Los Panteras Negras V3.

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TonyTonyRaul
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por TonyTonyRaul »

Dios por fin esto se anima, vamos chiiicos :neko:

Lo primero las dos fichas que me he retrasado con una xD
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- ¿Cuál sería su película favorita si viviese en nuestro mundo?Pues sin duda una pelicula con humor y con cuestiones de punteria, como sin duda Django:Desencadenado :lol:
- ¿Y su libro favorito?Tony no es de leer libros, le gusta más la acción y hacer locuras xD
- Si fuese de nuestro mundo, ¿de qué nacionalidad sería? Seguramente Canadiense
- Si viviese en nuestro mundo, ¿cuáles serían sus principales aficiones?El tiro con arco, juegos de estrategia y liarla con los colegas :P
- ¿Es creyente?Nop, el cree en sus nakamas y en si mismo, no necesita creer en mas.
- Su Top3 de Panteras más graciosos en el barco (argumenta)
1-Jonh: es su compañero de bromas ¿que mas se puede pedir?
2-Van y Kokuran:Son faciles para incitarles a que se pongan a discutir y eso en una tarde aburrida entretiene.
3-Diego:Su locura por las mujeres lo hacen perfecto para gastarle bromillas.
- Su Top3 de Panteras más serios en el barco (argumenta)
1-Anthony: Sobretodo cuando esta con sus investigaciones para hacer nuevas medicinas para la banda.
2-Van: Cuando se encuentran los dos en las alturas del barco, tienen conversaciones que sacan el lado más serio de Tony.
3-Michel: Su música le hace sentir un poco depre
- Su Top3 de Panteras más inteligentes en el barco (argumenta)
1-Anthony: Su trabajo y su funcion en el barco le parece muy complicadas, ademas suele pensar antes de actuar.
2-Stan, por algo es inventor xD.
3-Nepa, suele tener varias opciones cuando estan en medio de la naturaleza, además en ese sentido se parece mucho a Tony :P
- Listado de Panteras que roncan al dormirRealmente no lo sabe como le gusta dormir en las alturas, es muy dificil que para dormir se vaya a la cama :lol:
- Listado de Panteras más molestos (argumenta)
Para Tony, ninguno es molesto piensa que cualquier mania que tenga cualquier nakama es algo que hacen que la banda sea masdivertida :mrgreen:
Siguiente ficha.
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- Deporte favorito Tiro con arco xD
- Videojuego favoritoShooters, o aventureros o tipo Zeldas
- Canal de televisión favoritoNeox
- ¿Cree en la reencarnación?Dificil pregunta, alguna vez ha pensado que pudiera ser posible pero realmente no lo sabe.
- Juego de mesa favorito De estrategias, tipo Risk
- ¿Lee el periódico? ¿Qué clase de artículos?No suele leerlo,pero si encuentra una noticia que le interesa lo leera sea del tipo qe sea
- ¿Su voz es parecida a la de alguien conocido? ¿Quién?Pues si pero aun personaje ficticio como puede ser Luffy xD, y de persona real pues a mi ni muy grave ni muy aguda, aunqe si es lago mas aguda pero sin exagerar
- ¿Cuántos años tiene? 17, aunque le queda relativamente poco para cumplir los 18
- ¿Tiene alguna fobia o miedo irracional?A volverse a quedar solo, pero confia en sus nakamas por lo que poco a poco ese miedo desaparece
- Describe al detalle cómo sería su chic@ idealPues seria de piel morena, ojos negros, cabello largo y moreno y un poco bajito de su altura mas o menos, que sea simpatica, alegre, divertida, aventurera, inteligente, y que se comprendan mutuamente :o .......*suspiro*¿se me nota que estoy enamorado de alguien?
- ¿Cuál de los emoticonos de Pirateking se ve reflejada más veces en su cara? Este :lol: o este :o
Bueno ahora chicos, si consigo tiempo y ganas puede que me anime a escribir propuesta y sino lo hago para esta lo hare para la siguiente creo que ya me tocaba.

Los Shishibukkais molan, si quereis puedo hacer uno pero Hunter relativamente es medio mio porque lleva la fruta que yo inventé en su dia, asi que no se xD.
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"Semper fi"
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wild animal
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por wild animal »

Me alegro que les gustara, ambos son buenos y vamos llenando el vacio de los Shichis.

Ahora para no hacerlo tan over que les parece si cambiamos algo de su fruta. No se fortalece con las muertes, si no con la sangre (por eso al principio pudo con los cadaveres y futuros cadaveres), pero este poder se vuelve ambre por que disminuye con el tiempo y debe ¨alimentarse¨. Tiene un poder base, pero su poder extraido disminuye poco a poco hasta volver a alimentarse. Por eso acepto unirse a los Shichis, por que el gobierno le permite alimentarse o lo alimenta haciendo se desaga de aquellos que son un peligro, ambos se benefician.

Añadiendo: pensaba en quitarle la espada y ponerle un fuego negro, no muy fuerte pero util en ocaciones, mas por aspecto que por poder.

La ficha:
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- Deporte favorito Box
- Videojuego favorito No tiene
- Canal de televisión favorito Noticias por que debe saber que pasa y caricaturas en secreto
- ¿Cree en la reencarnación? Si, es muy religioso por venir del cielo
- Juego de mesa favorito En cualquiera hace trampa
- ¿Lee el periódico? ¿Qué clase de artículos? Si, los de actualidad para enterarse que pasa con el mundo
- ¿Su voz es parecida a la de alguien conocido? ¿Quién? Al actor de Thor pero menos grave
- ¿Cuántos años tiene? 25
- ¿Tiene alguna fobia o miedo irracional? Sí, a las arañas, por eso no le agrada Black Song
- Describe al detalle cómo sería su chic@ ideal Bella, cabello negro, ojos azules, delgada, buen pecho, delicada, divertida, lista sin ser arrogante.
- ¿Cuál de los emoticonos de Pirateking se ve reflejada más veces en su cara? :joint: 8)
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Takagi
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Takagi »

Gracias a los que impulsáis esto, Traffy sobre todo, se agradece. No soy muy dado a comentar por comentar por mucho que se diga de mí xD. No veo que el tema avance por muchos Sichis que presentemos o dejemos de presentar, quiero decir que por mucho que el tema esté activo lo que importa son los capítulos. Pero bueno, es comprensible que en verano pase esto, no es ningún contratiempo grave. Respecto al próximo capítulo, si presenta más gente mejor.
Responderé a tus preguntas Traffy por si se recopilan o algo:
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- ¿Cuál sería su película favorita si viviese en nuestro mundo? XXX con Vin Diesel, acción por un tubo.
- ¿Y su libro favorito? 20.000 leguas de viaje submarino.
- Si fuese de nuestro mundo, ¿de qué nacionalidad sería? Jamaicano.
- Si viviese en nuestro mundo, ¿cuáles serían sus principales aficiones? El deporte, la música y los animales.
- ¿Es creyente? No.
- Su Top3 de Panteras más graciosos en el barco (argumenta) Estas preguntas mejor cuando los personajes se hayan desarrollado bien, ahora mismo sólo hay 3 y medio, así que nada.
- Su Top3 de Panteras más serios en el barco (argumenta)
- Su Top3 de Panteras más inteligentes en el barco (argumenta)
- Listado de Panteras que roncan al dormir
- Listado de Panteras más molestos (argumenta)
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- Deporte favorito Atletismo.
- Videojuego favorito Tekken.
- Canal de televisión favorito ¿Televisión? Nah... Puf...Energy.
- ¿Cree en la reencarnación? No.
- Juego de mesa favorito Risk.
- ¿Lee el periódico? ¿Qué clase de artículos? Sí. Los que le llaman la atención.
- ¿Su voz es parecida a la de alguien conocido? ¿Quién? Sí. Nerviozzo.
- ¿Cuántos años tiene? ¿18?
- ¿Tiene alguna fobia o miedo irracional? Sí.
- Describe al detalle cómo sería su chic@ ideal Dulce, paciente, buena, cariñosa, atenta, sincera... Y con los ojos verdes.
- ¿Cuál de los emoticonos de Pirateking se ve reflejada más veces en su cara? :D
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yupi
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por yupi »

Joder, llevo un retraso de la leche xD...me dedicaré el día de hoy a ponerme al día, comentar, rellenar alguna ficha que vi por ahí, etc :P



PD: Pasado mañana estaré un año más cerca de morirme xDD
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Luchar contra el más fuerte es la mejor manera de entrenarse
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Garrac Garrak
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Garrac Garrak »

...


Oooooka, perdón por el entusiasmo. Bueeeeno, tengo que decir que, pese a mi ausencia, he intentado no estar totalmente ocioso, así que me he mantenido al día, escribiendo entre bambalinas algunas cosillas. Tengo muchas más ideas pensadas, pero, de momento, me gustaría presentaros las que tengo en formato físico, a ver que os parece:

GRINGER
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Nombre: Demaro Brightblade

Ocupación: Cazarrecompensas

Edad:30 años

Personalidad: Siempre está sonriendo, burlándose de los demás, ya que normalmente suele mantener una actitud trolleadora frente a todo el mundo. Aun así, siempre está buscando las batallas, vive por ellas, por lo que busca las mejores recompensas para tener un buen desafío y una buena pelea. Como normalmente no suele encontrar a nadie a su altura, desprecia a los débiles tanto como puede, tanto, que en sus guantes lleva almohadillas para amortiguar el daño de sus golpes (que aun así sigue siendo mucho) usa los cascabeles para avisar de su llegada (eso si, a no ser que tengas un buen nivel de concentración, apenas podrás oír su sonido), y casi nunca utiliza su brazo izquierdo. Si encuentra un rival con potencial, intentará alentarlo para que pelee más duro, y se decepcionará si no ofrece resistencia. En la Marina le tienen mucho miedo y desprecio, debido al cargo que ocupa, y a su gran crueldad con las presas que captura, ya que nunca deja supervivientes. Tiene un pésimo sentido de la orientación.

Apariencia: Suele ir vestido como un payaso, con unas mallas multicolores, una máscara blanca, zapatos con forma de espiral, y cascabeles repartidos por todo el cuerpo. Además, posee una capa de almirante, como los de la marina. Mucha gente lo llama el “Payaso Jarra” debido a que tiene su enorme mata de pelo peinada a la forma del asa de una jarra, una especie de casco redondeando encima de la cabeza, y una enorme gorguera, consiguiendo entre todo que parezca una jarra humana.
Habilidades: Utiliza el poder de la Yami Yami No Mi con su mano derecha. Así, posee todos los poderes que ofrece la fruta, además de una resistencia (control muy avanzado del tekkai), velocidad y fuerza sorprendentes. Nunca utiliza su brazo izquierdo, el cual consiste en un brazo ciborg enguantado, un brazo robótico hecho del metal más fuerte, que puede hacerse volar a modo del “Strong Right” (solo que BrigthBlade” lo llama “Punch Joke”). Sus power ups son imbéciles y molones.
Relación con el Gobierno: Lo ven como un matón, útil y poderoso, pero como un matón. Su relación con el Gobierno es bastante vaga, aunque en la mayoría de las ocasiones va a acompañado por una secretaria que le informa de las recompensas, y tiene un sentido de la orientación aún más pésimo que el suyo.
Si, la idea de este personaje era traer al mítico Kenpachi, solo porque, he intentado darle alguna que otra ntoa personal


LA REINA OKAMA

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Nombre: Lily Panther
Edad: 40 años
Personalidad: Se comporta de manera salvaje, y muy presumida, ya que se cree la persona más guapa del universo, digna de ser admirada por cualquier fotógrafo/admirador dispuesto a escuchar su nombre. Por supuesto, canta, aunque canta fatal, y normalmente mantiene una actitud muy divertida para todo el mundo, bromeando e ignorando cualquier ostentación de rango.

Apariencia: Viste el mismo traje que vestía Tim Curry en “The Rocky Horror Picture Show”, solo que de color blanco. Por supuesto, lleva afro, gafas de sol con forma de estrella, tacones blancos y labios morados, como Ivankov.

Habilidades: Utiliza los poderes de la Miro-Miro No mi, el poder de la fruta espejo, supuestamente una paramecia. No se sabe mucho acerca del uso que le da a sus poderes, pero según se sabe, puede utilizarlos para convertiré en un gigante, soltar rayos láser por los ojos, o reflejar ataques, o incluso volar. Obviamente nadie sabe muy bien cómo funcionan sus poderes, que se han convertido en una fuente de problemas para la Marina.
Este está incompleto debido a que no se me ocurre muy bien que historia puedo hacer para completar el personaje.


JACK ESPIRAL
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Nombre: Jack Spiral

Edad: 34 años

Personalidad: Una personalidad alocada, ya que le gusta mucho hablar cantando, y camina con los pies arqueados, es decir, como una especie de pato. Detesta a los débiles que no pueden abrirse paso en el mar, aunque le gusta alentar a los fuertes para que se vuelvan más fuertes y tengan una voluntad más férrea. Pese a todo, le gusta mucho montar un espectáculo, y muchas veces malinterpreta lo que le dice la gente, llegando a escuchar todo lo contrario de lo que le han dicho.

Apariencia: Va vestido de azul y blanco (casi siempre), muchas veces con ropas simples. Tiene un sombrero de copa parecido al de los prisioneros, gafas con forma de espiral, barba, y una cara más fea que la madre que lo parió. Su voz es socarrona, amable y casi agitada.

Historia: El pobre Jack nunca fue muy afortunado. Ya de pequeño, debido a la forma de su cabeza, tuvo que ser confundido en un gran número de ocasiones con un boniato. Para que la gente dejase de creer que es un boniato intentó aprender clases de hipnotismo, pero nunca llegó a dominarlas del todo bien. Tras toda una larga vida de fracasos y despistes, se ve obligado a vivir en el Grand Line, a modo de indigente itinerario.

Habilidades: Es hipnotizador, pero se le da muy mal hipnotizar. Más bien prefiere usar los poderes de su akuma no mi, la Giro Giro No Mi. Esta fruta le otorga a su usuario el poder de hacer girar todo lo que quiera, siempre y cuando el objeto requerido no supere por más de tres veces la masa y volumen del usuario. Para hacer girar algo, tiene que tocarlo con las manos desnudas, así que no puede ampliar un giro si no lo está tocando. Tampoco puede hacer girar los órganos, pero le gusta bromear con el hecho de que puede. Aprovecha su poder para ir por ahí volando sobre un pequeño molino de viento, y utiliza un sistema de relojes de viento para ampliar la fuerza de un guantelete especial que posee.

Y, finalmente, el gran proyecto... una pseudo novela en la que llevo un tiempo trabajando, además de pensando. Todavía no la he terminado, así que me gustaría saber que opinan del desarrollo, o si es muy aburrida y tal. De momento, hasta que no termine, no puedo decir absolutamente NADA sobre mi propia obra, al menos no hasta que termine para que las notas aclaratorias a nivel general se puedan entender. Os aviso que no es ni de coña mi trabajo más inspirado, y pido perdón de antemano si he ofendido a alguien:



INCERTIDUMBRE




CAPÍTULO 1
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Cuaderno de Bitácora del Capitán de los Cazadores de Grullas Billy Face.

Sexagésimo día a bordo, en la ruta del Grand Line, territorio desconocido.

El viaje se ha alargado demasiado, y las provisiones están a punto de acabarse. Vacías están las bodegas, como vacías están nuestras esperanzas. Llevamos días navegando por el mar, y hace ya mucho que no avistamos ninguna isla. Los capitanes de la Santa María y el Don Felipe me acaban de comunicar el estado aun más lamentable en el que se encuentran sus respectivas embarcaciones. La flota de los Cazadores de Grullas está dando unos últimos aleteos de vida, y yo, como capitán al mando, no sé qué más puedo hacer. De nuestra antaño orgullosa flota tan solo tres barcos se mantienen a flote.

La tripulación apenas se mantiene en pie. Ya hemos tirado por la borda casi toda la pólvora que nos queda, al igual que los cañones, de los cuales solo hemos conservado a la Vieja Gruñona para prevenir asaltos por parte de otros piratas. Pero, por mucho que hemos intentado aligerar el peso, el viento no nos lleva a buenos paraderos, sino a mares crueles, donde la enfermedad y la locura son nuestras únicas acompañantes.

Pero seguimos con un rumbo fijo. Apenas hemos cruzado el Grand Line, pero, en mi fuero interno, sé que conseguiremos la victoria. Cada angustiante paso que damos en el mar, por cada brizna de viento, nos vamos acercando más y más a nuestro destino, a nuestro sueño. Raftel.

Sé que queda poco, o al menos eso les digo a mis tripulantes. Ellos empiezan a odiarme, pero yo sé que la verdad se encuentra allende los mares. Cumpliré el sueño de mi vida. Seré el Rey de los Piratas. Cueste lo que cueste…



Las olas mecían suavemente el barco de los Panteras Negras. El viento circulaba de forma tranquila, suave, sin precipitarse demasiado, lo suficiente como para que las gaviotas se permitiesen dejar de aletear durante unos pocos instantes. Menos si tenían que volar por encima de John Conde, en cuyo caso tenían que alejarse lo más rápido que les permitiesen sus alas de plumas blancas.

El capitán estaba hambriento. Y aburrido. Y no conseguía cazar ninguno de los molestos pájaros que volaban por encima de su cabeza. Tal vez debería usar su poder…

-¡Capitán! ¿Ha conseguido cazar alguna?

Con una sonrisa en la cara, John se volvió, y miró a quien le había lanzado la pregunta, un tal Anthony, de Arabasta, el médico de la tripulación. No parecía ni levemente sorprendido, pero a John no le pareció extraño:

-¡Nada! ¡Todavía no he conseguido pillar ni una!
-Mmm… - Anthony se rascó la barbilla, mientras miraba a las gaviotas, un tanto pensativo- ¿Qué hacen unas gaviotas a mar abierto?- entonces una figura interrumpió los pensamientos de Anthony, plantándose enfrente del capitán lo más raudo posible. Era Tony, el francotirador del grupo:
-¿Ya estamos a punto de llegar? ¡Ahora mismo vuelo para allá!- dijo Tony, obviamente nervioso por divertirse. Pero una profunda voz desde el camarote les avisó certeramente:

-No lo creo- Michael Araknoss había dejado de componer sus tétricas canciones por unos momentos para acercarse a la borda y hablar con la tripulación. Parecía extraordinariamente hablador:- No todas las gaviotas vuelan en pos de la libertad. Algunas, pobres almas en pena, se adentran en lo más profundo e inhóspito de los mares para encontrar…
No terminó la frase. John y Tony, que querían saber cómo continuaba la historia, zarandearon constantemente a Michael, hasta que este finalmente cedió:
-¡La muerte!
-Bah- John se encogió de hombros, al parecer ser poco interesado- ¡A lo mejor huyen de nosotros! “John Conde, capitán de las Panteras Negras, temido allende los cielos”- dijo, haciendo con la mano el típico gesto de querer abarcarlo todo. Tony, maravillado por el nuevo mote de su capitán, siguió preguntando:
-¿Ah, si? ¿De veras eres el emperador de los cielos? Entonces, ¿Por qué no puedes volar?

-Ah, joven grumete- John estaba ahora imitando la voz de un pirata experimentado, mientras Michael volvía a su camarote para seguir escribiendo. Anthony se estaba encogiendo de hombros- ¡Lo sabremos después de cazar unas cuantas gaviotas!
-¡Cuenta con mi arco!

-Ehm… chicos…- Anthony señaló estribor con un dedo, y los chicos se volvieron para ver de que hablaba- Creo que hay métodos más seguros de pescar. – Entonces, su sorpresa no pudo ser más grande cuando vieron que a estribor estaban Stan, Van y Nepa, cada uno con una caña en la mano, pescando peces. El Desertor Blanco sonrió de nuevo:
-Aunque, si queréis podéis seguir cazando gaviotas- Tony hinchó los mofletes, y resignó a coger de manso de Stan una caña, y proceder a pescar. John tardó un rato en decidirse, pero al final hizo igual que su compañero, y cogió a su vez otra de las cañas de Stan. Mientras tanto, Anthony se fue al mascarón de proa a dormir. Era un día muy tranquilo, y muy pacífico.

Stan tenía la caña en una mano, y con la otra se rascaba el pelo, posiblemente pensando en algo nuevo que inventar, o en que prepararía de comer Kokuran. Van estaba estirando el cuello, asomándose por la borda, por si así conseguía intimidar a los peces y hacer que viniesen al cebo. Nepa, sin que nadie lo supiese, había puesto en su caña un cebo falso, así que se permitía el lujo de dormir mientras pescaba. Así que Tony, un poco aburrido, cantaba una canción, mientras que, John seguía aún hinchando los mofletes, como un niño pequeño, dándole vueltas a lo que le había dicho Anthony. Finalmente, tras pensarlo mucho, saltó sobre su sitio, y gritó a los cuatro vientos:
-¡Tengo una idea!

Nepa, un poco sobresaltado por el grito, se inclinó ligeramente, y dijo, aun somnoliento:
-Si, si, ahora pican- y volvió a dormir. John aún seguía con su idea.
-¿Y en qué consiste, capitán?- preguntó Stan, que empezaba a pensar en formas más eficientes de pescar.
-Podemos… ¡Pescar gaviotas!
-¡Si!-gritó Tony
-Una idea muy interesante, sí…- Van soltó una sonrisa siniestra- Lanzaremos los anzuelos al aire, y desgarraremos sus picos como una guadaña cortando el trigo recién sembrado…
-Bueno, tampoco te pases…- dijo Tony.
-Bueno, pues venga compañeros! ¡Lanzad vuestras armas al cielo!

Dicho esto, John procedió a dar círculos con la caña, mientras calculaba mentalmente la distancia y los objetivos. Después de hacer con la caña unos cuantos círculos aéreos, alargó el brazo, y dejó que la propia cuerda de la caña se soltase hacia el cielo. Acto seguido, los otros tres (Nepa seguía durmiendo) procedieron a hacer lo mismo…
… y montones de nada.
Todos miraron desilusionados sus cuerdas, viendo que sus esperanzadores proyectos habían fallado. Justo entonces, cuando ya habían abandonado las esperanzas de comer ave en vinagreta, Tony levantó la mano, y se dio un golpe casual en la cabeza, a la vez que sonreía:
-¡Somos idiotas! ¡La solución estaba delante de nosotros todo el tiempo!




Amber estaba sola en su habitación. Demasiado sola. Su habitación estaba compuesta por una cama (era un cuarto para chicas, así que, de momento, al ser la única chica a bordo, tendría su propio cuarto), un armario de dos puertas cerradas, una pequeña cómoda con dos lámparas apagadas, siete carcajs de doce flechas cada uno en la esquina y un baúl con algo de comida almacenada, con el pestillo cerrado. Ella se encontraba encima de la cama, con el arco a mano, tallando a partir de un tronco de madera algunas flechas. Debido al oleaje, el barco se mecía, provocando un sonido similar al de diez puertas abriéndose y cerrándose al mismo tiempo.

Casi estaba a punto de terminar la novena flecha del día. Juró que cuando la hiciese, subiría a bordo para divertirse con sus coleas. Aparentemente, Diego estaba ayudando a Kokuran en la cocina, así que de momento no habría ninguna gran molestia. Miró la puerta. Estaba cerrada.

Siete carcajs, dos lámparas, cama, baúl, armario, dos puertas, ochenta y cuatro flechas, arco, madera. Cuchillo.
Intentó tranquilizarse, a la vez que intentaba tallar más flechas. De vez en cuando podía oír pasos en el nivel superior, posiblemente Kokuran regañando a Diego por algún motivo. Intentó mirar a través de la claraboya el mar que los rodeaba, pero su cuarto no tenía ninguna claraboya. ¿Por qué no tenía claraboyas?

Siete carcajs, dos lámparas, cama, baúl, armario, dos puertas, ochenta y cuatro flechas, arco, madera. Cuchillo
Miró debajo de su cama. No había nada. Pero se estaba descentrando. Tenía que terminar de hacer la flecha… rasgó un poco de madera con el cuchillo, y puso los montones de corteza a un lado, listos para que los arrojase al mar, o adonde fuese. Pensó que la idea de tenerlos guardados en una caja hasta que llegasen a puerto era un tanto estúpida. Sí, otra isla… sin duda, viviría aventuras emocionantes, y… seguía distrayéndose, y ni siquiera había llegado a la mitad del tronco. ¿Debería seguir vigilando su Log Pose?

Siete carcajs, dos lámparas, cama, armario, dos puertas, ochenta y cuatro flechas, arco, madera. Cuchillo.
Dejó por un momento de tallar. El pestillo estaba abierto. Se encogió de hombros, y caminó hacia el baúl, acostumbrada a conservar el equilibro en los barcos. En vez de echar el pestillo, abrió la tapa, y comprobó lo que tenía: tres pasteles de crema, un gran marisco con relleno de mostaza y pepinillos azucarados conservados en salmuera alrededor, tres barras de pan y cinco botellas de agua. Cogió una botella, procedió a beberla, echó el pestillo, y volvió a la cama.

Las lámparas seguían encendidas. Siguió tallando, mientras se preguntaba el porqué de que no tuviese claraboyas ¿Había algo debajo de su cama? Otro análisis visual le refutó que no. Siguió tallando la maldita flecha, esta vez decidida en empeñarse a terminarla, ya que tenía cosas más importantes que quería hacer, como divertirse.
Siete carcajs, dos lámparas, cama, baúl, armario, dos puertas, ochenta y cuatro flechas, arco, madera. Cuchillo
Se levantó. Ya había terminado. Tiró la flecha sobre la cama, y corrió hacia la puerta, mirando a ambos lados. Luego, un poco más despreocupada, abrió la puerta, y caminó rumbo al quinto nivel del barco. Subió a través de las escaleras laterales. Cuando llegó al cuarto nivel, pudo oír a Kokuran, que, efectivamente, estaba regañando a Diego:
-¡Rápido, rápido! ¡No seas lento, maldito idiota!
-¡Pues deja de darme instrucciones tan confusas! ¡Quiero ser el “cocinero del amor”, no un friegaplatos!
-¡Dejarás de fregar paltos cuando aprendas a cocinar!
-¡Venga, no seas cruel! ¡Hazlo por mis prometidas! ¡Por Amber-swan!

La citada siguió subiendo hacia arriba por las escaleras. Uno a uno, subió lo escalones, hasta llegar a la puerta. Entonces, puso una de sus manos de tritón sobre el picaporte, y lo hizo girar. La luz del sol empezaba a entrar por la pequeña rendija que poco a poco iba abriéndose. Las bisagras expresaron su estado de oxidación, y Amber abrió la puerta, puso un pie a bordo.
-¡Hola chicos…!

Nunca se supo cual era el final de la frase. Antes de poder poner un pie en el suelo, una gaviota muerta había caído sobre su cabeza. Repentinamente asustada, se apartó de un salto, y soltó un pequeño grito. La gaviota tenía una flecha en el corazón.
-¡Si, la cacé, la cacé! ¿Qué os dije? ¡Solo sois unos piratas de agua dulce!
-Em…
De repente, una figura negra subió por las escaleras rápidamente. Amber se dio la vuelta, con el corazón en un batir de tambores, y justo entonces la luz del sol iluminó la cara de Diego, que estaba feliz y complaciente:
-¡No grites más, Amber-swan! ¡Aquí está tu caba…!

Tampoco pudo él terminar su frase, ya que, justo antes de subir el último escalón, una cazuela se estrelló contra su nuca, y Diego, pillado por sorpresa, tropezó y cayó al suelo, cazuela incluida.
-¡Te he dicho que no dejes la cocina, maldito haragán! ¿Qué quieres, que nos quememos todos?

Tony esquivó el cuerpo convaleciente de Diego, y se dirigió a Amber, la cual miraba la gaviota con un poco de repentino desasosiego. Tony se le dirigió en tono de disculpa:
-Em… ¡No lo he hecho a posta! ¡La idea fue de Stan!
Pero Stan no estaba. Al parecer ser, se había ido cuando nadie se había dado cuenta. Amber se plantó frente a Tony, aparentemente enfadada.
-¿Gaviotas, eh? ¿Con las flechas?
-S-s-s-si…
-¿Y a eso le llamas cazar?- sonrió la mujer giojin- ¡Ahora vas a ver a la experta!
-Creo que deberíais parar- dijo Anthony, cuya siesta había sido interrumpida, y ahora estaba de nuevo en el barco- Kokuran ya está haciendo la comida, y si seguís cazando gaviotas Nepa podría enfadarse… además, todos saben que yo soy el mejor tirador.
-¿Cómo?- dijeron Amber y Tony al mismo tiempo
-¡Eso, eso!- dijo Van - ¡Todos saben que yo soy el mejor tirador del Est Blue hasta el Red Line, una puntería por todos conocida!
-¡Ni habar!- protestó John- ¡Yo soy el mejor tirador de los cielos!
-¡Eso!- afirmó Anthony- ¡El único y magnifico… tirador de cañas!
-Muy gracioso, Anthony…


Cuaderno de Bitácora del Capitán Pirata Billy Face.
Vigesimoprimer día a bordo, en la ruta del Grand Line, territorio desconocido.
La situación empeora por momentos. Una enfermedad se ha transmitido entre la tripulación. No sé qué enfermedad es, pero por si acaso he recurrido a los poderes de mi akuma para protegerme de mis ahora peligrosos tripulantes.
EL horizonte cada vez parece más lejano, y hace ya tres días desde que vimos a la última gaviota. No valemos ni para surcar el mar, esto es patético. Pongo una mano sobre la botella de ron y me la llevo a mis labios resecos, pero del recipiente no sale ni una gota, y eso me desagrada más que cualquier otra cosa. Mi antaño orgullosa barriga de pirata no es ahora más que un amasijo de huesos pobremente unidos.
La distancia entre yo y mis tripulantes es cada vez más grande. No puedo hablarles, por miedo a que piensen mal de mi, y tampoco puedo acercarme a ellos, por miedo a que me contagien sus mortales enfermedades. La única solución que me queda es sentarme en mi camarote, mantener las barreras activas, y vigilar desde la puerta que todo vaya bien. Al menos podría ser peor…. Como en el resto de barcos.
En el Santa María las ratas se han adueñado de la bodega y dos niveles inferiores. Algunos rumores comentan que algunos tripulantes ya han sido devorados, pero, yo, como hombre de ciencia, les doy poca credibilidad. El contramaestre, Don Juan, me suplicó por unas pocas cajas de provisiones, pero yo se las negué, ya que nosotros tampoco andamos precisamente con la barriga llena. Pero, tal y como pude comprobar, efectivamente una verdadera horda de ratas famélicas y grises ha conquistado la bodega. Ni siquiera sé si quemarlas sería la solución, ya que el barco podría irse a pique, así que le pedí a Don Juan un poco de confianza. Al parecer su tripulación tiene la misma enfermedad que la nuestra.
En el otro barco, el Don Felipe, la situación es incluso peor. Los tripulantes se han comido las telas de las velas menores, intentando encontrar algo que llevarse a la boca, pero, en lugar de eso, tenemos más cadáveres que enterrar. El Don Felipe no tiene ningún problema con las ratas, pero si con la tripulación, ya que, al parecer ser, la noche pasada la capitana Gulligan fue violada y asesinada a sangre fría. En honro a su recuerdo he pasado a la mitad de la tripulación por la quilla, y he puesto al mando al viejo Encías Malasangre. Tal vez sea un viejo cojo, pero es más astuto que un zorro, y espero que sepa gobernar a la tripulación. Gulligan ha sido honrada y enterrada en el fondo del mar.
Y esa es la situación. Si alguien encuentra este cuaderno, sabrá que nosotros, los Cazadores de Grulla, resistimos los elementos, y resistimos tanto la sed como el hambre con tal de llegar a buen puerto y ganar esperanzas. Pero al final nos pudo el peor enemigo del hombre: la desesperanza.
Estamos condenados.




La noche ya había caído, y la comida estaba servida. Una mesa repleta de de platos de todo tipo: desde pasteles de crema con frambuesas, hasta langostinos requemados, pasando por un plato lleno de atunes con salsa de pimienta y patatas cocidas, incluso con un plato especial para Nepa, que no quería comer animales, y prefería probar una fórmula de su invención, una especie de “pienso orgánico” sobre el que nadie quiso indagar demasiado debido a la sola idea de comer pienso. Y, por supuesto, también estaba la “zona de Diego”.
-¡Vamos chicos, esto es lo que yo he cocinado!

Todos asintieron incómodos. Nadie se atrevía a decirle que su comida apestaba a rayos, y, de hecho, la propia Amber llegó incluso a coger un pollo que había cocinado Diego, y metérselo entre los dientes.
-Bueno, ¿Qué tal está, Amber-swan? ¿Sabe a un milagro de los dioses?

Amber, a punto de vomitar, asintió con la cabeza, y cogió también una tarta, para intentar compensar el mal sabor del pollo que acababa de comer. Pero, en vez de eso, solo consiguió que la mezcla se le revolviera en el estómago, y terminara desistiendo de comer. Van, uqe había visto lo que había pasado, señaló las pruebas, y gritó:
-¿Lo ves Kokuran? ¡Warai warai warai!-rió el ex mafioso- ¡Tu comida sabe a rayos!- Kokuran, harto de las burlas de Van, puso un pie en la mesa, y se plantó delante suya, totalmente cabreado:
-¿Ah, sí? ¡Entonces tal vez debería de dejar de cocinar para ti!- La Bestia volvió a reír:
-¡Cualquier cosa mejor que tener que oírte!

-¿Quieres pelea?- dijo el cocinero, mientras se remangaba las mangas. Al mismo tiempo, en otro lado de la mesa, John y Tony estaban teniendo otra diatriba:
-¡La carne es mía!- decía John Conde
-¡Estaba en mi zona!- protestaba Tony
-¡Pero tu puedes volar!- dijo el capitán mientras comía un muslo de gaviota- ¡Yo estoy más necesitado de comida!

-¡Pero yo fui quien la cazó!- protestaba, con razón, el francotirador, que sin querer le había dado un codazo en la espalda a Stan, hundiéndole la cabeza en una de las tartas. Ignorando lo que se tramaba a sus espaldas, Tony seguía intentando quitarle el muslo de gaviota al capitán, así que Stan, con la cabeza totalmente llena de nata, crema, y una frambuesa en cada ojo, se levantó, y con un aire vengativo, se lanzó a por Tony, el cual tropezó sobre John, el cual cayó sobre la mesa, y sobre los cuales cayeron también Van y Kokuran durante su pelea. Así, lo que al principio parecía una comida pacífica acabó en una guerra de comida, en la que John alejaba los brazos d Tony, Nepa no pudo resistir la tentación de comerse la comida de John, Van insultaba a Kokuran llamándolo “friegaplatos”, Kokuran a su vez “Pingüino” y Amber intentaba todavía recuperarse de la comida de Diego.

En esos mismos instantes, la pelea paró cuando escucharon una melodía circulando el barco. Michael, que ya había comido suficiente fideua, se había levantado, y estaba tocando el violín. Estaba haciendo sonar una canción armoniosa, compuesta de varios compases, algunas paradas, y un ritmo precioso. Nepa aprovechó para ponerle voz a la canción:
-Traed el ron, ron ron ron
¡Y también traed un cañón!
¡Disparad, disparad el ron durante la canción!

Era el mar, una maravilla
Mecen las olas el bravo barco
Llega la espuma a la quilla
Deme el cielo un marco
Para encuadrar esta maravilla

Traed el ron, ron ron ron
¡Y también traed un cañón!
¡Disparad, disparad el ron durante la canción!
¡Y una botella de ron!

Todos escuchaban la canción embelesados, y en unos pocos segundos, todos, incluso Van, seguían el ritmo del violín de Michael, y cantaban bajo la luz de las estrellas.


STAN

El inventor descargó su fatiga sobre la cama. Estaba cansado, muy cansado, y la fiesta no había ayudado en lo más mínimo. Habían bebido, cantado, bebido, comido, bebido, y vuelto a cantar, no por ese preciso orden. ¡Incluso había tenido que lanzarse al mar para rescatar a John después de emborracharse con varias botellas!

Tan solo Amber había estado un poco intranquila, así que se recordó asimismo visitarla para preguntarla que le pasaba. A lo mejor era algo grave.
Pero ahora quería descansar, descansar y dormir.

Aunque… había sido una buena fiesta. Van había pasado el rato burlándose de la letra simplista de Michael, e incluso la había recitado a la inversa solo para burlarse del violinista. Y luego Michael le había llamado “Maleducado y frustrante”, pero poco importaba, ya que a aquellas alturas de la noche Michael era el único que todavía seguía ebrio.
¿Debía dormir? Era ya muy tarde… tal vez tendría que haberse ido el primero, como había hecho Kokuran, o a lo mejor irse segundo, con Amber, y junto a un Diego que todavía seguía investigando en que había fallado su receta, a la vez que le preguntaba a Amber en que podía ayudarla. Intentó recostarse, pero el recuerdo de Kokuran regañando a Diego para u que recogiese la mesa y esté escaqueándose y sacándole la lengua junto a Van estaba demasiado vivo.

Aunque, claro, luego Kokuran los había perseguido por todo el barco, gritando vehementemente sus nombres. Tal vez se habían pasado un poco.

Y entonces entraron por la puerta el que más había resistido el envite de la bebida. Tony, medio transformado en grifo, con una botella vacía en la mano. Caminaba dando tumbos constantemente, a lo cual viajar en un barco no ayudaba lo más mínimo, así que se cayó un par de veces sobre el duro suelo. Y, por supuesto, vomitó otro par de veces a cada caída que realizaba. “Pues yo no pienso fregarlo mañana, majo” pensó Stan. Aunque, bueno, mañana le dolería la cabeza horrores, aunque ahora se sintiese extremadamente despejado y despierto.

Cerró los ojos con fuerza, intentando dormir. Se puso la almohada sobre los ojos, a fin de evitar tener que oír a Tony vomitando y cantando al mismo tiempo mientras intentaba realizar la férrea hazaña de llegar a su cama.
“¡Maldito Tony!” pensó un somnoliento inventor intentando desesperadamente dormir “¿Por qué rayos aceptaste el desafío de botellas de Anthony? ¡Eres tonto!” Finalmente, tras lo que a Stan le pareció una eternidad, el francotirador borracho se durmió en el suelo, totalmente incapaz de levantarse. Stan suspiró agradecido cuando notó que efectivamente Tony no roncaba, sino que solo respiraba profundamente. Ahora ya podía dormir.

O no. La puerta seguía abierta. “¡Será descuidado!”. Intentó por un momento ignorar el hecho, pero después de un tiempo intentando cerrar los ojos, comprobó como el sonido de las bisagras plegándose era demasiado molesto como para permitirlo. Molesto por tener que levantarse, se movió lentamente, con tal de no “interrumpir el sueño ganado”, tratando de llegar a la puerta con los ojos cerrados.

Obviamente, no lo consiguió. Se tropezó con una de las patas de Tony, y acabó dándose de morros con el suelo. Molesto por la caída, pateó al grifo, sin conseguir que este último reaccionara lo más mínimo. Stan suspiró, y siguió rumbo a la puerta, con los ojos aún cerrados, y caminando muy lentamente.

Se dio de bruces con la pared. Eso no lo esperaba. ¿No estaba caminando hacia la puerta? ¡Había tenido que ser por la caída de antes! ¡Le había desviado de su objetivo! Enfadado, tanteó todo lo que pudo a su alrededor, y ladeó, hasta que, al final, cansado, se vio obligado a desistir, y abrir los ojos. La puerta estaba a tres pasos a la izquierda.
Falló en el primer intento de coger el picaporte, pero al segundo por fin consiguió cerrar la puerta, y obtener el descanso eternamente prometido…

-Dormiresparadébiles, dormiresparadébiles,dormires…


AMBER
Ya estaba más tranquila. Los muebles estaban en su sitio, la habitación estaba en sitio, y las cuatro lámparas apagadas, y ahora, si la mala comida de Diego se lo permitía, podría finalmente descansar.

Se tumbó cuan larga era la cama, y se quedó durante un tiempo mirando el techo. Pensó en su padre, y en el suceso que había acaecido por la tarde. ¿El baúl abierto? Jejeje eso si que era una tontería. Vengar a su padre si que era algo serio, y, bueno, tal vez saber si digeriría bien la comida. Se rascó las piernas, ya que notaba en ellas un pequeño picor.

-¿Tan borracha estaba? De vez en cuando tenía mareos, y la pared le parecía demasiado quieta, pero no era nada que, como siempre, no solucionase una buena siesta. Ah, de no haber sido por la comida de Diego podría haber vencido a Tony en esa estúpida competición de botellas! Pero, bueno, estaba un poco mareada, y tampoco le gustaba desperdiciar recursos… ¿No?

Se levantó. El baúl seguía abierto. Se rascó de nuevo la pierna. El barco daba muchos tumbos. ¿Y si se mareaba? Bueno, no importaba, era una giojin, lo soportaría, ¿No? Si, como giojin podía resistir todo lo que…

Se levantó. La barriga todavía le dolía, así que se levantó, se postró sobre el baúl, cogió un par de barras de pan, cerró el pestillo, y volvió a la cama mientras comía con tranquilidad el botín obtenido. La primera barra la devoró en un par de minutos, y para la segunda necesitó un poco más de tiempo, ya que seguía mareada. Ahora las cosas estaban compensadas, así que se echó a un lado y…

Se asustó. Había jurado notar algo sólido. ¿Sólido en su propia cama? Se levantó, un poco sobresaltada, cerró los puños, encendió dos de las cuatro lámparas (que al final resultaban ser solo dos) y se preparó para hacer frente al pervertido enemigo que se había infiltrado en su cuarto.

Y así, no pudo ser más grande su alivio cuando comprobó que su temible enemigo no era más que su propio arco. Estaba aliviada, pero aun seguía con el sobresalto de antes, y el corazón seguía latiéndole a mil por hora. Tenía que relajarse.

Intentado calmarse, comprobó que el arco de su difunto padre estuviese intacto. Lo revisó, y al ver que estaba bien, lo echó a un lado, junto al tronco de madera y algunos trozos de resina. Ya solo le quedaba echarse en la cama, cosa que hizo de inmediato, cuidándose de, por si acaso, mantener un ojo abierto por si algún trozo de resina descuidado se le metía por los orificios auditivos. Había que prevenir.


NEPA

Tic. Tac. Tic. Tac

Se despertó. Ya no podía dormir. Un sonido le taladraba los oídos. ¿Por qué era el único del dormitorio que lo podía oír? Era un sonido molesto, y frustrante.

Tic. Tac. Tic. Tac

Decidido a averiguar la fuente del sonido, a duras penas se levantó y abrió la puerta, no sin antes comprobar que Diego estuviese sano y salvo, ya que temía lo peor…

Todavía era demasiado pronto. Tenía pensado descansar, y acabar con ese molest… cuidar de sus queridas plantas cuando saliese el Sol, pero gracias a ese estúpido sonido ahora tendría que cuidar de sus plantas antes de tiempo, y ya no podría dormir por el resto del día… o al menos parcialmente.

Tic. Tac. Tic. Tac

Todavía seguía. ¿Qué había pasado esta tarde? Tan solo recordaba haber hecho trampas con la caña de Stan, y a continuación esperar que su caña dispersase a todos los peces de alrededor. ¿Acaso no podían ver el sufrimiento de los animales? Menos mal que se había asegurado, por manso de Kokuran, de que el alimento de la cena no hubiese sufrido antes de su certera muerte.

Y, por dios, como había destacado por la noche. Su gran momento había llegado con la canción de Michael. Normalmente no le gustaba llamar tanto la atención, pero quería que los demás dejasen de pelear entre ellos, y la canción de Michael era tan gloriosa que se merecía una letra, aunque fuese una letra cogida de una canción ya existente. No importaba, ya encontraría una variación de la estúpida letra, y conseguiría dormir durante el día lo que le habían arrebatado por la noche.

Tic. Tac. Tic. Tac

El sonido provenía de la armería del segundo nivel. No se preocupó por nada más. Pensó que, si derrotaba al enemigo, se ganaría respeto entre el resto de sus nakamas, y, si era una pequeña molestia, al menos no quedaría en ridículo despertando a todo el mundo. Sino… ¿Qué rayos? ¿Era un usuario?

Tic. Tac. Tic. Tac

Se rió un poco por no haberse dado cuenta. Tal vez su akuma fuese un poco inútil, pero en situaciones como esta demostraban de sobra su habilidad y utilidad en el barco. Utilizó los poderes de la Ora-Ora No Mi para barrer toda el área del segundo nivel, que era de donde seguía proviniendo el sonido.

Tic. Tac. Tic. Tac

Detectó un aura. Pero… Por si acaso, temiéndose lo peor, puso los brazos en posición de combate, y abrió la puerta del almacén presto y dispuesto a…

Tic. Tac. Tic. Tac

Una persona estaba trabajando en el centro de la sala. Sus movimientos eran vagos, casi torpes, pero ejecutaba su tarea repetidamente, como una labor obligatoria para con el mundo. Nepa se sorprendió de ver a Stan construyendo cosas a tan altas horas de la madrugada.

-¿Stan?- le preguntó a la persona. Esta se volvió, y Nepa vio que, no solo el poder de la Ora-Ora No Mi funcionaba, sino que también Stan tenía unas temibles ojeras. Este, sonriendo levemente, le enseñó a Nepa lo que estaba construyendo (una chapuza de aparato de madera cuya finalidad desconocía) y habló con una voz muy rara, arrastrando las palabras lentamente:
-¿Qué tal estásssss, Nepa? ¿Qu-que quieres?
-Yo… um… creo que nada…
-Bien. Bien.


CAPÍTULO 2
Spoiler: Mostrar
Cuaderno de Bitácora del Capitán de los Cazadores de Grullas Billy Face.

Sexagésimo primer día a bordo, en la ruta del Grand Line, territorio desconocido.

El barco se va a pique. Hace ya unos días que la bitácora no funciona, y seguimos sin atisbar en el horizonte un mero asomo de tierra, o al menos un lugar donde poder estacionar. Solo hay mar, una inmensa masa de agua que nos rodea, y nos deja solos, perdidos en la mar.

No sé en qué he podido fallar. Ya es la trigésima vez en lo que va de día que reviso la brújula, pero la muy cabrona sigue indicando la misma dirección, como totalmente obsesionada con demostrar que tiene razón. Bien, tras veintidós días intentando sobrevivir, empiezo a reconsiderar que tal vez la maldita brújula está estropeada.
El Santa María ha estado a punto de arder en llamas, y yo he podido ver desde mi camarote como los tripulantes, desesperados, han tenido que recurrir al agua del propio mar para apagar las llamas. A mi apenas me quedan provisiones, o fuerzas para moverme, me veo obligado a suponer que Don Juan ha muerto, y con él sus pobres sueños.

Y el Don Felipe ya ha tenido dos vías, por lo que, cuanto más tiempo pasemos en el mar, más probabilidades tendrá ese dichoso barco de hundirse junto con su tripulación. No me extrañaría, dado lo visto.

Y mi tripulación me devuelve la mirada. Sé que piensan en robarme la brújula. Sé que piensan en amotinarse, y sé de sobras que no les doy ni un mínimo del respeto que antaño me tenían. La sensación de que me lo merezco es demasiado plausible como para creerla. También se que quieren librarse de la carga de la santa barbara, pero no les dejo, ya que sé que aún podemos sacarle alguna utilidad a los barriles de pólvora que nos quedan.

Los Cazadores de Grullas estamos dispersos, hambrientos, y sedientos. Pero, aún así, los tres barcos aun seguimos juntos en nuestro vago rumbo por el mar. Yo ya ni siquiera sé el porqué de esta unión. Tal vez…




Efectivamente, todos se despertaron al siguiente día con la consecuente y dolorosa resaca. John no podía salir de su camarote. El Desertor Blanco expresaba una y otra vez en voz alta su malestar. Tony todavía seguía durmiendo, tendido en el suelo, y roncando como un grumete recién nacido. Van caminaba dando tumbos hacia la cocina, pensando entre bandazo y bandazo en molestar a Kokuran. Kokuran caminaba dando tumbos hacia la cocina, pensando en evitar que Van le desordenase las cosas, o algo peor. Amber, dolorida, se limitaba a observar la brújula. Stan ultimaba los preparativos de su invento. Nepa procuraba que sus plantas estuviesen bien, conteniendo lo mejor posible el vómito que se le acumulaba en la garganta. Diego escribía algo para enseñárselo después a Amber, aunque siquiera pensar en algo coherente le costase mil horrores. Y Michael Araknosss, distraído por los olores de los restos de la cena, y totalmente sobrio, caminaba por los camarotes, buscando…
Necesitaban dejar un tiempo hasta que se les pasasen los efectos de la borrachera.


JOHN

Sonrió. Si mal no recordaba, debía de ser la borrachera más épica de su vida. Y también la resaca. La cabeza aún le daba vueltas, pero, como ya habían pasado unas cuantas horas desde el amanecer, decidió que tenía que tomar el aire libre, o acabaría muriéndose por falta de aire.

La cabeza le dolía horrores. Abrió la puerta, solo para ver que ya no había más restos en la ordenada mesa, y todos habían limpiado lo de cada uno, incluida la parte del capitán. Por una parte se sintió orgulloso de la lealtad de sus compañeros, pero por otra, sintió un poco de culpabilidad por no haber ayudado. Pero, bueno, ya lo compensaría en el futuro, empezando, por ejemplo, por beber menos.

Stan estaba intentando probar uno de sus nuevos inventos. Era una suerte de armatoste de madera, con un soporte de tres patas, un mecanismo circular sobre el soporte con varios cables atados, y dos brazos sosteniendo paralelamente una tela cuadrada. Aunque parecía una catapulta, John oyó que en su lugar era una suerte de trampolín individual. Molaba.

Incapaz de hablar, saludó con la mano a los tripulantes, y se sentó en una silla para comprobar de primera mano como funcionaba el trampolín.
-No sé si esto es del todo seguro…- dijo Diego al ver el aparato.

A pesar de sus quejas y apreciaciones, al final accedió, y se subió al trampolín. Solo para que, cuando Stan accionase el mecanismo, este se cerrase sobre las piernas de Diego como una trampa para osos. El investigador consiguió sacar a tiempo el pie derecho, pero el izquierdo no fue tan afortunado, ya que fue atrapado en la trampa mortal, salpicando a Stan con un poco de sangre.

Todos se sobresaltaron. John intentó levantarse, y Stan sacó su llave inglesa, para intentar sacar de su prisión a su compañero, el cual gritaba por el dolor. Anthony, todavía mareado y con resaca, bajó también a la borda.

-¡Sácame de esta mierda!- gritaba Diego, temiéndose que perdiera la pierna- ¡Destrózala!

Fueron unos segundos muy angustiosos, hasta que Stan, desesperado, dio un golpe con su llave inglesa, desarticulando así el artículo de un solo golpe. Diego se llevó las manos a la pierna, gravemente lastimado, y John y Anthony acudieron de inmediato para ver el estado del investigador. Stan se había quedado atónito, con la vista fija en el suelo. Kokuran, que había subido raudo por las escaleras, vio lo que estaba pasando, y comprendió al instante, así que se acercó a Stan, y le dio una bofetada.
-¡Maldito capullo!, ¿Qué quieres, matarnos a todos?

Yo… no… Tony- pero nadie le hacía caso. Anthony estaba ocupado intentando cerrar la herida con la ayuda de sus poderes de desecación, y John animaba a Diego a que resistiese el dolor lo mejor que pudiese. Stan seguía con la mirada fija en el suelo.
-Todo es culpa de Tony.


KOKURAN

-¿Estás bien tío?
-Ah… esto no es nada. Pero creo que me voy a mi habitación, a descansar un poco.
-…De acuerdo…

Kokuran no acabó de fiarse. Diego negaba vehemente que estuviese herido para no tener que ofender a Stan, pero por su experiencia en el mar sabía que el investigador tampoco se veía con la valentía suficiente como para denegar cualquier culpa que hubiese tenido, así que no le extrañaría para nada que el hombre estuviese mintiendo, cojeando de camino a su cuarto mientras las vendas de su pie aún sangraban, cosa que estaba haciendo en esos precisos instantes.

“Bueno” pensó Kokuran “Aun puedo alegrar el día. Sin consigo hacer otra vez una buena cena, seguro que todos la disfrutarán, y volverán felices de nuevo a sus camarotes. Soy un genio en la cocina…”
Así que, manos a la obra, se puso a trabajar con los fogones. Si no se equivocaba, esta noche tocaba hacer ensalada. Unas lechugas, unos pocos ingredientes, especias… y el plato estaría como nuevo. Tan solo esperaba que las plantas recicladas que le había dado Nepa tuviesen un buen sabor, o al menos que el propio Nepa no se ofendiese por el plato del día, ya que era tan respetuoso con las plantas. Cosa que no entendía, y le enfurecía de vez en cuando. ¿Cómo cocinar para alguien a quien no le gustaba ver muertos ni animales ni plantas? ¿Qué quería, comer madera?

Pero bueno, no importaba. La cocina necesitaba de toda la atención que tuviese disponible. Primero cogió los tres montones e lechuga, y los dejó en la pila. A continuación, tras haberse remangado las manos, abrió el grifo para empezar a limpiar de bacterias las lechugas. Sabía que, conociendo a Nepa, muy probablemente sus temores estaban infundados, pero si quería ser un buen cocinero no podía dejar que alguna enfermedad fuese contagiada, y menos tan lejos de tierra.

El primer montón de lechuga ya estaba lavado. Lo apartó a un lado, y procedió con el siguiente. Y, ¿Que rayos le había pasado a Stan? ¿Por qué se había levantado tan imbécil? ¿Es que acaso quería que Diego hubiese sufrido una muerte dolorosa y poco placentera? ¿No podría al menos pedir perdón? Si, sin duda la situación se le estaba escapando de las…

-¡¡¡¡¡¡¡¡SOY UNA BACTERIA!!!!!!!!

Kokuran se pegó un susto de mucho cuidado cuando Van asomó la cabeza justo delante suya, tanto, que de hecho, estuvo a punto de caer al suelo. Furioso por la molestia, agarró una cazuela, e intentó tirársela al pirata rebelde, pero este ya había huido por la puerta. Decidido a que esto no volviera a pasar, cogió el picaporte con una mano, y cerró la puerta a cal y canto. No permitiría más interrupciones.

¿Por dónde iba? Ah, si, bueno, cortar la lechuga. No podía servir en los platos los montones tal cual, tenía que cortarlos y trocearlos para poder servirlos de forma equitativa, así que cogió un cuchillo pequeño, y empezó a cortar la comida.

Si, sin duda cocinar era su pasión, su arte. Podía pasar días enteros cocinando, y nunca se hartaría de s trabajo, un trabajo para el cual no necesitaba más remuneración que echar a Van a patadas del barco. O, en su defeco, a Van. O dejarlo abandonado en una isla. Eso si que sería divertido.

Se dio la vuelta. No había nadie en la puerta. Más le valía…

Ya había terminado de limpiar las lechugas, así que cogió una zanahoria, un cuchillo, y empezó a cortar en rodajas, para luego dejarlas a un lado. Iba ya por la mitad, cuando se dio cuenta, muy arrepentido, de que no había pelado la piel de la zanahoria, así que, antes de continuar con las rodajas, lavó el vegetal, y se puso a cortar la piel. Pese a lo que había pasado, una parte de el mismo se alegraba por la situación, ya que al menos Diego no volvería a molestar en la cocina con sus patéticas técnicas de alimentación. Y no habría más comida desperdiciada como el otro día.
Si, desperdiciar comida era un maldito crimen, y necesitaba que todos los tripulantes lo aprendiesen cuanto antes mejor. Si no cuidaba de las provisiones, ¿Quién lo haría? No, no, el era el único capacitado para acometer la tarea, y por eso era completamente imprescindible dentro de la tripu…

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡TE VAS A CORTAR!!!!!!

Se sobresaltó sobremanera, moviendo los brazos hacia los lados, y a punto estuvo de cortarse un dedo con el cuchillo. Van, que le había estado acechando desde atrás, salió corriendo de nuevo por la puerta, escapando de las furiosas garras de Kokuran, el cual prometió que cuando acabase de cocinar iría a patear su maldito culo.
Estaba asustado. ¡Carajo, por poco no se había cortado la mano! Encendió los fogones, para calentar un poco lo que hubiese que calentar. Menos mal que no había pasado, porque sino… no habría sabido responder de si mismo. De hecho, ¿Qué rayos? Se decidió a salir de la cocina como una exhalación, cuchillo en mano, y se puso a buscar a Van por todo el barco. Juraba que Van se las pagaría muy caras por esto…


MICHAEL

Las notas del violín sonaban, sin ton ni son, intentando futilmente perfeccionar la melodía escrita en las partituras de la mesa. Lejos de conseguir perfeccionar la canción que tenía en mente, el violín iba emitiendo a cada vez sonidos más y más desagradables, hasta que al final, Michael, agotado, decidió desistir. Estaba sufriendo distracciones.

Para empezar, Kokuran. No dejaba de gritar y gritar como un poseso, y ahora, con el cuchillo en la mano, aullaba su furia a los cuatro vientos, amenazando a Van, el cual estaba en lo alto de la torre del vigía, durmiendo de forma despectiva. Desde luego, era un chaval de lo más singular y molesto, si a Kokuran le daba por derribar la torre con Van dentro Michael Araknoss no sentiría ni la más leve desdicha por su compañero.

Y tenía cosas más importantes que hacer.

Alejó de si mismo las imágenes de un Van sangrando con todos sus huesos rotos, y se paró a pensar en cómo podría perfeccionar su canción. Como siempre, para el componer una melodía era algo más que un proceso artístico. Era una operación quirúrgica que necesitaría de toda su habilidad como experto para llevar la tarea a buen puerto. A su alrededor, el barco se bamboleaba bajo el ritmo de las olas, así que tuvo que poner de nuevo la pluma en su lugar, y volver a encuadrar las partituras en un gesto minucioso. No podía permitirse ni un solo fallo, por leve que fuera.
Si el barco seguía dando tumbos, muy seguramente acabarían hundiéndose, con el posterior ahogamiento. Sería lo más probable. Y no sabía por que los demás querían ir a una isla. El tan solo quería quedarse en su cuarto, perfeccionando su música, convirtiéndose en un artista superior, tal y como le correspondía.

Así que volvió a ponerse manos a la obra.

¿Black Song? No estaba al lado suyo. Bueno, imaginó que no importaría, ya volvería después. Había que pensar en la letra…


AMBER

Esperaba que Diego estuviese bien…

Pero ahora había otras cosas de las que preocuparse. Como, por ejemplo, apartar a Kokuran de la borda para impedir que matase a Van con su cuchillo.

¿Estaría bien el baúl?

Junto a Tony, se las arreglaron para agarrar a Kokuran de los brazos, y se lo llevaron al nivel inferior para que se tranquilizase.

-¡Dejádmelo! ¡Lo voy a matar!- Van sentado en la torre del vigía, le sacó la lengua:
-¡Eres un viejo lento!
-¡Maldito imberbe, baja aquí y pelea como un hombre!
-¡Solo peleare con hombres!
-¡Baja ahora mismo! ¡Pagarás por mi mano! ¡Maldito descuidado!

Tony cerró la perta, mientras Amber se las arreglaba para llevarlo escaleras abajo, gritándole a Van sus “respetos”. Sin duda, el cocinero estaba muy nervioso, ¿Qué había pasado? Se preguntó mientras lo seguía llevando escaleras abajo.

Tras unos minutos caminando, se paró, y dejó que fuese el propio Kokuran, apoyado por Tony, el que se tranquilizase. Tan solo estaban cumpliendo órdenes del capitán. Por algún lado del barco se podía escuchar una especie de melodía susurrante cuyo origen la giojin no pudo discernir.

-¿Has oído eso?- preguntó la giojin a Tony. Este se encogió de hombros, y, más preocupado por lo que estaban haciendo, la instó que le ayudase con Kokuran.
-Venga, venga, ¿Se puede saber que ha pasado?- Kokuran, ya más calmado, respondió:
-¡Por su culpa casi me cortó la mano!- Tony, sorprendido, intentó calmarle:
-Bueno, no te preocupes, Kokuran, seguro que no era su inten…
-¡Claro que la era! ¡Ese maldito cabrón me quiere matar!
-Nada, nada- contestó esta vez Amber, con una sonrisa despreocupada en la cara- Seguro que son imaginaciones tuyas. ¿Sabes? El mar a veces nos juega malas pesadas. Seguro que si lo habláis esta noche, aclarareis las cosas.
-Bueno…- el cocinero parecía ahora más razonable tras los argumentos de Amber- Supongo que si…- Tony, viendo que los ánimos se habían calmado, habló:
-Bueno, no te preocupes. ¡Qué estabas haciendo?
-Yo… ¡Oh dios mío!- Kokuran, repentinamente sobresaltado, se levantó, y corrió por el pasillo, con destino desconocido.
-¿Y ahora que le pasa?- preguntó Amber.
-Ni idea… tal vez sea la resaca- concluyó, encogiéndose de hombros. Pero, pese a sus reticencias, ambos volvieron a subir por las escaleras, de nuevo de camino a la borda.

Estaban relajados, y, como querían ignorar los tumbos del barco, se hablaron entre sí, para calmar los nervios.

Hablaban de asuntos cotidianos: pruebas de puntería, hazañas ya conseguidas, que encontrarían en la próxima isla… Ambos ardían en deseos de poner su puntería a prueba.
De hecho, andaban tan tranquilos, que no se dieron cuenta de que alguien bajaba pro las escaleras con algo en las manos, así que, fue solo cuestión de tiempo hasta que Tony se dio de bruces con Stan, y un artilugio de madera cayó al suelo y se rompió.
-Ups, perdón tío- dijo el francotirador sonriendo
Ambos se agacharon para ayudar, pero Stan, totalmente callado, denegó la ayuda, recogió rápidamente todos los restos del artilugio, y bajó de prisa por las escaleras, sin decir ni una sola palabra.
-Eh, Stan ¿Qué pasa?
-Tony… - le lanzó una mirada seria e impertérrita-déjalo…

Stan desapareció del campo visual, y a Tony no le quedó otra que encogerse de hombros. Preguntó con la mirada a Amber, pero al final desistió, y, cansado, decidió subir a la borda para contarle alguna historia al capitán.

Amber se encogió también de hombros. Tenía que volver a su cuarto.

Corrió a través de los pasillos, mirando hacia atrás de reojo por si alguien le seguía, abrió la puerta de su camarote, y entró como una exhaación. Abrir… Abrió el pestillo del baúl de comida de su cuarto. Todo estaba en su sitio, así que cogió un bocadillo y se quedó en el cuarto a descansar. El techo era muy bonito.



Por la noche, todos acudieron a la mesa para comer. La mesa estaba servida.

Nadie quería comer.

Para su pesar, la comida de Kokuran se había quemado. Las zanahorias estaban roídas por los ratones, y los condimentos presurizados habían pasado demasiado tiempo abiertos. Debido al desliz de por la tarde, la comida se había estropeado completamente. Todos sentían que debían tirar la comida a la basura, pero tampoco querían que Kokuran se sintiese enojado o fastidiado, así que decidieron que debían aguantar lo que hubiese de comer.
-Bueno, ¿Y que tal está?- dijo el cocinero con una sonrisa entusiasta en la boca
-Ah, yo…-John tragó a duras penas- está muy bien Kokuran ¡Como siemrpe!
-¿Seguro?
-Si- dijo casi al unísono el resto de la tripulación

Nepa, que estaba comiendo un pollo asado quemado, lo miraba todo con cierto desagrado. No podía evitar pensar que las vidas de centenares de plantas habían sido desperdiciadas aquel día, y eso le desagradaba bastante. Tendría unas cuantas palabras con Kokuran después de la cena…
Anthony frunció las cejas, y puso su vista en dirección a una silla vacía.
-Falta Michael- comentó en voz alta.
-Bueno, no te preocupes- respondió Diego, que aún seguía con la pierna cubierta de vendas, sentado al lado de Amber, por mucho que a esta no le acabase de gustar- Es mayorcito, ¿No? Sabe cuidarse solo, y sabe comer.

-Cierto, Diego tiene razón- dijo el capitán entre mordisco y mordisco-ñompf, no os preocupéis.

-Espera- Nepa se levantó de su silla- ¿Estás tirando la comida al mar- efectivamente, con una mano en el plato, y la otra escondida bajo la mesa, Amber iba pasando poco a poco la comida del palto, y la iba arrojando al mar cuando nadie miraba. Pero ahora Nepa la había pillado con las manos en la masa. Van salió en defensa de la mujer:

-Eh, eh, no te alteres, ¿Vale? Seguro que pensó que la comedia estaba envenenada, no es su cul…- Kokuran no pudo aguantar más, así que, armado con un cuchillo, salió en persecución de Van. Este último, presto a correr, utilizó sus poderes de logia para subir de nuevo a la torre del vigía, desde la que volvió a hacer muecas que no hicieron más que exaltar al cocinero. John, un poco más alegre, gritó:

-Eh, ¡Que os parece si cantamos una canción? ¡Como ayer!- Nepa reaccionó exponiendo lo obvio
-Pero no está Michael…
-Ah…- Tony se llevó una mano a la cabeza, y Stan le dirigió sin que nadie se diese cuenta una mirada rencorosa-Déjalo… ¿A algunos todavía nos duele la cabeza, sabes?
-¿Ni siquiera vas a decir nada?
-Bueno, si insistes…
-Va a ser una noche muuuy larga…- comentó Amber al mirar la brújula.
-¡Entocnes puedes ir al país de los sueños conmigo, Amber-swan!- dijo Diego olo para vovler a llevarse de neuvo la mano al pie, ya que aun estaba dolorido.
-¡Pues no se hable más! ¡Nepa, canta una canción!
-Creo que está dormido- dijo Amber
-¡Pues cantaré yo en tu nombre, ¡Ay! Amber-swan!


DIEGO

Estaba cojeando.

La herida aun le dolía mil horrores. ¿Por qué le tenía que doler tanto? Tal vez fuese por los movimientos del barco, que de vez en cuando hacían que se tropezase y se diese de bruces contra la pared, una y otra vez, ¡Maldito mar asqueroso! Desde luego, hoy no era su día.

¿En que estaría pensando Amber-swan?

La verdad, caminar le dolía, dormir le dolía, e incluso podía jurar que respirar le causaba leves molestias en los pulmones. ¿Acaso no tenían un médico en el barco para este tipo de tareas? Sin duda, Anthony era demasiado frío e impersonal como para poder efectuar su tarea con precisión. Tal vez necesitaba buscarse una novia, una novia que lo respetase, pero una pareja que le pusiese en varanda
Pero el amaba a Amber-swan.

Caminó a través de la oscuridad, con el sueño interrumpido. Se estaba meando vivo, y necesitaba una compensación. Cuanto antes lo hiciese, mejor. No quería pasar más tiempo en la oscuridad.

¿Y porque no reclutaban más mujeres para la tripulación?

Escuchó un ruido. ¿Un paso? No podía ver muy bien a través de la oscuridad, y en el pasillo no había ninguna claraboya que filtrase la luz de la luna, así que tuvo que suponer que el que ocasionaba el ruido debía de ser Michael, o tal vez el capitán. Tenía que calmarse, que tuviese la pierna jodida no significaba que no pudiese luchar. Si hacia falta protegería a Amber-swan de cualquier peligro que se le antojase.

Siguió caminando, con un ojo puesto en la retaguardia, y el otro intentando averiguar donde rayos estaba ahora el cuarto de baño. Tropezó con una teja, pero, milagrosamente, pudo mantener el equilibro sin necesitar ningún apoyo.

Volvió a mirar atrás, y se dijo asimismo que era un genio entre genios.

Tanteó la oscuridad con las manos, palpando cada objeto que se iba encontrando por la pared. Si la memoria no le fallaba, cerca debería de estar la purificadora de agua, o al menos tendría que poderla oír. Mear y huir, mear y huir, era bastante fácil.

Por un momento se sintió perdido. Ya no sabía si estaba de camino a lso cuartos, al baño, o a su repajolera madre.

Solo sabía que debía de seguir caminando hacia adelante, y, por dios, vigilar las sombras de alrededor. Ya había agotado la cuota de sorpresas del día.

Finalmente, encontró un picaporte. Volvió a mirar las sombras, y decidió abrir la puerta, llevase dodne llevase.

Incluso al dormitorio femenino…

Nada, por el olor solo podía ser el cuarto de baño. Típico.

Intentó encender la luz, pero, pese a que estaba apretando el interruptor, ningún rayo de luz iluminaba la habitación.
Debía de ser todavía medianoche, porque su mal día no acababa de terminar, o al menso eso pensaba. Excepto por las sombras del barco. Se encogió de hombros, decidido a tener que palpar todo lo posible hasta encontrar el retrete.

Si, ¡Lo había conseguido!

Ahora era un hombre nuevo. ¡Vamos, ni punto de comparación! Atusó su pijama, abrió la puerta y…
¿QUÉ COJONES?

Se pegó el susto de su vida cuando se tropezó con una figura a la salida del cuarto de baño. ¡Rayos que estaba pasando? Tan solo se tranquilizó cuando comprobó que la figura en realidad era Stan. Este último, un poco avergonzado, dejó que Diego saliese del cuarto.

Se restregó las legañas. ¡¿Es que acaso Stan quería matarle?! ¡Y encima ahora la luz funcionaba! ¿Por qué no la había arreglado antes? ¿No era acaso el inventor? ¿O estaba demasiado ocupado cortando piernas por ahí?

Intentó tranquilizarse. Con el corazón desbocado, echó una leve mirada a la oscuridad que le rodeaba, y pensó que iba a ser un laaargo viaje de vuelta a la cama…

MICHAEL

¿Black Song?

Los siguientes dos capítulos intentaré sacarlos lo antes posible. Supongo que tengo mucho tiempo libre XD
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wild animal
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por wild animal »

Después de tanta espera traigo mi propuesta de capitulo. Debo decir que es mi post 2’000 y que lo reservaba para esto. Espero les guste.
Secretos entre la niebla
Prepárense para la guerra.
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Grand Line, isla de Wolkenberge. La niebla corría especialmente espesa ese día, salvaje, sin control, atravesando las montañas, dirigida por el viento como persiguiendo algo, como sabiendo que reinaba en uno de los lugares más salvajes del planeta.

La isla Wolkenberge no conocía la paz desde hacía varios años, desde que ¨la bestia¨ piso tierra y tomo el control de la misma, y desde que el puño llegó a defenderla. Anteriormente se había bañado en una guerra civil que daño al pueblo, ahora 2 grupos se repartían las cenizas de un gran imperio.

Varios seres poderosos se encontraban ese día en la isla. Por un lado el puño, una organización desconocida para muchas personas, héroes para algunos, villanos para otros, con 2 guerreros muy poderosos enemistados por siempre, llamados ¨gris y negro¨. Por otro la organización Murder inc, un grupo de mafiosos despiadados guiados por un astuto y calculador hombre, nadie conocía sus verdaderas intenciones en la isla. Y por otro los piratas, 3 jóvenes, solo 3 jóvenes que habían empezado a causar revuelo, que habían hecho que todas las organizaciones se junten.

En las últimas horas un pirata había causado un revuelo en la isla, había perturbado la poca paz que llegaba a percibir. Sin duda era un hombre único, había conocido a la bestia y había sobrevivido, había encontrado al caballero de la rosa gris sin sufrir rasguño, se había infiltrado en la base del puño sin ser detectado, sin duda era un hombre único, listo, calculador, nadie sabía en realidad que tan inteligente era.

-MALDITASEA –Gritaba John Conde -¿Por qué no pregunté la dirección? Ya sé –sé dijo derepente- La luz viene del cielo, por lo tanto afuera, entonces entre más luz estaré más cerca de mi objetivo.

Un muro fue hecho pedazos por un furioso John Conde destrozando parte del castillo. Enormes pedazos de roca nublaron la visibilidad unos segundos. Se escucharon pasos, muchos pasos acercándose veloces, y de repente una bala veloz atravesó el cielo y roso el hombro del pirata causándole una pequeña herida.

-John Conde –Grito un hombre gordo rodeado de 10 guardia a unos 50 metro, era muy alto y fornido. –En nombre del puño de Onice y la marina real quedas bajo arresto.

-Díganme como encontrar al cabeza de papa que me durmió y no les haré daño.

-Somos 11 guarías pirata, jamás pasaras el muro.

-Esperaba una oportunidad para usar esta técnica –Dijo John sonriendo juntando sus palmas frente a su boca mientras soplaba. –Smoke Wall.

Una pantalla de humo salio de el choque de sus palmas impulsado por el aliento, como si de un dragón se tratase, esta lo cubrió todo mientras se escuchaban explosiones y algunos gritos.


Lejos de ahí, en la cima de una enorme roca flotante, en uno de los puntos más altos de la isla, una roca suficientemente grande como para albergar un castillo. Seca, muerta, inhóspita, uno de los lugares menos visitados del lugar.

En ella había 2 personas, un hombre con un traje negro y otro con ropa descuidada, tanto que rallaban en los harapos, este último se encontraba recargado sobre una roca, cansado, sudando, con la respiración cortada, de su frente corría algo de sangre.

-Ya te dije bestia, no sé de qué hablas. –Con una mano se cubría el pecho ayudando a su respiración, cualquiera en ver la escena había notado rápidamente que aquel hombre sufría.

-¿Me crees estúpido? –Dijo la bestia con una sonrisa en el rostro, mientras se acomodaba un mechón de cabello. –Piensas que no sé ¿Por qué te mantuviste oculto todo este tiempo?, tengo meses buscándote. –Alargó la mano poniendo un dedo sobre el pecho del hombre en harapos, y con una ligera descarga comenzó a convulsionarlo mientras sonreía y fuertes gritos llenaban el aire, gritos que nadie escuchaban.


Castillo del puño de Onice, base de Wolkenberg.

En una habitación un hombre caminaba nervioso, una y otra vez veía un enorme espejo con decoraciones ostentosas, y el hombre que le devolvía la mirada mostraba un rostro verde.

-Maldición –Se decía. –Pero ya verá, esto no se puede quedar así, maldito negro pagará por lo que hiso. –Sus pasos no paraban, estaba nervioso, un pirata había asaltado el castillo y rondaba por ahí, confiaba en que la guardia se encargaría de él, ahora tenía asuntos más importantes que atender, lo más importante del mundo, ¨su rostro¨.

-¿Qué te han hecho? –Decía a su reflejo mientras se acomodaba un enorme y largo bigote con 2 dedos sin poder contener devolverse una cara de conquistador. –Mi rostro, mi hermoso rostro, ¿Cómo pudo ser profanado?, yo, el hombre que es belleza andando, aquel que ha conquistado más corazones que la marina países. –Con una mano se acomodó el cabello y con la otra se apretó una prominente barriga. –Pero ya verá, pagara el negro pura gara gara pura gara gara.

-¿Planeas suicidarte o intentaras defenderte?

-¿Pero qué? –Se sorprendió Ruud, el hombre de rostro verde. En una silla a solo 2 metros de él envuelto en las sombras se encontraba un hombre, no se podía apreciar bien, pero estaba inmóvil.

Ruut lo vio nervioso, en un instante hecho un ojo a la puerta y la notó cerrada, así como las 3 ventanas de la habitación, una habitación a 40m sobre un castillo.

-Gris –Dijo con verdadera sorpresa. –Pe-pero ¿Cómo entraste?

-Tengo mis métodos –Contestó Gris con voz tranquila. –Escuche que planeas hacer algo contra el caballero de la rosa negra, o Robert, como lo quieras llamar, dime mi amigo, ¿acaso eres estúpido?, o ¿estás muy verde aun?, ¿entiendes?, muy verde.

-No sabes con quien hablas, tengo mis métodos, cientos de hombres y…

-Y negro los aplastará sin problemas, no subestimes sus habilidades.

-Eres el menos indicado para decirme eso –Contestó Ruud aun frotándose el bigote y lanzándose miradas furtivas a su reflejo. –Todos en el puño saben que tú y él tienen una rivalidad que ha durado años, que no pueden verse sin entrar en combate. –Hiso una pausa y una sonrisa malévola surgió en su rostro. –Ayúdame a vencerlo y te daré…

No alcanzo a terminar la frase cuando una espada veloz surgió el aire y le apuntó al rostro.

-No hay honor en es Ruut, ahora dime a lo que he venido. –Ruut guardó silencio incómodamente unos segundos. –Lo sabes ¿verdad?, quiero todo lo que sepas, sobre todo ¿Dónde encontrarlo?

-No sé de qué hablas –Negó Ruut sin despegar los ojos de la espada amenazante.

-Sabes dónde está, no lo niegues, pero no quieres entregarlo. –Decía Gris aun tranquilo.

-No sé dónde se encuentra la bestia…

-Ambos sabemos que no hablamos de la bestia Ruut. –Interrumpió Gris. –Todos pueden pensar que el puño está en Wolkenberge para detener a la bestia pero todos los de esta habitación sabemos que es solo una excusa, cazar a un fugitivo con recompensa que ataca a una isla… Si, parece lo normal del puño, pero sabemos que no es el verdadero motivo. –Ruut veía nervioso a su compañero, en ese momento tenía más miedo a lo que decía su compañero que a la espada misma que se blandía frente a sus ojos.

-He escuchado… Algunos rumores hablan de un lugar.

-Sí, lo sé. –La voz de gris cambiaba, ligeramente se escuchaba la emoción. –Has sido un caballero Ruut, lo que hagas en este momento definirá tu futuro, sabes, tengo un tiempo en la isla, he visto tu forma de comportarte, de trabajar, no puedes ni con un grupo de mafiosos.

-Un grupo que trabaja entre las sombras con violencia.

-Es igual Ruut, en unas cuantas semanas viviendo en silencio en la isla me he hecho una idea del lugar, y sospecho que tú ya sabias.

-Es una locura. –Dijo Ruut con una risa nada convincente. –Es imposible, de haberlo descubierto habría llamado al puño y…

-Y habría venido un escuadrón mucho más grande a la isla quitándote el poco poder que tienes mi amigo. –Ruut se sorprendió con las palabras, al parecer eran ciertos los rumores sobre Gris, era listo, muy listo.

-YO NUNCA TRAICIONARÍA AL PUÑO –Gritó Ruut asustado. –Y si así lo crees no puedo dejarte salir de la isla.

Con una velocidad sorprendente para un hombre con un estómago tan grande Ruut sacó una espada y atacó donde se encontraba Gris, pero para su sorpresa con gran velocidad esquivo y apareció detrás de él atravesándolo con su espada.

-Ten una muerte honorable mi amigo, es hora de demostrar nuestra verdadera cara. –Dijo Gris mientras sacaba la espada del gordo cuerpo de Ruut produciendo un enorme ruido que retumbo un instante en la habitación de aquella torre.


Muro norte del castillo, zona donde se encuentran Anthony y Tony.

-Te dije que sería una pésima idea secuestrar a alguien –Se quejaba Tony mientras Anthony arrastraba a un soldado herido de su batalla anterior. Este tenía muchos cortes como hechos por una criatura, su rostro era de total pánico, uno de sus brazos estaba roto y apenas tenía lucidez, y la misma la usaba para llorar.

-Veras que nos sirve de guía –Dijo Anthony serio.

-¿De guía?, pero si está llorando, ¿Cómo es posible que sea un soldado?

-Un grifo se lo estuvo a punto de comer y lo escupió, creo que eso asustaría a cualquiera. –Contestó Anthony cansado.

-Primero –Dijo Tony defendiéndose deteniéndose y levantando un dedo. –No me lo comí, lo mordí pero se me pasó la mano, segundo, lo escupí así que no cuenta.

-Entra en tu boca, claro que cuenta –Dijo Anthony también deteniéndose.

-No me lo comí así que…

-No me salgas con comer, ¿te comes la goma de mascar?

-Pero no es lo mismo.

-Claro que sí, ¿alguna vez pensaste que sentiría la goma de mascar?

-Gracias Anthony –Dijo Tony furioso mientras el soldado volteaba la cabeza hacía uno y hacía el otro con velocidad como no creyendo la discusión tan rara que ocurría frente a él. –Acabas de arruinar la goma de mascar para siempre.

-Tu. –Dijo Anthony volteando a ver al soldado. –Dinos, ¿dónde está nuestro amigo?

-No-no-noo-no lo lo sé –Contestó el guardia con dificultad. –No-no te-tengo idea de-de donde es-ess-está su amigo.

-Bien hecho Anthony –Se reía Tony a carcajadas. -20 guardias y tomaste a uno que no sabe hablar.

-Hablará a golpes –Dijo Anthony. Al escucharlo el soldado tembló aún más.

-¿Sabes que eso? –Dijo Tony mirando a Anthony seriamente a los ojos. –Es la venganza de la goma de mascar.

-LAS GOMAS DE MASCAR NO SE VENGAN TONY. –Gritó Anthony furioso. –Ahora –Dijo viendo al soldado. –Dinos ¿Dónde está John?

Una enorme explosión se escuchó a unos metros derribando parte de la pared del castillo.

-Es John –Dijeron ambos al unísono.


Lejos de ahí, parte Oeste de la isla.

Un hombre gritaba desesperado, con un sonido casi agónico suplicaba piedad.

Sobre una enorme roca que se movía ligeramente, como bailando entre la niebla, apenas perceptible por su enorme tamaño, un hombre sostenía al otro en el borde, con una mano lo sostenía de cabeza sobre cientos y cientos de metros de vacío.

El hombre de los harapos colgaba de un pie, la sangre recorría su cuerpo, de pies a cabeza se veían pequeños hilos de sangre. Van lo sostenía sobre el precipicio de forma amenazante.

-Te lo juro Bestia, no sé dónde está. –Decía el hombre de los harapos.

-No mientas Camus –Dijo la bestia arrojándolo sobre una roca detrás de ellos estrellándolo con un fuerte golpe. Camus se arrastró un poco tratando de escapar, pero la bestia golpeo con fuerza su espalda de una patada, aplastándolo.

-Por favor Bestia –La voz de Camus era de total miedo.

-Vamos Camus –Dijo la bestia agachándose y aplastándolo aún más. –Nos conocemos desde hace años, llámame Van.

-Van, bestia, igual no sé nada.

-No eres estúpido –Dijo Van relajando un poco el peso sobre su víctima. –Sabes lo que pasaría si la consigo y tienes miedo, pero no te preocupes, no lo quiero para mí.

-Eres un virus Van –Dijo Camus con sorprendente valor. –No por nada te llaman la bestia, solo has traído guerra y muerte en Wolkenberge.

-Ya había guerra Camus, no por nada viviste años en la basura. –Contestó Van furioso alzando la voz y aplastando aún más a su víctima. -Pero no cambies la conversación maldito, sabes la información que quiero.

-Repito que no sé de qué hablas.

-Te contaré una historia –Dijo Van mirando al cielo como tratando de recordar. Tranquilamente sacó un puro y lo prendió, como si fuese lo más normal del mundo. –Hace años –Dijo- muchos años, una guerra azotó el mundo, se dice grandes poderes y tesoros se mostraron. Pero de repente todo desapareció, los tesoros, los poderes, todo.

>>La leyenda dice –Continuo Van entretenido, como si le contara una historia a un niño. –Dice que un valioso tesoro se repartió por el mundo, y que aquí está la forma de llegar a uno de ellos, en Wolkenberge.

-Qué tontería. –Dijo Camus -¿Por qué aquí?, es una isla olvidada por el mundo.

-Exacto, exacto –Contestó Van. –Wolkenberge es uno de los lugares más inhóspitos y salvajes del mundo, con una niebla que lo rodea todo y con horribles condiciones climáticas que apenas permiten la vida. Y tengo la teoría de que sabes dónde está.

-Tonterías. –Dijo Camus nervioso. -¿Por qué sabría yo dónde está?

-Y ¿Por qué te quedaste años viviendo de la basura pudiendo escapar? –La sonrisa de Van crecía mientras que Camus se quedaba sin palabras. –Escucha –Dijo el gánster aplastando aún más a su víctima –No me dejaste terminar la historia.

>>Hace algunos años un amigo me pidió viniera a esta isla, a buscar eso, y no permitiré que se me escape la oportunidad estando frente a la única persona que lo sabe.

Van levantó a Camus del cuello e hiso que su mano brillara mientras que la piel de Camus comenzaba a calentarse mientras él gritaba sin control.

-Lo diré, lo diré, pero ya déjame –Dijo con lágrimas en los ojos. –Está escondida en la cascada de una de las montañas que sostienen la ciudad de porcelana.

-¿Qué? –Se sorprendió Van, evaluó a su moribundo compañero buscando rastro de mentir pero no percibió nada. –Es imposible…

-Que algo tan valioso esté a plena vista. –Camus sonrió a pesar de su dolor, a pesar de la sangre que serraba uno de sus ojos, y de las partes de su cuerpo que ya no respondían. –Esconde algo a plena vista y nadie jamás lo notará, pero no te confíes Bestia.

Van lanzó a Camus al suelo, esté deseaba escapar pero sus huesos rotos no lo permitieron. Aun así comenzó a reír.

-¿De qué te ríes? –Preguntó Van.

-Hoy moriré feliz Bestia –Dijo Camus apenas moviendo los labios por la sangre que lo bañaba. –Hoy alguien más hará su movimiento, no eres el único que conoce su ubicación, y este hombre será quién te asesine, morirás a manos de Cambrige.

El gánster se sorprendió, debía admitirlo, había oído de él y no le gustaba la idea de tenerlo en su isla. Miró a Camus por última vez. Su cuerpo débil y herido se movía y respiraba ligera y pausadamente. Y de un golpe termino con él.

Sacó un pequeño Den den mushi de su saco, el mismo se activó y formo un rostro asustado.

-JEFE, JEFE –Decía desesperado. – ¿Dónde estaba?

-No hay tiempo, quiero que todos vallan a la ciudad de porcelana, necesitamos llegar a una de las montañas que la sostienen.

-Pero jefe…

-¡AHORA! – Ordeno Van con un grito. –Hoy es el día que hemos esperado por años muchachos, hoy tendremos guerra, hoy tomaremos posesión de Wolkenberge.


Base del puño de Onice. A-1

Un hombre con capas grises caminaba por el patio del gigantesco castillo. Unos cuantos soldados se le unían, algunos admirados por su fuerza, otros por miedo.

Llegó a un lugar estratégico del patio y levantó la voz, todos los guardias lo veían asombrados, al menos los de esa zona, otros más habían ido a buscar al pirata fugado, y otros a los caídos del cielo, jamás se volvió a ver a ninguno de los 2 grupos.

-Hoy es el día –Dijo Gris levantando la voz. –Hoy he tomado posesión del castillo y el mando de la isla. –Varios soldados se sorprendieron, algunos se asustaron viéndose unos a otros, algunos otros miraban admirados. –Hoy sustituí a Ruud Von Gertrude y decidí terminar con esto. HOY –Dijo gritando. –NOS DESAREMOS DE LA AMENENAZA QUE HAY AFUERA, HOY MATAREMOS A LA BESTIA, HOY IREMOS A LA GUERRA. –Terminó su discurso entre mares de aplausos de cientos de soldados que decidían seguirlo hasta el fin del mundo.

Cambrige Rundery "El Caballero de la Rosa Gris"; General de División de las tropas 259-304 del Puño de Ónice en Grand Line; Recolección de recompensa: 450 millones


Del otro lado del castillo

John Conde golpeaba a un guardia tratando de hacerlo hablar. El mismo tenía quemaduras en todo el cuerpo y arrastraba los pies.

-Vamos dime ¿Dónde encuentro al tío que nos durmió?

No alcanzó a contestar cuando un grito lo distrajo, y al voltear vio un grifo aterrizar cerca junto a él.

-John por fin te encontramos. –Dijo Anthony feliz. –Te pierdes muy fácilmente.

-¿Pero de que hablas? –Contestó John abrazando al mismo tiempo a sus 2 amigos. –Si ustedes se perdieron.

-Es extraño –Dijo Tony intrigado. –Al principio tuvimos mucha resistencia, pero ahora nadie impidió nuestro paso, como si no hubiera guardias, probablemente…

-No hay tiempo para eso –Dijo Anthony. –Hay mucho que debemos contarte.

El den den mushi de uno de los guardias caídos se activó y lograron escuchar las ordenes enviadas.

-Atención, atención. –Decía el caracol que había tomado la forma de un rostro alarmado. –A todo el personal del puño de Onice se les informa por orden del nuevo líder de la base, el caballero de la rosa gris, que deben prepararse, debemos evacuar la ciudad de porcelana y prepararnos para la batalla. Hoy iremos por la bestia. Repito, hoy iremos por la bestia a la ciudad de porcelana.

-Interesante. –Dijeron los 3 al mismo tiempo mientras sonreían, sabiendo su siguiente destino.


En una habitación un hombre vestido de negro tenía un den den mushi en las manos jugando entre sus dedos.

-Interesante –Dijo. –Así que estas aquí Cambrige.

Notas:
-Preparé una guerra, enfrentamiento masivo, algó que haga ver la guerra de Arabasta chica y aburrida.
-Quise situar la acción fuera del castillo, como dije para no repetirl o mismo que en Drum y casi Calm, además espero sea impulso para una pelea en la ciudad de porcelana que se viene abajo, sería fucking épico.
-Me gustó la idea de que gris y negro sean rivales, no tiene que ser cantado y ya establecido cada VS (Anthony-Van, John-Gris, Tony-Robert).
-Menciono un poquito el objetivo de la saga, el encontrar ¨eso¨, aunque propongo que no sea una pieza de la espada si no mas bien una pista de como llegar a ella o alguna pieza mas adelante.
-El verdadero objetivo del puño es hacerse con el tesoro en wolkenberg, no son buenos que buscan el bien común, enviaron a Ruud ahí para poder obtener algo.
-Traté de dar un momento comico a Anthony y a Tony, veo se llevan muy bien.
-John desarrolla una técnica, ligera y no muy fuerte pero útil.
-Quise que Tony se viera simpatico, lo veo con la personalidad parecida a la de Luffy, pero listo, osea un chico agradable y muy gracioso que le cae bien a todos, de esas personas que le caen bien a todos y no se puede evitar.
-Gris y Negro toman protagonismo, augurando momentos y peleas inesperadas, esto para no hacer ya las peleas obvias desde ahora John-Gris, Anthony-Van, Tony-Negro
-Anthony secuestra a un guardia, demostrando una vez mas que es un estratega.



Por cierto Garrak es bueno tenerte de vuelta :D

Edito: Movius agradesco mucho la ayuda nakama :mrgreen:
A los esbirros de Van no los mencione para dar libertad al siguiente escritor para poder hacer con ellos lo que quiera.

Se aceptan criticas y analisis :)
Última edición por wild animal el Mar Jul 23, 2013 5:40 pm, editado 7 veces en total.
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Movius
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Movius »

Por fin un capítulo, a ver si con esta propuesta el tema coge ritmo.

Aquí te dejo una pequeña crítica del capítulo:
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-Lo que menos me ha gustado y lo que me ha fastidiado la lectura (sobre todo al principio) son las faltas de ortografía, si tú no puedes corregirlas yo me ofrezco a editar el capífulo sin faltas.
-Por lo demás me ha gustado en general, un puntazo lo de la rivalidad entre Negro y Gris y un gracioso momento entre Tony, Anthony y el soldado moribundo xDD.
-Respecto a la Gran Guerra que ha dicho Van, es otro de los puntos fuertes del capítulo, sobre todo por la mención de que en WolkenBerge hay un tesoro de los que se perdió en esa Guerra.
-Corrígeme si me equivoco, pero no has mostrado la situación ni la localización de los dos siervos de "La Bestia" que fueron apresados junto con John en el castillo, te propongo que Van hable con elllos por Den Den Mushi para al menos saber dónde están o cuál es su objetivo.
-Has trasladado las batallas fuera del castillo, me gusta la idea de una batalla entre las cascadas y las rocas flotantes.
-Ya no tengo nada más que decirte, solo qe me alegro mucho de que hayas propuesto y espero que el tema siga su curso.
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Garrac Garrak
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Garrac Garrak »

Pos, si me dais hasta el sábado, puedo intentar ponerme al día y postear un capítulo para el 38, o, si ya es muy tarde (no os preocupeis en cortar el asutno ) para el 39 (que no me improtaría XD)

De momento, aquí está otro nuevo capítulo para INCERTIDUMBRE:


CAPÍTULO III


Spoiler: Mostrar
Cuaderno de Bitácora del Capitán de los Cazadores de Grullas Billy Face.
Sexagésimo segundo día a bordo, en la ruta del Grand Line, Raftel.

Hoy es un mal día. Pese a los poderes de mi akuma, pese a todas las preocupaciones, el aislamiento, y las ejecuciones, al final he acabado contagiándome de la maldita enfermedad que parece padecer la tripulación, y ni siquiera sé como ha pasado.

Y, ahora que soy yo el que la padece en sus propias carnes, ya sé cuales son los síntomas de esta pustulenta infección.

He tenido un descenso febril, mi piel se está tornando amarillenta, y empiezan a crecerme a lo largo del cuerpo mucosa tras mucosa.

Aún albergamos suficiente pólvora en la Santa Barbara, pero nos faltan más trabucos para poder conquistar mis objetivos. No dejaré que la tiren al mar.

Todavía faltan algunas semanas, pero, vistos los síntomas, sé lo que tengo, y sé que no hay cura posible para mi sino. Tarde o temprano, la Maldición Amarilla me consumirá, y no seré más que una carcasa vacía que pase al olvido.
Pero, ¡No! ¡No lo puedo permitir!

La tripulación cae. ¡Ahora lo sé! Son débiles! ¡No tienen fuerza de voluntad suficiente! ¡Pero yo lo sé, lo sé, lo sé!
Y, ahora, en estos mis últimos días de mi vida, tras toda una vida de piratería surcando el ancho mar, tan solo ahora sé lo que debo hacer para sobrevivir a la muerte. Marcaré un antes y un después en la historia. Mi nombre será recordado durante eras por mi inquebrantable voluntad. Definitivamente pasaré a la eternidad, y tras el resonar de las campanas de la victoria todos sabrán que Billy Face un día fue ¡El Rey de los Piratas!





VAN


Observó el horizonte. El mar estaba tranquilo, soso, sin que ningún elemento cataclísmico lo alterase en lo más mínimo. No, solo podía oír el suave sonido de las olas circulando suavemente a través de la distancia, y meciendo suavemente el barco donde se encontraba. Por momentos como este, y la puesta del sol reflejada en las aguas saladas, valía la pena ser pirata. ¡Ni siquiera tendría más techo encima de su cabeza que el ancho y libre cielo! ¡Correría por el Grand Line, viviría grandes aventuras, y devoraría a sus enemigos! ¡Sería un verdadero animal salvaje, y el mundo sería su presa!

Algo interrumpió sus pensamientos. Se dio la vuelta, y vio que el pusilánime de Araknoss había decidido por fin salir de su camarote. ¿Ah, pero el mundo exterior existía? Tal vez era la primera novedad de la que tenía referencia. Bueno, al menos podía dar gracias al cielo de que no se hubiese puesto a tocar el violín, cosa rara, por cierto. De hecho, ¿Qué estaba haciendo? Caminaba agachado, olía con la nariz, apoyaba las orejas en el suelo… estaba… ¡Buscando? ¿El que, una novia? Tal vez Diego…

-¿Qué estás mirando, vigía?

Miró a los lados. ¡Había sido él? No había nadie más. Entonces, ¡Porque no se levantaba y hablaba como una persona normal? ¿Por qué tenía que ser tan rarito? Bah, con pensarlo no era suficiente, tenía que demostrarle que lo que hacía estaba mal, así que se acercó en dirección al violinista con una mirada interrogativa.

-¿Has visto a Black Song?- dijo el músico.

¿Black Song? Se preguntó Van asimismo. ¿Qué era? ¿Una canción, un momento nostálgico, una bala, un barco, una araña? ¿Acaso quería volver a cambiar el nombre de la banda? ¿Sería ahora parte de los piratas los Back Song? ¿Por qué pensado sonaba más estúpido que en voz alta?

-¿Y bien?- comentó Michael entre dientes- ¿La has visto?

-Por favor, Michael- se había olvidado completamente del significado de la palabra- ¿Ya estamos contando cosicas tétricas otra vez? Porque, ¿Sabes? Me recuerda a cuando Joe “El Manitas” dijo…

Pero no hacía falta decir más. Araknoss había desaparecido por arte de magia, como un carterista de segunda. Con la palabra “Black Song” todavía en su cabeza, decidió que tenía que descansar, así que, sin tener que recurrir a sus poderes, subió por la torre del vigía, sirviéndose parcialmente de las escalas, hasta finalmente llegar al nido, donde reposó tranquilamente con la mirada fija en el horizonte. Para completar el día ya solo faltaba volver a insultar a Kokuran, y entonces su existencia estaría completa.

Entonces lo vio, casi de pura suerte, en dirección nordeste. Una flota de tres barcos. Uno de ellos disparó.






Los tres barcos se acercaban poco a poco al barco de los Panteras Negras. Estos, con un plan establecido de antemano, aceptaron la hostilidad del enemigo, y se prepararon para la batalla.

Los barcos de los flancos intentaban ejecutar maniobras envoltorias, mentiras que el del centro intentaba arrollar con su masa a los Panteras. Estos, ya prevenidos, evitaron las maniobras y se replegaron, forzando al enemigo a tener que ir a barlovento para poder alcanzarles. Tal y como supusieron gracias al estado de las velas enemigas, los barcos no pudieron volver a moverse, y se quedaron varados en medio del océano. En ningún momento volvieron a disparar los cañones. De hecho, los tres barcos estaban en un estado pésimo, con las velas destrozadas, las tablejas consumidas por la humedad, y un harapo sucio que pretendía ser una bandera.

Ahora que el enemigo estaba expuesto, era el momento de atacar, así que se pusieron manos a la obra.

Antes que nada, decidieron dividirse en cuatro grupos. El primero, compuesto por Diego y Michael, se quedaría a proteger el barco (Michael comentó algo sobre el viento desfavorable, o asuntos muy importantes que hacer) para prevenir cualquier ataque enemigo. En el segundo grupo, John, Amber y Stan irían a atacar el barco del flanco izquierdo, el que parecía más destrozado que el resto, el tercer grupo (con Van y Anthony) iría a por el barco del flanco derecho, mientras que Kokuran, Tony y Nepa atacarían el barco que más cerca tenían, el central.

-Si, el viento canta la más pura desesperación…- dijo Michael desde un lugar seguro.

-Oigan, ¿No es un poco raro que no hayan vuelto a disparar los cañones?

-No te preocupes, si vuelven a disparar, ¡Podrás venir a mis brazos, Amber-swan!

-Diego, ¿Estás seguro de que deberías quedarte aquí?-le preguntó Tony al investigador

-¡No! ¡Pase lo que pase, iré a proteger a las dam…!- Cayó al suelo, semidesecado por la mano de Anthony

-Mientras yo siga siendo el médico no pondré vuestra salud en peligro-contestó secamente

-¡Haced caso a Anthony! ¡No sabe lo que hace!-gritó alegremente el capitán

-Si, yo estaré muy gustoso de… ¡Oye!- El Desertor Blanco miró ofendido a John Conde, pero este siguió sonriendo

-Bueno, no os preocupéis, chicos- el capitán choco sus puños entre si- ¡Les vamos a dar la paliza de su vida! ¡Y, cuanto antes acabemos, antes disfrutaremos de la cena de la victoria!

-Um…- Kokuran se llevo una mano a la barbilla-eso me recuerda a…

-¡Diego, ocúpate de cuidar las plantas!

-No… te preocup… Nepa… y…

-Em…

-¡No más conversaciones! ¡Os confío el futuro de nuestro barco! ¡Al ataque!

-¡Sí!- dijeron todos casi al unísono


No se hicieron de rogar. Van utilizó su gran rapidez para esquivar las aguas del mar y subir al barco enemigo, mientras que Anthony creaba un puente de arena para deslizarse y seguir el camino de la Bestia. El segundo grupo se subió a la espalda de Amber, y aprovechó sus habilidades marítimas para llegar a su objetivo, mientras que el tercer grupo hacía lo mismo con Tony. Tanto Tony como Amber esquivaron con éxito los disparos que les hicieron, y, en el caso de Anthony, recibió de lleno una bala de cañón que destrozó el puente, y pareció por un momento haber destrozado también al médico, sin embargo, gracias a los poderes de Logia, no solo sobrevivió, sino que se deslizó rápidamente a través de lo que quedaba de puente para subir a la borda del barco pirata enemigo.

Diego, un tanto preocupado pro sus compañeros (y por Amber) se dedicó a ver la batalla, atento a por si sus amigos precisaban de su ayuda en algún momento, mientras que Michael, que no tenía muchas ganas de pelear, dedicó su rato libre para seguir buscando a Black Song por todo el barco.



TONY


Tony aterrizó en la cubierta del barco central tan solo después de haber disparado algunas flechas de humo para confundir a sus enemigos. Una vez hubo disparado las flechas, Kokuran y Nepa se apearon para bajar al barco, mientras los enemigos seguían tosiendo compulsivamente. Algunos cayeron al suelo.
Por fin, solo unos segundos después, el humo se dispersó, cosa que aprovechó Tony para revolotear alrededor del barco con el fin de cumplir funciones de apoyo. Sin embargo, los piratas no se movían. No parecían querer atacar, y la mayoría parecía estar con un pie en la tumba. Sin embargo, justo cuando iban a ganar la batalla sin siquiera empezarla, desde las profundas entrañas del barco una profunda voz habló:

-¡No os rindáis, inútiles! ¡Si queréis llegar a Raftel, unos piratuchos del tres al cuarto no os deberían suponer ningún problema!

Los piratas temblaron. Algunos cayeron al suelo, mientras que los que seguían en pie aferraban con fuera sus espadas. Y, tras un débil grito de guerra, avanzaron para atacar.





ANTHONY

-Estos hombres no están bien…

-¿Sí?

Van hizo caso omiso de las palabras de Anthony para acometer con fuerza contra los piratas que intentaban atacarle. A dos de ellos consiguió tumbarlos al instante, aunque luego tuvo que esquivar el espadazo de un tercero. Se esforzaba en esquivar las espadas de sus enemigos, y les devolvía sus golpes con el doble de fuerza, causando alguna que otra explosión. En menos de cinco segundos diez enemigos yacían inconscientes en el suelo, y los números aumentaban cada vez más.

Por otra parte, Anthony ni siquiera tuvo que desenvainar su espada. Los pocos disparos o espadazos que le lanzaban atravesaban sin problemas su cuerpo de arena, pero, al contrario que Van, el Desertor Blanco estaba más preocupado por analizar la situación, comprobando visualmente el estado físico de los combatientes, y soltando de vez en cuando algún que otro espadazo de arena. Desde luego, el enemigo no suponía un gran problema a la hora de pelear.
Pero, justo entonces, notó algo agarrándole las piernas, y Anthony se dio la vuelta solo para ver como uno de los piratas suplicaba desesperadamente por su vida. Vestía unos cuantos harapos mugrientos como el resto de la tripulación, y su cara era la expresión impresa de la más absoluta de las desesperanzas.

-¡Por favor!¡Ayúdanos!- suplicó el pobre enfermo

Antes de que el Desertor Blanco pudiese responder, notó una espada cortándole el cuello. Su cabeza, ya decapitada, voló por los aires hasta chocar contra el suelo. La cabeza de Anthony volvió a regenerarse, tan solo para expresar ira y confusión a partes iguales. La situación corría el peligro de írsele de las manos.

-¡No os rindáis! ¡Todavía tenemos aventuras que completar!

Anthony siguió con la vista el origen de aquella orden, y pudo ver a un hombre alto, desajado, y enfermo intentando plantar cara a la adversidad con una expresión seria en su rostro. Van no ignoró al que parecía ser el capitán del barco, lo cual no significó que no anduviese atento para ver lo que hacían sus enemigos. Anthony, más conciliador, habló con una voz pausada:

-Solo pretendemos seguir con nuestro viaje. No queremos pelea.

-¿Qué no queréis pelea? ¡Pues no lo parece!- respondió el capitán.

-¡Vosotros disparasteis primero!- acusó Van refiriéndose al tiro de cañón de antes.

-Ah… la Vieja Gruñona… es el único cañón que queda en toda la flota. Está estropeado, y a veces salta con nada. Tal vez algún enfermo despistado, o un rencoroso tripulante. Sea lo que sea- señaló el cañón, inactivo en una esquina del barco- se ha llevado su secreto a la tumba. El de antes fue su último disparo.

-Entonces- Anthony quería llegar a una solución pacífica, y Van no parecía estar en contra- no tenemos porque pelear. Rindan sus armas y nosotros…

-¡No! ¡Hicimos el juramento de honor hacia nuestro capitán, hacia nuestra bandera! ¡Aunque el honro nos lleve a la muerte, un hombre jamás debe de deshonrar su bandera!

Una vez dicho esto, el líder avanzó, blandiendo una espada de buena manufactura. Atacó priemro a Van haciendo unas torpes fintasen el aire, pero el ex mafioso, mucho más lúcido, se las arregló para esquivar todos los espadazos, y responder con una rotunda patada. El capitán cayó al suelo, pero el resto de los tripulantes, alentados por las palabras de antes, alzaron sus armas y se abalanzaron sobre el enemigo a la vez que soltaban el grito de guerra de los Cazadores de Grullas.




NEPA

El enemigo apenas podía pelear. Se sentó, paciente, relajado, con las manos cruzadas entre si. Alrededor suyo un grupo de cinco piratas le rodeaba, dispuesto a atacar. Sin embargo, no contaron con que su rival era un usuario de una akuma no mi, cosa que demostró en apenas unos segundos concentrando la energía del aura en sus puños. Derribó a dos enemigos de un puñetazo a cada uno, esquivó un mandoble dirigido a su cuello, volvió a tumbar en el suelo a otro pirata, apartó una espada con la otra, volvió a golpear, y al último atacante lo derribó con dos certeros puñetazos.

Mientras, Tony seguía sirviendo de apoyo, manteniendo al enemigo en lugares estratégicos que favorecieran su estilo de puntería, siempre volando en contra de la dirección del viento para poder encaminar mejor la trayectoria de sus flechas. La tripulación enemiga, confusa, daba tumbos por toda la embarcación, tan solo para recibir golpes por parte de Nepa, o ver como sus armas no conseguían penetrar el infranqueable mantra de Kokuran. Era más bien una estrategia disuasoria y sutil, pero que poco a poco empezaba a dar sus frutos cuando los tripulantes fueron cayendo uno a uno.

Nepa, conocedor de los aspectos más triviales de la medicina humana, avisó a Nepa y a Tony:
-¡Procurad que no os toquen! ¡Están totalmente enfermos!

Tras saber esto, el grupo tuvo más cuidado, y procuró golpear cuidadosamente a sus objetivos, tocando tan solo la ropa.

Nepa sonrió. Seguramente en los otros barcos la situación debía estar controlada. La victoria era para los Paneras Negras.

Sin embargo, había algo raro. El capitán del barco no estaba luchando. Tras darse cuenta del detalle, analizó la situación, buscando pruebas, indicios, o gente dando órdenes. Tras un ligero análisis (y un par de piratas despistados en el suelo) consiguió localizar al líder, justo enfrente del camarote del capitán, intentando dar órdenes sin ton ni son.

Nepa sonrió. Iba a ponerle fin a la batalla de un solo golpe.

Caminó hacia las escaleras, apoyado por las flechas de Tony. Se libró de un par de enemigos con sendos puñetazos, y en menos que canta un gallo ya se hallaba frente al capitán del barco. Era sin duda un ser sucio, con el pelo desteñido, despeinado, lleno de insectos o trozos de madera. Vestía una capa de almirante roída, sin botones y con algunas manchas de sangre, por no mencionar sus dientes, llenos de sarro, totalmente amarillos, o la nariz, destrozada por todos los lados. Pero lo que más impactó al biólogo no fueron los zapatos de cuero destrozados, o los pantalones llenos de manchas y mocos. Un temblor recorrió el espinazo de Nepa cuando vió los ojos, unos ojos avezados en el mar que ahora tan solo expresaban la más profunda del as locuras.
-¡Maldito jovenzuelo! ¿Acaso crees que te voy a dejar ser el Rey de los Piratas?

Tras el leve primer momento de confusión, Nepa espabiló. Concentró todo el aura que pudo en su puño izquierdo. Apretó los dientes. Corrió. Golpeó. Y no consiguió darle a su objetivo, sino que más bien chocó contra una barrera invisible que le provocó grandes dolores en su mano derecha después de la acometida. El capitán, totalmente indemne, mostraba una sonrisa triunfante:

-¡Esto es lo que os pasará, patéticos imbéciles! ¡No conseguiréis quebrar mi resolución! ¡Mi orgullo será como una barrera invisible! ¡La fruta Bari-Bari, la fruta barrera!

El hombre siguió diciendo cosas sin sentido, a la vez que Nepa se llevaba una mano a su brazo, totalmente dolorido por el choque sufrido. Tony, que había visto lo que había pasado, intentó salvar a su compañero disparando tres flechas hacia el capitán. Pero estas también rebotaron, impactando contra la barrera invisible que parecía franquear al capitán de los Cazadores de Grullas.

Este último, tras ver las flechas, se encaró de nuevo hacia el barco, con la vista dirigida en Kokuran. Todavía subido al balcón que conducía al camarote, Billy Face se lo tomó con calma. Cerró el puño, y golpeó, en dirección al cocinero. Una corriente de aire pareció formarse a partir del puño, pero Kokuran, avisado gracias a su mantra, consiguió esquivar por los pelos el golpe misterioso, que al contrario terminó impactando en el suelo del barco. Los Cazadores de Grullas, animados por el triunfo, intentaron contraatacar.




JOHN


Tres piratas enfermos y desarmados pillaron a John por la espalda. Este, confundido, maldijo su torpeza mientras os piratas intentaban ahogarlo. Todavía no recurrió a sus poderes.

-Dejadlo ya.
-¡No!
-Luego no digáis que no os avisé.

Una pequeña explosión rodeó el cuerpo de John, y los tres piratas, asustados, se vieron obligados a cejar en su intento de presa mientras intentaban apagar las llamas que ahora tocaban sus cuerpos.

Amber, desde el mar, seguía lanzando flechas acuáticas, como la que había usado antes para permitir que subieran a la embarcación. Stan, a la vera de John, golpeaba a diestro y siniestro con su llave inglesa, y entre los tres derrotaron a sus enemigos en poco menos que dos minutos. Había sido fácil. Demasiado fácil.
Justo entonces, Amber levantó la mano. Parecía estar atenta… a algo…

-Oigo un sonido- dijo la giojin- Oigo… una canción… de Michael…

-¿Qué dice?- preguntó el capitán?

-No lo sé… pero… ¡Mira!- dijo, señalando algo en el horizonte.

John siguió con la vista la dirección que señalaba el dedo de Amber, y pudo ver una figura volando… era…

-¡Diego!

Efectivamente, la figura era el propio Diego, que volaba a duras penas gracias al uso del Geppo, aunque lo hiciese de forma limitada debido a su inexperiencia y a su pie lesionado. Parecía estar dirigiéndose al barco al que se había dirigido Tony. John, confuso, habló con Amber:

-¡Vamos! ¡Tenemos que ir a ayudarles!

-No sé si con mi velocidad llegaríamos a tiempo… sea lo que sea que esté pasando…

-¡Algo grave sin duda! ¡Necesitamos velocidad!- Amber se subió al barco de un solo salto.

-¿Qué podemos hacer?

-Bueno, yo…- dijo Stan, interrumpiendo así la conversación- tengo un invento que podría solucionar la situación…-

Un desesperado John se dirigió al inventor gritando de forma atropellada:

-¿De que se trata Stan? ¡Vamos, rápido!

-Bueno he inventado una flecha especial… para que la lance Amber… es un tipo de flecha de papel replegable que, una vez el viento lo toma- sacó de entre sus cosas la mencionada flecha- expande su masa durante un tiempo determinado.

-¿De veras? ¡Eres genial Tony!- Amber, que asentía con un poco de felicidad, cogió la flecha de STan y preparó el arco. Stan, aun un poco indeciso, siguió hablando:

-Tened en cuenta que es solo un prototipo. Yo lo llamo “Savage Super Arrow Marcher”

-¿A qué te refieres? Luego quiero que aviséis a Van y a Anthony- John ya se había colocado a la vera de Amber, preparado para saltar:

-Es muy preciso. Si el arquero…- miro a Amber- repito, si el arquero calcula mal la dirección del viento, o el objetivo al que apuntar, entonces el arquero- volvió a mirar a Amber- condenaría al viajero a hundirse en el mar.

-Correremos el riesgo

-Tenga cuidado, capitán.

-¿Cuidado? ¡Pero si es un invento flipante, Stan!

Amber disparó, y rápidamente John consiguió saltar por encima de la flecha. Durante una milésima de segundo llegó a parecer que no pasaría nada, pero, justo en el último momento, el tamaño del a flecha fue aumentando conforme a la velocidad del viento. En unos pocos segundos John ya había saltado sobre una base firme, una flecha enorme que medía casi tanto como un albatros gigante. Aunque en un primer momento John alucinó por el invento en el que estaba montando, llegó a recordar porque estaba haciendo lo que hacía, y puso la vista fija en el horizonte. La propia flecha tenía forma de jabalí, con una cresta de papel pintada denegro, y los colmillos situados a modo de punta de la flecha.

La flecha, indecisa, tembló por los vaivenes del viento durante unos peliagudos momentos, pero, afortunadamente, Amber era una buena arquera, y la flecha impactó certera contra la cubierta del barco. John, empujado por el choque, voló un poco por los aires, y terminó aterrizando sobre la cubierta del barco con los dos pies. Frunció el entrecejo. Estaba listo para cualquier cosa.

A su lado saltó Diego, con Nepa en un brazo. Estaba jadeando. Por los aires, un sorprendido Tony observaba al capitán, y volvía la vista hacia la flecha, ya disuelta en las profundidades del mar:
-¿Qué ha pasado, Diego?- Nepa parecía gravemente dolorido
-Nos encontramos con dificultades- una nube de humo los rodeaba- Conseguí salvar a Nepa en el último momento, pero he perdido de vista a Kokuran.- John puso una expresión de asombro
-¿Cómo? ¿Contra quién os enfrentáis?
-Es… difícil de explicar. ¡No lo sé, no lo sé! Tan solo creo que…

De repente un grito atravesó la masa de humo:
-¡Choque de barrera!

Notaron una figura detrás suya. Lo que sucedió a continuación fue demasiado confuso, ya que de repente John daba vueltas y tumbos en el suelo, pero, una vez recuperado, pudo ver a través del humo a Kokuran derribado en el suelo, y a Diego y Nepa a pocos metros de un enorme boquete donde antes habían estado.

Se levantó. Gritó los nombres de sus amigos, y recibió respuesta por parte de Diego y Nepa, aunque no de Kokuran.

Aún aturdido por el golpe, John consiguió levantarse. Podía oír unos tosidos, y el sonido de varios objetos chocando contra algo. Tony, en el cielo, preguntaba si estaban bien. John saludó, y le pidió que se llevase a los heridos al barco.
-¡Choque de barrera!

El grito sonó una vez más, y justo entonces algo invisible consiguió impactar en John, derribándolo y provocando que terminase estrellándose contra el mar. John, desesperado, gritó en voz alta el nombre de su amigo, distinguió una figura de un hombre que podía distinguirse entre el humo, corrió hacia el mar, pero otra vez la voz volvió a hacerse oír:
-¡Choque de barrera!

John notó algo impactando contra su cara. No sabía que pasaba, ni podía explicarlo, tan solo podía sentir algo que no podía ver arrastrándolo por la cubierta, obligándolo a volar por los aires, y forzándolo a chocar contra unos maderos en la otra punta del barco. El humo ya se estaba dispersando.

John Conde se llevó una mano a la cara. Estaba sangrando. El golpe había sido lo suficientemente fuerte como para provocar que sangrara. Apretó los dientes, lleno de rabia. Iba a vengar a sus compañeros.

La voz tosió varias veces más, pero, tras una pequeña pausa, masculló unas palabras:

-¡No podréis conmigo! ¡Mi voluntad, mi barrera! ¡Ambas cosas son igual de impenetrables! ¡Venid, venid!

El humo ya casi había desaparecido. John se levantó, apartando algunos maderos que se le habían quedado encima de la espalda. Sus amigos seguían tendidos. Le echó un vistazo justo donde había caído Tony, y pudo ver a Amber y Stan dirigiéndose hacia el punto de caída del hipogrifo.

Bien. Podría centrarse en los verdaderos problemas.

Encima de la cubierta estaba el enemigo. Un hombre loco, un capitán pirata que alzaba por los aires su bandera, de pie, justo enfrente de su camarote, y apoyado sobre la barandilla. Parecía estar tan enfermo como los tripulantes del barco que antes habían visitado.

Le daba igual.

El individuo, ahora a plena vista, reía a la vez que tosía:

-¡Sois débiles! ¡Así- dejó de hablar cuando un esperpento de vómito le recorrió la garganta, obligándolo a abrir la boca.

John no decía nada. Tan solo corría, con un puño cerrado.

Dio un salto, y utilizó el poder de su akuma no mi para provocar una pequeña explosión con su pierna izquierda, saltar unos pocos metros, y así ponerse a la altura de su enemigo, que seguía vomitando. Con el puño cerrado, John golpeó, un golpe explosivo directo a la cara.

Pero justo entones notó como su mano chocaba contra algo invisible, , antes de que se diese cuenta, la explosión que provocó su poder estalló a pocos centímetros de la cara del capitán enemigo, rodeando las llamas una especie de barrera invisible. El capitán de los panteras Negras, un poco confuso, volvió a aterrizar en el suelo. Ya no estaba tan confuso, ya que por fin había conseguido saber un poco sobre el poder de su enemigo. Al parecer, creaba barreras invisibles para protegerse de los ataques enemigos, o bien para lanzar susodichas barreras a enemigos a distancia.
Impertérrito ante su enemigo, John volvió a atacar justo como antes, solo que esta vez atacando con la pierna. Sin embargo, volvió a fallar, y, pese a que intentó otro golpe con el puño antes de caer al suelo, la barrera siguió repeliendo sus ataques. John pudo notar sus puños y pie totalmente doloridos debido al golpe con la barrera, pero en parte el dolor había sido amortizado gracias al poder de la inercia de sus explosiones.

Volvió a levantarse, y, efectivamente, Billy Face seguía totalmente indemne. Aunque parecía gravemente enfermo:
-¿Lo ves?- tosió un par de veces- ¡No conseguiréis detener mi aventura! ¡Pelearé por mis seños! ¡Seré el Rey de los Piratas!

Volvió la vista hacia el mar. Por la borda, Anthony y Van avanzan con sus poderes de Logia, con el fin de socorrer a John en su pelea contra el enemigo. El primero en conseguir subir al barco fue Van, que observó un poco la situación, recapacitó, y expresó su soberana sorpresa por lo que estaba viendo:
-¿Se puede saber que cojones ha pasado aquí?
-Ten cuidado Van…
-Como di…

Solo unos instantes después de Van llegó Anthony usando los poderes de su logia de arena. Sopesó un tanto la situación, y se dirigió a su capitán en un tono bastante respetuoso:
-Capitán, creo que ya sé lo que está pasando.

John no dijo nada.
-Esta flota sigue la bandera de los Cazadores de Grulla.

Van frunció el entrecejo:
-¿Cómo? ¿Alguien los conoce?-Anthony lo ignoró para poder seguir informando:
-Al parecer ese hombre de ahí- se refría al hombre postrado sobre la barandilla- es el capitán. Se llama Billy Face.
-¿Quiénes sois vosotros? ¡Fuera de mi camino!
-¡No le deseamos ningún mal- dijo Anthony- ¡Tan solo queremos seguir tranquilos con nuestro viaje! Si se rinde ahora, podremos atender a su tripulación,- Van frunció el entrecejo- y no habrá necesidad de más sufrimiento-
Esperó la respuesta. El hombre sobre la barandilla necesitó de una larga pausa, que aprovechó para seguir tosiendo, pero, tras unos momentos de leve tensión, consiguió hablar. Detrás, Diego y Nepa se habían levantado:

-¡No! ¡No! ¡No! ¡No habrá paz para los piratas! ¡No sois nadie!- a la vez que unas gotas de sangre le caían de la comisura de sus labios resecos. Se relamió para intentar beber su propia sangre.
-¿Así que ese es nuestro enemigo?- preguntó Van
-Sí
-Bien, pues creo que usaré el método de persuasión más convincente de la humanidad…- Anthony intentó hablar, pero ya era demasiado tarde. Van ya había juntado sus dos manos para formar una esfera de plasma verde que a continuación lanzo contra el camarote enemigo. La explosión resultante envolvió el lugar, y todos tuvieron que entrecerrar o cubrirse los ojos por la gran luz que había resultado.

Van sonrió, pero su regocijo no duró mucho, ya que, pese a que el camarote está destrozado, Billy Face seguía ahí, de pie, desafiante, enfrente de su barrera invisible.

-¡Ignorantes! ¡Fuera de mi camino!

El capitán de los Cazadores de Grullas volvió a cerrar el puño para utilizar su poder de choque de barrera. John corrió, con el puño cerrado, y volvió a golpear. Solo que esta vez no necesitó de ningún salto, o de algún ataque a distancia. Se limitó a correr en dirección al piso inferior del camarote, debajo de los pies de su enemigo, y golpeó con el puño, empleando toda la fuerza del poder de su akuma no mi.

Hubo una gran explosión que derribó el piso inferior, llegó al superior, y casi llegó hasta donde estaban Anthony y los demás. Una enorme explosión que definitivamente abrió los boquetes del barco, y empezó a hundirlo lentamente.
La madera ardía debido a las llamas de la explosión. La mitad del barco era una masa de escombros o madera quemada. Entre los restos, Billy Face, tendido y ensangrentado en el nivel inferior del barco, se volvió sobre si mismo, y observó con gran temor las llamas. Estas se expandieron como una plaga de insectos, abarcando en poco tiempo el campo de vista de Billy. Eran unas llamas casia con vida propia.

Un sonido alteró la concentración de Billy. Detrás suya el joven imberbe, totalmente indemne, se había levantado, y caminaba hacia el. lo ignoró. Tenía preocupaciones más acuciantes.

Billy Face volvió a mirar las llamas con un gran temor. No podía hacer nada. Sus brazos apenas reaccionaban. Los pies le pesaban una barbaridad, y la sangre se le acumulaba en la boca.

Tan solo pudo pronunciar unas últimas palabras:

-¡LA SANTA BAR…!

No hubo nada más. Tan solo una gran explosión que de inmediato se extendió por todo el barco, envolviéndolo en una masa rugiente de llamas y destrucción.
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por TonyTonyRaul »

BIen un capítulo y de wild,aunque lleva bastante tiempo y no l he leido hasta ahora :P
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-A ver más o menos pienso igual que Movius, lo peor de todo ha sido las faltas de ortografía que si al final Movius no puede corregirlas lo haré yo, y otra cosa creo que se debería poner cada párrafo con un espacio cada vez que haiga un cambio de párrafo.

-Una Guerra a gran escala........me gusta a ver como la lian y como se desenvuelven los panteras.

-Me he reido un rato con la goma de mascar tambien llamada chicle, de verdad me ha sacado una sonrisa.

-Y vamos a destruir los exteriores dela isla, o sea que se traslada la batalla al exterior mas o menos lo que se habia hablado.

-Buenas descripciones.

-Por último la disputa por el trono del puño de Onix le ha dado mucho juego al capitulo me ha gustado bastante
Edito: a ver si cuando tenga tiempo leo tus capitulos Garrac
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por wild animal »

Defendiendo:

La acción traté de desviarla a una de las rocas que sostienen la ciudad de porcelana, por que puede todo termine en pedazos y por lo tanto la ciudad correría peligro (por eso puse lo de evacuar a los civiles), ademas cuando Van sea derrotado la ciudad se vendrá abajo y me parecio genial que ellos estuvieran ahí en el momento. Dejemos las peleas en esccenarios normales, Wolkenberge la hemos hecho impresionante, usemosla.

Gris es un caballero, de hecho en la converzación con Ruut le dá una oportunidad pero este lo ataca, dando una pequeña demostración de su poder. Ruut tambien menciona que es muy listo.

El puño no está en la isla por Van (principalmente), si no buscando el tesoro, lo que nos dice que el puño (o una parte de él como quieran ponerlo los escritores) tiene conocimiento de las reliquias y quiere hacerse con ellas (con intenciones desconocidas).

Quise no definir demaciado lo que hacian los panteras para situar la acción en otra parte como dije, ademas John desarrolla una nueva tecnica estilo dragón aludiendo a Tom Conde


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Vito Corleone
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Vito Corleone »

Esto está paradísimo... Mea Culpa, que diez días me he pasao de colonias xD. Peo vamos, un poco de marcha.

Lo primero, pedir perdón a wild por mi tardanza en comentar su capi y por hacerlo corto ahora (por móvil, sin florituras xD). Sobre el capi, lo comentado sobre los errores ortográficos. Y lo segundo, el enfoque que le has dado a las peleas. Se discutió en su momento que el único que puede derrotar a Robert Aldridge es John, porque su fruta es el enemigo natural de los aromas (olor a pólvora que tapa los otros aromas). Todo lo demás, chapó.

Otra cosita. En esos 10 días que he mencionado, he pensado que cada personaje debe tener sus "frases épicas". Típica frase de badass antes de dar el golpe final en una lucha o de después de aparecer heroicamente. Las de Diego (algunas) las tengo en un papelito en casa xD.

Para finalizar, decir que es una estupenda noticia tenerte de vuelta, Garrak, y que Incertidumbre me está encantando. Es interesante ver el barco de los Panteras dentro de un tiempo ^^. Cuando disponga de ordenador redacto una opinión más extensa.

¡Vamos Panteraaaaas!
SÍ.
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por wild animal »

Defendiendo el capitulo
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Primero que bueno que hay respuestas, me emocione cuando vi de color el simbolo en el tema (es en cerio si me emociono jeje).

Ahora si, en defensa del capitulo. Pudiera parecer que John va contra Gris, pero eso es lo bueno del capitulo, y la historia en sí, que no se cantan o acomodan los combates como uno imagina, y luego dan giros drásticos (me refiero a cosas que el lector no espera), por ejemplo que John termine venciendo a Robert Aldridge. Es por ejemplo como en Ennies Lobby, nadie imagino al principio que Franky terminaría enfrentándose a Fukuro y cosas así.


Sobre las frases, me gusta mucho la idea, solo tengo pensada en una de Van, cuando hará algo que nadie quiere que haga, pelear con alguien que lo vio mal, enfrentarse a alguien mas fuerte, o hasta robar comida en el barco, la frase es: ¨Intenta detenerme¨. A los que recuerdan es la frase que usó Pain antes de vencerlo y dejarlo inconciente. La usa esperando algún día usarla contra él.

Porcierto ¿cuando podríamos tener resolución sobre el captitulo :P

PDT: Me alegra que pasaras buenos días traffy, aunque jamas supe a que te refieres con las colonias :lol: :lol:
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Movius
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Movius »

Me alegra se tenerte de vuelta Traffy, a ver si el tema avanza.

De lo que has dicho me ha interesado mucho lo de las frases, soy un fan de frases épicas (como ya habréis notado cuando pregunto a alguien en la silla xDD). Tengo varias en mente que podríamos emplear en diversas ocasiones, no solo en los combates, sino también en conversaciones entre personajes importantes o en la muerte de uno.

Dejo algunas para a ver si alguien quiere hacer uso de ellas:
-"La gloria es un veneno que se debe tomar en pequeñas dosis" (tiene muchas posibilidades)
-"Al igual que en el ajedrez se sacrifican los peones para alcanzar la victoria, en la vida real se sacrifica a los débiles para alcanzar la cima" (esta creo que lo más es que sea para un villano)
-"La fuerza no reside en la cantidad de masa que puedes levantar sino en la cantidad personas en las que puedes confiar tu vida" (esta podría quedarle bien a John)
-"Un médico no es una persona capaz de curar una enfermedad, es aquella persona que no puede evitar ver el sufrimiento ajeno sin intentar darle solución" (esta le pega a Anthony)

La primera no es mía, pero las otras tres sí que lo son.
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TonyTonyRaul
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por TonyTonyRaul »

Es que a veces pienso que es Traffy el que resucita el tema de vez en cuando de verdad, todos lo hacemos pero Traffy especialmente. Muchas gracias joven amigo 8)

En cuanto al capítulo pues la verdad dudo mucho que haiga nueva propuesta, Garrac dijo que si le dejabamos tiempo propondría alguno o lo intentaría pero ya ha pasado bastante tiempo, por lo tanto yo veo bien que se le declare el capítulo de Wild como ganador.

En cuanto a lo de las frases me encanta de verdad,me encanta soltar siempre alguna frase épica pongo algunas que tengo pensadas.

-"Nadie es quién para interponerse en nuestro destino":se puede cambiar el "nuestro" por algo como mi, tu, etc....

-"No es un "no puedes" es un "no quieres", porque si quieres todo es posible"

-"Todo es perder o ganar, pero....¡Siempre hay que apostar!"

-"Aunque parezca que a veces el esfuerzo es en vano, nunca lo es porque siempre tendrás la satisfacción de saber que te has esforzado."

-"Recuerda sonreir siempre, conseguiras alegrar a la gente que te importa y joder a los que te odien asi que simplemente.....¡Sonríe!"

-"Entonces la gente que me aprecia fue hacia la derecha y yo hacia la izquierda; pero no nos acordamos de que el mundo es redondo."

-"Somos un equipo, nakamas y como tal nos apoyamos asi que nuestras victorias solo se basan en una cosa "¡SEMPER FI!"": Explico la última expresión, está en latín y es la abreviacion de un dicho que dicen los marines estadounidenses y significa Siempre fieles.

Si os gusta alguna podeís utilizarlo tanto en la vida real como con vuestro personaje, pero si me dejáis la última mejor xD.
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"Semper fi"
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Garrac Garrak
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Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Garrac Garrak »

Ufff... lamento decir que no voy a poder proponer. Mañaana mismo me voy de vacaciones, así que no voy a poder prometer mi futura participación a corto plazo, peeero, a cambio, traigo un nuevo capítulo de Incertidumbre ^^ (y muchas gracias a todos por las felicitaciones!)


CAPÍTULO IV
Spoiler: Mostrar
-La culpa es tuya, Van
-¿Mía? ¿Y yo que he hecho?
-Si no hubieses atacado, podríamos haber llegado a un acuerdo pacífico, y nada de esto estaría sucediendo ahora.
-Ese viejo no quería más qu…
-¡Callaos, callaos! ¡Ya se despierta!



JOHN


Nada más abrir los ojos vio a Anthony, van y a Tony, todos contentos de que por fin el capitán se hubiese despertado. John seguía confuso.

-¿Do… dónde estoy?
-Cuidado, no os acerquéis demasiado-dijo una voz que parecía ser la de Anthony

-Estás… ¡En el más allá!-dijo Tony, respondiendo así a la pregunta inicial
-¿Cómo? No… no… ¡No puede ser!- John se llevó las manos a la cabeza, totalmente desesperado. ¿Tan pronto había acabado su viaje..?

-¿No habíamos quedado en que sería el país de los sueños?- cuando Van dijo esto último, John no pudo evitar enarcar levemente una ceja, extrañado por la conversación que estaba teniendo lugar:

-Más allá suena más creíble.
-Mentira… maldito
-Ehm… ¿Hola?

-¡Dejad ya d e discutir, mamarrachos, -se impuso el médico, a lo que John suspiró tranquilo al darse cuenta de que obviamente no estaba muerto-¿Acaso queréis que el capitán se ponga peor?

-¿Qué me ponga peor?- Anthony, anormalmente nervioso, se llevó la mano al cuello, y habló lentamente:

-Capitán, cuando estuvo en el barco de los Cazadores de Grulla, acabó contagiándose de una enfermedad llamada “El Horror Amarillo”.

-¿Eh?- ahora si que estaba perdido- ¿Pero que pasa?

-Bueno, verá, el “Horror Amarillo” es una enfermedad sustancialmente contagiosa que suelen portar animales como las ratas, y muchas veces los efectos del mar, o de la deriva, provocan que esta enfermedad resista los antisépticos, y poco a poco vaya… “!tomando” el cuerpo del individuo. Es totalmente contagiosa- los tripulantes no se apartaron de John, pero la tensión estaba en el aire-. Casi ha sido un milagro que nadie más se contagiase. Tal vez sea porque la mayoría llevábamos guantes, o porque no mantuvimos contacto durante suficiente tiempo- se encogió de hombros- De todos modos, los síntomas son una piel con tonalidades levemente amarillas, lengua reseca, y dificultades de visión.

-¿Eh?- ¿eh?
-Necesitará tratamiento intensivo durante al menos dos semanas para poder superar la enfermedad.
-¿Dos semanas? ¡Eso es mucho…! ¡Tenemos que seguir con nuestro viaje!

-No se preocupe, capitán, seguir seguiremos. Tal solo necesitará reposo mientras yo- de repente dejó de hablar. Casi parecía como si hubiese estado a punto de decir algo completamente abominable. Justo entonces, apareció Kokuran por la puerta, con el gesto serio, y apoyándose sobre una muleta.
-¿No se lo habéis dicho aún?- gruño el cocinero
-¿Decirme el qué? ¿Acaso me estáis ocultando algo?- Anthony mantuvo la mirada fija en el suelo, intentando expresar arrepentimiento por el acto que había cometido.



STAN


-¿Parecen muy enfermos, no?

Michael se encogió de hombros, se levantó, y volvió a las entrañas del barco, mientras que Stan, francamente aburrido, se limitó a seguir observando lo poco que quedaba de los Cazadores de Grullas. Un amasijo de huesos, harapos andrajosos, y moscas malolientes. Podía contar hasta cuarenta enfermos postrados sobre el suelo, agonizando con débiles gritos de desesperanza.

Agonizaban en la bodega del barco de los Panteras.

Un escalofrío recorrió el espinazo de Stan al recordarlo. Habían tenido que llegar hasta al punto de conservar a los prisioneros enfermos en el propio barco. Y el había tenido que salvarle el pellejo a Tony. Y ni siquiera se lo agradecía. ¿Acaso estaba todo el mundo loco? ¿Solo él conservaba un poco de cordura en medio de tan alocada tripulación? Stan sabía que tendría que estar inventando algún nuevo artilugio, o haciendo más flechas gigantes, pero actualmente estaba demasiado confundido y desestabilizado como para poder inventar. No quería repetir…
Bueno, daba igual. Total ¿Los prisioneros se quedarían siempre en la bodega, no? Mientras fuese una orden del capitán, no habría ningún problema. Tan solo había que mantener una vigía constante, y todo saldría a pedir de boca. Ahora mismo tan solo pedía un relevo para poder descansar…

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una figura empezó a caminar por el pasillo en dirección suya. Era Anthony, envuelto en una especie de traje protector, y con una especie de maletín en la mano derecha. Stan, nervioso, le preguntó:

-¿Qué tal está el capitán?
-Necesita reposo y tranquilidad. A ser posible, hasta que no se cure del todo no podrá recibir más visitas.
-Pero, ¿Le va a pasar lo mismo que a ellos?- preguntó, al mismo tiempo que señalaba a los prisioneros de la bodega.
-No, no creo. Afortunadamente la enfermedad no ha alcanzado un estado de gestación avanzado. Por suerte, solo estaba en las primeras fases.

-Y… ¿Qué es de ellos?
-Ellos… es algo mucho más complicado. Os lo explicaré a todos en la cena.- dicho esto Anthony abrió la puerta para poder entrar en la bodega y así dirigirse ante un hombre alto y vigoroso que parecía ser el líder de los Cazadores de Grulla. Stan quiso cotillear la conversación, pero desafortunadamente Anthony fue precavido, cerrando la puerta al mismo instante que entró. El inventor se encogió de hombros, sin pensar en otra cosa que en una buena siesta. Aunque… ¿Por qué recorrer medio barco cuando podía dormir en el propio pasillo? Así, cuando saliera Anthony podría… Desechó de inmediato la propuesta. No podía. No quería arriesgarse. Se dio la vuelta y caminó hacia su camarote. No iba a arriesgar su valioso pellejo, podía esperar hasta por la noche… y ya de paso, divertirse con las pullas de Van y Kokuran, que muy seguramente…

Interrumpió los pasos cuando el propio Van apareció delante suya. Parecía serio, anormalmente serio, posado, ahí, sobre la pared, con los dos brazos cruzados, y la mirada puesta en la puerta de la bodega. ¿Acaso estaba pensando en algo importante?

-Stan… ¿A ti que te parece todo esto?
Al principio el aludido no supo muy bien que responder, así que, cuando lo intentó, apenas pudo soltar unas pocas palabras inconexas debido a la sorpresa:

-Luciérnaga… yo… esto… pienso que la paella negra está muy sa…
-No me refiero a eso.
-¿Qué tienes en contra de la paella, eh?
-Bueno, no sé, pero todos sabemos que la pasta definitiva es… - El “Rayo-fantasma” se interrumpió asimismo- ¡Espera, no desvíes el tema de la conversación!

-¡Pues aclárate de una vez! ¿De que estás hablando, para empezar?
-¿Acaso no es obvio? ¿Tanto hacer el idiota te ha vuelto… paellidiota? – Señaló con el dedo índice la dichosa puerta- Hablo de eso, ¿No? ¿Qué te parece?- Stan tosió cuando el humo de los cigarros de Van empezó a recorrer la poca distancia que los separaba:

-Cof, cof… ¿Qué quieres que te diga?...cof cof… ¿Quieres apagar los putos cigarros de mierda?
El exmafioso enarcó una ceja de sorpresa:

-¿Cómo has dicho?
-A algunos… cof… No nos gusta el tabaco…
-Lástima. – Van se encaminó de nuevo hacia la salida
-Por otra parte… Me parece… raro…
-Bueno, solo se quedarán aquí hasta que Anthony pueda curarles sus enfermedades, o dejarlos en una isla. No hay más complicaciones.
-Aún así… ¿Somos piratas, no? ¿No son ellos también piratas? No sé… ¿No es esto… impropio?
Van apagó su cigarro, lo tiró al suelo, lo pisoteó y miró a Stan con unos ojos somnolientos:

-Justo. Exacto. Me causa úlceras en estómago cada vez que me asomo por la claraboya. Son repugnantes.
-¿A… a que te refieres? Bueno, a mi no me parece del todo correcto… Pero tú… ¿Tu no decías que amabas la sangre?
-Por supuesto- Van sonrió, como recordando sus viejos tiempos en Wolkenberg- pero… ¿Sabes? Normalmente me gusta derramar la sangre… que luego no me mata.
-¿A qué te refieres?
-Mantén un ojo puesto en ese cuarto. Será lo mejor.





MICHAEL


-Tal vez los prisioneros se escapan y nos contagian a todos sus enfermedades para que luego acabemos muriendo entre grandes y espantosos dolores.
-Eh, eh, no digas esas cosas. Le tengo fobia a las enfermedades.

Nepa sonrió amablemente.
-Bueno, bueno…
-¿Has visto a Black Song?-preguntó Michael repentinamente

-No… que yo sepa… ¿Por qué?- El biólogo parecía un poco extrañado por la pregunta
-No… nada… nada…- ya de paso, Nepa aprovechó para preguntar otra cosa:
-Oye, Michael, se puede saber porque hace ya dos días que no tocas nada?
-¿Um? Bueno, yo… Supongo que estoy preparando… una buena canción…

-¿No será que los pulmones se te han atrofiado y eres incapaz de suplicar por una miserable sentencia que acabe con tu vida?- Michael tembló, y se alejó de forma exagerada del templado biólogo
-Si mis pulmones estuviesen contaminados, entonces yo mismo me los habría arrancado antes que perder mi inspiración- Ahora fue Nepa el que se asustó de forma exagerada:

-¡Ala, ala! ¡No deberías decir esas burradas, te va a acabar oyendo alguien!- Michael observó el camarote del capitán, del que acababa de salir Anthony
-Como… ¿Como el capitán?
-Supongo…- dijo Nepa
-Esperemos que se recupere
-Se recuperará- Nepa alzó el pulgar arriba como máxima muestra de expresión- que no te quepa ninguna duda

-¿Y si no se recupera?- Michael acalló por un momento cuando vio que Van estaba subiendo por las escaleras, así que guardó silencio durante unos instantes. Mientras, Nepa seguía cuidando sus plantas con una sonrisa dibujada en la boca, plenamente consciente de lo mal que se llevaban Michael y Van. Se limitó a seguir regando, hasta que Van volvió a meterse en el barco, con algo que parecía preocupación en su rostro. Justo entonces, Araknoss terminó de hablar- ¿La muerte…?
-¿El que?-preguntó Nepa
-Nada… nada… supongo que estos últimos días he trabajado más de lo normal… si me disculpas, creo que me iré a descansar…
-¿Pasa algo, Michael? ¿Necesitas ayuda?
-No… nada… solo… déjame…

Nepa se encogió de hombros, para seguir cuidando sus plantas, mientras que Michael, más distraído, prefirió entrar de nuevo en el barco. Empezó a caminar por las escaleras.

¿Ayuda?

No… no necesitaba ayuda… ¡O tal vez sí? ¿Por qué no había dicho que no encontraba a Black Song? ¿Dónde podía estar? Analizó uno por uno cada uno de los escalones que iba pisando, temiendo que en algún desliz pudiese pisar a su querida araña. Lo cual sería un desliz terrible. Ya había pasado tres días sin saber nada de su araña, y cada vez temía más que alguno de los tripulantes la hubiese pisado, o se la hubiese comido. Si alguien la había hecho un poco de daño, por leve que fuera, juró que se las pagaría, quisiese o no. Al fin y al cabo era su amiga, la única en todo el barco que lo apreciaba.

Entonces tuvo una terrible idea. Una sensación de escalofrío que recorrió todas y cada una de las vértebras de su espinazo. Hasta ahora no se había parado a pensarlo con claridad, pero ahora ya no estaba tan seguro.
Se dio la vuelta.

Caminó hacia la bodega.

Observó a través de la ventana.

Siguió observando.

Olió.

Saboreó.

De momento no notaba nada, pero… ¿Y si a estas alturas Black Song ya había muerto? No tenía ningún seguro de que estuviese viva. Probablemente estaría corriendo algún tipo de peligro, ahí, en la bodega. Tan solo tenía que abrir la puerta, echar un vistazo y largarse. Tan simple como ir, venir y volver. No había nada más.
Entonces… ¿Porque no movía el picaporte?

Bueno, no importaba. Le preguntaría a Anthony. ¿El sabría todo lo que pasaba no? ¿Era el que entraba en la bodega? Si, iría a preguntarle directamente por Black Song, y ya de paso aprovecharía para preocuparse por el estado del capitán.

Nunca llegó a tocar el picaporte.




NEPA



La puerta seguía cerrada.

Bueno, era normal. Al fin y al cabo el capitán había sido contagiado por una enfermedad de los mares, y resultaba completamente lógico que no pudiese salir para así no contagiar al resto de la tripulación. Una decisión muy loable por parte del capitán, sin duda alguna. Tan solo necesitaría reposo.

No es que no hubiese pensado en colarse en el cuarto, como todo el mundo, sino que más bien las imposiciones de Anthony eran demasiado severas. Había cerrado la puerta a cal y canto, y no paraba de trabajar, ora en la bodega, ora en el camarote del capitán, manteniendo así una vigía sin descanso alguno permitido. Era casi imposible salvar el escrutinio del Desertor Blanco, aunque lo hiciese todo siempre por el bien de la tripulación. Incluso de la tripulación de otros piratas.

A Nepa ciertamente le preocupaba la presencia de antiguos enemigos en la bodega, y más aún de enemigos contagiados por enfermedades del mar biológicamente perjudiciales, pero, mientras las enfermedades humanas siguiesen sin poderse transferir a las plantas, Nepa no tenía de que preocuparse, tan solo tendría que guardar las distancias todo lo posible, y, por supuesto, seguir meditando, y cuidando las plantas.

Si, la meditación era una tarea muy noble.

A todo esto empezó a pensar en la próxima ruta. En el Grand Line, adivinar el destino y la duración de los viajes era técnicamente imposible, sin embargo, llevaban ya unos cuantos días (le daba vaguería recordar) sin ver el más leve atisbo de tierra firme. Podría fácilmente pensarse que estaban en el pacífico Calm Belt, pero esto era falso, ya que el viento hacía oscilar suavemente las velas del barco. En ningún momento habían dejado el Grand Line, simplemente se habían encontrado con una amplia zona de mar abierto.

Tan solo… les estaba pasando lo mismo que a los Cazadores de Grullas, se habían topado con una gran masa de agua sin fin. Tal vez habría alguna tormenta por el camino, o más asaltos por parte de piratas despistados, pero, si mantenían el rumbo que llevaban, llegarían a la isla más cercana en muy poco tiempo.

Por otra parte, tenía que avisar a Kokuran de que preparase para la cena algo dietético, poco perjudicial, algún alimento para el que no se tuviese que sacrificar ninguna planta o animal. No podía dejar que la naturaleza sufriese algún gran martirio, y menos si era evitable.

Siguió regando las plantas. Solo le quedaban las petunias florisvestres y los conejustos, para poder descansar y seguir meditando. En esas estaba pensando cuando vio a Anthony y a Michael discutiendo a lo lejos sobre sus asuntos. Fuera lo que fuera de lo que estaban hablando, parecía una discusión muy acalorada, casi a dos bandas. Por un momento Nepa pensó en interferir, o al menos cotillear para averiguar la fuente de la discusión, pero, tras cavilar un poco, llegó a la conclusión de que la conversación no le interesaba lo suficiente. Como sus plantas requerían más atención, se dio la vuelta, e hizo de oídos sordos.



KOKURAN


-No, así está bien.

No tenía muchas ganas de discutir. Normalmente le diría a Diego que la pimienta nunca debía mezclarse con la canela, pero, dada su lesión en la pierna, no tenía muchas ganas de discutir sobre fruslerías. Cocinaba como podía, tan bien como podía hacerlo a una mano, lo cual dificultaba mucho la tarea. Por ejemplo, ahora acababan de quemarse los filetes de pescado debido a su lentitud a la hora de acudir a los fogones. Al fin y al cabo, tanto el cómo Diego llevaban todo el día cojeando de un lado al otro, sin parar.

Tal vez no tendría que haberle pedido ayuda precisamente a Diego, aún lesionado por el invento de Stan, y con algunos vendajes por el cuerpo, pero tampoco se atrevía a decirle que no. Había estado esforzándose toda la semana en ayudarlo a ejecutar sus tareas, y si reconocía que no necesitaba de su ayuda, el pobre Diego acabaría convertido en un peso muerto, cosa que no le deseaba al investigador. Ambos serían capaces de mantener su orgullo, costase lo que costase, así que siguieron cocinando, casi en silencio, dando alguna que otra orden esporádica.

-Eh, eh, aparta el cigarro de los fogones
-Bueno, por un poco más de fuego no creo que pase nada, ¿no?
-Si no lo haces tendré que echarte…
-Prff- apagó el cigarro a regañadientes- eres muy gruñón…
-Nunca hay que descuidar la cocina, chaval

Cuando terminaron, Kokuran, extremadamente cansado, se limitó a sentarse en una silla, y Diego, un poco más jovial, salió por la puerta. Ya habían terminado. Había sido muy difícil, pero la tarea ya estaba acabada.
Ya a solas, miró la comida servida. Por un momento Kokuran estuvo a punto de tirar la comida por la borda y pedir un pinche más útil, pero eso sería no solo una falta de respeto hacia Diego, sino también un desperdicio de comida, ya que al fin y al cabo había tenido que cocinar a regañadientes algunos platos para los enfermos, cosa que le asqueaba sobremanera.

De hecho, los platos de los prisioneros habían salido mucho mejor parados, ya que consistían únicamente en frutas, verduras y otras cosas igual de sanas. Así que, pensó… ¿Y si les daba el cambiazo? Nadie notaria nada, todos estarían contentos, y el enemigo tendría lo que se merecía, ¿No?

-¡SIRVIEEEEEENTAAAA,LUEGO PÁSESE A LIMPIAR MI CUARTO!
-Pero será…- Agarró un cuchillo, e inmediatamente lo lanzó a sus espaldas, pero al final tan solo consiguió arañarle un poco los zapatos mientras huía de la cocina.

¡Ese imbécil! ¡No le bastaba con casi cortarle los dedos el otro día, quería volver a por más! Ya había huido, y tenía suerte de que estuviese lesionado de pie y mano, pero, cuando se recuperase, pensaba tomar cuenta de cada ofensa infringida a su persona. A ser posible de forma física.

Ya iba a volver a sus tareas cuando otra persona entró por la puerta:
-Maldito hijo de…- paró de alzar el cuchillo cuando vio que no era más que Nepa. Un día de estos pondría una campanilla en la puerta, no era ni medio normal todo esto. Y tampoco le gustaban las visitas de Nepa, siempre acababa teniendo que desperdiciar algo de comida por su culpa, ya fuesen animales “injustamente asesinados” o plantas “brutalmente degolladas”. Lo de ese tío no era ni medio normal.

-¿Qué quieres?- le dijo al biólogo
-Venía a ver que ibas a cocinar para esta noche…- dijo Nepa, intentando echar un vistazo a los fogones
-Comida
-Sí, pero… ya sabes… ¿No irás a…?
-Eres un pesado- se echó a un lado para que Nepa pudiese ver que iban a comer por la noche

-Esto… esto…- el ecologista parecía ampliamente horrorizado, no solo por la comida de la tripulación, sino por las frutas que iban a comer los prisioneros- ¿Qué es esto?
-La comida de los prisioneros
-¡Esto es totalmente cruel e insano! ¿Porqué hay tantas pobres frutas y plantas muriendo en esos platos?
-Mira, a mi no me discutas esas cosas. Yo…- dejó de hablar cuando Anthony entró por la puerta, envuelto en una de sus armaduras descontaminantes. Parecía estar terriblemente cansado, ya que apenas arrastraba los pies, y la suya era la expresión del más absoluto desasosiego. Aún así, el Desertor Blanco seguía caminando, en dirección a la comida de los enfermos, servida en tres platos. Musitó unas palabras:

-Son órdenes del capitán. Los prisioneros deben comer alimentos para poder recuperarse
-¿Y porque tenemos que servirles comida a los que intentaron matarnos ayer? ¿No merecen las plantas más respeto?
-Yo… lo siento Nepa… no tengo energías para discutir. Luego ya te diré…

Anthony se fue de la misma manera que había llegado, llevándose las tres bandejas llenas de comida saludable y frutas, pero Nepa le siguió por el pasillo, hostigándolo constantemente.

Kokuran suspiró profundamente, ya que por fin se había quedado solo, y ya tenía tiempo para poder meditar, pensar, o dormir. Su “trampa” se había roto antes siquiera de haber podido perpetrarse, y se había quedado solo. Ya no podía hacer nada más por la mala comida cocinada, aunque no dejaba de pensar en la anterior conversación de Anthony y Nepa…

Si, había estado a punto de intervenir, entonces ¿Por qué no había dicho nada? Se preguntó el cocinero, aunque en el fondo sabía de sobras la respuesta.



AMBER


Silencio. Eso era lo único que oía en estos momentos. Se había tapado los oídos para descansar, y así no tener que oír a los peces, o el bramido de las olas embraveciendo la cubierta del barco. Disfrutaba de una paz relajada y ajena, por mucho que Diego no parase de llamarla a la puerta para ofrecerla un plato cocinado por el mismo. A regañadientes tuvo que levantarse y abrirle al investigador de las Panteras. Se quitó los tapones:

-Aquí tienes, Amber-swaaaaan

Era una copa de zumo con una pajita. Se limitó a aceptar el regalo con una sonrisa, decir que no pasaba nada, y cerrar la puerta. No quería ni tenía ganas de hablar. Dejó el zumo encima de la mesita de noche, para acto seguido ponerse los…

Los tapones ya no estaban. Los había perdido. Ahora tendría que escuchar de nuevo las voces, y no podría dormir, era totalmente injusto. Pateó una mesa, e intentó hacerse unos tapones con los restos de la pajilla, pero era inútil, ya que de ninguna manera podía ya hacer acallar las voces.

Se tumbó sobre la cama, e intentó pensar, pero no podía. Demasiado ruido. Se levantó a comprobar el estado del baúl, el cual como siempre seguía totalmente intacto. Estaba segura de que alguien se metía en su cuarto por la noche. E incluso le olía el pelo, al fin y al cabo era la única mujer a bordo, ¿Estaba totalmente rodeada?
Las voces seguían oyéndose a través de las paredes

Ya no podía aguantar más la tensión, por lo que abrió la puerta y salió a la cubierta. Por el camino se tropezó con Michael y su apestosa presencia, la cual evitó lo más rápido posible, ya que su olor a araña le ponía los pelos de punta. ¿Acaso era él el que se colaba en su cuarto? Volvió de nuevo a su camarote para cerrarlo a cal y canto, y volvió a la cubierta. Ahí estaban Nepa y Kokuran discutiendo, y Tony practicando tiros sobre una diana. Amber, arco en mano, se encaminó en dirección al francotirador de la tripulación, con una malhumorada mirada.

-Te reto a un duelo
-¿Ahora? ¿Así, de repente?- preguntó Tony, repentinamente confundido
-¡Sí! ¡Esto será un duelo!

Por detrás, Diego alentaba a la mujer. No había otro caso, ambos tenían que empuñar sus arcos para acometer con el duelo. Tony, aún confundido por haberse convertido en la víctima de una especie de duelo con la mujer del grupo, sudaba la gota gorda a la vez que sostenía su arco, mientras que Amber mantenía la vista fija en el horizonte.
Siguieron parados, manteniendo la misma postura, enarbolando flecha y arco, durante unos cuantos minutos. La poca gente que había en la cubierta (Diego y Nepa) se preguntaba sobre como acabaría esta vez el enfrentamiento, mientras que Tony, aún un poco confundido, seguía sudando, que no deseando ser derrotado. Ambos siguieron así por unos minutos más, hasta que Tony, cansado de estirar el brazo, preguntó:

-Y… ¿A que será el duelo?
-Pues…- Amber se sonrojó. No lo había pensado...—Espera, ya sé! ¡Podemos utilizar la ““Savage Super Arrow Marcher”! ¡Quien la lanzé más lejos, gana!
-Um… no es mala idea… podemos pedírselas a Stan…

Justo entonces apareció el inventor, cargando con algunos bartulos. Parecía cansado. Tony, risueño y competitivo al mismo tiempo, sonrió y le preguntó a Stan:
-Ey, Stan, ¿No prestas…?
-No.-respondió tajantemente
-Pero…
-No
-Venga…
-He dicho que no. Ahora estoy ocupado. Vete.

-Eh, Stan..- Diego apareció detrás de los tiradores- yo de ti no le hablaría así a nuestra navegante…
-Yo… eh… ¡Estoy ocupado! ¡No puedo!- tan pronto como dijo esto, Stan se fue de nuevo por las escaleras. Tony y Amber, sorprendidos, se miraron entre si, mientras que Diego, menos serio, empezó a decirle a su “Amber-swan” si la había defendido bien. Apenas unos instantes después, apareció Van, seguido por el humo de lso cigarrillos, y apartó de una patada a Diego para poder hablar con la giojin:

-¿Ha variado el rumbo del Log Pose?- inquirió inmediatamente
-No… sigue fijo… parece…- y era verdad, la brújula seguía apuntando al mismo sitio. Van se encogió de hombros, y volvió a hablar, esta vez susurrando:
-Pues más te vale que encuentres el rumbo. Por que las cosas van a complicarse bastante.



Entretanto, el sol estaba ya a punto de ponerse en el horizonte.


Todos acudieron, ya que la cena ya estaba servida.

La comida consistía en muslos de gaviota, filetes de pescado, tarta de merluza, sake, agua, y unos helados de postre, además del pienso especial de Nepa. Todos alimentos adaptados a lso gustos de cada miembro de la tripulación. Y, una vez más, todo estaba mal cocinado, solo que esta vez sabía a mil demonios mayores invocados especialmente para la fiesta. De todos los presentes, Anthony y John eran los únicos cuyas sillas estaban vacías, por lo que esta vez era Kokuran el que se encargaba de presidir la mesa.

Era todo un incordio. No dejaba de mirar a sus camaradas, insinuando con la mirada lo buena que estaba la comida, así que, con la presión, costaba mucho fingir, ya que los platos eran aún más horribles que los de la noche pasada. Todos tuvieron que hacer pucheros, esconder sibilinamente lso restos, o sonreír forzadamente mientras las migas se les caían de las bocas. El único atrevido fue Van:

-Tío, ya no tiene ni gracia.-Kokuran enarcó una ceja, y Michael, asustado, se apartó de su lado unos cuantos metros. El cocinero no pudo evitar preguntar:

-¿De qué estás hablando?- insinuó
-Pues…antes estaba encontra de que Anthony subiese aquí a los prisioneros, pero… viendo lo que tenemos que comer, no me quiero ni imaginar los horribles dolores que estarán sufriendo ellos ahora.
-¿Acaso quieres pelea?
-Bueno…- Nepa intentó interrumpir la conversación- en realidad los prisioneros han comido mejor que nosotros…

-¿Has oído eso, sirvienta? Creo que es hora de que aprendas a distinguir…-ambos estuvieron a punto de enzarzarse de forma irremediable cuando de pronto aparció Anthony, el cual se echó cuan largo era sobre su silla. Suspiró y miró a la tripulación, totalmente ansiosa por saberl as nuevas del médico de abordo:

-Hoy el capitán no podrá comer con nosotros. Mientras siga bajo tratamiento, tendrá que quedarse en su camarote.
-Vaya…- dijo un disgustado Tony
-¿Y que tal están los enfermos?- inquirió Van de forma casi sibilina
-Están… - se calló. Había estado a punto de decir algo bastante comprometedor-intententándolo. Las fases de la enfermedad en sus casos están mucho más avanzadas que la que padece John.
-¿No podemos visitar al capitán?- preguntó Tony

-No quiero correr el riesgo de que algún tripulante más se contagie, pero dentro de dos días estará en mejro estado
-¿Y esos mamones? Los prisioneros…- dijo Diego
-¿Se curarán?- interrumpió Amber
-No… no lo sé
-Pues espero que no se queden aquí mucho tiempo- espetó Kokuran. Y así empezaron a discutir de forma acalorada, la comida afortunadamente olvidada. Amber, muy cerca de Tony, aprovechó la confusión para dirigirse a él en voz baja:

-Eh, Tony…
-¿Sí?
-Si yo soy la navegante… y también la francotiradora… ¿Entonces cual es tu utilidad en el barco? ¿Vas a ser la comida de emergencia?
-Eh, eh, para Amber, no empieces de nuevo.- puso las manos en señal de paz- No quiero tener ninguna pelea, y estoy más intrigado pro saber que rayos le habré hecho a todo el mundo para que estén cabreados conmigo. Además- hizo una pose falsamente pomposa- Todos saben que yo soy el mejor tirador de todos los mares

-¿Ah , sí?- ahora la voz de la giojin sonaba igualmente divertida que enfadada- Mañana vas a ver…
En otro lado de la mesa, Michael intentaba tocar algo para elevar los ánimos, pero, por alún motivo, de su instrumento tan solo salieron unas notas discordantes a las que nadie hizo el menor caso. Abatido por el nuevo fracaso, Araknoss se sentó de neuvo sobre su silla, sopesando seriamente si debía tirar al mar su violín. Nepa lo observó todo con una mirada triste.

-¡Se acabó! ¡Pues si no os gusta mi comida os aguantáis! ¡Mientras yo sea el cocinero, en estos mares no se desperdiciará absolutamente nada!
-¿Qué pasa, sirvienta, quieres que recurramos al canibalismo?
-¡Yo a este lo mato!

Y así siguió la noche, durante un largo rato en el que nadie reparó en la ausencia del capitán, aún postrado y encerrado en su camarote personal.




Y, mientras en la cubierta la tripulación de los Panteras Negras discutía, en la bodega otra tripulación de otro tipo también discutía, aunque de temas diferentes.

Tan solo hablaban aquellos que aún conservaban la facultad. Todos ellos eran seres humanos cubiertos de amasijos de vendas supurientas, restos de fruta, y mocos. Muchos no podían ni caminar, y los restantes, rezagados, discutían a gritos con un hombre alto y casi saludable sobre unos temas poco conmovedores:

-Esta hambre…
-Cuanta sed…
-Necesitamos agua…
-Más…
-Estamos en un barco…
-Tengo un cuchillo…
-Mi… milag…gro…
-Yo quiero agua…
-Me muero…
-Sí… esto es un chollo…
-Yo quiero violar…
-¡Callaos todos, malditos enclenques!- espeto la figura imponente- Nadie va a amotinarse aquí mientras yo sea vuestro nuevo capitán!

-Pero nadie nombró a Don Juan capitán de la banda…
-¿Y quien queréis entonces que os lidere, eh?- dijo el antiguo contramaestre
-Juan tiene razón…
-No… yo seré el capitán…- dijo toda una multitud de voces casi al unísono.
-¿Acaso planeáis amotinaros? ¡Sois unos traidores! ¡Pensad en el capitán! ¿Qué os diría el capitán si os viese ahora mismo?
-El capitán no importa…- Don Juan desenvainó la daga oxidada que le había prestado el méidoc- solo importa Raftel…

-No… apartad…- hizo unas cuantas fintas en el aire- quitaos de en medio… no… no… ¡AAAAAAAAGH!- La multitud se le echó encima. Una multitud de piratas enfermos, hambrientos, y sedientos, con ganas de matar…





Eso era todo.

En medio del mar, un solitario barco cortaba la paz de las olas con un silencioso pero constante rumbo recto hacia el horizonte. Era un modesto barco, con algunos adornos, pero, sobre todo, era un barco con la bandera pirata alzada sobre el mástil, y cañones a estribo y a babor. Una enorme embarcación que surcaba los mares en busca de sangre y guerra.

En la silenciosa cubierta tan solo habían cinco tripulantes, todos ellos envueltos en gabardinas negras como la misma noche tras la que navegaban. Trabajaban para hacer que el barco funcionara y siguiese hacia adelante, a pesar del viento de barlovento, y la loca brújula del Log Pose, que no paraba de dar vueltas sin sentido.
Como atendiendo una orden silenciosa, uno de los tripulantes dejó de trabajar para asomarse por la borda. No parecía estar vigilando sino que más bien parecía estar… olisqueando el propio mar, como un perro tras el rastro de su presa. Tras olisquear un par de veces, el individuo señaló una ruta con la mano, y justo entonces apareció el capitán.

Al igual que sus tripulantes, iba envuelto en una gabardina y un sombrero de copa, aunque, en este caso, la gabardina gris lo diferenciaba del resto de la tripulación, y las dos pistolas del cinturón, las únicas armas visibles a bordo. A través de los ropajes, unos ojos rojos contemplaban el camino que el subordinado había señalado. A través de la bruma nocturna, una voz se alzó por encima de las tinieblas para gritar una sola palabra cargada de odio y desesperación:

-Panteras…

El barco siguió el nuevo rumbo, sin que los tripulantes se hablasen entre ellos, o el capitán ordenase algo más. Al parecer era una tripulación de profesionales pirata que no necesitaban de orden alguna para saber lo que precisaba el capitán. Tan solo necesitaban un objetivo, el rumbo, y la sangre que derramar.

Entonces, en el horizonte apareció una larga fila de siluetas blancas. Una mirada a su catalejo le aseguró al capitán que la línea blanca no era ni más ni menos que una enorme flota de la Marina enviada ex profeso para detenerlos en nombre de la ley.

Un chasquido interrumpió la tranquilidad, un ruido similar al de una sierra golpeando contra una montaña.

El capitán se estaba riendo.
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No more mutants---By Bolivar FearStyle
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