CONCURSO MENSUAL

Foro donde los usuarios pueden demostrar su destreza artística dando a conocer sus fanfics, fanart, poesia, historietas...
Avatar de Usuario
kid
Teniente Comandante
Teniente Comandante
Mensajes: 2334
Registrado: Sab Mar 25, 2006 12:40 am
Género:

Mensaje por kid »

Alabanda escribió:Ahora sólo queda que el recogerelatos tardón cuelgue las historias. :roll: Macho, ya vale de hacernos esperar. :lol:
No tan rápido, vaquero... un@ de los participantes me pidió un poco de tiempo extra y le di un par de días más para escribir el relato, así que tiene hasta mañana a las 23:59 para entregarlo (seguramente un poco más).

Si no lo vas a hacer al final avísame para que los ponga ya, aunque no sé a qué viene tanta prisa si Halane se ha ido de fin de curso hasta el día 4 y no podrá votar aún :joint:
Avatar de Usuario
kid
Teniente Comandante
Teniente Comandante
Mensajes: 2334
Registrado: Sab Mar 25, 2006 12:40 am
Género:

Mensaje por kid »

Bien, ya tengo todos los relatos ^^. Los pondré en 2 post porque en uno no me cabe. Como Halane no regresa hasta el día 4, TENÉIS HASTA EL 5 PARA ENVIAR LAS VOTACIONES:

HISTORIA 1:
Spoiler: Mostrar
QUERIDA HERMANITA

-¿Mamá? ¡Ya estoy en casa!, ¿mamá?- exclamé mientras me encaminaba hacia su habitación. Entré, todo estaba a oscuras, oía su sollozo. Un día más se notaba el aire viciado en su habitación - ¿Hoy tampoco te has levantado? Vamos, mamá levanta, aún te quedan dos hijos por quienes luchar, ¿vale? ¿Qué pensará Sergio cuando vuelva y te encuentre así otra vez?- Pasé despacio la mirada por la cara de mi madre, había envejecido demasiado en los dos últimos meses, jamás había necesitado medicación para sobrellevar los más duros golpes, pero esto había supuesto demasiado. – Mamá, por favor, tú también no, no te abandones, ¡no me abandones!- sentía ganas de gritarle, de decirle lo injusta que estaba siendo con nosotros, todos estábamos sufriendo, pero ella siempre nos había enseñado que la vida sigue, con o sin nosotros y que debíamos seguir adelante. Y sin embargo ella apenas representaba ser un despojo, parecía que ya no le importara nada. No era capaz de echarle nada en cara cuando yo también me sentía tan perdida como ella y con las mismas ganas de abandonarme.
- Está bien, cariño- levantó la mirada a duras penas- solo necesitaba dormir un rato más-.
-¡Joder!- exclamé al ver la caja de pastillas en la mesilla- ¿Cuántas pastillas te has tomado hoy? Venga, ¡a la ducha! Hemos de superar esto juntas.

Pasé lo que quedaba de mañana arreglándola, peinándola, cubriéndola de besos, hablándole de mi vida, de esa vida de la que tanto había disfrutado oyéndome hablar antes, pero ya no escuchaba, nada le importaba y era tan pesada la carga que yo llevaba.
Preparé la comida para todos, picar cebolla, es la excusa perfecta para desahogarte cuando no quieres que los demás sepan que lloras de verdad.
Hoy escribiré la carta, pensé, he de enfrentarme con todos mis demonios. El psicoterapeuta dice que ayuda a superar el duelo y yo debo superarlo cuanto antes y tomar las riendas de esta casa hasta que ella salga adelante.
Al morir mi padre, ella hablaba continuamente de mi abuela y de lo doloroso que debía ser para ella, “llámala” me decía, “era su hijo, lo debe estar pasando mal…” siempre decía que un padre jamás debería sobrevivir a sus hijos, pero no habría imaginado que lo más duro aún estaba por llegar…

Mi querida hermanita:

He querido empezar esta carta tal como lo hacía cuando estudiaba fuera y nos contábamos nuestros secretos. Cuando cada mínimo detalle de lo que nos pasaba suponía un mundo y deseábamos compartirlo, para llorar o reír juntas. ¡Dios! No imaginas cuánto te echo de menos…
Aquel día llegué a hacer mis prácticas a la base de la UVI móvil, sabes que esas eran las que me excitaban de verdad, creía haber nacido para actuar en las urgencias. Estaba mi equipo favorito, y no había sido casualidad, había mirado bien el cuadrante antes de pedir el día, para poder así coincidir con ellos.
Te llamé para contarte que no podría ir a recogerte con mamá, pero a la noche saldría y me contarías todo cuanto habías hecho en la excursión, con todo lujo de detalles, como tanto te gustaba hacerlo, te encontraría abrazada a mamá o escribiendo tu diario en la habitación… Mmh… qué absurda calidez emanan los recuerdos, son un pésimo anestésico de la realidad.
Hubo una llamada a la base y salimos, no era nada importante, o por lo menos eso nos pareció, había hecho miles de avisos así en las guardias de centro de salud. Les comentaba que estaba deseando que llegara un tráfico, hacía poco nos habían enseñado a hacer un triage y a saber actuar en situaciones en las que hubiera múltiples víctimas. “Aprovechar los pocos recursos reales, materiales y humanos, para salvar el mayor número de víctimas”. Esa era la clave.
Fuimos a comer, y a eso de las 16:00 sonó de nuevo el teléfono. Una llamada del 112, era un tráfico en la autovía de Madrid. Un camión había saltado la mediana chocando contra un autobús y algunos turismos. No imaginas la velocidad a la que nos pusimos en marcha, la ambulancia estaba repuesta, pero sabíamos que no llevábamos material suficiente para atender semejante catástrofe como la que nos habían descrito. Nos pusieron en contacto con otras UVIs móviles, que ya estaban de camino. “Va a ser duro” me dijeron, pero nunca hubiese imaginado cuanto.
Al llegar allí los bomberos ya estaban actuando, sacando chicos del autobús. Yo me dediqué a las víctimas de algunos coches que también habían sido alcanzados. Contusiones, fracturas, heridas abiertas, vendajes, vías, sueros... trataba de moverme rápido, pero no era suficiente. Las ambulancias salían camino a los hospitales más cercanos. Me acerqué al resto del equipo, necesitarían ayuda en el autobús. Los bomberos dejaban una ristra de cuerpos mutilados, de jóvenes doloridos, heridos,… Nunca había estado en un campo de batalla, pero me pareció que debía ser una imagen parecida a lo que encontraba allí. Aún oigo los lamentos cuando en el silencio de la noche, vuelvo a dormir en nuestra habitación y ya no estás tú…
Entonces fue cuando te vi. “¡No!” me dije, no puede ser ella. Eché a correr hacia ti, tardé segundos en llegar a tu lado, pero la angustia hizo que parecieran horas. Eras uno más, tirada entre el resto, esperando que llegara la ayuda, respirar te suponía un gran esfuerzo, te llamé, te hablé, no me respondías, te pellizqué y por fin abriste los ojos. Sonreíste al verme, “¿ya estoy en casa?, me duele”. Te estabas desangrando, los equipos estaban lejos aún, eran demasiados y no daban a vasto a llegar a todas partes, aquello era un caos. Solo había dolor, llantos, desesperación y muerte a nuestro alrededor. Tu pulso aún se mantenía fuerte en tus muñecas.
Grité, corrí a buscarlos, “no te vayas” me dijiste, “te vas a poner bien, ya lo verás”. Vinieron corriendo al saber que eras tú. Yo te sujetaba la mano, actuaron rápido, te estabilizaron y te mandaron al hospital. Salí de allí, me fui contigo. Por el camino preguntaste por tu chico, más tarde supe que estaba sentado a tu lado y había muerto en el acto. Durante el camino comenzabas a adormilarte de nuevo, tu corazón luchaba con ansia por bombear, pero la vida se te escurría entre las manos y tu pulso filiforme trataba de cortarle el paso a la esperanza. Llamé a mamá, no podía creer lo que le contaba, ya estaba en el hospital cuando llegamos. Te metieron directa al quirófano, ya no pude pasar contigo, ahora debía soltar tu mano. “Dile a todos que les quiero”, me decías, “no, no hará falta, se lo dirás tú cuando salgas.”
Estaba cubierta de sangre, de tu sangre, me quité el chaleco y me odié por no haberte visto antes. Todos estábamos nerviosos en la sala de espera, me eché a llorar, había visto demasiado, había aguantado demasiado y ahora no podía parar de llorar, pensaba en ti y en todo lo que haríamos cuando salieras de allí. En cómo decirte que tu chico ya no volvería a llamar… No imaginaba que tú tampoco sobrevivirías.
Si te hubiese visto antes, ¡si hubieras aguantado un poco más! ¿Por qué no gritaste pidiendo ayuda? ¿Por qué no resististe un poco más? ¿Por qué nos dejaste?
Dime hermanita, ¿qué voy a hacer sin tí?

Mamá está destrozada, tiene crisis de ansiedad continuamente. No es capaz de pasar un día entero de pie, y mucho menos sin su medicación. Se ha vuelto pequeña, diminuta más bien, ya no encuentro en ella ganas de luchar, ya no es la mujer enorme que nos había criado, acaso solo queda de ella un pequeño retazo.
A Sergio todos le hablan con pena en el colegio, si no espabila, perderá el curso, pero no le culpo, primero papá y ahora tú. Pretende aparentar que está bien, pero su mirada se ha vuelto más sombría y pasa más tiempo que nunca encerrado en su habitación, no sé qué es lo que más le ha destrozado, pero está claro que tardará en volver a ser el mismo.
Y yo, solo sé que dicen que es mejor expresar lo que pensamos. Me siento sola sin ti, me siento triste todos los días, nuestra habitación está fría, tus fotos, tus peluches, tu vida sigue aquí, viviendo sin ti. El dolor que siento a veces es tan asfixiante, que estoy segura que nunca dejará de estar ahí. Duele tanto tu recuerdo. Aún no entiendo porqué tuviste que desaparecer así. ¡Mierda! ¡No es justo! Eras tan joven, tan dulce, lo mejor de mi te lo debo en gran parte a ti. Debo sentirme privilegiada por haber compartido contigo tus últimos momentos, por haber podido despedirme de ti…, pero no es así. Volvería atrás y te diría tantas cosas, te daría tantos besos, te cuidaría tanto cada día.
Ya no pienso en lo que hice ayer, sólo en lo que no podremos volver a hacer juntas mañana.

¿Sabes que es lo que más echo de menos? Echo de menos las tardes que pasábamos haciendo “nada”, tus ruidos tan familiares y hoy tan sordos. Tus silencios, tu música, tu mirada, pero sobre todo tu dulzura y tus abrazos. Eras la más sensible y habías estado en todo momento al lado de mamá, eras su pilar y su montaña, su apoyo y su reto, el de ella, y el de todos, necesitábamos protegerte, mamá no quería que sufrieras más, ahora solo tenias que disfrutar, rehacerte de nuevo, por eso te animó a ir a aquella maldita excursión.

Ahora solo me queda el final, la despedida, pero aún no sé como hacerlo, no quiero hacerlo, no puedo soportar tener que despedirme de ti otra vez. Aquella vez me aferraba a que aún estabas viva antes de abandonar mi mano. Me cambiaría por ti sin dudarlo un momento… Lo daría todo porque aún estuvieses hoy aquí.

Pensaré en ti. Pensaré en ti todos los días de mi vida y te hablaré como si estuvieras a mi lado, susurraré tu nombre esperando que lo escuches donde quiera que ahora estés. Si existen los ángeles, sé que tú serás la más bella entre ellos y que cuidarás de nosotros con empeño, no permitas que se pierdan los que aún están aquí. Y di a papá que le quiero y que no te deje nunca sola. Ansío el día en que volvamos a reunirnos y seamos de nuevo una familia. Hasta entonces te llevaré siempre en mi corazón como parte de mí que siempre serás tú.
HISTORIA 2:
Spoiler: Mostrar
Águilas

No sabía cuánto tiempo llevaba andando entre la nieve. Hacía bastante ya que había perdido la noción del tiempo, y no estaba segura de si eran días, horas, o tan solo minutos. Tampoco sabía a donde se dirigía. Sólo que debía seguir caminando mientras las fuerzas la acompañasen, tan lejos como pudiera.
Trató de concentrar su atención sólo en el camino que tenía ante sí, pero a su mente acudían una y otra vez los recuerdos de la tragedia. Los recuerdos de cómo lo había perdido todo.
Seguía viendo el mismo paisaje blanco que la había acompañado desde su llegada al valle. Iba dejando tras ella un rastro de sangre, no sabía si proveniente de sus helados pies, de los cuerpos de sus compañeros o incluso de su propia madre.
La temperatura era bajísima, y ella sabía que debía de estar congelándose, pero no lo sentía, ni tampoco le importaba. Es más, casi deseaba que llegase por fin el instante en que, agotada por el esfuerzo, el dolor y el sufrimiento, cerrase los ojos para no abrirlos nunca más.
El momento no se hizo esperar mucho. Finalmente sus magullados pies dejaron de poder sostenerla, y Aashka cayó al suelo. Allí se quedó, tendida, esperando que la muerte y la nieve la cubrieran con el dulce manto del olvido.
Poco a poco se iba quedando dormida, ya casi no recordaba por que estaba allí tirada en mitad de la nevada, a penas sentía ya el dolor… un águila sobrevoló el valle. Gritó. Ese sonido resonó en las montañas, y despertó a Aashka llenándole la cabeza de todos los recuerdos de lo vivido unas horas atrás, de la primera vez que había oído el canto del águila en ese valle.
---------
Aashka contempló la inmensidad que se extendía ante ella. El manto blanco que formaba la nieve alcanzaba hasta donde llegaba la vista. Una gran llanura fría y desierta, ese iba a ser su nuevo hogar, al menos por el momento. Un águila pasó volando, su grito rasgó el aire. Tuvo un escalofrío y se arrebujó en su manta, apretujándose contra el cuerpo de su madre.
-No me gusta este sitio- protestó.
-Ten paciencia. No nos vamos a quedar aquí. Ya oíste al jefe, vamos a ir otro sitio. Seguro que es muy bonito, con bosques de álamos y…
- No vamos, nos llevan-la interrumpió Aashka. ¿Por qué tenemos que ir a donde nos dicen los hombres blancos?
Su madre suspiró. Sonrió tristemente mientras le acariciaba la cabeza.
-Hay que tener paciencia de momento. Seguro que pronto podremos volver a casa.
“Nunca volveremos” pensó Aashka, pero no lo dijo en voz alta. Ella no era tonta, y aunque su madre había tratado de ocultárselo, había oído hablar a los mayores. El jefe de la tribu vecina había sido asesinado. El suyo no había tenido más remedio que aceptar las condiciones de los blancos para no ser masacrados también.
Estos habían llegado una mañana, armados hasta los dientes, pero exigiéndoles a ellos que no llevasen armas y que el encuentro “fuese pacifico”. “Pacíficamente” les habían sugerido que recogieran sus cosas y los siguieran. A Aashka le resultaba curioso con cuanta facilidad hablaban los blancos de paz y entendimientos mientras los apuntaban con la bayoneta y se manchaban las manos con la sangre de sus hermanos muertos. A ella siempre le habían parecido cosas incompatibles, pero en las bocas y los corazones de los extranjeros parecían mezclarse y significar lo mismo mientras parloteaban en esa lengua que no entendía y que le producía escalofríos.
Les llevaban a una reserva, decían. Aashka no sabia que era eso exactamente, pero no sonaba a nada bueno. Se imaginaba como iba a ser su vida a partir de ahora. Expulsados de sus casas, de sus tierras, de los bosques donde habían nacido y que ellos amaban, deambulando de un sitio para otro, encerrados en lugares recónditos y extraños, bien apartados de los blancos y sus familias, a los cuales les parecia dar asco solo mirarlos. Pero a pesar de todo habían reservado unos cuantos sitios en su tierra para ellos. Cuanta amabilidad.
-Deberíamos luchar- dijo Aashka.
- Lo que debemos es confiar en los espíritus, Aashka. Somos un pueblo pacifico, no derramamos la sangre de los demás.
-¡Pero esta es nuestra tierra!
-La tierra no es de nadie. Ni nuestra ni suya. La diferencia entre nosotros y ellos es que nosotros lo sabemos y ellos no. No lo olvides.
“No lo olvides”. Esa era la frase favorita de su madre. Sin embargo era ella la que parecia olvidar lo que les estaban haciendo. Ahora todos temblaban cuando oían los cascos de los caballos, temiendo que fueran los blancos, los niños no podían salir a los bosques solos a jugar, y vivían cada día temiendo que el siguiente fuera el último. Aashka solo quería ser feliz y vivir sin preocupaciones, como lo había hecho cuando era muy pequeña, antes de que ellos llegasen. Eso lo recordaba muy bien.

- Les odio.
Aashka y su madre estaban una al lado de la otra, intentando dormir en las tiendas provisionales que habían desplegado para pasar la noche, y que compartían con otras mujeres.
- Entonces eres igual que ellos.- le contestó su madre tranquilamente.
- ¿Por qué? Ellos nos odian solo por que somos diferentes. Yo les odio por lo que nos hacen. El mío esta justificado.
-¿Qué importan las razones? El odio siempre es odio. Nunca es bueno, bajo ninguna circunstancia. Si piensas asi, estas pensando como los blancos.
-Bueno, quizás sea mejor asi. Ellos viven mientras nosotros morimos.
Su madre se dio la vuelta bajo la manta, dándole la espalda.
-No morimos Aashka. No moriremos nunca. Aunque el mundo nos olvide, las montañas nos recordaran siempre por que nuestros espíritus están atados a ellas. Aunque ya no pisemos la tierra, nuestras almas volarán para siempre. Como águilas.
-Eso no es más que un cuento de viejas-contestó Aashka. Le enfadaba que su madre le hablase así. Ningún extranjero la respetaría si la oyera hablar de ese modo, justo como se esperaba que lo hiciera una “india loca”.
Su madre no le contestó, y eso la enfureció aún más. Su odio no la ayudaba a dormir tranquila, y sin embargo su madre vivía en paz con sus historias sobre espíritus. Se preguntó si no seria eso la prueba de que su madre tenía razón.
Se dio la vuelta tratando de dormir. Ya seguiría pensándolo mañana. Cerró los ojos. Fuera empezó a nevar.

El día amaneció plomizo, más frío que de costumbre, como preludio de lo iba a suceder. Aashka y su madre recogían sus escasas pertenencias, preparándose para la partida. Desde su posición vieron como los hombres blancos se acercaban y le daban instrucciones a uno de los suyos.
-¿Qué pasa?- preguntó la madre de Aashka cuando el joven pasó por su lado.
-Quieren que reunamos a todos los guerreros. Dicen que antes de continuar el camino tiene que desarmarnos.
- Pero si no tenemos armas.
El joven se encogió de hombros, aunque tenía un aspecto preocupado, y continuo llamando a los demás. De las tiendas comenzaron a salir los hombres, y finalmente aparecieron el Gran Jefe y el Chamán, que escucharon con atención al muchacho. Cuando este terminó su relato, el chaman comenzó un cántico.
-¿Que pasa?- Preguntó Aashka a su madre, que observaba la situación con una mirada sombría y preocupada.
- No es nada- contestó esta ausente.
En ese momento, los hombres blancos irrumpieron en el poblado. Apartaron a la madre de Aashka con un empujón y entraron la tienda. Después de revolver sus escasas pertenencias salieron, su rostro frío y su mirada cruel. Repitieron la misma operación en todas las tiendas, hasta finalmente un soldado salió de una de ellas con un fusil. Al parecer uno de los jóvenes se había hecho con uno. Aashka se abrazó a su madre.
El jefe y el joven guerrero propietario del fusil se reunieron con el jefe de los blancos y el resto de los soldados. Aashka podía oír a duras penas lo que decían. Estaban discutiendo. El guerrero quería quedarse con el fusil, ya que había pagado un precio muy alto por él. El Gran Jefe insistió en que no iban a utilizarlo, ya habían aceptado la rendición, pero el soldado blanco no les escuchó. El guerrero y él forcejearon.
Todo sucedió en un segundo. Un segundo que marcó su condena. El joven guerrero se hizo con el fusil. Disparó al aire. Aashka escucho como el disparo resonaba en el silencio del valle. Lo siguiente que escucho fue el sonido más espantoso que nunca oiría en la vida.
De pronto a su alrededor se desató el infierno. Los soldados blancos no dispararon al aire. Las balas llegaban por todos lados, zumbaban en todas direcciones. La gente, su gente, se desplomaban tiñendo la nieve de sangre.
Su madre la agarró del brazo y hecho a correr. Sin saber como, mientras sus compañeros caían a su alrededor y los niños lloraban, consiguieron atravesar el campo, hasta llegar justo enfrente de sus enemigos. Las maquinas de guerra rugían ante ellas, escupiendo fuego. Aashka se freno atemorizada. Su madre la agarró de la mano.
-Pase lo que pase no te pares- le dijo. Recuerda siempre a tu pueblo y sus enseñanzas. Y recuerda siempre que te quiero.
Le apretó la mano por última vez. Aashka lo entendió, y reuniendo todo su valor hecho a correr con los ojos cerrados.
Las balas silbaban al pasar junto a a sus oídos. Una pasó muy cerca de ella. Aashka oyó el golpe sordo en la nieve, y comprendió lo que acababa de pasar, pero siguió corriendo mientras los ojos comenzaban a arderle bajo los parpados. Corrió dejando atrás el sonido de las balas. Corrió dejando atrás a los hombres que le habían robado su vida. Corrió dejando atrás las caras familiares que la habían acompañado siempre. Corrió dejando atrás el cuerpo de su madre. Volvió a oír de nuevo en el cielo el grito del águila. Y entonces abrió los ojos.
---------

Ahora estaba allí, de espaldas sobre la nieve, contemplando el vuelo del águila en el cielo, recordando las últimas palabras de su madre, su pueblo, sus enseñanzas y todas las cosas que pertenecían a la infancia que acababa de abandonar. Sabía que debía levantarse y continuar. Ya no era Aashka. Ahora era igual que el águila. A partir de ese momento tendría que volar sola y atravesar ese cielo inmenso que era la llanura que tenia ante ella, y que iba a ser el resto de su vida. Ya no tendría a su madre para sujetarla si se caía, pero lo que ella le había enseñado la ayudaría a levantarse.
“Nunca olvides”, le había dicho, y Aashka se puso en pie, decidida a no olvidar nunca, a no dejar morir a su pueblo, al menos mientras le quedara aliento. No sabía si llegaría viva al final del valle, ni sabía a donde iría después si lo conseguía, pero ahora al menos tenía una meta, y debía de intentar alcanzarla mientras tuviera vida. Tenía que llevar a todos los gritos de sus gentes, lo ocurrido ese día, las voces de su pueblo.
El águila seguía volando encima del valle, manchado para siempre con la sangre de sus semejantes, la misma que le corría a ella por las venas, y que era tan roja como la de los hombres que los habían asesinado. Las almas de su gente era el viento que empujaba sus alas, que la llevaba hacia delante. Se juró algo a si misma:
“Un día gritaré, tan fuerte que ni las metralletas podrán silenciarme, volaré tan alto que ni las balas podrán alcanzarme, para que el mundo nunca olvide quien habitó primero estas tierras, quien seguirá habitando aquí. Porque aunque nuestros cuerpos no pisen ya la montaña, nuestros espíritus volaran como águilas en este cielo para siempre”.
HISTORIA 3:
Spoiler: Mostrar
Canción de cuna para dos almas

Resulta indescriptiblemente extraña esta sensación… No consigo ver nada y tampoco descifro en que lugar me encuentro, pero juraría que ya he estado aquí, sin haber estado, y me siento como en mi propio hogar. No percibo si soy capaz de realizar algún movimiento o gesto, pero presiento que es algo perfectamente normal. Sé que junto a mi no hay lo que se podría definir como “alguien”, pero juraría que Emma está conmigo.

- ¿Víctor? ¿Estás ahí? – Ni tan siquiera se trataba de un sonido, aquellas palabras surgían de la nada, como ecos de un sueño que no precisaban ser descritos. Ecos con resplandor a Emma…
- Sí cariño, estoy contigo. – Yo tampoco he notado haber separado mis labios para pronunciar esas palabras, simplemente, las pensé y se propagaron. Es una comunicación tan sentida como escuchar el corazón de Emma con los ojos cerrados.
- ¿Crees que logramos salir vivos del accidente?
- Mucho me temo que no y creo que por eso mismo estamos aquí. – llevaba un buen rato tratando de convencerme de esa idea, y creo que es la que mejor explicaría nuestra situación actual. Así que mejor ser sinceros con nosotros mismos y aceptarlo.
- Tengo miedo Víctor… ¿Dónde estamos y qué hacemos aquí?

Continuo con ese extraño sentimiento de sentirme cómodo en este sitio, pero todavía no sé a ciencia cierta por qué… Sin embargo es posible que sea lo que estoy pensando y pese a que sea erróneo, lo compartiré con ella, así al menos es posible que la tranquilice.

- Vamos a volver a nacer, pequeña… diría que estamos en el seno materno de la que será nuestra nueva familia.
- ¿En serio? Sería precioso… - con esa última frase suya diría que he conseguido calmarla. Es muy posible que no tenga razón. Igual estamos en alguna especie de limbo y nosotros somos fantasmas en pena que vagamos por ninguna parte… pero por el momento Emma no precisa saberlo.
Siempre he tratado de protegerla aunque ello conllevara algún riesgo. Emma era la clase de chica insegura por naturaleza, no lo mostraba ante los demás… pero yo podía oír el “te necesito” que transmitían sus ojos cuando nos acostábamos. Es posible que yo no fuera el tipo perfecto para ella… yo tampoco estaba muy seguro de las cosas… hasta que la conocí. Cuando lo hice, me prometí ser el que velara por los dos, quien controlara la situación y llevara a buen puerto… Me equivoqué muchas veces, pero al menos me tuvo allí cuando me necesitaba. Siempre he pensado que tanto en el amor como en la guerra, alguien debe tomar en parte las riendas. Si un soldado oye en plena batalla a su oficial decir algo como “No sé que hacer”, el batallón entero puede darse por perdido… pese a no saber la respuesta, hay que dar siempre paso a la esperanza cuando alguien depende de ti. Eso pienso yo…

- Si estamos en el mismo vientre de una misma mujer… ¿Eso quiere decir que seremos hermanos? – oigo preguntar a Emma… Algo en lo que no había pensado…
- Es posible… aunque eso descartaría mi emocionante teoría de que nos hayamos reencarnado en algún tipo de criatura bicéfala.
- ¡Qué imbécil eres Víctor! – al menos he percibido que sonreía, parece que se lo ha tomado con filosofía. - Pero… no podremos seguir amándonos como hasta ahora…
- No creo que nuestros nuevos padres nos lo permitan Emma. A eso se le llama incesto.
Emma no responde a mi “gracioso” comentario… Sí, la verdad es que ha sido un chiste pésimo y poco necesario para la situación que nos ocupa. Tiene razón… no volveremos a amarnos como hasta ahora. No podré contemplar su rostro oculto entre las sabanas que nos resguardaban del insolente sol que renace de un amanecer que anuncia que ya terminó una noche perfecta. Aunque el destino nos haya reservado este fin que no alcanzo a aceptar del todo, siento que tendré que fingir que me es suficiente, una vez más para protegerla…
- Pequeña… nos amaremos aún más. Creo que pronto comenzaremos a olvidar nuestro pasado para dar paso a una nueva vida. Una nueva vida en la que tú serás de nuevo lo más importante de ella… serás mi compañera desde el primer día… Si lo piensas bien, continuaremos teniendo casi todo lo que teníamos hasta ahora pero con un vínculo más fuerte si cabe. Nos querremos desde el día en que vayamos a nacer, te protegeré de todos los indeseables que traten de aprovecharse de mi hermanita, discutiremos por idioteces como “ese juguete es mío”… no es muy diferente al matrimonio que teníamos, ¿no? ¿Qué me dices?
Oigo sonreír a Emma de nuevo… Creo que pese a que yo no acepte mis propias palabras, me es suficiente si ella lo hace.
En parte, supongo que algo de razón llevo. De hecho parece un trato justo. ¿Cuántas personas habrán tenido la oportunidad de fallecer juntas y renacer en el mismo lugar para sopesar la situación de este modo? Supongo que hemos tenido mucha suerte dadas las circunstancias. Prefiero que sea así, a haber muerto solo y renacer en otro lugar solo teniendo que asumir las circunstancias, nuevamente, solo.

***

Han pasado ya unas semanas desde nuestro accidente. No hay duda de que estamos volviendo a nacer. Hemos oído voces en el exterior que hablan de ellos, y conforme pasan los días, presentimos que nuestros cuerpos van tomando forma. Consecuentemente, también hemos comenzado a olvidar… Era de esperar por otra parte, no sería lógico que un niño llegara a una nueva vida con recuerdos de otra pasada. Si hay algo que caracteriza a los recién nacidos, son sus almas puras, inocentes… no sería justo empezar de nuevo con tantos recuerdos presentes. Apenas recuerdo ya quien fui… no recuerdo quienes fueron mis padres, que estudios cursé o en que podía estar trabajando. Pero procuro tener intactos todos y cada uno de los recuerdos que tengo con Emma… no quiero perderlos, pero dado que parece inevitable, al menos me gustaría aferrarme a ellos lo máximo posible.


- Señor y señora Corbett. Por favor, siéntense. – Se oye con claridad una voz del exterior, parece que nuestros nuevos padres han ido a visitar a su médico. – Tengo que darles una mala noticia… Uno de sus pequeños no está asimilando correctamente la fase de gestación. Lo siento.
- ¿Qué quiere decir? – la nueva voz parece ser la del hombre que nos ha traído al mundo.
- Uno de los fetos no ha desarrollado todavía los brazos y las piernas y a estas alturas es imposible que lo haga.

No puede ser cierto… no puede estar pasando. Justo cuando creía que…

- Víctor… ¿Qué va a pasar ahora? – percibo a Emma más preocupada que el día que llegamos aquí.
- Nada cariño, todo va a salir bien. – Al menos para ella, soy yo el que aún no ha desarrollado esos miembros…
Nuestros nuevos padres están desconsolados. No aceptan lo que está pasando. Siguen discutiendo con el médico, y tras una larga charla parece que sus pesares solo tienen dos salidas. Quedarse conmigo tal y como salga, o deshacerse de mi ahora que aún están a tiempo.

- Existe un fármaco, capaz de detener el proceso de gestación. El bebe que sufre estas anomalías no llegaría a nacer, y el otro no sufrirá ninguna consecuencia adversa. Pero siento comunicarles que deben pensárselo rápido. Existe un plazo máximo para administrar este fármaco y no queda mucho tiempo.

Nuestros padres ya han tomado una decisión. No van a tenerme… no les culpo. Cuidar de un niño con tantas limitaciones debe ser horrible, y supongo que también lo habrán hecho pensando en mi… sinceramente, por mucho que quiera a Emma y por mucho que ella me quiera a mi, no sé si podría tirar adelante día a día una vida tan desafortunada.

***

Estamos en nuevamente en la consulta, parece que van a dar el paso. En unos minutos ya no estaré aquí.

- Víctor… Te quiero… - Emma está desconsolada. Ya no puedo ni podré protegerla. Solo me queda animarla por última vez.
- No te preocupes pequeña… Todo va a ir bien. No seremos hermanos como habíamos previsto…
- Pero Víctor, yo no puedo…
- Escúchame Emma, es lo más conveniente y tú lo sabes.
- ¿Por qué tenía que ocurrirnos a nosotros? ¡Íbamos a ser felices! No es justo…
- Créeme pequeña. Se nos ha brindado uno de los mayores regalos posibles con todo esto aunque el final no sea perfecto. No creo que nadie haya podido tener tanta suerte como nosotros. Hemos vivido media vida juntos y la hemos acabado igual. Nos hemos reunido los dos aquí por azar después de ello y hemos tenido aún más tiempo del que les otorga al resto de los humanos.
- ¡Siempre tienes algo positivo que decir en los peores momentos! ¿Qué tiene este momento de maravilloso? ¿Dímelo? ¿Qué pueden envidiar los demás de esta situación? ¿Qué sacamos con ello?
- Te juro amor mío que cualquiera daría el resto de sus reencarnaciones por tener lo que nosotros somos capaces de tener ahora. Podemos tener una despedida…
Emma sigue llorando, pero no dice nada, sabe que tengo razón. Ante la muerte todo el mundo maldice no poder haber dicho una última frase, transmitido un sentimiento… Nosotros hemos tenido semanas para hacerlo.

-Víctor… no quiero perderte…
- No vas a perderme preciosa, no voy a permitirlo. Volveré a nacer y te encontraré. Retomaremos nuestra vida donde la dejamos. Si el destino nos ha vuelto a unir aquí y en nuestra vida pasada, también lo hará en la próxima.

Parece que el proceso empieza a hacer efecto. No siento dolor, a penas sentía en sí mi cuerpo. Sencillamente, se me hace extraño, como abandonar un puerto al que se lleva meses anclado.

- Te quiero Víctor.
- Te quiero Emma. Hasta pronto.

Nuevamente la incertidumbre, no tengo muy claro que pasará a continuación. ¿Volveré a nacer? ¿Vendrá alguien a recogerme y llevarme a alguna parte? Ahora no lo tengo nada claro, sinceramente… pero no voy a preocuparme por ello. No tengo el por qué tratar de dar respuestas en este momento, Emma ya está tranquila en el lugar que le corresponde. Ahora es hora de relajarse y dejarse llevar… sin mayor preocupación que la siguiente: Aferrarme a su recuerdo… eternamente.
HISTORIA 4:
Spoiler: Mostrar
LAS ALAS DE LA VICTORIA

Soplaba un viento terrible en aquella llanura alejada de todo cuanto era civilizado. El centurión Flavio Mauricio Aventino suspiró mientras recordaba que la mayoría de habitantes del Imperio apenas podían sospechar que no había hombres suficientes para guardar las fronteras de Roma.
Corría el año del Señor de 458 en el cristianizado Imperio Romano, y pocos de los integrantes de la XVII Legión Dalmatica podían presumir de pertenecer a familias de pura estirpe romana como Flavio. Aún así, hijos de esclavos libertos, de mercenarios asimilados o de pueblos largamente sometidos, eran leales al Imperio, y lucharían con denuedo para conseguir un retazo del esplendor y la gloria que Roma reservaba a sus hijos predilectos. Si es que quedaba alguna.
Recorrió con la mirada el improvisado campamento que los hombres habían plantado en la llanura, y se detuvo en uno de los fuegos que empezaban a apagarse con las primeras luces del alba. Las voces cantaban en lenguas bárbaras, desconocidas para su oído de antiguo romano. Distinguió el griego mucho más allá, lo cual era insólito desde la división del Imperio, pero tampoco le sorprendió demasiado. Los desheredados de la rutilante Constantinopla se sentían maravillosamente en aquella cloaca en que se estaba convirtiendo el Imperio Occidental.
El amanecer teñía de un rojo peculiar el horizonte en aquella llanura perdida, a unas cincuenta leguas al noreste de las marismas de Aquilea. La XVII Dalmatica vigilaba aquellos territorios fragmentada, dividida en tres cohortes flexibles que no tenían necesidad de unirse salvo si la Legión era movilizada al completo para cambiar de destino. Al este del campamento, al otro lado de una extensa alameda, se vislumbraban los hilillos de humo del campamento de la Segunda Cohorte. De la Tercera hacía dos días que no tenían noticias, pero según el General Lupercio, eso era porque se habían adelantado, buscando noticias del enemigo que acosaba a los asentamientos de la región.

El viento cambió, casi imperceptiblemente, y los pabellones y banderolas de las tiendas empezaron a ondear en dirección contraria. La brisa soplaba desde los lejanos Alpes, llevando un aire más frío y seco a la costa del Adriático. Un cambio que en otros tiempos podría haber significado un mal presagio. Pero no cabían presagios, pensó Flavio, cuando se hablaba del Imperio de la Cristiandad, el mismo cuya ruina había evitado el propio Papa, hacía años, deteniendo las ansias de saqueo del mismísimo Azote: Atila. Mientras los defensores del Imperio no perdieran su fe, éste estaría bajo la protección del Señor.
Flavio sintió la vibración antes siquiera de oír el ruido. Un murmullo acompasado, sordo, que agitaba el suelo que los hombres pisaban. Desde el Sol naciente, una débil nube de polvo aumentaba por momentos. El centurión, inquieto, miró a los vigías, pero no vio en su puesto a ninguno. No era de extrañar, pero, ¿por qué no podía hacer otra cosa que maldecirles?

La primera flecha, casi sin fuerza, se clavó justo al lado de donde un legionario galo hacía sus necesidades. Éste, medio dormido aún, arrancó el proyectil y se quedó mirándolo, como si no pudiera imaginar de dónde había venido. Instantes después, una segunda flecha se clavó en la grupa del caballo de uno de los mensajeros de la Legión. El animal se encabritó, y ése fue el primer signo de alarma que nadie escuchó en el campamento. Para entonces, Flavio Aventino ya estaba totalmente preparado para el combate. Era el único del campamento que lo estaba.
La nube de polvo cubría ya todo el horizonte, y empezaban a distinguirse sus creadores: multitud de jinetes cetrinos, montados en pequeños caballos rápidos, que dejaban caer una lluvia de flechas sobre los confundidos romanos.
-¡Alanos, alanos! –Gritó alguien, mientras los mortíferos dardos empezaban a causar las primeras bajas. Flavio observó cómo muchos de los hombres se olvidaban de la coraza y empuñaban sus pila y sus escudos en paños menores, conscientes de que contra las flechas, la enorme defensa rectangular era más eficaz. Flavio localizó a buena parte de su centuria, veteranos curtidos, muchos bastante más viejos que él, razonablemente bien preparados, y llamó su atención con calma, haciendo valer su legendaria disciplina. Los jinetes bárbaros seguían disparando desde sus rápidos caballos, haciendo estragos conforme se precisaba su puntería. Al menos treinta romanos yacían ya muertos, y la lluvia de flechas no había hecho más que empezar.
-¡Vamos, vamos, al bosque! –Flavio no quiso ni esperar al resto de los hombres, ni al general. Un terrible deseo de supervivencia se apoderó de él al ver caer a uno de los centuriones traspasado casi simultáneamente por tres flechas. Casi instintivamente, el propio Flavio dejó caer su yelmo empenachado, y agachó la cabeza, guiando a sus hombres a plena luz matinal. La Primera Cohorte, ya al mando de su General, se rehacía a sus espaldas, y una descarga de flechas y jabalinas respondió a la vanguardia bárbara. Algunos jinetes rodaron al suelo, mientras que otros volvieron grupas para acosar desde lejos con sus más eficaces arcos. Algunos ingenieros ya habían instalado un par de escorpiones, y las máquinas de guerra empezaron a causar daños, aunque escasos, en la vasta horda de jinetes. Flavio decidió detener a su columna y esperar acontecimientos. En el peor de los casos, si el flanco derecho se desmoronaba, confiaba en llegar al bosque, donde los jinetes perderían su ventaja, y contactar con la Segunda Cohorte.

Los alanos repitieron sus ataques hasta cuatro veces. Con una gran agilidad, los arqueros se acercaban, causaban todo el daño que podían, y se retiraban antes de quedar al alcance de los legionarios. Las bajas en la Primera Cohorte eran ya numerosas, casi un par de centenares, y la situación no tenía aspecto de mejorar. Flavio se preguntó por qué la Segunda no venía en su auxilio, pero supuso que era por la animadversión que se tenían los oficiales de ambas, y el odio que todos los centuriones, incluido él mismo, profesaban al torpe y abotargado General Lupercio.

Era mediodía, y la situación cambió. Los bárbaros habían formado una línea apretada fuera del alcance, y parecían inquietos, tensos. Los legionarios se tomaban un corto respiro, retirando a sus bajas. El General, en ese momento, tomó una extraña decisión. Envió al portador de la Insignia de la XVII Legión, una dama alada que representaba a la victoria, probablemente la Diosa antigua que llevaba aquel nombre. Vio como el portador, cubierto con su piel de lobo, cabalgaba por detrás de las filas hacia el bosque, en busca de la seguridad de la Segunda Cohorte. Moviendo la cabeza, Flavio pensó que eso era justo lo que necesitaba la frágil moral de las tropas, perder la confianza de su General y la identidad de su Insignia.
Un ruido repentino hizo que el centurión volviera a mirar al frente. El retumbo de los cascos del enemigo se hacía más y más intenso, mientras los alanos se acercaban a gran velocidad. Ahora no sólo atacaban los arqueros, sino que les acompañaban más jinetes, mejor protegidos y armados con afiladas espadas curvas. Algunos legionarios dejaban ver la preocupación en sus rostros, pero ocuparon sus posiciones con obstinada disciplina. Los soldados de Roma no huían, eso era propio de los pueblos sometidos.
La furiosa carga de los alanos se aproximaba, y los veloces arqueros se dispersaron mientras disparaban, rodeando el flanco izquierdo, descubierto, de la Primera Cohorte. Entretanto, los legionarios empezaron a responder tímidamente con arcos y jabalinas, y con las escasas máquinas de guerra. Los jinetes, sin embargo, estaban demasiado dispersos. Ante la impotencia de la defensa, Flavio ordenó a sus hombres mantener la posición. Hacía dos horas que el centurión sabía que perderían la batalla.

La carga reventó la línea de los legionarios. Los jinetes alanos, enloquecidos, irrumpieron como una escorrentía asestando sablazos a los soldados romanos. Sus ágiles monturas atravesaban las filas sin casi oposición, masacrando a la vulnerable infantería. Algunos legionarios consiguieron derribar a sus enemigos a lanzazos, pero no era suficiente. El desánimo cundió, y todo se convirtió en una amarga lucha por la supervivencia. Algunos legionarios corrían, arrojando sus armas, para acto seguido caer abatidos como perros por una flecha o un sablazo. La centuria de Flavio, protegida por la cercanía del bosque, aguantaba. Los legionarios habían dispuesto una ingeniosa defensa apoyados en sus grandes escudos, y los alanos no podían entrar con fuerza en la línea. Rechazaron tres cargas, hasta que vieron lo que se les venía encima.
Animados por el éxito de sus jinetes, varios centenares de alanos corrían a pie a rematar los focos de resistencia romanos. La centuria de Flavio, apenas cincuenta hombres, se apresuró a afrontar el nuevo peligro mientras unos cuantos legionarios desesperados se les unían. Los alanos atacaron sin orden, cayendo en la férrea defensa romana. Maniobrando hábilmente, los legionarios rodearon a la vanguardia enemiga, evitando el ímpetu de su ataque, y cayeron contra sus flancos, destrozándolos. Pusieron en fuga a los desorganizados bárbaros con facilidad, pero entonces, eso dio tiempo a Flavio a observar la situación general: los romanos estaban destrozados. Por todo el campamento, los jinetes bárbaros acosaban a legionarios que huían, o asaeteaban a los que permanecían en sus puestos, sin mostrar ninguna clemencia. Cuando un centurión u otro oficial prominente caían, el jinete desmontaba y comenzaba a desvalijarlos. Era ya un espectáculo de muerte y rapiña sin solución. Conteniendo la ira, Flavio impartió escuetas órdenes y los cincuenta hombres empezaron a moverse prestos, acercándose al bosque sin precipitación.

Dos horas más tarde, unos nubarrones negros cubrían el cielo. Se habían formado casi de repente, y amenazaban con algo más que la leve llovizna que empezaba a caer. Bajo el dosel de los árboles, Flavio y seis o siete legionarios más se tomaban un respiro. El bosque no había resultado lo suficientemente denso como para que los hábiles jinetes alanos no les persiguieran, y eso llevaban haciendo un buen rato. El grupo de Flavio era el más numeroso de los que quedaban vivos, y trataban desesperadamente de atravesar la barrera de árboles, aunque no tenían muchas esperanzas de sobrevivir si salían a campo abierto.
Decidieron esperar algo más, rechazando a los enemigos que encontrasen, hasta que lloviese mucho más, lo que enfangaría el terreno circundante y dificultaría la persecución a los jinetes. La lluvia ocultaría mejor su huida que la misma noche, si conseguían aguantar hasta que se desatase la tormenta.
Un ruido interrumpió su discusión, y vieron cómo tres jinetes fuertemente armados se acercaban entre los árboles. Flavio dio órdenes rápidas y se adelantó con dos hombres más. Él y uno de los legionarios consiguieron lo que se proponían, destripar a los caballos fintando a su paso, pero el otro soldado fue arrollado por la bestia. Los dos jinetes derribados se incorporaron, mientras el tercero daba la vuelta. Flavio saltó sobre el enemigo que tenía más cerca y observó por el rabillo del ojo que su acompañante y el otro jinete ya rodaban por el suelo acuchillándose en corto. El centurión esquivó el largo sable de su enemigo, y cogiéndole por la muñeca, dio un tirón para clavarle su gladius en las costillas. Acto seguido, observó como tres de sus hombres habían conseguido abatir al otro jinete, a costa de que uno de ellos fuera pisoteado por el caballo. Apenas habían tenido tiempo de celebrar su éxito parcial, cuando una ráfaga de flechas que provenía de más atrás abatió a dos de los soldados. Uno de ellos, con la flecha clavada en el muslo, empezó a gritar de dolor en un idioma desconocido para Flavio. Luego, el otro legionario superviviente y él, sin siquiera intercambiar una mirada, echaron a correr hacia la espesura, acompañados por los alaridos del soldado herido, que segundos más tarde cesaron de repente.
Flavio y su acompañante, el legionario griego que había oído cantar por la mañana, llegaron cuando la lluvia empezaba a arreciar al límite de los árboles, donde se suponía que tenía que estar el campamento de la Segunda Cohorte. Ambos hubieran mentido si hubieran dicho que no esperaban aquello. No quedaba una sola tienda en pie, y los cadáveres de los valientes legionarios formaban pilas en varios lugares. Algunos de los montones ya habían sido incinerados antes de que empezase a llover, mientras que otros, en su mayoría decapitados, esperaban el fin de la tormenta. Muchos de los alanos bromeaban sosteniendo en sus manos las cabezas de sus derrotados enemigos, comparando Dios sabía qué. Algunos de los guerreros llevaban colgando de sus cinturones las calaveras de pasados enfrentamientos victoriosos. Flavio no pudo por menos que imaginar su cráneo adornando el cinturón de uno de aquellos bárbaros, hasta que el de otro soldado más joven, quizá uno de sus hijos, ocupase su lugar.
El griego le golpeó con el codo, señalando. Al principio le pareció que el bárbaro que le mostraba jugaba con una banderola. Luego se fijó en que llevaba, clavada en una lanza, la cabeza del portador de la insignia, con su piel de lobo aún colgada. A Flavio no le costó descubrir, un poco más lejos, al ufano saqueador de la dorada efigie de la XVII Legión, alzándola despreocupado sobre su cabeza. De repente, se sintió muy cansado, recordando todo lo que aquella diosa alada significaba.
-Espérame cincuenta pasos dentro del bosque, en aquella dirección. –Señaló a su acompañante. Éste trató de resistirse a cumplir la orden, sabiendo lo que significaba, pero Flavio le recordó lo que se hacía con los desobedientes. Luego, ambos caminaron hacia sus respectivos destinos.

Los alanos no supieron ni quién les atacaba. Dos cayeron muertos antes de gritar. Luego, sin esperar nada más, el centurión cayó sobre el saqueador de la insignia y trabó sus piernas para hacerle caer. En posición ventajosa, se arrodilló sobre él y le apuñaló tres veces con su espada. Tomó el trofeo y salió corriendo hacia el bosque, con flechas inútiles clavándose a sus espaldas en el suelo, entorpecidas por la lluvia que caía a mares.
Jadeando, llegó al punto de encuentro donde esperaba el angustiado legionario.
-Fuerza y honor, legionario. –El otro le miró sin comprender. –Así se saludaban los nuestros hace mucho tiempo. Eran las virtudes de la milicia. –Flavio tosió, obligándose a tomar aire. Le dolían los brazos y las piernas, pero no soltaba la espada ensangrentada. –Hemos perdido la fuerza, pero jamás toleraremos que nos arrebaten el honor. –Flavio tendió la insignia al soldado. –Si corres lo suficiente hacia el sur, no te alcanzarán con este temporal.
El soldado miró la estatuilla. -¿Qué se supone que debo decir, Niké, como en la leyenda de Filípides?
-Nada. –Contestó el oficial, volviéndose hacia los gritos que venían en su dirección. –Ella hablará por ti.
El griego partió, perdiéndose entre los árboles, y Flavio Mauricio Aventino elevó una plegaria por su mujer y sus hijos, antes de hacer lo que un soldado de Roma debía hacer.
Derramar su sangre por ella.
Avatar de Usuario
kid
Teniente Comandante
Teniente Comandante
Mensajes: 2334
Registrado: Sab Mar 25, 2006 12:40 am
Género:

Mensaje por kid »

HISTORIA 5:
Spoiler: Mostrar
ENCARCELADA

Dani lloraba y lloraba en los brazos de su madre. Era un bebé diminuto, pequeño, frágil, de unos tres meses. Su carita normalmente sonriente se veía ahora roja y desfigurada por una confusa masa de lágrimas saladas que resbalaban de sus ojos entrecerrados hasta su boca sonrosada y sin dientes. Sus piececitos se movían arriba y abajo en un incesante pataleo al igual que sus delicados bracitos, y la manera brusca en que se agitaba de un lado a otro amenazaba con hacerle caer de los brazos de su madre.
Mía, agotada del día de trabajo y discusiones que había tenido, caminaba de un lado a otro intentando controlar sus ya muy desgastados nervios. Mientras susurraba quedamente palabras cariñosas y canturreaba una cancioncilla su mente le pedía a gritos que le gritara algo a esa fuente de molesto escándalo. Su cuerpo exigía descansar, comer, olvidar a ese bebé que no le estaba trayendo más que un molesto dolor de cabeza. Pero era su hijo, y si lloraba ella tenía que atenderlo.
De pared a pared, de pie a pie, dando vueltas, hablando, tarareando, acunando. La constante actividad la sacaba cada vez más de quicio y el niño no se callaba: por el contrario, sus berridos aumentaban de volumen y sus sacudidas se hacían más intensas. La paciencia de Mía desaparecía rápidamente, su nivel de histerismo crecía a cada chillido de Dani. Y sin embargo todo le llegaba a distancia, veía su propio cuerpo debajo de ella. Su mente se refugiaba en un distanciamiento para no perder el control.
Diez minutos se sucedieron más lentos que nunca, cada segundo le resonaba en la cabeza como una gota de agua en la frente, cayendo con enfermiza monotonía sobre ella… Tic… Tac… Y con cada movimiento de la aguja del reloj un nuevo grito, una nueva lágrima de su bebé… Y ella sin saber qué pasaba, qué hacer, qué decir. No sabía porqué lloraba ni qué quería. Si le pasaba algo serio o simplemente era aburrimiento, cansancio, un catarro.
Desesperación. Furia. Pánico.
- ¡Cállate!- gritó furiosa.- ¡Cállate, cállate, cállate!
Lo zarandeó y, sin saber cómo, se encontró arrojándolo contra la dura cama de sábanas verdes.
Casi pudo ver a cámara lenta la trayectoria del pequeño cuerpo mientras su espalda se curvaba un poco en el aire, su momentánea parálisis y quietud provocadas por el susto, el movimiento de la ropa… El grito mudo que acudió a sus labios al darse cuenta de que lo había lanzado, el ruido del aire al atravesar el ahora tenso silencio de la habitación… Y finalmente el golpe. Un sonido extraño acompañado de una especie de suspiro estremecedor e imperceptible, un suspiro más intuido que escuchado.
El mundo de Mía se rompió como una cúpula de cristal, estallando en cientos de pedacitos brillantes que trazaban su camino entre el cielo y la tierra, entre el nerviosismo y la paz, entre la felicidad y la agonía.
Empezó a temblar de pies a cabeza… Su mano trémula se alzó en el aire como acariciando un invisible halo de esperanza. Se acercó lentamente hacia la cama, se agachó y posó los dedos sobre la carita ahora inerte… Estaba caliente, quizás por última vez. Acarició la manito de dedos entrecerrados, los pies, la pelusilla castaña de la cabeza. Sus ojos lloraron sin que ella lo notara, se sintió… vacía.
Estaba muerto.
Algo la desgarró por dentro cuando levantó al bebé, a su hijo, de la cama. No sabía si llamar al médico, a la policía, a su marido. Era todo tan sumamente confuso… Cualquier cosa que pudiera hacer ella no serviría para nada, no tendría importancia. Se sentía vacía como nunca. Ya no era Mía, no la Mía de cinco minutos atrás. Ahora era la sombra de sí misma, una obra inconclusa, una madre sin hijo… Nunca se había dado cuenta de hasta qué punto su identidad como madre la había reafirmado en esos meses.
Era una asesina. Lo había asesinado. Ella… Contra la cama… Lanzándolo como si fuera un peluche o una pelota. Por imprudente y por estúpida y por necia y por impaciente. El llanto que tanto la había desesperado era lo único que deseaba oír en ese instante. El frío atenazaba el diminuto cuerpo poco a poco, envolviendo al mismo tiempo a Mía, encerrándola en una jaula de hielo de la que tardaría mucho en salir.
¿Qué le diría a Martín cuando llegara? ¿Cómo iba a explicarle que acababa de matar a Dani, lo más importante que los dos habían creado juntos?
Apretó al bebé contra su pecho segura de que no serviría de nada, pero encontrando consuelo en el contacto. Sólo temía el sonido de la puerta, abandonar la habitación y afrontar la realidad de lo que acababa de hacer. Las consecuencias de haberse salido de sus casillas y haberle arrebatado la vida a su hijo, la vida que ella le había dado; de haber borrado su sonrisa inocente y sus ojos ingenuos antes de dejarles descubrir el mundo que tenía a su alrededor.
Sufrir era todo lo que se le ocurría hacer ahora. No podía pensar con claridad. Matarse fue el primer deseo que la alcanzó con cierta lucidez, pero no la satisfacía: le debía una explicación a todos. A las otras madres jóvenes como ella, para que no hicieran lo mismo. Que supieran que había al menos una que se había desesperado más, que había aguantado menos, que se había rendido antes. Deseaba alentar a todas a que siguieran adelante, que no cometieran el error que ella acababa de cometer. Que no apagaran la luz más brillante por un mal día.
De pronto se oyó una llave girando en la cerradura.
Mía tuvo miedo. Un miedo cerval y horrible que ocupó casi por completo el hasta entonces vacío espacio que Dani había dejado atrás.


Tres meses. Tres largos meses de penurias insuperables. Mía recordaba el día en el que su vida había cambiado bruscamente como si lo viera cada mañana en una cinta de vídeo. Cómo Martín había cortado la relación no por ira, sino porque no podía formar una nueva familia con ella sin recordar al pequeño Dani, cómo el juez la había declarado inocente a pesar de todo dejándola con la sensación de no haber pagado su crimen.
Mañana era el día de volver al trabajo. No más baja por depresión.
Mañana… ¿Y si mañana no llegara?
Sentada donde estaba, en el alféizar de la ventana de su piso, Mía miró los grandes rascacielos que se erguían frente a ella. Ataviada con una vieja camiseta y unos sucios shorts, con la melena negra suelta y enmarañada, se sentía más sucia que nunca.
Buscó a su alrededor con la mirada. Había medios, muchos medios… Saltar hacia el vacío, utilizar una cuchilla, colgarse… Ninguno le parecía lo bastante discreto y doloroso, ninguno era castigo suficiente.
Sus ojos de mirada apagada se detuvieron en la pequeña caja de somníferos que había sobre la mesilla de noche. Sí… Era la mejor manera: silenciosa, lenta, sin necesidad de reunir ese valor y seguridad en sus decisiones que había perdido últimamente.
Un vaso de agua. Una pastilla. Otra. Y otra más. Varias pastillas más. Cada una le parecía una pequeña perla de salvación y esperanza, de felicidad. Mía se acostó en la cama y cerró los ojos, esperando su final… Su ansiada paz.


Oscuridad, confusión. En medio del vacío en el que estaba sólo se oía un llanto que ella conocía como nadie, más estremecedor y terrible que nunca. Cada una de las lágrimas que caían sobre ella como lluvia le quemaba la piel, matándola poco a poco. Mía gritó sin saber qué gritaba, como si nada saliera de su boca. Los ojos inocentes de Dani, entrecerrados y vacíos, aparecían y desaparecían en un incesante juego de luces. En el negro túnel parecían entrelazarse todos sus sentimientos de los últimos tiempos.
Moriría. Se acercaba el momento… Lo conseguiría, pagaría por lo que había hecho y así estaría feliz, en paz consigo misma. Las figuras se iban arremolinando en un amasijo extraño y de velocidad cada vez más frenética, amenazando con superar a sus sentidos. Todo se aglutinaba a su alrededor, aprisionándola, como cadenas tensándose y apretándose hasta llegar al punto máximo que casi la atravesaría para después romperse, dividirse en pequeñas astillas metálicas y desaparecer, dejándola libre para lo que fuera que viniera después de cruzar esa línea que despertó preguntas y respuestas en todos los seres humanos a lo largo de los tiempos, dejándola dispuesta a desentrañar el más grande de los interrogantes de la vida, o más bien de lo que venía tras ella. Más y más dolor, más y más calor, más y más sofoco. El final era ya casi tangible entre los lloriqueos, alaridos y formas. Extendió los dedos para tocarlo…


Abrió los ojos lentamente. ¿Estaría ya muerta? Por un segundo se sintió tranquila y alegre, segura de sí misma. Pero en cuanto identificó su entorno el pánico tiñó sus facciones.
Un hospital… No lo había conseguido. Sus sollozos descontrolados acompañados de gritos y temblores atrajeron a las enfermeras.


Dos semanas habían transcurrido desde el que probablemente había sido el último instante plenamente feliz de su vida. Arrellanada en el sofá, Mía intentaba tragar la primera pastilla una vez más. Tenía que hacerlo.
Se la metió en la boca y se llevó el vaso a los labios. Pero no pudo beber. Le faltaba arrojo para tentar a la muerte y pedirle que se adelantara. Para coquetear con el infierno con decisión y arrojo. Su ímpetu había muerto con esa pesadilla, quedando sustituido por una negra corriente de emociones que la aprisionaban más y más, pero sin llegar a darle el valor de intentar escapar por segunda vez.
Era como una concha vacía y embrutecida, condenada a aguantar el día a día como un animal embrutecido incapaz de emocionarse o ilusionarse con nada, sola, herida, enferma, consumida. Ni siquiera podía reir o llorar, hablar con la gente como una persona normal. Nada de lo que decía le parecía importante o digno de interés. El sol no le daba calor, las noches y los días eran todos iguales y monótonos, y la comida se había transformado en una simple costumbre. Se deslizaba de una actividad a otra por inercia, como una autómata entrenada para sobrevivir. No hacía nada que no fuera estrictamente necesario, no hablaba con sus amigos ni familiares, ya no trabajaba.
Salió a la calle para intentar despejarse, y entonces cayó en la cuenta: cada bebé, cada familia, era una tortura que revivía todo lo que sentía y hacía surgir un odio negro contra el mundo que la devoraba lentamente, escociendo en su sangre y en todo su ser. Incapaz de soportarlo, volvió a casa.
Junto con la puerta, cerró la entrada a toda esperanza. La sonrisa de Dani, que tanto la había iluminado, era ahora la oscuridad que la mantendría encarcelada toda su vida.
HISTORIA 6:
Spoiler: Mostrar
Miedo en Sheffield

No llegaban a ser ni las cuatro y media de la madrugada, en la ciudad de Sheffield. En un parque de un barrio obrero de la ciudad, cinco cuerpos, desangrados, acuchillados y mutilados, yacían en el suelo. Llamados por los vecinos - que despertados por el escándalo habían presenciado parte de la pelea -, coches patrulla, furgones blindados e incluso ambulancias, hicieron acto de presencia, para investigar y salvar respectivamente a unas víctimas, por las que ya nada se podía hacer.

Marcaban ya las cinco de la mañana y a todo el personal policial, y sanitario, había que añadir inspectores de policía y no pocos curiosos que se acercaban a observar. En dicho momento apareció en su coche personal, Bernard Harker, el inspector que llevaba el caso.

- Inspector Harker, le estábamos esperando – dijo uno de los policías presentes.
- Me han dicho que había cinco cuerpos, ¿habéis encontrado alguno más? – preguntó el inspector.
- Estamos rastreando toda la zona, no sólo el parque sino también las calles cercanas, pero de momento no hemos encontrado nada más.
- No creo que encontréis más cuerpos, pero seguid buscando, puede que alguna de sus victimas haya intentado huir y haya ido tras él.
- Le diré a los policías presentes que sigan buscando hasta que usted lo crea oportuno.
- Bien, por cierto, veo que el inspector Iwen ya está aquí, ¿hay algún inspector más? – preguntó el inspector Harker.
- Si, también llegó el inspector Mellor y estamos a la espera de que llegue el oficial del distrito – contesto el policía.
- De momento nada más, siga con lo que se le haya encomendado.
- ¡Si, señor!.

El inspector Harker, se acercó al inspector Iwen, que cerca de los cadáveres y en cuclillas los estaba examinando. Al ver acercarse al inspector Harker, Iwen se levantó:

- ¡Menuda la que ha liado!, esto va a estar mañana en las portadas de todos los periódicos – dijo el inspector Iwen.
- Si, luego hablaré con la prensa. No me gusta nada, la fama que está ganando este caso – respondió el inspector Harker con aire desanimado.
- Lo que le hace diferente, lo hace atractivo a la prensa, no puedes negar que sabe como llamar la atención.
- ¿Qué pruebas tenemos de que es él y no ningún imitador?.
- Pues, todos los cuerpos han sido heridos por arma blanca. Además, algunos cortes, parecen hechos con una espada corta, detalle que como ya sabes, estamos ocultando a la prensa. Por otro lado, están las víctimas, no sabemos de momento quienes son, pero estamos en ello, en cualquier caso, parecen unos “piezas” de cuidado. De momento todo encaja, más teniendo en cuenta que algunos testigos afirman que eran cinco contra uno y que ese uno parecía llevar una espada.
- Ya veo, ¿y a dónde se ha ido Mellor?, me han dicho que estaba por aquí.
- Está entretenido esclareciendo la escena del crimen, ya sabes, por donde llegaron las víctimas, hacia donde iban, por donde se acercó el asesino y por donde huyó.
- Bueno, pues mientras vuelve, vamos a ver que pruebas tenemos. ¿Habéis mandado ya pruebas de ADN a la sangre encontrada?.
- Si, no sólo la sangre, también hemos mandado a laboratorio tejidos, pelo..., en fin, un poco de todo, si encuentras algo más añádelo.

De esta forma continuó la madrugada para todos los presentes en dicho parque. Como todos estaban cansados, el inspector Harker propuso quedar ese mismo día a las diez de la noche en la comisaría de policía del distrito.

A las 10 de la noche, policías, oficiales e inspectores del distrito se reunían para hablar de un caso que estaba generando mucha polémica y a la vez estaba poniendo en entredicho la habilidad de la policía para encontrar al culpable. El inspector Harker, se encontraba delante de todos los presentes, explicando todo lo que se sabía con certeza sobre el caso:

- Nuestro hombre, parece ser un adulto de mediana edad, con gran habilidad con la espada. Como ya sabéis, suele llevar dos armas consigo: una espada larga y una corta. Se suele tapar la cara con una mascara blanca que muestra un rostro desafiante. Hasta la fecha, ya son veintinueve las víctimas, todas ellas, gente violenta, integradas en bandas delincuentes o con antecedentes policiales por actos, nuevamente, violentos. Si bien eso es lo que tienen en común, luego los hay que tienen antecedentes por drogas y venta de armas de fuego, entre otras. Los cinco de esta madrugada no eran la excepción, de dos de ellos no teníamos noticia, pero de los otros tres teníamos conocimiento de sus actos violentos. Además se sabe que antes de llegar al parque estuvieron en los bares del barrio y parece ser que en uno de ellos le metieron una paliza a dos clientes que estaban borrachos. Antes de empezar a debatir algunos detalles, ¿alguien tiene alguna pregunta?.
- Quizás es una pregunta tonta, pero antes ha dicho que nuestro hombre es un adulto de mediana edad, ¿está totalmente descartado que se trate de una mujer? – preguntó uno de los policías presentes.
- No es pregunta tonta en absoluto, de hecho me sirve para contar lo que sabemos al respecto – respondió el inspector Harker. No podemos decir al 100 % que se trate de un hombre, pero todo parece indicarlo. En primer lugar, los testigos al preguntarle por su ropa, están de acuerdo en que era ropa de hombre y que por su constitución lo parecía. Tiene el pelo corto, sus pisadas son de un numero entre el 42 y el 43 y además para hacer los cortes que hace con la espada, se necesita bastante fuerza. Por todo ello, parece ser un hombre.
- Es más que probable que a quién buscamos se encontrara entre los que estaban en el bar en el momento de la paliza. ¿Habéis investigado sobre la gente que estaba allí en ese instante? – preguntó el oficial del distrito.
- Así es – respondió el inspector Harker. Pero por un lado, en aquel momento había mucha gente en el bar y por otro cuando empezó la pelea, fueron muchos los curiosos que se acercaron, y puede que nuestro hombre estuviera entre ellos. Estamos haciendo retratos robot de los que se encontraban allí, a ver a donde nos lleva.
- ¿Alguna pregunta más? – preguntó el inspector Harker.

Al ver que nadie hacía intención de preguntar nada más, el inspector Harker se disponía a explicar algunos detalles, cuando un policía entró de golpe en la habitación:

- ¡Otra masacre!, parece ser que ha vuelto a actuar en la zona centro de la ciudad, de momento se han contado dos víctimas – dijo el policía que había entrado con cierto sofoco.
- Esto no parece tener fin – dijo para si el inspector Harker, que veía como otra vez, había conseguido su fin sin que ellos pudieran hacer nada. Pues venga, vamos todos para allá, a ver con que nos encontramos – dijo esta vez en voz alta y con resignación, el inspector.

Hasta bien entrada la madrugada estuvieron analizando los cuerpos desangrados que descansaban sobre la calzada de una calle céntrica. Sin encontrar nada más que la confirmación de lo que ya sabían sobre el caso. En cuanto a las víctimas, eran buscados por atracar pequeños comercios, de hecho, dos horas antes lo habían intentado en una panadería que había a cosa de ochocientos metros.

Al día siguiente, de nuevo a las diez de la noche, se encontraban reunidos como el día anterior, con algunas bajas y algunas caras nuevas. El inspector Harker, se encontraba de nuevo en frente de ellos, dispuesto a continuar por donde lo dejaron el día anterior.

- Bueno como ya sabéis estamos aquí para hablar de nuestro espadachín – empezó diciendo el inspector Harker. A ver si es posible que hoy podamos terminar la reunión...

Un hombre con bata, entró en la habitación. Se trataba del jefe de laboratorio y parecía tener algo importante que decir.

- Parece ser que hoy tampoco es el día – se dijo para sí el inspector Harker.
- Acabamos de encontrar algo importante – dijo el jefe de laboratorio con una sonrisita, que se acercó a la tarima con mucha seguridad en sí mismo.
- ¿Se acuerda de la sangre que hemos encontrado en al menos tres de los asesinatos? – le preguntó el jefe de laboratorio al inspector Harker.
- ¿Pertenecía al final a alguno de los criminales registrados? – preguntó el inspector.
- En absoluto, pero como usted nos dijo que mirásemos en todos los bancos de sangre, nos hemos terminado cruzando con él. - Y sin hacer caso a la admiración creada en la sala se dirigió a la pizarra y sacado un folio lo estampó contra ella; en dicho folio se podía leer en letras grandes “Trent Langton”-
- ¡Este es nuestro hombre! – añadió con gran efusividad el jefe de laboratorio.
- ¿Cómo lo habéis encontrado? – pregunto el inspector Harver, que todavía no se lo creía.
- Bueno, como ya le dije, estuvimos buscando en más bancos. Sucedese que nuestro hombre no es ni más ni menos que un conocido esgrimista, ganador de un campeonato del mundo y subcampeón de otro, campeón de Europa en dos ocasiones, por no hablar de los títulos ganados por equipos. Siempre luchando por Inglaterra en la especialidad de sable individual y por equipos, se retiró hace ya seis años, como uno de los mejores de la historia. Como en competiciones deportivas se hacen análisis de sangre, la suya se encontraba en dicho banco.
- ¡Todo el mundo a trabajar! – dijo el inspector lleno de energía. Buscadlo todo sobre él: propiedades, lugar de residencia, biografía, familia, condición económica, no os deis ni un descanso lo quiero saber todo sobre él, ¡incluso el número de veces que mea al día! .

Ocho días después, a las 11:30 de la noche, un grupo de 30 policías más los inspectores Harver e Iwen, se encontraban alrededor de una finca a las afueras de la ciudad, propiedad de Trent Langton. En cuanto en inspector Harver dio la orden, todos los policías desde sus posiciones entraron en la finca, rodeando primero la casa y entrando a los pocos segundos después. No había nadie allí, posibilidad que se venía barajando pues en toda la noche no se había visto ninguna luz encendida, ni movimiento en el interior de la finca.

Una vez asegurada la zona, la mayoría de los policías volvieron a la ciudad. Se quedaron a investigar los dos inspectores junto con cinco policías. Estos últimos junto con Iwen se quedaron investigando el exterior de la casa, pues la finca tenía cinco mil metros cuadrados y llevaría bastante tiempo. Por su parte, Harver se quedó en la casa buscando pistas que pudieran ser útiles, pero aparte de algunas fotografías y libros, poco más de valor encontró en aquella casa. Desanimado, se fue al salón y se sentó en una de las sillas que había alrededor de la mesa. Otro paso en falso – pensó para sí – va a ser más complicado de lo que parecía. Fue mientras estaba en estos pensamientos, que el frío acero rozó su cuello y una mano tapó su boca.

- Ni se te ocurra moverte, y si gritas, eres hombre muerto – dijo la persona detrás suya.

El inspector asintió con la cabeza. Y la persona de detrás continuó mientras le quitaba la mano de la boca:

- Saca la pistola lentamente y tírala al suelo.

El inspector sacó el arma.

- Ahora dale una patada.

El inspector golpeó con fuerza y el arma quedó cerca de una pared, bastante lejos de su alcance. La persona que estaba detrás suyo caminó hacia delante y aunque seguía señalándole con la espada, se sentó en otra silla, a unos dos metros del inspector.

- Bueno, bueno, inspector Harver si no me equivoco. ¿Qué le trae a usted por aquí? – preguntó Trent Langton.
- Vaya, así que me conoces – contestó el inspector.
- Te vi en las noticias el otro día. Parecer ser que os estoy dando muchos quebraderos de cabeza – dijo Trent con una sonrisa diabólica.
- ¿Por qué lo haces?, ¿qué ganas con todo esto?, un hombre como tú que ha llegado a lo más alto, convertido en un simple asesino.
- Jejeje, precisamente por que he llegado a lo más alto y he visto que no era lo que yo buscaba.
- No lo entiendo.
- Es más sencillo de lo que parece. No soy un hombre que destaque ni por su belleza ni por su inteligencia, tampoco soy un gran cocinero, ni un empresario eficaz, ni si quiera me considero un buen padre, a fin de cuentas, por muy bueno que sea con mis hijos, no me puedo considerar tal con el ejemplo que les estoy dando. Lo único que se me da bien es el arte de la lucha, y en concreto la habilidad con la espada. En mi búsqueda de destacar precisamente por aquello que mejor se me daba, me esforcé de manera incansable hasta conseguir la medalla de oro en los mundiales de esgrima del 99. Pero una vez allí, una vez que era el mejor del mundo, me di cuenta de que no había nada más. Había tocado techo. Mi habilidad con la espada, sólo servía para ganar medallas, nada más. ¿Sabes?, yo debería haber nacido en una época donde las batallas fueran el día a día, donde la espada fuera la ley, ten por seguro que habría destacado, sin embargo me toca vivir en una época, donde el arte noble de la espada se ve truncado ante la facilidad de disparar con una pistola automática o semiautomática. Soy un hombre que como tu bien dices, ha llegado a lo más alto, ya no quiero más de este mundo, salvo la satisfacción de hacer uso de mi habilidad. ¿Con quién?, con aquellos que también gustan de razonar con violencia. Supongo que ya te habrás dado cuenta de que todas mis victimas eran gente de este tipo.
- Supones bien. Pero, aún con todo lo que me cuentas, nunca está justificado matar a alguien, menos aún para engrandecer tu orgullo.
- Oh, venga, no seas así, a fin de cuentas os estoy haciendo un favor matando a tanta gente problemática.
- ¡Estas loco!.
- Es posible, y también habrá quien vea algo de razón en mis palabras. En cualquier caso esta conversación ha terminado.

Trent se abalanzó sobre el inspector y poniéndole un paño sobre boca y nariz, pocos segundos bastaron para ver al inspector inconsciente en suelo.

- Vaya, el cloroformo es más eficaz de lo que yo pensaba – se dijo Trent así mismo.

Sin más dilación dejo una hoja bien doblada sobre la mesa y se fue de allí. Cuando despertó el inspector Harver, sus compañeros estaban cerca suyo, sin hablar, delante de dicho folio ya desdoblado que decía: “Si queréis ir a por mí sois libres de hacerlo, yo por mi parte seguiré como hasta ahora”.
HISTORIA 7:
Spoiler: Mostrar

Noche de perros

Aquella fue una fría noche invernal en la que llovía a cántaros, ni un alma se aventuraba por las gélidas y oscuras calles de la ciudad. “Noche de criminales” o “noche de perros” eran calificativos que utilizaban algunos para referirse a noches como aquella. Un hombre solitario rompía la monotonía, el mismo hombre embozado en un largo abrigo, buenas botas y sombrero negro. No llevaba paraguas a pesar de la fuerte lluvia, pero aquellos pocos que lo vieron pasar no se fijaron en otra cosa que en sus ojos, unos ojos que reflejaban tanta ira y odio que hasta el más fuerte y seguro de los hombres no era capaz de reprimir un escalofrío en caso de encontrarse con ellos.

Aquel hombre estaba allí por un crimen, por su hija y por venganza.

Bar las Tres Estaciones, allí se dirigía. Se acercó a la puerta en la que colgaba un letrero que avisaba a los trasnochadores de que el establecimiento estaba cerrado, pero había luz en el interior, abrió la puerta y entró. Aquello era un pequeño bar-restaurante en el que servían comida y bebida a cualquiera con unas pocas monedas para pagarse un almuerzo. A su derecha se extendía una hilera de cuatro mesas vacías, los últimos clientes, si es que había habido alguno, ya se habían retirado, y lo mismo se podría decir de la barra, si no fuese por la ancha figura de un hombre que dejó lo que estaba haciendo para observar detenidamente al misterioso visitante que había entrado en su establecimiento estando éste cerrado. Ambos se dedicaron a observarse durante un periodo de tiempo que al obeso barman se le antojaron siglos. El intruso no se había movido de su sitio ni había abierto la boca, pero algo había en su presencia que atemorizaba al barman hasta el punto de que se mostraba incapaz de articular palabra. El sombrero y la escasa iluminación hacían lo imposible por ocultar el rostro de aquel que, por fin, comenzó a avanzar hacia la barra. Como si aquel súbito movimiento hubiese roto el hechizo que mantenía mudo al propietario, éste habló:
-¡Hemos cerrado!
El desconocido hizo caso omiso de la advertencia y no se detuvo.
-¡No me oyes! ¡Está cerrado!- repitió, esta vez subiendo el tono de voz.
Pero aquel, impasible, llegó hasta la barra y los ojos más fríos que el obeso barman había visto en su vida se posaron sobre él.
-León Toledo, dime dónde está.
-¿Por qué le buscas? No está aquí.
El otro tardó en responder, se dedicaba a atravesar con la mirada a su interlocutor, escrutándole, tratando de dilucidar si decía la verdad.
-Mientes.
-No… no miento, se marchó cuando cerré el negocio, yo siempre me quedo a hacer las cuentas y a él no lo necesito, pero ¿para qué lo quieres?- el arrebolado rostro del tabernero estaba entonces sudoroso y le temblaba el labio inferior.
En un rápido movimiento, el desconocido saltó la barra y se dirigió hacia la puerta de la cocina.
-¿Qué haces, cabrón? ¡No puedes hacer eso!- gritó el tabernero mientras con mano temblorosa trataba de sujetarlo por el hombro, pero el intruso era demasiado fuerte para él, y de un solo empujón lo mandó al suelo. El hombre cayó de espaldas profiriendo una maldición.
-¡Sal de aquí León! ¡Lárgate!
El desconocido ni siquiera le dedicó una mirada más al hombre gordo y entró en la cocina. Entonces lo vio. Aquel a quien perseguía era un espigado muchacho lo suficientemente delgado como para pretender escapar a través de un estrecho ventanuco de respiración; otro muchacho le hacía pie, ayudándole a alcanzar la única vía de escape de la cocina, que se encontraba a tres metros de altura.

El hombre se lanzó a la carrera y a punto estuvo de agarrarle un pie al joven, pero éste era ágil y consiguió escabullirse en el último momento, su amigo se había arrojado al suelo y le suplicaba hecho un ovillo. El desconocido salió rápidamente de la cocina y encontró al tabernero sentado en el suelo y comunicándose nerviosamente con alguien a través del teléfono. Lo pateó sin compasión.

El hombre salió a la calle, giró el recodo y penetró en el callejón que daba a la parte trasera del bar, justo a tiempo para ver al muchacho tratando de escapar por la boca opuesta del callejón. Cojeaba, pues se había lastimado a consecuencia de la caída desde la alta ventanilla. El chico miró a su espalda y lanzó un sonoro lamento ante la visión de su implacable perseguidor.

La loca carrera los llevó hasta el puente Folston, cerca del Tres Estaciones, donde el chico incapaz de soportar el dolor, exhausto y viéndose atrapado, se apoyo contra la baranda y se giró hacia su perseguidor. En aquella noche oscura, fría y con la lluvia golpeándole con fuerza, la visión de aquel hombre que ahora caminaba hacía él se le antojaba similar a la visión de la mismísima muerte; aterrorizado, se sintió tentado de saltar la baranda y arrojarse al vacío, pero desechó la idea seguro de su muerte en caso de una caída de 30 metros contra las afiladas rocas del fondo. Pensó que quizá su perseguidor lo dejaría marchar.

Se equivocaba.

El desconocido llegó hasta él en un instante, aferró al infeliz muchacho por el largo y lacio cabello, le alzó el rostro hacia la leve luminosidad que llegaba desde una farola lejana y se detuvo a examinar los rasgos de su víctima, como si pretendiera grabarse aquel rostro en la memoria. Del primer puñetazo le partió la nariz y lo precipitó contra el suelo, el chico cayó de espaldas, gemía y suplicaba mientras la sangre le salía a borbotones por la nariz. Entonces observó como el desconocido empuñaba un bate que había mantenido oculto tras el abrigo. Ahogó un lamento, aquello no acabaría rápido.

Hacía escasamente tres horas, el capitán de policía Juan Santoro había estado en el hospital horrorizado ante la contemplación del mutilado rostro de su hija Elena. Según las primeras investigaciones, alguien la había asaltado cuando volvía a casa desde la universidad, la había golpeado hasta dejarla sin sentido para cortarle después las orejas y la nariz, en un acto de absoluta crueldad alguien había desfigurado el antaño bello rostro de la joven. Una pareja la encontró tirada en el suelo minutos después y la joven llegó al hospital en estado de shock, donde sus padres y sus hermanos se reunieron con ella después. Habían llorado de impotencia.

Juan Santoro alzó el bate con ambas manos por encima de su cabeza y lo descargó con fuerza sobre la rodilla de su víctima que aulló de dolor.
-No me mates, por favor- consiguió balbucear el malherido muchacho.
Aquello enfureció más aún a su agresor y volvió a descargar el bate, esta vez contra las costillas de su víctima. La sirena de un coche patrulla se escuchó en la lejanía.

Elena despertó por un instante y su padre acudió a su lado a pesar de la negativa de las enfermeras.
-¿Quién te ha hecho esto hija? Por Dios ¿quién?

La sirena del coche patrulla se oía cada vez más cerca mientras el bate caía una y otra vez sobre la cabeza del muchacho.

León fue el nombre que por tres veces repitió su hija antes de sumirse en un coma. A Juan Santoro, policía como era, no le costó descubrir quién era aquel León, tal y como le habían hecho saber era el mismo que había estado rondando a su hija en los últimos tiempos.

El cadáver estaba irreconocible, el rostro del joven no era ya más que una masa de sangre, sesos y hueso. Santoro arrojó lejos el ensangrentado bate y se sentó en la acera, entonces el leve destello de un pequeño objeto tirado en el suelo llamó su atención. Estiró el brazo y lo cogió. Tras observarlo un segundo el corazón le dio un vuelco. En ese instante llegó el coche patrulla y un policía se apeó, observó la escena y al instante comprendió horrorizado lo que había ocurrido, el hombre sentado en la acera era su amigo y su superior dentro del cuerpo. Ahora miraba un pequeño objeto con los ojos muy abiertos.
-¿Qué has hecho Juan? he intentado llamarte una docena de veces pero ya veo que estabas ocupado.
El capitán Santoro no apartó los ojos del objeto, se trataba de un bonito reloj antiguo, de tapa, en el reverso de la tapa había una pequeña fotografía: su hija y el muchacho que acababa de matar, sonrientes, le miraban. Levantó los ojos hacia su amigo.
-¿Qué tienes que decirme?
El otro dudó un instante en responder y sacó la pistola.
-¡Dímelo!- le gritó.
Tras dudar otro instante más, el policia asintió con la cabeza.
-De acuerdo. Hace cosa de una hora un joven se ha entregado en comisaria confesándose culpable de atacar a Elena- miró a su amigo, que lo observaba con los ojos desorbitados y continuó- también ha confesado que quería a Elena, pero que ella quería a otro hombre, los había estado acosando desde hacía tiempo y había llegado a amenazarlo a él de muerte- no pudo evitar una mirada hacia el cuerpo sin vida del joven- no debías haber intervenido, maldita sea, estabas implicado emocionalmente, y ahora tengo que detenerte.

El capitán Juan Santoro se puso en pie, la cabeza le daba vueltas, miró a su amigo que le apuntaba con la pistola y lo miraba con expresión de lástima, miró al joven tendido en el suelo y le entraron ganas de vomitar. Ahora su hija estaba desfigurada y en coma y el chico que amaba estaba muerto. Recordó al tabernero al que había pateado hasta quizá matarlo. Había perdido la cabeza y había hecho algo terrible. Tomó la decisión en una décima de segundo, se acercó a la varanda de seguridad del puente.
-No lo hagas
Pero aquellas palabras estaban vacías, exentas de significado para un hombre de principios como Juan, que había perdido la cabeza y ahora debía pagar por ello. Su vida, a cambio de aquellas otras vidas que se habían destrozado aquella noche. Sin que su amigo pudiera evitarlo se arrojó a su muerte.

Noche de perros
HISTORIA 8:
Spoiler: Mostrar

Sentirse solo

Sentia frio en las extremidades y me dolia el cuello, cuando desperte me encontra tumbado en el suelo, al principio pense que quizas me havia caido de la cama, pero en cuanto abri los ojos una rafaga de miedo se apodero de mi.
Me senti solo por primera vez, no supe localizarme pese a la tenue luz k se filtraba por una rendija a unos 3 metros de altura, sabia que no estaba solo pero por mas que me movia a tientas por ese lugar oscuro, no lograba encontrar nada, solo paredes y mas paredes
De repente, me senti sin fuerzas y me desmaye, recorde que hacia dos dias que havia perdido a mis padres en un mortal cruce de caminos entre un ejecutivo borracho de clase alta y mis padres, los cuales se dirigian a regojerme al colegio.
Cuando aquel señor trajeado entro en clase con el director exaltado a su lado supe que fuera lo que fuese lo que hubiera pasado no podia ser bueno.

¡!!!!fsssssssshhhh¡¡¡¡ Un chorro de vapor k salio de lo k parecia una rendija en una pared me desperto, despues de aquella vision decidi que devia salir de alli y saber que havia pasado con mis padres.

Empeze a golpear las paredes y lo unico que conseguia era hacerme daño, empezaba a desesperarme y a perder las fuerzas. Extenuado empeze a gritar y para mi sorpresa escuche un eco, eso solo podia significar dos cosas:
Primero que havia alguna pared falsa pero como havia comprobado no podia ser
Segundo y mas probable es que la rendija diera a una habitacion mas grande.

Me aproxime temeroso y a la vez con esperanza a la rendija, balbuceando palabras de animo para superar el miedo y comprobar si iba en buena direccion hasta que estando a apenas un metro de la rendija, senti un frio glaciar que me recorria el espinazo y me izo perder las pocas fuerzas que me quedaban.
En esos momentos en los que estaba a merced de mis recuerdos, segui recordando lo que havia pasado dos dias antes. El director y el agente me dieron la noticia y me llevaron al hospital en el coche patrulla, pero para cuando llegue mis padres ya havian expirado su ultimo aliento y mi hermanito pequeño que iba con ellos estaba en estado critico tras salir despedido de los brazos de mi madre en la colision.

Cuando me desperte otra vez, desee saber como se encontraria mi hermanito, y saque fuerzas para ponerme en pie y acercarme lo suficiente la mano a la rendija como para notar que havia algo en su interior. Lo coji y vi que eran una linterna y una llave... pero no sabia que hacer, me quede alli plantado un rato pensando en como utilizar aquellos objetos para escapar.- Mierda porque no habre leido mas libros de detectives- pense en ese momento- seguro que se me ocurriria algo.
Hize lo mas obvio, mire toda la habitacion que me rodeaba y no era mas que un cuarto de unos 10m2 por 5 de altura pero hubo una cosa que me llamo la atencion y es que en el suelo habia una pesada alfombra que se disimulaba muy bien sino havia luz, la retire y vi que havia una trampilla por la que haciendo acopio de todo mi valor, baje esperando poder salir de aquel nefasto lugar que por otro lado me parecia extrañamente familiar una vez visto con la linterna.

La trampilla comunicaba con algo que parecia un tunel o una gruta, y tras caminar sin rumbo fijo durante horas, agotado llegue a un luegar en el que se me daba a elegir dos puertas y con la llave que llevaba devia entrar en una, una parecia nueva, desconocida en cambio la otra parecia oscura y llena de misterio.
Como queria ver a mi hermano hice acopio de valor y entre en la vieja sin mirar atrás y de repente me senti cayendo en un sueño profundo....
Vi a mi hermano en una camilla del hospital, tan fragil, tan debil, tan.... como yo, que entendi como se debia sentir, era el momento en que llegaba al hospital y intentaban reanimarlo con electroshocks, una vez, y otra, y otra...
De repente senti una punzada en el corazon y senti que recuperaba fuerzas, no podia abrir los ojo pero sentia un sutil latido y mucho alboroto a mi alrededor, alcanze a entender la palabra “ por fin” y “ lo hemos logrado” cuando abri por fin los ojos, en lo primero que me fije en que tuve que entornarlos para no quedarme ciego, ya que un foco de quirofano me alumbrava en toda la cara.

Al dia siguiente, ya con mas fuerzas pregunte a quienes me cuidaban que era lo que havia pasado, y me dijeron que de camino a clase un conductor borracho nos havia atropellado a mi y a mis padres, que ellos havian muerto y yo havia estado 3 minutos con el corazon parado a causa del accidente, tambien pregunte que como estaba mi hermano, pero su conversacion se torno seriosa y me dijeron que yo no tenia ningun hermano...

Por fin lo entendi todo, lo que havia hecho en esa alucinacion era decidir si merecia la pena vivir o preferia tirar la vida, lo que yo creia que era mi hermano, en realidad era una vision de lo indefenso que me veia yo en un mundo sin mis padres para ayudarme, y cuando la mayor oportunidad de vivir la tuve con la decision de la puerta, la puerta vieja representaba a este mundo, podrido y lleno de misterios y tragedias, la nueva significaba morir y descubrir un nuevo mundo, en aquel momento de reflexion pense que fue por culpa de la vision de fragilidad que tenia de mi mismo que decidi vivir, que ahora que sabia que estaba solo me hubiera mas gustado reunirme con mis padres...
De repente mientras pensaba en haver escogido la opcion de la nueva vida, me comenzo a entrar sueño, cada vez me sentia mas fuera de mi. Ya no veia nada, solo escuchaba palabras como desfibrilador y paro cardiaco, y aunque pude entender que aquel era mi final, note una punzada de calor en el corazon al saber que me reencontraria con mis padres.

Fin
Paricipantes:

Halane
GatoAzul
Ghorryhon
Ailing
Y.Noa
Alabanda
Wyatt_Earp
lee-san
Avatar de Usuario
Ghorrhyon
Teniente Segundo
Teniente Segundo
Mensajes: 1419
Registrado: Mié Jun 21, 2006 12:02 pm
Ubicación: La Corte de los Búhos
Edad: 44

Mensaje por Ghorrhyon »

A tres días de las votaciones, y contando... yo ya estoy esperando el resultado, contento y feliz por no haberme pillado una depresión con el tema...

Vamos, peña, coronadnos a Halane y a mí como los mejores organizadores XD
Imagen
No sabemos mucho del amor. Con el amor es como con la pera. La pera es dulce y tiene forma. Tratad de definir la forma de la pera.
Avatar de Usuario
kid
Teniente Comandante
Teniente Comandante
Mensajes: 2334
Registrado: Sab Mar 25, 2006 12:40 am
Género:

Mensaje por kid »

Aprovecho el post del pajarillo travieso para decir que de momento sólo tengo 2 votaciones. Espero que os deis un poco de caña, porque aunque se comprende que estemos de vacaciones, recordad que también ha de haber concurso de abril. Como Halane envíe antes que alguien, le van dos collejas xD.
Avatar de Usuario
Halane
Recluta Privado de Primera
Recluta Privado de Primera
Mensajes: 163
Registrado: Jue Abr 06, 2006 10:29 pm
Ubicación: Buscando cerezas amargas
Edad: 35

Mensaje por Halane »

Hi! HE VUELTOOOOO!!!!
Pues nada, que yo ya voté ;) Espero que no falte nadie, porque sino Kid se pondrá a repartir collejas :lol:

PD-->Algún día aprenderé a hacer firmas cmo la tuya, Kid, es monísima *.*
Imagen
Wyatt_Earp
Recluta Privado de Tercera
Recluta Privado de Tercera
Mensajes: 47
Registrado: Sab Nov 11, 2006 2:41 pm

Mensaje por Wyatt_Earp »

Halane escribió:Hi! HE VUELTOOOOO!!!!
Pues nada, que yo ya voté ;) Espero que no falte nadie, porque sino Kid se pondrá a repartir collejas :lol:

PD-->Algún día aprenderé a hacer firmas cmo la tuya, Kid, es monísima *.*
Jajaja, pues entonces yo me llevo dos collejas, además hasta por la noche no podre hacer la votacion porque voy a estar todo el día liado.
Avatar de Usuario
kid
Teniente Comandante
Teniente Comandante
Mensajes: 2334
Registrado: Sab Mar 25, 2006 12:40 am
Género:

Mensaje por kid »

Tranquilos, si sigo con las mismas votaciones ^^U (más la de Halane, en la que tiene que poner los comentarios). No os voy a meter prisa porque a mí me da igual, la verdad (al fin y al cabo sois vosotros los que queréis participar en un concurso al mes). Lo que digo es que no votar pronto os jode a los participantes, así que ustedes mismos ^^
Avatar de Usuario
Y. Noa
Recluta Privado de Tercera
Recluta Privado de Tercera
Mensajes: 82
Registrado: Jue Feb 01, 2007 9:03 pm
Ubicación: Donde quiera que sople el viento
Edad: 42

Mensaje por Y. Noa »

Yo ya voté, lo que no se es si las votaciones llegaron bien a su destino (supongo que si). Auqnue para lo poco inspirada que estaba para los comentarios...
En fin, a ver si salen pronto, tengo ganas de ver el resultado ^^
Avatar de Usuario
Ailing
Recluta Privado de Tercera
Recluta Privado de Tercera
Mensajes: 63
Registrado: Mar Mar 21, 2006 6:11 pm
Ubicación: imitando a robocop
Edad: 42

Mensaje por Ailing »

A mi me han interrumpido tropecientas veces mientras lo escribia e incluso han llegado a borrarse todos los comentarios, cosa que me ha dolido porque me los había currado. Así que he decidido hacerlo muy rápido cuando por fin he tenido un hueco. Espero no haberlo hecho mal del todo... un saludo a todos.
Nos leemos! :ok:

PD: estoy deseando saber quienes son los autores.
Wyatt_Earp
Recluta Privado de Tercera
Recluta Privado de Tercera
Mensajes: 47
Registrado: Sab Nov 11, 2006 2:41 pm

Mensaje por Wyatt_Earp »

Bueno, yo ya he votado, a la espera estoy, de ver como termina el concurso. En cualquier caso, es impresionante como escribís, hay mucha competencia en este foro. Podeis estar orgullosos de vosotros mismos.
Avatar de Usuario
GatoAzul
Recluta Privado de Primera
Recluta Privado de Primera
Mensajes: 180
Registrado: Jue Abr 20, 2006 8:16 pm
Ubicación: En un mundo donde prevalece la incoherencia en neutro.
Edad: 39

Mensaje por GatoAzul »

Mmmm... "mea culpa". He visto que la mayoría os habeis dado prisa en las votaciones para obtener los resultados lo antes posible y ahora lamento no haber hecho lo mismo, :( sorry... Pensaba hacerlo antes pero entre unas cosas y otras... ejem, fuera excusas. Estoy ahora terminando de leerlas, en breves enviaré las puntuaciones.

Saludos a todos y disculpas nuevamente.

******EDITADO**********

Bueno, ya están leidas, puntuadas y comentadas. Si se retrasa más la publicación de resultados ya no es culpa mía :lol:.
Aprovecho para decir que ha sido una muy buena edición de éste nuestro concurso mensual y espero que no sea el último con esta calidad.

Suerte a todos! :neko:
Imagen
Imagen
Avatar de Usuario
kid
Teniente Comandante
Teniente Comandante
Mensajes: 2334
Registrado: Sab Mar 25, 2006 12:40 am
Género:

Mensaje por kid »

¿Ya habéis dejado de pelotearos entre vosotros? Bien, pues prestadme atención xD: todavía me falta una persona por entregar las puntuaciones, y se trata de alguien a quien no he visto postear en toda la semana, lo cual me hace suponer que debe estar de vacaciones y que probablemente no aparezca hasta después de Semana Santa. Paciencia, por lo tanto :ok: (qué remedio os toca :P ).

Aprovecho para decir que así sin haberlo contado (a ojo :lol: ) no hay ningún claro ganador y la cosa está bastante apretada, con lo cual es mucho más interesante. Halane, perdóname si soy muy pesado, pero pásame los comentarios que sólo los números queda muy soso xD.
Avatar de Usuario
Shichibukai
Sargento Mayor
Sargento Mayor
Mensajes: 788
Registrado: Mié Oct 19, 2005 12:22 pm
Ubicación: En Puerto Tortage esperando a embarcarme
Edad: 38

Mensaje por Shichibukai »

Es una lástima porque se nos acorta el plazo para el siguiente concurso. Si es como dice kid y hay que esperar hasta despues de Semana Santa, yo no estoy dispuesto a esperar tanto. Para salvar el concurso de abril una opción sería publicar los resultados a falta de esa votación que no ha llegado aún. Como mucho se puede esperar un día más, no sé qué opinaréis vosotros.
Imagen
Avatar de Usuario
Ghorrhyon
Teniente Segundo
Teniente Segundo
Mensajes: 1419
Registrado: Mié Jun 21, 2006 12:02 pm
Ubicación: La Corte de los Búhos
Edad: 44

Mensaje por Ghorrhyon »

Mmm, creo que no, si como dice el sr./sra. Juez, el resultado está apretado, todos querremos saber quién gana con las últimas votaciones, porque si resultase que éstas cambian el vencedor, podría haber mordiscos en diversas cabezas. Y que conste que a mí me jode el triple, porque después del domingo emigro, y no me entero de ná hasta el viernes que viene...
Imagen
No sabemos mucho del amor. Con el amor es como con la pera. La pera es dulce y tiene forma. Tratad de definir la forma de la pera.
Cerrado