Primero fue Túnez. Un pueblo gobernado por un dictador( evitemos eufemismos) se dio cuenta de que había llegado el momento de cambiar, de reclamar sus derechos democráticos, las mejoras sociales, económicas. Miraban al otro lado del Mediterráneo, y veían un espejo democrático al que mirarse. Lo querían. Y este mes de Enero, por así decirlo, lo han conseguido. Una revolución orquestada a través de las redes sociales irrumpió en las calles y no cesó hasta lograr la desaparición del entonces presidente Ben-Alí.

Semanas más tarde, Egipto tomaría el rol de los tunecinos como modelo de actuación y se lanzaría a las calles con motivo de protesta. El mismo patrón, las mismas necesidades, las mismas víctimas (el pueblo) y el mismo victimario (el presidente Mubarak). Hosni Mubarak, que ascendió al poder en 1981 tras el asesinato del entonces presidente a manos de islamistas radicales, usó ese atentado como pretexto para establecer la ley de emergencia en Egipto. Una ley que supuestamente combatiría el terrorismo y que sin embargo ha acabado por violar numerosos derechos básicos establecidos por la Constitución. (libertad de prensa o de reunión) El resto, no es nada nuevo: clases desfavorecidas agravadas por las diferencias entre clases sociales, índices de paro y de pobreza elevados...

La principal fuerza opositora al régimen, conocida como "Los Hermanos Musulmanes" ha encontrado en estas protestas del pueblo egipcio su oportunidad ideal para retomar más poder. Durante mucho tiempo se ganaron la simpatía de las clases más desfavorecidas gracias a su esfuerzo en trabajo social, y a la vez, se ganaron una dudosa reputación, pues Mubarak intentó proyectar en ellos la sombra del islamismo radical que le proporcionaría una estabilidad considerable en relación a los pueblos de EE.UU y Israel.
Estos países, EE.UU y Israel, han mantenido una ambivalencia más que considerable, especialmente EE.UU (la opinión israelí se muestra con más facilidad), debido a la posición geopolítica que Mubarak, en representación de Egipto, ha mantenido frente a otros pueblos musulmanes durante mucho tiempo.
Ahora, el nobel egipcio de la Paz, El Baradei, también se ha sumado a las revueltas populares, como otra alternativa más. El ejército, que hasta ahora se mantenía en un papel dudoso, ha demostrado que el pueblo egipcio es su prioridad. Nuevos vientos de cambio soplan en aguas del Nilo. Y no sólo ahí. La onda expansiva de rebelión y clamor a favor de la democracia podría torpedear hacia Jordania, Siria o Arabia Saudí. El rey Abdalá II pedía diálogo a sus parlamentarios para escuchar al pueblo, recuperar su confianza, y no tener que pasar por lo mismo por lo que están pasando sus vecinos. Y el ejemplo podría extrapolarse a Marruecos, donde el príncipe tercero en la línea de sucesión, aclaraba hoy que la revolución llegaría hacia ellos y tendrían que hacerle frente.
Así pues, tras este "breve" resúmen...¿Qué opináis de todo esto? ¿Y del papel que han jugado hasta ahora Europa y EE.UU? ¿Está la juventud musulmana preparada para afrontar esos cambios? ¿Son los Hermanos Musulmanes una buena alternativa? ¿Nos conviene que Mubarak desaparezca del poder? ¿Realmente podemos estar orgullosos de ser tomados como ejemplo, mientras un político fanfarrón se contonea con ínfulas de imbatibilidad en tierras italianas?
Todo eso, y lo que queráis debatir, en este post. Un placer estar aquí de nuevo, porque si no lo sabíais...Conmigo no puede ni dios! GOAGAOGAOEAGEAGAGAA!!