La Nueva Era (FanFic One Piece)

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Shawn
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La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por Shawn »

Hola a todos. Ja, mi primer post, ¡qué ilusión! :) Bueno, pues ya que estamos aprovecho para presentarme.
Soy Ereum, me gusta One Piece (lógico), escribir aunque se me dé como el culo, tocar el violín y el piano como Brook, el japonés, el inglés, la química, el Diablo II (genial videojuego para frikis que nunca nunca nunca pasará de moda :roll: ), hablar por msn, los paréntesis (como habréis podido comprobar)... Lo normal xD Ah, el foro también me encanta, me parece que está lleno de gente que vale la pena conocer. Espero no llevarme una desilusión (es broma xD).
En cuanto a las cosas que odio, están el color rosa, las lentejas (puaj!!), la gente que va de chula, los trolls, los spams, el WoW (videojuego online para mí odioso donde los haya, perdón si hay alguien a quien le guste :gota: ), a Spandam, y en primerísimo lugar, las moscas. Deberían haberse extinguido junto a los dinosaurios :twisted: :twisted: .

La historia de todo esto viene de que me puse a escribir un FanFic de One Piece. En principio la iba a hacer por satisfacción personal, pero luego dije... ¿qué mejor que presentarse en el foro dando a conocer mi obra? Y aquí estoy, esperando aceptación, comprensión, cariño, amor... Ups, que se me va la olla. Bueno, lo dicho, me apetecía dar a conocer este proyecto que me gusta escribir a las 2 de la mañana si puede ser; cuando todo está en silencio me siento más inspirado.

Antes de terminar este tostón querría que todos supierais lo que me gusta sobre mi creación:

Me gusta cuando la gente dice: "Tu fic está muy bien, ¡¡¡continualo!!!". Sientes que por lo menos una persona ha leído tu obra, y eso satisface muchísimo a cualquiera, sobre todo lo sabrán los que escriben asiduamente.

Me gusta aún más cuando la gente comenta: "Me gusta que en tu fic haya tal tal tal tal... Es muy bueno, ¡¡¡continúalo!!!". Sientes que aparte de que lo lean, gustas a la gente. Y eso te hace continuar con ilusión el fic, lo que a la vez hace que salga mejor.

Pero aún me gusta mucho más cuando los comentarios son tipo: "Me gusta mucho el relato, deberías continuarlo. .............. es lo que más me gusta, es muy gracioso/interesante/emocionante... PERO DEBERÍAS MEJORAR EN ..............". Ahí está la clave. Cuando alguien te dice en qué deberías mejorar para que a la gente le resulte más agradable leer lo que escribes, entonces tu fic mejora, y mucho. Porque cuando alguien escribe, normalmente no es consciente de sus errores. O si lo es, no sabe como remediarlo. En cambio, si alguien de fuera te dice cómo puedes arreglarlo para que quede mejor, entonces es muy positivo. Este tipo de comentarios, a mi gusto cuantos más, mucho mejor.

Buah, os voy a aburrir en mi primer post xD. Bueno, espero que tengáis en cuenta lo que he dicho, espero también hacer muchos amigos, conocer gente, etc... y sobre todo que os guste mi fic.

¡¡¡Aaaah, se me olvidaba!!! Soy jodida y absolutamente pésimo para elegir los títulos (tanto de la obra en sí como de los capítulos). Tengo pensado, una vez que el fic avance un poco, en hacer una encuesta donde pondré ideas vuestras en cuanto al título, para poner uno que sea adecuado. Pero bueno, eso se irá viendo, por ahora es un proyecto.

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Tras pensarlo un poco, he decidido poner en el primer post un índice con todos los capítulos juntos, para no tener que ir buscándolos uno por uno, y más cuando se alargue el fic, que espero que haya que cambiar de página :P En fin, lo dicho, a continuación pondré un "anexo" con todos los capis, aparte de ir posteándolos uno por uno en su post correspondiente cuando toque.

Prólogo:
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PRÓLOGO

Pesadilla


Como tantas otras noches, caía al vacío, sin que nada lo retuviese. Pero muy lejos de sentirse libre, se estremecía de terror. Porque, además, sabía lo que venía a continuación: caía con estrépito sobre la superficie del agua, un agua fría y desagradable. No podía moverse, el miedo paralizaba su cuerpo y sus sentidos; era una horrible sensación de impotencia la que se apoderaba de él, por no poder luchar, por no poder dominarse.
Por no poder despertar.
Porque él sabía que estaba soñando, conocía demasiado bien la situación. Tenía la sobrada certeza de que acabaría en algún momento… siempre más tarde de lo que desearía.
Y, mientras, se hundía más y más en el agua. Si alguien, en alguna parte, controlaba sus sueños, sencillamente era cruel.
Incluso podía sentir con total claridad la presión que el agua ejercía sobre su cuerpo, el dolor de sus pulmones por la falta de aire. Y seguía bajando, hundiéndose como un navío abandonado. A su suerte.
Entonces, el dolor se hacía más agudo, el terror más intenso. Todo era oscuridad a su alrededor, y la falta de aire y la presión del agua se hacía más insoportable a cada segundo que pasaba. De poder haber gritado, lo habría hecho, con todas sus fuerzas, tan sólo para liberar una pequeña parte del miedo que sentía, que lo atenazaba, que lo torturaba.
El dolor seguía aumentando, y cuando, de no haber estado soñando hubiera muerto hacía ya rato, cuando la presión se volvía tan intensa que hubiera hecho estallar su cuerpo en mil pedazos, cuando el miedo se volvía tan irracional que habría enloquecido de puro terror, solamente entonces, acababa bruscamente.

Sí, definitivamente era cruel.

Se incorporó sobre la cama de un rápido movimiento, con gotas de sudor frío recorriendo toda su piel.
“Ha acabado. Una vez más, ha acabado”, pensó.
Pasó una mano por su cabello castaño, intentando poner en orden sus ideas. Era normal sentirse aturdido, tenía ya experiencia en esa clase de pesadillas. Al principio, cuando empezaron a rondarle esos malos sueños, se tumbaba de nuevo y comenzaba a derramar sus lágrimas sobre la almohada, lamentándose de que dormir fuera una necesidad básica. Ahora, sin embargo, se limitaba a no darle importancia, a aceptar que el fantasma de sus pesadillas seguramente le perseguiría por siempre.
Volvió a recostarse, intentando reconciliar el sueño. Podía parecer suicida, pero apenas había dormido esa noche un par de horas, y debía descansar.
“Aunque, sin duda, volverá”, se recordó a sí mismo.

A pesar de todo, no consiguió volver a dormirse, ya que el miedo volvía a golpearle con la fuerza de un grueso mazo cada vez que se sumergía en la vigilia. Cuando, tras un rato de dar vueltas sobre la cama, desistió, pensó que igual necesitaba despejarse un poco.
Se incorporó y lentamente se puso en pie, avanzando con paso cansino hasta la ventana de su pequeña habitación. La abrió, y una ráfaga de refrescante aire nocturno le revolvió el pelo y le hizo sentirse mejor. Agarró con sus manos los bordes de la ventana, y con un rápido movimiento pasó sus piernas a través de ella, quedándose sentado en el alféizar.

Contempló largamente el paisaje, con ademán pensativo. Ante él se desplegaba un manto de bajas casas blancas, que tenían un aspecto humilde pero a la vez acogedor.
Le gustaba mucho el pueblo. Se encontraba situado en una pequeña isla antes de llegar al Nuevo Mundo, muy próximo a la Red Line. Las temperaturas eran suaves a lo largo de todo el año, lo cual hacía a la isla un lugar apetecible tanto para vivir como para visitar. Las gentes de la pequeña villa eran alegres y joviales. Los adultos, gente trabajadora y honesta que hacía todo lo posible por mantener la felicidad de sus familias. Los ancianos, personas sabias y experimentadas. Entre algunos de ellos, se encontraban grandes guerreros piratas, en los cuales el paso de los años había ido haciendo mella. Ahora se habían trasladado al pueblo para vivir la última etapa de su vida de forma tranquila y pacífica, y cuando a alguno de ellos vencía la muerte, el pueblo entero se estremecía. Había un fuerte vínculo entre todas las gentes.
Los niños que habitaban allí representaban gran parte del espíritu del lugar. Siempre había en las plazas grupos jugando, o peleando amistosamente. Nunca rechazaban a quien quisiera unirse a ellos.
Antaño, él mismo había pasado ratos de ocio con los chavales, pero no se caracterizaba por ello. Siempre había sido una persona solitaria, y si bien se mostraba amable con la gente y no daba impresión reacia, no le agradaba demasiado la compañía. Y menos ahora, que acababa de cumplir los dieciséis años.
En vez de todo eso, pasaba la mayor parte del día paseando por el pueblo, respirando la suave brisa, o bien en su casa descansando. O dibujando.
Le encantaba dibujar. Le apasionaba hasta tal punto que se pasaba muchas noches en vela sentado frente a su pequeña mesita, dibujando de todo: barcos, mapas, espadas… En especial le gustaba dibujar katanas; se esmeraba en que quedaran bien diseñadas. En parte mantenía ocupada su mente con los dibujos para que las pesadillas no lo atormentaran, pero el sueño siempre acababa venciendo la batalla.
Repartió su vista por todo su pueblo, hasta llegar al horizonte, donde casi podía sentir el azul del mar. Normalmente, lejos de resultarle agradable, su odio hacia el agua le obligaba a apartar la vista. Podía llamarse extraño, ya que a todos en el pueblo les encantaba bajar a la playa, a bañarse y tomar el sol, a relajarse los días que podían. Pero él nunca había sido como los demás, y lo aceptaba. A veces le gustaría poder jugar y divertirse con los otros chavales de su edad (que en realidad eran pocos en la isla), pero cuando lo intentaba, sentía que desencajaba enormemente. Y eso era algo que no lo molestaba ni lo entristecía, como era de esperar, sino que era parte de él, como sus ojos o sus manos.
En el pueblo siempre le habían dicho que era un chico misterioso. Él tampoco se sentía así, simplemente era como era, y los demás debían aceptarlo. Se describía a sí mismo como una persona tranquila, que disfrutaba de la soledad, a la que le gustaba dar paseos por el pueblo o alrededor del bosque, el cual rodeaba las casas como un vallado. Tampoco le había hablado nunca a nadie de sus pesadillas, no le gustaba preocupar demasiado a la gente, y de todas formas no encontrarían la solución. Se había preguntado muchas veces sobre de dónde vendría aquel miedo al agua tan intenso, pero nunca encontraba un motivo lógico. Siempre había estado ahí, desde que tenía uso de razón.
Aquella noche no durmió nada bien. El mal sueño regresó en cuanto se volvió a dormir, derrotado por el cansancio, y cuando por fin el disco solar asomó por el horizonte, se sintió aliviado, a pesar de que le dolía el cuerpo de haber estado dando vueltas en la cama continuamente. Se vistió los pantalones rojos, las botas, y sin camiseta salió de su casa para dar un paseo por el bosque, que en ese momento era lo que más le apetecía. Ni siquiera se molestó en desayunar, no tenía apetito. En el bosque nunca había nadie, y podía disfrutar a gusto del silencio que lo envolvía.
Eso sí, acercarse al río ni soñarlo.
Capítulo 1:
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CAPÍTULO 1

Tierra a la vista

El sol ya comenzaba a declinar bajo la línea del mar, y sus rayos todavía sobresalían, como sin querer escapar. Poco a poco, la gran esfera se fue escondiendo, como tragada por una gran boca hambrienta. Una puesta de sol vista desde un barco, con el arrullo de las olas y la limpia y agradable brisa marina, con el azul del mar envolviendo cada rincón, era uno de los espectáculos más bellos que se podían encontrar.

El espadachín, embriagado por el movimiento del barco, que se mecía lentamente sobre el agua, ya comenzaba a cerrar los ojos. Esa noche le tocaba guardia, pero siempre se quedaba dormido. No importaba, de hecho, ya que sus agudos sentidos le avisaban sobre cualquier peligro, despertándolo. Antes de sumirse por completo en su sueño profundo, algo en la lejanía captó su atención. Frotó su cara con las manos para despejarse, y entornó los ojos para ver con más claridad. No, no lo había imaginado, llegaban a una isla.

Sabía lo que sucedía cada vez que descubrían un nuevo destino: El capitán empezaba a dar saltos de alegría con los ojos brillantes, la navegante se preparaba para estudiar el clima de la isla, el tirador fanfarroneaba acerca de los amigos que tenía en el lugar, el doctor junto con la arqueóloga se disponían a visitar alguna librería, el cocinero deseaba poder conocer y comprar más comida, el músico ansiaba poder tocar su violín en algún espectáculo, el carpintero se preparaba para poner el navío a punto en pos del desembarco… siempre igual.

“Maldición, justo cuando empezaba a conciliar el sueño…” gruñó, molesto. Pero su deber como vigía le obligaba a informar a todo el mundo de la situación.
El espadachín solo esperaba que pudiera tomar una botella de sake bien frío y relajarse un poco. Tampoco necesitaba más. Recorrió con su mirada la superficie del barco, y vio al capitán recostado en la barandilla, durmiendo. “Eso debería estar haciendo yo”, afirmó para sí, aún más cabreado. Seguramente estaría soñando con un gran trozo de carne.

- ¡Luffy! – le gritó al capitán. - ¡Acabo de ver una isla! – añadió mientras bajaba de un salto de lo alto del mástil, donde se encontraba. Se dirigió con paso decidido hacia él, pero la puerta de la cocina se abrió estrepitosamente. Tras ella apareció Sanji, el cocinero rubio.
- ¿Qué son esos gritos, cabeza de alga? – preguntó, empezando un cigarrillo.

“¿Pero acaso puede salir todo peor?”, pensó desesperado el espadachín.

- Si pegas esos portazos, asustarás a todos. – le dijo, ignorando el insulto del cocinero. – Además, ¿qué haces aún levantado? Esta noche me tocaba la guardia a mí.
- Bueno, me levanté a beber un poco de agua, nada más.
- Está bien – suspiró Zoro, el espadachín -. Decía que acabo de…
Una voz le interrumpió.
- Maldición, ¿qué hora es? Tengo hambre… ¡Sanji, comida! ¿Zoro? ¿Qué haces ahí? ¡Qué hambre! ¡Comida! ¡Comida! ¡Comidaaaaa! ¡¡¡Me muero de… - Luffy cayó al suelo cuan largo era, interrumpido por un golpe en la nuca. La navegante, Nami, acababa de aparecer tras él.
- Cállate de una vez, me pones histérica. ¿Qué pasa, qué son esos gritos?

Zoro respiró hondo y optó por mantener la cabeza fría. “Quizás si me hubiese escapado cuando tuve ocasión, ahora no tendría que aguantar a estos idiotas…”, pensó, recordando el día que Luffy lo rescató de la Marina, tiempo atrás. Parecía haber pasado una eternidad desde aquello. Dirigió su mirada a la navegante.

- Nami, acabo de ver… - su voz quedó interrumpida de nuevo a causa de una horrible música provinente de la proa del barco. La voz del esqueleto Brook, el músico, sonó estridente por todo el navío.
- ¡El sol sale desde las montañas! ¡¡¡Hora de levantarse!!! ¡Ah, pero si no es de día! – vociferó el esqueleto, que ya se había reunido con todos. Repartió su vista entre los presentes, para encontrarse con la mirada fría y asesina de Zoro. Decidió cerrar la boca.
- Espero no ser interrumpido esta vez – continuó Zoro –. Como iba diciendo, acabo de ver… - y señaló con el dedo el horizonte - …que nos acercamos a una isla.
- Vaya, tierra firme. Ya era hora – comentó Nami, al tiempo que miraba su Log Pose. Se acercó a la barandilla del barco y miró hacia donde señalaba el espadachín. Efectivamente, una isla no muy grande se distinguía a lo lejos – Bien, el Log Pose apunta directamente allí. Será nuestra próxima parada. Yo debería ir a ver si averiguo algo acerca del clima de la isla.
- Tenía ganas de pisar tierra firme. Además, tendría que comprar algo de comida. Se nos acaban las provisiones – dijo Sanji, exhalando una bocanada de humo.
- Sí, y a mí me gustaría visitar alguna librería, si hay. – la silueta de Robin, la arqueóloga, se hizo visible acercándose desde la proa del barco.

Zoro sonrió. De momento no se había equivocado en cuanto a lo que dirían sus compañeros al oír la noticia. “Mucho tiempo juntos”, admitió para sí.

- ¿Qué le ha pasado al capitán? – preguntó Robin con una carcajada contenida. Había advertido el enorme chichón en la nuca de Luffy.
- Bueno, no se callaba y tuve que tomar medidas. Tendremos que despertarle – dijo Nami, y se encogió de hombros.
- De eso me encargo yo - afirmó Brook con seguridad, acercándose a Luffy. Acto seguido, comenzó a tocar una horrible melodía, que hizo que la cara del capitán se crispara por el desagrado. Se incorporó bruscamente con expresión desconcertada.
- Eh, Luffy, acabamos de ver una isla. – le informó Zoro. El capitán abrió mucho los ojos, y enseguida corrió hacia el extremo de la popa.
- ¡Sí, genial! ¡Puedo verla! ¿Habrá carne? – comenzó a gritar, con los ojos brillantes de la emoción. Otro pronóstico acertado de Zoro.
- No tiene remedio… - murmuró resignado Sanji, mientras se retiraba hacia las habitaciones – Iré a avisar a los demás. Debemos estar preparados para desembarcar, aunque sea noche cerrada.





El chico había vuelto a casa de su paseo, y se había puesto a dibujar sobre su mesita. Había comenzado a trazar el boceto del bosque que acababa de visitar, intentando plasmar su silencio y tranquilidad sobre el papel. Para qué negarlo, se le daba francamente bien eso de dibujar. Sentía que era una forma de expulsar y expresar sus sentimientos, ya que no era capaz de hacerlo mediante las palabras.
Pero cuando despertó, no sabría decir cuanto tiempo después, le dolía salvajemente el cuello y la espalda. Se había dormido sobre la mesa, y cómo no, la pesadilla había vuelto. Descubrió que el dibujo del bosque que había hecho y que estaba casi terminado, ahora presentaba unas manchas emborronadas. Y su cara estaba un poco húmeda. Se llevó la mano a los ojos con cuidado, y recogió sin querer una lágrima discreta: había estado llorando mientras dormía; no era la primera vez que le pasaba.

Seguramente el cansancio acumulado de la otra noche, en la que no había dormido nada, le había pasado factura de golpe. Tal como había hecho la vez anterior, se sentó sobre el alféizar de la ventana. Descubrió que el sol acababa de esconderse, y la luna iluminaba el paisaje con claridad. Procuró no mirar directamente al mar, pero aquella vez, sin embargo, algo en la lejanía captó su atención. Tuvo un mal presentimiento, y cuando a través de la transparente oscuridad de la noche la silueta de lo que se acercaba se volvió más nítida, un sentimiento mezclado de terror y odio invadió su cuerpo y su mente. Lo que lentamente avanzaba hacia su isla eran las velas de un barco.
Golpeó fuertemente con el puño el alféizar, y se mordió el labio inferior, haciéndose daño.
Era un barco pirata.





- ¿Alcaide Magellan? ¿Alcaide? ¿Está usted ahí? – un oficial de la Marina andaba con paso nervioso por el pasillo de la cárcel. No le gustaba especialmente el lugar; aparte del calor, era húmedo y oscuro, y eso de las celdas con los presos por todos lados le incomodaba un poco. Él estaba más acostumbrado a tranquilas reuniones con sus superiores cercanos, en las salas luminosas y confortables de la fortaleza H-6, su lugar natural de emplazamiento. Pese a ello, hacía muy poco que le habían trasladado a Impel Down, donde se encontraba ahora. Lo mismo había pasado con algunos cientos de oficiales más, que ahora se encontraban divididos entre otras bases de la Marina, o también en aquella misma cárcel. Si esos malditos revolucionarios no hubieran tomado la fortaleza, ahora se encontraría bebiendo un café en su pequeña salita, mientras esperaba que le llegara el turno de guardia. Decidió no pensar en ello, y se centró en el problema que se le venía encima. A él le habían asignado el papel de dar la noticia al jefe, y un oficial de la Marina no debía amedrentarse. Por mucho que le aterrorizara el alcaide.
La voz de Magellan resonó tras una puerta al final del corredor. La puerta del baño. Unos instantes después, los pasos del jefe de Impel Down, la cárcel más importante del Gobierno, hicieron eco a través de todo el pasillo. El oficial esperó pacientemente a que llegara junto a él, adoptando la pose erguida de un subordinado cuando se dirige a su superior.
- ¿Qué quieres ahora? ¡Todo el mundo sabe que no estoy de humor en mis ataques de diarrea! – exclamó enfurecido, mientras dirigía su mirada al marine.
- Verá, alcaide Magellan… - bajó la mirada e hizo una pausa; no sabía por donde empezar. El jefe se enfurecería sí o sí, así que decidió soltarlo todo del tirón. - … resulta que en el Nivel 6 de la prisión, alguien ha conseguido burlar las defensas y… ha huido. Tenemos varias bajas de oficiales en toda la prisión, nada importante, de hecho. Parece que el preso se ha tomado la molestia de pasar desapercibido, y solo ha matado a quienes consideró necesario.
- ¿¡QUÉ!? ¡Eso es absolutamente imposible! ¿Y en el Nivel 6? Nadie es lo bastante poderoso como para escapar de este lugar tal y como se encuentra ahora, y mucho menos del nivel más profundo. – más que molesto, el alcaide estaba impresionado. Aquella cárcel era el edificio más impenetrable de todo el mundo, por algo era la prisión más importante del Gobierno. Si se hacía pública la noticia de que alguien había conseguido escapar, sería fatal para la Marina; seguramente los piratas tomarían confianza y las rebeliones serían constantes, y eso era algo inadmisible - Dime, ¿quién ha sido el desgraciado?
“Esto no le va a gustar nada. Si salgo vivo de aquí será un milagro”, pensó el oficial, bajando la mirada.
- Verá, jefe, se trata del preso número… - hizo una breve pausa, pero la impaciencia de Magellan le hizo continuar - … del preso número 754.
El soldado no pudo seguir hablando, ya que notaba cómo iba quedando dormido. Su vida se le escapaba gota a gota, gracias al efecto del veneno de Magellan. Un veneno producto del enfado, o simplemente de la incredulidad.
- No puede ser. Hay que avisar al Gorousei – murmuró para sí, mientras reflexionaba sobre la noticia. Un demonio andaba suelto por el mundo.





Nami se encontraba apoyada sobre la barandilla del barco, mirando hacia su nuevo destino. El lugar parecía apacible, el tipo de isla con temperaturas suaves, y eso la reconfortó. Acababan de salir de un barco fantasma, y necesitaban urgentemente unas vacaciones. Se dirigió con paso lento hacia Luffy, que se encontraba sentado sobre la barandilla al otro extremo de la popa.
-La isla parece agradable. Puede ser el momento de tomarse un descanso – dijo mientras acababa de llegar junto a su capitán.
-Nami… ¿podremos ir a comer carne? ¡Me muero de hambre! Hace años que no como nada… - dijo Luffy, mientras hacia una mueca. Pese a haber terminado de comer hacía unos minutos el resto de las provisiones que quedaban en el barco, Luffy no parecía cansarse de engullir. Poco importaba, de todas formas, en la isla podrían abastecerse. Sin esperar respuesta, el capitán bajó de un salto de la barandilla, y se dirigió corriendo hacia la cocina. Tras no encontrar nada en la despensa, optó por subir a lo alto del mástil para ver mejor.
“En fin, al menos podremos descansar y olvidarnos un poco de todo”, pensó Nami.





El chico bajó corriendo por el camino de tierra hacia la costa, con el corazón latiéndole fuertemente. Tal como esperaba, la gente de la aldea ya sabía la noticia, y pese a que el sol ya se había escondido por completo, un pequeño grupo se distinguía en la playa. Llegó exhausto hasta la fina arena, y repartió su mirada, ya que la luna se encontraba llena y lo iluminaba todo con una luz transparente. Había más gente de la que había esperado, alrededor de unos sesenta hombres, que portaban palas, rastrillos, antorchas… Todo lo que pudiera servir como arma. Los que tenían mayores recursos llevaban escopetas de caza, que se contaban por un total de doce o trece. Las mujeres y los niños se habrían quedado en casa, esperando que todo se solucionara.
“Maldición, ya están muy cerca”, pensó, y miró al barco pirata que se iba acercando sin variar el rumbo.
Capítulo 2:
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CAPÍTULO 2

Llegada

Extrañamente, cuanto más se acercaban, más crecía el mal presentimiento de Nami. Tenía la sensación de que no serían bien recibidos en aquella isla. Lo cual carecía de fundamento, ya que no conocían nada de aquel lugar, ni tampoco de sus gentes. Pero la intranquilidad de la navegante no hacía más que aumentar.
- Así que tú también lo has notado… No podía ser la única – dijo a su espalda Robin, esbozando una sonrisa. Sin duda había advertido la cara de preocupación de su compañera.
- Sí, tengo la intuición de que algo va mal, pero no sabría decir el qué. Por si acaso, les diré a los chicos que mantengan la guardia alta. No sabemos que puede haber allí, y siempre es mejor prevenir que curar – respondió Nami, y seguidamente se dirigió a la proa del barco.

Se encontraban allí Luffy, Sanji, Usopp, Chopper y Brook, discutiendo animadamente. Mientras Luffy gritaba que lo primero que haría sería visitar algún buen restaurante, Nami alzó su mirada para ver a Zoro en la cima del mástil, preparándose para recoger las velas en cuanto fuera necesario.

- Eh, chicos, Robin y yo tenemos un mal presentimiento sobre el lugar al que nos dirigimos – comenzó a decir mientras llegaba junto a todos -. Solo es una intuición, pero me gustaría que mantuvierais los ojos abiertos, por lo que pudiera pasar. No quiero más disgustos –. Haciendo caso omiso de las palabras con voz melosa de Sanji, se dirigió hacia el extremo de la proa y le comunicó lo mismo a Franky, el carpintero, que se encontraba comprobando el mecanismo del ancla. En unos minutos tendrían que soltarla.
- Bah, Nami es una agorera –oyó decir a Luffy-. ¡Yo solo espero que haya mucha carne! – dijo, riendo y gesticulando con las manos.





“No podemos mostrarnos débiles ahora. Debemos valernos por nosotros mismos, aunque el Viejo no esté” pensó el chico, pero lo cierto era que las dudas y la inseguridad asaltaban su corazón. Si no podían defenderse ellos mismos, ¿cómo iban a defender el propio pueblo? Mientras tanto, el barco pirata se acercaba cada vez más, y ya se podía distinguir el mascarón de proa. Una especie de… ¿león? A pesar de eso, el navío no parecía muy grande, lo que significaba que no podía albergar una gran tripulación, y eso le dio confianza. Si se trataba tan solo de escoria pirata podrían acabar con ellos.

- Oye, chico, ¿vas a pelear sin un arma? – le dijo un hombre de mediana edad, acercándose a él-. Esto te servirá, al menos – y le tendió una pequeña daga, que él aceptó agradecido. No le hacía mucha gracia tener que pelear contra unos piratas, pero si quería ayudar al pueblo y a su gente tenía que ser así. Arriesgaría su vida.

Tras unos minutos de espera, finalmente avistaron el barco en todo su esplendor. Tal como parecía de lejos, no era grande, lo suficiente para albergar unas catorce o quince personas. El mascarón de proa efectivamente representaba un león… ¿o era un sol? Pero lo que más le llamó la atención fue la bandera. Tenía la sensación de haber visto ese símbolo en alguna otra parte, y además muy recientemente, pero no sabría decir dónde.
Esperó algunos minutos más, que se le hicieron eternos, mientras el corazón amenazaba con salírsele del pecho. Sabía manejar una daga con cierta destreza, pero no sería suficiente si los piratas eran experimentados. La gente de la playa se encontraba igual que él, presos de la excitación. Al parecer, ninguno se había fijado en la bandera.





En la costa había… ¿gente? Robin se extrañó un poco de la situación. No era normal aquel recibimiento en una isla, y menos aún si no la conocían. Cuando, tras un pequeño periodo de tiempo, el acero relució ligeramente en la oscuridad, fue la navegante quien habló.

- Ahí está el presentimiento. Van armados – resumió.
- Así es. Perfecto, ni siquiera hemos desembarcado y ya hay pelea. Joder. – refunfuñó molesto Sanji, que acababa de llegar junto a ellas.

Aún tardaron un par de minutos en llegar a la costa. Zoro terminó de recoger la vela y Franky soltó el ancla. Uno a uno, fueron bajando del barco, pero apenas tocaron tierra, el grupo de hombres se les echó encima a la carrera, con las palas y rastrillos en alto. Y ellos que habían pensado que serían espadas…

- No parecen peligrosos. Yo me encargo – dijo Zoro, que había sido el último en bajar.

Ni siquiera el cocinero opuso resistencia. A nadie le apetecía luchar en aquel momento. Unos segundos después, Zoro desenvainó una de sus katanas, y en un par de movimientos acabó con todos los atacantes, que cayeron al suelo. Había sido fácil.

- ¡Zoro, no eran una amenaza! ¡No tenías por qué pasarte tanto! – le recriminó el doctor Chopper.
- Eh, eh, tranquilo. Les he dado con el dorso de la espada – se defendió el aludido, encogiéndose de hombros. En efecto, en la arena no había ni una gota de sangre.

Poco después, uno de los hombres se levantó y gritó algo, tras lo cual varios más los siguieron. Los que aún quedaban en la arena se miraron entre ellos, aturdidos, y después salieron corriendo como sus compañeros. Escapaban hacia el centro de la isla, pero los tripulantes no se molestaron en perseguirles.
Luffy, por su parte, que había estado contemplándolo todo desde la retaguardia, se encontró con la mirada de un chico joven, que aún no había huido con los demás. Una mirada extraña, que le hizo sentirse un poco incómodo.





“Tengo que huir. O me matarán.”, se repetía mentalmente una y otra vez. Pero lo cierto era que no podía moverse. Su mente y su cuerpo se encontraban desconectados por una extraña razón, y su mirada seguía fija en aquel pirata del sombrero de paja, que también lo miraba a él, y una mezcla de sentimientos lo invadieron: rabia, odio, miedo… Todo junto, como un torrente desbocado, e hizo que se mareara un poco. Rompió su contacto visual, y echó un vistazo al grupo que había bajado del barco. Aparte del chico del sombrero, había seis personas más de aspecto algo extravagante, un esqueleto y un pequeño ciervo. ¿Un esqueleto? Sí, se estaba mareando.
“¿Cómo ha podido uno de ellos derrotar tan fácilmente a sesenta hombres?”, pensó, mientras posaba su mirada sobre el espadachín, que había vuelto a envainar la katana. Tenía un aspecto terrorífico, y supuso que sería el capitán de la tripulación.
Mientras su cuerpo seguía incapaz de moverse, la banda se acercó con paso lento. Al verles más de cerca, lo cierto es que no parecían tan peligrosos. Es más, no parecían en absoluto peligrosos. Una ola de extraña confianza le invadió, y como movido por un resorte, comenzó a caminar hacia ellos. Aunque escondió la daga que le había dado aquel hombre en un bolsillo, solo por si acaso.





“¿Por qué no se habrá ido con los demás? ¿Acaso busca pelea?”, se dijo a sí mismo Sanji. No parecía dispuesto a salir corriendo, de todas formas, incluso estaba caminando hacia ellos, por tanto decidieron acercarse para hablar con él, y así quizás averiguar por qué les habían atacado los hombres de la isla. Luffy se adelantó un poco del resto, inconscientemente.
Cuando llegaron junto al chico, pudieron observarle con mayor detalle. Rondaría los diecisiete años. Era alto, como los mismos tripulantes. Llevaba el corpulento torso descubierto, pese a ser de constitución delgada, lo que le daba un aspecto ligeramente salvaje, y vestía unos pantalones rojos con grandes bolsillos hasta por debajo de las rodillas. Calzaba unas botas negras no muy gruesas. Su cabello castaño le caía por la nuca en largos mechones desordenados, pero sin embargo no daba la sensación de que necesitara peinarse. Su rostro era una máscara impenetrable, y tenía unos grandes ojos negros puestos en el capitán, como hacía unos segundos, que dejaban entrever algo que estaba misteriosamente oculto tras una sombra. Su mirada era increíblemente intimidatoria.
La imagen, en general, inspiraba respeto, algo bastante impropio en alguien de su edad. Su rostro seguía siendo inescrutable, y su mirada continuaba fija en el capitán. Fue este quien rompió el silencio.

- Hola, mucho gusto en conocerte. Somos una banda de piratas que hemos llegado a esta isla sin intención de invadirla ni de hacer daño a nadie. Lo único que deseamos es poder comer y descansar, llevamos a nuestras espaldas un largo viaje – dijo, en un tono de voz muy calmado, absolutamente impropio del capitán Luffy. Además, esas presentaciones tan cuidadas también chocaban demasiado con su despreocupada personalidad. Eso no le gustó demasiado al cocinero. - ¿Cómo te llamas? Yo soy Luffy, futuro Rey de los Piratas.
El chaval no hizo ningún gesto y ningún sonido salió de su boca. Seguía mirando fijamente a su interlocutor, como queriendo atravesarle.

- Eh, chico, di algo. No somos piratas malvados ni nada por el estilo. No nos tengas miedo – insistió Luffy, pero lo cierto es que en la expresión del chico no había miedo, ni tampoco desafío. Su semblante seguía mostrando una total seriedad.

Tras unos instantes de silencio, el rostro del joven se relajó, y una sonrisa se posó sobre sus labios. Pero era una sonrisa diferente a las de Luffy. Él no enseñaba los dientes, sin embargo emanaba seguridad y tranquilidad. A su modo, su forma de sonreír era tan peculiar como la del capitán.

- Encantado de conoceros – dijo al fin, con una voz absolutamente tranquila -. Mi nombre es Erik.
Capítulo 3:
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CAPÍTULO 3

Hogar

Pasaron unos minutos de conversación, que los piratas aprovecharon para presentarse. Erik quedó un poco sorprendido al descubrir que el que había supuesto que sería el capitán era el segundo de a bordo, y el líder de la banda era aquel chico con el sombrero de paja que había cruzado su mirada.
Los piratas, por su parte, fueron conociendo un poco mejor a Erik. Era una persona de pocas palabras, descubrieron rápidamente, pero se mostraba cortés y confiado. Si tenía algún tipo de preocupación o inquietud, desde luego lo disimulaba perfectamente. Al acabar su pequeña charla, decidieron irse a su propia casa. “Allí podremos descansar. Ya es tarde”, había dicho. “Además, hay sitio de sobra para todos”, añadió, lo cual sorprendió al grupo. Luffy, por su parte, pasado el momento de tensión inicial, había hecho muy buenas migas con el chico.

- ¿Dónde está tu casa? – preguntó Zoro, mientras se dirigían isla adentro guiados por Erik.
- Está a las afueras del pueblo – respondió este, sin dejar de avanzar por el estrecho camino de tierra. No parecía dispuesto a dar más detalles, por lo que el espadachín no insistió. Probablemente les tenía guardada una sorpresa, quiso creer.

Como la gente se asustaría si los veían por las calles, habían decidido que lo mejor sería bordear un poco el pueblo. Por suerte la casa de Erik se encontraba aislada del resto. Tras un rato caminando, finalmente dieron con el edificio, que efectivamente se encontraba separado del pueblo. Se trataba de una construcción enorme, de dos pisos, que contrastaba con las pequeñas casitas blancas que conformaban la villa. Era realmente impresionante.

- ¡Guau, qué pedazo de casa! ¡Es incluso más grande que nuestro barco! – fue la primera reacción de Luffy al verla. Erik fue el primero en entrar, seguido del capitán y del resto de piratas.

El piso inferior se componía de un amplio salón, con un sofá y una mesa de cristal. En la pared del fondo había una chimenea apagada, que servía de adorno, ya que era difícil creer que en aquella isla hiciera frío en algún momento del año. Aparte, había una lujosa cocina, una espectacular biblioteca, una sala con herramientas dedicada a la construcción, un salón de prácticas de tiro, un pequeño laboratorio, un acogedor cuarto que servía de bodega y un acuario parecido al que tenía el Thousand Sunny, el espectacular barco donde navegaba la tripulación. También contaba con tres baños, dos de ellos más pequeños, y uno con una gran bañera. Todos los cuartos aparecían distribuidos con exactitud en la planta, obra sin duda de un excelente constructor. Sí, realmente impresionante.

- Es una casa preciosa – comentó Robin, repartiendo la mirada en todas direcciones, para finalmente posarla sobre Erik -. Pero no es para una sola persona. ¿Vives solo?
- Sí – dijo simplemente. Robin intuyó que no iba a hablar del tema, y no insistió.

Todavía era noche cerrada, y Erik y los demás tenían sueño. El anfitrión decidió que, como había camas suficientes, se irían todos a dormir, y al día siguiente hablarían tranquilamente. Los piratas no opusieron resistencia.
Subieron las escaleras al piso de arriba, que aún parecía más grande que el inferior. Se encontraron con siete habitaciones, con dos camas cada una, excepto la de Erik, que era más pequeña que el resto y solo tenía una cama. Los cuartos estaban limpios, pero parecía que nadie los hubiese usado en mucho tiempo. Robin se preguntó de nuevo para qué querría un chico una casa tan grande. Al día siguiente intentaría descubrirlo, se dijo.
Aparte de las habitaciones, el piso superior también contaba con un gran baño, una sala de estudio con una mesa gigante (seguramente orientada al dibujo o al diseño) y una terraza. Este era el mejor cuarto de todo el edificio, porque daba directamente al pueblo, que se podía contemplar en toda su extensión. Brook lo adoptó inmediatamente como el lugar donde podría tocar su violín a gusto.
Pasada la sorpresa, los piratas se fueron cada uno a su habitación. Por aquella noche, Luffy se quedaría en la misma habitación con Usopp, Sanji con Franky, Chopper con Zoro, Nami con Robin, y Brook dormiría solo. Tras unas palabras de buenas noches, los tripulantes se acostaron en sus respectivas camas, y no tardaron en cerrar los ojos.

Sin embargo, Erik era incapaz de conciliar el sueño. Y esta vez no era por miedo a sus pesadillas, sino por la extraña confianza que había experimentado con el grupo de piratas. Se sentía totalmente desorientado.
Él, que era una persona solitaria.
Él, que nunca confiaba ni sentía la necesidad de confiar en nadie.
Él, que había odiado a los piratas desde tan pequeño.
¿Qué estaba haciendo ahora, ofreciendo su casa a unos desconocidos? Ni él mismo lo sabía. De lo que sí estaba seguro era que había experimentado un nuevo sentimiento para él con ese grupo de piratas. Podía llamarse… ¿amistad? Decidió dejar el tema por el momento, empezaba a dolerle la cabeza.
Dio una vuelta en la cama y comenzó a cerrar los ojos, dispuesto a descansar lo que quedaba de noche. Mientras iba durmiéndose, sin querer, la imagen de aquel joven del sombrero de paja le asaltó. Aquel rostro, con la cicatriz bajo el ojo izquierdo, simplemente le sonaba muchísimo. Tenía la profunda sensación de haberlo visto en alguna otra parte, al igual que le había pasado con la bandera de su barco. Y su nombre, Luffy, con un sombrero de paja… Luffy Sombrero de Paja…

Una vez más, la pesadilla volvió. Caía al vacío, a la oscuridad impenetrable. Chocaba contra el agua como un muñeco, y se hundía más y más… Pero conocía aquel sueño lo suficiente como para saber cuándo era el de siempre, y esta vez no lo era. A través del agua, por encima de la superficie, la escasísima luz le permitió distinguir una silueta… no, una no, nueve siluetas, que aparecían borrosas como espectros salidos de la nada. Uno de ellos, el que parecía estar más cerca, tenía la cabeza extrañamente redondeada.
No, no era la cabeza: llevaba puesto un sombrero.
Erik éstiró el brazo y acercó la mano en dirección a las siluetas, pero estaban demasiado lejos.
Pronto, el dolor le hizo cerrar nuevamente los ojos, mientras se sumergía más y más en aquella oscuridad que lo engullía, en aquel terror irracional.
Y la pesadilla volvió a ser la de siempre.

Al día siguiente, amaneció como pocas veces lo hacía. El sol salió radiante, iluminando todo con una luz vigorosa, y el azul del mar resplandecía como si se tratase de cristal.
Erik despertó temprano. Para no variar, había dormido mal, y lo que menos le apetecía era seguir en la cama. Se incorporó y fue al baño procurando no hacer ruido, se lavó la cara y se despejó. Acto seguido bajó las escaleras, en dirección a la cocina. Había pensado que era el primero en levantarse, y se sorprendió cuando encontró a la arqueóloga Robin sentada en una silla y bebiendo un café.
- Buenos días, Erik – le saludó, con una sonrisa. – No me gusta quedarme en la cama hasta tarde, y bajé a desayunar. Los demás siguen durmiendo. Ah, espero que no te importe que haya usado una de tus tazas.
- No, tranquila. Estás en tu casa – respondió el chico, al tiempo que se echaba también un poco de café en otra taza. Además de Luffy, había simpatizado especialmente con la arqueóloga. Tenía un carácter muy parecido al suyo, calmado y de pocas palabras. Aparte, parecía muy adulta, lo cual contrastaba con el resto de la tripulación.
Ninguno de los dos dijo nada, manteniéndose pensativos, ya que el silencio no era incómodo. Erik le daba vueltas a su nueva relación con aquellos piratas, y se sentía a gusto con ellos. ¿Por qué, si eran el tipo de gente que antaño le habían hecho sufrir tanto? No podía encontrar una explicación.
- Gracias – la voz de Robin sacó a Erik de sus pensamientos, sobresaltándolo – por prestarnos tu casa, digo – añadió, al ver el gesto confundido del joven.
- Ah, no hay de qué. Supongo que nadie en el pueblo os hubiera dado cobijo, y no hubiera podido abandonaros a vuestra suerte – respondió Erik, sonriendo. Lo cierto es que no había pensado en la reacción del pueblo. Habían huido, sí, pero no había vuelto a saber de ellos. Seguramente se encontrarían muy intranquilos por lo sucedido. Más tarde iría a hablar con ellos, para que no se preocuparan.
- No debe ser fácil confiar en unos piratas así, de primeras – dijo Robin con cierto misterio. Había dado en el clavo. Erik pronto comprendió que aquella mujer tenía la extraña habilidad de advertir las inquietudes de los demás. Por una parte, se sentía molesto; había cosas que prefería guardarse para sí, pero a la vez sentía la necesidad de poder confiar en alguien. De poder contar sus preocupaciones, de apoyarse en otra persona cuando lo necesitara.
- ¿Ocurre algo? – preguntó la mujer, tras unos momentos de silencio. Erik se descubrió a sí mismo con expresión preocupada. Además, no había contestado a la pregunta anterior, que la arqueóloga había formulado estratégicamente como si fuese una afirmación.
- No… No es fácil – asintió por fin, apartando la vista. No quería hablar del tema, no por ahora. Se sintió aliviado cuando descubrió que Robin no iba a insistir, ya que se encontraba con la mirada puesta en una pequeña estantería pegada a la pared. Erik intuyó qué era lo que le había llamado la atención.
- ¿Puedo coger ese libro? – preguntó, educadamente. Erik se encogió de hombros y asintió, y Robin dio el último sorbo a su café y se dirigió a la estantería. Cogió el grueso libro de pasta negra y volvió a la mesa. - ¿Es tuyo? – preguntó, mientras se sentaba.
- Así es. Me lo regaló mi madre cuando yo era muy pequeño. Me dijo que se trataba de un libro muy importante, pero el caso es que… bueno, yo no sé leer – dijo Erik, bajando la mirada ligeramente avergonzado.
Robin no dijo nada, ni hizo ningún gesto. Observó la tapa del libro, de un negro muy profundo. Le llamó la atenció el hecho de que no hubiera ningún título escrito, ni siquiera en el lomo.Intrigada, abrió el libro por la primera hoja. En las primeras líneas estaba escrito algo de la historia de la isla: “Godsea Island”, se llamaba, que quería decir “La Isla del Dios del Mar”. Bonito y adecuado nombre. También pudo leer algo sobre líderes antiguos, personajes importantes nacidos allí… Robin avanzó unas cuantas hojas más, hasta que vio algo que la hizo detenerse. El nombre del Rey de los Piratas, Gol D. Roger, aparecía escrito en una de las páginas. Estaba además acompañado de fragmentos de algunas de sus aventuras, y las de algunos piratas famosos, como Silvers Rayleigh, apodado “El Rey Oscuro”, el segundo a bordo del barco de Roger. Robin avanzó un par de páginas más, y cuando lo vio, su corazón se olvidó de latir por unos segundos.
Un pequeño fragmento del libro estaba escrito en Lengua Antigua, en la que también estaban escritos los Phoneglyphs, y el texto hablaba de las mismas piedras. La arqueóloga pasó la página con respiración agitada, pero cual fue su sorpresa al descubrir que las hojas que debían hablar sobre el Phoneglyph tan solo presentaban fragmentos recortados en los extremos. Habían sido arrancadas.
Robin suspiró, pero cerró el libro. Unos pasos delataron que algún miembro de la tripulación se había levantado. “Más tarde le pediré a Erik que me deje investigarlo”, se dijo.
La puerta de la cocina se abrió lentamente, para dar paso a Sanji y a Franky. Sin duda habían pensado que eran los primeros en levantarse.
- Oh… ¡ya estáis aquí! Y nosotros sin querer hacer ruido… - dijo el carpintero al verles. Sacó una botella de cola de una caja que él mismo había traído del barco, y que dejó en una esquina de la cocina. Sanji, por su parte, se acercó a la encimera y sacó los ingredientes necesarios para preparar unas tortitas.
- Si me hubierais esperado un poco más, os habría preparado el desayuno – sonrió, tras saludarles.
- No te preocupes. Además, los invitados no tienen por qué cocinar – respondió Erik, sonriendo también. De todas formas, no tenía mucho apetito. Bebió el último trago de su café y miró a la puerta, que se abrió para dar paso a una adormecida Nami. Tras ella apareció Brook, con su inseparable violín.
- Buenos días a todos. He dormido genial – dijo Nami, bostezando –. Huele bien.
- Las tortitas ya están hechas. Brook, ¿serías tan amable de despertar a los demás?
- ¡Por supuesto! – dijo el esqueleto, y subió al piso de arriba acompañado de una espantosa melodía, que bastó para que los demás se despertaran. Y al grito de “¡Tortitas!” Luffy, Chopper y Usopp irrumpieron en la cocina con los ojos brillantes. Zoro se presentó unos segundos después.
- ¡Huele genial! – exclamó el capitán, robando parte del desayuno que Sanji les había preparado.

Ya estaba toda la tripulación reunida. Erik observó a cada uno de ellos detenidamente, descubriendo que era un grupo bastante peculiar. Pese a ser todos tan diferentes entre ellos, parecían llevarse de maravilla. Una de las cosas que más le sorprendió fue que el capitán no trataba a los demás como subordinados, como sabía que hacían otros piratas, sino como amigos. Una patada por parte de Sanji al capitán por un segundo intento de robar las tortitas lo confirmó. Fue posando la mirada sobre cada uno de ellos.
Luffy, un chaval delgado, con un inseparable sombrero y una cicatriz bajo el ojo izquierdo. Su apetito parecía insaciable, ya que se comía las tortitas de diez en diez. A ese paso no quedarían para nadie; por suerte en su cocina tenía muchísimas provisiones.
Zoro, el espadachín de la tripulación, que había derrotado a cincuenta hombres de la aldea con un par de movimientos. Parecía amar a sus tres katanas tanto como el capitán a su sombrero. Tenía un aspecto bastante siniestro.
Nami, la navegante, con bastante mal genio. Parecía muy amiga de la arqueóloga, y tenía una especie de bastón que le había visto cuando desembarcaron. Erik se preguntó para qué serviría.
Sanji, el cocinero. Tenía una ceja extrañamente rizada, y el pelo rubio le tapaba un ojo. Cuando Erik probó una de las tortitas, descubrió que era un gran chef. Él y el espadachín no parecían llevarse precisamente bien.
Usopp, el tirador. Se llevaba muy bien con el capitán, y tenía una nariz kilométrica. También tenía gran apetito.
Robin, la arqueóloga. Ya había intercambiado varias palabras con ella, y le caía muy bien. Un carácter muy parecido al suyo. Erik se preguntó qué la habría sorprendido tanto de aquel libro que le había dejado.
Franky, el carpintero. Una especie de robot con la nariz metálica y con un gran tupé azul que desafiaba la gravedad. El enorme tamaño de sus antebrazos daba risa.
Chopper, el médico. Al principio había creído que era un mapache, pero cuando se lo llamó, este casi le tira una piedra a la cabeza. Después de aquello, jamás olvidaría que se trataba de un reno.
Brook, el músico. Un esqueleto parlante. Algo absolutamente normal. Nunca se separaba de su violín, y tenía la terraza del piso de arriba como si fuese un altar.
Cuando Erik terminó de observar al grupo, descubrió que Nami, la navegante, le miraba fijamente.
- Oye, Erik, ¿tú sabes por qué nos atacaron antes? – dijo. Evidente. Aún no se lo había explicado a nadie, y debían sentirse confundidos. Era una historia larga, pero debía aprovechar que estaban todos juntos. De todas formas, había detalles que procuraría mantener ocultos. Carraspeó ligeramente, y comenzó a hablar:
- Hay algo que me gustaría que supierais – dijo, y las miradas de nueve personas se posaron sobre él.
:gota: :gota: :gota: :gota: No me deja poner más caracteres, así que a partir del Capítulo 3 os las tendréis que arreglar por vosotros mismos xD

Un saludo.
Última edición por Shawn el Vie Oct 23, 2009 5:58 pm, editado 3 veces en total.
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por rido »

Vaya, casi ocupa más la presentación que el prólogo en sí.
Ereum escribió:¡¡¡Aaaah, se me olvidaba!!! Soy jodida y absolutamente pésimo para elegir los títulos (tanto de la obra en sí como de los capítulos). Tengo pensado, una vez que el fic avance un poco, en hacer una encuesta donde pondré ideas vuestras en cuanto al título, para poner uno que sea adecuado. Pero bueno, eso se irá viendo, por ahora es un proyecto. Y sin enrollarme más, que creo que es suficiente, ahí va el Prólogo de lo que puede ser la mayor bazofia del siglo ^^:
O no... Bueno, que conste que yo también soy bastante pésimo eligiendo los títulos, así que no te preocupes. Mal de muchos consuelo de... bueno, creo que la frase no es la más adecuada... En fin, que en respuesta a lo que me decías en mi galería, y con ganas de pillar un fic desde el principio, aquí me tienes.

Antes de empezar el comentario (que al final haré después de clase, ya verás), te invito a pasarte por la Ohara Tree Library, echarle un vistazo a lo que hay por ahí (es poco, estamos empezando) y unirte si quieres.

Ahora sí, al tajo:

Antes de entrar en materia, con sólo un vistazo por encima sí te diría que le metieras un interlineado más entre párrafo y párrafo. Lo haces más cómodo para la lectura, porque hay menos riesgo de confusión. Créeme, tus lectores lo agradeceremos cuando comiences a escribir capítulos más largos que este (porque créeme, lo harás xD).

Entrando ya al capítulo, lo primero que quiero es felicitarte por la corrección con la que escribes. No hay grandes fallos ni de ortografía, ni de sintaxis. Un estilo muy directo, con frases cortas, adecuadas al planteamiento que has elegido, no insistes en las palabras... Muy correcto a nivel "técnico". Así que nada que objetar. Bueno... habría un par de párrafos hacia el final que yo hubiera puntuado (en cuanto a uso de comas y tal) de otra forma... pero yo soy bastante rarito al respecto, lo reconozco xD

Pasando ya al nivel argumental... Bueno, es un prólogo, así que es bueno no plantear más que unas pinceladillas (si hay que plantear algo, que tampoco es nada). Te centras casi exclusivamente en la presentación del personaje y de su ambiente. No está mal, es una opción muy válida para un prólogo, pero no olvides que a partir de ahora la cosa cambia y ya es bueno ir entrando en materia desde el principio. Aunque no hace falta que lo plantees todo, todo, todo... sí es bueno que no te demores mucho a la hora de más o menos orientar el argumento ^^

Un último apunte... Un consejo que le dió un compañero "escribidor"* a otro hace poco. Aunque estemos en un foro de One Piece y esto sea un fic de One Piece, sería bueno que explicaras las cosas un poquito, como si no estuviera dirigido a un público que conoce la materia. Me explico: hablas de Red Line, de Nuevo Mundo... pero un tío que llegara y leyera sin estar enterado de qué va OP no pillaría bolla de lo que estás diciendo. No te digo que sueltes un macrorrollo que te cagas... sino que, simplemente, cuando toque algo así inviertas un par de frasecillas (no más, tampoco te pases) en explicarlo. Ahora en este prólogo ya no, pero bueno, poco a poco sí puedes ir haciéndolo...

Y... creo que no tengo nada más que decir acerca del prólogo. Bueno, sí, mucha suerte y ánimo ^^
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Shawn
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por Shawn »

Dios, tengo tantas cosas que decir que se me olvidarán todas xD

En primer lugar, infinitas gracias Rido, por leer mi creación amorfa y comentarla ^^. Lo del interlineado, bueno, la cuestión es que yo trabajo en el Word, entonces ahí puede que se lea un poco más cómodo. Ahora que lo dices si que queda muy tocho xD. Sobre lo de las comas al final del prólogo... buah, qué coño, tienes razón. Pongo 6 comas en una frase de 5 palabras :D En fin, ya dije que muchas veces uno no es consciente de sus errores y solo se da cuenta cuando es otro el que te lo dice...

Otro punto, el del nivel argumental... bueno, yo actualmente tengo 3 capítulos (más este prólogo) escritos, y he empezado con el cuarto. La cuestión es que lo que es el argumento principal, todavía lo estoy desarrollando. Poco a poco se me van ocurriendo ideas, algunas me convencen y otras no. Es decir, lo que es el eje lo tengo más o menos claro, pero no toda la trama. Espero que todo se vaya solucionando.
Te centras casi exclusivamente en la presentación del personaje y de su ambiente.
Eso era más o menos lo que pretendía :D Lo que sí he hecho muy a drede ha sido ocultar el nombre. Voy a soltar un pequeño spoiler predecible: este será uno de los protagonistas.
En fin, me he centrado sobre todo en su personalidad, pero creo que el fallo ha sido hacerlo demasiado complicado. Me cuesta muchísimo manejarlo... pero todo se aprende con la práctica xD
Un estilo muy directo, con frases cortas,
Voy a confesar que uno de mis deseos es poder escribir frases más largas. Pero sencillamente no me salen, y mira que lo intento :x Supongo que cada uno tiene su forma de escribir ^^

Y, por último, y termino con esta parrafada, sobre lo de la explicación de algunos términos de One Piece... reconozco que di por hecho que la gente que leyera el fic sabría de sobra a qué me refería... fallo por mi parte. Lo tendré en cuenta la próxima vez.

Si has llegado hasta aquí leyendo todo lo anterior, aquí está la recompensa, ¡el Capítulo 1! :D :D :
Spoiler: Mostrar
CAPÍTULO 1

Tierra a la vista


El sol ya comenzaba a declinar bajo la línea del mar, y sus rayos todavía sobresalían, como sin querer escapar. Poco a poco, la gran esfera se fue escondiendo, como tragada por una gran boca hambrienta. Una puesta de sol vista desde un barco, con el arrullo de las olas y la limpia y agradable brisa marina, con el azul del mar envolviendo cada rincón, era uno de los espectáculos más bellos que se podían encontrar.

El espadachín, embriagado por el movimiento del barco, que se mecía lentamente sobre el agua, ya comenzaba a cerrar los ojos. Esa noche le tocaba guardia, pero siempre se quedaba dormido. No importaba, de hecho, ya que sus agudos sentidos le avisaban sobre cualquier peligro, despertándolo. Antes de sumirse por completo en su sueño profundo, algo en la lejanía captó su atención. Frotó su cara con las manos para despejarse, y entornó los ojos para ver con más claridad. No, no lo había imaginado, llegaban a una isla.

Sabía lo que sucedía cada vez que descubrían un nuevo destino: El capitán empezaba a dar saltos de alegría con los ojos brillantes, la navegante se preparaba para estudiar el clima de la isla, el tirador fanfarroneaba acerca de los amigos que tenía en el lugar, el doctor junto con la arqueóloga se disponían a visitar alguna librería, el cocinero deseaba poder conocer y comprar más comida, el músico ansiaba poder tocar su violín en algún espectáculo, el carpintero se preparaba para poner el navío a punto en pos del desembarco… siempre igual.

“Maldición, justo cuando empezaba a conciliar el sueño…” gruñó, molesto. Pero su deber como vigía le obligaba a informar a todo el mundo de la situación.
El espadachín solo esperaba que pudiera tomar una botella de sake bien frío y relajarse un poco. Tampoco necesitaba más. Recorrió con su mirada la superficie del barco, y vio al capitán recostado en la barandilla, durmiendo. “Eso debería estar haciendo yo”, afirmó para sí, aún más cabreado. Seguramente estaría soñando con un gran trozo de carne.

- ¡Luffy! – le gritó al capitán. - ¡Acabo de ver una isla! – añadió mientras bajaba de un salto de lo alto del mástil, donde se encontraba. Se dirigió con paso decidido hacia él, pero la puerta de la cocina se abrió estrepitosamente. Tras ella apareció Sanji, el cocinero rubio.
- ¿Qué son esos gritos, cabeza de alga? – preguntó, empezando un cigarrillo.

“¿Pero acaso puede salir todo peor?”, pensó desesperado el espadachín.

- Si pegas esos portazos, asustarás a todos. – le dijo, ignorando el insulto del cocinero. – Además, ¿qué haces aún levantado? Esta noche me tocaba la guardia a mí.
- Bueno, me levanté a beber un poco de agua, nada más.
- Está bien – suspiró Zoro, el espadachín -. Decía que acabo de…
Una voz le interrumpió.
- Maldición, ¿qué hora es? Tengo hambre… ¡Sanji, comida! ¿Zoro? ¿Qué haces ahí? ¡Qué hambre! ¡Comida! ¡Comida! ¡Comidaaaaa! ¡¡¡Me muero de… - Luffy cayó al suelo cuan largo era, interrumpido por un golpe en la nuca. La navegante, Nami, acababa de aparecer tras él.
- Cállate de una vez, me pones histérica. ¿Qué pasa, qué son esos gritos?

Zoro respiró hondo y optó por mantener la cabeza fría. “Quizás si me hubiese escapado cuando tuve ocasión, ahora no tendría que aguantar a estos idiotas…”, pensó, recordando el día que Luffy lo rescató de la Marina, tiempo atrás. Parecía haber pasado una eternidad desde aquello. Dirigió su mirada a la navegante.

- Nami, acabo de ver… - su voz quedó interrumpida de nuevo a causa de una horrible música provinente de la proa del barco. La voz del esqueleto Brook, el músico, sonó estridente por todo el navío.
- ¡El sol sale desde las montañas! ¡¡¡Hora de levantarse!!! ¡Ah, pero si no es de día! – vociferó el esqueleto, que ya se había reunido con todos. Repartió su vista entre los presentes, para encontrarse con la mirada fría y asesina de Zoro. Decidió cerrar la boca.
- Espero no ser interrumpido esta vez – continuó Zoro –. Como iba diciendo, acabo de ver… - y señaló con el dedo el horizonte - …que nos acercamos a una isla.
- Vaya, tierra firme. Ya era hora – comentó Nami, al tiempo que miraba su Log Pose. Se acercó a la barandilla del barco y miró hacia donde señalaba el espadachín. Efectivamente, una isla no muy grande se distinguía a lo lejos – Bien, el Log Pose apunta directamente allí. Será nuestra próxima parada. Yo debería ir a ver si averiguo algo acerca del clima de la isla.
- Tenía ganas de pisar tierra firme. Además, tendría que comprar algo de comida. Se nos acaban las provisiones – dijo Sanji, exhalando una bocanada de humo.
- Sí, y a mí me gustaría visitar alguna librería, si hay. – la silueta de Robin, la arqueóloga, se hizo visible acercándose desde la proa del barco.

Zoro sonrió. De momento no se había equivocado en cuanto a lo que dirían sus compañeros al oír la noticia. “Mucho tiempo juntos”, admitió para sí.

- ¿Qué le ha pasado al capitán? – preguntó Robin con una carcajada contenida. Había advertido el enorme chichón en la nuca de Luffy.
- Bueno, no se callaba y tuve que tomar medidas. Tendremos que despertarle – dijo Nami, y se encogió de hombros.
- De eso me encargo yo - afirmó Brook con seguridad, acercándose a Luffy. Acto seguido, comenzó a tocar una horrible melodía, que hizo que la cara del capitán se crispara por el desagrado. Se incorporó bruscamente con expresión desconcertada.
- Eh, Luffy, acabamos de ver una isla. – le informó Zoro. El capitán abrió mucho los ojos, y enseguida corrió hacia el extremo de la popa.
- ¡Sí, genial! ¡Puedo verla! ¿Habrá carne? – comenzó a gritar, con los ojos brillantes de la emoción. Otro pronóstico acertado de Zoro.
- No tiene remedio… - murmuró resignado Sanji, mientras se retiraba hacia las habitaciones – Iré a avisar a los demás. Debemos estar preparados para desembarcar, aunque sea noche cerrada.





El chico había vuelto a casa de su paseo, y se había puesto a dibujar sobre su mesita. Había comenzado a trazar el boceto del bosque que acababa de visitar, intentando plasmar su silencio y tranquilidad sobre el papel. Para qué negarlo, se le daba francamente bien eso de dibujar. Sentía que era una forma de expulsar y expresar sus sentimientos, ya que no era capaz de hacerlo mediante las palabras.
Pero cuando despertó, no sabría decir cuanto tiempo después, le dolía salvajemente el cuello y la espalda. Se había dormido sobre la mesa, y cómo no, la pesadilla había vuelto. Descubrió que el dibujo del bosque que había hecho y que estaba casi terminado, ahora presentaba unas manchas emborronadas. Y su cara estaba un poco húmeda. Se llevó la mano a los ojos con cuidado, y recogió sin querer una lágrima discreta: había estado llorando mientras dormía; no era la primera vez que le pasaba.

Seguramente el cansancio acumulado de la otra noche, en la que no había dormido nada, le había pasado factura de golpe. Tal como había hecho la vez anterior, se sentó sobre el alféizar de la ventana. Descubrió que el sol acababa de esconderse, y la luna iluminaba el paisaje con claridad. Procuró no mirar directamente al mar, pero aquella vez, sin embargo, algo en la lejanía captó su atención. Tuvo un mal presentimiento, y cuando a través de la transparente oscuridad de la noche la silueta de lo que se acercaba se volvió más nítida, un sentimiento mezclado de terror y odio invadió su cuerpo y su mente. Lo que lentamente avanzaba hacia su isla eran las velas de un barco.
Golpeó fuertemente con el puño el alféizar, y se mordió el labio inferior, haciéndose daño.
Era un barco pirata.





- ¿Alcaide Magellan? ¿Alcaide? ¿Está usted ahí? – un oficial de la Marina andaba con paso nervioso por el pasillo de la cárcel. No le gustaba especialmente el lugar; aparte del calor, era húmedo y oscuro, y eso de las celdas con los presos por todos lados le incomodaba un poco. Él estaba más acostumbrado a tranquilas reuniones con sus superiores cercanos, en las salas luminosas y confortables de la fortaleza H-6, su lugar natural de emplazamiento. Pese a ello, hacía muy poco que le habían trasladado a Impel Down, donde se encontraba ahora. Lo mismo había pasado con algunos cientos de oficiales más, que ahora se encontraban divididos entre otras bases de la Marina, o también en aquella misma cárcel. Si esos malditos revolucionarios no hubieran tomado la fortaleza, ahora se encontraría bebiendo un café en su pequeña salita, mientras esperaba que le llegara el turno de guardia. Decidió no pensar en ello, y se centró en el problema que se le venía encima. A él le habían asignado el papel de dar la noticia al jefe, y un oficial de la Marina no debía amedrentarse. Por mucho que le aterrorizara el alcaide.
La voz de Magellan resonó tras una puerta al final del corredor. La puerta del baño. Unos instantes después, los pasos del jefe de Impel Down, la cárcel más importante del Gobierno, hicieron eco a través de todo el pasillo. El oficial esperó pacientemente a que llegara junto a él, adoptando la pose erguida de un subordinado cuando se dirige a su superior.
- ¿Qué quieres ahora? ¡Todo el mundo sabe que no estoy de humor en mis ataques de diarrea! – exclamó enfurecido, mientras dirigía su mirada al marine.
- Verá, alcaide Magellan… - bajó la mirada e hizo una pausa; no sabía por donde empezar. El jefe se enfurecería sí o sí, así que decidió soltarlo todo del tirón. - … resulta que en el Nivel 6 de la prisión, alguien ha conseguido burlar las defensas y… ha huido. Tenemos varias bajas de oficiales en toda la prisión, nada importante, de hecho. Parece que el preso se ha tomado la molestia de pasar desapercibido, y solo ha matado a quienes consideró necesario.
- ¿¡QUÉ!? ¡Eso es absolutamente imposible! ¿Y en el Nivel 6? Nadie es lo bastante poderoso como para escapar de este lugar tal y como se encuentra ahora, y mucho menos del nivel más profundo. – más que molesto, el alcaide estaba impresionado. Aquella cárcel era el edificio más impenetrable de todo el mundo, por algo era la prisión más importante del Gobierno. Si se hacía pública la noticia de que alguien había conseguido escapar, sería fatal para la Marina; seguramente los piratas tomarían confianza y las rebeliones serían constantes, y eso era algo inadmisible - Dime, ¿quién ha sido el desgraciado?
“Esto no le va a gustar nada. Si salgo vivo de aquí será un milagro”, pensó el oficial, bajando la mirada.
- Verá, jefe, se trata del preso número… - hizo una breve pausa, pero la impaciencia de Magellan le hizo continuar - … del preso número 754.
El soldado no pudo seguir hablando, ya que notaba cómo iba quedando dormido. Su vida se le escapaba gota a gota, gracias al efecto del veneno de Magellan. Un veneno producto del enfado, o simplemente de la incredulidad.
- No puede ser. Hay que avisar al Gorousei – murmuró para sí, mientras reflexionaba sobre la noticia. Un demonio andaba suelto por el mundo.





Nami se encontraba apoyada sobre la barandilla del barco, mirando hacia su nuevo destino. El lugar parecía apacible, el tipo de isla con temperaturas suaves, y eso la reconfortó. Acababan de salir de un barco fantasma, y necesitaban urgentemente unas vacaciones. Se dirigió con paso lento hacia Luffy, que se encontraba sentado sobre la barandilla al otro extremo de la popa.
-La isla parece agradable. Puede ser el momento de tomarse un descanso – dijo mientras acababa de llegar junto a su capitán.
-Nami… ¿podremos ir a comer carne? ¡Me muero de hambre! Hace años que no como nada… - dijo Luffy, mientras hacia una mueca. Pese a haber terminado de comer hacía unos minutos el resto de las provisiones que quedaban en el barco, Luffy no parecía cansarse de engullir. Poco importaba, de todas formas, en la isla podrían abastecerse. Sin esperar respuesta, el capitán bajó de un salto de la barandilla, y se dirigió corriendo hacia la cocina. Tras no encontrar nada en la despensa, optó por subir a lo alto del mástil para ver mejor.
“En fin, al menos podremos descansar y olvidarnos un poco de todo”, pensó Nami.





El chico bajó corriendo por el camino de tierra hacia la costa, con el corazón latiéndole fuertemente. Tal como esperaba, la gente de la aldea ya sabía la noticia, y pese a que el sol ya se había escondido por completo, un pequeño grupo se distinguía en la playa. Llegó exhausto hasta la fina arena, y repartió su mirada, ya que la luna se encontraba llena y lo iluminaba todo con una luz transparente. Había más gente de la que había esperado, alrededor de unos sesenta hombres, que portaban palas, rastrillos, antorchas… Todo lo que pudiera servir como arma. Los que tenían mayores recursos llevaban escopetas de caza, que se contaban por un total de doce o trece. Las mujeres y los niños se habrían quedado en casa, esperando que todo se solucionara.
“Maldición, ya están muy cerca”, pensó, y miró al barco pirata que se iba acercando sin variar el rumbo.
Bueno, espero que me digáis qué os ha parecido. No sé, pero no me convence mucho. A lo mejor es el diálogo del barco, o lo de alternar distintas situaciones, o confusión entre párrafos... No sé. A ver si alguien "de fuera" me lo dice (*ejem* Rido *ejem*... es broma xD). De todas formas, el segundo y el tercero creo que son un poco mejores.

Pero por ahora, con el primero creo que es suficiente. Espero que lo disfrutéis.
Un saludo.
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por rido »

Ereum escribió:Otro punto, el del nivel argumental... bueno, yo actualmente tengo 3 capítulos (más este prólogo) escritos, y he empezado con el cuarto. La cuestión es que lo que es el argumento principal, todavía lo estoy desarrollando. Poco a poco se me van ocurriendo ideas, algunas me convencen y otras no. Es decir, lo que es el eje lo tengo más o menos claro, pero no toda la trama. Espero que todo se vaya solucionando.
La trama también irá creciendo por sí sola. A medida que vayas profundizando en ella y en los personajes, irás dándote cuenta de que hay aspectos que te interesa trabajar más por tal o cual motivo. Cuestiones que ves que resultan, cuestiones que no... Mientras tengas más o menos claro un esqueleto, no hay problema. Eso sí, date la suficiente libertad como para modificar lo que sea en el momento que lo veas oportuno (siempre de una forma coherente, entiéndeme, no nos des bandazos porque sí).
Ereum escribió:En fin, me he centrado sobre todo en su personalidad, pero creo que el fallo ha sido hacerlo demasiado complicado. Me cuesta muchísimo manejarlo... pero todo se aprende con la práctica xD
Hacer un personaje complicado no es un fallo. Nunca lo es. Ten en cuenta que por mucho argumento y que por muy bien hilada que esté la trama, el verdadero cuerpo de la historia van a ser los personajes y los ambientes en los que se muevan. Cuida mucho estos aspectos y tendrás gran parte de la batalla ganada, porque es lo que marca el paso entre que la cuestión quede en un simple folletín o tenga realmente empaque y quede bien de verdad.
Ereum escribió:
Un estilo muy directo, con frases cortas,
Voy a confesar que uno de mis deseos es poder escribir frases más largas. Pero sencillamente no me salen, y mira que lo intento :x Supongo que cada uno tiene su forma de escribir ^^
Don't worry, be happy. Eso es algo que se va consiguiendo con la práctica. Es cuestión de leer y escribir y al final las cosas salen solas, el estilo se va depurando, etc. etc. etc. En cualquier caso, no te obsesiones con el tema. En este caso la narración pedía frases más o menos cortas (sobre todo la primera parte, estás describiendo una pesadilla y el mundo onírico es muy confuso, eso lo consigues acortando las frases), así que... bien ^^
Ereum escribió:Y, por último, y termino con esta parrafada, sobre lo de la explicación de algunos términos de One Piece... reconozco que di por hecho que la gente que leyera el fic sabría de sobra a qué me refería... fallo por mi parte. Lo tendré en cuenta la próxima vez.
No es un fallo, simplemente es una sugerencia por mi parte (bueno, de parte de quien se la había escuchado yo antes). Tú no te preocupes.

Antes de entrar en el capítulo (ya lo leo ahora ^^) sólo una cuestión. No tengas prisa. Aunque los tengas escritos, que los capítulos no te quemen en las manos. Reléelos, márcate plazos... En mi época más prolífica (desde la mitad o antes de Memorias) me propuse firmemente publicar una vez a la semana (los jueves, concretamente), aunque llegara a tener escritos hasta 10 capítulos más. Ahora... la musa está más petarda y no llego a ese ritmo, pero aún así sigo procurando respetar ese margen.

Se trata de no atosigar a los lectores. Ten en cuenta que puede que no se conecten todos los días para leer las novedades diarias y que si, a lo mejor, faltan una semana, encontrarse con 7 capítulos de golpe puede ser duro... y al final terminan sin leerlos. (Es la experiencia la que habla, te lo aseguro ^^)

En fin, ahí vamos con el capítulo:

Si te he de ser sincero, usar a los Mugiwara no me termina de convencer del todo, igual que no me convencería que usaras a los genin-ya-no-tan-genin de Konoha si fuera de Naruto, o a Ichigo y cía si fuera de Bleach o... ya me entiendes, supongo ^^ Hacer un fanfic sobre una obra aún en progreso supone ciertos riesgos, como la necesidad de ajustarse a lo que el autor va innovando en cada momento, pero si, además, adoptas a los protagonistas... peor aún. No es que esté mal, es que creo que te sería más cómodo no meterlos (de hecho, la última de Historias Piratas - un tema en el que te invito a leer y a participar - ha sido deshacernos de ellos para evitarnos más engorros). No sé cuáles son tus planes exactamente con ellos, pero bueno... por si acaso xD

Igual de correcto a nivel técnico que el prólogo. Te vuelvo a insistir un poco en lo de la puntuación, pero lo demás está bastante bien.

Sí que vas a notar que soy muy pesado con el tema de los diálogos. Es uno de los aspectos en los que más me fijo (cuando aparecen, claro, no te iba a comentar nada en el prólogo que casi no hay). Ninguna queja hasta el momento, la verdad. Has tratado de reproducir el ambiente a bordo del Sunny y lo has logrado... a medias. Me faltan algunas bromas absurdas (Brook, Usopp y Cía). ¿Ves? Ese es otro problema: los conocemos tanto y estamos tan influidos por Oda y por nuestras impresiones acerca de ellos que... bueno, nos hace ser más críticos al respecto ^^.

Respecto a lo que dices al final... no sé. Tampoco conozco cuáles eran tus intenciones originales. Lo de alternar escenas no está mal. Sí que se hace confuso porque es un mecanismo más habitual de las historias gráficas (sea comic/manga o en medios audiovisuales), pero tampoco es raro en un fic. Además, lo señalas muy bien separando los párrafos.

No te preocupes, hay capítulos mejores y capítulos peores. Este no está mal, y ya verás como más adelante vas consiguiendo hacer cosas más consistentes.

PD: Me acabo de dar cuenta de lo de tu nick... ¿Algún destinatario especial?
PD2: Respecto a lo del Word, pon en el espaciado entre párrafos a 0 y dale un enter más entre párrafo y párrafo. Así ya te queda igual aquí que allí ^^
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por fate »

sere sinsera contigo al principio cuando bi lo que llebabas escrito me dio mas que flojera leerlo :lol: pero lo lei y me llamo mucho la atencion tu forma de narrar la historia mientras mas leia mas ganas me daban de segir leyendo aun que tubiera un sueño de los mil demonios
pareisera que les dijo a todos lo mismo(aun que creo que es asi :gota: )pero espero que subas el prox cap luego quiero saber lo que pasa con los mugiwara y quel chico que no le gusta el mar
espero que lo subas para ser la primera en leerlo :o
bye bye
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por Shawn »

Hola!! En primer lugar, gracias a Rido, a fate y a todos los lectores por gastar un poco de su tiempo en leer esto. Me había prometido a mí mismo no postear nuevamente hasta pasado un tiempo, ya que como saque muchos capítulos de golpe me va a pillar el toro. Como ahora ya hay curso, no tengo demasiado tiempo de escribir... normalmente me "obligo" a ello por las noches... ahora, en cuanto me pongo, tengo que parar porque me dan las 2 de la mañana y al día siguiente hay que madrugar xD

En fin, que pese a mi promesa no he podido evitar responder a los comentarios...

Vamos a ver, empiezo respondiendo a Rido ^^:
La trama también irá creciendo por sí sola. A medida que vayas profundizando en ella y en los personajes, irás dándote cuenta de que hay aspectos que te interesa trabajar más por tal o cual motivo. Cuestiones que ves que resultan, cuestiones que no... Mientras tengas más o menos claro un esqueleto, no hay problema. Eso sí, date la suficiente libertad como para modificar lo que sea en el momento que lo veas oportuno (siempre de una forma coherente, entiéndeme, no nos des bandazos porque sí).
Claro, claro, a lo que me refería era que más o menos tengo claro cuáles van a ser los protagonistas, cual va a ser el tema de la obra... Lo que me falta es encontrar ese punto que me haga conducir la historia por el camino correcto. Puede ser que lo que me falte es presentar al antagonista (que más o menos lo tengo pensado, y lo desarrollaré en los siguientes capítulos, cuando más o menos quede instalado el principio). Siento no poder explicarme mejor, pero si no tengo que revelar puntos importantes de la historia, y no quiero eso xD De todas formas, espero que me guíes un poco en esto según vayan avanzando los capítulos. Por ahora, no espero que me entiendas (no me entiendo ni yo :D ).
Hacer un personaje complicado no es un fallo. Nunca lo es. Ten en cuenta que por mucho argumento y que por muy bien hilada que esté la trama, el verdadero cuerpo de la historia van a ser los personajes y los ambientes en los que se muevan. Cuida mucho estos aspectos y tendrás gran parte de la batalla ganada, porque es lo que marca el paso entre que la cuestión quede en un simple folletín o tenga realmente empaque y quede bien de verdad.
Quizas "fallo" era la palabra equivocada. Quería decir que es un personaje con una personalidad un tanto extraña, que ya se verá en los siguientes capis, y que me cuesta mucho manejarlo, "ponerme en su piel". Todavía ni siquiera yo le conozco demasiado bien, y tengo que trabajarlo un poco más para poder controlarlo a la perfección.
Don't worry, be happy. Eso es algo que se va consiguiendo con la práctica. Es cuestión de leer y escribir y al final las cosas salen solas, el estilo se va depurando, etc. etc. etc. En cualquier caso, no te obsesiones con el tema. En este caso la narración pedía frases más o menos cortas (sobre todo la primera parte, estás describiendo una pesadilla y el mundo onírico es muy confuso, eso lo consigues acortando las frases), así que... bien ^^
Jajaja, gracias ^^ Quizás son paranoyas mías xD
No es un fallo, simplemente es una sugerencia por mi parte (bueno, de parte de quien se la había escuchado yo antes). Tú no te preocupes.

Antes de entrar en el capítulo (ya lo leo ahora ^^) sólo una cuestión. No tengas prisa. Aunque los tengas escritos, que los capítulos no te quemen en las manos. Reléelos, márcate plazos... En mi época más prolífica (desde la mitad o antes de Memorias) me propuse firmemente publicar una vez a la semana (los jueves, concretamente), aunque llegara a tener escritos hasta 10 capítulos más. Ahora... la musa está más petarda y no llego a ese ritmo, pero aún así sigo procurando respetar ese margen.

Se trata de no atosigar a los lectores. Ten en cuenta que puede que no se conecten todos los días para leer las novedades diarias y que si, a lo mejor, faltan una semana, encontrarse con 7 capítulos de golpe puede ser duro... y al final terminan sin leerlos. (Es la experiencia la que habla, te lo aseguro ^^)
Por supuesto. Como dije al principio, si no me pillará el toro. Hay muchos días que digo: tengo un poco atrasada la historia. Debería ponerme a escribir. Pero sé que cuando lo hago por obligación no me sale bien. De todas formas, no creo postear un capítulo cada día, eso sería un suicidio por mi parte.
Sí que vas a notar que soy muy pesado con el tema de los diálogos. Es uno de los aspectos en los que más me fijo (cuando aparecen, claro, no te iba a comentar nada en el prólogo que casi no hay). Ninguna queja hasta el momento, la verdad. Has tratado de reproducir el ambiente a bordo del Sunny y lo has logrado... a medias. Me faltan algunas bromas absurdas (Brook, Usopp y Cía). ¿Ves? Ese es otro problema: los conocemos tanto y estamos tan influidos por Oda y por nuestras impresiones acerca de ellos que... bueno, nos hace ser más críticos al respecto ^^.

Respecto a lo que dices al final... no sé. Tampoco conozco cuáles eran tus intenciones originales. Lo de alternar escenas no está mal. Sí que se hace confuso porque es un mecanismo más habitual de las historias gráficas (sea comic/manga o en medios audiovisuales), pero tampoco es raro en un fic. Además, lo señalas muy bien separando los párrafos.
Bueno, lo que quería decir con lo de que no me ha convencido del todo era que, en mi opinión, ha quedado un poco "vacío". Como que le falta consistencia. Sé que no me puedo esperar un monólogo de filosofía a bordo de un barco pirata, pero sí me hubiese gustado recrear la escena de otra forma, no sé... Bah, no le doy más vueltas xD
PD: Me acabo de dar cuenta de lo de tu nick... ¿Algún destinatario especial?
No, tan sólo se trata de un pequeño e insignificante mensaje subliminal xD
Si te he de ser sincero, usar a los Mugiwara no me termina de convencer del todo, igual que no me convencería que usaras a los genin-ya-no-tan-genin de Konoha si fuera de Naruto, o a Ichigo y cía si fuera de Bleach o... ya me entiendes, supongo ^^ Hacer un fanfic sobre una obra aún en progreso supone ciertos riesgos, como la necesidad de ajustarse a lo que el autor va innovando en cada momento, pero si, además, adoptas a los protagonistas... peor aún. No es que esté mal, es que creo que te sería más cómodo no meterlos (de hecho, la última de Historias Piratas - un tema en el que te invito a leer y a participar - ha sido deshacernos de ellos para evitarnos más engorros). No sé cuáles son tus planes exactamente con ellos, pero bueno... por si acaso xD
Siento discrepar ^^. Y también siento no poder mostrarte las intenciones (por ahora provisionales) que les tengo preparadas. Todo se verá, de todas formas, puede que en un futuro decida deshacerme de ellos.
He dejado esa parte para el final a propósito, ya que me gustaría comentar algo que siempre se me olvida, y que viene a raíz de esto: esta historia está ambientada justo después de la saga Thriller Bark. En vez de llegar al Archipiélago Sabaody, como sería lo lógico, los mugiwara llegan a esta isla. Es decir, es una historia que va totalmente en paralelo a Oda, y que difícilmente se vería influenciada al menos drásticamente. Con esto quiero decir que si tengo que abandonar a Luffy y los demás por obligación, lo haré, pero que de momento tengo pensado seguir con ellos. Aunque repito, todo se verá.

Ahora responderé a fate ^^

Muchas gracias por comentar. Creo haber visto algunos fics tuyos, así que sabrás lo que se siente cuando alguien comenta tu obra :D :o :o Bueno, respecto a lo del chico, ya dije en el otro post que sería uno de los protagonistas. Ya veremos por dónde se enfilan las cosas.

En cuanto al próximo capítulo, creo que voy a esperar a ver si la gente comenta un poco más, y si no pues pronto postearé el segundo.

Gracias de nuevo por leer. Un saludo.

P.D.: Sorry por el tocho de post :gota:
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por Shawn »

Bueno, perdón por el doble post, pero lo hago por una buena razón. Viendo que no hay demasiada gente que comenta, voy a permitirme postear el segundo capítulo de mi fic. Es un poco corto en relación con los otros, pero a mi gusto está un poco mejor que el primero, y además sabremos el nombre del chico con fobia al agua xD.

Por cierto Rido, antes de que se me olvide, cuando tenga un poco más de tiempo leeré algúna cosa tuya, aunque sea algún One Shot (Memorias es un "poco" largo). Es que ahora no tengo demasiado tiempo, pero si algún fin de semana lo hago, comentaré qué tal me ha parecido. Lo cierto es que me parece un poco mal que tú comentes en mis cosas pero no al reves :P . Lo mismo va para todos los demás.

En fin, que no me enrollo más y ahí lanzo el segundo. Espero que lo disfrutéis.
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CAPÍTULO 2

Llegada


Extrañamente, cuanto más se acercaban, más crecía el mal presentimiento de Nami. Tenía la sensación de que no serían bien recibidos en aquella isla. Lo cual carecía de fundamento, ya que no conocían nada de aquel lugar, ni tampoco de sus gentes. Pero la intranquilidad de la navegante no hacía más que aumentar.
- Así que tú también lo has notado… No podía ser la única – dijo a su espalda Robin, esbozando una sonrisa. Sin duda había advertido la cara de preocupación de su compañera.
- Sí, tengo la intuición de que algo va mal, pero no sabría decir el qué. Por si acaso, les diré a los chicos que mantengan la guardia alta. No sabemos que puede haber allí, y siempre es mejor prevenir que curar – respondió Nami, y seguidamente se dirigió a la proa del barco.

Se encontraban allí Luffy, Sanji, Usopp, Chopper y Brook, discutiendo animadamente. Mientras Luffy gritaba que lo primero que haría sería visitar algún buen restaurante, Nami alzó su mirada para ver a Zoro en la cima del mástil, preparándose para recoger las velas en cuanto fuera necesario.

- Eh, chicos, Robin y yo tenemos un mal presentimiento sobre el lugar al que nos dirigimos – comenzó a decir mientras llegaba junto a todos -. Solo es una intuición, pero me gustaría que mantuvierais los ojos abiertos, por lo que pudiera pasar. No quiero más disgustos –. Haciendo caso omiso de las palabras con voz melosa de Sanji, se dirigió hacia el extremo de la proa y le comunicó lo mismo a Franky, el carpintero, que se encontraba comprobando el mecanismo del ancla. En unos minutos tendrían que soltarla.
- Bah, Nami es una agorera –oyó decir a Luffy-. ¡Yo solo espero que haya mucha carne! – dijo, riendo y gesticulando con las manos.





“No podemos mostrarnos débiles ahora. Debemos valernos por nosotros mismos, aunque el Viejo no esté” pensó el chico, pero lo cierto era que las dudas y la inseguridad asaltaban su corazón. Si no podían defenderse ellos mismos, ¿cómo iban a defender el propio pueblo? Mientras tanto, el barco pirata se acercaba cada vez más, y ya se podía distinguir el mascarón de proa. Una especie de… ¿león? A pesar de eso, el navío no parecía muy grande, lo que significaba que no podía albergar una gran tripulación, y eso le dio confianza. Si se trataba tan solo de escoria pirata podrían acabar con ellos.

- Oye, chico, ¿vas a pelear sin un arma? – le dijo un hombre de mediana edad, acercándose a él-. Esto te servirá, al menos – y le tendió una pequeña daga, que él aceptó agradecido. No le hacía mucha gracia tener que pelear contra unos piratas, pero si quería ayudar al pueblo y a su gente tenía que ser así. Arriesgaría su vida.

Tras unos minutos de espera, finalmente avistaron el barco en todo su esplendor. Tal como parecía de lejos, no era grande, lo suficiente para albergar unas catorce o quince personas. El mascarón de proa efectivamente representaba un león… ¿o era un sol? Pero lo que más le llamó la atención fue la bandera. Tenía la sensación de haber visto ese símbolo en alguna otra parte, y además muy recientemente, pero no sabría decir dónde.
Esperó algunos minutos más, que se le hicieron eternos, mientras el corazón amenazaba con salírsele del pecho. Sabía manejar una daga con cierta destreza, pero no sería suficiente si los piratas eran experimentados. La gente de la playa se encontraba igual que él, presos de la excitación. Al parecer, ninguno se había fijado en la bandera.





En la costa había… ¿gente? Robin se extrañó un poco de la situación. No era normal aquel recibimiento en una isla, y menos aún si no la conocían. Cuando, tras un pequeño periodo de tiempo, el acero relució ligeramente en la oscuridad, fue la navegante quien habló.

- Ahí está el presentimiento. Van armados – resumió.
- Así es. Perfecto, ni siquiera hemos desembarcado y ya hay pelea. Joder. – refunfuñó molesto Sanji, que acababa de llegar junto a ellas.

Aún tardaron un par de minutos en llegar a la costa. Zoro terminó de recoger la vela y Franky soltó el ancla. Uno a uno, fueron bajando del barco, pero apenas tocaron tierra, el grupo de hombres se les echó encima a la carrera, con las palas y rastrillos en alto. Y ellos que habían pensado que serían espadas…

- No parecen peligrosos. Yo me encargo – dijo Zoro, que había sido el último en bajar.

Ni siquiera el cocinero opuso resistencia. A nadie le apetecía luchar en aquel momento. Unos segundos después, Zoro desenvainó una de sus katanas, y en un par de movimientos acabó con todos los atacantes, que cayeron al suelo. Había sido fácil.

- ¡Zoro, no eran una amenaza! ¡No tenías por qué pasarte tanto! – le recriminó el doctor Chopper.
- Eh, eh, tranquilo. Les he dado con el dorso de la espada – se defendió el aludido, encogiéndose de hombros. En efecto, en la arena no había ni una gota de sangre.

Poco después, uno de los hombres se levantó y gritó algo, tras lo cual varios más los siguieron. Los que aún quedaban en la arena se miraron entre ellos, aturdidos, y después salieron corriendo como sus compañeros. Escapaban hacia el centro de la isla, pero los tripulantes no se molestaron en perseguirles.
Luffy, por su parte, que había estado contemplándolo todo desde la retaguardia, se encontró con la mirada de un chico joven, que aún no había huido con los demás. Una mirada extraña, que le hizo sentirse un poco incómodo.





“Tengo que huir. O me matarán.”, se repetía mentalmente una y otra vez. Pero lo cierto era que no podía moverse. Su mente y su cuerpo se encontraban desconectados por una extraña razón, y su mirada seguía fija en aquel pirata del sombrero de paja, que también lo miraba a él, y una mezcla de sentimientos lo invadieron: rabia, odio, miedo… Todo junto, como un torrente desbocado, e hizo que se mareara un poco. Rompió su contacto visual, y echó un vistazo al grupo que había bajado del barco. Aparte del chico del sombrero, había seis personas más de aspecto algo extravagante, un esqueleto y un pequeño ciervo. ¿Un esqueleto? Sí, se estaba mareando.
“¿Cómo ha podido uno de ellos derrotar tan fácilmente a sesenta hombres?”, pensó, mientras posaba su mirada sobre el espadachín, que había vuelto a envainar la katana. Tenía un aspecto terrorífico, y supuso que sería el capitán de la tripulación.
Mientras su cuerpo seguía incapaz de moverse, la banda se acercó con paso lento. Al verles más de cerca, lo cierto es que no parecían tan peligrosos. Es más, no parecían en absoluto peligrosos. Una ola de extraña confianza le invadió, y como movido por un resorte, comenzó a caminar hacia ellos. Aunque escondió la daga que le había dado aquel hombre en un bolsillo, solo por si acaso.





“¿Por qué no se habrá ido con los demás? ¿Acaso busca pelea?”, se dijo a sí mismo Sanji. No parecía dispuesto a salir corriendo, de todas formas, incluso estaba caminando hacia ellos, por tanto decidieron acercarse para hablar con él, y así quizás averiguar por qué les habían atacado los hombres de la isla. Luffy se adelantó un poco del resto, inconscientemente.
Cuando llegaron junto al chico, pudieron observarle con mayor detalle. Rondaría los diecisiete años. Era alto, como los mismos tripulantes. Llevaba el corpulento torso descubierto, pese a ser de constitución delgada, lo que le daba un aspecto ligeramente salvaje, y vestía unos pantalones rojos con grandes bolsillos hasta por debajo de las rodillas. Calzaba unas botas negras no muy gruesas. Su cabello castaño le caía por la nuca en largos mechones desordenados, pero sin embargo no daba la sensación de que necesitara peinarse. Su rostro era una máscara impenetrable, y tenía unos grandes ojos negros puestos en el capitán, como hacía unos segundos, que dejaban entrever algo que estaba misteriosamente oculto tras una sombra. Su mirada era increíblemente intimidatoria.
La imagen, en general, inspiraba respeto, algo bastante impropio en alguien de su edad. Su rostro seguía siendo inescrutable, y su mirada continuaba fija en el capitán. Fue este quien rompió el silencio.

- Hola, mucho gusto en conocerte. Somos una banda de piratas que hemos llegado a esta isla sin intención de invadirla ni de hacer daño a nadie. Lo único que deseamos es poder comer y descansar, llevamos a nuestras espaldas un largo viaje – dijo, en un tono de voz muy calmado, absolutamente impropio del capitán Luffy. Además, esas presentaciones tan cuidadas también chocaban demasiado con su despreocupada personalidad. Eso no le gustó demasiado al cocinero. - ¿Cómo te llamas? Yo soy Luffy, futuro Rey de los Piratas.
El chaval no hizo ningún gesto y ningún sonido salió de su boca. Seguía mirando fijamente a su interlocutor, como queriendo atravesarle.

- Eh, chico, di algo. No somos piratas malvados ni nada por el estilo. No nos tengas miedo – insistió Luffy, pero lo cierto es que en la expresión del chico no había miedo, ni tampoco desafío. Su semblante seguía mostrando una total seriedad.

Tras unos instantes de silencio, el rostro del joven se relajó, y una sonrisa se posó sobre sus labios. Pero era una sonrisa diferente a las de Luffy. Él no enseñaba los dientes, sin embargo emanaba seguridad y tranquilidad. A su modo, su forma de sonreír era tan peculiar como la del capitán.

- Encantado de conoceros – dijo al fin, con una voz absolutamente tranquila -. Mi nombre es Erik.
Como ya dije, es cortito. Además vuelvo a utilizar el sistema de alternar escenas en los párrafos, y me centro en el tema "encuentro". A mi parecer no está del todo mal (aunque me gustan más los siguientes), pero eso lo dejo a vuestro criterio.

Un saludo, y espero comentarios ^^
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por muspelheim »

2 cosas

1: me encanta :o , tanto la trama , como el canvio de situación ( es decir, que pasas , por ejemplo, de la parte del pueblo a la de los mugiwara)

2:me gusta lo detallista que es la historia en general, ayuda mucho a la hora de imaginarse la escena :ok:

espero el capitulo 3 :o :mrgreen: :ok: !!!

:wave:
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por rido »

Ereum escribió:Claro, claro, a lo que me refería era que más o menos tengo claro cuáles van a ser los protagonistas, cual va a ser el tema de la obra... Lo que me falta es encontrar ese punto que me haga conducir la historia por el camino correcto.
Bueno, eso es el pan nuestro de cada día... Si no no sería tan divertido, ¿no?
Ereum escribió:Quizas "fallo" era la palabra equivocada. Quería decir que es un personaje con una personalidad un tanto extraña, que ya se verá en los siguientes capis, y que me cuesta mucho manejarlo, "ponerme en su piel". Todavía ni siquiera yo le conozco demasiado bien, y tengo que trabajarlo un poco más para poder controlarlo a la perfección.
Pues paciencia con eso. Al final ya verás como poco a poco te irás metiendo cada vez más en su personalidad.
Ereum escribió:Siento discrepar ^^. Y también siento no poder mostrarte las intenciones (por ahora provisionales) que les tengo preparadas. Todo se verá, de todas formas, puede que en un futuro decida deshacerme de ellos.
He dejado esa parte para el final a propósito, ya que me gustaría comentar algo que siempre se me olvida, y que viene a raíz de esto: esta historia está ambientada justo después de la saga Thriller Bark. En vez de llegar al Archipiélago Sabaody, como sería lo lógico, los mugiwara llegan a esta isla. Es decir, es una historia que va totalmente en paralelo a Oda, y que difícilmente se vería influenciada al menos drásticamente. Con esto quiero decir que si tengo que abandonar a Luffy y los demás por obligación, lo haré, pero que de momento tengo pensado seguir con ellos. Aunque repito, todo se verá.
Bueno, si es un universo paralelo entonces no pasa nada de nada... Aunque bueno, siempre te quedan las cosas de la interpretación y demás. Tú mismo te has quejado de que la escena no te quedó como hubieras querido....
Ereum escribió:Por cierto Rido, antes de que se me olvide, cuando tenga un poco más de tiempo leeré algúna cosa tuya, aunque sea algún One Shot (Memorias es un "poco" largo). Es que ahora no tengo demasiado tiempo, pero si algún fin de semana lo hago, comentaré qué tal me ha parecido. Lo cierto es que me parece un poco mal que tú comentes en mis cosas pero no al reves :P . Lo mismo va para todos los demás.
Pues deberías leer Memorias (y todo lo demás en torno a Memorias) xD Nah, hombre, tú tómate tu tiempo y con calma, ya verás ^^ A mí no me importa si lees o no lees. ¿Que me gustaría tener más comentarios? Por supuesto. Pero tampoco te creas que tengo excesiva prisa.

En fin, el capítulo.

Ya no me meto en cuestiones técnicas, porque veo que lo tienes más que dominado en esa cuestión xD Sigo viendo ciertos fallos de interpretación en los personajes de los Mugiwara, la verdad. Pero bueno, no son muy gordos y entran dentro de lo aceptable. Por otra parte, no avanzas mucho en la trama, sabemos como se llama "Erik" y poco más... Bueno, está lo del Viejo, que me imagino que será bastante significativo... o no ^^

PD: Iba a comentártelo ayer, cuando te respondí al MP, pero no tuve tiempo. ^^
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por Shawn »

Bueh, muchas gracias por los comentarios ^^

En fin, como siempre los responderé :P

@Rido:
Bueno, eso es el pan nuestro de cada día... Si no no sería tan divertido, ¿no?
Por supuesto que no :D :D :D :D
Pues paciencia con eso. Al final ya verás como poco a poco te irás metiendo cada vez más en su personalidad.
Supongo... :roll: En fin, ahora ya voy entrando un poco más en la trama (actualmente me encuentro escribiendo el capítulo 5) y lo cierto es que ya estoy un poco más cómodo controlando a Erik (por fin puedo usar su nombre xD). Yo creo que la cuestión es que Erik todavía no tiene las ideas muy claras, y aunque quizás diera esa sensación en el prólogo, lo cierto es que engaña. Ya veremos por qué, de todas formas no quiero cagarla soltando un spoiler ^^
Bueno, si es un universo paralelo entonces no pasa nada de nada... Aunque bueno, siempre te quedan las cosas de la interpretación y demás. Tú mismo te has quejado de que la escena no te quedó como hubieras querido....
Así es, espero que ahora a Oda no se le ocurra algo escandaloso y me haga la putada de tener que cambiar algo importante xD
Pues deberías leer Memorias (y todo lo demás en torno a Memorias) xD Nah, hombre, tú tómate tu tiempo y con calma, ya verás ^^ A mí no me importa si lees o no lees. ¿Que me gustaría tener más comentarios? Por supuesto. Pero tampoco te creas que tengo excesiva prisa.
Mantengo mi palabra de que leeré cosas tuyas :) (cuando tenga tiempo)
Ya no me meto en cuestiones técnicas, porque veo que lo tienes más que dominado en esa cuestión xD Sigo viendo ciertos fallos de interpretación en los personajes de los Mugiwara, la verdad. Pero bueno, no son muy gordos y entran dentro de lo aceptable. Por otra parte, no avanzas mucho en la trama, sabemos como se llama "Erik" y poco más... Bueno, está lo del Viejo, que me imagino que será bastante significativo... o no ^^
Sobre lo de la interpretación, si la historia va como tengo pensado, tendré tiempo de sobra para trabajar y practicar en ese aspecto xD
Ya sé que lo del Viejo es un plagio brutal de Barbablanca, pero no se me ocurría otra cosa mejor. Además, como tú mismo has dicho, puede que no sea importante... puede...
PD: Iba a comentártelo ayer, cuando te respondí al MP, pero no tuve tiempo. ^^
No problem. Infinitamente mejor tarde que nunca :D

Ahora @muspelheim:

Muchas gracias por el comentario, me alegro de que te gustara la historia ^^. Sobre lo de detallista, bueno, cuando leo algo me gusta que quede un poco explicado, ya que si no no sabes por dónde coger la situación.

En fin, tal y como me pediste, y sin poderlo resistir, aquí me dispongo a lanzar el tercer capítulo de mi Fic :mrgreen: :
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CAPÍTULO 3

Hogar


Pasaron unos minutos de conversación, que los piratas aprovecharon para presentarse. Erik quedó un poco sorprendido al descubrir que el que había supuesto que sería el capitán era el segundo de a bordo, y el líder de la banda era aquel chico con el sombrero de paja que había cruzado su mirada.
Los piratas, por su parte, fueron conociendo un poco mejor a Erik. Era una persona de pocas palabras, descubrieron rápidamente, pero se mostraba cortés y confiado. Si tenía algún tipo de preocupación o inquietud, desde luego lo disimulaba perfectamente. Al acabar su pequeña charla, decidieron irse a su propia casa. “Allí podremos descansar. Ya es tarde”, había dicho. “Además, hay sitio de sobra para todos”, añadió, lo cual sorprendió al grupo. Luffy, por su parte, pasado el momento de tensión inicial, había hecho muy buenas migas con el chico.

- ¿Dónde está tu casa? – preguntó Zoro, mientras se dirigían isla adentro guiados por Erik.
- Está a las afueras del pueblo – respondió este, sin dejar de avanzar por el estrecho camino de tierra. No parecía dispuesto a dar más detalles, por lo que el espadachín no insistió. Probablemente les tenía guardada una sorpresa, quiso creer.

Como la gente se asustaría si los veían por las calles, habían decidido que lo mejor sería bordear un poco el pueblo. Por suerte la casa de Erik se encontraba aislada del resto. Tras un rato caminando, finalmente dieron con el edificio, que efectivamente se encontraba separado del pueblo. Se trataba de una construcción enorme, de dos pisos, que contrastaba con las pequeñas casitas blancas que conformaban la villa. Era realmente impresionante.

- ¡Guau, qué pedazo de casa! ¡Es incluso más grande que nuestro barco! – fue la primera reacción de Luffy al verla. Erik fue el primero en entrar, seguido del capitán y del resto de piratas.

El piso inferior se componía de un amplio salón, con un sofá y una mesa de cristal. En la pared del fondo había una chimenea apagada, que servía de adorno, ya que era difícil creer que en aquella isla hiciera frío en algún momento del año. Aparte, había una lujosa cocina, una espectacular biblioteca, una sala con herramientas dedicada a la construcción, un salón de prácticas de tiro, un pequeño laboratorio, un acogedor cuarto que servía de bodega y un acuario parecido al que tenía el Thousand Sunny, el espectacular barco donde navegaba la tripulación. También contaba con tres baños, dos de ellos más pequeños, y uno con una gran bañera. Todos los cuartos aparecían distribuidos con exactitud en la planta, obra sin duda de un excelente constructor. Sí, realmente impresionante.

- Es una casa preciosa – comentó Robin, repartiendo la mirada en todas direcciones, para finalmente posarla sobre Erik -. Pero no es para una sola persona. ¿Vives solo?
- Sí – dijo simplemente. Robin intuyó que no iba a hablar del tema, y no insistió.

Todavía era noche cerrada, y Erik y los demás tenían sueño. El anfitrión decidió que, como había camas suficientes, se irían todos a dormir, y al día siguiente hablarían tranquilamente. Los piratas no opusieron resistencia.
Subieron las escaleras al piso de arriba, que aún parecía más grande que el inferior. Se encontraron con siete habitaciones, con dos camas cada una, excepto la de Erik, que era más pequeña que el resto y solo tenía una cama. Los cuartos estaban limpios, pero parecía que nadie los hubiese usado en mucho tiempo. Robin se preguntó de nuevo para qué querría un chico una casa tan grande. Al día siguiente intentaría descubrirlo, se dijo.
Aparte de las habitaciones, el piso superior también contaba con un gran baño, una sala de estudio con una mesa gigante (seguramente orientada al dibujo o al diseño) y una terraza. Este era el mejor cuarto de todo el edificio, porque daba directamente al pueblo, que se podía contemplar en toda su extensión. Brook lo adoptó inmediatamente como el lugar donde podría tocar su violín a gusto.
Pasada la sorpresa, los piratas se fueron cada uno a su habitación. Por aquella noche, Luffy se quedaría en la misma habitación con Usopp, Sanji con Franky, Chopper con Zoro, Nami con Robin, y Brook dormiría solo. Tras unas palabras de buenas noches, los tripulantes se acostaron en sus respectivas camas, y no tardaron en cerrar los ojos.

Sin embargo, Erik era incapaz de conciliar el sueño. Y esta vez no era por miedo a sus pesadillas, sino por la extraña confianza que había experimentado con el grupo de piratas. Se sentía totalmente desorientado.
Él, que era una persona solitaria.
Él, que nunca confiaba ni sentía la necesidad de confiar en nadie.
Él, que había odiado a los piratas desde tan pequeño.
¿Qué estaba haciendo ahora, ofreciendo su casa a unos desconocidos? Ni él mismo lo sabía. De lo que sí estaba seguro era que había experimentado un nuevo sentimiento para él con ese grupo de piratas. Podía llamarse… ¿amistad? Decidió dejar el tema por el momento, empezaba a dolerle la cabeza.
Dio una vuelta en la cama y comenzó a cerrar los ojos, dispuesto a descansar lo que quedaba de noche. Mientras iba durmiéndose, sin querer, la imagen de aquel joven del sombrero de paja le asaltó. Aquel rostro, con la cicatriz bajo el ojo izquierdo, simplemente le sonaba muchísimo. Tenía la profunda sensación de haberlo visto en alguna otra parte, al igual que le había pasado con la bandera de su barco. Y su nombre, Luffy, con un sombrero de paja… Luffy Sombrero de Paja…

Una vez más, la pesadilla volvió. Caía al vacío, a la oscuridad impenetrable. Chocaba contra el agua como un muñeco, y se hundía más y más… Pero conocía aquel sueño lo suficiente como para saber cuándo era el de siempre, y esta vez no lo era. A través del agua, por encima de la superficie, la escasísima luz le permitió distinguir una silueta… no, una no, nueve siluetas, que aparecían borrosas como espectros salidos de la nada. Uno de ellos, el que parecía estar más cerca, tenía la cabeza extrañamente redondeada.
No, no era la cabeza: llevaba puesto un sombrero.
Erik éstiró el brazo y acercó la mano en dirección a las siluetas, pero estaban demasiado lejos.
Pronto, el dolor le hizo cerrar nuevamente los ojos, mientras se sumergía más y más en aquella oscuridad que lo engullía, en aquel terror irracional.
Y la pesadilla volvió a ser la de siempre.

Al día siguiente, amaneció como pocas veces lo hacía. El sol salió radiante, iluminando todo con una luz vigorosa, y el azul del mar resplandecía como si se tratase de cristal.
Erik despertó temprano. Para no variar, había dormido mal, y lo que menos le apetecía era seguir en la cama. Se incorporó y fue al baño procurando no hacer ruido, se lavó la cara y se despejó. Acto seguido bajó las escaleras, en dirección a la cocina. Había pensado que era el primero en levantarse, y se sorprendió cuando encontró a la arqueóloga Robin sentada en una silla y bebiendo un café.
- Buenos días, Erik – le saludó, con una sonrisa. – No me gusta quedarme en la cama hasta tarde, y bajé a desayunar. Los demás siguen durmiendo. Ah, espero que no te importe que haya usado una de tus tazas.
- No, tranquila. Estás en tu casa – respondió el chico, al tiempo que se echaba también un poco de café en otra taza. Además de Luffy, había simpatizado especialmente con la arqueóloga. Tenía un carácter muy parecido al suyo, calmado y de pocas palabras. Aparte, parecía muy adulta, lo cual contrastaba con el resto de la tripulación.
Ninguno de los dos dijo nada, manteniéndose pensativos, ya que el silencio no era incómodo. Erik le daba vueltas a su nueva relación con aquellos piratas, y se sentía a gusto con ellos. ¿Por qué, si eran el tipo de gente que antaño le habían hecho sufrir tanto? No podía encontrar una explicación.
- Gracias – la voz de Robin sacó a Erik de sus pensamientos, sobresaltándolo – por prestarnos tu casa, digo – añadió, al ver el gesto confundido del joven.
- Ah, no hay de qué. Supongo que nadie en el pueblo os hubiera dado cobijo, y no hubiera podido abandonaros a vuestra suerte – respondió Erik, sonriendo. Lo cierto es que no había pensado en la reacción del pueblo. Habían huido, sí, pero no había vuelto a saber de ellos. Seguramente se encontrarían muy intranquilos por lo sucedido. Más tarde iría a hablar con ellos, para que no se preocuparan.
- No debe ser fácil confiar en unos piratas así, de primeras – dijo Robin con cierto misterio. Había dado en el clavo. Erik pronto comprendió que aquella mujer tenía la extraña habilidad de advertir las inquietudes de los demás. Por una parte, se sentía molesto; había cosas que prefería guardarse para sí, pero a la vez sentía la necesidad de poder confiar en alguien. De poder contar sus preocupaciones, de apoyarse en otra persona cuando lo necesitara.
- ¿Ocurre algo? – preguntó la mujer, tras unos momentos de silencio. Erik se descubrió a sí mismo con expresión preocupada. Además, no había contestado a la pregunta anterior, que la arqueóloga había formulado estratégicamente como si fuese una afirmación.
- No… No es fácil – asintió por fin, apartando la vista. No quería hablar del tema, no por ahora. Se sintió aliviado cuando descubrió que Robin no iba a insistir, ya que se encontraba con la mirada puesta en una pequeña estantería pegada a la pared. Erik intuyó qué era lo que le había llamado la atención.
- ¿Puedo coger ese libro? – preguntó, educadamente. Erik se encogió de hombros y asintió, y Robin dio el último sorbo a su café y se dirigió a la estantería. Cogió el grueso libro de pasta negra y volvió a la mesa. - ¿Es tuyo? – preguntó, mientras se sentaba.
- Así es. Me lo regaló mi madre cuando yo era muy pequeño. Me dijo que se trataba de un libro muy importante, pero el caso es que… bueno, yo no sé leer – dijo Erik, bajando la mirada ligeramente avergonzado.
Robin no dijo nada, ni hizo ningún gesto. Observó la tapa del libro, de un negro muy profundo. Le llamó la atenció el hecho de que no hubiera ningún título escrito, ni siquiera en el lomo.Intrigada, abrió el libro por la primera hoja. En las primeras líneas estaba escrito algo de la historia de la isla: “Godsea Island”, se llamaba, que quería decir “La Isla del Dios del Mar”. Bonito y adecuado nombre. También pudo leer algo sobre líderes antiguos, personajes importantes nacidos allí… Robin avanzó unas cuantas hojas más, hasta que vio algo que la hizo detenerse. El nombre del Rey de los Piratas, Gol D. Roger, aparecía escrito en una de las páginas. Estaba además acompañado de fragmentos de algunas de sus aventuras, y las de algunos piratas famosos, como Silvers Rayleigh, apodado “El Rey Oscuro”, el segundo a bordo del barco de Roger. Robin avanzó un par de páginas más, y cuando lo vio, su corazón se olvidó de latir por unos segundos.
Un pequeño fragmento del libro estaba escrito en Lengua Antigua, en la que también estaban escritos los Phoneglyphs, y el texto hablaba de las mismas piedras. La arqueóloga pasó la página con respiración agitada, pero cual fue su sorpresa al descubrir que las hojas que debían hablar sobre el Phoneglyph tan solo presentaban fragmentos recortados en los extremos. Habían sido arrancadas.
Robin suspiró, pero cerró el libro. Unos pasos delataron que algún miembro de la tripulación se había levantado. “Más tarde le pediré a Erik que me deje investigarlo”, se dijo.
La puerta de la cocina se abrió lentamente, para dar paso a Sanji y a Franky. Sin duda habían pensado que eran los primeros en levantarse.
- Oh… ¡ya estáis aquí! Y nosotros sin querer hacer ruido… - dijo el carpintero al verles. Sacó una botella de cola de una caja que él mismo había traído del barco, y que dejó en una esquina de la cocina. Sanji, por su parte, se acercó a la encimera y sacó los ingredientes necesarios para preparar unas tortitas.
- Si me hubierais esperado un poco más, os habría preparado el desayuno – sonrió, tras saludarles.
- No te preocupes. Además, los invitados no tienen por qué cocinar – respondió Erik, sonriendo también. De todas formas, no tenía mucho apetito. Bebió el último trago de su café y miró a la puerta, que se abrió para dar paso a una adormecida Nami. Tras ella apareció Brook, con su inseparable violín.
- Buenos días a todos. He dormido genial – dijo Nami, bostezando –. Huele bien.
- Las tortitas ya están hechas. Brook, ¿serías tan amable de despertar a los demás?
- ¡Por supuesto! – dijo el esqueleto, y subió al piso de arriba acompañado de una espantosa melodía, que bastó para que los demás se despertaran. Y al grito de “¡Tortitas!” Luffy, Chopper y Usopp irrumpieron en la cocina con los ojos brillantes. Zoro se presentó unos segundos después.
- ¡Huele genial! – exclamó el capitán, robando parte del desayuno que Sanji les había preparado.

Ya estaba toda la tripulación reunida. Erik observó a cada uno de ellos detenidamente, descubriendo que era un grupo bastante peculiar. Pese a ser todos tan diferentes entre ellos, parecían llevarse de maravilla. Una de las cosas que más le sorprendió fue que el capitán no trataba a los demás como subordinados, como sabía que hacían otros piratas, sino como amigos. Una patada por parte de Sanji al capitán por un segundo intento de robar las tortitas lo confirmó. Fue posando la mirada sobre cada uno de ellos.
Luffy, un chaval delgado, con un inseparable sombrero y una cicatriz bajo el ojo izquierdo. Su apetito parecía insaciable, ya que se comía las tortitas de diez en diez. A ese paso no quedarían para nadie; por suerte en su cocina tenía muchísimas provisiones.
Zoro, el espadachín de la tripulación, que había derrotado a cincuenta hombres de la aldea con un par de movimientos. Parecía amar a sus tres katanas tanto como el capitán a su sombrero. Tenía un aspecto bastante siniestro.
Nami, la navegante, con bastante mal genio. Parecía muy amiga de la arqueóloga, y tenía una especie de bastón que le había visto cuando desembarcaron. Erik se preguntó para qué serviría.
Sanji, el cocinero. Tenía una ceja extrañamente rizada, y el pelo rubio le tapaba un ojo. Cuando Erik probó una de las tortitas, descubrió que era un gran chef. Él y el espadachín no parecían llevarse precisamente bien.
Usopp, el tirador. Se llevaba muy bien con el capitán, y tenía una nariz kilométrica. También tenía gran apetito.
Robin, la arqueóloga. Ya había intercambiado varias palabras con ella, y le caía muy bien. Un carácter muy parecido al suyo. Erik se preguntó qué la habría sorprendido tanto de aquel libro que le había dejado.
Franky, el carpintero. Una especie de robot con la nariz metálica y con un gran tupé azul que desafiaba la gravedad. El enorme tamaño de sus antebrazos daba risa.
Chopper, el médico. Al principio había creído que era un mapache, pero cuando se lo llamó, este casi le tira una piedra a la cabeza. Después de aquello, jamás olvidaría que se trataba de un reno.
Brook, el músico. Un esqueleto parlante. Algo absolutamente normal. Nunca se separaba de su violín, y tenía la terraza del piso de arriba como si fuese un altar.
Cuando Erik terminó de observar al grupo, descubrió que Nami, la navegante, le miraba fijamente.
- Oye, Erik, ¿tú sabes por qué nos atacaron antes? – dijo. Evidente. Aún no se lo había explicado a nadie, y debían sentirse confundidos. Era una historia larga, pero debía aprovechar que estaban todos juntos. De todas formas, había detalles que procuraría mantener ocultos. Carraspeó ligeramente, y comenzó a hablar:
- Hay algo que me gustaría que supierais – dijo, y las miradas de nueve personas se posaron sobre él.
Bien, bien. La trama no avanza mucho, que digamos, pero el episodio de Robin podría ser importante. No hablo más, que me voy de la lengua.
En cuanto al nivel técnico a gusto personal, me parece mejor que los anteriores. Me gusta más cómo ha quedado planteado todo. Aunque eso, claro, tendréis que decidirlo vosotros :ok:

En fin, gracias por leer, y espero comentarios.
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muspelheim
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por muspelheim »

en principio los tres primeros capitulos son de presentación ( 0, 1 y 2) y con este ya pienza lo que es el nudo , es decir, la historia en si, el motivo, ya que lo de la isla del rey del mar suena (como diria luffy :mrgreen: ) a aventura.

Cada capitulo lo dejas mas interesante y eso hacer que necesite leer el siguiente :ok: :o

Una pregunta... ¿ vas a postear cada capitulo cada dia , o cada X tiempo?

lo digo para no saltarme muchos... :ok:

:wave:
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rido
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por rido »

Bien, bueno, un capítulo sencillito. Como bien dices, tiene sólo eso de Robin, que tiene buena pinta. Sí te recomendaría que siguieras profundizando más en ese conflicto interno que tiene Erik ^^

Y... nada, más que decir hoy xD
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Shawn
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por Shawn »

Huh, aquí estoy de nuevo :D

Siento la demora en postear y tal, pero no he tenido casi tiempo de pasarme por el foro (y aún menos de escribir ^^'). Pese a todo, vuelvo a la carga para contestar el par de comentarios nuevos:

@muspelheim:

Me alegro de que se te haga interesante, la verdad es que enganchar a los lectores desde el principio no es tarea fácil. También me alegro de que te haya gustado lo de la Isla del Rey del Mar, y no puedo evitar soltar un pequeño "spoiler" (realmente no sé si debería llamarse así). Hasta ahora, los capítulos se han centrado en la presentación, como bien has dicho tú mismo, y las cosas de la trama interesantes que se han podido ver han sido cuatro detalles de Robin, y un conflicto interno de nuestro protagonista.
Mi objetivo real es crear una obra que en cuanto a trama se refiere vaya mucho más allá. Es decir, a partir del capítulo cuatro iremos descubriendo más cosas referentes a unos acontecimientos que no tienen nada que ver con los mugiwara, ni siquiera con Erik, y que lentamente establecerán relación con lo poco que se ha ido viendo hasta ahora.

No puedo evitar, por otra parte, sentirme aliviado al descubrir que las ideas que tenía en principio en mente (que eran un par de mierdas, todo hay que decirlo) se han ido desarrollando mucho y rápidamente. Ahora tengo más o menos pensado qué voy a escribir en los siguientes capítulos, cuál va a ser la historia principal que como ya he dicho es -o espero que sea- mucho más de lo que parece, y cual va a ser el papel de los protagonistas en la trama. He de confesar que al principio tenía un poco de miedo respecto a eso. Me daba la sensación de que las dos mierdas que he mencionado no iban a tirar para adelante... ¿Por algo eran mierdas, no? Pero bueno, luego la historia fue tomando volumen y aquí estoy, escribiendo el capítulo 5 que a mi parecer crece mucho en cuanto al argumento... cómo decirlo... es muy revelador.

Uaah, me enrollo como las persianas... Solo decir que cuando saque tiempo y ganas pasaré al ordenador el capítulo 4 y los siguientes, para poder postearlos. Espero que no tarde mucho ^^

@Rido:

Gracias por tu comentario; espero que te esté gustando y enganchando. No te preocupes, como ya he dicho un poco más arriba, en los capis siguientes expongo un montón de cosas nuevas y el argumento comenzará a tomar sentido. Por ahora no he avanzado nada desde que Erik y los demás se encontraron en la costa.
En cuanto a los problemillas que tenía al principio sobre los diálogos y las frases cortas... bueno, voy notando como van desapareciendo, cada vez voy construyendo oraciones más largas, y los diálogos ya me cuesta menos describirlos. Lo cual es una gran noticia para mí, claro, cuanto más cómodo me sienta escribiendo, mejor saldra el capítulo... digo yo xD

Y terminando con los comentarios, repito que cuando tenga tiempo pasaré los capítulos al ordenador y los postearé.

Gracias a todos por leer, nos vemos pronto.
Un saludo.
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por xoDet »

felicidades por tu historia :aplausos: :ok: me hagustado mucho ya estoy esperando los siguientes capitulos.
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Re: La Nueva Era (FanFic One Piece)

Mensaje por Shawn »

Bueno, tras una (bastante larga) espera, aquí estoy de nuevo. No habréis pensado que iba a dejar morir mi fic, ¿verdad? :D

En fin, como es tarde y mañana hay que madrugar, no me enrollaré como lo suelo hacer. Solamente me gustaría publicar de una buena vez el cuarto capítulo de mi fic, que bastante he tardado de transcribir al ordenador. Ahí va:
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CAPÍTULO 4

Respuestas


- La principal razón – empezó a relatar Erik – por la que os han atacado hoy, viene de atrás. Hace unos doce años, unos piratas llegaron a la isla. Yo por entonces tan sólo tenía cuatro años, pero lo recuerdo todo con enorme claridad: llegaron por la costa, con enormes bajeles, y su tripulación contaba con doscientos o trescientos hombres. Apenas desembarcaron, sometieron al pueblo. Ese capitán Klein obligó a todos a trabajar para ellos, y a pagarles altas rentas por sus vidas. Yo en ese tiempo vivía con mis padres, en esta misma casa, pero claro, una vez que llegaron ellos, tuve que trabajar. Sin embargo, el capitán debió fijarse en mí, porque pronto me convertí en el su recadero personal. Aún no comprendo muy bien por qué lo hizo, pero de todas formas yo aborrecía ese puesto. Odiaba tener que trabajar tan cercanamente con el hombre que había hecho tanto daño a la gente que quería – Erik hizo una pequeña pausa, y Nami no pudo evitar esbozar una pequeña mueca al recordar lo que sucedió con su propio hogar debido a Arlong y su banda.
- Os podréis imaginar – continuó Erik – que fue una época muy dura para nosotros. Casi no teníamos para comer, y cada vez morían más niños y ancianos, debido a los forzosos trabajos a los que eran obligados a realizar. Nunca volvimos a ser los mismos. Muchas familias perdieron sus casas, ya que no podían trabajar para ellos. Mataron a quien no les servía, y no dejaron piedra sobre piedra en sus hogares. Yo fui afortunado. Debido a mi puesto, los piratas decidieron protegerme.

Erik hizo una pausa, con el semblante impenetrable y la mirada puesta en ninguna parte.
- Poco a poco – prosiguió – la gente del pueblo se fue acostumbrando. Todos aceptaron que no nos libraríamos jamás de aquella condena. Además, ese maldito Klein era muy poderoso, si mi memoria no me falla poseía alguna virtud de las Frutas del Diablo. Tampoco me acuerdo demasiado, ya que nunca mostraba sus habilidades en público. – Erik le quitó importancia con un gesto -. Fue entonces cuando perdimos toda esperanza. La pobreza y el hambre asolaban la isla, y los únicos que podían gozar de privilegios eran Klein y su banda. Los niños morían cada día, y los adultos se quedaban sin sus casas - hizo una breve pausa -. Pero entonces llegó él. Yo tenía entonces nueve años, pero lo recuerdo a la perfección. Vino con un solo barco a la isla, pero ni siquiera traía acompañantes, lo cual era un suicidio tal y como estaban las cosas, y logró rescatarnos de aquella pesadilla. Se enfrentó a Klein, en un duelo pirata, y lo derrotó. Por lo que pude averiguar más adelante, él y Klein habían sido rivales en el pasado, y tenían algunas cuentas pendientes.
- ¿Cómo se llamaba aquel hombre? – preguntó Sanji, con expresión interesada.
- Jamás lo supimos. No era muy dado a hablar con la gente, pero lo que nunca dio fue su nombre real, así que le apodamos “el Viejo”, por su aspecto de hombre muy adulto. En fin, como ya dije el Viejo consiguió expulsar de la isla a Klein y a los piratas. Mi memoria falla en algunos puntos, pero lo que sí recuerdo es que fue un combate muy duro, que casi le cuesta la vida. Pero lo bueno fue que volvimos a vivir como antaño, disfrutando de la isla y de la vida. El Viejo se quedó con nosotros, en la isla, alegando que debía protegernos en caso de ataque. Yo le admiraba mucho, a pesar de que nunca supe cuál era su nombre – Erik detuvo su relato, pensativo, pero después continuó -: Sin embargo, hace cuatro meses y medio, ya no contamos con su presencia. Por lo visto tuvo que salir de la isla por algún motivo importante, e intuyo que relacionado con el Gobierno. Desde entonces no hemos vuelto a saber de él, no hemos tenido noticias ni nada por el estilo, y estamos preocupados.

Erik hizo otra pausa. Por alguna razón, le estaba costando esfuerzo, y Robin lo atribuyó a que le dolía recordar todo el sufrimiento que había pasado su pueblo.

- Así que… esa es la razón del ataque de ayer. A decir verdad, sois los primeros piratas que llegan a esta isla después de la marcha del Viejo, lo cual es un poco raro dado el flujo constante de piratería que se da últimamente. Además de eso…, quisiera pediros disculpas en nombre de todo el pueblo – dijo, bajando la mirada.
- No importa – dijo Zoro. Los demás seguían pensando en lo que Erik les acababa de contar -. Además, tienen sus razones – añadió el espadachín. Erik sonrió al comentario, con cierta ironía.
Pasó un rato en silencio, ya que ninguno se atrevía a abrir la boca.
- Oye, Erik – dijo entonces Luffy, que había estado callado todo el rato, algo poco habitual en él -. ¿Qué… qué fue lo que pasó con tus padres?
Robin afinó el oído. Tenía ganas de saber qué había sucedido con la familia de Erik, y además muy posiblemente también lograra averiguar por qué tenía una casa tan grande. Tras unos momentos de silencio, Erik habló, y su voz sonó con un tono frío que dejaba entrever algo oculto. Tal vez, dolor.
- Mis padres eran gente bastante rica, que se trasladaron aquí cuando mi madre se quedó embarazada de mí. Esa es la razón de que tenga una casa tan grande - Erik volvió a frenarse, pero continuó con la voz más apagada aún -. Antes os he dicho que los piratas decidieron protegerme y no hacerme daño debido al puesto que me habían otorgado. Pero con mi madre no sucedió lo mismo. La asesinaron.
Nadie dijo nada. No tuvieron valor para abrir la boca.
- Mi padre – continuó Erik – desapareció al día siguiente de quedarse viudo, y nunca supe de él. Yo le quería mucho. Pero supongo que ahora… estará muerto, ya que era uno de los que más se oponían al capitán Klein. Extrañamente siempre me dio la sensación de que había algún motivo por el cual mi padre no aceptaba al capitán, aparte de por el régimen que nos había impuesto. Nunca lo supe, de todas formas, ya que la muerte de mis padres sucedió cuando yo tenía apenas cinco años, y no los recuerdo con demasiada claridad – Erik suspiró profundamente, cerrando los ojos -. Lo que sí puedo decir es que mi padre era un hombre justo, y pese a ser ricos siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás. Mi madre también era una persona amable, pero tenía un poco peor carácter que mi padre. No puedo recordar nada más de ellos. Lo único que me queda es el libro que me regaló mi madre, y la casa que mi padre me había dejado en herencia para cuando muriera… - se le quebró la voz, sintió un nudo en la garganta, y no pudo continuar.
Robin pudo adivinar que había mantenido oculta esa parte de su pasado durante demasiado tiempo, y ahora soltarlo de golpe era muy difícil para él. Lo comprendía. Ella misma había perdido a su familia, y sabía cómo era aquel dolor punzante, que se clavaba en el corazón provocando una herida. Pero no una herida física, sino una herida en el alma, de esas que se pueden cerrar si sabes olvidar, pero que jamás cicatrizan.
Erik suspiró, intentando calmarse. Acto seguido se levantó de la silla, se despidió y salió de la cocina. Nadie le siguió.

Al día siguiente, la tripulación planeó hacer un viaje al bosque, para buscar algo de comida. Aún no querían acercarse al pueblo, por lo que pudiera pasar, y en el bosque encontrarían lo necesario, por el momento. De todas formas no fueron todos: Nami, Robin y Franky se quedaron en casa, cada uno con lo suyo. Robin, además, le había pedido a Erik que le dejara investigar el libro que tan intrigada la tenía.
Erik, por su parte, decidió hacer una visita al pueblo. No habían vuelto a saber de él, y posiblemente estuvieran preocupados. Aunque, en realidad, su objetivo era hablar a la gente sobre la banda pirata, y convencerles de que no eran peligrosos.
Mientras recorría el camino, por su cabeza rondaba de nuevo su relación con la banda pirata. Se sentía totalmente confundido, no sabía qué podía esperar de tener a unos piratas alojados en su casa. Pero eran buena gente, eso no podía negarlo, y además habían dado muestras de comprender la historia de su pasado. Entonces, ¿significaba aquello que había encontrado… nakamas? Impensable. Él era amante de la soledad. No le agradaba la compañía de nadie, por muy comprensivo o amable que fuera.
Decidió dejar el tema. Ni siquiera conocía las intenciones de los piratas, ni sabía si pretendían quedarse en la isla o si tan solo estaban de paso. Pero claro, tampoco ellos podían saberlo sin conocer antes la reacción de la gente.

Ya se había adentrado en el pueblo, e iba en dirección a una taberna situada más o menos en su centro. Era un local muy pequeño, pero Erik sabía de sobra que allí los encontraría a todos: era el lugar de reunión del pueblo, donde la gente discutía sobre sus cosas, o se debatían temas importantes a nivel general… todo ello acompañado de unas cuantas botellas de sake.
Erik dobló la esquina. Ya veía la taberna. Era un pequeño edificio blanco, de un solo piso, con el tejado de doble pendiente, y con un cartel medio derruido clavado en la pared encima de la puerta. Los propietarios de aquel establecimiento se llamaban Helen y Shinod. Mientras se iba acercando, pudo ver a una mujer que salía de la taberna corriendo en su dirección. A los pocos segundos pudo comprobar que se trataba de Helen, tras lo cual levantó ligeramente las cejas. No se esperaba aquel recibimiento.
Helen era una mujer sencilla, con un gran corazón. Siempre llevaba puesto un delantal rojo, y el pelo largo recogido en una coleta. Ya tenía sus años, rondaría los cincuenta, y algunas canas revelaban el trabajo que había tenido que aguantar durante toda su vida para mantener el negocio del bar a flote. Para Erik, Helen había sido casi como una madre. Siempre que tenía hambre, podía ir a la taberna a comer algo. Normalmente, Erik comía lo que cazaba en el bosque, pero cuando necesitaba otras cosas que no podía conseguir de la naturaleza, las intercambiaba con Helen. Él entregaba piezas de carne o fruta y a cambio recibía productos como café, leche, especias…
Cuando acabó de llegar junto a él, la mujer le abrazó fuertemente, casi asfixiándolo. Erik pasó de la sorpresa al desagrado, no le gustaba que le abrazasen.

- Oh, Erik, estábamos muy preocupados... ¿dónde estabas? ¿Te hicieron daño? ¿Estás herido? ¿Qué pasó con los piratas? ¿Se fueron de la isla? ¿O siguen por…?
- Tranquila, Helen. Sigo vivo – la interrumpió él, tranquilizándola. Intentó mostrarse amable, aunque tampoco le gustaba que se preocuparan por él en exceso -. Precisamente de eso quería hablaros.
Helen abrió la boca, pero Erik la interrumpió con un gesto.
- Vamos dentro. Desearía contárselo a todos.
La mujer hizo una mueca, pero no dijo nada y siguió a Erik al interior de la taberna.

Dentro, el ambiente estaba muy cargado. Había muchísimo bullicio dentro, fácilmente se encontraría allí casi todo el pueblo. A Erik no dejaba nunca de sorprenderle la cantidad de gente que podía caber en un local tan pequeño, y se preguntó qué harían allí.
Todos reaccionaron de forma parecida a Helen, abrazaron a Erik le preguntaron que si estaba bien… El chico soportó con buena cara el bombardeo; sabía que se preocupaban por él y en cierta medida lo agradecía.

- Pensábamos ir a buscarte. Nos tenías muy preocupados. Ya sabemos que te gusta dar paseos por el bosque, pero la espera en este caso era excesiva y, además había coincidido con la llegada de esos piratas. Por eso estábamos aquí reunidos: para hablar y decidir qué haríamos con respecto a eso – le dijo Shinod, el marido de Helen, cuando el bullicio se calmó un poco -. Esos piratas parecen…
Erik alzó una mano a modo de interrupción, y se sentó en una de las sillas.
- De eso quería hablaros. - En el local se produjo un completo silencio. Erik tomó aire -. No son peligrosos.
Un leve murmullo acompañó las incrédulas miradas de todos los presentes. Erik ya había supuesto que ocurriría algo así.
- ¿Perdón? – dijo Shinod, cuando se pasó un poco la sorpresa – Nos estás tomando el pelo, ¿verdad, Erik?
El tabernero miró fijamente al joven, que sostuvo su mirada sin pestañear, tras lo cual Shinod se convenció de que hablaba en serio – No puedo creerlo. Son piratas, Erik, ¡piratas! ¿Acaso has olvidado de lo que son capaces? ¿Acaso no tienes en cuenta lo que le sucedió a nuestro hogar por culpa de gente como ellos? ¿Hace falta que te recuerde lo que sufrimos todos, incluido tú? – Shinod agitó la cabeza, pero no dejó de hablar -. Y más ahora, que sabes que estamos en una situación delicada. Que no sabemos donde está el Viejo. ¡Que como ya has visto, no podemos valernos pos nosotros mismos! ¡Y ahora me vienes con esas! ¡¡¡Venga ya!!! Mira, si no eres capaz de ver con claridad qué tipo de personas son los piratas, entonces…
- Basta -. Le interrumpió Helen. Su marido había comenzado a perder los nervios peligrosamente -. No hace falta todo esto. Dejemos que Erik se explique.
Shinod apartó la vista, con un gruñido malhumorado. Erik lanzó a Helen una mirada de agradecimiento, y continuó hablando:
- Repito, no son peligrosos. Lo cierto es que estuve hablando con ellos anoche, y tan solo vienen de paso. No tienen intención de hacer daño a nadie, solo quieren descansar un poco y abastecerse. – Shinod bufó sonoramente, lo que delató que no estaba conforme. Erik lo comprendía bien, tenía sus razones para odiar a los piratas. Cuando la banda de Klein estuvo en la isla, habían asesinado a su única hija, que por aquel entonces tendría unos tres años. Fue un durísimo golpe tanto para él como para Helen, pero el tiempo había ayudado a mitigar las heridas. Aunque ahora, cualquier cuestión referente a los piratas le hacía ponerse de mal humor. Era comprensible.
- Bien, hagámosle caso – dijo Helen con tono tranquilizador –. Él es el único que ha hablado directamente con la banda, y al menos los conoce mejor que nosotros. Aún así, Erik, ¿dónde están ahora?
Erik habría preferido ocultar esa parte, pero ahora no tenía elección.
- En mi casa. Les di alojamiento allí, hay suficiente espacio. – Hizo caso omiso de los murmullos de la gente -. Cuando vine hacia aquí, habían ido al bosque a buscar un poco de comida. Aquí no les habríais ayudado – dijo con cierta dureza lanzando una mirada significativa a Shinod, que apartó la vista.
- Lo cierto es que, aparte de eso, venía con otro objetivo – anunció el chico, pasados unos segundos -. Me gustaría que le brindarais vuestra hospitalidad. Simplemente, dejad que compren comida y que descansen. Como se quedarán en mi casa, no habrá problemas de espacio. Además, ya os he dicho que no van a hacer daño a nadie.
- ¿Y eso como puedes demostrarlo? – preguntó alguien entre la multitud. Un coro de expresiones aprobatorias acompañó su frase.
- Simplemente, estando vivo aquí y ahora – respondió Erik fríamente. Inmediatamente las voces se callaron, revelando que ese argumento no lo podían rebatir. Incluso Shinod permaneció en silencio. Al cabo de un momento, Erik continuó, con voz más suave -: Por favor, dejad que se alojen en mi casa y que se abastezcan aquí, en el pueblo. Debo admitir que no les conozco mucho, pero sé que no le harían daño a nadie. No son iguales a ellos – dijo, refiriéndose a Klein y su banda, aunque para los del pueblo no fuera necesaria la especificación.
Shinod se paró a pensar por primera vez en las palabras de Erik. Él también había sufrido mucho, había perdido a su familia, y si les decía aquello era porque de verdad confiaba en aquellos piratas. Además, su aspecto decidido no dejaba lugar a dudas, sus palabras eran sinceras. No le quedó más remedio que resignarse – Está bien. Pero si hacen daño a alguien, nunca te lo perdonaré – dijo secamente, dándole la espalda a Erik en dirección a la barra. El joven sonrió, triunfante.
“Gracias”, pensó, mientras salía de la taberna. No había nada más que hacer allí.

Antes de volver a casa, decidió dirigirse al bosque, para dar un paseo. Pasó al lado de una casa abandonada, y vio un periódico en el suelo. Por un instante tuvo la tentación de cogerlo, pero luego recordó que no sabía leer. Suspiró profundamente y siguió caminando, molesto por no poder enterarse de lo que sucedía en el mundo.





Un hombre de mediana edad recorría con paso ligero un largo camino pedregoso, en dirección al supuesto puerto. De cuando en cuando iba levantando la vista. Hacía un buen día, el sol brillaba en el cielo y se veían pocas nubes. Aquella isla era una isla de primavera, con temperaturas suaves durante casi todo el año. El hombre recordó el nombre de la isla, “Warmsand”, que significaba “arena caliente”, debido a que la isla tenía un aspecto arenoso ya que hacía mucho tiempo había sido un desierto.
Antaño, la isla había sido muy poblada, pero la inminente llegada de bestias marinas a sus costas durante los últimos años había provocado un total aislamiento con respecto a las otras islas. Por tanto, la gente que no murió de hambre emigró hacia otros lugares. En la actualidad, apenas quedaban un puñado de casas derruidas de lo que fue un pequeño pueblo, y cuatro grandes astillas clavadas en el suelo de la costa de lo que había constituido un puerto.

El hombre terminó de avanzar por el camino, y llegó hasta la costa. En ella pudo ver un enorme barco pirata, que se erguía anclado a tierra, y que en tamaño poco tenía que envidiar a un buque de la Marina. Siguió caminando hasta llegar casi al pie del barco, del cual salió enseguida una figura masculina. El hombre se acercó a él y le hizo un gesto con la cabeza.

- ¿Has encontrado lo que te pedí? – preguntó el pirata que acababa de bajar a tierra.
- Así es. No es difícil cuando tienes los contactos necesarios.
- Muy eficaz. ¿Dónde está?
El interlocutor sacó una pequeña caja de madera de uno de los bolsillos de su chaqueta. Al pirata se le iluminaron los ojos e hizo ademán de alargar el brazo, pero el otro hombre apartó la caja dejándola fuera de su alcance.
- Cumplirás tu parte, ¿no es así? – dijo, levantando una ceja.
- Dicen que la palabra es lo más valioso que tiene una persona – respondió el otro, sonriendo burlonamente.
- Más te vale.
El hombre le tendió la caja al pirata, el cual la aferró con devoción, casi con ansia. Después, levantó la vista.
- Es la correcta, ¿no?
- Comprobado. No existe margen de error.
- Bien – murmuró el pirata, mirando la caja pensativo. - ¿Sabes que con esto podría matarte, verdad? – añadió tras un momento.
- No lo harás – afirmó el otro hombre, tras sostener su mirada. – No te conviene -. El pirata no respondió, tan solo esbozó otra de sus burlonas sonrisas -. Simplemente haz lo que te he dicho. Sales ganando con creces. Para ti, es un buen trato, y te aconsejo que sepas aprovecharlo.
Acto seguido se dio media vuelta y comenzó a desandar el camino, en dirección a un buque de la Marina que había amarrado al otro lado de la isla por precaución.
- Lo haré – murmuró el pirata, mirando la pequeña caja -. Ya lo creo que lo haré.





Nombre: Desconocido. Sobrenombre: “Capitán Brute”.
Recompensa: Cuarenta y cinco millones de beries.
Procedencia: South Blue.
Estado: Busca y captura.
Se le imputa por: Piratería, asesinato de civiles, atentado contra la Marina.

Nombre: Desconocido. Sobrenombre: “Bala de viento”.
Recompensa: Sesenta y siete millones de beries.
Procedencia: West Blue.
Estado: Busca y captura.
Se le imputa por: Piratería, asesinato de civiles, saqueo de islas.

Nombre: Kokinty. Sobrenombre: “La Duplicadora”.
Antigua recompensa: Cincuenta y dos millones de beries.
Procedencia: South Blue.
Estado: Apresada en prisión a cargo de la Fortaleza Marine G-6.
Se le imputa por: Piratería, sometimiento de islas, oposición explícita a la Marina.


El Capitán Kunsari terminó de redactar el informe, a partir del cual se elaborarían dos carteles de busca y captura. Hizo llamar a su subordinado por un den-den mushi, y le entregó el informe para que lo llevara a los altos cargos. Además le ordenó informar a la oficina de imprenta para que se elaboraran los carteles.
Veintisiete años trabajando para la Marina, diecinueve de los cuales con el rango de Capitán. Ochenta y cuatro bandas apresadas, con una recompensa menor de ciento cincuenta millones de beries. A cargo de las fortalezas G-4, G-5 y G-6, de las cuales la primera tomada por parte de un grupo de revolucionarios hacía un par de semanas.

El Capitán repasó mentalmente su historial laboral, mientras tomaba un sorbo de su taza de té. Veintisiete años para ser Capitán, de donde no había conseguido ascender. Era consciente de la dificultad que suponía subir de rango a partir de ese punto, pero si ese subnormal de Smoker lo había conseguido, él también lo haría. Jamás soportaría la humillación de recibir órdenes de ese… ese incompetente, por muchos puros que pudiese fumar a la vez.
No le dio mucho tiempo de insultar mentalmente al ya comodoro, porque el den-den mushi comenzó a sonar. Descolgó el auricular un poco sorprendido. Problemas graves. Se le convocaba en la Fortaleza J-23, junto con los demás capitanes de la Marina. Kunsari suspiró, pero no le quedaba más remedio, puesto que la orden venía de muy arriba en el escalafón. Haciendo uso de su Akuma no mi, hizo flotar su capa y su gorra de Capitán hacia él, y se dispuso a salir del despacho.
Bueno, al fin tenemos un capítulo que en mi opinión avanza en la trama. Es más largo y me gusta más que los anteriores, pero eso, como siempre, a vuestro criterio.

Ya sabeis que espero comentarios :) Espero que os haya gustado.
Un saludo.
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The whole thing I think is (SIC).

Rest In Peace, Paul Gray. We'll never forget you.
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