Ender_The escribió:No sé cómo hay valientes como Mutaito o Pillo que son capaces de intentar explicarle a la gente ciertos detalles sin morir en el intento. A mí me da mucha pereza, y tampoco se me da bien.
No creas, que todo desgasta también.
Yo creo que convendría dividir entre dos tipos de lector, el que se ha creado unas expectativas para con la obra en base a una serie de premisas que al autor ha ido dejando caer a lo largo de la trama, y el que simplemente trata de disfrutar con el producto y cómo este es presentado en cada momento, sin querer enlazar demasiado o ir más allá de lo meramente presentado. Que ojo, ambas posturas me parecen válidas, pero es natural que choquen, porque como consumidores esperamos algo distinto de la misma obra.
Permitiéndome un símil culinario (y espero no resultarle a nadie pedante) Dressrosa es un cupcake. Tiene colorines, florituras, muchos adornos y a simple vista parece enormemente atractiva. Pero muerdes y es una puta magdalena normalucha decorada con una masa que sólo sabe a azúcar reconcentrado, y a medida que muerdes más y más, te das cuenta de que no hay crema en el interior, ni chocolate, ni tan siquiera la masa está rica, que todo lo que muerdes es masa y azúcar, masa y azúcar, masa y azúcar a lo largo de dos años y 8 meses.
Una saga en la que se han presentado elementos por doquier, demasiados quizá, pero que se han quedado muchas veces en presentaciones o en cuestiones que se han quedado a medias tintas. En cosas con las que era imposible empatizar porque se tocaban de pasada y no se resolvían hasta demasiado tiempo después, mediante flashbacks.
La saga parece arrancar fuerte, una tripulación enemiga numerosa y con un aspecto lo suficientemente extravagante como para resultar visualmente atractivos, la estructura de isla esclavizada por el malo de turno, con el rey bueno de turno y la princesa de turno es repetitiva, sin embargo aquí teníamos a un enemigo que, a diferencia de lo ocurrido en las sagas anteriores conocíamos y queríamos de antemano, a un almirante nuevo presentado en la saga y un entorno que despertaba bastante interés con toda esta gente importante reunida y habiendo tenido un previo de Hype con el choque entre Mingo y Kuzan y tal.
Pero quizá los experimentos narrativos que está haciendo Oda deberían haber sido para una saga más pequeña y con menos contenido, porque si ya tienes mil ingredientes y encima experimentas con cosas con las que nunca habías jugado, pues es más fácil que te salga mal.
Ha sido reiterativo a más no poder en las historias de los Rikku, nos han contado la misma historia desde la perspectiva de la nieta, del padre, del abuelo, de la tía... con pequeñas pinceladas nuevas en cada una y va que chuta, teniendo el mismo flashback y hablando de prácticamente lo mismo cuarenta veces. Manejar los tiempos para contar cosas mediante flashback cuando están pasando en tiempo real, en una saga que se caracteriza por sus incontables flashback tampoco ayuda, como digo.
Vamos a los problemas gordos: Los personajes. Que al margen de los experimentos narrativos que ha hecho, de fails andantes como la pedazo pistola de Chéjov fallida que se marcó con Leo y tal, se ven más fácilmente.
Isshô es un personaje llevado mal no, lo siguiente. Oda ha estado toda la saga sin saber qué hacer con él, iba dando bandazos en una dirección, y luego en otra, sin llegar nunca a definir una posición clara y contradiciéndose a menudo, Oda lo sacaba de la pantalla durante muchísimos capítulos en los que no sabíamos dónde estaba para luego reaparecer como si nada.
Recuerdo por ejemplo el momento de la charla con Doflamingo en el palacio, iban a hablar para esclarecer la situación, Fujitora le iba a pedir explicaciones y parecía un buen momento para desengranar al antagonista. Y cuando volvemos a ver a Mingo, está en el palacio, pero Isshô no. ¿Dónde cojones está Isshô? ¿Por qué no han tenido la charla? Luego a los chorromil capítulos nos cuenta la charla vía flashback (como digo antes, experimentos narrativos que no convenían aquí) y es lo más intrascendente que ha parido madre, de forma que ni entendemos a Mingo, ni Isshô nos desentraña nada.
Isshô ha ido cambiando de tercio una vez, y otra, y otra, estando en todas partes y en ninguna a la vez, dando una sensación de inoperancia e inutilidad rara en cualquiera de sus personajes. Al final ha quedado como un simple loco, porque su culminación en la saga ha sido de traca también. Que era difícil manejar a un almirante en la saga porque donde tome partido ese bando triunfa, pero coño, para eso márcate un Smoker en Arabasta, que allí lo hiciste muy bien porque Smoker incordiaba igual que incordiaba Isshô en Dressrosa, sácalo de la isla y vuélvelo a meter en el momento clave.
La Familia Donquixote mal, muy mal salvo personajes como Pink, Rocinante o Baby 5, después de ahondar (vía flashback) en la interacción de la tripulación a un nivel que nunca habíamos visto, los personajes son totalmente desaprovechados en combates vacíos que no pasan de escaramuza. Vergonzoso el caso de los ases y vergonzoso el caso de Trébol, en el cual Oda pone de manifiesto que no tenía ni idea de qué hacer con él, que lo sube al Palacio para el duelo final porque en el resto de frentes incordiaba, de hecho todos teníamos la idea de que lo había subido porque tenía algo gordo para él, ya que no había otra opción, pero nada, lo ha subido para quitárselo de encima como quien no quiere la cosa, sin un cierre decente porque no le ha dado ni su capítulo, siendo su derrota es lo más estúpido que uno puede concebir, que compartiendo saga con Sugar ya es decir.
¿Pero Mingo? Mingo ha sido la debacle. Un personaje que había sido presentado haciendo un discurso sobre el relativismo moral, un personaje que a pesar de notarse que no está bien de la cabeza demuestra tener una lucidez notable a la hora de situar el mundo y las piezas que componen conceptos como justicia, historia, vencedores y vencidos. Un personaje que parece tener muy claro que la posición de una persona no es algo absoluto ni mucho menos, que el triunfador o el perdedor puede cambiar en base a los acontecimientos. Un personaje que se había antojado como maquiavélico, un personaje que ya dijo de entrada que no iba a subestimar a los protagonistas se desdice de todo ello convirtiéndose en un férreo defensor del derecho divino por nacimiento (coño, predicabas lo contrario en Marineford) y no deja de subestimar en ningún momento a todo el mundo (coño, te desdices) convirtiéndose en un enemigo típico de opereta.
¿Y el combate? Carente de ritmo a más no poder, de hecho, ni lo llamaría un combate, ha sido una paliza de uno a otro, y de otro a uno en función de la cuarta marcha, en ningún momento hemos visto algo parecido a una pelea igualada con ambos exhibiendo recursos, sorprendiéndose y dando una coreografía frenética y creíble, Luffy hace el canelo hasta que pasa a ser un tifón imparable para el flamenco, que no ve ni de dónde le vienen los golpes. Las técnicas brillan por su ausencia, Mingo usa el Parasite a destiempo cuando habría sido lo suyo utilizarlo desde el principio.
Pero ya no es sólo eso, es que el combate es quizá el que menos diálogo ha tenido, teníamos a un D. y a un dragón celestial luchando, enemigos naturales y acérrimos y una de las tramas principales del manga, Y LA CUESTIÓN NI SE HA TOCADO, Luffy suele ser elocuente en los combates, hablar de ambición, de sueños y de cómo piensa aplastar la ambición de su enemigo, el enemigo expone los suyos y ambas ideologías chocan al tiempo que chocan puños, aquí Mingo se ha pasado callado capítulos enteros en los que era imperativo un poco de ese discurso que predicaba en Marineford y que ahora no predica porque claro, ya no tiene sentido con lo que ha sido el personaje. Coño, que Lucci demuestra más carisma en su combate, Lucci. Mingo pasa de ser un tío fuerte inalcanzable que sólo suelta fufufus y suflamas sobre su superioridad, a ser un monigote que sólo suelta fufufus y suflamas sobre su superioridad.
Y no quiero recurrir a Dragon Ball, pero cuando al autor le da pereza plasmar combates y empieza a plasmar palizas y escaramuzas... malo, mirad la saga de Bu.
No se han tratado muchos temas que tenían que tratarse, siendo reiterativo en otros que no eran necesarios, como la historia de los Rikku por decimoquinta vez, y repetir lo malísimo que es Doflamingo en todas las escenas que salía cuando nos han metido a una contraparte bondadosa en la figura de su hermano para dejar claro que Mingo no es malo por sus circunstancias y que ya venía torcido de cuna.
Tiene elementos positivos, se agradece el haber mostrado la interacción entre la banda enemiga, se agradece Rocinante, se agradece el desarrollo de Belammy y es de agradecer el plantel de personajes mostrados con facetas más o menos interesantes, pero todo lo demás, flojo flojo.
Y ya corto podríamos escribir doce dossieres sobre Rebecca, sobre los capítulos perdidos correteando sobre Farull y demás, y no es plan.