wild animal escribió:Por fin esto se aviva y con un capitulo, y debo decir que es uno bueno.
Me divirtió mucho el principio, la pelea de Anthony-Tony.
Debo decir que tengo una duda, ¿Gris estaba en la cueva y a la vez matando a John?, eso no lo comprendi, tal vez decir fue antes o ¿Cómo fue?.
Debastadoramente triste la escena de Agata, asi como la guerra, muy buena, aunque creo faltaron algunas descripciones.
La historia me agrado mucho, asi como el hecho de la pista, creo puede dar mucho a futuro, y juntando a tu petición de hablar de la siguiente saga tengo esto:
El hombre de Belzeb escaba con la pista, los panteras deben buscarlo, y para ello ocupan un investigador que sepa seguirlo, así como las pistas de las reliquias, y ahí es donde entra Diego.
Ocupamos a alguien que pueda ayudar con eso, osea sea lo que muchos piensan será Robin en Raftel, la clave para el tesoro, creo Diego encaja perfecto.
Pense proponer de ultimo minuto, pero tu capitulo me dejo mas que satisfecho.
En el siguiente (42) propondré.
Vale, lo del Caballero fue un despiste xD La edición (de momento solo he corregido eso):
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- Capítulo 41: Oración
- Me cago en tus putas estrellas, Tony, ¡¡me cago en tus putas estrellas!! -gritaba un muchacho, de pelo gris y cuerpo robusto, encarándose con un bicho enorme mezcla de león y águila que, sorprendentemente, parecía intimidado. Otro más aguardaba el final de la conversación sentado, cuatro o cinco metros más allá.
Se encontraban en una especie de pequeña colina, un lugar inhóspito por lo que parecía, en el que únicamente había hierba, niebla, frío, y tres viajeros extraviados. A lo lejos se podían divisar las cuatro colinas que sostenían Ciudad Porcelana, y la torre más alta del palacio de la misma. John, el cual miraba paciente hacia el enorme castillo que se alzaba a lo lejos, sintió un terrible escalofrío en la espalda. Torció la cabeza para vislumbrar a sus compañeros.
- Te juro que nunca me había pasado, Anthony... Las estrellas han debido de beber, porque se han movido sin sentido de su lugar... -contestó el grifo, algo empequeñecido por el ímpetu de su "regañador oficial", tal y como él mismo le había llamado minutos antes.
- Menos gilipolleces, Tony, ¡menos gilipolleces! -exclamó el Desertor de nuevo, completamente enfurecido.
- Joder, Anthony, ya te he dicho que lo si...
- Callaros los dos de una puta vez -intervino John.- ¿Creéis que discutiendo arreglaremos esto? ¿O preferís retomar el camino?
Anthony le miró durante un par de segundos, pensativo.
- Pero John, es que estamos completamente perdidos.
- No más perdidos que antes. Así que subámonos los dos al lomo de Tony, y que nos lleve a donde le diga el instinto, no hacia donde le señalen las estrellas.
El tenaz muchacho no tuvo otra que asumir su metedura de pata en forma de rabieta, bajar la cabeza y seguir a su amigo, quien ya se había adelantado colocándose en la espalda del grifo. John le miró, y, con una enorme sonrisa en la boca, se le dirigió amistosamente.
- Es el instinto el que nos ha traído hasta aquí, ¿no?
Un fuerte aleteo después, en la colina solo hubo hierba, frío y niebla.
Palacio de Ciudad Porcelana
Solo se escuchaban pasos. No había ninguna figura humana a la vista, a pesar de que la puerta del palacio estuviese abierta. La entrada decepcionaba, sin embargo, por su visible deterioro y color oscuro, respecto a la apariencia imponente y enriquecida que ofrecía desde el exterior. Las paredes estaban descoloridas, y en algunas partes manchadas de sangre. Los alguna vez preciosos cuadros que poblaban los muros de la entrada eran ahora, por desgracia, simples garabatos emborronados por la humedad y el tiempo. En vista de lo inánime del lugar, Bastian decidió volverse visible, puesto que no había indicios que le indicaran que podría verle nadie.
Caminaba tranquilamente observando aquel patéticamente espectacular lugar, cuando la enorme puerta del palacio se cerró tras él, provocando un terrible eco que resonó en todos y cada uno de los pasillos del palacio. En algún momento llegó a maldecir el suceso, temiendo que el ruido despertase a algún espíritu que habitase aquel lugar, pero rápidamente desechó la idea. Era imposible que existiesen fantasmas. Y era más imposible aún que él les temiera, él que había visto de todo.
Despertó de sus pensamientos y puso su atención en las anchas escaleras que se alzaban ante él, las cuales posteriormente se partían en dos para seguir cada hilo por su lado. Las escaleras, o más bien su apariencia, tampoco invitaban a subirlas. El tapiz rojo que las protegía de las pisadas estaba desgarrado en algunas zonas, en otras manchado de sangre, volviendo el brillante rojo que originalmente tenía la alfombra en un color más parecido al granate. Volvió a acordarse del espíritu errante. Se pegó un puñetazo en la cabeza, tratando de convencerse de que no había tales seres.
El bolsillo derecho de su chaqueta le pesaba más de la cuenta, pero no le dio demasiada importancia. Comenzó a subir las escaleras, y a cada una que subía, más dudas le aparecían en la cabeza. Se preguntó si había hecho bien en dejar con vida a Camus. Se preguntaba también el por qué el susodicho Camus jamás llegó a quedarse la pista, si tantos años estuvo viviendo en el palacio y la llave estaba en su poder. Cerca de una hora antes, en una de esas cientas de rocas flotantes alrededor de la Ciudad, tras haber escuchado el discurso del loco hombre, le durmió con una de las tantas sustancias sedantes que llevaba en el botiquín, el mismo botiquín con el que le había curado. Y le había robado la llave, básicamente, porque era su deber. No se atrevió a llevarse a Camus a palacio, pero tampoco a matarlo, ya que, en realidad, no suponía ninguna amenaza, y no le apetecía mancharse las manos de sangre si no era necesario. Había sido enviado para recoger la pista en cuestión, y todo lo demás le daba igual.
Siguió subiendo escalones, y cuando se presentó ante él el cruce, optó por dirigirse a la derecha. No por instinto, sino porque había obligado al bueno de Camus (antes de sedarlo, obviamente) a decir la ubicación exacta de lo que andaba buscando. Ahora que lo pensaba, ni siquiera sabía qué era, materialmente, lo que buscaba. Sólo sabía que era una "pista".
Y a medida que subía escaleras, el bolsillo derecho de su chaqueta, pesaba más.
La noche avanzaba a un ritmo vertiginoso. Tres horas después...
El incesante fluir del agua rociaba de sonido aquel silencioso lugar. Pequeñas y oscuras hierbecillas que brotaban del húmedo suelo bailaban, al compás de los vientos, creando una imagen de hermosa armonía entre el oscuro cielo y el claro césped.
Un enorme pájaro aterrizó en el lugar, y de su lomo bajaron dos muchachos, que, debido a la oscuridad, no podían ver ni medio palmo más allá de sus narices.
- ¿Aquí? -preguntó uno de ellos, Anthony.- Pues me suena a fiasco, el experimento del instinto...
- Calla y camina, leche. A falta de brújula, no nos quedaba otra, así que... -dijo el grifo, Tony, harto ya del refunfuñar de su arenoso compañero.
- Callaros los dos. Centraos en lo que nos ocupa, joder, que si no la llevamos clara en el asunto. Para empezar, ya me empieza a extrañar que no hayan llegado el resto aún.
- ¿Qué resto? -preguntaron los otros dos al unísono.
- Los del Puño -dijo John, antes de mirar al suelo, al llamarle la atención un bulto que había pisado.
Los tres jóvenes emitieron un sonido de horror, cuando comprobaron haber pisado un cadáver. Los ojos se les empezaban a acostumbrar a la oscuridad, y pudieron afirmar con espanto, que no era uno, sino varias decenas de cadáveres. Una voz les sorprendió.
- Corazones limpios... Alégrame ver tales seres por aquí -dijo, saliendo de las penumbras, un anciano barbudo, muy malherido.
- Quién... ¿Quién eres? -respondió Anthony, frunciendo el ceño, al no fiarse del individuo.
- No soy nadie, aunque... Ya... Supongo que da igual... -contestó, con una voz casi apagada, mientras se sentaba en el suelo.
- ¿Qué es lo que da igual? -preguntó John, mientras se le acercaba al anciano.
- No he sido capaz de proteger... El pasado de WolkenBerge. La guerra... -dijo, mientras alzaba su mirada para observar, con ojos brillantes y penetrantes, los ojos de John- Ha comenzado.
Una terrible explosión en mitad de la nada. Niebla. Una mano cercenada. Cientos de hombres luchaban lanza con lanza y espada con espada, bajo la implacable luz de la luna llena, opacada por una humareda y la incesante y fría blancura del alrededor.
El sonido de los filos, de los gritos de hombres desangrados, el desgarrador llanto de aquel al que le han cercenado el brazo, el ruido de las aún frescas y sangrientas cabezas cortadas al caer, el rugido de valor del que, aún con una espada clavada en el pecho, reparte sablazos a los que se le oponen. Cientas de personas se movían en una misma dirección mientras se mataban entre ellos, dejando detrás una roja estela de cadáveres.
- ¡¡¡Padrinoooo!!! -exclamó uno de aquellos luchadores, mientras clavaba su lanza en la dura cota de malla de su rival.- ¡¡ÓRDENES!! ¡¿Enviaremos alguna avanzadilla a por el tesoro?!
Una ola de ardiente fuego y punzantes rayos se llevó consigo a varios hombres, vestidos con una armadura negra. Otros, vestidos con una cota de malla roja, festejaban la masacre, cuando a su vez, algunos de ellos eran asesinados por los del bando rival.
- ¡¡IRÉ YO PERSONALMENTE!! -exclamó Van, completamente exhaltado, aunque sin parar de reducir efectivos oponentes.- ¡¡Que vengan conmigo diez hombres más!! -tras decir esto, alzó la voz, buscando un oído perdido entre toda aquella muchedumbre ensangrentada.- ¡¡¡AGATHAAAAA!!! ¡¡¡ESTÁS AL MANDOOOOO!!!
- ¡¡Oído, Padrino!! -exclamó la pequeña muñeca de porcelana, mientras asestaba potentes y precisos puñetazos y patadas que a sus rivales les penetraban el gaznate como espadas. Nada más decir eso, notó una inquietante presencia a su alrededor. Dubitativa, se reafirmó.- ¡¡Confía en mí... Van!!
El que había pedido órdenes y otros nueve más persiguieron al joven como pudieron entre tanta gente. A su alrededor, brotaban en cualquier momento cabezas, corazones, arrancados sin piedad de sus respectivos cuerpos. A uno de esos diez hombres le atravesó una lanza en su afán de alcanzar a su líder, pero los restantes ignoraron el suceso. Un cadáver cayó ante tres de ellos, pero siguieron corriendo.
Metros más adelante, y sin cesar de matar gente a su paso, Van corría, cegado por aquello que trataba de conseguir. Se acordó de Camus. De que le dijo la localización equivocada. No del todo equivocada, a pesar de todo, pero... Al fin y al cabo, la pista no estaba donde estuvo tiempo atrás. Se la llevaron. Pero ahora sabía, por fin, dónde estaba la clave para conseguir lo que más ansiaba en la vida... Sí... La Corona le serviría... Rescataría a su hermana.
Sumido en sus pensamientos en plena guerra, era cuestión de tiempo que algún filo cruzado le sorprendiese, como así fue. Algún enemigo deslizó su espada por la tensa cara del joven, provocándole un corte de envergadura considerable. Cayó al suelo. Los que le venían por detrás corrieron raudos a ayudarle.
- ¡¡Corred, panda de gilipollas!! ¡¡Corred, no moriré aquí!! -exclamó, tras electrocutar al que le había propiciado la herida. Una furiosa voz paró en seco la carrera de los valientes, una voz que se levantó, por encima de los gritos de rabia y sangre.
- ¡¡¡PARAAAAAAAAAAD!!! -una imponente figura se alzó, con su capa gris ondeando al viento, sobre una colina de cuerpos inánimes. La niebla pareció disiparse, seguramente por las ganas de los guerreros por ver lo que sucedía. Sujetaba con su mano derecha a una pequeña criatura, que hacía lo posible por defenderse. Van, incapaz de reaccionar ante el espectáculo, completamente en shock, no pudo moverse.
- A... Agatha... -fue lo único que llegó a susurrar. El sonido de los filos desapareció. Aquel hombre, el Caballero de la Rosa Gris, tenía sujetada por el cuello a su fiel compañera. Nadie se atrevía a mediar palabra, ni a atacar a traición.
- Escúchame, "Bestia"... -comenzó a hablar el del Puño.- ¡¡¿QUÉ PIENSAS HACER?!! -hubo un corto silencio.- ¡¡¡SOIS MENOS Y PEORES LUCHADORES!!! ¡¡Y TÚ... NO ERES NADA!! ¡¡¿ES ESTA TU SEGUNDA AL MANDO?!! -Van permaneció en silencio. Su rabia iba creciendo.- ¡¡¡¡LA PODRÍA APLASTAR AHORA MISMO!!!! Pero sería de mala persona... -esbozó una cruel sonrisa- ¡¡La corona no debería estar bajo la posesión de alguien tan insensible!! O... ¿acaso es lo contrario? ¿Prefieres que la mate?
- ¿Qué coño le pasa? -dijo uno de los de su propia armada por lo bajini a alguno de sus rivales.- Se está contradiciendo...
Van seguía en silencio. Los nueve que aún le seguían le dedicaron una mirada interrogativa. El joven les ignoró, pues el Caballero de la Rosa Gris procedió a continuar su monólogo, sin soltar a la pequeña e indefensa Agatha.
- ¡¡JAMÁS LA CONSEGUIRÁS!! ¡¡TENGAS EL PROPÓSITO QUE TENGAS!! ¡¡¡YO SERÉ EL SOBERANO QUE ENCUENTRE LA CORONA!!! ¡¡Y ÉSTA ES LA DEMOSTRACIÓN!!!
El puño del General de División del Puño se cerró, creando a su alrededor una lluvia de porcelana. Los pequeños, nimios trozos del cuello de Agatha cayeron, uno a uno, al suelo. El resto de su cuerpo se rompió también al entrar en contacto con uno de esos cadáveres del suelo. Su cara, aún entera pero inánime, también se empotró contra el suelo, ante la atónita mirada de los presentes. El Caballero pisoteó el ya troceado cuerpo de la muñeca, hasta hacer del cadáver un cúmulo de migas.
- Era... Una miserable... Muñeca de porcelana -dijo. Los ojos de Van, mientras, parecían salirse de sus órbitas. Se le hinchó la vena de la frente, y comenzó a emitir sonidos de rabia incontrolable.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡HIIJOO DE PUUTAAAAAAAAAAA!!!!!!!
El joven se abalanzó sobre el cruel hombre, pero alguien de los nueve que le seguían, vestido aún con cota de malla negra, se interpuso entre los dos, agarrando al desbocado Van. Este último lloraba desesperado, tratando de soltarse de la odiosa detención de su amigo, hasta que se dio cuenta de que este también lloraba.
- John... -dijo el muchacho, al apreciar el peinado afro y las marcadas facciones del hombre.- ¿Por qué lo haces?
- Van... Desde el principio... fuimos cuatro -Van tragó saliva.- Desde que llegaste a la isla con Satoshi desde Rondinum, y él le dio vida a Agatha... -se le escaparon varias lágrimas a la vez.- ¡HEMOS SIDO MÁS QUE COMPAÑEROS DE TRABAJO, JODER! ¡HEMOS SIDO AMIGOS, Y EN EL FONDO DE ESE DURO CORAZÓN LO SABES! ¡POR ESO ME SIENTO EN LA OBLIGACIÓN DE OFRECERTE UNA VÍA DE ESCAPE Y ENTRETENER A ESTE HIJO DE PUTA, Y VENGAR A AGATHA! Por favor... -le empujó.- Vete.
Tres horas antes, en el tortuoso camino desde la Base del Puño de Ónice hasta la localización de la Pista...
- Tight, ¿sabes que bás le gustaba a bi tía Clotilde? El calor de la estufa en invienno ... ¡ATCHUÁ! Una vez, bi herbano pequeño se cayó a la estufa... ni te ibaginas qué bal lo pasó el pobre, y...
John Winnfield notó de pronto un frío acero al lado de su sien. Escuchó unas amenazantes palabras en su oído.
- No gritéis -John se dio cuenta de que su compañero Tight estaba en la misma situación. Observó, a su vez, que los atracadores, o quienes fueran, llevaban el mismo uniforme que ellos.
- No teggo nigguna intención de hacerlo -respondió, con gesto serio, mirando con sus penetrantes ojos negros a aquel que había osado ponerle el cañón de la pistola apuntando a la cabeza.
- ¿Ah, no? -insistió el pistolero.- ¿Quiénes sois? Sin mentiras. Jamás os había visto en la Base.
- Jamás hemos estado en ella. Somos John Winnfield y Tight Golpez, de Murder INC. ¿Por qué deberíamos gritar? -lanzó la pregunta Tight, con un tono bastante fanfarrón.
- Porque... Soy el Caballero de la Rosa Negra -respondió uno de los atacadores, concretamente el que había amenazado a John, enfundando el arma y poniéndose frente a frente con el atacado.- No entiendo qué hacéis disfrazados de nosotros, en ese caso. Acaso... ¿sois espías que "La Bestia" ha mandado para detener el plan de Cambrige?
- No exactamente -respondió Winnfield, sin alterar su segura y sonriente expresión.- Sobos dos hobbres de La Bestia, sí, pero fuibos capturados por el Caballero de la Rosa Gris, y ahora vabos en su tropa para reencontrarnos con nuestro Padrino al llegar al "Lugar".
- ¿¡Por qué se lo cuentas, imbécil!? -exclamó Tight, tras lo cual el Caballero de la Rosa Negra le asestó un buen golpe en la nuca, dejándolo inconsciente.
- Gilipollas... Menos mal que la niebla ha enmudecido esos putos gritos -después miró a John.- Lo que me importa es que no estás en el mismo bando que Cambrige. Solo eso. No sé cuáles son vuestros propósitos en el caso de conseguir la Corona, pero...
- Es una cuestión del pasado del Padrino. No tienes derecho a saber nada -cortó tajante John.
- De acuerdo. Solo quiero lanzaros una propuesta... de alianza. Puede que seamos enemigos después, pero aliarse, ahora, puede ser el único modo de pararle los pies. ¿Qué me dices?...
- No soy nadie para aceptar alianzas y yo tabbién desconozco vuestros propósitos... -esbozó una leve sonrisa- Y no es la única banera, pues un gran pirata ha llegado a la isla para no dejarle cubplir su propósito a ese estúpido... Pero aceptaré.
Tres horas después, de aquello, enfrente de una cascada de fluir incesante y un prado de fresca y enrojecida hierba, un anciano conversaba con tres muchachos.
- ¿Pero no estaba aquí la "Pista" para llegar a una de esas reliquias, anciano? -preguntó Anthony, tratando de sacar información al deprimido hombre que tenía enfrente.
- Lo estuvo... Alguna vez... Hace cosa de diez años... WolkenBerge dejó de ser lo que era... Para convertirse en una lucha sin cuartel por la Corona del Soberano...
- Está desvariando un montón -susurró Tony a la oreja de John, tras lo cual el otro asintió, desaprobando el discurso del anciano.
Un silencio absoluto, con la excepción del sonido del agua, tomó la zona.
- Eh esto... -comenzó a decir John ante la pasividad de sus amigos.- Señor, necesito que me conteste a dos preguntas: La primera, ¿quién es usted? Y la segunda... ¿nos puede contar lo que pasó hace diez años en vez de soltar frases sueltas sin sentido? -el anciano lo miró medio llorando. Anthony dio un codazo a John.
- Muy fino...
- El joven tiene razón. ¿Qué quién soy yo? Nadie... Al menos ahora. Yo... pude ser el guardián de la Pista, un peón sacrificado en pos de un mundo en equilibrio... Pero hace diez años, llegó a oídos del rey de este país, Pol XVI, que una de esas Diez Antiguas Maravillas podría hallarse en WolkenBerge. No escatimó esfuerzos en buscarlo. Pasaron cien noches, hasta que un batallón, comandado por su consejero Camus Casper, llegó aquí. No encontraron la Corona, pero encontraron la clave de encontrarla. Este era un lugar casi onírico, bello -las lágrimas brotaban de sus ojos- y yo era el guardián de la Llave. La Llave que abre el cofre de la Pista para encontrar la Corona del Soberano.
- Entonces... ¿La Corona no está aquí? -preguntó John. Seis sombras les observaban desde las sombras.
- No exactamente. Camus regresó a Palacio y le informó al Rey... Que volvió con todas sus tropas, Camus incluido, a por la llave. Me sorprendió la actitud de aquel mandatario. Trató de conseguir la Llave de manera diplomática, y aún cuando me negué y le expliqué el porqué de no poder llevarse la Llave, ergo, la Pista... Me tendió la mano, me saludó y regresó con todos sus hombres a Ciudad Porcelana. Tenía un corazón puro aquel hombre y le podía haber dado la Llave, y me encantaría extenderme acerca de él, pero el tiempo apremia. No se la di. Craso error.
- Continúe, viejo -dijo John, tras lo cual Anthony le volvió a pegar un codazo.- ¿Por qué fue un error?
- Su consejero Camus no regresó todavía. Se ocultó en la niebla, cual cazador voraz que espera a su presa. Y se la llevó. No pude pararle los pies. No sé cómo, pero consiguió descubrir la localización de la Pista.
- ¿Dónde está? -preguntó, ansioso, Tony.- ¿Qué es?
- Una simple Oración, corazones limpios... Está en la torre más alta del lugar más alto de WolkenBerge... Y Camus lo descubrió... Armó una revuelta contra el Rey, atacándole por sorpresa desde la Ciudad. Lo asesinó a sangre fría, pero durante la guerra, la cual se extendió durante cinco días y cinco noches dejando el palacio en ruinas, Camus, el único que sabía de la localización de la Pista para encontrar la Corona... Recibió un fuerte golpe en la cabeza, perdiendo parcialmente su memoria. Pero se quedó con la llave... WolkenBerge perdió más de la mitad de sus habitantes, y el resto, temiendo que algo así pueda volver a suceder, están huyendo de la isla.
- ¿Y estos cadáveres? ¿Qué significa esto? ¡¡Anciano, quiero explicaciones!! -exclamó John, furioso por la increíble y trágica historia de que un hombre, cegado por su ambición y ganas de poder, no tuvo reparos en traicionar a su país y destruirlo.
- La historia se repite. Dos bandos... Murder INC y El Puño de Ónice... lo saben... Y van camino de Palacio, mientras se matan entre ellos. Aunque les he mentido sobre una cosa... No les he desvelado la existencia de la llave. Al llegar al lugar, si es que llegan al final, se encontrarán con un cofre cerrado a cal y canto, indestructible e inútil. Pero la muerte... es inevitable. Esta es mi venganza sobre esta isla, mi venganza sobre la estupidez del hombre. Confío en que un corazón limpio... Sea capaz de arreglar lo que entre todos nos hemos ocupado de destruir.
Los cuatro quedaron en silencio. John miró a la cara a sus dos amigos, y se levantó. La niebla se iba disipando poco a poco, a medida que el tiempo pasaba. No necesitaba saber más, no necesitaba tener más. No sabía quién era realmente su enemigo, pero aquel que se quisiese llevar la Corona, lo sería. Seis sombras aparecieron desde las penumbras al fin.
- Buen discurso, anciano. Era hora de que supiese lo que sucedió aquí de verdad. El secreto mejor guardado en la isla.
- ¿Quién eres? -preguntó John sin siquiera alterar su iracunda mirada.
- Robert Aldridge, el Caballero de la Rosa Negra, General de División del Puño de Ónice. Y veo en tus ojos el mismo objetivo que yo... Eres un gran pirata, sin duda...
Cerca de Ciudad Porcelana, un cadáver sobre cientos de otros, era sujetado por el cuello por el asesino que lo había dejado así. Un hombre con capa gris observaba a su víctima mortal, relamiéndose una herida que el otro le había causado en el labio inferior. La cara inánime del asesinado parecía haber sufrido los efectos de una asfixia. Mientras tanto, otros cientos de hombres se batían en batalla, dejando mojar de nueva sangre la sangre seca, de gritos de dolor el cielo que les fue prometido y jamás llegaron a conseguir.
- Demasiado valiente por tu parte... John Winnfield.
Palacio de Ciudad Porcelana
Bastian Bloodrop insertó la gran Llave en la cerradura de aquel pequeño cofre. Era una pequeña caja de algún extraño material cuya dureza estaba fuera de toda duda. El corazón le latía a mil revoluciones, y sudaba por los nervios. Había tenido que abrir una puerta enorme que buscó por la sala del Trono, hasta que la encontró detrás del mismo Sillón Real. Tragó saliva.
La sala era de una blancura impecable. Le picaba la curiosidad. ¿Cómo era posible que aquello estuviese tan nítido cuando el resto del Palacio estaba en ruinas, y, sobre todo, cuando nadie había entrado en aquella sala durante Dios sabe cuantos años? El cofre lo había encontrado sobre un pequeño pedestal de oro macizo, y rodeado de impresionantes grabados y estatuas en las paredes de metal de reyes.
A medida que el cofre se abría, la cara del hombre se iba iluminando. El cofre terminó de abrirse. A Bastian Bloodrop le temblaban las manos. Era algo tan fuera de los alcances de sus conocimientos, que se limitó a cogerlo y a guardarlo en el bolsillo, llevándose la llave consigo también.
- Una... Simple Oración... -dijo, temblando, a medida que desaparecía y se alejaba del lugar.
Fuera, en algún lugar de la isla, una de esas rocas flotantes dejó de ser flotante para ser solo roca, y se impulsó, como si de su destino se tratase, al profundo abismo de WolkenBerge...
Continuará...
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- Resulta que fue un error de redacción: el que está espiando a John, Tony y Anthony es El Caballero de la Rosa Negra, junto con sus cinco hombres, que vienen de aliarse con John W. y Tight (ergo, con La Bestia) y ahora se han aliado con John Conde y Cía.
Mientras tanto, Gris se ha cargado tanto a Agatha como a John Winnfield, pero lo de este último no lo sabe Van, aunque lo supone, por la última frase de su compañero.
Cosas que faltan por concretar en esta complicada y larga saga xD + algunas ideas:
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- - Lo he dejado caer al final. La Pista, al no poder ser destruida, era lo que mantenía en pie las rocas flotantes (inclusive Ciudad Porcelana), pero al ser robado por Bastian Bloodrop, el magnetismo ha dejado de funcionar y las rocas empiezan a caerse poco a poco.
- La cuestión es que nadie sabe esa verdad, así que seguramente empezarán una carrera por ver quién llega antes hasta algo que ya no está, por lo que tendrían que huir. He aquí el final de infarto y apocalíptico que todos queríamos xD.
- Deberíamos incluir un flashback más concreto de la isla, pues el que ha dado el viejo era un repaso muy superficial. Para dar mayor trasfondo a la saga debería haber un flashback en el que explicar mejor cómo era el rey (supuestamente de buen corazón) y Camus (el malo maloso). Aunque claro, esto ya es más opcional o hay quien pueda pensar que es innecesario.
- Ahora seguramente John, Anthony y Tony, junto con Aldridge, vayan directos a Palacio a detener a Gris, que ahora irá tras Van.
Sobre la próxima saga, me gusta la idea, aunque quería decir qué había que aclararse sobre la isla, la cultura de la misma, las ciudades... Teniendo en cuenta que es una isla muy grande y poblada. Ya la propuse en el segundo tema, lo rescato por si queréis.
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- Rondinum: Capital de la isla.

- Clima: Niebla constante y mucha lluvia, a veces nieve.
- Paisaje: Igual que el Londres del siglo XIX, niebla, señores con pipa y monóculo y mucho frío.
- Lugares de interés: - Iglesia de Saint Leonard (un Tenryuubito de hace 690 años). Las reliquias de dicho santo se guardan bajo el altar. La iglesia tiene en su haber la pieza religiosa (la religión de los Tenryuubitos, obviamente xD) más cara del mundo, valorada en muchos millones de Berries en piedras preciosas, oro y demás. Su campanario consta de 400 m, alzándose sobre toda la ciudad. Es una ciudad muy rica, pero extremadamente peligrosa. Por eso el cuerpo de policía cuenta con más de 1.000 miembros.
Larsat: Una hermosa aldea que se asemeja a la Dordoña francesa. Ahí se halla una de las mansiones de veraneo de los Tenryuubitos.
- Clima: Soleado, con chaparrones ocasulionales.
- Paisaje: Bucólico y pastoril, muy protegido.
- Lugares de interés: - Mansión Amarilla (Yellow Mansion) una de las siete mansiones de los Tenryuubitos a lo largo del mundo. La entrada es solo para los propietarios y visitas muy importantes. Consta de tres plantas de 2000 m2 cada una y con una longitud de 400 metros. Sus jardines tienen dimensiones titánicas, asemejándose a los de Versailles.

- Faraway: Un pueblo totalmente aislado de los demás, formado por 7-8 casas. Es el pueblo costero más pequeño de la isla.
- Clima: Apacible, las temperaturas rondan siempre los 17°C.
- Paisaje: Más bien rural. La mayoría vive de la pesca, así que hay 5-6 botes amarrados a la orilla.
- Lugares de interés: Parece un lugar sin atracción, más si se busca en el interior de alguna casa, puede halarse cierta base secreta xD
El resto de pueblos no tienen nada especial, salvo una mina de kairoseki al suroeste de la isla. Los demás pueblos son: Matebuk, Dopi, Easthamton (conocido por su exquisito jamón), Amparal y Bench.
- El clima es muy distinto en cada zona de la isla.
- La Isla es de un gran tamaño, llegando a superar a WolkenBerge en superficie.
Un pequeño spoiler para conectar las dos sagas, por si a alguien le interesa:
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- En este capítulo, en el discurso final de John Winnfield, he metido la ciudad de Rondinum. Podría ser que Van se supiera el camino para ir hasta ahí, y al ser la isla más cercana, opten por ese camino.
El enemigo de la saga lo dejo a vuestra elección, a lo que salga, aunque todos deberían tener ya un VS en condiciones, a lo Arlong Park xD
Eso sí, esto debería acordarse, quiero decir, lo de que la siguiente saga sea esta.