Lestrang escribió:muy buen tema!
todo lo que he leído me ha gustado mucho, sobretodo los poemas de the buddha, muy buenos, sí señor.
Yo a mi temprana edad,(13 años) estoy escribiendo un libro (de momento llevo tres capítulos sólo XD, pero lo intentaré terminar lo antes posible), también he ganado algún concurso, pero no mucho. También tengo algún poema y la mitad de un libro que escribía de pequeño con mis hermanas. Ambos libros tratan de piratas, de hecho fue mi pasión por los piratas lo que me hizo encontrar One Piece. Si puedeo, luego colgaré los tres primeros capítulo de mi libro, a ver si os gustan, y alguna cosilla más.
Felicito de nuevo a todos los autores de todo lo que he leído, que todavía no es todo, pero en serio, The buddha, tú tienes futuro, los poemas son tremendos
un saludo! EDIT:Pongo aquí mi libro, hay una cosa curiosa y es que el narrador va cambiando en cada capítulo, espero que os guste
Aquí el 1º capítulo:
1º: En busca de la banda
-Ya estoy aquí- dije emocionado en la cubierta del barco público al que me había subido- Hora de buscar tripulación.
Me dirigí hacia el camarote principal, donde se apelotonaba la gente, ya que era casi la hora de comer. Un chico de más o menos mi misma edad pasó a mi lado dándome un codazo. Tuve el presentimiento de que ese chico me daría problemas. No sabía lo cierta que sería esa sensación.
Pasé a recoger un plato y un trozo de pan, que levaba demasiado moho para mi gusto, llamadme tiquismiquis si queréis, pero me suele gustar más la carne cruda que esa cosa verde y deformada. Después un puré que hizo rezar porque no estuviese hecho con vísceras de las víctimas de la cocinera, de las cuales me apiadé ya que ésta tenía una adorable mirada que hablaba por sí sola, concretamente describiendo el modo del que quería matarme. La verdad es que no era un barco de cinco estrellas. Entonces me giré mirando el plato, esperando a que aquella cosa verde saltase a comerse mi cara. Choqué de bruces con el chico que me había dado el codazo. Me disculpé y lo vi alejarse murmurando unas palabras que apenas pude entender, pero que se filtraron en mi mente y fui aclarando hasta saber lo que había dicho: ``Mira que ir en un barco público… aquí no hay ninguna banda a la que unirme.´´
La cara se me iluminó: ese chico sería el primero de mi tripulación. Vi que llevaba dos pistolas sujetas en los bolsillos. Me fui a levantar a toda prisa para hablar con él, y vi una mano, la mano de una chica, tendida hacia mí, para ayudarme a levantarme. Le agarré la mano y me incorporé, mirándola: era la chica más preciosa que nunca había visto, de dorados cabellos y con un vestido lila. Me mostró una gran sonrisa.
-Gracias, eh…, yo… ¿puedo, em…? ¿Por dónde se ha ido el otro chico?- el hecho de haberme caído de culo no era algo por lo que sentirse especialmente orgulloso. De hecho, me dolió en el honor tener que levantarme con su ayuda, y me puse nervioso, puede que incluso un pelín histérico.
-Creo que se fue por ese vestíbulo- dijo sin dejar de sonreir.
- Ah, em…, gracias, por, eh… la ayuda. Hasta luego.- Dije avergonzándome a cada palabra y tratando de mantener mi orgullo.
- De nada. Por cierto, me llamo Evangeline. Evangeline Redtrap.
- Yo soy Travis. Travis Lestrang.
-Encantada Travis.
-Igualmente.- dije, y me marché dando zancadas y enfadado conmigo mismo. Me puso más nervioso hacer el ridículo en público que la sonrisa y la mirada de Evangeline.
Pronto alcancé al otro chico
-¡Eh! ¡Chaval!- grité
-¿Qué…? ¡Ah, tu otra vez! ¡Mira, déjame en paz y la próxima vez vigila por dónde andas!
-Eh, vengo porque he oído que buscas capitán en una banda de piratas, así que no me hables así, chaval.- Le espeté. Al acercarme un poco más a él pude verle la cara por primera vez. Era de pelo castaño, del mismo color que sus ojos, con unos pantalones negros rotos por todas partes y una camisa blanca y arrugada que sobresalía de una corta chaqueta verde.
-¿Conoces algún capitán? ¿De verdad?- Dijo emocionado.
-Lo tienes delante
-¿Qué? ¿Un tuerto como tú? ¿Capitán de una banda? ¡No me hagas reír!
- ¡En serio chaval, tienes delante al capitán Travis Lestrang Morendy, el hombre que va a matar al gran pirata Gorgor!- dije decidido.
- ¿A Gorgor? ¿Al rey de los mares? ¡Si yo fuese tú me buscaría a alguien con unas pocas menas posibilidades de cortarte la cabeza!
-En serio, si te unes a mí bien, si no…- mientras decía esto, unos tipos se nos fueron acercando hasta acorralarnos.
-Mirad chavales, si nos dais el dinero os haremos el menor daño que podamos.-dijo el que parecía el jefe, con una maquiavélica sonrisa.
-Anda, mira, pero si han venido para recibir una paliza unos paletos robacarteras –dije.
-¡¿Qué acabas de decir, crío?! ¡¿Quieres que te rompa la cara?! ¡Soy el capitán Malkrak y voy a tomar este maldito barco, criajo! ¡Así que mira con quién hablas!
- Parece que tus amigos no piensan irse por las buenas, ``capitán Travis´´.- Dijo el chico al que estaba invitando a la tripulación
-Bueno, entonces quizás necesiten recapacitar un poco e irse a llorar antes de que les parta en dos.- dije.
-¡¡¡MALDITO CRÍO!!! ¡¡¡VOY A MATARTE!!!- dijo Malkrak
-Adelante. Puedes intentarlo.-repuse.
Malkrak ordenó a sus hombres atacar mientras me intentaba acertar con un puñetazo que esquivé fácilmente. Le asesté un rodillazo en la tripa y otro en la cara. Sus secuaces no tardaron en abalanzarse sobre mí. Entonces vi el momento para sacar mis dos espadas, las cuales llevaba atadas a la espalda. Saqué una y le asesté un puñetazo a uno de los piratas con ella. Me fui deshaciendo de ellos uno tras otro, Pero Malkrak se incorporó tambaleante y se dirigió a mí a toda velocidad. Uno de sus secuaces se acercó a mí por la espalda mientras daba un severo tajo en el torso a un pirata y, cuando iba a atacarme por la espalda, oí un disparo. El pirata cayó al suelo y todos nos quedamos atónitos durante un momento. Dirigí la mirada al lugar del que provenía el sonido del disparo y vi entonces al chico que quería que se uniese a mi futura tripulación. Tenía la pistola sujeta firmemente, de la que emanaba un olor a pólvora recién usada. Parecía que no era la primera vez que mataba a alguien. Las tornas en ese momento estaban más o menos 21 contra 2. Saqué mi segunda espada. Asesté varios tajos, seguidos de aullidos de dolor y golpes secos en el suelo. Me puse espalda con espalda con mi compañero. Un pirata se abalanzó sobre mí y salté sobre él usando su cabeza como apoyo y propiné un corte al compañero que tenía detrás. Después, sin dejar de agarrarle la cabeza, tumbé al que me servía de apoyo en el suelo, y salté desde él hasta Malkrak, quien desvió mi primer tajo con su espada y trató de atravesarme con una estocada que desvié sin mucha dificultad mientras oía los disparos de mi compañero. Lancé un segundo espadazo, que chocó con la espada de Malkrak e introdujo tanto a la suya como a la mía en un choque. Con un simple movimiento me deshice de la espada de mi contrincante al cual atravesé tras ello. Los piratas que quedaban huyeron y quedamos sólo mi compañero y yo en el pasillo del barco, con una buena montaña de piratas ensangrentados.
-No lo haces mal, tío. Puede que no seas tan malo al fin y al cabo. Por cierto, me llamo Mark.- dijo revelando al fin su nombre
-¿Eso es un sí?-inquirí
-Si me garantizas fortuna y aventura, no habrá cosa que me frene alguna.
-Y si hay cerveza y ron, no hay restricción.-terminé- Es el himno pirata.
FIN DEL PRIMER CAPÍTULO
2º Capítulo:
Poco después aparecieron los guardas y tuvimos que movernos. No suele gustarme correr, pero he de admitir que teniendo detrás un montón de cadáveres, los cuales no olían muy bien, y ocho guardas furiosos a la vez que increíblemente flipados me encendió las ganas.
- Por cierto…- inquirí yo, una vez habíamos dado esquinazo a los guardas- ¿Dónde guardas el barco? ¿Está por aquí cerca?
- ¡Ah, sí, lo del barco! La verdad es que no. Tengo pensado robar alguno.- Dijo mi nuevo capitán.
- ¿¡Cómo?! ¿¡No tienes barco?! ¿Y entonces…? ¡Ah, no, no me digas que tampoco tienes tripulación!
- ¿Qué más te da? Tú eres el primero. ¡Deberías sentirte honrado de ser el segundo de a bordo de mi banda!
-¡Oh, vamos! ¡Y ahora me dirás que planeas conseguir una tripulación en este barco!
- No necesariamente. Este barco recorre muchas costas, y llega hasta Leordekart, la isla comercial. Allí no será difícil encontrar más gente.
-¿Leordekart? No creo que sea buena idea. Muchos cazarrecompensas pululan por allí.- le dije yo
- Y también muchos piratas, que buscan deshacerse de ellos. Lo creas o no, los cazarrecompensas se buscan enemigos.- replicó él
-Bueno, capitán, esperemos que tus pasos sean adecuados.
-Lo serán, amigo. Por cierto ¿Dónde duermes en este barco? ¿Cuál es tu camarote?
-El 17. Lo comparto con una chica rubia.
- El mío es el 23. La cama de al lado está vacía. Si quieres puedes quedarte a dormir conmigo, a menos que prefieras intentar…
- Si terminas esa frase te parto la boca, capitán.- le advertí- Y sí, creo que me quedaré en tu camarote.
- Perfecto. Siempre que no ronques, claro.
- Hombre, pues con el poco sueño que tengo, supongo que te dormirás tú antes.
- Bueno, eso no lo creo posible. Yo duermo muy poco. De hecho a veces ni duermo.
- ¿Y eso?- le pregunté
- Una larga historia, no muy agradable.
- Bueno, si no tuviésemos que echar a correr para que no nos pillen, te pediría que me la contases. Estoy oyendo muchos pasos, y alguien que tiene dos espadas a la vista no resulta especialmente ineximible de una masacre, intrépido líder- dije en tono sarcástico.
- Bueno, no creo que nos pillen. ¿Tan lento eres?
- ¡Hm! ¡No te quedes atrás!- Dije, echando a correr.
Llegamos al camarote con los guardias pisándonos los talones, tomamos un par de jarras de cerveza que Travis tenía en su camarote y nos echamos a dormir.
Me desperté en mitad de la noche y vi a Travis sentado en una silla mirando por el ojo de buey. -¿Ya te despiertas, Mark?-dijo sin dejar de mirar el mar.
- Bueno, depende de qué hora sea. Pero viendo la luz… creo que mejor dormiré un poco más.
En ese momento me fijé en Travis. La verdad es que no lo había mirado en atentamente. Era de pelo castaño y una herida cosida surcaba el lado izquierdo de su cara, desde el cuello hasta su ceja, pasando por su ojo, el cual nunca llegué a ver, pues siempre lo tenía cerrado. Supongo que se lo habrían cosido así. Después me fijé en su torso. No llevaba camiseta, se la había quitado antes de irse a dormir, como yo. En su pecho vi una gran herida cosida de la misma forma que la de su cara, pero esta le recorría el pecho horizontalmente, y la verdad es que se conservaba bien. No era especialmente un tirillas que digamos. Además tenía varias marcas en el brazo derecho. Parecía un muñeco de trapo con tanto cosido. Por un momento, Travis se giró para mirarme, pero volvió a girar la cabeza rápidamente. En ese momento me pareció ver un fulgor, una luz muy débil de color morado, alrededor de su cuerpo, pero se desvaneció rápido, y supuse que sería una ilusión óptica. Tras eso, debí volver a dormirme porque no recuerdo nada más de aquella noche.
Me desperté y vi a Travis mirando todavía la ventana. Entonces le dije:
- ¿Llevas toda la noche así?
- Sip. Soy poco dormidor. Ya te lo dije antes. Es hora de moverse, el barco pronto llegará a Leordekart, y entonces tendremos que darnos prisa si queremos desembarcar.
Dicho esto, recogimos nuestras cosas, que no eran muchas (algo de dinero y una botella de ron entera que Travis metió en una especie de mochila y se cargó al hombro). Salimos a cubierta para recoger (otros lo llaman robar) un poco de ``comida´´ (si a eso se le puede llamar así) y algo de dinero.
Después, al final y de una vez por todas, salimos afuera, y pisamos tierra firme. Había bastantes comerciantes con carretas y algún que otro señor intentando vender baratijas a las que llamaban `` artículos de coleccionista´´. Al final decidimos entrar a una taberna de mala muerte. Allí había dos tipos que estaban sentados el uno frente al otro, mirándose fijamente. Travis y yo nos sentamos en la mesa de al lado. Me fijé en ellos mientras mi capitán acudía a la barra a por unas cervezas.
-¿Qué miras?- dijo uno de ellos, que parecía estar un poco ebrio
-¿Tienes algún problema?- le contestó el otro
- Quizás si me dejas de mirar como un atontado deje de tenerlo, y por lo tanto dejes de tenerlo tú también.
- ¿Me estás amenazando o realizando un intento de suicidio? Bueno, la primera ya incluye la segunda.
- ¿Seguro, imbécil? Quizás quieras replantear el que puedas conservar las piernas y la cara tal y como las tienes ahora… aunque tampoco sería una gran pérdida.
- Si quieres pegarte un tiro en la nuca te lo aconsejo más que que esperes a que te lo pegue yo.
-Mira gusano…
-¿No te enteras…?
Los dos se levantaron y el borracho le rompió la jarra de cristal en la cabeza al otro tipo, el cual ni se inmutó. Simplemente sacó de una funda que tenía un arco tan largo como él mismo y le disparó en el hombro con una flecha. Entonces el que había empezado la discusión sacó una espada bastante larga y le lanzó un tajo a su contrincante, que simplemente le hizo una pequeña marca en la barbilla. Entonces otro tío gritó: `` ¡Pelea!´´ y le pegó un puñetazo a un pobre hombre que estaba tomando una infusión. En poco tiempo se creó una trifulca y se acabaron pegando todos. Vi como a Travis ya lo intentaban tirar, y este los esquivaba sin mucha dificultad con dos jarras de cerveza, una en cada mano, hasta que un tipo cometió el grave error de tirarle las jarras al suelo. Travis lo miró con una cara de asesino y empezó a pegarles a todos, y yo no fui menos y me uní a mi capitán en el aporreamiento. Al final, sin haber tenido que usar las espadas ni las pistolas, en la taberna quedamos en pie sólo los dos tipos que habían empezado la pelea y nosotros dos. Uno de ellos tropezó y cayó encima de Travis, y antes de levantarse le pegó un puñetazo en plena cara. Travis se levantó furioso y le pegó un patadón en las partes privadas, del cual estoy seguro que salió dolorido. Pero Travis no se quedó ahí. Le pegó un rodillazo en plena cara mientras el otro se lamentaba de la patada, y del golpe cayó rodando por el suelo y llegó a parar a mis pies, así que lo agarré del cuello y le pegué un puñetazo en la tripa. Él se levantó y atacó al que más cerca tenía, que era el otro tipo. Entonces me coloqué detrás de ellos y les pegué un puñetazo a cada uno en la nuca tras el cual cayeron estrepitosamente al suelo. Entonces Travis los levantó y les dijo:
- Ahora escuchadme, paletos. Ya habéis visto de lo que sois capaces: de destrozar un bar entero. Y si queréis pararos un momento tengo una oferta que plantearos.
- ¿No estarás pensando en…?- dije yo
- Es exactamente eso, Mark: ¿querríais ser parte de mi tripulación?
- ¿Así, de buenas a primeras?- pregunté yo
- Hombre, mal no pelean, y necesitamos gente para robar el barco.
- ¿Tripulación pirata? Me encantaría ser pirata de nuevo, fui timonel de otra banda hace tiempo, siempre y cuando me asegures comida. No tengo otra cosa que hacer. Por cierto, soy Jeorge.
-¿En serio?- me asombré yo
- Bueno, siempre quise ser pirata. Pero no seréis de esos corsarios al servicio del gobierno ¿no?- dijo el otro
- ¡Para nada! De hecho no nos interesa bastante la ley.- Respondió mi capitán.
- Entonces debería pensármelo un poco. No os digo que no. Y me llamo Jack .
- ¿Y cuando nos lo dirás?- pregunté yo
-Mmm… ¿cuándo os iréis de la isla?
- Suponiendo que encontremos un barco en un par de días. Si no en una semana- Contestó Travis
- Y vosotros sois…
- Mark y Travis- Dije yo.
- Muy bien, entonces os veré en un par de días- Dijo alejándose hacia la puerta de salida.
- ¿Cómo nos encontrarás?- Preguntó Jack
- Oh, tranquilos. Tengo buena vista.
FIN DEL SEGUNDO CAPÍTULO
3º Capítulo:
El tal George salió por la puerta trasera, así que nosotros decidimos hacer lo mismo. Cuando salimos fuera, Mark y Jack se pusieron a discutir sobre dónde debíamos ir para conseguir un barco.
- ¡Si vamos al muelle nos encontrarán en nada! ¿No ves que ahí están todos los barcos de justicia del archipiélago?- dijo Mark
- ¡Mejor que ir a la roca de las estrellas, que está plagada de cazarrecompensas!- dijo nuestra más reciente incorporación, Jack
- ¡Mira, si quieres ir tú solo perfecto, pero ahora eres parte de la tripulación…!
- ¡Mira, no me importa si…!
- ¡Callaos ya! Yo soy el capitán, y yo decidiré dónde conseguiremos el barco. Pero antes tenemos que encontrar provisiones, así que iremos al mercado. ¿Por cierto Jack, de qué tripulación eras antes? No eres más mayor que yo…
- Bueno, la verdad es que no era una tripulación poco conocida, era la tripulación de Liandre, la pirata del mar Moed.
- ¿En serio? ¡La que tiene una recompensa de 200 mil kiok!- dijo Mark
-Exacto
-¿Y cómo la conociste?- le pregunté
- Bueno… em… ella me raptó. Un día desembarcó en nuestra aldea. Algunos hombres del pueblo intentaron luchar, pero esa mujer es un monstruo. Los mató a todos. Entonces yo intenté luchar por mi pueblo, pero no pude hacer nada contra ella, pero en vez de matarme, decidió hacerme parte de su tripulación, hasta que un día intenté escapar. Ella me descubrió pero me dejó marchar. Aún no sé por qué. Hace un año que llegué a Leordkart en un bote.
Mientras contaba esto, llegamos al mercado, donde compramos provisiones, sobre todo carne, que parecía encantarle a Mark. Mientras comprábamos, encontré un anuncio: ¿Quiere ganar 100 kions? ¡Intente tumbar a Soakde, el campeón de campeones, en una lucha sin armas! ¡Hay ocho plazas disponibles, date prisa y participa el día 7 en la carretera principal!
- Creo que voy a participar. Hoy es día 7- dije
- Bueno, no nos vendría mal el dinero- dijo Mark
- ¿Perdón? Se nota que no conocéis a Soakde. Es el mejor de la isla- afirmó Jack
- Bueno ¿Tú lo conoces?- le pregunté
-No, la verdad. Pero he oído hablar de él
- Entonces no puedes decir que es el mejor. Puede que lo fuese hasta ayer- repuse
- ¿Ayer? ¿Por qué?- preguntó Jack
- Porque ayer llegamos nosotros- afirmé
Llegamos a la carretera principal pronto y divisamos una carpa no muy grande de color rojo que había a pocos metros. Pronto entré y le pregunté a un hombre trajeado que parecía el jefe si podía apuntarme. Me dijo que quedaban un par de plazas, así que le pregunté en qué consistía el torneo.
- Pues tú tienes que entrar en ese círculo de arena e intentar aguantar siete minutos luchando con Saokde. Si lo consigues te llevas el dinero, pero es casi imposible.
-Vale, me apunto- respondí
-Muy bien. ¿Nombre? ¿Edad?
- Travis. 20 años.
- Muy bien, Travis. Serás el quinto en enfrentarte a Saokde. Mientras toma asiento para ver a tus rivales luchar contra él.
La primera lucha no estuvo mal. La carpa estaba repleta de espectadores. Un tal Keizo se enfrentó a Saokde. Saokde era muy corpulento, y no se quedaba corto en velocidad. Keizo era delgado pero mucho más rápido que su contrincante, aunque al final cayó de un poderoso puñetazo lanzado por Saokde.
El segundo era un chico muy gallito, que al parecer tenía un club de fans femenino que lo animaba, pero Saokde lo tiró fuera en nada y el chico casi se echa a llorar.
El tercer contrincante no apareció y se pasó directamente al cuarto. La cuarta ronda fue la mejor: un chico poco más mayor que yo lucho contra Saokde, y estuvo a punto de tirarlo, pero acabó perdiendo.
Era mi turno. Me pidieron que me quitase la camiseta para salir a luchar. Saokde me dio la mano y comenzamos el combate. Varios gritos de ánimo hacia mi contrincante le hicieron llenarse de ánimo y abalanzarse sobre mí. No lo esquivé a tiempo y me arreó un puñetazo en plena cara. Tambaleé un poco y me lancé hacia él. Le lancé varias patadas que acertaron de lleno en su cuerpo, y un puñetazo que le dobló y cayó al suelo de rodillas, dolorido, pero pronto se levantó para proseguir el combate, pero lo tumbé finalmente de una patada en la cara.
Tras recuperar el conocimiento, se levantó e hizo una reverencia, signo de una derrota honrosa. Le devolví la reverencia y nos dimos la mano de nuevo. El jefe no tenía pensado darme el dinero, pero el propio Saokde le obligó a hacerlo.
- Luchas muy bien- dijo- sería algo deshonroso por mi parte negarte el premio. Espero que algún día podamos volver a luchar.
-Lo mismo digo- respondí
En ese momento cantidades ingentes de personas se acercaron a mí, pidiéndome autógrafos o cosas por el estilo. La verdad es que no sabía que Saokde era tan famoso, ya que tampoco había sido tan complicado vencerle. Incluso las chicas del club de fans del segundo participante se abalanzaron sobre mí para dios sabe qué, así que me puse mi camiseta y cogí el dinero para irme, cuando el jefe me agarró por el brazo
-Oye chaval- me dijo- ¿Te interesaría ser nuestro nuevo campeón?
-¿Cómo?- le pregunté
- Ya que has vencido a nuestro mejor hombre, puedes quedarte con nosotros para hacerte famoso y ganar dinero… -me propuso
- No, voy a hacerme famoso a mi manera, no me interesa ser campeón de lucha libre.
- ¡Pero no puedes hacernos esto! ¡Ahora que has vencido a Saokde ya no tiene su imagen de campeón! Seguro que hay alguna forma de que lo pienses… te pagaríamos muy bien con lo que quieras.
- Bueno, lo pensaré- contesté finalmente
- Así me gusta- respondió él, convencido de que reconsideraría la oferta
Llegué junto a mis amigos y salimos de la carpa. Jack me miraba boqueabierto.
-¿De verdad lo vas a pensar?- me preguntó Mark
- Para nada, era sólo para quitármelo de encima- respondí
- ¡Has vencido a Saokde! ¡Ese hombre es conocido en todo el archipiélago como el mejor!- dijo Jack, totalmente flipado
- El mundo es muy grande, Jack. Un archipiélago es poco territorio. Estoy seguro de que encontraremos mejores rivales en nuestro camino como piratas- le dije
- ¿Y ahora qué hacemos?- preguntó Mark
- Pues ahora tenemos dos opciones: comprar el barco con el premio de Travis o robarlo y quedarnos el dinero, como buenos piratas que somos.
-Opto por la segunda ¿Y tú qué dices, capitán?
- Obviamente robaremos el barco. No podemos permitirnos comprar un barco como simples bucaneros.
- Y una cosa más ¿Qué pasa con el chico del arco?- añadió Mark
- Bueno, creo que nos encontrará.- le respondí
-¿Cómo estás tan seguro?
- Bueno, un buen tripulante tiene que saber siempre dónde está su capitán.
- O sea que te has decidido…
- Sí. Ese chico va ser de los nuestros
Sé que no son gran cosa, los escribí hace un tiempo, aunque no llegan al nivel de los vuestros
Muchas gracias por los halagos, pero todavía me queda muchisimo para ser un gran escritor. Tengo un poemario con sonetos y demás, y como dije antes iré poniendo un poco cada día. En cuanto a tu historia, se ve entretenida, está muy bien para un chaval de 13 años, pero si quieres que sea un libro te aconsejo que te detengas más en pequeños detalles, que te enrolles si hace falta con pequeñas cosas como el aspecto del barco o la gente que allí se encuentra. Si no, finiquitarás tu historia muy pronto, y tiene buena pinta.
pues muchas gracias por los consejos, intentaré seguirlos, sí que es verdad que me salto algunos detalles, así que los reescribiré para que enganchen más.
un saludo y muchas gracias de nuevo!
Blancos luceros que admiro en la noche
Espantáis si ella se encuentra a mi lado;
El alba comienza, yo, eclipsado,
No sé acercarme a su amor, fiel derroche.
Destellos del vasto azul, comtemplad
La luna llena en su rostro marcado
Por el reclamo a un ave encerrado;
Cubrid el azabache y mi alma salvad.
¿Por qué ese franco pavor que me indujo
A ignorar tus señales en el día?
En la noche los astros son tapujo.
En vosotros fortuna encontraría,
Pero más hallé a un vil brujo
Y perdí cobijo en noche fría.
Remembranza
¡Tic! Corrió la manecilla.
¡Toc! Y la otra acompañó.
Recuerdo, efímera silla
Cuando el tiempo marchitó.
La vista atrás por negra vía
De sangre; buscar dolor,
Urdir en lúgubre ardor
Con el que jamás gozaría.
Droga del enamorado,
Mortal veneno en despecho.
¡Señor mío, vos acusado
De consentir nocivo hecho!
Donde dormita el miedo,
Donde el alma llora.
Después, engañosa, implora
Invocar un dulce credo.
Efímero, mas sentido;
Súbito y cruel asesino
Por los muertos conocido.
Inevitable destino.
Recordar cantó un poeta
Al buscar ser recordado;
Hipócrita, ya cansado,
Pues tus versos son vil treta.
Tal que dijo el gran Machado:
Se hace camino al andar;
Aquel poeta, alabado,
Mi honra aún queda por labrar.
Labrar cantando al olvido,
Sed de Dios, indomable,
Y mi palabra el peor sable,
Escupo al antes y al he sido.
Barrabás, vil embustero,
¿Encontraré yo la gloria
Si miento? Bizarra escoria,
narro un pesar y no un Te quiero.
II
Preso en una triste habitación,
Mi único carcelero es el miedo;
No quiero salir, ni vencer, no puedo
Apartar la losa de mi razón.
Órganos nerviosos, liberadme
De esta estúpida celda sin sentido.
Príncipes celestiales, he venido
A pediros: ¡por favor, ya, salvadme!
Huyo del temor que me hace huir,
Busco a una ninfa que me dé el valor
Que ya perdí; y que consiga sentir
La primavera y nunca más dolor.
Desde mi cueva no decir:
¡Odio a Gea y maldigo su rencor!
Consignas para el joven escritor, Silvia Adela Kohan, editorial Octaedro.
Silvia Adela Kohan tiene un buen arsenal de títulos publicados con consejos para escritores. Se puede ser un buen escritor sin haberlos leído, claro, pero nunca está de más un poco de ayuda.
Otro poemilla, aunque mis esperanzas de que otras personas expongan aquí sus pinitos va decayendo... Igual que mi interés por la Guerra de Bandas, sí, tras ese maldito minipuzzle.
Verde fogonazo, te esperaba solitario.
En verdad no te esperaba, había desistido.
Ni una sóla ráfaga de tu preciosa luz
Persistía dentro de mi ser en su vano esfuerzo.
Sin ti no sé esperar, sin tu ardiente resplandor,
Pero has llegado con tu suculento banquete
Que transforma mi esfuerzo vano en árbol de fe.
Nada es negro, ni en vano; podré conseguir todo.
No sé ni cuando, ni cómo te dejé marchar.
Mucho menos sé el por qué, pues eres mi vida
Señera y somnolienta. Tú le das cierto color.
Más verde, que te quiero verde, pasión gitana.
Que sorpresa me acabo de llevar no sabia que habia concursos de literatura en el foro , aunque nunca me e presentado a ningun concurso porque los limites que ponen a veces no me valen, siempre digo que me den el espacio que yo necesito para poder contar la historia a mi gusto, yo escribo prosa y llevo mas de cinco años intentando terminar algo que estoy escribiendo, lo que me pasa es que despues de escribirlo veo un mogollon de defectos, no se si os pasara . Ser escritor es uno de mis sueños desde muy pequeña, asi que soy igualita a vosotros
La sed de venganzqa no hace mas que envenenar la sangra de quien la siente.
Hola soy nueva
Yo también soy escritor "aficionado" y me he presentado a algunos concursos. He ganado un par en mi instituto, quedé segundo en un concurso a nivel de Euskadi y mayormente escribo historias que a mi me gustan, porque me gusta escribir.
Muchas veces cuando le decimos a la gente que queremos ser escritores, se ríen o se piensan que estamos exagerando. Ser escritor no es tán dificil, yo opino que todos los que escribrimos lo somos. ¿Publicar un libro de éxito? Bueno, eso ya es otra cosa, pero desde luego la etiqueta de escritor no me la quitarán.
Hace poco leí en una entrevista que le hacían a JK Rowling (Escritora de Harry Potter) donde le preguntaban si esperaba, hace unos quince años antes de empezar con HP, que sus libros tuvieran tanto éxito. Ella contestó sencillamente: <<yo escribo y he escrito toda mi vida con la única finalidad de entretenerme. Me gusta escribir, es un hecho y me divierte. Como el que se divierte grabando videos o tocando la guitarra. Gustar a tantos jóvenes por todo el mundo es una alegría que hace que me enorgullezca de mi trabajo, pero jamás me lo había planteado>>.
Es decir, que lo importante es escribir porque a uno le guste. A mí me gusta y escribo porque disfruto con ello. Hace poco he acabado un libro que he escrito en un período de dos meses. Trata de una sociedad de humanos que convive con criaturas extraordinarias, desde seres conocidos como los Licántropos, a criaturas más oscuras que me he inventado yo mismo.
Estoy intentando ponerme en contacto con una editorial que parece ser está buscando chicos jóvenes y desconocidos que escriban sobre obras de fantasía. Podría ser interesante enviarles mi libro y que le echaran un vistazo, aunque claro, antes tendría que revisarlo porque de seguro tiene varias faltas que se me han colado.
Aún no sé si es a nivel de Euskadi o es para toda España. Sea como sea os mantendré informados sobre esto, que también os puede interesar a vosotros.
The Buddha. Comentar que encuentro tus poesías bastante curiosas. Ah y intentes no hagas doble post, intenta editar tus mensajes. Más que nada para evitar problemillas con los mandamases del foro y eso...
Flecha Verde escribió:The Buddha. Comentar que encuentro tus poesías bastante curiosas. Ah y intentes no hagas doble post, intenta editar tus mensajes. Más que nada para evitar problemillas con los mandamases del foro y eso...
No sé si los que los leen entenderán el mensaje que intento que aparezca en ellas (que tampoco es un mensajaco, la verdad). Si hago doble post es para que el tema suba "parriba", para que la gente lo vea y lo pueda leer, porque si se queda en un rincón del Rincón creativo pocas personas lo van a leer, en cambio si está en los mensajes nuevos el contador de visitas al tema sube bastante.
Ah, y comentad que os parecen los poemas, coño, si entendeis de que tratan, sus metáforas y todo eso.
Flecha Verde escribió:The Buddha. Comentar que encuentro tus poesías bastante curiosas. Ah y intentes no hagas doble post, intenta editar tus mensajes. Más que nada para evitar problemillas con los mandamases del foro y eso...
No sé si los que los leen entenderán el mensaje que intento que aparezca en ellas (que tampoco es un mensajaco, la verdad). Si hago doble post es para que el tema suba "parriba", para que la gente lo vea y lo pueda leer, porque si se queda en un rincón del Rincón creativo pocas personas lo van a leer, en cambio si está en los mensajes nuevos el contador de visitas al tema sube bastante.
Ah, y comentad que os parecen los poemas, coño, si entendeis de que tratan, sus metáforas y todo eso.
Buddha para que suba puedes simplemente copiar tu mensaje anterior, borrarlo y hacer uno nuevo con lo de antes y lo que quieras introducir.
Yo te comentaría los poemas, pero es que a mi personalmente no me gusta la poesía y no la entiendo la mitad de las veces, así que no creo que te la comente.
yo y tambien participaba en los concursos literarios de mi instituto y mi colegio,la verdad es que con solo ser elegido ya anima a la persona a seguir escribiendo.Aunque no todo el mundo pude llegar a ser un escritor de exito espero que te vaya bien haciendo tus libro si es que quieres seguir intentandolo
Es el turno de, a mi parecer, poema más conseguido. Se titula Vida y muerte de Don Isidro Baroja, y tiene tintes de poema épico, aunque su extensión impide encuadrarlo en este género. Cuenta la historia de Isidro Baroja, un joven vasco que nació con un destino marcado, tenebroso e incierto. Sin más preambulo, espero que les guste:
I
Húmeda ribera del Nervión,
Cuando en otoño le viste nacer
Fuiste sana envidia de aquí al Nalón.
Niño de negras raíces, al ver
Tu ardiente destino, esquiva canción
En las aguas que te vieron crecer,
Huir debiste, valiente desgraciado,
El mal será futuro y no pasado.
Nacimiento radiante, mas espera,
Niño lindo, niño bueno, final
Adverso tendrás, llanto en vida entera.
Cuentan los ancianos del cenagal
Que los días de tu infancia pordiosera
No azoraron tu brillo de cristal.
¡Pequeño Isidrín, no era tuyo el mundo!
Escrito estaba, ese no es rotundo.
Tus primeras palabras resonaron
Con el vasto vascuence de patrón;
Los que te cuidaban esperaron
Dulzura, pero dieron con Sansón.
Estirados cabellos avalaron
Junto a tu fuerza, afanoso bastón,
Que único eras; muchacho repelente
Y temido serías ferozmente.
Gustabas de salir solo al verde
Pues de ti nadie se preocupaba;
Pobre, tampoco habrá quien te recuerde
Ni llore en tu tumba sucia y esclava
De un camino marcado. Tú, pierde
Toda esperanza; así comentaba
Una sombría bruja y fue repetido
Mil veces en poemas sin sentido.
Pero en lo más hondo de tu ser
Pelean tus entrañas retorcidas;
No quieren aceptar ni conocer
Pues bufas palabras serán vencidas.
Ahora en tu mano queda saber
El cómo curarán feas heridas.
Isidro, blanco rocío de tus hojas
No derrama. Y buen camino escojas.
II
Llueve, y germina en ti la juventud
Que la infancia yace muerta; y sueña
Con madurez vivida en plenitud
Y no con profecía de tu alma dueña.
Y no potro, caballo en senectud
Te has convertido y nunca ya desdeña.
Feliz, ingenuo despreocupado,
Feliz con tu camino comenzado.
Brillantes ojos en muchacha bella,
Más pobre caballo, te ha despreciado.
Degustas el dolor, no pierdes estrella,
Nunca tuviste, nunca te ha amparado
Y jamás te acompañará. Muchacha bella,
Le haces recordar cruces del pasado.
O quizá futuro. No, no lo sé,
Quizá hayas de perder tu buena fe.
En el presente has de buscar trabajo
Para que el voraz hambre no llame a tu puerta.
No te conviertas en mendigo grajo
Que picotea las migajas; cierta
Penuria te aguarda, joven, bajo
Tu rostro vagabundo. Con reyerta
Ajena no te cruces, y procura
Nutrirte; bregar en la agricultura.
Semillas que ya no germinarán,
Rebelde la suerte no está contigo,
Mañana malas lenguas hablarán
Y no te ampararás en un amigo
Que no tienes; y que nunca vendrán
Tiempos mejores; no tienes abrigo
Ni por lo visto uso de la razón
Mas poco le queda a tu corazón.
El rechazo paternal fue el comienzo,
Los vergeles vascos fueron tu hogar
Pero tuyo ahora solo es el lienzo
De tu presente, pues para que hablar
Más de tu futuro; pues así no venzo
A las dolencias que te han de llegar
O que ya sientes, o que ya has sufrido.
Por qué hablar si yo no las he sentido.
III
Isidro querido, ¿pero ya has muerto?
Tanto predicar sobre tu desgracia
Que has decidido volar al desierto
Baldío que es el reino de Dios. Astucia
O locura; un desconcierto
Profundo y una bellaca falacia
Sin igual causas en mí y en el cielo
Que no te esperaba aún, frío como el hielo.
Dulce brisa de la longevidad
Podrías haber disfrutado; pensar
Que hubieras llegado a la ancianidad
No era una utopía. Debiste luchar.
Ahora es fácil culpar tu orfandad,
O a las brujas que te hicieron llegar
A esto con sus tristes predicciones
Que no se cumplieron. Solo canciones.
Estoy equivocado, se cumplieron
Todos los malos vaticinios. Quién
La culpa tuvo eres tú, no mataron
Ellos con palabras; sin mal retén
De esperanza en tu alma, necesitaron
Solo de ti para darte desdén.
Toda tu corta vida has esperado
Mal, y eres tú el que lo ha cimentado.
Veo que el post está olvidado, hay que revivirlo!
para ello traigo un texto que escribí en 5º de primaria con 10 años.
Lo hice porque el profesor nos dijo que debíamos escribir algo sobre nuestro personaje favorito o de un modelo de héroe que queríamos seguir. Aquí lo dejo, pero no es gran cosa:
Mi héroe
Todos tenemos un personaje dentro, que nos ayuda a superar los problemas. Todos somos superhéroes, por decir la verdad. Todos somos magos, por amar. Todos somos personajes, por sentir. Todos somos humanos, por defecto.
Siempre queremos ser mas, aunque ya seamos muy buenos. Por eso, mi personaje soy yo, y todos aquellos que piensen igual, que se contentan con lo que son. Por eso estos son mis personajes, mis héroes. Ellos son responsables, siempre atentos.
Espero que os guste!
un saludo!
PD: dentro de un tiempo pondré el 4º capítulo de mi libro por si a alguien le interesa, aunque no creo XD
Para haberlo escrito con 10 años está muy bien, Lestrang. Yo mi primer relato lo acabé con 8 años, trataba sobre un hipotético enfrentamiento entre el dios romano Mercurio y el demonio. Si lo encuentro rebuscando por ahí lo pondré aquí. Espero el nuevo capítulo de tu libro con impaciencia, Lestrang, lo podrás colgar aquí cuando lo tengas, si quieres.
The Buddha escribió:
Para haberlo escrito con 10 años está muy bien, Lestrang. Yo mi primer relato lo acabé con 8 años, trataba sobre un hipotético enfrentamiento entre el dios romano Mercurio y el demonio. Si lo encuentro rebuscando por ahí lo pondré aquí. Espero el nuevo capítulo de tu libro con impaciencia, Lestrang, lo podrás colgar aquí cuando lo tengas, si quieres.
Gracias por el interés! yo también espero ese texto que has dicho de Mercurio y el demonio, así como nuevas obras, tuyas o de demás foreros
y además he editado mi mensaje de los 3 primeros capítulos de mi libro, ahora ya estará ahí el 4º, si queréis sigo con eso, cada vez que tenga un capítulo lo cuelgo ahí, o si preferís que no lo haga porque estáis hasta las narices del "libro" también podéis decírmelo y si queréis lo quito
Adelanto el título del siguiente capítulo (Feel like a famous):
"¿Situación desesperada? Travis, el futuro rey del destino"
Aprovechando que, después de unos meses de hacer el gordo con mi novela, he vuelto a la carga con ella y en breve tendré el cuarto capítulo listo os dejo los 3 primeros. Debo decir que aunque la historia es de, entre todas mis historias/tramas, mi preferida, el resultado no esta siendo muy de mi agrado, pero bueno:
CAPITULO I : OTRA VEZ
Estaba soñando otra vez, era una de sus terribles pesadillas.Las sufría desde hacía unos cuatro años, en ellas solo veía muerte, tristeza y traición, ¿traición?, no lo sabía ni él.
Veía a Erika, la joven de cabello castaño púrpura y ojos profundos llenos de tristeza. La veía tan claramente que se estremecía tan solo de pensar que ella no se encontraba en vida.
De repente se despertó de un sobresalto, se giró y vio a un hombre alto, vestido con pesadas armaduras. Debía de ser un soldado, con la espada desenvainada. Seguramente estaba de guardia.
-¿Se encuentra bien señor?, he oído gritos, pensé que ocurría algo.
-Tranquilo no es nada-. El soldado se tranquilizó y envainó la espectacular arma.-¿Que hora es soldado?- preguntó Anwar mientras se secaba el sudor frío de la frente con un pañuelo y se levantaba de esa cama que tan incómodamente había tenido que soportar durante las últimas dos semanas.
-Son las cinco y veinte de la mañana, comandante Anwar- dijo el hombre mientras miraba el reloj de cuerda dorado que sostenía en su mochila.
Amanecía pronto en las vastas estepas centrales de este país; Yellocom. Hacía ya un mes que Anwar comandaba un regimiento de infantería en una misión de paz en esta nación, donde diez años atrás terminó una guerra civil interna muy dura que afortunadamente acabó con la unificación del país, gracias por cierto, a Selandia, la nación de Anwar. Esta misión consistía básicamente en pacificar unos pueblos del interior que no acataban las nuevas leyes, por eso, tropas Yellocomesas y Selandesas trabajaban conjuntamente para que no se desatara otro movimiento separatista en el país.
El campamento selandés se encontraba en una pequeña meseta de poca altura situado entre dos montañas de unos quinientos metros cada una. Hacia el sur, muy lejos, había la capital del país, hacia el norte la frontera con el país vecino, Madena. Las tiendas negras destacaban entre la vistosa estepa verde, se podían contar unas cuarenta y siete.
Anwar salió de la tienda para observar el panorama.Era un dia extraño, hacía algo más que frío, nuevas se avecinaban, lo podía oler en viento, verlo en el agua, o sentirlo en la luz. Algo malo pasaría, pronto. Pero de momento, demasiados problemas tenía como para pensar en esas cosas. Otra vez estaba más cansado al despertar que antes de dormir, otra vez había tenido pesadillas. Y otra vez, tendría que pelear y luchar y matar, cosas que odiaba.
-Comandante, ¿va todo bien?- la voz del soldado le hizo volver a la realidad de pronto. Anwar tardó unos segundos en asimilar las palabras, y en entender su significado. Le miro y asintió con la cabeza.
-Es hora de despertar a los demás. Tenéis cuarenta minutos, luego partiremos hacía la misión final- dijo Anwar señalando la montaña del este de su tienda.-Sí, señor, ahora mismo- respondió el soldado mientras sacaba una corneta y la hacía sonar. El agudo sonido fue mal recibido por todos. Unos se quejaban de lo mal que habían descansado, otros ni siquiera lo habían hecho. Poco a poco el centro del campamento fue llenandose de hombres, tapados por capas de lana a causa del frío de la mañana.
Cuando eran ya las seis en punto, Anwar se reunió con 2 hombres más en una tienda individual, enorme, cubierta de pieles de bisonte y ornamentada con preciosas correas de piel, la suya.
Se sentaron, y Anwar dirigió una mirada a los hombres.Uno era rubio, un rubio deslumbrante y extremadamente amarillo. El otro tenía unos rizos negros como el carbón. Los dos eran altos, jóvenes y bellos y ver sus contrastes era encantador.
-Bien chicos, este es el plan: Jax, comandarás tus hombres hacia la cima de la montaña este y asegurarás un perímetro- dijo Anwar hablándole al joven rubio, el cual asintió sin mediar palabra.-Yoreg, tu llevarás a los tuyos dando un rodeo al monte, y te quedaras abajo, por si el plan se tuerce, yo entrare en el castillo desde el sur; no debería haber problemas para negociar su rendición- dijo Anwar mirando hacía el exterior de su tienda, llevando la vista hasta llegar a la cima de la montaña, donde sobresalía un pequeño castillo de mármol negro, sucio y viejo.Lugar donde se encontraban los últimos reductos de una organización formada por miembros de diferentes poblados de la zona que tenían pensado conseguir un ejercito y derrocar la nueva monarquía establecida en el final de la guerra.
De lejos el castillo parecía abandonado, pero según las fuentes, unos mil hombres se encontraban adentro, era una pieza crucial para terminar con este movimiento.En el fondo sabía que la rendición jamás se produciría, tendrían que batallar.
-Pero comandante, ¿no es una estupidez atacar una fortaleza sin nada más que escaleras, sin armas de asedio?- reprochó el capitán Yoreg.
-No lo es, mis negociaciones no deberían fallar, capitán, espero no tener que entablar lucha con esos indeseables, perdería a muchos hombres-, respondió Anwar.-Además, por eso estarás tu allí abajo, por si necesitamos ayuda-.
-Sinceramente, pienso que es mejor esperar refuerzos de Yellocom, con armamento adecuado- insistió Yoreg. -Llevamos aquí semanas, y no hemos conseguido nada-.
-¡Oh, cállate ya Yoreg!, no queremos tomar ese castillo, somos defensores de la paz, no soldados, la tarea de destruir castillos es del ejercito, nuestro trabajo es la investigación y la mediación- exclamó el también capitán Jax.
-Cumpliremos con rigor las órdenes del consejo-, dijo Anwar dirigiendo una mirada profunda a Yoreg, el cual se estremeció al ver los ojos de su comandante.-Y tú aprenderás a aceptar quien manda-.
Yoreg no volvió a abrir la boca.
-Que la suerte os acompañe amigos y que Nauflys este con vosotros, esta es una misión importante, no debemos fallar-, finalizó el comandante.
Su forma de hablar era tranquilizadora, sus gestos y sus palabras inspiraban algo más que superioridad en sus siervos, era alguien famoso en toda la república selandesa, aunque no permitía faltas de respeto, ni desobediencia. Era muy implacable con los que no asentían las ordenes. Era un verdadero genio en combate, estrategia y sabiduría, y a pesar de su corta edad, poseía el segundo rango más alto de la orden Oshiri, el grado de caballero Oshiri Eryx. Era alguien de confianza para todos, un gran amigo, un destello de esperanza en estos tiempos dificiles, y sobretodo alguien digno de tener como aliado en una batalla.
Anwar tenía pensado atacar desde atrás, sabía perfectamente que los separatistas le darían batalla, pero confiaba en montar un pequeño sitio y negociar la rendición de los habitantes del castillo. El plan empezó a desarrollarse, Jax seguido de unos cincuenta hombres empezaron a ascender a través de la montaña. Después de esto, Yoreg junto a unos ochenta hombres caminaron cuidadosamente hacía rodear la parte trasera del monte. Anwar les observó con atención hasta perderlos de vista, acto seguido hizo una señal con la mano y los restantes hombres, unos cien, le siguieron, subiendo por un camino hasta llegar a la parte trasera del castillo.
Era cierto que no iban lo suficientemente preparados como para sitiar una fortaleza de esa magnitud. Apenas llevaban el típico armamento de la infanteria selandesa; lanza, espada, escudo y una fina cota de malla. Incluyendo el tradicional casco plateado fabricado en Gauge14 y en bronce.
Anwar caminó un poco más y ordenó a sus hombres estar alerta a cualquier ataque desde el castillo o alrededores. El joven avanzó con la mirada fija hacia las paredes oscuras de la fortificación y empezó a hablar.
-¡Sabemos que estáis aquí, rendiros y no morirá nadie más!-, el silenció se estremeció.-El rey Jorian III de Yellocom ha puesto recompensa a vuestra cabeza, todo el país anda detrás de vosotros, y vuestra pequeña rebelión ha sido sofocada, abandonad las armas, y tendreís un juico justo- el silenció siguió, -Oh, porfavor, si os queda un poco de honor aún, os rendiréis-. Anwar se temió lo peor.
-¡No hagáis esto más difícil, traidores!- gritó Anwar empezando a impacientarse.
-¿Por que no te metes en los asuntos de tu país, jodido Oshiri?-, dijo una voz que salía de la penumbra de la principal y única torre del castillo.Y de repente una flecha salió disparada de una habitación dando de lleno en Anwar, cayó al suelo como si de un árbol muerto se tratara.
-¡Comandante!- exclamaron sus hombres que corrieron hacía el desesperadamente.
-¡No!-, los detuvo, -estoy bien, seguimos con el plan. ¡Preparaos, formación tortuga!-, soltó Anwar con voz ronca y débil mientras se sacaba la flecha del hombro derecho, derramando un chorro de líquido rojo en sus ropas.
Al oír eso los combatientes sacaron los escudos de sus espaldas y se cubrieron con ellos, se juntaron unos con otros formando una barrera defensiva impenetrable. De repente, oyeron decenas de arcos soltando su munición desde el interior del castillo, provocando una nube de flechas que impactaron en las defensas selandesas. Anwar corrió a refugiarse detrás de una gran roca, poniendo así su vida a salvo. Las flechas caían sobre los escudos sin dañar los cuerpos, aunque unos tres o cuatro soldados fueron heridos por la descarga enemiga y abrieron huecos en la formación. Cuando el fuego de flechas cesó, Anwar salió de su escondite y sacó su espada.
Anwar era un hombre pacifico, pero en el momento que sacaba su arma, se transformaba.
-¡Adelante!- ordenó a sus hombres, que avanzaron con un grito de guerra hacia el enemigo. Empezaron a visualizarse enemigos que salieron de su escondite y se colocaron sobre la pequeña muralla de la torre, así mismo, otros se posaron sobre el muro que rodeaba el castillo, preparandose para la pelea.
-¡Las escaleras, sacad las escaleras!- dijo un soldado selandés. Y de entre la multitud salieron grupos que portaban enormes escalinatas , hechas a medida para el castillo días atrás. Los soldados las levantaron hasta que conectaron con la muralla, y dispusieron a subir por ella. Pero los enemigos no permitirían perder su castillo tan fácilmente, y rápidamente empujaron la primera escalera hasta que cayó al suelo, hiriendo levemente algunos desafortunados que se encontraban el rededor. Esa acción cambió la cara de Anwar.
-¡Que los arqueros despejen el camino, arqueros, ¡despejad la muralla!- dijo el joven caballero mientras se ponía nervioso al ver la poca efectividad de la misión.
Obedeciendo, dispararon varias veces acabando con algunos defensores, haciendo más fácil la subida de sus compañeros. Avanzaron, uno a uno, y con dificultad el primero consiguió por fin saltar en la muralla, donde tubo que luchar por su propia vida. Un segundo le siguió, pero rápidamente fue derrotado por los habitantes de la construcción, quienes luchaban con ferocidad ante la invasión enemiga. La frenética batalla estaba siendo dominada por los defensores. Los atacantes a penas duras conseguían llegar a las defensas separatistas y menos atravesarla. Anwar observaba, con nervios, tenía que pensar algo, de prisa, o perdería a cada uno de sus hombres.
Entonces se oyó un sonido poderosísimo. Era una explosión, algo muy raro de ver, ya que solo algunos Madenos tendían a utilizar cargas explosivas fabricadas con óleo y excrementos. Venía de la parte delantera del castillo. Anwar se desconcertó, al igual que todos los guerreros de la lucha, que miraron hacia el sur, de donde provenía un intenso humo negro.
-¡¿Que ha pasado!?- preguntó enojado el que parecía dirigir la defensa separatista.
-No lo sabemos señor, viene de la puerta delantera, donde se encuentra el almacén de oleo- le respondió un lancero.
-¡Rápido, llevate unos hombres y averigua lo ocurrido!- soltó el general enemigo.
-¡Sí señor!.
La batalla iba a reanudarse cuando Anwar ordenó a todos replegarse.
-¡Retirada, formad filas cerca de ese árbol!- gritó el comandante mientras corría hacia un lugar seguro, lejos del castillo. Todos obedecieron y se refugiaron junto a su general. La corta batalla había provocado dos docenas de bajas aliadas. Y unos pocos más estaban heridos.
El grupo se reunió entorno a un roble imponente y majestuoso.
-Chicos, no sé que ha pasado allí, pero el capitán Jax se encontraba a unos metros de la parte delantera, así que probablemente habrá visto con claridad lo que ha ocurrido-, de momento el soldado Jake y diez más se dirigirán al punto de encuentro con Jax y se informarán de los hechos, ¿de acuerdo?- dijo Anwar mirando a Jake.
-Claro señor- respondió con cortesía, -rodearemos el monte para evitar el fuego enemigo y averiguaremos lo ocurrido comandante- afirmó firmemente Jake, quien junto a diez hombres empezó a descender el monte para llegar al perímetro del capitán.
-Bien, suerte a todos, los demás nos quedamos aquí, atended a los heridos y alerta los centinelas- finalizó Anwar.
Por su parte, el joven caballero se sentó en una roca, y observó como los defensores del castillo iban desapareciendo en la oscuridad de la construcción hasta solo quedar unos pocos guardias. De repente, un intenso dolor le recorrió la mitad superior del hombro, y recordó que había sido herido. Rápidamente se quitó la armadura y observó la herida, profunda, no paraba de sangrar. Llamó a un médico que le atendió enseguida.
-Vaya, comandante, ha tenido coraje de quitarse la flecha solo unos segundos después de recibirla- afirmó con sorpresa el soldado. El cual se limitó a aplicarle un líquido desinfectante y vendarle la herida.
-Los Oshiri no sentimos dolor, nos educan para soportarlo- se rió Anwar mientras sufría el dolor del alcohol matando las bacterias de su herida, -almenos eso nos intentan hacer creer. El médico le devolvió la sonrisa y desapareció entre la multitud para ayudar a otros heridos.
-Pero maestro Luten, por favor, tenéis que ayudarme. Vos sois el más respetado del consejo, esta misión tiene que ser mía, estoy preparado para llevarla, soy lo suficientemente maduro- dijo Anwar dirigiéndose a un hombre de avanzada edad. Su rostro representaba a la perfección los estragos del tiempo. Pero inspiraba un aire a sabiduría y fuerza que seguro no había cambiado con el tiempo. Se encontraba sentado en un butacón de piel negra, vestido con una túnica negra y cubierto con una capa violeta.
-Yo no puedo hacer nada, mi palabra es solo una voz más en el consejo- respondió el anciano caballero.-Entiendo que te impulsen razones personales, ¿me equivoco?- siguió el viejo amablemente.
-No, es cierto maestro- dijo Anwar bajando la cabeza.
-Sé que has sufrido mucho desde que eras pequeño, primero tu madre, luego tu padre y finalmente Erika- dedujo Luten llevándose la mano a la barbilla.
Al oír eso, Anwar encogió sus hombros y se estremeció. Miró hacia la ventana, perdiendo la vista en los edificios de Karelia, la capital. El entramado de casas de color verde turquesa y marrón claro se fundía con los pocos rayos de luz del atardecer. El sol, tapado por las nubes, parecía una enorme naranja rosada. El cielo dejaba caer una fina capa de lluvia dorada que se convertía en bolas de cristal al chocar con los ventanales del parlamento republicano, sede del senado. La composición producía un espectáculo digno de un óleo del famoso pintor Marco de Greeniland.
Anwar se encontraba reunido con un maestro Oshiri Taryx, uno de los siete miembros supremos del consejo.
El templo Oshiri de Karelia, sede de los más de ocho mil caballeros de toda Selandia, era una enorme edificación de más de seiscientos años de antigüedad. La estructura era principalmente una formación cuadricular de cuatro niveles de altura, en el que sobresalían otras cuatro torres de unos cuarenta metros, cada una al borde lateral del templo. Por la extraña coincidencia de "cuatros" y por su forma, el templo era a veces nombrado como el cuadrilátero.
Todos los bordes de las paredes interiores estaban estampados de agradables frescos hechos por los mejores artistas del país, y de preciosos mosaicos formados por miles de piedras de colores traídas de las profundidades de las montañas de Gondawa. Fuera, el exterior del templo era color rojizo claro, atravesado por tres grandes líneas perpendiculares al techo de color azul marino.
-Anwar, lo siento, pero está decidido. Tu compañero el caballero Dossi será el encargado de ir a Yellocom y acabar con los rebeldes - dijo el maestro cortando los pensamientos de Anwar.-Si de verdad eres tan maduro como afirmas, despejarás tu mente, controlarás tus emociones y respetarás la opinión del consejo.
-Sí maestro y gracias- finalizó Anwar con voz pesada. Se levantó de su silla e hizo una reverencia al viejo Luten.
-No te olvides de meditar cada día: la clave para la eficacia es la claridad- afirmó el maestro.
Anwar asintió sin abrir la boca.
-Combatir el terrible mal que nos acecha es lo que debemos hacer. Como sabes, somos los guerreros más sabios de Asteria, sobrevivimos a los terribles cataclismos de la edad dorada, y desde entonces llevamos más de cuatro mil años velando por esta maravillosa tierra- presumió el viejo maestro. -Y ahora, un terrible mal se posa sobre el mundo. Puedo predecirlo- continuaba Luten.
Anwar apenas escuchaba.Se marchó de la sala y se adentró en un pasillo, el cual estaba provisto de grandes ventanas de cristal que daban al gran patio central del cuadrilátero: un enorme jardín bañado de fresca hierba verde y diferentes tipos de árboles y maravillosas flores. Lugar donde más de cuatrocientos caballeros diariamente, meditaban, conversaban y descansaban.
Pero no se dirigía allí, estaba cansado y estresado. Necesitaba aclarar la mente y las ideas, así que salió de prisa del templo y se dispuso a andar hasta su casa, no lejos de donde se encontraba.
Salir del templo era bastante agotador, pues nada másen la entrada había unas largas y enormes escaleras de mármol blanco, se podían contar unas doscientas. El portal del templo databa de hacía unos ochocientos años, tallado de un enorme roble Madeno, una madera muy preciada y cara. Tenía gravados laterales que contaban la historia de la orden Nauflys. En el centro, y de gran tamaño, había una figura que destacaba entre las demás. Era una especie de símbolo extraño. Un circulo grande, el cual tenia dentro otro de menor tamaño, en el centro había una cruz, y entre el espacio exterior de los dos símbolos había una serie de líneas que iban de una parte del interior del circulo grande al exterior del círculo más pequeño, formaban una especie de sierra. Este era el emblema de los antiguos guardianes del orden y la estabilidad de Selandia, los caballeros Oshiri.
-¡Espera Anwar!- exclamó una voz que venía de lejos.
Anwar se giró y vio al autor del grito. Se sorprendió bastante al descubrir de quien se trataba.
-Senador Lotto- respondió Anwar mientras le ofrecía una cordial reverencia.
-Te estaba buscando Anwar- dijo el senador mientras le devolvía el saludo.
Mabel Lotto era el senador representante de la región de Yalinca. Uno de los veinticuatro miembros del senado selandés dirigidos por el cónsul republicano, el encargado de governar el senado y el país.
Lotto presumía de ser infalible en cuanto a negociaciones políticas, y su confianza en si mismo no era fruto de arrogancia, no. Era verdaderamente increíble verlo discutir con los demás miembros del senado, pocos conseguían vencerle en un debate. Y aunque era una gran persona y no peor amigo, también era, ante todo, político y no le importaba tener que usar todo tipo de trapos sucios o mentiras y chantajes con tal de complacer aquellos que financiaban sus campañas.
A todo esto se añadía que, según contaban, era algo mujeriego y ya tenías al personaje mediático de turno que estaba en lengua de todas las bocas ricas y morbosas de la ciudad.
-¿En que puedo ayudarle señor?- Preguntó Anwar amablemente.
-En realidad soy yo el que quiere ayudarte- le respondió el político.
Anwar frunció el ceño desconcertado.
-Eres excepcional Anwar- siguió el político.-Eres sin duda uno de los caballero Oshiri más dotados que he conocido nunca. Tienes fuerza, sabiduría y amabilidad. Y como ya sabes, yo era un gran amigo del difunto maestro Gerard, tu padre. Me recuerdas tanto a él- Anwar escuchaba tristemente al recordar a su querido padre.-Me he percatado de tu rechazo de la misión en Yellocom- continuó Lotto.
-Así es, y lo siento en el alma, pero debo respetar la decisión del consejo- aclaró Anwar con pesadumbre.
-Esta acción te honra amigo, aun así, creo que te encantaría que los maestros cambiaran de opinión- intuyó el senador.
-No voy a mentirle, es cierto, pero me temo que ya nada se puede hacer- respondió el caballero.
-Yo creo que sí, en eso puedo ayudarte- dijo Lotto sonriente.
Anwar le miró sin entender demasiado.
-El consejo es quien elije a los Oshiri para las misiones, sean conjuntas con el ejército o no- explicó Anwar tras pensar un poco.
-Sí, sí, lo se- cortó el político.- Pero yo podría hablar con ellos, quizás lograra convencerles.
Anwar no supo qué decir. Por una parte le encantaba la idea de que podría volver a tener esperanzas en el asunto, la ayuda de un senador no la tienen todos. Pero por otra parte no lograba entender los motivos de Mabel. ¿Caridad, pena o pura simpatía? No lo sabía. Finalmente cortó por lo sano y se limitó a dar las gracias.
-Ahora me temo que debes disculparme Anwar, tengo asuntos que atender y se está haciendo tarde- dijo el senador mientras se acercaba a un carruaje negro. El chófer bajó y le abrió la puerta.
-Faltaría más señor- respondió Anwar intentando demostrar su cordialidad tanto como pudo, incluso demasiado.
Mabel Lotto se limitó a devolverle la sonrisa y subió al carro. El vehículo empezó a avanzar hasta perderse entre el constante tráfico de la capital.
Anwar caminó hacia su casa mientras los últimos rayos del crepúsculo pintaban un cielo espectacular en Karelia. Pasó por el teatro real que destacaba entre las mansiones más adineradas de la ciudad en la plaza Casio. Llegó a las avenidas del mercado popular dando un rodeo al majestuoso auditorio nacional. En las escaleras de entrada al edificio había numerosas personas vestidas de gala esperando a entrar y poder gozar de las más encantadores sinfonías del gran compositor Dakan.- Claro, es viernes- se dijo Anwar a sí mismo., justificando así la extraña aglomeración de gente en la escalera.
En realidad lo ignoraba, el arte y la música no le importaban en ese momento. Ni las artes mas escénicas de la actualidad, ni la burguesía, ni sus cenas elegantes ni sus cotilleos. Ni nada de lo que se hablaba últimamente en todo el país.
Anduvo a través de los estrechos callejones de las avenidas, donde los últimos vendedores recogían su mercadería para irse a casa y tomarse su merecido descanso.
En ese momento estaba fuera de la realidad. En su mente solo rondaba el asunto del rechazo. En condiciones normales, se habría sentido realmente aliviado al no tener que viajar hasta los confines de la tierra para arriesgar su vida comandando cuatro infelices soldados. Pero esa vez era distinto. Su madre era originaria de un pequeña villa de Yellocom, casualmente en la misma región en que se debía cumplir la tarea de sofocar una rebelión o algo por el estilo. No tenía intención de visitar ese pueblo, ni tampoco a ninguno en particular. El solo quería la misión, sabía que de ser así tendría que cumplir las ordenes al cien por cien. Poco podría hacer de más en esa tierra salvo cumplir su cometido. Pero algo le impulsaba, alguna fuerza superior a el le decía que tenía que ir. Fuese por su fallecida madre o por curiosidad. Se sentía en deuda con ese país y su gente. Al menos intentaba darse motivos.
Nunca había ido, y seguramente quería ver con sus propios medios la grandeza y belleza de las montañas blancas y celestes ríos que su madre incluía en los tiernos cuentos que eran entusiasmadamente escuchados por Anwar antes de dormir. Recordar esos tiempos lo hizo soltar una lágrima.
Intentó alejarse de esos pensamientos y mirar con buena cara el no tener que pelear. Todo en vano. Otros pensamientos le invadieron. Recordó lo poco que le gustaba la guerra y sus consecuencias. Y encima, desde la aprobación del decreto cincuenta y seis del ministerio de defensa en el senado, los Oshiri se encargaban de dirigir destacamentos, fuesen de infantería o marines. Teniendo así otro rango más, aparte del original, como general. Cumpliendo de esta forma una doble función, pacificar, y luchar. Dos conceptos tan distintos en significado y tan cercanos en valor. Más aun en estos difíciles tiempos de inestabilidad mundial.
Una fría ráfaga de viento le devolvió al mundo real. Paró de andar. Miró al cielo, ya oscuro, bañado de brillantes estrellas. Lentamente se situó, estaba a escasos metros de su casa. Se encontraba en la calle mayor, y no parecía haber signos de vida. En la penumbra de los desgastados edificios había toda tipo de mendigos y pobres desgraciados, pensando en momentos mejores y lamentando su terrible suerte.
Por fin llegó a la puerta de su casa.
Se trataba de una tradicional casa señorial de ladrillo de barro adosada entre dos casas abandonadas y medio derruidas. Herencia de su abuelo materno, se había instalado en esta pequeña y espaciosa mansión cerca del centro de la ciudad desde la muerte de su padre, hacía ya 3 años. Símbolo del poder de la burguesía en la calle mayor, tiempos atrás, esta particular casa antigua destacaba entre edificios destruidos por el abandono.
Sacó una enorme llave de hierro y abrió con algo de dificultad la considerable puerta de madera maciza. Entró y caminó por un pasillo central hasta llegar a un salón lleno de muebles raros y sillas curiosas. Giró a la derecha y entro en su habitación.
Ahora vivía solo, solía tener un criado llamado Arfhon que se ocupaba del mantenimiento de la casa en su ausencia y de preparar las comidas diariamente. Pero había muerto hacia poco debido a una extraña enfermedad hereditaria. Por lo que ahora sí que estaba completamente solo. Aun así la casa estaba muy ordenada y limpia, ya que Anwar apenas usaba su habitación y la cocina. Todo lo demás estaba siempre desértico.
Encendió unas velas. Se desvistió rápidamente, cayó en la cama y se dispuso a dormir. Pero no podía, aun pensaba en todo el embrollo que había sufrido. En esos pensamientos estaba cuando le vino a la mente el asunto de Lotto otra vez. ¿Por qué le quería ayudar? ¿Era solo otra de sus terribles y maquiavélicas artimañas para conseguir votos? ¿Había algo detrás de todo? Tampoco es que fuese para tanto, pero el misterioso senador le intrigaba. No lograba dar con las piezas de ese puzzle que tenía en la cabeza.
Decidió dejar de pensar en eso y hacer caso por una vez al viejo y sabio Luten. Despejó su mente de cualquier pensamiento y logró dormirse.
Por la mañana se despertó terriblemente cansado. Estaba empapado de sudor. Había vuelto a soñar con ella, Erika.
Se incorporó y se llevo las manos a la cabeza, mirando al suelo. Intentó recordar el sueño. No pudo evitar romper a llorar. Lo hizo durante casi una hora, puede que más. Como si fuera un niño que ha perdido a su madre en la calle, o peor aun. Solo pensar en ella le provocaba un terrible dolor, como si un enemigo le hubiese abierto el pecho en canal y sacado uno a uno todos los intestinos. Cuando las lágrimas cesaron, se levantó y se vistió con lo primero que encontró.
Fue a la cocina y bebió un poco de agua, suspiró y volvió a beber. Miró la hora, eran las diez en punto.
Entonces escuchó un sonido en la puerta. Caminó hacia ella y vio que le habían dejado una carta. Abrió la puerta y miró la calle, estaba llena de gente pasando de un lado a otro, con comida, con animales. Madres con sus hijos, vendedores ambulantes, carruajes a diestro y siniestro. Observó detenidamente a su izquierda y vislumbró al cartero a lo lejos. Se tranquilizó y entró en casa otra vez.
Recogió la carta del suelo y la examinó detalladamente. Llevaba un sello de la república.-Senador Mabel Lotto- leyó en voz alta Anwar.
Cuando la acabó de leer no se lo podía creer, dejó caer la carta al suelo y a punto de caer estuvo el también. Buscó rápidamente un sitio donde sentarse. ¡Le habían concedido la misión de Yellocom!
En vez de buscar respuestas y meditar sobre el extraño cambio en la decisión del consejo, Anwar se limitó a gritar desmesuradamente de felicidad. Sin duda esa carta le había alegrado el día.
Se vistió lo más deprisa que pudo y salió corriendo hacia el cuadrilátero para confirmar la noticia.
Llegó en unos quince minutos, subió las escaleras corriendo.
-Felicidades Anwar- le dijo un caballero que pasaba a su lado.
-Eso, enhorabuena, esa misión te viene de perlas- dijo otro Oshiri sonriendo.
Anwar a penas los escuchaba y se dirigía a toda prisa al encuentro del maestro Luten.
Entonces se dio cuenta que no sabía donde estaba, así que decidió ir a la habitación de debates numero 7 donde solía estar el viejo maestro.
Corrió hacia allí y cuando se disponía a entrar oyó gritos. Dudó un momento en si llamar a la puerta, pero su curiosidad le hizo escuchar lo que decían.
-¡¿Cómo podéis hacerme esto?!- gritaba con fuerza una voz.
-Tranquilízate por fav…
-¡Es injusto, un insulto a la orden Oshiri!
Parecía una conversación entre dos personas. Uno era claramente el maestro Luten, el otro era un joven, le resultaba familiar. Pero no sabía quien era. Cuando intentaba descifrar algo más, alguien le llamó.
-¡Anwar!- gritó una chica con gafas que corrió hacia él.
-Oh, lo que faltaba...- pensó Anwar. –Hola Elisa- dijo, con una falsa sonrisa en la cara.
-Ya me he enterado, enhorabuena…- dijo la peculiar chica mientras sonreía, dejando entrever unos dientes realmente asquerosos.
-Gracias Elisa, pero es que ahora estoy un poco ocupado, ¿te importa?- respondió Anwar intentando quitársela de encima.
¿Qué haces?- preguntó la curiosa Elisa.
-Eh, nada, espero al maestro Luten- se excusó.
-Bueno, si estas ocupado…
-Sí, lo estoy- dijo riéndose para no ofenderla. –Quizás en otra ocasión podamos hablar, ¿vale? Además, debes estar muy ocupada en tus asuntos.
-Claro, bueno, entonces nos vemos en otro momento- dijo desconcertada sin dejar de sonreír.
-Por supuesto, venga- insistió Anwar mientras le empujaba la espalda.
Cuando la chica se hubo alejado lo suficiente para no poder observarle, la puerta se abrió fuertemente.
Para sorpresa de Anwar, el que salió no era otro que Dossi, el anterior encargado de la misión. El joven de larga melena castaña y ojos negros y profundos parecía enfadado. Anwar lo entendió todo en ese momento. La discusión con Luten.
-Vaya, mira quien tenemos por aquí, el favorito de Lotto- dijo sarcásticamente Dossi.
-Hola amigo, te juro que yo no he ten…
-¡Cállate!, ya tienes lo que querías, no des el coñazo- le interrumpió realmente enfadado.
En una situación normal Anwar habría respondido su mala educación, pero estaba demasiado exhausto como para discutir con Dossi, el cual se limitó a dirigirle una mirada terrible que habría helado al más duro de los guerreros y se marchó.
Anwar no le dio importancia al asunto, y entró a hablar con Luten.
-Hola Anwar- dijo sonriente el viejo maestro.
-Hola maestro.
-¿En que puedo ayudarte?
-Veréis...
-Tranquilo, ya sé a lo que vienes- cortó Luten.- Enhorabuena por cierto.
-¿Entonces es verdad?
-Claro Anwar. ¿No estás contento?, es lo que deseabas.
-En parte sí, pero...
-¿Que pasa?
Entonces Anwar dudo en si explicarle su duda acerca de Lotto. Seguramente ya lo sabía, pero aun así le provocaba cierta grima. Quizá el maestro no tenía ni idea de que Anwar supiera que el senador le había ayudado. Así que prefirió dejar ese tema por el momento, y le contestó.
-Pues, que, estoy contento por poder ir, pero como vos sabéis, no me gusta la idea de que tenga que luchar.
-Oh, es cierto, nunca me has explicado porque odias tanto la guerra.
Anwar se lo quedó mirando sin decir nada.
-La guerra es cruel, injusta y dolorosa- respondió finalmente.
-Cierto, todos sabemos que es así. Pero a veces es necesaria para llegar a la paz.
-Las negociaciones deben ir mucho antes que la guerra.
-Es verdad. Y como sabes, los Oshiri somos partidario de negociar la paz antes de hacer la guerra. Es lo primero que enseñamos a los alumnos, negociar.
-Pues me temo que esas enseñanzas son nefastas.
Luten cambio su cara de bondadoso y se puso serio.
-Cualquier Oshiri es a su vez un maestro enseñando a negociar. ¿Dudas de nuestra sabiduría?
-En absoluto. Pero de lo que si dudo es de nuestra eficacia. Llevo apenas cinco años siendo un Oshiri, pero he peleado numerosas veces por el simple hecho de fallar en las "negociaciones".
-¿Ahora también odias a los hombres que te enseñaron?- preguntó perplejo Luten.
-Los maestros Oshiri me enseñaron a pelear, a entender la paz y a meditar. El único que me enseño a pensar fue mi padre. Y eso es lo que estoy haciendo- dijo Anwar secamente.
El viejo maestro no dijo nada. Anwar continuó.
-No odio a los Oshiri. Solo odio a la guerra y a los hombres que la hacen.
-Explicate, joven caballero.
-Los hombres son destructivos. Incluso nosotros, los guardianes de la paz- dijo Anwar. Así están hechos los hombres: por una razón misteriosa se ven dominados a intervalos regulares por un frenesí sanguinario, una embriaguez violenta a la que son incapaces de resistirse. Se encuentran en vastos campos abiertos formados uno al lado de otro y luego a una señal, a un toque de trompeta o tambor, cargan contra las filas enemigas donde se hallan reunidos otros hombres que no les han hecho nada malo y se lanzan al ataque gritando con toda la fuerza de que son capaces. Gritan para vencer el miedo que los atenaza. Momentos antes del ataque muchos se ellos tiemblan, tienen sudores fríos, otros lloran en silencio. En ese momento esperan la muerte, envuelta de negro que pasa invisible entra las filas mirando con sus cuencas vacías a los que van a caer enseguida, luego a los que habrán de morir a continuación y, finalmente, a los que morirán los días después por las heridas sufridas. Sienten su mirada sobre ellos y se estremecen.
Anwar hablaba y el maestro Luten no daba crédito a lo que oía. -¿Como un chico de veinte y pocos años puede hablar así de la guerra y de los hombres?- se preguntaba.
-Ese momento es tan insoportable que si durara más los mataría- continuó el joven caballero. Ningún comandante lo prolonga más del mínimo necesario: en cuanto puede desencadena la lucha. Recorren el terreno que los separa del adversario corriendo velocísimos y luego se lanzan sobre los enemigos como golpes de mar contra los acantilados. La colisión es espantosa. En los primeros instantes el derramamiento de sangre es tal que el terreno se impregna completamente de ella. El hierro de hunde en la carne, las mazas quiebran los cráneos, las lanzas traspasan los escudos y corazas partiendo el corazón, desgarrando el pecho o el vientre. Es imposible resistir por mucho tiempo a semejante tempestad de furia. Sí, esta es la locura de los hombres.
-Amigo, ¿te das cuenta que cuando criticas los haceres de los hombres te estas incluyendo?
-Por supuesto. Yo no soy mejor que ellos. He matado y sufrido por igual. Y sin embargo no hay un solo día en que pueda evitar odiarme. Siento odio y repulsión hacia mi mismo por el hecho de estar aquí vivo, y los miles de inocentes en un lejano territorio abandonados a los cuervos. Me odio desde el día que maté a mi primero, desde el día en que me enseñaron a pelear y a dirigir peleas. Me odio desde el momento que supe que tendría un gran funeral cuando mis camaradas son o bien devorados por los carroñeros o bien hundidos en el mar.
-No debes odiarte Anwar, ni a ti ni a los tuyos. La muerte es una cosa inexplicable.
-Pero la guerra si tiene una explicación: la estupidez humana.
-Nosotros somos diferentes, usamos nuestra fuerza para el bien.
-¡Ah!, estoy harto de oír esas memeces. Lo único que nos diferencia a nosotros del resto es que nos justificamos. Que tenemos "motivos". No somos más que simples siervos de la guerra.
-Entonces no debiste escoger esta vida.
-Yo no la escogí. Tuve la suerte de tener un padre tan rico y sabio que se creyó capaz de decidir por mi. -Es tu destino, hijo- me decía cuando le reprochaba tener que entrenar la espada.
-Anwar, no intentes justificar la guerra. La guerra es un hecho cruel. Pero debemos ser atentos y escuchar a Nauflys. Ella nos guiará.
Anwar prefirió callar. Se había adentrado demasiado en temas delicados. Y sabía perfectamente que el maestro Luten no se encontraba hoy del todo bien. De lo contrario le habría hecho callar con cuatro cultas y sabias palabras carentes de significado. Decidió preguntar al fin sobre Lotto.
Estuvieron hablando toda la mañana, pero Anwar no consiguió sacar nada en claro sobre la nueva decisión del consejo, ni si Lotto había tenido nada que ver. Aunque resultaba bastante obvio. Solo sabía que en seis días tomaría el mando de tres galeras y trescientos hombres y se aventuraría en la misión que tanto había deseado. Y su alegría por ver esa tierra era tan grande que no se dio cuenta de que en este asunto había algunas preguntas sin respuesta.
Pasaron varios minutos hasta que Anwar se dio cuenta de que le estaban llamando.
-Comandante- dijo una voz- ¿se encuentra bien?
Estaba sumergido en sus pensamientos. Recordando sucesos anteriores a aquella mañana fría, en la que se encontraba sentado cerca de un árbol junto a ochenta soldados. Mirando al sur, a unos escasos trescientos metros, había un castillo negro.
-¿Señor?- insistió la voz.
-Sí, sí...- respondió débilmente Anwar.
-Comandante; Jake y sus hombres no han vuelto aún- dijo la voz que provenía de un soldado.
Anwar no contestó. Se levanto con dificultad de la roca donde estaba sentado e hizo unos estiramientos con el hombro.
-¡Ah!- exclamó Anwar al recordar el dolor de su herida.
-Comandante, ¿no le preocupa que haya podido pasarles algo?- volvió a insistir el soldado.
-¿Hm?, Ah, pues...- soltó disimuladamente Anwar sin saber que responder.- ¿Qué hora es?
-Las diez en punto señor- respondió.
-¿Que?, ¡pero si partieron hace dos horas, solo tenían que llegar a la posición de Jax y averiguar sobre la explosión!- gritó Anwar.
Entonces, a lo lejos, viniendo desde el castillo, aparecieron unas difuminadas siluetas que avanzaban hacia el puesto selandés. Poco a poco se hicieron más visibles. Eran guerreros enemigos, unos veinte para ser exactos.
Los selandeses empezaron a murmurar cosas como “¿Qué vienen a hacer?” o “¿Quieren atacarnos con tan pocos hombres? Sonaba constantemente la incertidumbre con esas preguntas entre las filas de Anwar. Aunque eran mucho mayores en numero, les extrañaba esa situación.
-¡Silencio!- ordenó Anwar.-Mantened la calma.
Aunque ordenabau calma, el también olía el mal cocido de este asunto.
Entre la muchedumbre de enemigos, destacaba una figura. Parecía un prisionera, y era llevado a rastras por dos separatistas.
-¡Es Jake!- gritaron con sorpresa varios selandeses casi al mismo tiempo.
En ese instante los enemigos levantaron una bandera blanca rota, por varias partes, y sucia.
-Quietos- dijo Anwar al ver ese signo de paz.
Finalmente los separatistas llegaron frente los selandeses. Solo treinta metros los separaban y las miradas de odio e ira no faltaban, como siempre.
-Saludos, general selandés- dijo cordialmente el que parecía comandar esa expedición mientras se acercaba Anwar.-Venimos a negociar la vida de este camarada vuestro que, por desgracia, pasó demasiado cerca de nuestros arqueros.
-Eran más- dijo Anwar sin saludar.
-Exacto; “eran”.
Anwar al oír eso se temió lo obvio. Jake era el único superviviente.
-Bueno, estamos dispuestos a devolveros a este hombre a cambio de comida para nuestros hambrientos soldados. Hace meses que no comemos en condiciones- aclaró.
-¿Solo esto?
-Y por supuesto, que entreguéis las armas y abandonéis estas tierras que, por cierto, no son de vuestra gran nación y por lo tanto, lo que pase en ellas, no os debe importar más de lo necesario.
-Tenemos órdenes de investigar este castillo y detener vuestros intentos de rebelar los pueblos del interior.
-Y nosotros tenemos órdenes de mantener este castillo y reclutar hombres para Pelenc.
-¿Pelenc?, así que este es el llamado “separatista”. Lo conozco, hijo de un general confederado en la guerra civil. Ahora busca crear una nueva confederación y repetir lo que pasó apenas hace 10 años.
-Más o menos. Se nota que eres un Oshiri- sonrió el Yellocomés.-Pero por desgracia, por mucho que sepas no puedes detener nuestro avance. Estamos artos de ese Jorian, quien vive de nuestros impuestos y no hace nada para sacar el país de la profunda crisis. Vosotros no podéis entenderlo, vuestra república funciona muy bien, tanto que os permitís meteros en los asuntos de otras naciones.
-Yellocom es el mejor aliado que tiene Selandia. Hace diez años ya ayudamos a Jorian y ahora lo volvemos a hacer. No permitiremos que otra guerra azote este país, eso te lo aseguro. También te aseguro que como no entregues a este prisionero, me ocuparé de ti personalmente.
-Vaya vaya, parece que no se puede discutir contigo. Está bien, si quieres arriesgar tu vida y la de tus hombres para ayudar a ese rey, hazlo, pero que sepas que hay asuntos que escapan a tus posibilidades. Y aunque destruyas este castillo y los hombres que habitan en el, la rebelión está mucho más avanzada de lo que crees. Pelenc pronto reclutará un ejército y derrocaremos de una vez la estúpida monarquía tirana de Jorian III. Y ni tu ridícula orden Oshiri, ni tu amada república podréis hacer nada al respeto.
De repente sacó una daga y agarró al prisionero Jake.
-¡Dios salve a Pelenc!
-¡No!- exclamó Anwar.
Anwar tuvo que cubrirse la cara para evitar que se empapara de la sangre del pobre Jake. Con las manos ensangrentadas y la mirada de un loco, el verdugo de Jake atacó entonces a Anwar sin piedad, aprovechando el shock de este al ver el degollamiento de su camarada. El hombre se le tiró encima haciendo que los dos cayeran al suelo fuertemente y empezaron a forcejear.
Mientras Anwar intentaba reducirlo, los selandeses fueron a socorrerlo. Los separatistas hicieron lo suyo y, desenvainando sus armas, envistieron sin temor a la muchedumbre selandesa. El estruendo del acero al chocar con otro fue terrible. En la primera fila ya podían contarse media docena de bajas por cada bando.
Anwar, por su parte, luchaba con aquel insaciable hombre que intentaba arrebatarle la vida como perro que lucha por su hueso. Finalmente, golpeándolo con su zapato en la barbilla, consiguió quitárselo de encima. Como un rayo, desenvainó su espada al mismo tiempo que el se incorporaba y hacía lo mismo con la suya. La batalla duró poco, de un mandoble de muñeca desarmó a su enemigo y de otra estocada le abrió el pecho. El general separatista cayó al suelo entre gritos de dolor. Anwar se acercó, se agachó y le miró. Agonizando, pronunció unas ultimas palabras: -Dios s-salve a Pelenc-, y entonces murió. Anwar no se había acabado de levantar cuando fue atacado por otro Yellocomés. Lo esquivó, haciendo que este cayera a tierra. Con rapidez, se levanto y, con gran destreza, venció a otros cuantos enemigos. Finalmente sus tropas acabaron con todos los separatistas gracias a que eran muchos más en numero. No quedó ni uno.
Un soldado corrió hacia Anwar.
-Señor, ¿está herido?
-Si, pero no de esta batalla, tranquilo. ¿Ha habido bajas?
-Me temo que si, diez muertos y otros tantos heridos leves. ¿Qué ordena ahora?
-Deberíamos reunir a toda la división, separarnos fue una mala idea me temo, se ve que estos bastardos conocen bien el terreno. Probablemente Jake y los demás fueron sorprendidos por una patrulla de reconocimiento. Reúne a todos Arieo.
-En seguida comandante.
Los selandeses formaron filas y avanzaron por orden de Anwar, por un sendero que rodeaba la montaña a fin de llegar al puesto del capitán Jax, cerca de allí.
El sol se alzaba a lo alto de las dos montañas que sobresalían en la enorme estepa Yellocomesa. Caminaron entre verdes matojos y altos pinos sin perder de vista el castillo en ningún momento. Hacía ya cuatro meses que habían zarpado de Karelia junto con tres galeras y trescientos soldados. También acompañaban a Anwar, el capitán Jax y el capitán Yoreg, los dos con grado de caballero Oshiri, un grado inferior que Anwar. Avanzaron por el este hacia llegar al lugar donde se suponía que iba a haber los hombres de Jax, pero no había nadie. El sitio era una pequeña llanura entre grandes rocas. Justo mirando al sur, hacia arriba, estaba el castillo. Así pues, era el lugar correcto.
-Que extraño comandante, aquí no hay nadie-dijo Arieo.
-Muy extraño sin duda- quizás no hayamos equivocado, pero le ordené a Jax quedarse por esta zona, por si necesitábamos refuerzos…
De repente se oyó un grito espeluznante, de dolor, provenía de las filas selandesas.
-¿Qué ha pasado?- preguntó gritando Anwar.
Antes de que nadie respondiera, sonó otro grito del mismo tipo. Y un tercero, y un cuarto y más.
-Señor, nos atac…- Arieo no pudo terminar la frase, fue atravesado por una enorme lanza por la espalda.
Desde el cielo, empezaron a caer numerosas flechas y lanzas, masacrando a los indefensos selandeses que morían antes de poder hacer nada.
Anwar tomó un escudo y se protegió. La matanza continuó hasta pasados unos minutos. Anwar, con miedo, sacó su cabeza del escudo en busca de supervivientes, pero solo encontró muerte y sangre. No había quedado ni uno en pié. Estaba observando con horror la grotesca escena e intentando ver si quedaba alguno con vida, cuando fue golpeado por detrás. Quedó inconsciente.
Mientras tanto, en Selandia…
-Todo ha salido tal como planeábamos, Adam. Acabo de recibir noticias de Anwar en Yellocom, hace unas semanas, después de vencer a una pequeña flota pirata alrededor de la isla de Winiesla, cerca de la costa Yellocomesa desembarcó por fin sus tropas. En estos momentos ya habrá llegado en el interior del país, donde tiene ordenes de encontrar a unos aliados de Pelenc y sofocar unas pequeñas rebeliones.
-¿Piratas?
-Al parecer, habían zarpado de Winiesla en dirección sur, hacia el archipiélago Talko, donde se dice, que los separatistas están reclutando un enorme ejercito con intenciones de atacar a Jorian.
-Ya veo, así que Anwar los venció, ese chico nunca deja de sorprenderme. Esperemos que pueda cumplir sus ordenes, y la región central de Yellocom no se una a la causa de Pelenc. ¿Dices que los separatistas se reúnen en Talko?
-Así afirman los siervos de Jorian, esto ha causado gran revuelo en la CTC. Madena ya ha tomado acciones al respeto. Ha enviado a un gran ejercito hacia Apak.
-¿De cuantos hombres estamos hablando?
-Unos ocho mil, al menos así lo afirman en el senado.
-Vaya, nos esperan tiempos movidos. ¿Qué piensa el senado de todo esto?
-Destruir a Pelenc es primordial, Yellocom no puede permitirse otra guerra civil. Eso empobrecería más aun el oro Yellocomés.
-Me extraña que Madena sea el primero en moverse. Parece que incluso el propio Jorian no sabe que hacer.
-Jorian esta perdido, sumido en la tristeza de la muerte de su esposa, no está en condiciones de manejar semejante contratiempo .Esta situación favorece mucho a Adalgiso, siempre ha querido dominar a todo lo que existe. Probablemente tomará el control de Yellocom.
-No sin la aprobación de la CTC, Gondawa y Víacom aun tienen mucho que decir, recuerda que sin el oro Viacomés, no hay empresa Madena que valga.
-Sabemos que Adalgiso tiene el ejercito más grande y mejor preparado de la confederación.
-Cierto, aun sigo sintiendo que Greniland y Selandia estamos siendo apartados del mapa por Madena. Solo porque no estamos en la confederación.
-Más que cierto, amigo, Selandia no necesita firmar ningún tratado comercial con el territorio central, nos valemos por nosotros. Por suerte, sabemos hacer amigos, y Jorian, aunque incapacitado, es el mejor aliado que tenemos.
-Bueno, esperemos que Pelenc sea derrotado y Yellocom vuelva a brillar como lo hacía. Ahora me tengo que marchar, adiós.
-Adiós amigo.
Volviendo a Yellocom…
Anwar despertó con un enorme dolor en la nuca. Miró a su alrededor, estaba en el suelo de una pequeña habitación a oscuras. Intentó ponerse en pié, pero falló. Tras varios intentos, finalmente se incorporó, con ayuda de la pared. Trató de vislumbrar algo, pero no pudo, todo estaba demasiado oscuro. En ese instante, una puerta se abrió y la habitación se iluminó, era un calabozo. Entraron tres hombres vestidos de negro. Lo levantaron y uno de ellos empezó a hablarle.
-Saludos, Sáydis Anwar, caballero Oshiri Eryx, comandante del ejercito selandés. Estaba deseando conocer al hombre que combatió y derrotó a los piratas de Lusio. Debo decir que eran unos excelentes aliados para mí, te debo una.
-¿Q-quien eres?- preguntó con dificultad Anwar.
-Oh, ¿no me conoces?, creía que tenías una misión, vencer a los separatistas de esta región y detenerme. Nunca os he entendido, a los Oshiri, siempre metiéndoos en los asuntos de los demás. Por vuestra culpa la antigua rebelión perdió la guerra, pero esta vez no, esta vez ni el reyJorian, ni la confederación del territorio central, ni vosotros podréis detenernos. Esta vez ganaremos, ha llegado la hora de que Yellocom ocupe el lugar que le corresponde.
-¿P-pelenc?
El hombre que hablaba empezó a reír. Junto con los otros dos, salió del calabozo y cerraron de nuevo la puerta.
-¿No os preocupa que sepa quién sois, señor?
-¿Qué más da?, de todas formas no saldrá vivo de aquí. Mañana a primera hora quiero que haya confesado, ya me entendéis. Yo tengo que coger un barco hacia Tolka, nuestra cruzada está llegando a su momento clave, espero que ese bastardo rey haya cumplido con lo que acordamos. No me gustaría tener otra nación como enemiga.
Mientras hablaban llegó otro hombre.
-Señor, ha llegado vuestro invitado.
-Bien, bien, que pase.
-Buenas, Pelenc, veo que has hecho lo que te ordené.
-Claro que si, yo siempre cumplo lo que prometo. Lo malo es que ese maldito Anwar derrotó a unos cuantos camaradas.
-Un precio digno de pagar, amigo, pronto, juntando tus fuerzas con las mías, tendremos el mayor ejercito que nadie ha imaginado jamás. Ese Jorian no tendrá nada que hacer.
-Pero, que hay de Selandia, parece que no estan dispuestos que Jorian sea destruido. Sería un problema si esta guerra se extendiera más allá de las fronteras.
-Tranquilo, yo me encargaré de todo. Lo tengo todo controlado.
Los dos hombres empezaron a reír al unísono. Finalmente, siguieron hablando mientras recorrían los viejos pasillos del castillo. La guerra estaba más cerca que nunca.