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Publicado: Mar Sep 26, 2006 9:51 am
por Reyes
SUPER EDIT: ¡Perdon, perdon, perdon!

He tenido problemas con el ordenador y con mi cabeza

enseguida vuelvo a postear todo bien echo.
Sorry
REEDIT: Por dios pero que e hecho mal!!

Que locura!!(soy mu torpe). Enseguida intento solucionar lo que pueda, por favor alguien del staff que me pueda borrar los post anteriores. Las historias las podre ahora, perdon de nuevo.
Publicado: Mar Sep 26, 2006 11:30 am
por GatoAzul
Dios... que rayazo de post... igual es mi pc que va mal, pero bueno... Una cosa Reyes, para la próxima vez (como en ediciones pasadas), no pongas los nombres de los autores de los relatos, es más interesante así. Ahora ya tampoco es justo quitarlos si algunos saben quien es el autor y otros no. Bueno xD! Veamos que tenemos por aquí. Saludos!
EDIT: PERO QUE &%&%&???? xDDD! No sé si es cosa mía, pero a parte del evidente rayazo de posteo, en el spoiler falta la mitad de la historia de T.T.C. y las historias de kid, Kahuna y Zaplana... CAMILLERO!!!! xDDD!
Publicado: Mar Sep 26, 2006 1:06 pm
por Reyes
Primera tanda de historias, mantengo el nombre despues de mi cagada

Espero que salga bien...
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GatoAzul
Dos Despedidas
Parecía que el frío invierno volvía a hacer mella en aquella mañana de Enero. Mark caminaba a paso ligero por la calle Navejos a la par que frotaba sus manos con fuerza con tal de encontrar algún indicio de vida en ellas.
- Mierda… con las manos en este estado me da que hoy tampoco tocaré demasiado- pensó para si mismo. Aunque bien sabía que esta última sentencia no dejaba de ser una excusa. Mark debía su pequeña fama y su más que envidiable situación económica a sus últimos cinco discos, pero… hacía ocho años que no componía nada. Tiempo suficiente como para que las revistas y críticos de música le dieran ya por acabado. Por suerte, la discográfica para la que trabajaba, estaba dirigida por un antiguo compañero suyo, con el cual tenía una gran confianza y que podía mantenerse a flote sin su aportación musical y que, por tanto, no le exigía cumplir con ningún contrato.
Llegó al viejo Café Luarna calado hasta los huesos y pidió un carajillo bien cargado para ayudarle a entrar en calor. Cogió asiento en la mesa conjunta a la ventana que daba a la calle principal, con la retorcida finalidad de reírse interiormente de aquellos pobres diablos que la cruzaran maldiciendo el frío, mientras él disfrutaba lentamente de su café en aquel ficticio paraíso con calefacción.
- Un día espantoso… ¿Verdad?- le comentó alguien fuera de su campo de visión.
- No tanto… Siempre he sido más partidario del frío que del…-Mark se detuvo en cuanto apartó la vista de la ventana para identificar a su interlocutor-…Helena…
La muchacha hizo gesto de pedir permiso para acompañarle a la mesa y tras el mudo consenso de Mark se sentó frente a él. Era una situación un tanto incomoda para ambos, dado que su separación les había dejado muy mal recuerdo.
Hacía ya mucho tiempo de aquello… fueron pareja durante años y vivían felizmente en casa de Mark, hasta el día que a Helena le hicieron una oferta de trabajo en el extranjero. “Una oportunidad única” decía ella. Él nunca le perdonó que considerara más importante aquella propuesta que su relación, y así fue que acabaron cada uno por su lado y sin querer tener noticias el uno del otro.
- ¿Cómo estás Mark? Ha pasado mucho tiempo…- Helena probó de iniciar la conversación con tal de romper aquel incómodo silencio que se había producido.
- Bien… no me quejo… ¿quieres tomar algo?- dijo Mark tratando de darse un tiempo para encontrar el modo en que debía reaccionar ante su presencia. Todavía estaba molesto con ella, pero en el fondo se alegraba muchísimo de verla. Helena pidió un cortado y se quitó el abrigo.
- Bueno… ¿Y qué te trae por aquí?- prosiguió él – Creía que a estas alturas estarías completamente arraigada a un cómodo sillón de despacho en Nueva York.
- Necesitaba verte… - contestó ella tratando de hacer caso omiso a su sarcasmo.
- Así que después de... ¿Cuántos van ya? ¿Ocho años? Sí, ocho… después de ocho años de irte sin más… has vuelto únicamente para verme…-Mark comenzaba a sentir como su resentimiento le iba consumiendo, alejando en el olvido la ilusión que había sentido al verla de nuevo – Todo un detalle por tu parte…
- Déjalo… ha sido mala idea pensar que… - Helena cogió su abrigo de nuevo y se levantó con el rostro descompuesto - … olvídalo.
- Eso es lo que he tratado de hacer durante todo este tiempo – dijo Mark a medida que ella se alejaba en dirección a la salida.
No estaba orgulloso de sus palabras, pero se refugiaba en la esperanza de haber hecho lo correcto. Volvió a mirar por la ventana y vio como Helena se detenía ante un semáforo que le impedía cruzar. Los segundos se hicieron interminables, aquel hombrecito de color rojo parecía no apagarse nunca y entonces observo como Helena se llevaba las manos a la cara como señal clara de estar llorando.
- Joder… - Mark suspiró, dejó un billete de diez euros sobre la mesa y se levantó a toda prisa – ¡Alberto! ¡Cóbrate con lo que hay en la mesa! – y dicho esto salió del Luarna.
Corrió hacia donde se encontraba ella justo cuando el semáforo iba a cederle el paso, y consiguió cogerla del brazo antes de que tuviera la oportunidad de cruzar.
- Espera Helena. – dijo él mientras cortaba su retirada – Disculpa, no era mi intención…
- Mark, solo quería despedirme… - Helena no podía calmar su llanto, cada palabra parecía ir acompañada por cientos de lágrimas - … me estoy muriendo…
Mark sintió como las costillas le oprimían con brusquedad el pecho, el tiempo, su respiración, sus pensamientos… todo se paró de golpe. Helena se dio media vuelta y corrió hacia el otro extremo de la calle poco antes de que el semáforo se volviera rojo de nuevo. Cuando por fin consiguió reaccionar, ya era demasiado tarde… ella se había ido.
Por lo visto, a los pocos días de instalarse en Nueva York, un desgraciado la agredió una noche y entre varios la violaron. Uno de ellos era seropositivo, y en consecuencia ella contrajo el SIDA. Mark se enteró de esto a raíz de unas llamadas, las cuales, seguramente debió hacer mucho antes… Cuando le confirmaron lo ocurrido, no conseguía identificar los sentimientos que le llevaron a arrojar el teléfono contra el mueble de su cocina. Ira, rabia, dolor, vergüenza, lástima, culpa… todas ellas fueron desencadenadas en un sin fin de golpes contra el mobiliario de su hogar.
A la media hora, el timbre de la puerta sonó irrumpiendo en su locura. Él se apresuro en abrir con la ciega esperanza de encontrar al otro lado a Helena.
- No quiero molestarte Mark… es sólo que… - Helena no conseguía juntar las palabras suficientes para formar una frase. Pero no hizo falta, al verla él la acogió entre sus brazos prometiéndose no volver a soltarla - … no quiero morir sola Mark… no podía… - fueron las últimas palabras que ella logró pronunciar antes de romper en mil lágrimas. Cuando Mark oyó estas palabras, el corazón le dio un vuelco, y lo único que pudo hacer fue estrecharla con más fuerza y llorar con ella.
A pesar de las circunstancias, Mark no pudo evitar expresarle todo el amor que por ella seguía sintiendo y la protección que tuvo que usar no hizo de aquella, una situación incómoda. La emotividad de la noche no podía ser más frágil. Cada caricia, cada beso, cada mirada, cada gesto… parecían susurrar un incansable y eterno “te quiero”. Ambos cuerpos se juntaron esperando encontrar, uno en el otro, aquel lugar del que nunca debieron separarse y transmitiendo con cada lágrima, el fatídico momento que, en un futuro, les obligaría a hacerlo. Jamás nadie en el mundo entero podría comparar toda su vida amorosa con el romance que se vivió aquella noche.
A la mañana siguiente, Mark despertó con los brazos de Helena rodeando su torso y con la certeza de que sus ojos delataban que durante la noche había vuelto a llorar. Aquella bella figura, se había despertado en algún momento de la madrugada y había recordado su mala suerte… su único refugio había sido abrazarse a él… como si quisiera decir: “no quiero irme nunca de tu lado”.
Se levantó procurando no despertarla y sorprender así su amanecer con un desayuno en la cama. Cuando regresó a la habitación, Helena permanecía sentada cubriendo su cuerpo desnudo con una simple sábana. Se sentó junto a ella y le presentó el humilde desayuno que le había preparado, posando la bandeja sobre sus piernas. Ella sonrió:
- Gracias – Mark le devolvió la sonrisa y trató de mantenerla para que la situación fingiera ser un día normal y corriente en su vida anterior. - ¿Has compuesto algo nuevo? – preguntó con la mirada fija en su vieja guitarra mientras se llevaba una tostada a la boca.
- Tengo unas cuantas melodías… pero no he sido capaz de encontrarles letra todavía. – contestó él avergonzado de sus años de sequía artística.
Helena posó lo que quedaba de aquella tostada sobre la bandeja sin perder de vista aquel instrumento, se quedó pensativa y finalmente preguntó: -¿Puedo oírlas?
Mark tocó su repertorio y ella tarareaba las melodías cuando creía haber captado el ritmo. Tras veinte minutos de acordes, Helena se levantó bruscamente, llevándose consigo las sabanas, dirigiéndose al escritorio del cual volvió con un puñado de folios y un bolígrafo.
-A ver que te parece esto…- murmuró ella mientras escribía sin pausa alguna.
Helena comenzó a escribir unos cuantos versos acordes con lo que había oído, y Mark remató los restantes. Cuando tuvieron acabada la letra, él alcanzó su preciado Jukebox.
-¿Te importa si lo grabo? – preguntó mostrándole aquel carísimo capricho electrónico.
- Mmm… será divertido. – contestó ella.
Mark puso a grabar su aparato y saltó al extremo opuesto de la cama en busca de su guitarra. Se colocó en posición y miró a Helena:
- Y un, dos tres y… - dicho esto, él comenzó a tocar los primeros acordes. Helena los escuchaba con los ojos cerrados intentando sentir cual de ellos sería el que la empujaría a soltar las primeras letras. Llegado el momento, ella abrió los ojos, Mark prolongó su última nota y le hizo un leve gesto con la cabeza, con el cual daba paso a los acordes vocales de la muchacha. Helena comenzó a cantar, no era la primera vez que Mark la oía hacerlo, pero apenas recordaba ya lo bella que resultaba su voz, aunque esta vez, lo sonaba triste y marchito. La última vibración de la guitarra había cesado ya, y sus palabras solo envolvían el silencio. Aquella melancolía apenas duró seis segundos, pues terminado el primer verso, Mark reinició su tarea y enganchó su melodía a la sucesión de versos que, ahora sí, sonaban de forma sublime y transmitiendo una armonía capaz de erizar los pelos de cualquiera que ni siquiera estuviera escuchando la letra.
Finalizada su parte, Helena cesó el canto y Mark, sin dejar de tocar la guitarra le echó una mirada equivalente al suspiro que no podía realizar, pronto llegaría su parte. Comenzó sus versos sin dejar de lado su mirada irónica hacia Helena, que no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa ante tal situación. Cuando dejó de cantar, desvió la mirada hacia el techo al contemplar que ella aún seguía tratando de contener la risa, para no estropear la grabación. Tras un pequeño punteado de guitarra se acercaba el momento álgido de la canción, el estribillo. Esta vez no hizo falta ninguna señal introductoria… ambos sentían perfectamente cuando iba a llegar ese momento. Cerraron los ojos y dejaron fluir entre los acordes las letras con una fuerza mayor que con la que las escribieron, el dúo estaba plasmando en el aire un sentimiento… aquel que siempre sintieron cuando estaban uno junto al otro. Terminada letra y melodía ambos sellaron la conformidad del éxito con un largo abrazo.
Así compusieron seis canciones más, todas ellas tocadas por una vieja guitarra, cantadas por un par de amantes y grabadas con una simple grabadora digital. Pero Helena no llegó a cantar la octava canción. El 16 de Marzo de aquel mismo año, su estado comenzó a empeorar notablemente y en poco menos de un mes acabó falleciendo. Meses más tarde, Mark envió a su discográfica las grabaciones que ambos hicieron y con unos pocos arreglos técnicos accedieron a publicarlo como su último disco. El 19 de Octubre salió a la venta con “Dos despedidas” por título, despedidas referentes al fallecimiento de Helena y su propia retirada como cantautor.
Salvo gastos de producción y el porcentaje de la discográfica, todo el dinero recaudado con el disco fue a parar a la Fundación para la Investigación del SIDA. Durante a primera semana tuvo la habitual salida que tenían sus discos anteriormente, pero en pocos días las ventas se dispararon. Incomprensiblemente, a pesar de la mala calidad de la grabación y de que la cantante era del todo desconocida para el público, la gente acogía aquel disco tan sencillo como si de una obra de arte se tratara, pero nadie consiguió describir claramente el “por qué” de aquella acogida. “Dos despedidas” contenía únicamente, las siete canciones que los amantes compusieron, un libreto con las letras de cada una de ellas y una cita:
”A la memoria de Helena: Siempre fuiste mi única fuente de inspiración, mi amor, mi vida, mi todo…”
Kitakaze
Donde haya oscuridad...
Nubes de tormenta amenazaban con descargar su carga con cada destello de relampago y cada bramido de trueno, mientras el cambio de presión alteraba de forma inconsciente el comportamiento de los habitantes de la metropoli, que intentaban ponerse a resguardo de la tormenta que se avecinaba, algunos por miedo, otros por prudencia y muchos por costumbre. Pero sobre la azotea de uno de los edificios de un pequeño barrio comercial esperaba un joven, sin perder de vista su objetivo, aunque reflexionando durante la espera con la misma naturaleza de las cosas.
El ser humano, pensó el joven, era tan distinto de la mayor parte de seres vivos como pudiese serlo. Complejos a un nivel intelectual y social, tan distintos entre individuos como parecidos eran en conjunto, albergaban en su interior mecanismos de origen indeterminado, y dificilmente atribuibles a la biología, que les permitían abarcar desde las mal atltas cuotas de misericordia hast las más bajas cuotas de crueldad. Tan egoistas unos como desinteresados otros, con muchos caminando diariamente por la estrecha franja que separaba el Bien del Mal, suponiendo que realmente existiese diferencia entre uno u otro concepto. Y resultaba curioso, cómo a la hora de hacer un balance final, siempre resaltaban más la mayor parte de los malhechores que el gran número de bienhechores, que de forma anónima mantenian el equilibrio. Quizás, reflexionó, era esa notoriedad facil que obtenian en el delito, lo que habia motivado desde hace tiempo un peligroso aumento de la delincuencia en diversas partes del mundo civilizado. O quizás fuese el desequilibrio entre los pocos afortunados que carecían de preocupaciones reales y abarrotaban los medios comentando sus pauperrimos devaneos cómo si de grandes desgracias se tratasen. A veces, se dijo a si mismo el muchacho, no costaba mucho imaginarse lo que impulsaba a la gente a cometer crimenes o a querer ocupar los medios como hacía ese montón de degenerada y despreocupada élite. En cierto mundo quizás el ser humano se merecía haber llegado donde estaba ahora.
Los avances científicos hacía tiempo que habían permitido sobrepasar los paramteros humanos en ciertos sujetos. Drogas de combate, bioingienería, robótica avanzada, nuevas fuentes de energía, armamento más letal y de mantenimiento más barato, nuevas plagas y otros descubrimientos abrieron diversas puertas, gran parte de las cuales se orientaron en un principio hacía la guerra, más tarde a mantener una falsa Paz construida sobre ataques preventivos, y finalmente acabarón, como sucede siempre, llegando a las calles. Cuanto más fuerte se armaba la ley tarde o temprano más fuerte se hacian quienes la rompian, hasta que el equilibrio entre ambos grupos terminó poniendo a la mayor parte de la gente, inofensiva y en peligro constante, en un perpetuo estado de sitio entre ambas fuerzas. La Ley restringía cada vez más a todos los ciudadanos con la esperanza de contener a los delincuentes, y los delincuentes cada vez mostraban menos preocupación por esconderse o por la seguridad de la gente inocente. Los ciudadanos, victimas de una tiranía compartida por dos grupos opuestos, murmuraban entre ellos sobre la Nueva Era de La Oscuridad en la que se veian obligados a vivir, exceptuando a los pocos que se atrevían a dejar las ciudades con la esperanza de alejarse del yugo con el que, entre las dos fuerzas, sometían a la gente de a pie.
El joven casi se perdió lo suficiente en sus pensamientos cómo para perder de vista a su objetivo, pero entonces el estruendo provocado por un relampago le hizo salir de su meditación, y mientras las primeras gotas de lluvia caian con fuerza sobre su mascara una explosión, con su sónido ahogado por los truenos y la lluvia, destrozó parte del edificio que estaba vigilando.
Samuel se incorporó, y sin perder de vista el boquete que ahora había en la parte posterior de la joyería, dió un paso hacía lo que debía haber sido una caida de nueve metros, pero su silueta, recortada por la lluvia permaneció en el aire cómo si una invisible plataforma le sostuviese. Para Sam no era la primera vez en experimentar la sensación de volar, gracias a su traje, pero seguía sintiendose extraño cada vez que abandonaba la seguridad del que infundía a uno la gravedad cuando esta en contacto con el suelo. Le resultaba divertido pensar que de niño sufría de vertigo.
Pero eso fué antes de que su vida cambiase. A pesar de que su traje le aislaba de las inclemencias del tiempo Sam tuvo la impresión de que la lluvia le helaba los huesos cuando vió surgir de la demolida fachada la silueta del delincuente. Enseguida pudo reconocer los rasgos afilados y el brillo de un tono azul gélido que brotaba de la Armadura. Mientras descendía hacia él Sam recordó las ultimas noticias que había escucahdo antes de enfundarse su traje para salir esta noche. La voz de la corresponsal aún resonaba en su cabeza:
”La División científica nos ha confirmado la identidad del delincuente que ayer noche asaltó una de las principales instalaciones de Industrias Wild, acabando con la vida de media docena de empleados y dos miembros de la guardia acorazada. Al parecer el principal sospechoso, Dedalus, un antiguo científico de la corporación, fue el autor de los hechos...”
Dedalus. Matthew Wagner era su auténtico nombre, pensó Sam. Posiblemente seguiría siendo un reservado científico si el Gobierno no hubiese ignorado sus llamadas de auxilio cuando la corporación de Enrich Wild le obligó a continuar con sus experimentos. Pero al Gobierno también le interesaba el proyecto Ícaro. Las unidades de vuelo personal, aunque habían sido desarrolladas hace tiempo, tenian serias limitaciones ligadas tanto al equipo como al sujeto que las llevase. El proyecto Ícaro consistía en la creación de una unidad que emplease bioingienería e implantes para modificar la respuesta nerviosa y fisiológica del sujeto y permitir una mayor adaptabilidad al medio aereo, las velocidades, temperaturas y presiones extremas. Cuando la Corporación Wild terminó por presionar al Dr. Wagner dando una paliza a su hijo, que acabó en su muerte y posteriorme¡nte el suicidio de su esposa, no tardó demasiado en perder la cabeza y emplear su propio proyecto para vengarse. Hacía menos de 24 horas que había robado la Unidad de Vuelo Ícaro y algo de armamento, y tal y cómo las fuentes de Samuel le habían informado, planeaba conseguir una importante suma de dinero para financiar un ataque a gran escala contra Industrias Wild.
Sam en cierto modo querría poder ayudarle. Industrias Wild ya hacía tiempo que había perdido el norte, cuando la junta de accionistas alteró completamente su composición y empezaron a desarrollar todo tipo de armamento en contra de los deseos de su, ahora difunto, fundador, el Biólogo y Empresario Edgard Wild. Pero por desgracia Dedalus era un loco descontrolado, armado con equipo militar de última generación y con ninguna preocupación por causar victimas civiles.
Entonces el hombre antes conocido como el Dr. Wagner, activó su Unidad de Vuelo, y se alzó del suelo impulsado por los motores magnéticos de la armadura. Samuel apenas pudo actuar a tiempo e interceptar su trayecttoria, parecía que los rumores sobre sus avances no habían sido exagerados, ya que en poco menos de veinte metros había alcanzado una velocidad casi supersónica de vuelo. Ambos hombres se estudiaron durante unos segundos, uno adulto, loco y cansado, en una armadura de un color metálico carente de brillo que emitía un pequeño campo que alejaba la lluvia, el otro un joven, valiente y decidido, ataviado con un traje de aspecto orgánico. Samuel, en silencio, señaló la bolsa de joyas que portaba Dedalus, éste la apretó contra su pecho, y con un gesto de rabia que se pudo advivinar bajo su casco, salió disparado hacia el cielo, intentando huir del desconocido que había interrumpido su tranquila fuga. Sam se concentró y notó la suave vibración con la que su traje respondía a sus deseos, antes de reanudar la persecución a una velocidad que competía con la de su objetivo.
Dedalus, al ver que su perseguidor no se daba por vencido, y encendido por lar rabia que le provocaba la molesta interrupción, se detuvo un momento en pleno vuelo, con un gesto de su mano descargó una parte de la energía que producian los generadores de su unidad, y envió a su desprevenido perseguidor contra la fachada de un edificio cercano. Samuel no supo reaccionar, y como otras veces ya había pasado su traje tomó la iniciativa por si mismo, girando a tiempo y mitigando el impacto contra la fachada mientras se giraba de nuevo con la única intención de perseguir el objetivo que le había marcado su dueño. Sam seguía sin sentirse del todo cómodo con algunas reacciones de su traje, aunque era tan sólo gracias a éstas que ahora seguía vivo.
El científico estaba confundido y asombrado por las habilidades de su perseguidor, y no supo aprovechar la ventaja que habría podido obtener de haber proseguido con su huida. En vez de eso dejó caer las joyas y se dirigió a su silencioso oponente.
- ¡Hay tienes las malditas joyas! ¡Dejame en paz! ¿Quien eres tu para meterte en mis asuntos? ¿Un maldito perro de Wild?
Samuel sabía que no estaba en posición de responder, pero quiso darle al hombre una oportunidad para rendirse, a pesar de que eso significase arriesgar su identidad.
- Estas descontrolado. Entregate pacifícamente y no te pasara nada.
Durante un momento la voz, inesperadamente joven, que brotó del traje de extraño aspecto, hizo titubear al Doctor, que murmuró algo para si mismo, antes de negar fuertemente con la cabeza y cargar alocadamente hacía Sam. De nuevo la velocidad de vuelo de Dedalus le cogió por sorpresa y, antes de que pudiese evitarlo, el campo de energía de su Unidad lo hizo salir disparado como una proyectil, pero el traje de Sam reaccionó reformandose para mitigar el golpe y rodeando, con una especie de tentáculo que brotó de su brazo izquierdo, el torso de la Armadura de Dedalus. El miedo de Sam y la confusión provocada por el impacto provocaron que esta reacción fuese lo suficientemente fuerte como para quebrar gran parte de la armadura, hiriendo al Doctor y destruyendo su sistema de Vuelo. Samuel, aterrado pensó, sin darse cuenta de que ya era demasiado tarde, que había que soltar a Dedalus, y su traje, con la vibración habitual, respondió instantaneamente. En cuestión de segundos y con un sonoro golpe, Dedalus cayó, gritando, sobre un vehiculo que reposaba tranquilamente en la acera, destrozandolo.
Samuel descendió, preguntándose que había hecho, enfadado consigo mismo y con su compañero por la desgraciada serie de errores que acababa de cometer. El impacto había destrozado parte del casco de la Armadura de Dedalus, y en el rostro ensangrentado del Dr. Wagner podían percibirse las consecuencias que algunas de las operaciones que tuvo que sufrir para poder adaptarse al proyecto Ícaro.Sam aterrizó suavemente a su lado, e inconscientemente ordenó a su traje que se retirase de su rostro mientras intentaba cuidadosamente que el Doctor se incorporase. El único ojo visible del Doctor parpadeó incrédulo al ver el rostro del joven Samuel Wild detrás del extraño traje que le había traido la ruina. Con ese último atisbo de cordura que trae consigo el último aliento el Dr. Matthew Wagner se dirigió a su ahijado, y sonriendo le dijo:
- Lo siento Sam, de veras que lo siento... -Su respiración era cada vez más debil y recortada- Por favor, visita la tumba de Andrew por mi... -Tosió fuertemente antes de acabar de decir sus últimas palabras- ...yo le daré recuerdos a tu padre de tu parte... parece que al final lo consiguió...- Conluyó, mientras acariciaba el traje de Sam-
Las lagrimas de Sam se perdieron entre la lluvia que golpeaba su rostro mientras el traje volvía a cerrarse sobre él. Matt fué su padrino, amigo de su padre, y Andrew había sido como un hermano para él. Su deuda con Industrias Wild acababa de hacerse aún mayor, habían conseguido acabar con toda su familia. Sólo quedaban Samuel y el traje biónico que diseño su padre para detenerlos.
Y aunque su silencioso compañero no pudo repetir con él su juramento, Samuel juró esa noche, mientras sepultaba al Doctor y su equipo en un lugar apartado, que los dos juntos lucharían por él y el resto de inocentes de esta ciudad, para traer un poco de Luz a esta Nueva Era de Oscuridad.
ARGAIL
Del Fulgor a la Opacidad
Su nombre es Víctor; antaño hombre con gracia en el semblante, en las palabras, en sus acciones. No menos importante su intelecto, su capacidad de ver belleza donde otros ven elipsis de pensamiento.
Su vida se había conformado de una manera rica y ordenada, sus dones naturales le obligaron a traspasar el umbral hacia el arte, licenciándose en la Real academia de bellas artes de San Fernando. Con el tiempo erigió una tienda de antigüedades situada en la calle Diego de León esquina Lagasca. Próspera, fecunda; en ella se colocaban los más dispares objetos en un escrupuloso orden. Concurría allí; iconos bizantinos y rusos, cerámicas y vidrios de Art Déco de maestros como Mayodon Décorhemont sacados de sus “ateliers” pinturas rococó de Boucher, en tonos brillantes donde Venus y Pan reinaban a sus anchas, escritorios estilo Sheraton, librerías de estilo Eduardiano y así una infinidad, una abundancia de reminiscencias, todas ellas bellas y creadas para detenerse perennes en la retina.
Pero el tiempo que transcurre aniquilador a su paso, dejó su huella sobre Víctor.
Su fuerza interna sustancial corrió; a veces pesada como una losa sobre sus espaldas y liviana otras.
¿Qué era ahora Víctor? ¿En qué se había convertido? Víctor, era un anciano, provecto, vetusto, un individuo rancio sin sustancia;
Era un paria, un desposeído de toda razón y de todo contenido; un intocable de la sociedad. Ahora navegaba en otros mares, surcando otras aguas, zozobrando entre el recuerdo de lo que fue y el despojo de lo que era. Él era un Demente Senil.
Su vida transcurría en una lujosa residencia de cinco estrellas a las afueras de Madrid, entre pinares donde se escondían estratégicamente bancos para tomar el sol, pequeñas fuentecillas de donde emanaba un agua fina y cristalina e incluso un pequeño estanque con peces. Todo ordenado, limpio como a él le gustaba. Dentro una gran entrada con mármol cipolino y en cada lado dos fabulosas imitaciones de escultura griega en mármol estatutario, las habitaciones eran individuales con una gran cama con baldacchino tapizado en azul celeste, un gran armario empotrado y una sencilla mesilla de cerezo, tras las cortinas de crespón azul cielo, se escondía una amplia terraza que daba a los jardines donde se respiraba paz y sosiego.
La jornada para los operarios comenzaba a las siete de la mañana en turnos sucesivos y sin descanso, era un equipo como ahora se llama multidisciplinal, que se encargaban de todas las necesidades de los residentes por pequeñas que estas fueran( no se va a mencionar aquí cuestiones económicas, que siempre son de mal gusto, sobre todo para el que carece de ellas)
A las siete horas en cuestión comenzaba el primer turno; una señorita, señora, alta, baja (no importaba para Víctor) entraba sigilosa pero con paso firme encendiendo la luz a la habitación, preguntando a la par que andaba-¡Buenos días Víctor! -¿Qué tal se encuentra esta mañana?
La mañana, la noche, la tarde. ¿Qué era eso?¿La ordenación de sucesos conforme a un pasado, presente y futuro?¿La vivencia del yo? ¿La experiencia subjetiva que no puede ser medida? Y mientras reverberaban ecos en su cabeza la auxiliar iba corriendo las cortinas de la habitación y subiendo de un modo brusco y contundente la persiana.
Ana, María, Carmen; no importaba quien fuere para Víctor. Vestían impoluto traje de casaca y pantalón blanco, sus manos enfundadas en unos guantes de látex, se presentaban ágiles para el ejercicio de su oficio. En unos segundos su cuerpo quedaba al descubierto de la señorita, o señora y una enorme mancha de orines se veía esparcida por doquier, pese a estar amparado por un enorme dodotis verde pistacho adherido como un guante al contorno de su cintura. ¡Qué pensaría Víctor! ¿Dónde había quedado su dignidad? ¡Bendita falta de conciencia!
Una vez concluido el aseo, llegaba la hora del desayuno. Víctor tenía suerte, su cuerpo a pesar de su decrepitud le permitía moverse por si solo, acompañado de su amigo un bastón con empuñadura de león. Deambulaba por el pasillo al son del eco de la auxiliar, que le gritaba- ¡Víctor cariño por ahí no!-
-¡Por la derecha, y sujétate bien!- Víctor no tenía ni idea de lo que era derecha, izquierda, arriba o abajo; simplemente se enredaba sobre sus pies dando vueltas, o simulacros de vueltas; la auxiliar rápidamente le acompañaba al comedor y allí lo sentaba en su mesa, siempre la misma no se podían variar costumbres adquiridas.
Las visitas tenían cabida cualquier día y a cualquier hora. Él tenía dos hijos que habían intentado todo por retenerle a su lado, pero ni con todo el dinero del mundo se podía solucionar el problema. Su padre ya no era su padre, era un cuerpo en una mente perdida, algunas veces los hijos atisbaban un fulgor especial en el brillo de sus ojos, esperando quizás encontrar algo de lo que él fue; hablaban con el médico, buscando alguna esperanza.
-No señores, sé que es duro pero no tiene solución- les decía el médico.
–Pero a veces parece que nos entiende y se alegra de vernos- replicaban los hijos.
-Su padre tiene una involución del tejido cerebral y con la edad que él tiene el proceso se acelera rápidamente. Lo siento solo podemos administrarle los medicamentos y atenderle con cariño y el máximo de respeto-.
Sentado en el sillón de su terraza y contemplando los árboles, algunas veces; brillos centelleantes alumbraban ese oscuro túnel, una alameda, un sillón de madera tapizado en verde botella, un patio de colegio con niños jugando a la taba y segundos después tinieblas que le paralizaban, le abstraían, le tranquilizaban, llegaba la quietud total (Seguramente fruto del Haloperidol).
Y el tiempo seguirá transcurriendo hasta que expire el último hálito de vida…..
Shichibukai
Acorralados
Los aullidos de los lobos resonaban por todo el bosque como los lamentos de almas condenadas. Donovan volvió a mirar por encima de su hombro esperando ver las siluetas de sus perseguidores pero sólo veía árboles. Él y su hermana sólo seguían vivos porque los lobos lo permitían. Ya los había visto en tres ocasiones, eran bestias con forma de lobo pero el doble de grandes; les acechaban entre los árboles y en ocasiones se ponían a tiro de su escopeta, pero en el último momento retrocedían como obedeciendo la orden de alguna criatura tan atemorizadora a la que había que obedecer. Donovan creía haber diferenciado el aullido del jefe de la manada, un largo aullido gimiente tan aterrador que el joven se estremecía sólo con pensar en el ser que lo producía. Sólo podían continuar adelante, detrás de ellos y a los flancos podía oír los furtivos movimientos de las criaturas que les bloqueaban el camino. Sintió la tentación de plantarles cara y resistir pero un impulso le hacía continuar adelante, quizá fuese un impulso producido por el miedo, miedo de encararse a la muerte. Además estaba Marta. Él y su hermana estaban viviendo una aventura intentando cruzar el Pacífico en globo, pero tras una avería se vieron forzados a aterrizar en la isla que sobrevolaban. El globo había quedado destrozado y ellos dos sanos y salvos, pero perdidos en mitad de un bosque.
Por fin dejaron atrás los árboles y se encontraron en la entrada de un poblado que lindaba con el bosque. Sin esperar un segundo corrieron pidiendo auxilio, pero nadie respondió a su llamada, incluso los aullidos de los lobos habían dejado de oírse. El pueblo entero estaba sumido en un tétrico silencio. Corrieron hasta la casa más cercana y descubrieron que la puerta había sido arrancada de sus goznes, en el interior hallaron dos cuerpos humanos en un estado avanzado de descomposición y pudieron ver que les habían desgarrado la garganta. Las paredes y el suelo estaban cubiertas por sangre seca. Donovan se quedó petrificado y sintió náuseas, se preguntó qué clase de lobos mataban por placer, porque ni siquiera se habían alimentado de los cadáveres. A su lado, Marta estaba pálida de terror.
-Vámonos de aquí -susurró Marta-tenemos que salir de aquí.
Donovan empuñó la escopeta y salieron al exterior. Un espeluznante aullido resonó por las calles de la despoblada aldea y ambos alzaron la cabeza hacia el lugar de donde provenía. Allí, erguida sobre el tejado de la casa que tenían en frente se hallaba una criatura aterradora. Era enorme, de una estatura que superaba los 2 metros y mucho más pesada que cualquier hombre. Unos músculos impresionantes abultaban su pelaje gris y sus largos brazos estaban rematados por largas garras afiladas. En su cabeza de lobo, los ojos rojos de la criatura estaban posados en ellos y Donovan pudo sentir en su ser la inteligencia maligna que moraba dentro del monstruoso cuerpo. Sus ojos le decían que estaba viendo un hombre lobo pero su mente se negaba a aceptarlo. Ese tipo de bestias no existían y ni siquiera había luna llena, de hecho ni siquiera era de noche aunque la tarde estaba ya avanzada. De pronto la bestia bajo de un salto al suelo y avanzó hacia ellos caminando a dos patas.
-Entra en la casa –le pidió a Marta y ella obedeció al instante. Donovan apuntó con la escopeta al ancho pecho de la criatura y apretó el gatillo. El proyectil impactó de pleno en el pecho de la criatura que se detuvo sobresaltada por el repentino e inesperado ataque. Bajó la vista para examinarse la herida que tenía en el pecho, y cuando devolvió su atención a Donovan entreabrió la boca y dejo a la vista sus afilados colmillos. Donovan sabía que la escopeta del calibre 12 con la que había disparado podía matar a un jabalí adulto, pero parecía no haber hecho efecto en la bestia, si cabe, solamente la había enfurecido aún más. El licántropo flexionó las patas traseras y saltó hacia el muchacho rugiendo. Donovan saltó hacía atrás y logró atravesar la entrada de la casa antes de que la criatura se le echase encima. Con una celeridad inhumana y encolerizado por su ataque fallado el hombre lobo se lanzó contra la entrada del edificio, pero por fortuna para los dos hermanos el acceso a la vivienda no había sido diseñado para un ser de su tamaño. La bestia era tan ancha y alta que se quedó encallada en la entrada, medio cuerpo dentro y medio fuera. Toda la casa crujió como protestando ante la formidable fuerza de la bestia, que frenética, continuaba empujando sin importarle aparentemente que la vieja casa de madera se viniera abajo y los aplastara a todos.
-No malgastes las balas contra él, debemos encontrar otra salida-le gritó Marta viendo que su hermano volvía a apuntar al hombre lobo.
Corrieron a la sala contigua. Estaban en la cocina y allí encontraron lo que buscaban, una ventana. En la sala de al lado todavía oían a la bestia rugir encolerizada. Un instante después oyeron una gran sacudida seguido de unos pasos acelerados. Parte del cuerpo del monstruo apareció en la puerta de la cocina, pero como había ocurrido antes, la entrada volvía a ser demasiado estrecha y baja para un monstruo de sus proporciones. -¡Date prisa!- gritó Donovan mientras ayudaba a Marta a atravesar la ventana. Cuando ella lo logró, él se dispuso a seguirla en el momento en que oía como las paredes se sacudían violentamente cuando la bestia consiguió entrar. Donovan saltó a través de la ventana sintiendo el calido aliento de la bestia en la nuca y cayó al suelo de bruces mientras sobre él unas poderosas mandíbulas se cerraban con un fuerte chasquido. Se habían librado por los pelos, de momento. El hombre lobo alzó la cabeza y profirió un gimoteante aullido, tan potente que se escuchaba en todos los rincones de la isla. Pronto, otros aullidos respondieron y ambos hermanos supieron que la criatura había llamado a los suyos, en ese momento la cabeza desapareció de la ventana y poco interesados en esperarla, Donovan y Marta corrieron en el sentido opuesto.
Donovan disparó al primero de los lobos que se le puso a tiro, fue un buen disparo ya que el animal quedó tendido en el suelo sin vida. Habían corrido hasta que un serpenteante río les había cortado el paso. Al otro lado del río, podían ver bastos campos de dorado trigo descuidados a causa de que ya no había agricultores que los trabajaran. Junto al río, la gran rueda de un viejo molino giraba a ritmo lento y sus radios de madera crujían en cada vuelta a la vez que el viejo y oxidado mecanismo chirriaba. El joven tuvo la impresión de que se encontraban en lo que había sido una próspera aldea. Vieron los restos de un puente totalmente inservible. Clavados profundamente en la tierra, sólo los cuatro postes cubiertos de moho que soportaron en su día el peso de la pasarela permanecían en su sitio y firmemente sujetas a ellos, mohosas cuerdas hondeaban al viento. Las rápidas corrientes del río siseaban y borboteaban ante ellos, mientras a sus espaldas los lobos se reunían prestos a atacar, sólo el disparo de la escopeta y la muerte de uno de ellos les había hecho dudar un instante. La gigantesca figura del hombre lobo que apareció a la vista en ese momento les ayudó a decidirse y se zambulleron en las frías y turbulentas aguas. La corriente era muy fuerte y los empujaba a ambos río abajo. Donovan apenas podía mantener la cabeza fuera del agua a consecuencia de los rápidos, había perdido la escopeta y hubría dado lo que fuese por algo a lo que poder agarrarse. Marta iba unos metros por delante de él y al parecer no tenía tantos problemas, desde siempre había sido mejor nadadora. Tragando agua y maldiciendo su suerte Donovan miró por encima del hombro y vio con horror que toda la manada incluido su jefe se habían lanzado al agua en su persecución. Volvió la mirada hacía Marta para ver si ella estaba al corriente de la situación y la vio desaparecer de repente. Al joven se le heló la sangre en las venas cuando comprendió lo que había ocurrido. Una cascada. Cuando Donovan se precipitó al vacío a punto estuvo de marearse al mirar hacia abajo. Había por lo menos 600 metros de caída libre; de tan alto caía el agua que se evaporizaba antes de llegar al fondo. Gritando y pensando que aquel era su fin, Donovan se precipitó al vacío.
Un fuerte tortazo en la mejilla izquierda sacó a Donovan de su ensoñación.
-¡Por fin despiertas!-le gritó Marta que le miraba a través de sus brillantes ojos castaños. El muchacho tardó unos segundos en reaccionar.
-¿Qué me ha pasado?-preguntó aturdido.
-Perdiste el conocimiento al caer, ahora más vale que nademos hasta la orilla si no quieres acabar en el estómago de uno de esos cocodrilos-la joven señaló con el dedo las figuras parcialmente sumergidas de una docena de reptiles que se acercaban a darse un banquete. De pronto, Donovan lo recordó todo y el peso de la extrema situación en la que se encontraban cayó sobre él como si de un yunque se tratara. Ambos empezaron a nadar con todas sus fuerzas hacia la orilla del lago; a su alrededor oía los chapoteos y los gruñidos de los lobos que, al igual que ellos, intentaban alcanzar la orilla. Cuando consiguieron salir del agua estaban exhaustos de cansancio y empapados hasta los huesos. Una mirada a sus espaldas les indicó lo cerca que habían estado de una horrible muerte. Algunos de los lobos gimotearon y fueron arrastrados bajo la superficie por unas poderosas mandíbulas que los reclamaban como cena. Donovan miró a su alrededor, se encontraban junto a un pequeño lago situado en el centro de un valle, los últimos rayos de sol de la tarde iluminaban toda la hondonada y el piar de los pájaros llegaba hasta los oídos del joven mezclado con el rugido de la cascada. Allí, el penetrante aroma de las rosas se mezclaba con el del escaramujo y la madreselva. La contemplación de la belleza del paisaje hizo que por un momento olvidara sus problemas; se percató de que muy pocas personas habían visto antes ese valle y pensó que en otras circunstancias él y su hermana podrían haber disfrutado mucho del lugar. Los lobos supervivientes empezaron a salir del agua junto a su monstruoso líder. Donovan miró la escarpada pendiente que tenían como única escapatoria y cansados como estaban supo que les sería imposible escapar de la furiosa manada. No tuvo que preguntarle nada a Marta para saber que ella se sentía igual. En cierta manera estaban resignados. Pero entonces algo ocurrió, el destino decidió darles un respiro a los dos jóvenes. El líder de la manada parecía haber perdido el interés en ellos en favor de una gran roca situada en la orilla del lago.
Maravillados y sin poder creer lo que veían, ambos jóvenes contemplaron cómo lo que hasta ese momento les había parecido una roca era algo muy distinto en realidad. La criatura más formidable que jamás hubieran visto unos ojos humanos se irguió en toda su enorme estatura ante los lobos. Era tan alto que doblaba la estatura del hombre lobo y era mucho más fornido. Sus brazos largos en proporción a su cuerpo eran tan gruesos como el torso de un hombre. En su cabeza, sobre una gran boca, un solo ojo tan grande como la palma de una mano observaba con expectación a los temerarios lobos. Donovan comprendió la razón por la que había confundido a aquel ser con una roca, se debía a su grisácea y escamosa piel, muy parecida a la textura de una roca y seguro que igualmente fuerte, pensó. La criatura cogió con sus largos dedos el tronco de un árbol que yacía junto a él y profirió un bramido ensordecedor, muy parecido a un trueno. Donovan reconoció a la criatura como un cíclope, y decidió no preguntarse cómo era posible que estuviese viendo una bestia mitológica con sus propios ojos. Pronto, una veintena de lobos rodearon al cíclope. Donovan no sabía cómo los lobos tenían el valor de enfrentarse a una criatura con la apariencia de ser capaz de demoler la muralla de un castillo con sus manos desnudas. Únicamente llegó a la conclusión de que se debía a la poderosa influencia que su jefe tenía sobre la manada. Donovan y Marta no se detuvieron a ver la batalla y aprovecharon la oportunidad para huir de allí.
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La noche del segundo día desde su encuentro con el cíclope, por fin, tras largas y penosas caminatas los dos jóvenes alcanzaron la costa. Al borde del acantilado, recortado contra el oscuro cielo se alzaba un viejo y solitario faro. A Donovan le parecía un centinela que vigilara por siempre el horizonte que se extendía ante él. El joven observó a su hermana que caminaba junto a él. Su larga y rubia melena que siempre llevaba recogida con una cinta la tenía entonces suelta y sucia. Unas ojeras afeaban su bonito rostro, lo que era señal de cansancio y falta de sueño. En todo el tiempo que llevaban en la isla casi no habían podido dormir y apenas habían comido. Ambos estaban al límite de sus fuerzas y habían depositado sus esperanzas en el viejo faro. De pronto, Donovan cayó al suelo y vio que había tropezado con una raíz que sobresalía del suelo; aquello le trajo a la memoria el recuerdo de la noche anterior, cuando unas violentas plantas carnívoras habían intentado engullirlos mientras descansaban. También recordaba los rugidos que sacudían la isla a menudo, rugidos que parecían salidos de la garganta de un gigante, o las grandes criaturas aladas que había visto surcar los cielos emitiendo largos y estridentes gritos. Donovan fue el primero en atravesar la puerta del faro, que estaba abierta.
-¿Hay alguien aquí?-gritó sin esperar respuesta. No se oía nada. El faro estaba vacío y a oscuras. Encontraron una luz, la encendieron y la colgaron de un gancho que había en el centro de la habitación. Todos los muebles de la estancia estaban cubiertos por una capa de polvo de una uña de grosor.
-¡Donovan! ¡Aquí!-oyó que le gritaba su hermana con una nota de emoción en la voz- es una radio, si aún funciona creo que podremos utilizarla.
Media hora después de contactar por radio con una voz de hombre, escucharon el atronador ruido del rotor de un helicóptero que se acercaba. Los dos jóvenes salieron al exterior. En pocos segundos el aparato había aterrizado levantando una gran nube de tierra alrededor. Un hombre bajó del helicóptero. Era joven, de unos 30 años, su cabello rubio se revolvía a causa de las hélices que aún no habían dejado de girar por completo. Unas gafas de sol ocultaban sus ojos y vestía una elegante gabardina blanca. Tras él, otro hombre sin expresión alguna en el rostro los observaba con un rifle entre las manos.
-Muy bien, aquí los tenemos a los dos-dijo el de gafas dirigiéndose a su compañero-o son muy listos o son muy afortunados. ¿Tú qué crees, Johann?
-Y yo que sé-le respondió el otro
El hombre se volvió hacia los jóvenes y volvió a hablar.- Hemos visto los restos de vuestro globo 25 km. al Sur de nuestra posición. Es sorprendente que hayáis llegado tan lejos habida cuenta de que mis criaturas pueblan esta isla.
-¿Sus criaturas?-preguntó Donovan perplejo, aquello empezaba a no gustarle.
-Sí, mis criaturas-dijo y al decir aquello Donovan pudo notar que brillaba la locura en sus ojos- y puesto que las habéis visto- continuó- no podemos dejaros marchar de esta isla con vida
Mientras hablaba había sacado una pistola y antes de que ninguno de ellos pudiera hacer nada, el hombre disparó contra su hermana. El proyectil atravesó la frente de Marta y su cuerpo cayó hacia delante sin vida. Donovan horrorizado pudo ver la expresión de sorpresa en sus ojos.
-¡Noooooooo!-gritó el joven a la vez que corría loco de furia hacia el asesino. Al instante sintió un dolor lacerante en el pecho. Una bala le había impactado en el pecho y había salido por su espalda. El cuerpo de Donovan se dobló y cayó de espaldas. Con los ojos arrasados en lágrimas exhaló su último aliento y murió.
Deraka
Smashing Blue.
Posó suavemente las gafas sobre la mesa y se masajeó los ojos, hinchados por la falta de sueño y el estar tanto tiempo fijos en un mismo punto. Enfrente suyo, desparramadas de cualquier forma a lo largo de la superficie de la mesa, se encontraban cientos de hojas de partituras con un montón de notas y tachones. Algunas estaban arrugadas, otras simplemente habían terminado convirtiéndose en una bola y habían aterrizado en la papelera.
Takato levantó su cansada vista hacia el reloj de pared, que señalaba las dos y media de la madrugada, lo que le hizo dar un largo suspiro. ¿Cuánto tiempo más iba a pasar así? ¿No sería mejor parar ahora y dejarlo para mañana, después de haber descansado en condiciones? Pero había algo dentro de él que lo hacía permanecer anclado todavía a la silla, y era esa intuición que a veces sentía y que le decía que se encontraba ante algo grande. Una idea de tal envergadura que ni aunque quisiese podría dejarla de lado. Quizás al día siguiente podría olvidarse de ella o mezclarla mentalmente con una nueva, y eso no se lo perdonaría en la vida. La mente de Takato se hallaba ahora inundada de un sinfín de compases, notas, arpegios y melodías. El inicio de una nueva canción bailoteaba en su subconsciente, de forma tan clara, tan pura… pero tan inalcanzable.
Era como si cada vez que tomaba el lápiz nuevamente, con la intención de darle cuerpo a esa idea en forma de notas musicales, ésta se dispersase por completo, quedando sólo una sombra maltrecha de lo que, en su mente, era la más perfecta de las melodías. Como un fino cristal que se resquebraja al mínimo golpe, como el agua o la arena que se escurren entre los dedos de las manos sin que uno pueda evitarlo. Como la escarcha que se derrite ante el implacable sol. Y a cada intento de sacar a la superficie esa canción, ya fuera tarareándola, o acariciando las cuerdas de su guitarra, sentía que su gran idea se veía más y más lejana.
Un pequeño ruido, que no provenía del monótono “tic, tac” del reloj, lo sacó súbitamente de sus cavilaciones. La puerta se abrió, dando paso a una sonriente muchacha que Takato reconoció en el acto.
-¡Christine!, ¿Se puede saber qué haces aquí a estas horas?
- Menudo uno para preguntarlo.- le contestó ella sin dejar de sonreír.- Te he traído un café.
- Sabes que detesto el café de esas máquinas. – le contestó, torciendo el gesto.
- ¡No te fastidia con el marqués! Si te parece me pongo a trastear con la cafetera a estas horas… En fin, a ver si te puedo traer algún refresco con cafeína.
-No, espera.- la retuvo, en esos momentos no estaba para ponerse quisquilloso o enzarzarse en una nueva pelea verbal con la chica.- Ahora mismo me vale hasta esa bazofia. - suspiró de nuevo, mientras observaba como la recién llegada le tendía el café y se sentaba después en la silla que había a su lado. Tomó una de las miles de partituras que había sobre la mesa y la miró distraídamente.- Componiendo otra vez ¿eh?
-Intentándolo.- puntualizó él, tratando de poner algo de orden en la caótica superficie de caoba.
-Desde luego, mira que aceptar el reto del productor. ¡A una semana vista de un macroconcierto uno no puede ponerse a componer ningún inédito, hombre! Por mucho que él diga que “sería el broche de oro para el concierto”. – Takato la miró con rabia contendida. Cómo se notaba la diferencia existente entre ellos dos, sobretodo en aquellos temas.
Desde muy pequeño, Takato se había sentido fascinado por el mundo de la música, hasta el punto de jurarse a sí mismo que se dedicaría a ella, no importaba lo mucho que tuviera que sufrir para llegar a cumplir su sueño. Tal como le vaticinaron sus padres y profesores de conservatorio, le resultó extremadamente duro el salir adelante en ese mundillo, especialmente durante los primeros años. No obstante, él sabía que tenía talento para ello, y que tarde o temprano aparecería alguien que se percataría de ello. Trabajó y trabajó sin descanso en cada una de sus maquetas hasta que por fin la suerte le sonrió y logró llegar hasta donde ahora estaba. Todo había sido fruto de su voluntad férrea y de su empeño en dedicarse a esa profesión contra viento y marea.
¡Qué diferentes habían resultado las cosas para él y para Christine! Ella había nacido prácticamente tocada por la buena fortuna: una voz capaz de enamorar a cualquiera, un físico que le abría muchísimas puertas, un desparpajo que lograba cautivar a quien ella se propusiera… y un tío que controlaba la más famosa discográfica de Estados Unidos. No podía haber tenido mejor suerte para dedicarse a la música. Y sin embargo, él se veía ahora sufriendo miserablemente por una canción que se veía incapaz de rescatar de su mente.
-¡Eh! Oye, ¿sigues entre nosotros?- le preguntó la chica divertida mientras chasqueaba sus dedos delante de sus narices. – Mira que sois raritos los japoneses. ¿Por qué no te vas a casa y sigues mañana con esto?
-Imposible.- le espetó él, tomando el lápiz de nuevo.
-¿No te cruzaste con la señora de la limpieza? Seguro que le diste el susto de su vida… ¿Quién va a estar a estas horas encerrado aún en los estudios?- el chico trató de ignorar su verborrea incesante, era mejor no pensar en el ridículo numerito que había tenido que protagonizar con la señora de le limpieza, que había pasado de amenazarle con la fregona a pedirle un autógrafo para sus hijas después de haberlo reconocido como el famoso cantante Takato Izumi. – Deberías descansar para el concierto en lugar de pasar la noche en vela. ¿Y el resto de tu grupo qué? De farra por ahí ¿no? Hacen bien, deberías imitarlos de vez en cuando. ¡Eh! ¿Me estás escuchando? Eoooo… Bah, eres un aburrido.- la chica se apoyó de brazos cruzados sobre la mesa mientras le miraba con cara de fastidio.
-Si tan aburrido soy ya podrías haber cogido la puerta. Además, tu presencia aquí está muchísimo menos justificada que la mía. ¿Se puede saber a qué has venido?- levantó la vista de la hoja nuevamente para encararse a ella, pero de nuevo se encontró con la peor de sus debilidades.
Sus ojos.
Aquellos enormes orbes de color azul, que lo observaban ahora semiocultos tras la cortina de sus cabellos rubios. Fijos en él, parecían penetrar en lo más hondo de su mente y de su alma, dejándolo completamente desnudo y vulnerable.
Sí, de todos los bellos rasgos que definían a aquella muchacha, no había otro más perfecto que esos ojos que lo había cautivado desde su primer encuentro. Aquellos grandes irises de un color tal que Takato aún no había sido capaz de hallar palabra que pudiese definirlos con justicia: ¿azul celeste?, ¿azul profundo?, ¿azul cobalto?, ¿azul amor?. Simplemente eran de un azul indescriptible.
“Joder, ¿En qué estoy pensando? Debería centrarme en la canción o se me echará el tiempo encima.”
Desvió rápidamente la mirada de aquellos magnéticos ojos tratando de recuperar la concentración perdida. Sin darse cuenta, la presencia de Christine, tan cerca, estaba comenzando a incomodarlo. Cogió el lápiz, más inseguro que antes, y lo apoyó sobre el papel, pero sin llegar a describir, su mente había quedado en blanco. Al tic-tac del reloj se le había sumado la apacible respiración de la persona sentada a su lado, el ruido que hacían sus manos al remover los papeles, y por último, algo que quebró definitivamente el silencio y que lo dejó helado.
Christine había tomado uno de sus bocetos al azar, y había comenzado a tararear suavemente las notas que tenía escritas, en un intento de buscar sentido a la creación de su compañero.
Un escalofrío le recorrió el espinazo. La voz clara y cristalina de la chica había actuado como un fogonazo que ilumina momentáneamente el cielo nocturno. Como una musa que acude al rescate del autor que no encuentra inspiración. Gracias a aquel suave tararear, por fin Takato veía las cosas claras. Aquella colosal idea que antes le resultaba inalcanzable estaba ahora rozando sus dedos, dejándose atrapar.
Ahora percibía todos los fallos que había tenido, y sabía cómo corregirlos. Su mano volaba sobre el papel trazando notas incansablemente. Casi sin darse cuenta se escuchó a sí mismo pronunciando:
-No dejes de de cantar.
Christine le miró un momento, con una expresión de asombro e interrogación en sus ojos azules, para sonreír después y elevar un poco más su tono, añadiendo giros de voz improvisados y dotando de una nueva vida a la canción de su compañero, que no perdía detalle del nuevo mundo que acababa de descubrir. Mientras, la chica lo observaba sin dejar ni de cantar ni de sonreír. Se sentía feliz de haber podido servir de ayuda a aquél que, desde que lo conocía, había despertado tanta curiosidad en ella: por sus costumbres de educación y estricto protocolo, por su actitud de total entrega al trabajo, por su expresión cuando acariciaba las teclas del piano o las cuerdas de su guitarra, por como su expresión, usualmente tranquila, cambiaba totalmente cada vez que pisaba un escenario. Muchas veces se había preguntado qué podía pasar por la cabeza de aquel joven compositor que, en poco tiempo, había logrado alcanzar la fama con su grupo. Aquel aire tan exótico y oriental la fascinaba, al igual que el chico veneraba los ojos de zafiro que ésta poseía.
-Buffff… ya está.
En el reloj marcaban las tres menos cinco de la madrugada. Takato dejó caer el lápiz mientras sonreía, una de sus clásicas sonrisas que reflejaban el placer que le suponía el trabajo bien hecho.
-¿La has terminado? – preguntó Christine emocionada.- ¿Es la definitiva?- él le sonrió, para su sorpresa.
-Así es, con un poco de suerte mañana comenzaremos a prepararla y estará a punto para cantarla en el concierto.
-¡Genial! Entonces, en cuanto tenga letra ya podré oír la versión definitiva ¿no?- preguntó mientras estiraba el cuello para ver la partitura de la canción.
-La letra ya está escrita.
- ¿Dónde? ¿Estaba escrita de antes? ¿Cuál es? ¿Y cómo se titula?- de nuevo asomaba aquella impaciencia, casi infantil, que tanto había sorprendido al chico en sus primeros contactos con ella en el mundo de la música. Así era Christine, deseando conocerlo todo y al momento, hasta el más mínimo detalle de cada canción que debía interpretar. Lo que no había llegado a explicarse era por qué también se interesaba tanto por su propio trabajo, ya que ambos tenían diferentes grupos, eran casi como rivales. ¿Y por qué en ningún momento había respondido a su pregunta de qué hacía en el edificio a esas horas, cuando era seguro que solo ellos dos se encontraban ahí por voluntad propia?.
Takato sonrió y se llevó un dedo a la sien, como indicando que ahí era donde estaban el título y la letra de la canción. Guardadas en su cabeza.
-¿Ni siquiera vas a decirme el título, después de todo lo que te he ayudado? protestó la chica.- Desagradecido.
Ahora sí que Takato no pudo evitar soltar una carcajada ante la reacción de la chica.
-¿De verdad quieres saber el título?- le preguntó, mirándola directamente a aquellos enormes pozos de profundidad azul. Ella encaró su mirada, parpadeando un par de veces, observándolo fijamente. Transportándolo de nuevo a aquel mar de sentimientos hasta entonces desconocidos. Sus ojos le parecieron entonces más hermosos que nunca.
-Sí, quiero saberlo.
Fue entonces cuando Takato acortó distancias entre ellos. Apartando un mechón de su fino cabello, acercó sus labios a su oído, para susurrar el secreto título que, aún sin saberlo, era la propia chica quien se lo había dicho.
-Smashing blue…
FIN
Publicado: Mar Sep 26, 2006 1:27 pm
por Reyes
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T.T.C
AMOR FRATERNAL
A primera hora de la mañana, los rayos del sol ya iluminaban el rostro de la diosa.
-Helios, ¿por qué sales tan pronto?-murmuró Loxo desde su lecho. Se incorporó en la cama y observó el paisaje a través de la ventana de su habitación. El cielo se veía despejado y en las montañas cercanas no se veía un copo de nieve. Un día perfecto para cazar.
- ¡Loxo, levántate de una vez! Ya sabes que Ártemis se enfadará si llegamos tarde.-le dijo Hecaerge, su compañera de cuarto.
La diosa se desperezó y, en diez minutos, ella y su prima ya estaban arco en mano, esperando a su señora. Esta apareció poco después, ataviada como la auténtica diosa de la caza. A Loxo siempre le había fascinado el aspecto de la hija de Leto: su cabello castaño le bajaba salvaje por la espalda, sus facciones, en contraste con su fuerza y determinación, eran bellas y delicadas, con uso labios carnosos y unos ojos del color de la miel del Himeto. Tenía una figura atlética y musculosa, algo más propio de una ninfa del bosque que de una diosa olímpica. Y su olor corporal recordaba vagamente al de los bosques en primavera. Para la ocasión iba ataviada con una túnica corta de preciosos hilos plateados, ceñida a la cintura con un cinturón de cuero, y portaba su inseparable arco de plata, así como de su aljaba cargado de flechas del mismo metal.
-¿ Ya estamos todas?-preguntó con su voz clara y firme como la de un capitán.
-Sí.- contestaron las demás al unísono
Loxo observó que ese día no iban a hacer caza mayor, pues Ártemis tan solo había reunido a sus más íntimas acompañantes: las tres ex mortales hiperbóreas, Oupis, Hecaerge y la propia Loxo, y también Britomartis, la hermanastra de Ártemis. Todas ellas cargaban con el material necesario para un día de caza, lo que en su caso siginificaba arcos, flechas, redes y algo de ambrosía.
Minutos más tarde ya estaban todas despidiéndose de Heracles, el portero del Olimpo. Cuando este cerró la puerta principal las cinco diosas se aparecieron instantáneamente al pie de la montaña, gracias a un hechizo que los dioses primigenios habían dado a Zeus y Hera en su boda. Allí ya les esperaba lo único que les faltaba para el viaje: el medio de transporte. Había tres carros, uno de plata y dos de madera noble , coducido el primero por dos ciervos consagrados al servicio de Ártemis, y los otros dos por unas yeguas de Tracia.
El lugar al que se dirigieron fue al monte Cileno , en Arcadia. Era uno de los cotos de caza preferidos por Ártemis, ya que la población humana más cercana se encontraba a unos cien estadios. Ahí tan solo habitaban sátiros , dríades, el dios de su río y Maya, la madre de su hermanastro Hermes.Así que se pusieron en camino y al cabo de veinte minutos ya se estaban internando en los más profunde del bosque.
Allí pasaron la mayor parte d la mañana paseando y charlando entre risas, sin ninguna pieza de interés a la vista, pero a la hora en que las ciudades humanas bullen de actvidad, un precioso ciervo , con la piel del color de las cortezas que le rodeaban y unos magníficos cuernos que le daban un aspecto imponente, se paseó ante las diosas con aire impertinente.
-Allá vamos.- dijo Ártemis a sus compañeras.
Así empezó una caótica carrera del ciervo y las cazadoras, donde uno las esquivaba con elegancia y casi se mofaba de ellas , y las otras le disparaban y le emboscaban a la mínima ocasión .En su frenética persecución pasaron por delante de casi todos los árboles, cruzaron el río en más de diez ocasiones y se toparon con una misma ninfa cuatro veces. Así que ya había pasado el mediodía cuando , exhausta a pesar de ser una inmortal, ártemis encontró algo que había dejado el ciervo tras de sí. Una pluma negra.
-¿Qué demonios es esto?-preguntó extrañada la diosa cazadora.
-¡No me digas que ahora los ciervos también hacen eso de liarse entre machos! Pero en que acabará esta sociedad...- saltó Britomartis, alarmada.
Ártemis le propinó un buen coscorrón en la cabeza con su arco
-Esto para que dejes de decir necedades. ¿Cómo va a ser un ciervo “eso”? esto debe tener un significado más profundo...¡Ya sé! Es un ciervo carnívoro comedor de aves! Como no había caído antes...
Loxo no daba crédito a sus oídos. ¿Qué extraño incienso habían olido esas dos?
Entonces se oyó un graznido a su izquierda y las cuatro diosas vieron con claridad como un cuervo con unos pequeños cuernos sobre el pico salía volando de un arbusto y desaparecía poco después de su campo de visión al otro lado del claro donde se encontraban. La flecha de Ártemis pasó silbando bajo sus patas.
-Mish...por un segundo-protestó la gemela divina.
Después de una almuerzo más bien tardío y con la jefa de un humor de perros, reanudaron su marcha. Al cabo de una media hora de paseo empezaron a ver más y más ratones a su paso: los veían escondidos entre las raices de los árboles, en lo alto de las copas, saliendo empapados del río, correteando por la hierba, incluso vieron a alguna rata con un lacito en la cola. Siguiendo las señales que les marcaban estos pequeños roedores, llegaron por fin a lo alto de un montículo de tierra revuelta. Allí , esperando ver algo de interés, no veía otra cosa que una flecha de hojas secas que les indicaba que siguieran hacia el sur.
Lxo veía como Ártemis se estaba poniendo más y más nerviosa a cada paso que daban: no soportaba que la utilizasen así, pues tenía una mente que tendía a ser la que idease y llevase a cabo los planes, no al contrario. Pero no tuvieron otro remedio y se pusieron en camino de nuevo cuando, para su sopresa, apareció el segundo ciervo de la jornada. Pero este, a diferencia del anterior, era bellísimo. Tenía un pelaje claro y de aspecto suave ( a Loxo le dieron unas ganas terribles de abrazarle cual perrito), sus cuernos tenían el aspecto de unas magníficas ramas de laurel y sus pezuñas relucían como pequeños soles. Ártemis, cansada de andar detrás de animales todo el día y sin resultado alguno, disparó velozmente contra el animal. Él esquivó la flecha con la gracia natural de un dios. Cuatro flechas más fueron disparadas y las cuatro se clavaron en la tierra. Loxo temía por la seguridad de sus compañeras e incluso por la del propio bosque. Mientras la diosa doncella corría y asaetaba las cortezas e los árboles desde donde las dríades la llamaban de cortesana para arriba, el ciervo la burlaba con uno y mil botes y coreografías. Incluso se permitió el lujo de detenerse para sacarle la lengua a su perseguidora. Esta pegó un gritó tan alto que el suelo a tres metros de radio tembló de terror. Pero cuando el proyectil de plata estuvo apunto de atravesar al rumiante rubio, este estalló con un sonido que parecía ser mil liras tañidas a la vez.
En su lugar tan solo había un caparazón de tortuga. Ártemis, perpleja, la recogió del suelo y en su palma cayó un pequeño pergamino. La diosa lo desenrolló y lo leyó en voz alta. Loxo temía por su vida. Ártemis se aclaró la garganta y pronunció:
- Diosa de las bestias, ¿Qué se siente cuando uno no alcanza su objetivo y se ve humillada por un montón de animalillos. Lo siento, pero aahora tendrás que admitir de una vez que Apolo es mejor en todo, jeje.
Con cariño, tu hermanín.
¡¡Feliz día de los dáemons inocentes!!!XDDDD
Loxo vio como la “vena del peligro” de ártemis se hinchaba hasta límites insospechados y arrancó a correr, llorando de pánico. En la lejanía se oyó u n rugido que le helaría la sangre hasta a Tifón:
- Hermano....TE ODIOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
-Fin-
Kahuna
Cambios, adaptación, y esperanza.
Cambios
Las cosas van y vienen, crees que lo que un día estuvo siempre estará, pero esto es solo una ilusión. Nada es inmutable, todo cambia. Algunas cosas para bien, otras para mal. Algunas bruscamente, otras, por el contrario, las puedes predecir, pero esto no las hace menos sensibles a los cambios.
La fragilidad del mundo que nos rodea puede llegar a ser preocupante si nos ponemos a pensar en ello detenidamente. Nuestras acciones, nuestros pensamientos, e incluso nuestros deseos, pueden llegar a cambiarlo todo de tal manera, que no somos capaces de darnos cuenta de por qué cambia. Y si llegamos a darnos cuenta del porqué, descubrimos que no podemos evitarlo.
Abre los ojos, y por un momento todo le parece igual que siempre, pero enseguida se percata de que esto no es así. Esa extraña sensación que tiene en su interior, de tranquilidad extrema, de silencio, de vacío. Mira a un lado y sus sospechas se confirman, el otro lado de la cama está ocupado únicamente por las sábanas, frío, sin vida. Como él en ese instante, en el cual recuerda la verdad. Y esta le golpea con fuerza, como si de un látigo se tratase. Casi podía escuchar el ruido de este al golpearle.
Se levanta y se dirige hacia la ducha, casi sin tener conciencia de lo que está haciendo. Mientras se enjabona la cabeza, llegan a su mente imágenes, sonidos, recuerdos. ¿Por qué no podía pararlos? ¿Por qué le atacaban tan incesantemente? ¿Qué había hecho él para merecer esto? Estas y más preguntas sin respuesta se formulaban repetidamente en su cabeza, y él se sentía acorralado.
Se vistió rápidamente, y tras esto se subió al coche, dispuesto a ir a su trabajo. Durante el trayecto, imágenes, sonidos, recuerdos, preguntas sin respuesta, y demás, le asediaban nuevamente. No sabía cuánto tiempo más podría aguantar así.
Una vez en el trabajo, se dedicó a desempeñar sus funciones de manera inconsciente, mientras seguía manteniendo su lucha interna, intentando desembarazarse de sus perseguidores.
El regreso a su casa fue igual de meditabundo. Llega, abre la puerta, y se recuesta cómodamente en el sofá. Enciende la televisión, y empieza a ver noticias de guerras, pobreza, y conflictos políticos. Parecía como si el mundo externo, reflejase su situación interna. Lo que comenzó siendo un intento de distracción, acabó siendo el instrumento que le devolvió sin contemplaciones, a la dura y fría realidad.
Se preparó un sándwich y una taza de leche para cenar. Era algo muy distinto a lo que estaba acostumbrado, lo que le hizo recordar viejos sabores. No pudo evitar sentir, una repentina sensación de nostalgia. Al no conseguir librarse de ella, decidió hacer algo de ejercicio. Pensando que tal vez así, conseguiría eludir esa pesada carga, aunque solo fuera por un instante.
Horas después, decidió irse a dormir. Había sido un día duro, un día de cambios.
Adaptación
A los cambios les suceden más cambios, ocasionados por el intento de adaptación a los primeros.
Lo que un día te resultó gracioso, ahora te es indiferente. Lo que una vez te gustó, ya no es de tu agrado. Lo que te llegó a sorprender, se ha convertido en rutina.
Lo que empezaron siendo cambios en la situación, han acabado siendo cambios en tu conducta. Lo que en una ocasión fuiste, ha sido reemplazado, por algo nuevo. Por una versión alterada de ti mismo.
La ilusión, la sorpresa, el respeto, y hasta el amor, son enemigos de la costumbre. Y mientras los unos luchan contra los otros por prevalecer. Los granos del reloj de arena siguen cayendo.
Un día nuevo, él se levanta y se dirige a la ducha. En esta ocasión no hay sorpresa, ya es consciente de su situación.
Hacía ya varias semanas que se había producido el gran cambio. El dolor, la desesperación, y las lágrimas, habían desaparecido, dejando a su paso una mueca de desgana.
Toma un ligero desayuno y se marcha a trabajar.
Una vez en su trabajo, se dedica a desempeñar sus labores de manera automática. Esto no era típico en él, sino más bien un hábito que había adquirido recientemente. La pasión que antes sentía por su oficio había desaparecido, junto con otras cosas.
Al salir de trabajar se dirigió a un bar cercano, esto también era una reciente costumbre. Se pidió una caña, y se puso a ver un partido de fútbol. En realidad no le apasionaba ese deporte, pero lo cierto era que no tenía nada mejor que hacer. El camarero, que si era un forofo del deporte, le decía algo relacionado con el partido de vez en cuando, como intentando iniciar una conversación. Él le respondía con educación, pero no dando pie a que esta se prolongase. No tenía ganas de hablar con nadie, ni siquiera les había contado a sus amigos lo sucedido. No quería tener que soportar la supuesta comprensión de sus amigos, ni sus torpes intentos de animarlo.
Salió del bar y se dirigió a casa.
Gira la llave, abre la puerta, entra, y la cierra tras de si. Un gesto tan repetitivo como sus días.
Se recuesta en el sofá y enciende el televisor. Pone las noticias, y empieza a oír cifras de muertes, accidentes de tráfico, maltratos… Por lo visto el mundo seguía hecho un desastre. Pero eso no le sorprendió lo más mínimo, de hecho, ni siquiera le importó. Tenía bastante consigo mismo como para preocuparse de los demás. A parte, no era nada nuevo que todo fuese mal, por qué se iba a preocupar ahora.
Sacó una de esas cenas preparadas del congelador y se la hizo. Lo cierto es que no están nada mal. Pero a la vez que se decía esto a si mismo, pensaba en como podían llegar a cambiar las cosas, y en como podía uno, llegar a acostumbrarse a estos cambios.
Se lavó los dientes, se dio una ducha rápida, y se fue a la cama.
Una vez estuvo solo frente a la oscuridad y el silencio de su habitación, empezó a pensar. Ya no sentía el dolor que sentía antes, de hecho ya se había acostumbrado a la situación. O tal vez esto no era más que una ilusión que el mismo quería creer. Porque si de verdad se había acostumbrado, por qué le parecía tan grande y tan fría esa habitación.
Esperanza
Existen momentos de tristeza, de depresión. Momentos en los que por mucho que te esfuerces, no eres capaz de encontrar la luz en el largo y oscuro túnel en el que te encuentras. Pero en esas situaciones en que el pozo de dolor es cada vez más profundo, y en que la soledad se hace insoportable. Siempre se puede encontrar una cuerda que te ayude a salir del pozo, una luz que te guíe para salir del túnel. Y justo en ese instante en que pensabas que todo se había terminado, te encontraste con ella de frente.
Abre los ojos, mira alrededor como intentando encontrar algo, pero nada. Son increíbles las malas jugadas que pueden llegar a causar la mente. A pesar de que hacía más de un mes que ella se había ido, él se había despertado dispuesto a encontrarla.
Se mete en el baño con la intención de despejarse con una buena ducha.
Hoy no tiene que ir a trabajar, así que decide tomar un ligero desayuno e ir a dar un paseo al parque.
Todo estaba lleno de parejas, familias unidas de la mano, solteros y solteras paseando sus perros. El ni tan siquiera tenía eso, bueno, antes si, pero ella se lo había llevado. ¿Es qué ni siquiera eso le podía dejar como mero consuelo? ¿Y por qué tenía que ponerse a pensar en eso precisamente ahora? Lo cierto era que, por mucho que el tratase de engañarse, o de engañar a los demás, seguía enamorado de ella. Y estar en ese parque solo empeoraba su situación. Mientras caminaba hacia las afueras del parque, seguía dándole vueltas a la situación, y a cada pensamiento que cruzaba su cabeza, el nudo que aprisionaba su pecho se estrechaba más y más.
Mete la llave en la puerta, la gira, abre, y cierra tras de si. Esta escena me suena, pensaba irónicamente. Lo cierto es que nunca antes se le había hecho tan duro un gesto tan simple como el de entrar a casa. Pero lo cierto es que sus días se habían vuelto repetitivos desde que ella se fue, faltos de sentido, y de vida. ¿Cómo podía sentir un dolor tan intenso a pesar de que hacía bastante tiempo que ella se había marchado? Tal vez fuese porque se acababa de dar cuenta de que su aparente indiferencia respecto el tema, no era más que una farsa creada por él para auto engañarse, y engañar a los demás. O porque realmente sentía que sin ella la vida era insípida, como una ensalada sin sazonar.
Sin saber como cogió un álbum de fotos, y empezó a ojear fotos de los dos. De repente una silenciosa lágrima se deslizó por su mejilla. No podía soportar el dolor, solo pensar que tendría que estar el resto de su vida sin ella le dejaba sin respiración.
Mientras seguía lamentándose, y justo cuando estaba tocando fondo, sonó el timbre. Por un momento se quedó quieto, no sabía de quién se podría tratar. Cuando abrió la puerta se quedo estupefacto. Ahí, frente a sus narices, se encontraba ella, mirándolo con unos ojos tristes y arrepentidos. No sabía que hacer, no sabía como reaccionar. Pero si que sintió una cosa. Después de todos sus pesares, lloros, intentos de aguantar el dolor, comidas de cabeza, y demás. Consiguió ver una tenue luz al final del túnel, consiguió tocar una cuerda que le permitiese salir de su profundo pozo de pesares. Se había encontrado con ella, y se encontraba justo frente a él.
Kid
HEROÍNAS
La ciudad de Asmira se encontraba envuelta en la celebración del carnaval; y aquella noche del siete de octubre sus calles estaban llenas a rebosar de la gente que salió para invadirlas con los colores de sus máscaras y disfraces, y para vivir la fiesta que una vez al año les llenaba de sueños y emociones. En medio de todo aquél ajetreo uno de los pocos lugares en el que se podía estar tranquilo, sin tener que abrirse paso a través del gentío; era el estanque de la Fuente de los Deseos, a la que muchas personas acudían para implorarle buena fortuna a los Dioses del Destino cuando las cosas les iban mal.
En aquella noche en la que todo el mundo celebraba el carnaval, sólo había una pequeña balsa reposando pacíficamente en las tranquilas aguas del estanque. En ella habían dos chicas de poco más de veinte años: Anaís, con sus cabellos rojos como el fuego y salvajes como una noche de tormenta, miraba con sus ojos verdes y cristalinos las hermosas luces que bañaban con sus colores el negro cielo de la ciudad; reflejándose también en el agua, iluminada por la tenue luz verdosa y pálida que emanaba de la fuente a su espalda. Andrea mantenía sus ojos azules y penetrantes fijados en el lienzo sobre el cual dibujaba un solitario árbol en medio de un parque, mientras jugueteaba de vez en cuando con la punta de sus cabellos negros y lisos. Al contrario que Anaís, ella tenía una expresión serena y sosegada, y su piel clara estaba completamente carente de las pequeñas pecas que cubrían el rostro de la pelirroja.
Anaís se levantó y se acercó a su compañera para mirar por encima de su hombro, cosa que molestó a la morena, que a pesar de tener tan sólo tres años más que su amiga, encontraba su actitud insoportablemente infantil.
- ¿Qué estás dibujando? –preguntó Anaís.
- ¿No lo ves? –respondió Andrea, malhumorada- Un árbol.
- Ah... –suspiró la joven pelirroja- Creí que estarías otra vez tratando de dibujar el “amor”.
- El amor no existe. –dijo Andrea volviéndose para mirarla, fijándose en que a pesar de estar sentada y Anaís de pie, le llegaba por el pecho.
- ¿Entonces por qué tratas de dibujarlo?
- Precisamente por eso: si no soy capaz de dibujarlo significa que no existe.
- ¡O que eres una mala artista! –bromeó Anaís soltando una pequeña carcajada.
- Estúpida... –replicó Andrea soltando el lápiz de dibujo.- El amor sólo es un cuento que se les explica a las jovencitas tontas como tú y que usan los galanes de pacotilla para engatusar a las mujeres.
- ¡No me llames jovencita: tengo veintidós años! –protestó la chica de ojos esmeralda.
- Al final todo se resume en el sexo: si el sexo es satisfactorio, la relación es placentera. El amor no es más que un cuento, como el que explican sobre los viejos Señores Dragón. No es más que hipocresía disfrazada de algo bonito.
- Estoy de acuerdo en que el sexo es importante en una pareja, pero no lo es todo. ¿No crees que existe el amor sin sexo? –Andrea frunció el ceño en señal de disconformidad- ¿Y qué me dices de las formas de demostrar el amor sin que haya sexo de por medio?
- Tonterías. –masculló la bella mujer volviendo la cabeza para mirar de nuevo al lienzo. Entonces notó la calidez de los labios de Anaís rozando suavemente su oreja y haciendo que la morena sintiera un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo.- Es un buen truco. ¿Lo usas a menudo con los hombres? –Anaís asintió- Pero siento decirte que no es más que un impulso físico.
- Mira que eres dura de mollera. –protestó Anaís llevándose las manos a la cintura con desaprobación. –Andrea frunció el ceño y se levantó, haciendo que la balsa se agitara y mirando fijamente a su amiga a los ojos.
- Oye...
- ¿Sí?
- Tú... ¿no me debías diez monedas de oro? –antes de que Anaís pudiese responder, el fuerte retumbar de las campanas de la Iglesia de Asmira interrumpió la conversación, indicando que eran las doce de la noche. Su sonido era tan fuerte que podía oírse desde toda la ciudad; y a él respondieron sus habitantes con gritos y aplausos de alegría.
- Ya es la hora. –dijo Anaís cogiendo uno de los remos.
En medio de todo el tumulto que cubría las calles de la ciudad en el carnaval, un par de personas encapuchadas no llamaban la atención como tal vez lo hubieran hecho en cualquier otra noche (al menos en una noche en la que los guardias no hubieran estado más pendientes de la celebración que de vigilar las calles). El colosal edificio de la Iglesia de Asmira se alzaba majestuosamente frente a las dos jóvenes, con sus altas torres perdiéndose en lo más profundo de la oscuridad del cielo y las luces púrpuras y violetas que surgían de la cristalera central de la torre, en la cual había dibujada una representación de la Diosa de la Guerra alzando su espada. Debido a la celebración y a la reciente salida del edificio de los fieles, que habían terminado su ceremonia religiosa; tan sólo había un guardia junto a su enorme puerta de madera de roble. Las mujeres se acercaron tranquilamente a él, captando de inmediato su atención y desconfianza, hecho que quedó demostrado cuando se llevó la mano a la funda de su espada.
- Por favor, no te alarmes. –dijo Anaís quitándose la capucha y revelando su bello rostro, decorado con una sonrisa infantil. Andrea hizo lo mismo.- Sólo hemos venido a buscar ayuda.
- Discúlpeme, damisela. –dijo el guardia de armadura plateada relajándose.- ¿Qué tipo de ayuda deseáis? –para cuando hubo terminado la frase, Anaís ya se había puesto enfrente suyo, esbozando una seductora sonrisa.
- Verás, el tipo de ayuda que yo necesito es algo así... –dijo, rodeando al hombre con sus brazos. Antes de que éste saliese de su perplejidad, su garganta fue traspasada por el frío filo de una daga.
- ¡¿Pero qué haces, sucia infiel?! –gritó otro guardia surgiendo de las sombras del interior del edificio mientras desenvainaba su espada.
- Duerme. –susurró Andrea tocándole suavemente en la frente con el dedo índice. Cuando inmediatamente después el fornido hombre se derrumbó sobre el suelo, profundamente dormido; Andrea le dijo con sorna a su compañera, esbozando una altiva sonrisa:- Me gustaría saber qué harías tú sin mí. –Anaís le devolvió la sonrisa mientras limpiaba la sangre de su daga con la capa y se adentraba en la iglesia.
Ninguna de las dos se sorprendió ante la lujosa belleza del interior de la iglesia, puesto que ambas ya habían estado dentro más de una vez, además de estar ya acostumbradas a ese tipo de sitios. Así, ni las obras de arte que allí se hallaban, ni el oro y las joyas, ni la impresionante arquitectura de la bóveda principal las maravilló lo más mínimo, como sí que lo habrían hecho con otro tipo de personas. Tras cruzar un amplio umbral flanqueado por dos enormes estatuas de piedra que representaban a sendos caballeros armados con lanzas, llegaron a la sala de ceremonias, en cuyo altar de oro se encontraba el tesoro que habían venido a buscar: la Corona de Asmira, que en aquellos momentos se encontraba en posesión del Barón Van Fenet, quien, tal y como habían pensado; estaba todavía allí en solitario. Al verlas llegar, enseguida las reconoció como intrusas y se levantó de su asiento, diciendo presuntuosamente:
- Veo que finalmente habéis osado venir aquí; Anaís Falcónnegro y Andrea Theylune. –ambas mujeres se miraron con desconcierto y luego clavaron su mirada en el hombre de mediana edad que había frente a ellas, vestido con caros ropajes rojos y con una larga melena plateada. Él esbozó una sonrisa arrogante y misteriosa y esperó la reacción de ambas, mirándolas con sus ojos negros como el azabache.
- ¿Así que sabías quiénes éramos? –inquirió Andrea, preguntándose cómo era aquello posible.- ¿Y sabías que íbamos a venir esta noche?
- En efecto. –respondió el barón en un tono de superioridad.
- ¡¿Y cómo puede ser eso?! –preguntó Anaís con impaciencia.
- Bien... –rió el barón en voz baja- No es que sea algo muy difícil para los de mi “especie” adivinar las intenciones ocultas de las personas. Podemos “olerlo” en la sangre... –de nuevo, las dos mujeres cruzaron una mirada de interrogación, pero muy pronto sus dudas quedaron disueltas cuando contemplaron con sorpresa cómo los finos rasgos del hombre se tornaban duros y angulosos, su piel palidecía y sus ojos enrojecían como inyectados en sangre.
- ¡Así que un vampiro, ¿eh?! –exclamó Anaís, sonriendo con audacia y desenvainando una fina y afilada espada, mientras que Andrea apartaba su oscura capa para alzar levemente los brazos.- ¡Igualmente nos llevaremos esa corona! –gritó la joven fijando su vista en la corona de oro y diamante que descansaba sobre la cabeza de aquella criatura de la noche.
- ¡Intentadlo! –rió Van Fenet, siendo sorprendido por la daga que voló fugazmente de la mano de Anaís y que si no hubiera esquivado con presteza habría acabado clavada en su cuello. A causa de ese movimiento repentino la corona cayó al suelo tras el barón, y las dos mujeres echaron a correr hacia ella con decisión- ¡Acabad con ellas, siervos míos! –gritó el vampiro, haciendo que las dos estatuas que había en la sala cobraran vida mágicamente y comenzaran a caminar hacia las dos mujeres esgrimiendo sus lanzas.
- ¡Yo me ocupo de ellos! –gritó Andrea, mientras que Anaís asentía y se lanzaba al encuentro de su enemigo, que como ella; ya había desenvainado su espada. Anaís se detuvo en seco y sonrió, adelantando un pie y colocando su brazo izquierdo tras la espalda.
- En guardia. –declaró con confianza. El vampiro esbozó una sádica sonrisa, dejando ver sus afilados colmillos, e inmediatamente atacó a la impetuosa muchacha con un espadazo vertical, sujetando la empuñadura con ambas manos. Para su sorpresa, la chica desvió el golpe elegantemente con un suave movimiento; y enseguida le atacó con una estocada, destripándole un trozo de ropa. El vampiro mostró una mueca de enfado y comenzó a intercambiar golpes con la chica de cabellos de fuego.
- ¡Que las lanzas del Sol se claven en él! – gritó Andrea, invocando una docena de haces de luz que surgieron de la palma de sus manos y volaron hacia las pétreas monstruosidades que intentaban acabar con ella. Los afilados haces mágicos se clavaron en ambas estatuas a penas rasguñándolas, por lo que la mujer tuvo que rodar por el suelo para esquivar el ataque de lanza de la más próxima. Por su parte, el barón estaba desquiciado ante la pericia de Anaís en el manejo de la espada y sorprendido por sus felinos movimientos. Una mirada fugaz para contemplar cómo de una nueva invocación de Andrea surgía una fina neblina de colores blancos y verdes que rodeaba a una de las estatuas y la hacía chocar contra la otra, derribándolas a ambas; bastó para darle a Anaís el instante de distracción que necesitaba para derrotar a su enemigo: en un movimiento seco, como un latigazo; la joven cercenó la mano del barón que tenía sujeta la espada. El vampiro dio un aullido sobrenatural y se abalanzó sobre ella con la intención de atravesarla con sus colmillos ensangrentados, pero la chica no se dejó intimidar por aquél feroz ataque, sino que reaccionó pateándole la boca con descaro y aprovechando que se desequilibraba hacia atrás para apoyarse en sus hombros con las manos y dar un salto mortal por encima suyo. Cayó al lado de la preciada corona que habían venido a buscar, y ni siquiera se inmutó cuando escuchó de nuevo el aullido de su enemigo tras ella, ya que Andrea le estaba cubriendo las espaldas:
- ¡Vuela con la fragilidad de una pluma! – gritó la hechicera, invocando una poderosa ventisca que lanzó al Barón Van Fenet por los aires, alejándolo de su compañera. Anaís recogió la corona del suelo, y tras hacer una burlona reverencia, echó a correr junto a su amiga para escapar de la iglesia.
Una vez alejada la corona de la Iglesia de Asmira, miles de fieles residentes en la ciudad quedaron libres del embrujo al cual sus poderes les sometía; obligándoles a cumplir con la voluntad del corrupto líder de la religión. Anaís Falcónnegro y Andrea Theylune se habían convertido en dos auténticas heroínas que libraron a la Ciudad de Asmira de un nefasto futuro, pero sin embargo; ninguna de las dos lo supo nunca: si lo hubieran llegado a saber, tal vez se habrían desmayado de la alegría al imaginarse las innumerables riquezas que habrían obtenido gracias a esa gesta. Mientras las dos hermosas mujeres se alejaban raudamente de la ciudad, discutían a voz en grito, al igual que siempre:
- ¡No te pienses que me he olvidado de esas monedas de oro que me debes! – le insistió Andrea a su compañera.
- ¡No puedo creerme que sigas pensando en esa estúpida deuda! –gruñó Anaís- ¡Con lo que saquemos vendiendo esta corona en el mercado negro, tendremos dinero suficiente para vivir como reinas durante una buena temporada!
- ¡Ya lo sé! –exclamó Andrea esbozando una sonrisa- Pero una deuda es una deuda, y tú debes pagarme.
- ¡Estúpida zorra materialista! –gritó Anaís enfadada.
- ¡Y tú eres un putón avaricioso! –replicó Andrea con furia.
Y así, las dos mujeres se perdieron en la oscuridad de la noche...
Eduardo Zaplana PP
En la nieve
A un millón de kilómetros del hogar se sentía Daniel Bellamy, reportero de la prestigiosa revista ``Cryptozoology´´, una revista que trataba los mitos y leyendas de forma seria, al menos, lo más seria posible en estos tiempos que corren.
Daniel Bellamy miro por la ventana de su habitación y no vio mas que nieve y frío. algunos dirán que el frío no se ve, pero eso es porque no han estado en Nepal, que es donde se encontraba ahora, para ser mas específicos en la cordillera del Himalaya, el editor de la revista ``Cryptozoology´´ le había encargado investigar el asunto del Yeti, al parecer el mítico ser había reaparecido décadas después de su ultimo avistamiento y tenia que ser Bellamy quien tenia que ir, si algo odiaba Bellamy es que todos los bichos sobrenaturales estos siempre vivían en montañas inexpugnables, lagos kilométricos o demás lugares donde uno jamas iría de vacaciones.
Daniel bajo al salón del hostal donde los sherpas de la expedición estaban terminando de llenar las mochilas del material necesario para sobrevivir.
-¡¡Puto y maldito lugar!!-rezongo Bellamy al bajar por las escaleras- Odio el frío, odio el Nepal, el Himalaya y el puñetero Yeti, ya podría vivir en algún lugar normal, eso si existiese claro, no se como la gente cree en estas cosas.
Los sherpas rieron, ya conocían a Bellamy y su humor de días atrás, al principio se sorprendieron de que alguien que venia a ver al Yeti no creyese en el pero después se dieron cuenta muy rápido de porque Bellamy trabajaba en una revista sobre mitos y leyendas.
-He oído risas ¿Que pasa?-dijo una joven que entraba por la puerta-¿Me he perdido algo?
Mónica Alba acababa de entrar y el rostro y actitud de Daniel cambio de repente, los sherpas volvieron a reír, estaba claro que Daniel sentía algo por Mónica pero esta ni se daba cuenta.Rubia y con el pelo largo Mónica era la mujer por la que suspiraba Daniel, era mirar sus ojos azules y perderse en ellos, y si solo fuese el físico, Monica era la mujer mas simpatica y pizpireta que un hombre podía conocer.
-¡¡Yupi!!-chillo alegremente Mónica- Los Sherpas ya han acabado, podemos ir ahora mismo a escalar la montaña, si tenemos suerte podremos sacar una foto del Yeti.¿No es maravilloso?
-Si -contesto Daniel- Estoy muy ilusionado con este trabajo, espero que puedas hacer buenas fotos, el Yeti es un ser que siempre me ha intere...-Daniel callo un momento para mirar con mala cara a los sherpas que se reían de sus cambios de humor-...sado.
Se vistieron adecuadamente y emprendieron la subida al Himalaya, no subirían hasta arriba del todo claro, solo hasta la mitad que es donde se suponía que vivía el Yeti, no eran escaladores expertos pero con la ayuda de los sherpas no habría problema, el tiempo era bueno dentro de lo que cabía esperar. Mónica estaba feliz, ella siempre había adorado los mitos y por eso empezó a trabajar en la revista, para su sorpresa su compañero de la infancia Daniel Bellamy entro a trabajar meses después casualmente en la misma revista, ella siempre creyó que Bellamy no creía en estas cosas pero resulto que Daniel era un gran aficionado a la criptozoologia y estaba encantada de contar con el.
Por su parte Daniel estaba refunfuñando detrás de Mónica y maldiciendo el momento en el que pidió el estúpido trabajo de redactor solo para estar a su lado, y encima era incapaz de declararse, pero claro, ella jamas le había visto como un hombre sino como su amigo de la infancia, y ahora se encontraba subiendo el Himalaya en busca de un ser que no existía.
Llegaron en un par de días a los 2500 metros de altitud, el viento soplaba mas fuerte y el frío congelaría el mismísimo infierno, Daniel paro un momento y se quedo prendado de la belleza del paisaje, desde allí arriba se contemplaba el mundo desde otra perspectiva, por un instante pensó que valía la pena haber ido a ese lugar.
De repente sucedió, un grito estremecedor sacudió a los presentes, a unos 30 metros una figura blanca surgió entre las rocas, Mónica empezó a fotografiar ¿Era el Yeti? Daniel no se lo podía creer, no se distinguía bien entre la nieve y estaba empezando un pequeño temporal, una cabra del Himalaya vino corriendo en nuestra dirección dejando un rastro de sangre, al parecer huía de la criatura, miramos de nuevo al lugar pero al parecer la criatura había desaparecido, los sherpas se acercaron primero al lugar armados con rifles, Mónica y Daniel se acercaron cuando hubo constancia de que no había ningún peligro, había huellas en el suelo aunque pronto se borrarían por el vendaval que estaba empezando, Mónica hizo todas las fotos que pudo.
!!!!BRUUUUUUUUUMMMMMMMMMMM¡¡¡¡
-¡¡¡Un alud!!!-grito un sherpa-
En unos segundos todo se cubrió de oscuridad, Daniel intento cubrir a Mónica pero era demasiado tarde, el alud le había vencido.
Despertó mareado y confuso, Daniel miro a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en una cueva, estaba al lado de una pequeña hoguera, había algunos enseres, mantas y una silla de madera vieja y sucia, algo se movió a su lado, aliviado se percato de que solo era una cabra del Himalaya, curiosamente manchada de rojo en una de sus patas.....¡¡¡¿Sangre?!!!
Daniel no sabia que pensar, ¿Estaría en la cueva del Yeti? Se oyeron pasos y allí estaba, un ser de casi 2 metros de altura, peludo y cubierto de nieve, Daniel no sabia que hacer, estaba paralizado, y entonces.....
-No te preocupes -dijo el ser en su idioma- No es lo que crees.
Sonó una cremallera y Daniel descubrió que lo que el creía el Yeti no era mas que un hombre en un disfraz, tras el impacto inicial Daniel se repuso y exigió una explicación. El hombre alto y fibroso de cuerpo se sentó en la silla.
-Me llamo Samuel -soltó nada mas sentarse- y trabajo para el gobierno de Nepal.
-¿Qué?¿De Yeti? - pregunto un indignado Daniel-¿Por qué?
-Si, de Yeti, en otros lugares se inventan animales marinos, chupacabras, sirenas, aquí un hombre de las nieves, llevo aquí un año trabajando, la razón es simple, turismo, el Nepal esta mal de toda la vida y el gobierno Chino impide cualquier intento de prosperar, cada vez menos gente viene a escalar el Himalaya, además que estos no dejan dinero, pero el Yeti es otro asunto, da mucho dinero en souvenirs y demás, es algo con lo que el pueblo subsiste.
-Pero....-empezó Daniel antes de darse cuenta de algo importante-...un momento, ¡¡¿Y los demás de mi expedición?!!
-Estan bien, me comunique con los sherpas por radio - respondió Samuel- Los sherpas saben que no existe el Yeti, hacen bien su trabajo.
Daniel respiro aliviado, Mónica estaba bien,
-Dentro de poco vendrán unos sherpas aquí y te llevaran a la pueblo, ahora que sabes la verdad te pido por favor que no cuentes nada, se que trabajas para una revista pero.....
-No te preocupes -mintió Daniel- Como iba a contar algo así si me has salvado la vida, si no es por ti estaría muerto, confía en mi - dijo dándole la mano-
Daniel estaba feliz, tenia una noticia bomba, pero no la publicaría en esa mierda de publicación para la que trabajaba, no, el iria a un buen periódico o revista y vendería la exclusiva, ganaría una pasta gansa con ello, ``el hombre que descubrió el timo´´, si, realmente la vida le sonreía,
Por fin, después de otro par de días Daniel llego al pueblo y nada mas abrir la puerta...
-¡¡Daniel!!- grito Mónica abrazandole-
Mónica sollozaba y le abrazaba tan fuerte que casi le rompe el cuello, jamas la había visto así.
-Sniff, creí que te había perdido tonto - le dijo nada mas soltarse-
Estaba tan guapa, tan hermosa con la cara sonrosada por el frío y los ojos vidriosos.
-Pero ahora estoy tan feliz, tu estas bien y tengo una noticia estupenda, ven a mi cuarto, ahora veras.
Mientras subía las escaleras Daniel dudo en contarle la verdad del Yeti, ella amaba tanto esos mitos que tirarselo por tierra seria tan cruel, pero tenia que hacerlo, le echarían de la revista por vender la exclusiva pero tendría dinero suficiente para lo que quisiese y....
Entraron en el cuarto de Mónica, había fotos esparcidas sobre la mesa, Mónica agarro una y se la enseño a Daniel. La cara que se le quedo era un poema, no podía creerselo, en las fotos...
-¿Lo ves, verdad? - dijo Mónica embargada por la emoción-¡¡Detrás del Yeti que vimos hay otro!!¡¡Dos Yetis.
Daniel se sentó un momento, ¿Realmente había un Yeti de verdad detrás de Samuel?¿Nadie se dio cuenta? Daniel miro de nuevo las fotos y no había error, el Yeti que estaba detrás media por lo menos 2 metros y medio pero no lo habían visto bien debido al clima, al final iba a ser verdad.
-Bueno - dijo Daniel- la verdad es que tenia algo que decirte. Tres cosas.
-¿Qué?
-La primera, que dejo el trabajo, la segunda, que creo en el Yeti....
-¿Y la tercera?
-LA tercera es.....que te quiero.
Final
Ahora si... Eso es to... Eso es to... Eso es todo amigos!
Publicado: Mar Sep 26, 2006 1:42 pm
por kitakaze
No he tenido tiempo de leermelos enteros, pero esto puedo decir:
Tendré que dar gracias si no acabo el último...
Como esta la competencia, oigan.
^^U
Publicado: Mar Sep 26, 2006 3:35 pm
por kid
No sé que diantres ha pasado

, pero quiero decirle a
Reyes que me ha quitado uno de los grandes alicientes de participar, que es intentar descubrir de quién es cada historia

. Tenía muchas ganas de ver si era capaz de reconocer el estilo de
Deraka-chan y me has quitado ese placer

(una docena de indígenas furiosos bailan en círculos alrededor de
Reyes, maniatado a un poste de madera

). Bueno, no pasa nada, pero ves con cuidado la próxima vez

.
P.D: aún no me las he leído. Ya lo haré luego... u otro día

.
Publicado: Mar Sep 26, 2006 4:15 pm
por Deraka
JOOoooooooooo!!!!!! ¿Pero por qué no hay ron?.... quiero decir ¿por qué has puesto el nombre de los autores????? que mallll!!! T_T eso condicionará mucho a los lectores! Y con lo que me molaba el juego de adivinar de quién es cada historia *Deraka se sueña con un pañuelito* Bueno, de momento solo me he leído los títulos

. Pero hoy, a falta de internet, tendré con qué entretenerme (aparte de ver Anatomía de Grey y un par de capítulos más de Ippo xDDD). Bueno, la verdad es que hay un nivelazo que lo flipas, casi me estoy arrepintiendo de haber presentado una historia tan modesta. ¿las votaciones apra cuándo? ¿Incluiremos el comentario sobre nuestra propia historia? Espero que estas dudas queden aclaradas en el siguiente post xDDDD.
Hala! leed mucho y a disfrutar!
Publicado: Mar Sep 26, 2006 4:24 pm
por Kahuna
La verdad es que tenia mas gracia la cosa si no se sabía de quien esa cada historia. Asi las podríamos haber enviado nosotros mismos, pero bueno. No es para ponerse en contra del pobre Reyes, que tampoco es su culpa jaja. Supongo que las votaciones las enviamos por nuestra cuenta.
Publicado: Mar Sep 26, 2006 4:37 pm
por ARGAIL
Pero por amor de dios que lo pasen por la quilla.
Reyes mientras escribo esto estoy afilando mi cuchillo, tu descuido no quedara impune.
Bueno no pasa nada, con incluir una norma nueva ya esta:
No confiaras en
Reyes.
Lo dicho, que no pasa nada un descuido lo tiene cualquiera.
Ahora toca leer que esto promete.
Publicado: Mar Sep 26, 2006 4:44 pm
por kid
Deraka escribió: ¿las votaciones apra cuándo? ¿Incluiremos el comentario sobre nuestra propia historia? Espero que estas dudas queden aclaradas en el siguiente post xDDDD.
Te voy a perdonar porque como no tienes Internet en casa no tendrás mucho tiempo para leer el tema, pero esto ya se dijo:
VOTACIONES PARA EL DÍA 30 Y SÍ SE COMENTARÁ BREVEMENTE LA HISTORIA PROPIA (yo personalmente pienso decir en qué posición hubiera puesto a la mía, objetivamente hablando

). Cuando entregue las votaciones editaré este post.
Saludos y suerte
P.D: por mi parte el saber de quién es cada historia no me va a condicionar en nada, ya lo veréis

. Además, podré dejar comentarios personales para cada uno, que también es divertido

Publicado: Mar Sep 26, 2006 5:28 pm
por Eduardo Zaplana PP
Jo macho, para una vez que cambio de estilo y pongo acentos para que no puedan saber cual es mi historia XD Si lo se mando la historia sexopervertida que tenia en mente

¬¬
Hala, quien gane que elija tema erotico para la proxima XD No pasa nada, todos fallamos alguna vez Reyes, fijate en ....¡¡a!!! no, espera, que no puedo criticar a Kid que me baja la nota

¬¬
Con lo bien que hubiera quedado mi historia pervertida

Mujeres desnudas satisfaciendo hasta los mas ocultos deseos.
pd:por cierto, que guapos e inteligentes os veo al resto de concursantes(me parece que el peloteo se nota mucho

y para lo que va a servir¬¬)
bye
Soy un bombon, quiero ayudar tengo el poder de curar XDDD
Publicado: Mar Sep 26, 2006 6:51 pm
por Reyes

Efectivamente lo que acabo de hacer se llama "suicidio social"

Siento la decepción que os habeis llevado, la próxima vez (si os fallan las neuronas y volveis a confiar en mi) intentare hacerlo mejor XD.
Con la enagenación mental que e sufrido esta mañana he pensado en escribir una historia, comenzaria asi...
- Spoiler: Mostrar
- A falta de 2 días para jubilarse, el inspector Reecan observaba una de las escenas mas desagradables que jamás habia contemplado en su dilatada carrera profesional. Su compañero y subordinado, el joven McCroul, aguantaba las arcadas que le venian a la boca mientras fotografiaba el cuerpo que yacia delante suya.
-El último aliento de esta pobre alma - Presumia el inspector - fue sobre las 8:15 de la mañana. Inconsciente de él estaba navegando por internet.
Su mirada se fijo en el joven policia, cuyo rostro iba cojiendo un tono pálido - Tal vez no lo sepas John pero un error en los foros de internet puede costarte la vida...
Efectivamente el sujeto conocido en la red mundial como Reyes había cometido un grave error, el cual le habia costado la vida a cargo de sus compañeros de foro.
En el mundo de los relatos cortos - Continuó Reecan - un fallo puede costarte el odio y rencor de los escritores. En la sociedad actual el ampa esta movido por ciertos "personajes" cuyo hobby es escribir historias, y como en la mafia, los fallos no son permitidos.
Como otras tantas veces, un fallo de un inocente tuvo respuesta y se cobró una nueva victima, pero... ¿Será la última?
Fin

Publicado: Mar Sep 26, 2006 7:17 pm
por Deraka
kid escribió:Deraka escribió: ¿las votaciones apra cuándo? ¿Incluiremos el comentario sobre nuestra propia historia? Espero que estas dudas queden aclaradas en el siguiente post xDDDD.
Te voy a perdonar porque como no tienes Internet en casa no tendrás mucho tiempo para leer el tema, pero esto ya se dijo:
VOTACIONES PARA EL DÍA 30 Y SÍ SE COMENTARÁ BREVEMENTE LA HISTORIA PROPIA (yo personalmente pienso decir en qué posición hubiera puesto a la mía, objetivamente hablando

). Cuando entregue las votaciones editaré este post.
También se dijo que no pondrían los nombres de los autores y ya ves lo que pasó, lisssto que eres un lissssto xP. Solo quería asegurarme.
xDDD, tranquilo Reyes, que un fallo lo tiene cualquiera y no te vamos a matar por eso.... solo te colgaremos de los pulgares durante tres días y te azotaremos hasta que caigas rendido, y rociaremos tus heridas con gasolina y vinagre... nada más ^_______________________^.
Enga, disgresiones y paridas aparte. A ver si en estos dos días me leo las historias (que ganas les tengo muajja!)
Publicado: Mar Sep 26, 2006 7:59 pm
por Shichibukai
Cawen la...

que error.
Con la ilusión que me hace leer las historias anónimas.
*Abucheos y pitidos para Reyes*
Bueno, he estado todo el día ocupado y ahora mismo pillo las historias para leerlas. Espero que sean tan buenas como lo parecen.
Publicado: Mar Sep 26, 2006 8:17 pm
por GatoAzul
Eduardo Zaplana PP escribió:Jo macho, para una vez que cambio de estilo y pongo acentos para que no puedan saber cual es mi historia XD...
Independientemente de que sobre el título de la historia estuviera o no tu nombre, amigo mio, dudo que nadie se hubiera percatado de que "
En la nieve" era tu historia
Zaplana 
. No puedes evitar dejar tu inconfundible firma entre líneas xD!
Na', que un error lo tiene cualquiera. Costará adjudicar los puntos a los autores más que a los relatos anónimos, pero eah! no deja de ser un juego. Por si acaso: Paz y Amor! xD!