Re: Los Panteras Negras V3.
Publicado: Mar Nov 04, 2014 11:38 pm
por Vito Corleone
En fin, pues a darle duro a esto se ha dicho. Hoy he andado releyendo -por encima- las ultimas 5 páginas del tema -que abarcan desde finales de WolkenBerge hasta el inicio de Downpour. Pues bien. En vista del caco que nosotros mismos nos montamos, propongo identificar el punto en el que nos extraviamos y comenzar de nuevo a partir de eso.
Por lo cual, mi recomendación es releerse los últimos 4-5 caps, para recordar los puntos de conexión de la anterior y actual sagas, y poder orientar mejor la misma. Así que, por mi parte, he decidido re-ponerme al día:
Capítulo 44: Juro solemnemente
*Continúa en el siguiente post recopilatorio, abstenerse de enfados, gracias*
Por lo cual, mi recomendación es releerse los últimos 4-5 caps, para recordar los puntos de conexión de la anterior y actual sagas, y poder orientar mejor la misma. Así que, por mi parte, he decidido re-ponerme al día:
Capítulo 44: Juro solemnemente
- Spoiler: Mostrar
- El mundo pocas veces había visto tal destrucción, una isla entera se caía a pedazos, las grandes montañas caían una tras otras, la cascada junto a la ciudad de porcelana había desaparecido, junto con parte de la misma. Si, pocas veces se había visto tal destrucción, aunque por la naturaleza de Wolkenberge todo quedaría oculto tras la niebla, siempre protegiendo la isla, escondiendo sus secretos, la pista a la maravilla, escondía a ¨la bestia¨, a unos piratas, y ahora, escondía al mundo su propia destrucción. Si, Wolkenberg era experto en ocultar cosas.
La isla solo podía describirse de una forma, ¨destrucción¨. Destrucción por todas partes, grandes pedazos de roca volaban y caían por todas partes de forma aleatoria, escondida entre la niebla una ciudad se derrumbaba, niebla que lo volvía todo más amenazante. La tierra crujía como bestias salvajes cuando las rocas sonaban al desprenderse o al estrellarse unas con otras, no había escape, todo era un caos, destrucción y muerte.
La poca gente sobreviviente estaba asustada, sabía que llegaría su fin, ¿Qué acaso nunca terminaría su sufrimiento?, ¿Qué habían hecho ellos?, se habían revelado contra un buen rey. Sí, eso debía ser, ahora todos pagarían con su vida.
Un hombre vestido de Gris salía por las grandes puertas del palacio entre temblores del suelo.
-NO ESTÁ, NO ESTÁ, NO ESTÁ –Gritaba desquiciado. –LA MALDITA PISTA NO ESTÁ.
Estaba desesperado como nunca en su vida. Acababa de salir del palacio, había ido a la cámara donde se le había dicho, pero solo encontró un lugar vacío, pero lo más importante, dentro del polvo, un rastro limpio. Lo dedujo en cuanto lo vio, la pista acababa de ser robada, y solo sabía de alguien más que conocía su ubicación, la bestia.
Solo había una cosa en su mente, debía encontrar al maldito, terminar con él de una vez, pero no sin antes averiguar que hizo con la pista.
-La maldita bestia –Se decía. Este le había causado muchos problemas, había sido un hueso duro de roer, era fuerte, muy fuerte, pero al final fue derrotado. Pero ya no estaba, un maldito mocoso se lo llevó, pero ¿A dónde? Sabía que no era su aliado, Gris tenia forma de saber lo que pasaba en la isla, un informante secreto. Por un momento pensó en lo afortunado que fue al no matar a la bestia, si lo hubiera hecho no podría descubrir a donde se llevó la pista. La bestia era muy lista, había eliminado a sus soldados, pero él aún conservaba a los suyos, además había actuado como distracción, seguramente alguno de sus esbirros se adelantó y retiro la pista.
Para coronar sus males todo temblaba, el palacio detrás de él se caía a pedazos, así como la isla misma. Enormes trozos de roca se desprendían. La ciudad al tener forma de montaña se destruía irregularmente y los escombros volaban sin control. Toda la maldita ciudad olía a escombro y niebla, aun para él era casi imposible ver, y aun con ese problema debía encontrar al chico.
El suelo bajo sus pies tembló y de un movimiento cayó sin más ni más. Gris alcanzó a saltar antes de que se perdiera en el abismo. Había sido afortunado, más valía que se diera prisa.
30 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge
Lejos de ahí. Muro divisorio norte de la ciudad de porcelana
Tony aterrizo con dificultad en una parte de la ciudad que aún se mantenía estable. Era cerca de la muralla gigante que dividía la zona media con la alta. Era estable pero igual peligrosa, al estar cerca del alto muro este hacía que las rocas que no solo se desprendían, sino que también rodaban cayeran cerca de ellos. Pero aun así era lo mejor que había, en la ciudad todo era rocas flotando y cayéndose entre enormes crujidos y niebla. Era como estar rodeado de feroces criaturas que gruñían y podían atacar en cualquier momento.
-Esto es peligroso –Dijo Anthony al bajar de Tony, el cual automáticamente cambio de forma a humano. John aún no se bajaba y cayó al suelo instantáneamente. –Debemos tener cuidado por donde andamos.
-¿Qué es exactamente lo que venimos a buscar? –Preguntó Tony.
-Venimos por el inútil de Gris –Dijo John. –Y debemos ayudar al caballero de la rosa negra ahora que Van, Nav o como se llame se ha recuperado.
-No es tu pelea –Respondió Van algo enojado.
-Me involucraste. –Contestó John plantándole cara. –Ahora es mi pelea gracias a ti Nav.
Debían tener cuidado, mientras ambos hablaban tanto Tony como Anthony prestaban atención alrededor por si la isla comenzaba a caerse sobre ellos.
-Eres un hombre curioso John Conde –Dijo Van moviéndose un cacho de cabello que le caía en el rostro en ocasiones. –Te involucré en esto pero aun así actúas como si fuéramos amigos, es interesante. –Sin decir más, Van dio media vuelta y hecho a correr entre la niebla desapareciendo en un instante. Mil cosas cruzaban su mente, pero sobre todo ese sentimiento que lo acompañaba y movía desde niño, la ¨venganza¨.
Sin saberlo, una figura se divisaba tras ellos observándolos.
25 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge
Cerca de ahí.
Gris corría desesperado, no había señales ni de la bestia ni de nadie más, ¿Qué había salido mal con su plan?, parecía perfecto, muchos años maquinándolo, todos los que había tenido que matar, aplastar, todas las mentiras que había dicho, todas las cosas horribles que había provocado. Volteaba a sus alrededores, no había nada, solo rocas y construcciones de porcelana despedazándose entre sonidos fuertes y escombros que volaban en el ambiente apocalíptico, no sabía muy bien que pasaba, pero auguraba que a la ciudad no le quedaba mucho.
Saltaba entre rocas flotantes, algunas se desprendían lentamente, otras caían al instante.
Un sonido lo distrajo entre el caos y apenas alcanzó a ver un rayo que lo impacto en el aire arrastrándolo varios metros golpeando una pequeña casa que cayó sobre él.
Los escombros volaron por el aire cuando se recuperó y los lanzó. Su cuello se movía incontrolablemente de la ira, giraba sin control una y otra vez mientras veía a su enemigo.
-Así que la bestia sigue vivo. –Dijo en voz alta. –Con razón te llaman la bestia, como un animal salvaje vienes a mí en lugar de yo buscarte.
-Mataste a Agatha –Dijo Van de forma calmada, reprimiendo la ira que sentía. –Mataste a John, y mataste a Tight, no me importa si ambos morimos en esta isla, pero juro por mi honor que no te dejaré salir vivo de aquí.
-Es tan tierno –Contestó Gris y soltó una carcajada. –Debiste ver cómo murió tu amigo del cabello alborotado.
-Cállate…
-Gritó como una niña.
-Cállate…
-Cuando le arranque la vida de su miserable cuerpo.
-QUE TE CALLES –Gritó Van y se lanzó sobre Gris para comenzar el segundo asalto. Al tomar desprendido a su rival logro darle un enorme golpe, pero este se recuperó sin problema. No lo entendía, Gris era fuerte, pero parecía invencible, incansable, ¿Qué ocurría con él?, ¿había forma de acabar con ese hombre? Levantó una mano y le apuntó de forma amenazante.
Gris elevó sus manos y sacó una pequeña espora gris la cual poco a poco se convirtió en una rosa del mismo color.
Arrancó un pétalo y con velocidad se lo arrojó a Van. Pero antes de llegar se desintegró. No sabía que había pasado, Van no se había movido de su lugar, solo le miraba con esa mano apuntando. Otro intentó de Gris, el pétalo voló a enorme velocidad, y de nuevo pasó. Entonces lo entendió.
Van no lo apuntaba por casualidad, cada vez que disparaba una rosa el mafioso la desintegraba con su habilidad, como si de una pistola se tratase. No podía perder el tiempo, debía vencer a ¨la bestia¨ pero sin dormirlo, no tenía tiempo de dormirlo y despertarlo, ahora ocupaba información, y la sacaría de la forma en que mejor se le daba, torturando a su víctima.
Van lo atrapó en sus rápidos movimientos e intentó darle un golpe, pero Gris veloz lo esquivó e intentó cortarlo, Van reacciono y le golpeo el estómago lanzándolo algunos metros sobre rocas voladoras que perdían el equilibrio. Pero una vez más logró levantarse sin problemas.
-No es tan fácil matarme sabes, tengo una pequeña sorpresa –Dijo riendo, su cuello se movió varias veces mientras sonreía.
20 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge
Muro divisorio
John, Anthony y Tony habían decidido separarse, entre los 3 encontrarían más rápido al caballero de la rosa gris. Los 3 tenían la señal de avisar a los demás si lo encontraban, aunque entre el caos, sería muy difícil.
John corría solitario, el paisaje era cada vez más impresionante y desalentador. Sin duda la ciudad de porcelana alguna vez fue un bello lugar, impresionantemente bello, con casas hechas de un material fino, digna de albergar emperadores, pero ahora no. Ahora eran casas viejas, con muros destruidos y cubiertos de sangre, con enormes rocas voladoras que pasaban sobre ellos, y en ocasiones caían sobre ellos, o simplemente el suelo se desprendía y acaba para siempre con ellas.
Estaba agotándose, no era fácil correr a tal altura, aunque sabía que si no se apresuraba no estaría mucho tiempo en tierra alta, caería junto a la ruidosa ciudad que moría frente a él. Pero valía el riesgo, quería respuestas y venganza.
-John Conde. –Una voz vagamente familiar le llamó la atención entre el caos. Giró sobre sus talones, no sabía de dónde provenía. A donde mirara solo veía niebla, rocas, escombro y sangre. –John Conde. –Repitió la voz. Entonces John lo vio, una figura encorvada a unos metros, en el centro de una enorme plaza casi totalmente destruida. Era Robert Aldridge.
Este estaba inclinado, con su mano sobre el pecho, el cual respiraba con velocidad, parecía estar herido.
John llegó en segundos a él. Puso su mano en el hombro del caballero, el cual con dificultad se paraba, y con la mano debajo del traje de mosquetero escondía la que debía ser la herida.
-John Conde –Dijo el caballero con más fuerzas para su aparente condición. –Necesito que te acerques.
John no sabía que pasaba, seguramente habían peleado, al parecer Gris ganó la pelea.
-Acércate. –Pidió el caballero. –Necesito confesarte algo antes de morir. –John hizo caso. Ahí, él auxiliaría al caballero, en esa orilla del mundo, donde nadie podía verlos, rodeados de toda esa niebla y destrucción.
Todo pasó en un segundo, Robert desenfundó su espada y la lanzó contra John. La espada fue desviada por algo cayendo a un metro de él. Algo que pegó en el suelo a unos metros encajándose. Robert volteo y vio una enorme flecha roja encajarse en el suelo. En algún lugar detrás de la niebla, alguien lo había visto, alguien lo había evitado, pero por ahora no se mostraba.
-Aléjate de mí capitán. –Dijo una voz y una explosión se escuchó detrás.
Alguien había frustrado su plan.
Hace 30 minutos
Entrada al palacio de porcelana.
Robert, sostenía su espada sobre el cuello de Gris, de Cambrige.
Cauteloso observaba a su compañero, después volteó hacia los lados para ver si alguien observaba, y al comprobar que no era así, bajó su espada sin miramientos.
-¿Qué te pasa? –Preguntó Cambrige. -¿Dónde habías estado?
-Tuve problemas para llegar a la isla, no es tan fácil atravesar el Grand Line, y menos en el intento de bote que nos dieron. Veo que llegaste antes, ¿Qué ha pasado?
-La maldita bestia me causó problemas, pero pude solucionarlo
- ¿Qué demonios fue todo eso asesinar a Rudd y tomar el control de la base?, eso no venía en el plan. –Robert parecía enojado. –Tuve que organizar una escapada nocturna para ver que pretendías, iba detrás de ti con un puñado de hombres.
-¿Realmente crees que no note a 6 personas a solo 100 metros tras de mí. Además, sabes que soy improvisado –Gris comenzó a reír. –Sé que lo sabes. –Puso una mano en el corazón. –Y sé que lo sientes, sientes lo que yo siento, lo que él siente. –Su lengua salía sin control de su boca como reflejo de la emoción. –Hoy la tendremos.
-Si el puño piensa que le daremos la corona Camb, está equivocado –Robert también rió un poco.
-EL PUÑO SE PUEDE IR A LA MIERDA –Gritó Cambrige. -¿Qué acaso olvidas lo que hizo a nuestras familias?
-Jamás –Dijo Robert levantando la espada. –Jamás olvidaré ese día Camb. Ese día el puño nos arrebató nuestras vidas y nos recluto como esclavos.
-Fuimos enemigos muchos años Rob, pero hubo algo que nos mantuvo unidos, algo más grande que una historia.
-Así es –Robert afirmó.
-Él nos mantiene unidos –Dijo Cambrige. –Ahora, el puño se postrará ante nosotros, cuando consigamos la corona, todo el mundo pagará por lo que nos hicieron.
-Ahora –Dijo Robert volteando a ver al majestuoso castillo que había comenzado a desprenderse ligeramente. -¿Cuál es el plan?
-Entraré –La sonrisa volvía a Cambrige. –Tomaré la pista y saldré de ahí, el anciano de la cueva me dijo dónde está. Será algo fácil, ¿y tú?, ¿Qué harás?
-Debo eliminar testigos –Dijo Robert. –A ese chico bomba y a sus amigos. Tengo un plan para acercarme a él sin que sospeche.
Ambos amigos se separaron y se fueron
23 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge
Cambrige, ¨el caballero de la rosa gris¨, y Van, ¨la bestia¨ se batía en duelo. Sin duda Cambrige era más fuerte y rápido, pero debía tener cuidado, no podía usar su carta maestra. Además la isla se caía bajo sus pies, y eso a su enemigo no le importaba, él peleaba sin importarle un mañana, como había amenazado, planeaba que ninguno saliera vivo de la isla.
Su pelea se había deslizado, estaban a cientos de metros de donde comenzó, la isla no permitía quedarse mucho tiempo en un solo lugar, debía ser cauteloso.
-STELLAR BULLETS –Gritaba Van y pequeñas chispas salían desprendidas a toda velocidad de sus dedos impactando contra Gris causándole quemaduras y dolor.
Cambrige usó su espada y las detuvo, con ira se lanzó sobre la bestia. Su espada logró cortar al mafioso y lo atravesó por segunda vez en el día. Van cayó de rodillas, adolorido. Cambrige lo miro con su sonrisa clásica cuando la roca donde peleaban se derrumbó. Van reacciono rápido y embistió a su rival.
Ambos saltaron sin dejar de lanzar golpes. Roca tras roca ambos golpeaban a su rival, la sangre corría por ambos bandos, pero Cambrige poco a poco tomaba ventaja.
Saltaron sobre una roca sin dejar de golpearse. Otra más, otra y otra. En el aire ambos proyectaban fuertes golpes uno al otro sin control. En un momento Cambrige tuvo una oportunidad y lanzó a Van lejos con una patada, aterrizando cerca de 2 hombres. Cerca Robert y John.
En un momento todo fue confusión, los escombros del golpe se sumaron a los que ya deporsí había en la ciudad. Robert miraba confuso, habían frustrado su plan, y al mismo tiempo habían llegado Cambrige y la bestia. Solo sabía una cosa, eso se pondría feo, pocos sobrevivirían, si es que uno lo hacía. Además la situación en la isla no era muy prometedora.
-Escucha imbécil –Se escuchó una voz de entre la niebla. Todos voltearon y vieron a 2 figuras acercarse, estos eran Anthony y Tony. Era una escena impresionante, ambos caminaban firmes manteniendo la ola de destrucción detrás de ellos, sabiendo que no les importaba el riesgo si su capitán peligraba. Anthony sostenía su espada blanca en la mano, y Tony apuntaba ya una segunda flecha.
Todos se miraron cuando estos 2 se unieron. Por un lado los 3 piratas estaban juntos, los recién llegados flanqueaban a John, el cual apretaba los nudillos sacando humo. Cambrige sacó su espada y comenzó a lamerla. Van recuperaba la respiración y gruñía como una bestia enojada viendo a Cambrige, mientras Robert poco a poco se acercaba a su espada. Todos se veían, la pelea al parecer sería a 4 flancos.
La destrucción los rodeaba, las rocas caían por doquier, la misma donde se encontraban tambaleaba ante la gravedad que volvía. Pero eso no importaba, algo más importante pasaba ahí. Ninguno podía irse, no sin terminar con eso que había comenzado, y sin duda moriría en Wolkenberge junto con algunos de ellos.
-Veo que no eres mucho de confiar después de todo –Dijo John mirando con ira a Robert. –Armaste una puñetera faramalla para usarnos para hacer el trabajo sucio. –Volteó a ver a Van. –No serías el primero en esta isla con esa jodida idea.
-Han visto demasiado, demasiado, demasiado –Decía Cambrige una y otra vez algo desquiciado. –No podemos dejarlos vivos, ni yo, ni Robert, ni él.
-No me importe lo que pase aquí –Dijo Van quitándose el polvo de las alas. –Pero me encargaré que a ese idiota frente a mi muera en Wolkenberge.
La roca donde estaban se partió en 2 en un instante y todos saltaron perdiéndose en la niebla, era una guerra sin cuartel, todos debían estar atentos.
John, Anthony y Tony se juntaron, eran el grupo más grande, pero los otros 3 eran sus enemigos. Negro y Gris, parecían ser aliados, pero como los 3 pensaron en el momento, ¿a quién se refería Gris con ¨él¨? Después estaba el asunto de ¨la bestia¨, ¿era un aliado o un enemigo? Debían descubrirlo de la forma mala, en plena guerra.
Una figura negra salió de entre la niebla mientras saltaban y embistió a Tony arrastrándolo entre rocas voladoras. Negro lo había interceptado, sin duda como venganza por haber frustrado su plan hace unos minutos.
-TONY –Gritaron John y Anthony. Ambos saltaron en su auxilio, pero antes de llegar una espada veloz los interceptó y de un tajo hirió a Anthony. Ambos se sorprendieron, tanto por el nuevo invitado el cual no vieron venir, debía ser increíblemente rápido, así como por la capacidad de poder tocar a Anthony.
Cambrige (Gris) los esperaba espada en mano. Espada que lamia una y otra vez.
Robert desenfundó su espada y apuntó a Tony. Este reacciono rápido y lo pateó con fuerza. Dio media vuelta en el aire y se transformó en su totalidad aplastando a Robert dejándolo debajo de él. Tony lo aplastaba, puso su gigantesca cara de águila frene a su enemigo y rugió como el rey de las bestias.
Una enorme roca rodo en el aire y se dirigió hacia ellos. Tony alcanzó a saltar y Robert a esquivar, pero antes de que pudiera hacer algo John llegó frente a él y lo golpeo provocando una explosión lanzándolo lejos.
-Me están cansando –Dijo escupiendo sangre y tocándose un pedazo de carne quemada.
Sus manos comenzaron a ponerse verdes, luego sus brazos y por ultimo su rostro, parecía muy concentrado. Con un brazo apuntó a John.
-TOXIC POWDER –Gritó Robert. Un torrente de polvo verde se dirigió a John y Tony, pero antes de que los tocara una burbuja de viento y arena los rodeo protegiéndolos. Anthony cerca de ellos agitaba sus brazos controlando la esfera que protegía a sus amigos.
-Mío mío –Grito Cambrige con su actitud desquiciada.
Anthony apenas logró voltear al notar su descuido. Cambrige con espada en mano atravesó las rocas voladoras apuntando a su rostro. Un segundo antes de que lo tocara un enorme golpe lo desvió haciéndolo estrellarse en una roca voladora cercana.
Se recuperó con esa velocidad que lo caracterizaba y miró lo que lo había golpeado. Van lo miró furioso por medio segundo y rápidamente se lanzó hacia él lanzando enormes puñetazos al rostro, el cual con cada golpe se hundía más y más en la roca quebrándola incluso. Van comenzó a respirar con dificultad, cada partícula de su cuerpo le dolía, pero debía continuar, debía matar al maldito.
De un movimiento con ambas manos golpeo el pecho de Cambrige haciendo que abriera sus brazos y volviendo a poner las manos sobre el pecho gritó.
-STELLAR BULLETS. –Una gran cantidad de destellos brillaron en la mano del mafioso haciendo que su enemigo gritara de dolor hasta parar. Era un ataque a quemarropa suficiente como para matar a cualquiera.
Van no pudo más y se dejó caer junto a su enemigo después de lanzar su ataque. Respiraba con mucha dificultad, pero no era problema, Cambrige estaba muerto.
Para su sorpresa Cambrige comenzó a moverse, con dificultad levantaba su cuerpo, como por inercia se levantaba, como un fantasma que se aferraba a la vida.
Levantó su espada y la apuntó a Van el cual vio aterrado. Un torrente de arena golpeo a Cambrige arrastrándolo varios metros. Después un hombre de arena se ponía entre Van y su enemigo protegiéndolo.
Anthony levantó los brazos y los hizo girar como bailando. Enormes remolinos de arena se formaron entre las nieblas y las rocas, remolinos que cambiaban violentamente de dirección dirigiéndose hacia Cambrige que se intentó cubrir con ambos brazos.
Cambrige se cubría con esfuerzo. Los torrentes eran fuertes, parecía que iban a despedazarlo, aunque él sabía que no sería así, él tenía una carta bajo la manga.
Anthony llegó hasta donde estaba Cambrige transformando su brazo en una poderosa espada endureciéndola.
-¡¡GREY ARMOR!! –Gritó y encajó su brazo en el hombro de Cambrige. Un enorme chorro de sangre salió de su enemigo el cual cayó de un golpe a la roca que se despedazaba.
Anthony volteó a ver a Van el cual se recuperaba de todas sus peleas de las últimas horas. Lo miraba con una sonrisa maliciosa sin bajar su espada de arena. Van lo vio intrigado sin saber que planeaba, ¿acaso él sería el siguiente? Anthony apuntó su espada-brazo hacia Van el cual se preparaba para defenderse, pero en el último momento lo convirtió en una mano para ayudarlo a ponerse de pie. Van aceptó con cautela.
-Ahora –Dijo Anthony con fría voz dándole la espalda. –Estamos a mano bestia, ya no te debo nada.
Detrás de ellos un cuerpo se volvía a levantar, con una enorme herida en el hombro, para sorpresa de Anthony y Van.
-No puedo morir tan fácil –Decía riendo desquiciado. –Él no me permite morir.
2 cuerpos cayeron volando cerca de él.
Hace pocos minutos.
John y Tony
-TOXIC POWDER –Gritó Robert. Un torrente de polvo verde se dirigió a John y Tony, pero antes de que los tocara una burbuja de viento y arena los rodeo protegiéndolos. Anthony cerca de ellos agitaba sus brazos controlando la esfera que protegía a sus amigos.
Una flecha rozo su hombro y le provocó una enorme herida sangrante. John apareció frente a él en un segundo. Golpe tras golpe intentaba darle, pero Negro era más rápido, de una patada lo lanzó a volar.
Algo lo rasgó por la espalda provocándole una enorme herida. Al voltear vio como un grifo enorme trataba de envestirlo mientras atacaba con una garra ensangrentada (con su sangre), intentando darle mientras rugía.
Robert usó su espada y le dio al grifo en el rostro haciéndole una herida, el animal rugió por el dolor cubriéndose con la garra. Robert intentó rematarlo una voz lo distrajo.
-NO TE ATREVAZ –Gritaron. –A TOCAR A MÍ AMIGO.
John y Tony se lanzaron al mismo tiempo contra Robert. Este mostrando una velocidad y técnica de combate impresionante correspondió el mismo.
Con esfuerzo combatía con los 2 los cuales lo rodean. Con una habilidad impresionante movía su espada veloz y detenía tanto a John como a Tony. Los golpeas no paraban. Robert había golpeado varias veces a John, así como John a Robert, aunque conteniendo las explosiones para evitar dañar a Tony.
Una enorme roca cayó sobre ellos, los escombros fueron demasiados haciendo se alejaran en 3 direcciones.
John y Robert se encontraron rápidamente. Ahí estaban, uno frente al otro en esa ciudad que se destruida de fondo, grandes escombros derrumbándose mientras ellos en aquella roca voladora entre la niebla se veían furiosos.
De los brazos de John escurría algo de sangre. Mientras Robert lo veía amenazante con sangre escurriendo bajo sus ojos de una forma macabra, como sacado de una pesadilla. Una enorme roca se destruyó junto a ellos pero estos apenas voltearon.
-Ustedes provocaron esto. –Dijo John. –Todas estas muertes fueron por su maldita ambición.
John juntó ambos brazos y comenzó a untarse su propia sangre en los puños.
Robert se lanzó hacia él con su espada decidida y de un movimiento intentó cortarlo. John reaccionó rápido y logró hacer su cabeza hacia atrás pero en vez de golpear a su enemigo con todas sus fuerzas golpeó la roca.
Fue un segundo de confusión y destrucción. Todo, absolutamente todo cerca de la explosión sufrió daño. La roca se hiso pedazos como si de arena en agua se tratase, quedó reducida algo menos que polvo en un segundo.
Un cuerpo vestido con quemados ropajes negros cayó junto a Cambrige. Mientras que otro, el de John cayó cerca de Anthony y Van.
Robert se levantó sin problemas. Su cuerpo sangraba en su totalidad, sus ropajes de mosquetero estaban casi completamente destrozados y quemados, pero él seguía de pie, junto a Cambrige que reía.
Tony llegó junto a sus amigos. Había roto un pedazo de su ropa y lo había usado en su rostro a modo de gasa cubriendo su herida. John también se unía, sin mucho problema su puso de pie, realmente no creía que alguien sobreviviría a su ataque.
Y ahí estaban, 6 hombres dispuestos a matarse unos a otros entre la destrucción. Pero un bando había cambiado en los últimos minutos. Robert y Cambrige estaban de un lado, mientras los demás del otro, viéndolos de frente.
John unos centímetros más enfrente, respiraba con velocidad por la técnica usada, a su espalda colgaba su inseparable espada. A su derecha, Anthony miraba a sus enemigos analizando la situación, siempre pensativo con Zeo en mano. A su izquierda, Van, ¨la bestia¨ miraba a Cambrige (Gris) con odio, pero ya no se mostraba precavido ante ellos, como si fuera un amigo lejano. Y del otro lado, junto a Anthony estaba Tony, herido, con un vendaje que le cubría medio rostro, pero siempre listo para pelear, con su arco apuntando a los 2 enemigos que parecían imposibles de matar.
-¿QUÉ MALDITASEA ERES TU? –Gritó John a Robert. – ¿Por qué no podemos matarlos de una puta vez?
-Wuajajajaja –Reía Robert. –No es tan fácil. Ambos compartimos una akuma no mi, ambos compartimos el mismo demonio.
Sus 4 enemigos se vieron imprecionados.
-¿No lo entienden? –Dijo Cambrige. –El demonio que vive en mí también vive en Robert, mientras él siga con vida el demonio no puede morir y yo seguiré vivo. Robert y yo compartimos muchas cosas mocosos.
-¿A QUIEN LLAMASTE MOCOSO? –Interrumpió orgulloso Anthony
-¡¡DEJAME HABLAR, DEJAME HABLAR, DEJAME HABLAR!! –Gritaba Cambrige desquiciado poniendo sus manos en su cabeza que giraba como un lunático. –Robert y yo compartimos un pasado, compartimos el mismo odio, dolor y sufrimiento, el odio hacia un puño que debería cuidar a la gente en vez de hacer lo que nos hicieron. –John recordó las palabras del caballero en la cueva.
El puño esta para proteger, para ayudar, el mundo está lleno de bestias crueles que azotan a los inocentes. Las personas no deben pagar por la libertad y la justicia, es un derecho.
-Han derramado demasiada sangre por su ambición. –Dijo John enojado. Me alegro habérmelos encontrado, así podré asegurarme que no salgan de aquí. –Ni ustedes, ni nadie me impedirá convertirme en el rey del mar.
-Tienes un sueño noble –Interrumpió Van que por un segundo dejó su mirada iracunda y pareció perderse un momento en su mente. –Luchas por una causa noble, pero yo lucho por salvar a una pequeña niña que sufre. Ahora –Dijo volteando hacia Cambrige furioso de nuevo. –No me importa su maldito amor entre ustedes, hoy ninguno saldrá de aquí.
-¿No lo entiendes bestia? –Contestó Cambrige. –Mientras uno siga con vida el otro no podrá morir.
-Entonces –Dijo Van. –Los asesinaré a ambos a la vez.
-No creo que exista un poder en esta isla tan grande como para poder hacer eso. –Dijo Robert y preparó su espada para la batalla.
Todos lo tomaron como una señal. Robert y Cambrige juntaron espaldas y comenzaron a luchar. Los 4 aliados los atacaban al mismo tiempo. Por un lado John intentaba dar con veloces golpes a Robert, mientras Tony convertido en forma hibrida atacaba con su enormes garrad. Por el otro lado Anthony usaba a Zeo y combatía con un veloz Cambrige, el cual se las arreglaba para detenerlo, junto con Van el cual atacaba con puños brillantes cubiertos de electricidad, puños que contrarrestaba al cubrirse con la espada.
13 minutos aproximadamente para la destrucción total de Wolkenberge
Era una batalla encarnizada, golpe tras golpe, sangre tras sangre. Pero debía terminar, la isla se hacía pedazos, y nadie sobreviviría. Robert y Cambrige juntaron sus brazos como 2 personas que se leyeran los movimientos y juntando sus brazos dieron una patada giratoria que lanzó a volar a sus enemigos. Todos estaban cansados, muy, muy cansados.
Los 4 se levantaron al mismo tiempo, cada uno en una esquina contraria. Todos se vieron, sabían lo que tenían que hacer. Solo había una forma de acabar con esos 2 seres indestructibles de un solo golpe. Los 4 gritaron al mismo tiempo
-FUERZA COMBINADA, EL ARMA MÁS PODEROSA DE WOLKENBERGE, ATAQUE DE TIERRA, VIENTO, TRUENO Y FUEGO.
Fue como si fueran uno solo peleando. Tony se elevó y desde lo alto, con una vista que solo alguien parte águila podría lograr, entre la niebla atravesó veloces flechas, tan rápidas certeras que atravesaron a ambos caballeros como si fueran estacas. Anthony creo una tormenta de arena y rodeo a sus enemigos creando un gigantesco remolino a su alrededor. Que como siempre era dirigido con sus brazos. El remolino poco a poco se convirtió en una esfera no muy grande que rodeo a los enemigos heridos. Del suelo salió arena que los aprisionó como fuertes cadenas. De la parte superior brotaron enormes picos que los atravesaron de los hombros uniéndose a la parte de abajo dejándolos aprisionados.
Enormes gritos profirieron los caballeros aprisionados estando pegados de espaldas. De cada lado apareció alguien. Frente a Robert apareció John con espada en mano, mientras que frente a Cambrige Van. Ambos listos para el ataque final.
-STELLAR BEAM PLASM.
- EXPLOSIVE PUNCH.
El rayo de Van atravesó los pocos metros que lo separaban de su enemigo. Mientras que John golpeó a Robert con una fuerza demoledora, con una fuerza que no había tenido hasta el momento, jamas había hecho un ataque tan poderoso.
La explosión lo cubrió todo. Esta vez no fueron unos cuantos metros, ahora fueron decenas, cientos de metros afectados por la explosión. La isla se había caído casi por completo. John sobrevivió gracias a su inmunidad al fuego, Van por su intangibilidad, pero lo demás murió, las rocas, el piso, esa parte de la ciudad, y claro, sus enemigos. Tanto Robert como Cambrige por fin habían muerto. Por fin ambos descansaban, por fin se reunieron con sus familias felices, por fin descansaban donde las flores bailan.
John fue arrastrado varios metros, dio vueltas y vueltas entre rocas que flotaban y caían. La explosión no lo había dañado, pero tenía luchando desde que llegó a Wolkenberge, ya no podía más, estaba demasiado cansado, como pocas veces en su vida. Sin poder contenerse extendió sus brazos y miró el cielo que apenas se asomaba entre la niebla y la destrucción.
Van colgaba débil de una roca mediana. Si John estaba agotado Van estaba muerto. Su cuerpo no podía estar más adolorido. Había hecho más de lo que su cuerpo le permitía. Poco a poco la roca donde estaba se desprendía, y él sin poder hacer nada la acompañaba.
Toda la isla se caía sobre el gran abismo. Era una ironía si lo pensaba, él había provocado que la isla se elevara, y ahora eso mismo provocaría su muerte. No tenía fuerza suficiente para moverse, apenas lograba respirar.
Ese día ¨La bestia¨ moriría en Wolkenberge. Le dolía, realmente le dolía. No pudo cumplir su sueño, no pudo rescatarla. Pensaba en la pequeña Elizabeth, aquella niña sufría siendo esclava en el fin del mundo. Pero no había podía hacer nada ya. No se resignaba, no podía dejarla sola. Pero no había otra opción. Estaba demasiado débil para usar su intangibilidad de logia y salvarse.
La roca se rompió y Van cayó con ella. Con sus últimas fuerzas logró sostenerse con la mano de un pedazo de roca débil. Ese era su fin, ahí moriría. Una lágrima recorrió su mejilla mientras decía.
-Perdóname Elizabeth.
Van soltó su mano y sintió como su cuerpo caía. En una caída que no duraría nada.
-NOOOOOO –Se escuchó una voz. Alguien sostuvo su mano con dificultades. Van levantó la vista y vio a John sosteniéndolo con dificultad. Con todas sus fuerzas lo levantó de un movimiento arrojándolo junto a él, el cual no se había podido levantar, el pirata usó sus últimas fuerzas para salvarlo.
Y ahí, en el lugar menos esperado, en medio de la destrucción 2 chicos estaban tirados en una roca, agotados enormemente, sin fuerzas para moverse. Van extendía los brazos mientras respiraba. John tocaba sus heridas también batallando para moverse.
-Salvaste mi vida. –Decía Van mirando al cielo. Ambos lo hacían ya que no podían moverse.
-Tienes a alguien a quien salvar que te espera. –Dijo John sonriendo.
-Jamas en mi vida alguien había hecho algo así John. –Van batallaba para hablar, seguía mirando al cielo, como dirigiéndose a la nada. –Te debo mi vida. Y escúchame bien. –La voz de Van aumentó de volumen convirtiéndose casi en un grito. John no decía nada, comprendía lo importante que era lo que estaba diciendo su compañero. –SALVASTE MI VIDA JOHN CONDE, SALVASTE MI SUEÑO Y A QUIEN MAS AMO, TE ASEGURO PAGARÉ MI DEUDA, Y HOY JURO SOLEMNEMENTE QUE TE SERÉ FIEL Y TE PROTEGERÉ, HASTA QUE CUMPLAS TU SUEÑO, O YO MUERA.
Las rocas a su alrededor cayeron por fin.
Tiempo estimado para la destrucción de Wolkenberge. Cero minutos.
- Spoiler: Mostrar
- La isla caía a pedazos. Allá abajo, en el abismo, se perdían innumerables rocas, edificios de porcelana, vidas, historias y leyendas. Apenas quedaban unos pocos pedruscos a flote, entre escombros de arena y niebla. Aquello era similar al fin del mundo, al menos a ojos de un grifo enorme que surcaba los cielos, en busca de algo perdido entre aquel cúmulo de destrucción.
- Vamos, Tony… -decía Anthony, a lomos de su amigo, mientras observaba atento cualquier movimiento entre las rocas.- Estoy seguro de que siguen ahí.
- No será fácil encontrarlos –respondió este, sin dejar de mirar al abismo que se cernía bajo ellos, amenazante. De pronto, avistó algo en una de esas pocas piedras que quedaban. Comenzaba a desprenderse.- ¡¡Están ahí!!
Tony realizó una increíble acrobacia aérea, revolviéndose y cayendo casi en picado hacia la roca identificada, que, sin pausa, estaba en caída libre hacia las entrañas de la tierra. Apretó los dientes y adoptó una postura de lo más aerodinámica. A sus espaldas, Anthony luchaba contra la inercia, sujetándose como si la vida le fuera en ello al pelaje de Tony.
El grifo sintió un ligero alivio al comprobar que era más rápido que el pedrusco. Sin embargo, y desconociendo por completo la profundidad del abismo, no estaba seguro de poder alcanzarlo. Aceleró su marcha a tope, impulsándose con las alas. Anthony gritaba, desquiciado, mientras sentía todos sus órganos estampados a la espalda. Se juraba que si salía vivo de aquella, jamás volvería a subir al lomo de Tony en caída libre. Y al mismo tiempo soltaba maldiciones a pleno pulmón, consciente de que tenía que liberar esa presión que sentía de alguna forma.
Finalmente llegaron a la altura de la roca. Sobre sus cabezas caían los últimos trozos de lo que alguna vez fue una isla. Y bajo las mismas, los anteriores en caer. Para sorpresa de Tony, John había incrustado su poderosa mano en la roca para evitar salir despedido, y sujetaba a un débil Van con el otro brazo. Anthony lamentó, por un momento, no poder hacer lo mismo.
- ¡¡Cuando me coloque bajo la roca… explótala, John!! –exclamó Tony con todas sus fuerzas. Al otro pareció costarle entender el mensaje, pero finalmente asintió. Debajo se escuchaban ya las primeras rocas estampándose contra el suelo.
Así pues, el grifo hizo un último esfuerzo por adelantar a la roca, no sin miedo a estrellarse contra el suelo. A Anthony le pareció que se desvanecía. Aquella caída había superado, a buen seguro, la velocidad del sonido. Con un grito desgarrador se impulsó con sus brazos hacia adelante, y se sujetó con tal fuerza al cuello de Tony que este incluso profirió un extraño rugido.
Tony se colocó bajo la roca, y John la reventó provocando una especie de nube en forma de seta que se quedó flotando muchos metros por encima de sus cabezas. La velocidad de John y Van disminuyó, y Tony frenó su caída. Justo cuando los dos jóvenes parecían irse más abajo todavía, el grifo extendió sus alas salvando a sus amigos de una muerte segura. Anthony finalmente se dignó a respirar, tras más de un minuto de puro infarto. John y Van finalmente parecieron sonreír tranquilos. Tony, tras soltar una ligera carcajada de alegría, alzó el vuelo hacia la superficie de nuevo.
Varios minutos después, reposaban en el borde del abismo, estaban totalmente exhaustos, cansados y adoloridos. Anthony y Tony se encontraban mejor, Anthony ayudaba a Tony a cubrir el ojo dañado en la batalla, John y Van descansaban sobre el suave pasto.
A lo lejos se alcanzaba a oír el caer de ligeras rocas, las ultimas en la isla, no solo las de la ciudad de porcelana cayeron, las de la isla completa también, pero ninguna causó tanta destrucción como la de la metrópoli en ruinas que descansaba ahora en el fondo del abismo.
-En toda mi vida jamás me había asustado así –Dijo Tony de repente.
-Tiene una enorme ventaja –Dijo John sonriendo
-¿Cómo puede ser una ventaja tanta destrucción?, -Preguntó Anthony
-Al menos no pagaremos la cuenta del bar de hace unos días –Contestó John riendo.
Tony volteó a ver a Anthony sorprendido, tanto Anthony como él se miraron unos segundos pero terminaron riéndose como su capitán.
Fue una risa relajante, una risa que hacía mucha falta, significaba mucho, el fin de una batalla, el momento final, la victoria, la paz. Aunque no olvidaban que a su espalda había una ciudad hecha pedazos, y que una desgracia había ocurrido, aunque en ese momento era bueno reír, en ese momento ellos eran triunfadores, en ese momento eran los piratas más afortunados del mundo, y eso era motivo de celebración.
Unas figuras lentas comenzaron a verse entre la niebla, eran pocos, no más de 20, y la mayoría caminaba con dificultad. Al disiparse la niebla, al acercarse pudieron ver cómo era un grupo de hombres y mujeres seriamente lastimados, la mayoría tenia cortadas y golpes en sus cuerpos. Todos tenían trajes de todos colores raídos y desgarrados, 5 de ellos aun llevaban armas largas. A pesar del número y las armas ninguno parecía una amenaza, apenas podían ponerse de pie y se ayudaban unos a otros a para no caerse.
Al frente una mujer con un traje negro encajado y un ligero escote rojo dirigía al grupo, sobre sus hombros un hombre con cabello rizado y piel oscura descansaba con dificultad. Los que llevaban armas apuntaron a los piratas cuando fueron conscientes de su presencia al encontrárselos.
Tanto John, Anthony y Tony se pusieron alerta. Tony preparó su arco con una velocidad impresionante, aun con su ojo dañado, Anthony sacó su espada y John apretó un puño. Sus enemigos aun débiles los apuntaban, aunque se veían algo asustados a pesar de su superioridad en número, los que llevaban armas prepararon las balas.
-ALTO –Gritó un hombre unos metros lejos de todos.
Era Van, débil, con heridas en todo el cuerpo, ahora que no llevaba camisa podían verse sus blancas y enormes alas perfectamente, el cómo poco a poco se unían a su cuerpo como enormes protuberancias.
-JEFE –Gritó la chica sorprendida dejando caer a su compañero, el cual cayó con un grito sordo en el pasto, para ir a donde se encontraba su jefe. –Padrino, pensamos que lo habíamos perdido, pensamos que todo había acabado.
-Todo acabó Noodle –Contestó Van. –La isla llegó a su fin, no hay más motivos para seguir aquí.
-¿Entonces? –Dijo la chica. -¿Ganamos?
-Nadie ganó aquí Noodle. –Siguió Van. La chica lo miró extrañada, sus carnosos y rojos labios se apretaban con la duda, aunque esta vez no eran rojos por el lápiz labial, sino por la sangre derramada. –Sin duda la aventura aun continua, pero no aquí, ni ahora.
-¿Entonces? –Preguntó Stuart, el hombre de cabello rizado y piel oscura levantándose.
-Demasiada sangre ha sido derramada en esta isla, demasiado dolor en vano, es hora de terminar de una vez, y despedir a nuestros amigos caídos.
Van se puso de pie con dificultad, tambaleándose un poco para no volver a caer sobre sus adoloridas rodillas. Con cansancio cruzó los pocos metros que los separaba del abismo llegando hasta el borde mismo.
Era un momento triste, triste, de soledad y respeto. Van miró unos segundos el agujero donde reposaban los cuerpos de cientos, tal vez miles de personas, entre los escombros de una ciudad muerta.
Todos los que se encontraban con él lo acompañaron, todos los miembros sobrevivientes de Murder Inc. se acercaron a su líder, y con respeto bajaron sus cabezas, algunos derramaban unas cuantas lágrimas, todos en silencio, haciendo una pequeña plegaría por sus hermanos caídos.
Van bajó una rodilla y levantó un poco de tierra con su mano, y con respeto la besó, para después lanzarla al abismo, y dejará que se la llevara el viento.
-Gracias chicos –Dijo casi en un susurro. Repentinamente alguien tocó su hombro, sacándolo de sus pensamientos, al voltear vio como John, Anthony y Tony estaban junto a él sonriendo. Anthony tenía una pequeña flor, que acababa de cortar del pasto, y se la entregó a Van.
-Creo te falta esto –Dijo señalando la flor con la cabeza. Van tomó la flor y la arrojó sonriendo.
Esa vez, ahí, en ese momento todos permanecieron en silencio, mostrando respeto a todos los que habían caído en las últimas horas, a los camaradas caídos, y a las víctimas inocentes que cayeron en la guerra, y a toda aquella ciudad que había desaparecido frente a ellos.
***-¿Ahora qué? –Preguntó Tony minutos después. Todos se habían reunido a unos 500 metros del borde, de aquel enorme agujero que se encontraba debajo de la antigua ciudad, al cual decidieron llamar ¨el anillo¨. John, Anthony, Tony y Van descansaban sentados, los hombres de Van se encontraban a su alrededor.
-Debemos seguir –Contestó John. –Nuestra aventura apenas empieza.
-No tenemos barco, no tenemos mapa, no tenemos dinero, y no tenemos log pose –Contestó Anthony reprendiendo a John con la mirada, siempre analizando todo, siempre siendo el más listo. –No es tan fácil navegar por el Grand Line, ni siquiera tenemos navegante, o sabemos el siguiente destino.
-Hay un barco. –Interrumpió uno de los hombres de Van acercandose. –En una de las costas, hay un barco sobreviviente.
-¿A qué te refieres con sobreviviente? –Preguntó John.
-Casi todos los barcos de la isla se destruyeron con lo ocurrido. –Contestó Noodle que se había unido a la conversación. –Todos los barcos tanto nuestros, los del puño y los comerciales fueron aplastados por alguna roca, pero supimos que queda uno cerca la villa Bandour, algo alejado, por eso sobrevivió.
-Quiero verlo. –Anthony se había puesto de pie.
-TENEMOS UN BARCO –Gritó Tony emocionado.
-¡¡¡NADIE HA DICHO QUE ES TUYO!!! –Gritaron todos los mafiosos a la vez.
Algunos minutos después se encontraban frente a él. Era majestuoso, sublime, aun para no tener un gran tamaño era un barco imponente, todos lo miraban maravillados. Tenía un solo mástil, con grandes velas negras y madera del mismo color. Algunas rasgaduras adornaban su exterior, dándole una imagen algo macabra, sumado a las velas negras daban la impresión de ser un barco de pesadilla, un barco para ser temido, perfecto para unos piratas que comenzaban su leyenda. A pesar de eso se encontraba en perfecto estado, limpio y cuidado. Con un diseño impresionante, un mascarón de proa con la cabeza de un dragón negro, y al fondo, unas disimuladas alas que se fundían perfectamente con la popa. 2 cañones asomaban a los lados, y un tercero debajo del dragón.
-¡¡ME ENCANTA!! –Gritaban John y Tony, hasta Anthony se había impresionado. –¡¡¡ME ENCANTA!!!, ¡¡¡ME ENCANTA!!!
-Parece un buen barco –Dijo Van mirándolo, tambien él parecía impresionado. –Parece resistente como para pasar la corriente Carín.
-¿La qué? –Preguntaron John, Anthony y Tony al mismo tiempo volteando intrigados.
-La corriente Carín chicos. –Contestó el mafioso prendiéndose un puro, nadie sabía de donde lo había sacado. –Una corriente poderosa que envuelve a Wolkenberg, no cualquier barco la tiene, además como esta es una isla otoñal y la siguiente primaveral el clima será un fastidio.
-¿De qué coño estás hablando? –Preguntó Anthony.
-Vamos chicos, la corriente, los climas, ¿acaso no saben nada del Gran Line?
-Yo crecí en una isla solo, no sé mucho sobre eso. –Dijo Tony.
-Dejen les explico. –Comenzó el mafioso. –Como todos saben el Grand Line es un mar gigantesco que atraviesa todo el planeta, este tiene un grupo de cientos de islas, cada una de ellas tiene un tipo, primaveral, veraniega, otoñal y de invierno. Así como cada una en su respectiva época pasa por las 4 estaciones, dando un cúmulo de diferentes climas, los cuales se mezclan una y otra vez en el mar haciendo que todo el tiempo existan desequilibrios, tormentas, nieve repentina, entre otros miles de peligros.
-Entonces, ¿si podemos salir de la corriente habremos llegado a la siguiente isla? –Preguntó John.
-No es tan fácil chico. –Contestó Van exhalando una bocanada de humo. –Necesitas un loge pose, una brújula que no apunta al norte, si no que te irá guiando a la siguiente isla una y otra vez. Aunque debo aceptar que nunca he necesitado alguna, y tampoco he visto funcionar alguna otra.
-¿Cómo coño sabes tanto? –Preguntó Anthony confundido. –Además, ¿a qué te refieres con no necesitarlo?
-Mi fruta me permite sentir las islas, siento el electromagnetismo de las cercanas, siempre siento 3, en la que estoy, la anterior y la siguiente. Tambien me alerta sobre los cambios del clima.
-¿Sabes navegar? –Preguntó John feliz.
-No solo sé navegar chico, gracias a mi fruta soy uno de los mejores del mundo.
-JEFE, JEFE –Gritó el fantasma Zezilio desde arriba del barco. –Jefe encontramos algo.
Los 4 jovenes subieron rápidamente junto algunos mafiosos. Zezilio se encontraba alrededor de lo que parecía un pedazo de madera cualquiera, pero al acercarse notaron que había algo escrito.
-¿Rondinum? –Preguntó Anthony.
-Es la capital de la isla vecina, Downpour. –Contestó Van pensativo. –Es un lugar peligroso, residí antes de venir aquí, está lleno de crimen, mafias y más crimen, es perfecto.
-Pero ¿Quién escribiría esto?, y lo más importante, ¿para qué?
-Un pirata –Dijo Noodle que estaba cerca. –Un tipo extraño fue visto en el barco hace poco según nos dijeron, al parecer es el mismo que Russel vio salir hoy del palacio de porcelana…
-¿Qué? –Se sorprendió Van. -¿Qué dices?
-Si jefe. –Explicó la chica. –Un hombre extraño fue visto salir del palacio durante la guerra, llevaba algo en las manos, lo extraño es que nadie lo vio entrar. Después lo vieron sobre este barco aunque terminó tomando otro.
-Es muy extraño. –Dijo Anthony pensativo. -¿Por qué haría eso?
-Creo es obvio –Dijo John con una sonrisa. –Quiere que lo persigamos, quiere jugar con nosotros, y acepto el desafío. Lo he decidido, ahora los 4 partiremos a Rondinum.
-¡¡QUE!! –Gritaron los mafiosos al mismo tiempo.
-Padrino, ¿se va? –Preguntó Zezilio.
Van los miro un momento, con una mezcla entre tristeza y nostalgia vio a sus viejos amigos, y después lentamente volteó la cara a un John que le sonreía de oreja a oreja.
-Debo seguir mi camino chicos. –Dijo también sonriendo. –El viaje apenas comienza, y tengo que cumplir mi objetivo. Además, le hice una promesa a un amigo hace mucho. Además, le debo la vida a este pirata, y es mi deber ayudarlo a que se convierta en el rey del mar.
Los mafiosos miraron a su líder extrañados un momento, la mayoría se sentían confundidos, una mezcla de dolor y sorpresa, pero al final todos lo comprendieron. Varias lágrimas corrieron de sus mejillas, era la despedida, el adiós, la última vez que estarían juntos. En las últimas horas habían perdido a muchos de los que alguna vez consideraron sus hermanos, y ahora a su líder, aquel que los guió para sobrevivir en la salvaje tierra de Wolkenberge.
Zezilio fue el primero en comprenderlo, al abrir su boca y mostrar una horrible sonrisa llena de dientes amarillos y deformes.
-AAAGGHH –Gritó Tony. –Por favor no vuelvas a sonreír. –Dijo tapándose los ojos con las manos para no ver la horrible boca del fantasma. Todos se echaron a reír con el comentario.
Van tenía una pequeña base en Bandour y pudieron reabastecerse antes de partir. Los miembros sobrevivientes de Murder Inc. se despedían desde la costa, mientras el barco poco a poco se alejaba.
Por dentro el barco tenía lo esencial, una pequeña cocina como para unas 5 personas, un camarote en la proa, el cual rápidamente John tomó para sí, y 2 más en la popa. Así como una pequeña estancia junto a la cocina, el cual se había convertido en el cuarto de navegación.
Al transcurrir de los minutos, de las olas, la isla se perdía poco a poco, fue fácil salir de la niebla con Van indicando el camino, y la misma poco a poco dejó de notarse. A lo lejos la isla disminuía su tamaño, pasando de ser una enorme roca con niebla, a una pequeña esfera borrosa color gris en medio del océano.
Tantas cosas habían pasado en esa isla, demasiado dolor, destrucción, enfrentamientos, grandes enemigos y una aventura que casi les cuesta la vida. Pero también habían ganado algo, tenían un nuevo compañero, así como un barco respetable, además de un objetivo. Sí, no todo había sido dolor en Wolkenberge, aun cuando una ciudad entera había desparecido.
Habían pasado algunas horas viajando, estaba a punto de caer el atardecer. De momento, los cuatro pasajeros se encontraban en la popa del barco, mirando con ojos melancólicos donde se encontraba la destruida isla ya imperceptible, que dejaban atrás.
- Es curioso… -dijo John.
- ¿El qué? –preguntó Anthony, como saliendo de un estado de letargo.
- Isla que pisamos… Isla que destruimos –respondió John.
- Recemos por Downpour, pues –sentenció Van, que había encontrado un poco de Whisky en la cocina y se lo estaba bebiendo.
- Sep… -finalizó Tony, volviendo tras eso todos a sus respectivas reflexiones internas.
De pronto, Van se metió la mano en un bolsillo de su elegante chaleco, y sacó dos papeles doblados. Los extendió y dejó sobre la cubierta, devolviendo su mirada después al océano.
- No me preguntéis por qué… Las guardé desde que me di cuenta de que estabais en la isla. Puede que os interese guardarlas –dijo finalmente, a lo que John y Anthony respondieron con una ligera carcajada. Tony siguió ensimismado.
Se Busca: John Conde; Vivo o muerto – Recompensa: 50.000.000 Berries
Se Busca: Anthony “El Desertor Blanco”; Vivo o muerto – Recompensa: 40.000.000 Berries
-No sé cómo lo habéis hecho –Confesó Van. –Yo llevó años en el crimen y mi recompensa es menor a la de vosotros. ¿Qué habéis hecho hasta ahora?
-Es una larga historia –Dijo John riendo.
Van volteó a ver el inconmensurable océano señalándolo con ambas manos. –Sabes. –Dijo. –No sé tú, pero no planeo ir a ningún lado en las próximas horas.
Los otros 3 piratas rieron un buen rato con el comentario de su nuevo amigo.
-TENGO UNA PREGUUUUNTAAA –Levantó la voz Tony interrumpiéndolos a todos, tenía mucho que quería hacer esa pregunta, y debía aprovechar el momento, sino era en ese momento no sería nunca, la tentación lo mataba y no sabía ¿Por qué a nadie más se le había ocurrido. -¿Qué coño es Zezilio?
-Warai, warai, warai. –Rio un poco Van. –Si te contara. –Su rostro se volvió espeluznante. –No volverías a dormir por las noches.
Tony se asustó y tragó saliva asustado, un segundo antes de que sus 3 compañeros estallaran a carcajadas.
En eso los 4 miraron casi por instinto el sol que desaparecía en el horizonte. Todos con una sonrisa. John se recargaba en el barandal, Anthony a su lado derecho sosteniendo a Zeo, Van a su izquierdo tocando sus alas, y Tony sonriendo como un niño emocionado junto a Anthony.
Ese día el sol se puso por primera vez en Wolkenberge en un día de paz, una guerra había terminado, y 4 chicos se adentraban en el mar con emoción. Ese día no era el final de su aventura, si no lo contrario… era el comienzo.
*Continúa en el siguiente post recopilatorio, abstenerse de enfados, gracias*

Eso sí, con una altura de metro y medio xD