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"Eran ligues de una noche. Siempre me dejaban claro que tenían que volver al trabajo. Y yo no quería que se fueran". Palabras de Jeffrey Dahmer. ¿Quién era Dahmer? El autor de diecisiete asesinatos, principalmente en los ochenta. Un asesino serial. Mataba a hombres que ligaba. En sus etapas finales les inyectaba ácido y agua hirviendo en los cerebros de sus víctimas para convertirlos en zombies. Perturbador. Con esa frase de ese hombre inicia la contraportada de Dentro del monstruo de Robert Ressler. El libro no es ficción. Son casos y entrevistas trabajo de Ressler, un ex-agente de la Unidad de Ciencias Conductuales del FBI, los que se dedican a ver la mente de este tipo de asesinos. Trae una extensa entrevista con Dahmer y otra con John Wayne Gacy (sin relación con el actor), que te permite una mirada a la psique de estos dos hombre. Además te da perfiles y datos de diversos casos, como el de la secta de Aum en Japón o el del asesino de las zonas ABC de Sudáfrica. Es morbosamente fascinante. Es intentar entender mentes completamente descarriadas. Una pequeña visión del mundo de los psicópatas.
El otro libro también trata de la muerte y dolor, pero de una forma muy diferente. El humor negro es una antología de Losada sobre este tema. Con una diversidad de autores, desde Quevedo hasta Arreola, pasando por De Quincy, Swift, Wilde, Stevenson, Akutagawa y muchos más, son muchas veces cuentos muy cortos o incluso fragmentos. Una fascinante visión de ver lo peor de la humanidad con cierto humor. No siempre es humor para morirse de risa, más de uno es un humor reflexivo, que te puede sacar una sonrisa pero no es su intención. Un libro sarcástico, cínico y en el fondo bastante duro, pues muchos de estos son una dura crítica a la sociedad. Algunos funcionan mejor que otros (los fragmentos de Nietzch fueron algo tediosos y no demasiado ocurrentes), tanto de deuncia como de humor, pero altamente recomendable si no te importa reírte de las desgracias ajenas y luego reflexionar del mundo de estos hombres y el nuestro al mismo tiempo. De hecho creo que gracias a esta antología se me antojó leer algo más de De Quincy, así que es posible que empiece con Confessions of an English Opium Eater, a ver si ese ácido sentido del humor se permea a otras obras.






























