Estoy con Traffy. Chicos volvamos a como estábamos antes, tenemos una historia increíble, y ya casi llegamos a los 40 capítulos.
Me agradaba cuando teníamos varias propuestas por semana.
Estoy con Traffy, debemos volver a los capítulos semanales. ¿Dónde están Anty, Movius, Tony, Yupi, Bargas, etc?
En lo personal espero con ansia el capítulo de Bargas, tengo mucho que no leo un Bargas. Esperemos al fin de semana, si no puede presentar me parece el capítulo de Traffy debe ganar, sin que nadie se pueda quejar, debido a que no se criticó a tiempo alguna inconformidad.
PDT: Bargas he leído cerca de 10 veces lo de Dorian, me encanta
Debido a que nadie se pronuncia, el capítulo de Traffy sale adelante.
Los que no estamos no podemos estar, a mí me falta tiempo para analizar como es debido un capítulo, más que nada porque los capítulos que hacemos son cada vez más y más largos y de mayor densidad argumental. Ojo, es muy bueno este hecho, indica una clara mejoría, pero también dificulta la labor cuando falta tiempo. A día de hoy no puedo ponerme a preparar un capítulo, por la dedicación que requiere escribir un capítulo de Panteras. Eso sí, varios seguimos el tema aunque no comentemos.
Por tanto, me centro, wild, evidentemente sería ideal volver a todo eso, pero algunos pisan poco el foro y otros que lo pisamos bien no tenemos tiempo para presentar capítulos y menos semanalmente. Si otros podéis, perfecto, está claro que sería lo mejor.
Vuelvo al foro, y sobre todo a Panteras. Intentare no volver a desaparecer , me pondre al dia en cuanto pueda, y cuando lo hag, empezare a comentar mas.
Espero que lleguemos mas lejos y estemos mas activos que nunca ^^.
Bueno, otro capítulo más a la cuenta grupal, uno más a la cuenta particular (aunque preferiría no añadirlas siendo el único que propone). Venga, va, que llevamos 39 capítulos, ¡uno para llegar a los cuarenta!
anty, créeme cuando digo que entiendo perfectamente que haya miembros que carezcan de tiempo (la cantidad de años aumenta a la vez que la de responsabilidades, y es algo contra lo que no se puede luchar), pero que no estaría nada mal dejar de vez en cuando posts, aunque estos no sean muy completos de contenido o realmente no aporten demasiado al tema, como simples "Hey, aquí seguimos aunque no comentemos asiduamente o no propongamos" (obvimente, no ese mismo mensaje, porque sería un spam demasiado descarado xD, pero sí apuntes gracias a los que los que comentemos más asiduamente en el tema (como es mi caso, porque tiempo tengo bastante), sepamos que sigue habiendo Panteras en el tema. No sé si me explico xDD.
Así al menos conseguiremos que el tema no tenga un solo mensaje cada 3-4 días.
Por lo demás, queda abierta la convocatoria para el capítulo 40. Supongo que wild participará, ya que últimamente andamos turnando, y me dijo que quería proponer la "guerra".
PD: Nico, creo que ya lo sabes, pero me alegro mucho de que vuelvas al tema ^^. Espero (esperamos) verte en pleno rendimiento cuanto antes
Ay... es un poco vergonzoso psotear sin tener todavía el capítulo XD Pero va en camino, y os auguro una sorpresita en el capítulo VII...
Por otra parte, ya que estamos animando el tema, me gustaría deciros que estoy trabajando MUY seriamente en el némesis de John, en el gran villano de los Panteras Negras... no es un Yonkou retirado, ni un viejo shichibukai, ni un vicealmriante obsesivo... la idea que tengo en mente intenta ir más lejos... así que, si me dejáis, en mi próximo post podré proponerlo, o introducirlo en mi próxima propuesta de capítulo... (bueno, esta no, cuando lleguemos a la próxima saga XD)
No, ahora en serio, esto tiene que arrancar de una manera u otra, porque estamos demasiado a rachas. Tratemos de ser más regulares (un mensaje cortito al menos cada dos días, no es mucho pedir), más constantes, y aunque los capítulos tarden más en salir, pues hagamos las cosas bien, o, al menos, hagámoslas. Necesitamos de todos para eso, en mayor o menor medida. Ya dije en mi anterior post que teníamos que arrancar y que un mensaje (como este, por ejemplo) basta para mantener, al menos, algo de actividad. Necesitamos de posts de anty, de Movius, de Tony, de wild, de Yupi, de Bargas, de Nico, de Stan, de Garrak, de todos los demás, y míos también. Posts cortos, de hacerlos en cinco minutitos, pero posts.
Garrak, espero ansioso el Capítulo VII de Incertidumbre, la trama me tiene enganchado ^^
¡Ánimo Panteras, que saldremos de esta!
Por cierto, ya que veo que nadie propondrá, lo haré yo, aunque sea el segundo consecutivo, aunque ya veremos cómo ando de tiempo.
Edit: anty, insisto en que te entiendo, a ti y a los que, por un motivo u otro, no podéis hacer capítulos, o macroposts, o novelas sobre los Panteras. Con lo de postear por postear no me refería a uno puramente spam, sino un post que aporte en cierto sentido ALGO al tema sin necesidad de pasarse más de cinco minutos para redactarlo. Bastaría, por ejemplo, una opinión sobre algo que se haya comentado, o yo qué sé. Yo no soy quién para exigir nada a nadie xDDDDD.
Última edición por Vito Corleone el Lun Sep 30, 2013 9:46 pm, editado 1 vez en total.
El problema está en que no se puede postear por postear, aunque quizá sea lo que esté haciendo ahora mismo. No es cuestión de mantener el tema arriba llenándolo de cosas sin sentido para el propósito del mismo. El problema está en que mucha gente no entra tanto en el foro y los que sí lo hacemos no disponemos del tiempo para preparar un capítulo en condiciones. Si tenemos la suerte de que varios podáis proponer capítulo, ahí estaré para analizarlos que con el último no pude. Contestando dudas para recopilaciones y similares, claro está, pero si no comento más es porque no debemos llenar el tema de comentarios sin sentido (no digo que los últimos comentarios lo hayan sido, digo que los que podía haber hecho yo lo hubieran sido de haberlos hecho xD).
Dicho esto, ánimo a todos los que podáis a continuar la historia, colaboraré por vía privada con aquel que necesite algún consejo o idea si lo ve necesario.
Mis queridos panteras, como extrañaba postear aquí. Quiero agradecer a nuestro nakama Traffy por que ha mantenido el barco a flote, y ha sido el más constante (no digo los demás no revisen pero se ha esforzado más que ninguno).
Debo decir que espero con ansia el capítulo, propondría pero tengo planeado algo en la guerra y no me gustaría hacer algo que no me nace por que se forza la historia.
Ahora para revivir, traigo un dibujo mío (el primero que subo), es el Capitán Salamandra en su forma hibrida. El cabello es largo y cuidado porque es un marine elegante, la piel es escamosa con partes quemadas o golpeadas, así como la sangre. Sé que no es de lo mejor ni se compara con los que ha hecho por ejemplo nuestro nakama Bargas (que son realmente buenos), pero espero les guste.
wild animal escribió:Mis queridos panteras, como extrañaba postear aquí. Quiero agradecer a nuestro nakama Traffy por que ha mantenido el barco a flote, y ha sido el más constante (no digo los demás no revisen pero se ha esforzado más que ninguno).
Debo decir que espero con ansia el capítulo, propondría pero tengo planeado algo en la guerra y no me gustaría hacer algo que no me nace por que se forza la historia.
Ahora para revivir, traigo un dibujo mío (el primero que subo), es el Capitán Salamandra en su forma hibrida. El cabello es largo y cuidado porque es un marine elegante, la piel es escamosa con partes quemadas o golpeadas, así como la sangre. Sé que no es de lo mejor ni se compara con los que ha hecho por ejemplo nuestro nakama Bargas (que son realmente buenos), pero espero les guste.
Para serte sincero, me gusta mucho el dibujo en general y mas en concreto el busto del personaje, aunque también es verdad que me esperaba algo más fiero y temible xDDD No te lo tomes a mal, sino como crítica constructiva.
Te agradezco tus agradecimientos, por otra parte. Insisto en que no me parece algo que se me tenga que reconocer, simplemente porque lo hago porque quiero y porque me gusta xD. Pero gracias.
Decir, además, que estoy preparando la propuesta del capítulo 40, que vendría a ser una especie de continuación del 39, ya que no pude poner todo en un solo capítulo xD
Un saludo y vamos a por ello!
PD: Creo que yupi vuelve a las andadas este finde ^^
Bueno, aquí, ya que me he comprometido con el tema, voy a intentar terminarlo (no me gusta dejar trabajos a medias) y a ver si ya de paso podemos resucitar el tema XD De todos modos, me deben de quedar unos dos capítulos para terminar:
A la luz del amanecer recién asomado, intentó hacerse paso entre los escalones derruidos, ya que el pasadizo que conducía a la cubierta había sido derribado por Tony para que el fuego no se extendiese por todo el barco. Como el techo también había sido derribado en el proceso para poder apagar las llamas, Van pudo notar de cara la brisa del mar. N el horizonte, el Sol asomaba tímidamente con una trémula luz, ya pasada la tempestad de una violenta noche.
Cuando pisó una mala teja, se le escapó un pequeño chasquido de dolor. Se había negado por completo a los servicios de Van, así que el mismo había tenido que ocuparse de su propia herida, incluyendo la ardua tarea de tener que auto-vendarse el hombro. Maldijo una vez más a los sucios piratas. En circunstancias normales habría podido ocuparse sin problemas de los rebeldes, pero, ocupado como estaba intentando hacer que el barco no zozobrase, había tenido un ligero momento de debilidad que casi le había costado la vida.
Eso malditos piratas… los maldijo una y otra vez, a ellos y a Anthony. Los maldijo porque habían estado a punto de matar al capitán. Una escoria tal no merecía un lugar en la tierra de los hombres honrados. Y lo peor era que Anthony seguía insistiendo en protegerlos. “Una labor humanitaria” dijo “Solo han sido unos pocos hijos de puta” “Tienen miedo”. ¡Al carajo con su ética! ¡Esos cabrones se habían cargado a su propio líder! “Los asesinos ya han recibido su culpa” ¡Y un carajo también! ¡Todos mentían! Los supervivientes tenían las manos tan manchadas de sangre como los del día anterior. Lo más razonable era tirarlos por la borda para evitar incidentes similares, o, al menos, poder dormir tranquilo sin miedo a que un bastardo le cortase el cuello.
Al menos ya no estaba solo. Extrañamente Kokuran había intentado apoyar su moción. No sabía muy bien que había debido de impulsar a ese imbécil a hacer algo así, pero de momento el plan sería no provocar al cocinero durante un tiempo. Quién sabe, a lo mejor le daba por envenenar la comida de los prisioneros, o algo. Y entonces Kokuran tendría que dejar la tripulación… si, podría ser un plan perfecto, no requeriría de su ayuda, y se libraría de su mayor enemigo. Podía resultar.
Siguió caminando hasta la cubierta, donde posó sus brazos para poder reposar. La madera estaba un poco podrida, pero resistiría. O al menos mientras encontrasen alguna isla en medio del asqueroso mar, porque esa era otra.
De todos modos, no pudo evitar sentirse intrigado por Tony y Stan. Esos dos tenían un asunto sin resolver que Van aún no había llegado a adivinar. De momento, estaban tan tranquilos, superados entre sí lo máximo posible, pero durante la tempestad habían estado a punto de matarse mutuamente en una pelea. Estaba pensando en intervenir para saber lo que pasaba, sin embargo, en su fuero interno el exmafioso sabía que aquel era un asunto de hombres que debía solucionarse entre ellos, y, si tenían que llegar a las manos, lo harían. No era quien para entrometerse.
Así que solo le quedaban Amber y Diego. El segundo haría todo lo que dijera la mujer, pero esta última se negaba a decir algo. Sin duda, a Van se le escapaban los pensamientos de una mujer, y mucho menos los de una mujer de otra especie, pero confiaba con su máximo apoyo en los momentos de necesidad.
Porque estaba pensando en amotinarse.
El plan era perfecto: desde que abordaron la flota de los Cazadores de Grullas se había estado guardando en el bolsillo un pequeño barril lleno de agua. En caso de que las cosas llegaran a asuntos de mayores, rompería el barril, y se enfrentaría a Anthony con las manos desnudas. Su primer duelo había acabado en derrota, pero esta vez estaba más que preparado…
Escuchó detrás suya un pequeño paso, y se dio la vuelta justo a tiempo para ver a Michael de pie sobre la barandilla del capitán, y a Nepa tratando una maceta rota. Michael pisó un par de trozos de cerámica para llegar hasta su posición. En la mano derecha llevaba su fiel violín, y en la izquierda, como si de una espada se tratase, aferraba el frágil arco. A la luz del sol, el músico mostraba una sonrisa desapasionada.
No le preguntó que estaba haciendo allí, dado que la herida leve que le habían infligido no estaba ni mucho menos cicatrizada bajo las toneladas de vendaje que le había aplicado Anthony. Van sencillamente dejó que Araknoss se posase al lado suya, como un águila en busca de roedores de los que alimentarse.
-Ser un pirata… ¿Puede ser muy triste, no crees?
Van le devolvió la mirada y sonrió. Michael siguió hablando:
-Navegas por el mar en busca de aventuras… sueñas por alcanzar tus sueños… para que al final acabes muerto en alguna isla desconocida, y te entierren bajo una lápida sin identidad, perdido para siempre en un mar que nunca quiso estar contigo.
-La muerte es una maldita hija de perra- escupió Van
-¿Y cómo lo haces tú para sobrevivir a esa pesadumbre?
-Nosotros…- volvió a sonreír, mostrando a la luz del día sus afilados dientes de lobo- … los criminales, los mafiosos, sabemos mejor que nadie que la muerte es ineludible. Es un lastre al que todos acabamos por sucumbir.
-¿Y entonces?
-Pues siempre hacíamos bromas al respecto. La desacreditábamos. Algunos decían que debía de ser un pequeño duende verde invisible. Otros que era una prostituta que te llevaba durante un laaargo plazo…
-¿Y tú?
-Yo… je, yo siempre me la he imaginado como un cursi pedante con guadaña en vez de bastón, que viene a por ti reclamándote las facturas
-Eso sin duda es interesante
-¿Y tú? ¿Qué es lo que haces tú para no volverte loco?
-Oh, señor Van, creo que ahí usted se equivoca… uno del os requisitos para poder ser pirata es precisamente prescindir de tu cordura
Ambos rompieron a carcajadas como viejos amigos.
-Creí que me dirías algo como “Yo me dedico a tocar mi violín, tocar la música por las almas perdidas”
Michael se quedó callado durante un momento, mirándolo seriamente como un padre decepcionado con su hijo.
Respondió con un susurro inaudible:
-Por eso nunca podremos llevarnos bien…
-¡Pero eso no importa para ser compañeros en una tripulación! A ti te gusta tocar música por las almas perdidas, o lo que sea que haces, son tus gustos y nada puedo hacer con eso. Aunque no estaría mal que dejases de tocar música a las cinco de la mañana como un puto grillo mañanero…
-Y tu disfrutas con el sabor de la sangre como un despiadado carnicero…
Van sonrió. Se dio la vuelta. En una esquina, Nepa estaba demasiado ocupado con sus plantas como para prestarles atención. Al parecer, el biólogo estaba pasando por una especie de luto, ya que muchas de sus plantas habían volado con el viento mientras el no estaba en la borda.
-Michael… toca una canción…
-¿Cuál?
-La despedida de las mujeres del puerto
-¿Por qué?
-Porque acabo de ver un islote de tierra en la distancia. Ahí mismo.
-Esto va a acabar mal… - Nepa se encogió de hombros a la vez que seguía regando sus plantas. Le daba exactamente igual.
STAN
Stan despertó bajo la luz de un nuevo día, en medio de un cuarto medio empapado, hecho una ruina. No tuvo que empujar ninguna sabana porque todas las del barco aún tenían que secarse. Pero seguían vivos, algo era algo. Al inventor no se le escapó el hehco de que apenas habían pasado unas horas desde que pasaron la tormenta, y aún así ya echaba de menos el áspero tacto de la tierra firma que inauguraba una nueva aventura
“Porque a esto no le podemos llamar ni desventura” pensó amargamente.
Habían sobrevivido por los pelos. No solo por el pequeño motín por parte de los piratas rebeldes, sino porque, durante unos pocos minutos, el timón había estado abandonado, sin mando. El mismo había tenido que hacerse cargo, y tomado el barco mientras Van peleaba a través de la tormenta. No habían naufragado de milagro, y no habían muerto a manos de una peste bubónica de milagro. Todo era demasiado confuso como para que pudiese asimilarlo en unas pocas horas, pero tenía que hacerlo rápido antes de que la situación se le fuese de las manos.
Al otro lado del barco, Tony dormía como un tronco. Si bien Tony se había comportado últimamente como un capullo, Stan tampoco podía negar que gracias a su celeridad la tripulación de dentro no había muerto quemada. Había sido el poder de su fruta el que había derribado parte del techo de la escalera, consiguiendo así que el fuego no pudiese pasar a la bóveda, además de dejar las ascuas a pleno aire libre, donde no tardaron en apagarse gracias a la fuerza de la lluvia.
Ahora yacía durmiendo inocentemente. Por un momento, al verlo indefenso y tendido, Stan tuvo una leve sensación de culpa. Si no hubiese peleado con Tony, el barco no habría corrido peligro, ni mucho menos el capitán. Ahora, gracias a sus actos, John estaba tendido en su cama, en un estado mucho peor que antes. Todo había sido obra suya.
O tal vez no. Si había intentado pelear con Tony había sido debido a los acontecimientos. Debido a todo lo que había pasado a lo largo de la semana, la sensación de culpa iba disminuyendo poco a poco. Sus actos estaban justificados. Había hecho lo que cualquier otra persona cabal habría hecho en su lugar. Tomar decisiones sobre sus propios actos y sobre su futuro.
Pero dichos actos habían comprometido la seguridad del barco. Entonces, ¿Qué debía pensar? ¿Qué podía hacer? ¿Tenía que estar resignado a ser un don nadie?
Algo interrumpió la línea de sus pensamientos, el ruido de unas botas golpeando frenéticamente el suelo. Stan alzó la vista para ver a Van corriendo hacia él. Parecía extremadamente nervioso y agitado, aún más extremadamente nervioso y agitado que de costumbre.
Antes de que Stan tuviese tiempo de decir nada, Van ya había empezado a hablar:
-Buenas noticias para toda la tripulación
-¿Qué pasa, Van?
El vigía miró a un lado y a otro, como temiendo ser escuchado. Por un momento fijo la vista en Tony, y le hizo a Stan un gesto, indicándole que lo siguiera.
El inventor, un poco dubitativo, y, para que negarlo, medio somnoliento, hizo caso y siguió al mafioso por el pasillo.
Cuando llegaron a un punto donde aparentemente no había nadie que pudiera escucharlos, Van empezó a explicarse:
-Verás, si mantenemos el rumbo que estamos llevando, dentro de cuatro horas pasaremos justo al lado de un pequeño islote de tierra.
-¿Cómo…?- empezó a gritar Stan antes de que su confidente le tapara rápidamente la boca
-No hables tan alto. Podrían escucharte.- esperó durante unos minutos. Cuando parecía que el inventor estaba un poco más calmado, Van aflojó un poco la presa, y le permitió hablar:
-Pero como… ¿Dónde está? ¿Cómo lo sa…?- se interrumpió. Era una pregunta un poco estúpida- ¿Por qué me lo cuentas a mí y no al capitán?
-El capitán está demasiado mal como para que pueda hablar con nadie. Esto es un secreto
-Podrías hablar con el segundo al mando- recibió a modo de respuesta un bufido despectivo- Bueno, pues algo hay que hacer
-Si, algo… yo ya tengo un plan… pero no sé si contártelo- dijo Van, a la vez que mostraba un rostro dubitativo
-¿Porqué? ¿No pensarás…?
-Sí. No tenemos ningún deber con esos piratas. Ayer fueron nuestros enemigos, hoy siguen siéndolo, y mañana lo serán. Y ya sabes que tienen una enfermedad muy peligrosa, no podemos correr riesgos…
Stan pensó por un momento en señalar el hecho de que a pesar de haber mantenido contacto había sobrevivido, pero entonces recordó que según Anthony el terco vigía no tenía ningún virus debido a su estado de Logia. Aún así, no se mostró del todo de acuerdo, ya que sabía cual iba a ser el plan de Van…:
-Motín
-Eh- el mafioso sonrió- no se puede llamar motín si el capitán no está en contra
-El capitán no puede hablar. Tiene un pie en la tumba, y lo sabes- dijo Stan con un gesto dolido
-Entocnes haremos el motín por el bien de toda la tripulación, y por el bien del capitán.
-Yo…
-Eh, ¡Que hacéis ahí?
Ambos se volvieron hacia el lado derecho del pasillo. Diego estaba caminando hacia ellos con un cierto deje alegre. A pesar de que estaba envuelto en muchas vendas, el investigador todavía se permitía vestir unos hábitos ciertamente elegantes mientras fumaba un pitillo de alta calidad.
-¿Eh, que tal, amigos?- Van se volvió furtivamente.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó a Diego
-Bueno, yo también he madrugado, así que quería tomar un poco de aire fresco…
-¿Estabas espiándonos?
-¿Cómo? ¿No estaríais tramando vuestra relación personal, no? Porque, cielos, no estoy de humor para jueguecitos. Hoy no
-Muy gracioso-dijo Van- Seguro que ese chiste pasará a la historia
-Dios mío, espero que sea un chiste.
Van se detuvo un momento, como reconsiderando si merecía la pena devolverle la puya, pero al final se dio la vuelta, y volvió rápidamente por donde había venido, como un fantasma salido de un relato de terror. Diego suspiró, y se dirigió a Stan:
-Lo he oído todo
-Me cago en la leche, sois todos una pandilla de mentirosos- protestó Stan
-Bueno, somos piratas- dijo con una sonrisa franca en la cara
-Si, pero… últimamente…
-Si, nos han pasado cosas raras- afirmó Diego
-No es solo eso, es que… la tripulación está pasando por una crisis…
-No creo que sea la tripulación. Todos seguimos ayudando entre nosotros, acometiendo nuestras tareas conjuntamente, y actuando como una tripulación unida. Este no es el caso.
-Entonces, ¿Qué está pasando?- preguntó Stan
-La verdad…
Diego no tuvo tiempo de terminar la frase, ya que había reparado en una figura que atravesaba el pasillo con odas sus energías. Era Amber, que muy probablemente volvía del cuarto de baño, y parecía apurada por llegar a tiempo a algún sitio. Diego dejó lo que estaba diciendo para pararse en alto con la boca ampliamente abierta mientras sus ojos se transformaban en corazones rosas.
-¡¡¡¡¡Amber-swaaaaaaaaaaaan!!!!!
Amber pasó por donde estaban sin dirigirles ni una palabra, todavía ocupada en correr hacia adelante, así que Diego, inspirado pro el huracán del amor, se hizo a un lado para poder perseguirla, mientras seguía soltando sus “Amber-swan” y alguna que otra petición, como “¿Quieres que te prepare algo rico?” o “¿Me tumbo en el suelo para que no tengas que ensuciar tus pies?” o incluso “¿Quieres casarte conmigo?”.
Todo aquel torrente de amor inspirado fue repentinamente interrumpido cuando Amber por fin logró llegar a su camarote, cerrando de golpe la puerta tras de si, provocando que Diego se estampara contra la madera con la cara hecha un cuadro.
AMBER
Entró en su cuarto altamente alterada. A decir verdad, no había dormido en toda la noche, y el sueño estaba punto de apoderarse de su voluntad. Tal vez no tendría que haber insistido en actuar de timonel mientras el resto dormía, pero alguien había tenido que hacerlo, ¿No? Ya podía darse con un canto en los dientes si nadie se daba cuenta de su fracaso a la hora de gobernar el barco.
Solo que esta vez no había sido una decisión desacertada. Algo muy grave podría haber pasado si ella no hubiese acudido rápidamente a su camarote. Alguno de los rebeldes le podría haber robado algo de su cuarto, o esparcido malignas bacterias por sus cosas. Por un momento Amber lamentó no ser médico para poder analizar todas las posibles huellas, pero Anthony estaba demasiado ocupado en el camarote de los enfermos.
Un pensamiento, una idea se le vino a la cabeza. Si no fuese por los malditos prisioneros, Anthony podría estar ahora analizando cada partícula de su cuarto para evitar que cayese enferma. Por un momento maldijo con toda su alma a esos desgraciados hijos de perra, pero se contuvo al ver lo que estaba a punto de hacer.
Sin duda alguna estaba perdiendo los nervios. Y muy paranoica.
Se detuvo. Tenía que proseguir con el análisis.
Una cama (era un cuarto para chicas, así que, de momento, al ser la única chica a bordo, tendría su propio cuarto), un armario de dos puertas cerradas, una pequeña cómoda con una lámpara encendida, siete carcajs de doce flechas cada uno en la esquina y un baúl con algo de comida almacenada, con el pestillo cerrado.
Ya no sabía que hacer. ¡Que iba a hacer? ¿Estaba el cuarto en orden? ¿Lo estaba?
Al final no pudo contener las ganas, así que se agachó para vomitar a un lado de la cama. Luego, al ver la apestosa masa informe, se dio todas las prisas del mundo en coger una fregona para arreglar el estropicio. Cuando terminó, tiró el palo por la claraboya sencillamente porque olía mal.
Se echó sobre la cama. Lo raro de todo era que tenía ganas de llorar, pero las lágrimas no salían de ninguna manera. Ya no sabía que hacer.
Justo eso era lo peor de todo. La ignorancia. No sabía muy bien lo que le pasaba, lo que estaba sintiendo, porque estaba tan paranoica, y no sabía que hacer para remediarlo. ¿Suicidarse? Rechazó de inmediato esa idea, considerándola pésima y más propia de gente desesperada con poco apego a su vida. Amber no sentía nada de eso, quería seguir viva, palpitante, navegando por el mar para poder cumplir sus sueños. No se imaginaba haciendo otra cosa.
Si… el mar…
Lo echaba de menos.
JOHN
Tartamudeó un poco antes de dirigirse a Nepa. El capitán, envuelto por una manta gigante con el Jolly Roger de la tripulación, tenía la tez totalmente pálida, blanca como una manzana podrida antes de ser tirada a la basura. Pero aún así hizo el esfuerzo de levantarse para atender a Nepa, el cual observaba con angustia a su capitán, sin saber si debía echarle una mano, o huir por miedo al contagio. Se quedó en la puerta.
-¿Qué…que…qu… pasa?-preguntó Conde
Nepa se quedó sin saber que decir. Viéndolo ahí, en su camarote, convaleciente por la enfermedad, dudó si debía avisarle de todo el follón que iba a montarse dentro de poco, ya que, al fin y al cabo, John era el capitán, y merecía enterase de esas cosas. Se contuvo.
-Yo…- John enarcó una ceja, e intentó alzar la voz:
-¡Suelta lo que quieres!- gritó un segundo antes de vomitar sobre el suelo. Nepa, dubitativo, movió la cabeza de un lado a otro:
-Nada… no pasa nada capitán… solo venía a ver como estaba…- Avergonzado, el biólogo ya iba a darse la vuelta cuando escuchó detrás suya un estampido. Se volvió solo para ver a John cayendo al suelo. Al impactar contra este, terminó de vomitar el desayuno medicinal de Kokuran. Nepa, nervioso, ya iba a avanzar para ayudarlo a levantarse cuando el propio John se lo impidió:
-¡Déjalo!
Nepa dio un paso más. John volvió a gritar, esta vez más furioso:
-¡Que me dejes! ¡Largo! ¡No necesito ayuda!
Nepa se detuvo. Su enmarcado rostro mostró un gesto de angustia e impotencia. No sabía lo que hacer.
Entonces vio como John alzaba una mano, así que no tuvo más remedio que salir del camarote, y, en un último gesto de desobediencia, cerrarle la puerta. Cuando Nepa ya se hubo ido, John seguía tumbado en el suelo mientras susurraba fatalmente:
-No necesito ayuda…
Tocó con la mano derecha las tablas de madera. Las acarició como un amante acariciaría a su esposa en una luna de miel, y, poco a poco, de la mano de John fueron saliendo algunas venas, fruto del esfuerzo que estaba realizando.
Alzó otra mano, y también la apoyó en el suelo. Salieron aún más venas de esfuerzo, esta vez incluso en su frente, y pudo ver como lentamente iba alejándose del suelo, primero un palmo, luego dos, luego medio metro. Los brazos empezaban a quedarle largos. Los pies le temblaban debido al titánico esfuerzo que estaba realizando.
Retrajo los brazos a los flancos. Sintió un crujido armonioso, al parecer sus vértebras quejándose y desdoblándose. Intentó estirar los pies. La primera vez no lo consiguió, ni la segunda, ni la tercera, pero a la cuarta sus titubeantes fémures ya empezaban a esbozar algo parecido a una línea recta. El único sonido que podía escucharse en medio de la oscuridad era el de la orquesta de huesos humanos crujiendo descontroladamente.
Alzó la vista. Su camarote estaba oscuro, desordenado, lleno de notas personales escritas a mano.
Los labios de John Conde temblaron por la humedad acumulada. Algo atravesó su garganta, abrió su boca, y produjo un sonido. Era una frase.
John Conde, capitán de la tripulación de los Panteras Negras, había dicho:
“Yo seré el Rey de los Piratas”
STAN
El barco rielaba a través de las olas, quejándose como un niño con el brazo roto, pero navegando, al fin y al cabo. Amber seguía recluida en su cuarto, Michael tampoco daba muestras de vida, Nepa se había aislado en su pequeño invernadero, John buscaba una cura viable, Van había desaparecido repentinamente, Tony se ocupaba de las velas, Diego se asomaba para otear el horizonte y Kokuran cocinaba completamente solo, mientras que el propio Stan se detenía a pensar, sin saber qué hacer, y se daba cuenta de un terrible hecho sin precedentes:
Cada uno iba por su cuenta
Se tomó un tiempo para respirar aire libre. Ya debían de faltar unos pocos minutos para que el plan de Van empezara a gestarse, y él todavía estaba indeciso. Justo entonces, se cruzó casi sin querer con Nepa, que andaba encorvado, arrastrando sus plantas. Con el choque, Stan rozó algunas de las hojas:
-¡Ten cuidado, imbécil!- gritó el biólogo, totalmente airado. Paró el carro para acariciar las hojas, como el caballero que comprobaba las uñas de una dama tras una acalorada galopada. El biólogo le echó un vistazo de reojo- ¿Se puede saber que haces aquí?
-No sé- Stan se encogió de hombros- ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo?
Ahora que ya estaba más calmado, el pirata pudo observar con mayor atención la planta que había estado a punto de “destruir”. Era un enorme pilar de madera rematado por numerosas hojas de un exótico verde, y coronado por varias frutas extrañas cuyo origen Stan obviamente desconocía. Curioso, intentó tocar una del as frutas, pero Nepa le dio un golpe en la mano para que retrocediera:
-¡Fuera! ¡Quita tus sucias manos!
-Bueno- el inventor se acarició la parte dañado, incapaz de mostrar cierta sorpresa mezclada con un repentino resentimiento- ¿Qué está pasando?
-¿Qué qué está… que que… ¿En serio me preguntas que está pasando? ¡Primero ese estúpido cocinero y ahora tú! No pienso dejar que cocinéis esta hermosa Alyocondra Coronatus!
-Eh, eh, no he hablado de nada de eso. Solo preguntaba
-¡Pues me la voy a llevar a buen recaudo! Lejos de la tormenta, escondida al a vista del ojo humano, fuera del alcance de unas manos indeseadas. No dejaré que vuelva a pasar la catástrofe del otro día, ah, no, ¡Me la llevo lejos de cualquier peligro! ¡Si es preciso, lejos de vosotros!
-Bueno…- Stan volvió a mostrar cierta indiferencia- si tú lo dices… no creo que eso vaya a ser nuestro mayor problema.
-¿Qué?- preguntó Nepa, un poco extrañado
-Ups…
-¿Porqué? ¿Te refieres al plan de Van? Bueno, pues por mí, yo digo, ¡Que se vayan al infierno! Lejos de mis plantas, sí…
-En serio, Nepa, ¿Estás bien?
El biólogo, como sacudido por un shock, reacciono parpadeando repetidamente, hasta que fijo la vista de nuevo en Stan. Parecía realmente extrañado:
-Bueno… igualmente, creo que va siendo hora de dormir sin miedo por primera vez en una semana
-Pero… ¿Sabes lo del motín?
-Pues claro- Nepa no hizo ningún ademán de disimulo- toda la tripulación lo sabe. Todos menos John y Anthony. Todos estaremos preparados.
Una vez dicho esto, Nepa siguió su camino, arrastrando la gigantesca maceta por medio de unas pequeñas ruedecillas. Y, una vez más, Stan se quedó solo con sus pensamientos. Ya iba siendo la hora.
-¡Tierra a la vista!
Casi toda la tripulación subió en fila a la cubierta, para así poder ver lo que iba a pasar. Todos subieron indiferentemente: Michael, embutido en una tez totalmente pálida y con unas grandes ojeras negras imprimidas en su tristes ojos; Amber, que caminaba un poco pesada, nerviosa, angustiada por un temor que nadie más reconocía; Stan, con una mano puesta sobre su llave de metal marino, preparándose para lo que se avecinaba; Nepa, apartado en una esquina para poder observarlo todo con mayor grado de detalle; Tony, convenientemente alejado del inventor, sudando por todos sus poros debido a todo el trabajo realizado; Diego, al lado de Amber, en silencio, con unas pequeñas astillas de madera aún clavadas en su pétreo rostro; y Van, encaramado sobre la terraza del barco, señalando con una mano el destino que les aguardaba en el horizonte.
Era un pequeño islote alejado de la mano de Dios.
Nada más que un pequeño pedazo de tierra flotante, una aglomeración de arena en la que, con suerte, apenas cabrían siete personas puestas en fila india. Era un emplazamiento firme sobre el que se podía pisar y evitar el mar, con una pequeña costa acariciada por el suave roce de las olas, pero, aparte de eso, era poco más que un montículo de tierra inhóspita insertada en medio de la mismísima nada, probablemente lejos de cualquier puerto marítimo, y aún más lejos de poder sostener a las treinta personas que componían la tripulación superviviente de los Cazadores de Grullas.
El barco fue deteniéndose poco a poco, y, cuando estuvo en un buen punto, a unos cuantos metros de la “tierra” recién descubierta, Stan y Diego se ocuparon de echar el ancla. Mientras se ocupaban de amarrar el barco, intercambiaron una breve mirada que lo decía todo. El propio Diego fue el que expresó lo que todos estaban pensando:
-Bueno, ¿Y ahora qué?
Kokuran fue el primero en hablar, con una voz fría como el acero:
-Ahora nos libramos de la carga excesiva.
-¿Qué?- Tony reaccionó, asustado con lo que había dicho el cocinero- ¿Echarlos por la borda? No creo que…
-Lo que creas no es relevante. Los hechos han hablado
Stan también se animó a hablar:
-El hecho es que no creo quesea tan fácil. Podríamos esperar a encontrar una isla más grande y…
-¿Una isla más grande?- Van soltó una sonrisa lobuna- No hay más islas en la ruta. ¡Demonios! Lo más probable es que tardemos semanas en encontrarnos nada en el camino.
-¿Eso es verdad?- preguntó Michael. Entonces Amber, un poco apartada del grupo, intervino mientras echaba un ojo a su Log Pose:
-La verdad es que… de momento el Log Pose no señala ninguna isla. Lo más probable es que pasen algunas semanas antes de que la brújula señale la próxima posición…
-Pues está todo dicho- Van señaló al barco- Nos desharemos de la carga excesiva
-Espera, ¿Qué?
-¿Qué pasa, Diego?
-Pues… ¿En serio vais a hacer esto? ¿Rebelaros contra el propio capitán? ¿Hasta este punto hemos llegado que no nos podemos fiar los unos de los otros?
-La verdad es que…- esta vez el que hablaba era Neppa- … no creo que al capitán le importe.
-Cierto, hirieron al capitán John, ¿Acaso ya no os acordáis?
-Van, aún así…
-Aun así nada, Diego. Se trata de mera supervivencia. Somos piratas.
Otra poderosa voz interrumpió repentinamente la conversación
-Sí, pero no somos bestias sin cerebro
Todos volvieron la mirada para poder contemplar a Anthony, postrado de forma reverente sobre la barandilla, y con una mano puesta en la empuñadura de su espada. Detrás suya estaa John, tiritando de frío, escondido debajo de una manta. Anthony descendió a la cubierta con un ligero ademán de piernas, y se plantó justo enfrente de Van. Ambos intercambiaron entre sí una feroz mirada. Van fue el primero en romper el hielo:
-Anda, mira. Si está aquí el “capitán”
-No mereces una respuesta.
Tony y Stan pasaron a su lado, sin hacer caso de la pelea, y fueron en ayuda de John, que empezaba a tambalearse:
-¡Capitán!
-… no… de…dejadlo…- John apenas podía hablar, pero de algún modo se las arregló para mantenerse en pie. Kokuran fue esta vez el que habló:
-Anthony, no nos obligues a hacer esto por las malas. Los Cazadores de Grullas tienen que ser abandonados a su suerte…por el bien de la tripulación.
-Eso no ético- atajó el médico.
-Ya hemos hecho todo lo que podíamos por ellos, y a pesar de ello, esos malnacidos han aprovechado un momento de flaqueza para intentar matarnos. Somos nosotros… o ellos…
-¿En serio estáis discutiendo esto? No hemos venido al mar para masacrar tripulaciones enteras de hombres. Estamos en el Grand Line para correr aventuras, no para asesinar a la primera tripulación que nos incomode.
-Oh, vaya, unas palabras muy bonitas.-se burló Van- Se ve que tu nunca has tenido que despertarte con el gélido contacto de un cuchillo acariciándote la garganta. ¿Cómo lo sentirías tu, Anthony? ¿Eres capaz de tener sentimientos humanos?
-Podemos…- Stan no sabía qué hacer, dudando sobre en quién poner su lealtad. John seguía en silencio- Anthony…podemos solucionar esto pacíficamente
-¿Después de planear un motín en el que teníais pensado matarme y abandonar a su suerte a treinta y dos hombres, en un rincón alejado de la mano de Dios? No lo veo
-¡Capitán!- gritó Diego - ¿Qué tenemos que hacer?
-¿Has oído Anthony? Creo que te llaman a ti- susurró Van
-Déjalo, Diego. Lo mejor sería que volviese a su camarote… ¿Neppa?
-Esperad, chicos, os voy a ayudar…- dijo el biólogo
Michael acarició su violín de forma solemne. El viento soplaba a barlovento. Kokuran, que seguía un tanto insatisfecho, decidió que era la hora de aprovechar su oportunidad…:
-Vamos, vamos, nakamas… tan solo vamos a abandonarlos en una isla con tierra… no creo que sea nada del otro mundo, y les podemos dejar unas tejas para…
-¡Basta!- Anthony no le dejó terminar de hablar- Esta es una discusión totalmente inútil.
-No lo veas así…-dijo Kokuran
-No, yo os diré lo que veo los ojos de Anthony tan solo devolvían un destello frío y apagado- Veo humanos a los que llamaba como “amigos” decidiendo poenr de lado sus derechos morales con tal de salvar el pellejo, a riesgo de su propia consciencia. Pues yo no lo voy a permitir. Si queréis poner una sola mano sobre nuestros prisioneros, primero tendréis que pasar sobre mi tumba.
-Vaya, vaya,-sonrió Van- ¿Ahora una serpiente con colmillos envenenados debe ser considerada? ¿Debemos respetarla y darla nuestros mejores alimentos? Me parece, amigo mío, que tienes una equivocada idea del o que es la piratería…
-No me hables así.
-Tú lo has querido, Desertor. Esta es la última solución.
A continuación todo se volvió borroso, mientras los actos se sucedían uno sobre otro con una rapidez asombrosa. Primero Van rompió con us dos manos un pequeño barril de agua que tenía en el cuello. Una vez la manos estuvieron mojadas, Van acometió rápidamente contra Anthony, lo agarró del a chaqueta, y lo tiró por la borda. Con los poderes de logia de ambos, uno consiguió salvarse de una caída al cruel mar, y el otro siguió la caída, volando con una estela de energía verde.
Van utilizó sus manos para crear ráfagas de plasma explosivas que inmediatamente volaron en dirección al Desertor Blanco. Este último, mantenido sobre una pequeña plataforma de arena, formó un muro de arena que detuvo las ráfagas, a coste de la propia protección.
Mientras las explosiones sacudían el mar, en el barco la tripulación estaba agitada:
-¿Y ahora qué hacemos?- preguntó Kokuran
-¿No es obvio?- dijo Diego- Hay que detener esta pelea
-No nos podemos meter en medio.-interrumpió Michael- Son demasiado…
-¡Haced algo, pero daos prisa!
-Um…- Stan se quedó pensativo- Podríamos usar mi Savage Super Arrow Marcher
-Esa es una buena idea- dijo Tony- Deja, tiraré yo.
-Yo subiré. Es lo menos que puedo hacer…-dijo Michael
-N-no… deteneos. Es mi responsabilidad- y así, toda la tripulación asintió al unísono.
Al mismo tiempo, otra de las explosiones de Van sacudió la tierra, obligando a Anthony a retroceder. Este, aún a la defensiva, formó una barrera de arena sólida y mucho más fuerte, pero, antes de poder acabar de hacerla, una repentina sacudida golpeó de nuevo, y atravesó de punta a punta la masa de arena. Van, en el ojo del huracán, corrió hasta Anthony, le sacudió varios puñetazos, y lo agarró para mandarlo a volar por los aires, con tal fuerza que acabó aterrizando en el pequeño islote abandonado.
Van se levantó, aspirando con alevosía su futura victoria. El viento apenas soplaba, y las pocas gaviotas hacía ya rato que se habían alejado, horrorizadas por el escándalo que se estaba montando. Al Vigía no le importaba, porque ya había vencido, por fin podría vengarse de la derrota que le infligieron en su primer encuentro.
-Ya basta.
Un pequeño torbellino de arena surgió de la nada. Poco a poco fue acercándose, más y más, haciéndose más grande con cada giro que daba, hasta que el pequeño torbellino se convirtió en un furioso huracán de arena. Van tuvo que agarrarse, a punto de salir volando debido a la fuerza y empuje del huracán
Y ahí lo vio.
Como un monstruo surgido de las peores pesadillas, una silueta negra envuelta en la todopoderosa arena se erguía, con una espada de carnicero en una mano, y un brillo apagado y seco en los ojos.
-Voy a terminar con esto ahora mismo.
Van, motivado por el nuevo desafío, volvió a reactivar al máximo los poderes de su logia:
-Será divertido
Ambos cruzaron rápidamente el terreno que los separaba. Por un lado Anthony, envuelto en un huracán de arena, con su espada ya dispuesta, y por el otro Van, que ya despedía una intensa aura de plasma explosiva. Sin embargo, en el último momento, antes de que ninguno de ellos pudiese hacer nada, una forma difusa se interpuso en la trayectoria de ambos. Era un enorme proyectil lanzado con mucha fuerza y precisión, y encima estaba…
Garrac Garrak escribió:Bueno, aquí, ya que me he comprometido con el tema, voy a intentar terminarlo (no me gusta dejar trabajos a medias) y a ver si ya de paso podemos resucitar el tema XD De todos modos, me deben de quedar unos dos capítulos para terminar:
A la luz del amanecer recién asomado, intentó hacerse paso entre los escalones derruidos, ya que el pasadizo que conducía a la cubierta había sido derribado por Tony para que el fuego no se extendiese por todo el barco. Como el techo también había sido derribado en el proceso para poder apagar las llamas, Van pudo notar de cara la brisa del mar. N el horizonte, el Sol asomaba tímidamente con una trémula luz, ya pasada la tempestad de una violenta noche.
Cuando pisó una mala teja, se le escapó un pequeño chasquido de dolor. Se había negado por completo a los servicios de Van, así que el mismo había tenido que ocuparse de su propia herida, incluyendo la ardua tarea de tener que auto-vendarse el hombro. Maldijo una vez más a los sucios piratas. En circunstancias normales habría podido ocuparse sin problemas de los rebeldes, pero, ocupado como estaba intentando hacer que el barco no zozobrase, había tenido un ligero momento de debilidad que casi le había costado la vida.
Eso malditos piratas… los maldijo una y otra vez, a ellos y a Anthony. Los maldijo porque habían estado a punto de matar al capitán. Una escoria tal no merecía un lugar en la tierra de los hombres honrados. Y lo peor era que Anthony seguía insistiendo en protegerlos. “Una labor humanitaria” dijo “Solo han sido unos pocos hijos de puta” “Tienen miedo”. ¡Al carajo con su ética! ¡Esos cabrones se habían cargado a su propio líder! “Los asesinos ya han recibido su culpa” ¡Y un carajo también! ¡Todos mentían! Los supervivientes tenían las manos tan manchadas de sangre como los del día anterior. Lo más razonable era tirarlos por la borda para evitar incidentes similares, o, al menos, poder dormir tranquilo sin miedo a que un bastardo le cortase el cuello.
Al menos ya no estaba solo. Extrañamente Kokuran había intentado apoyar su moción. No sabía muy bien que había debido de impulsar a ese imbécil a hacer algo así, pero de momento el plan sería no provocar al cocinero durante un tiempo. Quién sabe, a lo mejor le daba por envenenar la comida de los prisioneros, o algo. Y entonces Kokuran tendría que dejar la tripulación… si, podría ser un plan perfecto, no requeriría de su ayuda, y se libraría de su mayor enemigo. Podía resultar.
Siguió caminando hasta la cubierta, donde posó sus brazos para poder reposar. La madera estaba un poco podrida, pero resistiría. O al menos mientras encontrasen alguna isla en medio del asqueroso mar, porque esa era otra.
De todos modos, no pudo evitar sentirse intrigado por Tony y Stan. Esos dos tenían un asunto sin resolver que Van aún no había llegado a adivinar. De momento, estaban tan tranquilos, superados entre sí lo máximo posible, pero durante la tempestad habían estado a punto de matarse mutuamente en una pelea. Estaba pensando en intervenir para saber lo que pasaba, sin embargo, en su fuero interno el exmafioso sabía que aquel era un asunto de hombres que debía solucionarse entre ellos, y, si tenían que llegar a las manos, lo harían. No era quien para entrometerse.
Así que solo le quedaban Amber y Diego. El segundo haría todo lo que dijera la mujer, pero esta última se negaba a decir algo. Sin duda, a Van se le escapaban los pensamientos de una mujer, y mucho menos los de una mujer de otra especie, pero confiaba con su máximo apoyo en los momentos de necesidad.
Porque estaba pensando en amotinarse.
El plan era perfecto: desde que abordaron la flota de los Cazadores de Grullas se había estado guardando en el bolsillo un pequeño barril lleno de agua. En caso de que las cosas llegaran a asuntos de mayores, rompería el barril, y se enfrentaría a Anthony con las manos desnudas. Su primer duelo había acabado en derrota, pero esta vez estaba más que preparado…
Escuchó detrás suya un pequeño paso, y se dio la vuelta justo a tiempo para ver a Michael de pie sobre la barandilla del capitán, y a Nepa tratando una maceta rota. Michael pisó un par de trozos de cerámica para llegar hasta su posición. En la mano derecha llevaba su fiel violín, y en la izquierda, como si de una espada se tratase, aferraba el frágil arco. A la luz del sol, el músico mostraba una sonrisa desapasionada.
No le preguntó que estaba haciendo allí, dado que la herida leve que le habían infligido no estaba ni mucho menos cicatrizada bajo las toneladas de vendaje que le había aplicado Anthony. Van sencillamente dejó que Araknoss se posase al lado suya, como un águila en busca de roedores de los que alimentarse.
-Ser un pirata… ¿Puede ser muy triste, no crees?
Van le devolvió la mirada y sonrió. Michael siguió hablando:
-Navegas por el mar en busca de aventuras… sueñas por alcanzar tus sueños… para que al final acabes muerto en alguna isla desconocida, y te entierren bajo una lápida sin identidad, perdido para siempre en un mar que nunca quiso estar contigo.
-La muerte es una maldita hija de perra- escupió Van
-¿Y cómo lo haces tú para sobrevivir a esa pesadumbre?
-Nosotros…- volvió a sonreír, mostrando a la luz del día sus afilados dientes de lobo- … los criminales, los mafiosos, sabemos mejor que nadie que la muerte es ineludible. Es un lastre al que todos acabamos por sucumbir.
-¿Y entonces?
-Pues siempre hacíamos bromas al respecto. La desacreditábamos. Algunos decían que debía de ser un pequeño duende verde invisible. Otros que era una prostituta que te llevaba durante un laaargo plazo…
-¿Y tú?
-Yo… je, yo siempre me la he imaginado como un cursi pedante con guadaña en vez de bastón, que viene a por ti reclamándote las facturas
-Eso sin duda es interesante
-¿Y tú? ¿Qué es lo que haces tú para no volverte loco?
-Oh, señor Van, creo que ahí usted se equivoca… uno del os requisitos para poder ser pirata es precisamente prescindir de tu cordura
Ambos rompieron a carcajadas como viejos amigos.
-Creí que me dirías algo como “Yo me dedico a tocar mi violín, tocar la música por las almas perdidas”
Michael se quedó callado durante un momento, mirándolo seriamente como un padre decepcionado con su hijo.
Respondió con un susurro inaudible:
-Por eso nunca podremos llevarnos bien…
-¡Pero eso no importa para ser compañeros en una tripulación! A ti te gusta tocar música por las almas perdidas, o lo que sea que haces, son tus gustos y nada puedo hacer con eso. Aunque no estaría mal que dejases de tocar música a las cinco de la mañana como un puto grillo mañanero…
-Y tu disfrutas con el sabor de la sangre como un despiadado carnicero…
Van sonrió. Se dio la vuelta. En una esquina, Nepa estaba demasiado ocupado con sus plantas como para prestarles atención. Al parecer, el biólogo estaba pasando por una especie de luto, ya que muchas de sus plantas habían volado con el viento mientras el no estaba en la borda.
-Michael… toca una canción…
-¿Cuál?
-La despedida de las mujeres del puerto
-¿Por qué?
-Porque acabo de ver un islote de tierra en la distancia. Ahí mismo.
-Esto va a acabar mal… - Nepa se encogió de hombros a la vez que seguía regando sus plantas. Le daba exactamente igual.
STAN
Stan despertó bajo la luz de un nuevo día, en medio de un cuarto medio empapado, hecho una ruina. No tuvo que empujar ninguna sabana porque todas las del barco aún tenían que secarse. Pero seguían vivos, algo era algo. Al inventor no se le escapó el hehco de que apenas habían pasado unas horas desde que pasaron la tormenta, y aún así ya echaba de menos el áspero tacto de la tierra firma que inauguraba una nueva aventura
“Porque a esto no le podemos llamar ni desventura” pensó amargamente.
Habían sobrevivido por los pelos. No solo por el pequeño motín por parte de los piratas rebeldes, sino porque, durante unos pocos minutos, el timón había estado abandonado, sin mando. El mismo había tenido que hacerse cargo, y tomado el barco mientras Van peleaba a través de la tormenta. No habían naufragado de milagro, y no habían muerto a manos de una peste bubónica de milagro. Todo era demasiado confuso como para que pudiese asimilarlo en unas pocas horas, pero tenía que hacerlo rápido antes de que la situación se le fuese de las manos.
Al otro lado del barco, Tony dormía como un tronco. Si bien Tony se había comportado últimamente como un capullo, Stan tampoco podía negar que gracias a su celeridad la tripulación de dentro no había muerto quemada. Había sido el poder de su fruta el que había derribado parte del techo de la escalera, consiguiendo así que el fuego no pudiese pasar a la bóveda, además de dejar las ascuas a pleno aire libre, donde no tardaron en apagarse gracias a la fuerza de la lluvia.
Ahora yacía durmiendo inocentemente. Por un momento, al verlo indefenso y tendido, Stan tuvo una leve sensación de culpa. Si no hubiese peleado con Tony, el barco no habría corrido peligro, ni mucho menos el capitán. Ahora, gracias a sus actos, John estaba tendido en su cama, en un estado mucho peor que antes. Todo había sido obra suya.
O tal vez no. Si había intentado pelear con Tony había sido debido a los acontecimientos. Debido a todo lo que había pasado a lo largo de la semana, la sensación de culpa iba disminuyendo poco a poco. Sus actos estaban justificados. Había hecho lo que cualquier otra persona cabal habría hecho en su lugar. Tomar decisiones sobre sus propios actos y sobre su futuro.
Pero dichos actos habían comprometido la seguridad del barco. Entonces, ¿Qué debía pensar? ¿Qué podía hacer? ¿Tenía que estar resignado a ser un don nadie?
Algo interrumpió la línea de sus pensamientos, el ruido de unas botas golpeando frenéticamente el suelo. Stan alzó la vista para ver a Van corriendo hacia él. Parecía extremadamente nervioso y agitado, aún más extremadamente nervioso y agitado que de costumbre.
Antes de que Stan tuviese tiempo de decir nada, Van ya había empezado a hablar:
-Buenas noticias para toda la tripulación
-¿Qué pasa, Van?
El vigía miró a un lado y a otro, como temiendo ser escuchado. Por un momento fijo la vista en Tony, y le hizo a Stan un gesto, indicándole que lo siguiera.
El inventor, un poco dubitativo, y, para que negarlo, medio somnoliento, hizo caso y siguió al mafioso por el pasillo.
Cuando llegaron a un punto donde aparentemente no había nadie que pudiera escucharlos, Van empezó a explicarse:
-Verás, si mantenemos el rumbo que estamos llevando, dentro de cuatro horas pasaremos justo al lado de un pequeño islote de tierra.
-¿Cómo…?- empezó a gritar Stan antes de que su confidente le tapara rápidamente la boca
-No hables tan alto. Podrían escucharte.- esperó durante unos minutos. Cuando parecía que el inventor estaba un poco más calmado, Van aflojó un poco la presa, y le permitió hablar:
-Pero como… ¿Dónde está? ¿Cómo lo sa…?- se interrumpió. Era una pregunta un poco estúpida- ¿Por qué me lo cuentas a mí y no al capitán?
-El capitán está demasiado mal como para que pueda hablar con nadie. Esto es un secreto
-Podrías hablar con el segundo al mando- recibió a modo de respuesta un bufido despectivo- Bueno, pues algo hay que hacer
-Si, algo… yo ya tengo un plan… pero no sé si contártelo- dijo Van, a la vez que mostraba un rostro dubitativo
-¿Porqué? ¿No pensarás…?
-Sí. No tenemos ningún deber con esos piratas. Ayer fueron nuestros enemigos, hoy siguen siéndolo, y mañana lo serán. Y ya sabes que tienen una enfermedad muy peligrosa, no podemos correr riesgos…
Stan pensó por un momento en señalar el hecho de que a pesar de haber mantenido contacto había sobrevivido, pero entonces recordó que según Anthony el terco vigía no tenía ningún virus debido a su estado de Logia. Aún así, no se mostró del todo de acuerdo, ya que sabía cual iba a ser el plan de Van…:
-Motín
-Eh- el mafioso sonrió- no se puede llamar motín si el capitán no está en contra
-El capitán no puede hablar. Tiene un pie en la tumba, y lo sabes- dijo Stan con un gesto dolido
-Entocnes haremos el motín por el bien de toda la tripulación, y por el bien del capitán.
-Yo…
-Eh, ¡Que hacéis ahí?
Ambos se volvieron hacia el lado derecho del pasillo. Diego estaba caminando hacia ellos con un cierto deje alegre. A pesar de que estaba envuelto en muchas vendas, el investigador todavía se permitía vestir unos hábitos ciertamente elegantes mientras fumaba un pitillo de alta calidad.
-¿Eh, que tal, amigos?- Van se volvió furtivamente.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó a Diego
-Bueno, yo también he madrugado, así que quería tomar un poco de aire fresco…
-¿Estabas espiándonos?
-¿Cómo? ¿No estaríais tramando vuestra relación personal, no? Porque, cielos, no estoy de humor para jueguecitos. Hoy no
-Muy gracioso-dijo Van- Seguro que ese chiste pasará a la historia
-Dios mío, espero que sea un chiste.
Van se detuvo un momento, como reconsiderando si merecía la pena devolverle la puya, pero al final se dio la vuelta, y volvió rápidamente por donde había venido, como un fantasma salido de un relato de terror. Diego suspiró, y se dirigió a Stan:
-Lo he oído todo
-Me cago en la leche, sois todos una pandilla de mentirosos- protestó Stan
-Bueno, somos piratas- dijo con una sonrisa franca en la cara
-Si, pero… últimamente…
-Si, nos han pasado cosas raras- afirmó Diego
-No es solo eso, es que… la tripulación está pasando por una crisis…
-No creo que sea la tripulación. Todos seguimos ayudando entre nosotros, acometiendo nuestras tareas conjuntamente, y actuando como una tripulación unida. Este no es el caso.
-Entonces, ¿Qué está pasando?- preguntó Stan
-La verdad…
Diego no tuvo tiempo de terminar la frase, ya que había reparado en una figura que atravesaba el pasillo con odas sus energías. Era Amber, que muy probablemente volvía del cuarto de baño, y parecía apurada por llegar a tiempo a algún sitio. Diego dejó lo que estaba diciendo para pararse en alto con la boca ampliamente abierta mientras sus ojos se transformaban en corazones rosas.
-¡¡¡¡¡Amber-swaaaaaaaaaaaan!!!!!
Amber pasó por donde estaban sin dirigirles ni una palabra, todavía ocupada en correr hacia adelante, así que Diego, inspirado pro el huracán del amor, se hizo a un lado para poder perseguirla, mientras seguía soltando sus “Amber-swan” y alguna que otra petición, como “¿Quieres que te prepare algo rico?” o “¿Me tumbo en el suelo para que no tengas que ensuciar tus pies?” o incluso “¿Quieres casarte conmigo?”.
Todo aquel torrente de amor inspirado fue repentinamente interrumpido cuando Amber por fin logró llegar a su camarote, cerrando de golpe la puerta tras de si, provocando que Diego se estampara contra la madera con la cara hecha un cuadro.
AMBER
Entró en su cuarto altamente alterada. A decir verdad, no había dormido en toda la noche, y el sueño estaba punto de apoderarse de su voluntad. Tal vez no tendría que haber insistido en actuar de timonel mientras el resto dormía, pero alguien había tenido que hacerlo, ¿No? Ya podía darse con un canto en los dientes si nadie se daba cuenta de su fracaso a la hora de gobernar el barco.
Solo que esta vez no había sido una decisión desacertada. Algo muy grave podría haber pasado si ella no hubiese acudido rápidamente a su camarote. Alguno de los rebeldes le podría haber robado algo de su cuarto, o esparcido malignas bacterias por sus cosas. Por un momento Amber lamentó no ser médico para poder analizar todas las posibles huellas, pero Anthony estaba demasiado ocupado en el camarote de los enfermos.
Un pensamiento, una idea se le vino a la cabeza. Si no fuese por los malditos prisioneros, Anthony podría estar ahora analizando cada partícula de su cuarto para evitar que cayese enferma. Por un momento maldijo con toda su alma a esos desgraciados hijos de perra, pero se contuvo al ver lo que estaba a punto de hacer.
Sin duda alguna estaba perdiendo los nervios. Y muy paranoica.
Se detuvo. Tenía que proseguir con el análisis.
Una cama (era un cuarto para chicas, así que, de momento, al ser la única chica a bordo, tendría su propio cuarto), un armario de dos puertas cerradas, una pequeña cómoda con una lámpara encendida, siete carcajs de doce flechas cada uno en la esquina y un baúl con algo de comida almacenada, con el pestillo cerrado.
Ya no sabía que hacer. ¡Que iba a hacer? ¿Estaba el cuarto en orden? ¿Lo estaba?
Al final no pudo contener las ganas, así que se agachó para vomitar a un lado de la cama. Luego, al ver la apestosa masa informe, se dio todas las prisas del mundo en coger una fregona para arreglar el estropicio. Cuando terminó, tiró el palo por la claraboya sencillamente porque olía mal.
Se echó sobre la cama. Lo raro de todo era que tenía ganas de llorar, pero las lágrimas no salían de ninguna manera. Ya no sabía que hacer.
Justo eso era lo peor de todo. La ignorancia. No sabía muy bien lo que le pasaba, lo que estaba sintiendo, porque estaba tan paranoica, y no sabía que hacer para remediarlo. ¿Suicidarse? Rechazó de inmediato esa idea, considerándola pésima y más propia de gente desesperada con poco apego a su vida. Amber no sentía nada de eso, quería seguir viva, palpitante, navegando por el mar para poder cumplir sus sueños. No se imaginaba haciendo otra cosa.
Si… el mar…
Lo echaba de menos.
JOHN
Tartamudeó un poco antes de dirigirse a Nepa. El capitán, envuelto por una manta gigante con el Jolly Roger de la tripulación, tenía la tez totalmente pálida, blanca como una manzana podrida antes de ser tirada a la basura. Pero aún así hizo el esfuerzo de levantarse para atender a Nepa, el cual observaba con angustia a su capitán, sin saber si debía echarle una mano, o huir por miedo al contagio. Se quedó en la puerta.
-¿Qué…que…qu… pasa?-preguntó Conde
Nepa se quedó sin saber que decir. Viéndolo ahí, en su camarote, convaleciente por la enfermedad, dudó si debía avisarle de todo el follón que iba a montarse dentro de poco, ya que, al fin y al cabo, John era el capitán, y merecía enterase de esas cosas. Se contuvo.
-Yo…- John enarcó una ceja, e intentó alzar la voz:
-¡Suelta lo que quieres!- gritó un segundo antes de vomitar sobre el suelo. Nepa, dubitativo, movió la cabeza de un lado a otro:
-Nada… no pasa nada capitán… solo venía a ver como estaba…- Avergonzado, el biólogo ya iba a darse la vuelta cuando escuchó detrás suya un estampido. Se volvió solo para ver a John cayendo al suelo. Al impactar contra este, terminó de vomitar el desayuno medicinal de Kokuran. Nepa, nervioso, ya iba a avanzar para ayudarlo a levantarse cuando el propio John se lo impidió:
-¡Déjalo!
Nepa dio un paso más. John volvió a gritar, esta vez más furioso:
-¡Que me dejes! ¡Largo! ¡No necesito ayuda!
Nepa se detuvo. Su enmarcado rostro mostró un gesto de angustia e impotencia. No sabía lo que hacer.
Entonces vio como John alzaba una mano, así que no tuvo más remedio que salir del camarote, y, en un último gesto de desobediencia, cerrarle la puerta. Cuando Nepa ya se hubo ido, John seguía tumbado en el suelo mientras susurraba fatalmente:
-No necesito ayuda…
Tocó con la mano derecha las tablas de madera. Las acarició como un amante acariciaría a su esposa en una luna de miel, y, poco a poco, de la mano de John fueron saliendo algunas venas, fruto del esfuerzo que estaba realizando.
Alzó otra mano, y también la apoyó en el suelo. Salieron aún más venas de esfuerzo, esta vez incluso en su frente, y pudo ver como lentamente iba alejándose del suelo, primero un palmo, luego dos, luego medio metro. Los brazos empezaban a quedarle largos. Los pies le temblaban debido al titánico esfuerzo que estaba realizando.
Retrajo los brazos a los flancos. Sintió un crujido armonioso, al parecer sus vértebras quejándose y desdoblándose. Intentó estirar los pies. La primera vez no lo consiguió, ni la segunda, ni la tercera, pero a la cuarta sus titubeantes fémures ya empezaban a esbozar algo parecido a una línea recta. El único sonido que podía escucharse en medio de la oscuridad era el de la orquesta de huesos humanos crujiendo descontroladamente.
Alzó la vista. Su camarote estaba oscuro, desordenado, lleno de notas personales escritas a mano.
Los labios de John Conde temblaron por la humedad acumulada. Algo atravesó su garganta, abrió su boca, y produjo un sonido. Era una frase.
John Conde, capitán de la tripulación de los Panteras Negras, había dicho:
“Yo seré el Rey de los Piratas”
STAN
El barco rielaba a través de las olas, quejándose como un niño con el brazo roto, pero navegando, al fin y al cabo. Amber seguía recluida en su cuarto, Michael tampoco daba muestras de vida, Nepa se había aislado en su pequeño invernadero, John buscaba una cura viable, Van había desaparecido repentinamente, Tony se ocupaba de las velas, Diego se asomaba para otear el horizonte y Kokuran cocinaba completamente solo, mientras que el propio Stan se detenía a pensar, sin saber qué hacer, y se daba cuenta de un terrible hecho sin precedentes:
Cada uno iba por su cuenta
Se tomó un tiempo para respirar aire libre. Ya debían de faltar unos pocos minutos para que el plan de Van empezara a gestarse, y él todavía estaba indeciso. Justo entonces, se cruzó casi sin querer con Nepa, que andaba encorvado, arrastrando sus plantas. Con el choque, Stan rozó algunas de las hojas:
-¡Ten cuidado, imbécil!- gritó el biólogo, totalmente airado. Paró el carro para acariciar las hojas, como el caballero que comprobaba las uñas de una dama tras una acalorada galopada. El biólogo le echó un vistazo de reojo- ¿Se puede saber que haces aquí?
-No sé- Stan se encogió de hombros- ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo?
Ahora que ya estaba más calmado, el pirata pudo observar con mayor atención la planta que había estado a punto de “destruir”. Era un enorme pilar de madera rematado por numerosas hojas de un exótico verde, y coronado por varias frutas extrañas cuyo origen Stan obviamente desconocía. Curioso, intentó tocar una del as frutas, pero Nepa le dio un golpe en la mano para que retrocediera:
-¡Fuera! ¡Quita tus sucias manos!
-Bueno- el inventor se acarició la parte dañado, incapaz de mostrar cierta sorpresa mezclada con un repentino resentimiento- ¿Qué está pasando?
-¿Qué qué está… que que… ¿En serio me preguntas que está pasando? ¡Primero ese estúpido cocinero y ahora tú! No pienso dejar que cocinéis esta hermosa Alyocondra Coronatus!
-Eh, eh, no he hablado de nada de eso. Solo preguntaba
-¡Pues me la voy a llevar a buen recaudo! Lejos de la tormenta, escondida al a vista del ojo humano, fuera del alcance de unas manos indeseadas. No dejaré que vuelva a pasar la catástrofe del otro día, ah, no, ¡Me la llevo lejos de cualquier peligro! ¡Si es preciso, lejos de vosotros!
-Bueno…- Stan volvió a mostrar cierta indiferencia- si tú lo dices… no creo que eso vaya a ser nuestro mayor problema.
-¿Qué?- preguntó Nepa, un poco extrañado
-Ups…
-¿Porqué? ¿Te refieres al plan de Van? Bueno, pues por mí, yo digo, ¡Que se vayan al infierno! Lejos de mis plantas, sí…
-En serio, Nepa, ¿Estás bien?
El biólogo, como sacudido por un shock, reacciono parpadeando repetidamente, hasta que fijo la vista de nuevo en Stan. Parecía realmente extrañado:
-Bueno… igualmente, creo que va siendo hora de dormir sin miedo por primera vez en una semana
-Pero… ¿Sabes lo del motín?
-Pues claro- Nepa no hizo ningún ademán de disimulo- toda la tripulación lo sabe. Todos menos John y Anthony. Todos estaremos preparados.
Una vez dicho esto, Nepa siguió su camino, arrastrando la gigantesca maceta por medio de unas pequeñas ruedecillas. Y, una vez más, Stan se quedó solo con sus pensamientos. Ya iba siendo la hora.
-¡Tierra a la vista!
Casi toda la tripulación subió en fila a la cubierta, para así poder ver lo que iba a pasar. Todos subieron indiferentemente: Michael, embutido en una tez totalmente pálida y con unas grandes ojeras negras imprimidas en su tristes ojos; Amber, que caminaba un poco pesada, nerviosa, angustiada por un temor que nadie más reconocía; Stan, con una mano puesta sobre su llave de metal marino, preparándose para lo que se avecinaba; Nepa, apartado en una esquina para poder observarlo todo con mayor grado de detalle; Tony, convenientemente alejado del inventor, sudando por todos sus poros debido a todo el trabajo realizado; Diego, al lado de Amber, en silencio, con unas pequeñas astillas de madera aún clavadas en su pétreo rostro; y Van, encaramado sobre la terraza del barco, señalando con una mano el destino que les aguardaba en el horizonte.
Era un pequeño islote alejado de la mano de Dios.
Nada más que un pequeño pedazo de tierra flotante, una aglomeración de arena en la que, con suerte, apenas cabrían siete personas puestas en fila india. Era un emplazamiento firme sobre el que se podía pisar y evitar el mar, con una pequeña costa acariciada por el suave roce de las olas, pero, aparte de eso, era poco más que un montículo de tierra inhóspita insertada en medio de la mismísima nada, probablemente lejos de cualquier puerto marítimo, y aún más lejos de poder sostener a las treinta personas que componían la tripulación superviviente de los Cazadores de Grullas.
El barco fue deteniéndose poco a poco, y, cuando estuvo en un buen punto, a unos cuantos metros de la “tierra” recién descubierta, Stan y Diego se ocuparon de echar el ancla. Mientras se ocupaban de amarrar el barco, intercambiaron una breve mirada que lo decía todo. El propio Diego fue el que expresó lo que todos estaban pensando:
-Bueno, ¿Y ahora qué?
Kokuran fue el primero en hablar, con una voz fría como el acero:
-Ahora nos libramos de la carga excesiva.
-¿Qué?- Tony reaccionó, asustado con lo que había dicho el cocinero- ¿Echarlos por la borda? No creo que…
-Lo que creas no es relevante. Los hechos han hablado
Stan también se animó a hablar:
-El hecho es que no creo quesea tan fácil. Podríamos esperar a encontrar una isla más grande y…
-¿Una isla más grande?- Van soltó una sonrisa lobuna- No hay más islas en la ruta. ¡Demonios! Lo más probable es que tardemos semanas en encontrarnos nada en el camino.
-¿Eso es verdad?- preguntó Michael. Entonces Amber, un poco apartada del grupo, intervino mientras echaba un ojo a su Log Pose:
-La verdad es que… de momento el Log Pose no señala ninguna isla. Lo más probable es que pasen algunas semanas antes de que la brújula señale la próxima posición…
-Pues está todo dicho- Van señaló al barco- Nos desharemos de la carga excesiva
-Espera, ¿Qué?
-¿Qué pasa, Diego?
-Pues… ¿En serio vais a hacer esto? ¿Rebelaros contra el propio capitán? ¿Hasta este punto hemos llegado que no nos podemos fiar los unos de los otros?
-La verdad es que…- esta vez el que hablaba era Neppa- … no creo que al capitán le importe.
-Cierto, hirieron al capitán John, ¿Acaso ya no os acordáis?
-Van, aún así…
-Aun así nada, Diego. Se trata de mera supervivencia. Somos piratas.
Otra poderosa voz interrumpió repentinamente la conversación
-Sí, pero no somos bestias sin cerebro
Todos volvieron la mirada para poder contemplar a Anthony, postrado de forma reverente sobre la barandilla, y con una mano puesta en la empuñadura de su espada. Detrás suya estaa John, tiritando de frío, escondido debajo de una manta. Anthony descendió a la cubierta con un ligero ademán de piernas, y se plantó justo enfrente de Van. Ambos intercambiaron entre sí una feroz mirada. Van fue el primero en romper el hielo:
-Anda, mira. Si está aquí el “capitán”
-No mereces una respuesta.
Tony y Stan pasaron a su lado, sin hacer caso de la pelea, y fueron en ayuda de John, que empezaba a tambalearse:
-¡Capitán!
-… no… de…dejadlo…- John apenas podía hablar, pero de algún modo se las arregló para mantenerse en pie. Kokuran fue esta vez el que habló:
-Anthony, no nos obligues a hacer esto por las malas. Los Cazadores de Grullas tienen que ser abandonados a su suerte…por el bien de la tripulación.
-Eso no ético- atajó el médico.
-Ya hemos hecho todo lo que podíamos por ellos, y a pesar de ello, esos malnacidos han aprovechado un momento de flaqueza para intentar matarnos. Somos nosotros… o ellos…
-¿En serio estáis discutiendo esto? No hemos venido al mar para masacrar tripulaciones enteras de hombres. Estamos en el Grand Line para correr aventuras, no para asesinar a la primera tripulación que nos incomode.
-Oh, vaya, unas palabras muy bonitas.-se burló Van- Se ve que tu nunca has tenido que despertarte con el gélido contacto de un cuchillo acariciándote la garganta. ¿Cómo lo sentirías tu, Anthony? ¿Eres capaz de tener sentimientos humanos?
-Podemos…- Stan no sabía qué hacer, dudando sobre en quién poner su lealtad. John seguía en silencio- Anthony…podemos solucionar esto pacíficamente
-¿Después de planear un motín en el que teníais pensado matarme y abandonar a su suerte a treinta y dos hombres, en un rincón alejado de la mano de Dios? No lo veo
-¡Capitán!- gritó Diego - ¿Qué tenemos que hacer?
-¿Has oído Anthony? Creo que te llaman a ti- susurró Van
-Déjalo, Diego. Lo mejor sería que volviese a su camarote… ¿Neppa?
-Esperad, chicos, os voy a ayudar…- dijo el biólogo
Michael acarició su violín de forma solemne. El viento soplaba a barlovento. Kokuran, que seguía un tanto insatisfecho, decidió que era la hora de aprovechar su oportunidad…:
-Vamos, vamos, nakamas… tan solo vamos a abandonarlos en una isla con tierra… no creo que sea nada del otro mundo, y les podemos dejar unas tejas para…
-¡Basta!- Anthony no le dejó terminar de hablar- Esta es una discusión totalmente inútil.
-No lo veas así…-dijo Kokuran
-No, yo os diré lo que veo los ojos de Anthony tan solo devolvían un destello frío y apagado- Veo humanos a los que llamaba como “amigos” decidiendo poenr de lado sus derechos morales con tal de salvar el pellejo, a riesgo de su propia consciencia. Pues yo no lo voy a permitir. Si queréis poner una sola mano sobre nuestros prisioneros, primero tendréis que pasar sobre mi tumba.
-Vaya, vaya,-sonrió Van- ¿Ahora una serpiente con colmillos envenenados debe ser considerada? ¿Debemos respetarla y darla nuestros mejores alimentos? Me parece, amigo mío, que tienes una equivocada idea del o que es la piratería…
-No me hables así.
-Tú lo has querido, Desertor. Esta es la última solución.
A continuación todo se volvió borroso, mientras los actos se sucedían uno sobre otro con una rapidez asombrosa. Primero Van rompió con us dos manos un pequeño barril de agua que tenía en el cuello. Una vez la manos estuvieron mojadas, Van acometió rápidamente contra Anthony, lo agarró del a chaqueta, y lo tiró por la borda. Con los poderes de logia de ambos, uno consiguió salvarse de una caída al cruel mar, y el otro siguió la caída, volando con una estela de energía verde.
Van utilizó sus manos para crear ráfagas de plasma explosivas que inmediatamente volaron en dirección al Desertor Blanco. Este último, mantenido sobre una pequeña plataforma de arena, formó un muro de arena que detuvo las ráfagas, a coste de la propia protección.
Mientras las explosiones sacudían el mar, en el barco la tripulación estaba agitada:
-¿Y ahora qué hacemos?- preguntó Kokuran
-¿No es obvio?- dijo Diego- Hay que detener esta pelea
-No nos podemos meter en medio.-interrumpió Michael- Son demasiado…
-¡Haced algo, pero daos prisa!
-Um…- Stan se quedó pensativo- Podríamos usar mi Savage Super Arrow Marcher
-Esa es una buena idea- dijo Tony- Deja, tiraré yo.
-Yo subiré. Es lo menos que puedo hacer…-dijo Michael
-N-no… deteneos. Es mi responsabilidad- y así, toda la tripulación asintió al unísono.
Al mismo tiempo, otra de las explosiones de Van sacudió la tierra, obligando a Anthony a retroceder. Este, aún a la defensiva, formó una barrera de arena sólida y mucho más fuerte, pero, antes de poder acabar de hacerla, una repentina sacudida golpeó de nuevo, y atravesó de punta a punta la masa de arena. Van, en el ojo del huracán, corrió hasta Anthony, le sacudió varios puñetazos, y lo agarró para mandarlo a volar por los aires, con tal fuerza que acabó aterrizando en el pequeño islote abandonado.
Van se levantó, aspirando con alevosía su futura victoria. El viento apenas soplaba, y las pocas gaviotas hacía ya rato que se habían alejado, horrorizadas por el escándalo que se estaba montando. Al Vigía no le importaba, porque ya había vencido, por fin podría vengarse de la derrota que le infligieron en su primer encuentro.
-Ya basta.
Un pequeño torbellino de arena surgió de la nada. Poco a poco fue acercándose, más y más, haciéndose más grande con cada giro que daba, hasta que el pequeño torbellino se convirtió en un furioso huracán de arena. Van tuvo que agarrarse, a punto de salir volando debido a la fuerza y empuje del huracán
Y ahí lo vio.
Como un monstruo surgido de las peores pesadillas, una silueta negra envuelta en la todopoderosa arena se erguía, con una espada de carnicero en una mano, y un brillo apagado y seco en los ojos.
-Voy a terminar con esto ahora mismo.
Van, motivado por el nuevo desafío, volvió a reactivar al máximo los poderes de su logia:
-Será divertido
Ambos cruzaron rápidamente el terreno que los separaba. Por un lado Anthony, envuelto en un huracán de arena, con su espada ya dispuesta, y por el otro Van, que ya despedía una intensa aura de plasma explosiva. Sin embargo, en el último momento, antes de que ninguno de ellos pudiese hacer nada, una forma difusa se interpuso en la trayectoria de ambos. Era un enorme proyectil lanzado con mucha fuerza y precisión, y encima estaba…
John Conde.
Al final todo acabó en una gigantesca explosión.
SO-BER-BIO
No, en serio, me gusta cada vez más xDD. Es una especie de Thriller Psicológico para la banda misma, y los enemigos, al menos por ahora, son ellos mismos. Las escena Van-Michael y Van-Stan-Diego de lo mejorcito, la de Stan-Nepa y su planta más de lo mismo y la de Nepa con John ha sido ya la repera. Me he visto en la situación del pobre biólogo, y no tenía por dónde salir xD. Y encima con ese puto final me has dejado con ganas de más, a ver cuándo nos ofreces el placer de leer el próximo capítulo. ¡Sigue así!
Por lo demás, estoy con el capítulo que no saco tiempo para escribirlo, a ver si mañana por la noche me pongo de una puta vez y a anty le da por alabar mi trabajo, que si no, no lo termino xDDD
¡¡Caña al tema, Panteras!! ¡¡En mayor o menor medida, todos podemos seguir aportando cosas a esto y sacándolo adelante!!
- Pero qué me estás diciendo... -decía un soldado, equipado con una aparentemente resistente armadura negra y una afilada espada. Su cabello llamaba la atención, pues era negro como la noche que comandaba aquel momento y voluminoso, muy voluminoso. Su rostro mostraba una expresión de incertidumbre y pavor. Hablaba a escondidas, para que el resto de soldados no reparasen en lo que hacía. Al lado tenía a otro hombre más alto y fornido, al cual le faltaba un brazo. Este otro hombre hacía de escudo para que no descubriesen al que halaba por Den Den Mushi. Un DenDen Mushi cuya cara se asemejaba a la de una muñeca diabólica.- No podemos ir ahora, joder, nos acabamos de camuflar. - ¿Camuflar? -decía alguien desde el otro lado del transmisor.
- Camuflar -repitió. A ratos miraba hacia el hombre que mandaba la plaza, vestido con un elegante uniforme gris. Los setecientos soldados rasos que había en el patio de armas se arremolinaban a su alrededor y se disponían a emprender un tortuoso viaje hasta el lugar más inhóspito de la isla.- Ahora somos soldados del Puño de Ónice, supuestamente. Verás, al principio nos han encerrado junto con el cebo, pero nos ha ayudado a huir, y aquí estamos -hizo una breve pausa, escuchando lo que le decían desde el otro lado del DenDen Mushi.- Joder, es que por mucho que lo haya dicho el Padrino, salir de aquí ahora puede matarnos -...- Bien, entonces, iremos con estos hasta la cascada y una vez ahí ya nos las apañaremos para perderles de vista y juntarnos con vosotros. Cuando lleguemos ahí, os llamaremos. Hasta luego -el del pelo afro miró al hombre alto.- ¿Has oído, Tight? El Padrino va en serio esta vez. Aunque seguramente no le haga gracia que John Conde se nos haya escapado de la vista, parece que al final nos ha resultado útil. Por lo pronto iremos con los del Puño hasta la cascada.
- ¿Y tú sabes dónde estarán los de Murder Inc cuando lleguemos? -preguntó Tight.
- Ya les he comentado que trataría de llamarles. En fin, será mejor que nos unamos al pelotón, no quiero que sospechen de nosotros. Le he mencionado a Nathalie lo del asesinato de Ruud y la inminente operación del Puño, así que ellos también se darán prisa. Me ha dicho que le comunicará al Padrino lo de que estamos infiltrados y todo lo que ha pasado.
- Está bien -contestó Tight, con gesto seguro.- Vamos.
Los dos hombres se dirigieron a la salida de la base, donde cerca de setecientos soldados marchaban ya a paso ligero rumbo a sus ambiciones, o, en su defecto, las ambiciones de su jefe.
La noche había alcanzado su punto cumbre, la oscuridad era casi absoluta sobre los cielos de la misteriosa isla de WolkenBerge. Una enorme ave surcaba el negro firmamento, con bravura y destreza. Sobre ella cabalgaban dos jóvenes. Uno de los dos tenía el pelo negro rojizo y una espada tan oscura como la bóveda celeste. El otro, en cambio, era poseedor de un resplandeciente pelo plateado, y llevaba una espada blanca a la cintura.
- ¿Vamos bien encaminados, Tony? -preguntó John Conde, el de la espada negra. Su gesto era permanentemente serio, y sus ojos eran la viva representación de la firmeza.
- Estoy seguro de que sí. Por fortuna, sé guiarme por las estrellas, y hoy el cielo está brillante de tantas que hay -contestó Tony. Miró a Anthony, el cual iba en la parte delantera de su lomo.- Anthony... ¿cómo estás tan convencido de que es al noroeste de la isla? No recuerdo haberte oído decir que nadie haya dicho la ubicación exacta de lo que buscamos.
- Verás, Tony, la cuestión es... -comenzó a decir el médico, pero en seguida le interrumpió John.
- Es por las inscripciones -dijo.
El grifo miró extrañado a su amigo, puesto que no sabía a qué inscripciones se refería. Podría estar mencionando inscripciones que los otros dos vieron antes de que él se les uniese, pero la respuesta no le dejó lugar a dudas.
- Las de la puerta de Ciudad Porcelana. ¿No te acuerdas? -dijo John, sin alterar el semblante.- Les restamos importancia a causa del fantasma que apareció luego.
- Es cierto... -respondió Anthony.- Había un cúmulo de inscripciones del estilo, y, en el centro, una cascada. No le di mucha importancia al principio, pero a medida que reflexionaba me estaba dando cuenta de que los grabados que había en la puerta eran zonas de esta isla, cada una en su sitio.
- ¿Pero no estaba la cascada en el centro? -insistió Tony.
- Sí, sin embargo, había otra exactamente igual, en la esquina superior derecha. La conexión entre las dos sigue pareciéndome una incógnita, pero tras haber visto el interés que mostraba la Bestia en la isla, misma actitud que tiene el Puño, empecé a darle vueltas... Y llegué a la conclusión de que esa cascada alberga una de las Diez Maravillas. Y aunque en el fondo no me interesen como recurso ofensivo, quiero saber más acerca de ellas.
- Comprendo... -finalizó Tony la conversación, y aceleró el vuelo, sabiendo ya exactamente su objetivo.
Zona central este de la isla de WolkenBerge, en las afueras de Ciudad Porcelana.
Un hombre permanecía de pie, inmóvil, sobre una de las miles de rocas que sobrevolaban, lenta y pausadamente, el acantilado de la isla. Su apariencia era enclenque, tenía un cuerpo delgaducho y unos finos brazos, pero su rostro mostraba su personalidad segura. A resumidas cuentas, no parecía un hombre peligroso, pero sí inteligente y valiente.
A sus pies había otro hombre. Tenía unas cuantas graves heridas a lo largo y ancho del cuerpo, pero, al parecer, el que se hallaba de pie le había ayudado, al menos, a dejar de que la sangre dejara de brotar de ellas. No reflejaba estado de plenitud precisamente, pero podía hablar, y así se le dirigió a su salvador.
- Quién... ¿Quién eres? ¿Por qué me has salvado? -dijo.
- Eso de mi identidad, buen hombre... Es del todo secundario -respondió el otro, sin alterar su pose.- Y salvarte, digamos que te he salvado por casualidad, y, sobre todo, porque me conviene. ¿Puedo saber quién te ha apalizado de tal manera?
- No quiero recordar lo sucedido, de verdad... Y además no creo que conozcas a mi agresor si no eres de aquí.- Le miró a la cara.- Porque... No eres de aquí, ¿verdad?
- Ya te he dicho que eso es secundario. Insisto... ¿quién te ha dejado al borde de la muerte?
- Está bien... Te debo una, así que te lo diré -hizo una pausa dramática.- Ha sido "La Bestia".
La cara del otro no pareció alterarse lo más mínimo. Es más, mostraba absoluta indiferencia. Se sentó al lado del herido.
- Está bien... Pero solo con decirme eso... ¿crees que has pagado tu deuda conmigo? -preguntó el larguirucho desconocido.
- ¡No, por el amor de Dios!
- Entonces no te importará que te haga un pequeño cuestionario...
- Para nada, parece ser que tengo tiempo -respondió el pobre hombre, con una tímida sonrisa en la boca.
- Dime... ¿Cuál es tu nombre?
- Me llamo Camus -respondió. Esta vez, el "salvador" dejó escapar una curiosa risita.
- Y, dime, Camus... -prosiguió.- ¿Hay algún motivo en especial por el que "La Bestia" te haya dado semejante palizón?
Camus pensó largo y tendido, durante unos tres minutos. Tres minutos en los que el tiempo pareció congelarse, ya que a ambos se les hicieron eternos. Tres minutos que transcurrieron como tal, puro relleno en el vacío temporal que experimentaron los dos hombres. Finalmente, Camus, de cuya frente salieron dos enormes gotones de sudor frío, se dignó a hablar.
- Joder... Ahora lo recuerdo todo... ¡Se lo dije! ¡Yo, se lo dije! -parecía estar delirando, pero, agarrándose la cabeza e increíblemente tembloroso, siguió hablando.- ¡¡¡SE LO DIJE!!!
En su frente se inflaron dos enormes venas, y comenzó a emitir crujidos con la boca, preso de su incontenible ira. Se agarró la cabeza, y se la arañó tan fuerte que se arrancó un enorme cacho de piel. La rabia le estaba sacando de sus casillas completamente.
- ¿Qué le dijiste, Camus? -dijo el otro hombre, sorprendentemente sonriente.- Vamos, dilo, amigo mío...
- Su... Localización... -respondió Camus, con una cara pálida, con una sonrisa de incredulidad, y con dos lagrimones, uno de agua salada y el otro de sangre provocado por el terrible arañazo que él mismo se había propinado, corriéndole por las mejillas.
- Entiendo...
- ¡¡¡PERO HAY ALGO QUE ÉL NO SABE!!! -gritó súbitamente Camus, que, definitivamente y tal como apuntaba la situación, se había vuelto loco de atar.
- ¿Qué es lo que no sabe, querido Camus?
- Él no escucha la voz del ayer... ¡Él no sabe lo que pasó en esta isla hace ya un tiempo! Pero él... No sabe que la llave... ¡¡¡YA FUE ENCONTRADA!!! ¡¡¡Jiahahahahahahahahaha!!! ¡¡Y yo la tengo!! ¡¡Lo olvidé, pero la tengooo!! La tengo aquí... -dijo, señalándose el bolsillo. Miró al larguirucho con una mirada de sicópata terrible.- Y esss... Mi... Tessorooo...
Zona noroeste-oeste de WolkenBerge
- ¿Seguro que vamos bien, Donarama? -preguntó un hombre alto y fornido, dirigiéndosele a otro que caminaba al lado suyo. Este otro tipo era retaco, con una melena negra con toques grisáceos bastante larga, y un vello facial notable, pero poco extenso. Iba fumando un enorme porro, y el humo que emanaba este se mezclaba con la densa niebla, la cual tapaba a los cientos de hombres que les seguían, armados hasta los dientes.- Debemos darnos prisa.
- ¡¡Indudablemente, boludo!! -respondió el otro, con una voz cantarina y bastante aguda.- ¡Si la brújula señala hasia ashá, será porque es por acá el camino!
- Pobre de ti como no lleguemos a la cascada. ¡Pobre de ti!
- ¿Y si shegamos?
- Te ascenderé. Pero habrá que verlo.
Los dos hombres, los cuales apenas podían ver cinco palmos más allá de sus narices, siguieron caminando entre la blanca y fría atmósfera que les rodeaba. Por detrás llevaban, ni más ni menos, a setecientos fieles, equipados con una armadura de hierro, una espada y un rifle. Y se cagaban en todo, porque entonces, más que nunca, echaban de menos un abrigo. Dos tipos se habían descolgado del pelotón -por detrás, obviamente-, y los castañeteos de sus dientes se oían desde lejos.
- Debebos estar... -dijo uno, mientras un brillante moco le brotaba de la nariz cual seta en otoño.- cobo bínibo a cincobil betros, ¿verdad, Tight?
- Supongo, John -respondió el otro, menos acatarrado por lo visto, mientras le ofrecía un pañuelo de mocos a su amigo.- Toma. Suénate, anda.
- Gracias, abigo -contestó John, tras sonarse.- ¿Sabes qué? Un día bi tía abuela segunda Clotilde be ofreció un payuelo de bocostabbién. Y be soné tan fuerte, que baté a una pobre cucaracha que había en el suelo. Y... ¿Y sabes por qué?
- ¿Por qué John? -preguntó el otro. Suspiró, y le ofreció otro pañuelo.
- ¡Pues porque bi boco traspasó el payuelo y atravesó a la cucaracha que había en el suelo de la cocina. ¿Sabías que bi tía Clotilde tenía una cocina buy vieja? Cobo la tía bisba de vieja. Debía tener bás de noventa ayos... ¡¡ATCHUÁ!!
- Ya veo...
Quinientos metros por detrás del cúmulo de soldados, a hurtadillas, se acercaban a la tropa seis hombres. De ellos cinco llevaban la misma armadura negra que los que iban medio kilómetro más adelante, pero el otro, el que parecía ser el líder de aquel grupo, llevaba un atuendo negro como la noche que ocultaba la niebla, y una capa del mismo color que a buen seguro le protegía del frío. Avanzaban despacio, manteniendo la distancia de seguridad respecto a los de adelante, y a la vez sorprendentemente sigilosos.
- Señor... -dijo uno de ellos, dirigiéndose al líder- ¿me permite el atrevimiento de preguntarle acerca de nuestro destino? ¿Qué es lo que buscamos con detener al Caballero de la Rosa Gris?
- Buscamos salvar el mundo -respondió el otro, sin siquiera mirar al que le había preguntado.- Y baja la voz.
- ¿Salvar el mundo? ¿No está siendo algo exagerado?
- Soldados rasos engañados... No sabéis nada...
Hubo un pequeño silencio. Se escuchaban sonidos de metal contra metal, provenientes de quinientos metros más adelante. El aire era cada vez más frío, y los gélidos soplidos de viento que arreciaban de rato en rato no ayudaban en demasía al bienestar del cuerpo. No pararon de caminar en ese espacio de silencio, y todos los presentes, pese a mantenerse distantes a la conversación, se mostraban atentos a lo que se cocía entre el Caballero de la Rosa Gris y el soldado Liam Dross.
- Supongo que ya es no solo inútil, sino absurdo ocultarlo... -prosiguió Robert Aldridge, cuidando que su voz no se escuchase demasiado.- Os han estado mintiendo todo este tiempo. Dime... ¿cuál era vuestra misión en la isla? ¿A qué os guiaba Ruud von Gertrude?
- A... la exterminación de la organización Murder INC... Y a conseguir el dominio de la isla...
- Ahora pensad fríamente todos... ¿Qué le podía interesar a Ruud de esta isla? Una isla medio abandonada desde hace veinte años, sin un gobierno, completamente salvaje y peligrosísima... ¿Qué clase de beneficios traería al Puño ser dueño de esta isla?
- Más territorios... No sé, un refugio más.
- Una base en la que corras peligro no es una base. Y aquí, todo ser vivo que pise WolkenBerge, desde Blind Coast hasta Shy Coast, corre peligro. Me di cuenta en el mismo momento en que llegué. Este lugar emana un aroma de destrucción, de desolación... Y me temo que estaba en lo correcto desde un principio. Cambrige ha estado en esta isla... Se ha adueñado de conocimientos que vosotros no teníais pero Ruud sí... Y bajo la tapadera de la isla, ha observado hasta encontrar el momento justo para llevar a cabo su plan. Ha llenado la cabeza de pájaros a todos esos soldados, diciéndoles que compartirán un poder inmenso... No saben cómo es él... Se lo guardará todo. Y será lo peor que le pueda pasar al mundo y a vosotros. Veréis... Gris sabe que aquí se halla el acceso a la Corona del Soberano.
El joven Liam se sobresaltó. Había escuchado leyendas acerca de la Corona, pero dudaba de su veracidad. La misma reacción se adueñó de los demás soldados, más temblorosos de lo que se habían mostrado hasta aquel momento. Ahora, los sonidos de las armaduras a lo lejos les parecían más terroríficos, y la figura de Gris se presentaba como la de un demonio, un verdadero demonio...
Inundados de esos pensamientos, no prestaron atención a que se acercaban peligrosamente hacia dos sombras, diez metros más adelante.
Ladera sureste de Ciudad Porcelana, dentro del acantilado.
El lugar estaba ajetreado. Muchos hombres corrían, arriba y abajo, realizando preparativos. Unos sacaban los rifles, otros los puñales, otros los chalecos antibalas... Los pasillos, cubiertos por enormes baldosas de acero reforzado e iluminados por bombillas de neón, observaban a las decenas de hombres trajeados que se movían por sus entrañas.
En cambio, en una habitación apartada de todo aquel bullicio, una habitación con las paredes pintadas de rojo, un solitario joven vigilaba, con melancolía en la mirada, las cientas de fotografías que colgaban de los muros de la estancia. A su lado había una pequeña muñeca de porcelana.
- Estaba preocupado por John y Tight... Me alegro de que estén bien dentro de lo que cabe. Gracias por el aviso, Agatha.
- ¡De nada, Padrino! -respondió la muñeca, y se volvió para salir de la habitación.
- Agatha... -dijo Van, medio tumbado en su butaca de cuero rojo, evitando así que la mencionada saliese de la estancia.- Esto... Puede que... Esta sea nuestra...
- Nuestra última misión -interrumpió Agatha.- Es una lástima, pero en fin... Antes de que salgamos, y aprovechando que estamos aquí -miró todo lo cariñosamente que le dejaba su fría y blanca tez de porcelana a Van-, quiero decirte que han sido los mejores años desde que ese hombre me dio la vida.
- Sí... Aún me acuerdo de cómo te conocí... Acababa de llegar a la isla, y aún éramos pocos... -se procuró un puro, tras haber sacado mientras hablaba una preciosa caja de un cajón del escritorio que tenía delante.- Je... El tiempo pasa volando, ¿no crees?
- Sí... Sí que lo hace... ¿Vamos ya?
En esto, Van se levantó y miró a la muñeca, con un brillo que nunca antes había tenido en los ojos.
- Cuando quieras.
Ciudad Porcelana, Plaza PeaPod de la zona noble de la ciudad.
Un hombre espigado se abría paso entre la muchedumbre. Miraba, observador, el modo de vida de la gente de la ciudad. Para ser un barrio noble, sus habitantes presentaban ropas muy pobres, y caminaban deprisa, como huyendo los unos de los otros. Se dio cuenta también de que salían de sus hogares únicamente para lo básico, para comprar comida y poco más. Las cafeterías, abundantes en la plaza en la que se hallaba, estaban completamente abandonadas. Cada vez estaba más seguro de que aquel lugar no era tal y como, por lo que se veía, fue algún día.
Miró más arriba. El enorme palacio de la porcelana se erguía, poderosa e imponente, ante toda aquella desgraciada ciudad. Sus altas torres, sus decoradas fachadas y preciosas vidrieras, contrastaban por completo con el patético espectáculo que tenía a vista de sus ojos unos metros más abajo.
El hombre comenzó a caminar hacia unas escaleras que había en una esquina de la plaza. Se metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, chaqueta que llevaba impresa una extraña Jolly Roger. Le sorprendió, a su vez, que nadie hubiese reparado en ella. De hecho, se la quitó en su "visita" a Camus por temor a que la reconociera. Y del bolsillo sacó una pequeña llave. Era, además de dorada, de oro. A simple vista no parecía más que eso, una llave de oro, pero el individuo reparó en una inscripción, casi ilegible por su despreciable tamaño, que despertó su atención, si bien sabía que aquella no era una simple llave.
"Una Corona para Reinar, Un Soberano para ser Reinado" - D.
Miró ambicioso, primero a la llave, y luego a la torre más alta del Palacio. Acto seguido, se quedó observando el Jolly Roger que tenía en el brazo, y sonrió diabólicamente.
- "El Diablo" se alegrará del exitoso cierre de la misión... -dijo, y desapareció, como por arte de magia, sin dejar rastro.
Bastian Bloodrop - Espía de la Banda Pirata del Diablo - Usuario de la Suke-Suke no mi - Recompensa: 0 berries
Continuará...
Esto es todo, propondré de nuevo para el 41 y, ahora sí (viendo la falta de propuestas... ejem xD), dejaré a wild la gran guerra en bandeja.
Un saludo y siento el doble post!
Última edición por Vito Corleone el Lun Dic 30, 2013 2:19 pm, editado 1 vez en total.
En general está muy bien, no faltan descripciones de lugar ni de los personajes, has mostrado muchos frentes, algunos de los cuales teníamos ya abandonados xD.
Sin embargo veo como un fallo muy grande no ir diciendo el lugar donde se sitúa cada acontecimiento, entorpece la lectura, arreglado eso queda mucho mejor.
Lo de la puerta lo veo muy cogido por lo pelos, para haber sido eso debería haberse hecho alguna referencia en el capítulo en el que vieron la puerta. No es un error, pero lo veo forzado, en sustitución podrías utilizar otra referencia, como que John interrogara a algún guardia u otra cosa.
Me estoy empezando a perder con los nombres de los personajes xD, por ejemplo, Ruud me suena, pero no recuerdo su procedencia exacta, agradecería una guía de los personajes de la saga (no va relacionado con la crítica del capítulo).
Poco tengo que decirte que no sepas, el final es lo único que no te he comentado del todo y me parece bien. Hay ciertos detallitos que ganan más si lees todo seguido, es cierto que al ritmo que vamos ciertos detalles se olvidan, pero no es culpa de tu capítulo. Como ya sabes, me ha gustado que vayas atando cabos, pero se necesita acción ya, para ir cerrando esta saga tan compleja. Buen trabajo, ahora no es fácil y se agradece la labor.
En general está muy bien, no faltan descripciones de lugar ni de los personajes, has mostrado muchos frentes, algunos de los cuales teníamos ya abandonados xD.
Sin embargo veo como un fallo muy grande no ir diciendo el lugar donde se sitúa cada acontecimiento, entorpece la lectura, arreglado eso queda mucho mejor.
Lo de la puerta lo veo muy cogido por lo pelos, para haber sido eso debería haberse hecho alguna referencia en el capítulo en el que vieron la puerta. No es un error, pero lo veo forzado, en sustitución podrías utilizar otra referencia, como que John interrogara a algún guardia u otra cosa.
Me estoy empezando a perder con los nombres de los personajes xD, por ejemplo, Ruud me suena, pero no recuerdo su procedencia exacta, agradecería una guía de los personajes de la saga (no va relacionado con la crítica del capítulo).
Bien, lo del fallo grande. Es verdad que la idea era bastante (muy) espesa, pero desde un principio tenía pensado darles bastante protagonismo a los muros. No sabía alrededor de qué girarían, pero el desarrollo ofreció esta alternativa. He aquí la escena en la que aparece esa "referencia", aunque bastante abstracta.
En esto, llegaron a la más grande de las rocas flotantes, la que albergaba los cuatro picos y la ciudad. Esparcidos y flotando encima del vacó había más rocas -más pequeñas- que estaban conectadas al sitio en el que estaban ellos. Identificaron la enorme puerta que daba al interior de la ciudad, una puerta de unos veinte metros de altura, en la cal había grabadas distintas escenas. Era obvio que eran muy antiguas, pero a Anthony le llamó la atención el material en el que estaban grabadas.
- Es... porcelana -dijo, reparando minuciosamente en cada detalle de aquellas obras de arte.
- Que delicadeza... -comentó John, mostrando verdadero interés por las escenas que había representadas.- Cuando las miras, es como si el mundo se detuviese... Molan.
La guía intentaré hacerla, aunque el tiempo... El tiempo xD
antybulty escribió:Nuevo capítulo y en breve, nuevo nakama, no está mal. Sobre el capítulo:
Poco tengo que decirte que no sepas, el final es lo único que no te he comentado del todo y me parece bien. Hay ciertos detallitos que ganan más si lees todo seguido, es cierto que al ritmo que vamos ciertos detalles se olvidan, pero no es culpa de tu capítulo. Como ya sabes, me ha gustado que vayas atando cabos, pero se necesita acción ya, para ir cerrando esta saga tan compleja. Buen trabajo, ahora no es fácil y se agradece la labor.
Se agradece la crítica, a ver si esto coge ritmo con la nueva incorporación y todo eso ^^
PD: Propondré de nuevo para el 41 y daré paso a la acción. Esperemos que haya más propuestas, de todas formas