Los Panteras Negras V3.
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- yupi
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Re: Los Panteras Negras V3.
Muchas gracias wild, me quedó todo muy claro^^...iré pensando ideas no para este cap, pero sí para dentro de 2-3 caps, tengo que aprovechar el hueco libre que me dan las vacaciones xD 


Luchar contra el más fuerte es la mejor manera de entrenarse
- Vito Corleone
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por Vito Corleone »
Atención, aviso de antemano: viene doble post, porque todo esto no me cabía en uno. Abstenerse de enfados, por favor.
Arreglos en el cap. 36
Arreglos en el cap. 36
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- Capítulo 36: Base enemiga, "El Caballero de la Rosa Negra"
El bosque estaba en silencio, no se escuchaba a ningún animal por la zona, y este silencio junto con la oscuridad de la noche y la espesa niebla crearon una escena perfecta para un cazador que se había convertido en la presa.
La niebla aún no se había disipado cuando Tony se levantó del suelo, contemplado con expectación a Van tendido en el suelo a causa del ataque que realizó con anterioridad.
-¿Te encuentras bien Tony?-preguntó Anthony, que ya no parecía estar herido.
-Ya estoy completamente recuperado, ¿y tú? No pareces estar cansado siquiera, y has derrotado a Van, ¿cómo lo has hecho?-decía Tony con mucha curiosidad a su compañero.
-No lo he derrotado, parece que usó una técnica que causó rechazo en su cuerpo, yo solo le golpeé en la nuca y lo deje inconsciente-explicaba Anthony mientras vigilaba el cuerpo de "La Bestia" tendido en el suelo-por ahora lo mejor es atarlo para evitar cualquier tipo de confrontacíon con él, su Akuma no mi es sumamente peligrosa.
-¿Ah sí? Recuerdo que era un Logia, pero el tipo no llegué a descubrirlo-indagaba Tony con la cara pensativa e intentando recordar los momentos anteriores de su combate con aquel hombre.
-Su fruta Logia es la del plasma, por lo que he podido ver, es una especie de masa eléctrica capaz de generar calor en grandes cantidades, por eso tu flecha acabó calcinada ante su rayo, la arena no lo hizo porque absorbió el calor del mismo, pero si ese calor supera una determinada temperatura convierte mi arena en cristal-explicaba Anthony a Tony, que admiraba atónito las palabras del desertor-te seguiré explciando por el camino nuestro plan, pero ahora debemos buscar a John, no me imagino la que es capaz de liar estando sin vigilancia.
-Sí sí, tienes toda la razón, debemos ir a por John enseguida-decía Tony mientras daba unos cuantos pasos hacia el este, sin saber el lugar al que dirigirse, además la niebla dificultaba la visión, aunque se hubiera disipado un poco los dos chicos seguían sin poder ver demasiado-Anthony, ¿por dónde es?
-Podrías haberme preguntado antes de echar a andar-le recriminaba Anthony.
-Bien, entonces, ¿cuál es el camino, compañero "walker"?
-Si te digo la verdad no tengo la menor idea, pero si queremos encontrar a John debemos ser cuidadosos, nuestros enemigos querían chantagear a John con nosotros para que hiciera algo, seguramente John ya esté en ese lugar al que le ha mandado el grupo criminal, "La Bestia".
-Si no conocemos la ubicación de ese lugar lo mejor es ir volando hasta encontrarlo, venga súbete Anthony- decía Tony mientras su cuerpo sufría el paso de humano a grifo en pocos segundos.
-Me parece bien que vayamos volando, pero debemos volar alto para evitar desvelar nuestra posición y también para no volver a comprometer a John a cumplir esa misión-decía Anthony mientras ataba a Van con cuerdas a un árbol cercano y le suministraba un sedante muscular.
-Anthony, ¿por quién me has tomado? He vivido mucho tiempo de la caza, sé como hay que comportarse cuando estás rodeado de alimañas que quieren echarte la garra encima-le comentaba Tony con cierta prepotencia.
-Eres un creído.
-¡¡¡Eso no deberías decirlo tú!!!-le gritaba Tony, que al estar en su forma de grifo imponía muchísimo más que cuando era humano, su majestuosa figura daba una sensación de grandeza-¡¡Tú eres el listillo que siempre lo sabe todo!! ¡¡No me cabrees Anthony!!
-Nah ,era una broma, venga ya podemos irnos, además de atarle le he suministrado una droga que lo mantendrá sedado durante unas horas, no había necesidad de eliminarlo, pero si nos volvemos a encontrar con él, debemos matarlo para evitar problemas...-decía Anthony que meditaba sobre su posible encuentro con ese peligroso hombre.
-No te he preguntado nada-decía Tony que seguía algo ofendido por el comentario anterior.
Y los dos amigos emprendieron el vuelo hacia un lugar del cual no sabían absolutamente nada, pero sabían una cosa, debían volver con John al barco se como sea.
En un lugar no muy lejano a donde se encontraban Tony y Anthony...
-¿Qué mierda me ha pasado?-decía John que estaba bastante desorientado, no recordaba nada de lo ocurrido después de llegar a la entrada de aquel edificio, salvo un ligero aroma a flores, John estaba tumbado en el suelo y se percató de que estaba atado de pies y manos, no podía hacer demasiados movimientos.
El lugar donde se encontraba era una especie de celda hecha de piedra, era oscura y estaba iluminada por la tenue luz de una pequeña vela que se encontraba en el exterior de la habitación.
La humedad era abundante, había muchas rocas impregnadas de moho e incluso hongos, no estaba muy bien cuidada, como si no hubiera habido prisioneros en mucho tiempo.
Al cabo de unos minutos John se acostumbró a la oscura sala y vislumbró dos cuerpos tendidos en el suelo, atados e inconscientes, eran Tight y Winnfield.
-Ehh, chicos, ¿estáis bien?-dijo John intentando acercarse a los dos hombres que habían intentado ayudarlo unas horas antes.
-Sep, no te preocupes bastardo, estamos genial-decía Tight mientras trataba de incorporase-no queremos la compasión de un pirata.
-Dejando esas gilipolleces, ¿qué nos ha pasado?-ignoraba Winnfield el comentario de su compañero-¿quién nos ha encerrado aquí?
-Supongo que debe haber sido el "Caballero de la Rosa Negra", he oído que fue mandado por el "Puño de Ónice" para arreglar los problemas entre las bandas, tiene un extraño poder con el que es capaz de adormecer a sus rivales e inutilizarlos durante un combate, no sé mucho más de él, lo único que recuerdo más es que fue capaz de realizar un asalto a un castillo él solo, sin compañía de nadie, y acabó la misión que le encomendaron con un éxito total... eliminó al jefe sin ni siquiera sufrir un rasguño...
-Para saber poco son bastantes datos-asimilaba John lo que acababa de decir Tight.
-Tenemos que escapar y destruir este sitio, supongo que será su base, si nos la cargamos el "Puño de Ónice" será erradicado de esta isla de una vez por todas-comentaba Winnfield mientras miraba el lugar en que se encontraban.-en una isla solo puede haber una mafía, y esa somos nosotros, "La Bestia".
-Eso no es problema, esta siesta me ha sentado cojonuda, voy a ir darle las gracias a ese "Caballero de la Mierda Negra" o como se llame-exclamaba John mientras se levantaba dejando las cuerdas en el suelo medio quemadas.
Había chocado sus dos muñecas a modo de sílex para generar chispas y quemar las cuerdas de sus manos.
-Ahora os voy a desatar a vosotros... ahhh-decía John que cayó al no haber desatado las cuerdas de sus pies de la emoción por la batalla que se iba a producir.
-Este tío es idiota, ¿de verdad que tiene una recompensa de 50 000 000
? La Marina se está volviendo muy generosa con las recompensas-se quejaba Tight de la caída de John, casi evitando la risa.
-Pues a mí me cae bien, para ser un pirata es un buen tío, podemos confíar en él-comentaba Winnfield mientras su cara mostraba signos de admiración hacia ese chico que hacia tan poco tiempo que conocía.
John se levantó con una sonrisa diabólica del suelo, desató a Winnfield y le dio un puñetazo en la cabeza a Tight, tan fuerte fue el impacto que dejó un poco de pólvora en su cabeza.
-Bien, yo iré a por ese "Caballero", mientras vosotros podéis hacer lo que queráis, mientras no interferáis en mi combate, podéis ayudarme a vencer a los guardias que haya en el camino. Lo imporatnte es que destruyamos esta Base para poder recuperar a mis compañeros, ¿ese era el trato no?
-Cabronazo, menudo golpe me has dado-se quejaba Tight ignorando lo que decía John, le dolía más el hecho de que le hubieran dado un golpe que el propio impacto del golpe.
-Exactamente, pero nosotros no iremos contigo, sino que provocaremos una distracción para que te resulte más fácil alcanzar al "Caballero", pero debes tener cuidado, puede dormirte usando ese extraño poder que tiene, debes evitar oler ese aroma a flores...-le aconsejaba Winnfield.
-Tranquilo, tengo una estrategia para evitar ese problemilla, lo demás será comer y beber.
-¡¡Se dice coser y cantar idiota!!-le volvió a insultar Tight.
-Es que yo no coser, y cantar tampoco es que me guste mucho-se quejaba John con cierto pasotismo.
-Es una forma de hablar, pedazo de inútil-Tight cada vez se dejaba llevar más por las tonterías de John, hasta tal punto que ya no lo insultaba por despecho.
-No podemos perder tiempo, debemos salir de aquí y llevar a cabo el plan-decía Winnfield, que parecía el más maduro de los tres.
-¡¡EXPLOSIVE PUNCH!!-John derribó la puerta usando poca potencia para evitar hacer demasiado ruido
Era extraño, pero no había guardias custodiando la puerta, el pasillo era oscuro, solo estaba iluminado por velas y algunas antorchas colgadas en las paredes, sin embargo la humedad era mucho menor que la de la celda en la que habían sido encerrados.
-Bien, nosotros dos iremos por el lado derecho, y tú, John Conde por el izquierdo, ¿de acuerd..?-decía Tight cuando John se alejó de ellos con mucha rapidez y dejándolo con la palabra en la boca-ese cabrón me ha vuelto a humillar, pero tienes razón, parece un buen chico, a pesar de ser un pirata.
-Si te fijas, su grado de determinación es similar a la de nuestro jefe, Van, puede que solo sean imaginaciones mías, pero tienen una personalidad muy parecida, ambos son decididos y tratan de proteger a sus compañeros-le decía Winnfield.
-Pero es copletamente distinto, es como comparar la leche con el vino, nuestro jefe nos protege porque le somos útiles en muchos aspectos, pero ese John, protege a sus compñaeros simplemente porque son compañeros, puede que pueda parecer lo mismo, pero no lo es.
-Tienes razón, pero bueno, ahora lo importante es eliminar a cuantos más soldados mejor, lo más raro es que no había nadie custodiando la puerta, puede que nos quieran tender una emboscada, esperaban que escapáramos.
-Puede ser, por eso ni siquiera nos han interrogado, querrán atraer a la "Bestia" aquí o a los compñaeros de John Conde.
Decían los dos mafiosos que echaban de menos los cigarillos y sus partidas de póker, pero debían cumplir su misión y proseguir su camino.
Mientras, donde se encontraba Van...
-Mi cuerpo está adormecido, ese maldito desertor debe de haberme inyectado algún tipo de sedante muscular, además me ha dado un fuerte golpe en la nuca para dejarme inconsciente-pensaba Van, que no sabía lo que estaba ocurriendo en la base del "Puño de Ónice".
-Hola "Bestia"...
De pronto una voz emergió desde las tinieblas, rompió el silencio del bosque y hizo que Van se sorprendiera al no haber detectado su presencia antes, podía deberse simplemente al sedante, pero aún así era raro.
-Parece que has sido derrotado, no debes usar tus habilidades, ¿o quieres hacer que se derrumbe la ciudad?...-la voz cada vez se hacía más cercana, hasta que finalmente Van pudo ver la figura de la persona que le estaba hablando, era un hombre no muy grande, medía más o menos 1,55 metros de alto, tenía la piel blanca, y su cuerpo estaba tapado por una extensa capa de color negro, la espesa niebla no dejaba apreciar a Van su rostro con claridad, pero él sabía de quien se trataba.
-Me recuerdas, yo era el sirviente más fiel del Gobernador de esta isla, Camus... tanto el "Puño de Ónice" como tú pensabáis que había muerto durante el asalto a la fortaleza, pero conseguí escapar escondiéndome en el sótano, bajo el despacho del propio Gobernador, pero tranquilo, no he venido por venganza ni nada de eso, no deseo matar a nadie, solo quiero recuperar lo que me pertenece, pero para eso debo eliminar los estorbos, uno de ellos es el "Puño de Ónice", pero parece que ya se están encargando de él...-Camus hizo una pausa, en la que se acercó a Van con cierta cautela vigilando sus posibles movimientos.
-Sé que eres un hombre de hacer tratos "Bestia", puede que este trato te interese más de lo que puedes imaginar...
Camus se acercó al oído de Van y le susurró unas cuantas palabras que hicieron que su rostro se quedara totalmente pálido, aunque estaba sedado todavía podía hacer ligeros movimientos, y con este último movimiento de su cuerpo le dijo...
-Mi hermana...
Fin
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- Capítulo 37: Prelude
Una ambiente tenebroso y oscuro. Tres o cuatro antorchas repartidas a través de las largas hileras de ladrillos negros que formaban eternos pasillos que se entrecruzaban. Tenues luces, semejantes a tímidas luciérnagas en una noche eterna, alumbraban ligeramente el camino de aquel hombre que caminaba, sin prisa y sin pausa, hacia un lugar determinado, perdido entre los interminables recovecos de aquel sitio. Le acompañaba otro individuo, equipado con una antorcha cuya luz amenazaba con desaparecer pronto.
- Debe estar cansado tras semejante travesía desde tan lejano lugar, ¿acaso me equivoco? -preguntó el que portaba el casi extinto fuego.- Son largos meses en barco, y esos mares son muy traicioneros, por lo que cuentan los veteranos marineros.
- Hananana... Y no se equivocan los ancianos... Han sido dos meses y medio eternos de viaje, dificultados además por un clima y ambiente terribles. Diría que se cuece algo gordo en el otro extremo de este mundo, y eso afecta incluso a aguas a priori tranquilas como estas. El futuro no quiere mostrarse, amigo, y eso es mala señal. Se acercan años muy difíciles -contestó el otro. Emanaba una elegancia inusual en alguien que frecuentase oscuros palacios.
- Menuda lectura ha sacado de su viaje... Ya hemos oído hablar de los extraños sucesos que están sucediendo a lo largo de la Grand Line, pero son solo rumores...
- No os cuentan demasiado vuestros superiores, ¿verdad? -le cortó el elegante hombre al que llevaba la antorcha.- Le puedo asegurar con toda certeza que no son solo rumores. Y no solo eso, ¿sabe? -le dio dos palmaditas en la espalda- Usted es muy joven para entenderlo, pero... El ser humano es muy codicioso, demasiado a veces, y la codicia nunca es buena. Recuérdelo bien.
Los dos hombres siguieron su camino, callados a partir de ese punto, como con temor a que los oscuros corredores tuviesen oídos.
Sobrevolando Ciudad Porcelana...
- Tony... -dijo Anthony, golpeando a su amigo en el lomo, pues iba sentado a la espalda de aquel grifo majestuoso que resultaba ser su camarada.- ¿Sabes exactamente dónde se encuentra la base del Puño?
- Ni puñetera idea, ¿por? -respondió Tony, con toda la naturalidad del mundo.- Ya la encontraremos por ahí.
Anthony suspiró, tratando de contener su momentáneo enfado. Pensó que era lo mejor, dado que no podían bajar a la ciudad a preguntar. Se dedicó a admirar la majestuosa ciudad desde las alturas. Se veía claramente separada en categorías. En la parte más cercana a la muralla había casas pequeñas y chozas, y si se ponía atención en los detalles, se podían distinguir personas, vestidas con harapos en su inmensa mayoría. Claramente, la zona pobre de la ciudad, los barrios bajos. Allí había sucedido su secuestro dos noches atrás. Después, más cerca del epicentro de la ciudad, había unas escaleras sin aparente vigilancia, pero a las cuales nadie de los barrios bajos accedía, extrañamente. En la parte superior de las escaleras se encontraba lo que parecía ser la zona residencial de la gente de clase media. Parecía haber más gente que abajo, y se notaba un movimiento que hacía entrever cierto grado de estrés entre los ciudadanos. Más arriba, se hallaba lo que parecía la zona residencial de la nobleza, en la cual se podían encontrar elegantes terrazas de restaurantes y cafeterías, rodeadas de limpias plazas y calles.
Todo ello coronado por la enorme torre de porcelana que vigilaba la ciudad con sus coloridos ojos de cristal, con un cielo rosado de fondo, hacían de aquel panorama un espectáculo digno de admirar. Anthony se agarró con fuerza al lomo de Tony, que seguía volando sin aparente rumbo, y se dispuso a disfrutar del momento.
Solo el susurro de algo surcando el cielo a escasos centímetros de su cara y un giro brusco de su amigo que casi le cuesta la caída consiguieron sacarle de su utópico sueño. El muchacho, dotado de unos inmejorables reflejos, consiguió evitar la caída agarrándose a una de las alas de Tony, el cual seguía volando, no sin turbulencias. De pronto, un terrible estallido a escasos cinco metros a su espalda les alarmó.
- ¿¡¡QUÉ PASA, TONY!!? -exclamó el Desertor, completamente aturdido.
- ¡¡¡NOS ATACAN!!! -gritó su amigo, mientras realizaba otra acrobacia. Otra explosión cerca de sus espaldas. Anthony conseguía mantenerse en el ala de Tony a duras penas. Estiró el brazo y se impulsó de nuevo hasta el lomo del enorme animal.- ¡¡¡CREO QUE YA SÉ DE DÓNDE VIENEN LOS PROYECTILES!!! -exclamó el grifo.- ¡¡¡AGÁRRATE FUERTE, NOS VAMOS A LA BASE ENEMIGAAAAAAA!!!
A Anthony le pareció ver pasar su vida ante sus ojos en las escasas milésimas de segundo que transcurrieron desde que su amigo pronunció esa frase hasta que el mismo comenzase una vertiginosa caída en picado que parecía no tener fin. Desde el sitio que habían sobrevolado antes, Ciudad Porcelana, el suelo se podía ver muy bien, pero ahora Tony se había adentrado en una zona completamente cubierta por la niebla. El suelo no se veía, y la velocidad que llevaba Tony invitaba a imaginar una tortilla Grifo-Humana de tres pares de narices. Mientras tanto, una hilera de explosiones les perseguía por detrás.
Sin embargo, justo cuando los ojos de Anthony empezaron a vislumbrar algo que parecía tierra firme, Tony alzó el vuelo de nuevo, justo antes de caer de manera suave. El Desertor se agarraba el pecho con una mano, e inhalaba oxígeno como si la vida le fuera en ello... Y por ahí andaba. Cuando al fin recobró el aliento y el corazón volvió a latirle a menos de 150 pulsaciones por minuto, se tumbó le miró a Tony a la cara. Este le estaba mirando con cara de desaprobación, como restregando a su amigo el mayor equilibrio cardiovascular que tenía en esas ocasiones. Anthony le respondió con una peineta, y se tumbó en la negra roca sobre la que estaban. Tony se sentó cerca suyo, ignorando la peineta.
De pronto, un grito les hizo volver a ponerse en alerta.
- ¡¡¡Les hemos perdido de vista!!! ¡¡Han caído al Bosque !! -exclamó alguien.
- ¡¡Los tenemos!! -otro.
Tony y Anthony se miraron indecisos. Escuchaban pasos sobre la dura roca acercándose. Por suerte, un enraizado bosque de arbustos y pinos, ayudado de la niebla, les ocultaban todavía.
- ¿Qué hacemos? -susurró Tony, poniéndose en guardia. Los pasos eran ya bastante cercanos.
- Creo que no nos queda otra que enfrentarnos a ellos. No creo que nos supongan mayores problemas -contestó Anthony, mientras comenzaba a emanar arena de los dedos.- Lo difícil vendrá luego.
Súbitamente, cinco hombres armados se abalanzaron sobre ellos. Otros dos comenzaron a dispararlos de entre los arboles. Tony adoptó su forma híbrida y comenzó a repartir estopa a diestro y siniestro entre los atacantes, los cuales se limitaban a emitir gritos de dolor ante la apabullante superioridad de los dos chavales. Escaso medio minuto después, Tony y Anthony se dieron a la fuga, escondiéndose en la niebla antes de pasar a la acción.
En la misma isla, pero no tan cerca de ahí...
Dos hombres, elegante uno y zarrapastroso otro, caminaban tranquilamente por los barrios bajos de Ciudad Porcelana. Por lo visto, se dirigían a las escaleras que daban acceso a la zona media de la ciudad. El hombre elegante expulsó de su boca una bocanada de humo, y, echando las colillas de su puro al suelo, habló.
- No me esperaba encontrarte tras tanto tiempo -dijo. Sacó una pequeña caja dorada del bolsillo interior de su traje y se la acercó al otro hombre, con una maliciosa sonrisa en la boca.- ¿Un puro? Para revivir viejos momentos.
- Te lo cogeré encantado -respondió el otro, y cogió uno de los puros de tabaco negro (una especialidad de alguna lejana isla) que el trajeado le había mostrado. El mismo que le había ofrecido el puro le dio fuego y, tras darle una calada, se le dirigió de nuevo.- Ha sido difícil sobrevivir, ¿sabes? Ha sido una humillación. Yo, el que fui consejero del Rey, arrastrándome por los sucios callejones de los barrios bajos buscando comida en los contenedores, para luego volver al sótano del palacio y alimentarme a base de porquerías y ratas durante semanas... -puso cara de asco mientras hablaba.- Ayer oí lo del hostal... Sé que solo haces locuras así cuando se da una ocasión especial... O de "preludio" de algo gordo -expulsó humo por la boca. El trajeado le observaba atentamente, y le escuchaba con los oídos abiertos.- Dime... ¿Qué estás planeando?
- No te interesa. Son asuntos privados, Camus -contestó el otro. Además, deja de quejarte. Cuando regresabas borracho de los barrios bajos y te encontraba por la calle, te daba techo. De hecho, fue cuando estabas borracho cuando me contaste sobre tu antiguo papel en la isla. Son asuntos... Tan privados que ni siquiera a ti te los puedo contar.
- ¡No me jodas, "Bestia"! Es la primera vez en tres años que hablo con alguien, y ¿para que me diga que no me interesa lo que pregunto? Para eso estaba mejor en el sótano -expulsó una bocanada de humo.
- Mmm... La verdad es que, efectivamente, estoy planeando algo importante. Apoderarme de algo de la isla, concretamente. Como es obvio, no te contaré mi procedimiento ni lo que quiero encontrar. De hecho, si te tengo que contar algo... Es el hecho de que tu aparición... Digamos que no me la esperaba. Me ha sorprendido gratamente que te mostrases ante mí primero, tan débil y descuidado...
- ¿A qué te refieres? -preguntó el tal Camus.
- A dos cosas, básicamente... -respondió "La Bestia".- La primera, no creo que no tengas ni la más remota idea de dónde puedo encontrarlo... -Camus empezó a palidecer.- La segunda... Es que apareciendo así... Me has evitado la molestia de buscarte.
Un horrible grito se escuchó entre las callejuelas de los barrios bajos...
Alrededores de la Base del Puño de Ónice. Noreste de la isla.
Unas luces de foco buscaban con ahínco, desde lo alto de una torreta, dos figuras extraviadas en la negrura de aquel bosque de hiedras, pinos y arbustos. El ambiente en el interior de la base era movido. Desde el sector B-5 les llegaban noticias sobre la fuga de los prisioneros que "El Caballero de la Rosa Negra" supuestamente había apresado horas antes.
Había gente que se enfundaba la espada y partía hacia el sector B-6, donde, según los DenDen Mushis de seguridad, se dirigía John Conde, el fugitivo más peligroso de los tres que habían sido capturados. Otros subían al patio superior a ayudar a los demás a localizar a los recién caídos del cielo. Grupos más pequeños de hombres salían al bosque a buscarlos, dispuestos a luchar con ellos de primera mano. El cielo, antes rosado, había tornado a adoptar un color más oscuro, y el clima era templado.
Mientras tanto, en el corazón de la base, en el sector A-1 o la sala principal, un hombre vestido con una especie de cota de malla, un gorro de mosquetero con pluma y una capa negra, hablaba con otro, sentado este en una gran silla de madera de ébano, casi negra.
- Buenas noches, Ruud -dijo el de la cota de malla.- Ha sido un largo viaje de tres meses y medio, espero que el esfuerzo me sea correspondido. ¿Serías tan amable de ofrecerme un pequeño aperitivo aunque sea? Ah, y también me convendría recibir información sobre ese "contraataque" que me mencionaste cuando me llamaste. Soy, muy a mi pesar, un hombre con mucho trabajo, y espero no haber venido hasta aquí sin un motivo importante.
Ruud von Gertrude; Alférez del escuadrón 176 del Puño de Ónice en Grand Line; Recolección de recompensa: 76 millones
- ¡¡Beehehehehe!! -exclamó el tal Ruud, soltando una sonora carcajada.- No, Robert Aldridge, Caballero de la Rosa Negra, la verdad es que sí que hay un gran motivo por el que luchar. En estos instantes, solo tenemos en nuestro poder un 23% de la isla. Un 37% es de La Bestia, un tío desagradable, ya te hablaré sobre él más tarde; y el resto, pertenece al populacho.
- Bien está saberlo -interrumpió el otro, empuñando la espada.- ¿Hay algo para cenar? Me apetece charlar con más tranquilidad, en la mesa, por ejemplo.
- Oído cocina -contestó Ruud, y acto seguido torció su cabeza hacia uno de sus guardias, los cuales le escoltaban, uno a cada lado de la silla de madera de ébano.- Prepáranos una cena elegante. Mata una ternera, por ejemplo. Que mi amigo no se quede con hambre.
- Gracias -dijo el de la cota de malla, haciendo una pequeña reverencia.- Me agrada la ternera.
- Por cierto -comentó Ruud, frunciendo el ceño.- Han aparecido tres prisioneros en la celda 213 hace cosa de cuatro horas y nadie sabe quién ha sido el que los ha metido ahí... Supongo que habrás sido tú.
- No recuerdo haber hecho prisioneros en el camino, amigo.
- Extraño...
Minutos después...
Ruud y su invitado se hallaban ahora en un extenso comedor. Era una especie de capilla gótica, en la que había mesas -de madera de ébano también- y sillas, acolchadas con pequeños cojines. La mesa ofrecía un aspecto muy atractivo. Media ternera, muy tierna según el cocinero, acompañada de una deliciosa ensalada de tomate, lechuga y cebolla, presidía la mesa. Unos preciosos platos de porcelana, empapados en una deliciosa sopa, y unos admirables vasos de cristal tallado, los cuales albergaban buenas raciones de vino tinto, acompañaban al ilustre animal a saciar el hambre de los dos hombres que se disponían a iniciar una agradable tertulia vespertina.
- Cuéntame algo sobre alguno de tus interminables viajes, querido Robert -comentó Ruud, antes de llevarse a la boca una primera cucharada de sopa.
Robert Aldridge "El Caballero de la Rosa Negra"; General de División de las tropas 162-213 del Puño de Ónice en Grand Line; Recolección de recompensa: 433 millones
- No me creerías si te lo contase. Las aguas del más allá son inhabitables, te lo juro. Te puedes encontrar todo lo que te imagines, y lo que no también... Mares intoxicados, ardientes, jardines de kilómetros de extensión, mares donde todo lo viviente es muerto... Tormentas que provocan precipicios en el agua... Y monstruos -hizo una pausa dramática.- Sobre todo, monstruos.
- ¡¡Behehehehehe!! No será para tanto... Aquí en El Paraíso también hay fenómenos climáticos extrañísimos y no lloramos por eso. De hecho, estoy planteándome dar un paso más y pedir el traslado a los alrededores de Sabaody... Ahí es todo más animado y...
- Idiota -dijo Aldridge, sin levantar la mirada. Ruud puso cara de extrañado, y habló, en tono medio burlón.
- ¿Huy? -exclamó.- ¿Usted utilizando malsonantes? ¿Usted... Insultando? ¿Insulta desde siempre o aprendió durante su viaje? ¡¡Behehehehehehe!!
De pronto, Robert Aldridge sacó de su mano, como por arte de magia, una flor verde, que emanó una especie de polen de ese mismo color cuando el hombre que la sacó soplo cerca de la misma. El polen se trasladó a una velocidad endiablada hacia Ruud, que, sin más remedio, lo aspiró. Súbitamente, sus manos comenzaron a tornarse verdes, luego los pies, el torso, la espalda... Y la cara. En cuestión de segundos, Ruud se había convertido en un hombre verde.
Aldridge se levantó de su asiento de madera de ébano, y se dirigió a la habitación, la cual le habían señalado a su llegada. Antes de marcharse del gótico comedor, tornó la cabeza y se le dirigió a Ruud, el cual se preguntaba qué podría ser el polen que le echó su superior.
- Ni me duele, ni me hace sentirme mal, ni nada... ¿¡Por qué me has convertido verde!? ¿Cómo? ¡¡Explícate, joder, no sé qué te ha molestado tanto!! ¡¡Devuélveme a mi anterior estado!! -exclamaba Ruud, agobiado por su nefasta apariencia.
- Yo solo insulto a los idiotas. Respecto a tus preguntas... Estás muy pero que muy verde para abandonar estos lares... Si crees que en Grand Line, los humanos exageran sus hazañas la llevas clara... Es la naturaleza misma quien las exagera. Si no te crees lo que te he dicho, y hasta que lo creas... Seguirás estando verde -contestó Robert, reiniciando su marcha hacia la habitación.
El mismo soldado que le acompañó hasta la sala donde se encontró a Ruud sentado antes le escoltó a su habitación. El ruido de los pasos que daban en las escaleras de mármol por las que se accedía al dormitorio impedían escuchar su conversación. Mientras tanto, en el otro lado de la base, unas cuantas tropas seguían buscando a los fugados, los cuales seguían correteando por el edificio, y otras buscaban sin cesar a los otros dos que se habían caído en el Bosque Enraizado. Era una noche movidita en aquella sucursal del Puño de Ónice.
Ese soldado, al volver de escoltar al Caballero de la Rosa Negra, comentó a un amigo que estaba haciendo guardia que su conversación con Aldridge lo había dejado "acojonado".
"Una sombra del averno se cierne sobre esta isla", le dijo Robert... Y no se equivocaba... La noche iba a ser larga.
Continuará...
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- Capítulo 38: Secretos entre la niebla; Prepárense para la Guerra
Grand Line, isla de Wolkenberge. La niebla corría especialmente espesa ese día, salvaje, sin control, atravesando las montañas, dirigida por el viento como persiguiendo algo, como sabiendo que reinaba en uno de los lugares más salvajes del planeta.
La isla Wolkenberge no conocía la paz desde hacía varios años, desde que ¨la bestia¨ piso tierra y tomo el control de la misma, y desde que el puño llegó a defenderla. Anteriormente se había bañado en una guerra civil que daño al pueblo, ahora 2 grupos se repartían las cenizas de un gran imperio.
Varios seres poderosos se encontraban ese día en la isla. Por un lado el puño, una organización desconocida para muchas personas, héroes para algunos, villanos para otros, con 2 guerreros muy poderosos enemistados por siempre, llamados ¨gris y negro¨. Por otro la organización Murder inc, un grupo de mafiosos despiadados guiados por un astuto y calculador hombre, nadie conocía sus verdaderas intenciones en la isla. Y por otro los piratas, 3 jóvenes, solo 3 jóvenes que habían empezado a causar revuelo, que habían hecho que todas las organizaciones se junten.
En las últimas horas un pirata había causado un revuelo en la isla, había perturbado la poca paz que llegaba a percibir. Sin duda era un hombre único, había conocido a la bestia y había sobrevivido, se había "infiltrado" en la base del puño sin ser detectado, sin duda era un hombre único, listo, calculador, nadie sabía en realidad que tan inteligente era.
-MALDITASEA –Gritaba John Conde -¿Por qué no pregunté la dirección? Ya sé –se dijo derepente- La luz viene del cielo, por lo tanto afuera, entonces entre más luz estaré más cerca de mi objetivo.
Un muro fue hecho pedazos por un furioso John Conde destrozando parte del castillo. Enormes pedazos de roca nublaron la visibilidad unos segundos. Se escucharon pasos, muchos pasos acercándose veloces, y de repente una bala veloz atravesó el cielo y roso el hombro del pirata causándole una pequeña herida.
-John Conde –Grito un hombre gordo rodeado de 10 guardia a unos 50 metro, era muy alto y fornido. –En nombre del puño de Onice y la marina real quedas bajo arresto.
-Díganme como encontrar al cabeza de papa que me durmió y no les haré daño.
-Somos 11 guardias pirata, jamás pasaras el muro.
-Esperaba una oportunidad para usar esta técnica –Dijo John sonriendo juntando sus palmas frente a su boca mientras soplaba. –Smoke Wall.
Una pantalla de humo salio de el choque de sus palmas impulsado por el aliento, como si de un dragón se tratase, esta lo cubrió todo mientras se escuchaban explosiones y algunos gritos.
Lejos de ahí, en la cima de una enorme roca flotante, en uno de los puntos más altos de la isla, una roca suficientemente grande como para albergar un castillo. Seca, muerta, inhóspita, uno de los lugares menos visitados del lugar.
En ella había 2 personas, un hombre con un traje negro y otro con ropa descuidada, tanto que rallaban en los harapos, este último se encontraba recargado sobre una roca, cansado, sudando, con la respiración cortada, de su frente corría algo de sangre.
-Ya te dije bestia, no sé de qué hablas. –Con una mano se cubría el pecho ayudando a su respiración, cualquiera en ver la escena había notado rápidamente que aquel hombre sufría.
-¿Me crees estúpido? –Dijo la bestia con una sonrisa en el rostro, mientras se acomodaba un mechón de cabello. –Piensas que no sé ¿Por qué te mantuviste oculto todo este tiempo?, llevo meses buscándote. –Alargó la mano poniendo un dedo sobre el pecho del hombre en harapos, y con una ligera descarga comenzó a convulsionarlo mientras sonreía y fuertes gritos llenaban el aire, gritos que nadie escuchaba.
Castillo del puño de Onice, base de Wolkenberg.
En una habitación un hombre caminaba nervioso, una y otra vez veía un enorme espejo con decoraciones ostentosas, y el hombre que le devolvía la mirada mostraba un rostro verde.
-Maldición –Se decía. –Pero ya verá, esto no se puede quedar así, maldito Negro... Pagará por lo que hizo. –Sus pasos no paraban, estaba nervioso, el pirata que encontraron prisionero sin captor había asaltado el castillo y rondaba por ahí, pero confiaba en que la guardia se encargaría de él, pues ahora tenía asuntos más importantes que atender, lo más importante del mundo, ¨su rostro¨.
-¿Qué te han hecho? –Decía a su reflejo mientras se acomodaba un enorme y largo bigote con 2 dedos sin poder contener devolverse una cara de conquistador. –Mi rostro, mi hermoso rostro, ¿Cómo pudo ser profanado?, yo, el hombre que es belleza andando, aquel que ha conquistado más corazones que la marina países. –Con una mano se acomodó el cabello y con la otra se apretó una prominente barriga. –Pero ya verá, pagara el negro pura gara gara pura gara gara.
-¿Planeas suicidarte o intentaras defenderte?
-¿Pero qué? –Se sorprendió Ruud, el hombre de rostro verde. En una silla a solo 2 metros de él envuelto en las sombras se encontraba un hombre, no se podía apreciar bien, pero estaba inmóvil.
Ruud lo vio nervioso, en un instante echó un ojo a la puerta y la notó cerrada, así como las 3 ventanas de la habitación, una habitación a 40m sobre un castillo.
-Gris... –Dijo con verdadera sorpresa. –Pe-pero ¿Cómo entraste?
- Fue sencillo... Solo entré. Tengo mis métodos. Por cierto, me encontré a tres mirones por el camino, los dejé en la celda 213. Un regalo por mi parte... Adoro ser detallista –Contestó Gris con voz tranquila.
- Debí suponerlo cuando Negro me dijo que él no los había traído... ¿Qué haces aquí?
– Te he escuchado decir que planeas hacer algo contra el caballero de la rosa negra, o Robert, como lo quieras llamar, dime mi amigo, ¿acaso eres estúpido?, o ¿estás muy verde aun?, ¿entiendes?, muy verde.
-No sabes con quien hablas, tengo mis métodos, cientos de hombres y…
-Y negro los aplastará sin problemas, no subestimes sus habilidades.
-Eres el menos indicado para decirme eso –Contestó Ruud aun frotándose el bigote y lanzándose miradas furtivas a su reflejo. –Todos en el puño saben que tú y él tienen una rivalidad que ha durado años, que no pueden verse sin entrar en combate. –Hizo una pausa y una sonrisa malévola surgió en su rostro. –Ayúdame a vencerlo y te daré…
No alcanzo a terminar la frase cuando una espada veloz surgió el aire y le apuntó al rostro.
-No hay honor en eso Ruud, ahora dime a lo que he venido. –Ruud guardó silencio incómodamente unos segundos. –Lo sabes ¿verdad?, quiero todo lo que sepas, sobre todo ¿Dónde encontrarlo?
-No sé de qué hablas –Negó Ruud sin despegar los ojos de la espada amenazante.
-Sabes dónde está, no lo niegues, pero no quieres entregarlo. –Decía Gris aun tranquilo.
-No sé dónde se encuentra la bestia…
-Ambos sabemos que no hablamos de la bestia Ruud. –Interrumpió Gris. –Todos pueden pensar que el puño está en Wolkenberge para detener a la bestia pero todos los de esta habitación sabemos que es solo una excusa, cazar a un fugitivo con recompensa que ataca a una isla… Si, parece lo normal del puño, pero sabemos que no es el verdadero motivo. –Ruud veía nervioso a su compañero, en ese momento tenía más miedo a lo que decía su compañero que a la espada misma que se blandía frente a sus ojos.
-He escuchado… Algunos rumores hablan de un lugar.
-Sí, lo sé. –La voz de gris cambiaba, ligeramente se escuchaba la emoción. –Has sido un caballero Ruud, lo que hagas en este momento definirá tu futuro, sabes, tengo un tiempo en la isla, he visto tu forma de comportarte, de trabajar, no puedes ni con un grupo de mafiosos.
-Un grupo que trabaja entre las sombras con violencia.
-Es igual Ruud, en unas cuantas semanas viviendo en silencio en la isla me he hecho una idea del lugar, y sospecho que tú ya sabias.
-Es una locura. –Dijo Ruud con una risa nada convincente. –Es imposible, de haberlo descubierto habría llamado al puño y…
-Y habría venido un escuadrón mucho más grande a la isla quitándote el poco poder que tienes mi amigo. –Ruud se sorprendió con las palabras, al parecer eran ciertos los rumores sobre Gris, era listo, muy listo.
-YO NUNCA TRAICIONARÍA AL PUÑO –Gritó Ruud asustado. –Y si así lo crees no puedo dejarte salir de la isla.
Con una velocidad sorprendente para un hombre con un estómago tan grande Ruut sacó una espada y atacó donde se encontraba Gris, pero para su sorpresa con gran velocidad esquivo y apareció detrás de él atravesándolo con su espada.
-Ten una muerte honorable mi amigo, es hora de demostrar nuestra verdadera cara. –Dijo Gris mientras sacaba la espada del gordo cuerpo de Ruud produciendo un enorme ruido que retumbo un instante en la habitación de aquella torre.
Muro norte del castillo, zona donde se encuentran Anthony y Tony.
-Te dije que sería una pésima idea secuestrar a alguien –Se quejaba Tony mientras Anthony arrastraba a un soldado herido de su batalla anterior. Este tenía muchos cortes como hechos por una criatura, su rostro era de total pánico, uno de sus brazos estaba roto y apenas tenía lucidez, y la misma la usaba para llorar.
-Veras que nos sirve de guía –Dijo Anthony serio.
-¿De guía?, pero si está llorando, ¿Cómo es posible que sea un soldado?
-Un grifo se lo estuvo a punto de comer y lo escupió, creo que eso asustaría a cualquiera. –Contestó Anthony cansado.
-Primero –Dijo Tony defendiéndose deteniéndose y levantando un dedo. –No me lo comí, lo mordí pero se me pasó la mano, segundo, lo escupí así que no cuenta.
-Entra en tu boca, claro que cuenta –Dijo Anthony también deteniéndose.
-No me lo comí así que…
-No me salgas con comer, ¿te comes la goma de mascar?
-Pero no es lo mismo.
-Claro que sí, ¿alguna vez pensaste que sentiría la goma de mascar?
-Gracias Anthony –Dijo Tony furioso mientras el soldado volteaba la cabeza hacía uno y hacía el otro con velocidad como no creyendo la discusión tan rara que ocurría frente a él. –Acabas de arruinar la goma de mascar para siempre.
-Tu. –Dijo Anthony volteando a ver al soldado. –Dinos, ¿dónde está nuestro amigo?
-No-no-noo-no lo lo sé –Contestó el guardia con dificultad. –No-no te-tengo idea de-de donde es-ess-está su amigo.
-Bien hecho Anthony –Se reía Tony a carcajadas. -20 guardias y tomaste a uno que no sabe hablar.
-Hablará a golpes –Dijo Anthony. Al escucharlo el soldado tembló aún más.
-¿Sabes que es eso? –Dijo Tony mirando a Anthony seriamente a los ojos. –Es la venganza de la goma de mascar.
-LAS GOMAS DE MASCAR NO SE VENGAN TONY. –Gritó Anthony furioso. –Ahora –Dijo viendo al soldado. –Dinos ¿Dónde está John?
Una enorme explosión se escuchó a unos metros derribando parte de la pared del castillo.
-Es John –Dijeron ambos al unísono.
Lejos de ahí, parte Oeste de la isla.
Un hombre gritaba desesperado, con un sonido casi agónico suplicaba piedad.
Sobre una enorme roca que se movía ligeramente, como bailando entre la niebla, apenas perceptible por su enorme tamaño, un hombre sostenía al otro en el borde, con una mano lo sostenía de cabeza sobre cientos y cientos de metros de vacío.
El hombre de los harapos colgaba de un pie, la sangre recorría su cuerpo, de pies a cabeza se veían pequeños hilos de sangre. Van lo sostenía sobre el precipicio de forma amenazante.
-Te lo juro Bestia, no sé dónde está. –Decía el hombre de los harapos.
-No mientas Camus –Dijo la bestia arrojándolo sobre una roca detrás de ellos estrellándolo con un fuerte golpe. Camus se arrastró un poco tratando de escapar, pero la bestia golpeo con fuerza su espalda de una patada, aplastándolo.
-Por favor Bestia –La voz de Camus era de total miedo.
-Vamos Camus –Dijo la bestia agachándose y aplastándolo aún más. –Nos conocemos desde hace años, llámame Van.
-Van, bestia, igual no sé nada.
-No eres estúpido –Dijo Van relajando un poco el peso sobre su víctima. –Sabes lo que pasaría si la consigo y tienes miedo, pero no te preocupes, no lo quiero para mí.
-Eres un virus Van –Dijo Camus con sorprendente valor. –No por nada te llaman la bestia, solo has traído guerra y muerte en Wolkenberge.
-Ya había guerra Camus, no por nada viviste años en la basura. –Contestó Van furioso alzando la voz y aplastando aún más a su víctima. -Pero no cambies la conversación maldito, sabes la información que quiero.
-Repito que no sé de qué hablas.
-Te contaré una historia –Dijo Van mirando al cielo como tratando de recordar. Tranquilamente sacó un puro y lo prendió, como si fuese lo más normal del mundo. –Hace años –Dijo- muchos años, una guerra azotó el mundo, se dice grandes poderes y tesoros se mostraron. Pero de repente todo desapareció, los tesoros, los poderes, todo.
>>La leyenda dice –Continuo Van entretenido, como si le contara una historia a un niño. –Dice que un valioso tesoro se repartió por el mundo, y que aquí está la forma de llegar a uno de ellos, en Wolkenberge.
-Qué tontería. –Dijo Camus, dubitativo -¿Por qué aquí?, es una isla olvidada por el mundo.
-Exacto, exacto –Contestó Van. –Wolkenberge es uno de los lugares más inhóspitos y salvajes del mundo, con una niebla que lo rodea todo y con horribles condiciones climáticas que apenas permiten la vida. Y tengo la teoría de que sabes dónde está.
-Tonterías. –Dijo Camus nervioso. -¿Por qué sabría yo dónde está?
-Y ¿Por qué te quedaste años viviendo de la basura pudiendo escapar? –La sonrisa de Van crecía mientras que Camus se quedaba sin palabras. –Escucha –Dijo el gánster aplastando aún más a su víctima –No me dejaste terminar la historia.
>>Hace algunos años un amigo me pidió viniera a esta isla, a buscar eso, y no permitiré que se me escape la oportunidad estando frente a la única persona que lo sabe.
Van levantó a Camus del cuello e hiso que su mano brillara mientras que la piel de Camus comenzaba a calentarse mientras él gritaba sin control.
-Lo diré, lo diré, pero ya déjame –Dijo con lágrimas en los ojos. – ¡Diré lo que recuerdo! Está escondida en el sistema norte de la isla, en el lugar más lejano, en una cascada... O eso creo...
-¿Qué? –Se sorprendió Van, evaluó a su moribundo compañero buscando rastro de mentir pero no percibió nada. –Es imposible…
-Que algo tan valioso esté a plena vista. –Camus sonrió a pesar de su dolor, a pesar de la sangre que serraba uno de sus ojos, y de las partes de su cuerpo que ya no respondían. –Esconde algo a plena vista y nadie jamás lo notará, pero no te confíes Bestia.
Van lanzó a Camus al suelo, esté deseaba escapar pero sus huesos rotos no lo permitieron. Aun así comenzó a reír.
-¿De qué te ríes? –Preguntó Van.
-Hoy moriré feliz Bestia –Dijo Camus apenas moviendo los labios por la sangre que lo bañaba. –Hoy alguien más hará su movimiento, no eres el único que conoce su ubicación, y este hombre será quién te asesine, morirás a manos de Cambrige. Y además... Bah, no te importa. Muérete.
El gánster se sorprendió, debía admitirlo, había oído de él y no le gustaba la idea de tenerlo en su isla. Miró a Camus por última vez. Su cuerpo débil y herido se movía y respiraba ligera y pausadamente. Y de un golpe termino con él...
Sacó un pequeño Den den mushi de su saco, el mismo se activó y formo un rostro asustado.
-JEFE, JEFE –Decía desesperado. – ¿Dónde estaba?
-No hay tiempo, quiero que todos vayan al Sistema Norte de la isla, necesitamos llegar a la cascada del límite de la isla.
-Pero jefe…
-¡AHORA! – Ordeno Van con un grito. –Hoy es el día que hemos esperado por años muchachos, hoy tendremos guerra, hoy tomaremos posesión de Wolkenberge.
Base del puño de Onice. A-1
Un hombre con capas grises caminaba por el patio del gigantesco castillo. Unos cuantos soldados se le unían, algunos admirados por su fuerza, otros por miedo.
Llegó a un lugar estratégico del patio y levantó la voz, todos los guardias lo veían asombrados, al menos los de esa zona, otros más habían ido a buscar al pirata fugado, y otros a los caídos del cielo, jamás se volvió a ver a ninguno de los 2 grupos.
-Hoy es el día –Dijo Gris levantando la voz. –Hoy he tomado posesión del castillo y el mando de la isla. –Varios soldados se sorprendieron, algunos se asustaron viéndose unos a otros, algunos otros miraban admirados. –Hoy sustituí a Ruud Von Gertrude y decidí terminar con esto. HOY –Dijo gritando. –NOS DESAREMOS DE LA AMENENAZA QUE HAY AFUERA, HOY MATAREMOS A LA BESTIA, HOY IREMOS A LA GUERRA. –Terminó su discurso entre mares de aplausos de cientos de soldados que decidían seguirlo hasta el fin del mundo.
Cambrige Rundery "El Caballero de la Rosa Gris"; General de División de las tropas 259-304 del Puño de Ónice en Grand Line; Recolección de recompensa: 450 millones
Del otro lado del castillo
John Conde golpeaba a un guardia tratando de hacerlo hablar. El mismo tenía quemaduras en todo el cuerpo y arrastraba los pies.
-Vamos dime ¿Dónde encuentro al tío que nos durmió?
No alcanzó a contestar cuando un grito lo distrajo, y al voltear vio un grifo aterrizar cerca junto a él.
-John por fin te encontramos. –Dijo Anthony feliz. –Te pierdes muy fácilmente.
-¿Pero de que hablas? –Contestó John abrazando al mismo tiempo a sus 2 amigos. –Si ustedes se perdieron.
-Es extraño –Dijo Tony intrigado. –Al principio tuvimos mucha resistencia, pero ahora nadie impidió nuestro paso, como si no hubiera guardias, probablemente…
-No hay tiempo para eso –Dijo Anthony. –Hay mucho que debemos contarte.
El den den mushi de uno de los guardias caídos se activó y lograron escuchar las ordenes enviadas.
-Atención, atención. –Decía el caracol que había tomado la forma de un rostro alarmado. –A todo el personal del puño de Onice se les informa por orden del nuevo líder de la base, el caballero de la rosa gris, que deben prepararse, debemos ponernos en camino al Sistema Norte a la voz de ya. La pista... Ha sido hallada.
-Interesante. –dijo Anthony, sonriente, sabiendo su siguiente destino.
En una habitación un hombre vestido de negro, aun con los ojos cerrados y pareciendo dormido, dijo...
- Así que estas aquí... Cambridge.
SÍ.
- Vito Corleone
- Teniente Segundo

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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por Vito Corleone »
Retoques en el cap. 39, para que todo se pueda entender bien bien bien:
Y ya para rematar, un poco más de verde en el capítulo 40. Y con esto y un bizcocho, hasta mañana por las ocho (WTF?)
Cuando alguien comente, pondré la edición del 41, que ya la tengo lista, y los puntos a no olvidar de WolkenBerge.
Un saludo!
- Spoiler: Mostrar
- Capítulo 39: Donde las flores bailan
Eran ya pasadas las cuatro de la madrugada, y reinaba un silencio absoluto. En una base tan grande como aquella, los alborotos que pudiesen suceder en una esquina de la misma ni siquiera se apreciaban en la otra. Cerca de la puerta norte de la base del Puño de Ónice, la sucursal 15, los almas de vivos y muertos dormían. Las antorchas de los ya de por sí oscuros pasillos estaban apagadas, provocando la más absoluta oscuridad. Y silencio. Hasta que llegaron los estruendosos gritos desde la puerta sureste, allá por el patio de armas.
Apenas se escuchaban unos nimios ruiditos, pero aquel hombre, que había luchado, sufrido y sobrevivido en las turbias mareas de la cara más peligrosa del océano, se despertó. Intuyó lo que sucedía, no en vano su experimentado subconsciente le había advertido de ello en sueños. Había llegado la hora de pasar a la acción. Conocía ese olor a petunia putrefacta que llegaba desde el sureste. Como el que se sabe inteligente y tranquilo, se incorporó silenciosamente, se quitó el maloliente y sudoroso pijama que había llevado en las dos o tres últimas horas, y se vistió.
Se vistió con unos elegantes pantalones, botas altas, una camisa abrigada con una chaqueta de mosquetero, un sombrero emplumado y una capa. Negra. Como toda la indumentaria. Cogió su espada, la cual a simple vista parecía muy valiosa, y salió de la habitación tan silenciosamente como se había vestido.
Caminó por los oscuros pasillos. No veía nada, así que palpaba con las manos antes de avanzar. Llegó ante una puerta de roble macizo. Entró sigilosamente mientras escuchaba, nervioso, el chirrido que provocaban las oxidadas bisagras. Cerró la puerta cuidadosamente, y encendió una pequeña vela de cera que encontró en una mesilla cercana. Se acercó a una cama, y despertó al soldado que dormía en ella. Después habló en voz baja, pero autoritaria y tajante.
- Si estás dispuesto a morir, vístete en silencio y acompáñame. Nos vamos -le dijo al soldado, el cual, pese a dudar en un principio a causa de lo repentino de la propuesta, finalmente asintió.- Bien, eres valiente. Despierta a cinco o seis hombres más, y llévatelos a la puerta oeste del bloque superior. Yo tengo que ir al patio de armas, a informarme; ocúpate de que nadie me siga. Apareceré ahí dentro de diez o quince minutos. Apresúrate.
El hombre salió por una ventana que daba al norte, y, sorprendiendo al todavía adormilado soldado, comenzó a escalar la fachada hasta llegar al puesto de vigilancia. Observó tres sombras caminando entre la ennegrecida niebla. Rezó por que no le viesen, si llegasen a verle, no tardarían en tratarlo como enemigo. Y sabiendo quién estaba al mando, tardarían aún menos. Así pues, antes de comenzar su carrera por el tejado, comprobó que no hubiese nadie. Tal como suponía, media base estaba en el patio de armas. Comenzó a correr por los pasillos de vigilancia, la zona de la base más alta, obviando las torres. Tenía entre ceja y ceja el sureste.
Zona norte del bloque superior de la Sucursal 15 del Puño de Ónice, cerca del bosque.
- Entonces... ¿hay que ir ahora? -protestaba John.- ¿Por qué tenemos que ir hasta el otro lado de la isla a estas horas de la mañana pudiendo ir ahora mismo a esa plaza que hay a tan poco tiempo de aquí y patearles el culo a todos?
- Porque apenas conocemos a nuestros rivales. Estoy convencido de que toda esa gente que hay reunida en la plaza de armas va al mismo lugar, al Sistema Norte que han dicho, así que creo que lo más oportuno, ahora que están a lo suyo, es adelantarnos a ellos para llevarnos el botín, "La Pista" -contestó Anthony con gesto serio.
- ¿Mi opinión no cuenta? -susurró Tony, dando toquecitos a Anthony en el hombro con el dedo índice.- Es que... Yo estoy con John.
- ¿¡Ves!? -exclamó John, señalando airadamente a Tony.- Somos dos contra uno. ¡¡A machacar al bastardo ese de Negro!! Ya tengo ganas, que desde que me capturó y me trajo aquí...
- John, el que ha hablado ha sido el Caballero de la Rosa Gris -objetó Anthony.
- Será el mismo, ¿no?
- No sé... La cuestión es que ahora no podemos ir a zurrarle.
- ¡Que sí!
Los tres jóvenes discutían escandalosamente, sin aparente temor a que les descubriesen. Bastante bullicio habían montado ya, aunque, por fortuna, en ese momento, los pasillos secundarios de la base estaban completamente vacíos debido al revuelo que había en el patio de armas.
- Anthony... ¿y se puede saber qué es concretamente esa pista de la que hablas y ha hablado el otro? -preguntó Tony, aprovechando un momento de silencio en medio de la discusión.
- ¡Eso, eso! -exclamó John, enrojecido por el enfado.- ¡¿Por qué no pateamos directamente al Caballero de la Rosa Negra, Gris, o quien quiera que sea?!
- Me sorprende lo poco que sabéis sobre los misterios de nuestro mundo... ¿jamás habéis oído hablar de las Antiguas Maravillas?
- No -respondieron los otros dos casi al unísono.
- En fin... Resulta que son unos artilugios increíblemente poderosos... Pues bien, durante el tiempo que hemos estado en la isla, he tenido tiempo para teorizar, para sacar mis conclusiones, y tenía en mente la posibilidad de que la clave para llegar a una de ellas podría estar aquí... Teoría que al final ha sido confirmada.
Un silencio absoluto rodeó el lugar. Únicamente la fría brisa de la madrugada entre las hojas de los cercanos árboles se hacía oír. Los tres jóvenes sintieron un escalofrío en la espalda. Se miraron, sorprendidos, pero serios a la vez. Fue entonces cuando John habló.
- Decidido, entonces. Va a ser una noche larga.
Tony extendió sus alas y se transformó en grifo, tras lo cual John y Anthony subieron a su lomo, y, sin decir una sola palabra más, emprendieron el vuelo hacia el oscuro cielo.
Patio de Armas, zona sureste del bloque inferior de la Sucursal 15 del Puño de Ónice.
Un hombre miraba atentamente todo lo que acaecía en el patio desde lo alto de la base, desde los pasillos de vigilancia. Su figura, completamente oscura, impedía que desde abajo le pudiesen diferenciar del penumbroso tejido celestial. Una conversación escuchada desde el otro lado de la puerta un par de horas antes, entre el exlíder de la base y el que lo era en la actualidad.
Hordas de hombres armados se amontonaban en la salida de la base, ante la cual se extendía un enorme bosque, compuesto por tenebrosos pinos, hiedras y altos arbustos que conformaban una de las zonas forestales más repelentes de la isla. A ojo, parecían unos setecientos hombres los que habían. Los otros trescientos, supuestamente, se encontraban en el bloque superior de la base, que se conectaba con el bloque inferior mediante un puente, durmiendo.
A todos esos hombres los encabezaba un hombre cuya silueta, cuyos andares, cuya vestimenta, cuyo aroma, cuyos aires de superioridad le resultaban odiosamente familiares. No pudo evitar hacer una mueca de repugnancia. Una vez analizó la situación, aguzó el oído y se dispuso a escuchar el discurso de guerra que se disponía a pronunciar El Caballero de la Rosa Gris.
- ¡¡Muchachos!! -exclamó, solicitando la atención de todos los que se hallaban en el patio de armas.- Ruud... ¡¡os ha mentido durante muchos años!! -todos se extrañaron al escuchar semejante proclamación.- ¡¡Os ha ocultado el motivo de la existencia de esta sucursal, de vuestra existencia!! ¡¿Atrapar a la bestia?! ¡¡Nooooo!! Eso no era más que una tapadera... un motivo oculto para hacerse con el mayor poder que cualquier mente humana pueda imaginar... ¡¡y someteros a todos!! ¡¡Por fortuna, he puesto fin a sus oscuros planes de manipulación!! ¡¡Yo pienso ir de cara, sin achantarme!! ¡¡Y albergaremos todo ese poder que Ruud ansiaba entre todos, POR EL PUÑO DE ÓNICE!! ¡¡¡IREMOS A POR LA PISTA PARA ENCONTRAR UNA DE LAS 10 ANTIGUAS MARAVILLAS!!!
- ¡¡¡¡EEEEEEEUUUUUUHHHHHHH!!!! -exclamaron todos los soldados al unísono, motivados por las apasionadas palabras del nuevo capitán de la base.
El patio se vio envuelto en un completo escándalo. Setecientos hombres chocaban sus espadas y lanzas en señal de guerra y decisión. Setecientos hombres que parecían dispuestos a seguir a su nuevo líder hasta el fin del mundo. El hombre de los pasillos de vigilancia superiores amagó con sacar la espada y lanzarse a toda aquella muchedumbre al ataque, pero se contuvo a tiempo, se dio media vuelta, y se dirigió a toda prisa a la zona suroeste del bloque superior, donde le esperaban seis hombres, listos para morir. Lo sabía y lo congratulaba, pero estaba preocupado. No dejaba de dar vueltas al objetivo que perseguía su... El jefe de la base.
Ruud había pagado su debilidad, su inexperiencia ante rivales de entidad... Ergo, estaba verde. Y no, no era su intención que el pobre hombre acabase de esa guisa, sorprendido por un hombre asqueroso y asesinado a sangre fría en pos de un objetivo demasiado ambicioso. Tan ambicioso que, aunque odiaba echarse piedras a su propio tejado, debía detener, costase lo que costase.
- No deberían existir... -susurró, sin dejar de correr- esas jodidas "Maravillas".
Treinta años atrás, una pequeña isla del West Blue.
- ¡Vamos, pásame la piedra! -exclamó un muchacho, totalmente embarrado y sucio.- ¡No intentes regatear, pásamela antes, joder!
Eran unos cuantos muchachos, veintidós, concretamente, los que parecían estar jugando a un deporte conocido allá por aquel lugar como el Stone Hockey, disciplina que se jugaba once contra once, intentando meter una piedra (la cual era golpeada con robustos palos de madera de roble) en una oquedad en el suelo del terreno de juego del equipo rival. Y, por lo que parecía, al equipo local no le iba demasiado bien tras cincuenta y cinco minutos de juego
Era una tarde soleada y pacífica como todas las que acontecían en la pequeña isla de Drofox. Aquella tarde había una enorme expectación en la isla, a causa de la final de la Copa Amateur del Stone Hockey. Los locales perdían por una ajustada renta de 4 goles a 5, y restaban cinco minutos para que el partido finalizase. Obviamente, los chavales, los cuales rondaban los 14-15 años, se desesperaban. Unos intentando mantener el resultado y los otros tratando de marcar el gol que les daría derecho a jugar una tanda de tiros libres, en la cual todo estaría al cincuenta por ciento. Es decir, el relajado ambiente que existía fuera del terreno de juego era la situación opuesta al tenso estado en el que se encontraban tanto los que jugaban el partido como los que acudieron a verlo, en su inmensa mayoría progenitores de los participantes.
Pasaron los cinco minutos, y el gol del empate no acabó por llegar. Dos jóvenes del equipo local se retiraron cabizbajos hacia la débil valla de madera que separaba el terreno de barro con la zona de los espectadores.
- Podías haberme pasado la pelota antes, Robbie... -decía uno de ellos. Era un joven alto de cabello corto y rubio, aparentemente enclenque, pero con un gesto de convencimiento y seguridad en la cara.
- Joder, Cam, es que no te he visto. La próxima vez pídeme antes la piedra, porque si no se me echa toda la defensa encima y ya no puedo hacer nada... -contestó el otro, de cabello medianamente largo y negro como el carbón, bastante musculoso, pero que no pasaba del metro sesenta y cinco.
- ¡Hey, mamá! ¿Nos has traído el bocadillo? -gritó el rubio, olvidándose del partido. Una mujer, alta y delgada como su hijo, les esperaba al otro lado de la valla de madera, la cual ambos saltaron sin impedimentos.
- Mejor esperemos a la hora de cenar, ¿no? Ya son pasadas las siete, y el abuelo está preparando la cena. Eso sí, lo primero, a ducharse, ¿entendido? Esto...¿vendrás con nosotros, Robert? ¿O prefieres que te acompañemos a casa?
- Si me invitáis... -respondió Robert, con una sonrisa pícara.- Sí, me gustaría ir a vuestra casa a cenar.
Los tres emprendieron el camino hacia la casa del rubio, Cambrige Rundery, Cam para su mejor amigo.
Diez minutos más tarde, en el puerto...
- Hey, Steve, ya va siendo hora de que hagamos el cambio de turno, ¿no? -exclamó un hombre vestido como un marinero, señalando con la cabeza el pueblo.
- Esto... ¿qué? Ah, sí, el cambio... -respondió el tal Steve, dubitativo. Este también iba ataviado con unos pantalones azules marinos, un jersey de cuello alto y un gorro.
- ¿Te sucede algo, Steve? -preguntó el primero, haciendo con la boca una mueca de extrañeza.
- No te mentiré, Daniel... La verdad es que me ha parecido ver unas velas negras en el horizonte, hacia el noroeste-oeste... ¿Y si...?
- ¿El Puño? Pasaron hace una semana, no creo que vengan a cobrar impuestos otra vez.
Los dos hombres miraron durante unos instantes el horizonte, tras el cual se podía ver claramente el sol empezando a ponerse. El paisaje no invitaba al pesimismo, pero se palpaba cierta tensión en el ambiente. Se disponían a girarse cuando el aleteo de un ave que se acercaba al puerto les llamó la atención.
- Eso... es un pelícano mensajero negro... -Daniel miró a Steve, como si sus malos presagios se hubiesen cumplido.- Parece que tu vista no te ha engañado...
- No creo que sea momento para hacer bromas... -le cortó Steve.- Trae un mensaje escrito. Puede que no sea algo malo después de todo...
Los dos hombres, increíblemente nerviosos, aguardaron a que el pelícano soltase la nota que llevaba en el pico, y, tras mirarse aterrorizados entre sí, se dispusieron a leerla. A medida que avanzaban leyendo, sus caras iban adoptando un color más y más pálido; sus frentes comenzaron a emanar un asqueroso sudor frío, y, cuando acabaron, se dedicaron otra mirada, cogieron el pesquero que más a mano tenían, y zarparon desde el puerto en dirección sur.
En la nota se podía leer lo siguiente:
"Estimados habitantes de la isla de Drofox, en el archipiélago Grouppe:
Recordamos, para empezar, haber realizado la recogida de impuestos mensual hace escasamente una semana. Pues bien, detectamos una anomalía en los pagos, mediante los cuales deberíamos ingresar 169.600 Berries, únicamente ingresamos 169.200. Este hecho rompe el contrato de protección del Puño de Ónice en la isla de Drofox, en el archipiélago Grouppe, y, además, obliga a nuestra organización a imponer una pena disciplinaria INMEDIATA a todos los habitantes de la isla por valor de 250 Berries por persona. En el hipotético caso de que un grupo de 5 personas (o más) no pueda hacer frente a la pena disciplinaria, procederíamos a arrasar la isla.
Cordialmente, Rio Faggot, Capitán de la Escuadra 974 del Puño de Ónice."
En el pueblo la paz seguía inalterada. Eran ya las nueve menos cuarto, y, aunque la mayoría de la gente ya se había retirado a cenar, aún quedaban personas en las calles. Todo parecía ser igual que a la hora del partido, pero nada más lejos de la realidad. Un hombre corría calle arriba gritando desesperadamente un grito que nadie acogió con alegría.
- ¡¡El Puño!! ¡¡El Puño está aquí, y nos quieren cobrar impuestos otra vez por impago!! ¡¡¡Si no pagamos todos, destruirán el pueblo!! -chillaba, y sembraba preocupación, gritos de socorro e incluso llantos a su alrededor.
De pronto, se escuchó algo parecido al ruido de un cañón. Un disparo de aviso, seguramente, pues la enorme bola de acero que había sido lanzada no impactó contra ninguna superficie más que la marina. Sin embargo, fue suficiente para hacer comprobar a los civiles de que aquello no era una broma. Si no pagaban, tenían las horas contadas.
- Mamá... ¿qué ha sido eso? ¿Por qué estás tan alterada? ¿Qué sucede? -preguntaba extrañado Cambrige, mientras era empujado, al mismo tiempo que su amigo Robert, hacia un oscuro cuarto cuya puerta estaba escondida tras un armario, movido para aquella ocasión tan especial.
- ¡Calla, hijo! No hagas esto más difícil de lo que es y no abras la boca -la voz de su madre sonaba temblorosa e incluso triste. Los dos muchachos insistían en saber lo que sucedía.- Escuchadme... ¡Escuchadme los dos! Tenéis terminantemente prohibido abrir la boca hasta que esto pase o hasta que se acabe todo. ¡¡Callaos los dos!! Yo me tengo que ir al puerto.
Cerró la puerta de sopetón, y tanto Cambrige como Robert escucharon cómo el armario se movía de nuevo hasta ponerse en su posición habitual. Estaban completamente encerrados, y no se veía un ápice. Robert notó que su mano tocaba otra mano, y se sobresaltó.
- ¿Quién anda ahí? Cam, ¿eres tú? -exclamó, tras lo cual escuchó un sonoro grito de la madre de su amigo desde el otro lado diciendo "Que os calléis, joder".
- No, yo no... ¿Quién...?
De pronto se encendió una brillante luz, de una linterna probablemente, y los dos jóvenes suspiraron aliviados.
- Ah... Abuelo...
Mientras tanto, en el puerto...
Un hombre de pantalones campana y una larga gabardina azul caminaba de lado a lado del puerto, observando desagradablemente a todos los ciudadanos que se habían amontonado en el puerto, bolsitas de dinero en mano, dispuestos a lo que fuese. En cada una de las caras que se podían ver se divisaba una increíble preocupación por lo que pudiese pasar. Se miraban desconfiados el uno al otro, como advirtiéndose que dependía de todos salir vivos de esa.
El hombre de la gabardina se dispuso a hablar:
- ¡¡Habitantes de la isla de Dorfox, en el archipiélago Grouppe!! ¡¡He venido aquí por una realmente triste razón!! ¡¡Como bien se os ha comunicado, puesto que os encontráis aquí, hubo alteraciones en el pago de los impuestos de hace una semana!! ¡¡Teniendo en cuenta esa circunstancia, nos hemos visto obligados a recurrir a la pena disciplinaria de segundo grado, es decir, cada uno de los habitantes, tendrá que abonar al Puño de Ónice una cantidad neta de 250 Berries!! -un gesto de desolación se apoderó del lugar.- ¡¡Si un número de personas mayor a cinco no puede pagar esa cantidad, todo el pueblo será arrasado!! ¡Por la presente, yo, Rio Faggot, abro el período de pago de pena disciplinaria!
Rio Faggot; Capitán de la división 974 del Puño de Ónice; Recolección de recompensa: 71 millones de Berries
- ¡¡Si de antemano sé que no se va a poder pagar la pena...!! Procederé directamente a la exterminación de todos vosotros. ¿¡¡Hay alguien que no pueda pagar la cuota!!?
Todos los ciudadanos se miraron unos a otros, impacientes y nerviosos, esperando al primer valiente que levantase la mano. Un escuálido dedo índice se alzó sobre todas las cabezas presentes. Era la madre de Cambrige, sin ninguna duda. Se podían distinguir claramente dos lágrimas que bajaban de sus mejillas. Toda la gente se quedó mirando. El ambiente se volvía cada vez más tenso y desagradable. Hubo una segunda mujer que enseñó su mano. Y un tercer hombre. Y un cuarto. Y una séptima. Y un décimo. Poco a poco, la gente iba armándose de valor, asumiendo que no podían escapar de aquella.
Rio Faggot dejó escapar una malévola sonrisa, y él también subió la mano.
- Matadlos. A todos -dijo, a la vez que bajaba el brazo alzado, ordenando así a todos sus hombres, colocados en posición de batalla a su espalda, la ejecución de toda aquella gente.
En el cuarto secreto de la casa de los Rundery...
Los tres inquilinos de aquel pequeño lugar se mantenían en un absoluto silencio, cruzados de brazos y de piernas, pensativos. Sus ojos iban acostumbrándose a la vista, a la par de que las pilas de la linterna amenazaban con agotarse. De pronto, el abuelo, farfulló unas palabras.
- Alguien... Podría salir vivo de esta... -dijo. Los dos muchachos le miraron con extrañeza.
- ¿A qué te refieres? -preguntó Cambrige.- ¿Acaso tú sabes qué está sucediendo ahí fuera?
- Claro que lo sé... Conozco al que provocó esto, conozco lo que está pasando, y sé cómo acabará -respondió el anciano.
- Oye... ¿Y qué es eso de que alguien podría salir vivo de esta? -preguntó interesadísimo Robert. El abuelo guardó silencio durante unos cinco segundos, tras lo cual habló.
- Cuando era joven... Tendría vuestra edad, no mucho más... Me perdí en el bosque que hay al este de la isla. Puede sonar ridículo, pero así fue -hizo una pausa, tratando de recordar el resto de la historia.- Y... Llegué a un claro. Hacen muchos años de eso, y mi mente empieza a distorsionar los sucesos, pero lo que vi allí, se me quedó grabado para siempre en la memoria -dijo, señalando apasionadamente su arrugada y calva cocorota con el índice, mientras los dos muchachos le escuchaban atentamente.- Vi... ¡Una fruta del Diablo! Como por arte de magia, allí estaba, en medio del lugar, completamente desprotegida, en el suelo... Sentía como si me mirase... -mientras recordaba los hechos, su cara mostraba cierto toque de nostalgia. De fondo, ya se escuchaban los gritos de los habitantes de la isla.- Estuve a punto de cogerla. Había escuchado leyendas sobre ellas, sabía que imposibilitaban nadar, pero me daba igual... Y justo cuando me agaché a cogerla... sucedió... el espectáculo más bello que unos ojos humanos puedan apreciar... -al anciano le brillaban los ojos.
El silencio se apoderó del habitáculo durante unos intensos instantes. Fuera, en cambio, los gritos de desolación, el sonido de las balas de rifle, el sonido de las espadas cortando cabezas, dominaban. Aquel era una especie de mundo paralelo, una especie de limbo. Se respiraba la fantasía. Y se olía la sangre. El abuelo siguió contando la historia.
- Los árboles que me rodeaban... florecieron de golpe... las hierbas que cubrían el suelo... se fueron convirtiendo en flores... de todos los colores... Y la brisa los hizo bailar... Bailar al compás del tiempo... Los pétalos de las flores de los árboles me azotaban la cara suavemente... Me quedé dormido ante aquel espectáculo de armonía, ante aquella sutileza. Cuando desperté me encontraba en mi cama... Pudo ser un sueño... Pero siempre he sabido que aquello no fue fruto de mi imaginación. A pesar de mi convencimiento, jamás pude volver a encontrar ese lugar. Pero lo sé... muchachos... lo sé... En esta isla... ¡hay un lugar donde las flores bailan!
- Yo... -dijo Robert.- Yo sé dónde está ese claro. Estoy seguro de que es ese...
Los dos muchachos se miraron entre sí, y, levantándose a la vez, embistieron contra la puerta con todas sus fuerzas. A la tercera embestida, la puerta se vino abajo, derribando el armario a su vez. Corrieron hacia la puerta, no sin antes vigilar que no hubiese soldados del Puño a la vista. Por desgracia, había demasiados enfrente de su casa. Cam abrió un cajón de una encimera que había al lado de la puerta, de la cual sacó dos pistolas. Le dio una a Robert.
- ¿La ventana trasera? -preguntó el pelinegro, mirando decidido a su amigo.
- La ventana.
Corrieron hacia el pasillo principal, y, tras ir hasta el fondo, entraron en una habitación que quedaba a mano izquierda. Saltaron por la única ventana que había, una ventana que daba directamente al bosque. Comenzaron a correr bosque adentro, sin pensar en lo que se dejaban atrás. Sólo pensaban en sobrevivir.
El abuelo, sentado en la habitación, miraba una pistola, dubitativo.
- Solo soy un viejo loco... -dijo, tras lo que se pegó un tiro en la sien. Falleció en el acto.
- Oye, Robbie... ¿de cuántas frutas ha hablado el abuelo? -preguntó Cam, sin dejar de correr. Ya habían perdido el pueblo de vista entre los árboles.
- Una sola. Y ni siquiera sabemos a ciencia cierta si es real.
- Pero de serlo... -dijo Cam, tras lo cual soltó la frase clave.- ¿Quién se la comería? ¿Quién escaparía vivo?
Los dos se pararon en seco. Se miraron entre sí. Robert, con sudor en la frente, dubitativo, habló.
- Cambrige, creo... Que nuestros caminos se separan aquí -dijo, haciendo un leve gesto con la cabeza, saludando a su amigo. Acto segudio, comenzó a correr bosque adentro.
Cambrige estaba paralizado. No sabía adónde ir, no sabía si quedarse ahí mismo, no sabía si entregarse... Estuvo a punto de tumbarse en el suelo y desistir... Pero recordó que llevaba una pistola. Sí, la llevaba, y podía utilizarla cuando él quería. Estaba cargada. Si seguía a Robert hasta el claro, pues al parecer él sabía dónde estaba, y después le disparaba a traición, la Fruta sería...
- Esss... Mía... -murmuró, mientras su boca dibujaba una sonrisa de increíble maldad. Comenzó a correr en la misma dirección que Robert.- Es... mi tesoro.
Los dos comenzaron una carrera que les pareció no tener fin. Robert corría lo más rápido que podía, y en más de una ocasión le pareció que había llegado al claro, pero la fruta no aparecía, no se mostraba.
- Si me la como... -decía Robert, sin dejar de correr.- Podré acabar con esos hijos de puta que nos atacan... Y luego me iré... Lejos. Pero... Primero tengo que encontrar el jodido claro...
Tras largos minutos corriendo sin cabeza, sin mirar por dónde iba, Robert llegó a un espacio más abierto... Un pequeño campo de flores... Los árboles estaban en flor. Y en medio... Estaba. Una Fruta del Diablo. Se acercó a ella lentamente, al compás del baile de las flores. La cogió entre sus manos. La miró como quien mira a su salvador. Justo cuando se disponía a darle un bocado...
- ¡¡ALTO AHÍ, HIJO DE LA GRAN PUTA!! -exclamó alguien desde su espalda. Robert se dio la vuelta, dejando caer la fruta a causa del susto. Su amigo Cambrige le estaba apuntando con una pistola.- Es mía.
- Cam... ¿pretendes... dispararme? -preguntó Robert, con lágrimas en los ojos, agachándose para recoger la fruta del suelo.- Po... ¿por qué? La he encontrado yo primero.
- Es mía. Si alguien sale de esta... Ése seré yo. No lo siento, Robert -dijo, a la vez que apretaba el gatillo. Robert sintió un fortísimo dolor en el hombro. Cayó al suelo. Se palpó la herida. Sangraba bastante. Tuvo la fuerza suficiente para volver a coger la fruta. Lo frenético de la escena le evitó darse cuenta de que Cam se abalanzaba sobre él, agarrando la fruta a su vez.
- Cuatro manos... Arf... y una fruta -dijo Robert, antes de pegarle un mordisco a la misma. Estaba asquerosa, pero la esperanza de salir vivo podía con el sabor. Cambrige, preso de la ira, comenzó a morder a su vez lo que quedaba de fruta. Los dos masticaban como locos, hasta que el festín acabó. Robert sacó su pistola de su enganche en el cinturón, y, sin pensárselo dos veces, disparó en el hombro a Cam. Ambos se quedaron tendidos en el suelo. Escucharon ruidos de armaduras y espadas acercándose al claro.
- Hombro por hombro... -dijo Robert, mirando con odio al que fue su mejor amigo, convertido en su mayor pesadilla.- Te odiaré para siempre, hijo de puta. Por tu culpa nos matarán a los dos.
- Ha sido tu culpa... Arf... -respondió Cambrige, con voz temblorosa.- Si salgo de esta, juro que te mataré, definitivamente.
Ambos se desmayaron, justo antes de que varios hombres armados entrasen en el claro. Las flores se habían convertido en finos y marchitados hierbajos, los árboles adoptaron una figura triste e invernal. Dejaron de bailar.
Esos muchachos, cuya vida fue perdonada por aquellos soldados que entraron en el claro, fueron tomados prisioneros. Al despertar, comprobaron que ambos habían heredado parte del poder de la misma fruta del Diablo. El Puño de Ónice decidió hacerlos aprendices a partir de aquel momento, pero por separado, ya que el odio que había nacido entre los dos muchachos era demasiado intenso como para que se pudiesen ver las caras sin necesidad de matarse el uno al otro. Sus familias fueron masacradas, su pasado fue pulverizado, y ambos crecieron con el único objetivo de asesinar el uno al otro. Este fue el origen del sentidísimo odio entre Robert Aldridge, Caballero de la Rosa Negra, y Cambrige Rundery, Caballero de la Rosa Gris.
El hombre no pudo evitar sentir unas lágrimas de odio y furia caer de sus mejillas, mientras llegaba a la zona oeste del bloque superior de la Sucursal 15, donde le esperaban cinco o seis fieles.
Lejos de ahí, en un lugar inhóspito de la isla de WolkenBerge...
El sonido del fluir del agua marcaba el paso de los minutos, en un remolino de tranquilidad y pasividad, mientras un anciano hombre miraba a través del agua.
- Todos son necios... Nadie llegará hasta la Maravilla.
Continuará...
Y ya para rematar, un poco más de verde en el capítulo 40. Y con esto y un bizcocho, hasta mañana por las ocho (WTF?)
- Spoiler: Mostrar
- Capítulo 40: La voz del ayer
- Pero qué me estás diciendo... -decía un soldado, equipado con una aparentemente resistente armadura negra y una afilada espada. Su cabello llamaba la atención, pues era negro como la noche que comandaba aquel momento y voluminoso, muy voluminoso. Su rostro mostraba una expresión de incertidumbre y pavor. Hablaba a escondidas, para que el resto de soldados no reparasen en lo que hacía. Al lado tenía a otro hombre más alto y fornido, al cual le faltaba un brazo. Este otro hombre hacía de escudo para que no descubriesen al que halaba por Den Den Mushi. Un DenDen Mushi cuya cara se asemejaba a la de una muñeca diabólica.- No podemos ir ahora, joder, nos acabamos de camuflar.
- ¿Camuflar? -decía alguien desde el otro lado del transmisor.
- Camuflar -repitió. A ratos miraba hacia el hombre que mandaba la plaza, vestido con un elegante uniforme gris. Los setecientos soldados rasos que había en el patio de armas se arremolinaban a su alrededor y se disponían a emprender un tortuoso viaje hasta el lugar más inhóspito de la isla.- Ahora somos soldados del Puño de Ónice, supuestamente. Verás, al principio nos han encerrado junto con el cebo, pero nos ha ayudado a huir, y aquí estamos -hizo una breve pausa, escuchando lo que le decían desde el otro lado del DenDen Mushi.- Joder, es que por mucho que lo haya dicho el Padrino, salir de aquí ahora puede matarnos -...- Bien, entonces, iremos con estos hasta la cascada y una vez ahí ya nos las apañaremos para perderles de vista y juntarnos con vosotros. Cuando lleguemos ahí, os llamaremos. Hasta luego -el del pelo afro miró al hombre alto.- ¿Has oído, Tight? El Padrino va en serio esta vez. Aunque seguramente no le haga gracia que John Conde se nos haya escapado de la vista, parece que al final nos ha resultado útil. Por lo pronto iremos con los del Puño hasta la cascada.
- ¿Y tú sabes dónde estarán los de Murder Inc cuando lleguemos? -preguntó Tight.
- Ya les he comentado que trataría de llamarles. En fin, será mejor que nos unamos al pelotón, no quiero que sospechen de nosotros. Le he mencionado a Agatha lo del asesinato de Ruud y la inminente operación del Puño, así que ellos también se darán prisa. Me ha dicho que le comunicará al Padrino lo de que estamos infiltrados y todo lo que ha pasado.
- Está bien -contestó Tight, con gesto seguro.- Vamos.
Los dos hombres se dirigieron a la salida de la base, donde cerca de setecientos soldados marchaban ya a paso ligero rumbo a sus ambiciones, o, en su defecto, las ambiciones de su jefe.
La noche había alcanzado su punto cumbre, la oscuridad era casi absoluta sobre los cielos de la misteriosa isla de WolkenBerge. Una enorme ave surcaba el negro firmamento, con bravura y destreza. Sobre ella cabalgaban dos jóvenes. Uno de los dos tenía el pelo negro rojizo y una espada tan oscura como la bóveda celeste. El otro, en cambio, era poseedor de un resplandeciente pelo plateado, y llevaba una espada blanca a la cintura.
- ¿Vamos bien encaminados, Tony? -preguntó John Conde, el de la espada negra. Su gesto era permanentemente serio, y sus ojos eran la viva representación de la firmeza.
- Estoy seguro de que sí. Por fortuna, sé guiarme por las estrellas, y hoy el cielo está brillante de tantas que hay -contestó Tony. Miró a Anthony, el cual iba en la parte delantera de su lomo.- Anthony... ¿cómo estás tan convencido de que es al norte de la isla? No recuerdo haberte oído decir que nadie haya dicho la ubicación exacta de lo que buscamos. Solo que está en el "Sistema Norte"
- Verás, Tony, la cuestión es... -comenzó a decir el médico, pero en seguida le interrumpió John.
- Es por las inscripciones -dijo.
El grifo miró extrañado a su amigo, puesto que no sabía a qué inscripciones se refería. Podría estar mencionando inscripciones que los otros dos vieron antes de que él se les uniese, pero la respuesta no le dejó lugar a dudas.
- Las de la puerta de Ciudad Porcelana. ¿No te acuerdas? -dijo John, sin alterar el semblante.- Les restamos importancia a causa del fantasma que apareció luego.
- Es cierto... -respondió Anthony.- Había un cúmulo de inscripciones del estilo, y, en el centro, una cascada. No le di mucha importancia al principio, pero a medida que reflexionaba me estaba dando cuenta de que los grabados que había en la puerta eran zonas de esta isla, cada una en su sitio.
- ¿Pero no estaba la cascada en el centro? -insistió Tony.
- Sí, sin embargo, había otra exactamente igual, en la esquina derecha. Y teniendo en cuenta que entramos a la Ciudad Porcelana desde el este, me parece obvio que en el borde norte de la isla hay algo. La conexión entre las dos sigue pareciéndome una incógnita, pero tras haber visto el interés que mostraba la Bestia en la isla, misma actitud que tiene el Puño, empecé a darle vueltas... Y llegué a la conclusión de que esa cascada alberga la pista para llegar a una de las Diez Maravillas. Y aunque en el fondo no me interesen como recurso ofensivo, quiero saber más acerca de ellas.
- Comprendo... -finalizó Tony la conversación, y aceleró el vuelo, sabiendo ya exactamente su objetivo.
Zona central este de la isla de WolkenBerge, en las afueras de Ciudad Porcelana.
Un hombre permanecía de pie, inmóvil, sobre una de las miles de rocas que sobrevolaban, lenta y pausadamente, el acantilado de la isla. Su apariencia era enclenque, tenía un cuerpo delgaducho y unos finos brazos, pero su rostro mostraba su personalidad segura. A resumidas cuentas, no parecía un hombre peligroso, pero sí inteligente y valiente.
A sus pies había otro hombre. Tenía unas cuantas graves heridas a lo largo y ancho del cuerpo, pero, al parecer, el que se hallaba de pie le había ayudado, al menos, a dejar de que la sangre dejara de brotar de ellas. No reflejaba estado de plenitud precisamente, pero podía hablar, y así se le dirigió a su salvador.
- Quién... ¿Quién eres? ¿Por qué me has salvado? -dijo.
- Eso de mi identidad, buen hombre... Es del todo secundario -respondió el otro, sin alterar su pose.- Y salvarte, digamos que te he salvado por casualidad, y, sobre todo, porque me conviene. ¿Puedo saber quién te ha apalizado de tal manera?
- No quiero recordar lo sucedido, de verdad... Y además no creo que conozcas a mi agresor si no eres de aquí.- Le miró a la cara.- Porque... No eres de aquí, ¿verdad?
- Ya te he dicho que eso es secundario. Insisto... ¿quién te ha dejado al borde de la muerte?
- Está bien... Te debo una, así que te lo diré -hizo una pausa dramática.- Ha sido "La Bestia".
La cara del otro no pareció alterarse lo más mínimo. Es más, mostraba absoluta indiferencia. Se sentó al lado del herido.
- Está bien... Pero solo con decirme eso... ¿crees que has pagado tu deuda conmigo? -preguntó el larguirucho desconocido.
- ¡No, por el amor de Dios!
- Entonces no te importará que te haga un pequeño cuestionario...
- Para nada, parece ser que tengo tiempo -respondió el pobre hombre, con una tímida sonrisa en la boca.
- Dime... ¿Cuál es tu nombre?
- Me llamo Camus -respondió. Esta vez, el "salvador" dejó escapar una curiosa risita.
- Y, dime, Camus... -prosiguió.- ¿Hay algún motivo en especial por el que "La Bestia" te haya dado semejante palizón?
Camus pensó largo y tendido, durante unos tres minutos. Tres minutos en los que el tiempo pareció congelarse, ya que a ambos se les hicieron eternos. Tres minutos que transcurrieron como tal, puro relleno en el vacío temporal que experimentaron los dos hombres. Finalmente, Camus, de cuya frente salieron dos enormes gotones de sudor frío, se dignó a hablar.
- Joder... Ahora lo recuerdo todo... ¡Se lo dije! ¡Yo, se lo dije! -parecía estar delirando, pero, agarrándose la cabeza e increíblemente tembloroso, siguió hablando.- ¡¡¡SE LO DIJE!!!
En su frente se inflaron dos enormes venas, y comenzó a emitir crujidos con la boca, preso de su incontenible ira. Se agarró la cabeza, y se la arañó tan fuerte que se arrancó un enorme cacho de piel. La rabia le estaba sacando de sus casillas completamente.
- ¿Qué le dijiste, Camus? -dijo el otro hombre, sorprendentemente sonriente.- Vamos, dilo, amigo mío...
- Su... Localización... -respondió Camus, con una cara pálida, con una sonrisa de incredulidad, y con dos lagrimones, uno de agua salada y el otro de sangre provocado por el terrible arañazo que él mismo se había propinado, corriéndole por las mejillas.
- Entiendo...
- ¡¡¡PERO HAY ALGO QUE ÉL NO SABE!!! -gritó súbitamente Camus, que, definitivamente y tal como apuntaba la situación, se había vuelto loco de atar.
- ¿Qué es lo que no sabe, querido Camus?
- Él no escucha la voz del ayer... ¡Él no sabe lo que pasó en esta isla hace ya un tiempo! Pero él... No sabe que la llave... ¡¡¡YA FUE ENCONTRADA!!! ¡¡¡Jiahahahahahahahahaha!!! ¡¡Y yo la tengo!! ¡¡Lo olvidé, pero la tengooo!! La tengo aquí... -dijo, señalándose el bolsillo. Miró al larguirucho con una mirada de sicópata terrible.- Y aunque se encontró la llave y no la Pista... La llave... esss... Mi... Tessorooo... Jiahahahahaha... Pero yo... sse donnde está la Pissta.
Zona noroeste-oeste de WolkenBerge
- ¿Seguro que vamos bien, Donarama? -preguntó un hombre alto y fornido, dirigiéndosele a otro que caminaba al lado suyo. Este otro tipo era retaco, con una melena negra con toques grisáceos bastante larga, y un vello facial notable, pero poco extenso. Iba fumando un enorme porro, y el humo que emanaba este se mezclaba con la densa niebla, la cual tapaba a los cientos de hombres que les seguían, armados hasta los dientes.- Debemos darnos prisa.
- ¡¡Indudablemente, boludo!! -respondió el otro, con una voz cantarina y bastante aguda.- ¡Si la brújula señala hasia ashá, será porque es por acá el camino!
- Pobre de ti como no lleguemos a la cascada. ¡Pobre de ti!
- ¿Y si shegamos?
- Te ascenderé. Pero habrá que verlo.
Los dos hombres, los cuales apenas podían ver cinco palmos más allá de sus narices, siguieron caminando entre la blanca y fría atmósfera que les rodeaba. Por detrás llevaban, ni más ni menos, a setecientos fieles, equipados con una armadura de hierro, una espada y un rifle. Y se cagaban en todo, porque entonces, más que nunca, echaban de menos un abrigo. Dos tipos se habían descolgado del pelotón -por detrás, obviamente-, y los castañeteos de sus dientes se oían desde lejos.
- Debebos estar... -dijo uno, mientras un brillante moco le brotaba de la nariz cual seta en otoño.- cobo bínibo a cincobil betros, ¿verdad, Tight?
- Supongo, John -respondió el otro, menos acatarrado por lo visto, mientras le ofrecía un pañuelo de mocos a su amigo.- Toma. Suénate, anda.
- Gracias, abigo -contestó John, tras sonarse.- ¿Sabes qué? Un día bi tía abuela segunda Clotilde be ofreció un payuelo de bocos tabbién. Y be soné tan fuerte, que baté a una pobre cucaracha que había en el suelo. Y... ¿Y sabes por qué?
- ¿Por qué John? -preguntó el otro. Suspiró, y le ofreció otro pañuelo.
- ¡Pues porque bi boco traspasó el payuelo y atravesó a la cucaracha que había en el suelo de la cocina. ¿Sabías que bi tía Clotilde tenía una cocina buy vieja? Cobo la tía bisba de vieja. Debía tener bás de noventa ayos... ¡¡ATCHUÁ!!
- Ya veo...
Quinientos metros por detrás del cúmulo de soldados, a hurtadillas, se acercaban a la tropa seis hombres. De ellos cinco llevaban la misma armadura negra que los que iban medio kilómetro más adelante, pero el otro, el que parecía ser el líder de aquel grupo, llevaba un atuendo negro como la noche que ocultaba la niebla, y una capa del mismo color que a buen seguro le protegía del frío. Avanzaban despacio, manteniendo la distancia de seguridad respecto a los de adelante, y a la vez sorprendentemente sigilosos.
- Señor... -dijo uno de ellos, dirigiéndose al líder- ¿me permite el atrevimiento de preguntarle acerca de nuestro destino? ¿Qué es lo que buscamos con detener al Caballero de la Rosa Gris?
- Buscamos salvar el mundo -respondió el otro, sin siquiera mirar al que le había preguntado.- Y baja la voz.
- ¿Salvar el mundo? ¿No está siendo algo exagerado?
- Soldados rasos engañados... No sabéis nada...
Hubo un pequeño silencio. Se escuchaban sonidos de metal contra metal, provenientes de quinientos metros más adelante. El aire era cada vez más frío, y los gélidos soplidos de viento que arreciaban de rato en rato no ayudaban en demasía al bienestar del cuerpo. No pararon de caminar en ese espacio de silencio, y todos los presentes, pese a mantenerse distantes a la conversación, se mostraban atentos a lo que se cocía entre el Caballero de la Rosa Gris y el soldado Liam Dross.
- Supongo que ya es no solo inútil, sino absurdo ocultarlo... -prosiguió Robert Aldridge, cuidando que su voz no se escuchase demasiado.- Os han estado mintiendo todo este tiempo. Dime... ¿cuál era vuestra misión en la isla? ¿A qué os guiaba Ruud von Gertrude?
- A... la exterminación de la organización Murder INC... Y a conseguir el dominio de la isla...
- Ahora pensad fríamente todos... ¿Qué le podía interesar a Ruud de esta isla? Una isla medio abandonada desde hace veinte años, sin un gobierno, completamente salvaje y peligrosísima... ¿Qué clase de beneficios traería al Puño ser dueño de esta isla?
- Más territorios... No sé, un refugio más.
- Una base en la que corras peligro no es una base. Y aquí, todo ser vivo que pise WolkenBerge, desde Blind Coast hasta Shy Coast, corre peligro. Me di cuenta en el mismo momento en que llegué. Este lugar emana un aroma de destrucción, de desolación... Y me temo que estaba en lo correcto desde un principio. Cambrige ha estado en esta isla... Se ha adueñado de conocimientos que vosotros no teníais pero Ruud sí... Y bajo la tapadera de la isla, ha observado hasta encontrar el momento justo para llevar a cabo su plan. Ha llenado la cabeza de pájaros a todos esos soldados, diciéndoles que compartirán un poder inmenso... No saben cómo es él... Se lo guardará todo. Y será lo peor que le pueda pasar al mundo y a vosotros. Veréis... Gris sabe que aquí se halla el acceso a la Corona del Soberano.
El joven Liam se sobresaltó. Había escuchado leyendas acerca de la Corona, pero dudaba de su veracidad. La misma reacción se adueñó de los demás soldados, más temblorosos de lo que se habían mostrado hasta aquel momento. Ahora, los sonidos de las armaduras a lo lejos les parecían más terroríficos, y la figura de Gris se presentaba como la de un demonio, un verdadero demonio...
Inundados de esos pensamientos, no prestaron atención a que se acercaban peligrosamente hacia dos sombras, diez metros más adelante.
Ladera sureste de Ciudad Porcelana, dentro del acantilado.
El lugar estaba ajetreado. Muchos hombres corrían, arriba y abajo, realizando preparativos. Unos sacaban los rifles, otros los puñales, otros los chalecos antibalas... Los pasillos, cubiertos por enormes baldosas de acero reforzado e iluminados por bombillas de neón, observaban a las decenas de hombres trajeados que se movían por sus entrañas.
En cambio, en una habitación apartada de todo aquel bullicio, una habitación con las paredes pintadas de rojo, una habitación destrozada sin embargo por una tormenta de arena que pareció arrasar con todo, un solitario joven vigilaba, con melancolía en la mirada, las cientas de fotografías que colgaban de los maltrechos muros de la estancia. A su lado había una pequeña muñeca de porcelana.
- Estaba preocupado por John y Tight... Me alegro de que estén bien dentro de lo que cabe. Gracias por el aviso, Agatha.
- ¡De nada, Padrino! -respondió la muñeca, y se volvió para salir de la habitación.
- Agatha... -dijo Van, medio tumbado en su butaca de cuero rojo, evitando así que la mencionada saliese de la estancia.- Esto... Puede que... Esta sea nuestra...
- Nuestra última misión -interrumpió Agatha.- Es una lástima, pero en fin... Antes de que salgamos, y aprovechando que estamos aquí -miró todo lo cariñosamente que le dejaba su fría y blanca tez de porcelana a Van-, quiero decirte que han sido los mejores años desde que ese hombre me dio la vida.
- Sí... Aún me acuerdo de cómo te conocí... Acababa de llegar a la isla, y aún éramos cinco... -se procuró un puro, tras haber sacado mientras hablaba una preciosa caja de un cajón del escritorio que tenía delante.- Je... El tiempo pasa volando, ¿no crees?
- Sí... Sí que lo hace...
- Van, todo lizzto para partir. Zzaldremozz cuando dezz la orden -dijo un ser sin ojos y sin nariz, con una única boca sonriente en la cara.
- Gracias, Zezilio -dijo Van.
- ¿Vamos ya? -preguntó Agatha.
En esto, Van se levantó y miró a la muñeca, con un brillo que nunca antes había tenido en los ojos.
- Cuando quieras.
Ciudad Porcelana, Plaza PeaPod de la zona noble de la ciudad.
Un hombre espigado se abría paso entre la muchedumbre. Miraba, observador, el modo de vida de la gente de la ciudad. Para ser un barrio noble, sus habitantes presentaban ropas muy pobres, y caminaban deprisa, como huyendo los unos de los otros. Se dio cuenta también de que salían de sus hogares únicamente para lo básico, para comprar comida y poco más. Las cafeterías, abundantes en la plaza en la que se hallaba, estaban completamente abandonadas. Cada vez estaba más seguro de que aquel lugar no era tal y como, por lo que se veía, fue algún día.
Miró más arriba. El enorme palacio de la porcelana se erguía, poderosa e imponente, ante toda aquella desgraciada ciudad. Sus altas torres, sus decoradas fachadas y preciosas vidrieras, contrastaban por completo con el patético espectáculo que tenía a vista de sus ojos unos metros más abajo.
El hombre comenzó a caminar hacia unas escaleras que había en una esquina de la plaza. Se metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, chaqueta que llevaba impresa una extraña Jolly Roger. Le sorprendió, a su vez, que nadie hubiese reparado en ella. De hecho, se la quitó en su "visita" a Camus por temor a que la reconociera. Y del bolsillo sacó una pequeña llave. Era, además de dorada, de oro. A simple vista no parecía más que eso, una llave de oro, pero el individuo reparó en una inscripción, casi ilegible por su despreciable tamaño, que despertó su atención, si bien sabía que aquella no era una simple llave.
"Una Corona para Reinar, Un Soberano para ser Reinado" - D.
Miró ambicioso, primero a la llave, y luego a la torre más alta del Palacio. Acto seguido, se quedó observando el Jolly Roger que tenía en el brazo, y sonrió diabólicamente.
- "El Diablo" se alegrará del exitoso avance de la misión... -dijo, y desapareció, como por arte de magia, sin dejar rastro.
Bastian Bloodrop - Espía de la Banda Pirata del Diablo - Usuario de la Suke-Suke no mi - Recompensa: 0 berries
Continuará...
Cuando alguien comente, pondré la edición del 41, que ya la tengo lista, y los puntos a no olvidar de WolkenBerge.
Un saludo!
SÍ.
- Vito Corleone
- Teniente Segundo

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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por Vito Corleone »
Bueeno, he aquí los mencionados personajes a proponer de la última línea de este mismo post xD. Antes, una "pequeña" idea del porvenir de la próxima saga.
), tomad edición del capítulo 41, en el que he cambiado lo de las palabrotas, lo de Satoshi (anty tiene sorpreeesa ya me entenderéis llegado el momento) y con palabras finales de Agatha.
Un saludo!!
En breves edito y pongo unos pocos personajes a proponer aquí.
Un saludo!
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- Los 5 Guardianes:
Los cinco jefes de policía privada CP -5 nunca se dejan ver en público, aunque hay rumores de que son la guardia privada de Stewart Strong, poseedor de valiosa información acerca de las Antiguas Maravillas y a quien los Tenryuubitos, que lo tienen en gran estima, le han prestado la Yellow Mansion mientras ellos no la necesiten. Stewart lleva dos años y medio alojado en Yellow Mansion, tiempo en el que ha hecho buenas migas con Diego, el investigador más brillante de la isla, que llegó hace dos.
Diego sabe que Stewart le puede dar valiosísima información, así que tras ganarse su confianza, planea sacarle, con preguntas indirectas, la localización de una de las Maravillas, de la cual sabe que está en la isla, y cómo acceder a ella. Los 5 guardianes tienen una llave cada uno, y las cinco llaves abren el cofre de la corona del soberano, la cual está entre las reliquias del Santo que murió hace 600 años y cuyos restos descansan en algún lugar de la catedral (esa era la Oración de la pista: “Cinco Llaves que abrirán el Cofre del santo”, pero claro, eso Diego no lo sabe xD). Esas llaves han sido entregadas por los Tenryuubitos al CP -5, ya que los creen muy capaces para detener a todo aquel que descubra primero que son ellos los portadores, y segundo quien sea capaz de enfrentarles dada la lejanía de la isla de donde están los peces gordos.
Ese sería más o menos el deber de estos CP -5, proteger las Cinco Llaves.
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- Frederick Warmpess
Apariencia:
Es de lo más raro que uno podría encontrarse por la calle. Es una especie de andoba… extraño. Lleva unos zapatos de cristal de tacón alto, unos bóxer de corazones sin nada por encima, y una blusa rosa, protegida por un abrigo de piel de ñú anciano. Tiene unos enormes ojos grises, los cuales lleva empapados en rimel, una barba negra y un repeinado pelo rubio.
Personalidad:
Contrariamente a lo que puede parecer, generalmente utiliza un tono de voz bastante robusto y viril, y tiene una actitud tremendamente agresiva a pesar de ser el más inteligente de los cinco. Y aunque su tono y actitud es la de un machote completo, de vez en cuando, se le escapa algún “cariño”, “guapo” o “precioso” que otro en sus conversaciones.
Afiliaciones: Guardia Personal de Stewart Strong // CP -5 // Gobierno Mundial
Habilidades: Kushhon-Kusshon no mi; permite al usuario convertir su cuerpo en cojín. Es una fruta bastante defensiva, pero útil, ya que los golpes físicos no le duelen ni le hacen mella, además de que ahoga balas, . + Soru + Shigan.
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- Lewis Rowhead
Apariencia:
No es tan extraño como Warmpess, pero por ahí anda. Calza unas sandalias doradas y una falda llamada kilt, de algún país de Grand Line, probablemente su lugar natal. Lleva unos blancos y enormes guantes de mimo, de utilidad desconocida. Viste un rajado y viejo chaleco gris de pelo de Grulla Cantarina, una especie ya extinta de aves. Además, lleva unos brillantes pendientes de oro. Sus rasgos faciales llaman la atención (también): una prominente nariz de la cual asoma una eterna pompa de algo, unos amenazantes ojos rojos, una boca de dientes amarillentos y podridos y una cabeza totalmente rapada, probablemente a causa de la presumible operación que le supuso la cicatriz que le atraviesa en círculo la frente y la nuca.
Personalidad:
Habla increíblemente rápido y sin vocalizar, y si alguien osa decir que no le ha entendido, se enfurece como nunca antes y no deja de perseguirlo hasta darle caza. Tampoco soporta que le llamen “calvo”, “bola de billar” y cosas similares. A pesar de esa aparente hiperactividad, se queda sopa a la mínima, es decir, tiene el sueño fácil.
Afiliaciones: Guardia Personal de Stewart Strong // CP -5 // Gobierno Mundial
Habilidades: Oto-Oto no mi (Paramecia): El usuario se convierte en un hombre que emite sonido. Permite al usuario emitir ondas de sonido de distinto tipo. Es un hombre radio. Puede emitir increíbles chirridos que parten cristales de manzanas y barrios enteros, puede emitir la música más dulce del mundo para dejar a cualquiera medio dormido (se duerme él también, punto flojo), y si escucha Heavy Metal su fuerza, velocidad, capacidad defensiva y aguante crecen considerablemente. Pese a todo, no ha conseguido exprimir la fruta hasta su máximo punto, hasta alcanzar la velocidad del sonido. + Kami-e + Rankyaku.
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- Frank Otorrino, “Tlé Eulo”
Apariencia:
Calza modestas sandalias de monje budista de suela dura, muy dura. No lleva más atuendo que unos pantalones cortos con tirantes, dejando ver en gran parte su robusto y enorme cuerpo. Tiene unas cejas muy marcadas y un pelo muy largo peinado hacia atrás y envuelto en una coleta, además de una imponente barba que parece imitar a los grandes emperadores de Ka no Kuni, una lejana tierra. Lleva una gran piruleta a todas partes, hecho recriminado por sus compañeros, a causa de que es demasiado raro.
Personalidad:
Es increíblemente serio y se toma las cosas con la seriedad que la requieren, al contrario de algunos de sus compañeros, pero muestra una actitud extremadamente infantil. Por ejemplo, basta que le digan que deje su dichosa piruleta para que se agarre una casqueta de tres pares de mamuts y se enfade con el que se lo ha dicho per secula seculorum. Además, cuando algo se le mete en la cabeza, no hay manera de hacerle cambiar de opinión, y es caprichoso. ¿Que quiere otra piruleta? O se la venden barata o se los carga ahí mismo. De ahí su apodo “Tlé Eulo”. Sus frases favoritas parecen ser: *lloriqueando* “Es que no me hacen casooo”. Y *lloriqueando también* “¡Se lo diré a Stewart!”. Pese a todo ese paripé infantiloide, es muy pero que muy sádico con sus víctimas y disfruta con la muerte.
Afiliaciones: Las mismas que los demás.
Habilidades: - Muchi-muchi no mi (Paramecia): Convierte al usuario en un hombre látigo. Los látigos pueden ser de cualquier material (excepto de Kairoseki); ej.: metal, plantas con pinchos, púas, incluso de cola para que la presa no se pueda librar del látigo. // Tekkai + Geppou.
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- Peter Bungalow
Apariencia:
Lleva unos maltrechos pantalones de color verde beige, con unas botas manchadas de sangre seca, una pequeña bolsa atada a los pantalones. Estos están llenos de zurcidos y remiendos. Por encima lleva una elegante camisa marrón con un jersey rojo por encima. Lo que parece un hombre con pintas de asesino normal y corriente, acaba de serlo con un vistazo a su cara. Una cara sonriente con un canuto de vete tú a saber qué hierba, unas ojeras que da miedo verlas y un pelo rojo completamente despeinado, tapado con un gorro que tiene forma de… Sobran palabras.
Personalidad:
Parece ser el más relajado de todos. Se toma las cosas con demasiada calma (cosa que enfurece, o más bien, hace protestar a Otorrino), probablemente por el estado de idiotez que le proporciona estar todo el rato fumo que te fumo. De todas formas, dicen de él que es un asesino implacable, que ataca sin piedad y con un rapidez asombrosa a sus víctimas. Se lleva a cara de perro con Warmpess a quien le recrimina ser incoherente en todo lo que dice, aunque al otro le es completamente indiferente.
Afiliaciones: Las mismas que los demás.
Habilidades: - Sofuto-Sofuto no mi (Paramecia): Convierte todo lo que toca en algo blando y fácilmente atravesable. Ejemplo: si toca una pared de piedra la puede atravesar al ser ahora mucho más blanda. Si toca una superficie ya de por sí blanda, así como la tierra, puede nadar en ella e incluso hacer que sus oponentes se hundan en la misma. No puede usarse con seres humanos. + Geppou + Soru.
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- Wishper Gulligulli
Apariencia:
Va vestido de smoking, de arriba a abajo, y colgando del cuello lleva una gran llave dorada, concretamente la que protege. Suele llevarla a la vista dado que confía plenamente en sus capacidades y no teme que nadie se la arrebate. Pese a todo, al ser el jefe de policía de la ciudad y gran amigo de tareas de Diego, en sus apariciones públicas y cuando se cita con el susodicho “amigo” para resolver cualquier caso, la esconde entre la maleza de su larguísimo y bien cuidado pelo.Tiene una mirada de loco psicópata que no se la quita ni el tato, pero al final uno acaba acostumbrándose. Una barba bien cortada barbita decora su robusto mentón.
Personalidad:
Se muestra amigable y jovial con aquellos que desconocen su verdadera identidad, pero en el fondo es un tirano. Su cara de psicópata no miente en realidad, es la clara imagen de lo que se cuece en sus podridas entrañas. Su pasado en una lejana isla lo convirtieron en una máquina de matar y no tener piedad y siempre cumple su trabajo. Ahora mismo sirve, como el resto del CP -5, a Stewart Strong en la Yellow Mansion como protector de una de la 10 Maravillas.
Afiliaciones: Las mismas que los demás.
Habilidades: - Neko-Neko no mi; modelo Tigre de Dientes de Sable; no hay mayor complicación: convierte al usuario en un tigre de dientes de sable, apotándole una increíble fuerza, agilidad y capacidad de evasión, además de fuerza defensiva. + Rankyaku + Tekkai + Soru.
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- Capítulo 41: Oración
- Me cago en tus malditas estrellas, Tony, ¡¡me cago en tus malditas estrellas!! -gritaba un muchacho, de pelo gris y cuerpo robusto, encarándose con un bicho enorme mezcla de león y águila que, sorprendentemente, parecía intimidado. Otro más aguardaba el final de la conversación sentado, cuatro o cinco metros más allá.
Se encontraban en una especie de pequeña colina, un lugar inhóspito por lo que parecía, en el que únicamente había hierba, niebla, frío, y tres viajeros extraviados. A lo lejos se podían divisar las cuatro colinas que sostenían Ciudad Porcelana, y la torre más alta del palacio de la misma. John, el cual miraba paciente hacia el enorme castillo que se alzaba a lo lejos, sintió un terrible escalofrío en la espalda. Torció la cabeza para vislumbrar a sus compañeros.
- Te juro que nunca me había pasado, Anthony... Las estrellas han debido de beber, porque se han movido sin sentido de su lugar... -contestó el grifo, algo empequeñecido por el ímpetu de su "regañador oficial", tal y como él mismo le había llamado minutos antes.
- Menos estupideces, Tony, ¡menos estupideces! -exclamó el Desertor de nuevo, completamente enfurecido.
- Anthony, ya te he dicho que lo si...
- Callaros los dos de una puñetera vez -intervino John.- ¿Creéis que discutiendo arreglaremos esto? ¿O preferís retomar el camino?
Anthony le miró durante un par de segundos, pensativo.
- Pero John, es que estamos completamente perdidos.
- No más perdidos que antes. Así que subámonos los dos al lomo de Tony, y que nos lleve a donde le diga el instinto, no hacia donde le señalen las estrellas.
El tenaz muchacho no tuvo otra que asumir su metedura de pata en forma de rabieta, bajar la cabeza y seguir a su amigo, quien ya se había adelantado colocándose en la espalda del grifo. John le miró, y, con una enorme sonrisa en la boca, se le dirigió amistosamente.
- Es el instinto el que nos ha traído hasta aquí, ¿no?
Un fuerte aleteo después, en la colina solo hubo hierba, frío y niebla.
Palacio de Ciudad Porcelana
Solo se escuchaban pasos. No había ninguna figura humana a la vista, a pesar de que la puerta del palacio estuviese abierta. La entrada decepcionaba, sin embargo, por su visible deterioro y color oscuro, respecto a la apariencia imponente y enriquecida que ofrecía desde el exterior. Las paredes estaban descoloridas, y en algunas partes manchadas de sangre. Los alguna vez preciosos cuadros que poblaban los muros de la entrada eran ahora, por desgracia, simples garabatos emborronados por la humedad y el tiempo. En vista de lo inánime del lugar, Bastian decidió volverse visible, puesto que no había indicios que le indicaran que podría verle nadie.
Caminaba tranquilamente observando aquel patéticamente espectacular lugar, cuando la enorme puerta del palacio se cerró tras él, provocando un terrible eco que resonó en todos y cada uno de los pasillos del palacio. En algún momento llegó a maldecir el suceso, temiendo que el ruido despertase a algún espíritu que habitase aquel lugar, pero rápidamente desechó la idea. Era imposible que existiesen fantasmas. Y era más imposible aún que él les temiera, él que había visto de todo.
Despertó de sus pensamientos y puso su atención en las anchas escaleras que se alzaban ante él, las cuales posteriormente se partían en dos para seguir cada hilo por su lado. Las escaleras, o más bien su apariencia, tampoco invitaban a subirlas. El tapiz rojo que las protegía de las pisadas estaba desgarrado en algunas zonas, en otras manchado de sangre, volviendo el brillante rojo que originalmente tenía la alfombra en un color más parecido al granate. Volvió a acordarse del espíritu errante. Se pegó un puñetazo en la cabeza, tratando de convencerse de que no había tales seres.
El bolsillo derecho de su chaqueta le pesaba más de la cuenta, pero no le dio demasiada importancia. Comenzó a subir las escaleras, y a cada una que subía, más dudas le aparecían en la cabeza. Se preguntó si había hecho bien en dejar con vida a Camus. Se preguntaba también el por qué el susodicho Camus jamás llegó a quedarse la pista, si tantos años estuvo viviendo en el palacio y la llave estaba en su poder. Cerca de una hora antes, en una de esas cientas de rocas flotantes alrededor de la Ciudad, tras haber escuchado el discurso del loco hombre, le durmió con una de las tantas sustancias sedantes que llevaba en el botiquín, el mismo botiquín con el que le había curado. Y le había robado la llave, básicamente, porque era su deber. No se atrevió a llevarse a Camus a palacio, pero tampoco a matarlo, ya que, en realidad, no suponía ninguna amenaza, y no le apetecía mancharse las manos de sangre si no era necesario. Había sido enviado para recoger la pista en cuestión, y todo lo demás le daba igual.
Siguió subiendo escalones, y cuando se presentó ante él el cruce, optó por dirigirse a la derecha. No por instinto, sino porque había obligado al bueno de Camus (antes de sedarlo, obviamente) a decir la ubicación exacta de lo que andaba buscando. Ahora que lo pensaba, ni siquiera sabía qué era, materialmente, lo que buscaba. Sólo sabía que era una "pista".
Y a medida que subía escaleras, el bolsillo derecho de su chaqueta, pesaba más.
La noche avanzaba a un ritmo vertiginoso. Tres horas después...
El incesante fluir del agua rociaba de sonido aquel silencioso lugar. Pequeñas y oscuras hierbecillas que brotaban del húmedo suelo bailaban, al compás de los vientos, creando una imagen de hermosa armonía entre el oscuro cielo y el claro césped.
Un enorme pájaro aterrizó en el lugar, y de su lomo bajaron dos muchachos, que, debido a la oscuridad, no podían ver ni medio palmo más allá de sus narices.
- ¿Aquí? -preguntó uno de ellos, Anthony.- Pues me suena a fiasco, el experimento del instinto...
- Calla y camina, leche. A falta de brújula, no nos quedaba otra, así que... -dijo el grifo, Tony, harto ya del refunfuñar de su arenoso compañero.
- Callaros los dos. Centraos en lo que nos ocupa, joder, que si no la llevamos clara en el asunto. Para empezar, ya me empieza a extrañar que no hayan llegado el resto aún.
- ¿Qué resto? -preguntaron los otros dos al unísono.
- Los del Puño -dijo John, antes de mirar al suelo, al llamarle la atención un bulto que había pisado.
Los tres jóvenes emitieron un sonido de horror, cuando comprobaron haber pisado un cadáver. Los ojos se les empezaban a acostumbrar a la oscuridad, y pudieron afirmar con espanto, que no era uno, sino varias decenas de cadáveres. Una voz les sorprendió.
- Corazones limpios... Alégrame ver tales seres por aquí -dijo, saliendo de las penumbras, un anciano barbudo, muy malherido.
- Quién... ¿Quién eres? -respondió Anthony, frunciendo el ceño, al no fiarse del individuo.
- No soy nadie, aunque... Ya... Supongo que da igual... -contestó, con una voz casi apagada, mientras se sentaba en el suelo.
- ¿Qué es lo que da igual? -preguntó John, mientras se le acercaba al anciano.
- No he sido capaz de proteger... El pasado de WolkenBerge. La guerra... -dijo, mientras alzaba su mirada para observar, con ojos brillantes y penetrantes, los ojos de John- Ha comenzado.
Una terrible explosión en mitad de la nada. Niebla. Una mano cercenada. Cientos de hombres luchaban lanza con lanza y espada con espada, bajo la implacable luz de la luna llena, opacada por una humareda y la incesante y fría blancura del alrededor.
El sonido de los filos, de los gritos de hombres desangrados, el desgarrador llanto de aquel al que le han cercenado el brazo, el ruido de las aún frescas y sangrientas cabezas cortadas al caer, el rugido de valor del que, aún con una espada clavada en el pecho, reparte sablazos a los que se le oponen. Cientas de personas se movían en una misma dirección mientras se mataban entre ellos, dejando detrás una roja estela de cadáveres.
- ¡¡¡Padrinoooo!!! -exclamó uno de aquellos luchadores, mientras clavaba su lanza en la dura cota de malla de su rival.- ¡¡ÓRDENES!! ¡¿Enviaremos alguna avanzadilla a por el tesoro?!
Una ola de ardiente fuego y punzantes rayos se llevó consigo a varios hombres, vestidos con una armadura negra. Otros, vestidos con una cota de malla roja, festejaban la masacre, cuando a su vez, algunos de ellos eran asesinados por los del bando rival.
- ¡¡IRÉ YO PERSONALMENTE!! -exclamó Van, completamente exhaltado, aunque sin parar de reducir efectivos oponentes.- ¡¡Que vengan conmigo diez hombres más!! -tras decir esto, alzó la voz, buscando un oído perdido entre toda aquella muchedumbre ensangrentada.- ¡¡¡AGATHAAAAA!!! ¡¡¡ESTÁS AL MANDOOOOO!!!
- ¡¡Oído, Padrino!! -exclamó la pequeña muñeca de porcelana, mientras asestaba potentes y precisos puñetazos y patadas que a sus rivales les penetraban el gaznate como espadas. Nada más decir eso, notó una inquietante presencia a su alrededor. Dubitativa, se reafirmó.- ¡¡Confía en mí... Van!!
El que había pedido órdenes y otros nueve más persiguieron al joven como pudieron entre tanta gente. A su alrededor, brotaban en cualquier momento cabezas, corazones, arrancados sin piedad de sus respectivos cuerpos. A uno de esos diez hombres le atravesó una lanza en su afán de alcanzar a su líder, pero los restantes ignoraron el suceso. Un cadáver cayó ante tres de ellos, pero siguieron corriendo.
Metros más adelante, y sin cesar de matar gente a su paso, Van corría, cegado por aquello que trataba de conseguir. Se acordó de Camus. De que le dijo la localización equivocada. No del todo equivocada, a pesar de todo, pero... Al fin y al cabo, la pista no estaba donde estuvo tiempo atrás. Se la llevaron. Pero ahora sabía, por fin, dónde estaba la clave para conseguir lo que más ansiaba en la vida... Sí... La Corona le serviría... Rescataría a su hermana.
Sumido en sus pensamientos en plena guerra, era cuestión de tiempo que algún filo cruzado le sorprendiese, como así fue. Algún enemigo deslizó su espada por la tensa cara del joven, provocándole un corte de envergadura considerable. Cayó al suelo. Los que le venían por detrás corrieron raudos a ayudarle.
- ¡¡Corred, panda de inútiles!! ¡¡Corred, no moriré aquí!! -exclamó, tras electrocutar al que le había propiciado la herida. Una furiosa voz paró en seco la carrera de los valientes, una voz que se levantó, por encima de los gritos de rabia y sangre.
- ¡¡¡PARAAAAAAAAAAD!!! -una imponente figura se alzó, con su capa gris ondeando al viento, sobre una colina de cuerpos inánimes. La niebla pareció disiparse, seguramente por las ganas de los guerreros por ver lo que sucedía. Sujetaba con su mano derecha a una pequeña criatura, que hacía lo posible por defenderse. Van, incapaz de reaccionar ante el espectáculo, completamente en shock, no pudo moverse.
- A... Agatha... -fue lo único que llegó a susurrar. El sonido de los filos desapareció. Aquel hombre, el Caballero de la Rosa Gris, tenía sujetada por el cuello a su fiel compañera. Nadie se atrevía a mediar palabra, ni a atacar a traición.
- Escúchame, "Bestia"... -comenzó a hablar el del Puño.- ¡¡¿QUÉ PIENSAS HACER?!! -hubo un corto silencio.- ¡¡¡SOIS MENOS Y PEORES LUCHADORES!!! ¡¡Y TÚ... NO ERES NADA!! ¡¡¿ES ESTA TU SEGUNDA AL MANDO?!! -Van permaneció en silencio. Su rabia iba creciendo.- ¡¡¡¡LA PODRÍA APLASTAR AHORA MISMO!!!! Pero sería de mala persona... -esbozó una cruel sonrisa- ¡¡La corona no debería estar bajo la posesión de alguien tan insensible!! O... ¿acaso es lo contrario? ¿Prefieres que la mate?
- ¿Qué coño le pasa? -dijo uno de los de su propia armada por lo bajini a alguno de sus rivales.- Se está contradiciendo...
- ¡¡Van!! -exclamó Agatha, medio ahogada por la presión de la mano Cambridge sobre su cuello.- ¡No te preocupes por mí y vete! -sonrió tristemente, y una lágrima comenzó a caer sobre su fría y pálida mejilla.- Estaré bien... Siempre lo he estado... Desde que te vi por primera vez.
Van seguía en silencio. Los nueve que aún le seguían le dedicaron una mirada interrogativa. El joven les ignoró, pues el Caballero de la Rosa Gris procedió a continuar su monólogo, sin soltar a la pequeña e indefensa Agatha.
- ¡¡JAMÁS LA CONSEGUIRÁS!! ¡¡TENGAS EL PROPÓSITO QUE TENGAS!! ¡¡¡YO SERÉ EL SOBERANO QUE ENCUENTRE LA CORONA!!! ¡¡Y ÉSTA ES LA DEMOSTRACIÓN!!!
El puño del General de División del Puño se cerró, creando a su alrededor una lluvia de porcelana. Los pequeños, nimios trozos del cuello de Agatha cayeron, uno a uno, al suelo. El resto de su cuerpo se rompió también al entrar en contacto con uno de esos cadáveres del suelo. Su cara, aún entera pero inánime, también se empotró contra el suelo, ante la atónita mirada de los presentes. El Caballero pisoteó el ya troceado cuerpo de la muñeca, hasta hacer del cadáver un cúmulo de migas.
- Era... Una miserable... Muñeca de porcelana -dijo. Los ojos de Van, mientras, parecían salirse de sus órbitas. Se le hinchó la vena de la frente, y comenzó a emitir sonidos de rabia incontrolable.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡HIIJOO DE PUUTAAAAAAAAAAA!!!!!!!
El joven se abalanzó sobre el cruel hombre, pero alguien de los nueve que le seguían, vestido aún con cota de malla negra, se interpuso entre los dos, agarrando al desbocado Van. Este último lloraba desesperado, tratando de soltarse de la odiosa detención de su amigo, hasta que se dio cuenta de que este también lloraba.
- John... -dijo el muchacho, al apreciar el peinado afro y las marcadas facciones del hombre.- ¿Por qué lo haces?
- Van... Desde el principio... fuimos cuatro -Van tragó saliva.- Desde que llegaste a la isla desde Rondinum... -se le escaparon varias lágrimas a la vez.- ¡HEMOS SIDO MÁS QUE COMPAÑEROS DE TRABAJO, JODER! ¡HEMOS SIDO AMIGOS, Y EN EL FONDO DE ESE DURO CORAZÓN LO SABES! Cinco amigos... Agatha, Zezilio, Tight, tú y yo, Van. Todos iguales, pese a las diferencias de rango. Y en esta ocasión no existe esa diferencia, ¡POR ESO ME SIENTO EN LA OBLIGACIÓN DE OFRECERTE UNA VÍA DE ESCAPE Y ENTRETENER A ESTE ASESINO, Y VENGAR A AGATHA! Por favor... -le empujó.- Vete.
Tres horas antes, en el tortuoso camino desde la Base del Puño de Ónice hasta la localización de la Pista...
- Tight, ¿sabes que bás le gustaba a bi tía Clotilde? El calor de la estufa en invienno ... ¡ATCHUÁ! Una vez, bi herbano pequeño se cayó a la estufa... ni te ibaginas qué bal lo pasó el pobre, y...
John Winnfield notó de pronto un frío acero al lado de su sien. Escuchó unas amenazantes palabras en su oído.
- No gritéis -John se dio cuenta de que su compañero Tight estaba en la misma situación. Observó, a su vez, que los atracadores, o quienes fueran, llevaban el mismo uniforme que ellos.
- No teggo nigguna intención de hacerlo -respondió, con gesto serio, mirando con sus penetrantes ojos negros a aquel que había osado ponerle el cañón de la pistola apuntando a la cabeza.
- ¿Ah, no? -insistió el pistolero.- ¿Quiénes sois? Sin mentiras. Jamás os había visto en la Base.
- Jamás hemos estado en ella. Somos John Winnfield y Tight Golpez, de Murder INC. ¿Por qué deberíamos gritar? -lanzó la pregunta Tight, con un tono bastante fanfarrón.
- Porque... Soy el Caballero de la Rosa Negra -respondió uno de los atacadores, concretamente el que había amenazado a John, enfundando el arma y poniéndose frente a frente con el atacado.- No entiendo qué hacéis disfrazados de nosotros, en ese caso. Acaso... ¿sois espías que "La Bestia" ha mandado para detener el plan de Cambrige?
- No exactamente -respondió Winnfield, sin alterar su segura y sonriente expresión.- Sobos dos hobbres de La Bestia, sí, pero fuibos capturados por el Caballero de la Rosa Gris, y ahora vabos en su tropa para reencontrarnos con nuestro Padrino al llegar al "Lugar".
- ¿¡Por qué se lo cuentas, imbécil!? -exclamó Tight, tras lo cual el Caballero de la Rosa Negra le asestó un buen golpe en la nuca, dejándolo inconsciente.
- Gilipollas... Menos mal que la niebla ha enmudecido esos putos gritos -después miró a John.- Lo que me importa es que no estás en el mismo bando que Cambrige. Solo eso. No sé cuáles son vuestros propósitos en el caso de conseguir la Corona, pero...
- Es una cuestión del pasado del Padrino. No tienes derecho a saber nada -cortó tajante John.
- De acuerdo. Solo quiero lanzaros una propuesta... de alianza. Puede que seamos enemigos después, pero aliarse, ahora, puede ser el único modo de pararle los pies. ¿Qué me dices?...
- No soy nadie para aceptar alianzas y yo tabbién desconozco vuestros propósitos... -esbozó una leve sonrisa- Y no es la única banera, pues un gran pirata ha llegado a la isla para no dejarle cubplir su propósito a ese estúpido... Pero aceptaré.
Tres horas después, de aquello, enfrente de una cascada de fluir incesante y un prado de fresca y enrojecida hierba, un anciano conversaba con tres muchachos.
- ¿Pero no estaba aquí la "Pista" para llegar a una de esas reliquias, anciano? -preguntó Anthony, tratando de sacar información al deprimido hombre que tenía enfrente.
- Lo estuvo... Alguna vez... Hace cosa de diez años... WolkenBerge dejó de ser lo que era... Para convertirse en una lucha sin cuartel por la Corona del Soberano...
- Está desvariando un montón -susurró Tony a la oreja de John, tras lo cual el otro asintió, desaprobando el discurso del anciano.
Un silencio absoluto, con la excepción del sonido del agua, tomó la zona.
- Eh esto... -comenzó a decir John ante la pasividad de sus amigos.- Señor, necesito que me conteste a dos preguntas: La primera, ¿quién es usted? Y la segunda... ¿nos puede contar lo que pasó hace diez años en vez de soltar frases sueltas sin sentido? -el anciano lo miró medio llorando. Anthony dio un codazo a John.
- Muy fino...
- El joven tiene razón. ¿Qué quién soy yo? Nadie... Al menos ahora. Yo... pude ser el guardián de la Pista, un peón sacrificado en pos de un mundo en equilibrio... Pero hace diez años, llegó a oídos del rey de este país, Pol XVI, que una de esas Diez Antiguas Maravillas podría hallarse en WolkenBerge. No escatimó esfuerzos en buscarlo. Pasaron cien noches, hasta que un batallón, comandado por su consejero Camus Casper, llegó aquí. No encontraron la Corona, pero encontraron la clave de encontrarla. Este era un lugar casi onírico, bello -las lágrimas brotaban de sus ojos- y yo era el guardián de la Llave. La Llave que abre el cofre de la Pista para encontrar la Corona del Soberano.
- Entonces... ¿La Corona no está aquí? -preguntó John. Seis sombras les observaban desde las sombras.
- No exactamente. Camus regresó a Palacio y le informó al Rey... Que volvió con todas sus tropas, Camus incluido, a por la llave. Me sorprendió la actitud de aquel mandatario. Trató de conseguir la Llave de manera diplomática, y aún cuando me negué y le expliqué el porqué de no poder llevarse la Llave, ergo, la Pista... Me tendió la mano, me saludó y regresó con todos sus hombres a Ciudad Porcelana. Tenía un corazón puro aquel hombre y le podía haber dado la Llave, y me encantaría extenderme acerca de él, pero el tiempo apremia. No se la di. Craso error.
- Continúe, viejo -dijo John, tras lo cual Anthony le volvió a pegar un codazo.- ¿Por qué fue un error?
- Su consejero Camus no regresó todavía. Se ocultó en la niebla, cual cazador voraz que espera a su presa. Y se la llevó. No pude pararle los pies. No sé cómo, pero consiguió descubrir la localización de la Pista.
- ¿Dónde está? -preguntó, ansioso, Tony.- ¿Qué es?
- Una simple Oración, corazones limpios... Está en la torre más alta del lugar más alto de WolkenBerge... Y Camus lo descubrió... Armó una revuelta contra el Rey, atacándole por sorpresa desde la Ciudad. Lo asesinó a sangre fría, pero durante la guerra, la cual se extendió durante cinco días y cinco noches dejando el palacio en ruinas, Camus, el único que sabía de la localización de la Pista para encontrar la Corona... Recibió un fuerte golpe en la cabeza, perdiendo parcialmente su memoria. Pero se quedó con la llave... WolkenBerge perdió más de la mitad de sus habitantes, y el resto, temiendo que algo así pueda volver a suceder, están huyendo de la isla.
- ¿Y estos cadáveres? ¿Qué significa esto? ¡¡Anciano, quiero explicaciones!! -exclamó John, furioso por la increíble y trágica historia de que un hombre, cegado por su ambición y ganas de poder, no tuvo reparos en traicionar a su país y destruirlo.
- La historia se repite. Dos bandos... Murder INC y El Puño de Ónice... lo saben... Y van camino de Palacio, mientras se matan entre ellos. Aunque les he mentido sobre una cosa... No les he desvelado la existencia de la llave. Al llegar al lugar, si es que llegan al final, se encontrarán con un cofre cerrado a cal y canto, indestructible e inútil. Pero la muerte... es inevitable. Esta es mi venganza sobre esta isla, mi venganza sobre la estupidez del hombre. Confío en que un corazón limpio... Sea capaz de arreglar lo que entre todos nos hemos ocupado de destruir.
Los cuatro quedaron en silencio. John miró a la cara a sus dos amigos, y se levantó. La niebla se iba disipando poco a poco, a medida que el tiempo pasaba. No necesitaba saber más, no necesitaba tener más. No sabía quién era realmente su enemigo, pero aquel que se quisiese llevar la Corona, lo sería. Seis sombras aparecieron desde las penumbras al fin.
- Buen discurso, anciano. Era hora de que supiese lo que sucedió aquí de verdad. El secreto mejor guardado en la isla.
- ¿Quién eres? -preguntó John sin siquiera alterar su iracunda mirada.
- Robert Aldridge, el Caballero de la Rosa Negra, General de División del Puño de Ónice. Y veo en tus ojos el mismo objetivo que yo... Eres un gran pirata, sin duda...
Cerca de Ciudad Porcelana, un cadáver sobre cientos de otros, era sujetado por el cuello por el asesino que lo había dejado así. Un hombre con capa gris observaba a su víctima mortal, relamiéndose una herida que el otro le había causado en el labio inferior. La cara inánime del asesinado parecía haber sufrido los efectos de una asfixia. Mientras tanto, otros cientos de hombres se batían en batalla, dejando mojar de nueva sangre la sangre seca, de gritos de dolor el cielo que les fue prometido y jamás llegaron a conseguir.
- Demasiado valiente por tu parte... John Winnfield.
Palacio de Ciudad Porcelana
Bastian Bloodrop insertó la gran Llave en la cerradura de aquel pequeño cofre. Era una pequeña caja de algún extraño material cuya dureza estaba fuera de toda duda. El corazón le latía a mil revoluciones, y sudaba por los nervios. Había tenido que abrir una puerta enorme que buscó por la sala del Trono, hasta que la encontró detrás del mismo Sillón Real. Tragó saliva.
La sala era de una blancura impecable. Le picaba la curiosidad. ¿Cómo era posible que aquello estuviese tan nítido cuando el resto del Palacio estaba en ruinas, y, sobre todo, cuando nadie había entrado en aquella sala durante Dios sabe cuantos años? El cofre lo había encontrado sobre un pequeño pedestal de oro macizo, y rodeado de impresionantes grabados y estatuas en las paredes de metal de reyes.
A medida que el cofre se abría, la cara del hombre se iba iluminando. El cofre terminó de abrirse. A Bastian Bloodrop le temblaban las manos. Era algo tan fuera de los alcances de sus conocimientos, que se limitó a cogerlo y a guardarlo en el bolsillo, llevándose la llave consigo también.
- Una... Simple Oración... -dijo, temblando, a medida que desaparecía y se alejaba del lugar.
Fuera, en algún lugar de la isla, una de esas rocas flotantes dejó de ser flotante para ser solo roca, y se impulsó, como si de su destino se tratase, al profundo abismo de WolkenBerge...
Continuará...
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- - Personajes simples pero importantes, como Zezilio (por fin tiene nombre xD), es decir, el fantasma que apareció en el cap. 31, han de tener su importancia, por mínima que sea, en la historia.
- Agatha y Zezilio pertenecen a la misma raza, una isla lejana en la que todos los seres son terroríficos. Molaría la isla, ¿eh?
- Un flashback sobre la llegada de Van a la isla no estaría nada mal. Así como otro sobre el pasado de la propia isla, cómo Camus robó la Llave, la guerra que hubo... etc. Aunque esto es más opcional, porque explicado, está.
- John todavía piensa que el Caballero de la Rosa Negra fue quien le atrapó en la base, pero no es así. Negro debe aclarárselo a John antes de aliarse, que se aliarán, pues persiguen el mismo objetivo.
- Si Gris muere, una muerte de Negro (por lo de la fruta, por lo que sea) sería la leche, aunque sea muy opcional.
Un saludo!!
En breves edito y pongo unos pocos personajes a proponer aquí.
Un saludo!
SÍ.
- yupi
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Re: Los Panteras Negras V3.
No sabía que cambiaron la saga próxima por la de Diego (lo entiendo, dado que desaparecí xD), sigo teniendo un poco de lío, pero creo que me animaré a intentar el 42 xD


Luchar contra el más fuerte es la mejor manera de entrenarse
- wild animal
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por wild animal »
Traigo mi propuesta del capitulo 42.
El personaaaje que habla asiii, es pooor queee habla con aceeento italiaaano.
Capitulo 42
El personaaaje que habla asiii, es pooor queee habla con aceeento italiaaano.
Capitulo 42
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- Porcelana y SangreWolkenberg era posiblemente una de las islas más extrañas de Grand Line. Su niebla era permanente, la luz del sol jamás la atravesaba, pero había un detalle único, en Wolkenberg las rocas flotaban libremente. Estas hacían un espectáculo único, parecieran bailar en el aire, y curiosamente jamás chocaban entre sí, como si supieran a donde dirigirse. La isla era uno de los lugares más inhóspitos del mundo, hacía años que al gobierno no le interesaba, una guerra había acabado con todo, a pesar de ser una isla enorme con grandes puertos, hoy solo había abandono y muerte. Sobre todo hoy, el día que las calles antes blancas de la ciudad de porcelana se vestían de sangre, como recordando lo que pasó hacia años, y que Wolkenberg jamás conocería la paz.
En la ciudad de porcelana, dentro del castillo, sobre la torre más alta había un secreto, un tesoro tan grande que valía la pena matar por él, y lo habían hecho. Un hombre con manos temblorosas salía de una enorme habitación, con manos temblorosas tocaba el pequeño cofre en su abrigo maltrecho, su cuerpo temblaba también, y hasta sus dientes castañeaban ligeramente. Una pequeña placa de oro de no más de 10 centímetros estaba en el centro del cofre, y en ella grabado con letra increíblemente fina, una oración
Donde la tierra y el cielo se unen, el Santo guiara tu camino, y la corona te hará rey.
Bastian se detuvo en seco, miró nervioso, tenía la sensación de que alguien lo observaba, tal vez algún fantasma, o alguien invisible, aunque sabía que eso era imposible, solo una persona en el mundo era invisible, y era él.
Un enorme portazo a lo lejos lo asusto, era bastante miedoso aun para ser un pirata, pero era justificable, él había visto todo, lo había presenciado todo, por eso se hacía llamar a si mismo ¨precavido¨. Con una mano acariciaba nervioso su grasiento cabello negro que le pasaba los hombros, y la intercalaba con una barba algo larga con toques blancos, tenía esa tendencia desde siempre.
Bastian no era lo que se podía decir un guerrero, era muy miedoso, nadie pensaría que estaba en una tripulación tan fuerte. Pero Bastian era listo, y muy útil, capaz de pasar inadvertido al hacerse invisible a voluntad, lo que lo hacia uno de los mejores espías del mundo, a pesar de su miedo constante. Él tenía una explicación para su miedo, Bastian cometió un error hace muchos años, Bastian miro a su jefe a los ojos, desde ese día no ha podido volver a dormir sin tener pesadillas.
Pensaba mucho mientras reanimaba el paso y no dejaba de tocar la caja, ¿Dónde la tierra y el cielo se unen?, ¿Qué podía significar eso?, ¿el Santo guiará tu camino?, su mente trabajaba a todo lo que podía dar.
-El Santo, el Santo –Se repetía una y otra vez golpeándose la frente. -¿Qué significa?
Tenía una ligera idea, había escuchado rumores sobre una isla, pero no estaba seguro, lo único que sabía es que en ese lugar no lo resolvería, debía volver a viajar, ir a la isla siguiente, buscar la siguiente pista, al fin y al cabo era su trabajo habitual.
Solo una palabra se escuchó cuando el único ser vivo en el castillo hablo, algo como ¨Rondinum¨.
Cueva debajo de la cascada
-¿Eres del puño? –Preguntó John poniéndose en posición de defensa. -¿Eres el maldito que me encerró en la celda?
-¿De qué coño estás hablando? –Pregunto Robert. –En mi vida jamás te había visto, ¿Cómo poder olvidar ese rostro horrible?
-¿A QUIEN COÑO LLAMASTE HORRIBLE? –Gritó John intentando ir sobre Robert, pero fue detenido por un rápido Tony que lo sujetaba por la espalda.
-A callar –Dijo Anthony que escuchaba algo impaciente, después volteó con Robert y de forma tranquila pero fría dijo. -¿Quién demonios es usted?
-Soy Robert –Dijo haciendo una exagerada alabanza quitándose el sombrero mientras agitaba la mano donde traía el mismo, un saludo común en las cortes -y creedme piratas, que no soy su enemigo, y yo no fui quien te captu… -No termino la frase, una imagen venía a su mente, cuando Ruud el exlíder de la base le mencionó algo sobre unos presos capturados misteriosamente, y lo entendió, ese debió haber sido Gris.
-Eres del puño de Onix, eres un caza recompensas, ¿Cómo puedes decir que no somos enemigos? –Preguntó Tony
-Créanme piratas –Dijo de forma seria. –Que si no fueran circunstancias especiales ya habría entrado en duelo con ustedes, pero estamos en un apuro todos.
Ante tales palabras tanto John, Anthony y Tony pusieron seria atención.
-En esta isla –Continuo Robert. –Se encuentra un viejo enemigo, un ser sin escrúpulos y despiadado, el cual busca hacerse con un poder sin igual, debemos detenerlo.
-Aun así somos enemigos –Dijo Tony.
-Escúchenme –Lo dijo de forma seria y mirando al piso, como recordando viejos tiempos o un pasado triste. –El puño esta para proteger, para ayudar, el mundo está lleno de bestias crueles que azotan a los inocentes –Ligeras lagrimas derramaban por su rostro al recordar a su familia con esas palabras. –Las personas no deben pagar por la libertad y la justicia, es un derecho. Ante nosotros tenemos a una de las mentes más retorcidas del mundo, y no debemos permitir que se haga con el poder. –Las lágrimas ya tocaban el suelo. –Juro que aunque me cueste la vida, no dejaré que Gris dañe a los inocentes. Aun tu John Conde lo entenderás.
John miro a Robert, y con una enorme sonrisa se acercó a él.
-Lo entiendo –Dijo tocando su hombro. –Solo tengo una petición –Apretó un puño frente a su cara. -La bestia es mía.
Ciudad de porcelana.
La ciudad se vestía de rojo, la que alguna vez fue una de las capitales más bellas del mundo ahora solo mostraba sangre y muerte. Aun con la niebla todo era perfectamente divisible, grandes jardines destrozados, muros que eran más blancos que la nieve ahora lucían manchas por doquier, manchas rojas. La poca gente que quedaba intentaba huir, pero la mayoría caía victima en el fuego cruzado.
-Jeeefe, jeeefe –Decía un hombre calvo de unos 40 años, vestido con un elegante traje a quien corría frente a él, un joven de no más de 25 años, con cabello blanco, y enormes alas que salían de su elegante traje.
-¿Qué quiere Beens? –Preguntó el joven. Su cara mostraba preocupación, preocupación, dolor, y ojos algo rojos, como si hubiera llorado.
-¿A dooonde nos dirigiiimos? –Preguntó Beens con su extraño acento.
-A la torre –Gritó el jefe. –Agatha dijo que es ahí donde está, y si podemos intentaremos detener al puño con el plan que tracé.
-¿Y si Agatha se equivoooca? –Beens apenas podía respirar al igual que los otros 8 que lo acompañaban, solo su jefe parecía no haberse cansado ni un poco.
-Agatha jamás se equivocó mientras vivió. –Eso último le dolió pronunciarlo.
Hace 30 minutos, dentro de la cueva de la cascada
Un grupo de hombres entraba sigilosamente, la avanzada no constaba de más de 10 hombres. Estos notaron que no se trataba de una cueva normal, en sus muros habían gravados, símbolos extraños, y dibujos, los cuales parecían contar una historia. Pero no había tiempo para eso, el caballero de la rosa gris había dado la orden de investigar el lugar, y si todo salía bien, todos compartirían ese poder, eso había prometido él.
La cueva era oscura, la poca luz provenía de las antorchas, las cuales les habían ayudado a ver los grabados. Había 2 cosas que los acompañaba, la oscuridad, y el insipiente sonido del agua fluir, agua que caía de una cascada al enorme vacío hasta evaporarse.
Un grito rompió la oscuridad, 3 hombres cayeron muertos, los soldados se asustaron, el que parecía ser el líder se comunicaba por un den den mushi con alguien.
-Jefe tenemos un problema, ¨asha¨ enfrente algo pasa, hay algo aquí y no creo… -No termino la oración cuando una espada filosa atravesó su estómago. En su último suspiro pudo ver a un anciano con una espada, y un segundo después a un hombre con un traje gris que aparecía detrás de él, como si siempre hubiera estado ahí.
El anciano volteo y con su espada intentó detenerlo como a los demás hombres, pero este se movió con una velocidad increíble, sin siquiera sacar su espada esquivaba al hombre sin problemas. Y luego de un tajante golpe en el estómago hizo que se retorciera doblándose y cayendo de rodillas.
-¿Este es el famoso guardián?, ¿De esto debo cuidarme? –Gris reía mientras con una mano alzaba al anciano de sus harapos poniéndolo frente a su rostro. –Ahora anciano, dime donde está.
-No te te lo diré –Decía el anciano con voz temblorosa aun colgando, su enorme barba blanca lucia raída, vieja y sucia, y ahora la acompañaban marcas de sangre por el golpe que había recibido.
Gris ante la negativa comenzó a apretar su garganta con una fuerza sobre humana.
-No serías el primero que asesino hoy por información anciano. –La mano de Gris, con la cual sostenía al anciano comenzó a teñirse de rojo, y esto se propagó al anciano, el cual comenzó a quejarse, algo pasaba en su cuerpo, algo desagradable y doloroso lo había infectado.
-¿Te gusta? –Preguntó Gris. –Es mi akuma no mi, me da el control de las esporas, y hoy has caído bajo un poderoso veneno, un veneno que te matará si no me dices la verdad.
El anciano se asustó y comenzó a gritar.
-Está bien está bien, lo diré –Dijo. –Pero no está aquí, nunca estuvo aquí, solo la llave descansaba en esta cueva, pero esa fue robada hacemucho, la pista está en el palacio, ahora descansa en la torre más alta-
-¿Qué? –Se sorprendió Gris.
-Ahora libérame –Dijo el anciano cayendo al suelo y sujetado su garganta, sálvame.
Gris lo vio por un segundo, la imagen le provocó asco y placer al mismo tiempo, un anciano moribundo, de rodillas en el suelo. El anciano en sí le daba asco, pero este sufría, y eso le gustaba a Gris, el dolor ajeno era música para sus oídos, el dolor, muerte, sufrimiento, eran divertidos, emocionantes, ver la sangre era un espectáculo para él, ¿Por qué privarse de ese lujo? De repente algo lo distrajo, entre las sombras le pareció ver algo, una pequeña criatura había corrido fuera de la cueva, la cual había escuchado todo, aunque era imposible, tal vez alguna alucinación, por un momento creyó ver una pequeña muñeca de porcelana que los espío entre las sombras.
Actualidad
El puño y Murder inc jamás habían tenido un enfrentamiento como este, las muertes se contaban por decenas, a los 70 hombres de Gris se les habían sumado los demás miembros del puño en Wolkenberg distribuidos en las pequeñas aldeas. Mientras que Murder inc luchaba con todos sus hombres, hombres que habían podido mantener al puño al ras por mucho tiempo. Ambos grupos eran fuertes, pero lo que tenían de fuertes, lo tenían de crueles.
-POR AQUÍ –Gritó Gris a su ejército dirigiéndolos entre una calle entre edificios. Sus hombres lo siguieron sin pensarlo. Estos entraron sigilosos entre los edificios, habían logrado evadir a Murder Inc, si atravesaban esa calle estarían cerca de la torre.
Los sonidos de la guerra se disiparon un poco entre los edificios. De repente algo pasó, una fuerte luz morada seguida de una fuerte explosión. Parte del edificio al final de la calle se derrumbó bloqueando el pasó. Los soldados se sorprendieron y no alcanzaron a reaccionar cuando una segunda explosión ocurrió tras ellos dejándolos encerrados.
-Esto no me gusta. –Dijo uno de los soldados.
Frente a ellos, una figura con alas se divisó entre la niebla. Van los miraba con ojos fríos, con una mano sostenía un puro en su boca.
-Háganlo –Dijo a nadie en particular.
50 hombres armados con poderosas metralletas aparecieron en la cima de los edificios provocando una lluvia de balas a los soldados indefensos que estaban debajo, soldados que no podían hacer nada, soldados que morían uno tras otro.
Gris sin embargo parecía no tener problema, con una velocidad impresionante esquivaba las balas y sostenía varios cadáveres sobre él usándolos de escudo, aunque algunos de esos cuerpos seguían vivos cuando los usó.
-HE REDUCIDO A NADA TU MAYOR VENTAJA CAMBRIGE –Gritó Van desde lo alto cuando la lluvia de balas termino. –AHORA TU EJERCITO NO ES NADA FRENTE A MI ESTRATEGIA. –De un salto llegó al callejón encerrado, donde lo esperaba alguien, el único sobreviviente, ¨Gris¨.
-No te quedarás con la pista –Dijo Gris. –La corona del soberano será mía. –Lentamente desenfundó su espada, una bella y poderosa pieza que brillaba como el diamante, y en su punta se veían enormes manchas rojas, como si las luciera orgulloso.
-Me importa una mierda la corona –Dijo Van. –No la quiero para mí, debo entregársela a un amigo.
-Que tierno. –Dijo Gris aplaudiendo y comenzando a reír, su cabeza tubo movimientos involuntarios, se retorcía de lado una y otra vez, eso le pasaba cuando veía mucha sangre y estaba dispuesto a matar, pareciendo todo un psicópata. –Creo fallaras tu misión.
De un movimiento rápido atravesó los 20 metros que los separaban y golpeo a Van en el estómago. Este se impresiono, no le dio oportunidad de activar su intangibilidad, él era veloz, pero Gris era impresionantemente rápido.
Un segundo golpe intentó darle al Gángster pero este lo esquivo volviéndose plasma y reformándose detrás de Gris lanzándolo lejos con una fuerte patada la cual hiso que destruyera algunas columnas provocando una nube de escombros.
Gris salió de entre las ruinas furioso, de un salto llegó hasta Van y trató de cortarlo con su espada, una y otra vez atacaba mientras el joven trataba de esquivarlo volviéndose plasma una y otra vez. Van logró sostener las manos de Gris para evitar usara su espada. De repente sus manos se volvieron rojas, y comenzaron a recorrer las manos de Van, este por instinto las convirtió en plasma elevando la temperatura evitando el daño.
Gris gritó de dolor al contacto con las manos hirviendo, y soltó una patada que alejo a Van unos 50 metros justo para atravesarlo con su espada.
El movimiento de la espada fue rápido cuando lo atravesó de arriba abajo. Van cayó adolorido, logró regenerarse de nuevo pero parecía cansado. La ciudad tembló ligeramente mientras el gángster respiraba con dificultad
Sobre los edificios sus esbirros miraban sorprendidos mientras se sostenían de donde podían por el movimiento del suelo que duraron unos segundos.
-¿Ziriiilo que paaasa? –Preguntó un hombre dirigiéndose a quien estaba junto a él. No parecía asustado a pesar de que su acompañante era un ser fantasmal. -¿Qué le pasa al jefe?, ¿Por qué la isla tiembla?
-La isla. –Dijo Zirilo con una voz sumamente fina. –Corre peligro.
-¿A queee te refieeeres?, vamos ya niñaaato, ¿Qué coño estaaa pasando?
-Tú no lo sabes por ser nuevo, de hecho solo 5 personas sabíamos de esto. El jefe es la razón por la que la mayoría de las rocas flotan. Antes todas se elevaban ligeramente sobre el suelo por el electromagnetismo que emana la isla, pero al llegar el jefe actuó como un catalizador elevándolas de forma permanente, si el jefe muere, queda inconciente, se aleja demasiado o tan solo con que se fatigue tanto que no pueda usar sus poderes toda la maldita ciudad se vendrá abajo.
-No lo permitiré –Dijo un tercer hombre justo a su lado saltando al campo de batalla, un hombre sin un brazo.
Van respiraba de forma rápida, el sudor recorria su frente, iracundo mostraba sus dientes. Sus manos brillaban y de ellas ligeros rayos salían.
-¿Es todo lo que tienes ¨bestia¨? –Reía Gris. –Te creía mas fuerte.
-No te he mostrado –Dijo Van recuperándose, lentamente se levantó y su respiración se volvió normal. –Mi verdadero poder.
Van doblo una rodilla y con un puño toco el suelo, de repente un pequeño remolino de luz apareció sobre él, este comenzó a lanzar rayos por todas partes, cortando el concreto de los edificios como un cuchillo cortando mantequilla.
-Estelar ray fusión –Dijo para sí mismo.
-Oh no –Se asustó Gris. Con movimiento rápido esquivo 2 rayos pequeños que intentaron alcanzarlo, no eran ni la décima parte de fuertes que el rayo usado contra Tony, pero si como para dañarlo. Luego otros 2 más, y otros más. Estos no parecían dirigidos, su enemigo era fuerte pero no parecía controlar bien sus habilidades, debía matarlo antes de que aprendiera.
Van no se movía, parecía muy concentrado en el centro de aquel pequeño remolino de energía, con el puño aun tocando el suelo. Gris se acercaba con dificultades, con enormes saltos esquivaba los rayos que al azar se acercaban a él, pero lo peor era el calor, ese horrible calor.
Por fin, después de varios intentos logró llegar al centro de aquel infierno, y con todas sus fuerzas soltó un puño, pero tuvo que detenerlo por el calor, era inmenso. Con un brazo cubría su rostro para protegerlo. De nuevo intentó acercar el puño, y esta vez de un movimiento llegó al rostro de su enemigo lanzándolo algunos metros para atrás.
El remolino desapareció al instante, Gris saltó sobre Van y trató de volver a atravesarlo con la espada. Cuando estaba a centímetros de su rostro fuertes balas desviaron la hoja haciendo que fallara.
Gris volteo furioso y vio a un hombre con una metralleta por brazo disparando.
-MATASTE A JOHN –Gritaba furioso.
Como una sombra gris desapareció y llegó junto a su atacante partiendo su arma en 2 con un movimiento, después lo lanzó al suelo con una patada apretando su cuello con su pie.
Van se recuperó y vio cómo su amigo estaba atrapado. Gris lo volteo a ver con una sonrisa psicópata y de un tajo atravesó su corazón.
-TIIIGHT –Gritó Van. –Stelar bullets. -Apuntó a Gris como si sostuviera una pistola de juguete. Ligeras luces salían de su mano y golpearon a Gris alejándolo varios metros del cadáver, como si hubieran usado pistolas, como si sus manos fueran pistolas de plasma.
Gris se puso de pie y miro su obra orgulloso, le gustaba el dolor ajeno, frente a él, había lo que llamaba un ¨espectáculo¨.
Van caminó hacia Tight lentamente, no le importaba que su enemigo estaba solo a unos metros y podía atacar en cualquier momento, no le importaba la pista, no le importaba nada.
Llegó al cadáver y se arrodilló junto a él. –Tight –Dijo abrazándolo, sus ojos estaban lloroso. –Perdóname por arrastrarte a esto amigo.
Y ahí, en medio de la guerra y los cadáveres, abrazando desconsoladamente a su amigo, Van comenzó a llorar. Sollozos salían de él, con fuerza apretaba el cadáver de su amigo, con fuerza que podía partir rocas, y seguramente ya habían triturado la columna del cadáver.
De nuevo lo perdía todo, primero sus padres, su hermana, ahora a sus amigos, parecía destinado a ver a sus seres queridos morir o perderlos. Con cuidado se quitó el fino saco y con respeto lo puso sobre el rostro de Tight no sin antes cerrar sus ojos.
Con una ira antes no vista en él volteo a ver a Gris el cual sonreía ante el dolor de su enemigo.
Van se puso de pie, sus puños sacaban rayos mientras brillaban, su cuerpo se tensó, sus músculos se preparaban. Iracundo mostraba sus dientes mientras su respiración se hacia rápida.
-Sabes –Dijo arrancándose la camisa de un movimiento rápido, su pecho mostraba una cicatriz enorme, hecha por un marine hacía muchos años, cicatriz que subía y bajaba con su respiración que era entrecortada por la ira. –Jamás te conté –Apretó los puños –Porque me llaman LA BESTIA.
Continuara…
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- Notas:
-Quise explicar lo que no saltamos en otros capítulos. El ¿Por qué la acción se movio a la ciudad (y la pista) si era en la cascada, di una explicación a lo mismo, el grupo de Gris llegó a la cascada y lo averiguo, la muñeca como espia de Van lo escucho todo, por eso no se enfrentaron los grupos en la cueva.
-Explique todos los detalles expresados por Traffy, empezando a cerrar la saga
-El espía de Belzeb me pareció bien hacerlo normalito, no un general poderoso y over, alguien con miedos, un espía, no un guerrero, además menciona que no duerme sin pesadillas desde que vio a Belzeb a los ojos (sin decir el nombre). Tambien recordemos viene de un mar horrible.
-John y Robert (Negro), se unen para detener a Gris y a Van (sin saber que estos pelean entre si).
-Quise mostrar las habilidades de Gris y Van. A Gris lo hice veloz y un fuerte espadachín (para que quede con negro que es mosquetero), así como con una velocidad impresionante. A Van lo hice fuerte pero con defectos, no es como Anthony o Cocodrilo que se convierten en logia por reacción, Van no está siempre hecho plasma. Usa la intangibilidad pero solo en combate, aun así Gris pudo golpearlo cuando este estaba concentrado en su ataque.
-Zirilo el fantasma explica el funcionamiento de la isla (es uno de los pocos testigos de cuando pasó todo).
-Quise dar momentos de drama y acción.
-Se puede ver que Van es un estratega y no tiene piedad al eliminar a los hombres del puño sin reparos.
-Gris es un verdadero psicopata al disfrutar el sufrimiento ajeno.
Última edición por wild animal el Lun Ene 13, 2014 10:47 pm, editado 1 vez en total.
- Vito Corleone
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por Vito Corleone »
Vayamos con la crítica del capítulo del amigo wild:wild animal escribió:Traigo mi propuesta del capitulo 42.
El personaaaje que habla asiii, es pooor queee habla con aceeento italiaaano.
Capitulo 42
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Porcelana y SangreWolkenberg era posiblemente una de las islas más extrañas de Grand Line. Su niebla era permanente, la luz del sol jamás la atravesaba, pero había un detalle único, en Wolkenberg las rocas flotaban libremente. Estas hacían un espectáculo único, parecieran bailar en el aire, y curiosamente jamás chocaban entre sí, como si supieran a donde dirigirse. La isla era uno de los lugares más inhóspitos del mundo, hacía años que al gobierno no le interesaba, una guerra había acabado con todo, a pesar de ser una isla enorme con grandes puertos, hoy solo había abandono y muerte. Sobre todo hoy, el día que las calles antes blancas de la ciudad de porcelana se vestían de sangre, como recordando lo que pasó hacia años, y que Wolkenberg jamás conocería la paz.
En la ciudad de porcelana, dentro del castillo, sobre la torre más alta había un secreto, un tesoro tan grande que valía la pena matar por él, y lo habían hecho. Un hombre con manos temblorosas salía de una enorme habitación, con manos temblorosas tocaba el pequeño cofre en su abrigo maltrecho, su cuerpo temblaba también, y hasta sus dientes castañeaban ligeramente. Una pequeña placa de oro de no más de 10 centímetros estaba en el centro del cofre, y en ella grabado con letra increíblemente fina, una oración
Donde la tierra y el cielo se unen, el Santo guiara tu camino, y la corona te hará rey.
Bastian se detuvo en seco, miró nervioso, tenía la sensación de que alguien lo observaba, tal vez algún fantasma, o alguien invisible, aunque sabía que eso era imposible, solo una persona en el mundo era invisible, y era él.
Un enorme portazo a lo lejos lo asusto, era bastante miedoso aun para ser un pirata, pero era justificable, él había visto todo, lo había presenciado todo, por eso se hacía llamar a si mismo ¨precavido¨. Con una mano acariciaba nervioso su grasiento cabello negro que le pasaba los hombros, y la intercalaba con una barba algo larga con toques blancos, tenía esa tendencia desde siempre.
Bastian no era lo que se podía decir un guerrero, era muy miedoso, nadie pensaría que estaba en una tripulación tan fuerte. Pero Bastian era listo, y muy útil, capaz de pasar inadvertido al hacerse invisible a voluntad, lo que lo hacia uno de los mejores espías del mundo, a pesar de su miedo constante. Él tenía una explicación para su miedo, Bastian cometió un error hace muchos años, Bastian miro a su jefe a los ojos, desde ese día no ha podido volver a dormir sin tener pesadillas.
Pensaba mucho mientras reanimaba el paso y no dejaba de tocar la caja, ¿Dónde la tierra y el cielo se unen?, ¿Qué podía significar eso?, ¿el Santo guiará tu camino?, su mente trabajaba a todo lo que podía dar.
-El Santo, el Santo –Se repetía una y otra vez golpeándose la frente. -¿Qué significa?
Tenía una ligera idea, había escuchado rumores sobre una isla, pero no estaba seguro, lo único que sabía es que en ese lugar no lo resolvería, debía volver a viajar, ir a la isla siguiente, buscar la siguiente pista, al fin y al cabo era su trabajo habitual.
Solo una palabra se escuchó cuando el único ser vivo en el castillo hablo, algo como ¨Rondinum¨.
Cueva debajo de la cascada
-¿Eres del puño? –Preguntó John poniéndose en posición de defensa. -¿Eres el maldito que me encerró en la celda?
-¿De qué coño estás hablando? –Pregunto Robert. –En mi vida jamás te había visto, ¿Cómo poder olvidar ese rostro horrible?
-¿A QUIEN COÑO LLAMASTE HORRIBLE? –Gritó John intentando ir sobre Robert, pero fue detenido por un rápido Tony que lo sujetaba por la espalda.
-A callar –Dijo Anthony que escuchaba algo impaciente, después volteó con Robert y de forma tranquila pero fría dijo. -¿Quién demonios es usted?
-Soy Robert –Dijo haciendo una exagerada alabanza quitándose el sombrero mientras agitaba la mano donde traía el mismo, un saludo común en las cortes -y creedme piratas, que no soy su enemigo, y yo no fui quien te captu… -No termino la frase, una imagen venía a su mente, cuando Ruud el exlíder de la base le mencionó algo sobre unos presos capturados misteriosamente, y lo entendió, ese debió haber sido Gris.
-Eres del puño de Onix, eres un caza recompensas, ¿Cómo puedes decir que no somos enemigos? –Preguntó Tony
-Créanme piratas –Dijo de forma seria. –Que si no fueran circunstancias especiales ya habría entrado en duelo con ustedes, pero estamos en un apuro todos.
Ante tales palabras tanto John, Anthony y Tony pusieron seria atención.
-En esta isla –Continuo Robert. –Se encuentra un viejo enemigo, un ser sin escrúpulos y despiadado, el cual busca hacerse con un poder sin igual, debemos detenerlo.
-Aun así somos enemigos –Dijo Tony.
-Escúchenme –Lo dijo de forma seria y mirando al piso, como recordando viejos tiempos o un pasado triste. –El puño esta para proteger, para ayudar, el mundo está lleno de bestias crueles que azotan a los inocentes –Ligeras lagrimas derramaban por su rostro al recordar a su familia con esas palabras. –Las personas no deben pagar por la libertad y la justicia, es un derecho. Ante nosotros tenemos a una de las mentes más retorcidas del mundo, y no debemos permitir que se haga con el poder. –Las lágrimas ya tocaban el suelo. –Juro que aunque me cueste la vida, no dejaré que Gris dañe a los inocentes. Aun tu John Conde lo entenderás.
John miro a Robert, y con una enorme sonrisa se acercó a él.
-Lo entiendo –Dijo tocando su hombro. –Solo tengo una petición –Apretó un puño frente a su cara. -La bestia es mía.
Ciudad de porcelana.
La ciudad se vestía de rojo, la que alguna vez fue una de las capitales más bellas del mundo ahora solo mostraba sangre y muerte. Aun con la niebla todo era perfectamente divisible, grandes jardines destrozados, muros que eran más blancos que la nieve ahora lucían manchas por doquier, manchas rojas. La poca gente que quedaba intentaba huir, pero la mayoría caía victima en el fuego cruzado.
-Jeeefe, jeeefe –Decía un hombre calvo de unos 40 años, vestido con un elegante traje a quien corría frente a él, un joven de no más de 25 años, con cabello blanco, y enormes alas que salían de su elegante traje.
-¿Qué quiere Beens? –Preguntó el joven. Su cara mostraba preocupación, preocupación, dolor, y ojos algo rojos, como si hubiera llorado.
-¿A dooonde nos dirigiiimos? –Preguntó Beens con su extraño acento.
-A la torre –Gritó el jefe. –Agatha dijo que es ahí donde está, y si podemos intentaremos detener al puño con el plan que tracé.
-¿Y si Agatha se equivoooca? –Beens apenas podía respirar al igual que los otros 8 que lo acompañaban, solo su jefe parecía no haberse cansado ni un poco.
-Agatha jamás se equivocó mientras vivió. –Eso último le dolió pronunciarlo.
Hace 30 minutos, dentro de la cueva de la cascada
Un grupo de hombres entraba sigilosamente, la avanzada no constaba de más de 10 hombres. Estos notaron que no se trataba de una cueva normal, en sus muros habían gravados, símbolos extraños, y dibujos, los cuales parecían contar una historia. Pero no había tiempo para eso, el caballero de la rosa gris había dado la orden de investigar el lugar, y si todo salía bien, todos compartirían ese poder, eso había prometido él.
La cueva era oscura, la poca luz provenía de las antorchas, las cuales les habían ayudado a ver los grabados. Había 2 cosas que los acompañaba, la oscuridad, y el insipiente sonido del agua fluir, agua que caía de una cascada al enorme vacío hasta evaporarse.
Un grito rompió la oscuridad, 3 hombres cayeron muertos, los soldados se asustaron, el que parecía ser el líder se comunicaba por un den den mushi con alguien.
-Jefe tenemos un problema, ¨asha¨ enfrente algo pasa, hay algo aquí y no creo… -No termino la oración cuando una espada filosa atravesó su estómago. En su último suspiro pudo ver a un anciano con una espada, y un segundo después a un hombre con un traje gris que aparecía detrás de él, como si siempre hubiera estado ahí.
El anciano volteo y con su espada intentó detenerlo como a los demás hombres, pero este se movió con una velocidad increíble, sin siquiera sacar su espada esquivaba al hombre sin problemas. Y luego de un tajante golpe en el estómago hizo que se retorciera doblándose y cayendo de rodillas.
-¿Este es el famoso guardián?, ¿De esto debo cuidarme? –Gris reía mientras con una mano alzaba al anciano de sus harapos poniéndolo frente a su rostro. –Ahora anciano, dime donde está.
-No te te lo diré –Decía el anciano con voz temblorosa aun colgando, su enorme barba blanca lucia raída, vieja y sucia, y ahora la acompañaban marcas de sangre por el golpe que había recibido.
Gris ante la negativa comenzó a apretar su garganta con una fuerza sobre humana.
-No serías el primero que asesino hoy por información anciano. –La mano de Gris, con la cual sostenía al anciano comenzó a teñirse de rojo, y esto se propagó al anciano, el cual comenzó a quejarse, algo pasaba en su cuerpo, algo desagradable y doloroso lo había infectado.
-¿Te gusta? –Preguntó Gris. –Es mi akuma no mi, me da el control de las esporas, y hoy has caído bajo un poderoso veneno, un veneno que te matará si no me dices la verdad.
El anciano se asustó y comenzó a gritar.
-Está bien está bien, lo diré –Dijo. –Pero ya no está aquí, la pista fue robada y llevada al palacio, ahora descansa en la torre más alta-
-¿Qué? –Se sorprendió Gris.
-Ahora libérame –Dijo el anciano cayendo al suelo y sujetado su garganta, sálvame.
Gris lo vio por un segundo, la imagen le provocó asco y placer al mismo tiempo, un anciano moribundo, de rodillas en el suelo. El anciano en sí le daba asco, pero este sufría, y eso le gustaba a Gris, el dolor ajeno era música para sus oídos, el dolor, muerte, sufrimiento, eran divertidos, emocionantes, ver la sangre era un espectáculo para él, ¿Por qué privarse de ese lujo? De repente algo lo distrajo, entre las sombras le pareció ver algo, una pequeña criatura había corrido fuera de la cueva, la cual había escuchado todo, aunque era imposible, tal vez alguna alucinación, por un momento creyó ver una pequeña muñeca de porcelana que los espío entre las sombras.
Actualidad
El puño y Murder inc jamás habían tenido un enfrentamiento como este, las muertes se contaban por decenas, a los 70 hombres de Gris se les habían sumado los demás miembros del puño en Wolkenberg distribuidos en las pequeñas aldeas. Mientras que Murder inc luchaba con todos sus hombres, hombres que habían podido mantener al puño al ras por mucho tiempo. Ambos grupos eran fuertes, pero lo que tenían de fuertes, lo tenían de crueles.
-POR AQUÍ –Gritó Gris a su ejército dirigiéndolos entre una calle entre edificios. Sus hombres lo siguieron sin pensarlo. Estos entraron sigilosos entre los edificios, habían logrado evadir a Murder Inc, si atravesaban esa calle estarían cerca de la torre.
Los sonidos de la guerra se disiparon un poco entre los edificios. De repente algo pasó, una fuerte luz morada seguida de una fuerte explosión. Parte del edificio al final de la calle se derrumbó bloqueando el pasó. Los soldados se sorprendieron y no alcanzaron a reaccionar cuando una segunda explosión ocurrió tras ellos dejándolos encerrados.
-Esto no me gusta. –Dijo uno de los soldados.
Frente a ellos, una figura con alas se divisó entre la niebla. Van los miraba con ojos fríos, con una mano sostenía un puro en su boca.
-Háganlo –Dijo a nadie en particular.
50 hombres armados con poderosas metralletas aparecieron en la cima de los edificios provocando una lluvia de balas a los soldados indefensos que estaban debajo, soldados que no podían hacer nada, soldados que morían uno tras otro.
Gris sin embargo parecía no tener problema, con una velocidad impresionante esquivaba las balas y sostenía varios cadáveres sobre él usándolos de escudo, aunque algunos de esos cuerpos seguían vivos cuando los usó.
-HE REDUCIDO A NADA TU MAYOR VENTAJA CAMBRIGE –Gritó Van desde lo alto cuando la lluvia de balas termino. –AHORA TU EJERCITO NO ES NADA FRENTE A MI ESTRATEGIA. –De un salto llegó al callejón encerrado, donde lo esperaba alguien, el único sobreviviente, ¨Gris¨.
-No te quedarás con la pista –Dijo Gris. –La corona del soberano será mía. –Lentamente desenfundó su espada, una bella y poderosa pieza que brillaba como el diamante, y en su punta se veían enormes manchas rojas, como si las luciera orgulloso.
-Me importa una mierda la corona –Dijo Van. –No la quiero para mí, debo entregársela a un amigo.
-Que tierno. –Dijo Gris aplaudiendo y comenzando a reír, su cabeza tubo movimientos involuntarios, se retorcía de lado una y otra vez, eso le pasaba cuando veía mucha sangre y estaba dispuesto a matar, pareciendo todo un psicópata. –Creo fallaras tu misión.
De un movimiento rápido atravesó los 20 metros que los separaban y golpeo a Van en el estómago. Este se impresiono, no le dio oportunidad de activar su intangibilidad, él era veloz, pero Gris era impresionantemente rápido.
Un segundo golpe intentó darle al Gángster pero este lo esquivo volviéndose plasma y reformándose detrás de Gris lanzándolo lejos con una fuerte patada la cual hiso que destruyera algunas columnas provocando una nube de escombros.
Gris salió de entre las ruinas furioso, de un salto llegó hasta Van y trató de cortarlo con su espada, una y otra vez atacaba mientras el joven trataba de esquivarlo volviéndose plasma una y otra vez. Van logró sostener las manos de Gris para evitar usara su espada. De repente sus manos se volvieron rojas, y comenzaron a recorrer las manos de Van, este por instinto las convirtió en plasma elevando la temperatura evitando el daño.
Gris gritó de dolor al contacto con las manos hirviendo, y soltó una patada que alejo a Van unos 50 metros justo para atravesarlo con su espada.
El movimiento de la espada fue rápido cuando lo atravesó de arriba abajo. Van cayó adolorido, logró regenerarse de nuevo pero parecía cansado. La ciudad tembló ligeramente mientras el gángster respiraba con dificultad
Sobre los edificios sus esbirros miraban sorprendidos mientras se sostenían de donde podían por el movimiento del suelo que duraron unos segundos.
-¿Ziriiilo que paaasa? –Preguntó un hombre dirigiéndose a quien estaba junto a él. No parecía asustado a pesar de que su acompañante era un ser fantasmal. -¿Qué le pasa al jefe?, ¿Por qué la isla tiembla?
-La isla. –Dijo Zirilo con una voz sumamente fina. –Corre peligro.
-¿A queee te refieeeres?, vamos ya niñaaato, ¿Qué coño estaaa pasando?
-Tú no lo sabes por ser nuevo, de hecho solo 5 personas sabíamos de esto. El jefe es la razón por la que la mayoría de las rocas flotan. Antes todas se elevaban ligeramente sobre el suelo por el electromagnetismo que emana la isla, pero al llegar el jefe actuó como un catalizador elevándolas de forma permanente, si el jefe muere toda la maldita ciudad se vendrá abajo.
-No lo permitiré –Dijo un tercer hombre justo a su lado saltando al campo de batalla, un hombre sin un brazo.
Van respiraba de forma rápida, el sudor recorria su frente, iracundo mostraba sus dientes. Sus manos brillaban y de ellas ligeros rayos salían.
-¿Es todo lo que tienes ¨bestia¨? –Reía Gris. –Te creía mas fuerte.
-No te he mostrado –Dijo Van recuperándose, lentamente se levantó y su respiración se volvió normal. –Mi verdadero poder.
Van doblo una rodilla y con un puño toco el suelo, de repente un pequeño remolino de luz apareció sobre él, este comenzó a lanzar rayos por todas partes, cortando el concreto de los edificios como un cuchillo cortando mantequilla.
-Estelar ray fusión –Dijo para sí mismo.
-Oh no –Se asustó Gris. Con movimiento rápido esquivo 2 rayos pequeños que intentaron alcanzarlo, no eran ni la décima parte de fuertes que el rayo usado contra Tony, pero si como para dañarlo. Luego otros 2 más, y otros más. Estos no parecían dirigidos, su enemigo era fuerte pero no parecía controlar bien sus habilidades, debía matarlo antes de que aprendiera.
Van no se movía, parecía muy concentrado en el centro de aquel pequeño remolino de energía, con el puño aun tocando el suelo. Gris se acercaba con dificultades, con enormes saltos esquivaba los rayos que al azar se acercaban a él, pero lo peor era el calor, ese horrible calor.
Por fin, después de varios intentos logró llegar al centro de aquel infierno, y con todas sus fuerzas soltó un puño, pero tuvo que detenerlo por el calor, era inmenso. Con un brazo cubría su rostro para protegerlo. De nuevo intentó acercar el puño, y esta vez de un movimiento llegó al rostro de su enemigo lanzándolo algunos metros para atrás.
El remolino desapareció al instante, Gris saltó sobre Van y trató de volver a atravesarlo con la espada. Cuando estaba a centímetros de su rostro fuertes balas desviaron la hoja haciendo que fallara.
Gris volteo furioso y vio a un hombre con una metralleta por brazo disparando.
-MATASTE A JOHN –Gritaba furioso.
Como una sombra gris desapareció y llegó junto a su atacante partiendo su arma en 2 con un movimiento, después lo lanzó al suelo con una patada apretando su cuello con su pie.
Van se recuperó y vio cómo su amigo estaba atrapado. Gris lo volteo a ver con una sonrisa psicópata y de un tajo atravesó su corazón.
-TIIIGHT –Gritó Van. –Stelar bullets. -Apuntó a Gris como si sostuviera una pistola de juguete. Ligeras luces salían de su mano y golpearon a Gris alejándolo varios metros del cadáver, como si hubieran usado pistolas, como si sus manos fueran pistolas de plasma.
Gris se puso de pie y miro su obra orgulloso, le gustaba el dolor ajeno, frente a él, había lo que llamaba un ¨espectáculo¨.
Van caminó hacia Tight lentamente, no le importaba que su enemigo estaba solo a unos metros y podía atacar en cualquier momento, no le importaba la pista, no le importaba nada.
Llegó al cadáver y se arrodilló junto a él. –Tight –Dijo abrazándolo, sus ojos estaban lloroso. –Perdóname por arrastrarte a esto amigo.
Y ahí, en medio de la guerra y los cadáveres, abrazando desconsoladamente a su amigo, Van comenzó a llorar. Sollozos salían de él, con fuerza apretaba el cadáver de su amigo, con fuerza que podía partir rocas, y seguramente ya habían triturado la columna del cadáver.
De nuevo lo perdía todo, primero sus padres, su hermana, ahora a sus amigos, parecía destinado a ver a sus seres queridos morir o perderlos. Con cuidado se quitó el fino saco y con respeto lo puso sobre el rostro de Tight no sin antes cerrar sus ojos.
Con una ira antes no vista en él volteo a ver a Gris el cual sonreía ante el dolor de su enemigo.
Van se puso de pie, sus puños sacaban rayos mientras brillaban, su cuerpo se tensó, sus músculos se preparaban. Iracundo mostraba sus dientes mientras su respiración se hacia rápida.
-Sabes –Dijo arrancándose la camisa de un movimiento rápido, su pecho mostraba una cicatriz enorme, hecha por un marine hacía muchos años, cicatriz que subía y bajaba con su respiración que era entrecortada por la ira. –Jamás te conté –Apretó los puños –Porque me llaman LA BESTIA.
Continuara…
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- Notas:
-Quise explicar lo que no saltamos en otros capítulos. El ¿Por qué la acción se movio a la ciudad (y la pista) si era en la cascada, di una explicación a lo mismo, el grupo de Gris llegó a la cascada y lo averiguo, la muñeca como espia de Van lo escucho todo, por eso no se enfrentaron los grupos en la cueva.
-Explique todos los detalles expresados por Traffy, empezando a cerrar la saga
-El espía de Belzeb me pareció bien hacerlo normalito, no un general poderoso y over, alguien con miedos, un espía, no un guerrero, además menciona que no duerme sin pesadillas desde que vio a Belzeb a los ojos (sin decir el nombre). Tambien recordemos viene de un mar horrible.
-John y Robert (Negro), se unen para detener a Gris y a Van (sin saber que estos pelean entre si).
-Quise mostrar las habilidades de Gris y Van. A Gris lo hice veloz y un fuerte espadachín (para que quede con negro que es mosquetero), así como con una velocidad impresionante. A Van lo hice fuerte pero con defectos, no es como Anthony o Cocodrilo que se convierten en logia por reacción, Van no está siempre hecho plasma. Usa la intangibilidad pero solo en combate, aun así Gris pudo golpearlo cuando este estaba concentrado en su ataque.
-Zirilo el fantasma explica el funcionamiento de la isla (es uno de los pocos testigos de cuando pasó todo).
-Quise dar momentos de drama y acción.
-Se puede ver que Van es un estratega y no tiene piedad al eliminar a los hombres del puño sin reparos.
-Gris es un verdadero psicopata al disfrutar el sufrimiento ajeno.
- Spoiler: Mostrar
- - Hay dos cosas que se podrían llamar "errores", en mi opinión: Lo primero es que en el capítulo anterior ya se dejó entrever que era la Pista lo que hacía flotar la isla (es cierto que la explicación del magnetismo es más lógica, pero todos sabemos que Van no va a morir, es decir, la isla jamás se hundiría. Propongo, pero está claro, si los demás no lo prefieren no se hará, que el cofre de la pista tuviese adjunto un mecanismo de defensa, que hiciese que cuando la pista fuese arrancada de su sitio, la isla se derrumbase. No sé, cosas más raras se han visto xDD
- Y lo segundo, que la pista jamás ha estado en la cascada. Ahí había una llave, que abría el cofre de la pista. Pero Camus la robó y descubrió el paradero del cofre, aunque en la guerra recibió un golpe en la cabeza y lo olvidó. Es decir, volviendo al capítulo, si pones que Gris le preguntó acerca de la pista no diga que estuvo en la cascada, sino que está en palacio pero no podrá conseguirla (refiriéndose a que no tenía la llave).
- Luego las faltas de ortografía, dificultan a veces la lectura. Pero son comprensibles y fácilmente corregibles, no es necesario hacer una montaña de un grano de arena.
Pasemos a lo positivo:
- Me ha encantado la personalidad de Gris, su poder y en general la lucha contra Van. Mata a Tight, a Winnfield ya Agatha, un móvil innegable para que Van lo asesine xD. Bien todo acerca del Caballero en este capítulo.
- Has aclarado definitivamente lo de la prisión, lo de Negro/Gris y la alianza entre Negro y John, genial.
- Brutal la parte de Bastian, la Oración, la personalidad de alguien en teoría tan importante y el motivo de su miedo... Soberbio.
- Me ha encantado la parte en la que fusilan a los hombres de Gris.
- La posterior pelea, Gris vs Van, es de lo mejor en lo que llevamos de saga. Muestras las debilidades y las virtudes de cada uno, punto a favor.
- ¡¡GRACIAS!! ¡Has reciclado al Argentinoo! Aunque lo hayas asesinado en seguida (
) me ha gustado el detalle.
- Pinceladas de la próxima saga. ¡¡¡¡BRUTAL!!!! Y muy sutiles, me encantan estas cosas.
Resumiendo, un gran capítulo, pero por favor, corrige esas dos cosas (en realidad no son fallos muy BUUUH, pero dificultan la comprensión de una saga ya de por sí enmarañada). Enhorabuena, me ha gustado, sobre todo tras un periodo tan inactivo como el que hemos pasado.
Me alegro de que te lo tomes bien, tenía miedo de que alguien se enfadara... En fin, si propones para el 42 me alegraré un montón, tras meses habrá dos propuestas para un mismo capítulo (y pocos jueces xDDDD)Yupi escribió:No sabía que cambiaron la saga próxima por la de Diego (lo entiendo, dado que desaparecí xD), sigo teniendo un poco de lío, pero creo que me animaré a intentar el 42 xD
SÍ.
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por wild animal »
El capitulo ya fue editado, está en el post anterior, viene marcado con azul los 2 detalles, principalmente la llave y el sistema de flote de la isla.
La verdad preferí usar un sistema mas explicable, una mezcla entre las nubes que elevan (casi como Skipiea) descrita en la descripción de Bargas en el capitulo 30, así como el electromagnetismo por el metal que se encuentra en las rocas (como se explica en el capitulo de Yupi ¨Nav¨). Así evitamos 2 errores.
El primero es hacer un pequeño DEM dando una explicación casi magica de al quitar el cofre se desactiva el flote (que no digo esté mal
)
Lo segundo, evitamos contradecir lo dicho en otros capitulos (los 2 mencionados), ademas debo decir que viene corregido y no ocupa morir Van, solo perder el conocimiento, las fuerzas o alejarse, para dar cabida a diferentes finales
La verdad preferí usar un sistema mas explicable, una mezcla entre las nubes que elevan (casi como Skipiea) descrita en la descripción de Bargas en el capitulo 30, así como el electromagnetismo por el metal que se encuentra en las rocas (como se explica en el capitulo de Yupi ¨Nav¨). Así evitamos 2 errores.
El primero es hacer un pequeño DEM dando una explicación casi magica de al quitar el cofre se desactiva el flote (que no digo esté mal
Lo segundo, evitamos contradecir lo dicho en otros capitulos (los 2 mencionados), ademas debo decir que viene corregido y no ocupa morir Van, solo perder el conocimiento, las fuerzas o alejarse, para dar cabida a diferentes finales
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por Vito Corleone »
Bien, correcto, he mirado la edición y así ya sí me gusta del todo xDDD. Hombre, no tenía por qué ser mágica, un mecanismo electromagnético bien ideado se podría utilizar, siempre que no fuese de varita y polvos mágicos, claro está. Es decir, me gusta la idea de que Van mantenga a flote la isla... Pero el único problema que le veo a eso es que si eso fuese así, antes de que Van llegase a la isla, las rocas no flotarían, y todo, las escaleras que pasaron los Panteras al llegar, serían increíblemente nuevos. Lo que no me encaja es eso, está claro que al final el objetivo es que la isla acabe yéndose a tomar por saco, y lo de en medio da un poco igual si lo uno o lo otro, pero son detalles.wild animal escribió:El capitulo ya fue editado, está en el post anterior, viene marcado con azul los 2 detalles, principalmente la llave y el sistema de flote de la isla.
La verdad preferí usar un sistema mas explicable, una mezcla entre las nubes que elevan (casi como Skipiea) descrita en la descripción de Bargas en el capitulo 30, así como el electromagnetismo por el metal que se encuentra en las rocas (como se explica en el capitulo de Yupi ¨Nav¨). Así evitamos 2 errores.
El primero es hacer un pequeño DEM dando una explicación casi magica de al quitar el cofre se desactiva el flote (que no digo esté mal)
Lo segundo, evitamos contradecir lo dicho en otros capitulos (los 2 mencionados), ademas debo decir que viene corregido y no ocupa morir Van, solo perder el conocimiento, las fuerzas o alejarse, para dar cabida a diferentes finales
Propondré para el 43. Una cosita para todos: no podemos olvidar lo del dolor de cabeza del cap. 31. Es decir, cuando el electromagnetismo se desactive por la razón que sea, los de la isla deberían verse afectados por el cambio de gravedad y de tensión arterial y toda esa parafernalia.
Antes que nada, Yupi, si vas a proponer para el 42 dilo pronto, para no perder más tiempo del que ya llevamos atrasado... Gracias
Caña al asunto, Panteras!
SÍ.
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Re: Los Panteras Negras V3.
Crítica del cap. 42
- Spoiler: Mostrar
- Un buen capítulo, ha tenido de todo, momentos épicos, peleas, datos relevantes para el arco argumental y varias aclaraciones. Has tenido pocas faltas de ortografía (mayoritariamente tildes sin importancia), y la extensión del capítulo me parece adecuada, no es muy largo, pero tampoco es corto.
Ahora, los aspectos que me han parecido relevantes, el primero es la explicación de que Van es el pilar que mantiene a flote la ciudad, te ha quedado muy bien Wilda, pero me gustaría comentar una cosa ajena a lo que has escrito y que creo que deberíamos considerar. Me refiero al por qué de que Van mantenga a flote la ciudad, no recuerdo que le diéramos una explicación, y Van no es el tipo de persinas que hace cosas así porque sí. Además también tendríamos que recalcar cómo se originó la organización de "La Bestia" y cómo se fundó la ciudad, aunque eso podemos dejarlo para el final.
Si ya se han respondido las cuestiones de arriba perdonad mi memoria, porque no lo recuerdo xD.
Lo que más me ha gustado ha sido la pelea entre Gris y Van, sobre todo la parte en la que se sacrifican sus compañeros, quizá un poco más de sentimiento a las muertes le hubiera dado el toque especial, pero sin duda un momento épico.
Por lo demás me ha gustado mucho, has representado a Gris tal y como yo lo tenía pensado, un mosquetero sádico que lucha con agresividad. Se agradece mucho el capítulo Wilda, estamos bastante retrasados respecto a como estábamos en los comienzos del tema y ver propuestas es como una bocanada de aire fresco.

- wild animal
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por wild animal »
Jaja Traffy no te preocupes, nadie pensó en polvos magicos, lo que me referia era a una explicación nueva, sin mencionar antes, algo repentino.
Lo de ¿por que Van actua como catalizador?, la respuesta es facil, es involuntario, pero solo aplica en Wolkenberg, por el metal que hay en la isla (explicado en el capitulo de Yupi ¨Nav¨). En el capitulo se explica que las rocas SI flotan por si solas, pero solo un poco, esto creo era necesario, Van para poder hacer flotar las rocas tan alto necesitaba que primero flotasen ya las mismas. La escalera estoy contigo Traffy, aunque podemos decir que son relativamente nuevas, recordemos debajo de la ciudad hay un vacio, creo es el lugar ideal para que antes de la llegada de Wolkenberg se encontraba la misma (flotando un poco), la escalera fue la solución al acceso.
Otro detalle para apoyar la teoria del electromagnetismo es que sería bueno que Van sintiera las islas para poder servir como navegante (ademas que nadie tiene un log pose hasta el momento XD), hablando de eso, intenté mencionar el barco pero no me dio espacio
Por cierto, creo que Garrak se ha ganado el derecho a ser juez, podría participar como juez si se presenta Yupi
Lo de ¿por que Van actua como catalizador?, la respuesta es facil, es involuntario, pero solo aplica en Wolkenberg, por el metal que hay en la isla (explicado en el capitulo de Yupi ¨Nav¨). En el capitulo se explica que las rocas SI flotan por si solas, pero solo un poco, esto creo era necesario, Van para poder hacer flotar las rocas tan alto necesitaba que primero flotasen ya las mismas. La escalera estoy contigo Traffy, aunque podemos decir que son relativamente nuevas, recordemos debajo de la ciudad hay un vacio, creo es el lugar ideal para que antes de la llegada de Wolkenberg se encontraba la misma (flotando un poco), la escalera fue la solución al acceso.
Otro detalle para apoyar la teoria del electromagnetismo es que sería bueno que Van sintiera las islas para poder servir como navegante (ademas que nadie tiene un log pose hasta el momento XD), hablando de eso, intenté mencionar el barco pero no me dio espacio
Por cierto, creo que Garrak se ha ganado el derecho a ser juez, podría participar como juez si se presenta Yupi
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por Vito Corleone »
Lo remarcado es lo que no acabo de entender xDDwild animal escribió:Jaja Traffy no te preocupes, nadie pensó en polvos magicos, lo que me referia era a una explicación nueva, sin mencionar antes, algo repentino.
Lo de ¿por que Van actua como catalizador?, la respuesta es facil, es involuntario, pero solo aplica en Wolkenberg, por el metal que hay en la isla (explicado en el capitulo de Yupi ¨Nav¨). En el capitulo se explica que las rocas SI flotan por si solas, pero solo un poco, esto creo era necesario, Van para poder hacer flotar las rocas tan alto necesitaba que primero flotasen ya las mismas. La escalera estoy contigo Traffy, aunque podemos decir que son relativamente nuevas, recordemos debajo de la ciudad hay un vacio, creo es el lugar ideal para que antes de la llegada de Wolkenberg se encontraba la misma (flotando un poco), la escalera fue la solución al acceso.
Otro detalle para apoyar la teoria del electromagnetismo es que sería bueno que Van sintiera las islas para poder servir como navegante (ademas que nadie tiene un log pose hasta el momento XD), hablando de eso, intenté mencionar el barco pero no me dio espacio
Por cierto, creo que Garrak se ha ganado el derecho a ser juez, podría participar como juez si se presenta Yupi
¿Se supone entonces que antes WolkenBerge estaba por debajo del nivel del mar? O ¿es ahora cuando realmente está por encima del nivel del mar? Solo necesito que se me aclare eso. En ese caso, quedaría bien que parezca que la ciudad se cae a causa de que Van a perdido el conocimiento/lo que sea, pero que se den cuenta de que el magnetismo natural de la isla mantendrá la misma a flote... y sin embargo, la isla siga cayendo a causa de que la pista ha sido robada.
En cuanto pueda os traigo el capítulo 43 ^^
SÍ.
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por wild animal »
XD no entiendo lo del nivel del mar
.
Me refiero a que podemos decir que Wolkenberg. Me explico. Sería algo extraño que las rocas flotaran derepente con la llegada de alguien, Yupi en ¨Nav¨explica que las rocas tiene un mineral que reacciona con el electromagnetismo de la isla. Van amplifica inconscientemente el electromagnetismo (como Akainu puede aumentar el calor de un lugar pero a mayor escala), de hecho Yupi lo menciona en el capitulo diciendo que lo amplifica.
Esto también para evitar que en alguna otra isla las rocas floten, decir que tienen un metal especial.
Lo del abismo creo nos puede ayudar, debajo de la ciudad de porcelana hay un agujero (el abismo), ese pudo haber sido hecho al levantarse originalmente la ciudad (hace muchisimos años), osea que puede servir para reforzar la explicación.
Traffy espero con ancia tu capitulo
Me refiero a que podemos decir que Wolkenberg. Me explico. Sería algo extraño que las rocas flotaran derepente con la llegada de alguien, Yupi en ¨Nav¨explica que las rocas tiene un mineral que reacciona con el electromagnetismo de la isla. Van amplifica inconscientemente el electromagnetismo (como Akainu puede aumentar el calor de un lugar pero a mayor escala), de hecho Yupi lo menciona en el capitulo diciendo que lo amplifica.
Esto también para evitar que en alguna otra isla las rocas floten, decir que tienen un metal especial.
Lo del abismo creo nos puede ayudar, debajo de la ciudad de porcelana hay un agujero (el abismo), ese pudo haber sido hecho al levantarse originalmente la ciudad (hace muchisimos años), osea que puede servir para reforzar la explicación.
Traffy espero con ancia tu capitulo
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por Vito Corleone »
Con lo del nivel del mar me refiero:wild animal escribió:XD no entiendo lo del nivel del mar.
Me refiero a que podemos decir que Wolkenberg. Me explico. Sería algo extraño que las rocas flotaran derepente con la llegada de alguien, Yupi en ¨Nav¨explica que las rocas tiene un mineral que reacciona con el electromagnetismo de la isla. Van amplifica inconscientemente el electromagnetismo (como Akainu puede aumentar el calor de un lugar pero a mayor escala), de hecho Yupi lo menciona en el capitulo diciendo que lo amplifica.
Esto también para evitar que en alguna otra isla las rocas floten, decir que tienen un metal especial.
Lo del abismo creo nos puede ayudar, debajo de la ciudad de porcelana hay un agujero (el abismo), ese pudo haber sido hecho al levantarse originalmente la ciudad (hace muchisimos años), osea que puede servir para reforzar la explicación.
Traffy espero con ancia tu capitulo
- Bajo WolkenBerge hay un abismo, correcto.
- Desde siempre y por un motivo desconocido (vale, desconocido no, por lo de la pista) las rocas flotaban, quedando su superficie al nivel del mar, a la misma altura que las demás islas, pero sin conexión natural con tierra firme, que rodeaba el abismo.
- Cuando llegó Van, debido a su electromagnetismo, las rocas flotantes se elevaron y situaron por encima del nivel del mar. Es decir, a una gran altura comparada con el resto de tierra firme.
A eso me refería, una simple cuestión de altura de las rocas.
Decir que el capítulo ya va en marcha ^^
SÍ.
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Re: Los Panteras Negras V3.
Mensaje por wild animal »
Mis queridos Panteras.
He de decir que como vamos en el capitulo 43 y no se habia hecho el tomo lo hice yo. He tratado quede igual a los anteriores, mismo tamaño de letra, mismo tipo de letra (eso fue realmente dificil).
Espero con ancia ver el capitulo de traffy y hasta de yupi si decide hacerlo
Panteras Negras Vol.4
Black Panthers Awars
Vamos Stan y Yupi que aun me deben respuestas
Saludos
He de decir que como vamos en el capitulo 43 y no se habia hecho el tomo lo hice yo. He tratado quede igual a los anteriores, mismo tamaño de letra, mismo tipo de letra (eso fue realmente dificil).
Espero con ancia ver el capitulo de traffy y hasta de yupi si decide hacerlo
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