Concurso mensual - 46ª Edición: Aventura

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nightking
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por nightking »

Yo me apunto.
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Akasaru
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por Akasaru »

Pues yo me temo que no voy a participar porque mi historia no avanza como yo queria, y no creo que la pueda acabar a tiempo. Intente hacer unos cambios para meterle mas amor y no megusto como quedo y ahora estoy un poco bloqueado.

Lo siento si aviso tarde pero lo he intentado y no creo que llege, pero para una futura competicion prometo participar :ok:
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by Platano
Azul de corazón y nunca olvidaré la razón
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Crikrien
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por Crikrien »

Mañana es el último día! rezagados al barco!! Al menos espero llorar con algunas historias que me traigáis y que reine el amor más que el desamor. Porque la mía es sencillita, sencillita.
España es la Rusia del sur, sólo así se entiende que haya tanto zumbado.
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Javisba
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por Javisba »

Ahí van los relatos.

Los latidos de la vida
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Era invierno, un frío que se adentraba por mis huesos, vamos un frío del carajo; Los días se sucedían grises, no podía vivir la vida plenamente, sentía que me faltaba algo. Deseaba que hubiera algo más.

Uno nunca sabe que le depara la vida. Andaba yo como otro día normal, quería comprar rápido y pirarme, en ese instante algo me dijo que debía mirar los zapatos, al agacharme la vi, ni me había fijado en ella. Nuestras miradas se cruzaron como flechas envenenadas. Justamente los dos queríamos coger el mismo, no nos dijimos nada. Ella sonrió, pero me sonrió de tal forma que iluminó toda la tienda. Yo creía que nunca más la vería, que sería imposible que la volviera a encontrar, pero increíblemente el destino dio otro giro a mi vida.

¡Ella estaba en mi nueva clase! No podía dejar escapar la oportunidad, estaba sudando a mares, me acerqué, iba pensando en qué decirle, ya sabes, cómo te llamas, dónde vives... bueno esa no, que es demasiado directa. Lo primero era saber su nombre y conseguir acercarme. No sé ni cómo, cuando me quise dar cuenta no era yo sino ella la que vino a preguntarme.
-Me suena tú cara, ¿Nos conocemos?
No podía ser, le sonaba mi cara, yo recordaba perfectamente cuando nos vimos. Estaba nervioso como un flan.
-Pues no sé... esto, yo sssoyy, bueno me llamo Vincentt, sé que suena algo raro.
Ella esbozó una sonrisilla.
-Yo soy Ro.
-¡Perdona! Por no preguntar… -Estaba hecho un lío.- ¿Ro de Rocío?
-Es que mi nombre también es algo rarito.
-¿Cuál es? –Ardía de deseos en saberlo.-
-Roxane.

Era perfecta, morena, delgada, un nombre cojonudo, además su voz era néctar de ángeles. Hablamos poco, yo al principio intento llevar la voz cantante preguntando y demás, luego todo el mundo que me conoce sabe que se me da mejor escuchar. No obstante surgió, el típico tema del amor.
-¿Y bueno tú qué de amores cómo vas?
Mi pregunta era en plan bueno, pero estaba claro mi objetivo, ella no mintió.
-Pues dentro de poco haré tres años con mi novio.
Golpe en todo el corazón, pero no me desanimé seguí la conversación y nos despedimos, ella se fue con sus amigas y yo con unos que conocía. El primer paso estaba dado.


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Habían pasado los meses, nos hablábamos y tal, pero en mí ya no quedaban muchas esperanzas. Necesitaría un empujón o más bien un golpe de suerte.

Ella era preciosa, desde su tierno "hola" con una sonrisa, daba igual que lloviese o hiciera un calor de la ostia, todas sus facetas eran increíbles. No podía negar que mantenía escondida mi pasión por miedo a que se me notase demasiado, pero soñaba todos los días con poseerla.

Mis actos me llevaron a una nueva encrucijada. Llovía a cántaros cuando iba con mi coche, olvidándolo todo, solo quería dar una vuelta para despejar mis ideas, la soledad se cernía sobre mí. Fue en ese instante cuando, como caída del cielo, de estas cosas que uno no sabe ni por qué, ni cómo, ella estaba ahí quieta llorando.
-E Ro, ¿Qué te pasa?
Ella se sorprendió al verme desde la ventanilla. La que formé. Los coches pitándome, pero me daba igual. Me dolía verla triste.
-Nada.-Decía mientras se limpiaba las lágrimas, siempre perfecta.-
-¿A dónde vas? ¿Quieres que te lleve?
-No, sería mucha molestia.
-Está lloviendo mucho y los autobuses tardarán mucho.-Deseaba con locura que se montase en mi coche.-
-Vale.-Dijo intentando sonreír, pero no pudo sonreír.-
Yo quise alejarla del problema hablando de cosas de clase y demás, haciéndole chistes malos sobre, yo que sé, tonterías; ella intentaba reírse, pero como si no estuviera, era frustrante...entonces ocurrió algo que yo no esperaba.
-Oye... ¿Te puedes quedar un ratito más?
¡Joder! claro, estaba eufórico, pero preocupado.

La llevé a un parque con columpios. Ella se mantenía a distancia, era comprensible. Ella tardó en soltarlo todo. Al parecer su novio, el muy idiota, había estado con otras, lo peor de todo es que eran amigas de ella, vamos el colmo.

Ella lloraba desconsoladamente, el problema estaba en que yo no sabía que decirle... no pude contenerme, me levanté y me arrodillé delante suya, secándole las lágrimas mientras miraba a sus preciosos ojos marrones. Mis ojos lo dijeron todo y la abracé, pero sin intención de besarla, era lo único que podía hacer un tipo como yo, para mí hablar es como..., prefiero actuar. Tras aquello la llevé a su casa y ella sólo podía darme las gracias tímidamente.

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Ya no era lo mismo, ella volvió con su novio, pero ahora me había convertido en su confidente, lo raro es que conmigo no tenía ese tipo de confianza que se tienen con los amigos, era como su última baza, la única que la hacía sonreír. Yo era su as en la manga, el resto del tiempo meras sonrisas o saludos. Ella se abrió, pero yo no, yo no…

En clase solo teníamos miradas furtivas, la gente ni sospechaba que quedábamos para confesarnos, rara vez pensé que pudiera mantener una relación así. Su novio se pensaba que estaba quedando con una amiga, cualquiera que lo supiera se pensaría que se la estaba pegando conmigo, pero era muy raro, no éramos amigos, no hablábamos todos los días, era solo en ciertos momentos en los que necesitábamos limpiar nuestras almas.

Ella era la típica chica con dos caras, inteligente y acostumbrada a los cánones sociales siempre buscaba novios alegres, simpáticos, guapos y sin un gramo de cerebro, yo era el típico tipo solitario, que lo conoce todo el mundo, pero no va con nadie, para los demás soy un engreído, para mí soy un monstruo.

El problema es que ella ya era mucho más distante con su novio, comenzó a mirarme con brillo en sus ojos. Yo estaba muy asustado, porque no sabía si estaba preparado para algo así. Ella comenzó a preferirme a su novio, el problema es que su novio es un tipo bastante violento, a mi me daba igual matarme a palos. Lo raro es que no entendía porque a ella le gustaba estar tanto conmigo, yo no hice nada especial.

Entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir, sus amigos nos descubrieron, ella lo negaba decía que era un amigo. “No pasaría nada” pensé, el novio la tendría más vigilada, pero un día paseando me vieron. Lo jodido de tener a un novio encabronado y a sus amigos chulos calentándole la cabeza es igual a problemas, yo al principio me calmé.
-¿Tú qué coño hacías con mi parienta?
-Nada.

No debió agradarle como le miré, noté como iban rodeándome. Él se enzarpó, sería el primero en darme, si, una buena paliza es lo que me hacía falta, me animó, ajajaja, pero luego dolió de la ostia, me intenté volver loco y todo eso, alguno recibió, otros no, bueno que más da, me dieron de lo lindo.

Cuando aparecí en clase, ella lo sabía todo, la gente me preguntaba, yo solo les respondía que no era para tanto. Me gustaba el sabor de la sangre en mi lengua. Mi labio roto y mi ojo morado, me gustaba aquella sensación. Ella no podía quedar, pero sus ojos lloraban por dentro, yo ni la miré y eso le dolió más, la notaba siempre mirándome de reojo, siempre atenta a mis gestos. No nos hablamos en una o dos semanas, hasta que me la encontré, hecha un cristo, le habían dado sin ningún tipo de pudor ni vergüenza. Yo frené en seco y me salí corriendo del coche.
-¿Qué te ha pasado?
-Nada...-Decía asustadiza.-
-Dímelo joder, ¿Te lo ha hecho él?
-No...-Decía en susurros y sollozos.-
-A tomar por culo.
-¿Qué?
-Te llevo a casa.
-No... Sería mejor que no.
-Me da igual, que me peguen, me da igual, pero tú necesitas ayuda, me da igual lo que me haga a mi, pero a ti no te va a tocar más.
La dejé en su casa, mientras íbamos ella ni me reconocía, estaba sediento de sangre, lleno de rabia, ella no sabía qué decir, sólo miraba al suelo avergonzada, yo la dejé y la abracé.
-Ahora vuelvo.
-¿Qué vas a hacer?
-No te preocupes, sólo haré una cosa, no tardaré.
-No vayas, te matarán.
-La muerte es sólo un tránsito, tú eres mucho más importante que morir.
Cogí mi coche a lo loco y fui a buscarlo, lo fácil era encontrarle, se juntaba en el mismo sitio. No me amedrenté. Me bajé del coche tras llegar derrapando. Fui a por él y le empujé contra la pared.
-Mira a mi me puedes pegar todo lo que quieras, pero como la toques te mataré.
Saqué una navaja y se la mostré, acariciando su rostro suavemente.
-Como puedes ver sé usar estas mierdas y me importa una mierda matar basura como tú.
Sus amigos ni se acercaron.
-Te lo repito, por si no lo pillas te mataré si le haces algo.
Mi mirada decía más que mis palabras. En ese momento le mostré mi mano y me la rajé.
-¿Ves esto? Si soy capaz de rajarme la mano, creo que te debería dar que pensar, porque rajarte a ti me sería mucho más fácil y agradable.
Me bebí la sangre de mi mano y me fui a mi coche, ninguno me hizo nada.

Ella aún me esperaba en el portal de su casa. Al verme con la mano ensangrentada corrió hacia mí.
-¿Estás bien? ¿Qué has hecho?
-No es nada.
Yo me acerqué suavemente a ella, oliendo su perfume de rosa, rozando mi respiración con la suya, mientras el cielo se oscurecía, aquellos segundos pasaron como horas. Ella me abrazó, apoyando su cabeza sobre mi hombro y comenzó a llorar, a pedirme perdón, por todo lo que había pasado. Yo la aparté para poder mirar sus ojos, rojos de tantas lágrimas.
-No estés triste, seca esas gotas de cristal que salen de tus ojos, no puedo prometerte el cielo, ni las estrellas, pero mientras me quede sangre en mis venas, no llorarás.

Con un precioso pañuelo que tenía de seda le quité esas feas lágrimas y se lo entregué. La besé en la frente y con un fuerte abrazo nuestros corazones se juntaron, sus latidos parecían ir compenetrados con los míos.

Aquella noche pasó, volvimos a clase intentando ocultar lo que estaba ocurriendo, solamente nos mirábamos como si nada pasase, pero luego cuando teníamos un rato, en los descansos o al ir al baño, nos escapábamos para dar paseos y besarnos. Yo no pude contenerme, ella era un precioso ángel que había caído del cielo, era la luz de mi oscuridad. Fue raro, no tuvimos que decir que estábamos juntos, lo estábamos. Ella se mostraba dulce y tierna conmigo y yo no tenía que mentir cuando estaba con ella.

No sé si es amor, o qué puede ser, pero lo que sí sé es que nadie me había hecho sentir tan feliz como ella, había logrado que no tuviera pesadillas, había conseguido que no tuviera preocupaciones, era como si viviera en un sueño.

Hubo una noche a la luz de la luna y las estrellas, que yo la llevé a un campo en lo alto de una montaña, donde pudiera ver todo en su magnitud. Yo decidí preguntarle.
-Dime, si tuvieras un genio que te concediese tres deseos ¿Qué pedirías?
-¿Por qué?
La besé muy suavemente y de forma breve, saboreándolo.
-Porque te los cumpliré.

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Corría una noche preciosa, Roxane estaba tendida mientras yo la acariciaba suave y le daba besos en su mejilla, ella sonreía con su dulzura innata. Quedaba un secreto inconfesable que debía contarle, algo que realmente podría alejarla de mi lado para siempre. Yo la miré serio y preocupado.
-Debo contarte algo.
Ella se asustó y preguntó sin pudor.
-¿Es algo malo? ¿Qué es?
Tuve que tomar aire, no era grato contar aquello.
-Antes de venir aquí, a esta ciudad, a esta familia de acogida que me quiere y me cuida, yo tuve un pasado del que no estoy orgulloso. Antes, cuando era pequeño recuerdo que mi padre era un buen hombre, pero a mi madre le gustaba mucho el alcohol y los juegos, un día apareció... -Las lágrimas se me saltaron, ella me vio y me abrazó.- era un ajuste de cuentas, pasado el tiempo mi padre enloqueció y volviendo un día del colegio... me lo encontré... Dios, parecía un muñeco...-No pude contenerme y tuve que llorar al verle de nuevo balanceándose.- Yo me quedé completamente solo y decidí vengarme, encontré a los tipejos que le habían hecho eso a mis padres a los cinco años, tuve que hacer muchas cosas…, era un niño pequeño y llevé aquella carga conmigo y… y… les maté. Tuve que huir de aquella ciudad y me dieron en adopción, pero ya era muy mayor, por fortuna yo era escritor y era culto, una familia de bien lo sabía y me recogieron. Son mis padres adoptivos, yo... entiendo que no quieras saber nada de mí, yo... he hecho una atrocidad y nadie podrá pagar.... mis pecados, ni la carga de esas vidas que me llevé.
Me cogía del pelo, no sabía que hacer, no, no sabía que hacer estaba nervioso ante lo que ella pudiera pensar de mí, la aparté y miré a otro lado. Ella se acercó a mi espalda y me abrazó con fuerza.
-No importa lo que hayas hecho o lo que fueras, sólo me importa quien eres ahora y...-Dijo mientras posaba su mano en mi corazón.- lo que sientas aquí dentro.
Yo la besé, mientras apoyábamos nuestras frentes.
-Dime, si tuvieras que elegir tres deseos cuáles serían.
Ella meditaba y meditaba...
-Oh vamos, algo habrá con lo que sueñes de verdad.
-No sé, lo típico quizás, salud, amor, estabilidad...
-La salud no está en mis manos, a no ser de que... no te deje salir de casa.-Los dos nos reímos, sabíamos a qué iba aquello.- Y trabajo o estabilidad en casa, no creo que pueda dártelo, no soy director de empresa, además creo que si nos casásemos tendrías que mantenerme tú. Jajaja-Le volví a sacar una sonrisa, me encantaba que sonriera, parecía como una pequeña luz blanca que hacía que todo en ella fuese más dorado y perfecto de lo que uno pueda imaginar... en sueños.-
-Bueno, pero si está en tu mano otra de mis peticiones.
Los dos nos acercamos mientras nos besábamos mantuvimos nuestros ojos casi en contacto.
-Eso no necesitas pedírmelo, lo haría con gusto, ya tienes mi corazón, y yo tengo tus ojos y tu sonrisa no necesito más.
Nos fundimos a la luz de las estrellas, algo totalmente imposible para un tipo como yo, imaginar que llegaría a esto, que podría quizás unirme de alguna forma a alguien. Yo... sólo he sido un pobre loco que pensaba en vengarse mientras sus compañeros de clase se dedicaban a jugar, que a los 13 años no sabía ni quién era... que ahora con 18 está loco de atar, solo soy un pobre depresivo, que no tiene a nadie. Esto... era un respiro en mi existencia, un respiro que me ha dado un bello ángel. Un bello ángel...

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No puedo describir lo que siento cuando estoy con Roxane, una parte de mí no desea separarse de ella, mientras que la otra enloquece por hacerla feliz. Después de quedar con ella, cuando volvía a casa era como esas veces en tu vida que parece que estás en una nube, ausente de todo lo que te rodea, de todo lo que eres y haces, ausente de todo el mundo, del dolor, del sufrimiento, de la malicia de la gente. Así me sentía yo al saborear los labios de Roxane.

Pasaron los meses, ella se sentía mal y todo eso y fue al médico a preguntar, se sentía mareada y con dolores fuertes. El médico le dijo que se hiciera unas pruebas rutinarias, a mi me preocupó, nunca antes me había sentido tan inquieto con algo. Ella se volvió hermética, no quería hablar y andaba enfadada, no sé, no podía hablar con ella, se cerró en banda.
Nuestras conversaciones eran algo así como esto.
-¿Qué te pasa Ro?
-Nada, no me pasa nada, no se por qué dices eso.
-Lo noto por cómo me hablas y por como actúas.
-No es nada, nada, no es nada, de verdad.
-¿Nos veremos esta noche?
-No me apetece salir...
-Bueno...

Ella se estaba alejando de mí, tanto que no sabía qué hacer, al final terminábamos peleados por tonterías, casi ni nos hablábamos, yo quedaba como un pesado y un obsesivo para ella y para mi mismo. ¿Qué podía hacer si no? De verdad, qué podía hacer... no tengo ni idea. Ella dijo que estaba exagerando las cosas, hasta que pasado un mes o así, después de estar más de dos semanas sin verla ni una puta vez, me harté. Y llamé.
-Quiero verte ahora.
-Ahora no...
-Quiero verte ahora, quiero hablar contigo seriamente.
-No...
-Quiero hablar y voy a ir a tu casa a tocar al timbre, me da igual como estés vestida, voy a ir por cojones.
-No...
-Estoy ahí en diez minutos.
Y colgué, sin darle tiempo a nada, por mucho que pareciese loco. Yo solo quería saber por qué, que había hecho mal, en qué me había equivocado, quería saber por qué no podía seguir como antes y también aunque con miedo... quería saber si esto se había acabado de por vida.

Al llegar ella me estaba esperando, la llevé a los columpios aquellos, ella no hablaba y yo menos, aquella situación me preocupaba más y más. Ella se sentó lejos de mí, desde que empezamos nunca salvo en la clase se había sentado tan lejos.

Yo me acerqué arrodillado a ella, mientras la miraba fijamente, ni intenté besarla ni nada.
-¿Qué te ocurre? Vamos dímelo corazón.
-Nada...
-Veo en tus ojos tristes que algo te pasa ¿No quieres que sigamos? ¿He hecho algo mal? ¿En qué me he equivocado? Dímelo por favor...
-En nada... de veras en nada.
-No puedo más con está agonía, necesito tus labios, necesito tu amor, sin él me quedo vacío, sin tu amor y tu cariño no encuentro fuerzas para soñar, ni para sentir, ni para vivir, ni para andar...
-No... Creo que debamos vernos más...
Aquellas palabras me destrozaron... no podía ser verdad.
-¿Acaso ya no me quieres?... ¿Qué he hecho para perderte?
-Claro que te quiero.-Decía envuelta en lágrimas.- Y por todo lo que te amo... es mejor que no nos veamos más.
-¿Cómo? ¿Me amas y quieres que no nos veamos? ¿Por qué? No lo entiendo ¿Por qué? Me das el cielo y luego me lo arrebatas de esta forma tan ruin...
Ella no podía ni mirarme a los ojos. Yo la besé en la mejilla entre sus ademanes huidizos...
-De acuerdo... si es lo que quieres me iré...
Yo lo daba todo por perdido ya, ella no podía ser, había jugado conmigo, me sentía estúpido, imbécil, que me amaba decía... y que por eso no podíamos vernos ¿Eso quién se lo cree? Al cuerno, yo.. no podía contenerme, en verdad se me estaban saltando las lágrimas.
-¡Espera!
Gritó ella con fuerza. Yo me giré. Ella venía corriendo y jadeaba del esfuerzo.
-Tengo que... tengo que contarte algo...

Me detuve en seco, estaba alarmado ¿Qué podía ser lo que tuviera que decirme? No sabía exactamente que salvación tenía esto, pero quizás era algo de lo que yo no me había percatado. Ella se sentó en un banco cercano, yo la miré, esperando como un loco saber qué era. Ella no parecía dispuesta a decirlo, pero el miedo a perderme fue decisivo.

Yo la cogí de las manos con fuerza y la miré.
-¿Qué ocurre? Qué te pasa... este mes no te reconocía, estás fría...Quiero que vuelvas a ser la que eras.
-Es...que....no...
Yo bajé mi cabeza intentando no mirarla.
-Yo no puedo darte dinero, ni casas, joder, pero te puedo dar sueños y toda la felicidad que tengo en mis manos. Yo sólo quiero que estés bien, estando conmigo o sin mí... de cualquiera de las formas posibles y bueno si quieres dinero, te consigues a un millonario y yo me hago tu jardinero especial jajaja
Ella sonrió, su pequeña sonrisa me alivió mucho.
-Ahora dime por qué estás tan distante conmigo.
-Es que...
Ella seguía cerrada en banda.
-Bueno como quieras, no deseo presionarte, sólo necesito saber en que estás pensando.
-Estoy agotada de fingir al mundo, de lo que opinen de mi, estoy realmente agotada de todo esto, de mis padres, de mi ex, de todo, menos de ti y por eso tengo miedo de que me abandones, de que me dejes sola, de que no tenga a nadie más.
-Pero yo no te voy a dejar, tú eres lo único que merece la pena en mi vida. Me has salvado de morir, de suicidarme, no tengo nada que hacer sin ti. Vivía mis días perdido y sin esperanzas, hasta que tú viniste a mi puerta como un ángel y me diste vida de nuevo. Sabes por un momento creí que te daba miedo estar con un tipo que había hecho lo que yo había hecho.
Ella negó con la cabeza.
-No, en absoluto, no podría dejar de quererte. Yo necesito que estés conmigo, pero siento miedo de no ser lo suficientemente buena... Siempre he ido guapa y no sé porqué, he deseado que no me juzguen por mi aspecto…
Yo le respondí sin que pudiera terminar su frase.
-Sino por lo que eres, la persona más importante y especial que he conocido en mi vida.
-Pero debes irte… él está aquí.

En ese momento apareció la única persona que no queríamos ver, en un coche negro con cuatro o cinco más su ex hizo acto de presencia.
-Ahora no eres tan vacilón, eh, hijo de puta.
Yo abracé a Ro y la besé. Me di la vuelta y me puse en pie.
-¿Qué coño quieres?
Esta vez el ex iba bien armado.
-No, Víctor, déjale en paz.
-Tú cállate puta, apártate, ya recibirás lo tuyo después.
Yo me lancé sin pensarlo hacia él en cuanto le levantó la mano a Roxane, no tenía tiempo para pensar, pero entre cuatro no podía hacer nada.

Estaba arrodillado escupiendo sangre, casi no podía abrir los ojos de las patadas que me llovían. Víctor se lanzó para darme otra patada, no podía más y me caí al suelo ensangrentado, no podía ver nada y empezaba a llover, todo era confuso y rojizo. Ro se puso en medio para que me dejaran en paz.
-¡Dejadle ya por Dios lo vais a matar! Por favor!! Dejadle!!
-Cállate zorra. -Víctor le pegó un tortazo que la tiró.-
-¿Por qué le pegas a una tía cabronazo?
Decía yo mientras me limpiaba la sangre de la comisura de los labios. Escupía borgoña y bilis, no podía ni tenerme en pie, pero me levanté y abracé a Ro para defenderla. Ella me miró llorando, estaba en shock no sabía que hacer. Yo le susurré.
-No temas, yo te protegeré.
-¡Suéltala hijo de puta!
Víctor se lanzó contra mí, pero está vez pude tenerme en pie, el problema es que sus amigos iban a por Ro. Yo eché a un lado a Víctor y volví a ponerme en medio entre esos mal nacidos y mi amada.

Víctor estaba enloquecido y sacó una navaja.
-¿Ahora qué? Vamos hijo puta ¿Ahora qué? Yo también sé usar estás mierda. -Me gritaba mientras me la ponía en la cara.-Venga a que no tienes tantos cojones ahora ¿Eh? Hijo puta.
Yo me mantuve en silencio y después le sonreí.
-Que te den, jajajaja, no me das miedo, das pena tío. Jajaja -Me reía como un loco, sus amigos me miraron flipándolo conmigo, pero Víctor se enfadaba más y más y me tiró al suelo.
-No te voy a rajar, quiero que veas a quien cojones voy a rajar.
Entonces hizo lo único que no debería haber hecho, se fue a por Roxane. Yo entré en locura, y me puse en medio recibiendo el ataque, después me saqué el acero y se la clavé en el cuello a Víctor. Los amigos salieron corriendo, Víctor estaba inconsciente y yo me desangraba.

Roxane me abrazaba con dulzura mientras lloraba desesperadamente.
-No te mueras por favor, no te mueras.
-No importa,... -Decía yo lentamente.- No importa, he vivido los meses más felices de mi vida contigo, ha sido un honor haberte conocido, ugg.. -La sangre salía como un fuente. Roxane puso su mano en la herida, su cálida mano...-
-No te mueras por favor, no digas esas cosas, te pondrás bien.-Decía entre llantos mientras sacaba el móvil y llamaba a urgencias, las teclas del móvil se llenaron de sangre.-Llamaré a urgencias ahora mismo. ¿Si? Una ambulancia por Dios, vengan a la Calle Santa Marina numero 17, por favor, está muy mal, le han apuñalado, Dios mío... Dios... Vengan rápido, estoy desesperada no sé que hacer, por favor no dejen que se muera.
Ella colgó, estaba temblando, nerviosa, yo acaricié sus labios suavemente con mis dedos. Ella no paraba de llorar, aunque tuviese toda la mano llena de sangre, le intenté secar las lágrimas, con mi cabeza apoyada en su precioso cuerpo.
-No llores más, mi amada, no llores porque, antes de morir me gustaría llevarme el recuerdo de tu sonrisa... sería el mayor de los regalos que me pueden dar en este mundo. Tu sonrisa y tu radiante felicidad, amor mío.
-No vas a morir, no digas esas cosas, no puedes morir.
-Coge mi mano, por…favor.-Me agarró con fuerza mi mano enrojecida.-Gracias.
-Te pondrás bien, ya verás, te pondrás bien amor, aguanta.
-Estoy tan cansado..-Mis ojos se cerraban, mis párpados pesaban demasiado para tenerlos abiertos.- Yo, sólo quiero llevarme el recuerdo de tu rostro y el calor de tu cuerpo antes de morir, si todo acaba aquí.
-¡NO DIGAS ESO JODER! NO VAS A MORIR.. NO PUEDES MORIR...-Gritaba, ya no podía controlarse.- No puedes morir... porque... tengo que decirte algo muy importante.
Mis ojos se cerraban y mis oídos casi no escuchaban, ella se acercó a mi oreja, susurrando cada palabra.
-Perdóname por todo, perdóname por tratarte así, por estar contigo tan distante, estaba muy asustada, no quería que te fueras, tenía miedo de que me dejaras si te enterabas.
-Enterar...me de... qué.
-Estoy embarazada.
-¿Es de tu ex?
Ella negó con la cabeza, yo sentí la vida dentro y sonreí, aunque estaba lleno de sangre la besé.
-No moriré, no te dejaré nunca porque yo te amo, porque yo te amo... te amo, te amo y quiero compartir mi vida contigo.
-Yo también te amo amor mío, eres mi vida, él único que me ha hecho sentirme feliz conmigo misma, estar contigo ha sido como encontrar la paz, te amaré siempre.
Esas últimas palabras casi no podía oírlas, mi consciencia empezaba a irse, todo se volvió negro y luego sólo pude oír los sonidos de la ambulancia....y los latidos de la vida.
Fría pasión
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1. Cigarro

-Leí tu cuento.- Te dice ella, aún desnuda, mientras enciende un cigarro. Agarra una revista de la de entre sus cosas y te la lanza. Lees el nombre, Negi, una historia escrita rápidamente, junto con otros cuatro cuentos, para las publicaciones de año nuevo. Te importa poco y rápidamente dejas el ejemplar en la mesita de noche del hotel. Te apoyas en un codo para tener una mejor vista de su cuerpo, bellamente enmarcado por la suave luz solar del atardecer. Te da la espalda, parece desinteresada de todo y todos. Pero sabes que espera una respuesta.

-¿Te gustó?

-No está mal. Pero no tienes sentido lírico. Entiendo que no seas un romántico pero ese final es casi un insulto.- Como poetiza que era el sentido lírico lo tenía muy desarrollado. Tu irrupción de lo vulgar estaba fuera de lugar en un relato amoroso como ese, o al menos piensas que eso le decía su sentido estético. Pero la crítica literaria no te importaba ahora. No tenías la energía para ponerte a defender una de las tantas historias que escribías. Sólo querías que volviera a tu lado. La conversación muere y ella sigue dándole chupadas lentamente al cigarro.

Mientras contemplas su cuerpo desnudo te preguntas que sientes por esa mujer. No encuentras una respuesta. Sabes que la necesitas. Que te escapas a este hotel de Tokio para verla, con la excusa de que el hogar familiar está demasiado lleno. Huyes de tu esposa embarazada, de la mujer que carga tu primogénito y a la que prometiste devoción eterna para ver a esta niña loca. ¿Es eso amor? Te es difícil decirlo. Pero la necesitas. La deseas.

Ella ha acabado su cigarro. Se voltea hacia ti mientras aplasta la colilla en el cenicero. El humo restante se niega a seguir su curso natural ascendente y se pega a su piel. La viste con un etéreo manto que se adhiere a su piel con la misma pasión que sientes tú. Y ya no puedes pensar. Te quedas admirando el cuerpo envuelto de humo y luz que avanza pausadamente hacia ti. Se sube a la cama y con movimientos animales se acerca cada vez más. Y a pesar de la lentitud de su avance, terminas fusionándote con ella en una fría y loca pasión.

2. Cuento

La ves por primera vez en una reunión literaria. Su presencia te llama desde el otro lado de la sala. Te llama, te atrapa, te seduce y te hechiza. Pero pronto deja tu mente. Mujeres llamativas has visto antes. Pensarás en ella de forma esporádica toda la noche. Le lanzarás miradas anhelantes durante la velada. Al regresar con tu esposa es posible que pienses en ella, incluso tal vez murmures su nombre mientras le haces el amor.

Claro, eso será si tu mujer te deja tocarla. Últimamente no se siente muy bien, aunque no parece molesta por el malestar estomacal que padece todas las mañanas. Sabes lo que ella piensa, pero te preocupa que se equivoque y que las preocupaciones de la vida le hubieran causado una dispepsia crónica. Le tenías cierto miedo a esa afección, al haberse terminado de llevar al Maestro hacia ya tres años. Le tenías aún más miedo que la influenza española que se había llevado a tu padre este mismo año y que casi había hecho lo mismo contigo.

Recordarlo te hace bajar la mirada a la bebida. En su retiro habías probado la cerveza por primera vez, pues como la mayoría de los estudiantes no tenías dinero para comprarla tu mismo. Te entristecía pensar en ese corto año que lo habías conocido. Para distraerte te fijas en las blancas burbujas que, en el amarillo líquido, uno podría confundirlas con una nieve antinatural que sube en vez de bajar en el dorado cielo del atardecer.

-… uno de los discípulos del Maestro Sōseki.- La cercanía de la frase te saca de tu ensimismamiento. Levantas rápidamente la vista para ver qué pasa. Te están presentando a la mujer que te cautivó antes. Murmuras un saludo de cortesía y te quedas callado.

Nunca has sido especialmente sociable, así que dejas que la gente a tu alrededor hablar con ella. Sólo contemplas su suave piel y perspicaces ojos. Y te parece que ella no deja de verte. Que incluso cuando se reía con los ojos cerrados no te apartaba la mirada. No sabes si es tu imaginación. Pero al menos tu silencio te permite aprender su apellido, Hide. También que ella es un poetiza. Con eso era suficiente para que supieras quien era. La argolla occidental en su dedo te decía que estaba casada. Repentinamente se volvió hacia ti.

-El maestro habló muy bien de una de tus historias…- Frunce el entrecejo en actitud pensativa. Su voz relativamente profunda y sus expresiones te habían atrapado cada vez más, pero ese gesto selló una atracción innegable. Ella es especial.

-Hana.- Dices sin vacilar. Te muestras decidido, incluso un poco agresivo.

-Cierto. Me arrancó una buena risa cuando la leí.- Parecía verdad pues incluso en ese momento nace una sonrisa en sus rojos labios.- Aunque mi favorita es una del año pasado.

-Jigokuhen.- Tu obra más famosa del año pasado.

-Esa. La figura del pintor parece fascinante. Podría decir que incluso familiar.

-Si alguien en esta sala no ha experimentado ese fervor, debería largarse inmediatamente.- El comentario parece incomodar algunos de los presentes. Uno incluso parece dispuesto a interceder. Pero la risa de Hide corta todo intento de rebate. Una risa casi demente.

-Tienes razón. Esa entrega es la que todo artista debería tener hacia su obra. Menos es una falta de respeto hacia la creación. Aunque hay algunos detalles que quisiera hablar contigo. Sobre todo la hija. Un hombre nunca podría amar a una mujer así.- El tema de conversación no parece interesar demasiado a nuestra compañía, que empiezan a hablar de política, como toda persona normal. Ellos no eran literatos, era sólo gente que escribía. Pero ella era diferente.

-¿Por qué lo dices? Es una mujer perfecta.

-Ese es el problema. Uno no puede amar la perfección.

-El amor nace de la admiración. Y la perfección es lo más admirable.

-Para un renombrado cínico, eres muy idealista. Dime, ¿amas a tu esposa?

-Sí.- Tu voz es débil. El acto de decirlo te hace pensar que es una mentira. Si fuera cierto no te alejarías de ella en esa condición. No estarías ahí deseando desnudar a otra mujer. A esa mujer que tienes enfrente tuyo.

-¿Y es perfecta?

-Por supuesto que no.- Ella no parece darle mayor importancia a tu respuesta anterior.

-Exactamente. Los humanos amamos. Pero ninguno es realmente perfecto. El amor no tiene nada que ver con la perfección. La perfección inspira otras cosas, pero nunca amor. Puede ser admirada o temida, pero el amor es algo diferente. El amor nace del conflicto. Nace de querer poseer a esa persona y que él te deseé con la misma intensidad. De ese conflicto nace el verdadero amor. Por eso mismo nace de la imperfección, pues el conflicto nace de ser seres imperfectos.- Y mientras hablaba más notabas sus imperfecciones. El lunar demasiado grande que arruinaba la simetría de la cara, el gigantesco espacio entre sus dientes frontales, los dedos un poco demasiado gruesos… y tal vez es por sus palabras, pero cada vez encuentras esas pequeñas desviaciones de una mujer perfecta cada vez más atractivas. Sin embargo el orgullo, o tal vez que realmente no estás convencido, no te deja admitir el argumento que ella da.

La conversación sigue y sigue, termina yéndose por otros caminos. No paras de hablar con ella durante toda la noche. Un tema diferente siempre aparece para llenar el silencio. Atesoras cada palabra con la misma pasión con la que la discutes. Las miradas y ligeras caricias coquetas contradicen la guerra verbal que no da cuartel. Ninguna idea pasaba sin ser discutida, ningún minuto discurría sin unos ojos anhelantes. Entre más hablaban más la deseabas. Y entonces se levanta, te dice formalmente adiós y se va dejándote con la palabra en la boca. Parecían estar tan cerca y se había ido. La ves moverse grácilmente hasta una esquina, donde un hombre atractivo con un traje caro ve el piso con ojos aburridos. Cuando ella llega, él por fin levanta la mirada y sonríe. Ostentosa y casi escandalosamente ella le besa le mejilla mientras te dirige una última mirada. Y se va de la reunión dejándote con una fría pasión en el pecho.

3. Rickshaw

La persigues con todas tus fuerzas. Te enteras de todas sus apariciones públicas y te presentas a cada una. Siempre llegas temprano, te sientas en un lugar que sabes que puede ver. En toda lectura pública, en toda conferencia y en toda reunión, allí estás. Muchas veces sólo te ve de reojo, raramente se digna a dirigirte ella la palabra. Pero tú siempre haces lo posible para acercarte a ella y hablar. Y cuando la alcanzas ella no te rechaza. Al contrario, cuando por fin llegas, parece abierta y sinceramente feliz de verte. Siempre hablan durante horas y siempre se acerca un poco más.

Una vez te deja acompañarla fuera de una reunión literaria. Caminan en una cálida noche de verano. Ella juguetea con los dedos de tu mano, como si quisiera que la agarraras. Pero cuando tomas ese paso ella retira la mano, se aleja un par de pasos y te sonríe mientras te ve sobre su hombro. La conversación es menos animada, menos apasionada. Pero es mucho más íntima, más intensa. Los temas son más personales. Te habla con un deje de desprecio de su marido, tú hablas de tu mujer con culpa. Te dice sobre su primer libro y lo importante que fue para ella, tú le comentas de las dificultades que tenías que pasar para poder comprar tus libros de niño. Incluso le hablas de tu madre biológica. Le dices de cómo te acuerdas de ella en el segundo piso, con la mirada perdida y la pipa siempre encendida. Le dices como nunca era capaz de reconocerte, cómo cuando le pedías que te pintara hacía detalladas representaciones de ti con una cara de zorro. Y ella se queda callada un momento. Y con una falta de tacto necesaria en esa situación, te dice como le gusta que la besen. Después de una muy sensual explicación, vuelve al silencio. Pero la ilustración te movió. Quieres llevarla a un lugar más privado. Un rickshaw está parado en la calle. Con la cabeza se lo indicas y ella empieza a dirigirse hacia él. Cuando llegan, el conductor se inclina respetuosamente. Tú la ayudas a subir y cuando te preparas a hacer lo mismo, ella se voltea al conductor, le dice una dirección y se despide de ti. Te deja ahí, sólo a la mitad de la noche, con ese sello suyo de dejarte cuando menos te lo esperas.

Pues esa es una característica especial suya. Siempre sabe dejarte con la miel en los labios. No puedes llegar a comprender como sabe cuánto es suficiente para dejarte siempre queriendo más. Sabe que después de una reunión en la que hablaron toda la noche, una mirada en su conferencia es suficiente para dejarte expectante con sólo verte a los ojos una sola vez. Sabe en qué momento de la conversación levantarse para que no puedas esperar a verla de nuevo.

Pero no cejas en tu empeño después de eso. Al contrario, te vuelves más insistente. Te vuelve más descarado. Vas a su barrio para encontrártela cuando sale de casa. Incluso llevas regalos, a pesar de que sabes que su esposo probablemente los vea. Dulces y hasta joyería. Y ella acepta a esas avanzadas con una sonrisa complacida. Sabes que estás jugando su juego, que haces exactamente lo que quiere. Sabes que ella podría irse en ese momento para divertirse más, pero sobre todo sabes que necesitas hacerla tuya.

En la siguiente reunión te vuelve a dejar acompañarla. La conversación es similar, pero caminan más lento. El verano ha terminado y la noche otoñal es más fría de lo que esperabas. Caminan más lento y más cerca el uno del otro. Pasean más pausadamente y hablan casi en susurros. Ves otro rickshaw y te diriges decididamente. La vuelves a ayudar a subir, pero antes de que tenga una oportunidad de decir nada, te subes atrás de ella y le dices al cochero que te lleve a un hotel que conoces. Ella no dice nada y sólo sonríe, satisfecha.

En el hotel consiguen rápido una habitación y suben. Una vez adentro el conflicto se desata. Sus labios se encuentran y sus lenguas entablan una batalla campal. Aprovechas tu tamaño para empujarla un poco cada vez, obligándola a ceder terreno. Finalmente llegan al borde de la cama. Se declara una pequeña tregua. Miras en el fondo de sus ojos y sabes lo que tienes que hacer. Con tu próximo gesto podrías hacerla tuya. Y sabes cual gesto debe de ser. Con firmes manos la derrumbas sobre la cama. Y ella sonríe ante tu agresividad, ante tus ansias de conquista. Desatas su obi y poco a poco abres cada kimono hasta dejarla expuesta. Contemplas tu premio, su cuerpo, ella misma. En estos meses de conflicto de has ganado su amor. Y te entierras en ella, con una desatada y fría pasión.

4. Revista

Siempre que estás con ella piensas en esa primera conversación. Era una descarada e inconsistente mujer. A veces montaba escandalosas muestras públicas de afecto, tales que si tu mujer pudiera moverse en su estado haría tiempo que sabría de tu aventura. Te invitaba a su casa, incluso cuando estaba su marido, incluso demostrando su deseo abiertamente mientras él no estaba en la habitación. Otras veces se mostraba interesada en otros hombres frente a tus ojos. Se entregaba libremente a ti en la mañana para casi lanzarse a los brazos de alguien más en la noche, hasta que te obligaba a reclamarla en frente de ojos ajenos. Estaba loca. Era una niña loca.

Por eso sabías cuanto te amaba. Ella activamente buscaba el conflicto contigo. Anhelaba esas peleas para fortalecer su relación. Ese era el fundamento de su amor por ti. Cada descarado coqueteo, cada hora pasada gritando, era sólo una muestra de ello. Pero aún después de eso no sabías si lo que tú sentías era amor. Y ahora que has calmado tus deseos carnales, esa pregunta no sale de tu cabeza. Así que la obligas ir a otro lugar, recogiendo la revista de la mesa de noche.

-¿Qué es lo que no te gustó?- Ella, desinteresada, ve un momento la revista como si no la reconociera. Finalmente agarra el ejemplar y pasa las páginas perezosamente. Mientras esperas la respuesta le robas el cigarro de su boca y le das una larga calada.

-El final. Ya te lo dije. Al menos la mujer no es una muñeca.

-Se más específica.

-Presentas a estas dos figuras y su romance. Pero lo terminas de una forma tan anti-climática, sin conflicto, sin pasión, que, la verdad, lo encuentro aburrido. No está mal que la realidad interrumpa su idilio, es parte de tu estilo, pero eso debía desencadenar una pelea. Sin embargo huyes de eso.

-Supongo que ese era el punto.

-¿Supones?

-Mi introducción no es ficticia. Escribí eso en una noche para llenar la cuota de historias. Así que sólo escribí lo primero que vino a mi mente y eso salió. Supongo que soy demasiado cínico para pensar que un romance puede sobrevivir a la realidad.

-No eres nada romántico.

-¿Y de quién es la culpa? Tus palabras mataron todo rastro de romanticismo hace ya tiempo.

-No entiendes nada. No hay nadie más romántica que yo. Creo en el verdadero amor. En un amor que puede sobrevivir a todo.

-Porque se le obliga a ese amor pasar toda prueba posible…

-Exactamente.- Ella se levanta de la cama y empieza a recoger la ropa que perdió antes.- Hablas como si lo entendieras, ¿por qué no lo veo en tus cuentos?

Pero no respondes la pregunta. Entiendes lo que dice. Ella te convenció hace tiempo. Si la metáfora del amor como un fuego era remotamente correcta, ella correctamente había identificado al conflicto con el combustible. Y con suficiente combustible un fuego podía durar toda una vida. Tu pasión por esa niña loca es más intensa de la que jamás habías sentido por tu mujer. Ella era una buena mujer, que te apoyaba y nunca te traicionaría, pero el conflicto con esta niña loca hacía aún más placentero el estar con ella. Pero aún dudas. Tal vez querías que el amor por tu esposa fuera real y esto un desvarío. No lo podías saber. Y mientras dudabas ella termina de vestirse y se dirige a la puerta.

-Te amo.

Decirlo te dejo un regusto en la boca. Metálico, sanguíneo. Era un sabor interesante. Interesante pues no sabías su origen. Ella sonríe sobre su hombro, con cara de satisfacción. Sólo se escucha el leve rumor del agua en las tuberías de plomo. Después simplemente cerró la puerta. Y te levantas de la cama sólo para sentarte frente al escritorio, donde empiezas a escribir fervientemente. Intentas escribir sobre ese amor, sobre esa fría e incontenible pasión.

5. Lámpara de gas

-Es tu hijo.- Te lo dice seriamente, en su casa, acariciando su hinchado vientre.

-Es mentira.- Lo sabías. Habías dejado de verla un par de meses después de que naciera tu primogénito. De eso hacía cerca de un año.

-No lo es. Tiene la misma energía que tú.

Te había llamado para eso. Expresamente había enviado a una criada a tu casa, con todo y carta de invitación para decirte esa mentira. Una mentira vieja, que llevabas escuchando desde que se embarazó. Te lo dice cada vez que te puede intercambiar una sola palabra contigo. Al principio le discutías. Intentabas decirle que era imposible, habías dejado de verla antes de que ese niño se hubiera gestado. Pero eso era seguirle el juego. Yo no discutías, simplemente la desmentías y te alejabas. Sabías como ella reaccionaba a la agresividad. Eso mismo hiciste ahora. Te levantas y te preparas para irte.

-Se lo diré a todo el mundo. Tu familia y tus amigos sabrán cómo me perseguiste, cómo me amaste. Tu esposa llorará ante tu traición. Incluso le mandaré cartas a los editores. Todos sabrán de tu hijo y de tu abandono.

-Eres una niña loca.

Eso es todo lo que dices. Sales de la habitación, de la casa. Aún puedes llegar esa misma noche. Pero no quieres ver aún a tu familia. Sabes que tu mujer está agobiada con el niño. Lo adora y la cuida con todo el amor de una madre, pero los cuidados que requiere ese pequeño de un año de edad son inconmensurables. Y tú ayudas en lo que puedes. Antes huías de la familia, incluso antes de que esa niña loca entrara en tu vida, te ibas para escribir a la ciudad. Desde que habías regresado a la casa paterna y tenías que mantener a tu familia te agobiaba tanta gente. Pero ahora hacías todo lo posible para quedarte con ella y el pequeño Hiroshi. Sin embargo en estos momentos no quieres verlos. Así que simplemente caminas sin rumbo por la ciudad.

Y mientras fatigas las calles intentas aclararte que causó el cambio en ti. Después de todo, no fue inmediatamente después de que naciera tu hijo que la habías dejado para regresar a tu familia. No fueron las bolsas bajos los ojos de tu mujer, no habían sido los llantos del niño, nada de ello te había regresado. Al principio incluso veías más seguido a esa niña loca, buscando escapar del caos familiar y el ruido imperecedero. Solamente después de estar con ella encontrabas un tipo de paz, aunque fuera una paz similar al ojo de una tormenta, entre la enmarañada situación en casa y el momento que ella regresara a su habitual personalidad oscilante. Pero un día te diste de cuenta de que simplemente ya no era igual. Algo había cambiado y en este día primaveral aún no sabes que fue. Y decides que es tiempo de pensar en eso, para por fin terminar con ella. Saber por qué habías dejado de necesitarla era el portal para que dejara de acecharte todos los días.

La llegada del niño había cambiado mucho dentro de ti. Ser padre por primera vez te recordó un amor que durante mucho tiempo habías ignorado. Era un amor tan diametralmente opuesto a lo que experimentabas con esa niña loca que te costaba usar la misma palabra para definirlo. Uno con base en el conflicto y el deseo de posesión y otro el deseo de la presencia con la harmonía como fundamento. Tu bebé te había acordado ese segundo amor, ese que sentías por tu familia y por tu esposa, que habías desechado para amar a esa niña loca. ¿Acaso era ese recuerdo el responsable de tu el cambio en tu interior? En el fondo no creías que ese fuera el caso, pues cada noche cuando veías a tu esposa recordabas ese sentimiento con culpa, incluso antes de que naciera el niño.

Piensas que al final cada vez discutían menos. Sus encuentros eran cada vez más rápidos y simplemente iban directamente al punto. Se encontraban en el hotel, hacían el amor y se iban, restringiendo las palabras que intercambiaban a las que podían intercambiar después del acto. Con el niño te era más difícil ir a lecturas y reuniones, así que aunque la veías más seguido, sus intercambios eran menos profundos e importantes. Podía ser que ella tuviera la razón y el combustible de la relación fueran sus confrontaciones. Pero ella no te había dejado de amar. Y siendo sincero, aún existían esas peleas, aunque fueran menos extensas, incluso hasta ese mismo día. El niño que esperaba era aún una causa de conflicto. Nunca habías dejado de tener esos fundamentales combates.

Recuerdas que te dio miedo que te amara. Nadie te había amado tan profundamente en tu vida. Esa intensidad que ella sentía era algo inhumano. Y eso se trasladaba a cuanto podía amar a una persona. Te había entregado eso. Y te había encantado que ella tuviera una emoción tan fuerte por ti. Pero también daba miedo. Era difícil enfrentarse a esa fuerza sin algo similar para enfrentarla, pues incluso en el punto álgido de tu enamoramiento nunca sentiste un amor tan fuerte como para oponerse al suyo. Eso había sido algo constante en su relación, no algo que se hubiera presentado al final. Su emotividad siempre había arrasado a la tuya y desde el primer momento ella te asustó tanto como te atrajo. Ese miedo reverencial siempre había existido en tu interior, siempre había sido parte de tus sentimientos por esa niña loca.

La noche invernal era agresivamente solitaria. Tan pronto como el sol desaparecía la gente huía del frío y se refugiaba frente al fuego de sus casas. La tenue flama de las lámparas de gas que iluminaban la calle como fuegos fatuos sólo servía para aumentar el hiriente frío de Febrero. Sin embargo tú disfrutas caminar en la fina niebla de tu propio aliento. Era agradable pasear por las normalmente bulliciosas calles en ese desolado estado. Pero tu mente no llega a ningún sitio. Revives todos los puntos y caminas en círculos en tu propia mente. Necesitas cambiar más. Tu mente salta a una oferta de trabajo, para un periódico en China. Tal vez ese radical cambio sirva para apagar esa pasión que sientes. Tal vez esa fría pasión deje de quemarte por dentro.

6. Café

Ella nunca te deja. Siempre está a tu lado, a pesar de que no la habías vuelto a ver desde tu regreso a Japón. A pesar de tener mil razones para haber dejado de verla, no salía de tu cabeza. No era culpa, pues habías sido infiel antes y después. No era amor, pues no querías verla. No era odio, pues no le deseabas mal. No entendías por qué ella te perseguía, por qué era tu Furia personal.

Lo único que podías decir es que esa fría pasión no había muerto. Su naturaleza, esa capacidad abrasiva sobre tu vida y tus juicios nunca cambiaría. Y ella era el origen de esa pasión. Pero mientras que antes te impulsaba a buscar sus brazos, ahora era el motor de una molestia permanente, de un vago miedo. Como las míticas Erinias te acecha siempre, infligiendo su constante castigo sobre de ti. Era el pecado de haber amado a otra mujer, o el de huir de una mujer que te amaba tan profundamente, o el no corresponder sus sentimientos con la intensidad debida, o alguna otra razón lo que impulsaba a esa inagotable presencia a no dejarte en paz.

Terminas la lectura en la universidad y te sientes agotado. Leíste uno de tus cuentos y los discutiste con los alumnos. No sabías cuanto tiempo habías pasado dentro del aula, pero sólo querías irte de ahí. Los transparentes engranes que aparecían en tu campo de visión estaban surgiendo, pronosticando que el dolor de cabeza llegaría pronto. Mientras los engranes cubren cada vez más del paisaje logras encontrar un pequeño café casi desierto cerca a la universidad, donde buscas refugio en una de la mesas del fondo.

Te dedicas a pensar en las mujeres de tu vida. En tu primer amor juvenil, en la prostituta con la que fuiste con tus amigos en la universidad, en tu compañera de la universidad que tu padre adoptivo desaprobó, en tu mujer, en varias de tus amantes y en la niña loca. Recuerdas diferentes olores, diferentes visiones, diferentes sentimientos. Todas ellas dejaron su huella en ti, fuera un grato recuerdo o la persecución que sentías en tu vida o incluso un lugar donde siempre podías regresar. Pero no puedes evitar preguntarte sobre el amor. Sobre que era y si alguna vez lo habías sentido. En todos estos años sigues sin tener ninguna respuesta. Pero estás demasiado cansado para seguir pensando en eso. Ya sólo queda el fantasma del dolor de cabeza, así que dejas el dinero por el café y te diriges con la mirada baja al hotel.

Llegas al hotel sin sensación del tiempo. Aún es de día pero corres hacia las escaleras para llegar lo antes posible a la habitación.

Ella está en las escaleras. Es la primera vez que la veo en mi vida. Pero me embruja como nunca lo ha hecho ninguna otra mujer. Su cara parece permanentemente bañada en la luz de la luna, incluso cuando pasa enfrente de una ventana, la luz solar decide encorvarse para mantener esa plateada y etérea luz. Y mientras la admiro, a pesar de no saber ni su nombre, de nunca haberla visto, me siento solo. Increíblemente solo. Siento una soledad como nunca antes había conocido.
Hefesto y Afrodita
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Hefesto camina renqueante, cojeando sobre la fina capa de rocío que cubre los adoquines. Apenas tiene ya aliento cuando llega por fin al portal al que Helios le ha enviado. Se apoya contra el muro de ladrillo visto, casi asfixiado, y sus ojos buscan la ventana correcta mientras una única farola parpadea sobre su cabeza. En todo el tiempo desde que dejó La Fragua, no ha dejado de apretar en su puño la nota firmada por la tinta dorada de Helios.

Al otro lado de la calle, un viejo lo observa curioso, casi divertido. Hesfesto sabe que no puede evitar mirar su pierna deforme, su rostro desfigurado, y sabe que el viejo se burla de él con esa sonrisa de falsa amabilidad. Y por un instante lo odia, desea haber traído su martillo para aplastar la cabeza del viejo contra los adoquines.

He venido a por mi mujer, le dice.

Si está aquí, contesta el viejo, es que ya no es “tuya”.

El viejo tiene razón, pero eso Hefesto ya lo sabe. Lo sabe desde la primera vez que miró a Afrodita, lo sabe desde que ella la devolvió la mirada con asco, y lo ha sabido cada uno de los días en los que escondía su terrible cuerpo del mundo y de ella, sobre todo de ella, en La Fragua.

Piensa en simplemente caminar, o cojear, o arrastrarse hasta la puerta y abrirla de golpe para encontrarlos. Solo para que no tengan tiempo a esconderse. Pero al mismo tiempo espera que se escondan, no encontrarlos, que todo haya sido una mentira cruel, o una broma, o un sueño, o una sorpresa de Afrodita, que en realidad lo quiere, aunque antes no lo hiciese, ahora lo quiere, y Hefesto ha conseguido que ella lo quiera a él tanto como él a ella, o por lo menos la mitad, aunque nadie lo querría a él. Pero quiere verla. Verlos. Verlo, a él, a Ares, a él de quien todos se imaginaban que no sabía más que provocar guerras, más que causar dolor, que hacer daño, pero que ahora se ha convertido en el amante perfecto, porque Ares si entiende a Afrodita, si sabe lo que ella necesita y no duda en dárselo, y además tiene el cuerpo de un guerrero, no es cojo, ni tiene joroba, ni granos, ni cicatrices. Cicatrices sí, pero las cicatrices que tiene son de guerra, no por haber sido demasiado repugnante hasta para su madre, no porque su madre se asqueó tanto al verlo que lo dejó caer al suelo, así que él puede presumir de sus cicatrices, son un atractivo más que lo convierten en el amante perfecto que Hefesto no es, en la media naranja que complementa a Afrodita igual que Afrodita complementa a Hefesto, igual que Hefesto sueña con complementar a Afrodita, solo porque siente que ella merece tanto, o por lo menos la mitad, de lo que disfruta Hefesto a su lado, cuando la toca, cuando la mira, cuando ella lo mira a él aunque sea con asco, o con desprecio, o con rencor por haberla atado a un pobre lisiado incapaz de hacerla sentir plena, porque a pesar del asco, del desprecio, del rencor, ella lo mira, sabe que existe, y por segundos, ellos comparten algo. Aunque sea la existencia.

Desde que empezó a sospechar, y esperando frente a la puerta a que algo pase, a que algo lo saque de este trance en el que él mismo se ha atrapado, Hefesto se los imagina juntos, de mil formas, en mil posturas diferentes: a cuatro patas, él encima de ella, ella encima de él, que tiene el cuerpo de un guerrero, no el de un herrero, ni es cojo, ni tiene joroba, así que él si puede hacer disfrutar a Afrodita como ella necesita, como a Hefesto le gustaría poder hacer pero no puede porque no es más que un pobre herrero lisiado, del que todos se compadecen, menos Afrodita, y que a todos repugna, especialmente a Afrodita, no solo porque tiene el cuerpo deformado, también porque la obligó acasarse con él, la engañó con mentiras, las mismas mentiras con las que se engañó a si mismo, de felicidad, de que la mirada de Afrodita curaría su cojera y sus cicatrices, y si no, incluso con todas las deformaciones de su cuerpo, la amaría tanto que haría cada día de su vida eterna inolvidable, la haría sentir única a acada segundo, amada como ni Eros podía hacer que alguien la amase. Pero tampoco eso ha sabido, podido, porque tanto como lo intenta, Hefesto sigue sintiendo que el Aqueronte se interpone entre él y Afrodita, entre lo poco que ella necesita y lo mucho que él quiere darle pero no sabe, o no puede darle, y ahora Ares pasea cogido del brazo de Afrodita por la otra orilla, pometiéndole, y dándole, todo lo que a Hefesto le gustaría poder prometer, y dar.

Hefesto duda si abrir la puerta. Quiere dejar de esperar, echar la puerta abajo de una patada. Él, el pobre herrero cojo, quiere echar la puerta abajo, coger a Afrodita por su cinturón, o agarrarla de la cara, preguntarle por qué, aunque ya sabe por qué, y luego hacer que Bía y Cratos lo encadenen a una montaña, donde un águila le devorará el hígado. Pero sabe que no sería así, que Afrodita lo miraría con desprecio, y no con culpa, que el cuerpo de guerrero sería demasiado para que un pobre herrero cojo lo encadenase, que todos mirarían al pobre Hefesto con pena, pero también con desprecio, y que se burlarían de él, porque al fin y al cabo la culpa es suya y de nadie más, por engañar a todos, a Afrodita y a sí mismo, porque no ha podido ser más que el pobre herrero que adora a Afrodita en un pedestal, ofreciéndole sacrificios de grasa y tendones, engañándola como Prometeo, porque Afrodita no puede esperar más de un pobre herrero tullido.

Tiene razón, que sigue mirando con la sonrisa burlona su cuerpo desfigurado, no es mía. Pero tampoco lo ha sido nunca.

Y siente lástima de sí mismo, pero también se odia porque ha tenido a Afrodita en sus manos sucias de arsénico, deformadas por las cicatrices, y solo ha sabido dejarse deslumbrar por su melena de rayos de sol, sus ojos arcoiris, y también por los jadeos que cree escuchar salir por una de las ventanas.

Por primera vez desde que ha salido de La Fragua, afloja ligeramente su puño y deja que el papel con la tinta dorada de Helios caiga lentamente, mecido por el viento, sobre los adoquines húmenos. Desea no haberla leído nunca, para poder seguir levantándose todas las mañanas, en La Fragua, adorando a Afrodita en su pedestal, pero también desea disculparse, porque la culpa de ser él mismo es solo suya. También por primera vez desde que ha salido de La Fragua, la ira se convierte en vergüenza, quiere volver a su yunque y esconder su cuerpo deforme del mundo.
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Mensaje por Javisba »

2ª parte que en un post no cabía.

El todo tras la pared
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Tiempo que tarda una persona en desear seriamente la independencia social: trece años y cinco meses.
(Estimación en base a opiniones diversas)
Tiempo que tarda una persona en darse cuenta de que la soledad de la independencia resulta aburrida: siete meses.
(Descubrimiento personal)
Tiempo que tarda una persona en asimilar y disfrutar la soledad en lugar de tratar de combatirla: ocho años.
(El chico tras la pared)
Tiempo que tarda una persona en olvidar la marcha de alguien importante: con suerte, lo que tarde en llegar la muerte.
(Mi abuelo)


Golpe, golpe, golpe, patada, patada, patada, golpe, golpe, golpe.

Tendida en la cama mientras miraba al techo, el ruido de la mecanizada e inconsciente letanía rítmica resonaba en la pared como un producto tangible de mi corriente de pensamiento.
Sólo una cabeza tan ocupada como la mía podría haber entablado conversación con el golpeteo que se oía al otro lado de la pared.
“-Si envías un SOS en morse, deberías tratar de hacerlo en un medio que permitiese mayor difusión que la que pueda ofrecerte el dueño de la habitación vecina.”


Hace años desde que tuvo lugar ese primer contacto, pero cada vez que lo recuerdo la sonrisa de la melancolía se instala en mi cara.
Él hace tiempo que se marchó sin mediar aviso, al igual que llegó; yo ya no soy la que fui, y mi vida hace tiempo que cambió; la pared que nos unía hace tiempo que fue abandonada por ambos, la conversación hace mucho que se perdió. Y sin embargo sigo regresando a esos recuerdos guardados con cariño en mi memoria cuando creo que el mundo ha dejado de ofrecerme cosas que merezcan la pena.


-Perdona, estaba algo ausente, ¿te estaba molestando?
-Si te digo la verdad, estaba mirando una mosca moverse en círculos por la habitación. Tu llamada de auxilio subliminal de diez minutos ha sido lo más interesante de mi última hora.
-¿Cómo puedes considerar de primeras que una desconocida pide ayuda a quien pueda escucharla, únicamente porque está dando golpes?
-Realmente, no lo consideraba hasta que lo has preguntado en este momento dejando entrever por tu interés que algo de verdad había, pero era la única forma de entablar conversación de forma original que se me ocurrió en esos diez minutos.


Recuerdo cómo eran las cosas antes; el cansancio de la convivencia continuada, el tedio de los reproches nunca manifestados por miedo a que siguieran otros muchos que rompieran la fragilidad de la tolerancia mutua, la creciente disconformidad ante los gustos, hábitos y vicios de las personas con que cohabité durante esos años...
Soy consciente de que tampoco yo debía de ser un plato de buen gusto, y que algunos de ellos quizá fueran considerados por la mayoría como individuos encantadores y para nada insoportables. Pero a cada uno sus virtudes, y las mías esencialmente consistían en una cierta dosis de arrogancia, una parte de gusto por la soledad, y otra de habilidad para encontrar a la gente insoportable.
Y pensar que en su momento creí que bastaría con abandonar el nido para encontrar un lugar en el que vivir dejara de resultarme cargante...

Así pues, me encontraba con la siguiente mano de cartas: mileurista, rabiosamente independiente, amante de la salubridad, de la vida céntrica, y sin ganas de tratar con los vecinos.
No era una buena mano, eso desde luego.
A decir verdad ni el mejor de los tahúres habría podido sacar demasiado beneficio con ella, pero tuve suerte y encontré el objeto de mis sueños; 25 metros cuadrados, veinte años, reformado, cocina, baño y habitación, rodeado de pisos bastante callados por motivos que nunca me preocupé en averiguar, y con una encantadora casera a la que no le importaba otra cosa que tener el alquiler cada mes en su cuenta.
Cuando me instalé, pensé que había encontrado lo que buscaba. Al menos durante siete meses.

Poco más de medio año, ese fue el tiempo que tardé en descubrir que era capaz de encontrar la soledad bastante insufrible, el tiempo que tardé en darme cuenta de que yo misma no era tan interesante como para estar varios días conmigo como única compañía.
Había amigos, compañeros de trabajo, conocidos y sustitutos de la vida social como pueden ser la literatura y la imaginación, pero había momentos en que resultaba insuficiente, en que tenía la sensación de que mi laringe olvidaba lo que era emitir sonidos coherentes.
Lo admito, quizá nunca haya sabido lo que quiero, es posible que mi inconformismo lo único que sea es una incapacidad para ser feliz, la misma incapacidad que posee cualquier otro individuo por naturaleza, pero algo más acusada por mi naturaleza caústica.

La apatía de uno de los días en que no se tienen ganas de otra cosa que no sea mantener las funciones raquiales en movimiento, fue lo que me llevó a ese primer encuentro a través del delgado muro que nos separaba. Y lo que me llevó a los siguientes.


-¿Cómo te llamas?
-¿Saberlo te serviría de algo?
-¿Cuántos años tienes?
-Suficientes como para votar, e insuficientes como para recibir cualquier tipo de jubilación.
-¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí?
-¿Vas a hacerme alguna pregunta cuya respuesta verdaderamente sea de tu interés?
-¿Eres atractiva según el canon de belleza actualmente imperante?
-Soy atractiva para algunos cánones de belleza, pero el saber ese hecho no te acerca a la posibilidad de comprobarlo de primera mano.
-¿Qué haces un sábado noche hablando con una pared?
-¿Qué es lo que haces TÚ?


¿Quién era él?
Bueno, la verdad... nunca llegué a conocerlo. Quizá ese sea el único motivo por el que sigo recordándolo. Mi nulo interés por las personas que me rodeaban hacía que los silencios incómodos en los ascensores se mantuvieran silenciosos en lugar de intentar ser rellenados con unas preguntas desinteresadas acerca de las respectivas vidas. Probablemente me lo cruzase en alguna ocasión, pero como a ninguno nos interesaba realmente el conocernos, manteníamos al margen de nuestras conversaciones cualquier descripción física, y nos acostumbramos a no saludar a los vecinos como una forma de no escuchar accidentalmente nuestras respectivas voces.


-Míralo de este modo, tú podrías ser un coco.
-Oh, gracias por no ocultar tu superficialidad, es todo un detalle.
-Si, muy correcta, seguro que ahora me dirás que si yo fuera hipertricósico, o alguna cosa por el estilo, te acercarías a mi, igual que lo harías si fuera un Adonis cualquiera.
Lo mires como lo mires, ahora mismo soy una posibilidad en lugar de un hecho, y eso es lo que consigue mantener tu interés en suspenso. Si abrieras la caja, probablemente el gato no estuviera muerto, pero sería un gato mucho peor de lo que te habrías imaginado.
-Sigo pensando que ninguno de los dos es lo suficiente horrible o lo suficiente superficial como para no tolerarnos mutuamente en primera persona.
-A veces me sorprende lo inocente que resultas...
Sólo te he mostrado la cara menos grave del asunto, la que aborda la inexistencia de atracción física. La otra es mucho peor, aunque igualmente probable; la inexistencia de atracción personal.
-Eso no puede ser, te conozco. Me conoces. Y no nos desagradamos precisamente.
-Cierto, pero nada garantiza que sin paredes de por medio suceda lo mismo. La convivencia me ha dejado experiencias asqueantes, y dudo que algún día cambie la dinámica. Prefiero que seas la gata vieja y gris con un ojo ciego que bufa cuando acerco la mano que resultas en mi cabeza a una complaciente y dulce gatita blanca.
-Eres la hostia para los cumplidos, que lo sepas. Pero aún así, cualquier realidad mediocre es mejor que una media verdad o una ilusión idílica.
-Eso es una de las mayores mentiras que ha inventado el hombre, y lo sabes. De hecho, lo sabes tan bien que nunca tuviste intenciones reales de que esta conversación llegase a otro término que el actual.


Durante ocho años, compartimos cosas. Nos convertimos (o mejor dicho, se convirtió, pues nunca podré asegurar con certeza lo que yo fui para él) en una cura contra el mundo, una isla donde volver cada noche y vivir la ilusión de que estar en el único lugar real del trayecto. Hubo momentos que habríamos sido incapaces de compartir de otra manera, pues la mera visión de unos ojos que juzgasen (porque SIEMPRE juzgan) habría bastado para anudar nuestras lenguas.


-El se llamaba Confusión, tocaba un viejo acordeón, y a su mujer, la conocían todos por Lily Marlene... también estaba DoReMi, un perro que, sin pedigrí, sabía ladrar hasta en latín... vivieron en cualquier ciudad, todas se llaman Ansiedad... igual que a ti, igual que a mi, el porvenir los aplastaba, pero cerraban al dormir, los ojos y se lo inventaban...
-Perdona... ¿estás ahí?
-... ¡Y decían que era amor, la Soledad que compartían, un día sí, cuarenta no, y DoReMi se lo creía!... tal vez tenían razón, puede que fuera amor, la Soledad que compartían...
-¿Te encuentras bien?
-...él era un tipo del montón, que se llamaba Discreción, no le digáis que habéis oído esta canción, si le encontráis...
¡Buenas tardes, amado pared!
-Son las tres de la mañana... ¿Has bebido?
-¡Irrelevante!
-Tomaré eso como un sí.
-¿Sabes algo? No recuerdo la primera vez que me etelicé como forma de encontrar sentido a un determinado contexto social. Y tampoco recuerdo cuál fue el sentido que le encontré.
-Eso es triste, ¿sabes?
-Sólo lo es cuando estás en el dolorosísisimo terreno de la sobriedad. Cuando estás al otro lado, es mucho más lógico.
-¿Seguro que no estás sobria?
-El... alcohol... te hace no esperar nada, te permite eleminar las expectativas que pones en la gente. Te permite eliminar las expectativas que pones en ti mismo y aquellas que pones en las cabeza de los que te rodean sobre ti mismo.
-Yo... no tengo expectativas puestas en ti, me basta lo que tengas para decirme cada día.
-¡Exacto! Por esa motivo me gustas. Como somos un pasatiempo, realmente no importa faltar a lo que se espera porque como somos un pasatiempo, no hay nada que esperar.
Realmente, no esperamos ni pedimos nada, simplemente nos conformamos con estar ahí de vez en cuando, no esperamos un hombro sobre el que llorar cuando sea menester, o un poco de dinero cuando las cosas vayan mal, o ayuda cuando haga falta; tal cómo estamos ahora, no pueden tener lugar. No esperamos nada ni ofrecemos nada más allá de lo que somos, ni siquiera ofrecemos lo que somos por siempre, porque la sencilla razón de que no siempre hemos estado. Es lo mejor del pasatiempo.
-¿Simplemente somos un pasatiempo mutuo, es lo que crees?
-Sí, pero... somos el pasatiempo de los naúfragos. Servimos de respuesta a una necesidad imperiosa, la necesidad de una relación sincera. La gente habla del amor desinteresado, de la amistad alturísta, de darlo todo por el otro sin esperar nada a cambio, ¡lo que es estúpido!
No existe esa clase de altruísmo, existe la necesidad de sentirse bien, y la gente se siente bien sintiéndose buena persona, y se sienten buenas personas mostrándose anmorosos, caritativos, amables y desprendidos.
Y tienen miedo de estar solos, tienen miedo de conocerse, porque cuando llegas conocerte de verdad, te sientes asqueado. ESA es la única justificación racional para llamar a alguien “cariño”. La palabra en sí misma es estúpida.
-Está claro.
-Sólo pensando de esa manera todo esto resulta sincero, si no, sencillamente sería igual que todo lo demás...


¿Por qué creía en lo que sus palabras dibujaban en mi mente?
Bueno, ¿por qué no hacerlo? Es decir, las personas proyectan una determinada imagen que a menudo dista en cierta manera de su realidad personal; se pintan más agradables, más cultos, más carismáticos, más misteriosos... Los tan cacareados cambios de vida de año nuevo, nuevo trabajo o nuevo corte de pelo tratan de hacer eso, de matizar la persona que son, de alterarla en un determinado grado.
Cuando hablas con ellos, ¿es mejor agregar estos cambios a tu concepción de lo que son, o dejarlos igual? Está claro que en ese caso lo que es es lo que está, queda fuera de toda duda pensar en alguien como lo que no es, pero con él era distinto.
Después de todo, no estábamos. Lo único que teníamos era un falso muro de escasas capacidades aislantes, y el interés por no tirarlo hacía que siguiésemos existiendo, pero no estando. No se cuánta verdad había en quién conocí, pero si se cuánto conoció él, y debo decir que me conoció a mi, porque otra opción no habría tenido sentido.


-¿Cómo puedo estar segura de que existes?
-Porque hablo y escucho.
-No se necesita emitir un sonido para que este sea escuchado. Podrías ser una manifestación de la mente que supla mis carencias sociales de forma idealizada.
-Podría.
No tienes ninguna prueba física de mi existencia por decisión mutua. Si comienzas con la base de que soy parte de ti, la decisión mutua se convertiría en una decisión personal que te protege de los problemas que conllevaría descubrir que no existo de forma material.
Sin embargo, el que no existiese, no negaría necesariamente mi existencia.
-Eso es estúpido.
-No, una vez leí de la boca sin labios de una muerte que la creencia del ser humano en las fantasías primarias como Papá Noel o las hadas, en realidad era una preparación para su futura creencia en las fantasías más elaboradas como la justicia, el alma o la bondad, conceptos necesarios para ser lo que somos, el punto donde se cruzan el ángel que cae con el simio que se alza. Puede que no encontremos ninguna manifestación física de su existencia, pero eso no significa que no existan.
-La justicia no existe, y Nietzsche decía que la bondad era una de las antivirtudes que habían encumbrado los débiles para convencerse de que eran moralmente superiores a los fuertes, en cuanto al alma... nunca me tragué lo de los 21 gramos, así que tampoco tengo mucha fe puesta en ella...


Un día, no hubo más respuestas y preguntas.


-... tal vez tenían razón, puede que fuera amor, la soledad que compartían... y DoReMi moviendo el rabo se lo creía...
-...
-¿Estás ahí?¿Hay alguien tras la pared?
-...
-Por favor, dime que sí.


Nunca pensé demasiado en los motivos, y tampoco dramaticé tanto el asunto como para arañar la pared como un perro delante de la casa de su ausente dueño. Simplemente lo asimilé.
Quizá murió, quizá se marchó, o quizá se cansó de mi.

Sin embargo, su voz quedó, una voz acumulada durante años en mis oídos que me hizo diferente. No más sabia, ni más tolerante, ni mejor; sólo diferente.
Se puede decir que al fin se hacía más soportable estar sola, es posible que simplemente por haber descubierto que no lo estaba.

Como dije, hace tiempo que el se marchó; hace tiempo que no soy la que fui, y hace tiempo que la pared quedó abandonada y en silencio. Abandonada, pero no olvidada, sobre todo cuando busco preguntas a las respuestas nunca contestadas. Por simple pasatiempo, sin conseguir respuesta.


-¿Qué haces un sábado noche hablando con una pared?
-¿Qué es lo que haces TÚ?
El asesinato amoroso
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La tuve que matar, no tuve mas remedio, aquella mujer había arruinado mi vida.
La primera vez que la conocí era la mujer mas amable y cariñosa del mundo, además tenía un físico envidiable y era muy hermosa, o eso me pareció al principio.
Yo era un joven rico por aquel entonces, ahora por su culpa no tengo apenas dinero y estoy a punto de ser arrestado.

La conocí en una fiesta que organice, una noche antes de que mi antigua novia muriera, ella se llamaba Praxeles. Esa noche celebrábamos mi compromiso con Praxeles. Ella se acercó a mí y empezó a tirarme los tejos.
Al principio me pareció que era una mas de las que solo querían mi fortuna, me dijo que se llamaba Isabela. Pero, conforme fue pasando la noche me empezó a atraer más y más, ya no pensaba en mi prometida solo pensaba en liarme con ella.
La lleve al ala norte de la mansión, a un cuarto al que nadie iba, y allí tuvimos una noche de pasión desenfrenada.

A la mañana siguiente, al despertar, no estaba en la cama conmigo. Salí corriendo a mi habitación para que Praxeles no descubriera mi infidelidad, pero ella no estaba en la habitación aproveche para arreglarme rápidamente y pedí que me trajeran el desayuno a mi cuarto.
Entonces oí un grito y salí corriendo para ver que era. Cuando llegue al lugar de procedencia del grito encontré a Praxeles muerta, estaba colgando de la lámpara, se había ahorcado.

Aquel caso se clasifico como suicidio, puesto que la policía encontró una nota de suicidio en la que estaba escrita con la letra de Praxeles y decía:
"No aguanto mas, me has sido infiel y además me tratas muy mal"
Yo no pude pensar que se hubiera suicidado, porque yo nunca trate mal a Praxeles, de hecho desde que nos conocíamos jamás habíamos discutido.
Estos detalles me hicieron sospechar que había sido un asesinato, pero no tenía pruebas así que no dije nada y lo investigue durante años.

Después de nueve meses me case con Isabela y poco a poco me fui olvidando del incidente de Praxeles.

Después de casarnos Isabela cambio de personalidad, se volvió arisca y malvada, maltrataba a los criados, les pegaba si no hacían las cosas bien y también me trataba mal a mí.
Además organizaba fiestas casi todos los días y se compraba las cosas más absurdas y caras que veía.
Le propuse el divorcio, pero ella me amenazo con sacar a la luz todos los negocios ilegales que yo tenía. Por eso no tuve más remedio que aguantarla, hasta el día en el que me rebelo durante una fiesta que había asesinado a Praxeles.
Me confeso quela había matado para hacerse con mi fortuna.

Desde ese día planee asesinarla y lo hice hoy, el día de nuestro aniversario, hice que pareciera un suicidio, como hizo ella con Praxeles.
Y de no ser por usted señor habría conseguido engañar a todos.
Elegancia Natural
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En la oscura salita del piso inferior, el barón Williams de Durham y su amada, la señora Rogerty, ven pasar el tiempo, sin sentirse envejecer, sin sentirse tristes, fingen cumplir las obligaciones de una vida opulenta, buscan en el pasado sin brillo en los ojos, pero conversan con un tono vibrante.

- Esa Dorothy se está haciendo vieja ¿no cree señor Williams? La ultima vez que la vi sus piernas apenas la sostenían, no se donde hubiesen ido a parar aquellas flores que portaba, azules y blancas, creo recordar, de no ser por la tercera pierna de madera que ha incorporado a su atuendo.

- ¿Cuánto hace de aquello, Señora Rogerty?

- Quien sabe, pero debió ser a comienzos de marzo, a juzgar por el aroma de las flores. A propósito de estas, ¿Dónde las habrá colocado? No las ha traído a la salita.

- No se donde las habría colocado, señora mía, pero no deben permanecer con vida, puesto que discurre ya septiembre por nuestra ventana, a juzgar por el viejo calendario sobre la mesita.

- Que dice usted, no hace ni una semana que Walter nos servía ricas fresas con nata, así que aun no debe habernos visitado el verano. Creo que está perdiendo la cabeza, señor Williams, quizá debería dejar de beber.

- Mi copa lleva vacía algún tiempo, a juzgar por el polvo que se ha depositado en su fondo, aunque he de admitir que son muchos años de hábito. Sin embargo, señora Rogerty, que de veras coincida con usted en que he perdido la cabeza es irrefutable signo de que no la he perdido por completo.

- Sus palabras siguen guardando el delicioso sinsentido de cuando era usted aquel caballero ingenioso del que una podía llegar a enamorarse.

- Sabe, señora mía, que siempre fui dado a pensar demasiado y beber un poco más, y me ha traído no pocos problemas, como podrá recordar.

- Como olvidar aquella vez en la que se inmiscuyó en asuntos de servidumbre, para después, airado por las incomprensible contradicción de las palabras de los sirvientes terminó por azotar a la ama de llaves en la cocina.

- No me recuerde aquel episodio, fue el nublado momento en que alguien consiguió quebrar mi temperamento, que como sabe es normalmente mas bien tranquilo.

- Recuerdo que me relató lo sucedido, y no tiene porque culparse, la insolencia fue abrumadora, aunque cierto es que su intromisión no fue nada elegante. ¿Qué fue lo que le motivó a intentar mediar aquella disputa?

- Ya no recuerdo en que consistía, ni, hasta que lo citó, que desenlace se produjo, sin embargo recuerdo que por un momento quise conocer al servicio algo mejor, luego lo reconocí como un gran error, como ya me lo advirtió usted en su momento, aunque no lo recuerde, y también el señor Saldth, si su mente hace el esfuerzo, el gracioso literato que vivía en Villa Carmen; su parcela y la nuestra son limítrofes, creo recordar, ya hace algún tiempo que no salgo a aleccionar merecidamente al jardinero, ni desde luego a realizar algunas visitas.

- En cualquier caso no se lamente, querido mío, pues hizo usted lo correcto, y aun si se lo permitiesen sus articulaciones le pediría que azotase a ese viejo mayordomo, lleva horas obviando mis toques de campana. Creo que desistiré y dormiré un poco, no termino de hacer acopio de fuerzas suficiente como para presenciar el transcurso de la mañana completa.

- En tal caso le seguiré, Walter vendrá a despertarnos cuando sea menester servir la comida, espero que entonces recuerde cambiar mi copa por una llena y limpia. Oh! Parece que llevo un rato hablando solo… duerma a gusto querida, no permitiré que los nietos del ama de llaves, que siempre corretean por aquí, la despierten de su dulce sueño.

El sueño abraza a estos aristócratas de estirpes pasadas, alejándolos del presente y del pasado, para vivir en un mundo ilusorio, donde al menos, las fuerzas bastan para contemplar cuanto se desee. Más nada dura para siempre.

- Despierte ya amado señor Williams, la noche ha llegado sin el aviso de las comidas, y ese holgazán de Walter aun no ha hecho acto de presencia.

- Como, espere, déme un momento… ¿a que se refiere? Temo que mi cabeza anda algo lenta tras un sueño profundo… hablaba usted de nuestro mayordomo, ¿que ocurre con el?

- Mire por la ventana, señor Williams, y saque sus propias conclusiones.

- Oh! Por dios, si nos ha alcanzado la noche. Acerque aquí esa campanilla, vamos a necesitar mas brío para hacer saber a ese vejestorio su incompetencia. Ve, ya se le oye llegar, ese mequetrefe consentido, si pudiera levantarme de esta silla de ruedas se iba a enterar, que por cierto habría que cambiar el cojín, se me clava el metal como clavos de carpintero.

- Gracias a dios que caí en el regazo de un hombre de verdad, esgrima su labia y corrija a ese mayordomo.

- Saludos señores, disculpen la molestia, he tenido un súbito problema. Acabo de despertar al oír la campana, pero no creerán donde estaba, sino en el suelo de la cocina. Al parecer he sufrido un desmayo, les ruego disculpas, la edad no perdona a nadie.

- Maldita sea Walter, si eres demasiado viejo quizá deberías cavar tu propia tumba y dejarte caer después de haber contratado y adiestrado a un sustituto apropiado.

- Temo que nadie querría venir a trabajar a estos lugares señor mío, la propiedad está alejada, además de en ruinas, el jardín sin cuidado, y todo el trabajo recaería sobre sus espaldas, no creo que fuese buena idea, mas bien espero que ustedes mueran para poder retirarme también con mi familia, y así terminar mis días.
- Ha escuchado eso señor Williams, no permita que le replique de esa manera. Se envalentona por su deteriorada condición física, si no ahora mismo estaría corriendo temiendo el azote de su báculo.

- Sin duda amada señora, es un insolente, pero entre hombres aun estas palabras son poca ofensa, y quedará perdonada tan solo con que corra raudo a llenar mi copa y a preparar algo de comer para nuestros marchitos estómagos. – A pesar de todo, Walter, dígame ¿donde está Dorothy y su tropel de niños ruidosos? hace horas, puede que días, que no la veo.

- Señores, saben que les quiero, pero no pretenderán que después de cuarenta años a su servicio no considere ganado el derecho a replicarles cuando desee; respecto al ama de llaves, debo recordarles que falleció hace unos seis meses, este fue el motivo de su ultimo paseo al aire libre, el señor se sintió triste e iracundo, y los ojos de la señora comenzaron a humedecerse súbitamente tras conocer la noticia, justo como ahora, y lo que más le pesa a un viejo mayordomo como yo es que se que mañana preguntarán y sufrirán de nuevo por la vieja señora Dorothy. Ahora aguarden tan solo un momento, les traeré comida y vino de la temporada.

- No es posible querido, que haya muerto la señora Dorothy, ¡si es más joven que nosotros! ¿Y como que no lo recuerdo? Frank, ahora que se ha ido el mayordomo, abrázame, siento tristeza y culpa, siento una pesada carga en el pecho.

- Acude a mi Eleanor, recuéstate en mis brazos un momento y descansa de esta pesada carga. Siento ese mismo peso en mi propio pecho… y aun más, ¿Qué habrá sido de los nietos huérfanos de los que se ocupaba? Siempre correteaban en el jardín con los perros de caza. Me siento responsable, creo que debemos ayudar a esos niños amada, creo que no debemos dejarlos a su suerte.

- Un corazón bondadoso no puede evitar inmiscuirse, ¿verdad? Esa es la diferencia que marca el amor.

Pasados unos minutos, el mayordomo regresa. Porta el vino prometido y algo de pavo frío, queso, pan y jamón, mermelada de arándanos y de manzana, tomates frescos cubiertos por algo de albahaca y sopa de cebolla. La sirve con parsimonia en la mesa central de la salita, se apresura más, sin embargo, a trasladar a los ilustres comensales hasta la mesa, empujando con marchitas fuerzas las primitas sillas de ruedas. Al finalizar enciende las luces principales de la sala, y se dispone a salir.

- Espera, Walter, no te marches. Desearía que te sentases a la mesa con nosotros.

- Muchos me temo señor, que ya he cenado algo en la cocina, no podría comer un bocado.

- Siéntate, Walter, toma al menos algo de sopa, entiende mi demanda, y conversa con nosotros.

Walter se mantiene de pie, junto a la puerta, con posición firme y servicial. La luz remarca sus ojeras, en una cara enjuta y gastada, tostada por naturaleza, y cubierta de una impecable barba de color blanco, brillante como una perla. Desde la elevada posición que el confiere su altura observa la sala, observa, como siempre, algo confuso, al señor Williams, encorvado en la silla, rollizo y arrugado, calvo en la coronilla y vestido de manera lujosa y antigua, mirándole como un cachorro reprendido, mientras juguetea con un enorme anillo dorado entre sus dedos. Walter no sabe como resistirse, lo ha intentado otras veces, pero impera en el una bondad servicial, encerrada en una jaula de fría lógica, y aun así resplandeciente; sin dejar de mirar la cara del señor Williams toma asiento, y se sirve sopa.

- Me alegra que decida acompañarnos, a propósito de esto, quiero hacerle una pregunta. ¿Qué ha sido de los nietos huérfanos que Dorothy tenía a su cargo?

- Temo que su recuerdo esté algo oscurecido, pues hace años que el último marcho al servicio militar. Dos de ellos murieron durante la guerra, y otros dos tienen una zapatería en South Chesterfield.

- Temo, querido señor Williams, que llegamos algo tarde, como parece que llegamos tarde a todo lo que antes concernía a la vida. Creo, amor, que el señor Walters ha demostrado ser la única persona que nos queda cerca. Y a pesar de ser un vejestorio respondón, quizá sea a quien más debamos ayudar, en la actual circunstancia.

- Querida, el vino ha traído a nuestras mentes una lucidez parecida, pues ha expresado mis pensamientos a la perfección. Creo que, en primer lugar, es necesario darle al señor Walters las gracias por tantos años de leal servicio, solo haciendo acopio de la más exquisita paciencia y en la mayor de las cantidades posibles, ha podido lidiar con nuestra impertinencia manteniendo la elegancia que le caracteriza.

- Gracias señor, me siento honrado con sus palabras.

- Más que honor, del que haces gala por ti mismo, quisiéramos nosotros dotarte de felicidad, por esto queremos que te marches con tu familia, a disfrutar de la vida que aun te queda, nosotros estaremos bien aquí, en nuestro hogar, estiraremos nuestros últimos días con algo de pan y queso, veremos pasar el tiempo en el reloj, el sol en la ventana, y descansaremos aquí, en nuestro hogar, hasta que el ayuntamiento, interesado en saber si la propiedad ya le pertenece, nos encuentre y nos de, tal como está dispuesto, digna sepultura en el panteón familiar. Como bien sabe, mi relación con la señora Rogerty ha sido solo posible de puertas para adentro, y viudo soy oficialmente desde los años en que nuestro amor era furtivo. Aun así le ruego disponga lo necesario para que mi amada repose junto a mí, es lo único que le pido.

Como siempre, la cara del señor Williams se veía interrogante, esperaba respuesta muy interesado, y estaba algo compungido, el vino y la noche le traían la lucidez caduca, como hoja del mismo viñedo, y la edad dejaba translucir su sensibilidad. Aquella poco elegante senectud, honorable pero sensiblera, aparecía así mostrando el transfondo del alma de su señor, y el se veía puesto a prueba de nuevo, como ocurría casi a diario desde hace algunos años, e igualmente contestaba.

- Lamento tener que rechazar su oferta, estimados señor y señora, pues mi compromiso me obliga a servirles hasta su muerte. Y aunque cada día es más duro, aunque cada día el corazón se aferra a la posibilidad de sus bondades, la tradición es claro propósito de mis servicios, junto a su bienestar.

- La virtud de su alma no conoce límites, pero pagara caro el precio de la tradición. La tradición nos mantuvo separados al señor Williams y a mí durante veinte años, que se dice pronto. La tradición impera en el hombre bueno para hacerle sufrir el honor como enfermedad, y, aunque el señor Williams y yo encontramos el antídoto en el amor, usted no ha podido encontrar su antídoto ante las viejas tradiciones, no escucha la voz de su corazón, quizá aun débil. – La señora Rogerty sollozaba al tomar la palabra, como cada vez que escuchaba la respuesta del mayordomo. Esta siempre traía a su mente el único recuerdo que, quizá algo más que la suerte, mantenía fresco en su cabeza: la historia de amor que había vivido, de manera convulsa y apasionada, junto al señor Williams, y que le permitía ahora sentarse junto a él, a pesar de todos los esfuerzos y sufrimientos soportados durante aquella triste juventud.

- Temo amada mía, que mi corazón también se entristece con la decisión de nuestro querido Walter, quizá debiéramos trasladar nuestro amor a los cielos y dejar a Walter por fin tranquilo – Su barbilla tomaba proximidad con su pecho, y sus ojos se entrecerraban – Walter, trae algo más de vino, haz el favor, el mejor de la bodega.

Walter esperaba la orden ya con las manos enfundadas de nuevo en sus guantes, sin embargo algo le sorprendió esta vez, normalmente el señor pedía vino de la tierra y de temporada, para nada buscaba la calidad de sabores a estas horas de la noche, normalmente bebía una copa más, tomaba la mano de su amada, y dormía toda la noche. Él los recostaba sobre sendos divanes evitando despertarles, y se despedía hasta el día siguiente. Más esta vez no puedo ser.

Los pasos de Walter se dirigían hacia la escalera principal, bajo ella una trampilla daba paso a la bodega de la villa, nutrida durante años por cientos de botellas de vino, algunas a catalogar como de diario y otras de exquisita selección, decenas de barriles de cerveza alemana y también un vino dulce francés, al que la señora se había acostumbrado en los últimos días. Aquel recuerdo le trajo a la mente su propio gusto, al principio las escenas nocturnas de liberación eran soportadas y respondidas con entereza, más tarde con la entereza que da una copa del vino sobre la mesa, pero últimamente era necesaria más de media botella para hacerle soportables los 20 minutos de conversación repetida que siempre terminaba en entrañable expresión de senectud, y por acuchillar su propio corazón, pensó, también de amor. Quizá aquella noche no debería haber bebido, pues justo cuando tanteaba el tercer escalón recordaba la extraña sensación del desmayo matutino, más no pudo apenas reencontrarse con la situación cuando le invadía una perdida de equilibrio que le arrastraba hacia el vacío, su mano resbaló poco después que su pié, e intentando proteger su rostro calló desde lo alto del entarimado vertical, dando con sus huesos sobre un gigantesco barril de oscura madera, y con su sien en el martillo que sobre el reposaba, el que a tantos otros hermanos había abierto y cerrado, para gusto del señor y sus visitas.

La noche pasó tranquila, luminosa en su luna blanca y sonora en sus grillos y lobos, erizada en la piel de los durmientes y oscura en sus sueños. Sin embargo, el amanecer llegó, y con él la aristocrática cháchara vespertina de los señores de aquella Villa sin nombre ni recuerdo, que culminaba la estirpe de los viejos grandes duques aun durmientes en la propiedad.

- Buenos días querida, deberá escuchar de mis labios que no hay más delicioso placer que despertar junto a su piel. ¿Como ha dormido?

- No demasiado bien, querido señor Williams, me parece sentir una negra presencia que aun me vigila desde el sueño, debió ser una pesadilla.

- No se preocupe, acérquese a mí y alcánceme la campana, llamaremos a Dorothy o a ese de desvergonzado mayordomo para que sirva el desayuno. Deje, yo lo haré, hará falta más fuerza para que resuene hasta esos duros odios.

- Miré, señor Williams, el sol da ya las once, y no entiendo como ese mayordomo ha decidido obviar nuestra presencia y necesidad.

- En cualquier caso aparecerá enseguida, y más vale que tenga preparado algo de pan tostado y leche. Por cierto ¿No cree que haga tiempo que Dorothy no pasa a limpiar la estancia? Observe mi vaso, está lleno de polvo tras la noche.

- Creo, amado mío, que con toda probabilidad esa ama de llaves necesite otra sesión de azotes, como la de aquella vez, si usted recuerda.

- Por desgracia me ha hecho recordarlo, una triste ocasión, amada, que mejor no repetir.

- Y aun así el recuerdo aun trae a mi mente destellos de pasión por su temperamento iracundo de aquel día. Acerquémonos a la ventana, amor, y veamos en que anda el jardinero, y si cuida a los perros.
No he puesto el autor si queréis que lo ponga me lo decís.

PD: Mañana publico mis votos
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por Polizonte Nack »

¡Seis relatos! (y todos me gustan más que el que envié a ultima hora y sin inspiración xD)
La verdad es que me ha sorprendido la participación, esperaba mucho menos. Parece que el tema ha tenido una buena resurrección ^^

Ahora tocan las votaciones, y como se alteraron las fechas de entrega, imagino que se deberá hacer lo propio con las fechas limite para puntuar. ¿Os parece bien que sea el próximo martes a la medianoche, una semana de margen?

Respecto a las puntuaciones en sí, tradicionalmente consistía en que los participantes votaban las historias restantes con puntuaciones enteras (osea, que si hay seis relatos, tendría que adjudicar 1,2,3,4 y cinco puntos, dejando sin valorar el suyo propio). Pero como de esto hace mucho tiempo, y ahora los participantes sois vosotros, la cosa está abierta a sugerencias alternativas, así que decid que os parece
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por Javisba »

Pues Poli no fuiste el ultimo yo lo hice ayer a las once XD
Pues yo pensaba votar también el mio.
Yo he planeado una votación con toda mi clase, así que el que saque mas votos se quedara con la máxima puntuación. Así me ahorro dar las explicaciones de porque he votado a nose quien XD.
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por Crikrien »

Fascinante.

Editaré este mensaje en el instante que haya tomado una decisión con respecto a mi voto, para no tener que volver a postear en todo caso.
España es la Rusia del sur, sólo así se entiende que haya tanto zumbado.
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por kurokotetsu »

ya he leido la mitad de los relatos y veo algo bastante variado. ya tengo uno que me gustó bastante, pero aún tengo que terminar antes de emitir el juicio final. Pero esta situación me lleva a la pregutna de como serán las votaciones. En genearl es normal no votarse a si mismo, por evitar problemas que pueden surgir, pero ¿al final sólo votaremos los participantes de forma eurovisiva? ¿o se cambiará por otra forma de votación? Si se cambia se tiene la ventaja de que personas ajenas al concurso pueden votar, pero viendo el interés tal vez la verda no se consigan votos extras con eso, así que la verdad por mi me da igual de que forma se elige. Lo que si se agradecería es que todos los que puedan publicuqen crítica además de votos, pues escuchar lo que gustó o disgustó siempre lo agradece el autor. El concurso variado de momento, me parece bastante interesante.

Edit: Terminados de leer. Entonces ¿cómo votamos? Si no hay respuesta apra mañana noche, pues votaré como el cielo me de a entender, que creo que será de aceurdo con los deseos iniciales del organizador del concurso, es decir de forma eurovisiva. Lo que puedo comentar es que creo reconocer a dos de los autores sólo por la forma de sus textos.
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kurokotetsu
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por kurokotetsu »

Doble post para llamar la atención al tema, que ya pronto terminará el periodo de votaciones y no hay nada en términos de votos.Vamos, que hay que votar, espcialmentelos participantes. Como dije, votaré de forma eurovisiva exluyendo mi propio relato. Me gustaría animar a los no participantes a votar a todos los relatos. Sin más preambulo mis votos y críticas. El primero le doy cinco puntos, al segundo cuatro, etc.

-Todo tras la pared: El relato más experimental y el que más me ha llegao. Sigue una linea rara sin ser demasiado confusa y los personajes resutlan entrañables y su realción creíble. En su contra diría que a veces esdemasiado inusual, demasiado platónica la relación, pero sirve igualmente de una forma diferente. Definitivamente mi favorito.

-Elegancia natural: Este relato lo siento que le falta un poco de exploración. Es un sólido relato, pero una gran parte es casi exclusivamente diálogo, tanto qeu casi sentíestar leyendo una obra de teatro más que un relato corto. Unas cuantas palabras para expresar hondar más en elamor de la pareja principal lo habría ayudado. Sin embargo se llega a sentir por los personajes principales y tienen una enternecedora relación.

-Hefesto y Afrodita: Un relato conciso y que aborda directamente el tema, sin rodeos. Aunque heesto es una poderosa figura, tal vez me habría gustado que se le diera más tiempo a su relación con Afrodita. Además de que como en todos los relatos con bases mitológicas siempre las pequeñas discrepancias me molestan, como el hecho de que Hefesto no llegó de esa forma pero fue consumido por una rabia más contenida, más fría que en el relato, pues era una trampa como agarró a los amantes. Siento que ese enfoque habría sido más interesante además que una historia un poco más común de un amante despechado que llega con furia.

-Los latidos de la vida: La historia más "normal" y con eso tiene suficiente para ser un buen relato, pero me parece que es el que fue más lastimado por el límite de palabras, pues se habría beneficiado de más tiempo para profundizar en sus personajes prinicpales. Con un poco más de desarrollo habría sido una historia más interesante, así como se sentiría más natural la relación y su progresión.

-El asesinato amoroso: Apercio el intento de ser conciso, pero el "discurso del villano" aunque momento poderoso, se basa en nuestro interés en los personajes relacionados, a los que ya se concoen de antes. No puedo sentir nada par el narrador ni por su "amada", pues no los conozco y la verdad no me importan demasiado. Se peude hacer toda una novela de esta forma (vease Lolita) pero este relato siento decir que no me creo aprecio a los perosnajes.

Y esas son mis valoraciones. Ojalá alguien más se anime a votar pronto, quiero ver que se dice de mi relato, el cual creo que es claro cual es y ver que piensan los demás de lo que se presentó. En general me aprece un sólido concurso y felicidades y agradecimientos a todos los participantes.
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Crikrien
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por Crikrien »

Por mi parte una vez que acabo de terminar mi examen del Renacimiento & Barroco, ya puedo entrar a valorar las que llevo leídas, obviamente son por espacio de la narración las más cortas. Así que una vez que analice todas las obras, pues pondré mi voto, espero acabar las que me faltan.

Hefesto y Afrodita: Me ha dejado un buen sabor de boca por la idea original, no obstante había momentos en los que sentía confusión con tantos adjetivos, quizás vienen a explicar la psicología de Hefesto, si es esa la intención del autor lo logró, pero en lo que se refiere a la narración, personalmente me resultó algo confusilla. Llegaba un momento que no sabía qué diablos iba a pasar, no me ha terminado de quedar claro si es el momento que se describe donde Hefesto llama a todos los dioses para que vean a Ares y Afrodita, o qué momento exacto es. En cuanto a profundiad sobre Hefesto creo que le retrata bastante bien, pero quizás sea más un monólogo que otra cosa. No obstante, me parece una gran idea, y todo lo que sea mitológico me encanta, sobretodo si sale mi deidad preferida: Ares.

El asesinato amoroso: Comienzo potente, me encanta la primera frase, típica de alguna película en voz over donde el personaje principal habla. "La tuve que matar" y la frase final "Y de no ser por usted señor habría conseguido engañar a todos" son las verdaderas pinceladas de lo que falla quizás en el resto del relato, desarrollo. Suceden hechos muy lejanos en el tiempo, casi sin entrar en absoluto en la psiqué de los personajes, algo que se agradecería sobretodo con Praxeles y con isabela (Más allá de la descripción formal.) Entiendo que si es una confesión hacia alguien el asesino al menos se esmerara algo más en trazar el plan, quizás podría añadirse un tono de pasión enfrentada en el protagonista entre matar a Isabela o no matarla e incluso podría haber jugado con el cambio de actitud de Isabela.

Fría pasión: Me gusta su profundiad, y da pie a la reflexión en el amor. Merece la pena para lo largo que resulta, no hay muchos peros, me resulta el mejor de todos. Tanto en estructura, que ayuda mucho en su lectura como en los diálogos con gran reflexión filosófica. Lo que resulta atrayante es la actitud de inconformismo y la condena del amor breve.

El todo tras la pared: El principio he de decir que me dejó completamente confundido, pero me pareció una gran idea, más que nada porque me costó ubicarme, pero me decidí a darle una oportunidad y acerté de lleno. Valoro muchísimo su innovación, tal y como desarrolla la historia, aunque quizás eché de menos intensos sucesos cortos, o alguna gran frase que me marcase, a mí en lo personal a mi. Aún así, por eso la he votado la segunda mejor historia, no voy a mentir, aunque pudiera votar la mía también no la pondría por encima de esta historia. Me ha gustado como se han trabajado los personajes y aunque el final me ha dejado un poco frío, me ha parecido sin lugar a dudas el segundo mejor.

Elegancia Natural:Muy poético y clásico, tanto es así que no he podido empatizar con los personajes, porque se me hacía díficil imaginarme la historia con cercanía, pero de una lectura exquisita como un cuadro que se expone en cualquier galería. Quizás tan precioso y perfecto que me costó identificarlo con el amor algo que concibo como humano e inmundo, asqueroso y miserable, aunque no deja de ser muy cercano a la figura y personalidad del protagonista, por lo que no es un fallo, sino que explica muy bien una forma de entender el amor.

Edit: Mis votos son para

"Fría pasión" 5 puntos
"Todo tras la pared" 4 puntos
"Elegancia Natural" 3
"Hefesto y Afrodita" 2 puntos
"El asesinato amoroso" 1 punto

He de decir, que son historias muy curradas, pero a veces parece que son tan complejas las historias que resultan más filosóficas que amorosas, no digo que esté mal, pero el público que abunda en este tipo de historia quiere finales felices, quiere amor apasionado e infantil, y espera en todo caso un final de pelicula, por eso "Pretty Woman", entre otras son historias que llegan tanto, aunque algunas cosas resulten tan peliculeras como imposibles. Imagino que es porque la mayoría de los participantes somos hombres y la mayoría de compradoras de material romántico son mujeres xD
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por Polizonte Nack »

Espero que me disculpéis, pero me temo que no voy a llegar a tiempo a la hora de entrega de puntuaciones y análisis, últimamente se me han juntado algunas cosas y si entregase ahora no haría justicia al tiempo empleado a la hora de escribir los relatos.
Mañana enviaré las puntuaciones y editaré este post con las impresiones de vuestros relatos, siento la tardanza ^^u
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beijabar
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por beijabar »

Me ha parecido un muy buen certamen, hay relatos de mucha calidad, pensaba que había hasta el 15 para las votaciones, pero a la vista de los comentarios debía ser hasta hoy, así que a votar tocan:

- 5 Points para Fria Pasión, me ha parecido un relato muy bien estructurado y de expresión pulida, ordenada y algo poética; la historía es relativamente corriente, aunque no los personajes, tienen ese tinte que tienen muchos de los que protagonizan el mal llamado genero de la novela "psicológica", algo de esa desgracia humana y de ese individualismo moderno, tan perjudicial y necesario. La pega, el final, ha pesar de ese truquillo tan bueno:
Spoiler: Mostrar
-Presentas a estas dos figuras y su romance. Pero lo terminas de una forma tan anti-climática, sin conflicto, sin pasión, que, la verdad, lo encuentro aburrido. No está mal que la realidad interrumpa su idilio, es parte de tu estilo, pero eso debía desencadenar una pelea. Sin embargo huyes de eso.

-Supongo que ese era el punto.

-¿Supones?

-Mi introducción no es ficticia. Escribí eso en una noche para llenar la cuota de historias. Así que sólo escribí lo primero que vino a mi mente y eso salió. Supongo que soy demasiado cínico para pensar que un romance puede sobrevivir a la realidad.
Realmente queda abierto, pero no de la manera que me parecería mejor, y que vaya, en el mismo extracto de arriba se describe claramente el problema de este final, creo, mejor dicho elucubro, que el autor ha querido sustituir un final narrativo, por uno "mental", pensando en el final como la relación del final escrito con las críticas hechas por un personaje en el mismo, extrpoladas. Sin embargo impera en mi la narratividad, y hubiese preferido un final activo. Pero vaya, en cualquier caso una calidad tecnica muy buena.

- 4 Points para El todo tras la pared: Este relato destaca, en mi opinión, por ser bastante original, una propuesta que yo al menos no había visto, y mas con la añadidura de una buena profundidad psicológica de los personajes, la justa medida para mi gusto. Estos personajes frente a los del primer relato comentado tienen un componente utópico, de alguna manera, en especial en las reflexiones personales fuera del dialógo, y eso es especialmente de mi agrado, también me parece especialmente "realista" en las sensaciones que transmite, no se describirlo bien pero el estilo es rico y cercano, llega bien al emocional, que proboca identificación o relación con algun pesonaje (aunque sea de rechazo) y eso es algo esencial para un escrito, para estar al nivel de "remover", creo que lo mejor del relato no es de la historia sino del autor, y es su estilo. La pega, la historia se ve afectada por si misma, y la singularidad de la relación con la pared, es que evita casi cualquier acción, y en la valoración de un relato no se puede obviar la acción, y para mi ademas es bastante importante.

- 3 Points para Los latidos de la vida: Esta historia me ha parecido algo "peliculera", en cierto modo idilica, romántica y topica, también sencilla, y quizá demasiado larga para lo que cuenta, pero que tiene sus puntos buenos: Me ha gustado el equilibrio entre acción y profundización de los personajes y su relación, en la exploración de los sentimientos se observa a veces poca definición, demasiado retrato de la incertidumbre frente a los estados mentales por los que pasan, pero en general bien. Otro punto bueno, personalmente, han sido los momentos de tensión, de violencia, la introducción climatica a estos sucesos no es excelente, pero tampoco está mal, y realmente son narradas de manera sencilla y directa, llegando bien. Pareciese que aquí hay "corazón" en el relato, algo del autor, diría que se le herizaba el cuello mientras escribia. La acció está bastante bien narrada, y como he dicho antes, eso me gusta.

- 2 Points para Hefesto y afrodita: Me ha gustado esa representación original de algo epico, hubiese gustado de algo mas de acción, de haber accelerado el desenlace, en ese aspecto me deja con ganas de mas, porque el estilo es muy bueno. Destacable la profundidad dada a Hefesto, esa recuperación de la visión humana de los dioses, en todos los aspectos, aquí aun mas que en la ambientación se ve el intento modernizador, en el que el ideal de hombre antiguo no se parece al moderno, tampoco sus reacciónes, y de ahi el apaciguamiento que no se si intenta representar un final alternativo a la história original o es solo la representación de un estado previo. En cualquier caso la mayor pega es la extensión, me ha gustado, es una perlita comprimida, aunque incompleta, pero no puede compertir con lo que se puede expresar en un texto mucho mas largo.

- 1 Point para El asesinato amoroso: La historia es buena, pero nuevamente es la extensión el mayor problema, el relato está super comprimido, se podrían escribir cincuenta paginas con esa história, se ve ese intento de resumirlo en una especie de declaración final ante la policía o similar, pero da lastima ver es história tan apretada, precisamente por sus personajes , porque no estan nada mal, se pueden imaginar mil situaciones con Isabela, me parece un buen personaje, pueden darsele varias dimensiones de profundidad, así como un sin fin de accion con tensión y dialogos esclarecedores, vaya, que uno lee este relato y se imagina mucho mas, pero queda tan escueto...
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por kurokotetsu »

Yo soy un gran partidario de alargar los plazos para aumentar participación. Si de momento sólo la mitad de los autores han votado (uno me parece que incompleto, ¿no piensas poner los otros dos relatos Crikrien?), pues demos otra semana para leer y puntuar ¿o acaso alguien tiene prisa en que termine el concurso? A ver si asi Poli y los otros dos autores que faltan tienen tiempo de leer y puntuar, y mejro si algun extra se anima... pero bueo, esa es mi opinión.

@Beijabar: Vaya sorpresa, creí que era tuyo el de la pared, en especial por los inusual y metafórico que fuiste en la anterior edición. Aunque pensandolo bien, Elegancia natural queda perfectamente con tu estilo.
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Re: Concurso mensual (II)

Mensaje por poneglyph »

Yo estoy a punto de terminar y pensaba tener los votos listos para esta noche, pero si quereis alargar un poco el plazo y eso me va a permitir hacerlo con más calma, no seré yo quien me queje. Parece mentira que mi primera semana de libertad post-selectividad esté siendo más atareada que las de estudio ú.u
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