Un fuerte bullicio inundó la sala junto con la brillante luz.
-¿Oís eso? – Preguntó el más grande de los nuevos compañeros de Tom entre carcajadas – Es la muerte que viene a buscarnos.
-A mí no me encontrará en este lugar… - Susurró Tom.
Tom intentó acostumbrarse a la potente luz que le cegaba, pero el contraste súbito, dejando atrás el oscuro habitáculo, era demasiado elevado. Una voz desde la puerta les incitó a moverse, Tom y sus compañeros de la sala V abandonaron la sala hacia la luz cegadora en lenta procesión, la mayoría iban cabizbajos, casi arrastrándose, sólo unos pocos se mantenían erguidos y miraban al frente. Al traspasar el umbral de la pared la luz los envolvió completamente, intentaron ocultar su rostro o cubrirse con sus manos como buenamente pudieron al estar sujetas por grilletes. Tom, por su parte, se quedó inmóvil mirando al frente. Una vez sus ojos se acomodaron Tom no pudo evitar mostrar una leve sonrisa.
Ante él se alzaba un monumental coliseo. Una gran zona central cubierta por una arena rojiza que desprendía un fuerte olor, unas gradas repletas de gente que se alzaban formando distintos niveles hasta llegar a un arco superior ocupado por unos guardias, numerosos portones a lo largo del nivel inferior y un amplio palco presidiendo el coliseo.
Antes de que Tom pudiera fijarse mejor en los detalles de aquel lugar una voz atronadora retumbó en sus oídos provocando el final de los vítores:
-Caballeros, caballeros, un momento por favor – anunció aquella voz transmitida por todo el coliseo -, mientras nuestros encargados liberan a los diez siguientes candidatos antes del combate quiero recordarles que…
-¿Combate? – Pensó Tom mientras unos hombres los guiaban al centro del coliseo y los liberaban de sus grilletes - ¿Entre nosotros?
-… Una vez terminen los bloques de hoy cerraremos el acto hasta la sesión nocturna. No se pierdan a estos diez candidatos a formar parte del grandioso plantel de nuestro… ¡Goldenmoon arena!
Los vítores de todo el público resonaron con más fuerza mientras Tom y los otros nueve permanecían inmóviles en frente a la tribuna principal. Allí, junto al hombre encargado de realizar los comentarios, bajito, rechoncho y con bigote, se encontraban las personalidades más destacadas de la ciudad. Todo eran hombres. Reunidos en distintos corrillos, se jactaban de su poderío económico derrochando enormes cantidades en las apuestas del coliseo, bebían y fumaban sin parar, disfrutando del espectáculo diario. La mayoría eran hombres de negocios, pero también había un grupo de jóvenes que podían permitirse cualquier lujo y dedicaban sus horas muertas a asistir al espectáculo. El resto de las gradas estaban ocupadas por habitantes de la ciudad con menos poder económico, divididas en los distintos niveles en función de su clase social. Cualquiera tenía derecho a apostar, de manera que la gente acudía allí con la ilusión de llenar sus bolsillos siempre que podían, pero por lo general el único que siempre conseguía beneficio era el gerente, el señor Goldenmoon.
El gerente del coliseo ocupaba el asiento más elevado del lugar, colocado en el centro del palco. Era un hombre delgado y espigado, su pelo tenía un color grisáceo algo temprano para su edad, que no superaba los cuarenta años, su bigote aún mostraba cierto tono rubio que le hacía recordar su antigua melena dorada, ahora recogida en una coleta y cubierta por un sombrero blanco. Vestía un traje a medida, blanco impoluto, como el sombrero, como los guantes de piel, como los zapatos, como su piel. Sobre la camisa violeta dejaba ver varias cadenas de oro, no más caras que el lujoso bastón que reposaba sobre su asiento. Era a su vez el hermano del alcalde de la ciudad, por tanto pertenecía a la familia más poderosa y adinerada de la ciudad con diferencia, dirigían el “Goldenmoon arena” y la ciudad, por tanto todos los beneficios de la principal actividad de ocio de la ciudad unidos a los impuestos y los ingresos de las actividades empresariales les permitía vivir más que cómodamente.
El señor Goldenmoon, el gerente, tenía varios hijos con distintas madres, todos ellos presentes en el día a día del coliseo. Pese a que el alcalde no podía acudir a todas las sesiones, el hijo mayor de éste sí lo hacía. Todos ellos formaban el grupo más elitista dentro de la clase alta de la ciudad, siendo agasajados y envidiados por los de su quinta.
-Métele ritmo a esto hombre, a ver si sale alguien interesante de este bloque – dijo Robert, el mayor de los hijos del gerente dirigiéndose al speaker.
-Sólo te has dedicado a fichar a los más grandullones de los bloques anteriores – replicó Will, el hijo del alcalde -, quédate con el mostrenco de ahí y listo – concluyó mirando al grandullón que estaba junto a Tom.
-Llevas razón, no tiene sentido esperar, los demás parecen unos enclenques – añadió con una profunda risotada.
-Preparaos participantes – dijo el speaker con un tono alegre –, ¡comienza vuestro momento final! ¡Este bloque será sometido a un combate a muerte entre vosotros!
El público botó de júbilo. De todas las posibles pruebas realizadas allí para la selección en los bloques, la lucha a muerte entre los candidatos era la más aclamada. Los diez participantes debían acabar con al menos uno de sus rivales para clasificarse, mientras intentan no ser asesinados por cualquiera de los otros. En esta prueba las armas son lanzadas a la arena cómo y cuando quieran los encargados y no concluye hasta que todos los que se mantengan en pie hayan acabado al menos con alguien.
Tom se quedó perplejo tras el anuncio de la prueba. Había estado sopesando a lo que podrían enfrentarse allí, había oído historias sobre combates entre animales y bestias, luchas de gladiadores… Pero nunca algo así. Era algo macabro. Una lucha a muerte entre unos civiles para entretener al pueblo, una lucha forzada y cruel. Antes de que pudiera seguir horrorizándose ante aquel espectáculo, un ruido sordo dio comienzo a la prueba.
Notó un movimiento por su derecha, consiguió mediante un rápido salto esquivar la patada que le había lanzado el hombre que se encontraba a su lado. Consciente del peligro, lanzó una breve mirada a su alrededor y pudo ver como la mayoría de ellos se separaban evitando el combate directo. La mujer que le reveló el nombre del lugar corría a toda velocidad dejando atrás a dos hombres espigados, el grandullón del grupo perseguía a una joven asustada y a un hombrecillo bajito y otros dos peleaban cuerpo a cuerpo cerca de su posición. Su oponente era, por tanto, el viejo barbudo que se sentó a su lado. Tom abrió los ojos al máximo porque no daba crédito, el señor decrépito, hundido y preparado para morir se mostraba espléndido y jovial frente a él.
-Pensaba que estabas esperando a la muerte, que íbamos a morir todos… - dijo Tom adoptando una postura para el combate.
-Dije que pronto se te borraría la sonrisa de la cara y así será – respondió lanzándose de nuevo al ataque con una patada a la cabeza.
Tom frenó el golpe con el antebrazo con suma facilidad, desestabilizando a su rival, acto seguido lanzó una patada pero antes de impactar a su rival sus tripas se retorcieron, frenando su acometida.
-Uff… Hace mucho que no como nada – pensó Tom con la mano sobre la tripa.
Su oponente aprovechó para golpear la pierna de apoyo de Tom con otra patada, mientras estaba en el aire le asestó un derechazo que lo tumbó en la arena.
-Ahora que ya eres consciente de lo que te espera, despídete de este mundo – dijo mientras corría para darle el golpe final.
Tom se incorporó un poco, había logrado ponerse a cuatro patas y su cabeza parecía el objetivo de su rival, un golpe fuerte y su cuello diría adiós. Levantó la mirada, reenfocó y vio a lo lejos como uno de los dos hombres que peleaban cerca de él estrangulaba al otro, pudo escuchar al público gritar sediento de sangre, sintió la arena caliente entre sus dedos y distinguió por fin el fuerte olor de aquel sustrato, la sangre. Su rival estaba próximo a él, pronto le asestaría el golpe final, pero no era ese el lugar donde debía morir, aún no era su momento. Cerró el puño reuniendo un poco de arena y se la lanzó a los ojos a su oponente justo antes de que pudiera lanzar su golpe. Cegado, comenzó rodar intentando alejarse, pero Tom había decidido finalizar el combate. Se levantó serio, se aproximó corriendo e imitando la técnica de su adversario le retorció el cuello de una tremenda patada.
Todo el público alzó los brazos mientras gritaban con alegría. Numerosas voces retumbaban por todo el estadio con el ansia de ver más muerte; una destacaba entre todas ellas: el speaker intentando sin necesidad animar a la grada. Tom por su parte trataba de situarse, respiraba alterada y profundamente, una gota de sudor le recorría la espalda, sus músculos no eran capaces de perder la tensión y notaba cierto cosquilleo en el pie derecho. A sus pies yacía su adversario, inmóvil, con el cuerpo hacia Tom y la cabeza hacia la grada, su cuello estaba roto.
-¡Ya tenemos dos posibles clasificados! – Comentó el speaker.
Tom no prestó atención a sus palabras, a penas percibía el atronador bullicio que producía el público. Se fijó en el hombre más cercano en la arena, para asegurarse de si era una amenaza o no, pero pronto lo descartó. Aquel hombre permanecía quieto junto al cadáver del otro sujeto, mirándose las manos y temblando. El temblor fue contagiándose súbitamente a todo el cuerpo hasta que le fallaron las piernas y cayó al suelo, donde se recogió tembloroso y desolado. No causaría ningún problema. Tom se giró rápidamente hacia la parte opuesta del coliseo para observar al resto. No dio crédito, aquellos no podían ser los apagados individuos que estuvieron sentados a su lado.
El grandullón acababa de dar caza a la pareja, sin dudarlo dos veces le propinó un golpe al hombrecillo, que pretendía proteger a la mujer, y lo lanzó contra uno de los muros. En lugar de contentarse con el hombrecillo, decidió divertirse antes con la mujer y se lanzó a por ella. La pobre muchacha no aparentaba más de veinte años, era bastante menuda y su larga melena oscura se le cruzaba por el rostro mientras corría. El grandullón, que se jactaba durante la persecución, debía rondar los treinta años. Tenía todos y cada uno de los músculos de su cuerpo muy desarrollados, llegando a parecer más animal que humano. De hecho, si corriera a cuatro patas, seguramente ganaría velocidad, pensaba Tom.
Por otro lado, la otra mujer participante mantenía la distancia con sus perseguidores, algo poco entretenido para el público. Conscientes de ello, tras una orden desde el palco, unos empleados arrojaron diversas armas a la arena, espadas, lanzas, mazas… Lo necesario para acelerar las cosas. Las armas fueron arrojadas en tres puntos distintos, cerca de Tom, del magullado hombrecillo y entre la mujer y sus dos perseguidores. El público volvió a levantarse animando a los supervivientes para que dieran todo por sesgar alguna vida más.
Sin duda el mayor punto de interés era el enfrentamiento entre la mujer y sus dos perseguidores, ya que el grandullón parecía divertirse persiguiendo a la otra muchacha, el hombrecillo se levantaba lentamente magullado, Tom permanecía fijo observando y el otro hombre seguía tirado en el suelo.
-¡Dos hombres frente a una mujer! ¡Hagan sus apuestas! – Exclamó el speaker tras el lanzamiento de las armas.
La mujer ni se lo pensó, salió corriendo hacia las armas antes que los otros dos. Era vital alcanzar las armas antes que ellos, pero la distancia que debía recorrer ella era algo mayor. Intentaba alargar cada zancada, asegurar cada paso, pero era consciente de que sus rivales alcanzarían antes aquel arsenal improvisado. Todo sería cuestión de segundos. Aquellos dos hombres llegaron antes a las armas, uno agarró una lanza y el otro eligió una espada, mientras se incorporaban la mujer se lanzó a la desesperada hacia el montón de armas y pasó rodando hasta frenarse tras ellos. Antes de que pudieran girarse, desenvainó una katana que había recogido al lanzarse y con unos ágiles movimientos cercenó ambos brazos y el cuello del que sostenía la lanza. El silencio se apoderó del coliseo.
Tras unos segundos de vacilación, el speaker volvió a calentar al público. No acaban de creerse lo que habían visto, pero no había ninguna duda, aquella mujer había asesinado a un hombre sin pestañear.
-Oye… - Dijo tembloroso el hombre que había escogido la espada – No es necesario que luchemos, ¿no?
-No, no lo es – contestó la mujer mirándole a los ojos -, pero tampoco era necesario que fueras a por mí antes, ¿verdad?
-Eh no, no, ¡espera! – Exclamó interponiendo su espada entre ambos – Tú ya tienes tu muerte, ¡no necesitas otra!
-No, no la necesito – dijo levantando su arma de la misma forma que su oponente -, pero pienso darme esa satisfacción.
Tom no pudo evitar esbozar una tímida sonrisa al ver el espíritu de combate de aquella mujer. De hecho, ese espíritu le hizo reaccionar, él tampoco iba a quedarse en el sitio sólo por haber conseguido una muerte, ansiaba un reto mayor, necesitaba acción. El hombre que sollozaba en el suelo no era un rival, la mujer estaba ocupada con su duelo particular, el hombrecillo magullado no parecía moverse en exceso… Estaba claro el objetivo.
Se aproximó a las armas que habían lanzado, las examinó con detenimiento, espadas de hoja ancha dañadas por el óxido, lanzas melladas, un escudo, algún puñal… Ningún arma de garantías para él. Recogió el escudo y se lanzó a la carrera hacia el grandullón. Éste, a su vez, había arrinconado a la muchacha, fanfarroneaba mientras estiraba sus grandes músculos antes de acabar con ella. La muchacha ya se había rendido, agotada de huir, sólo podía esperar el final agazapada entre sollozos.
-¡Qué emoción! ¡Cuántos insensatos siguen buscando pelea pese a haber cobrado ya una vida! – Exclamaba el speaker.
Tom seguía lanzado, aumentando el ritmo, sintiéndose mejor físicamente pese al hambre al tener los músculos menos atenazados. Estaba todavía lejos del grandullón, pero si seguía entreteniéndose con la muchacha podría alcanzarle sin problemas. Pero el grandullón parecía cansado de tanta parafernalia, ya que levantó el puño dispuesto a acabar con aquella joven. Comenzó el ataque con todas sus fuerzas para aplastarla contra el muro, captando toda la atención del público de aquella zona, sin embargo un fuerte ruido cruzó la arena y el golpe acabó impactando directamente contra el muro. La muchacha miró hacia arriba sin dar crédito, seguía intacta. El grandullón no acababa de entender lo sucedido, pero antes de que pudiera moverse numerosos cortes surgieron en su brazo, comenzando a sangrar. Tom, mientras seguía corriendo, miró hacia su derecha buscando el origen de aquel ataque… Lo único que vio fue al hombrecillo con las palmas extendidas hacia el grandullón.
-¡Ha fallado! – Exclamó el speaker mientras forzaba la vista – Está en la parte más opuesta de la arena, pero, ¡claramente ha golpeado el muro!
No se equivocaba. El grandullón tenía el puño incrustado en el muro y permanecía inmóvil, resistiendo el dolor. No era capaz de procesar la situación, él estaba apunto de aplastar a alguien y de golpe su brazo estaba repleto de cortes profundos bañados por la sangre. Retiró el puño del muro y enfurecido se giró buscando al culpable, numerosos trozos del muro cayeron sobre la muchacha asestándole un fuerte golpe en la cabeza que no tardó en abrirse a través de una brecha. El grandullón a duras penas consiguió localizar al hombrecillo, y se lanzó hacia él sin pensar, con un brazo estirado e inmóvil por el dolor y el otro recibiendo un flujo excesivo para dar su mejor golpe. Los ojos inyectados en sangre, sus vasos a punto de estallar asomaban por su cuello... Iba a aplastar a aquel hombrecillo.
-¡Llegamos al momento álgido! – Anunció el speaker con júbilo - ¡Sólo quedan 4 en pie!
Aquel comentario descolocó por un momento a Tom. Mientras continuaba su carrera hizo un cálculo rápido, quedaban el hombrecillo, el grandullón, la mujer, su rival y él, además de otros dos sin ningún espíritu de lucha… Era evidente. Se giró hacia su izquierda y lo vio, aquella mujer sujetaba la katana con ambas manos, clavada en el pecho de su rival. Continuó su carrera sin poder observar el tremendo chorro carmesí que brotó de aquel hombre cuando la mujer sacó su katana, pero no tenía tiempo para fijarse en nadie más, sólo podía tener ojos para aquel grandullón.
Poco a poco se acortaba la distancia, el grandullón embravecido ya alzaba su puño para aplastar a su agresor, sin percatarse del peligro que llegaba por su diestra; el hombrecillo permanecía inmóvil con los ojos cerrados, quizá asumiendo su destino; Tom ya calculaba cada paso para poder ejecutar el golpe perfecto, se comió un paso para poder impulsarse primero con la derecha, dando una gran zancada para aproximarse al grandullón, a continuación se impulsó con la izquierda para elevarse lo suficiente como para sobrepasar la altura de aquel hombre y con toda la potencia que le otorgaba la buena técnica ejecutada, soltó un fuerte puñetazo en el rostro del grandullón.
-¡Increíble! – El speaker seguía a lo suyo intentando hacerse oír sobre los vítores del público - ¡Ese pequeñajo ha tumbado al gigantón justo antes de que éste alcanzara al enano! ¡¿Dónde pueden encontrar más emoción que aquí?!
El cuerpo del grandullón rodó varios metros antes de frenar del todo. Pese al golpe, logró ponerse a cuatro patas, dolorido y desorientado. La cabeza le daba vueltas y de golpe vomitó. Tom miró al hombrecillo antes de decidir su siguiente movimiento, éste ya había abierto los ojos.
-Muchas gracias, pensé que ya no lo contaba – dijo el hombrecillo rascándose la cabeza y esbozando una sonrisa.
-¿Por qué no te has defendido? – Preguntó Tom con más interés del que querría mostrar – Antes has lanzado un ataque muy poderoso.
-Por eso mismo, no puedo usarlo todo el rato – concluyó sin perder la sonrisa - , por cierto, me llamo Leo.
-Muy bien – dijo Tom que no perdía de vista al grandullón -, si logras llegar a mañana te diré el mío. Ahora estoy ocupado.
Sin dejar que Leo respondiera, Tom se lanzó a por el grandullón, debido al golpe aún estaba algo desorientado, ya incorporado pero mirando al suelo intentando que permaneciera en su sito. Antes de que se percatara recibió una patada en el rostro que lo volvió a lanzar al suelo. El golpe había percutido aún más su cabeza, rompiendo su tabique nasal. El grandullón intentaba frenar la hemorragia torpemente, su cabeza retumbaba y el dolor era incesable, estaba vendido. Tom volvió a lanzarse a por él, esta vez con el escudo adelantado para lanzar un ataque mortal, saltó con las fuerzas que le quedaban para caer sobre el cuello de su rival, pero algo frenó su ataque.
-¿Se puede saber qué haces? – Preguntó Tom en cuando alcanzó el suelo de nuevo.
-¿Qué haces tú, estúpido? – Respondió la mujer que se había interpuesto entre el grandullón y Tom.
-¿No es evidente? – Contestó Tom con rabia mientras apretaba su puño – ¡Aparta!
-No… Definitivamente no es para ti, enano – Zanjó con una mirada llena de superioridad mientras alzaba su arma.
Tom no retrocedió, pero intentó calmarse. No alcanzaba a entender a esa mujer, cuáles serían sus motivaciones para evitar que matara al grandullón… No es para ti, se repetía, no era para él, sí, ¿para quién pues? Ella tampoco parecía interesada… La respuesta apareció clara en su mente. Se giró y lo vio aún más claro, aquel hombre no era para él, era para Leo.
Leo volvía a tener los ojos cerrados, pero esta vez lo hacía para concentrarse. Pequeñas ráfagas de viento bailaban en torno a él jugando con la arena, mientras juntaba sus palmas con fuerza. Una energía invisible comenzó a emanar de su cuerpo, Tom pudo notarlo pero no alcanzaba a entender qué pasaba. No tuvo tiempo para buscar explicaciones, ya que un ruido lo sobresaltó y tuvo que dar un ágil salto a un lado, antes de caer una masa enorme pasó justo por delante de él.
-¡Imposible! – Exclamó Tom una vez llegó al suelo – Con los golpes que ha recibido no debería ser capaz…
-¿De moverse así? – Añadió la mujer, que había saltado al lado opuesto a Tom – Es el ataque a la desesperada de una bestia herida.
No estaba muy desencaminada, ya que eso parecía el grandullón, con la nariz rota, el rostro ensangrentado, la cabeza magullada, un brazo totalmente inutilizado y la mente perdida. Había visto la muerte cercana y tras unos segundos de pausa sólo pudo reunir sus últimas fuerzas para recorrer toda la arena hacia el lado opuesto, en dirección al hombre que permanecía tumbado atormentado por sus actos. Tom consciente por fin de la situación, soltó el escudo y se sentó, su cuerpo estaba bastante agotado; aquella mujer clavó la espada y se dirigió a ver cómo se encontraba la muchacha; Tom no dudó de las intenciones de la mujer y prefirió fijarse en Leo, en silencio simplemente esperó.
-¡A trompicones pero aquí llega! – Anunciaba el speaker mientras el grandullón corría hacia la zona más próxima a su posición - ¡Prepárense en las primeras filas para la lluvia de sangre!
El público jaleaba la carrera agónica de aquel hombre esperando una muerte más, mientras él corría cegado hacia su objetivo. Por su parte, Leo abrió los ojos y se giró hacia la mujer. Hizo un leve gesto con la cabeza que fue seguido por Tom, justo cuando éste se giró, la mujer alzó su pulgar y lo extendió hacia abajo. Repentinamente una sensación extraña recorrió la espalda de Tom, se giró raudo y quedó impresionado ante la tremenda energía que irradiaba Leo, cuyo gesto había cambiado radicalmente. Ahora no sonreía, sus ojos permanecían clavados en la lejanía, sus puños cerrados con fuerza lentamente se recogieron junto a su costado y súbitamente, como un cañón, estiró sus brazos lanzando una tremenda ráfaga blanca.
Tom tuvo que cubrirse con el brazo de la arena que salía disparada hacia él, intentaba no perder de detalle de aquel ataque tan extraño que recorría toda la arena rápidamente. Antes de que el speaker pudiese si quiera percatarse de aquello, el ataque alcanzó al grandullón atravesando su fuerte pecho y matándolo en el acto. Tras esbozar de nuevo una sonrisa, Leo se desplomó.
Uno de los grandes portones se abrió de par en par hacia dentro del coliseo. A través de su umbral salieron dos carromatos, tirados cada uno por dos caballos de tiro, lentos pero potentes. Cada uno giró en una dirección, el que se aproximaba a Tom era dirigido por un hombre fornido pero desarmado, poco a poco alcanzó la posición de Tom y la mujer y frenó a los caballos.
-Subid a la parte de atrás – dejó caer mientras descendía a la arena.
La mujer subió inmediatamente a la parte de atrás, cubierta por una tela, algo desgastada, de color blanco. Tom, por su parte, se dirigió hacia el lugar donde acababa de desplomarse Leo. La gente no dejaba de comentar todo lo ocurrido, exaltados, rememoraban las acciones que acababan de presenciar. Ajeno a todo aquel murmullo generalizado, Tom alcanzó a Leo y se lo echó a la espalda. Volvió entonces al carromato, a la vez que el otro hombre regresaba, tras revisar el cuerpo de la muchacha junto al muro.
-¿Está vivo? – Preguntó el hombre mientras se subía a la parte delantera.
-Sí, sólo está inconsciente – respondió Tom mientras se dirigía a la parte de atrás.
-Trae, pásamelo – dijo la mujer extendiendo los brazos.
Entre Tom y la mujer subieron a Leo al carromato y éste se puso en marcha. Volvió hacia el portón, juntándose con el otro, cuyo único pasajero era el atormentado superviviente. Pasaron por el umbral del portón y se adentraron por un largo y poco iluminado pasillo. Fue una travesía silenciosa, únicamente acompañada por el rítmico trote de los caballos, Leo permanecía inconsciente, Tom mirando el suelo y la mujer observando como el portón se cerraba.
-¿Qué harán con los cadáveres? – Preguntó Tom, rompiendo el tenso silencio.
-Si fuera a enterrarlos como es debido, los hubieran traído con nosotros. Por tanto, la respuesta es evidente – sentenció mirando a Tom directamente a los ojos.
-Así que aquí no sólo pelean humanos… - Dijo Tom volviendo a agachar la cabeza.
-¿Acaso estás asustado? – Preguntó la mujer, esbozando una sonrisa y recostándose, como pudo, en el duro asiento de madera.
-¿Asustado? – Contestó levantando la cabeza – Estoy impaciente.
Su mirada era totalmente diferente, desprendía fuerza y rabia, tanta potencia que la mujer desdibujó su sonrisa hasta quedar algo boquiabierta, pero rápidamente lo disimuló, cruzándose de brazos y mirando de nuevo a un lado. Ninguno articuló palabra hasta que el carromato se detuvo. El hombre les ordenó apearse, así que la mujer abofeteó a Leo hasta que recuperó la consciencia. Los tres bajaron del carromato por su propio pie, al igual que lo hizo a duras penas el otro superviviente.
Fueron guiados, a través de otro portón, a una sala iluminada con la tenue luz de unas velas. Un anciano, sentado en un gran banquete, escudriñaba un pergamino. Levantó la vista levemente, analizó a los cuatro supervivientes y volvió a bajar la vista. Fue indicándole uno a uno por dónde debían pasar, dirigiéndose los de un carromato por una puerta lateral y el otro superviviente por la opuesta.
-¿Por qué nos habrán separado? – Preguntó Leo, con ambas manos en la nuca.
-Quizá no ha superado la prueba – respondió Tom, que andaba a su lado con las manos en los bolsillos.
-¿Eh? – Dijo Leo mirando a Tom con cara de incomprensión – ¿No mató a nadie?
-Sí, yo mismo lo presencié, pero no creo que sea suficiente.
-Sigo sin enterarme…
-Es evidente – interrumpió la mujer, que andaba justo por delante de ellos -, no ha sido capaz de soportarlo, se ha derrumbado mentalmente.
Leo no quiso preguntar más, pero se sintió aún más pequeño ante ese par. Siguieron andando varios metros más hasta llegar a otra puerta, aparentemente tan vieja como el lugar y muy dañada. La mujer la abrió de una patada y siguió adelante, pese a las quejas de Tom, que entró tras ella, mientras que Leo pasó el último. La estancia que se mostró ante ellos era casi más grande que la propia arena, el techo se alzaba inalcanzable, la pared opuesta era inapreciable desde su posición, centenares de bombillas alumbraban cada rincón, permitiéndoles apreciar cada detalle de aquel lugar: Una pequeña caseta con unas herraduras clavadas en la parte delantera, numerosos caballos ensillados descansando a su lado, un pequeño cobertizo repleto de armas, numerosas jaulas que se alzaban hasta el techo, otra caseta que desprendía un aroma delicioso y en el centro de la estancia, una mesa redonda, de madera bien trabajada, con varias sillas rodeándola. Sentado, esperando con una taza de té en la mano, un joven los observaba con una leve sonrisa.
-Por favor, no seáis tímidos – dijo aquel joven -, acercaos.
-Y bien – dijo Tom mientras se acercaba a la mesa sin dudarlo -, ¿dónde está la comida?
-¡¿Eso es lo único que te preocupa, imbécil?! – Vociferó la mujer, sin moverse de su posición inicial.
-No, pero necesito comer – respondió tras tomar asiento junto a aquel joven, el cual sonrió y chasqueó los dedos, provocando la aparición de dos mayordomos con bandejas de comida recién hecha -. Leo, ven, necesitamos recuperar fuerzas.
-Claro, tranquilos, aquí no corréis ningún peligro – añadió el joven sin perder la sonrisa.
-¡Genial! – Leo se unió a la mesa junto a Tom, que ya estaba comiendo con las manos, despreocupado.
-¿No te unirás a nosotros? – Preguntó el joven a la mujer, que seguía inmóvil – Estarás famélica.
-¿Puedo preguntarte algo antes? – Dijo clavando su mirada en aquel risueño muchacho – Si aquí no corremos peligro, ¿para quién son esas jaulas?
A las 19:30 exactamente me llevé la palma de la mano a la frente, abrí el rincón creativo y comencé a escribir esto xDD.
Ya lo sabes, pero cómo mola cómo (de cómo en cómo y tiro porque me toca) se está desarrollando esto. Cogiste por banda la historia de Tom y casi tenemos tantos como de Hunter, y desde luego ha conseguido crearme la misma o mayor expectación (y eso que si no mal recuerdo lo último de Hunter estuvo muy guay xD).
Para mí este capítulo 7 el mejor de su serie de capítulos, genial el final (los dos finales, yaustesabe), que creo que es la vez que más ganas del siguiente capítulo me deja esto.
No ha estado nada mal el último capítulo, no ha tenido la acción de los anteriores, pero nos ha dado la oportunidad de conocer mejor la personalidad de la chica y de Leo, los dos personajes recalcables de esta saga.
Por ahora la que más me gusta es la mujer, es dura, con una voluntad de hierro e inteligente, estaría bien que se uniera a Tom, pero veo con más posibilidades a Leo, por su "poder" lo veo con más probabilidad de entrar en la banda.
Y aunque este fanfic no avance demasido rápido me está gustando mucho como se van encaminando las historias, no solo la de Hunter, la de Tom también está bien. Ahora a esperar alguno de Kate xD, o a seguir con la de Tom, que me he quedado intrigado.
Última edición por Movius el Dom Ene 19, 2014 5:03 pm, editado 1 vez en total.
Se agradecen los comentarios. Visto el éxito que está teniendo Tom, he pensado que era el momento perfecto para poner el siguiente capítulo... De Hunter:
Los restos óseos cayeron al suelo cuando el fuego cesó. El silencio dominaba el lugar, algunos callaban por miedo, otros por admiración. Nadie de los presentes volvería a retar a Pyros, su nivel era excesivo. Mientras el supervisor confirmaba su victoria, Pyros dio media vuelta y abandonó el lugar.
-¿No te quedas a ver al mejor en acción? – Siseó Snake cuando Pyros pasó a su lado.
-No necesito ver a Beast, me sé a la perfección su forma de combatir – Respondió sin detenerse.
-Maldito… - Susurró Snake, molesto.
En el patio, recogían los cuerpos que podían transportarse rápidamente, pero el lugar cada vez estaba peor. Sangre mezclada con barro y carne calcinada… No era una buena combinación. Un hedor potente estaba presente en todo el lugar. El supervisor era consciente de que aquello sólo podía ir a peor y no estaba dispuesto a alargar su labor más de lo necesario, llamó al siguiente, interrumpiendo la limpieza del patio, y Beast no tardó ni un segundo en reaccionar. Los retadores fueron llamados, unos cuantos miraron al suelo, dubitativos, pero no tenían opción, tenían que combatir.
Fueron seis los que retaron a Beast. Era un grupo bastante heterogéneo, un muchacho menudo con un número muy elevado, un par de jóvenes medianos y un trío mucho más desarrollado y de mayor edad. Atropelladamente, se colocaron juntos en el centro del patio, a escasos metros de Beast, que permanecía inmóvil con la vista clavada en el suelo. Tras comprobar que todos estaban listos, el supervisor dio comienzo al combate.
Uno de los mayores del grupo lanzó al más joven, tras él, los dos medianos se abalanzaron por cada lado, en un intento de negar la evasiva de su rival, pero fue inútil. En cuanto el supervisor dio la orden, Beast levantó la mirada y esperó. Sin moverse de su posición inicial, lanzó, de un puñetazo, al pequeño contra el muro de su espalda. Fue tan rápido que no tuvo problema con los otros dos, frenó su acometida con sus manos desnudas, capturó sus cabezas al vuelo y antes de que reaccionaran, las chocó brutalmente. Su rostro quedó manchado por la sangre y los otros tres se percataron de ello, se lanzaron al unísono con su mejor golpe, pero fue como golpear un buque de guerra.
-¡Menuda resistencia! – Exclamó Hunter desde lo alto.
-Estos cabeza huecas no se han preparado tan bien como tú, eso está claro – dijo Edge.
-Beast es quizá el que mejor ha desarrollado su Tekkai – añadió StoneCold.
-¡Qué humilde eres! – Respondió Edge soltando una carcajada.
La tremenda dureza de Beast causó estragos, los tres retadores que quedaban en pie acababan de estrellar sus puños contra él, quedando totalmente rotos. Con sólo una mano útil, dos de ellos corrieron a por un arma, mientras que el restante huyó gritando que se rendía. Fue entonces cuando Beast decidió moverse por fin, antes de que el joven que huía repitiera que se rendía lo alcanzó y le partió el cuello. Nada más hacer contacto de nuevo con el suelo, volvió a impulsarse a toda velocidad hacia los otros dos. Acababan de coger dos espadas, situadas junto a otras armas al pie de una de las columnas del patio. Se miraron un instante, dispuestos a colaborar para lograr su objetivo, y con la espada en alto se giraron, pero no visualizaron al enemigo, sólo unas manchas confusas y borrosas. Un chorro de sangre brotó simultáneamente de sus bocas y un ardiente dolor comenzó a recorrer su cuerpo desde el estómago. Beast los había atravesado con sus brazos.
-Ha sido rápido – dijo Edge.
-Ha sido previsible – añadió StoneCold -, ninguno va a lograr vencer.
-Totalmente de acuerdo, han elegido muy mal – prosiguió Edge.
-Sobre todo por elegirte a ti, ¿no? – dijo StoneCold dibujando media sonrisa.
-¡Es evidente! – Exclamó Edge.
Mientras conversaban, en el patio ya habían comenzado las labores de limpieza. Beast abandonó el lugar por el mismo camino que lo hizo Pyros, sin mediar palabra. Snake lo observó marchar, tuvo que morderse la lengua, pero permaneció callado. Avanzó entonces hasta el centro del patio, impaciente, decidido a luchar.
-Supervisor, estoy listo – dijo Snake mientras estiraba los músculos de sus brazos -, ¿a quién tengo que asesinar?
-Eh… A ver – revisó el listado -, los diez retadores adelantaros.
-¿Diez? – Preguntó sorprendido – Sí que soy popular, ¡más que tú SC! – Exclamó desafiante.
Tras unos instantes, los diez retadores ya estaban preparados. Eran un grupo bien compuesto, todos ellos tenían un número de tres cifras y estaban armados hasta los dientes, salvo tres de ellos que pertenecían a la quinta decena. Ninguno de ellos temblaba, todos esperaban, decididos, el comienzo de la lucha. Una vez ambos bandos estuvieron listos, el supervisor dio comienzo al combate y se apartó de un salto.
Los diez se movieron rápidamente, separándose por todo el patio. Adoptaron una formación circular con un único fin, dejar a Snake sin escapatoria. Esto pareció efectivo, inmediatamente comenzó a mirar en todas direcciones, nervioso y con los ojos tremendamente abiertos. Antes de que pudiera reaccionar, cinco de los diez atacaron directamente, todos armados con una espada y un escudo. Para evitar la huida, otros dos atacaron por alto, armados éstos con una lanza, mientras que los tres restantes mantenían su puesto, situados a una distancia adecuada. Todo fue muy rápido.
-¡Increíble! ¿Cómo ha salido de ahí? – Preguntó Hunter incrédulo.
-Calla y presta atención, esto será rápido – respondió StoneCold.
Snake sonreía apoyado en uno de los cinco atacantes. Los dos que atacaron por alto fueron golpeados, simultáneamente, y lanzados contra dos de los que esperaban alejados, pero los otros cinco simplemente se frenaron en seco antes de lanzar su ataque. Los que habían sido lanzados comenzaron a convulsionar súbitamente, estaban perdidos, con los otros cinco inexplicablemente inmóviles, sólo quedaban tres dispuestos a luchar.
-Decidme, ¿quién quiere ser el primero? Os haré ese favor si os arrodilláis – dijo Snake mirándose la mano, mientras estiraba y contraía los dedos.
-Será un placer arrancarte la lengua, bastardo – dijo uno de los restantes -, nosotros tres no seremos tan fáciles de detener.
-¿Detener? No me hagas reír…
Sin dar tiempo a réplica, Snake se lanzó hacia su rival, antes de que pudiera reaccionar le agarró la cabeza y le partió el cuello. Los otros dos ya estaban corriendo hacia él, pero Snake reaccionó rápido y se giró abriendo las manos. Inmediatamente, los dos se quedaron paralizados en el sitio. Snake se acercó lentamente a uno de ellos.
-Creo que serás tú el último en morir… ¿Te parece bien? – Preguntó Snake – Bueno, lo tomaré como un sí.
Dicho eso, Snake lanzó el brazo hacia atrás, cogiendo impulso, y lanzó un fuerte ataque al pecho de aquel joven, provocando un gran boquete en su pecho. Pese al ataque mortal, el joven no se desplomó, pero sus ojos se tornaron blancos y la sangre comenzó a brotar por su boca. Repitiendo la técnica, Snake fue ajusticiando al resto, provocando pequeñas explosiones del pecho o la cabeza de sus rivales. Una vez acabó, se dirigió al supervisor:
-Están todos muertos, puede comprobarlo.
-¡El combate ha finalizado!
-Sí, sí, está bien, déjeme decir una cosa – interrumpió sin miramientos -, esto va para todos los que os creéis que los que tenemos un nombre estamos al mismo nivel que vosotros. Seguramente sea culpa de ese niñato de ahí – dijo señalando a Hunter -, pero, que él haya sido lo suficientemente capaz como para ver que había un eslabón débil, no quiere decir que el resto vayamos a caer contra escoria como estos que me han retado. Ya podéis venir diez o cincuenta, no servís ni para calentar – siseó antes de marcharse del patio.
Pese a la celeridad del combate, Hunter acabó comprendiendo la técnica de Snake, pero aún no confiaba tanto en sus capacidades y prefirió confirmarlo, por si sus ojos le habían engañado.
-Creo… Creo que sé cómo lucha Snake – susurró Hunter.
-Bueno, lo más evidente ha sido el golpe final, antes de golpear ha juntado sus dedos como formando un pico. Debe ser algún movimiento derivado del Shigan…
-Eso es, es el golpe de gracia favorito de Snake, él lo llama “Ultra Bite” – añadió StoneCold sin apartar la vista del patio.
-Continúa, Hunter – dijo Edge, gestualmente más pendiente de él.
-Bueno, la clave del combate ha sido que los rivales han perdido la capacidad de movimiento, todo ha sido muy rápido, pero en una ocasión he visto a Snake abrir las palmas, justo después los otros se frenaron en seco… Debe haber usado algún tipo de sustancia, algún veneno neurotóxico, quizá…
-No seas tan tímido – interrumpió StoneCold, ya girado hacia Hunter -, tu análisis no podría ser más acertado. Snake es un experto en sustancias tóxicas. Es capaz de envenenar, paralizar, alterar o dormir a cualquiera, para ello sólo necesita una pequeña aguja.
-¡Agujas! Encaja, claro, pequeños proyectiles, difíciles de percibir y detener – reflexionó Hunter, algo ensimismado.
-Sin duda, tiene potencial, has hecho bien acogiéndolo bajo tu ala – le susurró Edge a StoneCold.
-Es evidente, estoy seguro de que se convertirá en un fantástico asesino – respondió StoneCold con una ligera sonrisa.
-Ya, claro, ¡que nos conocemos SC!
-¿A qué te refieres?
-Bueno, todos aquellos jóvenes talentos que te han acompañado en tus misiones han acabado igual…
-Edge, como bien dices, nos conocemos – dijo StoneCold mientras se levantaba -. En esta isla, lo único que importa es sobrevivir. ¡Vámonos, Hunter!
-¡Ah, sí! – Respondió Hunter, saliendo de sus pensamientos.
-Ay, muchacho – dijo Edge viéndoles marchar -, te deseo la mejor de las suertes.
Lo prometido es deuda, y, aunque he tardado más de lo previsto, me había decidido a leer todo lo de Hunter y lo he hecho. Me encanta *w* xDDDDD
Las batallas, el modo en que Hunter, entusiasmado, se va dando cuenta de los trucos que utilizan, mientras SC le va aprobando... Yo pensaba que sería un "amigo", pero visto lo visto en el último capítulo... LoL, no me lo esperaba. Cojonudo todo. Todo eso más el trasfondo, que es directamente proporcional al de PN y eso me encanta, está todo tan bien estructurado, tan bien pensado... A ver cuándo me pongo con la de Tom y ya así me pongo al día con todos. Ya tengo ganas. Además, bueno, no, nada xD.
-¡Tierra a la vista! – Exclamó el vigía desde lo alto.
-¡Preparaos para el desembarco, muchachos! – Respondió el capitán.
El barco navegaba hacia una pequeña isla, dominada por el verde de sus frondosos bosques. Desde la distancia, se observaba una fina, pero uniforme, línea blanquecina que separaba el verde de los bosques del azul del mar. Conforme el navío acortaba distancias, nuevos detalles se hacían visibles: El escaso relieve, únicamente representado por un monte más próximo al suelo que muchas edificaciones humanas; la frondosidad del bosque que impedía ver más allá; las embarcaciones pesqueras, reposando sobre la cálida arena; un poblado diminuto, formado por un par de decenas de cabañas…
Aquel era su destino, comenzando por ese poblado y paulatinamente arrasar con el resto de la isla. El capitán había robado un mapa de la isla tiempo atrás, por tanto, estaba al corriente de la presencia de una base de la Marina en aquella isla. No era ningún impedimento, sino una gran oportunidad. Si lograban abatir a unos cuantos marines perezosos, podrían saquear la base y llenar así sus bolsillos.
La isla cada vez estaba más próxima, pero nadie avistó el barco. Los piratas echaron el ancla y soltaron sus botes para llegar a remo a la orilla. El barco quedó vacío, en cada bote iban cinco piratas armados hasta los dientes, cargados con sables, pistolas, cuchillos y artefactos explosivos.
Dada su buena condición física y las aguas calmadas, llegaron sin problema a tierra. Fueron agrupándose la mayoría mientras otros movían los botes fuera del agua, una vez todo estuvo listo, el capitán habló:
-¡Ha llegado la hora! – Exclamó desenvainando su sable - ¡Arrasemos este poblado para entrar en calor!
Todos sacaron sus armas y gritaron, guiados por el júbilo, antes de lanzarse a la carrera sobre el poblado. El jaleo llegó hasta las deterioradas cabañas de madera y algunas lugareñas se asomaron sorprendidas. Cuando identificaron el ruido ya era demasiado tarde, los piratas habían llegado.
Asaltaron cada cabaña, rompieron las puertas a patadas, saquearon lo poco que vieron y echaron a golpes a los que allí vivían para después, reducir a cenizas sus hogares. Unos pocos se dedicaron a vigilar a las mujeres y a los niños, agrupados y temblorosos, en la playa; otros prosiguieron con el saqueo, buscando objetos de valor en cada cabaña antes de quemarla; unos pocos, el capitán entre ellos, entraron en la única cabaña del poblado que se diferenciaba sin problemas del resto, un bar.
Dentro del bar, los hombres del poblado se reunían a diario para beber y comentar las distintas noticias que trajera el periódico. Bebían sin cesar, brindaban y cantaban tan alto como sus ebrias gargantas les permitían, se reunían tanto pescadores como leñadores o marines. Representando a éstos, había tres reclutas privados en una mesa redonda de roída madera. Era el destacamento destinado a vigilar el poblado.
-¿No habéis oído algo? – Preguntó uno de ellos, aparentemente el más joven, mientras intentaba agudizar el oído.
-No digas bobadas, Chris – respondió el de su derecha, a la par que echaba otro trago -, lo único que se oye aquí son las desafinadas canciones de estos patanes.
-¡Cierra la boca! – Contestó Chris dando un puñetazo a la mesa.
-Tranquilo, joven – Intervino el más veterano de los tres -, es el alcohol el que nubla su mente. Bebe un poco y únete a la fiesta, no es necesario ponerse así.
-¿E ignorar un posible peligro? – Dijo mientras se levantaba de la mesa – Eso jamás.
No tuvo tiempo de abandonar la sala. Los piratas entraron con las armas en alto y sin mediar palabra comenzaron a atacar. Los pobres aldeanos no tenían tiempo de reaccionar, antes de que pudieran si quiera levantarse de la silla un sable de acero les arrancaba la vida. Los tres marines sí tuvieron tiempo de moverse, el más veterano se lanzó, desenvainando su espada, contra los asaltadores; el otro, dubitativo, se cayó al suelo de culo, intentó alcanzar su arma gateando hacia la pared de su espalda, donde tres rifles estaban apoyados; Chris, ya en pie, llegó rápido a la pared y cogió su arma, girándose rápidamente hacia los piratas que teñían el local de carmesí sin tregua.
Mientras uno de los marines se arrastraba de forma ridícula hacia su arma, Chris disparó con acierto a uno de los piratas, provocándole una herida fatal en el pecho, y se desplomó. Recargó el arma y volvió a tumbar a otro. Durante la siguiente recarga, el marine veterano ensartó a otro pirata sin dudarlo y el tercero del grupo al fin alcanzó su arma y se incorporó junto a Chris. Titubeante, disparó, acertando de lleno en la espalda de su compañero más adelantado.
-Pero… ¿Qué has hecho? – Dijo Chris con una voz más débil que un suspiro - ¡Maldito borracho!
El capitán pirata no desaprovechó la oportunidad. Sacó una pistola y vació su contenido en el veterano marine, provocando su muerte inmediata. Ordenó a los suyos que se ocuparan primero de los marines, mientras él mismo se dedicaba a rematar al resto de pueblerinos. Los piratas abrieron fuego contra los dos marines restantes, que se parapetaron tras una mesa caída.
Comenzó entonces un fuego cruzado, en el cual Chris atinaba a algún blanco mientras que su compañero a penas lograba mantener el cañón recto. La ventaja numérica de los piratas dificultaba la capacidad de disparo de los marines, casi no podían asomarse para responder a los disparos, había pocos momentos seguros en los que disparar sin riesgo y, con la cabeza turbia, era difícil distinguirlos. En un momento de estúpida bravuconería, el marine ebrio se levantó y comenzó a disparar sin cesar, errando cada tiro. El capitán pirata, desde el otro extremo de la sala, volvió a sacar su pistola y lo abatió.
Parapetado tras la mesa, Chris vio desplomarse el cuerpo sin vida de su compañero. Pese a que nunca se había enfrentado a una situación tan crítica, no tardó en analizar sus opciones. Se hallaba solo frente a más de una decena de piratas, desconocía si había más de ellos por el poblado (de hecho desconocía el estado del poblado, ¿aquel ruido que escuchó serían los gritos de auxilio de los suyos?), sólo tenía un rifle de un único disparo y la base no había sido informada del ataque… Lo vio muy claro, su principal objetivo debía ser pedir refuerzos.
Llevaba consigo un pequeño caracol de comunicaciones, un animal muy útil, usado por toda la Marina, que hacía las veces de intercomunicador. Necesitaba conseguir tiempo, tiempo para informar antes de que acabaran con él y una triste mesa de madera no parecía escudo suficiente ante tantos enemigos. Con la espalda pegada a la mesa, observó la estancia lo más rápido posible: Cristales rotos, pared de madera gastada pero gruesa… Nada. Se asomó de nuevo para abatir a otro enemigo, ganando unos segundos para buscar una ruta de escape. A su derecha, pared, de frente, los enemigos, a su izquierda, la barra del bar… Tenía que intentarlo.
Salió corriendo hacia la barra, los piratas dispararon sin cesar, reventando todas las botellas que descansaban en el estante, pero Chris consiguió correr medio agachado hasta el final de la barra. Al otro lado, una ventana de cristal cerrada lo separaba del exterior. Prosiguió su carrera y se lanzó atravesando el cristal.
-¡Inútiles! – Exclamó el capitán pirata mientras seguía rematando a los pueblerinos - ¡Salid a por él!
Chris oyó los gritos tendido en el suelo, lo que le hizo reaccionar. Estaba un poco conmocionado por el golpe y notaba un dolor agudo por todo el cuerpo, pero no disponía de tiempo para revisar sus heridas, debía continuar. Se dirigió a su izquierda, hacia la parte trasera del local, allí, subió por una escalera de madera al tejado. Una vez allí, recogió la escalera y se quedó inmóvil, a la espera. Inmediatamente después, los piratas llegaron por ambos lados a la parte trasera, confusos al no encontrar al joven marine. Se dispersaron rápidamente en busca de Chris, pero ninguno pensó que estuviera en el tejado.
Cuando los piratas se alejaron, Chris sacó su caracolófono (un pequeño caracol morado con una concha blanca, decorada con diseños azules, típicos de la Marina) y llamó a la base. Tendido boca arriba, recobró poco a poco el aliento mientras esperaba que atendieran su llamada. Pudo observar sus brazos repletos de cortes, con pedacitos de cristal aún metidos en las heridas, pero antes de que comenzara la extracción de cualquiera de ellos, alguien contestó a su llamada:
-Aquí la base, al habla la Sargento Mayor Nuala, ¿qué ocurre? – Respondió.
-Sargento… - Trató de no hacer mucho ruido, pero respiraba con dificultad debido a su accidentada salida – Los piratas han atacado el poblado.
-¿Llamas desde el poblado costero? ¿Qué ha pasado? – Contestó sin perder la calma.
-Sí. Mis compañeros… - Respiró con dificultad – Han caído. No hemos podido pararlos.
-No te preocupes, ya vamos para allá – dijo antes de colgar.
La oficial colgó y salió a la carrera de la sala de comunicaciones. No tardó mucho en recorrer el pasillo hasta la estancia del Comandante de la Base, situada en el mismo piso. Abrió la puerta sin llamar y desde el umbral se dirigió a su superior:
-¡Comandante! – Exclamó antes de realizar el saludo – Unos piratas han atacado el poblado costero, sólo uno de nuestro hombres sigue con vida y desconocemos el estado del resto de habitantes.
-Entonces, debemos actuar de inmediato – respondió el Comandante.
-¿Quiere que dirija la defensa? – Preguntó aproximándose.
-No… Yo dirigiré el ataque – dijo el Comandante poniéndose en pie.
-Avisaré a los hombres, Comandante Hazen – sentenció Nuala.
Traffy escribió:Lo prometido es deuda, y, aunque he tardado más de lo previsto, me había decidido a leer todo lo de Hunter y lo he hecho. Me encanta *w* xDDDDD
Las batallas, el modo en que Hunter, entusiasmado, se va dando cuenta de los trucos que utilizan, mientras SC le va aprobando... Yo pensaba que sería un "amigo", pero visto lo visto en el último capítulo... LoL, no me lo esperaba. Cojonudo todo. Todo eso más el trasfondo, que es directamente proporcional al de PN y eso me encanta, está todo tan bien estructurado, tan bien pensado... A ver cuándo me pongo con la de Tom y ya así me pongo al día con todos. Ya tengo ganas. Además, bueno, no, nada xD.
Un saludo!
Me alegra verte por el tema. Espero que las otras historias te gusten tanto como la de Hunter.
-Entramos en código azul, Sargento – dijo Hazen mientras se colocaba un cinto de cuero -. Dé la orden.
Hazen terminó de prepararse, colocando una espada a cada lado del cinto. Mientras tanto, Nuala, descolgó el caracolófono de la mesa para dirigirse a toda la base.
-¡Atención marines! ¡Se ha declarado el código azul! ¡Todos los que no tengan una tarea asignada deben dirigirse de inmediato al patio! – Anunció Nuala sin pararse a respirar.
Dada la orden, los dos se dirigieron raudos a la entrada de la base. Por los pasillos resonaban los pasos de los marines a la carrera en busca de sus armas, en la sala de comunicaciones intentaban ponerse en contacto con aquellos que se encontraban repartidos por la isla, las escaleras comenzaban a colapsarse con la marcha de amplios grupos y a la cabeza de ellos, Hazen.
Llegaron al patio, Hazen, Nuala y una treintena de hombres. Por la puerta seguían llegando poco a poco más marines, que se incorporaban de inmediato a la formación. Inquieto por la falta de tiempo, Hazen se dirigió a ellos:
-¡Escuchadme todos! – Exclamó desenvainando una de sus espadas, apuntando al cielo – Una banda de indeseables ha atacado a nuestra gente, es nuestra misión hacer que el peso de la Justicia caiga sobre esos piratas de inmediato – hizo una pequeña pausa para hinchar sus pulmones - ¡A por ellos!
-¿No esperará a Patrick? - Preguntó Nuala entre el jaleo montado por los gritos de los marines.
-No, pero intentad localizarle – respondió guardando su espada -. Ten cuidado allí abajo, Nuala.
Hazen salió corriendo de la base, sin dejar que su subalterna respondiera o que el resto se percatara. La distancia entre la base y el poblado costero no era corta, pero Hazen era tremendamente rápido y en poco más de dos minutos llegó al último árbol antes del poblado. Dejó ahí su capa y su caracolófono, necesitaba tener la mayor movilidad posible, y salió corriendo de nuevo.
Se situó tras la primera cabaña de la izquierda, desde ahí observó como numerosos piratas recorrían las calles y asaltaban las chozas. Se dirigió por la parte más alejada de la zona principal del poblado, ocultándose como podía de los piratas, siguiendo lo que le indicaba su olfato. Un fuerte olor a pólvora y sangre se concentraba pocos pasos más allá de su posición, pero antes de poder alcanzar aquel lugar dos piratas doblaron la esquina chocando contra él.
-¿Pero qué demonios…? – Comenzó a decir uno de ellos antes de sufrir un profundo corte en el cuello.
Antes de que el otro pudiese ver lo ocurrido, Hazen hizo otro rápido gesto y lo atravesó. Limpió sus espadas en la ropa de los difuntos y salió corriendo hacia la fuente de olor que seguía. Llegó a la parte trasera del bar y subió de un potente salto. Allí yacía su subordinado, inmóvil. Hazen se acercó a rastras, para no ser visto, a Chris. Tras unos leves toquecitos, abrió los ojos:
-Oh, señor, ha venido – dijo Chris con un hilo de voz casi inaudible.
-Ahorra fuerzas, yo me encargo del resto – respondió Hazen observando las heridas de Chris -, ¿cómo te encuentras?
-Bien, señor, puedo ayudarle – contestó intentando incorporarse, pero Hazen lo frenó.
-Claro que puedes, pero no ahora – dijo mirándole a los ojos -. Descansa y mantente con vida.
Hazen dejó a Chris tumbado en aquel tejado y de un salto aún más potente se plantó frente al bar. A unos metros el capitán pirata y sus hombres discutían sobre dónde podía estar aquel marine, mientras el resto de la banda continuaba saqueando y rastreando el poblado. Ninguno se enteró de la presencia de Hazen, su caída fue ágil y silenciosa, pero quiso hacerse notar:
-¡Ey, vosotros! – Exclamó a plena voz.
-Hombre, un nuevo marine – replicó el capitán pirata sonriendo.
-No perdamos el tiempo, no quiero que mi gente sufra más – respondió Hazen sacando sus espadas de nuevo.
Los piratas se agruparon junto a su capitán, frente a Hazen. Armados hasta los dientes, se aproximaban poco a poco al marine. Mientras tanto, otros malhechores localizados por el poblado oyeron los gritos y acudieron, cerrando el paso de Hazen a su espalda.
No tardó mucho en evaluar la situación, todos los piratas habían sacado sus sables y puñales, centrados en atacar todos juntos de cerca. El grupo de su espalda era menor, pero si atacaba el grupo más grande podía acabar con su líder y causar más caos en sus filas. Eligiera lo que eligiera, debía centrar su atención para evitar que fueran a por cualquier civil para usarlo de escudo.
Sus sentidos se agudizaban ante el peligro, era más consciente de todo, sintiendo el fluir de sangre, el suave ritmo de su respiración, el Sol jugando a esconderse tras las nubes, la carrera repentina de los piratas hacia él, el áspero tacto de la empuñadura de sus espadas, el roce de las mismas con la arenilla del suelo… Hazen estaba preparado para la batalla.
Flexionó las rodillas mientras se inclinaba hacia delante y se propulsó, sin dejar que los piratas pudiesen si quiera alcanzarlo, pasó entre ellos girando sobre sí mismo hasta para justo frente al capitán. Antes de que reaccionara, decenas de heridas se hicieron visibles y borbotones de sangre comenzaron a manchar la zona, no aguantaron mucho en pie. El capitán pirata, furioso, bajó su arma en dirección a Hazen, pero éste lo esquivó con un salto lateral sin ninguna dificultad. Los ataques del pirata eran furiosos e imprecisos, fáciles e esquivar para el marine que se limitaba a esperar el momento oportuno.
Poco a poco, la velocidad del pirata disminuyó y Hazen dejó de esquivar sus estocadas, desvió con su espada derecha el arma del rival y le propinó un puñetazo, con la empuñadura de su espada siniestra, en el costado, doblándolo. En un rápido movimiento, alzó la pierna sobre su cabeza y le propinó una fuerte patada en la espalda, noqueándolo.
Sin tiempo para pararse a pensar, se giró hacia el otro grupo de piratas. Corrían hacia él enrabietados tras la absoluta derrota de sus camaradas. Era evidente que no eran unas ratas de mar cualquiera, no se acobardaron pese a ver tanta sangre, de hecho, sus intenciones se enturbiaron más aún. Más de una decena de fornidos piratas descendían hacia Hazen con las armas por delante, en una formación casi inexistente. El marine adoptó una postura defensiva, la espada siniestra elevada frente a su rostro y la diestra baja y apuntando hacia atrás, y mantuvo su posición. El pirata más rápido estaba próximo ya cuando un fuerte estruendo resonó en el poblado. Los piratas se frenaron en seco, buscando el origen del sonido sin éxito. Hazen detectó la fuente antes de que el cuerpo del pirata más adelantado se desplomara sin vida, miró a lo lejos al tejado del bar y allí confirmó sus sospechas, Chris había disparado a aquel pirata.
Poco tardaron los piratas en descubrir a su compañero abatido. Nerviosos ante la situación, unos se lanzaron contra Hazen de nuevo y otros buscaron un lugar donde parapetarse. El marine desarmó sin dificultad a todos aquellos que le atacaron, para después noquearlos con un fuerte golpe en la boca del estómago. Desde lo alto, Chris logró herir a otros dos piratas. Uno fue alcanzado en el hombro y otro en el costado, ninguno volvió a coger su arma.
Los pocos piratas que quedaban con fuerzas para luchar trataron de escabullirse alejándose del poblado, pero ya era demasiado tarde. Una treintena de marines apareció rodeando el poblado, encabezados por Nuala. Ante la superioridad numérica los piratas se rindieron y arrojaron sus armas sin oponer resistencia. El pueblo estaba a salvo.
-Entramos en código azul, Sargento – dijo Hazen mientras se colocaba un cinto de cuero -. Dé la orden.
Hazen terminó de prepararse, colocando una espada a cada lado del cinto. Mientras tanto, Nuala, descolgó el caracolófono de la mesa para dirigirse a toda la base.
-¡Atención marines! ¡Se ha declarado el código azul! ¡Todos los que no tengan una tarea asignada deben dirigirse de inmediato al patio! – Anunció Nuala sin pararse a respirar.
Dada la orden, los dos se dirigieron raudos a la entrada de la base. Por los pasillos resonaban los pasos de los marines a la carrera en busca de sus armas, en la sala de comunicaciones intentaban ponerse en contacto con aquellos que se encontraban repartidos por la isla, las escaleras comenzaban a colapsarse con la marcha de amplios grupos y a la cabeza de ellos, Hazen.
Llegaron al patio, Hazen, Nuala y una treintena de hombres. Por la puerta seguían llegando poco a poco más marines, que se incorporaban de inmediato a la formación. Inquieto por la falta de tiempo, Hazen se dirigió a ellos:
-¡Escuchadme todos! – Exclamó desenvainando una de sus espadas, apuntando al cielo – Una banda de indeseables ha atacado a nuestra gente, es nuestra misión hacer que el peso de la Justicia caiga sobre esos piratas de inmediato – hizo una pequeña pausa para hinchar sus pulmones - ¡A por ellos!
-¿No esperará a Patrick? - Preguntó Nuala entre el jaleo montado por los gritos de los marines.
-No, pero intentad localizarle – respondió guardando su espada -. Ten cuidado allí abajo, Nuala.
Hazen salió corriendo de la base, sin dejar que su subalterna respondiera o que el resto se percatara. La distancia entre la base y el poblado costero no era corta, pero Hazen era tremendamente rápido y en poco más de dos minutos llegó al último árbol antes del poblado. Dejó ahí su capa y su caracolófono, necesitaba tener la mayor movilidad posible, y salió corriendo de nuevo.
Se situó tras la primera cabaña de la izquierda, desde ahí observó como numerosos piratas recorrían las calles y asaltaban las chozas. Se dirigió por la parte más alejada de la zona principal del poblado, ocultándose como podía de los piratas, siguiendo lo que le indicaba su olfato. Un fuerte olor a pólvora y sangre se concentraba pocos pasos más allá de su posición, pero antes de poder alcanzar aquel lugar dos piratas doblaron la esquina chocando contra él.
-¿Pero qué demonios…? – Comenzó a decir uno de ellos antes de sufrir un profundo corte en el cuello.
Antes de que el otro pudiese ver lo ocurrido, Hazen hizo otro rápido gesto y lo atravesó. Limpió sus espadas en la ropa de los difuntos y salió corriendo hacia la fuente de olor que seguía. Llegó a la parte trasera del bar y subió de un potente salto. Allí yacía su subordinado, inmóvil. Hazen se acercó a rastras, para no ser visto, a Chris. Tras unos leves toquecitos, abrió los ojos:
-Oh, señor, ha venido – dijo Chris con un hilo de voz casi inaudible.
-Ahorra fuerzas, yo me encargo del resto – respondió Hazen observando las heridas de Chris -, ¿cómo te encuentras?
-Bien, señor, puedo ayudarle – contestó intentando incorporarse, pero Hazen lo frenó.
-Claro que puedes, pero no ahora – dijo mirándole a los ojos -. Descansa y mantente con vida.
Hazen dejó a Chris tumbado en aquel tejado y de un salto aún más potente se plantó frente al bar. A unos metros el capitán pirata y sus hombres discutían sobre dónde podía estar aquel marine, mientras el resto de la banda continuaba saqueando y rastreando el poblado. Ninguno se enteró de la presencia de Hazen, su caída fue ágil y silenciosa, pero quiso hacerse notar:
-¡Ey, vosotros! – Exclamó a plena voz.
-Hombre, un nuevo marine – replicó el capitán pirata sonriendo.
-No perdamos el tiempo, no quiero que mi gente sufra más – respondió Hazen sacando sus espadas de nuevo.
Los piratas se agruparon junto a su capitán, frente a Hazen. Armados hasta los dientes, se aproximaban poco a poco al marine. Mientras tanto, otros malhechores localizados por el poblado oyeron los gritos y acudieron, cerrando el paso de Hazen a su espalda.
No tardó mucho en evaluar la situación, todos los piratas habían sacado sus sables y puñales, centrados en atacar todos juntos de cerca. El grupo de su espalda era menor, pero si atacaba el grupo más grande podía acabar con su líder y causar más caos en sus filas. Eligiera lo que eligiera, debía centrar su atención para evitar que fueran a por cualquier civil para usarlo de escudo.
Sus sentidos se agudizaban ante el peligro, era más consciente de todo, sintiendo el fluir de sangre, el suave ritmo de su respiración, el Sol jugando a esconderse tras las nubes, la carrera repentina de los piratas hacia él, el áspero tacto de la empuñadura de sus espadas, el roce de las mismas con la arenilla del suelo… Hazen estaba preparado para la batalla.
Flexionó las rodillas mientras se inclinaba hacia delante y se propulsó, sin dejar que los piratas pudiesen si quiera alcanzarlo, pasó entre ellos girando sobre sí mismo hasta para justo frente al capitán. Antes de que reaccionara, decenas de heridas se hicieron visibles y borbotones de sangre comenzaron a manchar la zona, no aguantaron mucho en pie. El capitán pirata, furioso, bajó su arma en dirección a Hazen, pero éste lo esquivó con un salto lateral sin ninguna dificultad. Los ataques del pirata eran furiosos e imprecisos, fáciles e esquivar para el marine que se limitaba a esperar el momento oportuno.
Poco a poco, la velocidad del pirata disminuyó y Hazen dejó de esquivar sus estocadas, desvió con su espada derecha el arma del rival y le propinó un puñetazo, con la empuñadura de su espada siniestra, en el costado, doblándolo. En un rápido movimiento, alzó la pierna sobre su cabeza y le propinó una fuerte patada en la espalda, noqueándolo.
Sin tiempo para pararse a pensar, se giró hacia el otro grupo de piratas. Corrían hacia él enrabietados tras la absoluta derrota de sus camaradas. Era evidente que no eran unas ratas de mar cualquiera, no se acobardaron pese a ver tanta sangre, de hecho, sus intenciones se enturbiaron más aún. Más de una decena de fornidos piratas descendían hacia Hazen con las armas por delante, en una formación casi inexistente. El marine adoptó una postura defensiva, la espada siniestra elevada frente a su rostro y la diestra baja y apuntando hacia atrás, y mantuvo su posición. El pirata más rápido estaba próximo ya cuando un fuerte estruendo resonó en el poblado. Los piratas se frenaron en seco, buscando el origen del sonido sin éxito. Hazen detectó la fuente antes de que el cuerpo del pirata más adelantado se desplomara sin vida, miró a lo lejos al tejado del bar y allí confirmó sus sospechas, Chris había disparado a aquel pirata.
Poco tardaron los piratas en descubrir a su compañero abatido. Nerviosos ante la situación, unos se lanzaron contra Hazen de nuevo y otros buscaron un lugar donde parapetarse. El marine desarmó sin dificultad a todos aquellos que le atacaron, para después noquearlos con un fuerte golpe en la boca del estómago. Desde lo alto, Chris logró herir a otros dos piratas. Uno fue alcanzado en el hombro y otro en el costado, ninguno volvió a coger su arma.
Los pocos piratas que quedaban con fuerzas para luchar trataron de escabullirse alejándose del poblado, pero ya era demasiado tarde. Una treintena de marines apareció rodeando el poblado, encabezados por Nuala. Ante la superioridad numérica los piratas se rindieron y arrojaron sus armas sin oponer resistencia. El pueblo estaba a salvo.
No me hartaré de repetir que tienes una narración bélica impecable. No sé cómo lo haces, pero uno se siente parte de esos combates que cuentas, escucha los sonidos de las espadas y las pistolas. Es todo tan gráfico, y a la vez sublime, que es difícil perderse y aburrirse. Un gran trabajo, uno más.
El capítulo en sí no da para teorizar demasiado, aunque Hazen me ha parecido muy pez gordo para estar al amparo de un pueblo costero tan aislado. Se le queda pequeño ese lugar. Y Nuala como personaje también me interesa bastante, ya se irá viendo...
-Entramos en código azul, Sargento – dijo Hazen mientras se colocaba un cinto de cuero -. Dé la orden.
Hazen terminó de prepararse, colocando una espada a cada lado del cinto. Mientras tanto, Nuala, descolgó el caracolófono de la mesa para dirigirse a toda la base.
-¡Atención marines! ¡Se ha declarado el código azul! ¡Todos los que no tengan una tarea asignada deben dirigirse de inmediato al patio! – Anunció Nuala sin pararse a respirar.
Dada la orden, los dos se dirigieron raudos a la entrada de la base. Por los pasillos resonaban los pasos de los marines a la carrera en busca de sus armas, en la sala de comunicaciones intentaban ponerse en contacto con aquellos que se encontraban repartidos por la isla, las escaleras comenzaban a colapsarse con la marcha de amplios grupos y a la cabeza de ellos, Hazen.
Llegaron al patio, Hazen, Nuala y una treintena de hombres. Por la puerta seguían llegando poco a poco más marines, que se incorporaban de inmediato a la formación. Inquieto por la falta de tiempo, Hazen se dirigió a ellos:
-¡Escuchadme todos! – Exclamó desenvainando una de sus espadas, apuntando al cielo – Una banda de indeseables ha atacado a nuestra gente, es nuestra misión hacer que el peso de la Justicia caiga sobre esos piratas de inmediato – hizo una pequeña pausa para hinchar sus pulmones - ¡A por ellos!
-¿No esperará a Patrick? - Preguntó Nuala entre el jaleo montado por los gritos de los marines.
-No, pero intentad localizarle – respondió guardando su espada -. Ten cuidado allí abajo, Nuala.
Hazen salió corriendo de la base, sin dejar que su subalterna respondiera o que el resto se percatara. La distancia entre la base y el poblado costero no era corta, pero Hazen era tremendamente rápido y en poco más de dos minutos llegó al último árbol antes del poblado. Dejó ahí su capa y su caracolófono, necesitaba tener la mayor movilidad posible, y salió corriendo de nuevo.
Se situó tras la primera cabaña de la izquierda, desde ahí observó como numerosos piratas recorrían las calles y asaltaban las chozas. Se dirigió por la parte más alejada de la zona principal del poblado, ocultándose como podía de los piratas, siguiendo lo que le indicaba su olfato. Un fuerte olor a pólvora y sangre se concentraba pocos pasos más allá de su posición, pero antes de poder alcanzar aquel lugar dos piratas doblaron la esquina chocando contra él.
-¿Pero qué demonios…? – Comenzó a decir uno de ellos antes de sufrir un profundo corte en el cuello.
Antes de que el otro pudiese ver lo ocurrido, Hazen hizo otro rápido gesto y lo atravesó. Limpió sus espadas en la ropa de los difuntos y salió corriendo hacia la fuente de olor que seguía. Llegó a la parte trasera del bar y subió de un potente salto. Allí yacía su subordinado, inmóvil. Hazen se acercó a rastras, para no ser visto, a Chris. Tras unos leves toquecitos, abrió los ojos:
-Oh, señor, ha venido – dijo Chris con un hilo de voz casi inaudible.
-Ahorra fuerzas, yo me encargo del resto – respondió Hazen observando las heridas de Chris -, ¿cómo te encuentras?
-Bien, señor, puedo ayudarle – contestó intentando incorporarse, pero Hazen lo frenó.
-Claro que puedes, pero no ahora – dijo mirándole a los ojos -. Descansa y mantente con vida.
Hazen dejó a Chris tumbado en aquel tejado y de un salto aún más potente se plantó frente al bar. A unos metros el capitán pirata y sus hombres discutían sobre dónde podía estar aquel marine, mientras el resto de la banda continuaba saqueando y rastreando el poblado. Ninguno se enteró de la presencia de Hazen, su caída fue ágil y silenciosa, pero quiso hacerse notar:
-¡Ey, vosotros! – Exclamó a plena voz.
-Hombre, un nuevo marine – replicó el capitán pirata sonriendo.
-No perdamos el tiempo, no quiero que mi gente sufra más – respondió Hazen sacando sus espadas de nuevo.
Los piratas se agruparon junto a su capitán, frente a Hazen. Armados hasta los dientes, se aproximaban poco a poco al marine. Mientras tanto, otros malhechores localizados por el poblado oyeron los gritos y acudieron, cerrando el paso de Hazen a su espalda.
No tardó mucho en evaluar la situación, todos los piratas habían sacado sus sables y puñales, centrados en atacar todos juntos de cerca. El grupo de su espalda era menor, pero si atacaba el grupo más grande podía acabar con su líder y causar más caos en sus filas. Eligiera lo que eligiera, debía centrar su atención para evitar que fueran a por cualquier civil para usarlo de escudo.
Sus sentidos se agudizaban ante el peligro, era más consciente de todo, sintiendo el fluir de sangre, el suave ritmo de su respiración, el Sol jugando a esconderse tras las nubes, la carrera repentina de los piratas hacia él, el áspero tacto de la empuñadura de sus espadas, el roce de las mismas con la arenilla del suelo… Hazen estaba preparado para la batalla.
Flexionó las rodillas mientras se inclinaba hacia delante y se propulsó, sin dejar que los piratas pudiesen si quiera alcanzarlo, pasó entre ellos girando sobre sí mismo hasta para justo frente al capitán. Antes de que reaccionara, decenas de heridas se hicieron visibles y borbotones de sangre comenzaron a manchar la zona, no aguantaron mucho en pie. El capitán pirata, furioso, bajó su arma en dirección a Hazen, pero éste lo esquivó con un salto lateral sin ninguna dificultad. Los ataques del pirata eran furiosos e imprecisos, fáciles e esquivar para el marine que se limitaba a esperar el momento oportuno.
Poco a poco, la velocidad del pirata disminuyó y Hazen dejó de esquivar sus estocadas, desvió con su espada derecha el arma del rival y le propinó un puñetazo, con la empuñadura de su espada siniestra, en el costado, doblándolo. En un rápido movimiento, alzó la pierna sobre su cabeza y le propinó una fuerte patada en la espalda, noqueándolo.
Sin tiempo para pararse a pensar, se giró hacia el otro grupo de piratas. Corrían hacia él enrabietados tras la absoluta derrota de sus camaradas. Era evidente que no eran unas ratas de mar cualquiera, no se acobardaron pese a ver tanta sangre, de hecho, sus intenciones se enturbiaron más aún. Más de una decena de fornidos piratas descendían hacia Hazen con las armas por delante, en una formación casi inexistente. El marine adoptó una postura defensiva, la espada siniestra elevada frente a su rostro y la diestra baja y apuntando hacia atrás, y mantuvo su posición. El pirata más rápido estaba próximo ya cuando un fuerte estruendo resonó en el poblado. Los piratas se frenaron en seco, buscando el origen del sonido sin éxito. Hazen detectó la fuente antes de que el cuerpo del pirata más adelantado se desplomara sin vida, miró a lo lejos al tejado del bar y allí confirmó sus sospechas, Chris había disparado a aquel pirata.
Poco tardaron los piratas en descubrir a su compañero abatido. Nerviosos ante la situación, unos se lanzaron contra Hazen de nuevo y otros buscaron un lugar donde parapetarse. El marine desarmó sin dificultad a todos aquellos que le atacaron, para después noquearlos con un fuerte golpe en la boca del estómago. Desde lo alto, Chris logró herir a otros dos piratas. Uno fue alcanzado en el hombro y otro en el costado, ninguno volvió a coger su arma.
Los pocos piratas que quedaban con fuerzas para luchar trataron de escabullirse alejándose del poblado, pero ya era demasiado tarde. Una treintena de marines apareció rodeando el poblado, encabezados por Nuala. Ante la superioridad numérica los piratas se rindieron y arrojaron sus armas sin oponer resistencia. El pueblo estaba a salvo.
No me hartaré de repetir que tienes una narración bélica impecable. No sé cómo lo haces, pero uno se siente parte de esos combates que cuentas, escucha los sonidos de las espadas y las pistolas. Es todo tan gráfico, y a la vez sublime, que es difícil perderse y aburrirse. Un gran trabajo, uno más.
El capítulo en sí no da para teorizar demasiado, aunque Hazen me ha parecido muy pez gordo para estar al amparo de un pueblo costero tan aislado. Se le queda pequeño ese lugar. Y Nuala como personaje también me interesa bastante, ya se irá viendo...
Enhorabuena otra vez ^^
Parece que he encontrado un digno sucesor en eso de ser un gran pelota xD. Muy agradecido por tu comentario y porque lo vayas leyendo. Sobre Hazen, bueno, ya se verá. Viendo que ha empezado bien me veo obligado a traer otro capítulo... De Tom xD.
La tensión en la sala aumentó y el silencio se apoderó de ella. Fueron unos pocos segundos, pero a la mayoría les pareció una eternidad.
-No os voy a mentir – contestó el joven sin cambiar el gesto -, son el mejor aposento que os he podido encontrar aquí dentro.
-¡¿Estás de coña?! – Soltó la mujer, cuyo rostro empezaba a tornarse rojo - ¿Vas a esposarnos y encerrarnos y pretendes que nos creamos toda tu parafernalia?
-Déjame preguntarte algo, ¿qué esperabas exactamente? – Respondió mientras dejaba la taza con cuidado en la mesa, para después lanzar una mirada fría.
-Es evidente que una jaula fría y húmeda donde pasar el resto de nuestro tiempo, hasta que quisierais usarnos de nuevo…
-¿Entonces? ¿Cuál es el problema? – Dijo soltando una pequeña carcajada.
-Entiendo… ¿Y a vosotros os da igual o qué? – Vociferó dirigiéndose esta vez a Tom y Leo.
-Al menos la comida está deliciosa, ¿no quieres un poco? – Respondió Tom ofreciéndole un muslo de ave bien dorado.
-Maldita sea, parece que soy la única con dos dedos de frente – concluyó a la par que alzaba la espada que había obtenido en la arena.
Todo fue muy rápido. La mujer se lanzó contra el joven, pero antes de que ella pudiera acercarse, él ya se había levantado y la esperaba en posición. Se encontraba totalmente vertical, con el puño derecho cerrado a la espalda, la parte izquierda del cuerpo dirigida hacia su atacante, los pies juntos, el brazo izquierdo ligeramente extendido y la palma totalmente abierta hacia su oponente. Su mirada, fija en la mujer, era fría como el hielo.
Leo se giró hacia Tom en busca de una respuesta sobre cómo actuar, pero Tom estaba totalmente concentrado en aquel joven y no se inmutó. La mujer preparaba su envite, bajó su arma, provocando que el suelo gritara y echara chispas, y una vez estuvo cerca del inmóvil joven, lanzó su estocada hacia el pecho de su rival, fuerte y veloz… Pero erró.
El joven había retrocedido con un ágil y corto salto, lo suficiente para evitar el filo y no distanciarse de la mujer. Debido a la fuerza del ataque, la espada siguió su trayectoria, dejando el torso de la mujer completamente indefenso. Trató de frenar su arma y lanzar otro ataque, aprovechando la altura, pero antes de que lo lograra, el joven la golpeó con el canto de su mano izquierda en el costado. Fue un golpe crítico.
El golpe, rápido y certero, afectó a la caja torácica de la mujer, trasmitiéndose el golpe a los pulmones durante un instante. El repentino impactó cortó su respiración, provocando su desvanecimiento. El arma se resbaló de sus dedos y llegó al suelo a la par que los tobillos flaquearon. Antes de caer fue recogida por el joven. Con cuidado, la levantó y la llevó a una de las jaulas, donde la tendió en una cama.
El joven salió de la jaula, no sin antes avisar con otro chasquido a un hombre con apariencia de médico, vestido con una bata blanca y con un maletín rebosante de bártulos. Una vez la mujer fue atendida, el joven volvió a la mesa con total normalidad, se colocó bien el traje, se sacudió el posible polvo que pudiera tener y se sentó. Volvió a coger su taza de té y dio un largo trago.
-¿No vas a hacer nada? – Susurró Leo.
-No tendría sentido – respondió Tom.
-Pero, ¡la ha atacado! – Contestó Leo olvidándose del sigilo.
-No, él se ha defendido – dio otro amplio mordisco a una hogaza de pan -, de hecho sólo le ha dado un golpe para acabar el combate y evitar más daños.
-Siento meterme en la conversación – interrumpió el joven -, pero me alegra ver que lo has entendido. Si quisiera torturaros o cualquier cosa similar, no os brindaría estos manjares, ni os daría toda la libertad que este sitio permite – hizo una pausa para finalizar su té -. Son jaulas, sí, pero no estarán cerradas – prosiguió mirando hacia las dos más cercanas -. Podréis circular por la estancia con total libertad, tendréis comida, asistencia médica y armas para entrenaros – volvió a mirar a Tom y a Leo -, sin duda soy lo mejor que os ha podido pasar.
-Mejor hubiera sido que no nos hubierais secuestrado – respondió Tom mientras agarraba un pellejo de vino.
-Bueno, ahí llevas toda la razón – dijo esbozando una pequeña sonrisa -, pero si cualquiera de mis primos os hubiera adquirido os aseguro que no gozaríais de todos estos privilegios.
-¿Y a qué debemos este trato de favor? – Preguntó Tom pinchando un filete de carne bañado en salsa.
-Digamos que tengo otra mentalidad sobre cómo funciona este negocio, creo que es mejor que tengáis todo lo necesario para que rindáis en la arena.
-¿En la arena? ¿Tendremos que volver? – Saltó Leo preocupado.
-¿Qué esperabas? – El joven se levantó - ¡Ahora sois gladiadores! – Exclamó abriendo los brazos – Lucharéis por vuestras vidas con el único fin de entretener al público y llenar las arcas de mi querido tío.
No hubo respuesta. Leo, pensativo, hundió la cabeza, sin ganas de seguir comiendo. Tom siguió comiendo un cuenco de pasta sin prisa, cuando acabó, se incorporó. Lentamente se aproximó al joven, que se dedicó a observarle atentamente. Una vez estuvieron cara a cara, se rompió el silencio:
-Vaya, si que eres alto – dijo el joven.
-Deja de mentirnos, ¿qué ocultas? – Interrumpió Tom sin despegar su mirada de los claros ojos del joven.
-Bueno, si de verdad eres tan listo ya lo descubrirás, ¿no? – Dijo poniéndole la mano en el hombro.
-Te recomiendo que la quites de ahí – respondió Tom, estático.
-No te sulfures, tú y yo nos llevaremos bien, ya lo verás. Ambos nos necesitamos. De hecho, os necesito a los tres y los tres me necesitáis a mí – concluyó dándole una palmadita en el hombro.
Terminados por fin los capítulos de Tom. Ya sabes mi opinión, creo que Hunter tiene más potencial y se desarrolla mejor, pero Tom es muy muy buena. Me gusta el personaje y lo que puedes hacer con él, y el rumbo de la historia hasta ahora también me gusta. Quiero ver como se enlaza con sus mini historias, pero de momento muy muy bien.
Opino como Golda, por ahora la historia con más potencial es la de Hunter. La de Tom también tiene su punto, el rollo del coliseo mola, pero me sigue gustando bastante más la de Hunter, más profunda y con más posibilidad de juntarse con la de otros personajes, like Kate. Y hablando de nuestra querida dama, un capítulo de esta historia no estaría de más, que llevamos un montón sin uno nuevo.
La de Hazen tampoco está mal, aunque con solo dos capítulos prefiero no aventurarme a hacer una valoración definitiva. Eso sí, que siendo un marine y no un futuro pirata le da puntos extra a la historia, espero que avance positivamente.
Golda escribió:creo que Hunter tiene más potencial y se desarrolla mejor
Movius escribió:Opino como Golda, por ahora la historia con más potencial es la de Hunter. La de Tom también tiene su punto, el rollo del coliseo mola, pero me sigue gustando bastante más la de Hunter, más profunda y con más posibilidad de juntarse con la de otros personajes, like Kate.
Viendo el interés por Hunter, aquí os traigo el nuevo capítulo... De Tom xD: Capítulo 9 (Tom):
Y de golpe, se despertó. La mujer se incorporó rápidamente, intentando ubicarse sin demora. Pronto su cabeza dejó de dar vueltas y aterrizó, pudiendo recordar con claridad cuál era su situación.
Se volvió a tumbar y observó, calmada, que se encontraba tendida en un confortable colchón de plumas. Fue moviendo poco a poco las distintas articulaciones, alternando el movimiento de los dedos y acostumbrando los ojos a la tenue luz que bañaba la estancia. Una vez se sintió dueña de su cuerpo, se levantó.
Recorrió la escasa distancia que la separaba de los barrotes de aquella inmensa jaula, se acercó a la puerta de la misma y la abrió sin problema. Respiró aliviada, pero antes de salir, volvió sobre sus pasos en busca de la katana obtenida en la arena. La halló reposando contra un mueble cercano a la cama, aparentemente colocada para ser encontrada sin problema. Se acercó al mueble y la cogió con delicadeza, arrastrando lentamente la mano sobre el mango de cuero y esbozando una pequeña y fría sonrisa.
Un fuerte estruendo la sacó de su ensimismamiento. Se giró hacia la fuente del ruido, desenvainando levemente la katana. Abandonó la jaula, en posición de alerta, guiada por nuevos sonidos. Fue bordeando otras jaulas, pobremente iluminadas, hasta que llegó a una zona algo más abierta y mejor bañada por la luz. Allí, Tom y Leo estaban intercambiando golpes. Ambos estaban como nuevos, rebosantes de energía y sonrientes, la mujer no entendía nada. Guardó su arma e interrumpió el combate con un fuerte grito:
- ¡Se puede saber qué está pasando aquí!
Los jóvenes cesaron su lucha y, entre jadeos, miraron con alegría a la mujer.
- ¡Me alegra verte despierta! – Soltó Leo, relajando la postura y sonriendo.
- Pensamos que lo mejor era dejarte descansar, por eso no te despertamos – Añadió Tom sentándose en el suelo mientras analizaba sus brazos.
- ¿Por qué os peleabais? – Preguntó seria, provocando una mirada entre los jóvenes.
- ¿Siempre te despiertas así de desconfiada? – Tom soltó una grave carcajada – Simplemente nos estábamos entrenando, estirando los músculos tras una comida deliciosa y un buen descanso.
- ¡¿Te parece que estamos en situación de reír, comer y descansar?! – Gritó enfurecida.
- Escucha…
- Déjame a mí Leo – interrumpió con un gesto de la mano - , ¿acaso sabes en qué situación estás? Llevas horas fuera de juego y no tienen ni idea de lo que hemos hablado con nuestro anfitrión. Tranquilízate para que podamos hablar.
- ¿Anfitrión? ¡Para él sólo somos esclavos para entretenerse!
- ¿Vamos a seguir así mucho tiempo? – Dijo Tom suspirando y poniéndose en pie.
- Deberías escucharnos y calmarte antes de gritarnos – añadió Leo cuadrándose y sonriendo.
La mujer, no sin antes quejarse de nuevo, se sentó a escuchar. Tom le explicó todo lo ocurrido tras su ataque al joven, cómo él la había noqueado para después llevarla al lugar donde despertó, cómo se encargó de que estuviera bien atendida y cómo después entabló una corta pero interesante conversación con ellos.
El gesto de la mujer no varió hasta ese momento, se mantuvo fría al escuchar cómo se había preocupado aquel joven por ella, pero su rostro sí se contrajo cuando Tom llegó al clímax de su discurso:
- Verás, no soy ningún inepto – dijo Tom con un deje solemne - , pero soy bastante más paciente que tú. Nuestro “anfitrión” nos ha contado una serie de cosas y tras hablarlo entre nosotros, creemos que no miente.
- Eso es, pero ya que estamos juntos en esto, deberías dar tu opinión, pero escucha bien antes de responder – añadió Leo.
- Está bien… Adelante – dijo la mujer, contrayendo los labios.
- Nuestro “anfitrión” es Will Goldenmoon, sobrino del mandamás del coliseo – comenzó Leo.
- Al parecer, tanto el jefazo como sus hijos compran a los distintos gladiadores para enfrentarlos después y, en el caso de Will, nosotros somos los primeros – prosiguió Tom.
- Nos ha contado que los gladiadores exitosos gozan de más privilegios, reciben mejores alimentos y tienen más descansos para que puedan entrenar más y asegurar la victoria.
- Cada victoria que logremos repercutirá directamente en los bolsillos de Will, por tanto, nos brinda un buen alojamiento, toda la comida que queramos y a cambio sólo tenemos que entrenar un poco.
- Eso es, Will nos ha asegurado que intentará que estemos al máximo para que ganemos.
- Y nos explicó que logró comprarnos antes de que acabara el combate, adelantándose al resto y por un buen precio.
- ¡Es muy simpático!
- Simpático… Nos jugaremos la vida para que se enriquezca… Sólo tendremos que entrenar un poco… ¡Pero es que sois gilipollas! – Explotó la mujer, poniéndose en pie - ¡No os habéis enterado de nada! Ahora somos sus malditos esclavos, lucharemos a muerte para que la gentuza de esta ciudad se entretenga y ese estúpido llene aún más sus bolsillos.
- Sabía que saltarías así…
- ¿Y te sorprende? Vosotros entrad en su juego y morid felices, yo no pienso morir aquí – dijo dándose la vuelta y marchándose.
- Pero, espera… - Dijo Leo.
- ¿Acaso crees que nos hemos resignado tan fácilmente? – Interrumpió Tom, mientras la mujer continuaba la marcha – Si hemos aceptado esta situación es porque nos ha ofrecido sacarnos de aquí si cumplimos un objetivo.
- ¿Y tú te lo crees? – Respondió la mujer sin girarse.
- Pudo matarte por atacarle o al menos haberte castigado y no lo hizo, nos ha comprado a nosotros con un fin y una vez lo cumpla nos sacará de aquí, puedes pensar que es mentira y encerrarte en tu jaula a comerte la cabeza…. – Hizo una pequeña pausa – O puedes tragarte tu orgullo y luchar por tu libertad.
Cortito, pero bueno, es el ritmo que puedo llevar. Es muy agradable ver vuestros comentarios ^^.