Amos a ver... a mi no me dio tiempo a tener lo que yo quería tener echo y lo que tengo no lo voy a entregar, o sea que me retiro, pero si va ha haber un aplazamiento vacacional que se diga oficialmente, si no pues me retiro.
Bueno, como habitual participante de este tema legendario me siento culpable por pasar cual Phelps del mismo y de sus andares. Así, pido disculpas.
Koel, Rido... la edición del concurso para el cual os afanasteis en escribir los relatos está obsoleta, olvidada.
Pero, lo menos que puedo hacer es pediros que publiquéis como un post más vuestros relatos pues verdaderamente me intriga cuál será vuestra forma de escribir. Nunca hemos coincidido en otra edición, es la primera a la que os presentáis. Si no os apetece, me los mandáis por MP y de la misma forma devoraré los relatos y los comentaré.
Como última salvación a este tema propongo una nueva edición de concurso, con fecha fin a 15 de septiembre (por ejemplo) que ha de tratar sobre INTERNET. Cualquier relato que se nos venga a la cabeza acerca de este nuevo mundo... cada vez más real que virtual.
Yo me apunto, y hago una llamada a los anteriores participantes: Zanza, Kitakaze, Deraka, ARGAIL, Yuriakiur Mijok, Terreis, Ághata, Polizonte Nack, Shichibukai, kid, EZZP, Rolonoa, Gatoazul, kahuna, T.T.C., Ghorrhyon, Taborda, cid_yamazake, Reyes, Halane, Ailing, Y.Noa, Wyatt_Earp, lee-san, Sure, D-mon, MDragoon, Kyoshi, FMG, HartiganSJ, Fukai y a todos los que también han participado y se me olvidan y a todos los que pasen por este tema y les apetezca escribir algo.
El premio: una visita guiada por la expo, que echando cuentas... cuando entreguemos los trabajos, la expo ya habrá cerrado... pero saltaremos la tapia al más puro estilo Homer-Lisa en el museo de Ciencia.
Última edición por juevescasi el Mié Ago 13, 2008 12:06 pm, editado 1 vez en total.
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."
Una luz roja y el sonido de una molesta alarma indicaron a Mercury que su experimento había vuelto a fallar. Sin pensarlo, encendió otro cigarrillo, dio un par de caladas aceleradamente y lo apagó en un cenicero que rebosaba colillas, mientras por lo bajo maldecía su suerte. Era el décimo que desperdiciaba de aquella forma en las últimas tres horas.
– Idéntico resultado al de las últimas tres semanas… – resopló, pulsando el botón rojo de su grabadora. – La muj… el sujeto de pruebas falleció durante la cuarta fase del procedimiento. Me pregunto si…
A sus espaldas sonó el característico sonido de las puertas deslizantes al abrirse. Se guardó sus dudas y se dio la vuelta para descubrir que la persona que acababa de entrar en la sala era su Director, Moses Pluto.
– ¿Mismo resultado, Profesor Mercury?
– Idéntico.
Pluto se acercó y tomó entre sus manos el dispositivo de informes más próximo. Repasó rápidamente los datos, con sus ojos fijos en las distintas ventanas que mostraban los resultados. Se movía rápidamente entre unas y otras, como si ninguna de ellas realmente le importara. Sin embargo, el profesor era consciente de que su superior era capaz de procesar los datos a una velocidad asombrosa gracias al pequeño implante que él mismo había hecho instalar en su cerebro.
– ¿Qué significa esto? – dijo, deteniéndose en una de las distintas pantallas.
– ¿Me permite?
Mercury tomó el aparato en sus manos y se acercó a la consola principal, volviendo a conectar el visor al puerto donde antes había estado enchufado. Inmediatamente, los datos en los que se había detenido el Director Pluto aparecieron en la pantalla grande. En todas las entradas se repetía una misma cifra.
– Esto – señaló.
– Eso se refiere al tiempo de duración de la cuarta fase – explicó.
– ¿Es un tiempo standard?
– No debería – murmuró.
Como siempre, el jefe acababa de dar con la clave, como si viera a través de cada dato y de cada pequeño instante del proceso experimental y conociera todo aún antes de realmente conocerlo.
– Espero que encuentre una explicación – dijo Pluto, girándose hacia la salida. – Este experimento tiene prioridad...
El Director caminaba con las manos en la espalda, lentamente, y con la cabeza gacha. Era su gesto habitual. Siempre perdido en sus pensamientos, siempre repasando mentalmente todo lo que la corporación se traía entre manos. Mercury lo siguió con la mirada y toda la tensión desembocó en un profundo suspiro que se confundió con el sonido de la puerta al cerrarse.
– 44 putos segundos… – musitó, antes de recuperar la normalidad.
Con cierta parsimonia se puso el traje estéril y pasó a la cámara de presurización antes de entrar al recinto de las pruebas. Por enésima vez en los últimos meses tenía que entrar allí a limpiar los residuos del último experimento. Era cruel, frívolo y macabro… pero tratarlos así era la única manera de mantener su cordura.
No podía dejar de pensar en qué estaba fallando mientras caminaba por la gran Avenida de la Concordia de vuelta a casa. En aquel maremágnum de gente completamente anónima que marchaba con prisa por la calle camino de su casa o a su trabajo, o quizás a tomar algo y distraerse de la vida mundana con sus parejas o amigos, Mercury se sentía cómodo. Nadie sabía qué hacía realmente. Nadie podía juzgarle.
Miró a través de uno de los grandes paneles que separaban la avenida del cruel mundo exterior. Más allá de aquella pantalla de energía, el aire era irrespirable para cualquier hombre, por eso debían vestir aquellas incómodas y estúpidas máscaras cada vez que abandonaban las zonas protegidas.
– Los humanos somos una especie débil…
Aquella conclusión no era la primera vez que le venía a la cabeza al contemplar aquella situación de desamparo que ellos mismos habían provocado. Sabía que muchas especies ya habían evolucionado para acostumbrarse a la libertad, aunque apenas llegaban noticias más que por medios secundarios y poco accesibles que reflejaban el pensamiento de científicos e investigadores enfrentados o considerados locos extravagantes por los representantes de la ciencia oficial. La misma a la que, sin mucho entusiasmo, él servía.
– ¡Hola! – saludó mecánicamente al abrir la puerta del apartamento.
La voz de Nina correspondiendo al saludo sacó al profesor de sus pensamientos. Como siempre, su mujer le había estado esperando aun a pesar de lo avanzado de la hora. Ella tampoco sabía nada de qué investigación estaba trayéndose entre manos su marido. Era altísimo secreto, incluso dentro de la Compañía, pero mejor así. Si no soportaría que gente anónima y completamente desconocida le juzgase, mucho menos lo haría si fuera su mujer la jueza.
– ¿Qué tal te ha ido hoy? – le preguntó al encontrarla en el salón.
Nina era profesora de Zoología en la Universidad Capital, la más importante del país y una de las más prestigiosas de todo el mundo, pero también era uno de esos científicos desplazados de los círculos más prestigiosos. Vivía con la seguridad de que nadie podría quitarle nunca su trabajo, ganado con mucho esfuerzo, y se apoyaba precisamente en ese hecho para desafiar a un sistema que ella creía injusto y tremendamente equivocado.
– Bueno… bien, como siempre – contestó. – ¿Sabías? Andy Van Hondëm me ha llamado esta tarde desde… algún sitio en África, no sé bien. Han descubierto una nueva raza félida que ha desarrollado…
Alex Mercury decidió que era mejor aislarse de aquel nuevo descubrimiento. No es que no le interesara. Es que le hacía sentir culpable, inferior, débil… Y ya había tenido demasiadas emociones fuertes aquel día. Cada noche, cuando llegaba a casa, sólo quería desconectar y soñar con despertarse de aquella especie de pesadilla. Por eso, cuando su mujer comenzaba a relatar los descubrimientos de sus colegas, prefería desconectar, para evitar sentir tanta presión encima de sus hombros.
Por la mañana, como todos los días, buscaría las anotaciones que sus viejos amigos de universidad les mandaban a él y a su mujer para mantenerlos al tanto de los descubrimientos que hacían en remotos lugares que antes solían ser verdes selvas o extensas sabanas. Las iría revisando en el metro de camino a la Compañía por si había algo que pudiera ayudarle a su investigación. Pero nunca parecía que hubiera nada. Al final, siempre terminaba maldiciendo el día en que se había especializado en Zoología Antropológica.
44 segundos. Aquella cifra volvió de nuevo a su mente. ¿Qué cojones ocurría? Parecía que había un tope insalvable delante de él. ¿Por qué nadie superaba aquella barrera? Una vez alcanzada la cuarta fase, había tardado pocos días en optimizar el proceso hasta evitar muertes casi instantáneas. Pero desde entonces… Día tras día, esperaba que el próximo sujeto alcanzara, aunque sólo fuera eso, los 45 segundos.
– ¿Y tú qué tal? – le devolvió la pregunta su mujer.
– ¿Yo?
– ¿Sigues estancado?
– Sí… Y lo peor de todo consigo entender por qué…
– Podría ayudarte – se ofreció ella.
– Pluto no lo permitiría – meneó con la cabeza. – Ya sabes… Cuestiones del alto secreto…
Aquella era la excusa perfecta para ocultarle a Nina la horrible y vergonzosa verdad. Cada vez notaba cómo se odiaba un poco más y poco o ningún consuelo le producía ya el hecho de que sus sujetos experimentales fueran condenados a muerte. “Muertos en vida”, como solía llamarles alguno de sus compañeros, o no, eran seres humanos como ellos.
– Maldito secretismo… – protestó, aunque ella sabía que inútilmente, su mujer mientras se levantaba y le daba un beso en la mejilla. – Me voy a la cama…
– Voy ahora…
Alex Mercury se acercó al mueble bar y cogió un vaso bajo. Echó un par de hielos y comenzó a servir un poco de whisky sobre ellos. Tomando el vaso entre sus manos, observó el líquido dorado y lo bebió de un trago. Luego se sirvió otra vez y se acercó a la ventana.
Las luces de la ciudad se refractaban en la densa capa de gases que inundaban la atmósfera. A estas horas era aún más visible aún su condena. Pero acabar con ella era el único consuelo que le quedaba. Si algún día conseguía superar aquellos cuarenta y cuatro malditos segundos, entonces… Entonces aún quedaba ese rescoldo de esperanza en poder volver a ser libres.
Pero todas las noches eran iguales y la mañana siguiente daría al traste con las esperanzas del último vaso de whisky a medianoche. Mañana todo se repetiría para lo mismo ocurrir pasado. Y al otro y al otro…
Quizás era el alcohol, porque, a pesar de lo negro del panorama que se le planteaba, todos los días, a medianoche, volvía a ver, mientras observaba la ciudad sumergida bajo la nube tóxica, a los hombres corriendo al aire libre, con el rostro descubierto y con una sonrisa en los labios. Conseguía ver que aquellos cuarenta y cuatro segundos habían quedado reducidos a la nada… Que su experimento había tenido éxito y ahora los hombres podrían volver a respirar en el exterior.
No hay naves espaciales ni rayos laser ni nada por el estilo... pero sigue siendo ciencia ficción xD
A ver qué sale para lo de internet... ya postearéis las condiciones ^^
@Rido
Así que inscrito en el foro desde 2006, con una página dedicada a tus textos y todavía no te habías presentado al concurso, o no habíamos coincidido... y menos mal, porque si a todo lo que escribes le insuflas el interés que despiertan los 44 segundos , me hubieses barrido.
Me gustó bastante el relato. Me quedo con el maremágnum de gente y con la fregona del prota mientras limpia que te limpia el resto de los experimentos fallidos.
Ya estás apuntado para el concurso, uno (o cien) más y dará comienzo. Si se te ocurre un tema mejor, lo dices.
A ver si Koel publica su relato, se apunta a la edición y damos el pistoletazo. Ta lue.
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."
A ver... ¿esto sigue en pie o no sigue en pie? Lo digo porque esto está más muerto que Brook (Skull Joke!) y en teoría el plazo de los relatos terminaba ayer... Esto... está un poco desorganizado todo, ¿no?
Soy un poco bastante novato en este foro, pero, como algunos sabéis, tengo algo de experiencia en organización de cosas como estas. ¿Qué os parece si montamos una especie de "asociación de escritores" en este subforo que se encargue de organizar los concursos de una forma más "ordenada" y que sirva para "todo un poco"? A mí no me importaría encargarme (ya lo hago en otro foro), pero bueno, no es plan de hacerlo así, por las buenas...
PD: ¡Que alguien me diga a quién tengo que mandarle esto! T_T
Tras el anuncio hecho, y la consiguiente llamada de atención, esperaba que la gente se apuntase de nuevo al concurso mensual y fuésemos unos cuantos participantes (5 al menos) pero no fue así. Vigilé el tema por si alguien se añadía, y no hubo suerte durante dos semanas, tras las cuales me desentendí.
Hoy he leído tu post y ya siento haber dejado de lado el concurso sin aviso de ningún tipo pero como escribí, si no había un mínimo de tres participantes no se daban las condiciones para el susodicho concurso. Aunque confío en que a la gente que puebla el foro le apetezca escribir relatos de nuevo, sobretodo con personas interesadas como tú.
Si has escrito un relato, lo leeré con mucho gusto. Durante este mes, por mi parte, no hice relatos precisamente.
Aparte... he leído algunos escritos de la Rido´s Corner y espero que te metas en el tema de Libros del Offtopic y nos recomiendes tus libros o escritores preferidos; los tendré en cuenta. Supongo que tendrás una forma de escribir de ejemplo, una línea a seguir.
En fin... el ganador de esta edición del concurso mensual sobre Internet es... ¿quién será?
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."
Un tío calvo, gordo, sudoroso, con una pelusilla de aspirante frustrado a barbudo, enfundado en una camiseta tan negra como el disfraz barato de Darth Vader que colgaba en un perchero cercano y que aparentaba bastante más edad de la que realmente tenía gritaba como un poseso con los ojos fijos en la pantalla de un ordenador amenazando con atravesarla de un momento otro.
– ¿Qué pasa?
– ¡Mi hechicero! – se quejó. – ¡Mi hechicero nivel 94! ¡Ha desaparecido!
– Y eso debería importarle al vecino del quinto porque…
– Porque… porque…
Podría darle mil motivos a su madre, pero ella nunca lo entendería. Tantas horas de trabajo invertidas. Tanto esmero eligiendo qué hacer y qué no hacer. Tanto cuidado en todos y cada uno de los detalles para crear al fin el personaje perfecto. ¡Creaba escuela! ¡Estaba destinado a ser un dios absoluto en el juego y ahora…! Ahora no era nadie.
– Como si nunca hubiera existido – tecleaba dos horas después.
Había escarbado en todos y cada unos de los rincones habidos y por haber del sistema. Había convencido a uno de los administradores, con quien había entablado una amistosa relación basada en unas cuantas líneas en la pantalla, para que le ayudara en la tarea de resucitar al gran Raistwelin III el Oscuro, el más experto usuario de la magia que había pisado alguna vez los paisajes de cualquier mundo imaginable. Pero no había tenido suerte y ahora sólo podía quejarse.
– Seguro que fue ese cabrón del Piros – conjeturó uno de los que se habían congregado en la misma ventana del sistema de mensajería.
– Perdón… ¿De qué hablamos?
– ¡Despierta Plat! – escribió otro, un tal Frudda, usando copiosamente los emoticonos. – ¡Que estás siempre en la berza!
– Resulta que al Raist le han borrado el personaje – se reía Annie, la única chica del grupo.
Una estridente línea en mayúsculas y en varios colores que trataba de representar una risa desatada se hizo presa entonces de la pantalla.
– Eh, tío, que no es ninguna coña – le increpó la chica. – ¿Y dices que fue Piros, TDN?
– Yo me la jugaría a que sí – sentenció el aludido. – Ese hijo de puta se la tiene jurada a Raist desde hace siglos…
– Piros es un puto quejica – apuntó un tal Chucky, que hasta entonces había permanecido en silencio. – El otro día le fuimos a hacer PK el Raist y yo para pasarnos un rato y el tío se agarró una patalera que te cagas…
– A todo esto… ¿Y Raist?
– Estaba aquí hace un segundo…
– Seguro que le está mandando un mail a Piros… – reía otro.
– ¡Raist! ¡Si estás ahí contesta!
– Joder, si no te gusta jugar no juegues – continuó el tal Chucky como si tal cosa. – O hazte una mariconada de no-PK pero no toques las pelotas, ¿no? Vamos, digo yo.
– Eh… que el Raist me acaba de mandar un SMS – anunció Annie. – Que su madre le está echando la bulla, que ya se conectará en cuanto pueda…
– Si es que puede – apostilló TDN.
– Joder… ya estamos…
Las líneas de texto seguían saltando en la pantalla sin ton ni son. Gustavo se imaginaba la situación que se estaba produciendo en su ordenador mientras daba gracias al cielo por haberse acordado de anular las notificaciones por sonido y guardaba el móvil a toda prisa, preparándose para la segunda ronda del chaparrón ahora que su madre volvía de la cocina con un vaso de agua en la mano.
– He criado a un vago – se lamentaba la señora. – Tú lo tratas de hacer lo mejor posible y nada… Pero no… ¡Esto no va a quedar así…! ¡Como que me llamo María Rosa de la Mata Fernández!
– Pero mamá…
– Ni pero mamá ni nada – le cortó. – ¿Cuándo tienes el primer examen? A ver…
– Más te vale aprobar ese examen…. Si no… ¡te vas de casa!
– Sí, mamá…
– ¡Más te vale! – repitió. – Ahora, pasa a estudiar…
– Sí, mamá… – volvió a decir el joven. – Ya voy, mamá…
Cansinamente, se levantó y comenzó a andar hacia su habitación mientras, en su interior, comenzaba a maldecir todo lo que se le venía a la mente. Estudiar… ¿Pero cómo podría concentrarse para ponerse a chapar para la selectividad ahora cuando había perdido todo lo que tenía? Su madre no lo comprendía. Era imposible que lo entendiera.
– No vas a estudiar en la habitación, Gustavo – le advirtió su progenitora.
– Pero…
– Coge tus cosas y vete para el salón – ordenó. – Así te tendré cerca.
– Sí, mamá…
– Hijos… – bufó María Rosa, mientras veía cómo su niño le obedecía.
Cerró con llave la habitación de Gustavo y entró en el despacho de su marido para sentarse en el PC. Hacía bastante que había comenzado a navegar y a relacionarse con otras personas por internet para matar el mucho tiempo libre que tenía.
– ¡Mirad! – exclamó Frudda. – Piros se ha conectado. Alguien debería hablar con él.
– Iré yo… – se ofreció Annie.
– ¿Pero te llevas bien con él? – se sorprendió TDN.
– ¡Seguro que es un camionero que se llama Manolo! – se burlaba Plat.
– Lo he conseguido – se reía Piros en la otra ventana. – A ver si ahora estudia y se deja de perder el tiempo.
– Creo que esta vez te has pasado, María…
– Sí, pero si no me hace caso por las buenas, tendrá que hacerlo por las malas… – contestó. – Gracias por guardarme el secreto, Annie.
– Espero que tengas razón, María Rosa – comentó. – Espero que tengas razón…
PD: Según esto... ¿me toca a mí el próximo? Ok, tengo alguna idea en mente, ya decidiré ^^
Bueno, no ha estado mal. Aunque corto, el fanfic está bastante bién. Aunque lo que me he podido reír con el final. Muy, muy bueno. Y también inesperado.
Por lo demás, esto está muy muerto. A ver si la gente se anima un poco, porque seguro que entre todos los que hay en el foro habrá alguno al que le guste escribir. Porque es una pena que estas iniciativas no fructifiquen como deberían hacerlo.
Eratia escribió:Por lo demás, esto está muy muerto. A ver si la gente se anima un poco, porque seguro que entre todos los que hay en el foro habrá alguno al que le guste escribir. Porque es una pena que estas iniciativas no fructifiquen como deberían hacerlo.
en mi caso es por la temática, si soy mala en algunos aspectos más si son temas en concreto. Pero dale tiempo, seguro que alguien más se apuntara. si fuera de historia Gore me apunto
¿Qué?¿Cómo?¿Dónde? ¿42?
Para los que aún estén un poco perdidos, en resumidas cuentas el concurso mensual consiste en realizar un relato propio, de no más de 2.500 palabras, y cuya temática se centre en la escogida por el ganador de la edición pasada (en este caso, la temática de esta edición es CIENCIA FICCIÓN).
¿2.500 Palabras?¿He de contarlas yo? Pero si tardo menos de 3,2 nanosegundos, ¿pasa algo?
No, no es necesario ponerse a contar uno mismo las palabras (se puede hacer, pero no lo aconsejamos). La mayoría de los editores de texto poseen una función que se encarga de dicha tarea. En el caso de Microsoft Office, puedes encontrarla en: "Herramientas/Contador de Palabras..."
Bien, ya tengo mi historia ¿Ahora qué? ¿Larga y próspera entrega?
Una vez tengas terminado tu relato, tendrás que enviárselo al encargado de recogidas (en esta edición nadie se ha ofrecido voluntario, por lo que enviaremos a Citán a la caza del hombre) mediante Mensaje Privado. Recuerda que el relato no entrará en concurso si no cumple la norma de máximo de palabras o si se entrega fuera del plazo previsto (aunque SIEMPRE hay excepciones).
¿Y luego? ¿Siempre he sido y siempre seré candidato?
Posteriormente, el encargado de recogida posteará todas las historias sin los nombres de los autores. Cada participante tendrá que leer el resto de historias enviadas al concurso para posteriormente someterlas a votación.
¿Sistema de votación? ¿Como el Senado Galáctico? No me gustó lo que salió la última vez...
El "sistema eurovisivo". Habiendo X participantes se otorgarán X-1 puntos a todos los relatos menos al propio.
(X-1 puntos) A la mejor historia.
(X-2 puntos) A la segunda mejor.
...
(1 punto) A la última historia.
Y luego, gana Rusia. Sencillísimo.
Conjuntamente a la puntuación se añadirán comentarios acerca del relato y los motivos por los cuales se le ha asignado dicha puntuación.
Finalmente se agregará un comentario personal acerca de la historia que ha escrito su propio autor: Inspiración, anécdotas, calificación personal...
¿Y el premio? ¿Una bola de luz blanca que no tengo ni idea de qué es? (Últimamente el ganador deberá conformarse con la felicitación de los demás participantes, a veces ni eso XD)
Gracias a CrUsTa, actualmente sí que se otorga un premio al ganador del CONCURSO MENSUAL (se ha cansado, o eso, o yo no lo he reclamado, que también pudiera ser). Se trata de la firma exclusiva del concurso como reconocimiento. Al ganador se le cederá esta firma del ganador anterior y ésta se irá pasando de autor en autor como símbolo de ésta gran e insustituible sección de Pirateking. Posteriormente, el ganador de la edición decidirá la temática en la que se basarán los relatos de la próxima edición del concurso. No está confirmado que con cinco victorias o tres consecutivas te den la firma en propiedad, pero todo puede ser.
Última edición por rido el Mar Sep 23, 2008 10:23 pm, editado 3 veces en total.
Mil perdones a todos, me apunto, escribo una historia y desaparezco. Esto de las vacaciones... A ver si me centro un poco.
Para empezar os pongo aquí la historia futurista.
¿Quien eres?, apenas he abierto los ojos.
¿Quien eres?, intento mover mis manos pero algo me las retiene, ¿por qué no veo nada?
¿Quien eres?, no me puedo mover, no veo nada y noto un fuerte dolor en el brazo.
¿Quien eres?, me encantaría saber la respuesta, ¡dios Mío!, ¿quien soy?
La nave viajaba grácilmente por el espacio. Acaso Neh no es la mejor piloto el universo. Poco a poco se acercó a la plataforma de lanzamiento. Esperó el permiso de la torre de control y entró en el portal a toda velocidad. Realmente son curiosos estos agujeros de gusano. En un momento estás en Alfa Centauri y en pocos minutos apareces en Orión, pero la sensación es insoportable. Muy pocos humanos son capaces de permanecer conscientes todo el trayecto pero Neh es una de ellos.
Al principio de la guerra no teníamos nada que hacer, desconocíamos el funcionamiento de los portales y no éramos capaces de permanecer conscientes. Muchas naves desaparecieron en el espacio por salirse del agujero demasiado pronto. Luego vinieron las drogas de viaje. Ningún piloto sobrevivía más de dos horas pero nos permitieron lanzar ataques kamikaze contra sus planetas de origen. Ninguna otra raza había sido nunca capaz de usar los agujeros. Con el fin de los Antares llego la gran alianza; con ella la paz, y gracias a la unión de razas comenzaron las mejoras genéticas. Así nació Neh, engendrada en un laboratorio.
Cuando me "invitaron" al proyecto Worm pensé que moriría en un par de saltos pero ahí estaba Neh, 47 saltos y nunca ha perdido el conocimiento ni siquiera durante un segundo. No la envidio, no poder dormir nunca, ni siquiera tener unos párpados que te permitan descansar un rato. A veces necesitas cerrar los ojos y no hacer nada. Yo no lo soportaría, pero yo no soy Neh.
Poco a poco voy teniendo noción de mi estado. Noto un fuerte dolor de cabeza y apenas puedo ver. Mi brazo... ya no tengo brazo. No sé quienes son mis captores, ni mucho menos como he llegado hasta aquí. Uno de ellos me coge por una pierna y me arrastra sin compasión.
De repente noté escuché un disparo. Una mano enorme me agarraba de la pierna pero poco a poco, la presión fue disminuyendo.
La garra se retiraba lentamente hasta que un enorme cuerpo chocó contra el suelo.
- ¿Recuerdas lo que ha pasado?¿Estás bien? - era la inconfundible voz de Neh.
- No sé como he llegado hasta aquí, pero podrías haber tardado menos... - y tras decir esto caí al suelo inconsciente.
Neh me llevó junto al resto de la tripulación, al menos me llevó con los supervivientes. Al parecer hubo un cruce de agujeros de gusano. Un suceso rarísimo, de hecho tan sólo era una teoría hasta ahora. Gran parte de las cabinas sueño habían sido destruidas en el accidente. Tan sólo quedaban vivos dos marines, un geólogo y el médico del equipo; y por supuesto, Neh y yo. Los dos marines eran apenas unos reclutas, debía de ser su primera misión o como mucho la segunda. Sus caras reflejaban perplejidad, no miedo. Todavía no entendían lo que había ocurrido, parecían esperar que su sargento apareciera en cualquier momento a darles órdenes como si nada hubiera pasado. El geólogo era un hombre más experimentado. Apenas había cruzado unas palabras con él en la estación espacial, pero sus canas no eran más que una prueba de su experiencia. El sí que estaba asustado, pero no perdía los nervios. Por último, estaba Walter. Era la quinta misión que hacíamos juntos. Su carácter tranquilo te relajaba, a su lado parecía que estábamos en casa tranquilamente descansando. Era el tipo persona que cuando hay una pelea en un bar, tan sólo aparta su copa y mira para otro lado.
La nave había sido seriamente dañada y debido a una fuga apenas quedaba combustible. Según Neh podríamos hacerla volar, pero necesitaríamos hacer uso del reactor nuclear para poder volver al agujero y por desgracia, no teníamos una fuente de energía apropiada. Tras unas horas revisando datos del planeta desde la nave, nuestro geólogo detectó un extraño mineral dentro de una cueva cercana. Tal vez no nos fuera útil, pero al menos era una posibilidad.
La temperatura había bajado mucho en las últimas horas, conforme pasaba el día nos íbamos acercando a los cero grados. Preparamos nuestra ropa de abrigo y todo lo que nos pudiera servir y salimos en dirección a la cueva.
Al pasar junto al cadáver de la criatura, Walter se acercó al cuerpo para examinarlo. Para entonces ya apenas veía un poco borroso, así que pude observar a la criatura. Era un homínido, de eso no cabía duda. Tenía una musculatura y un cuerpo similares a los de un chimpancé, pero debía de medir al menos un metro y medio. Sus brazos eran largos, probablemente los utilizaría para andar, y acababan en unas garras muy parecidas a las de un tigre. Su figura era extremadamente encorvada y rechoncha; y estaba totalmente recubierto de un espeso pelaje. Nuestro médico dictaminó que probablemente esta raza vivía en cuevas y que estaba preparada para el frío extremo.
Tras este descubrimiento decidimos ir con más cuidado. Si la cueva era tan grande como aparecía en el escáner probablemente estaría habitada.
Uno de los reclutas iba abriendo la marcha a varios metros de distancia, mientras que el otro cerraba el paso escondido por detrás, preparado por si caíamos en una emboscada. El camino prosiguió durante un par de horas sin ver ni oír ningún animal. Ni tan siquiera se oyó el canto de algún pájaro. Un silencio sepulcral era el único compañero de los extraños árboles que habitaban aquel tupido bosque.
Nuestro guía nos hizo detenernos junto a unos arbustos, y allí agazapados, pudimos contemplar como varias de aquellas extrañas criaturas ataban a unos postes a otro de sus congéneres. Seguidamente, todos se dirigieron hacia la entrada de una cueva, con la única excepción de lo que debía de ser un guardia armado con una lanza.
Pasaron aún un par de horas más y poco a poco los últimos rayos de sol fueron desapareciendo. No tan poco a poco, la temperatura iba descendiendo hasta el punto de que incluso el guardia se adentro en la cueva.
Con el último rayo de sol llegó nos llegó un grito, “¡Corred!”. Era el marine de retaguardia, “¡Corred a la cueva!”. Ni siquiera nos paramos a mirar. Comenzamos a correr con todas nuestras fuerzas sin saber ni que que pasaba. Tan sólo cuando estaba entrando en la cueva me atreví a mirar atrás. Era como si una cortina blanca se corriera. Por donde dejaba de dar el sol, el hielo lo cubría todo. Las piernas de nuestro protector de retaguardia no fueron lo bastante rápidas, en cuestión de segundos se convirtió en una estatua de hielo, al igual que la criatura atada a los postes.
Seguimos hacia dentro de la cueva, ya que aunque era peligroso, estar fuera era una muerte segura.
Al principio la cueva era bastante amplia y podíamos caminar sin problemas pero, poco a poco, iba haciéndose más estrecha y más baja hasta llegar a una zona en la que teníamos que andar agachados. El frío era casi insoportable y eso que llevábamos ropa de abrigo pero al menos la temperatura se mantenía constante en unos veinte grados bajo cero. No fue hasta después de una hora cuando empezamos a notar que la temperatura aumentaba. Otra hora más y la temperatura se acercaba a los cero grados, aunque no parecía que fuera a subir más.
En ese momento debíamos de haber bajado al menos trescientos metros y ya se empezaban a escuchar los sonidos de una oscura civilización que había sido capaz de sobrevivir al terrible clima de este planeta.
Según el GPS que llevábamos el mineral no debía de estar ya demasiado lejos. Tan sólo a unos doscientos metros más hacia el este, pero para llegar a él debíamos atravesar el poblado de los hombres-gorila; y no podríamos hacerlo sin luchar.
En cuanto entramos en el poblado varias criaturas armadas con lanzas se nos acercaron. Pensábamos que tras oír un par de disparos se alejarían de nosotros, pero nada más lejos de la realidad. En breves minutos quince simios cayeron muertos al suelo, no sin antes haber herido a nuestro médico, Walter. No teníamos tiempo que perder, debíamos actuar y rápido, antes de que se reagruparan.
Corrimos hacia el yacimiento de mineral. Era una roca extraña, de un color rojo intenso, y desprendía una gran cantidad de calor. Sin duda era lo que mantenía caliente la cueva. En cuanto comenzamos a extraer el mineral un horrible grito salió al unísono de las gargantas de todas las criaturas. Sin duda debían de pensar que el mineral era una especie de dios. En ese momento toda la tribu atacó al unísono. No solamente los guerreros, sino incluso los ancianos y los niños.
Walter fue el primero en caer. El dolor de sus heridas lo hacía lento y no fue capaz de esquivar una roca que le lanzaron directamente entre los ojos. Sus sesos esparcidos por el suelo no fueron más que el principio de la dantesca escena que vendría a continuación.
Mientras que Neh y yo abríamos fuego con nuestras pistolas que apenas conseguían retrasarlos, el marine masacraba a los simios con sus armas láser. Poco a poco fuimos exterminando una raza que tan sólo protegía lo que les permitía vivir. Varios minutos más tarde, tan sólo Neh y yo seguíamos de pie. Nuestros compañeros yacían muertos en el suelo, rodeados de decenas de cadáveres de aquellos hombres-gorila que no habían hecho más que proteger su hogar.
Miré a Neh con ojos llorosos y le pregunté “¿Por qué?¿Por qué ha tenido que pasar esto?”Era una pregunta retórica, no esperaba contestación, sin embargo la tuve:
“Este mineral se llama Corbelio. Tras la destrucción de los Antares, una de nuestras naves consiguió regresar. El único superviviente de la tripulación informó al consejo sobre una fuente de energía diez veces más potente que cualquier otra conocida y trajo una pequeña muestra como prueba. Mediante restos genéticos de los Antares se creó una nueva raza de híbridos destinados a gobernar el universo, nosotros. Ese fue el origen del proyecto Worm. Y ahora por fin, después de tantos años, hemos logrado dar con el primer yacimiento.”
En ese momento comencé a recordar. Debido a un fallo en mi cabina me había despertado antes de tiempo. Había visto a Neh como destruía las cabinas de los marines. Huí de ella fuera de la nave pero me descubrió y sin pensarlo dos veces me disparó. La bala me dio en el codo haciendo saltar mi brazo por los aires y al poco caí inconsciente en el suelo donde me encontró aquella criatura. El pobre ser tan sólo pretendía apartarme de quien quería darme caza.
Ya ha pasado diez años desde entonces. Aún no sé porqué me dejó con vida. Estuvo sacando mineral durante un mes hasta que consideró que tenía suficiente. Luego me dejó algo de ropa y se despidió de mí como quien se va de vacaciones. No sé qué habrá sido de ella, pero no dejo de soñar con que su nave se estrelló y no consiguió su objetivo. Por el bien del universo, espero que así fuera...
Para la de internet ya llego tarde, pero me apunto a la de Octubre.
Gracias a este tema, mi número de mensajes alcanza la centena.
Contad conmigo para la edición de los romanos.
Llamemos a Taborda para que recoja los relatos.
No tardemos en enviarlos.
En otro momento, comentaré el relato de Rido y el de Koel. Hay prisa.
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."