 años tenga el detalle de avisar al resto y tú no lo hayas hecho? Eres un irresponsable, y como tal te llevarás tu castigo. ¡Obligadle a escuchar la discografía completa de Bisbal!

El último de sus hombres entró más cohibido, puesto que conocía el destino de los otros dos. Esta vez ni siquiera le dejó hablar:
- ¿Para qué diantre te apuntas a este concurso si no pensabas participar? No te he visto desde que lo dijiste, ¿en qué estabas pensando? No puedes comprometerte a algo si sabes que no lo puedes cumplir; ¿cómo crees que he quedado delante de mis socios por tu culpa? Has deshonrado a la familia, y te mereces el peor de los castigos... ¡voy a obligarte a leer Captain Tsubasa seguido!

El pobre hombre se desmayó con sólo oír eso. Era muy duro, sí... pero alguien tenía que hacerlo...
Bien, eso ha sido una forma "simpática" de decir lo que pienso de todo esto. ¿Tanto cuesta avisar de que no se va a participar?, ¿tanto cuesta cumplir con lo que te has comprometido? Vale que esto es sólo el concurso de una web, pero mucho quejarse de si tal o cual pero a la hora de la verdad a todos os importa una mierda que esto siga adelante. Viendo cómo la peña pasa del tema es normal que esto se vaya a pique; no sé qué queréis.

Por mi parte me ofrecí como recogedor porque le dije a Halane que lo haría y porque Reyes aún no había dicho nada, y esperé hasta el final para ver si quería hacerlo él. Pero si de 7 personas apuntadas sólo entregan 2, y de las otras sólo avisa 1 de que no participará, cuando he dejado dos días más de plazo, ya me dirás... si a vosotros mismos os importa una mierda este concurso, no sé qué esperáis. Yo por lo menos a partir de ahora voy a pasar del tema, ahí os quedáis.

Voy a poner los dos relatos de los únicos que se han comprometido y han demostrado un poco de responsabilidad (aparte de Cid yamakaze). Les dejo a ellos la opción de escoger el siguiente tema a elegir; ya os pondréis de acuerdo entre vosotros :ok: :

RELATO DE GHORRYHON: "EL SEÑOR DE LOS VIENTOS"
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“En el lado austriaco lo llaman Meistersinger; en el suizo, Seigneur des Vents. Es la última montaña de un estrecho valle de los Alpes, en la frontera de ambos países. La confluencia de dos sierras ha encajonado un valle glaciar de tal manera que cuando el viento sopla desde el noroeste, choca con la solitaria montaña, arrancándole una variedad inmensa de sonidos, que le dan sus nombres.”
No había otro pensamiento en la mente de Albrecht. Era su mantra. Cada vez que tenía que escalar una montaña, acudía a un libro de texto básico y memorizaba la breve descripción que daba de ella, la que fuera. Luego, la repetía para sí, o incluso entre dientes, en voz alta, cuando las condiciones se volvían demasiado duras. Era como decirle: “No puedes vencerme, conozco tus secretos”.
Oswald llevaba diez días en la montaña, intentando que el tiempo mejorase para la acometida final, y finalmente no había podido esperar más. El tiempo seguía estropeado, amenazador, pero sentía que poco a poco el ímpetu que lo había llevado hasta ella se desvanecía, y tenía que conservarlo. Por eso, el primer día que no había nevado, aunque las nubes seguían cerca, se lanzó en una carrera desenfrenada hacia la cima. Al fin y al cabo, se dijo, ella no habría tenido tantos miramientos.

Claire Waldorff era la mejor. Había sido la primera mujer en coronar las siete cimas más altas de los Alpes en un año, con sólo dieciocho. Luego, su talento la había llevado a convertirse en la primera ciudadana de Liechtenstein en coronar el techo del mundo, para después, en ese mismo año, escalar las montañas más altas de todos los continentes.
Oswald la había acompañado desde ese último periplo, si eso podía llamarse acompañar. Claire siempre escalaba sola, no importa cuántos fueran en la cordada. Ella lo convertía en personal, en su lucha con la montaña. Hablaba con ella, la amenazaba, la insultaba cuando la naturaleza ayudaba a su gigantesco peón lanzando tempestades contra los escaladores. Jamás interactuaba con los demás, excepto en el caso excepcional de que fuera necesario para salvar la vida a alguien. Y eso la enfurecía, porque exponía su debilidad ante el enemigo. Oswald había sido testigo de esa fiereza muchas veces. Tras acometer la aventura de los techos de los continentes, Claire y él habían recorrido más montañas, siempre fiados de su habilidad, uniéndose a expediciones de gente más o menos conocida. Oswald era muy querido por los escaladores de todo el mundo, pero la mayoría de ellos recelaba de Claire, por su impredecible tendencia a la soledad.

Apenas le quedaban unos trescientos metros de ascensión. Un pequeño repecho a superar, y la cima estaría ahí, esperándole. El Señor de los Vientos no era una montaña alta, apenas llegaba a los 4.000, y de ellos, la mayoría eran muy suaves, siendo sólo el kilómetro final un riesgo. Oswald sabía que el riesgo era perfectamente asumible, incluso con las peores condiciones, pero de todos modos estaba tomándose las cosas con mucha precaución. Aseguró una vez más su posición en una estrecha grieta, tomó impulso con el pie derecho, y clavó su piolet con la mano izquierda. No cargó inmediatamente el peso, sino que se aseguró de que hubiera un asidero firme para ambas manos, y tiró de su cuerpo hacia arriba con rapidez, pero sin precipitarse. Un esfuerzo más, y llegaría al repecho.
Volvió a tomar impulso, y clavó de nuevo el piolet. Cogió aire, recitó de nuevo la descripción de la montaña, y empujó otra vez. El pánico estuvo a punto de dominarle cuando su pie izquierdo no encontró nada sobre lo que apoyarse.
-¡Cálmate, gilipollas! –Gritó, consciente de que sólo él se oía. Tenía tres puntos de apoyo, y a un profesional como él dos le sobraban. Estaba cometiendo torpezas de principiante acuciado por la necesidad de coronar aquella montaña.

Ella se había sorprendido mucho aquél día, pero no más que él, que se esperaba una contestación totalmente distinta. Se había obligado a admitir que la amaba, más de lo que la admiración profesional sugería. Era su amor, la de verdad, todo había comenzado con asombro, pero poco a poco ese respeto de competidor había dejado paso al profundo conocimiento, a la verdadera conexión que sólo se tiene cuando te encuentras a tu alma gemela. Y ella, más Claire que nunca, acabada la expedición al Elbrus, en un aeropuerto armenio de poca monta, le había dicho que sí, que se casaría con él, y que no se imaginaba pasar con nadie más el resto de su vida. Y Oswald había coronado la cima más alta y hermosa de su vida.

Ahora se enfrentaba a la más increíblemente difícil y peligrosa. Una que, sin embargo, había coronado otras tres veces, hacía ya mucho tiempo. Decían los que habían estado por allí que era como si algo hubiera cambiado, que la montaña se había vuelto arisca, que el viento ya no cantaba, sino que aullaba de odio a la humanidad. Oswald había visto los menguantes glaciares, y se había preguntado irónicamente por qué.
Se encontraba en el minúsculo repecho, tumbado cuan largo era, suspendido por dos o tres cuerdas, considerando sus opciones. El furioso viento había cambiado de dirección y golpeaba ahora inmisericorde la cara por la que se encontraba el alpinista. Iniciar ahora el ataque a la cumbre podía ser muy arriesgado, pero lo sería más al día siguiente si las nubes que se aproximaban por el noroeste cumplían su amenaza. En cualquier caso, en ese momento, la montaña tenía todas las de ganar. Le estaba asustando, intimidando. Le decía “puedes conocer mis secretos, pero no importa, porque no se puede luchar contra lo inexorable”.
Ese último pensamiento llenó de coraje a Oswald. Miró hacia arriba, a la cercana cumbre, apretando los dientes. Se incorporó enrabietado y soltó los cordajes extra de su asidero. Le quedaban dos horas para que anocheciera, y la cima de la montaña ofrecía, curiosamente, mejor refugio para la noche que cualquier otro lugar en ese momento. Si tenía que coronar, sería hoy.

-No se si entiendes lo que te estoy pidiendo. No son unas vacaciones. –Claire miraba a su prometido con tensión. Por primera vez a ojos de éste mostraba algún tipo de miedo.
-Ya sé lo que no es, pero ¿te importaría mucho decirme qué es?
-No es fácil de explicar, sobre todo cuando sé perfectamente que no hace falta explicártelo, que en realidad lo entiendes. –Claire aceleró el paso mientras el cielo plomizo empezaba a descargar agua sobre la gigantesca noria del Prater vienés, de la cual acababan de bajar. –No hace falta que me explique, no me obligues. No quiero ser dura contigo.
-Ni aunque lo pretendieras, conseguirías serlo. Como has dicho, te conozco demasiado bien como para que nada de lo que digas me afecte.
-Entonces, tú lo has querido: necesito estar sola una última vez. Completamente sola. No es algo para lo que necesite un “intermediario con el mundo”. Es distinto, personal. Ni siquiera tiene que ser un reto. Quiero enfrentarme cara a cara a una montaña por última vez, y ya nada nos separará. Te lo prometo. Necesito despedirme de la soledad, de mí misma, y sólo entonces podremos ser felices.
-Himmel. –Masculló Oswald. –Es que… todo es tan fácil ahora, que no sé… parece como si el bosque estuviera en calma, antes de una emboscada, como si…
Claire tapó la boca de su prometido con sus dedos. –No, no debes temer nada. Jamás te abandonaré, por eso me distancio ahora. Volveré, y nada podrá separarnos. Ni siquiera mi lado oscuro. No depositaré esa carga voluntariamente sobre tus hombros.

El Señor de los Vientos se defendía constantemente, soplando a ráfagas, para desequilibrar inoportunamente a su escalador. Una racha continuada era más fácil de afrontar, ejerciendo un esfuerzo en contra, igualmente continuado. Pero con un viento tan fuerte y entrecortado, el sobreesfuerzo podía ser tan desequilibrante como la llegada de la ráfaga. Como cuando se adelanta a un camión en una autopista con viento lateral.
Oswald no podía parar de recitar entre dientes, repitiendo una y otra vez “En el lado austriaco lo llaman…”. El esfuerzo le dolía ya increíblemente. Tenía los dedos de la mano derecha agarrotados, y no sentía los de los pies, aunque sabía que no corría peligro de congelación. La parálisis era por otra causa. Era el miedo a lo que encontrase. Abrió los ojos cuando la última racha cesó, y como si no hubiera estado ahí antes, descubrió una ruta excelente: una serie de asideros notablemente buenos que llegaban hasta unos cincuenta metros de la cima. Era su oportunidad. Se aferró con fuerza al primero y comenzó a trepar como antes, como en los buenos tiempos, como cuando acompañaba a la mejor…

-En las últimas horas de la tarde de ayer, una fuerte tormenta de nieve, la primera del otoño, se ha abatido sobre el valle de Stalthaus, en la frontera con Suiza. –Oswald abrió los ojos, sobresaltado. Eran las cinco de la madrugada, y probablemente se había quedado dormido con la televisión encendida. –No se tienen aún datos –continuó el locutor –sobre la expedición alpinista que, según los lugareños, se encontraba en la zona en aquellos momentos. El Ejército ha enviado helicópteros de rescate a la zona, pero es improbable que puedan hacer nada hasta que el temporal se atenúe.
Oswald parpadeó, perplejo. La emboscada. Un gigantesco “te lo dije” formado con nubes negras de tormenta. Se vistió apresuradamente y salió del apartamento, buscando la noticia que jamás hubiera querido oír.
La encontraron seis días después, entre los precipicios de la cara Este. Mirando a casa. Dijeron que la caída había sido la causa de la muerte, durante el precipitado descenso. Muchos expertos coincidieron en que no era el estilo de Claire bajar a ese ritmo, sin tomar precauciones, pero Oswald sabía que en realidad trataba de reunirse con él cuanto antes. Logró vencer al lado oscuro, pero en su victoria olvidó a su otro enemigo.

Una mano surgió de la tienda portátil de Oswald. La noche había sido terrible. El temporal había acelerado con la caída de la tarde, y había azotado cruelmente la cima, como tratando de empujar su escaso refugio al abismo. Pero no era un novato el que había alcanzado la cima del Señor de los Vientos, y ahora la montaña había agotado sus recursos, vencida. Un sol brillante lucía sobre el valle, con las negras nubes muy lejos, sobre Croacia, quizá. Oswald se incorporó y miró al horizonte. Una vista espléndida, la mejor de su vida, la última que ella había contemplado, quizá. La que posiblemente le había dado ganas de compartirla con alguien. La que causó su muerte.

El alpinista se giró, mirando a la alargada cima de la montaña, mirando a cada roca, cada montón de hielo y nieve, con un odio atroz. Cayó de bruces, empuñando el piolet, y golpeó con el puño y la herramienta la dura roca. -¡TÚ! –Gritó, a pleno pulmón -¡Piedra asesina! ¡Hija de puta, tú me la quitaste, tú la mataste! –Golpeó una y otra vez, clavando el piolet en el hielo y la roca, notando cómo sus lágrimas resbalaban imparables, como un alud, por sus mejillas. Y así continuó, gritando e insultando a la montaña en todas las lenguas que conocía, hasta que no pudo más, con la garganta destrozada. Después, la calma llegó súbita, inesperada. Como si una bandera blanca hubiera aparecido en su mente, Oswald se levantó tranquilo, concentrado de repente. Había ganado. Estaba hecho, él había rehecho lo que ella había perdido. Levantó la vista, contemplando el cielo, de un azul más oscuro que el que se veía en los valles. Allí, a un paso del paraíso donde ella lo observaba, Oswald sonrió, como el guerrero que era, con el enemigo vencido a sus pies.
RELATO DE HALANE: "EL 206"
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Había entrenado tan duramente que perder no me parecía una opción. Mientras una vez más repasaba todo, la emoción empezaba a embargarme. Estaba todo preparado, sólo faltaba escuchar la señal para tener que subir, ajustarme el cinturón de seguridad, desearle suerte al resto del equipo y largar, sentir la velocidad con toda su poderosa atracción, la adrenalina recorriendo frenéticamente cada célula de mi cuerpo sofocado y deshidratado mientras mi mente se embarcaba en una épica lucha para mantenerse fría en todo momento, para evitar un error fatal que podría acabar con mi vida y alguna otra.

Era más que mi trabajo. Toda mi vida giraba en torno a esas horas que pasaba allí dentro, alrededor de mi única pasión: correr, escuchar el rugido salvaje del motor que sonaba a mis oídos como un tigre amaestrado. Poca gente comprende lo hermoso que puede llegar a ser algo tan simple y cotidiano como un coche. La mayoría ve un automóvil normal, un simple Peugeot 206 y no se inmuta. Quizás le dediquen un comentario como “es un cochecito resistente”, “tiene una bonita carrocería”, “mira qué bien tuneado”, “yo quería uno así” o algo por el estilo, pero nunca comprenderán su sencilla belleza. Cuando yo miraba el pequeño 206 en el que arriesgaba mi vida carrera a carrera, reparaba en algo más que eso.

Dejaba que mis ojos se deslizaran dibujando su silueta encantadora, delineando con mi mano el imponente y agregado alerón para después acariciar con suavidad la parte trasera original como si hubiera quitado una manta que la cubriera. Palmeaba las llantas, disfrutando de su tacto siempre impecable antes de empezar, deteniéndome con deleite en los relieves. Pasaba mis dedos por las puertas, y después lo miraba cara a cara, directamente en el centro de esos faros desafiantes y llenos de fuerza. Casi podía comunicarme con él sin palabras.

Cuando el motor dejaba escapar su primer sonido me embargaba una especie de desasosiego, me sentía turbado, pero al mismo tiempo me invadía la tranquilidad de que ese pequeño cochecito tan bien preparado no me fallaría. Yo confiaba en él y él confiaba en mí. Estaba más unido a él que a cualquier persona. Mis hijos se habían subido a admirarlo, mi mujer lo había mirado con recelo más de una vez. “Te preocupas más por ese coche de mierda que por mí”, solía decir cuando llegaba tarde a casa por haber esperado en el taller a que los mecánicos lo dejaran reluciente. Y yo no me veía con fuerzas para negarlo, porque los ratos de peligro y diversión que ese 206 me proporcionaba eran los que daban color a mi vida, los que me hacían saborear cada minuto con avidez, como si fuera el último, y porque cuando no estaba corriendo me sentía medio muerto, como si parte de mí se contuviera por tener demasiada energía para la vida diaria.

La señal, al fin la señal. Subo precipitadamente mientras algunos miembros del equipo me rodean dándome las últimas instrucciones, revisando los dispositivos de seguridad, alentándome, alguno palmeando cada tanto al coche para desearle buena suerte. Yo doy las gracias, de mi parte y de la del Peugeot, que también lo agradece. Otra voz asiente y da las gracias a mi lado, y pocos minutos después el motor suelta un bramido potente y arranca. Los colores pasan como rayos, se confunden entre sí. Todo parece igual, y sin embargo no lo es, a cada milésima de segundo que pasa el paisaje es completamente diferente. La velocidad se apodera de mí, mi cuerpo está tenso, el esfuerzo es increíble. Hablar se me hace difícil, pero tengo que hacerlo, el pequeño 206 no puede hacer todo solo, ni siquiera bajo las manos expertas que lo guían. Porque el pequeño 206 no va dirigido por mí. Yo soy el acompañante, el que lleva la hoja de ruta que va guiando al piloto, mi viejo amigo de tiempo atrás, al que conozco de toda la vida. Nuestro vínculo es esencial, pero yo me siento más unido al coche que a él, porque es el coche quien me lleva, y es al coche a quien guío. Él se limita a mover lo que el Peugeot no puede mover por sí mismo, pero no me regala esos sonidos increíbles que quedan grabados en mis recuerdos, esos rugidos que son un regalo para mis oídos. Tampoco me da esos golpes suaves por los que parece disculparse, ni me tiene temblando durante todo el camino. Durante la carrera, mi amigo y yo somos uno, pero el coche sigue siendo él mismo. Somos yo y el coche, un yo de dos, pero un yo al fin y al cabo.

Curva cerrada a la derecha, el punto de frenaje es la roca que se vislumbra ahora. Recta hasta el árbol, donde hay una curva abierta, también a la derecha. Contracurva. Recta. Curva abierta a la izquierda. Las indicaciones se suceden rápidamente, sé que no debo, que no puedo tener ningún error, no existe la opción de confundirme con el código. Cualquier imprecisión, por mínima que sea, puede salir muy cara, no sólo a mí sino también a mi otra mitad y a mi compañero.

Mientras las palabras salen de mi boca a un ritmo imposible, tan imposible como el de las alteraciones del recorrido que se suceden sin descanso, los sonidos de siempre retumban en la cabina. Es una especie de ruidoso silencio, confortable. Una liberación agobiante que te deja sin aliento haciéndote respirar mejor. No sé si mis instrucciones llegan a buen puerto hasta que las veo realizadas, porque sólo puedo transmitirlas mediante el pequeño micrófono que llevo dentro del casco. Un problema en cualquier mecanismo estropea el perfecto conjunto de acciones que hacen posibles las carreras hoy en día, las facilidades que evitan muertes antes habituales en este deporte.

“Nunca des por seguro que saldrás vivo.” Esa parecía ser la regla no escrita de cualquier tipo de carrera durante años. Muchos salieron a la pista sin la seguridad de volver a casa por las noches. Muchos vieron sus vidas desmoronarse por esta pasión. Pero nunca dejó de haber pilotos. Incluso hoy en día todos los que subimos a un coche de rally, fórmula 1 o cualquier otra categoría sabemos que en casa hay gente rezando por nosotros. Y sin embargo no conozco a nadie que se haya planteado dejarlo. Quizás sea difícil de entender, pero es una necesidad. Todos los que hacen esto lo hacen por adicción. Una adicción que llega a ofuscarte por momentos. Yo soy consciente de que hoy mismo, si me hubieran dicho que moriría, hubiera subido al coche de todas formas. Morir al volante, lo había dicho muchas veces, sería la mejor manera de abandonar este mundo.

Un segundo… Siempre supe que un segundo podría marcar la diferencia, pero no fui nunca tan consciente de ello como en este instante en el que estoy sintiendo cómo el pie que se hunde en el freno está presionando un segundo más de lo necesario, un poco más fuerte de lo que debería.

Confusión, vueltas. ¿Estaré gritando? ¿Estaré muriendo? Mi cabeza es un confuso amasijo de sensaciones, no soy consciente de estar pensando, sintiendo, hablando por el micrófono. Creo que tengo los ojos cerrados, pero percibo un color indeterminado que en realidad es la mezcla de cientos de retazos de realidad golpeando mis nervios a la vez. Sonidos indefinibles. Golpes. Hierros torcidos. El espacio disminuye vertiginosamente, el cinturón me aprieta contra el asiento, la presión se vuelve insoportable.

¿Cuánto tiempo habrá pasado? Intento abrir los ojos, pero no puedo. De hecho no los siento. De pronto la oscuridad que me envuelve se transforma poco a poco en un escenario. Me veo… Sí, me veo a mí mismo. Estoy dentro del coche, de mi pequeño 206 que yace abollado contra un árbol. ¿Tuvisteis alguna vez la sensación de veros desde fuera? Pues así me siento yo ahora. No tengo cuerpo. Ni siquiera mente. Posiblemente soy una especie de alma, un espíritu, una energía. Algo que no tiene nombre, porque quienes lo hemos descubierto no podemos hablar. Una vez un compañero que sufrió un infarto y estuvo muerto durante tres minutos me contó cómo había visto y oído todo lo dicho por los médicos como si viera una obra de teatro, de lejos pero al mismo tiempo muy cerca. Sin poder intervenir, pero allí, en el lugar de los hechos. Yo supuse que habría sido una secuela de las impresiones posteriores, pero no. Ahora me está sucediendo a mí. Veo a los miembros del equipo de seguridad acercándose, al público murmurando y gritando, mujeres que lloran y niños que contemplan con su despiadada curiosidad. Mi cuerpo, dentro del 206, permanece inerte. Puedo ver qué me mató: una rama particularmente afilada del árbol contra el que chocamos logró atravesar mi pecho de lado a lado a pesar de los impedimentos, quizás debido a la velocidad. No creo que llegue a enterarme.

La realidad se distorsiona. No sé ni siquiera si estoy existiendo. Estoy en tierra de nadie, ni vivo para el mundo que conozco ni muerto, porque si estuviera muerto del todo no vería lo que sucede. ¿O acaso estaré aquí para siempre? No… Todo se desdibuja lentamente. Los sonidos cada vez se alejan más. Los colores van esfumándose como figuras de humo que se esparcen entre las nubes, la luz del sol parece ir difuminando los contornos. Lo único que sigue brillando, lo único que sigue allí tan claro y hermoso como siempre, es el contorno ahora abollado y golpeado del Peugeot. Sus faros rayados, sus líneas repasadas en barro y sus abolladas piezas metálicas parecen estar concentrados en despedirse de mí. Su mirada es triste, apenada, culpable.

Una especie de soplo de energía recorre mi ahora incorpóreo yo. Sé que puedo mandar un último pensamiento a alguien, un último mensaje antes de desaparecer o seguir adelante o lo que sea que vaya a sucederme. Mi mujer se acerca ya en un coche, la veo con los ojos inundados de lágrimas. Mi amigo, ahora entrando en la ambulancia, tiene la mirada perdida, horrorizada. Puedo elegir incluso a mis hijos, estoy seguro de que les llegaría el mensaje, sino a ambos sí a uno de ellos. Mi madre, mi padre, cualquier miembro de mi familia. Pero no. Esos faros inolvidables, ese motor ahora estropeado, ese coche que ahora es mi tumba me está pidiendo que le dedique mi última voluntad. Y lo hago. No son palabras. Las palabras son algo demasiado concreto para transmitirse de esta manera. Son sensaciones, sentimientos, emociones.

Si alguien se enterara de esto me diría que estoy loco, que un Peugeot 206, por personalizado que esté, por importante que sea para mí, no puede mirarme. Que no puede recibir nada de mí. Que simplemente no está vivo. Pero yo tampoco estoy vivo. Todos los que ahora rodean mi cuerpo creen que no le estoy viendo, que no les escucho. ¿Quién sabe si el pobre coche no será como yo? Puede que también esté llorando a su manera silenciosa e invisible.

El 206 me ha entendido. Mi último deseo. Desaparecer sintiendo la maravillosa sensación de estar vivo. Morir con mi pasión más grande. No sé cómo puede estar haciéndome sentir esto, pero lo está haciendo. Ahora no veo nada, no oigo nada, el mundo que conocía ha desaparecido, pero a cambio estoy disfrutando de mi muerte como nunca disfruté de mi vida. Como si yo fuera un coche que lucha contra el viento a la máxima velocidad. El 206 me ha regalado lo mejor que podría darme en este último instante de existencia: sus recuerdos. Emoción, adrenalina, peligro, riesgo. Toda la magia de las carreras que siempre me obsesionó hasta un punto inimaginable para cualquiera que no la haya sentido en su propia carne. La magia incomprensible de la pasión por el automovilismo. Fuerza, vitalidad, sorpresa, belleza, perfección, sensaciones, instinto. Liberación, soledad, concentración.

Muchas veces me pregunté qué sentiría al morir, si vería esa “luz” de la que hablan todos. Pero no la veo. No veo nada. Creo que en realidad cada uno siente lo que espera sentir, y yo nunca tuve ninguna idea acerca de esto. Sólo quiero seguir con esta sensación en mis venas, mejor dicho en mí. Quiero esfumarme o lo que sea sintiendo velocidad, motores, ruedas. Así es un rally. Y quizás así sea la muerte, un rally a ciegas, sin hoja de ruta que seguir, una carrera vertiginosa en una pista desconocida.

No sé qué pasará conmigo. Ahora que estoy perdiendo incluso este extraño dejar de ser, no sé adónde iré o qué me sucederá. Pero estoy seguro de que, me espere lo que me espere, el último regalo de mi 206 seguirá siendo lo mejor de mi muerte.
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Shichibukai
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Mensaje por Shichibukai »

Tenías que haber esperado un poco más. Yo si me comprometo a algo lo cumplo como he hecho en todas las ediciones, pero esta historia me la estaba currando y se me ha alargado. Si mi intención hubiese sido no participar lo hubiera dicho en mi anterior post. El caso es que ahora las historias de Ghorryhon y Halane se quedan colgadas, al igual que la mia que la tenía a punto.

Han habido ediciones en las que se ha esperado durante más de una semana a un participante, como aquella vez Reyes que nos tuvo en vilo un montón de tiempo XD, pero al final hubo concurso.

Al parecer tenías mucha prisa.
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cid yamakaze
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Mensaje por cid yamakaze »

Shichibukai escribió:Tenías que haber esperado un poco más. Yo si me comprometo a algo lo cumplo como he hecho en todas las ediciones, pero esta historia me la estaba currando y se me ha alargado. Si mi intención hubiese sido no participar lo hubiera dicho en mi anterior post. El caso es que ahora las historias de Ghorryhon y Halane se quedan colgadas, al igual que la mia que la tenía a punto.

Han habido ediciones en las que se ha esperado durante más de una semana a un participante, como aquella vez Reyes que nos tuvo en vilo un montón de tiempo XD, pero al final hubo concurso.

Al parecer tenías mucha prisa.
mmm shichi, puede que tengas razon, pero me parece que estas siendo bastante desconsiderado, ya que si no posteas para avisar de que vas a tardar mas, lo que kid supone es que no vas a presentar nada, porque lo que pone es "fecha de entrega 25 F (si como tu no iba a dar tiempo, se amplia a 26 F)" pero estamos ya a dia 1 de marzo tio, yo avise que no iba a participar el dia 23, porque aunque ahora se me ocurriese una historia (de hecho se me ocurrio una un tanto mierdecilla el dia 27) no me iba a dar tiempo a terminar en el plazo.

lo q te quiero decir es que, aunque tengas razon de que algunas veces se ha esperado mas, no avisaste de que ibas a tardar, y si viste que no te iba a dar tiempo a terminar en plazo, creo que tendrias que haber metido sprint, porque lo que no me parece normal es que al escribir un relato de entrega al dia 25 (con un mes de antelacion) se cuente con: "nos van dejan una semana de extra por retrasos, osea, entrega el dia 3". Porque creo que de ser asi en la fecha de entrega pondria dia 3 de marzo, porq poner 25 si al final es el 3... me pareceria que o esto es un concurso a lo loco los organizadores estan de coña XDDD
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kid
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Mensaje por kid »

Shichibukai escribió:Tenías que haber esperado un poco más. Yo si me comprometo a algo lo cumplo como he hecho en todas las ediciones, pero esta historia me la estaba currando y se me ha alargado. Si mi intención hubiese sido no participar lo hubiera dicho en mi anterior post. El caso es que ahora las historias de Ghorryhon y Halane se quedan colgadas, al igual que la mia que la tenía a punto.

Han habido ediciones en las que se ha esperado durante más de una semana a un participante, como aquella vez Reyes que nos tuvo en vilo un montón de tiempo XD, pero al final hubo concurso.

Al parecer tenías mucha prisa.
¿Perdón? Ya alargué el plazo 2 días (que fueron 3) y aquí no me dijo nada NADIE. Si estabas escribiendo el relato haberme avisado, que no tengo telepatía para adivinar tus pensamientos ni tampoco te conozco lo suficiente como para saber que "si tu intención hubiese sido no participar lo hubieras dicho en tu anterior post" (a lo mejor te había surgido un imprevisto y no podías participar, ¿cómo voy a saberlo si no me lo dices?).

Si sabías que el plazo se alargaba esos dos días pero no ibas a poder entregarlo a tiempo lo podrías haber dicho en el tema o haberme mandado un mensaje privado y yo no hubiera tenido ningún problema en esperar. ¿No lo hiciste? Pues te aguantas, ya no sirve de nada quejarse, cuando lo podrías haber solucionado con perder 5 minutos de tu vida en avisar. Si nadie me dice nada es normal que piense que no se va a participar; ahora encima no me vengas de ofendido cuando ni siquiera te molestaste en darme un toque para que esperase. Anda ya... :roll:

P.D: los relatos han sido puestos con el consentimiento de sus autores, por supuesto.
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Shichibukai
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Mensaje por Shichibukai »

Yo no estoy ofendido, no es mas que un concurso. Lo único que digo es que entendería que hubieses posteado las historias si tuvieses tres o cuatro, pero con dos no, porque en el momento que las posteas se acaba el concurso. Aún así entiendo tu posición, nadie te avisó y las posteastes, de acuerdo, gran parte de la culpa es mía.

@cid yamakaze: veo que te gusta entrar en todos los follones, eso no es malo, pero tio aporta algo diferente que siempre dices lo mismo.
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Mensaje por Ghorrhyon »

Decidlo abiertamente, es un complot para que yo no gane, ¿verdad?, y a la novata le habéis hecho el vacío... :twisted: (No te desanimes, Halane, tu relato me dice que DEBES seguir en el concurso todos los meses :ok: )

No voy a entrar en el debate "fecha de entrega", porque me parece que está claro y que puesto que yo cumplí con tiempo de sobra, mi opinión no cuenta. Ahora, me parece que Kid no ha cometido ninguna irregularidad. Soy testigo de que ha extendido su paciencia como mantequilla untada sobre demasiado pan...

En fin, que lo que yo quiero decir es que si nos comprometemos a cumplir con las reglas de un concurso, me temo que ese compromiso es vinculante, al menos todo lo vinculante que nuestro propio sentido del "deber" nos obliga. No podemos arrastrar a los demás a soportar nuestras propias reglas. Yo, por ejemplo, que llevo una buena racha entregando el primero, no creo tener la autoridad para instigar a que todo el mundo entregue antes de tiempo, porque de esa manera estoy haciendo trampa: estoy interrumpiendo el proceso creativo de los demás, que probablemente hayan empezado más tarde, o necesiten pulir la historia un poco más, releyéndola (personalmente, yo cometo la burrada de apenas repasar mis historias, por eso no gano nunca). Del mismo modo, puede que los que falláis en la entrega el día impuesto, tengáis menos tiempo que yo (algun día dejaréis de hacer exámenes, es algo maravilloso, os lo juro) para currar en las historias, pero eso tiene solución: se avisa del retraso, o del abandono, o se entrega algo menor con la esperanza de que al mes siguiente haya algo mejor... Porque si tiramos de mala fe, yo podría pensar que esos "compromisos ineludibles" son maneras de ganar tiempo y pulir el relato más y mejor... PERO OJO, NO ESTOY DICIENDO ESO, sólo digo que no se debe achacar a la mala fe que el juez haga cumplir las normas...

A ver, que me lío. Que aquí veo básicamente una falta de compromiso que afecta a los compañeros que hemos cumplido los plazos, y a los que por legales, no han presentado nada, avisando correctamente. Yo voy a seguir participando, cumpliendo los plazos y curzando los dedos porque mucha gente se siga animando, porque este Concurso no es sino una vía para gastar toda esa creatividad que me va a hacer estallar la cabeza... pero si es un Concurso, pues habrá que seguir las bases... por el amor y la justicia, más que nada.


En cuanto a lo que de verdad importa:
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Halane: Me ha encantado tu relato, técnicamente impecable, de lo mejorcito que he leído en las últimas ediciones, sin desmerecer a nadie. El tema escogido es original, y el enfoque más aún. Muy bueno el desarrollo que deja entrever el final sin revelarlo, y nos deja con un regusto triste, pero no en exceso. Buen final, sin duda, con el gran misterio de fondo, para que nos deje con una incógnita. Los buenos finales dejan preguntas... En cuanto a la propia temática, no está nada mal documentado, aunque como es lógico, no profundiza en el deporte de las carreras en sí (no da tiempo en 2000 palabras, obviamente). De verdad, anímate a más ediciones porque contigo nos lo vamos a pasar en grande. ¿Cuál es tu coche favorito? Es que no me queda claro... XD

Pollomono:
Mierda, por una vez que estaba realmento orgulloso de mi relato, con su planteamiento completo, y un final cerrado para variar, sin perderme en descripciones que se comían la mitad del texto... casi no le podía poner pegas para presentarlo, excepto la insulsa vaguedad del tema deportivo (se tiene que notar que yo no he escalado ni a cambiar una bombilla, pero bueno)... total, que estaba contento con él, para que mentir. Ya veremos que pasa la próxima...
Responsabilidad, señores... :wave:
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Mensaje por kid »

Shichibukai escribió:Yo no estoy ofendido, no es mas que un concurso. Lo único que digo es que entendería que hubieses posteado las historias si tuvieses tres o cuatro, pero con dos no, porque en el momento que las posteas se acaba el concurso. Aún así entiendo tu posición, nadie te avisó y las posteastes, de acuerdo, gran parte de la culpa es mía.
Le pregunté a los dos qué querían hacer si transcurrido el plazo adicional no recibía más historias, y ambos estuvieron de acuerdo en al menos publicarlas, que para algo las escribieron. Preferí hacer esto antes que esperarme más, ya que no tenía nada que me indicase que alguien más participaría, y se supone que el concurso era de febrero, no de marzo ^^U

Así que el de febrero queda así y con el de marzo ya decidirán ellos dos cuando puedan lo que hacer. Entiendo tu mosqueo de no ver en concurso tu relato al haberlo hecho, pero fíjate en otra cosa: ¿aparte de ti, cuántos más de los que han dejado esto "tirado" han dicho algo? Bajo mi punto de vista nadie excepto los dos que entregaron puede quejarse de que esto haya salido mal, porque nadie se ha preocupado de que salga adelante.

Como ya dije, a partir de ahora voy a dejar de seguir y participar en el tema, ni siquiera dando opiniones y mucho menos recogiendo relatos. No estoy enfadado (lo digo porque bastantes enfados han habido ya en el tema y la verdad es que no me siento así ni mucho menos), pero es que no me gusta perder el tiempo.

Saludos :wave:
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Mensaje por Ramsus »

Otra bronca mas. Si es que este tema lo creó Mijok...

No quisiera tener que sacar mis palomitas a pasear, porque me puedo quedar solo. Vamos a ver, yo ésto lo veo muy sencillo: Si sabes que no vas a poder participar, no te apuntes Tan fácil como eso.

Y no me vengáis con rollos de "Es que yo pensaba que sí podría..." porque no cuela. Veamos, por suerte o por desgracia, la sociedad en la que vivimos no es precisamente One Piece, llena de aventuras y situaciones inesperadas, si no mas bien todo lo contrario. Aceptémoslo, nuestras vidas son repetitivas y previsibles. Sabemos que mañana tendremos que ir a trabajar, estudiar, que tendrémos exámenes, momentos de mayor o menor relajación, vacaciones, etc. ¿Tanto cuesta mirar un poco hacia adelante y ver si este próximo mes va a ser muy lioso o tranquilo? Porque yo lo hago siempre, ¿O por qué pensáis que no he participado nunca aquí?
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Mensaje por Halane »

Hi!!!!!!!!!!!!! Ayer intenté postear y no sé porqué no me dejaba :shock: Así que mi opinión va un poco tardía :lol:
Creo que Kid no hizo mal... Obviamente si la gente no le avisa pues él no va a leer mentes XDDD Yo no puedo decir que lo haya entregado pronto (sí, lo entregué dentro del primer límite, pero a las 23.50 :lol: y en cuanto puse el último punto y corregí fallos de teclado vía word, vamos, final express XDDD), pero no sé, hubiera avisado si no hubiera podido por cualquier motivo... por un día no creo que pasara nada, pero dado que estableció un nuevo límite y nadie dijo nada en contra (ni siquiera ahora) pues no me parece precipitado.
Y ahora al relato ;)
Spoiler: Mostrar
Primero te respondo XDDD Te diré que me has dejado la moral por las nubes, graciaaassss!!! :love: No creo que sea impecable (aunque no lo miro "técnicamente" porque no sé leer "técnicamente" :lol: ). Es que no sé ni qué decirte, me has echado flores por todas partes :oops: El final es algo abierto porque no sé... Me gusta dejar preguntas (de hecho me gusta acabar los relatos con preguntas, pero cuando sale sale y cuando no se queda XD). Sobre lo de documentado... A decir verdad en mi opinión una muerte como la que describí es completamente imposible teniendo en cuenta las medidas de seguridad de los coches de rally, pero bueno, alguna tenía que poner y no quería que fuera muy espectacular... Así que me tomé una "licencia" en ese aspecto, cuando realmente la preparación de los automóviles en ese y otros deportes automovilísticos está adaptada a accidentes de ese tipo (exceptuando quizás el TC argentino... pero bueno, en realidad tampoco creo que murieran por un accidente como este.... bueno, da igual >.<) Y por si te interesa la anécdota... Lo cierto es que el 206 no me gusta mucho que digamos, y menos como coche de rally :lol: Lo elegí porque fue el coche más normal que se me ocurrió XDDD Mi coche favorito es el Pagani Zonda ;) (eso sí que es un fierrooooooo)

Y ahora me toca hablar de tu relato ;) La verdad es que me ha encantado. Describes de una manera muy bonita, me transmitió muy bien las sensaciones de la montaña, el frío, la soledad, la rivalidad con la roca (en cierta forma elegimos temáticas parecidas, relación elementodeldeporte-deportista), la historia de fondo y ese tono trágico tan... romántico!!! Mi parte favorita son sus alaridos en la montaña, me parece que reflejaste bien la... impotencia, la rabia. No sé, me gustó especialmente esa parte! No te puedo decir nada de documentación porque yo de escalada ni idea :lol: Lamento que mi crítica no sea tan profesional... Me temo que justificar mis gustos no es lo mío '^^ Como detalle... Me gustaba más el personaje secundario que el protagonista :lol:
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Mensaje por Ghorrhyon »

Ejem, ejem.... *saluda* Gracias, gracias... *agradece a un patio de butacas vacío* ¬¬U

Damas y caballeros, la srta. Halane, y Ghorrhyon, servidor de todos ustedes, hemos alcanzado el acuerdo definitivo para el establecimiento de una nueva y excitante temática para el famoso y prestigioso Concurso Mensual de Relatos.
Tras el desdichado incidente de la pasada edición, y deseando que tal lamentable ocasión no nuble nuestro entusiasmo, no tenemos más remedio que recorrer los más tristes recovecos del alma humana, la semilla de lo que, en el final, nos hace más fuertes y más sensatos...

Halane & Ghorrhyon se complacen en presentarles la Decimoprimera Edición del Concurso Mensual, que desarrollará el tema de....
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Mensaje por Halane »

~~~~¡TRAGEDIA!~~~~
Porque no siempre se puede reir, a veces toca llorar. Porque la tragedia es un sentimiento, porque la tragedia está en todas partes y adopta muchas formas y porque cada pequeño momento del día puede transformarse en una catástrofe.



Aquí tenéis la plantilla-resumen, para el que no quiera leer paranoias varias 8)

Temática: Tragedia. Es decir, vale cualquier entorno, personaje e historia siempre que sea una historia trágica en cualquier aspecto ;)


Tamaño: entre 1800 y 2500 palabras ^^ (no os quejaréis, mira que dejamos margen, eh!)


Límite de entrega: 28 de marzo (del 2007, no os equivoquéis de año XDD)


Encargado de la recogida de los relatos: Kid
Imagen


Participantes (pendiente de actualizar):
Ghorrhyon Imagen
Halane Imagen
Wyatt Earp
Y.Noa Imagen
Lee-san Imagen
Ailing Imagen
GatoAzul Imagen
ShichibukaiImagen


Método de puntuación: pues el de siempre, Eurovisivo (en algún sitio tiene que tener éxito XD)


Fecha límite para votar: 6 de Abril

...
Última edición por Halane el Jue Mar 08, 2007 5:44 pm, editado 12 veces en total.
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