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Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Mar Nov 04, 2014 11:38 pm
por Vito Corleone
En fin, pues a darle duro a esto se ha dicho. Hoy he andado releyendo -por encima- las ultimas 5 páginas del tema -que abarcan desde finales de WolkenBerge hasta el inicio de Downpour. Pues bien. En vista del caco que nosotros mismos nos montamos, propongo identificar el punto en el que nos extraviamos y comenzar de nuevo a partir de eso.

Por lo cual, mi recomendación es releerse los últimos 4-5 caps, para recordar los puntos de conexión de la anterior y actual sagas, y poder orientar mejor la misma. Así que, por mi parte, he decidido re-ponerme al día:

Capítulo 44: Juro solemnemente
Spoiler: Mostrar
El mundo pocas veces había visto tal destrucción, una isla entera se caía a pedazos, las grandes montañas caían una tras otras, la cascada junto a la ciudad de porcelana había desaparecido, junto con parte de la misma. Si, pocas veces se había visto tal destrucción, aunque por la naturaleza de Wolkenberge todo quedaría oculto tras la niebla, siempre protegiendo la isla, escondiendo sus secretos, la pista a la maravilla, escondía a ¨la bestia¨, a unos piratas, y ahora, escondía al mundo su propia destrucción. Si, Wolkenberg era experto en ocultar cosas.
La isla solo podía describirse de una forma, ¨destrucción¨. Destrucción por todas partes, grandes pedazos de roca volaban y caían por todas partes de forma aleatoria, escondida entre la niebla una ciudad se derrumbaba, niebla que lo volvía todo más amenazante. La tierra crujía como bestias salvajes cuando las rocas sonaban al desprenderse o al estrellarse unas con otras, no había escape, todo era un caos, destrucción y muerte.
La poca gente sobreviviente estaba asustada, sabía que llegaría su fin, ¿Qué acaso nunca terminaría su sufrimiento?, ¿Qué habían hecho ellos?, se habían revelado contra un buen rey. Sí, eso debía ser, ahora todos pagarían con su vida.
Un hombre vestido de Gris salía por las grandes puertas del palacio entre temblores del suelo.
-NO ESTÁ, NO ESTÁ, NO ESTÁ –Gritaba desquiciado. –LA MALDITA PISTA NO ESTÁ.
Estaba desesperado como nunca en su vida. Acababa de salir del palacio, había ido a la cámara donde se le había dicho, pero solo encontró un lugar vacío, pero lo más importante, dentro del polvo, un rastro limpio. Lo dedujo en cuanto lo vio, la pista acababa de ser robada, y solo sabía de alguien más que conocía su ubicación, la bestia.
Solo había una cosa en su mente, debía encontrar al maldito, terminar con él de una vez, pero no sin antes averiguar que hizo con la pista.
-La maldita bestia –Se decía. Este le había causado muchos problemas, había sido un hueso duro de roer, era fuerte, muy fuerte, pero al final fue derrotado. Pero ya no estaba, un maldito mocoso se lo llevó, pero ¿A dónde? Sabía que no era su aliado, Gris tenia forma de saber lo que pasaba en la isla, un informante secreto. Por un momento pensó en lo afortunado que fue al no matar a la bestia, si lo hubiera hecho no podría descubrir a donde se llevó la pista. La bestia era muy lista, había eliminado a sus soldados, pero él aún conservaba a los suyos, además había actuado como distracción, seguramente alguno de sus esbirros se adelantó y retiro la pista.
Para coronar sus males todo temblaba, el palacio detrás de él se caía a pedazos, así como la isla misma. Enormes trozos de roca se desprendían. La ciudad al tener forma de montaña se destruía irregularmente y los escombros volaban sin control. Toda la maldita ciudad olía a escombro y niebla, aun para él era casi imposible ver, y aun con ese problema debía encontrar al chico.
El suelo bajo sus pies tembló y de un movimiento cayó sin más ni más. Gris alcanzó a saltar antes de que se perdiera en el abismo. Había sido afortunado, más valía que se diera prisa.


30 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge
Lejos de ahí. Muro divisorio norte de la ciudad de porcelana
Tony aterrizo con dificultad en una parte de la ciudad que aún se mantenía estable. Era cerca de la muralla gigante que dividía la zona media con la alta. Era estable pero igual peligrosa, al estar cerca del alto muro este hacía que las rocas que no solo se desprendían, sino que también rodaban cayeran cerca de ellos. Pero aun así era lo mejor que había, en la ciudad todo era rocas flotando y cayéndose entre enormes crujidos y niebla. Era como estar rodeado de feroces criaturas que gruñían y podían atacar en cualquier momento.
-Esto es peligroso –Dijo Anthony al bajar de Tony, el cual automáticamente cambio de forma a humano. John aún no se bajaba y cayó al suelo instantáneamente. –Debemos tener cuidado por donde andamos.
-¿Qué es exactamente lo que venimos a buscar? –Preguntó Tony.
-Venimos por el inútil de Gris –Dijo John. –Y debemos ayudar al caballero de la rosa negra ahora que Van, Nav o como se llame se ha recuperado.
-No es tu pelea –Respondió Van algo enojado.
-Me involucraste. –Contestó John plantándole cara. –Ahora es mi pelea gracias a ti Nav.
Debían tener cuidado, mientras ambos hablaban tanto Tony como Anthony prestaban atención alrededor por si la isla comenzaba a caerse sobre ellos.
-Eres un hombre curioso John Conde –Dijo Van moviéndose un cacho de cabello que le caía en el rostro en ocasiones. –Te involucré en esto pero aun así actúas como si fuéramos amigos, es interesante. –Sin decir más, Van dio media vuelta y hecho a correr entre la niebla desapareciendo en un instante. Mil cosas cruzaban su mente, pero sobre todo ese sentimiento que lo acompañaba y movía desde niño, la ¨venganza¨.
Sin saberlo, una figura se divisaba tras ellos observándolos.


25 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge
Cerca de ahí.
Gris corría desesperado, no había señales ni de la bestia ni de nadie más, ¿Qué había salido mal con su plan?, parecía perfecto, muchos años maquinándolo, todos los que había tenido que matar, aplastar, todas las mentiras que había dicho, todas las cosas horribles que había provocado. Volteaba a sus alrededores, no había nada, solo rocas y construcciones de porcelana despedazándose entre sonidos fuertes y escombros que volaban en el ambiente apocalíptico, no sabía muy bien que pasaba, pero auguraba que a la ciudad no le quedaba mucho.
Saltaba entre rocas flotantes, algunas se desprendían lentamente, otras caían al instante.
Un sonido lo distrajo entre el caos y apenas alcanzó a ver un rayo que lo impacto en el aire arrastrándolo varios metros golpeando una pequeña casa que cayó sobre él.
Los escombros volaron por el aire cuando se recuperó y los lanzó. Su cuello se movía incontrolablemente de la ira, giraba sin control una y otra vez mientras veía a su enemigo.
-Así que la bestia sigue vivo. –Dijo en voz alta. –Con razón te llaman la bestia, como un animal salvaje vienes a mí en lugar de yo buscarte.
-Mataste a Agatha –Dijo Van de forma calmada, reprimiendo la ira que sentía. –Mataste a John, y mataste a Tight, no me importa si ambos morimos en esta isla, pero juro por mi honor que no te dejaré salir vivo de aquí.
-Es tan tierno –Contestó Gris y soltó una carcajada. –Debiste ver cómo murió tu amigo del cabello alborotado.
-Cállate…
-Gritó como una niña.
-Cállate…
-Cuando le arranque la vida de su miserable cuerpo.
-QUE TE CALLES –Gritó Van y se lanzó sobre Gris para comenzar el segundo asalto. Al tomar desprendido a su rival logro darle un enorme golpe, pero este se recuperó sin problema. No lo entendía, Gris era fuerte, pero parecía invencible, incansable, ¿Qué ocurría con él?, ¿había forma de acabar con ese hombre? Levantó una mano y le apuntó de forma amenazante.
Gris elevó sus manos y sacó una pequeña espora gris la cual poco a poco se convirtió en una rosa del mismo color.
Arrancó un pétalo y con velocidad se lo arrojó a Van. Pero antes de llegar se desintegró. No sabía que había pasado, Van no se había movido de su lugar, solo le miraba con esa mano apuntando. Otro intentó de Gris, el pétalo voló a enorme velocidad, y de nuevo pasó. Entonces lo entendió.
Van no lo apuntaba por casualidad, cada vez que disparaba una rosa el mafioso la desintegraba con su habilidad, como si de una pistola se tratase. No podía perder el tiempo, debía vencer a ¨la bestia¨ pero sin dormirlo, no tenía tiempo de dormirlo y despertarlo, ahora ocupaba información, y la sacaría de la forma en que mejor se le daba, torturando a su víctima.
Van lo atrapó en sus rápidos movimientos e intentó darle un golpe, pero Gris veloz lo esquivó e intentó cortarlo, Van reacciono y le golpeo el estómago lanzándolo algunos metros sobre rocas voladoras que perdían el equilibrio. Pero una vez más logró levantarse sin problemas.
-No es tan fácil matarme sabes, tengo una pequeña sorpresa –Dijo riendo, su cuello se movió varias veces mientras sonreía.

20 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge
Muro divisorio

John, Anthony y Tony habían decidido separarse, entre los 3 encontrarían más rápido al caballero de la rosa gris. Los 3 tenían la señal de avisar a los demás si lo encontraban, aunque entre el caos, sería muy difícil.
John corría solitario, el paisaje era cada vez más impresionante y desalentador. Sin duda la ciudad de porcelana alguna vez fue un bello lugar, impresionantemente bello, con casas hechas de un material fino, digna de albergar emperadores, pero ahora no. Ahora eran casas viejas, con muros destruidos y cubiertos de sangre, con enormes rocas voladoras que pasaban sobre ellos, y en ocasiones caían sobre ellos, o simplemente el suelo se desprendía y acaba para siempre con ellas.
Estaba agotándose, no era fácil correr a tal altura, aunque sabía que si no se apresuraba no estaría mucho tiempo en tierra alta, caería junto a la ruidosa ciudad que moría frente a él. Pero valía el riesgo, quería respuestas y venganza.
-John Conde. –Una voz vagamente familiar le llamó la atención entre el caos. Giró sobre sus talones, no sabía de dónde provenía. A donde mirara solo veía niebla, rocas, escombro y sangre. –John Conde. –Repitió la voz. Entonces John lo vio, una figura encorvada a unos metros, en el centro de una enorme plaza casi totalmente destruida. Era Robert Aldridge.
Este estaba inclinado, con su mano sobre el pecho, el cual respiraba con velocidad, parecía estar herido.
John llegó en segundos a él. Puso su mano en el hombro del caballero, el cual con dificultad se paraba, y con la mano debajo del traje de mosquetero escondía la que debía ser la herida.
-John Conde –Dijo el caballero con más fuerzas para su aparente condición. –Necesito que te acerques.
John no sabía que pasaba, seguramente habían peleado, al parecer Gris ganó la pelea.
-Acércate. –Pidió el caballero. –Necesito confesarte algo antes de morir. –John hizo caso. Ahí, él auxiliaría al caballero, en esa orilla del mundo, donde nadie podía verlos, rodeados de toda esa niebla y destrucción.
Todo pasó en un segundo, Robert desenfundó su espada y la lanzó contra John. La espada fue desviada por algo cayendo a un metro de él. Algo que pegó en el suelo a unos metros encajándose. Robert volteo y vio una enorme flecha roja encajarse en el suelo. En algún lugar detrás de la niebla, alguien lo había visto, alguien lo había evitado, pero por ahora no se mostraba.
-Aléjate de mí capitán. –Dijo una voz y una explosión se escuchó detrás.
Alguien había frustrado su plan.


Hace 30 minutos
Entrada al palacio de porcelana.

Robert, sostenía su espada sobre el cuello de Gris, de Cambrige.
Cauteloso observaba a su compañero, después volteó hacia los lados para ver si alguien observaba, y al comprobar que no era así, bajó su espada sin miramientos.
-¿Qué te pasa? –Preguntó Cambrige. -¿Dónde habías estado?
-Tuve problemas para llegar a la isla, no es tan fácil atravesar el Grand Line, y menos en el intento de bote que nos dieron. Veo que llegaste antes, ¿Qué ha pasado?
-La maldita bestia me causó problemas, pero pude solucionarlo
- ¿Qué demonios fue todo eso asesinar a Rudd y tomar el control de la base?, eso no venía en el plan. –Robert parecía enojado. –Tuve que organizar una escapada nocturna para ver que pretendías, iba detrás de ti con un puñado de hombres.
-¿Realmente crees que no note a 6 personas a solo 100 metros tras de mí. Además, sabes que soy improvisado –Gris comenzó a reír. –Sé que lo sabes. –Puso una mano en el corazón. –Y sé que lo sientes, sientes lo que yo siento, lo que él siente. –Su lengua salía sin control de su boca como reflejo de la emoción. –Hoy la tendremos.
-Si el puño piensa que le daremos la corona Camb, está equivocado –Robert también rió un poco.
-EL PUÑO SE PUEDE IR A LA MIERDA –Gritó Cambrige. -¿Qué acaso olvidas lo que hizo a nuestras familias?
-Jamás –Dijo Robert levantando la espada. –Jamás olvidaré ese día Camb. Ese día el puño nos arrebató nuestras vidas y nos recluto como esclavos.
-Fuimos enemigos muchos años Rob, pero hubo algo que nos mantuvo unidos, algo más grande que una historia.
-Así es –Robert afirmó.
-Él nos mantiene unidos –Dijo Cambrige. –Ahora, el puño se postrará ante nosotros, cuando consigamos la corona, todo el mundo pagará por lo que nos hicieron.
-Ahora –Dijo Robert volteando a ver al majestuoso castillo que había comenzado a desprenderse ligeramente. -¿Cuál es el plan?
-Entraré –La sonrisa volvía a Cambrige. –Tomaré la pista y saldré de ahí, el anciano de la cueva me dijo dónde está. Será algo fácil, ¿y tú?, ¿Qué harás?
-Debo eliminar testigos –Dijo Robert. –A ese chico bomba y a sus amigos. Tengo un plan para acercarme a él sin que sospeche.
Ambos amigos se separaron y se fueron



23 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge

Cambrige, ¨el caballero de la rosa gris¨, y Van, ¨la bestia¨ se batía en duelo. Sin duda Cambrige era más fuerte y rápido, pero debía tener cuidado, no podía usar su carta maestra. Además la isla se caía bajo sus pies, y eso a su enemigo no le importaba, él peleaba sin importarle un mañana, como había amenazado, planeaba que ninguno saliera vivo de la isla.
Su pelea se había deslizado, estaban a cientos de metros de donde comenzó, la isla no permitía quedarse mucho tiempo en un solo lugar, debía ser cauteloso.
-STELLAR BULLETS –Gritaba Van y pequeñas chispas salían desprendidas a toda velocidad de sus dedos impactando contra Gris causándole quemaduras y dolor.
Cambrige usó su espada y las detuvo, con ira se lanzó sobre la bestia. Su espada logró cortar al mafioso y lo atravesó por segunda vez en el día. Van cayó de rodillas, adolorido. Cambrige lo miro con su sonrisa clásica cuando la roca donde peleaban se derrumbó. Van reacciono rápido y embistió a su rival.
Ambos saltaron sin dejar de lanzar golpes. Roca tras roca ambos golpeaban a su rival, la sangre corría por ambos bandos, pero Cambrige poco a poco tomaba ventaja.
Saltaron sobre una roca sin dejar de golpearse. Otra más, otra y otra. En el aire ambos proyectaban fuertes golpes uno al otro sin control. En un momento Cambrige tuvo una oportunidad y lanzó a Van lejos con una patada, aterrizando cerca de 2 hombres. Cerca Robert y John.
En un momento todo fue confusión, los escombros del golpe se sumaron a los que ya deporsí había en la ciudad. Robert miraba confuso, habían frustrado su plan, y al mismo tiempo habían llegado Cambrige y la bestia. Solo sabía una cosa, eso se pondría feo, pocos sobrevivirían, si es que uno lo hacía. Además la situación en la isla no era muy prometedora.
-Escucha imbécil –Se escuchó una voz de entre la niebla. Todos voltearon y vieron a 2 figuras acercarse, estos eran Anthony y Tony. Era una escena impresionante, ambos caminaban firmes manteniendo la ola de destrucción detrás de ellos, sabiendo que no les importaba el riesgo si su capitán peligraba. Anthony sostenía su espada blanca en la mano, y Tony apuntaba ya una segunda flecha.
Todos se miraron cuando estos 2 se unieron. Por un lado los 3 piratas estaban juntos, los recién llegados flanqueaban a John, el cual apretaba los nudillos sacando humo. Cambrige sacó su espada y comenzó a lamerla. Van recuperaba la respiración y gruñía como una bestia enojada viendo a Cambrige, mientras Robert poco a poco se acercaba a su espada. Todos se veían, la pelea al parecer sería a 4 flancos.
La destrucción los rodeaba, las rocas caían por doquier, la misma donde se encontraban tambaleaba ante la gravedad que volvía. Pero eso no importaba, algo más importante pasaba ahí. Ninguno podía irse, no sin terminar con eso que había comenzado, y sin duda moriría en Wolkenberge junto con algunos de ellos.
-Veo que no eres mucho de confiar después de todo –Dijo John mirando con ira a Robert. –Armaste una puñetera faramalla para usarnos para hacer el trabajo sucio. –Volteó a ver a Van. –No serías el primero en esta isla con esa jodida idea.
-Han visto demasiado, demasiado, demasiado –Decía Cambrige una y otra vez algo desquiciado. –No podemos dejarlos vivos, ni yo, ni Robert, ni él.
-No me importe lo que pase aquí –Dijo Van quitándose el polvo de las alas. –Pero me encargaré que a ese idiota frente a mi muera en Wolkenberge.
La roca donde estaban se partió en 2 en un instante y todos saltaron perdiéndose en la niebla, era una guerra sin cuartel, todos debían estar atentos.
John, Anthony y Tony se juntaron, eran el grupo más grande, pero los otros 3 eran sus enemigos. Negro y Gris, parecían ser aliados, pero como los 3 pensaron en el momento, ¿a quién se refería Gris con ¨él¨? Después estaba el asunto de ¨la bestia¨, ¿era un aliado o un enemigo? Debían descubrirlo de la forma mala, en plena guerra.
Una figura negra salió de entre la niebla mientras saltaban y embistió a Tony arrastrándolo entre rocas voladoras. Negro lo había interceptado, sin duda como venganza por haber frustrado su plan hace unos minutos.
-TONY –Gritaron John y Anthony. Ambos saltaron en su auxilio, pero antes de llegar una espada veloz los interceptó y de un tajo hirió a Anthony. Ambos se sorprendieron, tanto por el nuevo invitado el cual no vieron venir, debía ser increíblemente rápido, así como por la capacidad de poder tocar a Anthony.
Cambrige (Gris) los esperaba espada en mano. Espada que lamia una y otra vez.
Robert desenfundó su espada y apuntó a Tony. Este reacciono rápido y lo pateó con fuerza. Dio media vuelta en el aire y se transformó en su totalidad aplastando a Robert dejándolo debajo de él. Tony lo aplastaba, puso su gigantesca cara de águila frene a su enemigo y rugió como el rey de las bestias.
Una enorme roca rodo en el aire y se dirigió hacia ellos. Tony alcanzó a saltar y Robert a esquivar, pero antes de que pudiera hacer algo John llegó frente a él y lo golpeo provocando una explosión lanzándolo lejos.
-Me están cansando –Dijo escupiendo sangre y tocándose un pedazo de carne quemada.
Sus manos comenzaron a ponerse verdes, luego sus brazos y por ultimo su rostro, parecía muy concentrado. Con un brazo apuntó a John.
-TOXIC POWDER –Gritó Robert. Un torrente de polvo verde se dirigió a John y Tony, pero antes de que los tocara una burbuja de viento y arena los rodeo protegiéndolos. Anthony cerca de ellos agitaba sus brazos controlando la esfera que protegía a sus amigos.
-Mío mío –Grito Cambrige con su actitud desquiciada.
Anthony apenas logró voltear al notar su descuido. Cambrige con espada en mano atravesó las rocas voladoras apuntando a su rostro. Un segundo antes de que lo tocara un enorme golpe lo desvió haciéndolo estrellarse en una roca voladora cercana.
Se recuperó con esa velocidad que lo caracterizaba y miró lo que lo había golpeado. Van lo miró furioso por medio segundo y rápidamente se lanzó hacia él lanzando enormes puñetazos al rostro, el cual con cada golpe se hundía más y más en la roca quebrándola incluso. Van comenzó a respirar con dificultad, cada partícula de su cuerpo le dolía, pero debía continuar, debía matar al maldito.
De un movimiento con ambas manos golpeo el pecho de Cambrige haciendo que abriera sus brazos y volviendo a poner las manos sobre el pecho gritó.
-STELLAR BULLETS. –Una gran cantidad de destellos brillaron en la mano del mafioso haciendo que su enemigo gritara de dolor hasta parar. Era un ataque a quemarropa suficiente como para matar a cualquiera.
Van no pudo más y se dejó caer junto a su enemigo después de lanzar su ataque. Respiraba con mucha dificultad, pero no era problema, Cambrige estaba muerto.
Para su sorpresa Cambrige comenzó a moverse, con dificultad levantaba su cuerpo, como por inercia se levantaba, como un fantasma que se aferraba a la vida.
Levantó su espada y la apuntó a Van el cual vio aterrado. Un torrente de arena golpeo a Cambrige arrastrándolo varios metros. Después un hombre de arena se ponía entre Van y su enemigo protegiéndolo.
Anthony levantó los brazos y los hizo girar como bailando. Enormes remolinos de arena se formaron entre las nieblas y las rocas, remolinos que cambiaban violentamente de dirección dirigiéndose hacia Cambrige que se intentó cubrir con ambos brazos.
Cambrige se cubría con esfuerzo. Los torrentes eran fuertes, parecía que iban a despedazarlo, aunque él sabía que no sería así, él tenía una carta bajo la manga.
Anthony llegó hasta donde estaba Cambrige transformando su brazo en una poderosa espada endureciéndola.
-¡¡GREY ARMOR!! –Gritó y encajó su brazo en el hombro de Cambrige. Un enorme chorro de sangre salió de su enemigo el cual cayó de un golpe a la roca que se despedazaba.
Anthony volteó a ver a Van el cual se recuperaba de todas sus peleas de las últimas horas. Lo miraba con una sonrisa maliciosa sin bajar su espada de arena. Van lo vio intrigado sin saber que planeaba, ¿acaso él sería el siguiente? Anthony apuntó su espada-brazo hacia Van el cual se preparaba para defenderse, pero en el último momento lo convirtió en una mano para ayudarlo a ponerse de pie. Van aceptó con cautela.
-Ahora –Dijo Anthony con fría voz dándole la espalda. –Estamos a mano bestia, ya no te debo nada.
Detrás de ellos un cuerpo se volvía a levantar, con una enorme herida en el hombro, para sorpresa de Anthony y Van.
-No puedo morir tan fácil –Decía riendo desquiciado. –Él no me permite morir.
2 cuerpos cayeron volando cerca de él.


Hace pocos minutos.
John y Tony

-TOXIC POWDER –Gritó Robert. Un torrente de polvo verde se dirigió a John y Tony, pero antes de que los tocara una burbuja de viento y arena los rodeo protegiéndolos. Anthony cerca de ellos agitaba sus brazos controlando la esfera que protegía a sus amigos.
Una flecha rozo su hombro y le provocó una enorme herida sangrante. John apareció frente a él en un segundo. Golpe tras golpe intentaba darle, pero Negro era más rápido, de una patada lo lanzó a volar.
Algo lo rasgó por la espalda provocándole una enorme herida. Al voltear vio como un grifo enorme trataba de envestirlo mientras atacaba con una garra ensangrentada (con su sangre), intentando darle mientras rugía.
Robert usó su espada y le dio al grifo en el rostro haciéndole una herida, el animal rugió por el dolor cubriéndose con la garra. Robert intentó rematarlo una voz lo distrajo.
-NO TE ATREVAZ –Gritaron. –A TOCAR A MÍ AMIGO.
John y Tony se lanzaron al mismo tiempo contra Robert. Este mostrando una velocidad y técnica de combate impresionante correspondió el mismo.
Con esfuerzo combatía con los 2 los cuales lo rodean. Con una habilidad impresionante movía su espada veloz y detenía tanto a John como a Tony. Los golpeas no paraban. Robert había golpeado varias veces a John, así como John a Robert, aunque conteniendo las explosiones para evitar dañar a Tony.
Una enorme roca cayó sobre ellos, los escombros fueron demasiados haciendo se alejaran en 3 direcciones.
John y Robert se encontraron rápidamente. Ahí estaban, uno frente al otro en esa ciudad que se destruida de fondo, grandes escombros derrumbándose mientras ellos en aquella roca voladora entre la niebla se veían furiosos.
De los brazos de John escurría algo de sangre. Mientras Robert lo veía amenazante con sangre escurriendo bajo sus ojos de una forma macabra, como sacado de una pesadilla. Una enorme roca se destruyó junto a ellos pero estos apenas voltearon.
-Ustedes provocaron esto. –Dijo John. –Todas estas muertes fueron por su maldita ambición.
John juntó ambos brazos y comenzó a untarse su propia sangre en los puños.
Robert se lanzó hacia él con su espada decidida y de un movimiento intentó cortarlo. John reaccionó rápido y logró hacer su cabeza hacia atrás pero en vez de golpear a su enemigo con todas sus fuerzas golpeó la roca.
Fue un segundo de confusión y destrucción. Todo, absolutamente todo cerca de la explosión sufrió daño. La roca se hiso pedazos como si de arena en agua se tratase, quedó reducida algo menos que polvo en un segundo.
Un cuerpo vestido con quemados ropajes negros cayó junto a Cambrige. Mientras que otro, el de John cayó cerca de Anthony y Van.
Robert se levantó sin problemas. Su cuerpo sangraba en su totalidad, sus ropajes de mosquetero estaban casi completamente destrozados y quemados, pero él seguía de pie, junto a Cambrige que reía.
Tony llegó junto a sus amigos. Había roto un pedazo de su ropa y lo había usado en su rostro a modo de gasa cubriendo su herida. John también se unía, sin mucho problema su puso de pie, realmente no creía que alguien sobreviviría a su ataque.
Y ahí estaban, 6 hombres dispuestos a matarse unos a otros entre la destrucción. Pero un bando había cambiado en los últimos minutos. Robert y Cambrige estaban de un lado, mientras los demás del otro, viéndolos de frente.
John unos centímetros más enfrente, respiraba con velocidad por la técnica usada, a su espalda colgaba su inseparable espada. A su derecha, Anthony miraba a sus enemigos analizando la situación, siempre pensativo con Zeo en mano. A su izquierda, Van, ¨la bestia¨ miraba a Cambrige (Gris) con odio, pero ya no se mostraba precavido ante ellos, como si fuera un amigo lejano. Y del otro lado, junto a Anthony estaba Tony, herido, con un vendaje que le cubría medio rostro, pero siempre listo para pelear, con su arco apuntando a los 2 enemigos que parecían imposibles de matar.
-¿QUÉ MALDITASEA ERES TU? –Gritó John a Robert. – ¿Por qué no podemos matarlos de una puta vez?
-Wuajajajaja –Reía Robert. –No es tan fácil. Ambos compartimos una akuma no mi, ambos compartimos el mismo demonio.
Sus 4 enemigos se vieron imprecionados.
-¿No lo entienden? –Dijo Cambrige. –El demonio que vive en mí también vive en Robert, mientras él siga con vida el demonio no puede morir y yo seguiré vivo. Robert y yo compartimos muchas cosas mocosos.
-¿A QUIEN LLAMASTE MOCOSO? –Interrumpió orgulloso Anthony
-¡¡DEJAME HABLAR, DEJAME HABLAR, DEJAME HABLAR!! –Gritaba Cambrige desquiciado poniendo sus manos en su cabeza que giraba como un lunático. –Robert y yo compartimos un pasado, compartimos el mismo odio, dolor y sufrimiento, el odio hacia un puño que debería cuidar a la gente en vez de hacer lo que nos hicieron. –John recordó las palabras del caballero en la cueva.
El puño esta para proteger, para ayudar, el mundo está lleno de bestias crueles que azotan a los inocentes. Las personas no deben pagar por la libertad y la justicia, es un derecho.
-Han derramado demasiada sangre por su ambición. –Dijo John enojado. Me alegro habérmelos encontrado, así podré asegurarme que no salgan de aquí. –Ni ustedes, ni nadie me impedirá convertirme en el rey del mar.
-Tienes un sueño noble –Interrumpió Van que por un segundo dejó su mirada iracunda y pareció perderse un momento en su mente. –Luchas por una causa noble, pero yo lucho por salvar a una pequeña niña que sufre. Ahora –Dijo volteando hacia Cambrige furioso de nuevo. –No me importa su maldito amor entre ustedes, hoy ninguno saldrá de aquí.
-¿No lo entiendes bestia? –Contestó Cambrige. –Mientras uno siga con vida el otro no podrá morir.
-Entonces –Dijo Van. –Los asesinaré a ambos a la vez.
-No creo que exista un poder en esta isla tan grande como para poder hacer eso. –Dijo Robert y preparó su espada para la batalla.
Todos lo tomaron como una señal. Robert y Cambrige juntaron espaldas y comenzaron a luchar. Los 4 aliados los atacaban al mismo tiempo. Por un lado John intentaba dar con veloces golpes a Robert, mientras Tony convertido en forma hibrida atacaba con su enormes garrad. Por el otro lado Anthony usaba a Zeo y combatía con un veloz Cambrige, el cual se las arreglaba para detenerlo, junto con Van el cual atacaba con puños brillantes cubiertos de electricidad, puños que contrarrestaba al cubrirse con la espada.

13 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge
Era una batalla encarnizada, golpe tras golpe, sangre tras sangre. Pero debía terminar, la isla se hacía pedazos, y nadie sobreviviría. Robert y Cambrige juntaron sus brazos como 2 personas que se leyeran los movimientos y juntando sus brazos dieron una patada giratoria que lanzó a volar a sus enemigos. Todos estaban cansados, muy, muy cansados.
Los 4 se levantaron al mismo tiempo, cada uno en una esquina contraria. Todos se vieron, sabían lo que tenían que hacer. Solo había una forma de acabar con esos 2 seres indestructibles de un solo golpe. Los 4 gritaron al mismo tiempo
-FUERZA COMBINADA, EL ARMA MÁS PODEROSA DE WOLKENBERGE, ATAQUE DE TIERRA, VIENTO, TRUENO Y FUEGO.
Fue como si fueran uno solo peleando. Tony se elevó y desde lo alto, con una vista que solo alguien parte águila podría lograr, entre la niebla atravesó veloces flechas, tan rápidas certeras que atravesaron a ambos caballeros como si fueran estacas. Anthony creo una tormenta de arena y rodeo a sus enemigos creando un gigantesco remolino a su alrededor. Que como siempre era dirigido con sus brazos. El remolino poco a poco se convirtió en una esfera no muy grande que rodeo a los enemigos heridos. Del suelo salió arena que los aprisionó como fuertes cadenas. De la parte superior brotaron enormes picos que los atravesaron de los hombros uniéndose a la parte de abajo dejándolos aprisionados.
Enormes gritos profirieron los caballeros aprisionados estando pegados de espaldas. De cada lado apareció alguien. Frente a Robert apareció John con espada en mano, mientras que frente a Cambrige Van. Ambos listos para el ataque final.
-STELLAR BEAM PLASM.
- EXPLOSIVE PUNCH.
El rayo de Van atravesó los pocos metros que lo separaban de su enemigo. Mientras que John golpeó a Robert con una fuerza demoledora, con una fuerza que no había tenido hasta el momento, jamas había hecho un ataque tan poderoso.
La explosión lo cubrió todo. Esta vez no fueron unos cuantos metros, ahora fueron decenas, cientos de metros afectados por la explosión. La isla se había caído casi por completo. John sobrevivió gracias a su inmunidad al fuego, Van por su intangibilidad, pero lo demás murió, las rocas, el piso, esa parte de la ciudad, y claro, sus enemigos. Tanto Robert como Cambrige por fin habían muerto. Por fin ambos descansaban, por fin se reunieron con sus familias felices, por fin descansaban donde las flores bailan.

John fue arrastrado varios metros, dio vueltas y vueltas entre rocas que flotaban y caían. La explosión no lo había dañado, pero tenía luchando desde que llegó a Wolkenberge, ya no podía más, estaba demasiado cansado, como pocas veces en su vida. Sin poder contenerse extendió sus brazos y miró el cielo que apenas se asomaba entre la niebla y la destrucción.
Van colgaba débil de una roca mediana. Si John estaba agotado Van estaba muerto. Su cuerpo no podía estar más adolorido. Había hecho más de lo que su cuerpo le permitía. Poco a poco la roca donde estaba se desprendía, y él sin poder hacer nada la acompañaba.
Toda la isla se caía sobre el gran abismo. Era una ironía si lo pensaba, él había provocado que la isla se elevara, y ahora eso mismo provocaría su muerte. No tenía fuerza suficiente para moverse, apenas lograba respirar.
Ese día ¨La bestia¨ moriría en Wolkenberge. Le dolía, realmente le dolía. No pudo cumplir su sueño, no pudo rescatarla. Pensaba en la pequeña Elizabeth, aquella niña sufría siendo esclava en el fin del mundo. Pero no había podía hacer nada ya. No se resignaba, no podía dejarla sola. Pero no había otra opción. Estaba demasiado débil para usar su intangibilidad de logia y salvarse.
La roca se rompió y Van cayó con ella. Con sus últimas fuerzas logró sostenerse con la mano de un pedazo de roca débil. Ese era su fin, ahí moriría. Una lágrima recorrió su mejilla mientras decía.
-Perdóname Elizabeth.
Van soltó su mano y sintió como su cuerpo caía. En una caída que no duraría nada.
-NOOOOOO –Se escuchó una voz. Alguien sostuvo su mano con dificultades. Van levantó la vista y vio a John sosteniéndolo con dificultad. Con todas sus fuerzas lo levantó de un movimiento arrojándolo junto a él, el cual no se había podido levantar, el pirata usó sus últimas fuerzas para salvarlo.
Y ahí, en el lugar menos esperado, en medio de la destrucción 2 chicos estaban tirados en una roca, agotados enormemente, sin fuerzas para moverse. Van extendía los brazos mientras respiraba. John tocaba sus heridas también batallando para moverse.
-Salvaste mi vida. –Decía Van mirando al cielo. Ambos lo hacían ya que no podían moverse.
-Tienes a alguien a quien salvar que te espera. –Dijo John sonriendo.
-Jamas en mi vida alguien había hecho algo así John. –Van batallaba para hablar, seguía mirando al cielo, como dirigiéndose a la nada. –Te debo mi vida. Y escúchame bien. –La voz de Van aumentó de volumen convirtiéndose casi en un grito. John no decía nada, comprendía lo importante que era lo que estaba diciendo su compañero. –SALVASTE MI VIDA JOHN CONDE, SALVASTE MI SUEÑO Y A QUIEN MAS AMO, TE ASEGURO PAGARÉ MI DEUDA, Y HOY JURO SOLEMNEMENTE QUE TE SERÉ FIEL Y TE PROTEGERÉ, HASTA QUE CUMPLAS TU SUEÑO, O YO MUERA.
Las rocas a su alrededor cayeron por fin.
Tiempo estimado para la destrucción de Wolkenberge. Cero minutos.
Capítulo 45:Despedida
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La isla caía a pedazos. Allá abajo, en el abismo, se perdían innumerables rocas, edificios de porcelana, vidas, historias y leyendas. Apenas quedaban unos pocos pedruscos a flote, entre escombros de arena y niebla. Aquello era similar al fin del mundo, al menos a ojos de un grifo enorme que surcaba los cielos, en busca de algo perdido entre aquel cúmulo de destrucción.
- Vamos, Tony… -decía Anthony, a lomos de su amigo, mientras observaba atento cualquier movimiento entre las rocas.- Estoy seguro de que siguen ahí.
- No será fácil encontrarlos –respondió este, sin dejar de mirar al abismo que se cernía bajo ellos, amenazante. De pronto, avistó algo en una de esas pocas piedras que quedaban. Comenzaba a desprenderse.- ¡¡Están ahí!!

Tony realizó una increíble acrobacia aérea, revolviéndose y cayendo casi en picado hacia la roca identificada, que, sin pausa, estaba en caída libre hacia las entrañas de la tierra. Apretó los dientes y adoptó una postura de lo más aerodinámica. A sus espaldas, Anthony luchaba contra la inercia, sujetándose como si la vida le fuera en ello al pelaje de Tony.

El grifo sintió un ligero alivio al comprobar que era más rápido que el pedrusco. Sin embargo, y desconociendo por completo la profundidad del abismo, no estaba seguro de poder alcanzarlo. Aceleró su marcha a tope, impulsándose con las alas. Anthony gritaba, desquiciado, mientras sentía todos sus órganos estampados a la espalda. Se juraba que si salía vivo de aquella, jamás volvería a subir al lomo de Tony en caída libre. Y al mismo tiempo soltaba maldiciones a pleno pulmón, consciente de que tenía que liberar esa presión que sentía de alguna forma.

Finalmente llegaron a la altura de la roca. Sobre sus cabezas caían los últimos trozos de lo que alguna vez fue una isla. Y bajo las mismas, los anteriores en caer. Para sorpresa de Tony, John había incrustado su poderosa mano en la roca para evitar salir despedido, y sujetaba a un débil Van con el otro brazo. Anthony lamentó, por un momento, no poder hacer lo mismo.

- ¡¡Cuando me coloque bajo la roca… explótala, John!! –exclamó Tony con todas sus fuerzas. Al otro pareció costarle entender el mensaje, pero finalmente asintió. Debajo se escuchaban ya las primeras rocas estampándose contra el suelo.

Así pues, el grifo hizo un último esfuerzo por adelantar a la roca, no sin miedo a estrellarse contra el suelo. A Anthony le pareció que se desvanecía. Aquella caída había superado, a buen seguro, la velocidad del sonido. Con un grito desgarrador se impulsó con sus brazos hacia adelante, y se sujetó con tal fuerza al cuello de Tony que este incluso profirió un extraño rugido.

Tony se colocó bajo la roca, y John la reventó provocando una especie de nube en forma de seta que se quedó flotando muchos metros por encima de sus cabezas. La velocidad de John y Van disminuyó, y Tony frenó su caída. Justo cuando los dos jóvenes parecían irse más abajo todavía, el grifo extendió sus alas salvando a sus amigos de una muerte segura. Anthony finalmente se dignó a respirar, tras más de un minuto de puro infarto. John y Van finalmente parecieron sonreír tranquilos. Tony, tras soltar una ligera carcajada de alegría, alzó el vuelo hacia la superficie de nuevo.


Varios minutos después, reposaban en el borde del abismo, estaban totalmente exhaustos, cansados y adoloridos. Anthony y Tony se encontraban mejor, Anthony ayudaba a Tony a cubrir el ojo dañado en la batalla, John y Van descansaban sobre el suave pasto.

A lo lejos se alcanzaba a oír el caer de ligeras rocas, las ultimas en la isla, no solo las de la ciudad de porcelana cayeron, las de la isla completa también, pero ninguna causó tanta destrucción como la de la metrópoli en ruinas que descansaba ahora en el fondo del abismo.

-En toda mi vida jamás me había asustado así –Dijo Tony de repente.

-Tiene una enorme ventaja –Dijo John sonriendo

-¿Cómo puede ser una ventaja tanta destrucción?, -Preguntó Anthony

-Al menos no pagaremos la cuenta del bar de hace unos días –Contestó John riendo.
Tony volteó a ver a Anthony sorprendido, tanto Anthony como él se miraron unos segundos pero terminaron riéndose como su capitán.

Fue una risa relajante, una risa que hacía mucha falta, significaba mucho, el fin de una batalla, el momento final, la victoria, la paz. Aunque no olvidaban que a su espalda había una ciudad hecha pedazos, y que una desgracia había ocurrido, aunque en ese momento era bueno reír, en ese momento ellos eran triunfadores, en ese momento eran los piratas más afortunados del mundo, y eso era motivo de celebración.

Unas figuras lentas comenzaron a verse entre la niebla, eran pocos, no más de 20, y la mayoría caminaba con dificultad. Al disiparse la niebla, al acercarse pudieron ver cómo era un grupo de hombres y mujeres seriamente lastimados, la mayoría tenia cortadas y golpes en sus cuerpos. Todos tenían trajes de todos colores raídos y desgarrados, 5 de ellos aun llevaban armas largas. A pesar del número y las armas ninguno parecía una amenaza, apenas podían ponerse de pie y se ayudaban unos a otros a para no caerse.

Al frente una mujer con un traje negro encajado y un ligero escote rojo dirigía al grupo, sobre sus hombros un hombre con cabello rizado y piel oscura descansaba con dificultad. Los que llevaban armas apuntaron a los piratas cuando fueron conscientes de su presencia al encontrárselos.

Tanto John, Anthony y Tony se pusieron alerta. Tony preparó su arco con una velocidad impresionante, aun con su ojo dañado, Anthony sacó su espada y John apretó un puño. Sus enemigos aun débiles los apuntaban, aunque se veían algo asustados a pesar de su superioridad en número, los que llevaban armas prepararon las balas.

-ALTO –Gritó un hombre unos metros lejos de todos.

Era Van, débil, con heridas en todo el cuerpo, ahora que no llevaba camisa podían verse sus blancas y enormes alas perfectamente, el cómo poco a poco se unían a su cuerpo como enormes protuberancias.

-JEFE –Gritó la chica sorprendida dejando caer a su compañero, el cual cayó con un grito sordo en el pasto, para ir a donde se encontraba su jefe. –Padrino, pensamos que lo habíamos perdido, pensamos que todo había acabado.

-Todo acabó Noodle –Contestó Van. –La isla llegó a su fin, no hay más motivos para seguir aquí.

-¿Entonces? –Dijo la chica. -¿Ganamos?

-Nadie ganó aquí Noodle. –Siguió Van. La chica lo miró extrañada, sus carnosos y rojos labios se apretaban con la duda, aunque esta vez no eran rojos por el lápiz labial, sino por la sangre derramada. –Sin duda la aventura aun continua, pero no aquí, ni ahora.

-¿Entonces? –Preguntó Stuart, el hombre de cabello rizado y piel oscura levantándose.

-Demasiada sangre ha sido derramada en esta isla, demasiado dolor en vano, es hora de terminar de una vez, y despedir a nuestros amigos caídos.

Van se puso de pie con dificultad, tambaleándose un poco para no volver a caer sobre sus adoloridas rodillas. Con cansancio cruzó los pocos metros que los separaba del abismo llegando hasta el borde mismo.

Era un momento triste, triste, de soledad y respeto. Van miró unos segundos el agujero donde reposaban los cuerpos de cientos, tal vez miles de personas, entre los escombros de una ciudad muerta.

Todos los que se encontraban con él lo acompañaron, todos los miembros sobrevivientes de Murder Inc. se acercaron a su líder, y con respeto bajaron sus cabezas, algunos derramaban unas cuantas lágrimas, todos en silencio, haciendo una pequeña plegaría por sus hermanos caídos.

Van bajó una rodilla y levantó un poco de tierra con su mano, y con respeto la besó, para después lanzarla al abismo, y dejará que se la llevara el viento.

-Gracias chicos –Dijo casi en un susurro. Repentinamente alguien tocó su hombro, sacándolo de sus pensamientos, al voltear vio como John, Anthony y Tony estaban junto a él sonriendo. Anthony tenía una pequeña flor, que acababa de cortar del pasto, y se la entregó a Van.

-Creo te falta esto –Dijo señalando la flor con la cabeza. Van tomó la flor y la arrojó sonriendo.

Esa vez, ahí, en ese momento todos permanecieron en silencio, mostrando respeto a todos los que habían caído en las últimas horas, a los camaradas caídos, y a las víctimas inocentes que cayeron en la guerra, y a toda aquella ciudad que había desaparecido frente a ellos.

***
-¿Ahora qué? –Preguntó Tony minutos después. Todos se habían reunido a unos 500 metros del borde, de aquel enorme agujero que se encontraba debajo de la antigua ciudad, al cual decidieron llamar ¨el anillo¨. John, Anthony, Tony y Van descansaban sentados, los hombres de Van se encontraban a su alrededor.

-Debemos seguir –Contestó John. –Nuestra aventura apenas empieza.

-No tenemos barco, no tenemos mapa, no tenemos dinero, y no tenemos log pose –Contestó Anthony reprendiendo a John con la mirada, siempre analizando todo, siempre siendo el más listo. –No es tan fácil navegar por el Grand Line, ni siquiera tenemos navegante, o sabemos el siguiente destino.

-Hay un barco. –Interrumpió uno de los hombres de Van acercandose. –En una de las costas, hay un barco sobreviviente.

-¿A qué te refieres con sobreviviente? –Preguntó John.

-Casi todos los barcos de la isla se destruyeron con lo ocurrido. –Contestó Noodle que se había unido a la conversación. –Todos los barcos tanto nuestros, los del puño y los comerciales fueron aplastados por alguna roca, pero supimos que queda uno cerca la villa Bandour, algo alejado, por eso sobrevivió.

-Quiero verlo. –Anthony se había puesto de pie.

-TENEMOS UN BARCO –Gritó Tony emocionado.

-¡¡¡NADIE HA DICHO QUE ES TUYO!!! –Gritaron todos los mafiosos a la vez.



Algunos minutos después se encontraban frente a él. Era majestuoso, sublime, aun para no tener un gran tamaño era un barco imponente, todos lo miraban maravillados. Tenía un solo mástil, con grandes velas negras y madera del mismo color. Algunas rasgaduras adornaban su exterior, dándole una imagen algo macabra, sumado a las velas negras daban la impresión de ser un barco de pesadilla, un barco para ser temido, perfecto para unos piratas que comenzaban su leyenda. A pesar de eso se encontraba en perfecto estado, limpio y cuidado. Con un diseño impresionante, un mascarón de proa con la cabeza de un dragón negro, y al fondo, unas disimuladas alas que se fundían perfectamente con la popa. 2 cañones asomaban a los lados, y un tercero debajo del dragón.

-¡¡ME ENCANTA!! –Gritaban John y Tony, hasta Anthony se había impresionado. –¡¡¡ME ENCANTA!!!, ¡¡¡ME ENCANTA!!!
-Parece un buen barco –Dijo Van mirándolo, tambien él parecía impresionado. –Parece resistente como para pasar la corriente Carín.

-¿La qué? –Preguntaron John, Anthony y Tony al mismo tiempo volteando intrigados.

-La corriente Carín chicos. –Contestó el mafioso prendiéndose un puro, nadie sabía de donde lo había sacado. –Una corriente poderosa que envuelve a Wolkenberg, no cualquier barco la tiene, además como esta es una isla otoñal y la siguiente primaveral el clima será un fastidio.

-¿De qué coño estás hablando? –Preguntó Anthony.

-Vamos chicos, la corriente, los climas, ¿acaso no saben nada del Gran Line?

-Yo crecí en una isla solo, no sé mucho sobre eso. –Dijo Tony.

-Dejen les explico. –Comenzó el mafioso. –Como todos saben el Grand Line es un mar gigantesco que atraviesa todo el planeta, este tiene un grupo de cientos de islas, cada una de ellas tiene un tipo, primaveral, veraniega, otoñal y de invierno. Así como cada una en su respectiva época pasa por las 4 estaciones, dando un cúmulo de diferentes climas, los cuales se mezclan una y otra vez en el mar haciendo que todo el tiempo existan desequilibrios, tormentas, nieve repentina, entre otros miles de peligros.

-Entonces, ¿si podemos salir de la corriente habremos llegado a la siguiente isla? –Preguntó John.

-No es tan fácil chico. –Contestó Van exhalando una bocanada de humo. –Necesitas un loge pose, una brújula que no apunta al norte, si no que te irá guiando a la siguiente isla una y otra vez. Aunque debo aceptar que nunca he necesitado alguna, y tampoco he visto funcionar alguna otra.

-¿Cómo coño sabes tanto? –Preguntó Anthony confundido. –Además, ¿a qué te refieres con no necesitarlo?

-Mi fruta me permite sentir las islas, siento el electromagnetismo de las cercanas, siempre siento 3, en la que estoy, la anterior y la siguiente. Tambien me alerta sobre los cambios del clima.

-¿Sabes navegar? –Preguntó John feliz.

-No solo sé navegar chico, gracias a mi fruta soy uno de los mejores del mundo.

-JEFE, JEFE –Gritó el fantasma Zezilio desde arriba del barco. –Jefe encontramos algo.

Los 4 jovenes subieron rápidamente junto algunos mafiosos. Zezilio se encontraba alrededor de lo que parecía un pedazo de madera cualquiera, pero al acercarse notaron que había algo escrito.

-¿Rondinum? –Preguntó Anthony.

-Es la capital de la isla vecina, Downpour. –Contestó Van pensativo. –Es un lugar peligroso, residí antes de venir aquí, está lleno de crimen, mafias y más crimen, es perfecto.

-Pero ¿Quién escribiría esto?, y lo más importante, ¿para qué?

-Un pirata –Dijo Noodle que estaba cerca. –Un tipo extraño fue visto en el barco hace poco según nos dijeron, al parecer es el mismo que Russel vio salir hoy del palacio de porcelana…

-¿Qué? –Se sorprendió Van. -¿Qué dices?

-Si jefe. –Explicó la chica. –Un hombre extraño fue visto salir del palacio durante la guerra, llevaba algo en las manos, lo extraño es que nadie lo vio entrar. Después lo vieron sobre este barco aunque terminó tomando otro.

-Es muy extraño. –Dijo Anthony pensativo. -¿Por qué haría eso?

-Creo es obvio –Dijo John con una sonrisa. –Quiere que lo persigamos, quiere jugar con nosotros, y acepto el desafío. Lo he decidido, ahora los 4 partiremos a Rondinum.

-¡¡QUE!! –Gritaron los mafiosos al mismo tiempo.

-Padrino, ¿se va? –Preguntó Zezilio.

Van los miro un momento, con una mezcla entre tristeza y nostalgia vio a sus viejos amigos, y después lentamente volteó la cara a un John que le sonreía de oreja a oreja.

-Debo seguir mi camino chicos. –Dijo también sonriendo. –El viaje apenas comienza, y tengo que cumplir mi objetivo. Además, le hice una promesa a un amigo hace mucho. Además, le debo la vida a este pirata, y es mi deber ayudarlo a que se convierta en el rey del mar.

Los mafiosos miraron a su líder extrañados un momento, la mayoría se sentían confundidos, una mezcla de dolor y sorpresa, pero al final todos lo comprendieron. Varias lágrimas corrieron de sus mejillas, era la despedida, el adiós, la última vez que estarían juntos. En las últimas horas habían perdido a muchos de los que alguna vez consideraron sus hermanos, y ahora a su líder, aquel que los guió para sobrevivir en la salvaje tierra de Wolkenberge.

Zezilio fue el primero en comprenderlo, al abrir su boca y mostrar una horrible sonrisa llena de dientes amarillos y deformes.

-AAAGGHH –Gritó Tony. –Por favor no vuelvas a sonreír. –Dijo tapándose los ojos con las manos para no ver la horrible boca del fantasma. Todos se echaron a reír con el comentario.


Van tenía una pequeña base en Bandour y pudieron reabastecerse antes de partir. Los miembros sobrevivientes de Murder Inc. se despedían desde la costa, mientras el barco poco a poco se alejaba.

Por dentro el barco tenía lo esencial, una pequeña cocina como para unas 5 personas, un camarote en la proa, el cual rápidamente John tomó para sí, y 2 más en la popa. Así como una pequeña estancia junto a la cocina, el cual se había convertido en el cuarto de navegación.

Al transcurrir de los minutos, de las olas, la isla se perdía poco a poco, fue fácil salir de la niebla con Van indicando el camino, y la misma poco a poco dejó de notarse. A lo lejos la isla disminuía su tamaño, pasando de ser una enorme roca con niebla, a una pequeña esfera borrosa color gris en medio del océano.

Tantas cosas habían pasado en esa isla, demasiado dolor, destrucción, enfrentamientos, grandes enemigos y una aventura que casi les cuesta la vida. Pero también habían ganado algo, tenían un nuevo compañero, así como un barco respetable, además de un objetivo. Sí, no todo había sido dolor en Wolkenberge, aun cuando una ciudad entera había desparecido.

Habían pasado algunas horas viajando, estaba a punto de caer el atardecer. De momento, los cuatro pasajeros se encontraban en la popa del barco, mirando con ojos melancólicos donde se encontraba la destruida isla ya imperceptible, que dejaban atrás.

- Es curioso… -dijo John.

- ¿El qué? –preguntó Anthony, como saliendo de un estado de letargo.

- Isla que pisamos… Isla que destruimos –respondió John.

- Recemos por Downpour, pues –sentenció Van, que había encontrado un poco de Whisky en la cocina y se lo estaba bebiendo.

- Sep… -finalizó Tony, volviendo tras eso todos a sus respectivas reflexiones internas.
De pronto, Van se metió la mano en un bolsillo de su elegante chaleco, y sacó dos papeles doblados. Los extendió y dejó sobre la cubierta, devolviendo su mirada después al océano.

- No me preguntéis por qué… Las guardé desde que me di cuenta de que estabais en la isla. Puede que os interese guardarlas –dijo finalmente, a lo que John y Anthony respondieron con una ligera carcajada. Tony siguió ensimismado.

Se Busca: John Conde; Vivo o muerto – Recompensa: 50.000.000 Berries
Se Busca: Anthony “El Desertor Blanco”; Vivo o muerto – Recompensa: 40.000.000 Berries


-No sé cómo lo habéis hecho –Confesó Van. –Yo llevó años en el crimen y mi recompensa es menor a la de vosotros. ¿Qué habéis hecho hasta ahora?

-Es una larga historia –Dijo John riendo.

Van volteó a ver el inconmensurable océano señalándolo con ambas manos. –Sabes. –Dijo. –No sé tú, pero no planeo ir a ningún lado en las próximas horas.

Los otros 3 piratas rieron un buen rato con el comentario de su nuevo amigo.

-TENGO UNA PREGUUUUNTAAA –Levantó la voz Tony interrumpiéndolos a todos, tenía mucho que quería hacer esa pregunta, y debía aprovechar el momento, sino era en ese momento no sería nunca, la tentación lo mataba y no sabía ¿Por qué a nadie más se le había ocurrido. -¿Qué coño es Zezilio?

-Warai, warai, warai. –Rio un poco Van. –Si te contara. –Su rostro se volvió espeluznante. –No volverías a dormir por las noches.

Tony se asustó y tragó saliva asustado, un segundo antes de que sus 3 compañeros estallaran a carcajadas.
En eso los 4 miraron casi por instinto el sol que desaparecía en el horizonte. Todos con una sonrisa. John se recargaba en el barandal, Anthony a su lado derecho sosteniendo a Zeo, Van a su izquierdo tocando sus alas, y Tony sonriendo como un niño emocionado junto a Anthony.

Ese día el sol se puso por primera vez en Wolkenberge en un día de paz, una guerra había terminado, y 4 chicos se adentraban en el mar con emoción. Ese día no era el final de su aventura, si no lo contrario… era el comienzo.

*Continúa en el siguiente post recopilatorio, abstenerse de enfados, gracias*

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Mar Nov 04, 2014 11:39 pm
por Vito Corleone
Capítulo 46: Rondinum
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Cielo azul. Las densas nieblas, los gritos de horror, el color rojo intenso de la sangre, quedaban enterrados en el olvido. O, al menos, llevaban ese camino. Una hermosa carabela cortaba las débiles olas, que parecían estar ansiosas por interrumpir el avance del navío, estrellando su furia contra las negras tablas del casco.

John reposaba, tumbado sobre la cubierta, observando la pureza de aquella infinita cúpula que se alzaba, imponente y dominadora, sobre su cabeza. Recordaba los tensos momentos de la batalla de dos días atrás, su casi mortal aventura en aquel lugar opacado por la niebla. Lo recordaba todo muy vagamente, y hacía mueca de querer recordar más, como cuando trataba de recrear los sueños.

La mañana había amanecido plácida como lo había hecho el día anterior, y la mar no daba visos de ir a reventar, por lo que la jornada era ideal para terminar de recuperarse de las heridas. Anthony llevaba ya un par de horas inmóvil en proa, con el catalejo en la mano izquierda, deseoso de poder ver tierra otra vez. Mientras tanto, Van y Tony probaban suerte con la caña de pescar, unos pocos metros más allá, recostados sobre la borda. Por sus expresiones, se intuía que la afanosa cacería no estaba siendo del todo fructífera.

Un graznido. Gaviotas. John terminó de esclarecer su mirada, apagada al tener los ojos semi-cerrados. Pudo observar cómo una de ellas descendía hasta el castillo de proa y le ofrecía uno de los periódicos que llevaba en una pequeña bolsa a Anthony; también vio la afectuosa reacción de Anthony que, lejos de quedarse con el papel informativo por la patilla, le entregó un par de berris sueltos que tenía en su raída chaqueta.

De pronto, como saliendo de un estado de letargo, se percató de que si en esa zona había gaviotas… Downpour no debería quedar muy lejos. Sus suposiciones se confirmaron cuando Van, dejando la caña de lado visto el éxito de su misión, se le dirigió, sonrisa en boca y puro en mano.

- Estamos cerca, no hay duda –dijo, dando una pequeña palmada. Anthony caminaba hacia Van y John, mientras este último se incorporaba y veía la gaviota del periódico perderse en la infinidad del horizonte.
- ¿Sobre qué hora llegaremos? –preguntó el Desertor, sin alzar la mirada hacia su amigo. Abrió el recién adquirido diario.
- Digamos que… -Van cerró un ojo, tratando de calcular la distancia con el electromagnetismo que emanaba la cercana isla de Downpour.- Sobre las cuatro de la tarde.

John miró nuevamente al cielo, y midió, más o menos, la parábola que hasta aquella hora había descrito el luminoso astro desde que saliera del este. Serían cerca de las tres y media. Fue imaginarse la hora, y la tripa le dio un rugido preventivo. Una curiosa mezcla entre la emoción por pisar tierra nueva, y hambre. Mucha hambre. Así se lo hizo saber a Tony, que seguía pendiente de algún pez que, haciendo el feo a sus colegas que le recomendaran no morder el anzuelo, se enganchase al metal en busca de aventuras.
La cocina no era muy espaciosa, mas resultaba más que suficiente para cuatro jóvenes que ni siquiera eran expertos maestros culinarios y se manejaban con un plato de garbanzos de la despensa de al lado de la estancia. Una pequeña mesa en el centro, ampliamente iluminada por la luz natural que penetraba por las anchas ventanas de una de las paredes laterales, servía de soporte para el susodicho plato de garbanzos.
- Puede que sea conveniente poneros al tanto del funcionamiento de la isla –dijo Van, rompiendo el hielo.
- ¿Ef diftinta a laf demáf? –preguntó Tony, con la boca llena de potaje.
- Digamos que tiene un sistema más complejo.
- Explícate, por favor –respondió Anthony, clavando esta vez su mirada en Van.
- Downpour, y, sobre todo, su capital, Rondinum, es un lugar con un índice de criminalidad superior al 78 %.

Tony escupió los garbanzos de golpe.
- ¡¡¿78%?!! ¿Es un puerto pirata o algo por el estilo?
- Nada más lejos de la realidad, amigo –contestó Van, regodeándose en sus conocimientos.- Es una ciudad bajo la legislatura directa del Gobierno Mundial.
- ¿No hay Marina? –preguntó Anthony, extrañado. Tras eso, miró desesperado a Tony, que trataba de limpiar el puré amarillento que él mismo había “cocinado”.
- Efectivamente –las caras de los otros tres parecieron iluminarse.- Pero tiene un cuerpo policial impresionante. En la misma ciudad de Rondinum hay cerca de 20.000 policías. Veréis, no solo eso es especial en Downpour. Al ser su capital una metrópoli con tantos criminales, toda persona entra en la isla con una especie de carta de libertad. Me explico: independientemente de si uno tiene o no una recompensa por su cabeza, en Downpour no se tiene en cuenta, es decir, no se es perseguido por la ley.
- ¡Estupendo! –exclamó John, acabando su segundo plato de garbanzos.
- No tanto, aunque es cierto que, en nuestro caso, es un punto a favor, tiene un pero. A cualquier alteración del orden público, te hacen prisionero, y en más de un caso, la gente ha sido sentenciada a la muerte –hizo una pausa para dirigir una mirada a los otros tres. Escuchaban atónitos a Van.- Joder, no sabéis nada, nada, nada… Anthony, te creía más puesto a estos asuntos.
- Salí por primera vez de Arabasta hace más bien poco, y, salvo las nimiedades leídas en los libros de las bibliotecas de Alubarna, no tengo ni idea del panorama mundial actual.
- Bien… Supongo que tendré que explicaros todo el funcionamiento de la isla…

Se escucharon, además de las acometidas de las férreas e insistentes olas, los irritantes graznidos de gaviotas que revoloteaban, en busca de a saber qué, alrededor del mástil con vela negra del barco. Eran cerca de las dos y media, y ya se veía la costa sin necesidad de catalejo, en forma de hilillo de tierra.

- Downpour está dividido en cinco grandes provincias. La llanura del Río Asis (en el cual está ubicado Rondinum), Downpourton, O’Bitiland (de esto os hablaré después), McShire, conocido por su estupendo Whisky, y la meseta Terralta, de la cual desciende el Río Asis, desembocando en Rondinum.
- Ajá –respondieron John y Tony a la vez.
- No habéis entendido nada, ¿verdad?
- Me he perdido en la palabra dividir –dijo Tony.
- Yo me he despistado con el Whisky.
- En fin, a lo que iba. En la provincia de O’Bitiland, en los exteriores del pueblo de Larsat, hay una gran mansión, perteneciente a los Dragones Celestiales, o Tenryuubitos…
- ¿Tenribuqué? –interrumpió John, con gesto torcido. Van no pareció satisfecho con la pregunta.
- Da igual. La cuestión es que en esa mansión vive actualmente el presidente del país, Sir Stewart Strong. Hace cumplir la ley a rajatabla, con mucha mano izquierda, y, seguramente por eso, es admirado por la gente de la clase alta. Respecto al poder judicial, hay un gran juzgado en Rondinum, regido por Diez Jueces Supremos, que, como os he comentado antes son… Bastante severos.

Los otros tres se mantenían atentos a la información. Sin lugar a dudas, era una organización más bien compleja, en comparación con las demás islas que habían visitado. La idea de un país organizado e, independientemente de lo que ellos hubieran hecho antes, permisivo, les agradaba sobremanera.

Tres cuartos de hora más tarde…

Las gaviotas no dejaban de incordiar en el exterior. Los muchachos salieron a cubierta, con ganas de ver una gran ciudad, una metrópoli; Rondinum. Y la vista no les defraudó. Se adivinaba ya la forma de una enorme área urbana tras un tremendo puerto, decorado por infinidad de bergantines, carabelas, goletas, bergantines goletas, e incluso algún navío de guerra.
- ¡Menudo puerto! –exclamó John, alucinado.- Debe haber lo menos doscientos barcos…
- Joder… -balbuceaba Anthony, cegado por el desmesurado tamaño de aquel lugar de reposo para barcos.

Un impresionante puerto en forma de media luna y protegido por un gran faro de cerca de 50 metros de alto, se tragó el barco de los jóvenes, mezclándolo entre tantos otros navíos. Centenares de personas, de todas apariencias, edades y clases sociales, paseaban por el camino de piedra que se alzaba sobre el nivel del mar.
- ¡Tony, el ancla! –exclamó de pronto Anthony, movilizándose para descender a tierra. Al Desertor se le veía con ganas de pisar la ciudad, a lo que sus compañeros correspondían.

Diez minutos más tarde, el paseo contaba con cuatro individuos más. Se erguían, quietos como farolas, ante los viejos y descolorados edificios del puerto, observando a las vecinas que salían a tender la ropa a las raídas ventanas de madera, o a los marineros, borrachos de cerveza, que caminaban en zigzag a través de los adoquines del suelo.

Señores bonachones con bigote, monóculo, patillas pelirrojas enormes, levita y bombín paseaban, a su vez, de la mano de sus refinadas y, en más de un caso, repelentes esposas. Gente de clase alta que se dignaba a descender al mundo real, pensó John, que seguía impresionado por el tamaño de aquel lugar.
- Van, ¿cuántos habitantes decías que tenía esta isla? –preguntó, sin apartar su mirada de uno de esos engalanados hombres.
- No lo sé, a tanto no llego… Quizá algo más de un millón, pero insisto en que no lo sé.
- Pues estamos apañados… -comentó Tony, haciendo una mueca de resignación.
- ¿A qué te refieres?
- Si el tío al que perseguimos es lo suficientemente listo y no se nos muestra aquí y ahora, nos va a costar lo nuestro encontrarlo.

Los otros tres le respondieron con un silencio que hablaba por sí solo. A decir verdad, no parecía un cometido para nada sencillo, aunque si les dejó una pista tan clara al salir de WolkenBerge, había motivos para pensar que trataría de seguir jugando a polis y cacos. Anthony le dedicó una mirada a John.
- Bueno, capitán, ¿y ahora qué?
- No sé… Supongo que lo primero será encontrar un sitio en el que alojarnos… Y después buscar información. Teniendo en cuenta que el hombre misterioso partió poco antes que nosotros, y dando por supuesto que ha venido aquí… Aquel que lo haya visto tendrá todavía su imagen bastante fresca.

El desertor sonrió satisfecho por la respuesta, y se encaminaron a una de las estrechas calles que partían en dos los ancianos edificios del puerto.


Minutos después…

Cuatro muchachos caminaban en pelotón rumbo a algún lugar perdido en las entrañas de la ciudad. El sol amagaba ya con esconderse tras el lejano horizonte, buscando un descanso merecido tras una jornada en la que no había parado de brillar. Y, a medida que el astro ardiente se escondía, unos desalentadores nubarrones se acercaban a una velocidad preocupante.

Habían paseado por las estrechas rúas de la zona costera de la ciudad, habían bebido un par de cervezas y otros tantos whisky-s y se proponían ahora, cerca de las nueve menos cuarto, buscar un lugar donde dormir. En vista de la hora, parecía que la misión de búsqueda iba a quedar aplazada hasta mañana.

En aquella escasa casi hora y media que llevaban en la ciudad, se habían encontrado ya lo que parecía ser pan de cada día en Rondinum. Policías, piratas borrachos, criminales borrachos, y policías atizando a piratas y criminales borrachos. Un espectáculo digno de ver, en palabras de Van.

Su actual ubicación parecía más bien desconocida, pues no se veía un alma a su alrededor. Un par de vasos rotos en el suelo, un gato negro, vómitos varios y adoquines colocados de una forma un tanto irregular. No era una zona muy adecuada para abrir un hostal, pero las piernas de los cuatro no daban mucho más de sí y se habían encomendado a la diosa fortuna para encontrar cobijo en aquel barrio. “Thames District”.

Definitivamente, había oscurecido, y los nubarrones habían llegado para quedarse. A la diosa fortuna parecía darle por saco la situación de los jóvenes, por muy encomendados que estuviesen estos. Pero finalmente, se dignó a aparecer.
- Eso es… -balbuceó John, mientras sentía las primeras gotas de lluvia caer sobre su alborotado cabello.- ¿Un hostal?
- ¿Dónde? –preguntó Van, que se había terminado de deshacer de la ligera borrachera de aquella tarde.
- Ahí al fondo –respondió el muchacho, señalando un lugar al final de aquella calle de la cual salía un fino hilo de luz.- A la derecha.
- Parece que sí –sentenció Anthony, profiriendo una sonrisa. La lluvia caía cada vez con más fuerza.

Los cuatro comenzaron a correr rumbo al final de la calle. Y no se percataron de una sombra que, doscientos metros más atrás, caminaba en su mismo rumbo.


Tres golpes secos en la húmeda puerta de madera de pino de la entrada. La lluvia, ahora sí, era potente y molesta. Además, había comenzado a soplar un viento frío que complicaba aún más si cabía la tarea de estar aguardando una respuesta desde el interior del hostal.

John miró a través del cristal de la ventana. Una antiquísima lámpara, con una desgastada bombilla enroscada, iluminaba muy vagamente la estancia, cuya mayor parte quedaba en las penumbras. Se escuchaba el ruido de un grifo abierto, y el de unos platos. El dueño debía estar ocupado en su tarea de fregar.

Anthony empujó la puerta, que emitió un irritante chirrido al abrirse. Los cuatro se apresuraron a entrar. La lámpara se balanceaba ligeramente, haciendo parecer que las sombras estuviesen bailando. Afuera, ni un alma. La caída de la noche, sumada a la llegada de la lluvia, había transformado la calle en un lugar solitario y tenebroso. Como aquella estancia.
- Las voces del mañana… -cantaba alguien desde la habitación vecina, en voz baja. Se adivinaba un tono femenino por encima del ruido de los platos y el grifo.- Juran que la promesa se cumplió… Que el mar renacerá… Pero, oh, cruel mundo, ¿por qué no podrá el mar descansar en paz?

Un escalofrío recorrió las espaldas de los visitantes. El ruido del grifo cesó, y unos pasos se hicieron oír. Se acercaban. John, Anthony, Tony y Van contuvieron la respiración. Todo lo que les permitieron sus pulmones. Se dibujó una sombra más oscura que la propia negrura que provenía de la habitación vecina. Y la sombra murmuraba…
- Oh, eres tú –era la voz de una anciana, temblorosa y aguda. A los jóvenes les sonó siniestra incluso.- Te esperaba. Hacía lo menos tres meses que no te pasa…

La anciana salió al amparo de la escasa luz de la lámpara, y se calló al instante. Miró a los ojos, uno a uno, a todos los intrusos. Era una mujer ya entrada en años, de unas setenta y cinco primaveras y baja en estatura. Su mentón afilado, nariz aguileña y ojos de color avellana chispeantes, le daban la apariencia necesaria para que los chicos se asustasen.
- Buenas noches, mozos; bienvenidos al Ben’s Hostel –dijo, disfrazando de pronto su gesto serio con una forzada sonrisa.- ¿En qué puedo ayudaros?
- Pues, verá, señora… -comentó Tony, de una forma un tanto tímida. Aquella era una situación cuanto menos extraña.- Buscábamos un lugar en el que dormir.
- En el piso de arriba –respondió, señalando con su dedo índice unas escaleras en espiral que se perdían en la planta superior. A continuación sacó unas llaves de su bolsillo.- Habitación 2. Mañana os hablaré de las tarifas.
- ¿Una habitación para los cuatro? –protestó Van, a lo que Anthony respondió con una amenazante mirada.
- Cada una contiene dos literas. Ni se os ocurra bajar una vez subáis, ¿de acuerdo? Tengo trabajo que hacer y no me gusta que me molesten.

Los otros asintieron, y se dirigieron a las escaleras sin rechistar tras coger la llave. La anciana los siguió con la mirada hasta que se perdieron, junto al espiral, en el piso de arriba. Aguardó un instante para asegurarse de que no volvían.
- Qué señora más rara… -murmuró Tony al subir arriba.
- Y tanto… Será mejor no meternos en sus asuntos –respondió Anthony.- Yo al menos, no tengo ningún interés ni intención.
- Tienes razón –finalizó Tony.

Terminaron de subir las escaleras, y abrieron la puerta de su habitación. La número 2. Las paredes estaban descoloridas, una bombilla medio rota daba tenue luz desde el techo, había una oxidada litera a cada lado de la estancia, y un par de descomunales telarañas decoraban las esquinas superiores de la misma. El suelo crujía al pisar.
- A dónde hemos venido a parar… -murmuró Van, ladeando la cabeza para inspeccionar el terreno.- Da la sensación de que no ha tenido muchos clientes últimamente.
- Sin embargo, esperaba a uno… -interrumpió John.- Debe estar zumbada.
- Eso será –finiquitó Anthony. De pronto, vio que uno de sus amigos se lanzaba como loco hacia una de las literas.
- ¡¡Yo arriba!! –gritó Tony, adjudicándose una de las camas superiores y sacando la lengua a los demás, restregando su triunfo.
- ¿A dormir sin cenar? –protestó de pronto John, cayendo en el hecho de que aún no habían cenado.
- Hemos comido muy tarde y mañana es una larga jornada. Mejor descansar –respondió Anthony, que se quedó con la otra cama superior. John asintió y se tumbó en la que quedaba debajo de Tony. Debajo, les pareció oír el ruido de una puerta al cerrar.
***
Un puño bañado en sangre y porcelana. Y una sonrisa cruel. Cientos de cadáveres a su alrededor. Y Van estaba inmóvil, no podía evitar lo que sus ojos veían. Quiso chillar, pero no podía. Una mano sujetaba su cuello. Y la misma sonrisa cruel le acechaba desde la espalda.

Van despertó. Estaba empapado en sudor a causa de la pesadilla. Jadeaba mientras trataba de tranquilizar el pulso. “Solo ha sido una pesadilla. Solo eso.” Se repetía. Suspiró fuertemente. Los recuerdos de Ciudad Porcelana, de sus hermanos fallecidos, no le dejaban en paz. Se sentó sobre su cama. El silencio a su alrededor era absoluto. Ni un ronquido. Solo respiraciones descompasadas.

Pero sobre aquel inaguantable silencio escuchó. Una voz siniestra, aguda, desde el piso inferior. Se escuchaba de una forma muy difuminada, y costaba acertar lo que decía la anciana. Era ella, sin duda alguna. De pronto, la voz cesó. Y pasó a escucharse una voz de varón, tan grave que ni siquiera se oía claramente. Nada más que un murmullo de palabras perdidas.

Loco de curiosidad, Van se incorporó, teniendo cuidado de no estampar su cabeza contra la cama superior, sobre la que, plácidamente, Anthony descansaba. Puso sus pies desnudos sobre la madera que crujió menos de lo esperado. Tanteó sus zapatos en la oscuridad, y, tras encontrarlos, se los puso. Luego reconsideró la idea, y se las volvió a quitar. Correría menos riesgos de que le oyeran.

No acostumbraba a ello, pero aquella noche durmió con las mismas ropas que usó la víspera así que salió, con sus pantalones y chaleco negro que protegían una camisa y una corbata rojas, al pasillo. La voz masculina era más clara, pero aún no se acertaba el mensaje.

Una terrible a la vez que esperanzadora idea le llegó a la mente. ¿Y si aquel hombre, aquel que llevaba tres meses sin pasarse por el hostal en palabras de la vieja, resultaba ser el tipo al que perseguían? Aquel a quien la vieja esperaba. Y la razón por la que no debían bajar a molestarla bajo ningún concepto. Van dedicó una mirada al reloj de pared que había al final del pasillo. Las tres de la madrugada. Había dormido durante casi siete horas ya.

Comenzó a bajar las escaleras lo más sigilosamente que pudo. Hasta que finalmente, a través de los barrotes que cubrían su bajada, pudo ver la escena. Un hombre, cuya cara el mafioso no pudo ver porque estaba de espaldas, charlaba con la anciana, que lo observaba con suma atención. Al parecer, no se habían dado cuenta de su presencia, lo cual aliviaba su delicada situación Aguzó el oído.

Dio un ligero respingo. La conversación era, cuanto menos, curiosa.
- Entonces… -dijo el hombre, mientras se tapaba la cara con una máscara de metal.- Esta será la última entrega. Y con ella saldaré mi deuda, Yubaba.
- ¿Estás seguro de lo que vas a hacer, querido? –respondió la vieja.- Eres demasiado joven para morir.
- He tomado la decisión. He descubierto el punto débil, tras mucho tiempo –la máscara le daba un aspecto casi demoníaco.

De pronto, un rayo iluminó la estancia. Van no pudo evitar asustarse. A decir verdad, no era miedo. Era más bien inquietud ante lo desconocido. Y a Van le encantaba, a la vez que aterraba, lo desconocido. La anciana asintió. Después, el hombre, a medida que respondía, se levantó y dio la media vuelta. Medía cerca de metro setenta y cinco y su cuerpo era robusto, o eso parecía por lo que se podía ver y dejar de ver tras su capa y capucha.
- Y no tendré piedad –sentenció.- El plan se llevará a cabo sin que nada falle. O moriré en el intento.
- Rezaré por tu vida –finalizó la anciana, mientras el encapuchado salía por la puerta dando un fuerte golpe al cerrarla.

Y en aquel instante, Van tuvo la sensación de estar obligado a perseguir a aquel hombre. Por fortuna, la anciana dormía en el piso inferior, y ya se había encerrado en su habitación. Subió las escaleras de puntillas, entró en la habitación, cogió y se puso los zapatos, y sacando el menor ruido posible, bajó de nuevo. En la entrada no había nadie. Ni siquiera la lámpara del techo estaba encendida ya. Un potente rayo iluminó nuevamente la estancia, esclareciendo el rostro de Van, que salió al exterior.

Ladeó la cabeza, buscando al hombre encapuchado. La lluvia caía con una fuerza tremenda. Un trueno ensordecedor. El espesor de las gotas impedía ver siquiera con claridad. Van dio un pasito más hacia adelante, y miró con detenimiento hacia la calle por la que habían venido. Y ahí en la lejanía, acertó a ver una figura sombría, que se alejaba.

Y cuando se disponía a empezar la persecución, reparó en un papel doblado que reposaba sobre la cornisa de la ventana del hostal. Van lo abrió, y, para su dicha, encontró un texto escrito en él, al parecer recién redactado y medio emborronado por la lluvia. Un escalofrío recorrió su espalda. “Me gustaría preguntarle sobre lo que ha oído, aunque me falte tiempo ahora mismo. Le agradecería sobremanera perseguirme ahora. Si es que puede, claro está. ¡Ah! Y, créame, le conviene hacerlo”.
- No lo dudes, capullo –murmuró Van. Escuchó el ruido de un vehículo a motor alejarse de la zona, y echó a correr.


Continuará…
Capítulo 47: Ansioso por comer, el hombre de los pantalones blancos
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Siguió el vehículo, corriendo con todas sus fuerzas, e intentando igualar la velocidad del carro con los poderes de su logia. A unos pocos metros, estaba a punto de producirse un giro brusco de calle para ir en diagonal a otra ruta, así que Van usó los poderes de su akuma para trepar por la pared, encaramarse al tejado, y plantarse en el suelo de la calle contigua, esperando así pillar por sorpresa al vehículo y forzarlo a parar.

Sin embargo, cuando hubo aterrizado, miró en torno suya, perplejo: no había nada. El carro había desaparecido. Revisó la calle, preguntó a la gente... y nada. Las huellas se interrumpían en una zona del asfalto, y desaparecían, como por arte... de magia...

Unos minutos más tarde, de vuelta en el hotel...


-Eh, Van, ¿Que pasa?

Van volvió a la habitación, confundido, y escondió rápidamente la carta. Al fin y al cabo, llevaba poco tiempo en la tripulación, y no quería arriesgarse a que lo llamasen loco ni nada... A lo mejor si que habían sido imaginaciones suyas... tendría que investigar...

-¿Van ¿Qué pasa?- preguntó de nuevo el capitán
-Ah, no, no pasa nada, no te preocupes. Solo... estoy teniendo un mal día...
-Ah, ok, pues, si no llegas pronto no encontrarás el desayuno
-¿Eh?
-Creo que queda en la mesa un gran chuletón de cerdo a la barbacoa- dijo, mientras se llevaba a la boca un chuletón de cerdo a la barbacoa
-Te lo estás comiendo
-¿Ah, sí? Uy, perdona, ¿Lo quieres de vuelta?
-Um... no te preocupes, ya he desayunado

De inmediato se unió Anthony, que arrastraba a Tony por la oreja, forcejeando por intentar separarlo de la almohada, que asía firmemente en una mano:

-¡Es demasiado pronto!- protestó Tony

Van se encogió de hombros, y les dejó seguir discutiendo durante un rato mientras reflexionaba. Podía decirles a sus compañeros lo que había pasado y actuar todos juntos para resolver el peligro... o solucionarlo todo por su cuenta para evitarle cualquier riesgo a la banda... tendría que elegir...

-Por cierto, ¿No os habéis fijado?
-¿El qué? - preguntó Anthony
-El bar... está vacío

Se dieron la vuelta, y comprobaron que, efectivamente, no había nadie en la parte baja del hostal. Las mesas y sillas estaban vacías, y aun así, los platos, cuchillos, tenedores y cucharas estaban servidos en todas las mesas, e incluso los felpudos estaban desplegados por el suelo, como si el hospicio estuviese esperando a alguien...

Mientras, la dueña del hostal salió a la calle, armada con una escoba y una gran sonrisa en el rostro. Se puso a barrer en la entrada, y mientras barría, se dirigió vagamente a los invitados:

-¿Quieren algo, señores?

-Ehrm...- Tony escondió la almohada detrás suya- Señora, ¡Donde está la gente?
-¿La gente?- por un momento la anciana pareció mostrar una expresión de cierta incredulidad- La gente ya está ahí… esperando… ¿Acaso no la oís?
Tras oír esto, John se volvió hacia atrás y gritó a sus compañeros:
-Esta vieja está chiflada
-¡Pues anda que tú!- gritó Anthony mientras le daba una patada en la cabeza.

Entretanto, la dueña siguió sonriendo, como si nada hubiese pasado, mientras los Panteras Negras se seguían peleando. Miró al cielo, que estaba teñido de blanco por el batir de alas de las miles de gaviotas que acudían al puerto en pos de los restos que dejasen los barcos al atracar, y Van le echó una mirada suspicaz, mientras se preguntaba que secretos guardaría aquella cuasi centenaria cabeza. Cuando John y Anthony hubieron dejado de quejarse, la susodicha anciana habló:

-Bueno, veo que no sois de aquí. ¿De donde venís, jóvenes?
-Un poco de allí, un poco de allá… los piratas venimos del mar, señora- respondió John
-Ah, vaya, ¡Sois piratas?
-¡John! – Susurró Anthony- ¡No le digas a nadie lo que somos! ¡Podríamos tener problemas!
- Bueno, bueno, no os preocupéis, jovencitos. Aquí, ver piratas es el pan de cada día. Pero como veo que sois extranjeros, tal vez deba recomendaros, si sois piratas de verdad…
-¡Lo somos, señora!
-… entonces no os cerquéis, por lo que más queráis, la provincia de O’Bitiland…
-¿Porqué, señora?- preguntó Tony
-Hay cosas que las nuevas generaciones no deberían saber…
-Está siendo usted demasiado cerrada, señora
-Bueno, tal vez entonces si que sea una vieja chiflada, je je je
-En fin…- Van se encogió de hombros- Vosotros- dijo, echándole un vistazo a John y a Tony- no os mováis del barrio. Yo me iré a McShire a buscar provisiones, mientras tanto, podéis ir buscando información, emborrachándoos, etc.
-Um…- Anthony lo miró, pensativo- ¿No debería ir yo contigo?
-¿Y vas a dejar a esas bestias pardas- señaló a John y Tony- solos por la ciudad?
-También es cierto.- se encogió de hombros- Bueno, vale, pues entonces nos reuniremos en este hostal esta misma noche, y nos traerás las… provisiones…
-Sí… las provisiones…- los dos se echaron miradas de complicidad
-Um…- la anciana los miró, rascándose la barbilla, pensativa. Señaló a los dos confidentes y le susurró a John- ¿Esos dos son pilinguis?
-¡Oye, vieja, no te pases!- le sacudieron una leche a la anciana

………………………………

Unos minutos después, Van ya estaba recorriendo la calle, pensando en todo lo que había pasado aquella mañana. No iba a inmiscuirse en la vida de una señora anciana, (hasta los criminales tienen un sentido de la privacidad) pero todo aquello le estaba resultando bastante sospechoso. Ahí tenía a un hombre misterioso (bueno, otro hombre misterioso), la carta que recibió, la charla con la señora anciana, la propia señora anciana… ahí se estaba tramando algo gordo, y fijo que iba a enterarse de lo que estaba pasando antes de que la situación se les echase encima.

Tras fijarse en ello, reparó en el dinero que había traído para comprar suministros. No había traído gran cosa, y, por supuesta, el asunto de la “búsqueda” no era más que una tapadera, pero, de todos modos, si iban a tener que arreglárselas así… necesitaban más dinero, más comida, o, por lo menos, un cocinero, res de los elementos básicos en cualquier tripulación. Tal vez podría acercarse en McShire y sugerirle a John algún fichaje…

Se paró. Reparó en que, de repente, la calle estaba totalmente vacía, si ni una sola alma a la vista. Se había perdido tanto con sus pensamientos, que no se había dado cuenta de que había ido a para a un callejón. Todo el mundo se había ido, y eso, en su carrera profesional, era una alta, y clara sugerencia de…

-Eh, ¡Negrito, negrito!

Se dio la vuelta, para enfrentarse a un grupo de individuos que se le acercaba por detrás, arrinconándole en el callejón. Eran cinco personas, cada una armada con una cachiporra, vestidas con los atavíos típicos de los marineros recién llegados a puerto, lideradas por un hombre ligeramente más grande que los demás, un señor con cara de rata que blandía en una mano una pistola de un cañón. El señor con cara de rata era el que había hablado, y tenía una sonrisa repugnante para cualquier decencia civilizada:

-¿Qué pasa, negrito, negrito? ¿Te has perdido? ¿Necesitas ayuda?
Van se cruzó de brazos, y movió la cabeza de un lado a otro, con disgusto:
-Chst, chst, mal, mal, mal, muy mal
-¿Eh?
-Lo hacéis muy mal, ¿Es que no lo veis?
-¿Qué pasa?
-Tu, el de la derecha, no impones lo suficiente, tu, el de la izquierda, deberías separar las piernas más, que no estás en la marina, a ese le acaban de robar la cartera hace dos minutos, ¿que más?, ah, sí, tú ni siquiera tienes un mentón que inspire respeto. que chapuza, que chapuza… y tú- señaló al líder con cara de rata- Oh, tú, por dios, no me extraña que te mueras de hambre, si saqueas todo lo que tenga el propietario, lo único que conseguirás será un par de guardaespaldas de anchas espaldas listos para vuestra siguiente “emboscada”…
-¿Me ha dicho qué?
-Que sois malos ladrones
-Caballero, me parece que no acaba de entender del todo su situación…- alzó la pistola más alto, como para intentar imponer respeto a Van
-No, no- contestó, sonriendo- me parece que sois vosotros los que no entendéis vuestra situación…

……………………………………………….

-¡Comida, comida, comida, comida!
-¡Comida, comida, comida, comida!
-Ah, ¿Sí? ¡Pues yo he dicho comida más veces!
-¡Yo aún más!
-¡Pues yo más!
-¡Pues yo más más infinito!
-¡Pues yo más más infinito infinito!
-¡Pues yo mil veces infinito!
-Nos, niños- los agarró a los dos por el brazo- No os peleéis…
-¡Ha sido John!
-¡No, ha empezado Tony primero! ¡Está acusando al capitán!
-Niños… si nos os relajáis os tendré que mandar de vuelta al hotel…- estrujo aún más los brazos
-¡Ay, ay!
-Bien, ahora… ¿Qué está pasando?

Anthony se detuvo. Alzó la mirada, y vio las letras que adornaban el cartel del bar, que decían “Restaurante Ramolino”. Se encogió de hombros, y dejó que John y Tony corriesen a la barra del bar como alma que lleva el diablo.
Se sentaron sobre sendos taburetes, y gritaron porque acudiese el encargado del bar. En un principio, nadie les prestó mucha atención, ya que todos en el bar estaban más centrados en sus cosas: partidas de cartas, borracheras, apuestas… un par de chavales gritando desesperadamente por la comida no eran nada muy destacable.

En cambio, al lado de John había sentado un señor muy musculoso, rojizo, con el cuerpo endurecido, una calva prominente apenas tapada por un peinado pelo negro, la nariz agüileña, que vestía con un chaleco azul con botones amarillos, y unos simples pantalones blancos con botas negras de equitación. El señor estaba comiendo ávidamente una suculenta pechuga de asado. Comía desesperadamente, como si no fuese a haber un mañana. Al parecer, John también se fijó en ese detalle, así que le habló:

-Eh, señor, ¿Tiene mucha hambre?
-Gron, gronf, gronf- el individuo intentó hablar mientras comía. Cuando hubo terminado de dar sendos bocados a su alimento, dejó el asado sobre la barra, y se volvió hacia John. Con el mentón hacia atrás, le echó un largo y silencioso vistazo al joven que tenía delante. Después de unos minutos, como si estuviese satisfecho del análisis, le dijo:

-Tienes potencial

Y volvió a echar mano de su almuerzo, maleducadamente. John se iba a quejar, pero justo entonces le llegó su comida. Le echó mano por una parte a una enorme jarra de cerveza, y por la otra, a un enorme muslo de gaviota, y, justo cuando iba a volver a hablar con el señor de antes, se fijó en que se había largado.

-¿Pero qué…?

No tuvo tiempo para decir nada más, porque justo entonces se fijó en que había un gran jaleo fuera. Se levantó, se volvió a sentar, terminó la comida, se volvió a levantar, y, acompañado por Tony y Anthony, salió fuera para ver que estaba pasando.

Y fuera, en la calle, vio que había un gran revuelo. Había un señor vestido con unos pocos harapos, arrastrando tras de sí un carro lleno de cochambre, basura, ropas viejas, armas, y chatarra. El señor tenía la espalda marcada por surcos de sangre. Donde pasaba, todo el mundo se apartaba, dejándole un claro margen de espacio. Johnny, prudente, preguntó a un transeúnte:

-Eh, ¿Quién le ha hecho tanto daño a ese tío?
-¿No te has enterado? Ah, debes de ser extranjero… Bueno, pues, por lo que sé, se lo ha hecho él mismo
-¿Él mismo?
-Sí. Es un flagelante. Viene en nombre de la Nueva Iglesia
-¿La Nueva Iglesia?- Anthony enarcó las cejas, sorprendido- Creí que eran solo rumores…
-Pues, chaval, los rumores van haciéndose más realistas. Ahora, ¡En nombre del Gobernador, quitaos de en medio, que pasa!

Obedientes, los tres se hicieron a un lado, y dejaron que el flagelante siguiese su camino, arrastrando pesadamente su carro de basura. Siguió su marcha hasta que, cuando hubo desaparecido en el horizonte, todo el mundo siguió con sus quehaceres habituales. John le preguntó a Anthony:

-¿Eh? ¿Qué es eso de la Nueva Iglesia?
-Pues, verás, según he oído…- se dio la vuelta. Se palmeó alrededor, como buscando algo que estaba… o más bien…- espera un momento…- algo que no estaba…- ¡Zeo! ¡Ha desaparecido! ¡Alguien me la ha robado!
-Eh, espera un momento, ¡A mi también me han robado! ¡Me han robado a Shira!
-¡El ladrón no debe de estar muy lejos! ¡Vamos a recuperarlas!
Tony protestó:
-Otra vez a rescatar a alguien…

Entonces, pudieron oír como, desde una distancia lejana, se producía una grave explosión
Capítulo 48: Diego, un hombre enamorado
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Mientras, en otro punto de la ciudad, Anthony, Tony, y John buscaban desesperadamente sus espadas, pero, con todo el revuelo que se había montado tras la explosión ,y la gran multitud que invadía las calles, era casi imposible avanzar, y mucho menos distinguir quien era quien.

-¡Shira!- gritó John
-¡Zeo!-gritó Anthony
-Maldita sea, sois dos piratas con recompensa, ¿Cómo rayos habéis dejado que os roben con tanta facilidad?- se quejó Tony
-Bueno, no hace falta que nos des tantos ánimos, Tony-dijo Anthony
Un hombre chocó contra ellos. También parecía desesperado, pero, al apartar a Anthony de un empujón, empezó a gritar por todo lo alto:
-¡Silver, Silver! ¡Viene la Marina! ¡Tenemos que escondernos!
La gente empezó a correr, más apresurada, unos para refugiarse en los edificios, y otros para correr en dirección (bueno, al menos en la dirección que parecía ser) al puerto. Todos parecían muy nerviosos, incluidos los propios Panteras.
-¿Has oído, John?- dijo Tony- ¡Hay que encontrar rápido vuestras espadas!
Siguieron intentando buscar sus espadas, pero la tarea era prácticamente imposible. El ladrón que debía haberles robado las espadas, si lo había, a esas alturas debía estar ya muy lejos. Desesperados, ya estaban a punto de abandonar la búsqueda cuando vieron cómo se dirigía hacia ellos el hombre misterioso del bar, llevando de la oreja a un joven chaval vestido con poco más que unos harapos. El ya conocido hombre de los pantalones blancos lo llevaba arrastrándolo de una oreja, con la facilidad de una madre castigando a su rebelde hijo. Cuando llegó a la altura de John, el capitán pantera pudo ver que el hombre era tan bajito que apenas le sacaba dos o tres cabezas al niño pobre.

El hombre de los pantalones blancos habló con su voz calculadora, con una sonrisa en rostro:

-Creo que deberías darles algo a estos señores

Le soltó la oreja, y lejos de empujarle, se limitó a darle una palmada en la espalda para que se adelantase. Entonces vieron que, en una de sus manos llevaba un saco negro. El chaval les tendió el saco, y cuando John lo quitó descubrió sus espadas, Shira y Zeo, en perfecto estado de rendimiento. El chaval parecía avergonzado, aunque no parecía que fuese a echarse a correr. El hombre del os pantalones blancos le dirigió otra sonrisa, y le indicó amablemente que podía volver a su casa, oferta que el joven aceptó de buen gusto, corriendo calle abajo

-Eh, ¡No huyas, ladrón!-Tony ya empezaba a sacar su arco, pero el hombre del os pantalones blancos le indicó pacíficamente que se relajara:
-Yo de ti no lo haría. Cuando te has pasado toda tu vida sobreviviendo de las sobras de otra gente, el robo no es más que la única opción de supervivencia. No deberías matarlo solo por querer sobrevivir.
-Ya, pero-Anthony lo miró- No siempre tienes a benefactores sacándote las uvas del huerto
-Ah, no os confundáis. Yo puedo ayudar a cualquiera, pero, en vuestro caso, Mme, ja ja jae- se rio entrecortadamente. Su risa era bastante agradable- creo que valía la pena ayudaros. Tenéis potencial, sí.
-¿Por eso nos ayudas?-preguntó Anthony
-Bueno, vuestro capitán lo sabe ¡Verdad? Sí, se te ve en la mirada… sí, cada uno debe de luchar por sus propios sueños, sí, porque no eres hombre que se conforme con poca cosa, ¡Verdad?
-¿Eh?- Tony lo miraba, sin saber que estaba pasando. Por otra parte, John, sumido en un absoluto silencio, le devolvía la mirada al hombre de los pantalones blancos, que siguió hablando un poco más:
-Vosotros seguid así, y tal vez nos veamos en el Grand Line, o tal vez no. Todo depende…- giró la cabeza hacia el cielo, azul e inmenso como el mar- Ahora, si me disculpáis, tengo que irme. Se avecina tormenta…

El hombre de los pantalones blancos se marchó dejando a Anthony y Tony confundidos por la charla que había acabado de producirse, aunque contentos también por haber recuperado sus espadas. John se limitó a recoger a Shira, guardársela en su cinturón, y dar media vuelta en dirección contraria. El hombre de los pantalones blancos no tardó en perderse entre la multitud, así que Anthony y Tony se dieron media vuelta, y corrieron para ponerse a la altura de John:

-¿De qué iba todo eso?- preguntó Tony
-No lo sé…-contestó Anthony-…pero tiene toda la pinta de que ese hombre… está cerca de conseguirlo
-¿El qué?-preguntó de nuevo Tony
-No lo sé… sería mejor que no te dijera nada… son solo teorías mías…

De nuevo, siguieron su camino por las calles de la ciudad, sin ningún rumbo aparente. Como John tardó bastante en decir nada, casi se fijó por unanimidad silenciosa que debían ir en dirección al humo de la explosión que acababa de producirse anteriormente. De hecho, al cruzar la calle enfrente del humo, surgió otra gran explosión cuyo estruendo obligó a varios transeúntes a tirarse al suelo y llevarse las manos a las orejas. Los Panteras corrieron en dirección al ajetreo, para ver que estaba pasando.
..................................

Van se palmeó las manos:

-Bueno, creo que esto pone las cosas en su sitio

A su alrededor, había seis hombres con el cuerpo carbonizado, negro debido a la pelea que habían mantenido recientemente. Van no tenía ni un solo rasguño. Por un momento, miró los cuerpos inconscientes, con una mirada de cierta pena mezclada con una gran diversión. Viendo que el paisaje le confortaba agradablemente, se encogió de hombros y se fue caminando de la calle, mientras aguzaba el oído, ya que podía oír a lo lejos una especie de petardos estallando.

-Huele a problemas…- se limitó a susurrar entre dientes- Bueno, a aun más problemas… ¿Es que esta ciudad es una guerra campal, o qué?

Pero, mientras iba alejándose hacia el horizonte a paso calmado, no se dio cuenta de que uno de los bandidos, con el rostro irreconocible debido a la carbonilla, se levantaba a duras penas para enseñar sus caninos, y maldecir con un hilo de voz:

-Esta me las vas a…. pagar… no vas a olvidar esto… en tu vida…
…………………………..
Anthony, Tony y John llegaron por fin al sitio del que parecían proceder las explosiones. Llegaron a un punto donde toda una multitud se estaba acumulando alrededor de un punto. Viendo lo que había, intentaron abrirse paso entre la gente, con cuidado de que no volviesen a robarles (utilizando el clásico método de mantener las manos en los bolsillos, aunque luego Tony descubriría que alguien le había robado su cepillo de dientes, Dios sabe para qué utilidad)

Cuando llegaron a algo así como la quinta fila, se encaramaron un poco a una farola para ver a lo que atendía la multitud: en el centro había un tipo delgado, con un uniforme blanco y negro, con cara de rata y gafas de culo de vaso, que leía (parecía que llevaba allí un buen tiempo) un panfleto. Estaba flanqueado por dos enormes tipos con cara de gorila vestidos también con uniforme, y miraba el sitio de donde procedía el humo, un agujero cavado en el suelo. Mientras leía apareció del agujero un hombrecillo con barba gris, y un traje lleno de polvo, con tapones en las orejas. El hombrecillo con cara de rata no le hizo caso, y siguió leyendo:

-…Y por la presente, el Gobernador autoriza a esta compañía a interrumpir cualquier excavación que se realice en el área antes solicitada. Se os ordena marcharos para que “El Gremio de Artesanos de Downpour” pueda continuar con las obras de un nuevo establecimiento, y…- el viejecillo de los tapones respondió:

-¿Mande?- el hombre con cara de rata pareció enfadarse ligeramente:
-Que tenéis que terminar con vuestras excavaciones
-¿Mande?
-¡Qué tenéis que terminar con vuestras excavaciones!
-¿Mande?

-¡QUE TENÉIS QUE TERMINAR CON LAS EXCAVACIONES!

-Ah, perdone- el hombrecillo de la barba se quitó los tapones de los oídos- ¿Decía?
-Tenéis que terminar las excavaciones- el hombrecillo ya tenía la cara teñida de rojo por la furia que estaba acumulando, y parecía estar a punto de retorcer el papel que tenía en mano
-Ah, pero señor Fernández… todavía no hemos terminado las excavaciones…
-Me da igual. Tenemos que empezar ya con las obras de la nueva herrería

-Pero, señor Fernández, el plazo todavía no ha terminado… nos queda un día de excavaciones… Ya estamos a punto de conseguir llegar a la tumba de Rackram el Rojo y…- de repente John se sobresaltó, aunque procuró no decir nada. El hombre con cara de rata volvió a responder
-¡Un día de excavaciones! ¡Y una porra! ¡Lleváis seis meses trabajando, y todavía no habéis conseguido hacer ni una miseria!
-Le digo que ya estamos cerca, solo necesitamos una docena de cargas más para…- el hombre de la cara de rata lo interrumpió:
-¿Una docena? ¡No! ¡La comunidad de vecinos me apoya! ¡No quieren seguir oyendo vuestras torpes explosiones! ¡Voy a desmantelar vuestra excavación!
-No, pero…
-Nada, nada. Brutus, Angelus,-señaló a los dos tipos-gorila- ya sabéis que hacer

Los dos matones se arremangaron las mangas, y entraron en el agujero, no sin ciertos problemas, ya que eran más grandes que la propia entrada. El hombrecillo de la barba intentó detenerlos, pero uno de los gorilas lo apartó de un manotazo y lo tiró al suelo, sin mucho problema. John saltó a la acera, seguido de sus camaradas, para atender al anciano, mientras los gorilas entraban por la entrada. John dejó caer al abuelo al suelo, (causándole una ligera impresión con el suelo) y los siguió de inmediato, como intentando detenerlos, pero no hizo falta, ya que en unos pocos segundos los dos gorilas salieron volando por los aires hasta chocar torpemente contra el suelo.

Nada más caer al suelo, salió del agujero un hombre rubio vestido de zapatos elegantes con unos pantalones negros, una chaqueta verde y una corbata negra a cuadros, con una antigua cicatriz que acababa en unas elegantes gafas de sol, y un cigarrillo en la boca. Habló entre protestas:

-¡Fuera de aquí! Mientras quede un miserable día de plazo, ¡Lucharemos con garras y dientes por conseguir el patrimonio histórico, y recuperaremos el valioso pasado de la humanidad! ¡Lucharemos hasta que se acabe el maldito plazo, maldito pelagaitas!- el señor Fernández se echó hacia atrás, asustado, con unas repentinas ganas de echar tierra de por medio, pero, aún así, no pudo evitar emitir una sonrisa temblorosa:

-Estáis acabados. ¡Lleváis seis meses excavando y no habéis conseguido nada!
-Eso es porque los yacimientos son como una mujer, hay que ir mimándolos, y convenciéndolos, poco a poco, pero ya estamos a punto- Fernández empezó a retroceder hacia atrás, mientras el público empezaba a abrirle un hueco
-¡Pues no será así! ¡Conseguiré el permiso del gobernador!
-Adelante- el misterioso hombre de pelo rubio sonrió burlonamente- Díselo a mi buen amigo el Gobernador
-¿Amigo?- los guardaespaldas empezaron a levantarse, llevándose las manos a la cabeza, y procurando mantener una distancia prudencial entre ellos y el hombre rubio- Creo que estás muy alejado de la política de la ciudad si piensas así- por un momento el susodicho hombre que parecía llamarse Diego enarcó las cejas, pero no se dejó sobreponer fácilmente:
-¡Bah! ¡Pues adelante! ¡Vete! ¡Vete, y ya puedes volver con dos, tres o mil granujas más, la Sociedad de Arqueólogos no se dejará pisar por pelagatos como tú!

Los dos gorilas huyeron por el público, llevándose con ellos a su jefe. Cuando hubieron desaparecido, Diego suspiró hondamente, y miró a toda la multitud ahí reunida. Algunas personas intentaron aplaudir, pero fue más bien un intento dubitativo, y poco claro. El hombre que parecía llamarse Diego finalizó su discurso con unas pocas palabras:

-Dicho esto, todas las mujeres interesadas en visitar la expedición tienen un pase de entrada gratis.
Dicho esto, el investigador pareció terminar, pero, cuando se dio la vuelta, se topó de bruces con un pirata con pelo afro que lo estaba mirando con los ojos más entusiastas que había visto en su larga carrera por el Grand Line:

-Entonces ¿Estás buscando la tumba del legendario Rackram el Rojo?
-Puede ser, ¿A quién le interesa?- bajó las gafas de sol para mirar mejor al "turista". Sus ojos eran azules y profundos.
-A un fan de Rackram
-Chst-escupió Diego.
- ¿Puedo ayudaros en la excavación?
……………………………………..
Van alzó la nariz para recibir de cara el aroma habitual de todos los puertos: este olía a abundante mierda de gaviota, un poco de alquitrán, las especias que normalmente se intercambiaban en ciudades de tamaña longitud, pescado muerto y… pólvora.

El exmafioso se preparó para ver el espectáculo desde una privilegiada posición, encaramado a una azotea. Había una gran multitud mirando al mar, entre vítores y abucheos. Muchos miraban en el horizonte para intentar distinguir algo más aparte de los lejanos fogonazos de los cañones, pero solo Van, el vigía, pudo ver con cierta claridad lo que estaba pasando.

Por un lado, por el este, había una flota. Estaba compuesta por barcos de todos los tamaños. Esquifes, naos, cocas, galeras, bergantines… ninguno de los barcos seguía un patrón específico, más que el seguir hacia adelante, y tampoco parecían tener un líder que les dijera donde navegar y que vientos seguir.

Debían de ser piratas

Y, en el norte, podía verse otra flota. Esta era unas diez veces más pequeña que la flota del este, pero estaba compuesta por barcos limpios, relucientes, con cañones a ambas bandas, todas ellas eran bergantines de gran tamaño que exhibían en sus velámenes blancos la insignia de una gaviota azul.

La Marina

Al principio, en los primeros intercambios de fuego, la flota del este pareció tener una ligera ventaja. Al fin y al cabo, era una flota de mayor envergadura, y tenía algunos morteros que eran capaces de alcanzar largas distancias. Sin embargo, tras los primeros compases de la batalla y las primeras maniobras navales, se expuso claramente su punto débil: no tenía ningún tipo de organización. Mientras unas naves se dirigían a combatir las esquivas galeras de la Marina, otras volvían al puerto, algunas se hundían en el agua por algún misterioso motivo, e incluso las hubo que escaparon inmediatamente del campo de batalla.

Así, aprovechando el caos del enemigo, la marina atacó, formando una perfecta y sólida lanza blanca que atravesó sin problemas el corazón de la flota pirata. Y ahí llegaría el momento decisivo: ahí se vería si podía más la gran superioridad numérica del a flota pirata, que empezaba a rodear los barcos de los marines, o si en cambio acabarían prosperando el orden y la táctica de los protectores del mar.

Los ciudadanos, expectantes por saber cómo terminaría la contienda, empezaron a hablar entre ellos, tanto, que hasta Van llegaron algunos de los rumores que empezaba a proclamar la gente, aunque a velocidad tan rápida que el Pantera apenas podía distinguir quién decía cada cosa:

-¿Has oído? Dicen que en esa flota de la Marian viene la mismísima Isabella- dijo alguien
-¿Esa? ¡Ana, y deja de decir gilipolleces, pedazo de subnormal! – le respondió descaradamente otro transeúnte
-Pues yo he oído- dijo otro en voz baja- que va a venir el Gran Almirante
-Eso sí que es una gilipollez como un piano
-¡Pues a lo mejor la Marina traerá gigantes de doce metros de altura!
-¡Yo apuesto diez contra cien a qué ganan los marines! ¡Ya va siendo hora de que alguien limpie esta ciudad a favor de los ciudadanos decentes y honrados!
-Putos marines… siempre entrometiéndose
-¡Claro, tu lo dices porque tienes asuntos de contrabando con los vecinos, cabrón!
-¡Dímelo a la cara, imbécil!

Van no se quedó a ver como acababa la batalla marítima. Tenía muchas cosas que hacer… y muchas cosas que informar.
………………………..


Dos horas después…

En medio de una batalla campal que se estaba produciendo en uno de los barcos, un hombre vestido a la más pura manera de los bucaneros de mar se arrodilló de cara al suelo, con una enorme herida en el pecho. Confuso, observó la sangre que manaba de su pecho, y volvió la vista hacia arriba para ver una pistola de dos cañones apuntándole. Agonizante, suplicó por su vida, y entonces una voz femenina dura como el acero le habló:

-Arrepiéntete de tus pecados
-Maldita… zorra…- escupió un poco de sangre en el suelo. Sería lo último que hiciera en lo que le restara de vida:

¡BANG!

La mujer se dió la vuelta, guardando de nuevo su pistola de dos cañones. Era una apuesta mujer, con un parche blanco en el ojo izquierdo con la insignia de la marina incrustada, que vestía un uniforme, (chaqueta y pantalones) totalmente blanco, con unas botas negras sin tacones, con un pañuelo rojo atado a modo de corbata. Un sombrero negro servía para ocultar su larga mata de pelo color azabache, y llevaba a cuesta una larga capa blanca de la Marina, con la gaviota azul a sus espaldas, y en ambos hombros llevaba los galones rojos típicos de un capitán, además de una capa blanca y elegante que servía para esconder que su usuaria era manca, ya que le faltaba el brazo izquierdo.

La misteriosa mujer de la Marina siguió caminando con cierto aire de desinterés, hasta llegar al timón, donde se sentó en una simple silla de cuero. A su alrededor, solo había cadáveres de piratas, con algunos marines malheridos encima del os cuerpos, buscando piratas que capturar. Sin embargo, la mujer les ordenó, tajantemente:

-No dejéis prisioneros

Ya sentada en su silla de cuero, analizó la situación: todos los asaltantes habían muerto, y, por donde posaba la vista, tan solo alcanzaba a ver barcos enemigos derribados hundiéndose en las garras del mar. Era cierto que habían perdido dos valiosos barcos en la contienda, pero por lo general, aquello podía considerarse una victoria de la Marina.

Sin embargo, no reparó en que uno de los pirata tan solo se estaba haciendo el muerto. Despistada, miraba hacia otro lado cuando el pirata alzó su espada, preparado para acometer con un golpe que le reportaría gran fama y recompensa… no obstante, en el último minuto, como tocado por un enemigo invisible, el atacante se desmayó y cayó al suelo.

Detrás de la mujer del sillón acababa de aparecer un hombre de la Marina con ligero tinte azul en párpados y labios, aunque con un uniforme que, en todo lo demás, era normal y corriente, de color blanco con botas negras y pantalones azules. La mujer del sillón, sin girarse, le dirigió unas palabras con tono autoritario:

-Informe de la situación, Capitán Cleofás

Capitán Cleofás, “El Aspirante de la noche”

El hombre de los labios azules se llevó una mano al a frente, en el eterno gesto militar que siempre mostraban los marines cuando estaban en presencia de un superior:

-¡Sí, señora! ¡El enemigo ha sido abatido, y vencido!

-Bien, bien- la mujer se acarició los pómulos- ¿Bajas?

-¡No más de cincuenta bajas en el total, señora! ¡Solo los que se habían incorporado a la fltoa recientemente!

-Bien, bien… los que no estaban hechos para la dura vida exenta de placeres han encontrado un merecido sosiego, y ahora, los supervivientes tendrán que decidir si tienen que echar la mirada hacia el puerto, o devolverle la mirada al abismo. Bien hecho, capitán Cleofás. Puedes enviar de vuelta al resto de la escuadra

-Ya estamos aquí, señora

La “señora” tampoco se giró para recibir al nuevo grupo, pero, aun así, ya había cuatro soldados puestos en fila, imitando a Cleofás en el ejercicio del saludo militar.

El individuo de la izquierda del todo del a fila era un marine enclenque, cubierto totalmente con una capucha blanca. Llevaba en una mano un gigantesco martillo que medía el doble que él mismo, e inspiraba a través de la capucha fuertemente, como si le faltara el aire.

-Mi señora…-hablaba en un tono lastimero-Ya estamos aquí…

Instructor Burn-Tower

A la derecha del teniente, había una mujer pelirroja, vestida con un uniforme gris, y con la cara cubierta por una máscara facial con celdillas de hierro. A sus espaldas llevaba un arco, con un carcaj lleno de flechas. Todas estaban salpicadas de sangre.

-El enemigo ha sido Planta ejecutado, su señoría

Sub-teniente segundo Mónica

A su derecha, tenía a otro hombre, un enorme y orondo señor que por lo ancho medía el doble que el resto de los componentes de la fila. Llevaba un enrome poncho blanco que le cubría el torso, por encima de una falda blanca, aunque, curiosamente, a pesar de que tenía una barba rubia, la llevaba más bien al revés, de cara hacia arriba. Llevaba gafas de sol, y en la calva exhibía una clara falta de pelo, aunque en uno de sus enormemente musculosos brazos portaba un palo de apenas un metro de altura, que quedaba ridículo en comparación con el tamaño de su portador. Además, a sus pies también había un gigantesco perro de pelaje negro, que yacía tranquilo a los pies de su dueño

-Mnee hehehe Tranquilo, Lázaro, tranquilo

Teniente Comandante Pyramid, y “Mascota Lázaro”, los “Guías del Atolladero”

Y ya por último, la última miembro del grupo, era otra mujer, que vestía con el ya mencionado uniforme blanco, solo que esta era una mujer de pelo marrón y ojos marrones que en lugar de brazos tenía dos enormes extremidades metálicas, dos troncos de madera recubiertos por tachaduras de hierro, siendo el mismo caso con los pies, donde calzaba dos especies de boyas pesadas de metal

-Pyramid, has vuelto a olvidar ducharte. Das asco

Sub-teniente de fragata “Lady Di”

-Muy bien, muy bien- dijo la señora del sillón- Espero que estén preparados. Decidle al resto de oficiales que ya estamos a punto de llegar. Quiero tener a todos los tenientes preparados para llegar a puerto.

-Señora- esta vez habló Cleofás- ¿Necesita algo antes de llegar?

-No. Tan solo acompáñame. Primero marcharemos sobre la ciudad… y luego hablaremos con el Gobernador

-¿Por qué no ir directamente a hablar con el Gobernador, señora?- preguntó Lady Di

Justo entonces la flota empezó a acercarse al puerto de la ciudad. El mar, embravecido, llevaba a los tres barcos de la marina hacia la ciudad humana, cabalgando sobre los restos humeantes de todos los barcos piratas vencidos. Aun incluso antes de llegar a puerto, algunos esquifes se esforzaron por huir aprovechando las corrientes marinas, intentando esquivar sin éxito a los recién llegados. Todavía pudo escucharse el tronar de los cañones hundiendo certeramente las escurridizas embarcaciones.

El principal barco de la pequeña flota, en el cual iba la mujer que parecía ser la líder de toda la expedición, atracó en uno de los fondeaderos. Mientras atracaba, se podía escuchar un sonido de fondo, el sonido de fondo que formaban centenares de manos aplaudiendo, y centenares de gargantas tronando. La marina de alto rango sonrió:

-Ahí tienes la respuesta, Lady Di.

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Lun Nov 10, 2014 8:42 pm
por wild animal
Bien que esto no se va lavantar solo, y Traffy no puede cargar con todo. Es un tema bueno, una historia genial, no debemos dejarla caer.

Hablando por MP y otros medios con Traffy sobre el tema mencionamos algo, y disculparán que me cite a mi mismo:
Creo despues de dar ideas lo ideal seria hacer lo que debemos hacer, lo que da vida al tema, proponer capitulos, independientemente de quien. Pero para eso, antes debemos ponernos de acuerdo, y si solo somos 2 en eso, pues que sean 2 personas organizando y decidiendo, no 5 proponiendo capitulos casi al azar y que no juegan unos con otros y muchas veces nisiquiera tenian continuidad

Aunque el tema tubo un paron enorme, hay algo con lo que aun podemos contar, y eso es la experiencia. A mi parecer (opinion personal), estos son las cosas que debemos y no debemos hacer, basandome lo que hemos hecho con respecto las sagas:

¿Que hacer?
Ideas, ideas e ideas. Lo que da vida al tema son esas ideas que todos tenemos y publicamos, pero es muy importante los demás opinen, no solo lean, digan que piensan, algo bueno o malo, para ir organizandonos.. De ahí vamos creando una saga.

¿Que no hacer?
Cometimos el error de que todos publicaban capitulos sin tener un orden o una idea de hacia donde ir. Es bueno que existan sorpresas, pero existian capitulos que nisiquiera tenian continuidad unos de otros. Es mejor un grupo bien organizado, que un monton de foreros escribiendo capitulos al azar que no coinciden en nada.

¿Que hacer?
Planear la saga con los que estamos, pero tratar de llevar un orden, un camino, como fue en Arabasta, Calm y Drum, antes de desviarnos. No importa si es un capitulo propuesto por semana, y solo una persona, pero seguir algo bien organizado. Cuando esto cayó fue por que estabamos desorganizados y nadie sabia ni que pasaba (se oye mal pero es cierto)

¿Que hacer?
Si existen 2 personas que están escribiendo que los demas confien en ellos, y si vuelven 2 meses despues acepten como fue todo, confiando en sus nakamas, no volver despues de meses y decir que no os gustó el trabajo. Esto no va para nadie, por que yo tambien puedo desaparecer, pero sé que de ser así mis nakamas que se quedan guiarán bien el tema.


Estoy de acuerdo con lo propuesto por traffy, y si alguien tiene una idea (ademas de la suya) para la saga, con gusto responderé y ayudaré, así como creo traffy hará lo mismo.

Asi que ¿alguna idea o propuesta que quereis mencionar?

Saludos, sois mis nakamas y los aprecio como Luffy a sus amigos... Larga vida a Panteras Negras.

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Mar Nov 11, 2014 12:04 am
por Vito Corleone
Pues es lo que dice Wild. Participación, organización e ideas. Los tres puntos clave para sacar adelante esto, que se lo merece.

Por lo pronto, para refrescar la memoria, unas cuantas cosas a seguir sobre Diego:
Spoiler: Mostrar
Nombre: Diego Orlais

Edad: 18

Apariencia: Diego es un joven relativamente alto (1'84), fornido y de aspecto fuerte. Tiene un pelo rubio bastante corto, casi siempre bien peinado y engominado. Tiene unos profundos ojos azules, prominente nariz, labios anchos y mentón definido, cubierto parcialmente por una fina barba de tres días. Viste traje de distinto color según su estado de ánimo y el día, aunque generalmente es uno negro con camisa, calzado y corbata negros. A veces se cubre la cabeza con un bombín, y es habitual verle fumando cigarros, puros, y, si la situación es propicia, fuma en pipa.

Personalidad: La personalidad de Diego se podría calificar de elegante. Es educado y, cuando la situación lo requiere, se expresa de forma muy correcta. Es un amante de las mujeres, las trata con sumo respeto y tacto, por lo que tiene mucho éxito entre ellas. Sin embargo, hay una cosita de Diego que las ahuyenta a algunas. Les escribe poesía. Muy mala. Las letras ni riman ni son coherentes, así que las chicas creen que les está tomando el pelo, y se largan. Por lo demás, en situaciones tensas, es serio y calculador, extremadamente astuto, y su pericia le ayuda a salir de varios apuros. Luego, en ambientes calmados, se relaja y hace el minga como el que más. Le gusta utilizar la ironía y el sarcasmo. Es inteligente y tiene muy buen ojo para el detalle, pero muchas veces le pierde su afición al tabaco y al alcohol, mermando momentáneamente sus aptitudes. Es nulo en la cocina, nulo en el dibujo, y nulo en todo lo que exija habilidad y creatividad con las manos.

Habilidades: Utiliza el estilo Pierna Negra, al menos en el momento de su unión.

Situación actual: Detective privado, investigador, arqueólogo y redactor en el periódico de la isla "The Downpour Time", reside en Rondinum en un lujoso apartamento en el centro, pues no en vano es una de las personalidades más destacadas de la isla y el cuarto hombre más rico después de Stewart Strong, el Abade Charles MacAbbeh y el Jefe de Policía Wishper Gulligulli. Trabaja en unas excavaciones que, según dice, son para encontrar la tumba de Rackram el Rojo, aunque en realidad son para hallar una cámara que, según ha leído en la biblioteca de Rondinum, alberga una de las 12 Maravillas. Aunque sabe que la cámara está en la ciudad, no sabe exactamente en qué punto está, por lo que planea interrogar al Gobernador Stewart Strong acerca de la ubicación del objeto, pues sospecha de que su amigo sabe dónde está (al final descubrirá que está en la abadía).

Historia: Esto lo pondré en el flashback que escribiré durante la saga.

Mañana editaré con mi idea de la saga (puntos principales, si bien algunos ya los he mencionado en "Situación Actual"), y ya me contaréis. También planeo meter bastantes personajes secundarios aprovechando el concepto de ciudad grande y muy poblada que ofrece Rondinum, como el Abade, el jefe de policía, y algunos otros secundarios que podrían tener un buen papel -o no- en el desarrollo de la saga. Pero eso for tumorrou queda.

PD: wild tiene una idea para el papel/la conducta de la iglesia en todo esto, a ver si se anima xDD


PD2: madre mía mi barrita. MAD RE M ÍA. HA DIGIEVOLUCIONADO.

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Mar Nov 11, 2014 12:50 am
por wild animal
Por ahora tengo el concepto, la idea es que no solo sea un grupo de cardenales o gente que se dedique a eso exclusivamente, si no un pensamiento en en grandline y nuevo mundo, donde muchos personajes conocidos (tal vez Pain) y varios miembros respetables de la marina sean debotos. Cabe mencionar que como buen religioso, el que sea creyente se guia o influye en su comportamiento, ya sea para el bien o para el mal.

Pensaba en que pudieran tener sedes en el gran line y nuevo mundo, con templos varios, pero entre ellos exista una rama mas estricta, que busca hacerse con el control. Cual es ese control diras?, obviamente las reliquias, por que, pues por que justamente fue un demonio su enemigo, y buscan destruirlo y "purificar el mundo". Aun pienso en el nombre, pero puede ser algo como hijos de la luz o asi.

La adoración seria a 4 deidades, pero unidas en una. Algo como tierra, fuego, agua, aire. Como las 4 bestias sagradas de digimon:

Imagen


Quien dirija a la iglesia aun no lo pienso pero si estas cosas basicas:
-Los marinos piensan busca la paz, y por eso creen aseguran esta en contra de los piratas
-Aun con lo mencionado en el punto anterior, hay piratas fieles tambien, de hecho la mayoria piensa que sus dioses son seres principalmente benebolos y los protegen. Muchos piensan el del mar es su protector
-Pienso ponerle un simbolo, pero aun no sé cual
-Se hacen actos buenos, pero tambien muy crueles en su nombre, dependiendo de los creyentes
-Existe una especie de concejo, ademas pensaba tal vez en 4 lideres, uno por deidad.


Que opinan?

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Jue Nov 13, 2014 12:19 am
por Vito Corleone
wild animal escribió:Por ahora tengo el concepto, la idea es que no solo sea un grupo de cardenales o gente que se dedique a eso exclusivamente, si no un pensamiento en en grandline y nuevo mundo, donde muchos personajes conocidos (tal vez Pain) y varios miembros respetables de la marina sean debotos. Cabe mencionar que como buen religioso, el que sea creyente se guia o influye en su comportamiento, ya sea para el bien o para el mal.

Pensaba en que pudieran tener sedes en el gran line y nuevo mundo, con templos varios, pero entre ellos exista una rama mas estricta, que busca hacerse con el control. Cual es ese control diras?, obviamente las reliquias, por que, pues por que justamente fue un demonio su enemigo, y buscan destruirlo y "purificar el mundo". Aun pienso en el nombre, pero puede ser algo como hijos de la luz o asi.

La adoración seria a 4 deidades, pero unidas en una. Algo como tierra, fuego, agua, aire. Como las 4 bestias sagradas de digimon:

Imagen


Quien dirija a la iglesia aun no lo pienso pero si estas cosas basicas:
-Los marinos piensan busca la paz, y por eso creen aseguran esta en contra de los piratas
-Aun con lo mencionado en el punto anterior, hay piratas fieles tambien, de hecho la mayoria piensa que sus dioses son seres principalmente benebolos y los protegen. Muchos piensan el del mar es su protector
-Pienso ponerle un simbolo, pero aun no sé cual
-Se hacen actos buenos, pero tambien muy crueles en su nombre, dependiendo de los creyentes
-Existe una especie de concejo, ademas pensaba tal vez en 4 lideres, uno por deidad.


Que opinan?
La idea principal está bien, quiero decir, eso de que haya gente de todo tipo: piratas, Marines, civiles, sector moderado, sector radical, etcétera. Pero me chirría un poco la parte de que buscan destruir las Maravillas, pues el Gobierno sabe dónde se hallan algunas y sería una tarea muy fácil.

Y lo del consejo me gusta, sobre todo si más tarde aparece alguien por encima de todos en la jerarquía eclesiástica, algo así como el Papa, el Dalai Lama o el Gran Ayatolá. De momento me gusta en el cómputo global, pero tiene ese inconveniente con las Maravillas.


Cambiando un poquito de tema, aquí unos puntos que me gustaría que se siguieran durante esta saga de Downpour:
Spoiler: Mostrar
Sobre la manera de enfocar las cosas:
- Una de las cosas más importantes, sin duda es la de no perder la visión de isla grande y muy poblada, sobre todo en los capítulos/escenas que transcurran en Rondinum.
- Dar peso a personajes secundarios que no tienen por qué tener un papel hiper relevante en la historia, pero que siempre la enriquecen.
- Brainstorming de ideas. Ya sea en forma de propuestas de capítulos, de personajes, de lugares en la isla, o lo que sea. Sin cortarse, todo viene bien para una cosa o para otra.

Sobre el desarrollo de la saga:
- Tener claro el papel que juega cada organización/bando en la saga, para que no haya líos.
- Tener en cuenta que el secreto de la doble personalidad de Diego debe mantenerse en secreto y estirarlo hasta el máximo posible sin que quede forzado. Y no cometer errores o despistes que desvelen antes de tiempo el secreto o se contradigan entre sí.
- Jugar mucho con el factor transporte. Hemos visto vehículos a motor por primera vez (un automóvil al final del capítulo 46), y eso debe dar la opción de viajar a través de toda, o casi toda la isla en algún momento de la saga.
- Respetar un par de cositas: Stewart Strong es el máximo mandatario de la isla, y el enemigo principal de la saga por su relación con el GM, sus secretos acerca de la existencia y ubicación de la Maravilla que los Panteras vienen persiguiendo desde WolkenBerge. Iba a decir del CP5, pero esto mejor que se deje al gusto del que escribe, como si proponemos a uno cada uno. Strong NO lucha (sería una especie de Spandam, con mayor jerarquía pero poco poder), lo hacen sus guardaespaldas y protectores de la llave de la cámara que está en el subsuelo de la Abadía. Sobre los CP5, como si los queréis meter "ocultos" entre los secundarios de la saga tipo CP9, para hacer ya el homenaje completo.
- Tener ojo para el detalle. Debe ser una saga cuidada y elaborada en su argumento, porque si va a trompicones como la anterior tiene visos de perder mucho.

Y, a continuación, unas propuestas de personajes, tanto secundarios de segundo plano como secundarios importantes:

Charles MacAbbeh
Spoiler: Mostrar
Edad: 77

Organización/Rango: Nueva Iglesia, Sacerdote de la Abadía.

Apariencia: Es un hombre bajito, que va vestido con una ornamentada sotana negra y zapatos oscuros. Es casi calvo (tiene un poco de pelo blanco sobre las orejas y en la nuca) y lleva gafas redondas. Tiene la cara arrugada a causa de la edad. Parece, a simple vista, un vejete adorable...

Personalidad: Es un vejete sin corazón, ni escrúpulos, una de las caras más radicales de la Nueva Iglesia. Pese a su apariencia y su afabilidad en público, odia en lo más profundo a todos aquellos que no creen en su Dios y aboga por un mundo en el que solo tengan cabida los creyentes. Habla siempre en voz baja, susurrando.

POSIBLE papel en la saga: Dada su personalidad, encajaría muy bien en el plano de villano secundario, una especie de observador al principio que a medida que avance la saga tenga más protagonismo.
Wishper Gulligulli
Spoiler: Mostrar
Edad: 38

Organización/Rango:Cuerpo Policial de Downpour; jefe de todas las unidades de Policía. // CP5 - Mano derecha del jefe (Stewart Strong).

Apariencia: Va vestido de smoking, de arriba a abajo, y colgando del cuello lleva una gran llave dorada, concretamente la que protege. Suele llevarla a la vista dado que confía plenamente en sus capacidades y no teme que nadie se la arrebate. Pese a todo, al ser el jefe de policía de la ciudad y gran amigo de tareas de Diego, en sus apariciones públicas y cuando se cita con el susodicho “amigo” para resolver cualquier caso, la esconde entre la maleza de su larguísimo y bien cuidado pelo. Tiene una mirada de loco psicópata que no se la quita ni el tato, pero al final uno acaba acostumbrándose. Una barba bien cortada barbita decora su robusto mentón.

Personalidad: Se muestra amigable y jovial con aquellos que desconocen su verdadera identidad, pero en el fondo es un tirano. Su cara de psicópata no miente en realidad, es la clara imagen de lo que se cuece en sus podridas entrañas. Su pasado en una lejana isla lo convirtieron en una máquina de matar y no tener piedad y siempre cumple su trabajo. Ahora mismo sirve, como el resto del CP -5, a Stewart Strong en la Yellow Mansion como protector de una de la 10 Maravillas.

Habilidades: - Neko-Neko no mi; modelo Tigre de Dientes de Sable; no hay mayor complicación: convierte al usuario en un tigre de dientes de sable, apotándole una increíble fuerza, agilidad y capacidad de evasión, además de fuerza defensiva. + Rankyaku + Tekkai + Soru.

Yubaba:
Spoiler: Mostrar
Edad: 82

Organización/Rango: ??? (es dueña de un hostal)

Apariencia: No me esmeraré con esto, es exactamente igual a la Yubaba de "El viaje de Chihiro".
Imagen Eso sí, con una altura de metro y medio xD

Personalidad: Es ya bastante anciana, por lo que es bastante apagada y a veces parece que se le va la cabeza. Parece.

Papel en la saga: Aparte de su relación con Diego, podríamos sacarnos de la manga cualquier cosa, siempre manteniendo la coherencia.

Gladiss:
Spoiler: Mostrar
Edad: 23

Organización/Rango: Servicios de Investigación Orlais; Secretaria.

Apariencia: Morena, ojos castaños y melena rizada, cuerpo esbelto, natural de Dopi, una ciudad de la Llanura del río Asis. Viste falda de secretaria con mallas y zapatos de tacón, con camisa negra. Una secretaria, coñe.

Personalidad: Es tímida y asustadiza, se pone a lloriquear cuando le gritan. Diego la trata con mucho respeto, así que se llevan bastante bien, de hecho, es junto con Yubaba y con Sebastian (abajo) la única que conoce de los planes de Diego. Cuando alguien le lleva la contraria, no duda en alzar la voz.

Papel en la saga: Para romper con lo de antes, propongo que sea una secundaria como tal, y una aliada más.
Sebastian Giggs:
Spoiler: Mostrar
Edad: 32

Organización/Rango: Servicios de Investigación Orlais; chófer.

Apariencia: Sebastian es un hombre muy alto (apenas cabe en el coche), de cabello pelirrojo y natural de Joyful, provincia de O'Bitiland. Tiene la cara cubierta de pecas, y un tono de piel muy claro.

Personalidad: Es muy calmado y educado. Nunca falla a la hora del té (a veces bebe té mientras conduce). Es otro de los pocos que saben acerca de los planes de Diego.

Papel en la saga: Lo mismo que con Gladiss

¡Opinaz, por favor, y proponez y daz ideas! Saquemos esto adelante entre todos


PD: Iré añadiendo más propuestas de personajes. Y en otro momento haré una lista de los personajes introducidos/a introducir en la saga, para que esté todo ordenadito y accesible.

¡Saludinhos!

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Jue Nov 13, 2014 12:55 am
por wild animal
Bien, que esto se mueva. Seria ilogico decir que lo importante es opinar sobre lo que dicen los demas sin hacerlo yo :lol: :lol: . Recuerden, es muy importante dar ideas, pero tambien hablar de las de los demas, asi no se convierte solo en un tema donde exponemos personajes, que jamas aparecerán, y nadie jamas tendrá en cuenta :(

Punto por punto para no crear confucion. La iglesia, cuyo nombre aun esta pendiente pero podria ser algo como iglesia de la luz, "Fuego y Luz" (representando al infierno y cielo respectivamente), no busca destruir las maravillas, al contrario, busca tenerlas.

Para darle un toque un poco mas profundo se me ocurrio eso. Si alguien tiene conocimiento sobre asepectos magicos, antiguos, practicamente biblicos, como el enfrentamiento ancestral con un demonio, esa es la iglesia. Recordemos las maravillas vencieron al demonio del mar, fueron la parte "buena" de la historia. La iglesia no puede permitir que este ser siga existiendo (recordemos duerme), asi que buscara las maravillas (aveces con el gobierno y la mayoria sin él), para derrotarlo. La finalidad de esto se la dejo a quien guste, sea por poder, vencer al mal, demostrar superiridad, etc.



Personajes. En lo personal me gustaron, sobre todo Wishper Gulligulli, esa fruta creo fue la mejor eleccion.

Charles MacAbbeh me encanta que sea un sadico pero creo la descripcion tiene un error, no seria de las caras mas radicales, mas bien seria una de las mas concervadoras, y crueles.

Por lo demas me parecen muy bien.


Me gustaria proponer algo y ver su opinion. Algo que distingue a esta sagua es que a diferencia de las demas es mas estructurada, no solo es dar golpes. En esta saga resolveremos o seremos parte de un misterio, por lo tanto "el ladron" es tan o mas importante que cualquiera. Propongo existan multitud de sospechosos, y que no sea obvio que es Diego, si no que de hecho sea el ultimo que esperes y sea sorpresa. La idea es que durante la saga soltemos pequeños guiños que nos hagan sospechar de los demas, misterios, y asi.

Recordemos esta saga perseguimos a 2 personas, el ladron (aun no pero despues), y al hombre de Belzeb, que aunque no es fuerte si tiene una tendencia a los juegos, y tal vez busque algo de los panteras.

Que opinan?

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Lun Nov 17, 2014 11:43 pm
por Vito Corleone
wild animal escribió:Bien, que esto se mueva. Seria ilogico decir que lo importante es opinar sobre lo que dicen los demas sin hacerlo yo :lol: :lol: . Recuerden, es muy importante dar ideas, pero tambien hablar de las de los demas, asi no se convierte solo en un tema donde exponemos personajes, que jamas aparecerán, y nadie jamas tendrá en cuenta :(

Punto por punto para no crear confucion. La iglesia, cuyo nombre aun esta pendiente pero podria ser algo como iglesia de la luz, "Fuego y Luz" (representando al infierno y cielo respectivamente), no busca destruir las maravillas, al contrario, busca tenerlas.

Para darle un toque un poco mas profundo se me ocurrio eso. Si alguien tiene conocimiento sobre asepectos magicos, antiguos, practicamente biblicos, como el enfrentamiento ancestral con un demonio, esa es la iglesia. Recordemos las maravillas vencieron al demonio del mar, fueron la parte "buena" de la historia. La iglesia no puede permitir que este ser siga existiendo (recordemos duerme), asi que buscara las maravillas (aveces con el gobierno y la mayoria sin él), para derrotarlo. La finalidad de esto se la dejo a quien guste, sea por poder, vencer al mal, demostrar superiridad, etc.



Personajes. En lo personal me gustaron, sobre todo Wishper Gulligulli, esa fruta creo fue la mejor eleccion.

Charles MacAbbeh me encanta que sea un sadico pero creo la descripcion tiene un error, no seria de las caras mas radicales, mas bien seria una de las mas concervadoras, y crueles.

Por lo demas me parecen muy bien.


Me gustaria proponer algo y ver su opinion. Algo que distingue a esta sagua es que a diferencia de las demas es mas estructurada, no solo es dar golpes. En esta saga resolveremos o seremos parte de un misterio, por lo tanto "el ladron" es tan o mas importante que cualquiera. Propongo existan multitud de sospechosos, y que no sea obvio que es Diego, si no que de hecho sea el ultimo que esperes y sea sorpresa. La idea es que durante la saga soltemos pequeños guiños que nos hagan sospechar de los demas, misterios, y asi.

Recordemos esta saga perseguimos a 2 personas, el ladron (aun no pero despues), y al hombre de Belzeb, que aunque no es fuerte si tiene una tendencia a los juegos, y tal vez busque algo de los panteras.

Que opinan?
Me gusta lo que dices sobre que la iglesia sea una de las pocas que tengan conocimiento de lo del demonio, pero más que tener las Maravillas en su poder, me parece que le convendría conservarlas a buen recaudo, para que nadie pudiera despertar al demonio del mar. Y si eso es así, tenemos un nuevo frente: si Charles MacAbbeh o quien sea se da cuenta de que John y Anthony tienen dos de esas maravillas (Shira y Zeo), no creo que escatimen fuerzas en hacerse con ellas. Por lo tanto, habemus móvil para que la policía se ponga en contra de los Panteras en algún punto de la saga.

Mañana edito y extiendo, que estoy cansado ya xD

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Dom Dic 07, 2014 8:53 am
por Takagi
He tardado un poco más de lo que le prometí a Traffy y eso que sólo quería dar mi opinión sobre lo último comentado.

Me parece bien lo último que propone wild, el generar misterio, el provocar que el lector dude y no deje de intentar discernir quién es el culpable, eso es algo genial.

Sobre la gran organización que comenta wild en el post anterior, está bien que haya grandes organizaciones pero yo no me enredaría en eso en esta saga. Me explico, se puede introducir, sería muy interesante, pero no expondría todo lo que tenemos sobre ella. Un poquito sí, para la relevancia que tenga en la saga, pero guardemos algunos secretos para el futuro.

Es bueno ser ambiciosos, pero tampoco hay que crear castillos en el aire. A mí me pasa con Vidas Paralelas que tengo organizaciones, personajes y de todo por meter, pero para lograr hacer un capítulo tengo que centrarme en el "presente". Aquí sería algo similar, poner las bases de la saga, bien explicadas ya por Traffy y amplaidas por wild, asegurar esa trama de misterio y que alguien se anime a desarrollarlo.

Sobre los personajes de Traffy, me gustan. Se ve que esta saga está mejor organizada en tu cabeza, quizá por tu personaje, pero parece que se amolda bien a ti.

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Lun Dic 08, 2014 1:03 am
por Vito Corleone
Pues ale, ahí que va mi propuesta de capítulo, a ver si movemos un poco el tema.
Spoiler: Mostrar
Capítulo 49
Grayhall y Southminster
- ¡Me cago en ti y en tu "explosión controlada"! -exclamó Diego, irrumpiendo en la galería como una exhalación. El aludido por la reprimenda ladeaba la cabeza confundido, hasta que finalmente vio al joven trajeado corriendo hacia él.- ¡¿Te falta un hervor?!
- Lo... lo siento... -respondió John, bajando luego la mirada al suelo, algo avergonzado. Acto seguido, inició su defensa.- Aunque, bueno, la excavación ha avanzado, ¿no?
- Peroperoperoepero... -dijo Diego, abriendo exageradamente los ojos con gesto de incomprensión. Luego cambió a un gesto de ira y estuvo a punto de hacer alguna barbaridad, aunque finalmente se contuvo.- Con esa explosión has podido cargarte tranquilamente la cripta de Rackram. Y los cimientos de alguna casa. ¿Quién te ha dado los explosivos? -miró a un asistente de la expedición arqueológica pidiendo explicaciones. El hombre se encogió de hombros, y antes de que John pudiese decir nada, apareció Anthony, claramente alertado por la tremenda explosión que había sucedido un escaso minuto antes. Tony se hallaba dos pasos tras su compañero.
- ¿Qué has hecho ahora, John?
- Nada, pues que se ha podido cargar la excavación -contestó Diego, indignado.
- Hombre, excavar, excavar, he excavado... -protestó John, tímidamente.
- Calla, no sea que... -comenzó a decir el trajeado, reprimiendo su impulso de ir a por el otro cuando una hermosa muchacha, de ojos castaños y melena rizada, irrumpió en la escena, con una elegante falda de tubo que, eso sí, le dificultaba el caminar entre escombros.
- Die... ¡Sir Orlais! -se puso roja como un tomate cuando todos los presentes le dirigieron la mirada, y continuó hablando en silencio.- Essto... Acabo de recibir una llamada... de Stewart. Dice que alguien de importancia ha llegado a la isla, y agradecería tu presencia en el Palacio de Southminster a las doce y media. Irán los peces gordos de la ciudad, y creo que te conviene hacer amigos, que con esto de la excavación...
- Está hecho, dile que ahí estaré -echó el cigarrillo que tenía entre labio y labio al suelo, y pisoteó la colilla con fuerza. Después, miró a su carísimo reloj de muñeca, de oro con incrustaciones de diamante, y comenzó a caminar lentamente hacia la salida.- ¿Anda Sebastian aquí cerca?
- Está esperando en la entrada. Me ha traído él.
- Salgamos ya, entonces.

Y, de un momento a otro, John, Anthony y Tony se quedaron a solas con el asistente de la excavación, que había observado la curiosa escena en completo silencio. Se miraron entre sí, preguntándose, en primer lugar, qué había sucedido tan de repente, y, en segundo lugar, qué demonios harían ahora. Finalmente, el capitán, como correspondía en aquella situación, asumió responsabilidades y se dirigió al asistente.
- ¿Y ahora...?
- No sé, pero me parece que a Sir Orlais no le hará mucha gracia que siga usted aquí, así que permítame acompañarle a la salida.
- ¿Ese del traje quién es? ¡La tunda que le voy a dar la va a recordar! -dijo John a grito pelado, mientras Anthony y Tony le sujetaban uno de cada brazo y lo llevaban a la boca del túnel.

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Distrito de Hillingdan, oeste de la ciudad

Van descansaba en una cafetería, mirando de reojo a la carretera, por la que corrían a una velocidad que asombró al mafioso, vehículos a motor. Oyó a alguien llamarlos "automóviles". Mucha gente recorría la calle, que parecía ser una de las más frecuentadas de la zona, teoría refrendada por la numerosa presencia de tiendas, cafés, bares. Y, sin embargo, unos doscientos metros más allá, se veía el final de la ciudad, abriéndose un camino más ancho y perdiéndose en la vista.

Acababa de tomar el último sorbo de su café, y ya estaba deseando sentir en el paladar -y en la garganta- el amargo dulzor del buen Whisky, y quiso saber cuánto tardaría en catarlo.
- Disculpe, señor -dijo a un transeúnte que , sacando su faceta más educada.- ¿Cuánto tardaría hasta McShire yendo en -le costó pronunciarlo- au...tomó...vil?
- Well, si le toca un taxi con chófer animado, llegará en un par de horas, but si va algo lento, rondará las tres horas, Sir.

Van no comprendió algunas palabrejas, pero sí el mensaje, así que dio las gracias a aquel amable señor bigotudo con bombín, se incorporó tras dejar algo de propina al camarero y se quedó de pie al lado de la carretera, esperando a algún alma caritativa que se detuviera ante él para llevarlo al otro extremo de aquella gigantesca isla. No habían pasado ni veinte segundos, cuando un automóvil que venía a toda prisa derrapó para colocarse cerca de la acera. El conductor iba a la derecha, y se dirigió a Van con una sonrisa en su colorado rostro.
- ¿Necesita que le lleva a algún sitio, Sir?

Comenzaba a lloviznar.

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Distrito de Grayhall y Southminster

El asistente de excavación resultó ser el Vicepresidente de la Sociedad de Arqueología de Downpour, así como un hombre bastante amable que se ofreció a guiar a los recién llegados de alta mar en aquella colosal y enraizada ciudad. Habían tomado uno de los miles de taxis que pululaban aquí y allá por la capital del país, y habían acordado acercarse al centro de poder político y religioso de la ciudad, así como el lugar más transitado por los turistas. El imponente distrito de Grayhall y Southminster.

Los cinco hombres que ocupaban asiento en el taxi permanecían en silencio, si bien John y Tony, a los que les había tocado localidad de ventanilla, exclamaban un "¡Wooooooo!" de vez en cuando. El vehículo se detuvo cerca de un majestuoso edificio, y los viajeros salieron a la acera.
- Madre mía... -murmuró Anthony, pasmado ante lo que se extendía ante sus ojos.- Y pensaba que lo había visto todo en Wolke... -antes de que pudiera terminar la frase, Tony le dio una suave colleja.
- Que no nos asocien con lo que ha sucedido en Wolke... Digo, en "ese sitio". Que luego nos hacen mala prensa.

Anthony, sorprendido por la repentina e inaudita madurez de Tony, asintió tras asegurarse de que el de la Sociedad de Arqueólogos, al que John había apodado "Señor Queólogo", no estaba mirando. El capitán, por su parte, se fijó en el titánico campanario que se alzaba en la otra orilla del ancho río, adjunto a un igualmente enorme palacio.
- Jo... der... -musitó.
- Sí, es majestuoso, ¿verdad? -dijo el Sr. Arco, quien en realidad se llamaba Jean Rosenborg y no era natal de esa isla, como intuyendo el pensamiento del joven.
- No, no, digo que jo-der qué hambre tengo -señaló el reloj que gobernaba la ciudad desde lo alto del campanario.- Es la hora de comer.

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Distrito de Grayhall y Southminster, Palacio de Southminster

La lluvia ya era constante y una realidad.

Un automóvil extraordinariamente largo, totalmente negro y de cristales opacos se detuvo ante el Palacio de Southminster. De él descendió un joven, cubierto desde las rodillas hasta el mentón por un abrigo del mismo color que el coche, abrochado hasta la zona del pecho, donde lucía corbata verde sobre camisa blanca. Se dirigió al que conducía el vehículo, tras dar un vistazo a su carísimo reloj.
- Son las... Doce y cuarto. Sebastian, recógenos a las cinco en punto. Querré pasar por la oficina antes de regresar a casa.

El chófer, un hombre que apenas cabía en el coche debida su altísima estatura, pelirrojo y natural de Joyful, pequeña ciudad de la provincia de O'Bitiland, al norte de la isla, alzó un pulgar en señal de aprobación, y tras cerciorarse de que la joven que viajaba en el asiento trasero había salido también, arrancó de nuevo y se perdió en el tráfico de la avenida.
- Estás preciosa, Glad -dijo Diego, dedicando una ligera sonrisa a su acompañante, que con la falda de tubo cubriéndole parte de las piernas y una cazadora de cuero haciendo lo propio con su tren superior, se había acercado sobre tacones y con un movimiento sutil y grácil hacia el joven.
- Graciaaass -respondió la aludida, algo ruborizada pero sin dejar de sonreír.

Corrieron hasta la entrada al Palacio, abierta y custodiada por corpulentos guardias de curiosos sombreros negros casi verticales, tras lo cual desaparecieron al otro lado de la puerta.

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Puerto Sur de Rondinum, una hora antes

Mientras el barco de la Marina se aproximaba, los tripulantes, vestidos con largas capas blancas que señalaban su veteranía, se prepararon para arriar las velas y atracar. La mujer sin brazo se levantó de la Silla, mientras a sus oídos llegaba una deliciosa melodía compuesta por los vítores de decenas de personas. Se volvió hacia sus subordinados en un tono relajado y comprensivo:

-Bueno, ya estamos llegando a la ciudad. He recibido una llamada del Gobernador, diciéndome que acuda al Palacio de Southminster, hacia la una. Así que habrá que moverse.

Mónica levantó la mano, agitándose como un niño que quiere responder una pregunta difícil a su maestro. La otra marina de alto rango inclinó la cabeza en señal de aprobación, cosa que aprovechó Mónica para preguntar rápidamente:

-¿Y quién Planta va a ir con usted-planta?
-Iré contigo, con el teniente Pyramid y con la sub-teniente Lady Di. Preparad también un destacamento de veinte marines.-Al oír esto, Pyramid, con un brillo en los ojos, se volvió hacia la sub-teniente Lady Di
-¿Has oído, mi hermosa dama? – sacó una flor rosa de su poncho- Parece que el destino quiere que vayamos en parejita, pero no te preocupes, porque yo te cubriré con mis fuertes y varoniles bra…

No tuvo tiempo de terminar la frase, ya que “Lady Di” le dio de lleno en la cabeza con uno de sus enormes mazos de mano. Ya en el suelo, sangrando por la cabeza, Pyramid alzó una mano hacia sus compañeros marines, dirigiendo su pulgar hacia arriba mientras sonreía de felicidad:

-¿Habéis oído? La tengo en el bote- los marines mostraron caras de amplia decepción:
-Tú lo que tienes es mucha estupidez

Entretanto, el instructor Burntower se dirigió hacia “su señora”, con el martillo en una mano, y la habló en un tono que denotaba su amplio entusiasmo:

-No se preocupe señora, ¡Cuidaré del barco en nombre de…!-Al decir esto, hizo el saludo marcial típico de la Marina, llevándose la mano derecha hacia la frente, sin embargo, nada más tocar la mano su cabeza, Burntower se cayó al suelo, como tumbado por el golpe de un cañón. Cleofás, viendo que en la cubierta cundía el alboroto, se dio la vuelta, en dirección a sus aposentos:

-Bueno, yo creo que me quedaré también con la flota. Si es que debería de daros vergüenza, ninguno es capaz de aguantar la compos…- antes de terminar de hablar, ya estaba echando la cabeza hacia atrás, y roncando de manera estruendosa mientras de alguna extraña manera aún se tenía en pie. La marina manca, con un guiño de rabia bajo su sombrero, se acercó lentamente hacia su capitán, y, cuando hubo llegado a su altura, lo sacudió fuertemente en la cabeza:

- ¿Mama? ¿Eres tú?- dijo el capitán instantes antes de recibir el golpe

- ¡TE TENGO DICHO MIL Y UNA VECES QUE NO SE DUERME DE SERVICIO!-dicho esto, la mujer le sacudió a Cleofás en la nuca, despertándolo en el acto

- Ay, señora, eso ha dolido -pero no se dio cuenta de que el chorrillo de sangre que corría por su frente manaba de una flecha incrustada en su cráneo. Sin darse cuenta del evento, Cleofás se llevó un dedo a la nariz, hurgándose los mocos, mientras seguía siendo regañado por su superiora:

- ¡Ahora, por incorrección disciplinaria, te encomiendo que te vayas a tu cuarto, y pienses sobre lo que has hecho!

Al principio Cleofás hizo pucheritos con los mofletes, exactamente como un niño pequeño, pero finalmente se decidió a darse la vuelta, de camino a su camarote, mascullando y refunfuñando por el camino.

Justo entonces el barco por fin amarró en el puerto. Se plegó un puente de madera, por el cual pasaron la mujer misteriosa, Pyramid, Lady Di, y dos decenas de marines de cara curtida con capas blancas tras sus recios hombros. En el barco, Burntower se despidió de ellos haciendo el saludo militar, que provocó que volviera a caerse al suelo entre lastimosas quejas.

Ya en las calles de la ciudad, los marines tuvieron algunos problemas para abrirse paso entre la gran multitud que había acudido a recibirles, y que no dejaba de pedir cosas ridículas, del estilo de “He oído que mi vecino es un pirata”, “Curad a mi hijo, por favor” o “¿Leísteis las cartas que enviamos hace dos años?”. Ya entre la gente, el rostro del líder de la Marina que iba delante de todos iba siendo reconocido por los testigos, y empezaron a correr los rumores. Ignorando los gritos, el Teniente Pyramid se volvió hacia la Sub-Teniente Lady Di, con una sonrisa que abarcaba de oreja a oreja. Pyramid caminaba de una forma rara, tambaleando su cadera de un lado a otro, con la mano derecha ligeramente apoyada en su bastón, y la izquierda sosteniendo la correa de Lázaro, que no dejaba de echar vistazos de can galán a todas las mujeres guapas que pasaban por delante de sus ojos.

- ¡Roaf,roaf!
- ¡Cálmate, Lázaro! ¡Kya kya kya kya! ¡Qué guapas son las mujeres de esta ciudad! – decía esto mientras igualaba a su perro en echar un ojo a las mujeres guapas del puerto. Uno de los marines llegó a decir “Si sois tal para cual”. La líder de la Marina siguió caminando hacia delante. De vez en cuando sonreía a algún transeúnte que le hacía alguna ridícula petición, y procuraba mostrar gestos amables a los chavales que venían a decirla que iban a alistarse a la Marina para convertirse en almirantes. Sin embargo, seguía su paso a través de las calles, con un rumbo fijo

Lady Di la miró atentamente:
- Señora, ¿Dónde vamos ahora?
- ¿Lo has olvidado ya? Al Palacio de Southminster. Dicen que el pescado con patatas que hacen por aquí es delicioso...

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Distrito de Grayhall y Southminster

- Así que no es un cualquiera ese Diego... -comentó Anthony, sentado, al igual que sus acompañantes, en la terraza de un elegante restaurante. John comía alborotadamente de cinco platos distintos, delicias típicas de la ciudad según la carta. El resto de los comensales se limitaron a un plato de "Fish&Chips" acompañado de una deliciosa cerveza de malta.
- Probablemente el menos "cualquiera" que puedas encontrarte cualquier día por la calle -contestó el Sr. Queólogo, entre ligeras risitas que pusieron nervioso a Tony.- Es considerado la cabeza más brillante de la isla, debido a los numerosos casos que ha resuelto. Rondinum es una ciudad bastante propensa al crimen, y tener a alguien que ha resuelto todos los casos a los que se ha enfrentado, siempre aporta tranquilidad. Tiene una pequeña empresa propia de investigación privada, pero de vez en cuando presta sus servicios a la policía de Downpour. Es socio de honor de la Sociedad de Arqueólogos de la ciudad -hizo un gesto lleno de orgullo, llevándose la mano al pecho-, colega del Gobernador, el cuarto hombre más adinerado de la isla, y es fiel a la Iglesia, como demuestra su presencia casi todos los miércoles en la Abadía -señaló a alguna parte al otro lado del río-. La gente lo adora -hizo una pequeña pausa-, especialmente las mujeres. Tiene buena prensa.
- Y también es un poco capullo -interfirió John.- Mira que ponerse así por una pequeña explosión.
- Se me olvidaba mencionar que le fue otorgado el título de "Sir" hará tres meses. Ya ven, la mayor condecoración que puede recibir un habitante de este país.

La lluvia golpeaba con fuerza el toldo de la terraza. En ese mismo instante pasó enfrente suyo un automóvil negro más largo que el de los demás, a una velocidad vertiginosa. Al otro lado del río, el campanario anunció con toda su fuerza que eran las doce y media, si bien el cielo invitaba a la sensación de que era bastante tarde.

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Interior del Palacio de Southminster, hacia las 12:15

Un hombre observaba el panorama a través de las ventanas del Palacio de Southminster. Mantenía el rostro impasible a lo que pudiera estar sucediendo a su alrededor. Se rascó el mentón, cubierto por una fina barba, cortada de una forma un tanto extraña. Sus ojos azules se clavaban en el fluir del agua del río, cuya música no podía oír. Sus labios sostenían una pipa de madera, en cuyo interior se veía tabaco chamuscado. Vestía blanco de arriba a abajo, traje, corbata, camisa, pantalón y zapatos. Y la claridad de su atuendo hacía contrapunto con su cabello negro, engominado hacia atrás.

Sir Stewart Strong - Gobernador de Downpour

Cada vez más gente se amontonaba en aquel enorme salón, con mesitas dispuestas ordenadamente y enriquecidas con manjares de todo tipo, bebidas que parecían caras, y, en alguna que otra, tabaco. Parecía ir a empezar una fiesta exclusiva para la aristocracia.

- ¡Yo creía que en el Palacio del Parlamento servían buen Whisky! -escuchó a su espalda. En cuanto se giró vio a un joven de cabello rubio, sonrisa de labios anchos rodeada de una pequeña barba de camino de hormigas y unos brillantes ojos azules, uno de los cuales estaba atravesado por una cicatriz. Venía en buena compañía, una bellísima joven a la que venía sujetando a la altura de la cintura.
- ¡Diego! -exclamó, sonriente tras salir de sus meditaciones.- Llegas a tiempo. La "persona importante" sobre la que te hablaba acaba de atracar en el Puerto Sur.
- La puntualidad es una de las múltiples claves de la estabilidad, amigo.

Los dos hombres se estrecharon la mano cordialmente, tras lo cual se abrazaron de forma efusiva.
- ¿Tabaco? -ofreció el del traje blanco, señalando la pipa.
- No he traído la pipa -se lamentó Diego, haciendo una mueca.- ¿Tienes puros?
- Lo mejorcito del Norte. De Bench, en McShire -contestó el otro, acercándose a una mesa en la que había unas cinco cajitas llenas de puros. Diego se llevó una boca, y lo prendió con una cerilla, a mano también en la mesa. Aspiró la primera calada, y exhaló disfrutando de la experiencia.
- De Bench, dices. Me tienes que dar una cajita de esas.
- Están a precio de oro -contestó el otro, entre carcajadas.
- Dime, Stew... -comenzó a decir Diego, antes de tomar otra bocanada de humo.- ¿Quién es esa persona tan importante de la que me hablabas?
- Pues verás...
- ¡¡Sir Stewart!! -exclamó, de pronto, una voz a sus espaldas.- ¡La Vicealmirante Isabella está en la entrada del Palacio junto a veinte de sus hombres, Sir!

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Van bajó del automóvil completamente mareado y aturdido. Le había tocado un chófer ciertamente atrevido, y habían llegado a su destino en poco más de hora y media. Y ahora la ciudad de Dilemburg, la segunda más grande del país, se extendía ante sus ojos. Y su aguda nariz aspiró un olor que llevó a su mente al séptimo cielo.
- Menudo... Whisky... -susurró, como si estuviera catándolo en aquel preciso instante. No era para menos, pues el taxista, no sin antes cobrarle una buena suma de Berries (a desgana, pues no era, por lo visto, la moneda oficial del país), lo había dejado ante la considerada mejor bodega de toda la región.- Whis...Ky...

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Rondinum, Thames District

Un vehículo se detuvo, derrapando con estruendo, ante un local de una oscura y estrecha calle. Un hombre bajó. La luz en el interior estaba encendida. Tres golpes secos en la húmeda puerta de madera de pino de la entrada. La lluvia caía ahora con un sonido atronador, y aquel mediodía en nada envidiaba a las peores noches de invierno. La puerta se abrió.


Continuará
Bien, unos pequeños apuntes antes de que me peguéis y esas cosas.
Spoiler: Mostrar
- Rondinum es una ciudad enorme y hemos de tenerlo en cuenta. Está dividida en unos cuantos distritos (el número y los nombres de los mismos, al gusto del escritor. Pero no podemos limitar toda la historia a cinco caserolas sueltas, hay que repartir la acción.

- He enviado a Van a McShire finalmente. Uno, porque no puede aparecer luego sin provisiones y dos, porque la isla ha de ser explorada. No hace falta que los protagonistas viajen a todos y cada uno de los rincones, pero sí conviene que visiten unas pocas ciudades, aunque sea para hacer al lector a la idea de islota.

- LA PARTE DEL DESEMBARCO DE LOS MARINES ES TODA DE GARRAK. IMPORTANTE. Tampoco es plan de ir en plan rastrero aquí. El motivo principal es que la escena es muy muy buena, y el secundario, que aún prefiero hacerme mejor a la idea de cómo ve Garrak a los bizarros personajes que nos presenta.

- El capítulo en sí no es mucho más que uno de transición: si os fijáis, los diálogos y descripciones son más bien austeros, no se revela gran cosa... En apariencia. Así a la remanguillé, hemos introducido a: Stewart Strong, Gladiss, Sebastian y al Señor Queólogo, que vete tú a saber qué papel acaba teniendo en todo esto. La idea es que estemos atentos al detalle, y, si introducimos pistas para el desenlace del caso Diego, anunciarlas en spoiler después. Como, por ejemplo, la referencia a que Diego es creyente porque va a misa. Os habrá sonado a chamusquina, supongo. Pues sí. Resulta que va a la Abadía para investigar sobre lo que busca, oséase, la Maravilla.

Seguro que se me olvida algo. En fin, que escribiré también el 50 para cerrar algunas cositas que he dejado en el aire, y que espero vuestras iracundas y destructivas críticas. ¡Gracias de antebrazo y un saludo!

PD: anty, me alegro de que te gusten los personajes y la idea de la saga ^^. A ver si conseguimos motivar también a los de la sombra y sacamos esto.

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Lun Dic 08, 2014 8:57 am
por Takagi
Ya sabes lo que opino de gran parte del capítulo, de la parte que me pilla de nuevas, más de lo mismo. El capítulo me gusta, la ambientación, el humor, los personajes y cómo los tratas. Lo único que me choca, ojo que a mí me gusta, es el lío temporal. Quizá pueda resultar lioso, pero a mí me gusta, insisto.

A ver si ahora que se ha incluido un fragmento de Garrak también vuelve a pasarse por aquí :P.

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Mar Dic 09, 2014 10:32 pm
por TonyTonyRaul
Bueno chicos, ya he vuelto a mi antigua cuenta gracias al trabajo de Xeno, así que me gustaría ponerme al día con esto. Si alguien me puede hacer un resumen si ha habido algún cambio en los panteras negras despues de mi partida se lo agradecería mucho.

Saludos a todos y vivan los panteras negras :o

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Mié Dic 24, 2014 11:04 pm
por wild animal
Lamento no haber escrito antes, pero tuve que leerme casi todo desde Wolkenberge para refrescar la memoria.

El capitulo me ha gustado, aunque solo hay algunas cosas que me han dificultado la lectura o veo inconveniente.

1. Me pierdo un poco con los marines, si alguien pudiera explicar quien es quien, o algo, que es algo liado.

2. Los lugares en la isla es un poco engorroso con nombres parecidos. Pero esto ultimo es normal, y es cuestion de no llenar con datos, nombres, y lugares demas, que yo que me lei toda la saga junta me perdí, ahora un lector promedio.

3. Espero no tengamos enfrentamiento con la vicealmirante manca (no estoy seguro si se llama Isabella, ya que busque donde mencionan su nombre). Ya que aun es un nivel demasiado alto, aun para que sea una mujer meramente estratega.

4. El hombre misterioso en espera, o el de la puerta imagino son libres del futuro escritor, para no tener desventaja como diría bargas :lol:


Quitando esos aspectos ligeros (que realmente ninguno es fuerte) me agradó bastante el capitulo, fue una buena forma de separarnos, ademas de presentar a la alta sociedas, y sobre todo, explicar el funcionamiento de una isla tan complicada como Downpour.

Debo decir, que planeo proponer para el siguiente capitulo, donde espero meter algo de acción, que no podemos hacer mas de 5 capitulos sin acción. Pero no os preocupeis, no solo es golpes, si no intrigas y misterios.




Por cierto, Traffy, la maravilla que buscan (que dijiste olvidaste cual es), es la corona del soberano. Pero como dijimos una vez, sería lo mejor que Belzeb se quedara con ella, y no los panteras. Esto para que cada yonko tenga una (pongamos que Belzeb no tiene una actualmente). En la reedición de Bargas por ejemplo menciona Dorian tiene la esmeralda de la regeneración, aunque en lo personal yo le daríia el rubí de la destrucción ya que este ya es semi-inmortal y la esmeralda no lse sirve mucho.


Pdt: Si Belzeb es un semigigante, ¿como es hermano de Diego?, creo Belzeb debe volver a ser de tamaño normal.


Un saludo, y espero disfruten con su familia en este nuevo año.

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Jue Dic 25, 2014 10:05 pm
por Vito Corleone
wild animal escribió:Lamento no haber escrito antes, pero tuve que leerme casi todo desde Wolkenberge para refrescar la memoria.

El capitulo me ha gustado, aunque solo hay algunas cosas que me han dificultado la lectura o veo inconveniente.

1. Me pierdo un poco con los marines, si alguien pudiera explicar quien es quien, o algo, que es algo liado.

2. Los lugares en la isla es un poco engorroso con nombres parecidos. Pero esto ultimo es normal, y es cuestion de no llenar con datos, nombres, y lugares demas, que yo que me lei toda la saga junta me perdí, ahora un lector promedio.

3. Espero no tengamos enfrentamiento con la vicealmirante manca (no estoy seguro si se llama Isabella, ya que busque donde mencionan su nombre). Ya que aun es un nivel demasiado alto, aun para que sea una mujer meramente estratega.

4. El hombre misterioso en espera, o el de la puerta imagino son libres del futuro escritor, para no tener desventaja como diría bargas :lol:


Quitando esos aspectos ligeros (que realmente ninguno es fuerte) me agradó bastante el capitulo, fue una buena forma de separarnos, ademas de presentar a la alta sociedas, y sobre todo, explicar el funcionamiento de una isla tan complicada como Downpour.

Debo decir, que planeo proponer para el siguiente capitulo, donde espero meter algo de acción, que no podemos hacer mas de 5 capitulos sin acción. Pero no os preocupeis, no solo es golpes, si no intrigas y misterios.




Por cierto, Traffy, la maravilla que buscan (que dijiste olvidaste cual es), es la corona del soberano. Pero como dijimos una vez, sería lo mejor que Belzeb se quedara con ella, y no los panteras. Esto para que cada yonko tenga una (pongamos que Belzeb no tiene una actualmente). En la reedición de Bargas por ejemplo menciona Dorian tiene la esmeralda de la regeneración, aunque en lo personal yo le daríia el rubí de la destrucción ya que este ya es semi-inmortal y la esmeralda no lse sirve mucho.


Pdt: Si Belzeb es un semigigante, ¿como es hermano de Diego?, creo Belzeb debe volver a ser de tamaño normal.


Un saludo, y espero disfruten con su familia en este nuevo año.
Repasando los puntos que remarcas:
1. Sobre los Marines, en el capítulo 48 de Garrak están las introducciones. A mí también me costó un poco al principio, pero en seguida se les coge el truco xD
2. Lo de los lugares de la isla, correcto, no es conveniente meter tropecientos mil lugares distintos, apuntado.
3. La Vicealmirante, estoy contigo. Debería estar en la saga exclusivamente para la presencia de la Marina, para atestiguar la barrabasada de los Panteras.
4. El hombre misterioso, obviamente es libre y cada propuesta tendrá al suyo xD


Por otra parte, yo estoy a dos palabrejas de terminar mi propuesta para el 50. ¿Tendremos, meses después, dos propuestas y un jurado? Chantatachan...

Re: Los Panteras Negras V3.

Publicado: Vie Dic 26, 2014 8:29 am
por Takagi
Traffy ha contestado bien los puntos que iba a contestar. Lo interesante es que parece que tendremos dos capítulos esta vez, habrá que desempolvar el jurado después de... xD. Traffy lo tiene a punto, a ver si lo postea. Wild, lo esperamos por aquí también y a ver cuál sale elegido.