Historias Piratas, Volumen3.

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kurokotetsu
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por kurokotetsu »

BUeno me paso a comentar algunas cosas aunque ya son viejas, pues por fin terminé varios fics a parte del de Rido, así que dejaré mis impresiones sobre ellos.

@Alira/Terreis: Me gustó el fic y por fin veo la fama de striper que tienes. Alira parece incapaz de mantenerse vestida más de un capítulo. Me divertí leyendolo y hay partes muy emotivas, como el recuerdo de la muerte de su hermana. También me encantaron los Almirantes, lastima lo del Ahartkyo, me caía muy bien. A ver como sigues, aunque me imagino algo como las aventuras de Overon. Gracias por el comentario, es bueno ver que te agrada el personaje, aunque no se como se parece a Mihawk.

@Ramsus: Al leer tu fic me han entrado ganas de que Seiryu peleé con el VIcealmirante. Una muy buena combinación de acción con momentos emotivos (la muerte de Kitkaze fue despedazadora) y un personaje que me cae muy bien. Los últimos capi´tulos lo ha tendio difícil, perdiendo a su amigo, la pelea con Kaolla, ya no poder construir barcos y cuando se entere de la muerte de la Almirante tantito peor. Me pregunto que cabeza caera antes, la de Moria o la de SIlver. La última batalla muy entertenida. Vaya con el Sakuragi.

@Seastone: Lastima que el fic parezca ser bastante esporádico por que está muy entretenido y me entran ganas de saber que onda con esta chica. Eso si por tardar tanto tiempo entre capítulos esta un poco fragmentado el asunto pero de todos modos me divertí mucho leyendolos.

@Ghorrhyon: QUe puedo decir, siendo científico en entrenamiento me ganaste desde el momento que tiene que le diste esa profesión a tu personaje. Trágico pasado el de tu personaje, e interesante espada. El fic tiene de todo y muy bien balanceado. Lo único que me saca de onda es ver que el "protagonsita" salga tan poco, de hecho casi parece el fic de MaNe. Eso si, con el último que publicaste me dejaste sin palabras.

Y esos son los que he leído hasta ahora, estoy en proceso de otros. Mis siguinetes objetivos son Renta, Eratia y seguir con el de Silver, que parece una pequeña novela 8aunque si pude con las Memorias del Barbas peudo con esto). Así que ahora responderé los comentarios.

@Silver]: Yo no encuentro que este tan alejado del anterior, o al menos lo que intentaba era mostrar por que antes Seiryu dijo "Soy un demonio". El pasaod de Ojos de Dragón se revelará cuando tenga que revelarse. Y además acabas de sumarle a mi carga de trabajo al postear de nuevo, tu quieres que no tenga vida social.

@Renta: Pues si, viva el gore. Espero que pronto nos encontremos por el mar.

@[Rb]Rido[/b]: Tú tercera cosa serían la barba, no puede faltar. Lo de las espadas no lo puedo negar, me encantan desde niño por eso son así mis personajes. Y las escenas de acción, pues la verda me salen más fácil y mejor que las otras aunque puedo variar ("El último cigarro" sería el mejor ejemplo). En cuanto al gore te diré una cosa aprovechando que has leído los dos fics (si alguien más quiere enterarse puede leerlo)
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Hay una diferencia que he puesot entre ambos en la localización de mis carnicerías, en ANBL esta más en la narración y aquí está en el discurso del personaje, y eso tiene una importante razón de ser.
¿En serio la recompensa te pareció pequeña? Como no tenía relación con el Gobierno ni la Marina me pareció exagerada esa cantidad, así que no la quería subir demasiado. Si el resto piensa similar tal vez termine por cambiarla.
Si crees saber algo con certeza preocupate, quiere decir que no sabes nada del tema
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rido
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

No, si ya me había dado cuenta de esa diferencia. De hecho el que lo hubieras hecho así y no como en ANBL deja muchas posibilidades abiertas para jugar con ese pedazo de la historia. ¿Por qué te crees que tardé tanto en hacer un buen flashback de lo de 3656 (más de 100 capítulos, teniendo en cuenta que es uno de los pilares fundamentales de la historia)? Principalmente porque no lo tenía nada claro y segundo porque mientras fueran teorías, rumores, lecciones de clase... me serían más fáciles de manejar y manipular que cuando contara la historia historia. Si había que cambiarlas no pasaría nada, Rido estaba equivocado, la cosa no sucedió como dicen y santas pascuas...

Y sí... si pudiste con Memorias, puedes con esto xD

Ahora... bueno, esta tarde va mi parte ^^
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koraxan
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por koraxan »

Bueno siento estar tan descolgada, cuando vuelva a mi casa leeré todas las historias que tengo pendiente, palabra de girl scout :lol: , conste que esta hace tiempo que la tenía escrita pero no he podido colgarla hasta ahora.
Spoiler: Mostrar
5.-

La vicealmirante Hana se encontraba en su despacho rellenando una larga serie de informes sobre la captura que acababa de conseguir, cierto que no eran piratas legendarios pero su carrera no era nada desdeñable y por cierto que su captura no había sido ningún paseo, en esa barbárica batalla había perdido a doce hombres. Tenía a ciento noventa y siete hombres y mujeres a sus órdenes y había perdido a doce contra un grupo de ochenta y tres piratas. No estaba nada orgullosa del resultado de aquella batalla, pero por lo menos había logrado capturar a cuatro piratas con una enorme recompensa, aquel golpe supondría un gran ahorro para las maltratadas arcas del gobierno y para ella supondría un buen empujón en su carrera.

Estaba completamente absorta en el que debía ser el último de los informes que tendría que firmar cuando golpearon su puerta con fuerza.

- Adelante.- Ordenó.

Tras su mandato se abrió la puerta, mientras ella aprovechaba para revisar lo que tenía escrito hasta ese momento, cuando levantó la cabeza del folio pudo ver a uno de sus más jóvenes reclutas frente a su mesa en posición de firmes esperando una orden para poder hablar.

- Sato, ¿qué ocurre ahora?- Preguntó.
- Vicealmirante Maeno, el capitán de los piratas quiere hablar con usted.- Contestó Sato.
- ¿Y qué se supone que quiere decirme?- Preguntó Hana mientras se quitaba las gafas del rostro.
- Señora, no lo dijo.- Volvió a responder el tal Sato.- Simplemente dijo que quería hablar con usted.-

Hana se recostó en su sillón y empezó a mordisquear la patilla de sus gafas rojas de pasta, su mente volaba en todas direcciones, tenía una idea de lo que podía querer decirle el capitán pirata, si su suposición era correcta era una información muy valiosa tanto para ella como para el gobierno del mundo, pero por otro lado no debía darle el gusto de acudir a su llamada como si se tratara de un perrito bien entrenado. Sato la sacó de sus pensamientos al decir.

- Señora, ¿qué debo decirle?-
- Dígale a esa escoria que acudiré cuando lo crea conveniente, no se como será la vida de un capitán pirata, pero la de un vicealmirante de la marina es muy ajetreada.-
- Muy bien señora.- Contestó Sato cuadrándose ante ella.
- Dígale también que si quiere llegar vivo al puesto de la marina, que no se atreva a darme órdenes en mi barco, si no le daré carta blanca a Issei.-
- Sí, señora.- Respondió Sato haciendo chocar los tacones de las botas al cuadrarse.

Hana sonrió, sólo la mención de su nombre ya tenía un efecto sorprendente en los miembros de su tripulación, desde luego que los piratas no conocían a Issei, pero era mejor así para ellos. Desde que había llegado trasladado a su tripulación no le había dejado utilizar sus métodos para arrancar confesiones, y desde luego que no pensaba en hacerlo en esa ocasión, pero con suerte Sato se encargaría de informarles del método de trabajo de Issei.

- Sato, ¿qué hace aún aquí?- Preguntó al darse cuenta de que el joven todavía estaba en su despacho.
- No me dio permiso para marcharme, señora.- Contestó Sato nervioso, Hana se quedó observándolo, era francamente joven y todavía se atenía a cada palabra que había leído en su manual cuando estaba en la academia, su rostro lucía una pelusilla que pretendía ser una barba. Sonriendo abstraída hizo al joven un breve movimiento con la mano, dándole una orden muda para que abandonara su despacho. Cuando el chico abandonó la estancia se reclinó en su sillón y comenzó a recordar con añoranza su etapa en la academia de la marina, tras unos minutos perdida en sus pensamientos y tras pensar en lo rápido que puede cambiar la vida, sacudió la cabeza, se desperezó y se dispuso a seguir con su anodina e ingrata tarea.

Tras acabar con su informe se desperezó y se levantó, dio un par de vueltas por su despacho pensando en lo que había ocurrido aquella misma mañana, en su peregrinar se dirigió a la ventana de la estancia, se acodó sobre el alféizar y continuó con sus divagaciones sobre las jóvenes almas que se habían perdido. Se encontraba tan sumamente absorta en sus pensamientos que cuando Echiko pasó sobre su oreja hacia el interior del despacho no pudo evitar dar un fuerte respingo. Miró su reloj de pulsera y se dio cuenta de que ya era la hora de dar sagrado sepulcro a sus valientes fallecidos. Se dirigió a su sillón y recogió del respaldo la casaca con su nombre, la puso sobre sus hombros sin abrocharla, se miró en el espejo que tenía detrás de la puerta para cerciorarse de que su aspecto era impecable para celebrar la ceremonia de despedida, una vez convencida de que su aspecto era el adecuado, abrió la puerta y se dirigió a la cubierta del cerezo en flor.

Frente a la única barrera que la separaba de la cubierta, la vicealmirante se detuvo unos segundos para tomar aire, nunca se acostumbraría a celebrar aquellas ceremonias en nombre de los fallecidos en la batalla. Una vez se hubo tranquilizado tomó con fuerza el pomo de la puerta y salió a la cubierta de su barco. El sol del atardecer la cegó unos breves segundos, cuando sus ojos se adaptaron a la luz mortecina del atardecer pudo ver en el centro de la cubierta los doce ataúdes en fila, sobre cada uno de ellos descansaba la bandera de la marina y encima de ella, la gorra de todos ellos sobre donde debía encontrarse el pecho. Sus amigos más cercanos lloraban la pérdida a los pies de los féretros, los más fuertes mantenían a los más sensibles y les servían de paño de lágrimas mientras se esforzaban con ahínco para detener sus propias lágrimas que pugnaban con fuerza por salir. Jamás había tenido tantas bajas como en aquella ocasión, sosteniendo el pomo con fuerza se quedó allí unos instantes mientras, ella misma también trataba de controlaba el torrente de lágrimas que asomaba a sus ojos. Con determinación se enjugó los ojos con la mano y dio un primer y sonoro paso haciendo notar su presencia a sus soldados, inmediatamente se cuadraron en formación alrededor de los féretros dándoles un último y cálido adiós. Caminó con determinación a lo largo de toda la cubierta parándose en la parte superior de cada uno de los féretros, mientras ordenaba a sus habitantes descansar por fin en paz. Tras dar la orden al último de los fallecidos, se colocó tras el mascarón de proa e hizo el saludo militar mientras hacía entrechocar los tacones de sus botas en señal de respeto, inmediatamente, el resto de sus compañeros realizaron el mismo movimiento causando un verdadero estruendo al hacer chocar sus tacones casi al mismo tiempo, durante más de un minuto, la vicealmirante y toda la tripulación se mantuvieron cuadrados frente a los fallecidos. Tras ese minuto Maeno se colocó en posición de descansen, de nuevo inmediatamente, sin mediar orden alguna, el resto de la tripulación cambió su postura a la que tenía su vicealmirante. Con los puños apretados tras la espalda y mirando al cielo Hana comenzó su discurso de despedida.

Al finalizar su discurso de más de cinco minutos la vicealmirante cedió el turno de palabra a todo aquel que quisiera despedirse en voz alta, sólo dos fueron lo suficientemente fuertes para comenzar sin llantos pero ninguno de los dos fue capaz de terminar sus despedidas con la voz sonora. Tras las despedidas la vicealmirante Maeno se volvió a colocar al frente en posición de firmes y ordenó.

- Doce salvas para nuestros camaradas.-

Inmediatamente después de su orden sonó la primera de las salvas, el capitán empezó a ordenar fuego justo antes de cada una de las salvas para evitar alguna descoordinación. Cuando acabaron las salvas se mantuvieron durante otro minuto cuadrados frente a los ataúdes, finalmente Hana dio la orden de descansen y mandó retirar de la cubierta los féretros para poder devolverlos a sus familiares y que fuesen enterrados en tierra sagrada.

Después de la ceremonia se retiró de nuevo a su despacho y desahogó su alma entre gritos y llantos, no podía soportar aquellas miradas de reproche o lo que ella interpretaba como reproche aunque sólo fuera pena por sus amigos y amigas. Ella mandaba en el barco y esas vidas pesarían en su conciencia para toda la eternidad.

Dos horas después ya completamente de noche, y serena se dirigió a los calabozos donde estaban encerrados los salvajes asesinos de su tripulación. El último nivel del barco estaba ocupado por unos enormes calabozos, ocupados por todos los piratas atrapados aquella mañana, pese a los muertos y a los que habían logrado escapar, sus calabozos aún se encontraban repletos con más de cuarenta corsarios, como era costumbre, los habían separado lo máximo posible para tratar de evitar una fuga en masa, como poco si lograban escapar no lo harían todos en tropel, tendrían que detenerse en sacar a sus camaradas y a ellos les daría tiempo a detener la revuelta, o por lo menos esa era la teoría del manual de la academia. El capitán estaba solo en su celda al fondo del todo y con una celda vacía entre él y sus subordinados. Cuando pasó junto a la primera de las celdas uno de los bribones agarró su casaca y trató de burlarse de ella, su respuesta fue un enorme puñetazo en la nariz provocándole una tremenda hemorragia, su puño se había dirigido a su objetivo de un modo tan rápido y preciso que apenas lo había visto. Sin preocuparse lo más mínimo por su casaca se fue directa a la celda del capitán.

- Habla rápido y claro, saco de excrementos.- Rugió Hana.
- Vaya, ¿esa es forma de tratar a tus invitados, vicealmirante?- Preguntó el capitán en tono socarrón.
- Por supuesto que sí, con vosotros no tengo porqué tener contemplaciones.- Amenazó Hana.
- Jajaja.- Rió el pirata de modo estruendoso.- No tienes redaños marinerita.- Rió de nuevo.- Ni siquiera te atreves a mandarnos al tal Issei, vicealmirantita, no puedes ser buena persona, ¿aún no lo has entendido?-
- Cállate bárbaro. Si todos fuésemos tan cobardes como tú y tu gente hace mucho que habríais muerto.- Se encendió la vicealmirante.- Escoria como vosotros sólo sabe seguir el camino fácil.-
- Deberías medir tus palabras marinerita. Tal vez pierda las ganas de hablar si no me tratas bien.- Amenazó el capitán.
- Me importa una mierda tanto si quieres hablar como si no.- Dijo Hana.- De hecho pienso que realmente no sabes nada y sólo te has querido marcar un farol.-
- ¡De eso nada!- Gritó el pirata.- Y de hecho si me ofreces un buen trato, seré una cotorra.- Sonrió.
- ¿En qué clase de trato piensas?- Preguntó la vicealmirante.
- Suéltanos.- Propuso el corsario.
- Ni hablar, habéis asesinado a doce de mis hombres, eso es imposible.- Contestó.

El pirata la miró a sus ojos marrones, y viendo una absoluta determinación en ellos decidió cambiar su estrategia de negociación.

- De acuerdo.- Cedió.- Entrega a todas esas ratas enjauladas que tienes, pero concédeme a mí la libertad.-
- Ja.- Rió Hana despectivamente.- No has tardado en vender a tus tripulantes, no me extraña que os hayamos atrapado sin problemas, por si no lo sabes los piratas legendarios lo son porque jamás se venden los unos a los otros y se protegen entre ellos hasta el fin.-
- Tanto como sin problemas...- Contestó el pirata.- Hay doce muertos que dicen lo contrario en tus bodegas.-

El furor cruzó el rostro de la vicealmirante que lanzó un nuevo puñetazo entre las rejas directo a la cara del capitán pirata, que pese a no tener tiempo para retirarse si lo tuvo para agarrar su puño y tirar con fuerza de él, de modo que la vicealmirante fue a darse de bruces contra las rejas partiéndole una ceja. Inmediatamente acudieron varios soldados con sus armas y obligaron al pirata a soltar a su superior.

- Se acabó pirata, este barco te conducirá a ti y a tus ratas a la muerte.- Sentenció Hana furiosa, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta.
- ¡ESPERA!- Le gritó el capitán.- La información que tengo para ti es muy importante.-

Iracunda arrebató las llaves a su subordinado mientras de la caña de la bota sacaba un estilete afilado, abrió la puerta de la celda y arrinconó al pirata en el rincón con el filo del estilete sobre el cuello.

- Tengo una idea.- Le dijo.- Tú hablas y yo no te mato aquí mismo.-

El pirata, amedrentado por la fiereza de los ojos de su oponente no se atrevía a replicar, se disponía a hacerlo cuando un fuerte golpe hizo zozobrar el galeón mandando a la vicealmirante directa al suelo. Aprovechando el momento, el capitán se abalanzó sobre Hana propinándole un fuerte puntapié en la boca que empezó a sangrarle con profusión. Lejos de dejarse vencer, la vicealmirante lanzó el brazo como un resorte cortándole el tendón de Aquiles, dejándolo cojo de inmediato. Furioso se abalanzó sobre la vicealmirante golpeándola con rabia desbordada, la vicealmirante protegía su rostro como podía con los brazos mientras esperaba el momento justo para contraatacar. Tras encajar una ingente cantidad de golpes el capitán corsario bajó la guardia un instante, momento en el que la vicealmirante no dudó en darle un profundo corte en el cuello, la sangre comenzó a brotar a chorros intermitentes manchando las paredes de la celda con un penetrante color rojo, sin duda había alcanzado la arteria, dentro de poco moriría desangrado. Consciente de su inminente muerte en un último esfuerzo le arrebató las llaves y las lanzó a las celdas contiguas. Sus subordinados aprovecharon la situación para liberarse y lanzarse contra los marines que estaban en los calabozos que pronto se vieron desbordados, pronto la vicealmirante se vio rodeada por un buen número de piratas que la golpeaban sin miramiento alguno. Maeno no lograba entender el retraso de los refuerzos.

Semiinconsciente pudo ver cómo la puerta de los calabozos se abría de un fuerte puntapié y en ellos entraba un numeroso grupo de marines que empezaron a despedazar a los piratas sublevados sin piedad alguna, trató de discernir el rostro de alguno de sus hombres pero por mucho que lo intentó no encontró ningún rostro conocido, aquella brutalidad no era normal en ninguno de sus hombres.

El pánico hizo presa de su confusa mente, pero por fin pudo entender lo que ocurría a bordo de su barco. Por desgracia ya era tarde para cambiar los sucesos y su cuerpo se negaba en redondo a obedecerle, por lo que pudo presenciar en primera persona cómo los supuestos marines mataban a sangre fría al joven Sato, que había recuperado su casaca, la maldita y reverenciada casaca le habría de costar la vida, dando lugar al malentendido, aunque ella dudaba que le hubiesen perdonado la vida sin esa prenda. Con horror vio cómo un marine que debía ser el doble del imberbe Sato le clavaba una espada atravesándole el cráneo como mantequilla, su cuerpo convulsionó unos momentos, en el extremo más alejado del filo se podía ver masa encefálica pendiendo de ella, la espesura de la sustancia no dejaba lugar a dudas, cuando el espadachín sacó su espada le propinaron un fuerte martillazo en el rostro dejándolo reducido a una masa sanguinolenta. Se acercaron a ella, celebrando la masacre cometida, la miraron a la cara y al ver sus ojos entrecerrados pensaron que estaba muerta, eso fue lo único que pudo salvarla. Aún así, para asegurarse de su muerte le produjeron un corte en el pecho, la patearon dejándola boca abajo y atravesaron su hombro, por fortuna para la vicealmirante Maeno era totalmente incapaz de moverse, por lo que la dejaron por imposible al pensar que sólo era un soldado raso.

Una vez asesinada toda su tripulación, los marines comenzaron a destrozar el interior del barco, provocando la caída de una de las vigas sobre sus piernas. Tras producir todos los daños que se les ocurrieron se marcharon entre risas y regocijo. La vicealmirante pudo escuchar cómo se alejaban y se perdían sus pasos a lo largo del pasillo del que fue su espléndido barco. Unos minutos después notó cómo el barco encallaba en unos arrecifes cercanos al ir sin rumbo, por fortuna quedó enganchado en las rocas y no terminó de hundirse. Durante las largas horas que tuvo para pensar en cómo sería su muerte, ya fuese desangrada, ahogada o por hipotermia también tuvo tiempo para pensar en la ironía que suponía su extrema tristeza de hacía apenas unas horas por la muerte de doce tripulantes. Ahora debía ser la única habitante del barco que conservase la vida y no por mucho tiempo. Ya había perdido el sentido del tiempo transcurrido cuando escuchó pasos en los calabozos, se quedó quieta pensando en los marines asesinos y cuando notó que estaban cerca lanzó su brazo hacia ellos, agarrando a uno por el tobillo. Cuando estaba dispuesta a asumir su inminente muerte alzó la vista y para su sorpresa pudo ver...

La vicealmirante abrió con lentitud y esfuerzo los ojos, junto a su lecho estaba la persona que la había encontrado, todavía no podía creer que la hubiese encontrado precisamente ella, para quien había sido el que Hana creía su último pensamiento.

- Sakura-chan.- Dijo notando el sabor de su propia sangre en la boca.
- Hana.- Le contesté.- ¿Cómo estás?- Pregunté con la voz tomada por la preocupación.
- Viva.- Respondió.- Es más de lo que esperaba hace apenas unas horas.- Añadió con amargura.

Me quedé callada junto a ella. No podía añadir nada que la consolase, la conocía demasiado bien y sabía perfectamente el infierno interior que estaba atravesando.

- ¿Qué le pasa a tus ojos?- Preguntó Hana.
- No ven.- Dije simplemente.
- ¡Joder! Tú tan comunicativa como siempre- Me pareció que sonreía.- ¿Y porqué no ven?-
- Por que un niñato del demonio que comió una fruta del diablo me lanzó un rayo a los ojos.- Le contesté.

Nos volvimos a quedar en silencio, haciéndonos mutua compañía cuando noté como cogía mi mano con suavidad y entrelazaba sus dedos con los míos, hacía mucho tiempo que no estábamos así, de modo que hasta ese momento no fui consciente de lo mucho que añoraba su compañía y su contacto. Mientras nos hacíamos muda compañía entró Akane en el camarote del bajel, el único que tenía y debíamos compartir.

- Sakura-chan.- Dijo con un tono de voz que me pareció burlesco.
- Te he dicho mil veces que tú no tienes permiso para llamarme así.- Respondí ceñuda.
- Sí, sí.- Me contestó acentuando su tono de voz irritante.
- No puedo ver tu cara, pero puedo imaginármela y es totalmente odiosa.- Repliqué fingiendo enfado.
- Bueno, entonces, capitana Sakura-chan, hemos llegado a un pueblo marítimo.- Me comunicó.
- ¿Le has echado un ojo?- Pregunté dejando pasar la burla.
- Sí. Hay varias casas que parecen de lujo y he preguntado a un aldeano y me ha dicho que cada dos días hay mercado y vienen mercaderes del interior con productos de la zona, obviamente de lujo en estos pueblos de pescadores.- Me contestó.
- Perfecto, entonces nos quedamos aquí hasta el día de mercado.-
- Estupendo, me voy a dar un paseo. Así os dejo solas.- Replicó con picardía.

Noté cómo Hana reía a mi lado.

- No se que se piensa que podamos hacer, pero nos ha guiñado un ojo.- Rió.

Esa misma noche me desperté sobresaltada, no podía recordar qué, pero había tenido una pesadilla terrible. Limpié el sudor que cubría mi frente y busqué a tientas la cálida mano de Hana, pero para mi horror su mano no estaba, me incorporé y tanteé la cama comprobando con pánico que no había ni rastro suyo. Temiendo que hubiese podido hacer cualquier locura agudicé el oído hasta el extremo, tras unos segundos pude percibir un sonido fuera del camarote, camuflado por los resoplidos de Akane que dormía en el suelo junto a mí. Lo que había escuchado era algo parecido a un sollozo por lo que me tranquilicé y salí a la fría noche cubriéndome con la manta de la cama.

En la quietud de la noche se oía un desgarrador y desconsolado llanto, pero por el sonido parecía que venía de fuera del bajel. Fui a la proa y escuché, pese a que estaba fuera del barco no parecía que estuviese lejos, sin pensarlo salté al agua que apenas cubría sobre los tobillos y comencé a caminar en dirección al ruido. Al oír el chapoteo del agua los llantos cesaron un breve momento, sin duda se giró y me vio caminando hacia ella, instantes después los sollozos empezaron a oírse de nuevo esta vez con una intensidad mucho menor, mi presencia estaba coartando la expresión de su dolor. Me acerqué a ella y me senté en lo que creí que era a su lado, pero al alargar el brazo hacia ella no noté su calor por lo que fui arrastrándome por la arena hasta, esta vez sí, colocarme junto a ella. La abracé con fuerza con el brazo izquierdo y nos tapé a ambas con la manta sin mediar palabra, sabía que cuando se sintiese preparada para hacerlo me contaría todo lo que la agobiaba, toda la pesadilla que había sufrido hacía apenas dos días, todo el dolor que ahora pesaba en su corazón, pero hasta que ese momento llegara era mejor no decir nada, mejor dicho, no hacía falta decir nada.

Unos minutos después dejó de hacerse la dura y apoyó su cabeza en mi hombro mientras emitía un largo y entrecortado suspiro. Noté cómo sus lágrimas se escurrían detrás de mi oreja y un nuevo suspiro en el cuello, sus sollozos prácticamente se habían detenido, aunque todavía tenía fuertes recaídas de unos pocos minutos. Cuando finalmente se tranquilizó por completo me abrazó con fuerza, abrazo al que respondí inmediatamente, se acomodó entre mis piernas y así, por fin, se quedó dormida en mis brazos.

Al romper el alba, tras varias horas abrazadas en la arena se despertó se arrellanó y se quedó en silencio, unos minutos después por fin rompió el silencio para decirme con la voz quebrada.

- Hacía mucho que no veíamos amanecer juntas.-
- Hemos visto amaneceres más felices.- Contesté mientras depositaba un suave beso en su frente.

Asintió en silencio y de nuevo caímos en un espeso silencio.

- Vamos a tener que ir levantándonos.- Hablé por fin.- Dentro de poco Akane se despertará y nos echará en falta.-
- Sí, tenemos que levantarnos.- Me dijo con suavidad, podía notar cómo su cálido aliento salía de su boca hasta rozar levemente la sensible piel de mi cuello.- Pero Akane ya nos vio hace horas.-
- Lo imaginaba.- Dije.- Pero al vernos todavía así puede sentirse incómoda.-
- Lo sé, pero no me apetece levantarme.- Replicó mientras se apretaba con más intensidad contra mi. La estreché con fuerza.
- Pues tenemos mucho trabajo.- Le dije tratando de sonar animosa.- Tenemos muchas cosas que robar.-
- ¡Sakura!- Gritó inmediatamente.
- ¿Qué? Ya sabes a lo que me dedico.- Contesté sonriendo.
- Sí, tú eres una choriza pero yo soy una marine, no puedo ir por ahí robando.- Me dijo, dándome un suave golpe en el hombro.
- ¿Hola? ¿Me acabas de llamar choriza?- Fingí indignarme.- Perdone usted señora marine pero está hablando con la que fue la más famosa de las ladronas.-
- ¡Bah!- Me desdeñó.- Una simple raterilla que no hemos capturado porque no hemos querido.-

Tras una noche de llantos, por fin ambas comenzamos a reír. Me dio un suave beso y se levantó tirando la manta sobre mi cabeza y dejándome totalmente liada.

- Vamos.- Dijo llena de energía.- Tengo que hacerme la loca mientras tú robas.-
- Espérate a que me deslíe por lo menos.- Dije buscando una salida.

De un movimiento brusco me arrancó la manta de encima, me cogió el brazo y tiró con fuerza de mí, levantándome del empellón.

- Espero que no hayas tirado la manta al agua.- Dije con el ceño fruncido.
- ¿Acaso importa?- Replicó descarada, esa era la Hana a la que yo estaba acostumbrada.
- Eeeeem...- Empecé.- Es la única que tenemos en todo el barco.-

Sin decirme una palabra comenzó a correr como una loca en busca de la manta que tanta falta nos hacía y que tan a lo loco había lanzado al mar.
"es mejor estar callado y parecer estúpido, que abrir la boca y demostrarlo."

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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

Personalmente, mucho gore y una buena descripción de la batalla y luego la escena romántica y tal pascual, pero no me termina de convencer el capítulo. Así a modo concreto, deberías vigilar la puntuación y controlar la repetición continuada de palabras (a la pobre de Hana le has gastado el rango). Pero bueno, el no convencimiento proviene más bien del argumento del capítulo. Es decir... es una especie de telenovela gore chunga que... bueno... que no me termina de convencer.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por koraxan »

Me parece perfecto, tomo nota, aunque siempre trato de no repetir las palabras siempre se me cuelan y cierto es que no me había fijado en que repetía tanto su rango. Por otra parte, nunca en mi vida he sabido cuando poner una coma o un punto :lol: así que ve acostumbrándote porque eso no puedo cambiarlo, más que nada porque no sé. Y, sí me ha salido un pastelazo del copón, pero, que se le va a hacer también se puede vivir de pasteles.
Me parece genial que des tu opinión sincera y espero mejorar para que la lectura sea más agradable, pero no me pidais milagros porque de momento no hago :neko:
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

Esto... ¿alguien sabe donde está todo el mundo? Yo, personalmente, estoy pendiente de que la musa me vuelva de vacaciones, que me se ha ido con un capítulo a medio terminar y que no logro resolver satisfactoriamente. Pero... ¿y los demás?

I miss las Historias -.-
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Terreis »

Yo mi capitulo esta terminando pero esta pendiente la revisión. Ya se que no tengo excusa pero ando liada con el tema de la Guerras de Bandas, así que os toca esperar :P
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Eratia
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Eratia »

Yo ando terminado mi capítulo, asi que unos cuantos retoques mas y lo presento (eso, claro, si los apuntes del mal me dejan, que eso es otra cosa). Asi que solo falta comparar notas con la otra interesada.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Ramsus »

Vamos con mi excusa XDD:

Mi tiempo está muy limitado debido a que en el curro ando más liado que de costumbre y al hecho de que me estoy empezando a mudar a mi piso (ya sabéis, el del logro de mi firma :lol: ) y ahí aún no tengo PC. Si a eso le sumamos la Guerra de Bandas y el hecho de que no consigo que el principio quede como yo quiero...

Pues eso, que el miércoles comienzo con 15 días de vacaciones. A ver si en esas fechas le pego otro arreón.
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osin
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por osin »

Bueno pues otro mas que da su excusa XDDD:

Mi capítulo lleva tiempo terminado (excepto por el final del mismo que me faltan algunos datos por resolver), pero está terminado en mi cabeza. Todavía no he tenido mucho tiempo para plasmarlo del todo en papel o en el teclado, pues por las mañanas tenía uni y por la tarde trabajo. Ahora mismo que la uni se toma un descanso tendré algo de tiempo por las mañanas para intentar escribirlo, aunque con los exámenes tan cerca no aseguro nada.
Gracias Natthy ^^
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Pues vamos con mi excusa....

Soy vago y sigo esperando a que los demás pongan algo. ¿Así o más flojo soy? :lol:
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Sandman
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Sandman »

No voy a ser menos. También tengo una excusa con la que autoconvencerme y poder seguir mirándome al espejo:

Yo tengo ya el esqueleto de la historia montado, pero no consigo rematarlo. Por poner una cifra, está más o menos al 75%, pero entre que me voy al pueblo (donde no tengo internet) y uno está liado con las fiestas, no sé si lo tendré listo para antes del 2009.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Terreis »

Vamos que de Missing y poner excusas, nanai, lo que pasa que somos todos unos atajo de perezosos :roll: (yo la primera). Además hay un ex-capitán desaparecido :neko:
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rido
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

Bien... aunque sea sólo por dar testimonio de que esto no está muerto:
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Parte de trabajo 14: Hilmar

– ¿Te vas a perder la aventura?

Las palabras de Silver resonaron en mi cabeza de nuevo mientras trataba de conciliar el sueño en aquel incómodo catre del cuartel. Al parecer el viejo Capitán tenía un plan, o, al menos, una idea bastante clara de lo que quería conseguir en aquella isla. Eso era ya más de lo que yo podía decir. Yo aún debía decidir si me unía a ellos o no.

– Es una oportunidad única – cavilé en alto. – El profesor White es un profesor de Atonar y al parecer Silver es discípulo suyo…

No podía negar que la idea era sumamente atractiva y que deseaba con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas, unirme a la partida exploradora que los Outlaws pretendían organizar llegada la mañana. Pero mi sentido de la responsabilidad no dejaba de decirme que debería hacer algo con el edificio de la lonja. Y para colmo de males, mi orgullo me decía que los aldeanos no se merecían nuestra ayuda después de lo muy hospitalarios que habían sido con nosotros.

– Aún así…

Aún así, a pesar de eso, no podíamos pagar con esa moneda. Del mismo modo que habíamos tratado de acondicionar lo mejor posible a los Marines y no les habíamos devuelto el trato que le habían aplicado a Rentarou, no sin protestas por parte de nuestro amigo, no íbamos a devolver mal por mal a los ciudadanos de Red Village. Si ellos eran unos animales, yo no lo era.

– En fin…

Tenía demasiadas cosas en la cabeza, eso estaba claro, y lo que ahora necesitaba no era otra cosa que dormir. Dormir, descansar y despejarme. Ya mañana sería otro día. Ya mañana valoraría lo que tenía que hacer y lo que tenía que dejar de hacer. Sí. Ya mañana sería otro día. Sería mejor que me pusiera a dormir ya. Eso. Cerrar los ojos y dormir. Cerrar los ojos y…

¡Mierda! No lograba conciliar el sueño. Por más y más vueltas que daba en aquella mierda de catre más duro que las entendederas de Franky. ¡Joder! Quizás… Quizás si me fumaba el último pitillo de la cajetilla que había tomado prestada de Rentarou me relajaría un poco y conseguiría dormir, así que me levanté y rebusqué en los bolsillos del pantalón en busca del ansiado cigarrillo. Lo cogí junto con el mechero y salí de la habitación hacia el pasillo.

Abrí la ventana, dejando paso a la fresca brisa nocturna, me puse el cigarro en la boca, lo encendí y arrugué la cajetilla vacía antes de tirarla hacia la inmensidad de la noche. Allí estaba el pueblo, durmiendo a la sombra de unos piratas, como durante la época más infame de su historia. Aunque por lo que contaba Renta, nosotros éramos bastante distintos a aquellos criminales sin escrúpulos, para ellos no éramos más que escoria de los mares. Seguro que más de uno de los aldeanos no podían dormir aquella noche por culpa del miedo, la rabia los nervios o qué se yo… y de ello eran testigo las luces que aún alumbraban el interior de algunas de las casitas del pueblo y las siluetas, realmente pocas, que se movían por las calles, quizás regresando de la taberna donde habían ahogado su desdicha en una botella de ron o preparándose para una madrugadora faena pesquera.

– ¿Tú tampoco puedes dormir?

La voz de Estella volvió a llevar mi atención hacia el interior del Cuartel. La doctora se puso a mi lado y, tras lanzar una mirada desaprobatoria hacia el cigarrillo que me estaba fumando, apoyó los codos en el espacio del alféizar que quedaba libre y se unió por un momento a mi contemplación silenciosa del paisaje.

– Demasiadas cosas en que pensar – expliqué al fin de un pequeño silencio, exhalando el humo de una calada. – ¿Y tú?

– Mei-Lian – contestó.

– Era ella la que gritaba, ¿no? – comenté con cierto tono irónico haciendo referencia a unas voces que había escuchado desde la habitación.

– Al parecer ayer se pasó el día cocinando para Rentarou – aclaró. – Y hoy One Piece “le robó ese honor”…

– Qué raro…

– ¿Raro?

– Sí, raro – asentí. – Cuando fui a buscarlos al barco no me dijo nada… y es raro que no dijera nada antes…

– Sí, es raro… – concedió la doctora. – Pero esta niña no es muy normal…

– Como si alguno de nosotros fuera normal – sonreí.

– Ya…

– ¿Quién sabe? – me encogí de hombros. – A lo mejor está madurando…

– Sí, puede ser…

– No quiero saber qué ha pasado con toda la comida que hizo – reí. – ¿Y tú qué tal estás? – cambié radicalmente de tema. – Con todo este lío de rescates para aquí y huidas para allá hace tiempo que no hablamos…

Ella contestó con una tímida sonrisita y apoyó la cabeza sobre mi brazo mientras comenzaba a contarme todo lo que le había pasado por la cabeza a la vista de los últimos acontecimientos. Realmente, sentía casi como si la situación le sobrepasara, como si jugar a ser pirata estuviera siendo demasiado para ella, pero a fin del día lograba mantenerse firme y mantener la cordura. Al menos le quedaba ese consuelo.

– Es una mujer fuerte, Teniente Thackeray – bromeé, adoptando el mismo tono que había usado al hacerme pasar por el extraño Capitán Snorlax.

Ella volvió a reírse, separándose ligeramente unos segundos para volver a apoyarse en mí transcurrido ese tiempo. Permanecimos así, en silencio, durante unos cuantos minutos, quién sabe cuántos, pero antes de que la situación pudiera derivar en algo incómodo y violento, apagué el cigarrillo en la cornisa y señalé que ya era hora de volver a dormir.

– ¡Quiero ir!

– No, no quieres ir – replicó seria la doctora.

Recién terminado el desayuno en el comedor-enfermería, Rentarou se había levantado de su cama exigiendo ir con la patrulla de exploración. Estella se había apresurado a apresarlo con unos grilletes de brillante cristal y ahora los dos estaban enzarzados en una discusión sobre la oportunidad de su presencia o no en la partida.

– ¡¿Pero tú has visto como estás?! – le gritó, exasperada.

– ¡Me encuentro perfecta…!

Un ataque de tos quebró el alegato que el antiguo Capitán de la Marina estaba presentando para tratar de convencer a la médico de que estaba perfectamente. Sin duda, fue la mejor ocasión para establecer de una vez por todas que la decisión de Estella de dejarlo en la enfermería era tan firme como las rocas sobre las que estaba cimentada la Base de la Marina en la que nos encontrábamos… o como el cristal que inmovilizaba las piernas de Rentarou. Fue, además, el momento en el que Seiji aprovechó para intervenir.

– Mírate – le espetó. – Estás sudando, tienes fiebre y un tajo en el pecho de padre y muy señor mío… No estás para saltar entre las rocas y la salitre… Cogerías una infección y…

– ¡Quiero ir! – insistió una vez más.

– Está bien – bufó Estella, visiblemente enfadada. – Si quieres ir y morir, allá tú.

– Yo…

Lo certero del presagio de la doctora fue la última bala que quebró las débiles defensas de un Rentarou que se había puesto lívido al ver rondar sobre sí la posibilidad de la muerte. En otra época, en otra circunstancia… con otro tipo de muerte en el horizonte – una más honorable, quizá –, yo diría que aquello no era una expectativa que echara para atrás a un pirata de pura cepa; pero o yo estaba muy equivocado, o esta no era una de esas muertes que daban sentido a la piratería.

– ¿Tan grave es?

– Tienes fiebre, lo que quiere decir que esa herida se te ha infectado – explicó. – Si te dedicas a hacerte el valiente no serás un héroe ni un buen compañero ni ninguna gilipollez por el estilo. Serías un estúpido – sentenció. – Un estúpido muerto.

– Vale, vale, vale – tercié rápidamente. – Vamos a dejarnos de morir y de no morir, ¿de acuerdo?. Aquí nadie va a morir… Hoy no, al menos – añadí despreocupado, tratando de mandar a paseo toda la tensión que había en la sala. – Renta, ya has escuchado a Estella… Tú… – me giré hacia ella. – No seas tan dura con él, ¿vale? – le dije suavemente. – Sólo quiere ayudar. Silver, – cambié de destinatario, interrumpiendo a la doctora, que había abierto la boca con intención de rebatirme – ¿cuándo salimos?

– ¿Entonces vienes? – sonrió el Capitán de los Outlaws.

– Así es – asentí. – Quiero ver con mis propios ojos a qué te refieres con todo lo que mencionaste anoche.

– Yo también voy – indicó As.

– Muchos más no deberíamos ser – razoné. – No sabemos cuánto tardarán en venir los de la Marina y hay que estar preparados para luchar o salir por patas.

– Estoy de acuerdo – asintió el líder de la expedición. – El profesor White viene con nosotros.

– Y yo voy con él – alegó Miguel, su ayudante, en un tono que iba entre lo amenazante y lo amedrentado.

– Bueno, si así lo quieres... – concedió el capitán. – Mijok, tú defiende esto.

– Sí, Silver – sonrió el grandullón, que estaba apoyado en la pared, interponiendo su espadón entre su espalda y el muro.

– Quizás Robin debería venir con nosotros – propuse.

– No – rehusó Eratia. – Es mejor que descanse también. Estella y Seiji, quedaos aquí con Renta y Mijok – intervino Eratia. – Los demás nos encargaremos de proteger los barcos.

– Entonces vamos allá.

– A todo esto… ¿Alguien sabe cuál es la cueva? – preguntó Seiji.

– Pues…

– Sin mí no podréis llegar hasta las ruinas – dijo Rentarou, como última tentativa por acompañarnos. – Sólo yo sé cómo llegar allí.

– Tú y tu hermano – puntualizó Mijok.

Aquella acotación del segundo de a bordo del Caledonia fue la piedra que acabó por derribar las esperanzas del antiguo Capitán de la Marina. Satsuma se quedó pensativo, mirando las sábanas y un brillo se le vino de repente a los ojos. Quizás aún había alguna posibilidad de que pudiera venir con nosotros.

– Pero… – comenzó dubitativo. – Pero él no puede llevaros – afirmó. – ¡Los aldeanos pensarán que también les ha vendido!

– No será necesario que venga – afirmó Silver, con media sonrisa. – Ya he solucionado ese problemita durante la noche, así que creo que esta vez no necesitaremos un guía. Además, es mejor que él esté aquí, por cualquier cosa.

– Así que eso fue lo que hiciste… – murmuró su lugarteniente.

– Sí, – confirmó despreocupado, sin perder la mueca y acomodándose la chaqueta – digamos que me dediqué a visitar la isla.

Entonces llegó el momento de partir hacia la cueva, situada en el extremo contrario de la isla, en un paraje no precisamente agradable para vivir que comenzaba poco más allá del bosque donde me había escondido el día anterior. Todo eran rocas y peñascos que despuntaban en pequeños claros sobre el césped casi quemado por el intenso calor de los últimos días. Silver, que guiaba el grupo, nos llevó hacia un acantilado sobre el que rompían violentamente las olas de un mar tremendamente agitado.

Allí, un angosto, empinado y peligroso sendero iniciaba su agresivo hacia una pequeña cala que se abría tímidamente en la región más resguardada de aquella abrupta costa. Probablemente, al subir la marea, el océano la engulliría en buena medida, si no al completo, así que deberíamos tener cierto cuidado y vigilar de cerca el tiempo.

– ¿Cómo lo descubriste? – preguntó As.

– Según Renta, – contesté yo – aquellos piratas dijeron que era la única cueva de la isla que no se conocía. Supongo que buscó la de acceso más peligroso.

– Bien visto –me felicitó el Capitán.

– Nada importan… ¡Cuidado!

Casi como si mi advertencia fuera una premonición, Miguel puso su pie sobre una porción de terreno en la que había cierta gravilla suelta y se resbaló. Perdió el equilibrio y amenazó con caer al vacío y perderse para siempre en aquel infierno de escarpadas rocas y rugiente oleaje, pero conseguí agarrarle de la pechera a tiempo para que no se abalanzase hacia la nada y tirar de él. Se dio un fuerte golpe contra la pared que delimitaba el sendero por el lado de la costa y su nariz comenzó a sangra profusamente

– ¡Pero…! – protestó por el golpe mientras se llevaba la mano a la cara y la apartaba, descubriendo la sangre.

– De nada – le interrumpí, en tono seco.

– Gra… gracias.

– Procurad fijaros bien donde pisáis… – sugirió Silver.

Llegamos a la boca de la cueva y nos detuvimos para hacer dos pequeñas antorchas con ramas secas que había en unos matorrales cerca de la entrada. Algo demasiado rudimentario y que, llegado el momento, seguro que no resultarían tan útiles como debieran bien por su fragilidad bien por su poca potencia bien por lo que fuera, pero algo es algo y menos da una piedra.

Dimos los primeros pasos hacia las entrañas de la isla con decisión y seguridad, por un terreno fácil en el que lo más incómodo no era el suelo que pisábamos o el camino que siguiéramos si no la excesiva humedad y salitre que hacían dificultoso y poco agradable el respirar. El olor a mar era agradable… pero aquello era demasiado. El problema sobrevino cuando llegamos a una bifurcación del camino. Una de las alternativas posibles ascendía. La otra descendía. En cualquier caso, no teníamos ni idea de cuál era la opción correcta.

– Intuyo que esta parte tú no la exploraste…

– ¿Y perder la emoción de la primera vez? – sonrió él, divertido.

– ¿Qué hacemos?

– Dividirnos – resolvió alegremente el Capitán.

– ¿Divi-qué?

– Dividirnos – repitió, muy seguro.

– ¡Eso es una locura! – protestó As.

– Podemos explorar las dos por separado – razoné. – Pero sería demasiado tiempo. En cualquier caso… ¿qué puede haber ahí dentro?

– Eso – sonrió Silver mientras su compañero me miraba con una cara de reproche, advertencia y miedo como si dijera “eso es lo que tú te crees” o “no sabes la que te espera”. – As, tú conmigo. Usted, Profesor, y su apéndice irán con Rido.

– Yo iré por este – señalé con la tea que portaba el camino que quedaba a mi derecha.

– Toma – dijo el capitán, entregándome un Ko Den Den Mushi. – Yo tengo uno y Mijok otro. Si pasa algo…

– No va a pasar nada, pero gracias – asentí, dejando el paso libre hacia el corredor que había elegido. – Detrás de usted, Profesor.

Caminábamos los tres muy pegados. Mientras lo hacíamos, revisaba el suelo en busca de algo que pudiera hacer las veces de la antorcha que ya se apagaba, pero nada más que piedras y arena era lo que encontrábamos a nuestro paso. De vez en cuando, Miguel soltaba algún improperio, bufaba o protestaba. Quería dejar clara su inconformidad con la situación. Pero en cuanto le indicaba la posibilidad de regresar al pueblo la rechazaba rápidamente como alma que llevaba el diablo.

– ¡¿Qué…?! – exclamé. – ¡¿Qué es esto?!

Una magnífica cueva, labrada como si de una capilla se tratase, se abrió delante de nuestras narices cuando llevábamos una media hora caminando. Fue nuestra salvación, pues apenas unos minutos más y nos hubiéramos quedado sin luz. La estancia estaba rodeada por un buen número de antorchas que fui encendiendo poco a poco. Estaba completamente vacía, pero el camino continuaba más allá.

– ¡Malditos! ¡Malditos!

Un chillido agudo, desabrido, que amenazaba con perforar mis tímpanos salió entonces de la nada. Poco a poco, se fue modulando hasta sonar como una melodiosa voz, más que agradable, casi hipnotizante, pero seguía repitiendo la misma palabra una y otra vez mientras una neblina grisácea se materializaba delante de nosotros.

– ¡Joder! – exclamó asustado Miguel.

– ¡¿Qué mierda es esto?!

– Eso pregunto yo…

La neblina poco a poco había ido adquiriendo una forma humanoide. Parecía más bien un hombre bajito, barbado muy estilosamente, con ojos afilados y nariz respingona. Llevaba el pelo cortado muy estilosamente y lo más característico, junto a su consistencia nebular, eran unas afiladas orejas acabadas en punta que nada tenían que ver con las de una persona normal.

– Hilmar Salpicabirras, bardo de las tierras de Gorlam – se presentó, con una profunda reverencia y tono cortés.

– ¡Es un puto fantasma! – grité.

– Disculpe, caballero – me corrigió con cierta indignación. – No soy un fantasma. Soy un ghost.

– Pues eso – me encogí de hombros. – Un fantasma.

– Un ghost.

– Fantasma…

– Ghost.

– ¡Fantasma!

– ¡Ghost!

– ¡Fantasma!

– ¡Ghost!

– ¡Fantasma!

– ¡Ghost!

– ¡Fantasma!

– ¡Ghost!

– ¡Fantasma!

– ¡Ghost!

– ¡Fantasma!

– ¡Ghost!

– ¡Mierda!

El exabrupto pareció dar por zanjada la discusión acerca de la forma correcta de referirse a la naturaleza del recién llegado y dio paso a las preguntas más importantes. ¿Qué mierda estaba pasando? ¿Dónde coño nos habíamos metido?

– Disculpen, caballeros… – se arregló las ropas. – ¿Qué han venido hacer a mi humilde morada?

– Venimos a…

– Venimos a conocer qué secreto guardas, hijo – tomó la palabra el profesor.

– Me temo que no podré permitírselo.

– Me temo que he de insistir – continuó White.

– Tendré entonces que detenerles.

El espectro tomo carrerilla y se abalanzó a toda velocidad sobre el profesor. Miguel y yo nos movimos rápidamente para interponernos en el camino del fantasma o del ghost o de como quisiera que se llamase y, mágicamente, nos atravesó como un soplo de aire atraviesa el vacío. Tan sorprendido como nosotros, Hilmar tenía los ojos abiertos como platos cuando se dio la vuelta hacia el grupo.

– Bien, vista la utilidad del guardián… procedamos.

– ¡Parad!

– ¿Qué vas a hacer? – sonreí, burlón.

– ¡Puedo ser realmente molesto!

– Tú chilla, yo caminaré – respondí. – Cuando quiera, Profesor.

Nos introdujimos en el seno del nuevo pasillo. Este no era ya un camino escarbado en la roca como el anterior, sino un verdadero corredor de piedra, como de una antigua fortaleza. Portábamos con nosotros una de las teas que iluminaban la gran sala y, para colmo, Hilmar había acertado con su capacidad para ser molesto.

Atravesamos dos… no, tres estancias similares a aquella en la que nos habíamos encontrado con el gnomo etéreo chillón, pero aún continuaba el pasillo. Todas estaban vacías, sin una sola señal, sin una sola inscripción que pudiera darnos alguna pista de lo que estábamos buscando. Si el profesor sabía algo, nada compartía… quizás el único que entendiera qué hacíamos allí era Silver.

Al fin, después de una hora de camino aguantando los gritos desesperados del fantasma, llegamos a una gran puerta de madera oscura que medía al menos tres metros de alto y que estaba labrada con misteriosos dibujos. Otro pasillo confluía en aquella gran sala.

– ¿Qué es todo este escándalo? –sonó una voz risueña y familiar antes de que me diera tiempo siquiera a albergar la esperanza de que aquel camino fuera efectivamente el que traía consigo al Capitán de los Outlaws.
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Terreis
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Terreis »

Vamos a comentar:

@Rido: Esta parte del capitulo tiene mucho mejor jugo. A nivel global ha sido excelente como cavila esperar de ti. En esta parte:

Ella volvió a reírse, separándose ligeramente unos segundos para volver a apoyarse en mí transcurrido ese tiempo. Permanecimos así, en silencio, durante unos cuantos mi tos, quién sabe cuántos, pero antes de que la situación pudiera derivar en algo incómodo y violento, apagué el cigarrillo en la cornisa y señalé que ya era hora de volver a .

Me has dejado con la miel en los labios, yo que ya me esperaba que hubiera algo por ahí :roll:

Luego hemos llegado con el trozo siguiente:

– ¡Es un puto fantasma! – grité. y su discursión

Sin duda es lo mejor que me ha gustado :lol: (discursión de besugos).

Mis felicitaciones y esperando lo siguiente :neko:
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