Los Panteras Negras V3.

Foro donde los usuarios pueden demostrar su destreza artística dando a conocer sus fanfics, fanart, poesia, historietas...
Avatar de Usuario
wild animal
Comodoro
Comodoro
Mensajes: 3562
Registrado: Vie Ene 20, 2012 1:35 pm
Ubicación: Raftel
Edad: 112

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por wild animal »

Estas son las categorias (hasta el momento) elegidas para los Awars, pero debo decir que estas serán ¨diferentes¨, en este caso no votaremos por foreros como la vez pasada (solo al final, ver en rojo). Las categorias se dividen en ¨hasta el momento de ls historia (capitulo 40)¨ y en historia o tema en general (donde entra lo que aun no sale). Se aceptan ideas
Categorias
Hasta lo de va de la historia
Personaje mas divertido
Personaje mas carismático
Personaje mas fuerte hasta el momento en la historia
Villano mas popular hasta el momento
Hombre mas rudo hasta el momento
Momento mas divertido
Momento mas triste
Momento mas intrigante o misterioso
Pelea mas epica
Pelea mas emotiva
Ataque favorito


Personajes en general (aunque aun no aparecen)
Personaje mas original
Personaje con el pasado mas triste
Villano mas popular en general
Mujer mas guapa (entra Sarai, Jane Madina, JK Read, etc)
Hombre mas guapo
Pantera mas popular (no cuenta tu personaje)
Pantera mas original
Pantera con ataques mas originales
Pantera con mejor imagen (el fisico, vestimenta, cabello, todo)


Foreros
Mejor idea desde que salio el tema (y su autor)
Nakama que apoya mas aporta al tema (mayor iniciativa)
Nakama mas divertido
Avatar de Usuario
Movius
Teniente Comandante
Teniente Comandante
Mensajes: 2208
Registrado: Dom Ene 15, 2012 1:29 am
Ubicación: En las entrañas más profundas de la locura
Edad: 29

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Movius »

Dejo el rostro con el que me imagino a Anthony, pero obviamente necesita más moreno en la piel xD.
Spoiler: Mostrar
Imagen
Respecto a los Awars por mí van bien, quizá deberíamos incluir más categorías en foreros, no muchas pero algunas más. Y en cuanto lo tengamos listo empezamos, como muy pronto para el miércoles de la semana que viene creo que estará listo, pero antes deberíamos hablar con otros Panteras "perdidos" para que los Awars no solo sirvan para divertirnos, sino para devolverle al tema la vida que tenía en sus comienzos.

Y también dejo de paso unas cuantas posibles categorías para foreros:
Spoiler: Mostrar
-Forero más innovador
-Forero más parecido a su personaje
-Forero con más imaginación
-Mejor dibujante/firmero
-Forero más popular
Imagen
Avatar de Usuario
Takagi
Comandante de la Flota
Comandante de la Flota
Mensajes: 8279
Registrado: Mar Mar 13, 2012 6:28 pm
Ubicación: U.P.
Edad: 32
Género:

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Takagi »

Mira que sois eh... Todos cogéis guaperas. En fin xD. Todo lo de los premios y demás historias debería resolverse vía mp para no saturar esto. ¿Queréis un rostro? Aquí está:
Spoiler: Mostrar
Imagen




























Imagen
Sobre el título, Ciudad Porcelana.
Imagen
Spoiler: Mostrar
ImagenImagen
Imagen
Avatar de Usuario
Garrac Garrak
Teniente Comandante
Teniente Comandante
Mensajes: 2253
Registrado: Mar Nov 01, 2011 6:17 pm
Ubicación: Ciudad Gorila
Edad: 32

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Garrac Garrak »

Venga, a pesar de que todavía no ha aparecido, pongo una foto de J.K Read:
Spoiler: Mostrar
Imagen

Oye, pues la idea de los premios esta bastante bien :D

P.D: PACIENCIA, lectores de Incertidumbre, cada vez me falta menos XD Será el penúltimo capítulo...
Imagen
No more mutants---By Bolivar FearStyle
Spoiler: Mostrar
Imagen
Avatar de Usuario
wild animal
Comodoro
Comodoro
Mensajes: 3562
Registrado: Vie Ene 20, 2012 1:35 pm
Ubicación: Raftel
Edad: 112

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por wild animal »

Vamos vamos Anty que acabamos de revivir el tema no nos des un parón. Los rostros son para que todos los podamos describir, así como los Awars para que todos podamos comentar y aportar.

Anty, no sé si la foto debajo del dibujo era broma, pero creo le quedó muy bien a John.

Movius, ten por seguro que incluiré las categorías que me mencionas, aunque la del dibujo y la de la firma la dividiré en 2.

Si dentro de 6 horas nadie ha comentado nada sobre los Awaras (recomendar o quitar categorías) comenzaré a enviar los MP con las preguntas para que voten.
Avatar de Usuario
Takagi
Comandante de la Flota
Comandante de la Flota
Mensajes: 8279
Registrado: Mar Mar 13, 2012 6:28 pm
Ubicación: U.P.
Edad: 32
Género:

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Takagi »

Veo que no ha quedado claro lo que quería decir xD. Con lo de vía mp me refería a las votaciones, como ya hiciste la otra vez. Y el rostro que se pedía, es el que está al final del spoiler, el primero evidentemente no xD.
Imagen
Spoiler: Mostrar
ImagenImagen
Imagen
Avatar de Usuario
wild animal
Comodoro
Comodoro
Mensajes: 3562
Registrado: Vie Ene 20, 2012 1:35 pm
Ubicación: Raftel
Edad: 112

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por wild animal »

Yo sé a que te referias :lol: :lol: :lol: , si eres el mas animado (la vez pasada ganaste el premio al mejor nakama).

Antes de continuar tengo un regalo para todos, les muestro el tema donde nació Panteras Negras (que recuerdos), curiosamente estaba traffy. Fue ahí donde vi ese comentario de Anty y sutilmente al final sugerí que me gustaria entrar a una. Otro dato curioso es que fue la presentación de Tony.

Aquí empezó
Según entiendo Anty y Movius ya planteaban la idea, pero nunca me quedo bien claro eso.


Awars
Ahora al tema, comenzaré a enviar los MP, los votos serán en secreto, para despues organizar bien el post.


Barco
Depende como gire la historia, pero podemos irnos planteando las opciones:
1. El caballero de la rosa negra les regala el suyo (y al ser así este escapa en el de gris o tal vez murio en batalla :lol: )
2. Escapan en el del caballero de la rosa gris.
3. Van les regala uno.


Isla
He estado analisando algo. Según decimos si Van pierde el conocimiento o se va, la isla o la ciudad de porcelana se viene abajo. La verdad muchos queremos esta imagen apocaliptica-desastre al final de la saga por que sería épico, pero debemos dar una justificación. Tengo esta propuesta.

Originalmente en Wolkenberg las rocas solo flotaban unos metros sobre la tierra. Al llegar Van por su fruta actuo como catalizador elevandolas (incluso a la ciudad) aumentando el electromagnetismo, al irse Van o perder el conocimiento las rocas se vienen abajo. En teoria seguirian flotando, pero igual caerian enormemente provocando una destrucción masiva digna de llamar la atención de la marina u otros.

¿Que opinan?
Avatar de Usuario
Vito Corleone
Teniente Segundo
Teniente Segundo
Mensajes: 1554
Registrado: Sab May 19, 2012 5:40 pm
Ubicación: No lo sé; no obstante, lo ignoro.
Edad: 27
Género:

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Vito Corleone »

John Conde: (Bow Wow)
Spoiler: Mostrar
Imagen
Anthony: (Ashton Kutcher)
Spoiler: Mostrar
Imagen
Tony:
Spoiler: Mostrar
Van: (Matt Bomer)
Spoiler: Mostrar
Imagen
Nepa:
Spoiler: Mostrar
Michael Araknoss:
Spoiler: Mostrar
Diego Orlais: (Sam Claflin)
Spoiler: Mostrar
Imagen
Kokuran:
Spoiler: Mostrar
Stan: (Científico extraño del buscador Google de Imágenes xD)
Spoiler: Mostrar
Imagen
J.K.Read: (Una chavala al lado de unos libros)
Spoiler: Mostrar
Imagen
Dunya:
Spoiler: Mostrar
Sobre los capítulos, Ciudad Porcelana lleva 3 votos, mas el mío 4, por 1 que lleva ¡¡Batalla en las Nubes!! Devuélveme a mi hermana.

Me alegra ver que esto vuelve a estar en marcha.

Hoy tengo toda la tarde libre, supongo que avanzaré algo con el capítulo, y con un poco de suerte el domingo estará listo ^^. En él puede que salga algo sobre un posible barco, y, teniendo en cuenta que la idea de que Robert Aldridge se lo dé (y que este muera en batalla, ya se verá por qué...) me gusta, seguramente por ahí vayan los tiros, siempre que la opinión popular apoye la trama xD

Garrak, espero con ganas el penúltimo capítulo de INCERTIDUMBRE, solo espero que no me bajes el listón para el último :P

wild, ¡adelante con esos Awards! xDDD (espero mi encuestiiiiilla xD)
SÍ.
Avatar de Usuario
wild animal
Comodoro
Comodoro
Mensajes: 3562
Registrado: Vie Ene 20, 2012 1:35 pm
Ubicación: Raftel
Edad: 112

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por wild animal »

Saludos Panteras.

Vengo con una idea que podría sernos muy útil, mas que entretenimiento o romper el hielo es algo que nos ayudaria mucho en la historia.

He pensado que sería bueno hacer una linea de tiempo, basado en todos los personajes que ¨podrian¨ aparecer, así como los ya aparecidos.

En este foro existe una increible linea de tiempo de One Piece (mis felicitaciones al creador), sería bueno poner una así, incluyendo el holocausto del shichibukai, separación de John de su familia, pasados, etc.

¿Que opinan?, ¿algún voluntario?

PDT: Los que faltan de votar en los awars, Tony, Yupi, Bargas, Nico, Stan, (Monique depende de que tan avanzada valla en la historia puede votar y se pueda integrar mas facilmente), recuerden que NO pueden votar por ustedes, su personaje o algun aporte propio (ya sean capitulos, momentos o ideas).

En cuanto esten los votos hago los premios.

EDITO: Al traffy proponer el capitulo 42 quiero proponer para el 43.
Avatar de Usuario
Garrac Garrak
Teniente Comandante
Teniente Comandante
Mensajes: 2253
Registrado: Mar Nov 01, 2011 6:17 pm
Ubicación: Ciudad Gorila
Edad: 32

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Garrac Garrak »

Uf... me ha llevado más tiempo de lo que estimaba... y no es tan perfecto como me habría gustado, pero aquí está el penúltimo capítulo de "Incertidumbre":


CAPÍTULO VII
Spoiler: Mostrar
Todo era… negro… No podía ver nada…

Tan solo podía escuchar un sonido grave atravesándole los tímpanos, algo parecido al habla humana:

-¡Capitán John!

-¡Capitán John!

-¡Ayúdenos, capitán John!


Poco a poco fue abriendo los párpados, y emitió un ligero ruido:

-¿Chicos?... yo…

Acabó de despertarse.

Cuando le echó un vistazo a su alrededor, pudo ver que al parecer se encontraba en su camarote, postrado en la cama del capitán, recién despertado de un largo sueño. ¿Qué había pasado?

Se detuvo un momento para contemplarse las palmas de la mano. Como pudo ver a primera vista, estaban intactas, sin ningún rasguño. Tampoco tenía ninguna lesión corporal, ceguera, o sentimiento de pesadumbre. Estaba inexplicablemente sano como un roble.

A medida que los crueles recuerdos fueron acudiendo a su cabeza, más y más extraña le iba pareciendo la situación. ¿Y la enfermedad? Lo último que podía recordar era su puño volando hacia un duelo de titanes… ¿Qué había pasado? ¿Estaría muerto? ¿Por qué estaba dormido? Y, lo más importante, ¿Dónde estaban todos?

A medida que se iba desperezando, tocó el áspero suelo con los pies, y se puso los zapatos. Desde su camarote podía escuchar el graznido de las gaviotas, seguramente pululando alrededor del barco como moscas a la miel. Sin excesiva prisa, John cruzó su camarote, hasta abrir la puerta. La luz entró de sopetón, golpeándole en la cara con su radiante belleza. Sorprendido por el repentino aluvión de luminosidad, John necesitó de varios segundos para aclararse los ojos, y poder ver con claridad. Y justo entonces vio, tendido sobre la barandilla, a un hombre envuelto en una chaqueta gris, con un sombrero de copa cuya sombra le escondía la cara, y dos pistolas en su regazo. Antes de que pudiese preguntar nada, el misterioso desconocido habló primero:

-¿Has dormido bien, capitán?
-¿Quién eres?

-Bueno- soltó una pequeña risilla aviesa- Me llaman por muchos nombres. “El Renacer de una Era”, “Supernova Zero”… baste con decir que soy su rival, capitán John-concluyó con un tono amable y educado
-Espera…- John terminó de aclararse los ojos. El cielo era un enorme fondo azul, sin ninguna nube que estorbase el paisaje- ¿Cómo sabes mi nombre?

-Oh, creo que, aquí la pregunta más importante es ¿Dónde está mi tripulación? ¿Qué has hecho con ella? ¿Qué es lo que quieres?
-¿Acaso quieres pelea?- el Pantera Negra preparó el brazo derecho, cerrando la mano en un sólido puño
-Tan solo quiero… que te rindas. Ya no hay más. Estás solo. He capturado tu tripulación. – por un momento se movió hacia un lado, dejando a la vista dos espadas envainadas, Shira y Zeo- Tengo tus dos espadas…

-Maldito…- intentó golpearlo de primeras, pero, en apenas un segundo el individuo había desaparecido, haciendo que su mano se limitase a golpear el aire. “Supernova Zero” estaba ahora en la cubierta, riéndose de algún chiste que nadie le había contado

-Y te tengo contra las cuerdas.
-¿Qué es lo que quieres?
-¿Uh? ¿Lo que quiero? ¿Acaso no es obvio? ¡Te quiero ver muerto, Capitán John Conde!- soltó una retahíla de carcajadas

John se aferró a la barandilla, y saltó para plantarse justo enfrente del enemigo. Ya tenía ambos puños cerrados, preparado para luchar.

-Devuélveme a mis nakamas
-¿Nakamas? ¿Acaso estás hablando de algún tesoro que desconozco, uh?
-No lo voy a repetir más veces, maldito hombre-sombrero
-A mi tampoco se me da muy bien hablar con los seres humanos. Tal vez prefiera… ¡DAR DE COMER A LOS PECES!- gritó repentinamente

-¡Estás loco!-dijo John con cierto desprecio
-¡LA LOCURA ES EL PRMER PASO HACIA RAFTEL! ¡NO NECESITO NINGÚN MOTIVO PARA MATARTE AQUÍ MISMO! ¡HARÉ QUE SEA MI SUEÑO, UN SUEÑO DORADO, EL SUEÑO DE MI VIDA!
Otra vez volvió a desaparecer.
-¿Dónde estás?- preguntó John- ¿Quién eres?- una voz le respondió, hablando desde todos los lados:
-Soy el viento que aúlla cuando cae la noche. Soy la argucia de una trampa cuidadosamente preparada, la nueva faceta de un horrible y verdadero terror. ¡He venido para asesinarte, John Conde!

Sin hacer caso a las burlas, John se concentró en un punto en concreto, y rápidamente tendió su brazo. En su mano apareció de repente el capitán enemigo, con una sonrisa en los labios. Estaba siendo agarrado por la garganta:

-¿Qué pasa, John? ¿Nada más?- el aludido ignoró la pregunta, y lanzó a continuación a su misterioso enemigo a la otra punta del barco. Rápido como el rayo, el capitán de las Panteras Negras empezó a correr, con el puño preparado:
-No sé quién eres… ni que buscas… ni que tienes en contra mía… pero si le haces algo a mis nakamas… ¡Te daré una paliza!- esto último lo dijo cuando ya había conseguido plantarse frente al enmascarado, y ya solo tenía que golpear hacia delante- ¡Explosive Punch!

El puño atacó, como tantas veces había hecho contra innumerables enemigos, como tantas veces había obtenido la victoria en incontables batallas. Solo que, esta vez, no hubo ninguna explosión. Su puño se limitó a cruza el aire inofensivamente, mientras que el enmascarado, sonriente, enseñaba la palma de su mano:
-Así que… ¿Es así, no? Pues me parece que lo vas a tener que hacer mejor si quieres ganar…
-Tú…
-Vamos, ¡Vuelve a atacar!- y así lo hizo John azuzado por las burlas de su oponente:
-¡Explosive Punch!





Tampoco hubo explosión.

Una vez más, la fuerza destructiva que caracterizaba el poder del capitán pirata había desaparecido, como si nunca hubiese existido, desvanecida frente a un rival absolutamente desconocido, incógnito, un don nadie que ahora se plantaba enfrente suya, con una repelente sonrisa enmarcándole su sombrío rostro.

-Y este es el poder nacido para contrarrestar la fuerza de uno de los mayores Supernovas de todo el Grand Line. ¡Este es el poder que anula como si nada las explosiones del gran capitán John! Una akuma no mi capaz de desaparecer y aparecer cuando quieras, la más poderosa en todo este ancho mar. ¡Una akuma no mi que puede anular mediante la presión el poder destructivo de una explosión no merece ser llamada akuma, sino más bien una herramienta de Dios! ¡Teme el poder de la Nikyū Nikyū no Mi!

Nada más terminar el discurso, llegó el turno del encapuchado. Este retiró hacia atrás su brazo, y lo volvió hacia delante, emitiendo así a través de la palma de su mano una pequeña onda de aire que dio de lleno en el rostro de John.

-Pad Hou

La bola de aire comprimido explotó nada más llegar a su objetivo, causando un estallido de sangre. El capitán, que no pudo resistir el intenso dolor, se vio obligado a arrodillarse mientras seguía escupiendo sangre, intentando no desmayarse por el dolor ocasionado. Apenas podía escuchar a su rival riéndose a mandíbula batida:

-Jajajaja ¿Qué pasa ahora, eh? ¿Ya te has rendido?-el cielo empezaba a oscurece bajo un campo de nubes negras- ¿Vas a dejar así el One Piece?
-…- empezó a levantarse pese a los estertores que le recorrían el cuerpo
-¿Qué dices? No te escucho
-He dicho…¡Que hablas demasiado! ¡Aaaaaaah!- atacó con el puño izquierdo por delante, solo que, justo cuando el encapuchado se preparaba para detener el ataque, John se había parado, y ahora hacía descender hacia arriba su otro puño, consiguiendo sacudirle a su enemigo en la barbilla. No contento con esto, volvió a golpear con el otro puño, y otra vez, pero, antes de poder golpear una cuarta vez, el desconocido ya intentaba empujarlo con el poder de su akuma, así que John se retiró unos pocos pasos, esquivando de paso un Had Pou dirigido a su cabeza.

Al ver que había fallado, el desconocido utilizó el poder de su akuma para desplazarse a toda velocidad, y situarse finalmente a la espalda de John. Invocó un Had Pou, que voló por los aires gracias a que el capitán de los Panteras, rápido como el rayo, ya se había agachado, y, apoyándose en sus manos, aprovecho para empujarle usando las piernas.

Apartado un poco de su oponente, el desconocido volvió a utilizar el poder de su akuma para moverse lo más rápido posible, de nuevo a la espalda de John, el cual, una vez más, pretendía repetir la misma jugada de antes. Solo que, esta vez lo único que consiguió fue impactar con la suela de sus zapatos en las manos opresoras del encapuchado, y el impacto por el poder de la presión fue tal, que John salió despedido por los aires, hasta aterrizar de forma brusca frente al camarote del capitán.

“Maldita sea, ¿Qué está pasando aquí?” pensó “Este tío es bueno. Si relajo una sola fibra de mis músculos, si tan solo me distraigo un miserable segundo… me despedazará. Si quiero salvar…”

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando, súbitamente, el desconocido apareció enfrente suya. Apenas dispuso de unos pocos segundos para echarse a un lado, y evitar un ataque que destrozó gran parte del camarote, levantando polvo y astillas por todo el lugar. Mientras tanto, una borrasca fría empezaba a soplar, y el barco iba siendo zozobrado poco a poco por as corrientes marinas.

John se limpió un poco de sangre con el resguardo del brazo.

“Esto es malo. Esto es malo. ¡Esto es malo! No solo no puedo usar mis explosiones por culpa de ese maldito poder suyo. ¡Encima también tiene a Shira y Zeo! ¿Cómo las voy a poder rescatar? Esto es malo… ¿Debería plantearle una tregua? ¿Negociar con él? ¿Por qué estamos peleando, ya para empezar? Yo a este hombre no le he hecho nada…”

-¿Qué pasa? ¿Observas mis espadas?
-¿Eh?
-Ah, sí, bueno. Son trofeos de guerra, ¿Sabes? Esta la gané- señaló a Shira, envainada, descansando sobre el cinturón-…robándola de tu camarote, sin que tu te dieras la más mínima cuenta. Pero a esta…- señaló a Zeo-… bueno. Digamos que descanse en paz…
-¡Maldito! ¡C1! ¡Explosive Recovery!- de inmediato, las heridas de John consiguieron curarse un poco, para que, a continuación, John volviese a la carga. Esta vez estaba corriendo lo más rápido que podía, mientras sus puños se iluminaban con una luz naranja. Mientras corría empezó a mover los brazos en direcciones aleatorias, con el fin de despistar al enemigo. Tan solo cuando estuvo a unos pocos pasos de él, ejecutó su técnica:- ¡Explosive Shock!
Al contrario que las ocasiones anteriores, esta vez si hubo explosión

Pero no objetivo

En vez de quedarse parado para intentar averiguar por donde aparecería la explosión, el desconocido se había limitado a moverse más rápido de lo normal, usando su paramecia de tal modo que consiguió esquivar rápidamente la explosión, y situarse de nuevo frente a John, con Zeo desenvainada. Pero, en vez de atacar con la espada, usó la palma de la mano, empujando a John hacia delante, y desplazándose al mismo tiempo.

El enmascarado lanzó a Zeo hacia delante. John no tuvo muchos problemas en esquivarlo mientras se movía empujado por la presión, pero justo entonces Blast aprovechó para desenvainar su otra espada, Shira. Cargó esta hacia delante, mientras, hacia atrás, Zeo seguía avanzando, con el filo encarado hacia su espalda. Shira atacó con varios tajos horizontales, que John pudo detener gracias a que golpeaba el filo romo de la espada. Aún así, no pudo evitar sufrir varios cortes a lo largo del cuerpo. Visto en este apuro, con Zeo y Shira por delante y por detrás, John sacudió un puñetazo explosivo que le permitió volar por los aires en dirección vertical.

Pero ni siquiera en el aire tuvo un ligero respiro. El desconocido no tuvo problemas en recoger de nuevo ambas espadas, y volar en dirección a John. En respuesta a este nuevo ataque, John creó con su pierna una explosión aérea que le permitió ganar impulso de tal forma que su pie se movía hacia el enmascarado. Este último, ante este inesperado ataque, cruzó ambos brazos para defenderse. Al final, cada uno aterrizo en el barco por su cuenta.

Ninguno concedió una tregua. De inmediato el enmascarado usuario de la akuma no mi de presión se desplazó con ambas espadas en vilo preparadas para atacar, aunque John ya estaba preparado, y se agachó a tiempo para que Zeo y Shira no cortasen más que el aire. Zeo siguió su trayectoria de impacto, obligando al capitán a trabar con su mano el brazo del portador de la espada. Viéndo uno de sus brazos inutilizados, ejecutó un tajo sangriento sobre el pecho de John. En vez de ceder, el herido no solo no cedió en su presa, sino que le arrebató a Zeo para mandarla lejos en el mar. Un fuerte viento soplaba desde el sur. La vela se mecía violentamente.

Una espada cortó de repente el aire el aire, apenas una milésima de segundo después de que el Capitán Pantera esquivase el tajo. Otro tajo cortó el aire, con igual resultado que el tajo anterior, solo que esta vez acertó a cortar de cuajo el mástil del palo mayor del barco. John cogió con las manos desnudas el mástil, e intentó golpear al desconocido con la madera, pero este destrozó la estructura usando la pura fuerza bruta de una sola patada.
Decidido a aprovechar la ventaja que tenía, intento un nuevo “Explosive Punch”, a lo que el desconocido respondió anulando la explosión, defendiendo el golpe físico con el mango de su espada. Tal era la rabia imbuida en aquel “Punch”, que el desconocido tuvo que recular varios metros hacia atrás. Mientras, el barco, a merced de lo que empezaba a parecer una tormenta marítima, estaba bamboleándose hacia un lado y hacia otro, de tal manera que ambos rivales cayeron al suelo, siendo arrastrados por la inercia.

la feroz tormenta detuvo sus movimientos, ya que John ya se había levantado sobre sus dos temblorosos pies recubiertos de sangre, y el enemigo parecía impasible a cualquier tipo de elemento. Una gran ola volcó el barco de las Panteras, en dirección perjudicial para el enmascarado, que ya preparaba sus manos en posición de anulación. No tardó John en atacar cuando su rival estuvo al alcance de la mano, solo que esta vez preparó el codo, y provocó una pequeña explosión en su brazo, dándole así a su codo una velocidad de impacto inusitada que le permitió golpear con más fuerza la cara de su sorprendido enemigo.

Shira se deslizó en un tajo horizontal, ante el que John respondió dando un salto hacia atrás. El desconocido, al ver que su ataque había fallado, volvió a desaparecer, y esta vez intentó atacar con una tormenta de espadazos y cortes verticales, valiéndose del uso de su fruta para que en medio de la tormenta tan solo pudiese verse el filo de una espada sedienta de sangre bucanera.

Hizo John todo lo que pudo para evitar ser degollado por su propia espada, pero el arma no dejaba de atacar de tal manera, que poco a poco fue sufriendo cortes a lo largo de todo su cuerpo. Rechinó sus dientes, y utilizó para defenderé su zapato. Efectivamente, la prenda consiguió detener el estoque, aunque a duras penas, ya que el enmascarado intentaba emplear todas sus fuerzas de tal manera que la espada atravesase al mismo tiempo pie y garganta, por lo que John tuvo que empelar también todas sus fuerzas en su pie. Durante unos pocos segundos, el enmascarado lo arrastró insistiendo con su enorme poder, pero, al final, en un climático debacle, fue John el que salió victorioso de la pequeña disputa, ya que empleó su fuerza y agilidad en las piernas de tal modo que desvió el taque de la espada hacia el suelo, y ahí la clavó con un segundo pisotón, para evitar que el enemigo volviese a utilizarla.

Enfurecido por esto, el enmascarado no desaprovechó la oportunidad, y no tardó en adelantarse con la mano preparada en forma de palma abierta. Como John había empleado todas sus fuerzas en deshacerse de Shira, no pudo evitar que la palma del enemigo lo tocara, y, debido a las propiedades de la Nikyū Nikyū no Mi desapareció en un instante, para reaparecer como si nada en medio de la tormenta, en el aire, a muchos metros de su nave.
Antes de que John pudiese percatarse de la situación, su enemigo, (aún en la cubierta) ya había preparado con sus manos una interminable serie de círculos de aire de presión, una técnica llamada “Tsuppari Pad Hou”.

-¿Qué pasa, John? ¿Tú no me puedes alcanzar? ¿Vas a tener que lanzarme tus mocos? JAJAJAJAJAJAJAJAJA

Con un solo gesto, todos ataques fueron directos hacia John, el cual tuvo que provocar explosiones con sus piernas para “caminar” en el aire, y evitar el Pad Hou del desconocido. Sin embargo, no fue suficiente para esquivar todos los impactos, así que al final no pudo evitar que su cuerpo sufriese aún más. Debido a esto, utilizó el C1 para curarse un poco las heridas, y, a continuación, lanzó una explosión de distancia en dirección al desconocido, explosión que pasaría de largo, ya que este ya había previsto la maniobra, y había utilizado su poder para trasladarse a otro lado justo en el último momento.

Tras esto, el desconocido aprovechó de nuevo su poder de traslación para volar justo en frente de John, ambos a punto de confrontarse en medio del aire. El capitán Pantera utilizó sus explosiones aéreas para avanzar, al mismo tiempo que esquivaba varios Pad Hous lanzados por el objetivo. Cuando llegó cara a cara, lanzó un puñetazo, que detuvo a última hora (justo cuando su enemigo ya preparaba una mano para repeler) para acometer con su pierna.

-¡Explosive Kick!

Esta vez la explosión le dio de lleno, de tal modo que el desconocido casi estuvo a punto de verse ahogado en una ola cercana. Sin embargo, no fue así, ya que emergió de las aguas totalmente enfadado, y de nuevo, volando en dirección a John mientras iba preparando un enorme Pad Hou. John se limitó a sacudirse con otra explosión para mantenerse en el aire y lejos del agua. Su enemigo seguía volando en dirección suya con una velocidad similar al relámpago. John utilizó de nuevo el C1. El Pad Hou cada vez era más gigantesco. La confrontación estaba próxima. Ambos gritaron al viento sus ataques a la vez que los acometían:

-¡Ursus Shock!
-¡Double Explosive Punch!

A continuación tuvo lugar una inmensa explosión en el aire que había entre los dos contrincantes, y tal fue la fuerza contenida y tan igualadas las fuerzas de aquel extraordinario choque, que ambos contendientes salieron despedidos por el impacto, uno perdiéndose en la tormenta, y el otro, estrellándose directamente contra los camarotes del barco.

Tendido sobre un charco de sangre, John se levantó a muy duras penas, apartando con la mano un armario que se le había caído encima. Jadeó. La visión le temblaba tanto que le llevó unos cuantos segundos darse cuenta de que había aterrizado en medio de uno de los camarotes del barco, concretamente, en el almacén. Delante de él había un libro abierto, con las letras puestas del revés. Su cuerpo estaba totalmente exhausto, cubierto por sangre tanto suya, como del enemigo. No recordaba nunca haber sufrido una paliza semejante, y eso que el combate no había terminado aún. No, sabía que su rival no se rendiría así como así. Volvería para seguir peleando.

-¿Qué pasa, John Conde? ¿Hasta aquí llega tu amor por tus nakamas?

Efectivamente, tal y como había previsto, y antes de que pudiese siquiera levantarse, su enemigo ya había aterrizado justo en medio del boquete de la cubierta, y, sin decir nada, volvió a moverse más rápido que la propia vista para repeler de nuevo con una mano al joven John, el cual traspasó varias paredes antes de golpear violentamente la pared de la cocina. Escupió un poco de sangre, y se levantó justo a tiempo para evitar un nuevo Pad Hou. Cogió con una mano la vitrocerámica completa, y la arrojó, obligando a su rival a que se hiciese a un lado para esquivarla. El gas empezó a extenderse pro todo el cuarto.

Entonces el enmascarado utilizó uno de sus pìes para intentar darle una patada, a lo que John respondió protegiéndose con el resguardo de su brazo. Respondió intentando agarrarle, pero el enmascarado volvió a desaparecer, ahora moviéndose hacia la puerta. Rápidamente utilizó un Pad Hou, pero John ya se había protegido a tiempo con una mesa de madera, que estalló en una explosión de astillas punzantes.

-¡Sí, John Conde! ¡Da igual lo que hagas! ¡Yo soy el material con el que se hacen las pesadillas!

Pese a las astillas clavadas en su espalda, John utilizó un salvaje Explosive Punch gritando con todas sus fuerzas. Debido al gas expandido, el fuego se extendió, no solo por toda la cocina, sino que llegó a atravesar el pasillo superior, invadiéndolo todo con sus llamas. Justo al final de la explosión consiguió moverse el enmascarado, que jadeó un poco debido al esfuerzo que había supuesto moverse tan rápido y en tan poco tiempo.

-¿Utilizando el gas de la cocina para expandir las llamas de tu orgullo, eh? ¿No te da vergüenza destruir tu propio barco?

Una figura negra saltó desde las llamas, una persona rugiendo su furia al viento, cubierta aún por unas llamas a las que era inmune gracias al poder de su akuma. John, con toda su furia desencadenada, tenía los ojos casi fuera de sus órbitas:

-¡Hablas demasiado! ¡AAAAAAAAAAAAAAAAEXPLOSIVE PUNCH!
-Entonces ¡Te aplastaré, aunque sea con mis manos desnudas! ¡PAD HOU!

El choque de las dos ondas explosivas causó una conmoción similar a la del enfrentamiento anterior, solo que esta vez en un tamaño un poco más reducido. Aún así, la explosión fue lo suficientemente grande como para derribar las paredes de alrededor, y volver a empujar a ambos contendientes en direcciones paralelas. Parte del techo se derrumbó debido a los daños causados.

Nada más impactar contra una pared, John se repuso de nuevo, al igual que el enmascarado, quien había sacado de sus cartucheras dos pistolas. La primera, al disparar, no consiguió nada más que impactar contra el suelo, ya que John había usado la peligrosa maniobra de encaramarse a los restos de una pared. Sin embargo, la segunda pistola, más afortunada, consiguió darle en los hombros, pero esto no evitó que John usara la pared para ganar más impulso, saltar, y aterrizar a unos pocos centímetros del enmascarado. Tras haber ejecutado tal salto, John aportó con sendos manotazos las pistolas de su enemigo, y a continuación procedió a darle un puñetazo directo a la cara. Ya casi tenía la victoria en las manos. Ahora que se había abierto paso a través del barco, podría desenmascarar…

-¡Tú! ¡Ahora veremos quien eres!

Le quitó de un golpe el sombrero, sin embargo, lo que vió le dejó atónito:
-No… tú…

John tan solo dudó un ligero instante, unas pequeñas milésimas de segundo de duda provocadas tras haber conseguido averiguar la identidad de su acosador. Sin embargo, para el desenmascarado, aquel leve momento de duda fue suficiente, así que con la palma de la mano abierta golpeó al capitán de los panteras en el pecho, y lo hizo volar varios metros antes de dar de lleno contra la pared del fondo del pasillo. Tras haberse deshecho de su contrincante, el desconocido recogió su sombrero del suelo, y lo puso de nuevo en su respetivo sitio, encima de su cabeza, ocultando con un hábil uso de sombras cualquier atisbo de su rostro. Tan solo John había conseguido ver lo que se ocultaba tras tan hábil máscara.

-¿Qué pasa, John Conde? ¿Uh?- su tono de voz empezó a sonar como un soplido tremendamente burlón- ¿No hay nada? ¿No hay un discurso inspirador que enaltezca el alma? ¿Unas pocas frases para defender tus nobles ideales? ¿No hay ningún acto heroico?- John Conde seguía tendido en la pared, incapaz de moverse- Vaya, vaya. Parece que al final se terminó tu pesadilla. Parece que por fin te has dado cuenta de que el mío no es el poder de una akuma normal. ¡El mío es el poder de un dios! Tú no tienes la culpa de que no seas capaz de proteger a tus nakamas- preparó sus manos de nuevo para atacar desde la distancia.

-Tsuppari Pad Hou!

Movió sus brazos repetidamente adelante y atrás, adelante y atrás, dando palmadas como si tuviese enfrente suya un objeto invisible que intentase mover poco a poco. Y, cada vez que sacudía el aire con una de sus palmadas, un Pad Hou atravesaba el pasillo para golpear a John Conde. La oleada de Pad Hou se extendió durante mucho tiempo, con oleada tras oleada de ondas de presión sacudiendo a una sola persona, mientras la pared de detrás de esta persona poco a poco se iba resquebrajando debido a la fuerza ejercida. Por fin, tras varios minutos sacudiendo Pad Hou, la oleada se detuvo, y John escupió al suelo una gran flema de sangre. El enmascarado rompió en carcajadas:

-No temas, John Conde, Como ves, el poder de un Dios era demasiado para tus pobres nakamas. No tienen porque sentir vergüenza, ya que su capitán no está realmente interesado en protegerlos. Tal es así, que ni siquiera dudas en destruir tu propio barco.-soltó una risilla infantil- De verdad, eres un capitán terrible, John Conde. Tan solo agradéceme que sea yo el que acabe con tu pesadilla, y no otra persona. Sí…

Sacó de su bolsillo una bala de fuego. Sin mucha prisa, hizo con la mano unos pocos malabares burlones, hasta que, cansado de jugar, se decidió a soltar la bala, para, a continuación, repelerla con la palma de la mano. Así, consiguió insuflarle al proyectil una velocidad totalmente inusitada, que cruzó rápidamente el pasillo hasta llegar a donde estaba John. La fuerza del impacto provocó que la pared de detrás del capitán moribundo se derrumbara a su paso. Nada más hacer esto último, el enmascarado rompió en carcajadas, regocijándose en la victoria.

Pero…

-¿Has terminado?

Entre los restos de la pared, una persona se alzó por encima del polvo y de las astillas. Era un pirata recubierto de arriba abajo con litros de sangre, un capitán pirata testarudo que había atrapado con los dientes una bala perdida y aún se permitía el lujo de sonreír picarescamente. Nada más escupir la bala, usó el C1:

-¡Explosive Recovery!- si bien John no consiguió curarse todas las heridas, al menos consiguió cicatrizar algunas de las cicatrices más graves, con lo que ahora podría mover sus brazos y piernas con un poco más de libertad. - ¿Qué estoy destrozando mi barco?
-Um… Veo que sigues vivo… Eso tiene una solución…- El enmascarado cogió de entre los escombros un armario ropero, y lo impulsó con el poder de sus manos- ¡MUERE!
John, sin inmutarse, empezó a correr hacia el enemigo. En vez de destruir el armario, simplemente dio un salto, se posó encima del objeto mientras este aún seguía volando, y empezó a hablar con una voz totalmente dedicada a la victoria:
-¡Ríndete ahora mismo! ¡Estás en una desventaja tremenda, maldito!- cuando llegó al final del armario, aprovechó las patas para dar un increíble salto sobrehumano, que consiguió ponerle frente a frente con su odiado enemigo.
-Porque esta es una pelea…- antes de que el enmascarado pudiese siquiera reaccionar, John ya había preparado un terrible gancho que acertó a darle en la barbilla. El capitán pirata seguía gritando mientras insuflaba cada vez más fuerza en aquel golpe, consiguiendo poco a poco que el desconocido se elevase por encima del suelo- ¡DE DOS CONTRA UNO!!!!!!!!!!!!!!!!!

Finalmente el gancho terminó de girar, con lo que el enmascarado, golpeado por tan increíble voluntad, salió volando hacia arriba, atravesó el techo, y chocó contra la barandilla del camarote del capitán, en la cubierta, donde el cielo seguía totalmente nublado. El mar estaba en un aparente estado de tranquilidad.

Entonces el enmascarado se levantó, tremendamente herido por el golpe que le acababan de propinar. Cuando se levanto para encarar al enemigo, reparó en que la atmósfera estaba llena de humo gris. Lo primero que se le vino a la cabeza fue que aquel humo debía de haber sido provocado por su enemigo Pantera para poder provocar un ataque sorpresa.

-¿Crees que me vas a sorprender con esto? ¡Te recuerdo que tengo la akuma no mi más poderosa del Grand Line! ¡El poder infinito! ¡No puedes oponerte al poder de un dios!- como si de un profeta se tratase, movió las manos en direcciones opuestas, y de inmediato el humo se apartó gracias al poder de la presión, justo para desvelar al capitán John, que corría hacia él con los puños preparados.
-Creo que el viento te ha debido de dejar sordo. Ahora verás, ¡Ursus…- pero no pudo terminar su ataque, ya que justo en ese momento el barco dio un bandazo, con lo que el enmascarado trastabilló, desbaratándose así la preparación de su ataque. Lo siguiente que vio fue un puño estrellándose contra su cara y haciéndolo chocar contra la pared.
-Maldito…- pero no pudo decir más, ya que de repente empezó a sufrir una tremenda tormenta de golpes. Uno tras otro, en una cadena más rápida que la propia vista humana, John ejecutaba puñetazo tras puñetazo sobre su enemigo desconocido. Cada golpe le hacía salpicar cada vez más sangre, y hacía que la pared se debilitase más bajo la furia de sus golpes.

Finalmente, esta se derrumbó, pero John, impasible, siguió con su cadena de puñetazos, negándole un solo respiro a su enemigo. Pese a que ninguno de esos golpes provocaba alguna explosión, la furia conjunta del C1 y la fuerza de John era suficiente como para parar un buque acorazado en marcha. Su enemigo tenía ya los ojos completamente fuera de sus órbitas.

Tras haber ejecutado todos estos movimientos, se preparó para el golpe final. Costosamente, retrajo sus dos brazos hacia atrás, y, como si estuviese haciendo un explosive Punch, golpeó con ambos puños encadenados, mientras gritaba enérgicamente:

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡DOUBLE EXPLOSIVE PUNCH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y entonces hubo una enorme explosión encadenada que lo destrozó todo a su paso.

Afortunadamente, debido a su situación, la explosión no arrancó más que el camarote del capitán, deshaciéndolo en una oleada de fuego y astillas quemadas. John, que por fin tenía una sonrisa victoriosa en sus labios, desistió a los esfuerzos de retener el dolor, y cayó de rodillas al suelo. Aun así, pese a la situación, no consiguió que de su garganta saliese carcajada alguna, ya que todavía tenía que rescatar a sus tripulantes, fuese cual fuese su destino, y, sobre todo, esperar a que se le cicatrizasen un poco sus heridas, para que al menos dejase de escupir sangre y vísceras cada dos por tres. Pero estaba realmente preocupado.

De repente, una voz burlona atravesó el humo de la explosión y llegó a los oídos de John, que se sobresaltó por aquel sonido:

-Jajajajajajajajajajajajajajaajajjaajajajajajajaja
-No puede… cof cof… no puede ser…

De entre los escombros surgió el enmascarado, al parecer, ileso pese al daño que había recibido. En una mano portaba una bola de presión, similar a un Pad Hou, solo que de color rojo. John escupió de pura impotencia, intentando levantarse:

-¿Qué pasa capitán John? Le veo cansado ¡Ciertamente está usted fatigado después de tanta pelea! Normalmente le aconsejaría que se tumbase en una cama para reposar, pero da la casualidad de que aquí mismo tengo una cosita que obra milagros- dijo, señalando la bola roja- ¡Mírame a mí! ¡Con usarla solo una vez ya vuelvo a estar en plena forma! ¡Venga, pruébala, ya verás cómo te sentirás mejor!

Y así, John, debido a todas las heridas que había sufrido a lo largo del combate, no pudo hacer nada para evitar que la bola roja le impactase en el pecho. Esta vez, en vez de tratarse de un latigazo de dolor como los que había sufrido al recibir el Pad Hou, John padeció un dolor infinitamente superior, resultado de todos los golpes que anteriormente le había ido propinando a su enemigo. Ahora estaba sufriendo el dolor de dos en una sola persona.

Pero, antes de que pudiese derrumbarse debido a la presión, el enmascarado apareció justo delante suya. Hizo ascender su mano hacia arriba, con lo que consiguió repelerlo hacia el cielo en un salto de varios metros de altura. John, a punto de desmayarse por el dolor, no podía hacer nada por intentar moverse.

Entonces, el capitán enemigo ejecutó su obra maestra:

-Ursus Shock

Una gran explosión sacudió toda la atmósfera, con una potencia destructiva tal, que esta vez todo el barco se vió afectado, quedando reducido a meras tablas flotantes. John, que había sufrido la mayor parte del impacto, voló suavemente hasta chocar contra una de las tablas. El desconocido se plantó justo enfrente suya. Al parecer, en algún momento de la explosión aérea había conseguido hacerse con Shira, a la que portaba en una mano, sedienta de sangre humana:

-¿Ves lo que importan las posesiones? Tus nakamas han desaparecido, tu espada es mía, estás perdido en medio de la más absoluta nada, y tu barco ya no está. No tienes nada, John Conde. Nada. —cogió al moribundo de la garganta, y preparó la espada para rebanarle el pescuezo- Ahora, simplemente desaparece, y disfruta viendo como yo consigo el One Piece

-N-No…

Una mano se aferró al pecho del enmascarado. Este, confuso, miró al capitán John, que de inmediato había abierto sus párpados para mostrar unos ojos llenos de desprecio, rabia, y furia por igual. Al desconocido empezaron a salírsele los ojos de las órbitas, y sus extremidades empezaron a aumentar de tamaño gradualmente. Estaba convirtiéndose en una masa difusa

-¿Qué-qué estás hacien…?

John no dijo nada. Sencillamente lo hizo explotar.

Miles de órganos internos se esparcieron por toda el área. Intestinos, estómago, pulmones, corazón… una auténtica explosión de sangre tuvo lugar, una explosión de tal calibre, que del enmascarado tan solo quedó su preciado sombrero como vestigio de su antigua existencia, un sombrero que rápidamente fue arrojado al mar para hundirse en las profundidades del océano…

Ahora, con la victoria por fin en su mano, John se permitió el lujo de tumbarse boca arriba, sin saber si debía sentirse contento, o por el contrario, arrepentido. No sabía qué hacer. El cielo seguía completamente nublado, y empezó a soltar un pequeño goteo de agua.

Una de las pequeñas motas de agua golpeó en los ojos al capitán John. Este se restregó los ojos, y, de repente pudo comprobar, confuso, que su cuerpo estaba restaurado de nuevo. Ya no tenía ningún corte en el pecho, ni sangre que se le extendiese por el cuerpo. Y entonces lo vio.

Toda la sangre estaba flotando en el aire, como dirigida por una voluntad ajena, por una mano divina que estaba organizando una a una a todas las moléculas sanguíneas, para que formasen poco a poco, una especie de silueta vagamente humana. Al final, cuando todas las gotas de sangre se hubieron reunido en el mismo punto, de la masa roja surgió una persona, indudablemente un ser humano.

Así, John le devolvió la mirada al desconocido, ya sin su máscara de sombras puesta

Así, John se devolvió la mirada así mismo.

-¡Así, capitán John Conde! ¡No me puedes matar! ¡Soy invulnerable! ¡Soy todo y nada al mismo tiempo! ¡Soy tú y tu eres yo!
-¿Co-como es posible?

-Jajaja ¡Deberías ver tu cara en este momento! ¡No me lo puedo creer! ¿En serio no te lo esperabas?
La lluvia arreciaba cada vez con más fuerza, y el goteo anterior empezó a pasar a convertirse en una llovizna ininterrumpida, cuyas gotas cayeron sobre los hombros de los dos piratas, John ya recuperado de sus heridas, y su enemigo, él mismo, de pie sobre las tablillas de madera. Un gélido soplo de aire le atravesó los huesos hasta provocarle un escalofrío.
-¿Qué está pasando aquí?

-Bueno, resulta que…- el pirata se rascó la cabeza- resulta que últimamente han pasado ciertas cosas. Y podía decirse que estás perdiendo el control. De tu tripulación, de tu barco, y de ti mismo. Así que ya ves… Hay que retomar el rumbo, y rápido, no vaya a ser que alguien descubra el One Piece antes que nosotros.

-¿Cómo?
-Bueno, pues eso. ¿Habrá que reparar el barco, no? ¿No temes que alguien llegue a Raftel primero?
-¡Eso no sucederá!-dijo John, decidido

El agua empezó a agitarse, y, salido de las profundidades del océano surgió otro barco Pantera totalmente idéntico al que habían destrozado en su anterior combate. El barco surgió de tal modo que de repente John encontró sus pies en la propia cubierta. Las velas estaban plegadas, y el horizonte nublado por la tormenta se extendía ante sus ojos.
-Pero…
-No pasa nada, John, tu tripulación está aquí para ayudarte

Nada más decir esto, de las sombras aparecieron varias siluetas negras de forma difusa que, como si de piratas se tratase, empezaron a acometer las tareas del barco como fregar la cubierta, cubrir las plantas, desplegar las velas, manejar el timón, o arriar la escacha de amarre. Todos actuaban como si de una tripulación fantasma se tratase, supuestamente a las órdenes de su capitán, John Conde.
-Es mi tripulación… ¿No?
-¡Vamos, John Conde! ¡La aventura nos espera, ¿No?
-Yo…

Una ola sacudió fuertemente el barco, e hizo que se tambalease hasta chocar con otras olas igual de grandes por el camino. La espuma saltaba por todos lados, salpicando a todos los tripulantes por igual, incluido John, que se llevaba las manos a la cabeza, totalmente indeciso.

El restallido de un relámpago lejano iluminó su rostro consumido por la angustia, mientras los “tripulantes” seguían intentando que el barco siguiese su rumbo. A apenas dos metros, de repente surgió del mar un pilar de tamaño titánico cuya altura llegaba a tocar el cielo. La estructura, que había surgido de la nada, tenía inscritas en su pared miles de palabras de diferentes lenguas.

-¿Qué está mal, John? ¿No has venido al mar para correr increíbles aventuras? ¿No has venido porque tienes poder para proteger todo lo que te importa? ¿Acaso no eres inmune a las explosiones, John Conde? ¿Acaso tienes… miedo?
¿No tienes miedo de ser humano por una vez en tu vida?

Entonces surgió una enorme ola que amenazaba con engullir por completo el barco. Era tan grande, que su sombra ya cubría la pequeña embarcación antes siquiera de haber llegado, y las olas más pequeñas se veían absorbidas por tal gigantesca mole. Sin embargo, justo cuando parecía que la ola absorbería sin problemas el barco de los Panteras, tuvo lugar una enorme explosión, que apartó el agua a su camino, y permitió un breve agujero que el barco se dio prisa en cruzar.

Cuando el barco hubo traspasado por fin la gigantesca ola, no hubo celebración alguna. Todas las siluetas siguieron esforzándose incansablemente por hacer que el barco funcionase a pleno rendimiento. El único que mostraba algo parecido a una emoción humana era el propio John, que, con el puño alzado al cielo, tenía en la cara una terrible sonrisa que llegaba de oreja a oreja, y los ojos totalmente desquiciados.

-¡Vamos, vamos! ¡El One Piece nos espera!

Como un apasionado aventurero, se asomó por la proa, y empezó a sacudir puñetazos explosivos a las olas que intentaban chocar contra el barco. Se levantaron grandes cantidades de espuma y madera que sacudieron los ojos de John, pero este, sin inmutarse, siguió peleando contra el mar.

-¡Vamos, marineros de agua dulce!

Mientras seguía lanzando explosiones, la permanente lluvia se apartó por unos momentos, dejando entrever una isla flotante, comunicada con el mar mediante unas escaleras de mármol. Era una masa de tierra llena de naturaleza pura, con árboles, plantas exóticas, animales extravagantes, y una gran cascada de luz que iluminaba la isla, y alejaba todas las nubes negras a su paso. Se mirara por donde se mirara, aquella isla no podía ser otra que Raftel, el destino de todos

Nada más ver esto, John, completamente maravillado, ordenó al barco que zarpara rumbo a aquella fantástica isla. Rápidamente, las siluetas se esforzaron por hacer caso a su líder, a pesar de la tormenta. La embarcación fue navegando hacia la isla, poco a poco, resistiendo el envite de las olas, aguantando el flujo de las corrientes marinas, sin temor a la terrible lluvia que los golpeaba de cara y soportando el empuje del salvaje viento.

En aquel momento un relámpago impactó contra la punta del mástil, quebrándolo en tan solo un mísero instante. Todo sucedió tan rápido, que la tripulación no pudo evitar que la vela mayor se hundiese en el océano, quedándose así el barco sin su principal fuerza de impulso.

-¡A los remos! ¡A los remos!- tuvo que ordenar John

La tripulación obedeció e el más absoluto de los silencios la orden del capitán, y entre todos consiguieron coger varios remos con los que intentarían mover el barco. John, desesperado por intentar llegar a Raftel, siguió golpeando las olas, como si intentara imponerse sobre los elementos.

Ya estaban cada vez más cerca. Una ola se tragó a una de las siluetas, pero al resto no pareció importarle mucho. Tan solo siguieron remando hacia adelante, como si no hubiese un amanecer, desesperados por seguir las órdenes de su capitán, el cual, no sin cierta confusión, seguía alzando sus manos en pos de la isla de luz.

Tan solo en ese preciso instante se dio cuenta John de que ya no estaban navegando en línea recta. A pesar de todos sus esfuerzos, estaban navegando en círculos, como si hubiese una fuerza superior que los empujase hacia la inmensidad del fondo del mar. Tardó unos cuantos minutos en darse cuenta de que estaban totalmente inmersos en un torbellino acuático.

-¡Vamos, vamos! ¡No dejéis que las corrientes nos arrastren a las profundidades! ¡Remad! ¡Remad!

Volvió la cabeza tan solo para ver que detrás suya ya no quedaba ninguna silueta. Todas habían sido absorbidas por las olas, y lo habían dejado, una vez más, completamente solo. A su alrededor, el torbellino iba absorbiendo cada vez más adentro el barco. Mientras iba cayendo hacia el centro, se dio cuenta de que en realidad no estaba en un torbellino. En realidad, si se paraba a observar el horizonte, podía ver dos enormes mandíbulas estrechando un cerco sobre el propio barco. Había caído en la trampa de una gigantesca criatura marítima, que abarcaba los mares como quien abarcaba su propia tripulación, inmensa, en una gigantesca forma que John nunca podría vencer, fuese cual fuese el futuro poder que consiguiese. Así que, se dio la vuelta otra vez, y, con cierto deje de tristeza, se despidió de Raftel antes de caer en las garras de la oscuridad.

Cuando despertó, todo era negro. No olía nada. No sentía nada, y no mucho menos podía ver algo. Estaba encima de una especie de superficie de madera, así que aprovechó sus poderes explosivos para fabricarse una pequeña antorcha con la que pudiese alumbrarse.

Cuando hubo fabricado su propia fuente de luz, observó que, efectivamente, se hallaba en el titánico estómago del monstruo. Era tan grande la superficie de la concavidad, que John apenas llegaba a poder ver el final de la “caverna”.

Tan solo estaba rodeado por un enorme mar de jugos gástricos, por donde navegaba gracias a los restos de su barco.

Perdido, sin esperanza, ni gloria, a John lo único que le quedó fue esperar
Durante días
Noches
Semanas
Meses
Años
Décadas

Y así, durante un número incontable de años, John siguió esperando, sentado sobre los restos de su antiguo barco. A medida que iba pasando el tiempo, su carne se fue tornando rugosa y esquelética, su visión se tornó borrosa, su mente senil y sus sentidos fueron, poco a poco, tornándose más y más inservibles.

Así fue hasta que, un día, cuando su pelo ya se había tornado gris, llegó al final del viaje.

Un envejecido John alzó la vista para encontrarse con una isla en medio del mar, una isla compuesta enteramente por cráneos y esqueletos, sin moscas alrededor. Cuando el barco chocó contra la costa, John bajó poco a poco de la embarcación, hasta llegar a tierra.

Utilizó uno de los bloques de madera podrida como bastón, y otro bloque para conseguir un poco de luz en medio de la oscuridad. Durante seis días y seis noches, y a pesar de los achaques de la edad, atravesó los campos de hueso, todo para acabar llegando a un monte compuesto de cadáveres de mariposas sin alas.

Y, tras otros seis días y seis noches de ascenso lento y perezoso, John consiguió llegar hasta la cima del monte, donde encontró un simple cofre de madera, sin cerradura, ni ningún ornamento de ningún tipo.

A John casi se le escaparon algunas lágrimas cuando se agachó al lado del cofre. Apenas podía creerse el tesoro que acababa de encontrar. Con lo poco que le quedaba de voz, consiguió susurrar un pequeño agradecimiento:

-Chicos… todo esto… yo… gracias… lo haré por nosotros. No he podido tener…mejor tripulación. He estado esperando todo este tiempo… solo por nosotros.Haré… lo… que haya que hacer. Este es… mi tributo…

Lentamente por culpa de sus manos arrugadas, fue abriendo la tapa del cofre. Cuando esta ya estuvo totalmente desplegada, se permitió echarle un vistazo al contenido del cofre.

Tan solo había más oscuridad, más negra que el abismo en el que se hallaba entonces.

De repente, algo surgió del fondo del cofre. Una “cosa” agarró por los hombros a John Conde, y le forzó a intercambiar miradas. Por un instante, John consiguió identificar el cadáver putrefacto de Billy Face, que lo arrastró de inmediato al fondo del cofre.

Ahí, rodeado de la más pura negrura, John se aclaró los ojos durante unos momentos, solo para ver como dos personas, un hombre, y una mujer, le devolvían la mirada. Tras unos momentos de duda, John consiguió darse cuenta de que estaba viendo a sus propios padres.

-¿Por qué lo hiciste, John?

Entonces despertó
Haré un post de anotaciones cuando termine el último capítulo, de momento, aclaro la duda más cercana diciendo que, las balas son capaces de herir a John debido a que Nick... el enmascarado ha venido prevenido con respecto a la Akuma No Mi explosiva, y se trajo balas que no causasen detonaciones.
Imagen
No more mutants---By Bolivar FearStyle
Spoiler: Mostrar
Imagen
Avatar de Usuario
Vito Corleone
Teniente Segundo
Teniente Segundo
Mensajes: 1554
Registrado: Sab May 19, 2012 5:40 pm
Ubicación: No lo sé; no obstante, lo ignoro.
Edad: 27
Género:

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Vito Corleone »

Garrac Garrak escribió:Uf... me ha llevado más tiempo de lo que estimaba... y no es tan perfecto como me habría gustado, pero aquí está el penúltimo capítulo de "Incertidumbre":


CAPÍTULO VII
Spoiler: Mostrar
Todo era… negro… No podía ver nada…

Tan solo podía escuchar un sonido grave atravesándole los tímpanos, algo parecido al habla humana:

-¡Capitán John!

-¡Capitán John!

-¡Ayúdenos, capitán John!


Poco a poco fue abriendo los párpados, y emitió un ligero ruido:

-¿Chicos?... yo…

Acabó de despertarse.

Cuando le echó un vistazo a su alrededor, pudo ver que al parecer se encontraba en su camarote, postrado en la cama del capitán, recién despertado de un largo sueño. ¿Qué había pasado?

Se detuvo un momento para contemplarse las palmas de la mano. Como pudo ver a primera vista, estaban intactas, sin ningún rasguño. Tampoco tenía ninguna lesión corporal, ceguera, o sentimiento de pesadumbre. Estaba inexplicablemente sano como un roble.

A medida que los crueles recuerdos fueron acudiendo a su cabeza, más y más extraña le iba pareciendo la situación. ¿Y la enfermedad? Lo último que podía recordar era su puño volando hacia un duelo de titanes… ¿Qué había pasado? ¿Estaría muerto? ¿Por qué estaba dormido? Y, lo más importante, ¿Dónde estaban todos?

A medida que se iba desperezando, tocó el áspero suelo con los pies, y se puso los zapatos. Desde su camarote podía escuchar el graznido de las gaviotas, seguramente pululando alrededor del barco como moscas a la miel. Sin excesiva prisa, John cruzó su camarote, hasta abrir la puerta. La luz entró de sopetón, golpeándole en la cara con su radiante belleza. Sorprendido por el repentino aluvión de luminosidad, John necesitó de varios segundos para aclararse los ojos, y poder ver con claridad. Y justo entonces vio, tendido sobre la barandilla, a un hombre envuelto en una chaqueta gris, con un sombrero de copa cuya sombra le escondía la cara, y dos pistolas en su regazo. Antes de que pudiese preguntar nada, el misterioso desconocido habló primero:

-¿Has dormido bien, capitán?
-¿Quién eres?

-Bueno- soltó una pequeña risilla aviesa- Me llaman por muchos nombres. “El Renacer de una Era”, “Supernova Zero”… baste con decir que soy su rival, capitán John-concluyó con un tono amable y educado
-Espera…- John terminó de aclararse los ojos. El cielo era un enorme fondo azul, sin ninguna nube que estorbase el paisaje- ¿Cómo sabes mi nombre?

-Oh, creo que, aquí la pregunta más importante es ¿Dónde está mi tripulación? ¿Qué has hecho con ella? ¿Qué es lo que quieres?
-¿Acaso quieres pelea?- el Pantera Negra preparó el brazo derecho, cerrando la mano en un sólido puño
-Tan solo quiero… que te rindas. Ya no hay más. Estás solo. He capturado tu tripulación. – por un momento se movió hacia un lado, dejando a la vista dos espadas envainadas, Shira y Zeo- Tengo tus dos espadas…

-Maldito…- intentó golpearlo de primeras, pero, en apenas un segundo el individuo había desaparecido, haciendo que su mano se limitase a golpear el aire. “Supernova Zero” estaba ahora en la cubierta, riéndose de algún chiste que nadie le había contado

-Y te tengo contra las cuerdas.
-¿Qué es lo que quieres?
-¿Uh? ¿Lo que quiero? ¿Acaso no es obvio? ¡Te quiero ver muerto, Capitán John Conde!- soltó una retahíla de carcajadas

John se aferró a la barandilla, y saltó para plantarse justo enfrente del enemigo. Ya tenía ambos puños cerrados, preparado para luchar.

-Devuélveme a mis nakamas
-¿Nakamas? ¿Acaso estás hablando de algún tesoro que desconozco, uh?
-No lo voy a repetir más veces, maldito hombre-sombrero
-A mi tampoco se me da muy bien hablar con los seres humanos. Tal vez prefiera… ¡DAR DE COMER A LOS PECES!- gritó repentinamente

-¡Estás loco!-dijo John con cierto desprecio
-¡LA LOCURA ES EL PRMER PASO HACIA RAFTEL! ¡NO NECESITO NINGÚN MOTIVO PARA MATARTE AQUÍ MISMO! ¡HARÉ QUE SEA MI SUEÑO, UN SUEÑO DORADO, EL SUEÑO DE MI VIDA!
Otra vez volvió a desaparecer.
-¿Dónde estás?- preguntó John- ¿Quién eres?- una voz le respondió, hablando desde todos los lados:
-Soy el viento que aúlla cuando cae la noche. Soy la argucia de una trampa cuidadosamente preparada, la nueva faceta de un horrible y verdadero terror. ¡He venido para asesinarte, John Conde!

Sin hacer caso a las burlas, John se concentró en un punto en concreto, y rápidamente tendió su brazo. En su mano apareció de repente el capitán enemigo, con una sonrisa en los labios. Estaba siendo agarrado por la garganta:

-¿Qué pasa, John? ¿Nada más?- el aludido ignoró la pregunta, y lanzó a continuación a su misterioso enemigo a la otra punta del barco. Rápido como el rayo, el capitán de las Panteras Negras empezó a correr, con el puño preparado:
-No sé quién eres… ni que buscas… ni que tienes en contra mía… pero si le haces algo a mis nakamas… ¡Te daré una paliza!- esto último lo dijo cuando ya había conseguido plantarse frente al enmascarado, y ya solo tenía que golpear hacia delante- ¡Explosive Punch!

El puño atacó, como tantas veces había hecho contra innumerables enemigos, como tantas veces había obtenido la victoria en incontables batallas. Solo que, esta vez, no hubo ninguna explosión. Su puño se limitó a cruza el aire inofensivamente, mientras que el enmascarado, sonriente, enseñaba la palma de su mano:
-Así que… ¿Es así, no? Pues me parece que lo vas a tener que hacer mejor si quieres ganar…
-Tú…
-Vamos, ¡Vuelve a atacar!- y así lo hizo John azuzado por las burlas de su oponente:
-¡Explosive Punch!





Tampoco hubo explosión.

Una vez más, la fuerza destructiva que caracterizaba el poder del capitán pirata había desaparecido, como si nunca hubiese existido, desvanecida frente a un rival absolutamente desconocido, incógnito, un don nadie que ahora se plantaba enfrente suya, con una repelente sonrisa enmarcándole su sombrío rostro.

-Y este es el poder nacido para contrarrestar la fuerza de uno de los mayores Supernovas de todo el Grand Line. ¡Este es el poder que anula como si nada las explosiones del gran capitán John! Una akuma no mi capaz de desaparecer y aparecer cuando quieras, la más poderosa en todo este ancho mar. ¡Una akuma no mi que puede anular mediante la presión el poder destructivo de una explosión no merece ser llamada akuma, sino más bien una herramienta de Dios! ¡Teme el poder de la Nikyū Nikyū no Mi!

Nada más terminar el discurso, llegó el turno del encapuchado. Este retiró hacia atrás su brazo, y lo volvió hacia delante, emitiendo así a través de la palma de su mano una pequeña onda de aire que dio de lleno en el rostro de John.

-Pad Hou

La bola de aire comprimido explotó nada más llegar a su objetivo, causando un estallido de sangre. El capitán, que no pudo resistir el intenso dolor, se vio obligado a arrodillarse mientras seguía escupiendo sangre, intentando no desmayarse por el dolor ocasionado. Apenas podía escuchar a su rival riéndose a mandíbula batida:

-Jajajaja ¿Qué pasa ahora, eh? ¿Ya te has rendido?-el cielo empezaba a oscurece bajo un campo de nubes negras- ¿Vas a dejar así el One Piece?
-…- empezó a levantarse pese a los estertores que le recorrían el cuerpo
-¿Qué dices? No te escucho
-He dicho…¡Que hablas demasiado! ¡Aaaaaaah!- atacó con el puño izquierdo por delante, solo que, justo cuando el encapuchado se preparaba para detener el ataque, John se había parado, y ahora hacía descender hacia arriba su otro puño, consiguiendo sacudirle a su enemigo en la barbilla. No contento con esto, volvió a golpear con el otro puño, y otra vez, pero, antes de poder golpear una cuarta vez, el desconocido ya intentaba empujarlo con el poder de su akuma, así que John se retiró unos pocos pasos, esquivando de paso un Had Pou dirigido a su cabeza.

Al ver que había fallado, el desconocido utilizó el poder de su akuma para desplazarse a toda velocidad, y situarse finalmente a la espalda de John. Invocó un Had Pou, que voló por los aires gracias a que el capitán de los Panteras, rápido como el rayo, ya se había agachado, y, apoyándose en sus manos, aprovecho para empujarle usando las piernas.

Apartado un poco de su oponente, el desconocido volvió a utilizar el poder de su akuma para moverse lo más rápido posible, de nuevo a la espalda de John, el cual, una vez más, pretendía repetir la misma jugada de antes. Solo que, esta vez lo único que consiguió fue impactar con la suela de sus zapatos en las manos opresoras del encapuchado, y el impacto por el poder de la presión fue tal, que John salió despedido por los aires, hasta aterrizar de forma brusca frente al camarote del capitán.

“Maldita sea, ¿Qué está pasando aquí?” pensó “Este tío es bueno. Si relajo una sola fibra de mis músculos, si tan solo me distraigo un miserable segundo… me despedazará. Si quiero salvar…”

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando, súbitamente, el desconocido apareció enfrente suya. Apenas dispuso de unos pocos segundos para echarse a un lado, y evitar un ataque que destrozó gran parte del camarote, levantando polvo y astillas por todo el lugar. Mientras tanto, una borrasca fría empezaba a soplar, y el barco iba siendo zozobrado poco a poco por as corrientes marinas.

John se limpió un poco de sangre con el resguardo del brazo.

“Esto es malo. Esto es malo. ¡Esto es malo! No solo no puedo usar mis explosiones por culpa de ese maldito poder suyo. ¡Encima también tiene a Shira y Zeo! ¿Cómo las voy a poder rescatar? Esto es malo… ¿Debería plantearle una tregua? ¿Negociar con él? ¿Por qué estamos peleando, ya para empezar? Yo a este hombre no le he hecho nada…”

-¿Qué pasa? ¿Observas mis espadas?
-¿Eh?
-Ah, sí, bueno. Son trofeos de guerra, ¿Sabes? Esta la gané- señaló a Shira, envainada, descansando sobre el cinturón-…robándola de tu camarote, sin que tu te dieras la más mínima cuenta. Pero a esta…- señaló a Zeo-… bueno. Digamos que descanse en paz…
-¡Maldito! ¡C1! ¡Explosive Recovery!- de inmediato, las heridas de John consiguieron curarse un poco, para que, a continuación, John volviese a la carga. Esta vez estaba corriendo lo más rápido que podía, mientras sus puños se iluminaban con una luz naranja. Mientras corría empezó a mover los brazos en direcciones aleatorias, con el fin de despistar al enemigo. Tan solo cuando estuvo a unos pocos pasos de él, ejecutó su técnica:- ¡Explosive Shock!
Al contrario que las ocasiones anteriores, esta vez si hubo explosión

Pero no objetivo

En vez de quedarse parado para intentar averiguar por donde aparecería la explosión, el desconocido se había limitado a moverse más rápido de lo normal, usando su paramecia de tal modo que consiguió esquivar rápidamente la explosión, y situarse de nuevo frente a John, con Zeo desenvainada. Pero, en vez de atacar con la espada, usó la palma de la mano, empujando a John hacia delante, y desplazándose al mismo tiempo.

El enmascarado lanzó a Zeo hacia delante. John no tuvo muchos problemas en esquivarlo mientras se movía empujado por la presión, pero justo entonces Blast aprovechó para desenvainar su otra espada, Shira. Cargó esta hacia delante, mientras, hacia atrás, Zeo seguía avanzando, con el filo encarado hacia su espalda. Shira atacó con varios tajos horizontales, que John pudo detener gracias a que golpeaba el filo romo de la espada. Aún así, no pudo evitar sufrir varios cortes a lo largo del cuerpo. Visto en este apuro, con Zeo y Shira por delante y por detrás, John sacudió un puñetazo explosivo que le permitió volar por los aires en dirección vertical.

Pero ni siquiera en el aire tuvo un ligero respiro. El desconocido no tuvo problemas en recoger de nuevo ambas espadas, y volar en dirección a John. En respuesta a este nuevo ataque, John creó con su pierna una explosión aérea que le permitió ganar impulso de tal forma que su pie se movía hacia el enmascarado. Este último, ante este inesperado ataque, cruzó ambos brazos para defenderse. Al final, cada uno aterrizo en el barco por su cuenta.

Ninguno concedió una tregua. De inmediato el enmascarado usuario de la akuma no mi de presión se desplazó con ambas espadas en vilo preparadas para atacar, aunque John ya estaba preparado, y se agachó a tiempo para que Zeo y Shira no cortasen más que el aire. Zeo siguió su trayectoria de impacto, obligando al capitán a trabar con su mano el brazo del portador de la espada. Viéndo uno de sus brazos inutilizados, ejecutó un tajo sangriento sobre el pecho de John. En vez de ceder, el herido no solo no cedió en su presa, sino que le arrebató a Zeo para mandarla lejos en el mar. Un fuerte viento soplaba desde el sur. La vela se mecía violentamente.

Una espada cortó de repente el aire el aire, apenas una milésima de segundo después de que el Capitán Pantera esquivase el tajo. Otro tajo cortó el aire, con igual resultado que el tajo anterior, solo que esta vez acertó a cortar de cuajo el mástil del palo mayor del barco. John cogió con las manos desnudas el mástil, e intentó golpear al desconocido con la madera, pero este destrozó la estructura usando la pura fuerza bruta de una sola patada.
Decidido a aprovechar la ventaja que tenía, intento un nuevo “Explosive Punch”, a lo que el desconocido respondió anulando la explosión, defendiendo el golpe físico con el mango de su espada. Tal era la rabia imbuida en aquel “Punch”, que el desconocido tuvo que recular varios metros hacia atrás. Mientras, el barco, a merced de lo que empezaba a parecer una tormenta marítima, estaba bamboleándose hacia un lado y hacia otro, de tal manera que ambos rivales cayeron al suelo, siendo arrastrados por la inercia.

la feroz tormenta detuvo sus movimientos, ya que John ya se había levantado sobre sus dos temblorosos pies recubiertos de sangre, y el enemigo parecía impasible a cualquier tipo de elemento. Una gran ola volcó el barco de las Panteras, en dirección perjudicial para el enmascarado, que ya preparaba sus manos en posición de anulación. No tardó John en atacar cuando su rival estuvo al alcance de la mano, solo que esta vez preparó el codo, y provocó una pequeña explosión en su brazo, dándole así a su codo una velocidad de impacto inusitada que le permitió golpear con más fuerza la cara de su sorprendido enemigo.

Shira se deslizó en un tajo horizontal, ante el que John respondió dando un salto hacia atrás. El desconocido, al ver que su ataque había fallado, volvió a desaparecer, y esta vez intentó atacar con una tormenta de espadazos y cortes verticales, valiéndose del uso de su fruta para que en medio de la tormenta tan solo pudiese verse el filo de una espada sedienta de sangre bucanera.

Hizo John todo lo que pudo para evitar ser degollado por su propia espada, pero el arma no dejaba de atacar de tal manera, que poco a poco fue sufriendo cortes a lo largo de todo su cuerpo. Rechinó sus dientes, y utilizó para defenderé su zapato. Efectivamente, la prenda consiguió detener el estoque, aunque a duras penas, ya que el enmascarado intentaba emplear todas sus fuerzas de tal manera que la espada atravesase al mismo tiempo pie y garganta, por lo que John tuvo que empelar también todas sus fuerzas en su pie. Durante unos pocos segundos, el enmascarado lo arrastró insistiendo con su enorme poder, pero, al final, en un climático debacle, fue John el que salió victorioso de la pequeña disputa, ya que empleó su fuerza y agilidad en las piernas de tal modo que desvió el taque de la espada hacia el suelo, y ahí la clavó con un segundo pisotón, para evitar que el enemigo volviese a utilizarla.

Enfurecido por esto, el enmascarado no desaprovechó la oportunidad, y no tardó en adelantarse con la mano preparada en forma de palma abierta. Como John había empleado todas sus fuerzas en deshacerse de Shira, no pudo evitar que la palma del enemigo lo tocara, y, debido a las propiedades de la Nikyū Nikyū no Mi desapareció en un instante, para reaparecer como si nada en medio de la tormenta, en el aire, a muchos metros de su nave.
Antes de que John pudiese percatarse de la situación, su enemigo, (aún en la cubierta) ya había preparado con sus manos una interminable serie de círculos de aire de presión, una técnica llamada “Tsuppari Pad Hou”.

-¿Qué pasa, John? ¿Tú no me puedes alcanzar? ¿Vas a tener que lanzarme tus mocos? JAJAJAJAJAJAJAJAJA

Con un solo gesto, todos ataques fueron directos hacia John, el cual tuvo que provocar explosiones con sus piernas para “caminar” en el aire, y evitar el Pad Hou del desconocido. Sin embargo, no fue suficiente para esquivar todos los impactos, así que al final no pudo evitar que su cuerpo sufriese aún más. Debido a esto, utilizó el C1 para curarse un poco las heridas, y, a continuación, lanzó una explosión de distancia en dirección al desconocido, explosión que pasaría de largo, ya que este ya había previsto la maniobra, y había utilizado su poder para trasladarse a otro lado justo en el último momento.

Tras esto, el desconocido aprovechó de nuevo su poder de traslación para volar justo en frente de John, ambos a punto de confrontarse en medio del aire. El capitán Pantera utilizó sus explosiones aéreas para avanzar, al mismo tiempo que esquivaba varios Pad Hous lanzados por el objetivo. Cuando llegó cara a cara, lanzó un puñetazo, que detuvo a última hora (justo cuando su enemigo ya preparaba una mano para repeler) para acometer con su pierna.

-¡Explosive Kick!

Esta vez la explosión le dio de lleno, de tal modo que el desconocido casi estuvo a punto de verse ahogado en una ola cercana. Sin embargo, no fue así, ya que emergió de las aguas totalmente enfadado, y de nuevo, volando en dirección a John mientras iba preparando un enorme Pad Hou. John se limitó a sacudirse con otra explosión para mantenerse en el aire y lejos del agua. Su enemigo seguía volando en dirección suya con una velocidad similar al relámpago. John utilizó de nuevo el C1. El Pad Hou cada vez era más gigantesco. La confrontación estaba próxima. Ambos gritaron al viento sus ataques a la vez que los acometían:

-¡Ursus Shock!
-¡Double Explosive Punch!

A continuación tuvo lugar una inmensa explosión en el aire que había entre los dos contrincantes, y tal fue la fuerza contenida y tan igualadas las fuerzas de aquel extraordinario choque, que ambos contendientes salieron despedidos por el impacto, uno perdiéndose en la tormenta, y el otro, estrellándose directamente contra los camarotes del barco.

Tendido sobre un charco de sangre, John se levantó a muy duras penas, apartando con la mano un armario que se le había caído encima. Jadeó. La visión le temblaba tanto que le llevó unos cuantos segundos darse cuenta de que había aterrizado en medio de uno de los camarotes del barco, concretamente, en el almacén. Delante de él había un libro abierto, con las letras puestas del revés. Su cuerpo estaba totalmente exhausto, cubierto por sangre tanto suya, como del enemigo. No recordaba nunca haber sufrido una paliza semejante, y eso que el combate no había terminado aún. No, sabía que su rival no se rendiría así como así. Volvería para seguir peleando.

-¿Qué pasa, John Conde? ¿Hasta aquí llega tu amor por tus nakamas?

Efectivamente, tal y como había previsto, y antes de que pudiese siquiera levantarse, su enemigo ya había aterrizado justo en medio del boquete de la cubierta, y, sin decir nada, volvió a moverse más rápido que la propia vista para repeler de nuevo con una mano al joven John, el cual traspasó varias paredes antes de golpear violentamente la pared de la cocina. Escupió un poco de sangre, y se levantó justo a tiempo para evitar un nuevo Pad Hou. Cogió con una mano la vitrocerámica completa, y la arrojó, obligando a su rival a que se hiciese a un lado para esquivarla. El gas empezó a extenderse pro todo el cuarto.

Entonces el enmascarado utilizó uno de sus pìes para intentar darle una patada, a lo que John respondió protegiéndose con el resguardo de su brazo. Respondió intentando agarrarle, pero el enmascarado volvió a desaparecer, ahora moviéndose hacia la puerta. Rápidamente utilizó un Pad Hou, pero John ya se había protegido a tiempo con una mesa de madera, que estalló en una explosión de astillas punzantes.

-¡Sí, John Conde! ¡Da igual lo que hagas! ¡Yo soy el material con el que se hacen las pesadillas!

Pese a las astillas clavadas en su espalda, John utilizó un salvaje Explosive Punch gritando con todas sus fuerzas. Debido al gas expandido, el fuego se extendió, no solo por toda la cocina, sino que llegó a atravesar el pasillo superior, invadiéndolo todo con sus llamas. Justo al final de la explosión consiguió moverse el enmascarado, que jadeó un poco debido al esfuerzo que había supuesto moverse tan rápido y en tan poco tiempo.

-¿Utilizando el gas de la cocina para expandir las llamas de tu orgullo, eh? ¿No te da vergüenza destruir tu propio barco?

Una figura negra saltó desde las llamas, una persona rugiendo su furia al viento, cubierta aún por unas llamas a las que era inmune gracias al poder de su akuma. John, con toda su furia desencadenada, tenía los ojos casi fuera de sus órbitas:

-¡Hablas demasiado! ¡AAAAAAAAAAAAAAAAEXPLOSIVE PUNCH!
-Entonces ¡Te aplastaré, aunque sea con mis manos desnudas! ¡PAD HOU!

El choque de las dos ondas explosivas causó una conmoción similar a la del enfrentamiento anterior, solo que esta vez en un tamaño un poco más reducido. Aún así, la explosión fue lo suficientemente grande como para derribar las paredes de alrededor, y volver a empujar a ambos contendientes en direcciones paralelas. Parte del techo se derrumbó debido a los daños causados.

Nada más impactar contra una pared, John se repuso de nuevo, al igual que el enmascarado, quien había sacado de sus cartucheras dos pistolas. La primera, al disparar, no consiguió nada más que impactar contra el suelo, ya que John había usado la peligrosa maniobra de encaramarse a los restos de una pared. Sin embargo, la segunda pistola, más afortunada, consiguió darle en los hombros, pero esto no evitó que John usara la pared para ganar más impulso, saltar, y aterrizar a unos pocos centímetros del enmascarado. Tras haber ejecutado tal salto, John aportó con sendos manotazos las pistolas de su enemigo, y a continuación procedió a darle un puñetazo directo a la cara. Ya casi tenía la victoria en las manos. Ahora que se había abierto paso a través del barco, podría desenmascarar…

-¡Tú! ¡Ahora veremos quien eres!

Le quitó de un golpe el sombrero, sin embargo, lo que vió le dejó atónito:
-No… tú…

John tan solo dudó un ligero instante, unas pequeñas milésimas de segundo de duda provocadas tras haber conseguido averiguar la identidad de su acosador. Sin embargo, para el desenmascarado, aquel leve momento de duda fue suficiente, así que con la palma de la mano abierta golpeó al capitán de los panteras en el pecho, y lo hizo volar varios metros antes de dar de lleno contra la pared del fondo del pasillo. Tras haberse deshecho de su contrincante, el desconocido recogió su sombrero del suelo, y lo puso de nuevo en su respetivo sitio, encima de su cabeza, ocultando con un hábil uso de sombras cualquier atisbo de su rostro. Tan solo John había conseguido ver lo que se ocultaba tras tan hábil máscara.

-¿Qué pasa, John Conde? ¿Uh?- su tono de voz empezó a sonar como un soplido tremendamente burlón- ¿No hay nada? ¿No hay un discurso inspirador que enaltezca el alma? ¿Unas pocas frases para defender tus nobles ideales? ¿No hay ningún acto heroico?- John Conde seguía tendido en la pared, incapaz de moverse- Vaya, vaya. Parece que al final se terminó tu pesadilla. Parece que por fin te has dado cuenta de que el mío no es el poder de una akuma normal. ¡El mío es el poder de un dios! Tú no tienes la culpa de que no seas capaz de proteger a tus nakamas- preparó sus manos de nuevo para atacar desde la distancia.

-Tsuppari Pad Hou!

Movió sus brazos repetidamente adelante y atrás, adelante y atrás, dando palmadas como si tuviese enfrente suya un objeto invisible que intentase mover poco a poco. Y, cada vez que sacudía el aire con una de sus palmadas, un Pad Hou atravesaba el pasillo para golpear a John Conde. La oleada de Pad Hou se extendió durante mucho tiempo, con oleada tras oleada de ondas de presión sacudiendo a una sola persona, mientras la pared de detrás de esta persona poco a poco se iba resquebrajando debido a la fuerza ejercida. Por fin, tras varios minutos sacudiendo Pad Hou, la oleada se detuvo, y John escupió al suelo una gran flema de sangre. El enmascarado rompió en carcajadas:

-No temas, John Conde, Como ves, el poder de un Dios era demasiado para tus pobres nakamas. No tienen porque sentir vergüenza, ya que su capitán no está realmente interesado en protegerlos. Tal es así, que ni siquiera dudas en destruir tu propio barco.-soltó una risilla infantil- De verdad, eres un capitán terrible, John Conde. Tan solo agradéceme que sea yo el que acabe con tu pesadilla, y no otra persona. Sí…

Sacó de su bolsillo una bala de fuego. Sin mucha prisa, hizo con la mano unos pocos malabares burlones, hasta que, cansado de jugar, se decidió a soltar la bala, para, a continuación, repelerla con la palma de la mano. Así, consiguió insuflarle al proyectil una velocidad totalmente inusitada, que cruzó rápidamente el pasillo hasta llegar a donde estaba John. La fuerza del impacto provocó que la pared de detrás del capitán moribundo se derrumbara a su paso. Nada más hacer esto último, el enmascarado rompió en carcajadas, regocijándose en la victoria.

Pero…

-¿Has terminado?

Entre los restos de la pared, una persona se alzó por encima del polvo y de las astillas. Era un pirata recubierto de arriba abajo con litros de sangre, un capitán pirata testarudo que había atrapado con los dientes una bala perdida y aún se permitía el lujo de sonreír picarescamente. Nada más escupir la bala, usó el C1:

-¡Explosive Recovery!- si bien John no consiguió curarse todas las heridas, al menos consiguió cicatrizar algunas de las cicatrices más graves, con lo que ahora podría mover sus brazos y piernas con un poco más de libertad. - ¿Qué estoy destrozando mi barco?
-Um… Veo que sigues vivo… Eso tiene una solución…- El enmascarado cogió de entre los escombros un armario ropero, y lo impulsó con el poder de sus manos- ¡MUERE!
John, sin inmutarse, empezó a correr hacia el enemigo. En vez de destruir el armario, simplemente dio un salto, se posó encima del objeto mientras este aún seguía volando, y empezó a hablar con una voz totalmente dedicada a la victoria:
-¡Ríndete ahora mismo! ¡Estás en una desventaja tremenda, maldito!- cuando llegó al final del armario, aprovechó las patas para dar un increíble salto sobrehumano, que consiguió ponerle frente a frente con su odiado enemigo.
-Porque esta es una pelea…- antes de que el enmascarado pudiese siquiera reaccionar, John ya había preparado un terrible gancho que acertó a darle en la barbilla. El capitán pirata seguía gritando mientras insuflaba cada vez más fuerza en aquel golpe, consiguiendo poco a poco que el desconocido se elevase por encima del suelo- ¡DE DOS CONTRA UNO!!!!!!!!!!!!!!!!!

Finalmente el gancho terminó de girar, con lo que el enmascarado, golpeado por tan increíble voluntad, salió volando hacia arriba, atravesó el techo, y chocó contra la barandilla del camarote del capitán, en la cubierta, donde el cielo seguía totalmente nublado. El mar estaba en un aparente estado de tranquilidad.

Entonces el enmascarado se levantó, tremendamente herido por el golpe que le acababan de propinar. Cuando se levanto para encarar al enemigo, reparó en que la atmósfera estaba llena de humo gris. Lo primero que se le vino a la cabeza fue que aquel humo debía de haber sido provocado por su enemigo Pantera para poder provocar un ataque sorpresa.

-¿Crees que me vas a sorprender con esto? ¡Te recuerdo que tengo la akuma no mi más poderosa del Grand Line! ¡El poder infinito! ¡No puedes oponerte al poder de un dios!- como si de un profeta se tratase, movió las manos en direcciones opuestas, y de inmediato el humo se apartó gracias al poder de la presión, justo para desvelar al capitán John, que corría hacia él con los puños preparados.
-Creo que el viento te ha debido de dejar sordo. Ahora verás, ¡Ursus…- pero no pudo terminar su ataque, ya que justo en ese momento el barco dio un bandazo, con lo que el enmascarado trastabilló, desbaratándose así la preparación de su ataque. Lo siguiente que vio fue un puño estrellándose contra su cara y haciéndolo chocar contra la pared.
-Maldito…- pero no pudo decir más, ya que de repente empezó a sufrir una tremenda tormenta de golpes. Uno tras otro, en una cadena más rápida que la propia vista humana, John ejecutaba puñetazo tras puñetazo sobre su enemigo desconocido. Cada golpe le hacía salpicar cada vez más sangre, y hacía que la pared se debilitase más bajo la furia de sus golpes.

Finalmente, esta se derrumbó, pero John, impasible, siguió con su cadena de puñetazos, negándole un solo respiro a su enemigo. Pese a que ninguno de esos golpes provocaba alguna explosión, la furia conjunta del C1 y la fuerza de John era suficiente como para parar un buque acorazado en marcha. Su enemigo tenía ya los ojos completamente fuera de sus órbitas.

Tras haber ejecutado todos estos movimientos, se preparó para el golpe final. Costosamente, retrajo sus dos brazos hacia atrás, y, como si estuviese haciendo un explosive Punch, golpeó con ambos puños encadenados, mientras gritaba enérgicamente:

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡DOUBLE EXPLOSIVE PUNCH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y entonces hubo una enorme explosión encadenada que lo destrozó todo a su paso.

Afortunadamente, debido a su situación, la explosión no arrancó más que el camarote del capitán, deshaciéndolo en una oleada de fuego y astillas quemadas. John, que por fin tenía una sonrisa victoriosa en sus labios, desistió a los esfuerzos de retener el dolor, y cayó de rodillas al suelo. Aun así, pese a la situación, no consiguió que de su garganta saliese carcajada alguna, ya que todavía tenía que rescatar a sus tripulantes, fuese cual fuese su destino, y, sobre todo, esperar a que se le cicatrizasen un poco sus heridas, para que al menos dejase de escupir sangre y vísceras cada dos por tres. Pero estaba realmente preocupado.

De repente, una voz burlona atravesó el humo de la explosión y llegó a los oídos de John, que se sobresaltó por aquel sonido:

-Jajajajajajajajajajajajajajaajajjaajajajajajajaja
-No puede… cof cof… no puede ser…

De entre los escombros surgió el enmascarado, al parecer, ileso pese al daño que había recibido. En una mano portaba una bola de presión, similar a un Pad Hou, solo que de color rojo. John escupió de pura impotencia, intentando levantarse:

-¿Qué pasa capitán John? Le veo cansado ¡Ciertamente está usted fatigado después de tanta pelea! Normalmente le aconsejaría que se tumbase en una cama para reposar, pero da la casualidad de que aquí mismo tengo una cosita que obra milagros- dijo, señalando la bola roja- ¡Mírame a mí! ¡Con usarla solo una vez ya vuelvo a estar en plena forma! ¡Venga, pruébala, ya verás cómo te sentirás mejor!

Y así, John, debido a todas las heridas que había sufrido a lo largo del combate, no pudo hacer nada para evitar que la bola roja le impactase en el pecho. Esta vez, en vez de tratarse de un latigazo de dolor como los que había sufrido al recibir el Pad Hou, John padeció un dolor infinitamente superior, resultado de todos los golpes que anteriormente le había ido propinando a su enemigo. Ahora estaba sufriendo el dolor de dos en una sola persona.

Pero, antes de que pudiese derrumbarse debido a la presión, el enmascarado apareció justo delante suya. Hizo ascender su mano hacia arriba, con lo que consiguió repelerlo hacia el cielo en un salto de varios metros de altura. John, a punto de desmayarse por el dolor, no podía hacer nada por intentar moverse.

Entonces, el capitán enemigo ejecutó su obra maestra:

-Ursus Shock

Una gran explosión sacudió toda la atmósfera, con una potencia destructiva tal, que esta vez todo el barco se vió afectado, quedando reducido a meras tablas flotantes. John, que había sufrido la mayor parte del impacto, voló suavemente hasta chocar contra una de las tablas. El desconocido se plantó justo enfrente suya. Al parecer, en algún momento de la explosión aérea había conseguido hacerse con Shira, a la que portaba en una mano, sedienta de sangre humana:

-¿Ves lo que importan las posesiones? Tus nakamas han desaparecido, tu espada es mía, estás perdido en medio de la más absoluta nada, y tu barco ya no está. No tienes nada, John Conde. Nada. —cogió al moribundo de la garganta, y preparó la espada para rebanarle el pescuezo- Ahora, simplemente desaparece, y disfruta viendo como yo consigo el One Piece

-N-No…

Una mano se aferró al pecho del enmascarado. Este, confuso, miró al capitán John, que de inmediato había abierto sus párpados para mostrar unos ojos llenos de desprecio, rabia, y furia por igual. Al desconocido empezaron a salírsele los ojos de las órbitas, y sus extremidades empezaron a aumentar de tamaño gradualmente. Estaba convirtiéndose en una masa difusa

-¿Qué-qué estás hacien…?

John no dijo nada. Sencillamente lo hizo explotar.

Miles de órganos internos se esparcieron por toda el área. Intestinos, estómago, pulmones, corazón… una auténtica explosión de sangre tuvo lugar, una explosión de tal calibre, que del enmascarado tan solo quedó su preciado sombrero como vestigio de su antigua existencia, un sombrero que rápidamente fue arrojado al mar para hundirse en las profundidades del océano…

Ahora, con la victoria por fin en su mano, John se permitió el lujo de tumbarse boca arriba, sin saber si debía sentirse contento, o por el contrario, arrepentido. No sabía qué hacer. El cielo seguía completamente nublado, y empezó a soltar un pequeño goteo de agua.

Una de las pequeñas motas de agua golpeó en los ojos al capitán John. Este se restregó los ojos, y, de repente pudo comprobar, confuso, que su cuerpo estaba restaurado de nuevo. Ya no tenía ningún corte en el pecho, ni sangre que se le extendiese por el cuerpo. Y entonces lo vio.

Toda la sangre estaba flotando en el aire, como dirigida por una voluntad ajena, por una mano divina que estaba organizando una a una a todas las moléculas sanguíneas, para que formasen poco a poco, una especie de silueta vagamente humana. Al final, cuando todas las gotas de sangre se hubieron reunido en el mismo punto, de la masa roja surgió una persona, indudablemente un ser humano.

Así, John le devolvió la mirada al desconocido, ya sin su máscara de sombras puesta

Así, John se devolvió la mirada así mismo.

-¡Así, capitán John Conde! ¡No me puedes matar! ¡Soy invulnerable! ¡Soy todo y nada al mismo tiempo! ¡Soy tú y tu eres yo!
-¿Co-como es posible?

-Jajaja ¡Deberías ver tu cara en este momento! ¡No me lo puedo creer! ¿En serio no te lo esperabas?
La lluvia arreciaba cada vez con más fuerza, y el goteo anterior empezó a pasar a convertirse en una llovizna ininterrumpida, cuyas gotas cayeron sobre los hombros de los dos piratas, John ya recuperado de sus heridas, y su enemigo, él mismo, de pie sobre las tablillas de madera. Un gélido soplo de aire le atravesó los huesos hasta provocarle un escalofrío.
-¿Qué está pasando aquí?

-Bueno, resulta que…- el pirata se rascó la cabeza- resulta que últimamente han pasado ciertas cosas. Y podía decirse que estás perdiendo el control. De tu tripulación, de tu barco, y de ti mismo. Así que ya ves… Hay que retomar el rumbo, y rápido, no vaya a ser que alguien descubra el One Piece antes que nosotros.

-¿Cómo?
-Bueno, pues eso. ¿Habrá que reparar el barco, no? ¿No temes que alguien llegue a Raftel primero?
-¡Eso no sucederá!-dijo John, decidido

El agua empezó a agitarse, y, salido de las profundidades del océano surgió otro barco Pantera totalmente idéntico al que habían destrozado en su anterior combate. El barco surgió de tal modo que de repente John encontró sus pies en la propia cubierta. Las velas estaban plegadas, y el horizonte nublado por la tormenta se extendía ante sus ojos.
-Pero…
-No pasa nada, John, tu tripulación está aquí para ayudarte

Nada más decir esto, de las sombras aparecieron varias siluetas negras de forma difusa que, como si de piratas se tratase, empezaron a acometer las tareas del barco como fregar la cubierta, cubrir las plantas, desplegar las velas, manejar el timón, o arriar la escacha de amarre. Todos actuaban como si de una tripulación fantasma se tratase, supuestamente a las órdenes de su capitán, John Conde.
-Es mi tripulación… ¿No?
-¡Vamos, John Conde! ¡La aventura nos espera, ¿No?
-Yo…

Una ola sacudió fuertemente el barco, e hizo que se tambalease hasta chocar con otras olas igual de grandes por el camino. La espuma saltaba por todos lados, salpicando a todos los tripulantes por igual, incluido John, que se llevaba las manos a la cabeza, totalmente indeciso.

El restallido de un relámpago lejano iluminó su rostro consumido por la angustia, mientras los “tripulantes” seguían intentando que el barco siguiese su rumbo. A apenas dos metros, de repente surgió del mar un pilar de tamaño titánico cuya altura llegaba a tocar el cielo. La estructura, que había surgido de la nada, tenía inscritas en su pared miles de palabras de diferentes lenguas.

-¿Qué está mal, John? ¿No has venido al mar para correr increíbles aventuras? ¿No has venido porque tienes poder para proteger todo lo que te importa? ¿Acaso no eres inmune a las explosiones, John Conde? ¿Acaso tienes… miedo?
¿No tienes miedo de ser humano por una vez en tu vida?

Entonces surgió una enorme ola que amenazaba con engullir por completo el barco. Era tan grande, que su sombra ya cubría la pequeña embarcación antes siquiera de haber llegado, y las olas más pequeñas se veían absorbidas por tal gigantesca mole. Sin embargo, justo cuando parecía que la ola absorbería sin problemas el barco de los Panteras, tuvo lugar una enorme explosión, que apartó el agua a su camino, y permitió un breve agujero que el barco se dio prisa en cruzar.

Cuando el barco hubo traspasado por fin la gigantesca ola, no hubo celebración alguna. Todas las siluetas siguieron esforzándose incansablemente por hacer que el barco funcionase a pleno rendimiento. El único que mostraba algo parecido a una emoción humana era el propio John, que, con el puño alzado al cielo, tenía en la cara una terrible sonrisa que llegaba de oreja a oreja, y los ojos totalmente desquiciados.

-¡Vamos, vamos! ¡El One Piece nos espera!

Como un apasionado aventurero, se asomó por la proa, y empezó a sacudir puñetazos explosivos a las olas que intentaban chocar contra el barco. Se levantaron grandes cantidades de espuma y madera que sacudieron los ojos de John, pero este, sin inmutarse, siguió peleando contra el mar.

-¡Vamos, marineros de agua dulce!

Mientras seguía lanzando explosiones, la permanente lluvia se apartó por unos momentos, dejando entrever una isla flotante, comunicada con el mar mediante unas escaleras de mármol. Era una masa de tierra llena de naturaleza pura, con árboles, plantas exóticas, animales extravagantes, y una gran cascada de luz que iluminaba la isla, y alejaba todas las nubes negras a su paso. Se mirara por donde se mirara, aquella isla no podía ser otra que Raftel, el destino de todos

Nada más ver esto, John, completamente maravillado, ordenó al barco que zarpara rumbo a aquella fantástica isla. Rápidamente, las siluetas se esforzaron por hacer caso a su líder, a pesar de la tormenta. La embarcación fue navegando hacia la isla, poco a poco, resistiendo el envite de las olas, aguantando el flujo de las corrientes marinas, sin temor a la terrible lluvia que los golpeaba de cara y soportando el empuje del salvaje viento.

En aquel momento un relámpago impactó contra la punta del mástil, quebrándolo en tan solo un mísero instante. Todo sucedió tan rápido, que la tripulación no pudo evitar que la vela mayor se hundiese en el océano, quedándose así el barco sin su principal fuerza de impulso.

-¡A los remos! ¡A los remos!- tuvo que ordenar John

La tripulación obedeció e el más absoluto de los silencios la orden del capitán, y entre todos consiguieron coger varios remos con los que intentarían mover el barco. John, desesperado por intentar llegar a Raftel, siguió golpeando las olas, como si intentara imponerse sobre los elementos.

Ya estaban cada vez más cerca. Una ola se tragó a una de las siluetas, pero al resto no pareció importarle mucho. Tan solo siguieron remando hacia adelante, como si no hubiese un amanecer, desesperados por seguir las órdenes de su capitán, el cual, no sin cierta confusión, seguía alzando sus manos en pos de la isla de luz.

Tan solo en ese preciso instante se dio cuenta John de que ya no estaban navegando en línea recta. A pesar de todos sus esfuerzos, estaban navegando en círculos, como si hubiese una fuerza superior que los empujase hacia la inmensidad del fondo del mar. Tardó unos cuantos minutos en darse cuenta de que estaban totalmente inmersos en un torbellino acuático.

-¡Vamos, vamos! ¡No dejéis que las corrientes nos arrastren a las profundidades! ¡Remad! ¡Remad!

Volvió la cabeza tan solo para ver que detrás suya ya no quedaba ninguna silueta. Todas habían sido absorbidas por las olas, y lo habían dejado, una vez más, completamente solo. A su alrededor, el torbellino iba absorbiendo cada vez más adentro el barco. Mientras iba cayendo hacia el centro, se dio cuenta de que en realidad no estaba en un torbellino. En realidad, si se paraba a observar el horizonte, podía ver dos enormes mandíbulas estrechando un cerco sobre el propio barco. Había caído en la trampa de una gigantesca criatura marítima, que abarcaba los mares como quien abarcaba su propia tripulación, inmensa, en una gigantesca forma que John nunca podría vencer, fuese cual fuese el futuro poder que consiguiese. Así que, se dio la vuelta otra vez, y, con cierto deje de tristeza, se despidió de Raftel antes de caer en las garras de la oscuridad.

Cuando despertó, todo era negro. No olía nada. No sentía nada, y no mucho menos podía ver algo. Estaba encima de una especie de superficie de madera, así que aprovechó sus poderes explosivos para fabricarse una pequeña antorcha con la que pudiese alumbrarse.

Cuando hubo fabricado su propia fuente de luz, observó que, efectivamente, se hallaba en el titánico estómago del monstruo. Era tan grande la superficie de la concavidad, que John apenas llegaba a poder ver el final de la “caverna”.

Tan solo estaba rodeado por un enorme mar de jugos gástricos, por donde navegaba gracias a los restos de su barco.

Perdido, sin esperanza, ni gloria, a John lo único que le quedó fue esperar
Durante días
Noches
Semanas
Meses
Años
Décadas

Y así, durante un número incontable de años, John siguió esperando, sentado sobre los restos de su antiguo barco. A medida que iba pasando el tiempo, su carne se fue tornando rugosa y esquelética, su visión se tornó borrosa, su mente senil y sus sentidos fueron, poco a poco, tornándose más y más inservibles.

Así fue hasta que, un día, cuando su pelo ya se había tornado gris, llegó al final del viaje.

Un envejecido John alzó la vista para encontrarse con una isla en medio del mar, una isla compuesta enteramente por cráneos y esqueletos, sin moscas alrededor. Cuando el barco chocó contra la costa, John bajó poco a poco de la embarcación, hasta llegar a tierra.

Utilizó uno de los bloques de madera podrida como bastón, y otro bloque para conseguir un poco de luz en medio de la oscuridad. Durante seis días y seis noches, y a pesar de los achaques de la edad, atravesó los campos de hueso, todo para acabar llegando a un monte compuesto de cadáveres de mariposas sin alas.

Y, tras otros seis días y seis noches de ascenso lento y perezoso, John consiguió llegar hasta la cima del monte, donde encontró un simple cofre de madera, sin cerradura, ni ningún ornamento de ningún tipo.

A John casi se le escaparon algunas lágrimas cuando se agachó al lado del cofre. Apenas podía creerse el tesoro que acababa de encontrar. Con lo poco que le quedaba de voz, consiguió susurrar un pequeño agradecimiento:

-Chicos… todo esto… yo… gracias… lo haré por nosotros. No he podido tener…mejor tripulación. He estado esperando todo este tiempo… solo por nosotros.Haré… lo… que haya que hacer. Este es… mi tributo…

Lentamente por culpa de sus manos arrugadas, fue abriendo la tapa del cofre. Cuando esta ya estuvo totalmente desplegada, se permitió echarle un vistazo al contenido del cofre.

Tan solo había más oscuridad, más negra que el abismo en el que se hallaba entonces.

De repente, algo surgió del fondo del cofre. Una “cosa” agarró por los hombros a John Conde, y le forzó a intercambiar miradas. Por un instante, John consiguió identificar el cadáver putrefacto de Billy Face, que lo arrastró de inmediato al fondo del cofre.

Ahí, rodeado de la más pura negrura, John se aclaró los ojos durante unos momentos, solo para ver como dos personas, un hombre, y una mujer, le devolvían la mirada. Tras unos momentos de duda, John consiguió darse cuenta de que estaba viendo a sus propios padres.

-¿Por qué lo hiciste, John?

Entonces despertó
Haré un post de anotaciones cuando termine el último capítulo, de momento, aclaro la duda más cercana diciendo que, las balas son capaces de herir a John debido a que Nick... el enmascarado ha venido prevenido con respecto a la Akuma No Mi explosiva, y se trajo balas que no causasen detonaciones.
Joder, pues a mí me ha parecido cojonudo. La primera mitad, la parte de la pelea, se me ha hecho algo pesada, pero no pesada por mala, sino por extensa (no me gustan las peleas que duran siglos xD), aunque, eso sí, está perfectamente descrito y estructurado todo.

Ahora, a partir de la mitad, todo parecía sacado de una peli de Tim Burton. Sin exagerar nada, pero era puro Tim Burton xD. Y como a mí Tim Burton me encanta, pues esta parte me ha encantado. La escena de la explosión de Nick... el enmascarado xD es, de largo, lo más gore de todo lo escrito acerca de los Panteras Negras, y me ha gustado mucho xD. Y ya, lo del monstruo, lo del monte de esqueletos... Muy cinematográfico y fabuloso todo. Enhorabuena. Espero con muchas ganas el capítulo final, aunque me huelo por dónde irán los tiros xDDDDD


Intentaré avanzar el 42 esta semana, que estoy un poco atascao...
SÍ.
Avatar de Usuario
Vito Corleone
Teniente Segundo
Teniente Segundo
Mensajes: 1554
Registrado: Sab May 19, 2012 5:40 pm
Ubicación: No lo sé; no obstante, lo ignoro.
Edad: 27
Género:

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Vito Corleone »

Con este se acaba la trilogía de Traffy de WolkenBerge xDDD. Vamos con el capítulo 41:
Spoiler: Mostrar
Capítulo 41: Oración


- Me cago en tus putas estrellas, Tony, ¡¡me cago en tus putas estrellas!! -gritaba un muchacho, de pelo gris y cuerpo robusto, encarándose con un bicho enorme mezcla de león y águila que, sorprendentemente, parecía intimidado. Otro más aguardaba el final de la conversación sentado, cuatro o cinco metros más allá.

Se encontraban en una especie de pequeña colina, un lugar inhóspito por lo que parecía, en el que únicamente había hierba, niebla, frío, y tres viajeros extraviados. A lo lejos se podían divisar las cuatro colinas que sostenían Ciudad Porcelana, y la torre más alta del palacio de la misma. John, el cual miraba paciente hacia el enorme castillo que se alzaba a lo lejos, sintió un terrible escalofrío en la espalda. Torció la cabeza para vislumbrar a sus compañeros.

- Te juro que nunca me había pasado, Anthony... Las estrellas han debido de beber, porque se han movido sin sentido de su lugar... -contestó el grifo, algo empequeñecido por el ímpetu de su "regañador oficial", tal y como él mismo le había llamado minutos antes.
- Menos gilipolleces, Tony, ¡menos gilipolleces! -exclamó el Desertor de nuevo, completamente enfurecido.
- Joder, Anthony, ya te he dicho que lo si...
- Callaros los dos de una puta vez -intervino John.- ¿Creéis que discutiendo arreglaremos esto? ¿O preferís retomar el camino?

Anthony le miró durante un par de segundos, pensativo.
- Pero John, es que estamos completamente perdidos.
- No más perdidos que antes. Así que subámonos los dos al lomo de Tony, y que nos lleve a donde le diga el instinto, no hacia donde le señalen las estrellas.

El tenaz muchacho no tuvo otra que asumir su metedura de pata en forma de rabieta, bajar la cabeza y seguir a su amigo, quien ya se había adelantado colocándose en la espalda del grifo. John le miró, y, con una enorme sonrisa en la boca, se le dirigió amistosamente.
- Es el instinto el que nos ha traído hasta aquí, ¿no?

Un fuerte aleteo después, en la colina solo hubo hierba, frío y niebla.


Palacio de Ciudad Porcelana

Solo se escuchaban pasos. No había ninguna figura humana a la vista, a pesar de que la puerta del palacio estuviese abierta. La entrada decepcionaba, sin embargo, por su visible deterioro y color oscuro, respecto a la apariencia imponente y enriquecida que ofrecía desde el exterior. Las paredes estaban descoloridas, y en algunas partes manchadas de sangre. Los alguna vez preciosos cuadros que poblaban los muros de la entrada eran ahora, por desgracia, simples garabatos emborronados por la humedad y el tiempo. En vista de lo inánime del lugar, Bastian decidió volverse visible, puesto que no había indicios que le indicaran que podría verle nadie.

Caminaba tranquilamente observando aquel patéticamente espectacular lugar, cuando la enorme puerta del palacio se cerró tras él, provocando un terrible eco que resonó en todos y cada uno de los pasillos del palacio. En algún momento llegó a maldecir el suceso, temiendo que el ruido despertase a algún espíritu que habitase aquel lugar, pero rápidamente desechó la idea. Era imposible que existiesen fantasmas. Y era más imposible aún que él les temiera, él que había visto de todo.

Despertó de sus pensamientos y puso su atención en las anchas escaleras que se alzaban ante él, las cuales posteriormente se partían en dos para seguir cada hilo por su lado. Las escaleras, o más bien su apariencia, tampoco invitaban a subirlas. El tapiz rojo que las protegía de las pisadas estaba desgarrado en algunas zonas, en otras manchado de sangre, volviendo el brillante rojo que originalmente tenía la alfombra en un color más parecido al granate. Volvió a acordarse del espíritu errante. Se pegó un puñetazo en la cabeza, tratando de convencerse de que no había tales seres.

El bolsillo derecho de su chaqueta le pesaba más de la cuenta, pero no le dio demasiada importancia. Comenzó a subir las escaleras, y a cada una que subía, más dudas le aparecían en la cabeza. Se preguntó si había hecho bien en dejar con vida a Camus. Se preguntaba también el por qué el susodicho Camus jamás llegó a quedarse la pista, si tantos años estuvo viviendo en el palacio y la llave estaba en su poder. Cerca de una hora antes, en una de esas cientas de rocas flotantes alrededor de la Ciudad, tras haber escuchado el discurso del loco hombre, le durmió con una de las tantas sustancias sedantes que llevaba en el botiquín, el mismo botiquín con el que le había curado. Y le había robado la llave, básicamente, porque era su deber. No se atrevió a llevarse a Camus a palacio, pero tampoco a matarlo, ya que, en realidad, no suponía ninguna amenaza, y no le apetecía mancharse las manos de sangre si no era necesario. Había sido enviado para recoger la pista en cuestión, y todo lo demás le daba igual.

Siguió subiendo escalones, y cuando se presentó ante él el cruce, optó por dirigirse a la derecha. No por instinto, sino porque había obligado al bueno de Camus (antes de sedarlo, obviamente) a decir la ubicación exacta de lo que andaba buscando. Ahora que lo pensaba, ni siquiera sabía qué era, materialmente, lo que buscaba. Sólo sabía que era una "pista".

Y a medida que subía escaleras, el bolsillo derecho de su chaqueta, pesaba más.


La noche avanzaba a un ritmo vertiginoso. Tres horas después...

El incesante fluir del agua rociaba de sonido aquel silencioso lugar. Pequeñas y oscuras hierbecillas que brotaban del húmedo suelo bailaban, al compás de los vientos, creando una imagen de hermosa armonía entre el oscuro cielo y el claro césped.

Un enorme pájaro aterrizó en el lugar, y de su lomo bajaron dos muchachos, que, debido a la oscuridad, no podían ver ni medio palmo más allá de sus narices.

- ¿Aquí? -preguntó uno de ellos, Anthony.- Pues me suena a fiasco, el experimento del instinto...
- Calla y camina, leche. A falta de brújula, no nos quedaba otra, así que... -dijo el grifo, Tony, harto ya del refunfuñar de su arenoso compañero.
- Callaros los dos. Centraos en lo que nos ocupa, joder, que si no la llevamos clara en el asunto. Para empezar, ya me empieza a extrañar que no hayan llegado el resto aún.
- ¿Qué resto? -preguntaron los otros dos al unísono.
- Los del Puño -dijo John, antes de mirar al suelo, al llamarle la atención un bulto que había pisado.

Los tres jóvenes emitieron un sonido de horror, cuando comprobaron haber pisado un cadáver. Los ojos se les empezaban a acostumbrar a la oscuridad, y pudieron afirmar con espanto, que no era uno, sino varias decenas de cadáveres. Una voz les sorprendió.

- Corazones limpios... Alégrame ver tales seres por aquí -dijo, saliendo de las penumbras, un anciano barbudo, muy malherido.
- Quién... ¿Quién eres? -respondió Anthony, frunciendo el ceño, al no fiarse del individuo.
- No soy nadie, aunque... Ya... Supongo que da igual... -contestó, con una voz casi apagada, mientras se sentaba en el suelo.
- ¿Qué es lo que da igual? -preguntó John, mientras se le acercaba al anciano.
- No he sido capaz de proteger... El pasado de WolkenBerge. La guerra... -dijo, mientras alzaba su mirada para observar, con ojos brillantes y penetrantes, los ojos de John- Ha comenzado.


Una terrible explosión en mitad de la nada. Niebla. Una mano cercenada. Cientos de hombres luchaban lanza con lanza y espada con espada, bajo la implacable luz de la luna llena, opacada por una humareda y la incesante y fría blancura del alrededor.

El sonido de los filos, de los gritos de hombres desangrados, el desgarrador llanto de aquel al que le han cercenado el brazo, el ruido de las aún frescas y sangrientas cabezas cortadas al caer, el rugido de valor del que, aún con una espada clavada en el pecho, reparte sablazos a los que se le oponen. Cientas de personas se movían en una misma dirección mientras se mataban entre ellos, dejando detrás una roja estela de cadáveres.

- ¡¡¡Padrinoooo!!! -exclamó uno de aquellos luchadores, mientras clavaba su lanza en la dura cota de malla de su rival.- ¡¡ÓRDENES!! ¡¿Enviaremos alguna avanzadilla a por el tesoro?!

Una ola de ardiente fuego y punzantes rayos se llevó consigo a varios hombres, vestidos con una armadura negra. Otros, vestidos con una cota de malla roja, festejaban la masacre, cuando a su vez, algunos de ellos eran asesinados por los del bando rival.

- ¡¡IRÉ YO PERSONALMENTE!! -exclamó Van, completamente exhaltado, aunque sin parar de reducir efectivos oponentes.- ¡¡Que vengan conmigo diez hombres más!! -tras decir esto, alzó la voz, buscando un oído perdido entre toda aquella muchedumbre ensangrentada.- ¡¡¡AGATHAAAAA!!! ¡¡¡ESTÁS AL MANDOOOOO!!!

- ¡¡Oído, Padrino!! -exclamó la pequeña muñeca de porcelana, mientras asestaba potentes y precisos puñetazos y patadas que a sus rivales les penetraban el gaznate como espadas. Nada más decir eso, notó una inquietante presencia a su alrededor. Dubitativa, se reafirmó.- ¡¡Confía en mí... Van!!

El que había pedido órdenes y otros nueve más persiguieron al joven como pudieron entre tanta gente. A su alrededor, brotaban en cualquier momento cabezas, corazones, arrancados sin piedad de sus respectivos cuerpos. A uno de esos diez hombres le atravesó una lanza en su afán de alcanzar a su líder, pero los restantes ignoraron el suceso. Un cadáver cayó ante tres de ellos, pero siguieron corriendo.

Metros más adelante, y sin cesar de matar gente a su paso, Van corría, cegado por aquello que trataba de conseguir. Se acordó de Camus. De que le dijo la localización equivocada. No del todo equivocada, a pesar de todo, pero... Al fin y al cabo, la pista no estaba donde estuvo tiempo atrás. Se la llevaron. Pero ahora sabía, por fin, dónde estaba la clave para conseguir lo que más ansiaba en la vida... Sí... La Corona le serviría... Rescataría a su hermana.

Sumido en sus pensamientos en plena guerra, era cuestión de tiempo que algún filo cruzado le sorprendiese, como así fue. Algún enemigo deslizó su espada por la tensa cara del joven, provocándole un corte de envergadura considerable. Cayó al suelo. Los que le venían por detrás corrieron raudos a ayudarle.

- ¡¡Corred, panda de gilipollas!! ¡¡Corred, no moriré aquí!! -exclamó, tras electrocutar al que le había propiciado la herida. Una furiosa voz paró en seco la carrera de los valientes, una voz que se levantó, por encima de los gritos de rabia y sangre.

- ¡¡¡PARAAAAAAAAAAD!!! -una imponente figura se alzó, con su capa gris ondeando al viento, sobre una colina de cuerpos inánimes. La niebla pareció disiparse, seguramente por las ganas de los guerreros por ver lo que sucedía. Sujetaba con su mano derecha a una pequeña criatura, que hacía lo posible por defenderse. Van, incapaz de reaccionar ante el espectáculo, completamente en shock, no pudo moverse.

- A... Agatha... -fue lo único que llegó a susurrar. El sonido de los filos desapareció. Aquel hombre, el Caballero de la Rosa Gris, tenía sujetada por el cuello a su fiel compañera. Nadie se atrevía a mediar palabra, ni a atacar a traición.

- Escúchame, "Bestia"... -comenzó a hablar el del Puño.- ¡¡¿QUÉ PIENSAS HACER?!! -hubo un corto silencio.- ¡¡¡SOIS MENOS Y PEORES LUCHADORES!!! ¡¡Y TÚ... NO ERES NADA!! ¡¡¿ES ESTA TU SEGUNDA AL MANDO?!! -Van permaneció en silencio. Su rabia iba creciendo.- ¡¡¡¡LA PODRÍA APLASTAR AHORA MISMO!!!! Pero sería de mala persona... -esbozó una cruel sonrisa- ¡¡La corona no debería estar bajo la posesión de alguien tan insensible!! O... ¿acaso es lo contrario? ¿Prefieres que la mate?

- ¿Qué coño le pasa? -dijo uno de los de su propia armada por lo bajini a alguno de sus rivales.- Se está contradiciendo...

Van seguía en silencio. Los nueve que aún le seguían le dedicaron una mirada interrogativa. El joven les ignoró, pues el Caballero de la Rosa Gris procedió a continuar su monólogo, sin soltar a la pequeña e indefensa Agatha.

- ¡¡JAMÁS LA CONSEGUIRÁS!! ¡¡TENGAS EL PROPÓSITO QUE TENGAS!! ¡¡¡YO SERÉ EL SOBERANO QUE ENCUENTRE LA CORONA!!! ¡¡Y ÉSTA ES LA DEMOSTRACIÓN!!!

El puño del General de División del Puño se cerró, creando a su alrededor una lluvia de porcelana. Los pequeños, nimios trozos del cuello de Agatha cayeron, uno a uno, al suelo. El resto de su cuerpo se rompió también al entrar en contacto con uno de esos cadáveres del suelo. Su cara, aún entera pero inánime, también se empotró contra el suelo, ante la atónita mirada de los presentes. El Caballero pisoteó el ya troceado cuerpo de la muñeca, hasta hacer del cadáver un cúmulo de migas.

- Era... Una miserable... Muñeca de porcelana -dijo. Los ojos de Van, mientras, parecían salirse de sus órbitas. Se le hinchó la vena de la frente, y comenzó a emitir sonidos de rabia incontrolable.

- ¡¡¡¡¡¡¡¡HIIJOO DE PUUTAAAAAAAAAAA!!!!!!!

El joven se abalanzó sobre el cruel hombre, pero alguien de los nueve que le seguían, vestido aún con cota de malla negra, se interpuso entre los dos, agarrando al desbocado Van. Este último lloraba desesperado, tratando de soltarse de la odiosa detención de su amigo, hasta que se dio cuenta de que este también lloraba.

- John... -dijo el muchacho, al apreciar el peinado afro y las marcadas facciones del hombre.- ¿Por qué lo haces?
- Van... Desde el principio... fuimos cuatro -Van tragó saliva.- Desde que llegaste a la isla con Satoshi desde Rondinum, y él le dio vida a Agatha... -se le escaparon varias lágrimas a la vez.- ¡HEMOS SIDO MÁS QUE COMPAÑEROS DE TRABAJO, JODER! ¡HEMOS SIDO AMIGOS, Y EN EL FONDO DE ESE DURO CORAZÓN LO SABES! ¡POR ESO ME SIENTO EN LA OBLIGACIÓN DE OFRECERTE UNA VÍA DE ESCAPE Y ENTRETENER A ESTE HIJO DE PUTA, Y VENGAR A AGATHA! Por favor... -le empujó.- Vete.



Tres horas antes, en el tortuoso camino desde la Base del Puño de Ónice hasta la localización de la Pista...

- Tight, ¿sabes que bás le gustaba a bi tía Clotilde? El calor de la estufa en invienno ... ¡ATCHUÁ! Una vez, bi herbano pequeño se cayó a la estufa... ni te ibaginas qué bal lo pasó el pobre, y...

John Winnfield notó de pronto un frío acero al lado de su sien. Escuchó unas amenazantes palabras en su oído.
- No gritéis -John se dio cuenta de que su compañero Tight estaba en la misma situación. Observó, a su vez, que los atracadores, o quienes fueran, llevaban el mismo uniforme que ellos.

- No teggo nigguna intención de hacerlo -respondió, con gesto serio, mirando con sus penetrantes ojos negros a aquel que había osado ponerle el cañón de la pistola apuntando a la cabeza.

- ¿Ah, no? -insistió el pistolero.- ¿Quiénes sois? Sin mentiras. Jamás os había visto en la Base.

- Jamás hemos estado en ella. Somos John Winnfield y Tight Golpez, de Murder INC. ¿Por qué deberíamos gritar? -lanzó la pregunta Tight, con un tono bastante fanfarrón.

- Porque... Soy el Caballero de la Rosa Negra -respondió uno de los atacadores, concretamente el que había amenazado a John, enfundando el arma y poniéndose frente a frente con el atacado.- No entiendo qué hacéis disfrazados de nosotros, en ese caso. Acaso... ¿sois espías que "La Bestia" ha mandado para detener el plan de Cambrige?

- No exactamente -respondió Winnfield, sin alterar su segura y sonriente expresión.- Sobos dos hobbres de La Bestia, sí, pero fuibos capturados por el Caballero de la Rosa Gris, y ahora vabos en su tropa para reencontrarnos con nuestro Padrino al llegar al "Lugar".

- ¿¡Por qué se lo cuentas, imbécil!? -exclamó Tight, tras lo cual el Caballero de la Rosa Negra le asestó un buen golpe en la nuca, dejándolo inconsciente.

- Gilipollas... Menos mal que la niebla ha enmudecido esos putos gritos -después miró a John.- Lo que me importa es que no estás en el mismo bando que Cambrige. Solo eso. No sé cuáles son vuestros propósitos en el caso de conseguir la Corona, pero...

- Es una cuestión del pasado del Padrino. No tienes derecho a saber nada -cortó tajante John.

- De acuerdo. Solo quiero lanzaros una propuesta... de alianza. Puede que seamos enemigos después, pero aliarse, ahora, puede ser el único modo de pararle los pies. ¿Qué me dices?...

- No soy nadie para aceptar alianzas y yo tabbién desconozco vuestros propósitos... -esbozó una leve sonrisa- Y no es la única banera, pues un gran pirata ha llegado a la isla para no dejarle cubplir su propósito a ese estúpido... Pero aceptaré.



Tres horas después, de aquello, enfrente de una cascada de fluir incesante y un prado de fresca y enrojecida hierba, un anciano conversaba con tres muchachos.
- ¿Pero no estaba aquí la "Pista" para llegar a una de esas reliquias, anciano? -preguntó Anthony, tratando de sacar información al deprimido hombre que tenía enfrente.

- Lo estuvo... Alguna vez... Hace cosa de diez años... WolkenBerge dejó de ser lo que era... Para convertirse en una lucha sin cuartel por la Corona del Soberano...

- Está desvariando un montón -susurró Tony a la oreja de John, tras lo cual el otro asintió, desaprobando el discurso del anciano.

Un silencio absoluto, con la excepción del sonido del agua, tomó la zona.
- Eh esto... -comenzó a decir John ante la pasividad de sus amigos.- Señor, necesito que me conteste a dos preguntas: La primera, ¿quién es usted? Y la segunda... ¿nos puede contar lo que pasó hace diez años en vez de soltar frases sueltas sin sentido? -el anciano lo miró medio llorando. Anthony dio un codazo a John.

- Muy fino...

- El joven tiene razón. ¿Qué quién soy yo? Nadie... Al menos ahora. Yo... pude ser el guardián de la Pista, un peón sacrificado en pos de un mundo en equilibrio... Pero hace diez años, llegó a oídos del rey de este país, Pol XVI, que una de esas Diez Antiguas Maravillas podría hallarse en WolkenBerge. No escatimó esfuerzos en buscarlo. Pasaron cien noches, hasta que un batallón, comandado por su consejero Camus Casper, llegó aquí. No encontraron la Corona, pero encontraron la clave de encontrarla. Este era un lugar casi onírico, bello -las lágrimas brotaban de sus ojos- y yo era el guardián de la Llave. La Llave que abre el cofre de la Pista para encontrar la Corona del Soberano.

- Entonces... ¿La Corona no está aquí? -preguntó John. Seis sombras les observaban desde las sombras.

- No exactamente. Camus regresó a Palacio y le informó al Rey... Que volvió con todas sus tropas, Camus incluido, a por la llave. Me sorprendió la actitud de aquel mandatario. Trató de conseguir la Llave de manera diplomática, y aún cuando me negué y le expliqué el porqué de no poder llevarse la Llave, ergo, la Pista... Me tendió la mano, me saludó y regresó con todos sus hombres a Ciudad Porcelana. Tenía un corazón puro aquel hombre y le podía haber dado la Llave, y me encantaría extenderme acerca de él, pero el tiempo apremia. No se la di. Craso error.

- Continúe, viejo -dijo John, tras lo cual Anthony le volvió a pegar un codazo.- ¿Por qué fue un error?

- Su consejero Camus no regresó todavía. Se ocultó en la niebla, cual cazador voraz que espera a su presa. Y se la llevó. No pude pararle los pies. No sé cómo, pero consiguió descubrir la localización de la Pista.

- ¿Dónde está? -preguntó, ansioso, Tony.- ¿Qué es?

- Una simple Oración, corazones limpios... Está en la torre más alta del lugar más alto de WolkenBerge... Y Camus lo descubrió... Armó una revuelta contra el Rey, atacándole por sorpresa desde la Ciudad. Lo asesinó a sangre fría, pero durante la guerra, la cual se extendió durante cinco días y cinco noches dejando el palacio en ruinas, Camus, el único que sabía de la localización de la Pista para encontrar la Corona... Recibió un fuerte golpe en la cabeza, perdiendo parcialmente su memoria. Pero se quedó con la llave... WolkenBerge perdió más de la mitad de sus habitantes, y el resto, temiendo que algo así pueda volver a suceder, están huyendo de la isla.

- ¿Y estos cadáveres? ¿Qué significa esto? ¡¡Anciano, quiero explicaciones!! -exclamó John, furioso por la increíble y trágica historia de que un hombre, cegado por su ambición y ganas de poder, no tuvo reparos en traicionar a su país y destruirlo.

- La historia se repite. Dos bandos... Murder INC y El Puño de Ónice... lo saben... Y van camino de Palacio, mientras se matan entre ellos. Aunque les he mentido sobre una cosa... No les he desvelado la existencia de la llave. Al llegar al lugar, si es que llegan al final, se encontrarán con un cofre cerrado a cal y canto, indestructible e inútil. Pero la muerte... es inevitable. Esta es mi venganza sobre esta isla, mi venganza sobre la estupidez del hombre. Confío en que un corazón limpio... Sea capaz de arreglar lo que entre todos nos hemos ocupado de destruir.

Los cuatro quedaron en silencio. John miró a la cara a sus dos amigos, y se levantó. La niebla se iba disipando poco a poco, a medida que el tiempo pasaba. No necesitaba saber más, no necesitaba tener más. No sabía quién era realmente su enemigo, pero aquel que se quisiese llevar la Corona, lo sería. Seis sombras aparecieron desde las penumbras al fin.

- Buen discurso, anciano. Era hora de que supiese lo que sucedió aquí de verdad. El secreto mejor guardado en la isla.
- ¿Quién eres? -preguntó John sin siquiera alterar su iracunda mirada.
- Robert Aldridge, el Caballero de la Rosa Negra, General de División del Puño de Ónice. Y veo en tus ojos el mismo objetivo que yo... Eres un gran pirata, sin duda...


Cerca de Ciudad Porcelana, un cadáver sobre cientos de otros, era sujetado por el cuello por el asesino que lo había dejado así. Un hombre con capa gris observaba a su víctima mortal, relamiéndose una herida que el otro le había causado en el labio inferior. La cara inánime del asesinado parecía haber sufrido los efectos de una asfixia. Mientras tanto, otros cientos de hombres se batían en batalla, dejando mojar de nueva sangre la sangre seca, de gritos de dolor el cielo que les fue prometido y jamás llegaron a conseguir.

- Demasiado valiente por tu parte... John Winnfield.



Palacio de Ciudad Porcelana

Bastian Bloodrop insertó la gran Llave en la cerradura de aquel pequeño cofre. Era una pequeña caja de algún extraño material cuya dureza estaba fuera de toda duda. El corazón le latía a mil revoluciones, y sudaba por los nervios. Había tenido que abrir una puerta enorme que buscó por la sala del Trono, hasta que la encontró detrás del mismo Sillón Real. Tragó saliva.

La sala era de una blancura impecable. Le picaba la curiosidad. ¿Cómo era posible que aquello estuviese tan nítido cuando el resto del Palacio estaba en ruinas, y, sobre todo, cuando nadie había entrado en aquella sala durante Dios sabe cuantos años? El cofre lo había encontrado sobre un pequeño pedestal de oro macizo, y rodeado de impresionantes grabados y estatuas en las paredes de metal de reyes.

A medida que el cofre se abría, la cara del hombre se iba iluminando. El cofre terminó de abrirse. A Bastian Bloodrop le temblaban las manos. Era algo tan fuera de los alcances de sus conocimientos, que se limitó a cogerlo y a guardarlo en el bolsillo, llevándose la llave consigo también.

- Una... Simple Oración... -dijo, temblando, a medida que desaparecía y se alejaba del lugar.


Fuera, en algún lugar de la isla, una de esas rocas flotantes dejó de ser flotante para ser solo roca, y se impulsó, como si de su destino se tratase, al profundo abismo de WolkenBerge...



Continuará...

Siento el doble post y un saludo!


Edit: Por cierto, ya habrá que empezar a planear la siguiente saga. Los puntos claves del capítulo y las cosas que quedan pendientes las pondré cuando alguien haga la crítica.
Última edición por Vito Corleone el Lun Dic 30, 2013 6:31 pm, editado 2 veces en total.
SÍ.
Avatar de Usuario
wild animal
Comodoro
Comodoro
Mensajes: 3562
Registrado: Vie Ene 20, 2012 1:35 pm
Ubicación: Raftel
Edad: 112

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por wild animal »

Por fin esto se aviva y con un capitulo, y debo decir que es uno bueno.

Me divirtió mucho el principio, la pelea de Anthony-Tony.

Debo decir que tengo una duda, ¿Gris estaba en la cueva y a la vez matando a John?, eso no lo comprendi, tal vez decir fue antes o ¿Cómo fue?.
Debastadoramente triste la escena de Agata, asi como la guerra, muy buena, aunque creo faltaron algunas descripciones.
La historia me agrado mucho, asi como el hecho de la pista, creo puede dar mucho a futuro, y juntando a tu petición de hablar de la siguiente saga tengo esto:
El hombre de Belzeb escaba con la pista, los panteras deben buscarlo, y para ello ocupan un investigador que sepa seguirlo, así como las pistas de las reliquias, y ahí es donde entra Diego.
Ocupamos a alguien que pueda ayudar con eso, osea sea lo que muchos piensan será Robin en Raftel, la clave para el tesoro, creo Diego encaja perfecto.

Pense proponer de ultimo minuto, pero tu capitulo me dejo mas que satisfecho.

En el siguiente (42) propondré.
Avatar de Usuario
Vito Corleone
Teniente Segundo
Teniente Segundo
Mensajes: 1554
Registrado: Sab May 19, 2012 5:40 pm
Ubicación: No lo sé; no obstante, lo ignoro.
Edad: 27
Género:

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por Vito Corleone »

wild animal escribió:Por fin esto se aviva y con un capitulo, y debo decir que es uno bueno.

Me divirtió mucho el principio, la pelea de Anthony-Tony.

Debo decir que tengo una duda, ¿Gris estaba en la cueva y a la vez matando a John?, eso no lo comprendi, tal vez decir fue antes o ¿Cómo fue?.
Debastadoramente triste la escena de Agata, asi como la guerra, muy buena, aunque creo faltaron algunas descripciones.
La historia me agrado mucho, asi como el hecho de la pista, creo puede dar mucho a futuro, y juntando a tu petición de hablar de la siguiente saga tengo esto:
El hombre de Belzeb escaba con la pista, los panteras deben buscarlo, y para ello ocupan un investigador que sepa seguirlo, así como las pistas de las reliquias, y ahí es donde entra Diego.
Ocupamos a alguien que pueda ayudar con eso, osea sea lo que muchos piensan será Robin en Raftel, la clave para el tesoro, creo Diego encaja perfecto.

Pense proponer de ultimo minuto, pero tu capitulo me dejo mas que satisfecho.

En el siguiente (42) propondré.
Vale, lo del Caballero fue un despiste xD La edición (de momento solo he corregido eso):
Spoiler: Mostrar
Capítulo 41: Oración


- Me cago en tus putas estrellas, Tony, ¡¡me cago en tus putas estrellas!! -gritaba un muchacho, de pelo gris y cuerpo robusto, encarándose con un bicho enorme mezcla de león y águila que, sorprendentemente, parecía intimidado. Otro más aguardaba el final de la conversación sentado, cuatro o cinco metros más allá.

Se encontraban en una especie de pequeña colina, un lugar inhóspito por lo que parecía, en el que únicamente había hierba, niebla, frío, y tres viajeros extraviados. A lo lejos se podían divisar las cuatro colinas que sostenían Ciudad Porcelana, y la torre más alta del palacio de la misma. John, el cual miraba paciente hacia el enorme castillo que se alzaba a lo lejos, sintió un terrible escalofrío en la espalda. Torció la cabeza para vislumbrar a sus compañeros.

- Te juro que nunca me había pasado, Anthony... Las estrellas han debido de beber, porque se han movido sin sentido de su lugar... -contestó el grifo, algo empequeñecido por el ímpetu de su "regañador oficial", tal y como él mismo le había llamado minutos antes.
- Menos gilipolleces, Tony, ¡menos gilipolleces! -exclamó el Desertor de nuevo, completamente enfurecido.
- Joder, Anthony, ya te he dicho que lo si...
- Callaros los dos de una puta vez -intervino John.- ¿Creéis que discutiendo arreglaremos esto? ¿O preferís retomar el camino?

Anthony le miró durante un par de segundos, pensativo.
- Pero John, es que estamos completamente perdidos.
- No más perdidos que antes. Así que subámonos los dos al lomo de Tony, y que nos lleve a donde le diga el instinto, no hacia donde le señalen las estrellas.

El tenaz muchacho no tuvo otra que asumir su metedura de pata en forma de rabieta, bajar la cabeza y seguir a su amigo, quien ya se había adelantado colocándose en la espalda del grifo. John le miró, y, con una enorme sonrisa en la boca, se le dirigió amistosamente.
- Es el instinto el que nos ha traído hasta aquí, ¿no?

Un fuerte aleteo después, en la colina solo hubo hierba, frío y niebla.


Palacio de Ciudad Porcelana

Solo se escuchaban pasos. No había ninguna figura humana a la vista, a pesar de que la puerta del palacio estuviese abierta. La entrada decepcionaba, sin embargo, por su visible deterioro y color oscuro, respecto a la apariencia imponente y enriquecida que ofrecía desde el exterior. Las paredes estaban descoloridas, y en algunas partes manchadas de sangre. Los alguna vez preciosos cuadros que poblaban los muros de la entrada eran ahora, por desgracia, simples garabatos emborronados por la humedad y el tiempo. En vista de lo inánime del lugar, Bastian decidió volverse visible, puesto que no había indicios que le indicaran que podría verle nadie.

Caminaba tranquilamente observando aquel patéticamente espectacular lugar, cuando la enorme puerta del palacio se cerró tras él, provocando un terrible eco que resonó en todos y cada uno de los pasillos del palacio. En algún momento llegó a maldecir el suceso, temiendo que el ruido despertase a algún espíritu que habitase aquel lugar, pero rápidamente desechó la idea. Era imposible que existiesen fantasmas. Y era más imposible aún que él les temiera, él que había visto de todo.

Despertó de sus pensamientos y puso su atención en las anchas escaleras que se alzaban ante él, las cuales posteriormente se partían en dos para seguir cada hilo por su lado. Las escaleras, o más bien su apariencia, tampoco invitaban a subirlas. El tapiz rojo que las protegía de las pisadas estaba desgarrado en algunas zonas, en otras manchado de sangre, volviendo el brillante rojo que originalmente tenía la alfombra en un color más parecido al granate. Volvió a acordarse del espíritu errante. Se pegó un puñetazo en la cabeza, tratando de convencerse de que no había tales seres.

El bolsillo derecho de su chaqueta le pesaba más de la cuenta, pero no le dio demasiada importancia. Comenzó a subir las escaleras, y a cada una que subía, más dudas le aparecían en la cabeza. Se preguntó si había hecho bien en dejar con vida a Camus. Se preguntaba también el por qué el susodicho Camus jamás llegó a quedarse la pista, si tantos años estuvo viviendo en el palacio y la llave estaba en su poder. Cerca de una hora antes, en una de esas cientas de rocas flotantes alrededor de la Ciudad, tras haber escuchado el discurso del loco hombre, le durmió con una de las tantas sustancias sedantes que llevaba en el botiquín, el mismo botiquín con el que le había curado. Y le había robado la llave, básicamente, porque era su deber. No se atrevió a llevarse a Camus a palacio, pero tampoco a matarlo, ya que, en realidad, no suponía ninguna amenaza, y no le apetecía mancharse las manos de sangre si no era necesario. Había sido enviado para recoger la pista en cuestión, y todo lo demás le daba igual.

Siguió subiendo escalones, y cuando se presentó ante él el cruce, optó por dirigirse a la derecha. No por instinto, sino porque había obligado al bueno de Camus (antes de sedarlo, obviamente) a decir la ubicación exacta de lo que andaba buscando. Ahora que lo pensaba, ni siquiera sabía qué era, materialmente, lo que buscaba. Sólo sabía que era una "pista".

Y a medida que subía escaleras, el bolsillo derecho de su chaqueta, pesaba más.


La noche avanzaba a un ritmo vertiginoso. Tres horas después...

El incesante fluir del agua rociaba de sonido aquel silencioso lugar. Pequeñas y oscuras hierbecillas que brotaban del húmedo suelo bailaban, al compás de los vientos, creando una imagen de hermosa armonía entre el oscuro cielo y el claro césped.

Un enorme pájaro aterrizó en el lugar, y de su lomo bajaron dos muchachos, que, debido a la oscuridad, no podían ver ni medio palmo más allá de sus narices.

- ¿Aquí? -preguntó uno de ellos, Anthony.- Pues me suena a fiasco, el experimento del instinto...
- Calla y camina, leche. A falta de brújula, no nos quedaba otra, así que... -dijo el grifo, Tony, harto ya del refunfuñar de su arenoso compañero.
- Callaros los dos. Centraos en lo que nos ocupa, joder, que si no la llevamos clara en el asunto. Para empezar, ya me empieza a extrañar que no hayan llegado el resto aún.
- ¿Qué resto? -preguntaron los otros dos al unísono.
- Los del Puño -dijo John, antes de mirar al suelo, al llamarle la atención un bulto que había pisado.

Los tres jóvenes emitieron un sonido de horror, cuando comprobaron haber pisado un cadáver. Los ojos se les empezaban a acostumbrar a la oscuridad, y pudieron afirmar con espanto, que no era uno, sino varias decenas de cadáveres. Una voz les sorprendió.

- Corazones limpios... Alégrame ver tales seres por aquí -dijo, saliendo de las penumbras, un anciano barbudo, muy malherido.
- Quién... ¿Quién eres? -respondió Anthony, frunciendo el ceño, al no fiarse del individuo.
- No soy nadie, aunque... Ya... Supongo que da igual... -contestó, con una voz casi apagada, mientras se sentaba en el suelo.
- ¿Qué es lo que da igual? -preguntó John, mientras se le acercaba al anciano.
- No he sido capaz de proteger... El pasado de WolkenBerge. La guerra... -dijo, mientras alzaba su mirada para observar, con ojos brillantes y penetrantes, los ojos de John- Ha comenzado.


Una terrible explosión en mitad de la nada. Niebla. Una mano cercenada. Cientos de hombres luchaban lanza con lanza y espada con espada, bajo la implacable luz de la luna llena, opacada por una humareda y la incesante y fría blancura del alrededor.

El sonido de los filos, de los gritos de hombres desangrados, el desgarrador llanto de aquel al que le han cercenado el brazo, el ruido de las aún frescas y sangrientas cabezas cortadas al caer, el rugido de valor del que, aún con una espada clavada en el pecho, reparte sablazos a los que se le oponen. Cientas de personas se movían en una misma dirección mientras se mataban entre ellos, dejando detrás una roja estela de cadáveres.

- ¡¡¡Padrinoooo!!! -exclamó uno de aquellos luchadores, mientras clavaba su lanza en la dura cota de malla de su rival.- ¡¡ÓRDENES!! ¡¿Enviaremos alguna avanzadilla a por el tesoro?!

Una ola de ardiente fuego y punzantes rayos se llevó consigo a varios hombres, vestidos con una armadura negra. Otros, vestidos con una cota de malla roja, festejaban la masacre, cuando a su vez, algunos de ellos eran asesinados por los del bando rival.

- ¡¡IRÉ YO PERSONALMENTE!! -exclamó Van, completamente exhaltado, aunque sin parar de reducir efectivos oponentes.- ¡¡Que vengan conmigo diez hombres más!! -tras decir esto, alzó la voz, buscando un oído perdido entre toda aquella muchedumbre ensangrentada.- ¡¡¡AGATHAAAAA!!! ¡¡¡ESTÁS AL MANDOOOOO!!!

- ¡¡Oído, Padrino!! -exclamó la pequeña muñeca de porcelana, mientras asestaba potentes y precisos puñetazos y patadas que a sus rivales les penetraban el gaznate como espadas. Nada más decir eso, notó una inquietante presencia a su alrededor. Dubitativa, se reafirmó.- ¡¡Confía en mí... Van!!

El que había pedido órdenes y otros nueve más persiguieron al joven como pudieron entre tanta gente. A su alrededor, brotaban en cualquier momento cabezas, corazones, arrancados sin piedad de sus respectivos cuerpos. A uno de esos diez hombres le atravesó una lanza en su afán de alcanzar a su líder, pero los restantes ignoraron el suceso. Un cadáver cayó ante tres de ellos, pero siguieron corriendo.

Metros más adelante, y sin cesar de matar gente a su paso, Van corría, cegado por aquello que trataba de conseguir. Se acordó de Camus. De que le dijo la localización equivocada. No del todo equivocada, a pesar de todo, pero... Al fin y al cabo, la pista no estaba donde estuvo tiempo atrás. Se la llevaron. Pero ahora sabía, por fin, dónde estaba la clave para conseguir lo que más ansiaba en la vida... Sí... La Corona le serviría... Rescataría a su hermana.

Sumido en sus pensamientos en plena guerra, era cuestión de tiempo que algún filo cruzado le sorprendiese, como así fue. Algún enemigo deslizó su espada por la tensa cara del joven, provocándole un corte de envergadura considerable. Cayó al suelo. Los que le venían por detrás corrieron raudos a ayudarle.

- ¡¡Corred, panda de gilipollas!! ¡¡Corred, no moriré aquí!! -exclamó, tras electrocutar al que le había propiciado la herida. Una furiosa voz paró en seco la carrera de los valientes, una voz que se levantó, por encima de los gritos de rabia y sangre.

- ¡¡¡PARAAAAAAAAAAD!!! -una imponente figura se alzó, con su capa gris ondeando al viento, sobre una colina de cuerpos inánimes. La niebla pareció disiparse, seguramente por las ganas de los guerreros por ver lo que sucedía. Sujetaba con su mano derecha a una pequeña criatura, que hacía lo posible por defenderse. Van, incapaz de reaccionar ante el espectáculo, completamente en shock, no pudo moverse.

- A... Agatha... -fue lo único que llegó a susurrar. El sonido de los filos desapareció. Aquel hombre, el Caballero de la Rosa Gris, tenía sujetada por el cuello a su fiel compañera. Nadie se atrevía a mediar palabra, ni a atacar a traición.

- Escúchame, "Bestia"... -comenzó a hablar el del Puño.- ¡¡¿QUÉ PIENSAS HACER?!! -hubo un corto silencio.- ¡¡¡SOIS MENOS Y PEORES LUCHADORES!!! ¡¡Y TÚ... NO ERES NADA!! ¡¡¿ES ESTA TU SEGUNDA AL MANDO?!! -Van permaneció en silencio. Su rabia iba creciendo.- ¡¡¡¡LA PODRÍA APLASTAR AHORA MISMO!!!! Pero sería de mala persona... -esbozó una cruel sonrisa- ¡¡La corona no debería estar bajo la posesión de alguien tan insensible!! O... ¿acaso es lo contrario? ¿Prefieres que la mate?

- ¿Qué coño le pasa? -dijo uno de los de su propia armada por lo bajini a alguno de sus rivales.- Se está contradiciendo...

Van seguía en silencio. Los nueve que aún le seguían le dedicaron una mirada interrogativa. El joven les ignoró, pues el Caballero de la Rosa Gris procedió a continuar su monólogo, sin soltar a la pequeña e indefensa Agatha.

- ¡¡JAMÁS LA CONSEGUIRÁS!! ¡¡TENGAS EL PROPÓSITO QUE TENGAS!! ¡¡¡YO SERÉ EL SOBERANO QUE ENCUENTRE LA CORONA!!! ¡¡Y ÉSTA ES LA DEMOSTRACIÓN!!!

El puño del General de División del Puño se cerró, creando a su alrededor una lluvia de porcelana. Los pequeños, nimios trozos del cuello de Agatha cayeron, uno a uno, al suelo. El resto de su cuerpo se rompió también al entrar en contacto con uno de esos cadáveres del suelo. Su cara, aún entera pero inánime, también se empotró contra el suelo, ante la atónita mirada de los presentes. El Caballero pisoteó el ya troceado cuerpo de la muñeca, hasta hacer del cadáver un cúmulo de migas.

- Era... Una miserable... Muñeca de porcelana -dijo. Los ojos de Van, mientras, parecían salirse de sus órbitas. Se le hinchó la vena de la frente, y comenzó a emitir sonidos de rabia incontrolable.

- ¡¡¡¡¡¡¡¡HIIJOO DE PUUTAAAAAAAAAAA!!!!!!!

El joven se abalanzó sobre el cruel hombre, pero alguien de los nueve que le seguían, vestido aún con cota de malla negra, se interpuso entre los dos, agarrando al desbocado Van. Este último lloraba desesperado, tratando de soltarse de la odiosa detención de su amigo, hasta que se dio cuenta de que este también lloraba.

- John... -dijo el muchacho, al apreciar el peinado afro y las marcadas facciones del hombre.- ¿Por qué lo haces?
- Van... Desde el principio... fuimos cuatro -Van tragó saliva.- Desde que llegaste a la isla con Satoshi desde Rondinum, y él le dio vida a Agatha... -se le escaparon varias lágrimas a la vez.- ¡HEMOS SIDO MÁS QUE COMPAÑEROS DE TRABAJO, JODER! ¡HEMOS SIDO AMIGOS, Y EN EL FONDO DE ESE DURO CORAZÓN LO SABES! ¡POR ESO ME SIENTO EN LA OBLIGACIÓN DE OFRECERTE UNA VÍA DE ESCAPE Y ENTRETENER A ESTE HIJO DE PUTA, Y VENGAR A AGATHA! Por favor... -le empujó.- Vete.



Tres horas antes, en el tortuoso camino desde la Base del Puño de Ónice hasta la localización de la Pista...

- Tight, ¿sabes que bás le gustaba a bi tía Clotilde? El calor de la estufa en invienno ... ¡ATCHUÁ! Una vez, bi herbano pequeño se cayó a la estufa... ni te ibaginas qué bal lo pasó el pobre, y...

John Winnfield notó de pronto un frío acero al lado de su sien. Escuchó unas amenazantes palabras en su oído.
- No gritéis -John se dio cuenta de que su compañero Tight estaba en la misma situación. Observó, a su vez, que los atracadores, o quienes fueran, llevaban el mismo uniforme que ellos.

- No teggo nigguna intención de hacerlo -respondió, con gesto serio, mirando con sus penetrantes ojos negros a aquel que había osado ponerle el cañón de la pistola apuntando a la cabeza.

- ¿Ah, no? -insistió el pistolero.- ¿Quiénes sois? Sin mentiras. Jamás os había visto en la Base.

- Jamás hemos estado en ella. Somos John Winnfield y Tight Golpez, de Murder INC. ¿Por qué deberíamos gritar? -lanzó la pregunta Tight, con un tono bastante fanfarrón.

- Porque... Soy el Caballero de la Rosa Negra -respondió uno de los atacadores, concretamente el que había amenazado a John, enfundando el arma y poniéndose frente a frente con el atacado.- No entiendo qué hacéis disfrazados de nosotros, en ese caso. Acaso... ¿sois espías que "La Bestia" ha mandado para detener el plan de Cambrige?

- No exactamente -respondió Winnfield, sin alterar su segura y sonriente expresión.- Sobos dos hobbres de La Bestia, sí, pero fuibos capturados por el Caballero de la Rosa Gris, y ahora vabos en su tropa para reencontrarnos con nuestro Padrino al llegar al "Lugar".

- ¿¡Por qué se lo cuentas, imbécil!? -exclamó Tight, tras lo cual el Caballero de la Rosa Negra le asestó un buen golpe en la nuca, dejándolo inconsciente.

- Gilipollas... Menos mal que la niebla ha enmudecido esos putos gritos -después miró a John.- Lo que me importa es que no estás en el mismo bando que Cambrige. Solo eso. No sé cuáles son vuestros propósitos en el caso de conseguir la Corona, pero...

- Es una cuestión del pasado del Padrino. No tienes derecho a saber nada -cortó tajante John.

- De acuerdo. Solo quiero lanzaros una propuesta... de alianza. Puede que seamos enemigos después, pero aliarse, ahora, puede ser el único modo de pararle los pies. ¿Qué me dices?...

- No soy nadie para aceptar alianzas y yo tabbién desconozco vuestros propósitos... -esbozó una leve sonrisa- Y no es la única banera, pues un gran pirata ha llegado a la isla para no dejarle cubplir su propósito a ese estúpido... Pero aceptaré.



Tres horas después, de aquello, enfrente de una cascada de fluir incesante y un prado de fresca y enrojecida hierba, un anciano conversaba con tres muchachos.
- ¿Pero no estaba aquí la "Pista" para llegar a una de esas reliquias, anciano? -preguntó Anthony, tratando de sacar información al deprimido hombre que tenía enfrente.

- Lo estuvo... Alguna vez... Hace cosa de diez años... WolkenBerge dejó de ser lo que era... Para convertirse en una lucha sin cuartel por la Corona del Soberano...

- Está desvariando un montón -susurró Tony a la oreja de John, tras lo cual el otro asintió, desaprobando el discurso del anciano.

Un silencio absoluto, con la excepción del sonido del agua, tomó la zona.
- Eh esto... -comenzó a decir John ante la pasividad de sus amigos.- Señor, necesito que me conteste a dos preguntas: La primera, ¿quién es usted? Y la segunda... ¿nos puede contar lo que pasó hace diez años en vez de soltar frases sueltas sin sentido? -el anciano lo miró medio llorando. Anthony dio un codazo a John.

- Muy fino...

- El joven tiene razón. ¿Qué quién soy yo? Nadie... Al menos ahora. Yo... pude ser el guardián de la Pista, un peón sacrificado en pos de un mundo en equilibrio... Pero hace diez años, llegó a oídos del rey de este país, Pol XVI, que una de esas Diez Antiguas Maravillas podría hallarse en WolkenBerge. No escatimó esfuerzos en buscarlo. Pasaron cien noches, hasta que un batallón, comandado por su consejero Camus Casper, llegó aquí. No encontraron la Corona, pero encontraron la clave de encontrarla. Este era un lugar casi onírico, bello -las lágrimas brotaban de sus ojos- y yo era el guardián de la Llave. La Llave que abre el cofre de la Pista para encontrar la Corona del Soberano.

- Entonces... ¿La Corona no está aquí? -preguntó John. Seis sombras les observaban desde las sombras.

- No exactamente. Camus regresó a Palacio y le informó al Rey... Que volvió con todas sus tropas, Camus incluido, a por la llave. Me sorprendió la actitud de aquel mandatario. Trató de conseguir la Llave de manera diplomática, y aún cuando me negué y le expliqué el porqué de no poder llevarse la Llave, ergo, la Pista... Me tendió la mano, me saludó y regresó con todos sus hombres a Ciudad Porcelana. Tenía un corazón puro aquel hombre y le podía haber dado la Llave, y me encantaría extenderme acerca de él, pero el tiempo apremia. No se la di. Craso error.

- Continúe, viejo -dijo John, tras lo cual Anthony le volvió a pegar un codazo.- ¿Por qué fue un error?

- Su consejero Camus no regresó todavía. Se ocultó en la niebla, cual cazador voraz que espera a su presa. Y se la llevó. No pude pararle los pies. No sé cómo, pero consiguió descubrir la localización de la Pista.

- ¿Dónde está? -preguntó, ansioso, Tony.- ¿Qué es?

- Una simple Oración, corazones limpios... Está en la torre más alta del lugar más alto de WolkenBerge... Y Camus lo descubrió... Armó una revuelta contra el Rey, atacándole por sorpresa desde la Ciudad. Lo asesinó a sangre fría, pero durante la guerra, la cual se extendió durante cinco días y cinco noches dejando el palacio en ruinas, Camus, el único que sabía de la localización de la Pista para encontrar la Corona... Recibió un fuerte golpe en la cabeza, perdiendo parcialmente su memoria. Pero se quedó con la llave... WolkenBerge perdió más de la mitad de sus habitantes, y el resto, temiendo que algo así pueda volver a suceder, están huyendo de la isla.

- ¿Y estos cadáveres? ¿Qué significa esto? ¡¡Anciano, quiero explicaciones!! -exclamó John, furioso por la increíble y trágica historia de que un hombre, cegado por su ambición y ganas de poder, no tuvo reparos en traicionar a su país y destruirlo.

- La historia se repite. Dos bandos... Murder INC y El Puño de Ónice... lo saben... Y van camino de Palacio, mientras se matan entre ellos. Aunque les he mentido sobre una cosa... No les he desvelado la existencia de la llave. Al llegar al lugar, si es que llegan al final, se encontrarán con un cofre cerrado a cal y canto, indestructible e inútil. Pero la muerte... es inevitable. Esta es mi venganza sobre esta isla, mi venganza sobre la estupidez del hombre. Confío en que un corazón limpio... Sea capaz de arreglar lo que entre todos nos hemos ocupado de destruir.

Los cuatro quedaron en silencio. John miró a la cara a sus dos amigos, y se levantó. La niebla se iba disipando poco a poco, a medida que el tiempo pasaba. No necesitaba saber más, no necesitaba tener más. No sabía quién era realmente su enemigo, pero aquel que se quisiese llevar la Corona, lo sería. Seis sombras aparecieron desde las penumbras al fin.

- Buen discurso, anciano. Era hora de que supiese lo que sucedió aquí de verdad. El secreto mejor guardado en la isla.
- ¿Quién eres? -preguntó John sin siquiera alterar su iracunda mirada.
- Robert Aldridge, el Caballero de la Rosa Negra, General de División del Puño de Ónice. Y veo en tus ojos el mismo objetivo que yo... Eres un gran pirata, sin duda...


Cerca de Ciudad Porcelana, un cadáver sobre cientos de otros, era sujetado por el cuello por el asesino que lo había dejado así. Un hombre con capa gris observaba a su víctima mortal, relamiéndose una herida que el otro le había causado en el labio inferior. La cara inánime del asesinado parecía haber sufrido los efectos de una asfixia. Mientras tanto, otros cientos de hombres se batían en batalla, dejando mojar de nueva sangre la sangre seca, de gritos de dolor el cielo que les fue prometido y jamás llegaron a conseguir.

- Demasiado valiente por tu parte... John Winnfield.



Palacio de Ciudad Porcelana

Bastian Bloodrop insertó la gran Llave en la cerradura de aquel pequeño cofre. Era una pequeña caja de algún extraño material cuya dureza estaba fuera de toda duda. El corazón le latía a mil revoluciones, y sudaba por los nervios. Había tenido que abrir una puerta enorme que buscó por la sala del Trono, hasta que la encontró detrás del mismo Sillón Real. Tragó saliva.

La sala era de una blancura impecable. Le picaba la curiosidad. ¿Cómo era posible que aquello estuviese tan nítido cuando el resto del Palacio estaba en ruinas, y, sobre todo, cuando nadie había entrado en aquella sala durante Dios sabe cuantos años? El cofre lo había encontrado sobre un pequeño pedestal de oro macizo, y rodeado de impresionantes grabados y estatuas en las paredes de metal de reyes.

A medida que el cofre se abría, la cara del hombre se iba iluminando. El cofre terminó de abrirse. A Bastian Bloodrop le temblaban las manos. Era algo tan fuera de los alcances de sus conocimientos, que se limitó a cogerlo y a guardarlo en el bolsillo, llevándose la llave consigo también.

- Una... Simple Oración... -dijo, temblando, a medida que desaparecía y se alejaba del lugar.


Fuera, en algún lugar de la isla, una de esas rocas flotantes dejó de ser flotante para ser solo roca, y se impulsó, como si de su destino se tratase, al profundo abismo de WolkenBerge...



Continuará...
Spoiler: Mostrar
Resulta que fue un error de redacción: el que está espiando a John, Tony y Anthony es El Caballero de la Rosa Negra, junto con sus cinco hombres, que vienen de aliarse con John W. y Tight (ergo, con La Bestia) y ahora se han aliado con John Conde y Cía.

Mientras tanto, Gris se ha cargado tanto a Agatha como a John Winnfield, pero lo de este último no lo sabe Van, aunque lo supone, por la última frase de su compañero.
Cosas que faltan por concretar en esta complicada y larga saga xD + algunas ideas:
Spoiler: Mostrar
- Lo he dejado caer al final. La Pista, al no poder ser destruida, era lo que mantenía en pie las rocas flotantes (inclusive Ciudad Porcelana), pero al ser robado por Bastian Bloodrop, el magnetismo ha dejado de funcionar y las rocas empiezan a caerse poco a poco.

- La cuestión es que nadie sabe esa verdad, así que seguramente empezarán una carrera por ver quién llega antes hasta algo que ya no está, por lo que tendrían que huir. He aquí el final de infarto y apocalíptico que todos queríamos xD.

- Deberíamos incluir un flashback más concreto de la isla, pues el que ha dado el viejo era un repaso muy superficial. Para dar mayor trasfondo a la saga debería haber un flashback en el que explicar mejor cómo era el rey (supuestamente de buen corazón) y Camus (el malo maloso). Aunque claro, esto ya es más opcional o hay quien pueda pensar que es innecesario.

- Ahora seguramente John, Anthony y Tony, junto con Aldridge, vayan directos a Palacio a detener a Gris, que ahora irá tras Van.
Sobre la próxima saga, me gusta la idea, aunque quería decir qué había que aclararse sobre la isla, la cultura de la misma, las ciudades... Teniendo en cuenta que es una isla muy grande y poblada. Ya la propuse en el segundo tema, lo rescato por si queréis.
Spoiler: Mostrar
Rondinum: Capital de la isla.
Imagen
- Clima: Niebla constante y mucha lluvia, a veces nieve.
- Paisaje: Igual que el Londres del siglo XIX, niebla, señores con pipa y monóculo y mucho frío.
- Lugares de interés: - Iglesia de Saint Leonard (un Tenryuubito de hace 690 años). Las reliquias de dicho santo se guardan bajo el altar. La iglesia tiene en su haber la pieza religiosa (la religión de los Tenryuubitos, obviamente xD) más cara del mundo, valorada en muchos millones de Berries en piedras preciosas, oro y demás. Su campanario consta de 400 m, alzándose sobre toda la ciudad. Es una ciudad muy rica, pero extremadamente peligrosa. Por eso el cuerpo de policía cuenta con más de 1.000 miembros.Imagen


Larsat: Una hermosa aldea que se asemeja a la Dordoña francesa. Ahí se halla una de las mansiones de veraneo de los Tenryuubitos.Imagen
- Clima: Soleado, con chaparrones ocasulionales.
- Paisaje: Bucólico y pastoril, muy protegido.
- Lugares de interés: - Mansión Amarilla (Yellow Mansion) una de las siete mansiones de los Tenryuubitos a lo largo del mundo. La entrada es solo para los propietarios y visitas muy importantes. Consta de tres plantas de 2000 m2 cada una y con una longitud de 400 metros. Sus jardines tienen dimensiones titánicas, asemejándose a los de Versailles.
Imagen

- Faraway: Un pueblo totalmente aislado de los demás, formado por 7-8 casas. Es el pueblo costero más pequeño de la isla.
- Clima: Apacible, las temperaturas rondan siempre los 17°C.
- Paisaje: Más bien rural. La mayoría vive de la pesca, así que hay 5-6 botes amarrados a la orilla.
- Lugares de interés: Parece un lugar sin atracción, más si se busca en el interior de alguna casa, puede halarse cierta base secreta xD

El resto de pueblos no tienen nada especial, salvo una mina de kairoseki al suroeste de la isla. Los demás pueblos son: Matebuk, Dopi, Easthamton (conocido por su exquisito jamón), Amparal y Bench.

- El clima es muy distinto en cada zona de la isla.
- La Isla es de un gran tamaño, llegando a superar a WolkenBerge en superficie.
Un pequeño spoiler para conectar las dos sagas, por si a alguien le interesa:
Spoiler: Mostrar
En este capítulo, en el discurso final de John Winnfield, he metido la ciudad de Rondinum. Podría ser que Van se supiera el camino para ir hasta ahí, y al ser la isla más cercana, opten por ese camino.
El enemigo de la saga lo dejo a vuestra elección, a lo que salga, aunque todos deberían tener ya un VS en condiciones, a lo Arlong Park xD
Eso sí, esto debería acordarse, quiero decir, lo de que la siguiente saga sea esta.
SÍ.
Avatar de Usuario
yupi
Recluta Privado de Primera
Recluta Privado de Primera
Mensajes: 247
Registrado: Dom Sep 16, 2012 5:46 pm
Ubicación: Isla de Tiyome, durmie...digooo meditando (medito roncando)
Edad: 33

Re: Los Panteras Negras V3.

Mensaje por yupi »

Saludos panteriles^^...recien llegadas las vacaciones, tengo tiempo de conectarme :D...no demasiado (hasta febrero no seré libre), pero por lo menos puedo pasarme por aquí^^...espero que no se haya notado mi ausencia :gota:

Intentaré ponerme al día lo mas pronto posible^^ (aunque si me hacéis un resumen sería un gran favor xD)
Imagen
Imagen

Luchar contra el más fuerte es la mejor manera de entrenarse
Responder